{"id":25020,"date":"2015-02-06T02:38:53","date_gmt":"2015-02-06T01:38:53","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/12\/21\/sor-rosalia-rendu-parte-01-2\/"},"modified":"2015-02-06T02:38:53","modified_gmt":"2015-02-06T01:38:53","slug":"sor-rosalia-rendu-desmet-02","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-02\/","title":{"rendered":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 02"},"content":{"rendered":"<h2><strong>2. El despertar de un alma<\/strong><\/h2>\n<h3>\u00abHab\u00eda una vez tres ni\u00f1os\u00bb&#8230;<\/h3>\n<div id=\"attachment_28980\" style=\"width: 263px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28980\" class=\"size-medium wp-image-28980\" title=\"Sor Rosal\u00eda Rendu\" alt=\"Sor Rosal\u00eda Rendu\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu-253x300.jpg?resize=253%2C300\" width=\"253\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28980\" class=\"wp-caption-text\">Sor Rosal\u00eda Rendu<\/p><\/div>\n<p>Juana Mar\u00eda ten\u00eda s\u00f3lo dos a\u00f1os cuando le naci\u00f3 una hermanita, una mu\u00f1equita viva a la que podr\u00eda admirar, acariciar, mecer, con la que podr\u00eda compartir las delicadezas de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Entretanto los d\u00edas sombr\u00edos de la revoluci\u00f3n se vislumbraban en el horizonte y en torno a aquellos ni\u00f1os inocentes y risue\u00f1os se ce\u00f1\u00eda de pre\u00adocupaci\u00f3n la frente de los mayores. Pero Juana Mar\u00eda y Mar\u00eda Claudina viv\u00edan d\u00edas apacibles con la ingenuidad de sus pocos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Pronto una nueva hermanita vino a completar la fiesta. Le pusieron por nombre Antonieta. Era el a\u00f1o 1793. Juana Mar\u00eda iba a cumplir siete a\u00f1os. Cuando se tienen siete a\u00f1os resulta f\u00e1cil jugar -\u00a1era adem\u00e1s la mayor\u00ed\u00ada hacer el papel de reina en el tr\u00edo de las hermanas.<\/p>\n<p>En el huerto algo salvaje, que era su rinc\u00f3n de juegos preferido, ten\u00edan fiesta todos los d\u00edas. \u00a1Qu\u00e9 bonitos juegos organizaban! Juana Mar\u00eda, cons\u00adciente de sus derechos de mayor edad, decid\u00eda, mandaba, gobernaba&#8230; \u00a1Cu\u00e1ntas fantas\u00edas sal\u00edan de la cabeza de aquella ni\u00f1a despierta y llena de vida! \u00a1Cu\u00e1ntas carreras por el huerto! Pero hab\u00eda tambi\u00e9n otros juegos m\u00e1s serios en aquel mundillo dirigido por una ni\u00f1a prudente: \u00abJug\u00e1bamos a la maestra de escuela\u00bb, le cont\u00f3 una de las supervivientes a sor Costalin. Juana Mar\u00eda representaba muy gravemente su papel: hab\u00eda que recitar el catecis\u00admo, rezar las oraciones. Otras veces jugaban a la mam\u00e1. Y esa mam\u00e1 ten\u00eda una hija muy buena y, como era tan buena, le conced\u00eda el premio de una visita a la capilla de la Virgen que estaba enfrente de la casa. Cantaban all\u00ed una canci\u00f3n y volv\u00edan luego tan contentas. \u00a1Hab\u00edan hecho de \u00abpersonas mayores\u00bb! Hab\u00edan trabajado sus cabezas y sus lenguas; hab\u00edan trabajado tambi\u00e9n sus piernas, pues hab\u00edan tenido que atravesar la calle en su piadosa peregrinaci\u00f3n&#8230; \u00bfQui\u00e9n sabe si le llevar\u00edan tambi\u00e9n algunas velas? Velas de cera, de madera o de papel&#8230; \u00a1poco importa! Hab\u00edan pasado un buen rato. Un d\u00eda feliz. La mam\u00e1 feliz y la maestra de escuela hab\u00eda sido obe\u00addecida; las alumnas se hab\u00edan mostrado realmente d\u00f3ciles. \u00a1Todas se sen\u00adt\u00edan orgullosas! \u00a1Y contentas! \u00a1Alegr\u00edas sanas y c\u00e1ndidas de los corazones sencillos! \u00a1Una felicidad poco costosa! Para unas ni\u00f1as del campo que no han saboreado todav\u00eda las frivolidades y las diversiones de otro tipo, que han conservado en todo su frescor los buenos sentimientos de una educaci\u00f3n cristiana y que han sido iniciadas generosamente en el inexorable impera\u00adtivo del deber, era ya posible vislumbrar todo lo que tiene la vida de seriedad y todo lo que de grandeza encierra el alma.