{"id":24446,"date":"2013-08-11T07:08:40","date_gmt":"2013-08-11T05:08:40","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=24446"},"modified":"2016-07-27T12:13:07","modified_gmt":"2016-07-27T10:13:07","slug":"24446-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/24446-2\/","title":{"rendered":"Historia de la CM en Espa\u00f1a"},"content":{"rendered":"<h2><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/imagen-de-san-vicente-de-paul.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-24461\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/imagen-de-san-vicente-de-paul-235x300.jpg?resize=235%2C300\" width=\"235\" height=\"300\" \/><\/a>Cap\u00edtulo primero:<strong> Proyectos de fundaci\u00f3n en tiempo de San Vicente.<\/strong><\/h2>\n<p>Apenas habr\u00e1 rinc\u00f3n en la tierra donde el glorioso ap\u00f3s\u00adtol de la caridad, San Vicente de Pa\u00fal, no sea conocido y alabado; pues las obras de misericordia, tanto espirituales como corporales, que llev\u00f3 a cabo y las instituciones que dej\u00f3 establecidas para que continuasen estas obras, predican por doquiera su gran caridad y hacen que su memoria sea bendecida y alabado su nombre en todas partes. Una de di\u00adchas instituciones es la Congregaci\u00f3n religiosa de hombres apost\u00f3licos, llamada desde el principio <em>Congregaci\u00f3n de la <\/em><em>Misi\u00f3n, <\/em>el cual nombre confirm\u00f3 el Papa Urbano VIII en la Bula de aprobaci\u00f3n de esta Compa\u00f1\u00eda, cuyo fin principal, despu\u00e9s de atender \u00e1 la santificaci\u00f3n de sus hijos, es procu\u00adrar la salvaci\u00f3n de los pobres habitantes de los pueblos y aldeas por medio de las misiones, y la instrucci\u00f3n y perfec\u00adci\u00f3n de los eclesi\u00e1sticos por medio de los ejercicios espiri\u00adtuales y otros ministerios.<\/p>\n<p>Esta Congregaci\u00f3n ya en vida del Fundador daba opi\u00adrnos y abundantes frutos, y al acaecer la muerte del Santo se hallaban sus hijos en diversas provincias de Europa, en Berber\u00eda y Madagascar, trabajando y desempe\u00f1ando los mi\u00adnisterios de su Instituto. Por lo que hace a Espa\u00f1a, si bien en diversas ocasiones se trat\u00f3 o hubo pensamiento de esta\u00adblecer alguna casa de dicha Compa\u00f1\u00eda, es cierto que los Misioneros no vinieron a nuestra patria mientras vivi\u00f3 San Vi\u00adcente, por m\u00e1s que \u00e9l se hubiera alegrado mucho de ello si tal hubiese sido la voluntad del Se\u00f1or. En efecto, parec\u00eda a nuestro Santo de mucha importancia para la gloria de Dios y salvaci\u00f3n de las almas el establecimiento de una casa en este reino y para esto mand\u00f3 aprender la lengua de Cas\u00adtilla al Sr. Mart\u00edn, y meditaba escoger excelentes Misio\u00adneros, si se hubiera llevado \u00e1 cabo la fundaci\u00f3n, para en\u00adviarlos a la patria de San Fernando. Era Espa\u00f1a hac\u00eda mu\u00adchos a\u00f1os el portaestandarte de la fe; sus ej\u00e9rcitos recorr\u00edan diversas provincias para defender la doctrina cat\u00f3lica y la pol\u00edtica cristiana contra el protestantismo y la influencia de \u00e9ste en el gobierno de las naciones; sus hijos derramaban generosamente la sangre luchando contra los secuaces de Lutero, de Calvino y de Enrique VIII de Inglaterra, y sus doctores admiraban al mundo con su mucho saber<em>. <\/em>Seg\u00fan los datos hasta ahora descubiertos, en tres ocasiones se trat\u00f3 \u00f3 hubo alguna probabilidad de que los Misioneros vinieran a establecerse en Espa\u00f1a: la primera vez en Catalu\u00f1a, la segunda en Toledo y la tercera en Plasencia.<\/p>\n<h3>I<\/h3>\n<p>La primera vez que se trat\u00f3 de esto fue durante aquellos a\u00f1os en que Catalu\u00f1a, por desavenencias con nuestro rey Felipe IV, rebelada contra su leg\u00edtimo se\u00f1or, negada la obediencia que le deb\u00eda y proclamado conde de Barcelona Luis XIII, rey de Francia, se hallaba bajo la dominaci\u00f3n de los franceses As\u00ed consta de dos cartas escritas por el mis\u00admo San Vicente al Sr. Codoing, Superior de nuestra casa de Roma. La primera de estas cartas tiene la fecha de 14 de Abril de 1644, y en ella dice el Santo: \u00abTodav\u00eda no he re\u00adcibido las tres mil liras que la Reina nos ha prometido para Catalu\u00f1a, y no s\u00e9 si nos las entregar\u00e1n. Por esto ruego \u00e1 Ud. que no env\u00ede \u00e1 Barcelona los Misioneros que han de ir all\u00e1 hasta que hubi\u00e9remos recibido dicha cantidad\u00bb. La segun\u00adda lleva la fecha de 16 de Mayo del mismo a\u00f1o 1644, y en ella San Vicente se expresa en los siguientes t\u00e9rminos: \u00abYa ve\u00adremos lo que hay acerca del asunto de Catalu\u00f1a, y Ud. lo po\u00addr\u00e1 tratar con el Sr. Horgni. No hemos recibido a\u00fan los mil escudos, ni tenemos esperanza de recibirlos\u00bb. Esta fundaci\u00f3n, de igual manera que las dos siguientes, no se llev\u00f3 a efecto, e ignoramos que haya m\u00e1s documentos refe\u00adrentes a ella.<\/p>\n<h3>II<\/h3>\n<p>Hacia el a\u00f1o de 1653 se debi\u00f3 pensar en introducir nues\u00adtro Instituto en Espa\u00f1a, pero no en Catalu\u00f1a, como la pri\u00admera vez, sino en Toledo, seg\u00fan parece inferirse de los do\u00adcumentos que aqu\u00ed dejaremos apuntados. El primero de todos en el orden cronol\u00f3gico es una carta latina que el mismo<\/p>\n<p>San Vicente escribi\u00f3 al doctor Loeus la cual, traducida \u00e1 la lengua de los Cervantes y Granadas, dice as\u00ed:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abLa paz de Dios, que es sobre todo sentido, llene nuestros corazones y nuestras inteligencias.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>La carta que vuestra se\u00f1or\u00eda ha escrito al Sr. Brin la considero, muy reverendo se\u00f1or, como una prueba de su buena voluntad hacia nosotros, sobre todo despu\u00e9s que por el P. Artagast, jesuita, he sabido que vuestra se\u00f1or\u00eda le ha hecho escribir varias veces para suplicarnos que tuvi\u00e9semos \u00e1 bien mandar a vuestra se\u00f1or\u00eda un resumen de la natura\u00adleza de nuestro Instituto, con el fin de que lo vea una perso\u00adna muy excelente, cuyo nombre me ha manifestado.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Doy muchas gracias \u00e1 vuestra se\u00f1or\u00eda y le quedo obli\u00adgado en gran manera, tanto por la naturaleza y condici\u00f3n del lugar de donde se digna poner los ojos en nuestra humil\u00adde Compa\u00f1\u00eda, como por los excelentes fines que se propone. Ya he entregado el resumen de nuestro Instituto al reveren\u00addo P. Artagast, quien me ha prometido hacerlo llegar \u00e1 ma\u00adnos de vuestra se\u00f1or\u00eda ; y ahora con el mayor respeto y re\u00adverencia entrego a vuestra se\u00f1or\u00eda mi coraz\u00f3n para que le ofrezca \u00e1 Dios Optimo M\u00e1ximo e implore para m\u00ed su gran misericordia. Yo, mientras viva, tendr\u00e9 presente a vuestra se\u00f1or\u00eda en mis oraciones, y pedir\u00e9 al Se\u00f1or que se digne ben\u00addecir y dar buen \u00e9xito \u00e1 todas las ocupaciones y empresas de vuestra se\u00f1or\u00eda.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>El Sr. Brin al presente no est\u00e1 en Par\u00eds, y se halla en Gascu\u00f1a, 150 leguas distante de aqu\u00ed, al frente de una de nuestras casas en un pueblo de la di\u00f3cesis de Agen, llamado Nuestra Se\u00f1ora de la Rosa. Por manera que se halla m\u00e1s cerca de ah\u00ed que de aqu\u00ed, y tiene andado ya m\u00e1s de la mi\u00adtad del camino. Ya le har\u00e9 saber c\u00f3mo su encargo est\u00e1 cum\u00adplido.