{"id":24861,"date":"2013-11-30T08:23:53","date_gmt":"2013-11-30T07:23:53","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=24861"},"modified":"2016-07-27T12:05:43","modified_gmt":"2016-07-27T10:05:43","slug":"sor-maria-ana-jesusa-pescador","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-maria-ana-jesusa-pescador\/","title":{"rendered":"Sor Mar\u00eda-Ana Jesusa Pescador"},"content":{"rendered":"<h2><strong>1881 \u2013 1946<\/strong><\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/04\/biografias_hijas_caridad.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-116989\" alt=\"biografias_hijas_caridad\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/04\/biografias_hijas_caridad-231x300.jpg?resize=231%2C300\" width=\"231\" height=\"300\" \/><\/a>Mar\u00eda-Ana nace el d\u00eda 17 de abril de 1881 en la ciudad de Barcelona. Es la menor de seis hermanos; seis hijos que alegran el hogar cristiano fundado por el Sr. Pescador, honrado industrial de tejidos, y su mujer, modelo de esposa y madre.<\/p>\n<p>Mar\u00eda-Ana es dulce y t\u00edmida. Cuando se suscita alguna querella entre los hermanos mayores, la ni\u00f1a se retira a un rinc\u00f3n a llorar; y cuando el Sr. Pescador tiene que hablar un poco fuerte a los dos mayores, ella mira a su padre con inmensa ternura y gruesas l\u00e1grimas corren por sus mejillas. El padre, desarmado le acaricia mientras exclama: \u00abT\u00fa ser\u00e1s mi consuelo en la vejez, hija m\u00eda.\u00bb<\/p>\n<p>La muerte de su madre en plena juventud, ha ensombrecido el hogar y ha hecho a la ni\u00f1a, que ya lo era por temperamento, m\u00e1s reflexiva y t\u00edmida.<\/p>\n<p>Se educa en el Colegio de la Sagrada Familia, \u00abLa Granja\u00bb en Barcelona, dirigido por las Hijas de la Caridad. Ha recibido una buena instrucci\u00f3n y una s\u00f3lida formaci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>Tiene apenas quince a\u00f1os. Acaba de salir del Colegio. Preocupaci\u00f3n en casa por la operaci\u00f3n que han de hacer al hijo de su hermana mayor. El doctor solicita alguna persona de la familia que lo ayude, pero nadie se atreve; s\u00f3lo Mar\u00eda-Ana, sobreponi\u00e9ndose a su timidez, se ofrece. Cumple tan bien su cometido, que el m\u00e9dico, admirado de su valor y serenidad le dice: \u00abLo has hecho muy bien, ni\u00f1a, tanto que ser\u00edas una excelente Hermana de la Caridad.\u00bb Pocos a\u00f1os despu\u00e9s se har\u00eda realidad.<\/p>\n<p>En 1900 siente una imperiosa llamada para seguir a Jes\u00fas. Su hermana Antonia hac\u00eda unos a\u00f1os que hab\u00eda ingresado en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad. Mar\u00eda- Ana, siente dejar a su padre que segu\u00eda diciendo que era el cosuelo de su vejez, pero sobreponi\u00e9ndose al sentimiento de pena, ingresa en la Compa\u00f1\u00eda el d\u00eda 9 de marzo de 1901, a los diecinueve a\u00f1os.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del Seminario llega el momento de la \u00abtoma de h\u00e1bito\u00bb y es destinada a la clase de p\u00e1rvulos del Patronato del Sagrado Coraz\u00f3n de Cartagena. Le ponen el nombre de Sor Josefina. Domina ya la clase sin esfuerzo, pero ha de desempe\u00f1ar otro cometido: preparar a las j\u00f3venes al Magisterio.<\/p>\n<p>En 1914 es destinada a Santesteban, Navarra. Sor Pescador tiene la misi\u00f3n de dirigir la casa. Entre las viejecitas de asilo hay una con un car\u00e1cter verdaderamente dif\u00edcil; siempre de mal humor, nada le contenta. Se ha disgustado de tal forma que se despide del asilo y marcha a la casa de la se\u00f1ora fundadora, dando mil quejas contra la Madre. Sor Pescador da muestras de profunda humildad. Pide perd\u00f3n y suplica haga volver a la anciana porque est\u00e1 sola y ser\u00eda f\u00e1cil que muriera abandonada.