{"id":23881,"date":"2013-11-18T07:15:16","date_gmt":"2013-11-18T06:15:16","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=23881"},"modified":"2016-07-27T12:06:14","modified_gmt":"2016-07-27T10:06:14","slug":"leon-brancourt-1842-1884-i","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/leon-brancourt-1842-1884-i\/","title":{"rendered":"Leon Brancourt (1842-1884) (I)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/logo_ssvp.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-23882 alignright\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/logo_ssvp-270x300.jpg?resize=270%2C300\" width=\"270\" height=\"300\" \/><\/a>La indecisi\u00f3n en la direcci\u00f3n de la vida es un tormento que paraliza a veces las m\u00e1s bellas cualidades; la impaciencia en los padecimientos y en las pruebas hace perder tesoros de m\u00e9ritos y enerva la abnegaci\u00f3n de los que quisieran que el dolor no careciese de consuelo.<\/p>\n<p>La vida del joven Le\u00f3n Brancourt, cortada en la prima\u00advera de su vida, como lo fue la de San Luis Gonzaga y San Estanislao de Kostka, podr\u00e1 servir de modelo a los j\u00f3venes en el examen de su vocaci\u00f3n y en la aceptaci\u00f3n de los sacri\u00adficios que Dios pide a sus mejores amigos.<\/p>\n<h2>Cap\u00edtulo I<\/h2>\n<p><strong>Nacimiento. Familia e infancia de Le\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p>Le\u00f3n Edmundo Brancourt naci\u00f3 en Chalandry, feligre\u00ads\u00eda del cant\u00f3n de Cr\u00e9cy-sur-Serre, en el departamento del Aisne, el d\u00eda lo de Junio de 1842. Era el cuarto de cinco hijos, dos de los cuales hab\u00edan muerto antes que \u00e9l en la m\u00e1s tierna edad.<\/p>\n<p>Su padre, Luciano Florent\u00edn Brancourt, pertenec\u00eda a una familia compuesta de doce hijos, no menos recomendable por su posici\u00f3n que por su fe. Su madre se llamaba Mar\u00eda Ana Turqu\u00edn.<\/p>\n<p>Le\u00f3n hab\u00eda recibido de sus padres, juntamente con la vida, las disposiciones para la delicadeza de conciencia y para el heroismo del sacrificio; juntamente con la gracia del bautismo recibi\u00f3 una inclinaci\u00f3n natural a la inocencia de costumbres, a la piedad y al amor de Dios.<\/p>\n<p>Por nada de este mundo aquel ni\u00f1o, de una naturaleza endeble y delicada, hubiera dejado sus oraciones. Muchas veces, por la noche, deseando escuchar la conversaci\u00f3n de personas juiciosas, no pod\u00eda resolverse a irse a dormir. Queriendo su madre, como verdadera cristiana, inspirarle desde la infancia idea muy alta de sus deberes para con Dios, y al mismo tiempo acostumbrarle a la obediencia, no ten\u00eda m\u00e1s que decirle que si no obedec\u00eda en seguida, no har\u00eda su oraci\u00f3n; el ni\u00f1o respond\u00eda entonces con cierto dolor, que proven\u00eda, sin duda, del Esp\u00edritu Santo: \u00abMam\u00e1, le ruego a usted que me deje dirigir a Dios mis oraciones, y en seguida<sup>,<\/sup> obedecer\u00e9\u00bb.<\/p>\n<p>Esta piedad sobrenatural estaba acompa\u00f1ada de una<sup>,<\/sup> grande caridad para con los pobres. Cierto d\u00eda en que, des\u00adpu\u00e9s de comprar un juguete, se entreten\u00eda con sus peque\u00f1os camaradas, su t\u00edo, capell\u00e1n de un convento en San Quint\u00edn, le dijo: \u00abYo cre\u00eda que tu buen coraz\u00f3n no te permitir\u00eda gastar tu dinero en ni\u00f1er\u00edas, sino que reservar\u00eda algo para los pobres\u00bb. El ni\u00f1o, que s\u00f3lo contaba ocho a\u00f1os, entendi\u00f3 tan bien la lecci\u00f3n de caridad que acababa de d\u00e1rsele, que no compr\u00f3 ya m\u00e1s cosa alguna in\u00fatil, y mir\u00f3 desde entonces la limosna a los pobres como uno de sus m\u00e1s dulces goces.<\/p>\n<p>A pesar de ser de natural alegre, resuelto y de en\u00e9rgica voluntad, escuchaba con grande atenci\u00f3n las exhortaciones de sus padres, se somet\u00eda prontamente a sus menores dispo\u00adsiciones y se esforzaba en aprovecharse de sus avisos y con\u00adsejos.<\/p>\n<p>A la edad de diez a\u00f1os sali\u00f3 de la casa paterna para co\u00admenzar sus estudios de latinidad en un colegio de San Quint\u00edn. All\u00ed, aunque su fervor fuese frecuentemente contra\u00adriado por su delicada salud, no hizo menos progresos en la clase, sacando todos los a\u00f1os notas muy favorables. Todas las noches el joven estudiante se retiraba a casa de su t\u00edo, capell\u00e1n de la Cruz.