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Mucho deseamos que se ofrezca ocasi\u00f3n de prestar \u00e1 vuestra se\u00f1or\u00eda alg\u00fan servicio se\u00f1alado, para corresp9nder en alg\u00fan modo a la buena voluntad que vuestra se\u00f1or\u00eda nos tiene. Esto, reverend\u00edsimo se\u00f1or, desea muy de veras el hu\u00admilde y obediente servidor de vuestra se\u00f1or\u00eda,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>VICENTE DE PA\u00daL,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>I. S. G. C. M. \u201e<\/em><\/p>\n<p>Por los a\u00f1os de 1657 deb\u00eda de ir madurando el proyecto de la fundaci\u00f3n en Toledo, seg\u00fan lo da a entender una carta del mismo San Vicente, escrita con fecha 6 de Julio de 1657, al Sr. Jolly, Superior de nuestra casa de Roma. Contestando, pues, el Santo al Sr. Jolly, entre otras cosas dice lo que sigue: \u00abEn la suya de 5 de Junio me habla Ud. de nuestro estable\u00adcimiento en Espa\u00f1a, y advierte que ese buen sacerdote, que ha sido jesuita, se ofrece a ir con el que envi\u00e1remos all\u00e1 ; pero hasta ahora no he designado el que ha de ir, ni veo que haya alguno que pueda encargarse dignamente de tal asunto, excepto el Sr. Mart\u00edn, y \u00e9ste hace falta en Tur\u00edn, donde aho\u00adra se halla. Hab\u00eda pensado en el Sr. Brin, pero \u00e9ste deja algo que desear: ya lo pensar\u00e9 mejor mientras espero la orden del Emmo. Cardenal de Toledo. Al fin tampoco ahora se llev\u00f3 a cabo esta fundaci\u00f3n, tal vez por causa de la guerra que entonces hab\u00eda entre Francia y Espa\u00f1a, como lo significa San Vicente en otra carta del 27 de Septiembre de 1658, escrita tambi\u00e9n al Sr. Jolly. \u00abYo creo, \u2014 dice el Santo, \u2014 que no hay que esperar nada del ofrecimiento de Toledo mientras no se haga la paz entre las dos Coronas; y esto da a entender, seg\u00fan mi juicio<sub>.<\/sub>, el Sr. Loeus, sin decirlo clara\u00admente, con sus respuestas vagas y generales\u00bb.<\/p>\n<p>Sin duda instaban al Santo para que enviase alg\u00fan Mi\u00adsionero a Espa\u00f1a a tratar de la fundaci\u00f3n de Toledo, lo cual dio ocasi\u00f3n al Santo a que con fecha 22 de Noviembre de 1658 escribiese al Sr. Jolly de esta manera: \u00abEn respuesta a lo que Ud. me dice del asunto de Toledo, adonde yo no veo que seamos llamados, digo que no debemos prevenir \u00e1 la Providencia. Es verdad que varias veces el Sr. Loeus nos ha hablado de parte del Emmo. Cardenal-Arzobispo de To\u00adledo, a quien toca llamarnos de parte de Dios; pero hasta ahora no nos ha llamado, y as\u00ed no debemos adelantarnos ni hacer otra cosa que manifestar al Sr. Loeus la disposici\u00f3n en que nos hallamos de responder al llamamiento de Dios cuando se vea claramente. Esta era mi intenci\u00f3n, y esto es lo \u00fanico que quise decir cuando os supliqu\u00e9 que hablaseis \u00e1 dicho se\u00f1or. Si el Emmo. Sr. Cardenal pide que le envie\u00admos algunos sacerdotes, vayan en hora buena; y aunque el Sr. Loeus no tenga para los gastos del viaje, no importa, nos\u00adotros los haremos de muy buen grado, y aun daremos algo m\u00e1s; pero ofrecernos a ir nosotros sin ser llamados, no lo puedo consentir. Diga Ud. al Sr. Loeus que tal es nuestro modo de ser, y que esto tenemos por m\u00e1xima.<\/p>\n<p>Seg\u00fan se deja entender de lo que hasta aqu\u00ed queda di\u00adcho, y m\u00e1s a\u00fan de otra carta de San Vicente al Sr. Iolly<sup>,<\/sup> escrita \u00e1 27 de Diciembre de este a\u00f1o de 1658, el Sr. Loeus deb\u00eda de interesarse mucho porque los Misioneros pasasen \u00e1 Toledo. Las palabras del Santo en la mencionada carta son \u00e9stas: \u00abAcabo de recibir su carta del 26 de Noviembre, y la del Sr. Loeus con la copia de la que \u00e9ste escribe al eminen\u00adt\u00edsimo Cardenal-Arzobispo de Toledo, la cual me parece que est\u00e1 muy bien escrita, porque tanto en la substancia como en la forma manifiesta su autor mucha sabidur\u00eda y discreci\u00f3n. Dios sea bendito por la buena voluntad que este doctor nos tiene, de lo cual ha dado pruebas en la presente ocasi\u00f3n. Pienso escribirle cuanto antes para manifestarle mi agrade\u00adcimiento; pero si no lo hiciere hoy, pues temo que no podr\u00e1 ser, dele Ud. muchas gracias de mi parte y h\u00e1gale presente mi sincero agradecimiento.<\/p>\n<h3>III<\/h3>\n<p>Por los a\u00f1os 166o hab\u00eda alguna esperanza de que los Mi\u00adsioneros vinieran \u00e1 establecerse en Plasencia Disput\u00e1base por entonces entre los te\u00f3logos si la Virgen sant\u00edsima hab\u00eda sido concebida sin la mancha de pecado original, sostenien\u00addo la mayor parte de ellos, \u00e1 lo menos en Espa\u00f1a, la opini\u00f3n afirmativa, y alegando en confirmaci\u00f3n de su doctrina, entre otras muchas razones, el que la Iglesia celebraba la fiesta de la concepci\u00f3n inmaculada de Mar\u00eda. Pero los adversarios que defend\u00edan la parte negativa, para eludir la fuerza de este argumento dec\u00edan que si bien era cierto que la Iglesia cele\u00adbraba la fiesta de la inmaculada concepci\u00f3n de la Virgen, de ah\u00ed no se segu\u00eda lo que afirmaban los defensores de esta prerrogativa de la Madre de Dios, porque, seg\u00fan ellos, el culto que la Iglesia daba \u00e1 la Virgen en esta festividad no se refe\u00adr\u00eda al instante de la concepci\u00f3n de Mar\u00eda, sino al instante en que fu\u00e9 santificada en las entra\u00f1as de su madre Santa Ana, distinguiendo entre el instante de la concepci\u00f3n y el de la santificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Deseando, pues, nuestro rey Felipe IV que el Papa de\u00adclarase por decreto pontificio que el culto de la Iglesia dado \u00e1 la Virgen sant\u00edsima en la fiesta de la concepci\u00f3n inmacu\u00adlada se refer\u00eda al primer instante en que Mar\u00eda fu\u00e9 conce\u00adbida, en el a\u00f1o 1658 envi\u00f3 \u00e1 Roma como embajador extra\u00adordinario, para solicitar del Papa Alejandro VII el decreto deseado, al Ilmo. D. Luis Crespo de Borja, \u00e1 quien acaba\u00adban de trasladar del obispado de Orihuela al de Plasencia. Era el Ilmo. Sr. Crespo de Borja de virtud se\u00f1alada y emi\u00adnente, de mucho saber y consumada prudencia; y tan bien y tan \u00e1 satisfacci\u00f3n de su Rey desempe\u00f1\u00f3 la comisi\u00f3n que \u00e9ste le hab\u00eda dado, que Su Santidad expidi\u00f3 un decreto de\u00adclarando que el culto dado por la Iglesia \u00e1 la Virgen Mar\u00eda se refiere al primer instante de su concepci\u00f3n<\/p>\n<p>Cuatro a\u00f1os estuvo en Roma, en calidad de embajador del rey de Espa\u00f1a, el Ilmo. Sr. Crespo de Borja, y en este tiempo conoci\u00f3 \u00e1 los hijos de San Vicente de Pa\u00fal, quedan\u00addo tan prendado de los ministerios del Instituto de la Con\u00adgregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, que parece tuvo deseos y concibi\u00f3 el prop\u00f3sito de traerlos consigo cuando regresase \u00e1 Espa\u00f1a. La ocasi\u00f3n de conocerlos fu\u00e9 \u00e9sta:<\/p>\n<p>Hab\u00eda en Roma un caballero espa\u00f1ol de la di\u00f3cesis de Plasencia y, de consiguiente, s\u00fabdito de nuestro venerable Prelado, que deseando recibir los sagrados \u00d3rdenes asisti\u00f3 \u00e1 los ejercicios espirituales que los Misioneros daban \u00e1 los ordenandos en nuestra casa de Monte Citorio; y sali\u00f3 de los ejercicios tan instru\u00eddo acerca de la dignidad del sacerdocio y de las obligaciones que \u00e1 \u00e9l van anejas, y tan satisfecho de los Misioneros, que acabados los ejercicios habl\u00f3 \u00e1 su Obis\u00adpo y se hac\u00eda lenguas para elogiarlos. El Obispo, que ten\u00eda mucho celo por la gloria de Dios y salvaci\u00f3n de las almas, y deseaba