<\/p>\n<p>Estas alegres iniciativas de ni\u00f1a le granjeaban las simpat\u00edas y el respeto de- todos a la peque\u00f1a Juana Mar\u00eda. Y sus amiguitas se cuidaban mucho de mostrarse caprichosas con ella, porque -como dice una testigo de aquellos tiempos- \u00abJuana Mar\u00eda no habr\u00eda querido entonces jugar con ellas\u00bb.<\/p>\n<h3>La prueba<\/h3>\n<p>En el hogar familiar nacer\u00eda pronto una cuarta ni\u00f1a, una peque\u00f1a Jua\u00adna Francisca. Hubiera sido completa la alegr\u00eda si, pocos d\u00edas antes, el 12 de mayo de 1796, no hubiera entrado el luto en la casa con la muerte del padre de familia, que se hab\u00eda ido demasiado pronto para conocer a su \u00faltima hija.<\/p>\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s la peque\u00f1a Juana Francisca, apenas cumplidos los dos meses, fue a encontrarse con su padre en el cielo. Habr\u00e1 alegr\u00eda en\u00adtre los \u00e1ngeles, pero en la casa de Confort volver\u00e1 a haber l\u00e1grimas, una gran tristeza en el coraz\u00f3n de la madre y una gran pena en el de las hermanitas.<\/p>\n<p>El derecho de primogenitura de Juana Mar\u00eda le confer\u00eda en adelante otros deberes distintos del de organizar juegos y dirigir a la peque\u00f1a tropa risue\u00f1a y traviesa. Tendr\u00e1 que ayudar a mam\u00e1 en sus austeras obligaciones. Tendr\u00e1 que seguir dirigiendo, pero para trasmitir a sus hermanas consignas m\u00e1s serias y para contribuir a su formaci\u00f3n. Despu\u00e9s de todo, aunque no tuviera m\u00e1s que siete a\u00f1os y casi no supiera todav\u00eda lo que era un pecado, sab\u00eda de todas formas, porque estaba bien educada, lo que es el orden, el recato, la educaci\u00f3n y el esp\u00edritu de cordialidad. Cuando uno es el hijo mayor, aunque sea un ni\u00f1o, tiene que hacer respetar estas cosas a los m\u00e1s peque\u00f1os.<\/p>\n<p>\u00a1Juana Mar\u00eda ten\u00eda tarea! En primer lugar la de consolar, con su her\u00admosa alma de ni\u00f1a y con las inspiraciones de su coraz\u00f3n filial, el dolor materno que por instinto ella misma adivinar\u00eda que era muy cruel.<\/p>\n<h3>En tiempos del terror. Misterio en la casa<\/h3>\n<p>Por otra parte, si la muerte hab\u00eda pasado implacable por aquel hogar tan feliz, iban a ocurrir nuevos acontecimientos; las frentes de los mayores se iban poniendo cada vez m\u00e1s sombr\u00edas. \u00bfPor qu\u00e9 la mam\u00e1, tan cristiana, tan resignada con la voluntad de Dios, no volv\u00eda a mostrar a sus hijas aquel rostro resplandeciente que siempre hab\u00edan conocido? El bautizo de la cuar\u00adta hermanita no hab\u00eda sido celebrado, como antes se hac\u00eda, con ninguna fiesta. Cuando aquella hermanita fue arrebatada -tan pronto- al cari\u00f1o de todos, la mam\u00e1 se hab\u00eda mostrado ciertamente inconsolable. Pero \u00bfpor qu\u00e9 segu\u00eda tan seria? \u00bfPor qu\u00e9, alrededor de ella, todos estaban preocupados? \u00bfQu\u00e9 es lo que ocurr\u00eda?<\/p>\n<p>Ocurr\u00eda que la revoluci\u00f3n, con sus ideas generosas pero que se hab\u00edan vuelto locas, sembraba por toda Francia el trastorno y la persecuci\u00f3n. Era el a\u00f1o IV de la Rep\u00fablica. \u00a1Ya no estaba permitido ser cristiano!