<\/p>\n<p>Este eclesi\u00e1stico, igualmente recomendable por su gran piedad que por su ciencia, puso el mayor cuidado en prepa\u00adrar el alma del peque\u00f1o Samuel para que entrase en comu\u00adnicaci\u00f3n con su Dios, hasta el d\u00eda muy deseado de su prime\u00adra comuni\u00f3n. Aquella naturaleza tan candorosa y tan pura estaba admirablemente dispuesta para recibir el conocimien\u00adto de la doctrina que Dios revela a los p\u00e1rvulos, para que ex\u00adperimenten el sabor de los frutos de la divina Sabidur\u00eda, y gocen de la visi\u00f3n reservada a los corazones puros.<\/p>\n<p>Dos a\u00f1os despu\u00e9s de su primera comuni\u00f3n, que hizo el d\u00eda 22 de Junio de 1856, escribi\u00f3 a su hermana, que a su vez acababa de tomar parte en el convite de los \u00e1ngeles en el adorable sacramento de la Eucarist\u00eda:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">CAR\u00cdSIMA HERMANA:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abMe es imposible dejar pasar un d\u00eda tan feliz sin darte noticia de la dicha que, como t\u00fa, experimento en este mo\u00admento. \u00a1Ah! dime, apreciada Mar\u00eda, \u00bfhas pasado jam\u00e1s d\u00eda tan feliz, tan apetecible, corno el santo d\u00eda en el cual nuestro Dios se digna visitar por primera vez a tu alma, aliment\u00e1n\u00addola con su sagrado Cuerpo y con su preciosa Sangre?<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Qu\u00e9 diferencia no debes notar entre esa alegr\u00eda del co\u00adraz\u00f3n, esa paz de la conciencia, y la alegr\u00eda que hasta enton\u00adces hab\u00edas podido tener en las varias circunstancias de la vi\u00adda! La alegr\u00eda que dan algunas veces los placeres de la vida es limitada y muy breve; pero la alegr\u00eda de verse en la gracia de Dios, de poseerle dentro de su coraz\u00f3n, embriaga al alma de una felicidad inexplicable, d\u00e9bil imagen de la dicha de los santos en el cielo, nuestra futura patria, si imitamos los be\u00adllos ejemplos de aquellos siervos del Se\u00f1or.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Esta ma\u00f1ana, mi hermano ha celebrado la santa Misa a tu intenci\u00f3n, y yo se la he ayudado, y as\u00ed he tenido la di\u00adcha de poder unir mis oraciones con las suyas. \u00a1Ojal\u00e1 Dios las haya atendido y de esta manera haya hallado en ti una agradable morada donde constantemente permanezca! Un poco m\u00e1s tarde hice otra vez oraci\u00f3n por ti en particular; espero que en cambio t\u00fa no me olvides en ese momento en que abunda en tu coraz\u00f3n la plenitud de la gracia de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Esta carta, en la cual se ve la dulce amistad de un her\u00admano y una ardiente piedad, estaba fechada en el Semina\u00adrio menor de Soissons, en el cual Le\u00f3n hab\u00eda entrado, des\u00adpu\u00e9s de haber manifestado a sus padres el deseo que ten\u00eda de ser sacerdote.<\/p>\n<p>El d\u00eda de su primera comuni\u00f3n, 22 de Junio de 1854, manifest\u00f3 el llamamiento con que Dios le hab\u00eda favorecido. Su t\u00edo le hab\u00eda encargado que, cuando poseyera a Nuestro Se\u00f1or en su coraz\u00f3n, le pidiera la gracia m\u00e1s \u00fatil a su alma. Cuando, por la tarde, le pregunt\u00f3 qu\u00e9 era lo que hab\u00eda pe\u00addido a Dios, mientras estuvo dando gracias, el muchacho respondi\u00f3 con un tono de voz que respiraba humildad: <em>Yo <\/em><em>ped\u00ed ser sacerdote.<\/em><\/p>\n<p>Desde entonces, como si estuviese seguro de que Nuestro Se\u00f1or hab\u00eda escuchado su petici\u00f3n, jam\u00e1s hizo mudanza en el designio de consagrarse al servicio de Dios.<\/p>\n<h2>Cap\u00edtulo II<\/h2>\n<p><strong>Entrada de Le\u00f3n en el Seminario menor de San L\u00e9ger, en Soissons. \u2014 Su emulaci\u00f3n.\u2014Su piedad; devoci\u00f3n a la Sant\u00edsima Virgen; culto para con la <\/strong><strong>santa Eucarist\u00eda.<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n<p>Catorce a\u00f1os ten\u00eda Le\u00f3n cuando entr\u00f3 en el Seminario menor de San L\u00e9ger, en Soissons, por el mes de Octubre de 1856. Su hermano era profesor de la clase de cuarta; y bajo la direcci\u00f3n de este h\u00e1bil maestro el joven se acostumbr\u00f3 a un trabajo asiduo y atento, procurando siempre darse cuen\u00adta de lo que estudiaba.