{"id":2340,"date":"2015-05-13T07:02:30","date_gmt":"2015-05-13T05:02:30","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=2340"},"modified":"2015-05-13T07:02:30","modified_gmt":"2015-05-13T05:02:30","slug":"modelos-de-santidad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/modelos-de-santidad\/","title":{"rendered":"Modelos de santidad"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_40797\" style=\"width: 263px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/12\/maloney1.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-40797\" class=\"size-medium wp-image-40797 \" title=\"Robert P. Maloney, C.M.\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/12\/maloney1-253x300.jpg?resize=253%2C300\" alt=\"Robert P. Maloney, C.M.\" width=\"253\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-40797\" class=\"wp-caption-text\">Robert P. Maloney, C.M.<\/p><\/div>\n<p>En el fondo del coraz\u00f3n de cada cristiano anida el deseo de ser santo. Por decirlo as\u00ed, esto es algo que forma parte de nuestro \u00abperfil de identidad\u00bb. En el bautismo adquirimos el compromiso de \u00abrevestirnos de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb (Rm 13, 14).<\/p>\n<p>Hace varios a\u00f1os, particip\u00e9 por primera vez en una canonizaci\u00f3n, en la de Juan Gabriel Perboyre. Debo decir que la celebraci\u00f3n me impresion\u00f3 mucho m\u00e1s de cuanto hab\u00eda previsto. Desde entonces, me he sor\u00adprendido muchas veces a m\u00ed mismo pensando en diferentes modelos de santidad. Recuerdo haber le\u00eddo, siendo ni\u00f1o, la vida de Isaac Joques y la de Juan de Br\u00e8beuf. Me causaron una profunda impresi\u00f3n. \u00a1So\u00f1aba yo acercarme en canoa a las regiones m\u00e1s apartadas del Canad\u00e1 y derramar mi sangre por el Evangelio! Recuerdo tambi\u00e9n haber devorado una biograf\u00eda muy emotiva de Dami\u00e1n el leproso. Qued\u00e9 profundamen\u00adte impresionado por su vida y su muerte y por la conmovedora carta que Roberto Luis Stevenson escribi\u00f3 defendi\u00e9ndolo. Me imaginaba a m\u00ed mismo poni\u00e9ndome al servicio de los m\u00e1s abandonados, aunque no dejaba de pensar que el prolongado declinar de la lepra era menos atractivo que la muerte r\u00e1pida de un m\u00e1rtir.<\/p>\n<p>Para los cat\u00f3licos de todos los tiempos, los santos han hecho de la santidad una realidad. La han encar\u00adnado. Nos han mostrado concretamente lo que significa vivir el Evangelio. Aun en nuestros momentos m\u00e1s anti-institucionales o en culturas donde acontecimientos como las canonizaciones suscitan una respuesta poco entusiasta, hay algo profundo en nuestro interior que a\u00f1ora la santidad. Queremos que la caridad de Cristo nos llene. Esto es, a fin de cuentas, lo que significa ser cristiano.<\/p>\n<h2><strong>Cuatro modelos<\/strong><\/h2>\n<p>A partir de la vida de los santos, nuestra tradici\u00f3n ha destilado diversos modelos de santidad. Los mode\u00adlos son im\u00e1genes concretas. No son met\u00e1foras como el cl\u00e1sico \u00abseguimiento de Cristo\u00bb, \u00abla subida de la escala de la perfecci\u00f3n\u00bb o \u00abla ascensi\u00f3n de la monta\u00f1a espiritual\u00bb. M\u00e1s bien, nos ofrecen una comprensi\u00f3n clara, breve (aunque incompleta) de la realidad viva de la santidad y nos revelan qu\u00e9 compromisos lleva consigo. Son como otros tantos \u00abiconos\u00bb del