<\/p>\n<p>Pero eran ciertamente cristianos en aquel bendito hogar. Y estaban dis\u00adpuestos a serlo hasta el hero\u00edsmo. El ama de casa, que ten\u00eda que enfrentarse con las dificultades de la vida, habr\u00eda de arrostrar tambi\u00e9n las amenazas de los perseguidores. La se\u00f1ora Rendu gozaba de una fama de mujer prudente que hac\u00eda aceptar todas sus decisiones en los asuntos familiares, pero era tambi\u00e9n de una piedad ejemplar. Modelo en la parroquia, daba abundantes limosnas a los necesitados; cuando se presentaba la ocasi\u00f3n, ense\u00f1aba el catecismo a los ignorantes; acud\u00eda espont\u00e1neamente al lado de los mori\u00adbundos para consolarles, exhortarles y ayudarles a bien morir. Durante aque\u00adllos a\u00f1os tremendos del Terror, contribuir\u00eda a mantener la fe en el pa\u00eds.Y ella misma estaba a punto de verse comprometida peligrosamente por su fe y expuesta a las represalias de los perseguidores. En aquella casona tan hospitalaria se desarrollaba todo un drama.<\/p>\n<p>Pero las tres hermanitas, Juana Mar\u00eda, Mar\u00eda Claudina y Antonieta, aquellas ni\u00f1as tan queridas de todos, rodeadas de afecto, de atenciones de\u00adlicadas, de cuidados vigilantes, conscientes de ser las joyas de aquella madre tan cristiana y los verdaderos tesoros de la familia, no pod\u00edan en medio de su felicidad comprender las preocupaciones que pesaban sobre las almas. Iban creciendo risue\u00f1as y alegres; iban y ven\u00edan, se divert\u00edan corriendo por el huerto. \u00a1Eran felices!<\/p>\n<p>Por encima de las paredes del huerto se ve\u00edan las cimas pintorescas de los montes. A sus o\u00eddos resonaban sus bonitos nombres, que ellas repe\u00adt\u00edan cantando hasta hacerlos familiares. Todos aquellos nombres ten\u00edan su historia: grandes nombres majestuosos de monta\u00f1as: \u00abSorgia\u00bb \u00abCr\u00e9t d&#8217;Eau\u00bb, que eran la honra y el orgullo del pa\u00eds; nombres rudos y sonoros de las aldeas cercanas: con Confort, el pueblecito tan querido, su capilla de R\u00e9\u00adconfort, Michaille, Ch\u00e1tillon-de-Michaille, Lancrans, Bellegarde.<\/p>\n<p>El horizonte estaba siempre al alcance de la mano: cuando sal\u00edan para las necesidades del hogar o cuando iban de paseo, apenas dejaban la fila que formaban junto a la carretera las casas de la aldea, saludaban al pasar la imagen de la Virgen en su nicho r\u00fastico y se encontraban en las pendientes del \u00abCr\u00e9t-d&#8217;Eau\u00bb y sus miradas se dirig\u00edan espont\u00e1neamente hacia la cima de la monta\u00f1a; Ch\u00e1tillon-de-Michaille aparec\u00eda al otro lado del valle, verda\u00addero nido de \u00e1guilas, dominando sobre el desfiladero de la Valserine y su maravilloso \u00abMoulin des Pierres\u00bb; hacia el sur Lancrans, con el recuerdo de sus corderos y sus cabritos; y luego Bellegarde, montando guardia sobre los caminos que cruzan entre el R\u00f3dano y la Valserine. Desde all\u00ed, en r\u00e1\u00adpida pendiente, pod\u00edan bajar hasta la orilla del r\u00edo. \u00a1Poes\u00eda de los lugares bonitos creados por Dios! \u00a1Fuerza torrencial de las aguas caprichosas del r\u00edo! Belleza, magnificencia de los riachuelos encantados de esta Valserine pintoresca en sus juegos de escondrijo a trav\u00e9s de las rocas, en sus des\u00adapariciones y remansos, con la danza de sus aguas rodando y bailando por en media de las rocas, horadando pacientemente la piedra y forzando el paso por las ca\u00f1adas profundas del desfiladero. \u00a1Se escuchaba el rumor de las aguas tumultuosas! \u00a1Se llenaba el alma de belleza, de grandeza, mucho m\u00e1s a\u00fan que la vista corporal!<\/p>\n<p>Pero era evidente que en Francia se estaba desarrollando un verdadero drama religioso. Y sobre todo -a pesar de que era la mayor y ten\u00eda ya sie\u00adte a\u00f1os- la peque\u00f1a Juana Mar\u00eda era demasiado fr\u00e1gil para llevar el peso del terrible secreto que ocultaba su casa.