{"id":24228,"date":"2013-11-20T04:22:35","date_gmt":"2013-11-20T03:22:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=24228"},"modified":"2016-07-27T12:06:14","modified_gmt":"2016-07-27T10:06:14","slug":"leon-brancourt-1842-1884-final","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/leon-brancourt-1842-1884-final\/","title":{"rendered":"Leon Brancourt (1842-1884) (Final)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/logo-oficial-11.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-24229\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/logo-oficial-11-270x300.jpg?resize=248%2C275\" width=\"248\" height=\"275\" \/><\/a>CAP\u00cdTULO VIII<\/p>\n<p><strong>Le\u00f3n contrae sus primeros compromisos en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<br \/>\nFervorosa preparaci\u00f3n con que lo hace.<\/strong><\/p>\n<p>San Vicente reduc\u00eda, para la direcci\u00f3n de sus Misione\u00adros, los documentos evang\u00e9licos a cinco virtudes: la senci\u00adllez, la humillad, la mansedumbre, la mortificaci\u00f3n y el celo del bien de las almas, deseando que fuesen, como \u00e9l de\u00adc\u00eda, \u00abcomo las facultades del alma de toda su Congregaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>A la pr\u00e1ctica de estas cinco virtudes se aplic\u00f3 el joven no\u00advicio; sus cartas respiran el suave olor de ellas.<\/p>\n<p>El gran candor de su alma y su sencillez columbina se revelan en la confesi\u00f3n que hac\u00eda de sus faltas, de sus olvi\u00addos, de sus distracciones, de sus negligencias, achacando a su propia miseria lo que podr\u00eda tener una leg\u00edtima excusa. Por su rectitud, no buscaba sino a Dios en el tierno fervor de su piedad; como era tan delicado, ten\u00eda horror a las m\u00e1s peque\u00f1as faltas.<\/p>\n<p>Ya hemos visto c\u00f3mo, por su humildad, supo aprove\u00adcharse, para acrisolar su virtud, de las advertencias que su hermano y su t\u00edo hab\u00edan cre\u00eddo conveniente hacerle para probar su vocaci\u00f3n. Por mucho tiempo estuvo preocupado del pensamiento de hacer penitencia para expiar, como de\u00adc\u00eda, sus pecados. Desconfiado de s\u00ed mismo, mendigaba continuamente de todas partes oraciones para obtener la santa perseverancia y no abusar de las gracias de Dios. Jam\u00e1s el orgullo \u00f3 la presunci\u00f3n se dejaron ver ni en sus modales, ni en sus palabras, ni en su conducta exterior. Miraba como una especie de obligaci\u00f3n el humillarse a los pies de los otros, pidi\u00e9ndoles que tuviesen la caridad de avisarle de sus defectos.<\/p>\n<p>Estaba dotado de una mansedumbre natural y muy sim\u00adp\u00e1tica, que en parte proven\u00eda de su temperamento y se ma\u00adnifestaba en la apacibilidad de su mirada; su frente, p\u00e1lida, indicaba una salud fr\u00e1gil y delicada; jam\u00e1s se ve\u00eda en su fiso\u00adnom\u00eda el movimiento de las pasiones; de modo que, al pa\u00adrecer, no tuvo que hacer grandes esfuerzos para adquirir la mansedumbre, la que supo conservar del mismo modo que su candor. No creemos que se hubiese enfadado nunca con\u00adtra persona alguna; su coraz\u00f3n, tan bueno y afectuoso, le inclinaba a servir a todos, sin acordarse de s\u00ed mismo. Aun\u00adque su delicada salud exig\u00eda que se cuidase de un modo es\u00adpecial, no obstante, siendo todav\u00eda joven, hac\u00eda a pie sus pe\u00adregrinaciones a Nuestra Se\u00f1ora de Liesse, y penetrado del esp\u00edritu de penitencia, lejos de buscar alg\u00fan alivio, cuidaba, como San Vicente, de escoger m\u00e1s bien lo que pod\u00eda inco\u00admodar \u00f3 servir para domar la naturaleza. Exacto observante de los reglamentos, jam\u00e1s se apart\u00f3 de ellos. Al fin de sus estudios obtuvo el premio de honor que coronaba su sabi\u00addur\u00eda, su observancia y su trabajo. En el noviciado mir\u00f3 la regla como el ejercicio ordinario de mortificaci\u00f3n; pero \u00e9l, con el permiso del Director, a\u00f1adi\u00f3 maceraciones y austeri\u00addades que gustosamente ofrec\u00eda a Nuestro Se\u00f1or como una prueba de amor a la adorable V\u00edctima ofrecida en el Calva\u00adrio y en el altar.