fundar un Seminario para que en \u00e9l aprendiesen los j\u00f3venes que aspirasen al estado eclesi\u00e1stico la ciencia y la virtud y se revistiesen del esp\u00edritu eclesi\u00e1stico, pas\u00f3 aviso \u00e1 los Misioneros manifestando que deseaba hablarles. Sabi\u00addo esto por los Misioneros, el Sr. Jolly, que, seg\u00fan arriba queda dicho, era Superior de aquella casa, fu\u00e9 a la residen\u00adcia de su Ilustr\u00edsima y le inform\u00f3 de lo que era la Congre\u00adgaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y cu\u00e1les eran sus ministerios. Al Obis\u00adpo agrad\u00f3 mucho cuanto le dijo de nuestros ministerios, sobre todo el de trabajar para formar buenos eclesi\u00e1sticos; dijo que en la ordenaci\u00f3n siguiente ir\u00eda \u00e1 casa de los Misio\u00adneros; pregunt\u00f3 si cuando \u00e9l volviese \u00e1 Espa\u00f1a podr\u00edan ir con \u00e9l algunos, y pidi\u00f3 una instrucci\u00f3n de lo que se hac\u00eda en los ejercicios para Ordenes, porque quer\u00eda enviarla \u00e1 su di\u00f3cesis para que luego se pusiese en pr\u00e1ctica. As\u00ed consta de una carta que el mismo Sr. Jolly escribi\u00f3 \u00e1 San Vicente, la cual trae Abelly en la Vida que escribi\u00f3 de nuestro Santo.<\/p>\n<p>Escribi\u00f3, pues, el Sr. Jolly \u00e1 San Vicente d\u00e1ndole cuenta de todo, y debi\u00f3 de manifestar deseos de que los Misione\u00adros viniesen \u00e1 Espa\u00f1a, y acaso manifest\u00f3 tambi\u00e9n intenci\u00f3n de procurarlo, \u00e1 juzgar por el tenor de la carta que en res\u00adpuesta escribi\u00f3 el Santo al Sr. Jolly. La carta de \u00e9ste \u00e1 San Vicente, seg\u00fan se encuentra en Abelly entre otras cosas, dice as\u00ed: Al salir de los ejercicios el <em>caballero espa\u00f1ol, <\/em>re\u00adfiri\u00f3 \u00e1 su Obispo todo lo que hab\u00eda observado, y su Ilustr\u00ed\u00adsima manifest\u00f3 deseos de hablarnos, de lo cual hizo que nos dieran aviso. Esta misma ma\u00f1ana he estado con \u00e9l, y he ha\u00adllado un Prelado muy celoso, que ha dado muchas misio\u00adnes en su di\u00f3cesis casi de la misma manera que las hace nuestra Congregaci\u00f3n, con sola la diferencia de que \u00e9l las hace un poco m\u00e1s cortas.<\/p>\n<p>Pero lo que m\u00e1s le llama la atenci\u00f3n y m\u00e1s le encanta, es esta nueva invenci\u00f3n de trabajar en la formaci\u00f3n de bue\u00adnos eclesi\u00e1sticos. Ha dicho que vendr\u00e1 \u00e1 nuestra casa duran\u00adte los ejercicios de la pr\u00f3xima ordenaci\u00f3n ; me ha pregun\u00adtado si cuando regrese \u00e1 Espa\u00f1a podr\u00e1n ir algunos de los nuestros con \u00e9l, y me ha pedido una instrucci\u00f3n de cuanto se hace en los ejercicios, para enviarla \u00e1 su di\u00f3cesis con el fin de que luego se ponga en pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Aunque Abelly en las palabras referidas no lo diga, re\u00adpito que el Sr. Jolly debi\u00f3 de manifestar deseos de que los Misioneros viniesen \u00e1 Espa\u00f1a, y acaso prop\u00f3sito \u00e9 intenci\u00f3n de procurarlo; pues San Vicente, cuya m\u00e1xima era no ade\u00adlantarse \u00e1 la Providencia, ni establecerse sino en los lugares adonde fuesen expresamente llamados, contest\u00f3 lo que sigue: \u00abEn cuanto \u00e1 lo que Ud. me dice de ese buen Prelado, em\u00adbajador del rey de Espa\u00f1a, advierto que debemos bendecir \u00e1 Dios por los sentimientos que le comunica respecto de la ocupaci\u00f3n y empleo de los ordenandos, y por el celo que tiene para las misiones; pero en nombre de Dios le suplico que no haga Ud. nada para que nos busquen. Por mucho que ma\u00adnifieste que desea tener en su di\u00f3cesis \u00e1 nuestros sacerdotes, no se lo prometa Ud.; pero tampoco debe hacer nada para hacerle perder el afecto que nos tiene, sino lo que ha de ha\u00adcer es oir con respeto y agradecimiento lo que dijere, sin que usted se comprometa \u00e1 nada. Respecto de la instrucci\u00f3n que ha pedido, dilate el entreg\u00e1rsela cuanto pudiere; porque si al fin se resuelve \u00e1 llevar Misioneros, tendremos mucha difi\u00adcultad para d\u00e1rselos tales cuales conviene para aquel reino&#8217;; y adem\u00e1s debemos guardarnos de introducirnos por nos\u00adotros mismos en los lugares y empleos donde no nos ha\u00adllamos a\u00fan.<\/p>\n<p>Esto es lo \u00fanico que hasta ahora hemos podido averi\u00adguar acerca de los intentos de establecer en Espa\u00f1a la Con\u00adgregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n durante la vida de su glorioso fun\u00addador, San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<h2>Cap\u00edtulo segundo: Fundaci\u00f3n de la casa de Barcelona.<\/h2>\n<p>Contiene este cap\u00edtulo todo lo que sucedi\u00f3 desde que el Sr. Sanjusto pens\u00e9 establecer una comunidad que se dedicase \u00e1 los ejercicios de ordenandos y \u00e1 las misiones, hasta que alcanz\u00f3 licencia del Rey para dicha fundaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Leemos en la Vida de San Vicente que hall\u00e1ndose retirada la esposa del general Gond\u00ed en sus posesiones de Picard\u00eda, en una casa de campo llamada Folleville, y encontr\u00e1ndose all\u00ed tambi\u00e9n el Santo, fu\u00e9 llamado cierto d\u00eda para confesar a un enfermo de un pueblo inmediato. Vol\u00f3 San Vicente \u00e1 la ca\u00adbecera del enfermo; y advirtiendo que aquel pobre hombre hab\u00eda callado en sus confesiones pasadas varios pecados por verg\u00fcenza, le manifest\u00f3 que era necesario hacer confesi\u00f3n general para reparar los defectos de las anteriores. Movido el enfermo con las exhortaciones del Santo, confes\u00f3 todos sus pecados, concibiendo tan gran dolor de ellos que despu\u00e9s de la confesi\u00f3n manifest\u00f3 p\u00fablicamente el estado miserable en que se hallaba, y dec\u00eda: \u00abSi no hubiese hecho esta con\u00adfesi\u00f3n general, me hubiera condenado sin remedio\u00bb.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 esto a o\u00eddos de la virtuosa se\u00f1ora del General, se estremeci\u00f3 y se llen\u00f3 de espanto, y lament\u00e1ndose dec\u00eda a nuestro Santo: \u00ab\u00a1Oh, Se\u00f1or, qu\u00e9 es lo que o\u00edmos! Tal vez sucede lo mismo a la mayor parte de estos pobres labra\u00addores; porque si \u00e9ste, que era tenido por hombre honrado, se hallaba en tan gran peligro de condenarse, cu\u00e1l ser\u00e1 el estado de los que no viven tan ajustadamente?\u00bb. Y no content\u00e1ndose tan piadosa se\u00f1ora con est\u00e9riles lamentaciones, quiso que se hiciera algo en favor de aquellos pueblos para socorrerlos en sus necesidades espirituales, y as\u00ed suplic\u00f3 a San Vicente que predicara el d\u00eda de la conversi\u00f3n de San Pablo en la iglesia de Folleville , exhortando a los oyentes a que hiciesen confesi\u00f3n general.<\/p>\n<p>Predic\u00f3, en efecto, sobre la confesi\u00f3n general, declarando las utilidades y provechos que de ella se sacan y manifestando el modo de hacerla; y de tal manera bendijo Dios aquella pl\u00e1tica, que todos acud\u00edan presurosos \u00e1 hacer confesi\u00f3n ge\u00adneral. Disp\u00fasolos por espacio de algunos d\u00edas con instruc\u00adciones familiares para recibir dignamente los santos Sacra\u00admentos, y fueron tantos los que acud\u00edan al tribunal de la penitencia que fue necesario suplicar a los Padres jesuitas de Amiens que fueran a ayudarle. Despu\u00e9s, en compa\u00f1\u00eda de un Padre jesuita, recorri\u00f3 otras posesiones de la misma se\u00f1ora, predicando y exhortando a hacer confesi\u00f3n general, y recogiendo en todas partes, por la abundancia de bendicio\u00adnes que el cielo derramaba sobre sus afanes y sudores, igua\u00adles frutos que los recogidos en Folleville.