<\/p>\n<p>En efecto, durante aquellos a\u00f1os sangrientos del Terror, que fusilaba y decapitaba a tantos hombres, la casa paterna ten\u00eda una funci\u00f3n en la ba\u00adtalla religiosa que todos los d\u00edas produc\u00eda nuevos m\u00e1rtires. Serv\u00eda de refugio a los sacerdotes proscritos, a pesar de que los que acog\u00edan a estos sacer\u00addotes estaban sujetos a las m\u00e1s graves sanciones, incluso a la muerte. Pero el sacerdote que sustituy\u00f3 al p\u00e1rroco se encontraba sin cobijo. Y necesitaba un sitio donde poder albergarse para irradiar desde all\u00ed por la parroquia, en los momentos m\u00e1s favorables, al lado de los enfermos y moribundos y para mantener la vida religiosa de sus fieles. El se\u00f1or obispo de Annecy, amenazado tambi\u00e9n por la persecuci\u00f3n, hab\u00eda buscado un re\u00adfugio en un rinc\u00f3n perdido de la monta\u00f1a, con la intenci\u00f3n de pasar a Suiza. Confort estaba en la carretera que llevaba al extranjero. El obispo, antes de cruzar la frontera, se hab\u00eda detenido tambi\u00e9n en la casa hospita\u00adlaria de la se\u00f1ora Rendu.<\/p>\n<p>Muchos buenos franceses que emprend\u00edan el camino del destierro antes de verse esclavizados pasaban tambi\u00e9n por Confort. Desde Confort bastaba bajar el valle de la Valserine hasta su confluencia con el R\u00f3dano, para re montar luego el gran r\u00edo; despu\u00e9s de una marcha de unos 20 kil\u00f3metros, se llegaba a Suiza, a Ginebra o a Chancy. Era el camino m\u00e1s f\u00e1cil para los que desconoc\u00edan o ten\u00edan miedo de los senderos de monta\u00f1a.<\/p>\n<p>Muchos proscritos ven\u00edan del Jura, de Bugey, del pa\u00eds de Dombes y otros sitios, y pasaban por all\u00ed para ir a buscar en un pa\u00eds libre el derecho a seguir siendo cristianos. Antes de la \u00faltima etapa y antes de los peligros de la frontera, se sent\u00edan felices de encontrar en una casa amiga un abrigo seguro y quiz\u00e1s el gozo de asistir a la celebraci\u00f3n de los santos misterios. Con este consuelo y con la santa comuni\u00f3n, vi\u00e1tico doblemente agradecido en el momento en que hab\u00eda que arrostrar los \u00faltimos peligros de aquel arriesgado viaje, marchaban decididos a enfrentarse con las aventuras del destierro.<\/p>\n<p>La casa destacaba entre las dem\u00e1s; ten\u00eda un aspecto de limpieza y de sencillez que inspiraba confianza. Por otra parte gozaba de buena fama entre las gentes del pa\u00eds; todos encaminaban hacia ella a los pobres viajeros fatigados. Era grande: podr\u00eda acoger a los reci\u00e9n llegados&#8230;, con tal que perteneciese a una familia decidida que no tuviera miedo a la delaci\u00f3n. Pero en aquella casa hospitalaria hab\u00eda gente decidida; y en la aldea los campesinos eran leales, almas sencillas de buenos labradores, rudos monta\u00ad\u00f1eros, acostumbrados a la dureza y a los riesgos de la vida, robustos de alma y de conciencia tanto como de temperamento. Es verdad que siempre era posible una trampa; hab\u00eda que tener cuidado para no acoger sin m\u00e1s ni m\u00e1s a todos los hu\u00e9spedes de paso. Pero el riesgo, en definitiva, no era muy grande. Si uno tiene el coraz\u00f3n valiente, puede afrontarlo sin temeridad.<\/p>\n<p>Lo cierto es que el abate Colliex,que hac\u00eda entonces las funciones de cura, ten\u00eda all\u00ed una habitaci\u00f3n provisional, y desde all\u00ed iba disfrazado a atender a los feligreses que reclamaban su presencia. El se\u00f1or obispo de Annecy, m\u00e1s conocido y f\u00e1cilmente reconocible, obligado a mayor vigilan\u00adcia, se ocultaba habitualmente en la casa y por la noche, furtivamente, de\u00adlante de algunos fieles conocedores del secreto, celebraba la santa misa; el Dios de la eucarist\u00eda bajaba a aquella casa de bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>Por todo esto la casa iba tomando aires de santuario; la gente acud\u00eda all\u00e1 con aspecto de seriedad y devoci\u00f3n. Las tres ni\u00f1as, sin saberlo, estaban tambi\u00e9n respirando una atm\u00f3sfera de recogimiento; sorprendidas a veces en medio de sus juegos y de sus risas por la seriedad de unos rostros que se hab\u00edan vuelto misteriosos, se quedaban cohibidas y se deten\u00edan poni\u00e9ndose moment\u00e1neamente serias como las personas mayores; aquellas horas tr\u00e1gicas les dieron sin duda alguna una madurez precoz. En esta atm\u00f3sfera de piedad heroica respiraban un aire vivificador de puro cristianismo que las convertir\u00eda m\u00e1s tarde en almas vigorosas, templadas para las grandes tareas de la vida.