<\/p>\n<p>Una terrible epidemia de gripe infecciosa asola a toda Europa en 1919. Se cierran las escuelas. Sor Pescador se convierte en la enfermera de la peque\u00f1a comarca: Trabaja sin descaso d\u00eda y noche. Al disminuir los enfermos, ya no es tan necesaria su ayuda, cae ella con la misma enfermedad.<\/p>\n<h2><strong>\u00c1frica, 1921.<\/strong><\/h2>\n<p>Se ha sabido del desastre del Annual. Centenares de bajas de nuestros soldados. Los rife\u00f1os amenazan tomar la Plaza de Melilla. Se organizan socorros y refuerzos, y centenares de voluntarios corren a alistarse para salir enseguida a socorrer a sus hermanos.<\/p>\n<p>La Reina Victoria, Presidenta de la Cruz Roja Espa\u00f1ola, designa a la Duquesa de la Victoria para organizar los hospitales de campa\u00f1a, y \u00e9sta a su vez, llama a las Hijas de la Caridad, cuyos servicios le son tan conocidos.<\/p>\n<p>Al llegar a Melilla, Sor Pescador es recibida en el muelle por la Duquesa de la Victoria, y otras Hermanas llegadas anteriormente. Sin p\u00e9rdida de tiempo se le encomienda la instalaci\u00f3n de un hospital en el grupo de escuelas de dicha poblaci\u00f3n<\/p>\n<p>La labor es ingente; Se trata de organizar los hospitales de sangre y servicios sanitarios en la l\u00ednea de fuego. La misi\u00f3n adem\u00e1s de peligrosa en extremo, es particularmente delicada y dif\u00edcil. \u00bfQu\u00e9 podr\u00e1 hacer esta Hermana tan t\u00edmida y al parecer, tan de pocas palabras?<\/p>\n<p>Unida a Dios en todo momento, Sor Pescador lleva a cabo sencillamente la importante misi\u00f3n que se le conf\u00eda. En el m\u00e1s breve plazo queda perfectamente instalado el hospital y asegurados todos los servicios.<\/p>\n<p>La recia campa\u00f1a vivida por las Hermanas y la Duquesa nos la describe \u00e9sta:<\/p>\n<p><em>\u00abUno de los servicios m\u00e1s duros emprendidos es el del primer tren-hospital a Nador, Zelu\u00e1n y, por \u00faltimo, Monte\u2013Arruit. Salimos todos los d\u00edas a las cuatro de la ma\u00f1ana, llegando a la estaci\u00f3n con cargamento. Afortunadamente hemos podido llevar agua, de las 50.000 botellas de Solares, regaladas a la Reina. No es para decir lo que la han apreciado estos pobres; carecen de agua limpia para beber, y s\u00f3lo tienen<\/em> <em>la llevada en tanques de hierro, escasa y que sabe muy mal.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Llevamos tambi\u00e9n vendas, algod\u00f3n, leche condensada, huevos y alguna cosa m\u00e1s. Todo esto lo colocamos en un vag\u00f3n especial, vigilado por nosotras dos \u2013Sor Pescador y la Duquesa-. El tren sale cuando las circunstancias lo permiten; a veces enseguida; otras tenemos que esperar cuatro o cinco horas interminables.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>En el tren s\u00f3lo va la patrulla de protecci\u00f3n y nosotras. Nos acercamos todo lo que podemos a la posici\u00f3n y nos trasladan al tren los heridos as medio curar, de los puestos de socorro de las posiciones.