<\/p>\n<p>Esta primera formaci\u00f3n ejerci\u00f3 grande influencia sobre las disposiciones con que comenz\u00f3 los estudios. M\u00e1s tarde manifestar\u00e1 su atractivo hacia los autores serios, con preferencia a los libros que no cuentan m\u00e1s que f\u00e1bulas. \u00abAcaba de introducirse en el programa de los estudios\u2014escrib\u00eda a su hermano, obligado a dejar la clase por motivos de salud\u2014una obra que se deseaba hace mucho tiempo. Esta consiste en una elecci\u00f3n de poetas cristianos para contrarrestar a Virgi\u00adlio, Ovidio, Horacio y compa\u00f1\u00eda. En efecto; cosa triste era para un Seminario el terminar sus estudios con la persua\u00adsi\u00f3n de que los escritores cristianos nada hab\u00edan dejado que pudiese compararse con las vanas ficciones del paganismo. D\u00edgame usted, \u00bfhay idea tan extravagante como el poner en tortura el esp\u00edritu de los j\u00f3venes sobre unas obras que no les cuentan m\u00e1s que mentiras? El arte en s\u00ed mismo de los auto\u00adres cristianos no debe desde\u00f1arse; y adem\u00e1s, no se trata de retirar los cl\u00e1sicos paganos, no, sino que se quiere introdu\u00adcir en los estudios el elemento cristiano al lado del elemento profano.<\/p>\n<p>Algunas veces su delicada salud le pon\u00eda a duras prue\u00adbas. Sent\u00eda mucho la ausencia de su hermano. Cierto d\u00eda le escribi\u00f3 para decirle el cuidado que le daba su salud, sus di\u00adficultades en los estudios, confesando cierto desaliento que experimentaba, todo lo cual se disip\u00f3 con una sola palabra de su excelente hermano. \u00abYa estoy mejor \u2014dijo en seguida Le\u00f3n. \u2014 Aquello fue una nube que apareci\u00f3 s\u00fabitamente. Ya pas\u00f3, no hablemos m\u00e1s de ello\u00bb.<\/p>\n<p>Esas luchas del joven estudiante contra las dificultades y las pruebas hacen resaltar los esfuerzos de su alma para cum\u00adplir su deber, y demuestran que sab\u00eda buscar un apoyo en los avisos de un buen consejero, e implorar el auxilio divino.<\/p>\n<p>En 1857, la protecci\u00f3n verdaderamente milagrosa de la Sant\u00edsima Virgen aument\u00f3 en el joven Le\u00f3n su confianza en la Reina del cielo, y su inclinaci\u00f3n a la piedad.<\/p>\n<p>Por el mes de Agosto iba con su padre a Soissons en un coche. En el camino se espant\u00f3 el caballo y retrocedi\u00f3 sobre la orilla de la carretera, que en aquel paraje ten\u00eda una eleva\u00adci\u00f3n de doce a quince pies; luego dio un salto, y el coche volc\u00f3. Le\u00f3n fue lanzado a algunos metros de all\u00ed, y rodan do el coche, vino a pasar sobre su cuerpo. Su padre, media muerto de espanto, vi\u00e9ndole tendido sobre la tierra, pens\u00f3 levantarle ya cad\u00e1ver. Pero muy pronto el hijo se levant\u00f3 por s\u00ed mismo, sin novedad, en la creencia de que deb\u00eda su salvaci\u00f3n a Nuestra Se\u00f1ora de la Saleta, a la cual se hab\u00eda encomendado. Desde aquel d\u00eda prometi\u00f3 a su libertadora un reconocimiento y un afecto que conserv\u00f3 toda su vida.<\/p>\n<p>Todos los a\u00f1os, en tiempo de vacaciones, hac\u00eda a pie una o dos veces la peregrinaci\u00f3n a Liesse, distante quince \u00a0diecis\u00e9is kil\u00f3metros. Esa peregrinaci\u00f3n era para \u00e9l una gran \u00a0fiesta. Cuando iba, no cesaba en todo el camino de hacer oraci\u00f3n, y al volver, la alegr\u00eda que llenaba su coraz\u00f3n li\u00f3 le \u00a0dejaba sentir la fatiga del viaje. Nuestra Se\u00f1ora hab\u00eda sido verdaderamente para \u00e9l Nuestra Se\u00f1ora de Liesse, es decir, de grande alegr\u00eda.<\/p>\n<p>Mas esas peregrinaciones a la distancia de algunas leguas de su pa\u00eds, no bastaban para su coraz\u00f3n agradecido; as\u00ed es que concibi\u00f3 el proyecto de ir a la Saleta, para satisfacer una deuda que, como \u00e9l cre\u00eda, hab\u00eda contra\u00eddo para con Aquella que le hab\u00eda salvado. He aqu\u00ed la carta dirigida a su herma no, con quien ten\u00eda completa confianza:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abSoissons, 31 de Septiembre de 1859.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Desde que has ido a Par\u00eds con mi t\u00edo, me prometes con\u00adtinuamente llevarme all\u00ed; pero a pesar de lo muy agradecido que te estoy por esa bondad que usas conmigo, tengo mu\u00adcho gusto en explayar hoy mi coraz\u00f3n con tuyo. Bien sabes que el m\u00edo te est\u00e1 manifiesto y conoces lo m\u00e1s se\u00adcreto de \u00e9l; si as\u00ed no fuese, no ser\u00e1 por culpa m\u00eda.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">No obstante, hay un peque\u00f1o asunto, del cual no me he atrevido a hablarte todav\u00eda. Consiste \u00e9ste, te lo confieso sencillamente, en que me llama muy poco la atenci\u00f3n ese viaje a Par\u00eds, que, en resumen, no har\u00eda m\u00e1s que recrear mi vista, y dejar\u00eda mi alma tan vac\u00eda como antes, si ya no fuese en detrimento suyo.