<\/p>\n<h3>Pedro el hortelano<\/h3>\n<p>Durante el d\u00eda el obispo proscrito, con un nombre falso y con ropas de trabajador, hac\u00eda el oficio de empleado. Ten\u00edan con \u00e9l las consideraciones que puede merecer un criado de confianza. Se dedicaba a los trabajos del huerto y por eso le llamaban Pedro el hortelano. El huerto era su terreno habitual, que compart\u00eda muchas veces con las ni\u00f1as juguetonas y parlan\u00adchinas. Protegido contra las sospechas por aquel esplendoroso bullicio in\u00adfantil que creaba a su alrededor una atm\u00f3sfera de libre y confiada alegr\u00eda, Pedro el hortelano, en su huerto, cavaba un poco la tierra y se ejercitaba en plantar algunas legumbres bajo los ojos divertidos de las ni\u00f1as.<\/p>\n<p>Pero Juana Mar\u00eda ten\u00eda ya siete a\u00f1os; en el clima de incertidumbre y de misterio en que se viv\u00eda, en aquel ir y venir de tantos hu\u00e9spedes de paso, los grandes ojos observadores de la ni\u00f1a se hab\u00edan acostumbrado a mirar mucho, pero sin acabar de comprender las cosas. Aquel hortelano impro\u00advisado le resultaba simp\u00e1tico; ten\u00eda buen semblante y una mirada muy tierna. Pero era evidente que no entend\u00eda mucho de cultivar la tierra. \u00bfC\u00f3mo se le habr\u00eda ocurrido a su madre contratar a un hortelano tan inexperto? \u00a1Adem\u00e1s hab\u00eda ya otro hortelano para hacer las cosas! \u00bfAcaso mam\u00e1 ten\u00eda demasiado dinero para permitirse estos gastos in\u00fatiles?<\/p>\n<h3>Toda un alma en la mirada<\/h3>\n<p>Por aquellos d\u00edas sucedi\u00f3 que Juana Mar\u00eda estaba trabajando: ten\u00eda que hacer los deberes de aritm\u00e9tica y resolver algunos problemas. Mientras buscaba la soluci\u00f3n en las nubes, con los ojos levantados muy arriba, hacia el cielo y las monta\u00f1as, vio a sus hermanitas que se estaban divirtiendo en el huerto. \u00a1C\u00f3mo le gustar\u00eda ir a corretear con ellas! Pero su deber estaba all\u00ed, en los problemas de aritm\u00e9tica. Y hab\u00eda que terminarlos. Tambi\u00e9n estaba por el huerto Pedro el hortelano, aquel misterioso cria\u00addo que gozaba de toda la confianza de mam\u00e1 y que con su bondad se hab\u00eda ganado tambi\u00e9n todas las simpat\u00edas de Juana Mar\u00eda, pero que hab\u00eda demos\u00adtrado ser totalmente in\u00fatil para el huerto y que, de momento, no parec\u00eda hacer mucha cosa: mientras remov\u00eda un poco la tierra, estaba rumiando aparte sus ideas; sus labios parec\u00edan a veces dirigirse hacia el cielo. \u00a1Ten\u00eda de verdad un buen semblante! \u00a1No era un personaje ordinario! Pero hab\u00eda algo que molestaba al alma vigorosa de Juana Mar\u00eda: aquel hombre, tan simp\u00e1tico a pesar de todo el misterio que le rodeaba, parec\u00eda ser de muy poca ayuda para la casa.<\/p>\n<p>Cuando Juana Mar\u00eda acab\u00f3 sus problemas, baj\u00f3 enseguida a correr por el jard\u00edn y a jugar con sus hermanas. Los juegos resultaban siempre m\u00e1s animados cuando participaba ella.<\/p>\n<p>En el huerto estaba Pedro el hortelano, pero daba la impresi\u00f3n de estar solamente de adorno. Era desde luego una buena persona y de muy buena educaci\u00f3n. Pero no parec\u00eda estar en su lugar; la verdad es que no faltaba trabajo y que Pedro no se andaba con prisas por hacerlo; \u00a1no avanzaba nada en su tarea!<\/p>\n<p>Y entonces, en medio de la animaci\u00f3n del juego y de sus correr\u00edas alo\u00adcadas, Juana Mar\u00eda tropez\u00f3 de repente con el descuidado hortelano, que la mir\u00f3 amablemente. Del coraz\u00f3n honrado de la ni\u00f1a brot\u00f3 inmediatamente una indiscreta pregunta, planteada sin duda con ese aire de autoridad de un personajillo importante en la casa: \u00abPedro, \u00bfha acabado ya usted su trabajo? \u00bfQu\u00e9 es lo que mam\u00e1 le ha mandado hacer ahora?