Evangelio, s\u00edmbolos de la entrega cristiana de s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Los modelos no agotan la realidad; son representaciones parciales de ella. Lejos de excluirse unos a otros, se completan, pues cada uno de ellos pone un acento distinto en lo que significa \u00abser santo\u00bb. Por ser s\u00edmbolos, hacen nacer en nosotros una respuesta afectiva que nos impulsa hacia la meta de la santidad. \u00a1Qui\u00e9n no se sentir\u00eda emocionado, e incluso horrorizado, leyendo c\u00f3mo los que apresaron a Br\u00e9beuf comie\u00adron su coraz\u00f3n con la esperanza de obtener el coraje que le hab\u00edan visto desplegar!<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, describir\u00e9 algunos de esos modelos, con la confianza de que nos ayuden a todos a ver en qu\u00e9 modelo podr\u00edamos ajustarnos.<\/p>\n<h2><strong>1. El m\u00e1rtir<\/strong><\/h2>\n<p>Desde los or\u00edgenes, la comunidad cristiana ha ofrecido este modelo a los creyentes, present\u00e1ndonoslo de manera dram\u00e1tica en los evangelios. \u00abJes\u00fas da la vida por sus amigos\u00bb (Jn 15, 13). Los cuatro Evangelios construyen sus relatos tendiendo hacia la narraci\u00f3n culminante de la pasi\u00f3n y muerte de Jes\u00fas, seguidas por el triunfo de su resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>El amor de Jes\u00fas hasta la muerte ha sido, desde entonces, fuente de fortaleza para innumerables m\u00e1rti\u00adres. Los relatos narrativos sobre los m\u00e1rtires han recibido frecuentemente la influencia de los relatos evang\u00e9licos de la pasi\u00f3n. Esto es bastante evidente, por ejemplo, en el caso del martirio de Esteban, que narran los Hechos de los Ap\u00f3stoles y que presenta numerosas semejanzas con la muerte de Jes\u00fas. Juan Gabriel Perboyre dio su vida de modo sorprendentemente similar a Cristo. Fue traicionado por un disc\u00edpulo, sufri\u00f3 una larga pasi\u00f3n, perdon\u00f3 a sus enemigos y muri\u00f3 en una cruz. Cuanto m\u00e1s se narr\u00f3 su muerte heroica, tanto m\u00e1s se encontraron en ella los detalles de la pasi\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s admirable de este primer modelo es su sorprendente claridad y sencillez. Es algo maravillosa\u00admente sugestivo y que provoca nuestra admiraci\u00f3n, juntamente con un profundo deseo de entregarnos con toda generosidad. El que acepta el martirio por amor renuncia al m\u00e1s fundamental de los bienes humanos, la vida. Algunos santos, como Policarpo, sufrieron un martirio como coronaci\u00f3n de una larga vida, ya admirable por su santidad. \u00abHe servido a Cristo durante ochenta y seis a\u00f1os \u2013dijo Policarpo a sus verdugos\u2013 \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda renegar ahora de mi rey y salvador?\u00bb. Para otros, el martirio fue m\u00e1s como un \u00absegundo bautismo\u00bb, que lav\u00f3 sus pecados (a\u00fan notables) \u00aben la sangre del cordero\u00bb. Un m\u00e1rtir del siglo XVI, por ejemplo, estaba viviendo en concubinato en el momento de su muerte. Esto, sin embargo, palide\u00adci\u00f3 como algo insignificante ante la luz de su martirio; en cualquier caso, fue canonizado (hecho que hoy podr\u00eda sorprendernos como bastante raro). En ese sentido, su martirio fue considerado como un \u00abbillete r\u00e1pido\u00bb para el Reino de Dios.