<\/p>\n<p>Puede decirse que la mayor pasi\u00f3n de Le\u00f3n fue el celo de la salvaci\u00f3n de las almas. Durante sus estudios de Huma\u00adnidades, elegido miembro presidente de la Congregaci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen, y despu\u00e9s socio de la Conferencia de San Vicente de Pa\u00fal, era considerado por sus condisc\u00edpulos como el m\u00e1s apto entre todos para dar un verdadero impulso a las obras de la caridad y del celo. Para corresponder a ese amor de Dios que le apremiaba, tom\u00f3 la resoluci\u00f3n de ser Misio\u00adnero. En sus conversaciones y en sus cartas parec\u00eda que quer\u00eda comunicar a los otros el divino fuego de que estaba abrasado. No pudiendo dedicarse al ministerio de las almas durante el noviciado, trataba de suplirlo por medio de la ora\u00adci\u00f3n fervorosa y de las penitencias que se impon\u00eda. Rogaba sobre todo por los Misioneros que ejercen su apostolado en las Misiones extranjeras.<\/p>\n<p>La continua pr\u00e1ctica de esas virtudes hizo juzgar a los superiores que el joven novicio era digno de pronunciar los primeros compromisos \u00f3 \u00ablos prop\u00f3sitos\u00bb, es decir, de presentar a Dios su determinado deseo de emitir, despu\u00e9s de un segundo ario de formaci\u00f3n, los votos de pobreza, de castidad, de obediencia y de consagraci\u00f3n especial a la evangelizaci\u00f3n y al servicio de los pobres campesinos.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed lo que escribi\u00f3 a su madre en esta ocasi\u00f3n<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;A los 27 de Septiembre, d\u00eda del aniversario de la muer\u00adte de San Vicente, Dios me concedi\u00f3 un nuevo favor. Es ver\u00addad que por esta consagraci\u00f3n no estoy todav\u00eda irrevocable\u00admente ofrecido al servicio de Dios con los santos votos; pero fuera de los votos, es el compromiso m\u00e1s solemne. Ay\u00fademe usted a dar gracias a Dios por ser tan bueno para conmigo. P\u00eddale por m\u00ed la perseverancia y la fidelidad a mis prop\u00f3si\u00adtos. \u00a1Oh! s\u00ed: e no es la mayor de las felicidades el ser de Dios por toda la vida, mediante los votos? Guarden los ricos sus tesoros y los Emperadores sus tronos; a m\u00ed me basta mi vo\u00adcaci\u00f3n, y no envidio su suerte. Conc\u00e9dame Dios la perseve\u00adrancia, y esto me basta. \u00a1Oh! \u00a1cu\u00e1nto tengo que agradecerle- tambi\u00e9n a Ud., tierna madre, por el sacrificio que hizo usted a Dios de su hijo! \u00a1Ojal\u00e1 ya en este mundo le sea recompen<sup>\u00ad<\/sup>sado al ciento por uno!\u00bb<\/p>\n<p>Tales eran los piadosos sentimientos que llenaban su alma despu\u00e9s de la nueva consagraci\u00f3n que acababa de hacer mediante <em>los prop\u00f3sitos.<\/em><\/p>\n<p>En otra carta dec\u00eda a su buena madre: \u00abNo podr\u00e9 en se\u00adguida escribir a mi t\u00edo, porque acaban de confiarme una ocupaci\u00f3n que me deja poco tiempo para la correspondencia. Pero obedezco, y eso es mucho para m\u00ed y para todos ; Dios arreglar\u00e1 lo dem\u00e1s.