\u00bb.<\/p>\n<p>En aquel hortelano improvisado hab\u00eda un alma generosa, ungida con el \u00f3leo que consagra a los obispos. Y aunque disimulada por su disfraz de hortelano, el alma del obispo de Annecy conservaba todo su ardor, brillante y fervorosa, toda su dignidad, toda su grandeza.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfQu\u00e9 es lo que mam\u00e1 ha mandado hacer ahora?\u00bb \u00a1Si Juana Mar\u00eda pu\u00addiese adivinar qu\u00e9 es lo que ten\u00eda que hacer, habr\u00eda comprendido lo im\u00adpertinente que resultaba su pregunta y cu\u00e1n fuera de sitio estaban sus pre\u00adtensiones de hacerse un poco la due\u00f1a de casa!<\/p>\n<p>Pero Juana Mar\u00eda no lo sab\u00eda. No pod\u00eda saberlo. Ella desempe\u00f1aba ino\u00adcentemente su papel. Como buena hija, le gustaba que el trabajo estuviera bien hecho.<\/p>\n<p>Pedro el hortelano no respondi\u00f3. Fij\u00f3 en Juana Mar\u00eda una profunda mirada, empapada en bondad pero cargada de misterio y de sufrimiento, ofreciendo a los ojos y al coraz\u00f3n de la ni\u00f1a todo su tesoro de bondad y de belleza y un poco de su carga de sacrificio.<\/p>\n<p>El alma de la ni\u00f1a se llen\u00f3 \u00e1vidamente de toda la riqueza misteriosa de aquella hermosa mirada. Pero bajo el peso de aquella riqueza que se derra\u00admaba sobre su alma inund\u00e1ndola por completo, Juana Mar\u00eda estuvo a. punto de caer anonadada. Sus ojos se cerraron deslumbrados, intimidados ante aquel rico tesoro insospechado que brotaba del seno de un misterio tan grande. Ech\u00f3 una \u00faltima mirada furtiva sobre los hermosos ojos de Pedro el hortelano y t\u00edmidamente se dio la vuelta y se march\u00f3. De pronto, sus piernecitas se desentumecieron y se puso a correr: \u00a1corri\u00f3 muy lejos!<\/p>\n<p>A aquella ni\u00f1a fr\u00e1gil que hu\u00eda del peso de estos hondos misterios, pero tan recta, tan decidida y de un alma tan limpia, Pedro el hortelano debi\u00f3 enviarle una grande bendici\u00f3n episcopal, que llegar\u00eda lejos, en esta vida y en la otra.<\/p>\n<h3>La clave del misterio<\/h3>\n<p>Tambi\u00e9n ocurri\u00f3 entonces, por aquel tiempo, que una noche Juana Mar\u00eda no lograba dormirse. Y le pareci\u00f3 de pronto que sonaban cuchicheos ins\u00f3litos y ruido de pasos sordos por los corredores. Luego todo qued\u00f3 en calma. \u00bfEstaba acaso so\u00f1ando? No, desde luego. Estaba despierta y bien despierta; ten\u00eda los ojos abiertos. Por otra parte, las historias de aparecidos no eran capaces de asustar a aquella peque\u00f1a, de cabeza bien sentada. Tuvo el atrevimiento de levantarse, de seguir tambi\u00e9n ella, paso a paso y sin hacer ruido, por el corredor que conduc\u00eda adonde se o\u00edan los cuchicheos: abri\u00f3 una puerta, descorri\u00f3 una cortina. \u00a1Cu\u00e1l no ser\u00eda su sorpresa! \u00a1Hab\u00eda un altar con velas encendidas y Pedro estaba all\u00ed, revestido de sacerdote! \u00a1Estaba diciendo misa, como en la iglesia! Fue una revelaci\u00f3n. Juana Mar\u00eda sab\u00eda ya bastante y se march\u00f3. De pronto se hab\u00eda descorrido un velo. Ya sa\u00adb\u00eda, sin comprenderlo del todo, que en su casa estaban pasando cosas gran\u00addes y misteriosas. Pero \u00bfpor qu\u00e9 se las ocultaban? Su alma sent\u00eda horror a la mentira y al disimulo. Pero todo aquello le parec\u00eda una ficci\u00f3n, muy cerca de la mentira. Regres\u00f3 a su cama.<\/p>\n<p>No sabemos si se volvi\u00f3 a dormir.<\/p>\n<p>En adelante tambi\u00e9n ella tendr\u00eda, sin darse cuenta, la frente ensom\u00adbrecida y en el fondo de su honrado corazoncito un poco de rebeld\u00eda contra el ostracismo en que se la ten\u00eda respecto a los asuntos de su casa ocult\u00e1n\u00addole aquellos secretos. \u00bfEs que no ten\u00eda ya siete a\u00f1os bien contados?