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Otro viaje hay que seis a\u00f1os hace me preocupa, y es el viaje a Nuestra Se\u00f1ora de la Saleta. Desde el primer a\u00f1o que estuve en San Quint\u00edn, en 1852\u2014entonces ten\u00eda s\u00f3lo diez a\u00f1os\u2014me llam\u00f3 la atenci\u00f3n esa peregrinaci\u00f3n, y desde entonces estoy pensando en ella.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Despu\u00e9s de haberme encomendado a la Sant\u00edsima Vir\u00adgen y de haberlo bien meditado, creo que ha llegado el mo\u00admento de ejecutarlo. En las vacaciones de Pascua, pues, quiero realizar ese proyecto. Si no tengo dinero har\u00e9 el ca mino a pie, y, aun cuando lo tenga, har\u00e9 una parte a pie para que sea una verdadera peregrinaci\u00f3n. Nuestra Se\u00f1ora de la Saleta es la que me salv\u00f3 la vida; sin ella hubiera muerto en el camino de Soissons antes de haber hecho pe\u00adnitencia alguna. Es justo, y aun necesario, que haga alguna cosa por aquella Se\u00f1ora a la cual debo la vida.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Mi itinerario est\u00e1 trazado. No llevar\u00e9 conmigo sino lo indispensable, corno el <em>Kempis, <\/em>un libro de meditaciones y de oraciones y otro de lectura.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Antes de emprender mi viaje me falta una cosa importante, y es tu consentimiento. \u00a1Oh! Yo te lo pido, car\u00edsimo hermano, no niegues a tu hermano esta gracia. No la nie\u00adgues a la misma Sant\u00edsima Virgen; atiende al objeto de este viaje; acu\u00e9rdate que debo la vida a Nuestra Se\u00f1ora de la Saleta\u00bb.<\/p>\n<p>Su digno hermano respondi\u00f3 d\u00e1ndole consejos de sabi\u00addur\u00eda y prudencia, poni\u00e9ndole a la vista las dificultades in\u00adsuperables, como dec\u00eda, que se opon\u00edan a aquel viaje. En\u00adtonces, Le\u00f3n le escribi\u00f3 una nueva carta:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab7 de Febrero de 1860.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">CAR\u00cdSIMO HERMANO:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Tu carta me ha afectado mucho. Todav\u00eda en este mo\u00admento te escribo con las l\u00e1grimas en los ojos, porque leyen do esta carta, digna de un verdadero coraz\u00f3n de hermano, 1s he regado con mis l\u00e1grimas, pero salidas del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Hoy puedo darte algunos pormenores que en mi prime\u00adra carta omit\u00ed. Yendo a la Saleta me propongo otro fin; cer\u00adca de all\u00ed reside el santo cura de Ars, con quien deseo hacer una confesi\u00f3n general de toda mi vida con todo el cuidado y sinceridad de mi coraz\u00f3n, y rogar a Dios que me haga conocer por su boca si es para m\u00ed verdadera vocaci\u00f3n y, por consiguiente, conveniente para mi salvaci\u00f3n, el que me di\u00adrija a la Gran Cartuja. Porque creo que es la voluntad de Dios que me consagre a \u00c9l sin reserva, dejando a un lado todo lo que tiene relaci\u00f3n con el mundo. Yo quisiera ser todo de Dios; suspiro por el momento en que no me ocupe m\u00e1s que de Dios y de hacer penitencia de mis pecados.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Pero eso no ser\u00eda para quedarme en la Cartuja, cr\u00e9elo; no querr\u00eda desobedecer a Dios, exponi\u00e9ndome a ir contra la voluntad de mis padres. Estar\u00e9 all\u00ed algunos d\u00edas solamen\u00adte y volver\u00e9 a preparar los caminos. Si Dios me llamase a una tan feliz vocaci\u00f3n, me parece que dejar\u00eda f\u00e1cilmente to\u00addas las cosas del mundo. Lo que me dar\u00eda pena ser\u00eda el de\u00adjar mi familia; pero siempre es primero Dios. Ru\u00e9gale que me conceda una tal vocaci\u00f3n; poco me importa estar en este en el otro lugar mientras sea \u00c9l mi \u00fanica ocupaci\u00f3n, como tambi\u00e9n el llorar mis pecados; en una palabra, que est\u00e9 all\u00ed donde \u00c9l me quiere. P\u00eddele, sobre todo, y antes que todo, la perfecta abnegaci\u00f3n de m\u00ed mismo\u00bb.<\/p>\n<p>Este piadoso joven, de dieciocho a\u00f1os, era de la \u00edndole de San Luis Gonzaga, que lloraba tambi\u00e9n sus pecados y no pensaba sino en entregarse enteramente a Dios.<\/p>\n<p>En su carta a\u00f1ad\u00eda estas l\u00edneas, llenas de confianza y de docilidad:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEspero de tu bondad que no dejar\u00e1s, en todas las cartas que me escribas hasta la Pascua, de darme algunos avisos, seg\u00fan las circunstancias en que me hallo; yo no los olvidar\u00e9, sino que me servir\u00e9 de ellos para mi conducta\u00bb.