<\/p>\n<p>\u00daltimamente, te\u00f3logos como Karl Rahner han propuesto con frecuencia que se ensanchase el concepto de martirio. Seg\u00fan la tradici\u00f3n, el martirio se defini\u00f3 como la aceptaci\u00f3n de la muerte \u00abpor causa de la fe\u00bb. En el caso de la canonizaci\u00f3n de Mar\u00eda Goretti, en 1950, \u00abla fe\u00bb tambi\u00e9n incluy\u00f3 la moralidad cristiana. Sin embargo, en 1982, la Iglesia reconoci\u00f3 a Maximiliano Kolbe como un m\u00e1rtir por el hecho de dar su vida sustituyendo a otra persona. Se podr\u00eda pensar en una semejante extensi\u00f3n del concepto en el caso de Os\u00adcar Romero, ampliamente reconocido como un m\u00e1rtir, si bien todav\u00eda no canonizado, que dio su vida por mantenerse en solidaridad con los pobres en su lucha por la justicia. Esto podr\u00eda decirse de otros muchos en Am\u00e9rica Latina, como el caso de Rutilio Grande.<\/p>\n<p>Pero, considerado como modelo, el martirio presenta algunos inconvenientes. Los m\u00e1rtires son relati\u00advamente escasos. Pocos, entre nosotros, recorrer\u00e1n ese camino. Aun cuando podamos anhelarlo por el gesto claro, simple y dram\u00e1tico, la verdad es que para la mayor parte de nosotros, el seguimiento de Cristo consistir\u00e1 en llevar la cruz d\u00eda tras d\u00edas, a lo largo de toda la vida, con paciencia y fidelidad. Como me dec\u00eda un d\u00eda un anciano misionero: \u00abCon frecuencia es m\u00e1s duro vivir para Cristo que morir por \u00c9l\u00bb.<\/p>\n<p>El modelo del m\u00e1rtir puede tambi\u00e9n generar un \u00abfan\u00e1tico\u00bb ocasional. Hoy es posible ver a terroristas \u00abkamikazes\u00bb que sacrifican con gusto su vida matando a los dem\u00e1s, convencidos de que esto les garantiza a ellos la entrada inmediata en la presencia de Dios. Conoc\u00ed a un ardiente prelado del que uno de mis amigos dec\u00eda con cierta frustraci\u00f3n: \u00ab\u00c9ste naci\u00f3 para ser m\u00e1rtir. Est\u00e1 dispuesto a morir por cualquier causa y lucha con igual e incre\u00edble tenacidad por un objetivo grande que por uno peque\u00f1o\u00bb. \u00a1Hasta ahora, todav\u00eda est\u00e1 vivo!<\/p>\n<h2><strong>2. El asceta<\/strong><\/h2>\n<p>Cuando terminaron las persecuciones de los primeros siglos y los cristianos se dieron cuenta de que s\u00f3lo un restringido n\u00famero de ellos podr\u00eda ganar la corona del martirio, empezaron a orientarse m\u00e1s decidida\u00admente hacia otro modelo: el del asceta. \u00abAscesis\u00bb significa entrenamiento o disciplina. El \u00abatleta\u00bb de Cristo aspira a la corona de laurel con que se adorna la cabeza del vencedor al final de la carrera de la vida. \u00abHe combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he guardado la fe. S\u00f3lo me queda recibir la corona de salvaci\u00f3n\u00bb (2 Tim 4, 7). El asceta se entrega, con frecuencia, al ayuno, a la abstinencia sexual y a un estilo de vida austero o sencillo. La finalidad de tales pr\u00e1cticas, por lo menos en sus mejores manifestaciones, no es la de \u00abrenunciar\u00bb a determinadas cosas, sino la de reconstruirse a s\u00ed mismo, la de llegar a ser una nueva persona. En otros t\u00e9rminos, toda autonegaci\u00f3n tiene como finalidad un crecimiento en el amor.