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Bajo la vigilancia del m\u00e9dico, rectificamos los vendajes, acomodamos a los heridos en los coches, unos en camilla, los graves; otros, sentado, hasta que se llena el tren, no s\u00f3lo de heridos, sino tambi\u00e9n de soldados enfermos de fiebres, que han de hospitalizarse en Melilla. No tenemos un minuto para nosotras: por toda comida, tomamos a toda prisa un pedazo de pan y un huevo crudo; no nos da tiempo para m\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>El viaje de regreso no puede ser m\u00e1s penoso, pues hemos de atender a m\u00e1s de 20 hombres heridos o enfermos: darles agua, leche, pan, rectificar vendajes, etc.; en fin, un trabajo verdaderamente agotante<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Al llegar a Melilla, no hay que pensar tampoco en descansar. Hemos de acomodar a todos estos heridos, a los que durante el trayecto hemos ido clasificando; en esta labor nos ayudan el personal del Hospital y las escasas enfermeras con que contamos.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>En la posici\u00f3n de Sebt, hemos tenido un ataque moro, y un pobre soldado ha ca\u00eddo muerto a nuestros pies \u2013una bala le ha atravesado el coraz\u00f3n-. Es un milagro que no nos hayan cogido; de un tir\u00f3n, nos han metido en una defensa; lo hemos pasado muy mal, pero gracias a Dios hemos resultado ilesas.<\/em><\/p>\n<p><em> &#8212;<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Por fin, se ha tomado Monte-Arruit! Pasamos un d\u00eda entero sirviendo vino y co\u00f1ac a los soldados de los batallones que han abierto la inmensa zanja, donde han sido enterrados 3.000 muertos que cubr\u00edan el suelo. Para andar, hab\u00eda que buscar el medio de no pisarlos: Creo que por muchos a\u00f1os que viva, no se me podr\u00e1 olvidar nunca el horrible espect\u00e1culo y el olor que desped\u00edan los cad\u00e1veres.<\/em><\/p>\n<p><em>Sor Pescador es verdaderamente admirable. Siempre se la ve inalterable, serena, sin perder la paz de su alma en medio de tantos horrores y jam\u00e1s se ha permitido la menor queja o reflexi\u00f3n. Le he ofrecido que alterne con alguna Hermana para que descanse un poco, pero no lo ha consentido de ninguna manera.<\/em><\/p>\n<p><em>En el hospital de Melilla, la adoran todos los heridos. Y es que adem\u00e1s de todas sus cualidades, tiene un car\u00e1cter encantador: siempre apacible y contenta, con la sonrisa en los labios, no le importan los ca\u00f1onazos ni los tiros, ni se acuerda de comer ni descansar. Es la abnegaci\u00f3n personificada, y se olvida por completo de s\u00ed misma para atender a los dem\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es en la alta noche, clara, iluminada de estrellas. En el hospital reina el silencio. Una silueta vaga se dibuja en el blanco muro de la vasta sala de heridos graves. Se desliza sin ruido. A su paso se agitan suavemente dos grandes alas. Quiz\u00e1s, en su delirio piensan los heridos si es mujer o \u00e1ngel. A diferencia de la hero\u00edna del poeta ingl\u00e9s \u2013Florentina Nighitingale, la primera enfermera americana-, no lleva una l\u00e1mpara en su mano en las noches de velas. Nuestra Hermana la lleva en su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Sor Josefina, despu\u00e9s de una de esas jornadas que parece que no pueden resistir las fuerzas humanas, se levanta por las noches para ver si a alguno de sus soldados, a alguno de sus hijos, le falta algo. No podr\u00eda dormir cuando sabe que hay uno en peligro; en peligro de de perder su alma, porque esta verdadera hija de San Vicente, que se da sin medida para atender as los cuerpos, se preocupa todav\u00eda mucho m\u00e1s por las almas.<\/p>\n<p>Un soldado de los tiempos heroicos de Monte-Arruit, escribe a su casa:<\/p>\n<p><em>No os pas\u00e9is cuidado alguno. Aqu\u00ed tambi\u00e9n tengo una madre. La otra noche no me pod\u00eda dormir, me encontraba con mucha fiebre, inquieto y agitado. Me dol\u00eda mucho la herida, y deseaba m\u00e1s que nada que pusieran otra almohada, pero no me atrev\u00eda a pedirla y daba vueltas y vueltas, cuando veo que se acerca la Madre y oigo que dice: \u2018Este pobre muchacho necesita otra almohada.