\u00bb<\/p>\n<p>La santidad de su alma se reflejaba en su actitud exte\u00adrior. Desde su infancia se admiraba su modestia en su sem\u00adblante, en su mirada <em>y <\/em>en todos sus modales. Llevaba a Dios a los que le ve\u00edan, sobre todo en la iglesia, donde oraba con el recogimiento de un \u00e1ngel. Era muy reservado en sus pa\u00adlabras, que estaban animadas de la piedad de su alma. Muy prudente en su conducta, huyendo de todo lo que hubiera podido tiznar en lo m\u00e1s m\u00ednimo su inocencia, que apreciaba m\u00e1s que todo.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que era de car\u00e1cter amable, era en\u00e9r\u00adgico y firme para evitar el mal; parec\u00eda que Dios le hab\u00eda dado un \u00e1ngel para mantenerle siempre en aquella prudente reserva de una virtud modesta y al mismo tiempo persua\u00adsiva.<\/p>\n<p>El joven socio de las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda bebido en aquella Asociaci\u00f3n el amor de la vo\u00adcaci\u00f3n especial que le dedicaba en la Congregaci\u00f3n a la evangelizaci\u00f3n de los pobres. Los miembros de las Confe\u00adrencias no se contentan, en efecto, con llevar su limosna a los pobres, sino que en cada visita tratan de sus intereses espirituales, derraman en su alma la suave luz de las ver\u00addades de la fe, disipan su ignorancia, sus preocupaciones, sus errores, les apartan de la indiferencia religiosa y los con\u00adducen a Dios.<\/p>\n<p>El joven novicio, que en su Conferencia hab\u00eda hecho el aprendizaje de esa evangelizaci\u00f3n, ten\u00eda un encendido deseo de concluir sus estudios para consagrarse a la obra de las Misiones.<\/p>\n<p>CAP\u00cdTULO IX<\/p>\n<p><strong>Su enfermedad y muerte<\/strong><\/p>\n<p>Habiendo Le\u00f3n terminado su primer a\u00f1o de probaci\u00f3n, entr\u00f3 en la categor\u00eda de los estudiantes. Con ocasi\u00f3n de las Pascuas de Navidad, impresionado de la pompa con que se hab\u00eda celebrado la fiesta, escribi\u00f3 a su madre, concluyendo la carta con estas palabras: \u00abRuegue Ud. que nos veamos re\u00adunidos en el cielo\u00bb. \u00bfSer\u00eda esto un presentimiento? En casi todas las cartas del piadoso novicio se ve el pensamiento y el ardiente deseo del cielo como una de sus m\u00e1s frecuentes aspiraciones. No hab\u00edan de tardar en ver cumplidos sus votos.<\/p>\n<p>Dios quer\u00eda elevar aquella alma ya tan pura a una m\u00e1s elevada santidad por el camino reservado a los mejores ami\u00adgos de su divino Hijo, que es el padecimiento. Aquel fervo\u00adroso novicio sufri\u00f3 con un \u00e1nimo invencible las pruebas de la enfermedad que cargaron sobre \u00e9l.<\/p>\n<p>Por el mes de Febrero de 1864 escrib\u00eda a uno de sus pri\u00admos: \u00abMucho tiempo se ha pasado desde que recib\u00ed tu grata; tres meses han transcurrido. Ten\u00eda un momento destinado para tratar algunos instantes contigo, pero Dios ha tenido a bien el privarme de ese consuelo, envi\u00e1ndome un dolor de ri\u00f1ones bastante intenso, y algunos d\u00edas despu\u00e9s se declar\u00f3 la enfermedad de viruela, tan temida y tan temible. Cuando esa especie de lepra desapareci\u00f3 de todo mi cuerpo, me so\u00adbrevinieron algunos accesos que se encargaron de purificar mi cuerpo. <em>Por ahora, <\/em>creo que no haya nada que temer de las consecuencias de la enfermedad. Te ruego que me ayudes a dar gracias a Dios, porque hab\u00eda motivo de temer que la enfermedad tendr\u00eda otro fin\u00bb.