<\/p>\n<p>Estas misiones y trabajos apost\u00f3licos de nuestro glorioso Padre fueron como el comienzo de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, y dieron ocasi\u00f3n a que algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde se estableciese en la Iglesia de Dios esta Compa\u00f1\u00eda. Causas se\u00admejantes y an\u00e1logos sucesos fueron tambi\u00e9n causa de que en los primeros a\u00f1os de la pasada centuria, despu\u00e9s de las tentativas que en el anterior cap\u00edtulo dejamos referidas, definitivamente se estableciera en Espa\u00f1a tan saludable Ins\u00adtituto.<\/p>\n<h3>I<\/h3>\n<p>Ya dejamos escrito en el cap\u00edtulo precedente c\u00f3mo vi\u00adviendo a\u00fan el Santo fundador de la Congregaci\u00f3n de la Mi\u00adsi\u00f3n, en diversas ocasiones se trat\u00f3 de que sus hijos vinieran a establecerse en Espa\u00f1a, y c\u00f3mo aquellas tentativas y pro\u00adyectos no se llevaron a cabo, sin duda porque no hab\u00eda lle\u00adgado a\u00fan el tiempo se\u00f1alado en los eternos consejos de la Providencia. Mas cuando lleg\u00f3 el d\u00eda en que, seg\u00fan los designios del Se\u00f1or, se hab\u00eda de establecer en esta tierra cl\u00e1sica de fe y catolicismo la Compa\u00f1\u00eda de los Misioneros, a pesar de las muchas dificultades que se ofrecieron y de los mu\u00adchos obst\u00e1culos que fue preciso vencer, al fin todo se allan\u00f3 y los hijos de San Vicente de Pa\u00fal vinieron a la pen\u00ednsula ib\u00e9rica para ejercer en ella los ministerios de su vocaci\u00f3n, como lo hac\u00edan ya en otros muchos reinos y provincias.<\/p>\n<p>Habiendo publicado el Nuncio de Su Santidad en estos reinos, all\u00e1 por los a\u00f1os de 1680, un Breve del Papa Inocen\u00adcio XI en el cual se mandaba \u00e1 los se\u00f1ores Obispos de Es\u00adpa\u00f1a que en lo sucesivo no confiriesen \u00f3rdenes sagrados sino a los que antes hubieren hecho ejercicios espirituales en al\u00adguna casa de Religi\u00f3n o Congregaci\u00f3n , seg\u00fan ya se practi\u00adcaba en Roma y en otras muchas partes, el muy ilustre se\u00ad\u00f1or D. Francisco Sanjusto y de Pag\u00e9s, Arcediano de la santa Iglesia Catedral de Barcelona, conociendo los grandes frutos que de esto se hab\u00edan de seguir si los ejercicios se practicasen debidamente y seg\u00fan los deseos de Su Santidad, resolvi\u00f3 hacer cuanto fuese de su parte para que tan santa y laudable disposici\u00f3n pontificia produjese los frutos que de ella se pod\u00edan esperar. Parec\u00edale que ser\u00eda de suma utilidad para el expresado fin el que hubiese alg\u00fan Instituto que tuviera por ocupaci\u00f3n propia dar estos santos ejercicios a los que hab\u00edan de recibir los sagrados \u00f3rdenes, y pensaba c\u00f3mo se hallar\u00eda traza y manera de conseguirlo. Renunci\u00f3, pues, varias pre\u00adbendas, reserv\u00e1ndose \u00fanicamente un priorato que ten\u00eda ane\u00adja cura de almas, para trabajar en \u00e9l y dedicarse a las obras del celo sacerdotal. En estas ocupaciones conoci\u00f3 lo mucho que con ellas se pod\u00eda servir \u00e1 Dios y la grande necesidad en que estaban los habitantes de las aldeas y lugares peque\u00f1os de que hubiese ministros del Se\u00f1or dedicados a evangelizar\u00adlos, para que se instruyesen bien en las verdades de nuestra santa Religi\u00f3n y aprendiesen \u00e1 vivir cristianamente y hacer confesi\u00f3n general, pues cre\u00eda que a muchos \u00e9sta les era de absoluta necesidad para salvarse; todo lo cual apenas se pue\u00adde conseguir, seg\u00fan \u00e9l entend\u00eda, sino por medio de las mi\u00adsiones. Confirm\u00f3le en esta su creencia un suceso muy extra\u00ad\u00f1o que le ocurri\u00f3 por aquel tiempo.<\/p>\n<p>Cierto d\u00eda estaba el Sr. Sanjusto celebrando la santa Misa, y al comenzar el \u00faltimo Evangelio entr\u00f3 en la iglesia un ni\u00f1o de tres \u00f3 cuatro a\u00f1os de edad diciendo \u00e1 voces: \u00ab\u00a1Ay, ay! \u00a1que se muere, que se muere!; y como el ni\u00f1o era tan peque\u00f1o y apenas sab\u00eda hablar, a todos caus\u00f3 grande admiraci\u00f3n. Acabada la Misa, nuestro venerable Arcediano, acompa\u00f1ado de todos los fieles que estaban en la iglesia, fue a ver qu\u00e9 no\u00advedad era aqu\u00e9lla, y hallaron a un hombre durmiendo tran\u00adquilamente, si bien sospecharon que aquel sue\u00f1o pod\u00eda pro\u00advenir de alguna bebida. Cuando este hombre despert\u00f3 y se vi\u00f3 rodeado de aquella muchedumbre, pregunt\u00f3 por qu\u00e9 causa hab\u00edan ido all\u00ed, puesto que \u00e9l se encontraba bueno y sano. El Sr. Sanjusto hizo que se retirase la multitud, y esto hecho, manifest\u00f3 al hombre lo que aquel ni\u00f1o hab\u00eda dicho entrando<sup>&#8211;<\/sup>en la iglesia, lo cual deb\u00eda mirar como un aviso del cielo y aprovecharse de \u00e9l para remedio de su alma, y as\u00ed que dijese con qui\u00e9n quer\u00eda confesarse. Respondi\u00f3 que deseaba confesarse con \u00e9l, pero que antes ten\u00eda que prepararse despacio, porque nunca se hab\u00eda confesado bien por haber callado pecados en la confesi\u00f3n desde su juventud, a pesar de que en varias ocasiones hab\u00eda estado gravemente enfermo, y una vez con los santos Oleos. De manera, dec\u00eda aquel po\u00adbre hombre, que por no haber hallado quien tuviera bastan\u00adte caridad con \u00e9l y le oyese despacio, hubiera muerto en su pecado si el Se\u00f1or no hubiera usado con \u00e9l de tan gran mi\u00adsericordia. Pero como a nuestro venerable sacerdote le daba en el coraz\u00f3n que urg\u00eda el confesarse luego, le inst\u00f3 \u00e1 que se confesara inmediatamente. Rindi\u00f3se a estas instancias, con\u00adfes\u00f3se a satisfacci\u00f3n suya y del confesor, y deseaba con an\u00adsia recibir luego la sagrada comuni\u00f3n, pues nunca hab\u00eda te\u00adnido la dicha de recibirla en estado de gracia; mas no pudo satisfacer por entonces sus piadosos deseos, porque al instan\u00adte fue acometido de recia calentura. Pasados cuatro d\u00edas pareci\u00f3 al Sr. Sanjusto que la enfermedad era grave y que ha\u00adb\u00eda peligro de muerte, por lo cual administr\u00f3 el sagrado Vi\u00e1\u00adtico al enfermo, quien recibi\u00f3 \u00e1 nuestro Se\u00f1or con mucha devoci\u00f3n y ternura y abundantes l\u00e1grimas, a inmediatamen\u00adte perdi\u00f3 el uso de los sentidos y muri\u00f3.<\/p>\n<p>Este suceso, dice nuestro Arcediano, juntamente con las muchas personas que, movidas de los sermones que le o\u00edan y de la explicaci\u00f3n del catecismo que les hac\u00eda, todos los d\u00edas acud\u00edan a \u00e9l sin saber lo que es la confesi\u00f3n, le inspir\u00f3 de\u00adseos de juntar algunos sacerdotes cuya \u00fanica ocupaci\u00f3n fuese dar ejercicios espirituales, especialmente a los ordenandos, seg\u00fan lo dispuesto por el Papa en el Breve arriba men\u00adcionado, y hacer misiones predicando, ense\u00f1ando la doctri\u00adna cristiana y confesando en las aldeas y pueblos peque\u00f1os. Con este objeto adquiri\u00f3 una casa en Barcelona donde pu\u00addiesen vivir juntos y dar ejercicios, no solamente a los orde\u00adnandos, sino tambi\u00e9n a todos cuantos quisieran hacerlos; de manera que siempre hubiese en ella algunos sacerdotes que desempe\u00f1asen este santo ministerio mientras los dem\u00e1s daban misiones en los pueblos en la forma que ya hemos in\u00adsinuado.