{"id":23186,"date":"2013-08-12T16:13:07","date_gmt":"2013-08-12T14:13:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=23186"},"modified":"2016-07-27T12:10:34","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:34","slug":"felix-de-andreis-1778-1820-iv","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/felix-de-andreis-1778-1820-iv\/","title":{"rendered":"F\u00e9lix de Andreis (1778-1820) (IV)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/deandreis2.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-23193\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/deandreis2-196x300.jpg?resize=196%2C300\" width=\"196\" height=\"300\" \/><\/a>CAP\u00cdTULO X<\/p>\n<p><strong>Vida interior del Sr. de Andreis<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber trazado la vida-exterior, tan variada y admirable, del Sr. De Andreis, es preciso averiguar cu\u00e1l fue el principio y fundamento de su hero\u00edsmo y de su gran san\u00adtidad; es decir, vamos a estudiar su vida interior.<\/p>\n<p>Por vida interior entendemos nosotros una constante aplicaci\u00f3n por la que un siervo de Dios se ocupa en quitar de su alma las imperfecciones, con el fin de ser cada d\u00eda m\u00e1s agradable a Dios. El Sr. De Andreis hab\u00edase trazado desde su llegada a Roma un plan de esta vida interior, el cual ob\u00adserv\u00f3 con fidelidad hasta su muerte. He aqu\u00ed las principales reglas en que se fundaba:<\/p>\n<p>1. Por la ma\u00f1ana, luego que me levante, excitar\u00e9 en m\u00ed afectos de alegr\u00eda santa al ver que Dios me concede un d\u00eda m\u00e1s para hacer penitencia por mis pecados y merecer el cielo.<\/p>\n<p>2. Al celebrar la santa Misa, al estudiar, al tomar el desayuno, procurar\u00e9 hacerlo con esp\u00edritu de sacrificio, de abnegaci\u00f3n completa y de entera sumisi\u00f3n a la voluntad de Dios, como si estuviera en el mismo acto de un verdadero holocausto.<\/p>\n<p>Los d\u00edas en que padezca m\u00e1s humillaciones, des\u00adprecios y penas, me regocijar\u00e9 con santa alegr\u00eda, esforz\u00e1n\u00addome en excitar este afecto por motivos de amor pur\u00edsimo.<\/p>\n<p>Pero cuando las cosas salieren a medida de mis de\u00adseos, me mantendr\u00e9 en sentimientos de humildad, guiado siempre por los mismos motivos de un amor puro hacia Dios. A este ejercicio interior a\u00f1adir\u00e9 las siguientes reglas para mi conducta exterior:<\/p>\n<p>5. Me esforzar\u00e9 siempre en hacerme todo a todos; pro\u00adcurando, sin aguardar a que me lo manden o pidan, conso\u00adlar, asistir y servir a los dem\u00e1s; obrando y hablando siempre de manera que todo proceda del s\u00f3lido principio de la hu\u00admildad, caridad y dulzura, no dando jam\u00e1s o\u00eddos a la repug\u00adnancia, al amor propio o a la frialdad; esforz\u00e1ndome, aun cuando est\u00e9 solo, en dominar la turbaci\u00f3n interior o los des\u00f3rdenes que la manera de obrar de los dem\u00e1s pudiese pro\u00advocar en m\u00ed. Yo debo practicar todo esto con diligencia, como cosas que Dios exige de m\u00ed. Esta ser\u00e1 la resoluci\u00f3n de estos ejercicios espirituales, el objeto de mis meditaciones, de mis ex\u00e1menes lecturas y dem\u00e1s actos de piedad. A este fin leer\u00e9 la vida y obras de San Vicente y de San Francisco de Sales. Claro est\u00e1 que el ejercicio que me propongo exi\u00adgir\u00e1 de m\u00ed m\u00e1s s\u00f3lida virtud que la que hasta ahora tan im\u00adperfectamente he practicado, puesto que ella no ha consisti\u00addo en cierto modo m\u00e1s que en el silencio y la inacci\u00f3n, en la resistencia a los ataques de mis pasiones, en pr\u00e1cticas pu\u00adramente negativas, tales como evitar el manifestarme exte\u00adriormente, en no excusarme ni quejarme, y otros actos se\u00admejantes. Ahora me propongo algo m\u00e1s positivo; es preciso luchar continuamente, y jam\u00e1s podr\u00e9 lisonjearme de haber llegado al puro amor de Dios si no comienzo por aqu\u00ed; es\u00adperar conseguirlo por otros caminos ser\u00eda temeridad grande.