<\/p>\n<p>Efectivamente, la enfermedad fue violenta y hab\u00eda mu\u00adcho que temer por la vida del piadoso novicio. La indispo\u00adsici\u00f3n se prolong\u00f3, y tres meses despu\u00e9s el enfermo conti\u00adnuaba todav\u00eda en la enfermer\u00eda. Sin embargo, a fines de Abril pareci\u00f3 que estaba en plena convalecencia, a pesar de que le quedaban todav\u00eda en las piernas tumores que era pre\u00adciso abrir y quemar casi cada d\u00eda. Ese mal resist\u00eda a los re\u00admedios; los m\u00e9dicos ordenaron entonces las aguas de Bour\u00adbon-I&#8217;Archambault. El Sr. Superior general le mand\u00f3 que fuese all\u00ed y le dio por compa\u00f1ero un excelente Hermano enfermero, el Hermano Verni\u00e9re, que le hab\u00eda cuidado du\u00adrante su larga enfermedad.<\/p>\n<p>Le\u00f3n parti\u00f3 el 8 de Junio. Las tres primeras semanas fueron muy felices; las llagas se secaron; todo parec\u00eda anun\u00adciar una verdadera y completa curaci\u00f3n, cuando de repente se declar\u00f3 la calentura tifoidea y se complic\u00f3 con otras en\u00adfermedades. Se aprovecharon veinticuatro horas de calma para volverle a Par\u00eds, donde lleg\u00f3 el 23 de Julio. El d\u00eda 4 de Agosto escribieron a su familia que unos v\u00f3mitos violentos le hab\u00edan quitado todas sus fuerzas y que se hallaba en mu\u00adcho peligro. Parec\u00eda que Dios, multiplic\u00e1ndolos padecimien\u00adtos, quer\u00eda dar a su amado siervo una semejanza m\u00e1s perfec\u00adta con la v\u00edctima de Gethseman\u00ed.<\/p>\n<p>Acudieron luego algunos de sus parientes, y hallaron al enfermo fortificado con los \u00faltimos Sacramentos, que hab\u00eda recibido con la m\u00e1s tierna devoci\u00f3n. La vista de la familia reanim\u00f3, al parecer, en \u00e9l la vida que se acababa. Viendo el dolor de la familia, le cont\u00f3, para consolarla, la vida agrada\u00adble que ten\u00eda en San L\u00e1zaro, repitiendo con gusto lo dicho\u00adso que era en medio de aquella familia de hermanos, muy considerado y afectuosamente cuidado. Antes de recibir los \u00faltimos Sacramentos, hab\u00eda tenido la dicha de ser admitido a emitir los votos de los miembros de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, hijos de San Vicente de Pa\u00fal, y aquel favor le hab\u00eda dado un grande consuelo que se manifestaba en vehementes y amorosos afectos, se\u00f1ales ciertas de su interior alegr\u00eda.<\/p>\n<p>En medio de una crisis que entonces le sobrevino, el Hermano enfermero le present\u00f3 el crucifijo de sus votos ex\u00adhort\u00e1ndole a ponerse en manos de Dios; a lo cual respondi\u00f3: \u00abPonga la imagen de mi buen Salvador delante de mis ojos, y me dar\u00e1 valor;\u00bb entretanto miraba con atenci\u00f3n la adora\u00adble V\u00edctima, uniendo a los dolores de ella los que estaba su\u00adfriendo. Su buen hermano, que no se hab\u00eda apartado de \u00e9l, le animaba a encomendarse a Dios: \u00ab\u00a1Oh!\u2014le dijo el\u2014haz\u00adlo t\u00fa tambi\u00e9n por m\u00ed ; yo apenas puedo hacer m\u00e1s que pa\u00addecer.\u00bb<\/p>\n<p>El mi\u00e9rcoles fue un d\u00eda todav\u00eda m\u00e1s terrible. El v\u00f3mito reapareci\u00f3 y se renov\u00f3 cada hora hasta la ca\u00edda de la tarde. Los ataques eran violentos; el sudor que esas sacudidas vio\u00adlentas provocaban y los ayes que le arrancaban daban a co\u00adnocer lo mucho que padec\u00eda. Aquello era cada vez una esce\u00adna desgarradora. Apenas hab\u00eda acabado la crisis, cuando su semblante recobraba la paz y la sonrisa reaparec\u00eda en sus labios. Hablando de los enfermeros, dec\u00eda: \u00abQu\u00e9 bien me sirven, qu\u00e9 bien entienden de cuidar enfermos. Aqu\u00ed no se espantan, y por eso las cosas van mejor\u00bb.