<\/p>\n<h3>II<\/h3>\n<p>Unos dieciocho a\u00f1os hab\u00edan transcurrido desde que el Sr. Sanjusto concibi\u00f3 la idea de congregar algunos sacerdo\u00adtes con el fin de trabajar en las ocupaciones arriba dichas, de tanto provecho para la gloria de Dios y salvaci\u00f3n de las almas, sin que en tan largo tiempo se hallase un solo sacer\u00addote que secundara sus prop\u00f3sitos y quisiera ayudarle en los ministerios que \u00e9l tanto acariciaba; por lo cual vi\u00f3se preci\u00adsado \u00e1 trabajar solo, haciendo lo que su celo le dictaba y sus fuerzas le permit\u00edan. Sin duda dispon\u00edalo as\u00ed la divina Pro\u00advidencia, porque tales ministerios quer\u00eda que los desempe\u00f1a\u00adsen los hijos de San Vicente en nuestra patria, al modo que ya los desempe\u00f1aban en otras muchas naciones.<\/p>\n<p>En efecto, \u00edbase acercando ya el tiempo se\u00f1alado por Dios para que los Misioneros viniesen \u00e1 nuestra querida pa\u00adtria, y para que esto se llevase a cabo orden\u00f3 su divina Ma\u00adjestad que el Sr. Sanjusto fuese en peregrinaci\u00f3n a Roma con el fin de ganar el jubileo del a\u00f1o santo que ocurri\u00f3 en 1700; que all\u00ed conociese \u00e1 los hijos de San Vicente de Pa\u00fal, y que se informase de c\u00f3mo ya exist\u00eda en la Iglesia de Dios el Instituto que \u00e9l deseaba fundar. Fue causa de que el se\u00ad\u00f1or Sanjusto se ausentara de Barcelona, seg\u00fan \u00e9l mismo cuenta, y que pensara en la peregrinaci\u00f3n susodicha, un su\u00adceso desgraciado para Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Hac\u00eda ya ciento cincuenta a\u00f1os, poco m\u00e1s \u00f3 menos, que Espa\u00f1a ven\u00eda sosteniendo una lucha sin tregua para defen\u00adderse de los hijos del Alcor\u00e1n y de casi todas las potencias de Europa, pues su inmenso poder\u00edo y el ser naci\u00f3n \u00edntegra\u00admente cat\u00f3lica y portaestandarte de la fe dieron ocasi\u00f3n a que todos se conjurasen contra ella y a que todos a una, turcos, herejes y cat\u00f3licos, se aliasen para humillarla y abatir su grandeza. Muchas proezas y grandes haza\u00f1as que llenan de admiraci\u00f3n y asombro hicieron sus hijos durante este per\u00edodo, y por muchos a\u00f1os sostuvieron con gloria el com\u00adbate, infundiendo temor y espanto \u00e1 sus enemigos; pero al fin, tantos y tan poderosos enemigos, tan grandes dispendios como tuvo que hacer, tantos hijos suyos como perecieron en los campos de batalla, tantas desgracias y calamidades como sobre ella llovieron, fueron causa de que en el tiempo a que nos referimos hubiese llegado \u00e1 grande postraci\u00f3n y decaimiento. Por aquellos a\u00f1os ard\u00eda en guerra toda Euro\u00adpa, y Espa\u00f1a, que tambi\u00e9n se hallaba envuelta en ella y no estaba en condiciones de luchar con ventaja, tampoco sali\u00f3 bien librada en esta ocasi\u00f3n , pues los franceses penetraron en Catalu\u00f1a al mando de Noailles y Vendome, y despu\u00e9s de haber tomado varias poblaciones llegaron a Barcelona ; la cual, habiendo resistido varios asaltos, fue entregada \u00e1 los franceses por la capitulaci\u00f3n que con ellos firm\u00f3 el capit\u00e1n general y virrey Corzana a los 10 de Agosto de 1897.<\/p>\n<p>Los trastornos y disturbios que de aqu\u00ed se siguieron y el no poder vivir all\u00ed con la perfecci\u00f3n de vida que se requiere en los eclesi\u00e1sticos\u2014 nos dice el Sr. Sanjusto \u2014 le obligaron \u00e1 ausentarse de Barcelona, pues \u00e1 su director le pareci\u00f3 que ser\u00eda muy conveniente para la quietud de su esp\u00edritu que se&#8217; ausentase por alg\u00fan tiempo de aquellos pa\u00edses; y como ya se acercaba el a\u00f1o santo, se juzg\u00f3 que lo m\u00e1s acertado ser\u00eda ir en peregrinaci\u00f3n \u00e1 Roma para ganar el jubileo. Emprendi\u00f3, pues, su viaje con asombro de cuantos le conoc\u00edan y de s\u00ed mismo; pues aunque conoc\u00eda que la peregrinaci\u00f3n se hac\u00eda seg\u00fan la voluntad de Dios, iba perplejo y sin entenderse ni darse cuenta a s\u00ed mismo; mas en llegando a Roma luego en\u00adtendi\u00f3 la causa de aquella peregrinaci\u00f3n y comprendi\u00f3 el fin a que por Dios iba encaminada.<\/p>\n<p>De lo que el Sr. Sanjusto escribe podemos colegir que todos los sacerdotes extranjeros que iban a Roma, para que pudiesen celebrar el santo Sacrificio ten\u00edan que presentarse \u00e1 los Misioneros de Monte Citorio y all\u00ed ser examinados en las ceremonias de la Misa. Fue tambi\u00e9n all\u00e1 nuestro venera\u00adble sacerdote, y con esta ocasi\u00f3n conoci\u00f3 a los hijos de San Vicente; y habi\u00e9ndose informado de sus ocupaciones, cono\u00adci\u00f3 que \u00e9stos desempe\u00f1aban todos los ministerios que eran el objeto de sus pensamientos, y que la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n era el Instituto que \u00e9l deseaba ver establecido en la Iglesia. Caus\u00f3le esto grande regocijo, y si bien nada mani\u00adfest\u00f3 a los Misioneros de los prop\u00f3sitos que ten\u00eda, se volvi\u00f3 a su patria rebosando el coraz\u00f3n de alegr\u00eda, persuadi\u00e9ndose que el negocio estaba ya concluido; puesto que la mayor dificultad que hab\u00eda tenido hasta entonces para llevar a cabo sus intentos era la falta de hombres que le ayudaran y qui\u00adsieran abrazar el g\u00e9nero de vida que \u00e9l deseaba establecer, la cual dificultad le pareci\u00f3 que estaba vencida y que los de Roma vendr\u00edan luego que los llamase.<\/p>\n<p>Con estas esperanzas volvi\u00f3 \u00e1 Espa\u00f1a, y luego que arrib\u00f3 a Barcelona comenz\u00f3 a trabajar para poner en ejecuci\u00f3n la obra que a \u00e9l tan f\u00e1cil le parec\u00eda; pero no le sucedieron las cosas seg\u00fan se hab\u00eda imaginado, porque cuanto m\u00e1s lo in\u00adtentaba, tanto mayores eran las dificultades que se le ofre\u00adc\u00edan; y tanto crecieron \u00e9stas, que resolvi\u00f3 dejar la empresa, pareci\u00e9ndole imposible salir con ella y que s\u00f3lo serv\u00eda para traerle turbado, sin dejarle hacer cosa de provecho ni para s\u00ed ni para los dem\u00e1s. Con el fin de que no pudiera en adelante intentar de nuevo la empresa resolvi\u00f3 gastar todo cuanto para ella ten\u00eda apercibido, qued\u00e1ndose \u00fanicamente con lo necesario para s\u00ed, y viviendo en paz y sosiego disponerse para una buena muerte. Mas como Dios quer\u00eda servirse de \u00e9l para que viniesen \u00e1 Espa\u00f1a los Misioneros, dispuso que lue\u00adgo volviese \u00e1 pensar en la obra , poco antes abandonada con resoluci\u00f3n y prop\u00f3sito de no tratar m\u00e1s de ella pareci\u00e9ndo\u00adle imposible llevarla a cabo.<\/p>\n<p>Tranquilo y olvidado enteramente de la fundaci\u00f3n viv\u00eda nuestro Arcediano cuando fue a visitarte un amigo, el cual, haciendo recaer la conversaci\u00f3n sobre este asunto, le manifest\u00f3 que \u00e9l sab\u00eda de una persona que<sup>&#8211;<\/sup>en su testamento de\u00adjaba todo cuanto ten\u00eda para que en Barcelona se fundase una Congregaci\u00f3n que tuviese por fin trabajar en los ministerios que a nuestro Arcediano tanto halagaban. El Sr. Sanjusto cre\u00ady\u00f3 que su amigo hablaba as\u00ed por chancearse; pero habi\u00e9ndole asegurado \u00e9ste que hablaba de veras, se persuadi\u00f3 que aqu\u00e9l era aviso del cielo y que Dios quer\u00eda que no abandonase la obra de la fundaci\u00f3n. Pregunt\u00f3 a su, amigo qui\u00e9n era aquella persona, para tratar con ella el asunto, pues hac\u00eda veinte a\u00f1os que \u00e9l andaba tras esto mismo y hab\u00eda teni\u00addo que abandonar la empresa por falta de medios para lle\u00advarla a cabo, y quiz\u00e1 podr\u00edan los dos juntos lo que para \u00e9l s\u00f3lo hab\u00eda sido imposible. Respondi\u00f3 el amigo que no po\u00add\u00eda manifestar el nombre de la persona, porque \u00e9l s\u00f3lo sab\u00eda la disposici\u00f3n