<\/p>\n<p>Reconozco que con mucha frecuencia soy culpable de esta presunci\u00f3n, porque desprecio el aviso de nuestro divino Salvador: \u00abPermaneced en el \u00faltimo lugar y no sub\u00e1is m\u00e1s arriba hasta que se\u00e1is invitados a ello dici\u00e9ndoos: <em>Ascende <\/em><em>superius\u00bb. <\/em>Me averg\u00fcenzo y confundo al ver cu\u00e1ntas veces he obrado con presunci\u00f3n por aspirar a besar los divinos labios, esto es, al estado de puro amor, antes de haberme ejercitado en besar los pies, es decir, en la pr\u00e1ctica de las virtudes de humildad y afabilidad. Pido humildemente perd\u00f3n de mi presunci\u00f3n, y propongo desde ahora entregarme a la pr\u00e1c\u00adtica de estas virtudes, reconociendo que los desprecios que se me han hecho han sido muy merecidos. El que desea su\u00adbir mucho, merece ser humillado, y yo no debiera ignorar esta verdad despu\u00e9s de haber le\u00eddo tantas vidas y obras de Santos. Aprender\u00e9 a humillarme y a no creerme jam\u00e1s de\u00admasiado despreciado de los hombres, cuidando de apartar los sutiles argumentos del amor propio y recordando las pa\u00adlabras de San Francisco de Sales: \u00abExcusad las faltas y su\u00adfrid a vuestro pr\u00f3jimo con gran dulzura de coraz\u00f3n; no filosof\u00e9is acerca de las contradicciones que os puedan so\u00adbrevenir; no os deteng\u00e1is en pensar en ellas; ved siempre a Dios en todo, y conformaos con sus adorables designios\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abHe de considerar con frecuencia,\u2014escrib\u00eda durante los ejercicios en 1808, \u2014 que el aprecio de los hombres no vale nada ; que si algo valiera, jam\u00e1s ser\u00eda digno de \u00e9l, y que caso que lo mereciese, deb\u00eda sacrificarlo por Dios, pues sin estas disposiciones, todo el bien que pudiera obrar se hallar\u00eda vi\u00adciado por el veneno del orgullo, y entonces \u00bfqu\u00e9 fruto sa\u00adcar\u00eda? Para vencer este orgullo\u2014dice el siervo de Dios en otro lugar\u2014debo persuadirme de que los que me vituperan to\u00addav\u00eda me honran mucho, pues no conocen bien la extensi\u00f3n de mis miserias.; acaso censuran lo que ven digno de repren\u00adsi\u00f3n en mi oficio ; mas si supieran que a pesar de tantas luces y gracias permanezco siempre en mis infidelidades, no po\u00addr\u00edan menos de considerarme como un hombre indigno de vivir en la casa de Dios y entre sus siervos; m\u00e1s a\u00fan , deb\u00edan de arrojarme de s\u00ed, pues el cuervo no debe vivir con las palomas, ni el despreciable asno entre los caballos ricamente enjaezados. \u00a1Oh, cu\u00e1n grande es mi miseria y cu\u00e1nto me cuesta refrenar el amor propio!\u00bb.<\/p>\n<p>En estas pruebas y combates era donde se desarrollaba la vida interior del Sr. De Andreis. Completamente oculto a los ojos de los hombres, nada sabr\u00edamos de ella si para su propio gobierno no hubiese puesto por escrito muchas de esas divinas operaciones que Dios verificaba en su alma para despegarla de toda afici\u00f3n al pecado y conducirla a trav\u00e9s de las mayores pruebas al puro amor de su Criador.