<\/p>\n<p>Perfecto obediente al Hermano enfermero, se somet\u00eda con la mayor docilidad a todo lo que le prescrib\u00eda.<\/p>\n<p>Su coraz\u00f3n, lleno de caridad, hac\u00eda que se cuidase m\u00e1s de los otros que de s\u00ed mismo. Ped\u00eda a los que le visitaban noticias sobre lo que les pod\u00eda interesar. Preocupado de la fatiga que podr\u00eda sentir su digno hermano, sacerdote, dec\u00eda al enfermero: \u00abCuando me viene el v\u00f3mito, conviene hacer retirar a mi hermano; aquello le impresiona demasiado\u00bb. Y despu\u00e9s a\u00f1adi\u00f3: \u00abSi yo me fuese, le dar\u00e1 Ud. este relicario de la Vera-Cruz que llevo siempre sobre m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>El d\u00eda de la Asunci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen, habi\u00e9ndo\u00adle dicho su hermano que la Pur\u00edsima Se\u00f1ora le har\u00eda una gracia muy grande si le curase aquel mismo d\u00eda, \u2014 \u00abeso&#8230; seg\u00fan\u00bb \u2014respondi\u00f3. Porque, como conoc\u00eda bien el estado en que se hallaba, no tem\u00eda la muerte. A la pregunta que se le hizo \u00ab\u00bfTiene Ud. miedo de morir?\u00bb \u00ab\u00a1Oh, no!\u00bb\u2014respondi\u00f3 \u2014 sonri\u00e9ndose\u00bb. Miraba a la muerte con semblante sereno; la consideraba como la puerta del cielo. Habiendo venido a vi\u00adsitarle el capell\u00e1n, su t\u00edo, le dijo: \u00ab\u00bfQu\u00e9 pedir\u00e1s por nosotros cuando est\u00e9s en el cielo?\u00bb \u00ab\u00a1Que convierta Ud. muchas al\u00admas!\u00bb Era como un eco de la palabra del Salvador murien\u00addo por los pecadores.<\/p>\n<p>Su t\u00edo, admirado de ver aquella calma en el momento de la muerte, le dijo: \u00abT\u00fa est\u00e1s muy enfermo, y, no obstante, siempre te r\u00edes\u00bb. \u00ab\u00bfQu\u00e9 quiere Ud.?\u2014respondi\u00f3, cuando hay contento en el coraz\u00f3n no puede uno menos de re\u00edrse\u00bb.<\/p>\n<p>El s\u00e1bado, d\u00eda de su muerte, habiendo o\u00eddo pronunciar la palabra <em>bienaventurados <\/em>en una conversaci\u00f3n que se te\u00adn\u00eda junto a la ventana de su aposento, dijo luego a su t\u00edo: \u2014\u00bfQui\u00e9nes son a los que llaman bienaventurados? \u2014Y como no le daban luego la respuesta, a\u00f1adi\u00f3: \u2014Ser\u00e1n los que lo han merecido por sus grandes virtudes. \u2014 \u00a1Sin duda \u2014 le dijo su t\u00edo\u2014ser\u00e1n como t\u00fa, que ser\u00e1s bienaventurado porque Dios coronar\u00e1 tu paciencia! &#8212; Muy bueno tiene que ser \u2014replic\u00f3 el enfermo. \u2014 Como lo es \u2014 respondi\u00f3 el piadoso capell\u00e1n\u2014y lo ser\u00e1 para ti. \u00bfTe acuerdas de las peregrina\u00adciones que con tanta alegr\u00eda hac\u00edas a Liesse, de tus comu\u00adniones, de tu celo en la visita de los pobres? Cree que Nuestro Se\u00f1or te ama mucho y tambi\u00e9n la Sant\u00edsima Virgen.\u2014\u00bfLo cree Ud.? \u2014 dijo el joven enfermo, sonri\u00e9ndose con el tono de un hombre que no se admira de que as\u00ed sea;&#8211;Jo cree Ud.?\u2014S\u00ed, lo creo.\u2014Pues bien, yo tambi\u00e9n, y los amo con todo mi coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Al acercarse la noche su t\u00edo le sugiri\u00f3 algunas piadosas aspiraciones, que el enfermo repet\u00eda amorosamente, dicien\u00addo: \u00ab\u00a1Jes\u00fas, tened piedad de m\u00ed; Mar\u00eda Sant\u00edsima, rogad por m\u00ed; San Vicente de Pa\u00fal, rogad por m\u00ed!\u00bb Y como prosegu\u00edan, pasando en silencio el nombre de su Patr\u00f3n, interrumpi\u00f3 para a\u00f1adir: \u00ab\u00a1San Le\u00f3n , rogad por m\u00ed; santos y santas del cielo, rogad todos por m\u00ed!