<\/p>\n<p>A lo largo de los siglos, la virginidad y el celibato se han situado en la cumbre de la escala asc\u00e9tica. Esto revela cu\u00e1nto ha estimado la comunidad cristiana el sacrificio que implica renunciar a la intimidad sexual. Pero, indudablemente, la b\u00fasqueda de la santidad no se agota en esa renuncia. La misma energ\u00eda que una persona podr\u00eda haber desplegado en la pr\u00e1ctica de la fidelidad conyugal, en la posesi\u00f3n de los bienes o en el ejercicio del poder, esa misma energ\u00eda ha de desplegarse en el servicio del Se\u00f1or y de su Reino.<\/p>\n<p>El modelo asc\u00e9tico tiene muchas ventajas. Ha dado nacimiento a muchos santos, porque los ha hecho capaces de concentrar sus energ\u00edas en los intereses del Se\u00f1or. De hecho, el seguimiento de Cristo conlleva siempre una disciplina, la de \u00abtomar cada d\u00eda la propia cruz\u00bb (Luc 9, 23). En la lista de los ascetas y de los grandes amantes de la cruz, se piensa espont\u00e1neamente en Francisco de As\u00eds, cuya vida ha fascinado a in\u00adnumerables cristianos. Vivi\u00f3 con una maravillosa sencillez, renunci\u00f3 a la familia, a la riqueza, al matrimonio y al poder, sin dejar por ello de amar profunda y visiblemente la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El testimonio de un estilo de vida sencillo, del celibato por el Reino, de una respuesta sencilla y obedien\u00adte a las necesidades de los pobres es un signo eficaz de la presencia del Reino de Dios. El modelo asc\u00e9tico, aunque no est\u00e9 muy en boga en nuestros d\u00edas, tiene un enorme significado en una sociedad de consumo caracterizada por la distribuci\u00f3n desigual de la riqueza, la cultura del ocio, el deseo de obtener la satisfac\u00adci\u00f3n inmediata y por las relaciones de explotaci\u00f3n sexual y de poder.<\/p>\n<p>En el lado negativo, los ascetas han corrido siempre el riesgo del \u00abpelagianismo\u00bb, que es una visi\u00f3n atl\u00e9\u00adtica de la salvaci\u00f3n. \u00c9ste tiende a pensar que, si uno \u00abse entrena\u00bb bastante bien, la carrera est\u00e1 ganada. Los ascetas pueden llegar a ser orgullosos de sus \u00abrealizaciones\u00bb. Pueden llegar a ser duros con los dem\u00e1s, que parecen menos disciplinados. Pero, a fin de cuentas, la santidad es un don de Dios y no un logro asc\u00e9tico. S\u00f3lo los humildes son capaces de recibirla.<\/p>\n<h2><strong>3. El contemplativo<\/strong><\/h2>\n<p>En los evangelios, nos impresiona la plegaria de Jes\u00fas. Siempre ha fascinado a los cristianos su uni\u00f3n con Dios, a quien llama su Padre. Desde los primeros tiempos, algunos se marcharon al desierto para orar como Jes\u00fas lo hab\u00eda hecho. Poco a poco, se fueron organizando comunidades y, con el tiempo, se desarroll\u00f3 toda una tradici\u00f3n mon\u00e1stica, basada en reglas establecidas por San Benito.<\/p>\n<p>Por supuesto, la contemplaci\u00f3n no est\u00e1 reservada a los monjes, como Tom\u00e1s Mert\u00f3n ha resaltado con frecuencia. Pienso inmediatamente en la Beata Ana Mar\u00eda Taigi, un ama de casa que vivi\u00f3 en Roma en el siglo XIX, famosa por sus trabajos con los pobres y por su uni\u00f3n contemplativa con Dios, y que realiz\u00f3 todo esto mientras criaba a sus siete hijos y se ocupaba de los seis hijos de su hermana viuda. Me viene a la mente, igualmente, la se\u00f1ora Acarie, madre de seis hijos, a quien acudieron todos los grandes l\u00edderes espi\u00adrituales de Francia, de principios del siglo XVII, con el fin de recibir sus consejos sobre la uni\u00f3n con Dios. Sus hijos bromeaban con ella, al final de su vida, recordando c\u00f3mo ten\u00edan que aguardar a que saliera de sus \u00e9xtasis m\u00edsticos.