testamentaria por haberle sido entregado el testamento. Suplic\u00f3 el Sr. Sanjusto a su amigo que al me\u00adnos hablara de su parte a la susodicha persona, y le dijera que si estaba resuelto en lo de la fundaci\u00f3n podr\u00edan juntar- se los dos para tratar del asunto. As\u00ed lo ejecut\u00f3, y sin ha\u00adcerse esperar mucho se present\u00f3 el can\u00f3nigo D. Jer\u00f3nimo Enveja diciendo que \u00e9l era la persona de quien le hab\u00edan asegurado que dejaba en testamento todos sus bienes para el fin que arriba queda expresado. Abraz\u00e1ronse llenos de re\u00adgocijo alabando a Dios y reconociendo en lo que suced\u00eda la disposici\u00f3n de la divina Providencia, y resolvieron poner luego manos a la obra. Nuestro venerable Arcediano, acor\u00add\u00e1ndose de aquellas palabras del Evangelio: <em>Qui vult aedifi\u00ad<\/em><em>care prius cogitat si habeat ad perficiendun, <\/em>las cuales quieren decir que quien desea edificar primero considera si tendr\u00e1 caudal con que llevar a cabo la obra, habl\u00f3 a algunas personas piadosas con el fin de que cooperasen a la empre\u00adsa. Entre varias personas ofrecieron ayudarle con 4.000 do\u00adblones, y esta cantidad, junto con las rentas de D. Jer\u00f3nimo Enveja y las de otras personas que ofrec\u00edan destinarlas \u00e1 este objeto, vendr\u00edan a producir como unos doscientos doblones de renta anual; y pareci\u00e9ndole que la dicha renta de 200 do\u00adblones era suficiente para lo que se pretend\u00eda, encomend\u00f3 \u00e1 Dios muy de veras el negocio, suplicando a su divina Majestad le diese \u00e1 conocer los medios m\u00e1s oportunos para llevar \u00e1 buen t\u00e9rmino la obra de sus aspiraciones y desvelos. Para esto juzg\u00f3 que lo m\u00e1s acertado ser\u00eda escribir al Emmo. Cardenal Portocarrero, primado de las Espa\u00f1as, cuya influencia en la corte era mucha; y de quien hab\u00eda o\u00eddo decir en Roma que es<sup>\u00ad<\/sup>timaba mucho a los Misioneros, y que estando S. Emma. en la capital del orbe cat\u00f3lico hab\u00eda intentado traerlos a Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Dirigi\u00f3se, pues, al Rdo. P. Fray Raimundo Berart, maestro en sagrada Teolog\u00eda, de la Orden de Santo Domin\u00adgo, que se hallaba en Madrid y era muy estimado del Cardenal-Arzobispo de Toledo, y le envi\u00f3 una carta para el Emmo. Sr. Cardenal. En esta carta, despu\u00e9s de recordar a su Eminencia el alto lugar que ocupaba en la Iglesia y en el reino, y el deseo que ten\u00eda de establecer en Espa\u00f1a la Con\u00adgregaci\u00f3n de Misioneros fundada por el venerable Vicente de Pa\u00fal, manifiesta los deseos que \u00e9l tiene de que se esta\u00adblezca en Barcelona una Casa de dicho Instituto; y a\u00f1ade que para esta obra tiene ya 200 doblones de renta anual y casa bastante capaz, y cuenta con algunas personas que est\u00e1n resueltas a abrazar el Instituto, advirtiendo que de Monte Citorio le han ofrecido enviar todos los Misioneros que sean necesarios. Despu\u00e9s suplica al Emmo. Sr. Cardenal que se digne hacerse fundador y protector de esta Casa para que con su apoyo tenga la obra la estabilidad que es menester, <em>y <\/em>concluye rog\u00e1ndole que alcance del Rey la licencia que para dicha fundaci\u00f3n se requiere y luego se la env\u00ede con los poderes necesarios para que todo se haga en nombre de su Eminencia. Esta carta, cuyo texto \u00edntegro podr\u00e1 ver el lec\u00adtor en la nota, lleva la fecha de 15 de Enero de 1702.<\/p>\n<p>El Emmo. Sr. Cardenal acogi\u00f3 benignamente la s\u00faplica de nuestro venerable sacerdote, y transcurridos algunos d\u00edas le contest\u00f3 en los siguientes t\u00e9rminos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abAseguro \u00e1 vuestra merced, en respuesta a su carta de 15 del corriente, que aprecio mucho cuanto en ella me refiere de su buen pensamiento, que no dudo ser\u00e1 del agrado de tilos, y harto quisiera yo ver semejante fundaci\u00f3n en mi arzobispado.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>He discurrido en la materia con el maestro Raimundo Berart y el modo de darle principio, y desde luego declar\u00e9 agente de esta causa, deseando ayudarle hasta su \u00faltima perfecci\u00f3n; y holgar\u00e9 que para cuanto se ofreciere a vuestra merced se valga de mi verdadero afecto. Dios guarde \u00e1 vuestra merced muchos a\u00f1os. Madrid 28 de Enero de 1702. Y de propio pu\u00f1o: \u00ab\u00a1Quiera Dios que tan santo \u00a0Instituto tenga feliz principio en Espa\u00f1a, que lo deseo mu\u00adcho, y ver logrado el intento de vuestra merced, a cuya per\u00adsona aseguro mi estimaci\u00f3n. De vuestra merced. =- <\/em><em>El Car\u00ad<\/em><em>denal Portocarrero\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n escribi\u00f3 a nuestro Arcediano el Rdo. P. M. Rai\u00admundo Berart, d\u00e1ndole cuenta de la pl\u00e1tica que hab\u00eda teni\u00addo con el Emmo. Sr. Cardenal, y dici\u00e9ndole que su Emi\u00adnencia hab\u00eda determinado que luego se diese a su Majestad un memorial en nombre del Sr. Sanjusto. Redact\u00f3se sin tardanza el memorial en la forma siguiente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abSe\u00f1or: Francisco Sanjusto y de Pag\u00e9s, presb\u00edtero, dice que con deseo continuado de m\u00e1s de veinte a\u00f1os de instruir ordenandos y predicar misiones entre los m\u00e1s necesitados del campo y monta\u00f1as , y franquear casa para ejercicios espiri\u00adtuales a personas eclesi\u00e1sticas y seculares, dej\u00f3 las dignidades de la Iglesia que le dificultaban este ejercicio, aplic\u00e1ndose a \u00e9l con la fuerza y medios que la divina Clemencia se ha ser\u00advido comunicarle; y habiendo advertido en Roma (donde se hall\u00f3 por el a\u00f1o santo) que su deseo con todas las circuns\u00adtancias est\u00e1 prevenido y ejecutado cumplidamente en la Casa de Monte Citorio y otras partes de la cristiandad, con mucho fruto de renovaci\u00f3n de costumbres en todos estados y de he\u00adroicas virtudes en los que han abrazado dichos ejercicios, se ha aplicado para que en Barcelona, su patria, se emprenda con veras este obsequio a Dios, cuya divina Providencia ha puesto en manos y disposici\u00f3n del suplicante 200 doblones de renta cada a\u00f1o, que son mil y cien libras de aquella mo\u00adneda, y una casa bastante para que en ella se congreguen y habiten los presb\u00edteros seculares que Dios moviere, y se eje\u00adcuten los ejercicios referidos. Cuya santa obra parece ejecutable sin alg\u00fan reparo por una fraternal junta de presb\u00edteros seculares subordinados a su Obispo, con cargo de ser en di\u00adcha forma sus coadjutores en el oficio pastoral, que es el fin para que nuestro Se\u00f1or Jesucristo instituy\u00f3 el sacro mi\u00adnisterio de los sacerdotes en orden a su cuerpo m\u00edstico de la Iglesia; y que no puede dificultarse con t\u00edtulo y color de nuevo instituto o religi\u00f3n, pues es puramente un saludable retiro en que desde sus principios se criaron los presb\u00edte\u00adros seculares y han continuado diferentes siglos, especialmente en los tiempos floridos de la cristiandad, y es un ejercicio propio de su sagrado orden en aquella cristiana uni\u00f3n y conformidad que siempre han ense\u00f1ado los santos y virtuosos sacerdotes que veneramos en la Iglesia. Con el fin, pues, de prevenir las trazas con que el com\u00fan enemigo de ordinario detiene a los que intentan reducirse a los t\u00e9r\u00adminos propios de su estado, y de que V. M. tenga el m\u00e9rito delante de Dios que su santo celo puede lograr cooperando a que el estado eclesi\u00e1stico se reduzca a su propia obligaci\u00f3n, suplica sea de su real servicio mandar que nadie impida la referida Congregaci\u00f3n del suplicante , con los dem\u00e1s sacer\u00addotes seculares que Dios llamare a dicho empleo, y que los ministros reales le asistan y favorezcan, en lo que recibir\u00e1 merced de la real grandeza de V. M.