<\/p>\n<p>Su hermano le escribi\u00f3 para recordarle las dificultades, o \u00a0mejor, la imposibilidad de aquel viaje, y Le\u00f3n respondi\u00f3 entonces con una edificante deferencia:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abCAR\u00cdSIMO HERMANO:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Si no hubiese tenido la intenci\u00f3n de someter mi volun\u00adtad a tu decisi\u00f3n, no habr\u00eda tenido necesidad de comunicarte mis ideas; as\u00ed es que me someto a ella como a la volun\u00adtad de Dios, sin pensar m\u00e1s en ello. Pero no olvido el punto capital, que es el de abandonarlo todo para ir a hacer peni\u00adtencia. Ser\u00eda preciso que Dios Nuestro Se\u00f1or operase en m\u00ed una gran mudanza para que lo olvidara\u00bb.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">El piadoso siervo de Mar\u00eda, para indemnizarse de su peregrinaci\u00f3n a la Saleta, trat\u00f3 de ofrecer a la Sant\u00edsima Vir\u00adgen una corona que \u00e9l mismo coste\u00f3. Se dirigi\u00f3 al Director encargado de la Congregaci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen ro\u00adg\u00e1ndole que se dignase aceptar aquella corona para su buena Madre celestial, pero encarg\u00e1ndole el m\u00e1s absoluto secreto sobre su obsequio. Algunos .d\u00edas despu\u00e9s, en presencia de los asociados, y a continuaci\u00f3n de una ceremonia preparatoria, la corona bendecida fue puesta en la frente de la estatua de Mar\u00eda. El d\u00eda 31 de Diciembre escribi\u00f3 a su hermano d\u00e1n\u00addole noticia de aquella ceremonia, a\u00f1adiendo: \u00abAunque no hab\u00eda pedido a la Congregaci\u00f3n, en agradecimiento, m\u00e1s que un <em>Memorare <\/em>y un <em>Avemar\u00eda, <\/em>dejando lo dem\u00e1s a la gene\u00adrosidad del Sr. Director, me aplicaron todas las oraciones; pero yo pido a Dios que las atienda de un modo particular en provecho de mis padres. \u00bfEs necesario que eso se publi\u00adque? No lo creo. La Sant\u00edsima Virgen conoce mi intenci\u00f3n, Ella repartir\u00e1 mejor que nosotros esos bienes\u00bb.<\/p>\n<p>Todo eso nos debe traer a la memoria que los doctores de la Iglesia han mirado la devoci\u00f3n a la Sant\u00edsima Virgen como una se\u00f1al de predestinaci\u00f3n para una alma, y como prenda de maternal protecci\u00f3n de parte de esa divina Madre.<\/p>\n<p>Mar\u00eda, que quiso que San Juan la acompa\u00f1ase al Calva\u00adrio para que contemplase los secretos de la sublime ciencia de la caridad de Jesucristo, conduce al alma cristiana a la Eucarist\u00eda, que realiza de nuevo aquellas maravillas en la in\u00admolaci\u00f3n de la divina V\u00edctima y en la santa Comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Ya hemos visto que Le\u00f3n, todav\u00eda muy joven, comuni\u00adcaba a su hermano, que iba a comulgar, el fuego que le abrasaba. Sus peregrinaciones a Nuestra Se\u00f1ora de Liesse eran coronadas por la santa Comuni\u00f3n. Las hac\u00eda a pie y en ayunas, para poder comulgar en ellas, aunque a una hora muy adelantada de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Le\u00f3n tuvo la fortuna de hallar <sup>&#8211;<\/sup>un d\u00eda a un religioso que daba gracias a Nuestro Se\u00f1or por haberle concedido el fa\u00advor de ver, al tiempo de la santa Misa, su costado radiante en un cuadro que le representaba crucificado. Aquel religio\u00adso comunic\u00f3 al alma del piadoso siervo de Mar\u00eda un deseo ardiente de comulgar con frecuencia, para lo cual tuvo en\u00adtera libertad. No se contentaba con alimentarse de ese divino man\u00e1, sino que se hac\u00eda propagador de aquella santa pr\u00e1cti\u00adca entre sus condisc\u00edpulos, y sobre todo entre los miembros de la Congregaci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen; tan cierto es que el fuego no puede ocultar su calor. La comuni\u00f3n frecuente, que era tan conforme a los sentimientos de San Vicente de Pa\u00fal, era tambi\u00e9n recomendada por los sacerdotes de la Mi\u00adsi\u00f3n, sus hijos, que estaban encargados de la direcci\u00f3n del Seminario menor.