<\/p>\n<p>La b\u00fasqueda seria de la santidad, cualquiera que sea la forma que adopte, ha reconocido siempre sin ambages la necesidad de la uni\u00f3n con Dios a trav\u00e9s de todo tipo de oraci\u00f3n. En la tradici\u00f3n mon\u00e1stica, sin embargo, la dimensi\u00f3n contemplativa de la vida adquiere un relieve absoluto. El monje se aparta de la so\u00adciedad para o\u00edr las voces m\u00e1s profundas de la realidad: la Palabra de Dios y el clamor de la humanidad que sufre.<\/p>\n<p>El modelo contemplativo tiene algunas ventajas extraordinarias. Pone ante nuestros ojos, con gran cla\u00adridad, uno de los elementos indispensables de la espiritualidad del Nuevo Testamento: la uni\u00f3n con Dios en Cristo. El contemplativo consagra su vida a la meditaci\u00f3n de la Palabra de Dios, a cantar sus alabanzas y, en alg\u00fan momento, a cierta forma de uni\u00f3n \u00absin palabras\u00bb, que suele describirse a menudo como \u00aboraci\u00f3n contemplativa\u00bb.<\/p>\n<p>Los peligros de este modelo son la \u00abevasi\u00f3n\u00bb y el \u00abangelismo\u00bb. El retirarse del mundo del contemplativo, como Thomas Merton recuerda a sus lectores, debe capacitar a la persona para o\u00edr los clamores m\u00e1s pro\u00adfundos de la vida. Si uno simplemente se evade, entonces se quedar\u00e1 apresado en un espl\u00e9ndido aislamien\u00adto. Por el contrario, el contemplativo debe estar siempre preocupado por lo concreto de la vida. Nos expre\u00adsamos corporalmente, no como los \u00e1ngeles. El verdadero amor cristiano debe expresarse en actos concre\u00adtos. Ciertamente es sospechoso quien disfruta de bellos momentos de contemplaci\u00f3n, pero con quien es dif\u00edcil vivir y relacionarse.<\/p>\n<h2><strong>4. El servidor<\/strong><\/h2>\n<p>La caridad en acci\u00f3n es el meollo del seguimiento de Cristo. \u00abPor el amor que os teng\u00e1is los unos a los otros reconocer\u00e1n todos que sois disc\u00edpulos m\u00edos\u00bb (Jn 13, 35). El otro d\u00eda estuve con dos mujeres italianas jubiladas recientemente, las dos enfermeras. Les pregunt\u00e9 como estaban disfrutando de su nuevo tiempo libre. Me dijeron que era algo maravilloso. Por fin, ten\u00edan tiempo para descansar. Las dos, seg\u00fan me dije\u00adron, hab\u00edan conseguido, por medio de la Caridad Cat\u00f3lica, una lista de personas enfermas a quienes atend\u00ad\u00edan visit\u00e1ndoles a domicilio. Me llam\u00f3 la atenci\u00f3n c\u00f3mo con gran espontaneidad y en el oto\u00f1o de sus vidas se hab\u00edan centrado en un aspecto esencial del evangelio: el servicio a los necesitados. Ha habido millones de personas como \u00e9stas, por no mencionar las numerosas comunidades fundadas precisamente con esta finalidad. Santos como Vicente de Pa\u00fal, comunidades como las Hijas de la Caridad e innumerables grupos de laicos que se esfuerzan por atender a los necesitados son un signo elocuente en el mundo de la Buena Noticia de la presencia de Dios.