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El memorial fu\u00e9 entregado al Rey, y su Eminencia lo reco\u00admend\u00f3 al Duque de Montalto, presidente del Consejo de Arag\u00f3n, a quien el memorial fu\u00e9 remitido para su informe, y el Duque despach\u00f3 cartas al Virrey de Catalu\u00f1a para que \u00e9ste hiciese con\u00adsulta al Real Consejo y al Sr. Obispo de Barcelona, y el Con\u00adsejo con el Obispo informase a S. M. De todo ello di\u00f3 cuenta el Emmo. Portocarrero al Sr. Sanjusto, seg\u00fan dice \u00e9ste en sus apuntes. No se recibieron en Barcelona los despachos del Duque, y como por aquellos d\u00edas se ausent\u00f3 de la corte el presidente del Consejo de Arag\u00f3n, aunque nuestro Arcediano hizo muchas ins\u00adtancias, transcurrieron algunos meses sin que adelantara un solo paso el asunto de la fundaci\u00f3n. En este tiempo dice el Sr. San- justo que escribi\u00f3 varias cartas al Cardenal-Arzobispo de Toledo, sin que a ellas recibiese respuesta; hasta que al fin le escribi\u00f3 otra, que aunque no tiene fecha en los manuscritos que nos sir\u00adven de gu\u00eda, debi\u00f3 de escribirla en el mes de Noviembre \u00f3 Di\u00adciembre de 1702, pues a\u00f1ade el Arcediano barcelon\u00e9s que ha\u00adbiendo recibido \u00e9sta el Cardenal, le envi\u00f3 sin tardanza el despacho real que m\u00e1s adelante ver\u00e1 el lector, y que lleva la fecha de 31 de Enero de 1703.<\/p>\n<p>En la mencionada carta el Sr. Sanjusto recuerda al Eminen\u00adt\u00edsimo Cardenal-Arzobispo de Toledo c\u00f3mo ya en otra ocasi\u00f3n se hab\u00eda dirigido a su Eminencia suplic\u00e1ndole que se dignara fa\u00advorecer los deseos que ten\u00eda de fundar en Barcelona una casa de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, intercediendo con el Rey para que S. M. diese la licencia necesaria, y c\u00f3mo su Eminencia se hab\u00eda dignado responder que le ayudar\u00eda hasta que la obra se lle\u00advase a feliz t\u00e9rmino. Despu\u00e9s a\u00f1ade que tan favorable respuesta le daba aliento para recurrir de nuevo a su Eminencia, esperando que no hab\u00eda de serle molesto, persuadido como estaba de que para su Eminencia no pod\u00eda ser cosa molesta lo que procede de inspiraci\u00f3n divina; y que, postrado a los pies de su Eminencia, luchar\u00eda cual otro Jacob, y no dejar\u00eda a su Eminencia hasta que le hubiere dado su bendici\u00f3n. Luego dice que, siendo tanto lo que trabaja el enemigo com\u00fan en da\u00f1o de la Iglesia, conviene que su Eminencia, como Primado de las Espa\u00f1as, a semejanza de Aar\u00f3n, tome el incensario y aplaque la ira de Dios, facilitando los medios para la reforma del Estado eclesi\u00e1stico, porque es de de temer\u2014a\u00f1ade\u2014que los pecados de los sacerdotes sean la causa principal de que Dios esgrima la espada de su justicia ; y que acaso ellos sean tambi\u00e9n la causa de que se retarde m\u00e1s de lo que convendr\u00eda el establecimiento de tan saludable Instituto en nuestra patria. Por fin concluye, que habiendo sido in\u00fatiles todos sus esfuerzos y desvanec\u00eddose todos los medios que para esta obra ten\u00eda prevenidos, s\u00f3lamente le quedaba la confianza en Dios y la protecci\u00f3n de su Eminencia, y por esto suplica a su Eminen\u00adcia que se digne tomar sobre sus hombros una causa en que tan\u00adto va la gloria de Dios, pues de otro modo teme que no se con\u00adsiga llevar a feliz t\u00e9rmino esta empresa.<\/p>\n<p>Luego que el Cardenal Primado recibi\u00f3 la carta de que hemos hecho m\u00e9rito, debi\u00f3 de hablar al Rey, puesto que, seg\u00fan dice nuestro Arcediano, por la primera posta le remiti\u00f3 un despacho real para el Conde de Palma, Virrey de Catalu\u00f1a, y para el Rmo. Sr. Obispo de Barcelona, ambos del mismo tenor. El despacho, dirigido al Conde, que dej\u00f3 copiado en sus apuntes el, Sr. Sanjusto, dice as\u00ed:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEl Rey.\u2014 Al Conde de Palma, primo, mi Lugarteniente Capit\u00e1n general.\u2014Por parte de Francisco Sanjusto y de Pag\u00e9s, presb\u00edtero, se me ha dado el memorial de que os remito copia en el cual se expresa c\u00f3mo de veinte a\u00f1os a esta parte se ha ejercitado en instruir ordenandos y predicar misiones entre los m\u00e1s necesitados y franquear casa para los ejercicios espirituales a personas eclesi\u00e1sticas y seglares, con grande fruto de renovaci\u00f3n de costumbres. Por cuyas consideraciones y las dem\u00e1s que refiere suplica sea servido de darle permiso para que pueda fijar en Barcelona una casa donde habiten congregados los sacerdotes queDios moviere, y se practiquen los dichos ejercicios, pues tiene para ello mil y cien libras de renta cada a\u00f1o; y habi\u00e9ndose hecho instancia en este Consejo Superior, ha parecido ordenar y mandaros que con esa Real Audiencia me inform\u00e9is sobre ello lo que se ofreciere y pareciere, para que entendido ande lo que m\u00e1s convenga.\u2014Madrid, 31 de Enero de 1703.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Estos despachos del Rey, seg\u00fan se infiere de lo que dice nuestro Arcediano, probablemente fueron remitidos a la secre\u00adtar\u00eda del Virrey; y ya sea porque en Madrid tardaron en enviar\u00adlos a Barcelona, ya sea porque en \u00e9sta quisieron ocultarlos, o bien por otra causa que ignoramos, hasta el mes de Mayo no pudo saber el Sr. Sanjusto que los despachos se hubiesen recibido en Barcelona. Sus palabras son \u00e9stas: \u00abY siendo despachos de enero no vinieron hasta Mayo, con la circunstancia de no haberse podido hallar jam\u00e1s en la Secretar\u00eda dichas cartas; y as\u00ed que se aplicaron a sacar el duplicado, las hallaron patentes sobre una mesa. Entregu\u00e9las luego, y al otro correo tuve los informes si\u00adentes\u00bb.<\/p>\n<p>Los informes a que en estas palabras alude son de la Real Audiencia de Barcelona y del limo. Sr. Obispo de esta ciudad, y fueron favorables a la fundaci\u00f3n, cuya licencia se ped\u00eda en el memorial presentado al Rey por nuestro Arcediano. Este nos conserv\u00f3 en sus manuscritos copia de uno y otro informe, pero sin data, aunque el del Obispo se expidi\u00f3 el d\u00eda I2 de Mayo, se infiere de su contexto y dice expresamente la orden real expedida el 30 de Junio en vista de lo que se dec\u00eda en los men\u00ados informes, la cual orden transcribiremos m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>La Audiencia, en su informe dirigido al Conde de Palma, manifest\u00f3 que no se ofrec\u00eda inconveniente en que S. M. conce\u00addiese al \u00a0suplicante la licencia solicitada en su memorial, fundan dose en que lo que se pretend\u00eda era \u00fanicamente una junta frater\u00adnal y seminario particular de sacerdotes seculares, y en que los ministerios que estos sacerdotes hab\u00edan de ejercitar eran de mu\u00adcha utilidad y provecho para gloria de Dios, esplendor y per\u00adfecci\u00f3n del estado eclesi\u00e1stico, reformaci\u00f3n de costumbres y salvaci\u00f3n de las almas.<\/p>\n<p>En conformidad con el informe de la Audiencia, dio su dic\u00adtamen el Conde de Palma, cuya carta al Rey, dice el Arcediano barcelon\u00e9s que no lleg\u00f3 \u00e1 sus manos, por lo cual no podemos in\u00adsertarla en este lugar.