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Jesucristo en el Tabern\u00e1culo era obsequiado por el piadoso estudiante con frecuentes visitas. Los con\u00adgregantes eran fieles en visitar a Nuestro Se\u00f1or, prisionero de amor en la cripta de la magn\u00edfica iglesia de San L\u00e9ger , donde estaba reservado, siendo notable la asiduidad con que nuestro Le\u00f3n lo practicaba; al principio y al fin de las re\u00adcreaciones, despu\u00e9s de las clases, era el primero en llegar y el \u00faltimo en retirarse; al marcharse, lo hac\u00eda con senti\u00admiento, teniendo su vista fija en aquel Tabern\u00e1culo, desde donde Nuestro\u00a0 Se\u00f1or !derramaba sobre \u00e9l sus santas inspi\u00adraciones y sus beneficios.<\/p>\n<p>Asistir al santo sacrificio de la Misa era para \u00e9l un pla\u00adcer; servir al sacerdote en el altar era una de las cosas que m\u00e1s ambicionaba, para lo cual, desde muy joven, hab\u00eda sido instruido por su t\u00edo y por su hermano, sacerdotes. El adorno del altar le causaba mucha alegr\u00eda; las ceremonias le arrebataban; su recogimiento era grave y estaba embe\u00adllecido por su natural buena presencia.<\/p>\n<p>\u00abVuestra modestia \u2014 dec\u00eda el Ap\u00f3stol San Pablo a los primeros cristianos \u2014 sea conocida de todos los hombres; porque el Se\u00f1or est\u00e1 cerca de vosotros\u00bb. Le\u00f3n sent\u00eda en s\u00ed esta presencia de Dios, de lo cual resultaba aquella dulce modestia que resplandec\u00eda en su semblante.<\/p>\n<p>Por medio de la santa Comuni\u00f3n prendi\u00f3 en su coraz\u00f3n aquel amor a la abnegaci\u00f3n y a la caridad, que causaba en el grande celo de la gloria de Dios y tierna caridad para con Nos condisc\u00edpulos.<\/p>\n<p>Era muy inclinado a dar, a prestar, a sacrificarse a s\u00ed mismo para contentar a los otros. Acog\u00eda con tal confianza los que nunca hab\u00eda visto, que les ganaba el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Adornado el \u00abbuen Le\u00f3n\u00bb, como se le llamaba, con tan bellas cualidades, estaba dispuesto a ejercer el apostolado de caridad y de abnegaci\u00f3n en una Conferencia de San Vicente de Pa\u00fal, de la cual vamos a hablar.<\/p>\n<h2>Cap\u00edtulo III<\/h2>\n<p><strong>Le\u00f3n forma parte de la Conferencia de San Vicente de Pa\u00fal en el Seminario <\/strong><strong>menor de Soissons.<\/strong><\/p>\n<p>En 1858 y 59 hab\u00edan sido confiadas por el ilustr\u00edsimo de Garsignies a la direcci\u00f3n de los sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, que tuvo por fundador a San Vi cente de Pa\u00fal, los Seminarios mayor y menor de Soissons Los directores no pod\u00edan menos de ver con agrado y de dar importancia a todo lo que era conforme al esp\u00edritu de su santo y caritativo Padre. Efectivamente, el Superior del Se\u00adminario menor, D. Agust\u00edn Dupuy, hab\u00eda podido apreciar todo el bien obrado por las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal, tanto en los miembros que la componen y en los tes\u00adtigos de su celo , como en favor de los pobres. Estaba bien convencido de que hallar\u00eda un poderoso elemento para el bien en la fundaci\u00f3n de una Conferencia entre los alumnos del Seminario. Fue, pues, erigida en el Seminario menor de Soissons, a principios del a\u00f1o 1860. La agregaci\u00f3n que se pidi\u00f3 al Consejo general de Par\u00eds fue concedida sin de\u00admora, porque desde el principio se hab\u00edan formado los cua\u00addros, se hab\u00eda constituido el centro y admitido familias pobres. Los miembros de la Conferencia de la ciudad se en\u00adcargaron con mucho gusto de instruir a los nuevos cofrades en el modo de hacer la visita a los pobres. Los principales habitantes de la ciudad, los de Sahune, de Blavette, de la Prairie, Branche de Flavigny, mezclaron de buena gana sus nombres con los de los j\u00f3venes estudiantes, miembros de la nueva Conferencia.<\/p>\n<p>Gracias a estas lecciones de caridad, de humildad y de confraternidad dadas por hermanos experimentados y de muy alta distinci\u00f3n, los j\u00f3venes reclutas de la peque\u00f1a Con\u00adferencia se hallaron en poco tiempo muy al corriente del Reglamento y de la manera de practicar sus admirables con\u00adsejos. Nada instruye tanto como el ejemplo, y nada es tan pr\u00e1ctico como la vida necesariamente activa de una Confe\u00adrencia de San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Los dos primeros miembros escogidos para formar parte de la nueva Conferencia, fueron dos j\u00f3venes estudiantes de la clase de Ret\u00f3rica. Uno de ellos, que poco despu\u00e9s empez\u00f3 la carrera de Medicina, muri\u00f3 en la flor de la edad. El se\u00adgundo, guiado por caminos verdaderamente admirables