<\/p>\n<p>Una ventaja importante de este modelo es que puede vivirse en muy diversas circunstancias. Misione\u00adros, esposos, maestros, magistrados, m\u00e9dicos, enfermeras&#8230; pueden, todos ellos, construir sus vidas sobre la base evang\u00e9lica de la llamada a servir. Esto es verdad especialmente porque el servicio evang\u00e9lico no necesita ser sensacional, sino que puede ser tan sencillo como \u00abdar un vaso de agua fresca\u00bb (Mt 10, 42) al que tiene sed. Desde el pol\u00edtico eminente que se considera un \u00abservidor p\u00fablico\u00bb hasta la persona pobre y desconocida que encuentra caminos para servir a los dem\u00e1s, que a\u00fan son m\u00e1s pobres, todos pueden identi\u00adficarse, de alguna manera, con el papel del servidor.<\/p>\n<p>El peligro de este modelo es, sin duda, el activismo. Si el contemplativo puede intentar vivir como un \u00e1ngel, el servidor podr\u00eda intentar ser un mes\u00edas que cargase sobre sus hombres con todos los problemas del mundo. Si el primero hace demasiado poco, el segundo pretende hacer demasiadas cosas, quem\u00e1ndose a s\u00ed mismo y terminando desilusionado y amargado.<\/p>\n<p>Estos cuatro modelos nos ofrecen a todos un amplio tema de reflexi\u00f3n. El m\u00e1rtir nos dice que hay cosas por las que merece la pena morir, siendo la primera de \u00e9stas nuestra fe en Cristo. El asceta nos recuerda el precio del discipulado: no hay seguimiento de Cristo sin autorrenuncia y sin aceptaci\u00f3n de la cruz diaria. El contemplativo pone el acento en lo transcendente, llam\u00e1ndonos a la uni\u00f3n con Dios en la oraci\u00f3n. El servidor nos ense\u00f1a que la caridad pr\u00e1ctica y cotidiana es el centro de la espiritualidad del Nue\u00advo Testamento y que es el \u00fanico signo verdaderamente convincente de que uno ama a Dios y al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<h2><strong>5. \u00bfUn quinto modelo? <\/strong><\/h2>\n<p>Los modelos se complementan mutuamente. La mayor\u00eda de los santos, si no todos, cuya vida reproduce el modelo del servidor fueron tambi\u00e9n profundamente orantes. Sus contempor\u00e1neos reconocieron a Vicen\u00adte de Pa\u00fal, ciertamente uno de los santos m\u00e1s activos de la caridad, como un contemplativo. De hecho, sus disc\u00edpulos est\u00e1n llamados a ser \u00abcontemplativos en la acci\u00f3n y ap\u00f3stoles en la oraci\u00f3n\u00bb. Del mismo modo, muchos ascetas han sido servidores generosos (basta s\u00f3lo pensar en el Cura de Ars) y muchos contemplati\u00advos han sido formidables ascetas (como Antonio en el desierto). Los m\u00e1rtires, por supuesto, tambi\u00e9n han ofrecido ejemplos elocuentes de todos los dem\u00e1s modelos.<\/p>\n<p>Pero mientras que cada modelo puede ser un trampol\u00edn eficaz para la santidad, especialmente cuando es completado por los dem\u00e1s, todos ellos tienen una \u00abparticular\u00bb corona a su alrededor. En una \u00e9poca en la que subrayamos la funci\u00f3n de la comunidad en la b\u00fasqueda de la santidad (estamos bautizados en la Igle\u00adsia; celebramos la liturgia como comunidad), los cuatro modelos hablan claramente del individuo. Por su\u00adpuesto, se podr\u00eda completar los modelos a\u00f1adiendo otras reflexiones sobre lo importante que resulta el apoyo de los dem\u00e1s para el m\u00e1rtir, el asceta, el contemplativo y el servidor. Pero los modelos no contienen claramente en s\u00ed mismos esta connotaci\u00f3n. En este sentido, dejan algo que desear.