<\/p>\n<p>El informe del limo. Sr. Obispo de Barcelona dirigido al Rey, es del tenor siguiente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abCon todo el rendimiento que debo, recibo la real carta de V. M. de 31 de Enero del presente a\u00f1o, que ayer \u00e1 los ir del corriente mes de Mayo me entreg\u00f3 Fran\u00adcisco de Sanjusto y de Pag\u00e9s, presb\u00edtero, junto con la copia del memorial que puso en las reales manos de V. M., en el que su\u00adplica sea V. M. servido darle permiso para que pueda fundar en la ciudad de Barcelona una casa donde habiten congregados los sacerdotes seculares que Dios moviere y se ejecuten los espiri\u00adtuales ejercicios que en \u00e9l se refieren ; y dign\u00e1ndose V. M. man\u00addarme que informe sobre lo referido, me hallo en la obligaci\u00f3n de representar \u00e1 V. M. que no s\u00f3lo no puede haber inconvenien\u00adte alguno en poner en ejecuci\u00f3n lo que suplica, sino que ser\u00e1 de gran servicio de Dios y gloria de V. M. el que se establezca esta fundaci\u00f3n, por la grande utilidad y fruto espiritual que ha de re\u00adsultar en la reformaci\u00f3n de costumbres y aprovechamiento de las almas, como se ha visto en todos los reinos en que se hallan se\u00admejantes seminarios. Y siendo tan propio del empleo en que me hallo el solicitar y promover cuanto pudiere conducir al mayor bien espiritual de las ovejas que Dios y V. M. me tienen encomendadas, es muy de mi obligaci\u00f3n el solicitar la sobredicha fundaci\u00f3n, seg\u00fan en el referido memorial represent\u00f3 \u00e1 V. M. Francisco de Sanjusto y de Pag\u00e9s, cuya fervorosa y ejemplar aplicaci\u00f3n a los referidos ejercicios es notoria a los feligreses de \u00e9ste y otros obispados del Principado. Nuestro Se\u00f1or guarde la S, C. y Real Majestad, como toda la cristiandad lo ha menester\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Bien claro est\u00e1 que el dictamen del Rmo. Sr. Obispo de Barcelona, por igual manera que el de la Audiencia, favorable a la s\u00faplica de nuestro Arcediano, tiene por fundamento, no s\u00f3lo los bienes espirituales que se esperaban de la fundaci\u00f3n para la cual ped\u00eda licencia el Sr. Sanjusto, sino tambi\u00e9n el que con la mencionada fundaci\u00f3n no se pretend\u00eda establecer nueva Religi\u00f3n o Congregaci\u00f3n exenta de la jurisdicci\u00f3n de los Ordinarios, que tuviera m\u00e1s autonom\u00eda que la correspondiente \u00e1 los Seminarios episcopales. Y no sin causa redactaron en esta forma su dicta\u00admen favorable el Sr. Obispo y la Audiencia Real de Barcelona, puesto que as\u00ed se dec\u00eda expresa y formalmente en el memorial presentado al Rey en nombre del suplicante. Mas esto, seg\u00fan veremos adelante, fue origen de las dificultades que despu\u00e9s hubo para llevar \u00e1 cabo la fundaci\u00f3n, \u00e1 pesar de la Real orden expe\u00addida en el palacio del Buen Retiro \u00e1 los 3o de Junio de 1703, y remitida para su ejecuci\u00f3n al Sr. Obispo de Barcelona y al Conde de Palma, Virrey de Catalu\u00f1a.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed solamente haremos traslado del ejemplar que se envi\u00f3 al Virrey y de la promulgaci\u00f3n que \u00e9ste hizo de la orden real; advirtiendo que la orden transmitida al Ilmo. Sr. Obispo era del mismo tenor que la dirigida al Conde de Palma. Dice, pues, la mencionada orden real del 3o de Junio de 1703:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEl Rey.\u2014Conde de Palma, primo, mi Lugarteniente y Capi\u00adt\u00e1n general, venerables, nobles, magn\u00edficos y amados Consejos : Habiendo visto lo que me represent\u00e1is en 12 de Mayo pr\u00f3ximo pasado acerca de la instancia que ha hecho Francisco de Sanjus\u00adto y de Pag\u00e9s, de que le permita fundar en esa ciudad de Barcelo\u00adna una Congregaci\u00f3n para que en ella se junten y sustenten los cl\u00e9rigos seculares que Dios moviere a los santos ejercicios de esta fraternal junta, subordinados a los Obispos con carga de ser en dicha forma sus coadjutores en el oficio pastoral, sin t\u00edtulo \u00f3 color de nuevo Instituto o Religi\u00f3n, sino un retiro saludable y ejercicio propio del sagrado orden de presb\u00edteros, pues tiene casa y mil cien libras de renta anual para su sustento; y reconocien\u00addo tambi\u00e9n el fervor con que se dedica \u00e1 los mencionados ejerci\u00adcios este sujeto que me ponder\u00e1is, y que ser\u00e1 de gran servicio de Dios y m\u00edo y de utilidad p\u00fablica, he resuelto concederle li\u00adcencia, como en virtud de la presente se la concedo, para establecer dicha Congregaci\u00f3n en la forma expresada, y ordenar y mandaros, como lo hago, que deis las \u00f3rdenes y providencias para su cumplimiento, y que nadie se lo estorbe, que en ello me dar\u00e9 por muy servido. Dado en el Buen Retiro a 30 de Junio de 1703.:&#8212;-_-Yo EL REY.&#8211;Ut <\/em><em>D. Josephus de Rull, Regs.=Ut <\/em><em>Comes <\/em><em>de Rocamerti, Regs. =-. <\/em><em>Ut D. Joannes de la Torre, Regs. <\/em><em>Marchio de Palacio.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El Virrey, en cumplimiento de lo que se le mandaba en la Real orden que precede, la public\u00f3 a los 31 de Julio del referido a\u00f1o 1703, en la forma que a continuaci\u00f3n sigue:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEl Conde de Palma, Lugarteniente y Capit\u00e1n general: Por cuanto el Rey nuestro se\u00f1or, que Dios guarde, se ha servido en\u00adviarnos una Real orden, firmada de su real mano y expedida en la forma correspondiente por la Canciller\u00eda del Consejo Supremo de Arag\u00f3n, que es del tenor siguiente: (Aqu\u00ed copia la Real orden que ya dejamos transcripta, y despu\u00e9s contin\u00faa de este modo): Y siendo justo que, seg\u00fan lo que se ha servido man\u00addarnos su Majestad, demos las \u00f3rdenes y disposiciones necesa\u00adrias para el cumplimiento y ejecuci\u00f3n de la referida gracia que su Majestad ha tenido a bien conceder al mencionado Francisco de Sanjusto y de Pag\u00e9s para fundar en esta ciudad la Congre\u00adgaci\u00f3n que expresa la Real orden susodicha, con el fin de que no se dilate obra tan buena y que ha de ser para mayor gloria de Dios Nuestro Se\u00f1or, en virtud de la presente decimos y man\u00addamos a todos y cada uno de los oficiales y ministros de Justi\u00adcia menor y mayor, de cualquier grado y condici\u00f3n que sean, bajo pena de quinientos florines de oro fino de Arag\u00f3n para el real Erario, que den todo el auxilio y favor que sea necesario al ya dicho Francisco Sanjusto y de Pag\u00e9s para que no se le ponga estorbo ni impedimento alguno, antes bien le asistan, a fin de que, sin la menor contradicci\u00f3n, pueda ejecutar la sobre\u00addicha fundaci\u00f3n y dem\u00e1s a ella concerniente, si desean gozar de la gracia del Rey y no incurrir en la pena antes dicha. Dado en Barcelona a los 31 de Julio de 1703.1=El <\/em><em>Conde de Palma.= Ut <\/em><em>de Caldero, Regs. = <\/em><em>Ut Jacobus Descalles, Regs. = <\/em><em>Ut D. Joannes Baptista de Aloy in locum Tenent. \u2014 XVII fol. X. \u2014 XV.\u2014 V. Exca. Conde. \u2014Ejecutoria a Francisco de Sanjusto y de Pa\u00adg\u00e9s para que d\u00e9 cumplimiento a la licencia que su Majestad le ha dado en la fundaci\u00f3n susodicha, mandando que le asistan todos los ministros de Justicia, y den para ello el auxilio y asis\u00adtencia necesarias\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>Tomado de Anales Espa\u00f1oles, Tomo II, a\u00f1o 1894<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo primero: Proyectos de fundaci\u00f3n en tiempo de San Vicente. 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