de la providencia, lleg\u00f3 a ser Obispo. Hab\u00eda, como su amigo, formado el proyecto de ir a Par\u00eds para estudiar Medicina; pero Dios le dio a entender que por encima del ministerio de la caridad corporal hab\u00eda otro ministerio m\u00e1s elevado, el ministerio que tiene por objeto la salud de las almas. Todos los d\u00edas, despu\u00e9s de la comida, iba con su amigo a distribuir las sobras que hab\u00edan dejado los estudiantes a los pobres que acud\u00edan al Seminario para recibirlas. Se organizaron tambi\u00e9n las visitas de los pobres a domicilio. La caridad, lla\u00adma divina, tra\u00edda por Nuestro Se\u00f1or al mundo, y de la cual quiso que todos los corazones estuviesen abrasados, no tar\u00add\u00f3 en comunicar una nueva vida a nuestros nuevos miem\u00adbros de la Conferencia.<\/p>\n<p>El joven Le\u00f3n no tard\u00f3 en inscribir su nombre en la Conferencia establecida en el Seminario, apresur\u00e1ndose a dar esa feliz noticia a su familia, mediante una carta que es\u00adcribi\u00f3 a su hermana Mar\u00eda en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">CAR\u00cdSIMA HERMANA:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abComo s\u00e9 la ternura de tu coraz\u00f3n para con los pobres, seg\u00fan me lo indican los sentimientos de compasi\u00f3n que te he visto manifestar hacia ellos, me apresuro a darte en este d\u00eda detallada noticia de una humilde obra destinada a con\u00adsolar a los representantes de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, y aliviar su miseria.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Esta obra es una Conferencia de San Vicente de Pa\u00fal, establecida en el Seminario. T\u00fa sabes, sin duda, lo que es una Conferencia de San Vicente. Muchas veces habr\u00e1s o\u00eddo hablar de la de San Quint\u00edn. Pues bien; en el Seminario, la 1.011ferencia es la misma en cuanto a su principio, en cuanto sus reglas y en cuanto a su fin. Aqu\u00ed me preguntar\u00e1s: \u00bfPero y con qu\u00e9 hac\u00e9is las limosnas? Esos se\u00f1ores de las ciu\u00addades son ricos. Pero vosotros, seminaristas, \u00bfde qu\u00e9 pod\u00e9is disponer?<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Es verdad que nuestros recursos son peque\u00f1os, nues tros fondos no son considerables. Pero nuestro amado Su\u00adperior, hijo de San Vicente de Pa\u00fal, nos ense\u00f1a a alegrar\u00adnos como aquel gran Santo al vernos obligados a practicar la caridad aun en la pobreza. Porque, nos dice, si lo tuvierais todo a vuestra disposici\u00f3n, si viniesen a poneros el dinero en la mano, \u00bfqu\u00e9 m\u00e9rito tendr\u00edais? Tal vez ninguno. Mientras que no teniendo nada, es necesario industriarse para tener alguna cosa que dar. Sin embargo, tenemos cada d\u00eda las so\u00adbras de nuestras mesas, que, conservadas con limpieza, se distribuyen a los pobres por dos socios de la Conferencia. Todos los d\u00edas vienen a recibir su limosna cinco familias; otras tres reciben bonos de pan. De suerte que ya en \u00e9ste momento, ocho familias son socorridas por nuestra Confe\u00adrencia. Son visitadas regularmente cada semana por dos miembros de la Conferencia y un director de la casa que los acompa\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">En estas visitas es donde se ve la miseria en toda su ex\u00adtensi\u00f3n y donde se aprende a compadecerse de los dolores de los desgraciados.<\/p>\n<p>Esta carta de Le\u00f3n es una clara explicaci\u00f3n del programa de Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal. La Conferencia de un Seminario menor es id\u00e9ntica a las otras Conferencias que existen en las grandes ciudades.<\/p>\n<p>M\u00e1s adelante diremos el modo con que nuestro joven miembro de las Conferencias, Le\u00f3n, conoc\u00eda que ten\u00eda en aquella obra una escuela de progreso espiritual.<\/p>\n<p>Su alma era muy sensible, y su coraz\u00f3n generoso no po\u00add\u00eda contener su emoci\u00f3n a la vista de los pobres sin recur\u00adsos. Velase obligado a manifestar su pena, como en otro tiempo San Vicente de Pa\u00fal, que exclamaba: \u00ab\u00a1Los pobres son mi peso y mi dolor!\u00bb<\/p>\n<p>Por el mes de Noviembre de 1861 escrib\u00eda a su hermano lo siguiente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abNuestra peque\u00f1a Conferencia est\u00e1 siempre en vigor; pero \u00a1qu\u00e9 pocos son nuestros recursos comparados con las necesidades de nuestros pobres! \u00a1Cu\u00e1ntos no tienen siquiera el pan necesario! Uno de ellos, hombre fuerte, se halla aho\u00adra mismo sin poder encontrar trabajo. All\u00e1 le tiene Ud. con cinco hijos, sin el menor recurso, fuera del que proporciona su mujer, que gana unos treinta y dos c\u00e9ntimos al d\u00eda. \u00a1Cu\u00e1nto m\u00e9rito tendr\u00edan esos desgraciados a los ojos de Dios si supieran sufrir sus penas!