<\/p>\n<p>Y Pedro el hortelano segu\u00eda haciendo como que trabajaba en el huerto. Y las peque\u00f1as segu\u00edan jugando con \u00e9l. Juana Mar\u00eda pon\u00eda en sus juegos una atenci\u00f3n m\u00e1s reflexiva, una nota m\u00e1s seria. Segu\u00eda dirigiendo ella las cosas; era ella la que decid\u00eda y mandaba obedecer a sus hermanas; se tra\u00adtaba de entretenerlas y hacer que reinara entre ellas la concordia, acudien\u00addo para ello a juegos llenos de fantas\u00eda y de buen humor.<\/p>\n<p>Y de vez en cuando ten\u00eda que dirimir los altercados y los conflictos que explotaban entre las dos peque\u00f1as.<\/p>\n<h3>Juicio de Salom\u00f3n<\/h3>\n<p>Una vez ri\u00f1eron Mar\u00eda Claudina y Antonieta. La disputa era por una mu\u00f1eca. La disensi\u00f3n corr\u00eda el peligro de pasar del juego a los esp\u00edritus, destilando all\u00ed su veneno, arruinando la cordialidad del amor fraterno. Menos mal que intervino un juez h\u00e1bil. No era m\u00e1s que una ni\u00f1a de siete a\u00f1os. \u00a1Pero lograr\u00eda imponer la paz! Los sacrificios no le arredraban; impondr\u00eda un sacrificio, uno bien grande, a las dos litigantes: manda que le traigan la mu\u00f1eca, objeto de la disputa, y la tira por encima del muro a la calle. Despu\u00e9s de todo, una buena soluci\u00f3n. Cuando el cari\u00f1o est\u00e1 en juego no vale nada un juguete, aunque sea una bonita mu\u00f1eca de mejillas sonrosa\u00addas y vestida de organd\u00ed.<\/p>\n<p>\u00a1Un implacable juez de siete a\u00f1os!<\/p>\n<p>\u00bfEs que era mala? \u00bfTen\u00eda un mal coraz\u00f3n esa peque\u00f1a que sacrificaba tan duramente los juguetes de sus hermanitas y les hac\u00eda llorar? \u00bfMala? \u00bfAcaso pod\u00eda tener malicia aquella ni\u00f1a a la que, cuando le hablaron del pecado y de la confesi\u00f3n, se le ocurri\u00f3 decir que quer\u00eda cometer cuanto antes lo que ella llamaba \u00abtodas las maldades\u00bb para dejar ya vac\u00edo todo el coraz\u00f3n y agotar la fuente de la maldad antes de llegar a la edad de la raz\u00f3n, para no poder ya cometer ninguna falta cuando llegara la hora de las responsabilidades serias?.\u00a1Ignorancia, ciertamente! \u00a1Ilusi\u00f3n! \u00a1Pero can\u00addidez absoluta! Aquella pobre ni\u00f1a no hab\u00eda comprendido todav\u00eda las con\u00adsecuencias persistentes del pecado original. \u00a1Pero qu\u00e9 alma tan grande ten\u00eda! \u00a1Y qu\u00e9 deseos tan maravillosos! \u00a1Y qu\u00e9 voluntad de entrega total!<\/p>\n<p>\u00bfSabemos bien lo que ocurre en el alma de un ni\u00f1o? \u00bfEs que aquel juez precoz e implacable quer\u00eda acaso entablar un debate justiciero o sim\u00adplemente asegurar, como hermana mayor, que reinara el m\u00e1s puro amor fraterno entre sus buenas y queridas hermanas? Despu\u00e9s de todo, las jue\u00adces de los tribunales de todos los grandes pa\u00edses saben tambi\u00e9n manejar la espada secular y cortar cabezas cuando se falta al orden. \u00bfPor qu\u00e9 una ni\u00f1a encargada de dos hermanitas no estar\u00e1 autorizada a hacer que lloren des\u00adpu\u00e9s de haber re\u00f1ido, a quitarles el objeto conflictivo y sacrificarlo en un gesto sensacional, m\u00e1s elocuente que una reprimenda o un serm\u00f3n? Par algo era la mayor y ten\u00eda que hacer reinar el orden y la concordia a su alrededor. Si hay que dar buen ejemplo, \u00a1los ejemplos tienen que ser concretos!<\/p>\n<p>En todo casa, en esta forma tajante de acabar con un conflicto se vis\u00adlumbra la valent\u00eda de un car\u00e1cter sumamente en\u00e9rgico, que quiere el bien, pero que no sabe todav\u00eda controlar sus golpes. Se aprecia hasta qu\u00e9 punto estimaba el orden y la concordia por encima de todas las cosas de este mundo. \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1n m\u00e1s tarde para esta ni\u00f1a todos los tesoros del mundo frente a la belleza de las almas? \u00bfCu\u00e1l ser\u00e1 el esplendor de este esp\u00edritu, cuando esta escuela de vigor moral se convierta en escuela de renuncias sobrenaturales?