<\/p>\n<p>Sugiero otro modelo que, a decir verdad, no encontrar\u00e9is en la lista deducida de la tradici\u00f3n cristiana, pero que me gustar\u00eda ver a\u00f1adido en el futuro. A efectos de discusi\u00f3n, permitidme llamarlo \u00abla pareja\u00bb. Elijo el nombre \u00abla pareja\u00bb, porque creemos que las personas casadas asumen la alianza de desarrollar su santi\u00addad juntos. Est\u00e1n hechos para amarse el uno al otro como Cristo am\u00f3 a su Iglesia, con un amor que es sacri\u00adficial, lleno de perd\u00f3n, orientado al servicio y fiel hasta la muerte.<\/p>\n<p>Actualmente, despu\u00e9s de siglos, hay muchos esposos y esposas que son santos. Proceden de todos los estratos sociales. Encabezando la lista se sit\u00faa Mar\u00eda y Jos\u00e9, que proced\u00eda del ambiente de un taller de car\u00adpintero. Priscila y Aquila, ambos considerados como santos, se ganaron la vida como tejedores de tiendas. Justiniano (482-565) y Teodora, santos en la tradici\u00f3n ortodoxa, fueron emperadores. San Estaban y la Bea\u00adta Gisela (siglo XI) fueron los primeros reyes de Hungr\u00eda. Isidro de Madrid y Mar\u00eda de la Cabeza (siglo XII) fueron campesinos.<\/p>\n<p>Ciertamente, me doy cuenta de que, ir\u00f3nicamente, algunos esposos han llegado a ser santos a pesar de su esposo o de su esposa, o precisamente gracias a las dificultades creadas por su pareja, pero esto no es, en modo alguno, el ideal cristiano. El ideal es que ambos recorran el camino cristiano juntos.<\/p>\n<p>El modelo de la \u00abpareja\u00bb tiene dos ventajas llamativas. Primera, tiene una amplia aplicabilidad. La ma\u00adyor\u00eda de las personas est\u00e1n casadas. La vida de compromiso matrimonial es el camino ordinario por el que la mayor\u00eda de los cristianos crecen en santidad o fracasan en ello. Ser\u00eda maravilloso presentar ante la co\u00admunidad cristiana actual unos cuantos ejemplos llamativos de santos modernos casados, donde los dos fueran canonizados. Estos santos, seguramente, se habr\u00e1n beneficiado de los otros modelos (porque, como he mencionado antes, todos los modelos son complementarios), aprendiendo la autoentrega del m\u00e1rtir, la autonegaci\u00f3n del asceta, la oraci\u00f3n del contemplativo y la acci\u00f3n del servidor. Pero la peregrinaci\u00f3n y el aprendizaje de la pareja ser\u00eda un proyecto com\u00fan.<\/p>\n<p>Esto me recuerda una segunda ventaja de este modelo. Es un modelo comunitario, social. La pareja promete reflejar la uni\u00f3n de Cristo y de su Iglesia, desarrollar su santidad juntos. Esta dimensi\u00f3n comunita\u00adria del modelo se corresponde con la realidad del seguimiento de Cristo, que siempre se realiza en compa\u00f1\u00ad\u00eda de los otros.<\/p>\n<p>El lado d\u00e9bil, se podr\u00eda objetar, es que el \u00abmodelo de la pareja\u00bb subestima la responsabilidad individual que la persona humana nunca puede eludir en \u00faltima instancia y que es precisamente el lugar de la recep\u00adci\u00f3n del don divino de la santidad. Ciertamente \u00e9sta es una advertencia v\u00e1lida. No obstante, creo que \u00e9ste es precisamente el lado opuesto de la moneda que hoy d\u00eda se necesita subrayar: es decir, que el matrimo\u00adnio es un pacto de santidad que los esposos y las esposas asumen juntos.<\/p>\n<p>\u00bfNos traer\u00e1 el tercer milenio la canonizaci\u00f3n de parejas santas? As\u00ed lo espero.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el fondo del coraz\u00f3n de cada cristiano anida el deseo de ser santo. Por decirlo as\u00ed, esto es algo que forma parte de nuestro \u00abperfil de identidad\u00bb. 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