\u00bb.<\/p>\n<p>En menos de diez a\u00f1os, la Conferencia del Seminario menor de San L\u00e9ger constaba ordinariamente de m\u00e1s de cincuenta miembros, escogidos entre las clases superiores, y llegaba a un presupuesto de tres mil francos. El excelente presidente, Sr. Baudon, que tan bien sab\u00eda animar a los j\u00f3\u00advenes en su apostolado de caridad, recibiendo la cuenta que le presentaban de las obras de aquella Conferencia, escrib\u00eda al Superior: \u00abEstoy admirado de lo que hacen vuestros j\u00f3\u00advenes de la Conferencia; ellos tienen entre manos obras tan importantes como las de las Conferencias antiguas estable\u00adcidas en grandes ciudades\u00bb. Las obras, en efecto, se mul\u00adtiplicaban, aun cuando los recursos no eran muy abun\u00addantes.<\/p>\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde proced\u00eda aquella fecundidad prodigiosa? De Dios, sin duda, de quien desciende todo don perfecto, y de la oraci\u00f3n que le mov\u00eda a derramar aquellas bendiciones; pero tambi\u00e9n de la santa emulaci\u00f3n de caridad que reinaba entre los miembros. Cada semana, los de la Conferencia, despu\u00e9s de haber dado cuenta de su visita a las familias asis\u00adtidas, manifestaban sencillamente sus deseos, sus proyectos, las nuevas industrias de su celo para desarrollar las obras y arbitrar recursos.<\/p>\n<p>A las obras ordinarias de la Conferencia del Seminario menor de Soissons conviene a\u00f1adir una, promovida por las circunstancias.<\/p>\n<p>Preciso es, sin duda, que todos los recursos de una Con\u00adferencia vayan a parar a los pobres; sin embargo, \u00bfno se ha visto que las Conferencias de todo el mundo contribuyeron para edificar la capilla de San Vicente de Pa\u00fal en la grande Bas\u00edlica del Sagrado Coraz\u00f3n de Montmartre, en Par\u00eds?<\/p>\n<p>Pues bien: el Papado, que es el arca bendita donde todos los pueblos pueden ir a buscar un refugio para escapar del diluvio del mal, se hallaba expuesto a la m\u00e1s espantosa tem\u00adpestad. Estaba a punto de perder con el poder temporal secu\u00adlar que Dios, los Reyes y los pueblos le hab\u00edan confiado, la libertad necesaria para gobernar la Iglesia.<\/p>\n<p>Los cat\u00f3licos m\u00e1s fieles a las tradiciones de fe y de pa\u00adtriotismo dieron la sangre de sus hijos, y muchos de ellos murieron m\u00e1rtires en los campos de Loreto y de Castelfidardo, a\u00f1adiendo al sacrificio de sangre el de sus intereses.<\/p>\n<p>Pero grandes y peque\u00f1os amaban a P\u00edo IX, y \u00e9stos con\u00adcurrieron como soldados \u00f3 aumentaron con sus modestas ofertas el dinero de San Pedro.<\/p>\n<p>Los j\u00f3venes socios de la Conferencia de San L\u00e9ger sen\u00adt\u00edan dilatarse sus deseos, y quisieron sostener la causa del Papado, como la causa de Dios, para lo cual, por espacio de dos a\u00f1os, se industriaron y pudieron sostener a sus expen\u00adsas dos zuavos pontificios, dando por cada uno la suma ne\u00adcesaria de 1.000 pesetas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La indecisi\u00f3n en la direcci\u00f3n de la vida es un tormento que paraliza a veces las m\u00e1s bellas cualidades; la impaciencia en los padecimientos y en las pruebas hace perder tesoros de m\u00e9ritos y enerva &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/leon-brancourt-1842-1884-i\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":23882,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[290],"tags":[],"class_list":["post-23881","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-biografias-de-seglares-vicencianos"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Leon Brancourt (1842-1884) (I) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/leon-brancourt-1842-1884-i\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Leon Brancourt (1842-1884) (I) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"La indecisi\u00f3n en la direcci\u00f3n de la vida es un tormento que paraliza a veces las m\u00e1s bellas cualidades; la impaciencia en los padecimientos y en las pruebas hace perder tesoros de m\u00e9ritos y enerva ... 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