\u2019 Y ella misma, maternalmente, me la puso, con tanto arte, que me qued\u00e9 dormido en el acto, \u00a1y es que parece que nos adivina los pensamientos!<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><strong>En la Toma de Alhucemas<\/strong><\/h2>\n<p>Son los momentos dif\u00edciles de la toma de Alhucemas. Un peque\u00f1o grupo de Hermanas y Enfermeras desembarca en las playas de Calabonita, con evidente peligro para su vida. Entre ellas va Sor Pescador. Pronto se prepara el primer barrac\u00f3n-hospital, casi dentro de la l\u00ednea de fuego. Los heridos afluyen en tal n\u00famero que el local resulta insuficiente. No se pueden abastecer de agua, es un peligro continuo porque los moros no dejan el paso libre.<\/p>\n<p>De pronto rompe el silencio de la noche un nutrido tiroteo que resuena cada vez m\u00e1s cercano. Los rife\u00f1os se acercan. Se produce tal p\u00e1nico, que todo el mundo huye hacia la playa. Los heridos, enloquecidos, tratan de levantarse para huir tambi\u00e9n; mas se detienen s\u00fabitamente. En la sala acaba de aparecer la \u00abMadre\u00bb, la madre de todos, con semblante sereno, apacible. Con un gesto les indica que no se muevan. Nadie se atreve a hacerlo, tal es la confianza y el respeto que infunde. En el barrac\u00f3n abandonado, quedan s\u00f3lo las Hermanas y los heridos. Sor Pescador encomienda la defensa a la virgen Milagrosa, y espera confiada, mientras los labios se mueven en plegaria.<\/p>\n<p>Ha cesado el tiroteo. El personal va regresando a la casa. En el Hospital no ha habido una sola baja. Sor Pescador tiene la \u00abcorneta\u00bb agujereada por las balas y la sonrisa en los labios.<\/p>\n<p>Al terminar la campa\u00f1a de Marruecos, es condecorada con la Cruz del M\u00e9rito Militar, la Medalla de la Cruz Roja y la Cruz de Beneficencia. Pero ella trabaja s\u00f3lo por Dios.<\/p>\n<p>En 1922, cesadas temporalmente las hostilidades, Sor Pescador se dedica de lleno a la reorganizaci\u00f3n del Hospital de la Cruz Roja de Melilla, empezando por la formaci\u00f3n de la Hermanas, siempre con su ejemplo, siendo la primera en todo. Todas sus compa\u00f1eras confirman que, bajo un aspecto fr\u00edo, un tanto austero, oculta un gran coraz\u00f3n y un verdadero inter\u00e9s por las almas; lo mismo que bajo su aparente timidez hay una voluntad decidida y un alma bien templada. Tiene adem\u00e1s, el arte de hacer felices a los dem\u00e1s. Incapaz de dar pena a nadie, no se contenta con eso sino que trata siempre de sembrar la alegr\u00eda y el bienestar en torno suyo. Con ella es grato vivir y muy f\u00e1cil cumplir la regla: no hay m\u00e1s que seguir sus huellas.<\/p>\n<p>Los soldados presb\u00edteros, los seminaristas, expuestos a tantos peligros fuera del ambiente de sus seminarios, encuentran cordial acogida en ella. Todos le hacen sus confidencias y ella aprovecha una fiesta, una enfermedad, cualquier cosa, en fin, para atraerlos y convertir el hospital en la casa de todos.<\/p>\n<p>Pasan los a\u00f1os; doce ya desde que Sor Pescador inaugur\u00f3 el Hospital de Melilla y desde entonces ha llevado la direcci\u00f3n de la casa.<\/p>\n<p>Llega la Rep\u00fablica y con ella todo aquel per\u00edodo de inquietud y alarma, de luchas, rencores, que termina con la terrible guerra civil.