\u00bb<\/p>\n<p>Con estos santos pensamientos y con estas fervorosas invocaciones entreg\u00f3 su hermosa alma a Dios el s\u00e1bado, 20 de Agosto, a las once y cincuenta minutos de la noche. La San\u00adt\u00edsima Virgen habr\u00e1 querido, sin duda, hacer que su piado<sup>,<\/sup> so siervo oyese los \u00faltimos ecos de la gran fiesta de la Asun\u00adci\u00f3n, celebrada en el cielo por los \u00e1ngeles y por los esco\u00adgidos.<\/p>\n<p>El d\u00eda 22 se hizo un solemne funeral por su alma en la capilla de la Casa-madre. El Ilmo. Sr. Spaccapietra, lazaris\u00adta, Arzobispo de Smyrna, que hab\u00eda ido a visitarle y a ben\u00addecirle cuando estaba enfermo, quiso asistir a sus funerales. Despu\u00e9s de la ceremonia, su hermano y sus t\u00edos, sacerdo\u00adtes, hicieron trasladar sus restos mortales a Chalaudry en la sepultura de su familia.<\/p>\n<p>Del mismo modo que lo hab\u00eda hecho toda la Comunidad en Par\u00eds, todos los habitantes de su pa\u00eds tomaron parte en el dolor que ocasion\u00f3 la p\u00e9rdida de un tan excelente joven. Ocho sacerdotes y muchos seminaristas asistieron a la in\u00adhumaci\u00f3n. Todos a una voz manifestaban el sentimiento que les causaba la ausencia del piadoso y tan amado difun\u00adto. El muy ilustre se\u00f1or de\u00e1n de Crecy, aprovechando la espontaneidad y unanimidad de aquellos sentimientos de sim\u00adpat\u00eda, dirigi\u00f3 al concurso enternecido las palabras que aqu\u00ed reproducimos, que son el fiel retrato de aquel amable disc\u00ed\u00adpulo de San Vicente de Pa\u00fal, y la expresi\u00f3n del grande apre\u00adcio en que era tenido en su pa\u00eds:<\/p>\n<p>\u00abNo os entristezc\u00e1is como hacen los que no tienen espe\u00adranza. He aqu\u00ed, hermanos m\u00edos, las palabras de consuelo que del fondo de ese sepulcro os dirige el piadoso levita, cuyos restos mortales rode\u00e1is con tanto amor y con tantas l\u00e1gri\u00admas. No le ver\u00e9is m\u00e1s en este mundo, es verdad; la Iglesia queda privada de los servicios que por su celo precoz y su distinguido talento estaba, al parecer, destinado a prestarle, y su familia no disfrutar\u00e1 m\u00e1s de la alegr\u00eda que le procuraban sus preciosas cualidades.<\/p>\n<p>Con aquel santo entusiasmo que la fe comunica a un coraz\u00f3n de fuego, me hablaba hace algunos meses, porque no pod\u00eda menos, de la dicha de su vocaci\u00f3n. Ya le parec\u00eda que se iba al trav\u00e9s de los mares para llevar a los pueblos lejanos el amor de Jesucristo, del cual estaba abrasado su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abEn ese piadoso entusiasmo ten\u00eda presente los padeci\u00admientos, persecuciones y el martirio que por la gloria de su divino Maestro deb\u00eda pasar. En frente de ese porvenir, la ale\u00adgr\u00eda de que estaba inundado su coraz\u00f3n se trasluc\u00eda en su semblante y a\u00f1ad\u00eda a la amabilidad de su fisonom\u00eda cierta irradiaci\u00f3n que pon\u00eda a la vista toda la extensi\u00f3n de su bon\u00addad m\u00e1s amable que nunca.<\/p>\n<p>\u00abRepitamos con los Libros santos: \u00abLa vida no es m\u00e1s \u00abque un soplo, la salud m\u00e1s brillante no es m\u00e1s que una flor que luego se seca. Dios quer\u00eda contentarse con su buena voluntad\u00a0 y despu\u00e9s de haberle hecho gustar aqu\u00ed abajo las delicias de una alma fiel a la gracia, librarle de los enga\u00ad\u00f1os y de las tristes realidades de la vida, tiene la dicha de ha\u00adber vivido bastante para recoger el m\u00e9rito de su inocencia, y no tanto que tenga que expiar en el otro mundo las faltas de la fragilidad humana.