<\/p>\n<h3>Explosi\u00f3n<\/h3>\n<p>Las dos hermanitas tan duramente tratadas empezaron a llorar. La mu\u00ad\u00f1eca estaba tirada y rota en pedazos en mitad de la calle, al otro lado del muro. L\u00e1grimas y gritos, que ped\u00edan justicia, llegaron a o\u00eddos de la mam\u00e1. Y la mam\u00e1 intervino, juzgando que hab\u00eda sido brutal aquel acto del peque\u00ad\u00f1o juez improvisado. Y pens\u00f3 en imponerle un castigo por su atrevimiento. Juana Mar\u00eda, sobre cuyo esp\u00edritu segu\u00eda pesando desde aquella famosa noche el secreto que hab\u00eda descubierto y que andaba buscando in\u00fatilmente encontrar el momento oportuno de descargar confiadamente este peso en una filial conversaci\u00f3n con su madre, tuvo entonces una inspiraci\u00f3n genial. El secreto explot\u00f3 inesperadamente: \u00abMam\u00e1, le dijo; si me castigas, dir\u00e9 que Pedro no es Pedro\u00bb.<\/p>\n<p>La mam\u00e1, asustada, ten\u00eda que pensar en algo m\u00e1s serio que en casti\u00adgarla. Ya no era una ni\u00f1a lo que ten\u00eda delante, sino un alma vigorosa y de una magn\u00edfica rectitud. Un poco orgullosa de tanta virilidad en aquella ni\u00f1a de siete a\u00f1os, pero preocupada de las posibles revelaciones que ser\u00edan una cat\u00e1strofe para la casa, se llev\u00f3 a su hija al sal\u00f3n y all\u00ed, con la puerta ce\u00adrrada, le hizo las confidencias necesarias.<\/p>\n<p>Era preciso que supiese, a pesar de su corta edad, los peligros que se cern\u00edan sobre toda la casa, los sufrimientos de Francia y de la religi\u00f3n, los asesinatos cometidos en nombre de la revoluci\u00f3n y el peligro que corr\u00eda todo el que se confesara cristiano, y la importancia del secreto que en adelante ella tendr\u00eda que compartir con las personas mayores. \u00abJuana Ma\u00adr\u00eda, persiguen a los cristianos&#8230; El rey y la reina han sido ajusticiados&#8230;, en la guillotina&#8230; Han sido asesinados muchos franceses, que ten\u00edan un nombre aristocr\u00e1tico&#8230; Si hubieran descubierto al se\u00f1or p\u00e1rroco, que te daba el catecismo, lo habr\u00edan matado&#8230; Si viene a vernos disfrazado, es porque le andan buscando&#8230; Y Pedro el hortelano, es verdad, celebra mi\u00adsa&#8230; Es sacerdote&#8230; Es algo m\u00e1s que eso, hija m\u00eda; es obispo&#8230; Y si lo descubren, lo matar\u00e1n&#8230; Nuestro primo, el alcalde de Annecy, se ha ne\u00adgado a entregar las reliquias de san Francisco de Sales; lo han matado; lo han fusilado.Y yo misma, hija m\u00eda, si denuncian nuestra casa, si se viola este gran secreto&#8230;, me matar\u00e1n\u00bb.<\/p>\n<p>De pronto Juana Mar\u00eda se ech\u00f3 en brazos de su madre y se hundi\u00f3 en ellos. Y el secreto se meti\u00f3 bien dentro de su coraz\u00f3n, para no salir jam\u00e1s de all\u00ed.<\/p>\n<p>El vizconde de Melun refiere que sor Rosal\u00eda, cuando recordaba estos l\u00fagubres incidentes, se pon\u00eda a temblar de emoci\u00f3n. Le daba gracias a Dios por haberle ahorrada el terrible remordimiento por el crimen involuntario que habr\u00eda sido su desastrosa indiscreci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con estas tr\u00e1gicas lecciones fue avanzando y progresando la madura\u00adci\u00f3n de un car\u00e1cter. Juana Mar\u00eda ya desde peque\u00f1a ten\u00eda un alma bien templada en las responsabilidades propias de una persona mayor. Y como los mayores que la rodeaban con todo el personal de la casa, tambi\u00e9n ella defender\u00eda a la religi\u00f3n; se sentir\u00eda m\u00e1s que nunca unida a ella.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>2. 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