<\/p>\n<h2><strong>Organizadora de los estudios de Hermanas<\/strong><\/h2>\n<p>Se recibe orden de los Superiores para que estudien las Hermanas, al objeto de obtener sus t\u00edtulos. Sor Pescador no vacila, organiza enseguida el plan de estudios, preside las clases que da el Director del establecimiento y explica ella luego y pregunta las lecciones a sus compa\u00f1eras. Hay que estudiar de noche, despu\u00e9s del rudo trabajo del d\u00eda; pero no importa.<\/p>\n<p>Al terminar el a\u00f1o, cinco Hermanas obtienen el t\u00edtulo que las capacita para continuar en el servicio.<\/p>\n<p>Crece el malestar. Las noticias de la Pen\u00ednsula no son nada tranquilizadoras y el horizonte se presenta muy sombr\u00edo. El veneno se infiltra en el personal de la casa, que tanto debe a la \u00abMadre\u00bb, y se inicia una verdadera campa\u00f1a contra las Hermanas. No se puede describir todo lo que tienen que sufrir: humillaciones y vejaciones sin cuento, dificultades de todo g\u00e9nero, nada es capaz de alterar la igualdad de \u00e1nimo de Sor Pescador. Y no es que no sienta. Sufre intensamente; la prueba es, que su salud se resiente de la lucha continua. Ofrece todo a Dios y ruega por los que la crucifican.<\/p>\n<p>Entre los empleados se ha lanzado un periodicucho, que se publica los s\u00e1bados, lleno de calumnias e inconveniencias contra las Hermanas. El papel circula de mano en mano por los pabellones. Una Hermana consigue un ejemplar y lo lleva a la Hermana Sirviente, que le pide que lo rompa en el acto: <em>Hermanas, hemos de ser muy buenas con todos, ahora m\u00e1s que nunca, y me parece que ignorando todas esas cosas que dicen contra nosotras, no tendremos que hacernos tanta violencia.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un moribundo, llama a la Madre, delante de todos, sin respeto humano, le pide perd\u00f3n: <em>Madre, le pido que me perdone, y tambi\u00e9n a todas las Hermanas, particularmente a Sor N., por las cosas que con mentira dije y escrib\u00ed contra ustedes. <\/em>Pide un sacerdote y se confiesa, pide que le acerquen la Virgencita del altar, le besa la mano y haciendo un supremo esfuerzo exclama: <em>Compa\u00f1eros, esta es la \u00fanica verdad. <\/em> Sor Pescador llora. Es la primera vez que la vemos llorar.<\/p>\n<p>Los modos establecidos por la Rep\u00fablica son incompatibles con la presencia de las Hermanas en el Hospital. Con su marcha se cierra esta etapa tan rica en la vida de nuestra Hermana.<\/p>\n<h2><strong>Vuelta a Cartagena<\/strong><\/h2>\n<p>1936 \u2013 1938. Encontramos a Sor Pescador en Cartagena, en la Casa de Exp\u00f3sitos, en pleno dominio rojo\u2026 Tiene la direcci\u00f3n de la casa. Sin arredrarse por la situaci\u00f3n ca\u00f3tica de la ciudad, sin considerar que puede ser destruida su casa por las bombas, se sostiene en su puesto. Pone a salvo a sus compa\u00f1eras ancianas o enfermas y se dispone a defender con toda su alma a los pobres ni\u00f1os exp\u00f3sitos. \u2026<\/p>\n<p>A media noche suena estridente la sirena. Poco despu\u00e9s empieza el bombardeo. Un grupo de milicianos se presenta en la Casa de Exp\u00f3sitos amenazando a la Madre con sus fusiles. Dicen que desde el \u00faltimo piso se hacen se\u00f1as a los facciosos. Sor Pescador, con la serenidad que la caracteriza, no pierde el \u00e1nimo y exclama: <em>Suban ustedes a ver las se\u00f1ales. <\/em>La sala est\u00e1 llena de chiquitines que duermen. Uno se despierta y la Hermana de vela se acerca a la cuna con la lamparilla en la mano. La lamparilla oscila de cuna en cuna hasta llega al ni\u00f1o que llora\u2026<\/p>\n<p>Los rojos, un tanto intimidados, se apresuran a retirarse balbuciendo una excusa. En la terraza arden unos colchoncitos, pues ha ca\u00eddo una bomba incendiaria, y ellos mismos se aprestan a sofocar las llamas.