<\/p>\n<p>Si en esta desgarradora separaci\u00f3n, la naturaleza recla\u00adma sus derechos, contentaos, hermanos m\u00edos, con los con\u00adsuelos de la fe. Sean vuestras l\u00e1grimas santas, purificadas con la esperanza cristiana, dignas, en fin, de aquel cuya vida y muerte fueron las de un predestinado,<\/p>\n<p>Ese hijo tan amable, ese hermano tan afectuoso, ese pa\u00adriente, ese amigo tan digno de vuestro amor, no os ha sido arrebatado, los lazos que le tienen unido a vosotros no est\u00e1n rotos; vive todav\u00eda y vivir\u00e1 para siempre en el cielo, en el orden de aquellos j\u00f3venes levitas cuyas graciosas virtudes imit\u00f3 en este mundo, y un d\u00eda le volver\u00e9is a ver sin m\u00e1s te\u00admor de una triste separaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Padres cristianos, que la memoria de este hijo os sea dulce semejante a un oloroso perfume, que consuele y san\u00adtifique vuestra tristeza y llene vuestra vida del buen olor de sus virtudes.<\/p>\n<p>Y vosotros todos, hermanos m\u00edos, asociados a este pro\u00adfundo dolor, amad m\u00e1s y m\u00e1s la fe tan poderosa en sus ins\u00adpiraciones, tan consoladora en sus inmortales esperanzas; y por la pureza de otra vida, mereced tomar parte en aquel des\u00adcanso sin fin, en aquella eterna felicidad que el Se\u00f1or se ha dignado conceder al amable joven, cuyo grato recuerdo quedar\u00e1 para siempre grabado en nuestros corazones\u00bb.<\/p>\n<p>El recuerdo de este virtuoso joven, seminarista piadoso, miembro fervoroso de las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal, novicio ejemplar, quedar\u00e1 grabado en el coraz\u00f3n de cuantos le han conocido, dejando en \u00e9l la impresi\u00f3n de la santidad. Un seminarista que asisti\u00f3 a sus funerales y que hab\u00eda sido condisc\u00edpulo suyo, preguntado m\u00e1s tarde por el que escribe estas l\u00edneas, dici\u00e9ndole si se acordaba de Le\u00f3n Brancourt: \u00a1Oh, si\u2014respondi\u00f3\u2014era un verdadero santo\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO VIII Le\u00f3n contrae sus primeros compromisos en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Fervorosa preparaci\u00f3n con que lo hace. 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(Mt 5,5). \"La Congregaci\u00f3n intenta expresar su esp\u00edritu tambi\u00e9n con las cinco virtudes sacadas de su peculiar visi\u00f3n de Cristo, a saber: la sencillez, la humildad, la mansedumbre, la mortificaci\u00f3n y el celo por las almas, de las cuales\u2026","rel":"","context":"En \u00abEspiritualidad vicenciana\u00bb","block_context":{"text":"Espiritualidad vicenciana","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/espiritualidad\/espiritualidad-vicenciana\/"},"img":{"alt_text":"HumildadyMansedumbre","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/12\/HumildadyMansedumbre-300x213.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":130682,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/las-cinco-virtudes-caracteristicas-ayer-y-hoy-i\/","url_meta":{"origin":24228,"position":4},"title":"Las cinco virtudes caracter\u00edsticas ayer y hoy (I)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"17\/06\/2014","format":false,"excerpt":"Escribo este cap\u00edtulo con cierta inseguridad, pues me doy cuenta de que el trabajo que emprendo en \u00e9l no es, aunque muy importante, nada f\u00e1cil. 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Pero se en\u00adtiende tambi\u00e9n por esp\u00edritu de Jes\u00fas un talante o estilo de vida que le distingue de los maestros de la Ley. 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