<\/p>\n<p>1939. Ha terminado la guerra. Ha pasado la tormenta revolucionaria. Sor Pescador quiere sacar la casa de la gran penuria en que se halla. Expone las necesidades a las autoridades de la provincia, pero nada se consigue por el momento. Sigue llamando a otras puertas y contin\u00faa la labor.<\/p>\n<p>El Patronato, la casa de sus desvelos, la casa primera que conoci\u00f3 al salir del Seminario, los rojos, en el \u00faltimo estertor de su rebeli\u00f3n, le lanzan unas bombas de aviaci\u00f3n y aquel edificio, orgullo de los estudiantes y de Cartagena, sufre una casi total destrucci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sor Pescador hace un llamamiento a todos los que miran con cari\u00f1o aquella casa. Juntas, reuniones, iniciativas, todo se pone en marcha alentado por ella. Al fin se empieza la reconstrucci\u00f3n y los esfuerzos se ven coronados con el mayor \u00e9xito. La Casa surge de entre las ruinas con m\u00e1s br\u00edo que nunca.<\/p>\n<p>En 1942, las autoridades de Cartagena solicitan de los Superiores, Hermanas para ponerse al frente del Albergue de Mendigos que se construye. La Hermana Sirviente de la Casa de Exp\u00f3sitos es encargada de la organizaci\u00f3n de este nuevo establecimiento.<\/p>\n<p>1946. <em>\u00a1Qu\u00e9 mala est\u00e1 la Madre! <\/em>Es la frase que corre de boca en boca de los que la rodean y la quieren. La salud de Sor Pescador declina. Desde la grave pleures\u00eda que sufri\u00f3 en 1944, de la que se levant\u00f3 con fiebre para atender a dos de sus compa\u00f1eras enfermas, y a los peque\u00f1itos, no ha hecho m\u00e1s que decaer.<\/p>\n<p>La enfermedad empeora. Sabe que el mal no tiene remedio, pero cuando el m\u00e9dico habla de trasladarla a Madrid, obedece sencillamente. El examen practicado en la Cruz Roja revela la existencia de un c\u00e1ncer localizado en el pulm\u00f3n izquierdo. Los m\u00e9dicos no dan ninguna esperanza. La enferma sufre agudos dolores. No se queja, y cuando mueve los labios es para aceptar la voluntad de Dios, bendici\u00e9ndole. <em>Bendita sea tu santa voluntad\u2026<\/em><\/p>\n<p>El Padre Director le administra los \u00faltimos Sacramentos. La enferma sigue todas las ceremonias recogida en \u00edntimo fervor. Recibe al Se\u00f1or y se abandona a la acci\u00f3n de gracias. Transfigurada murmura: <em>Hoy es el d\u00eda m\u00e1s feliz de mi vida. \u00a1Toda para mi Dios!<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Madre m\u00eda salvadme! Al o\u00edr la voz de su compa\u00f1era, haciendo un esfuerzo, clava su mirada ya turbia en la imagen de la Virgen.<\/p>\n<p>Y el alma liberada de las ataduras del cuerpo, purificada por el sufrimiento, va a presentarse ante su Creador el d\u00eda 8 de julio de 1946.<\/p>\n<h2><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><strong>: <\/strong><\/h2>\n<p>AGPSL Archivo General de la Provincia Can\u00f3nica \u00abSanta Luisa de Marillac\u00bb Gral. Mart\u00ednez Campos 18, Madrid.<\/p>\n<p>ASPHCM Archivo de la Secretar\u00eda Provincial de las Hijas de la Caridad, Madrid.<em>. <\/em><\/p>\n<p>ACMHCP Archivo de la Casa Madre de las Hijas de la Caridad, Par\u00eds.<\/p>\n<p>AMCM Archivo Matritense de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Garc\u00eda de Paredes, 45, Madrid.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1881 \u2013 1946 Mar\u00eda-Ana nace el d\u00eda 17 de abril de 1881 en la ciudad de Barcelona. 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