<\/p>\n<p>CAP\u00cdTULO XI<\/p>\n<p>El lector ha podido ya formarse alguna idea de la santi\u00addad del siervo de Dios, ya por las cartas que hemos repro\u00adducido, ya por lo; testimonios de sacerdotes esclarecidos que vivieron con \u00e9l largo tiempo y le trataron con intimidad. Aqu\u00ed solamente indicaremos c\u00f3mo nuestro santo Misionero posey\u00f3 en alto grado las virtudes teologales y morales, cuyo conjunto constituye la santidad de aquellos a quienes la Iglesia de Dios eleva a los altares.<\/p>\n<p>Pose\u00eda la virtud de la fe en grado tan eminente, y hab\u00eda recibido de Dios tantas luces, que hubiera tenido a gran di\u00adcha dar su vida por alumbrar los entendimientos de los des\u00adgraciados sumidos en la duda o en la ignorancia de los divi\u00adnos misterios. No se consideraba digno del martirio, pero su coraz\u00f3n ard\u00eda en deseos de padecerlo muriendo en defen\u00adsa de la Religi\u00f3n en cualquier ignorado rinc\u00f3n del mundo. Recordemos el celo con que le vimos predicar en Roma las verdades de la fe en los d\u00edas aciagos en que el Soberano Pon\u00adt\u00edfice P\u00edo VII era arrojado de la Silla apost\u00f3lica, y cuando la Ciudad Santa ve\u00eda en su seno los estragos del error, de la herej\u00eda y de la incredulidad propagados por los imp\u00edos. En infamantes escritos, aquellos hombres negaban las verda\u00addes de la fe, insinuando la incredulidad en el coraz\u00f3n de los imprudentes y de los d\u00e9biles. El Sr. De Andreis esforz\u00f3se en contrarrestar sus esfuerzos por medio de irrebatibles diserta\u00adciones con las que previno a los fieles contra las doctrinas err\u00f3neas.<\/p>\n<p>Con el fin de extender el imperio de la fe, renunci\u00f3 por completo a su patria, a sus parientes, a sus estudios favori\u00adtos, a los ministerios que tanto amaba, a la misma Roma, tan estimada de su coraz\u00f3n, y parti\u00f3 para la Am\u00e9rica del Norte, por saber que millares de sus semejantes se encon\u00adtraban privados de las luces del Evangelio y sepultados por ende en las sombras de la muerte.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1n grande y activo se mostr\u00f3 el celo que le devora\u00adba cuando, despu\u00e9s de vencidas grandes dificultades ypeli\u00adgros, lleg\u00f3 a naciones salvajes y vio con sus propios ojos la vida que llevaban, tan semejante a la de las bestias de sus florestas! Bien podemos decir que su coraz\u00f3n qued\u00f3 como transido de dolor, al par que de compasi\u00f3n, como el de San Pablo a su entrada en Atenas.<\/p>\n<p>El ardor de su fe creci\u00f3 con los extraordinarios dones que Dios derramaba con profusi\u00f3n en su alma. \u00abLas luces que recibo\u2014dec\u00eda en sus Memorias\u2014son tantas, tan vivas y grandes; los sentimientos y emociones que experimento ha\u00adcen tal impresi\u00f3n en m\u00ed, que bien puedo asegurar que ape\u00adnas tengo necesidad de la fe para creer, pues par\u00e9ceme tocar con las manos estas verdades.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 son todos los conocimientos naturales de un hombre o de un \u00e1ngel en comparaci\u00f3n de las divinas inspi\u00adraciones de la fe? Ella es un sol, cuyo resplandor eclipsa to\u00addos los astros inferiores.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 sabidur\u00eda tan alta es el reposar enteramente sobre ella, despreciando por completo todas las opiniones y averi\u00adguaciones inciertas del esp\u00edritu humano! El hombre animal no comprende el invisible gobierno de Dios que dispone y ordena todas las cosas con aquella admirable sabidur\u00eda, cuyas disposiciones solamente perciben los ojos de la fe. \u00a1Oh, qu\u00e9 espect\u00e1culo es \u00e9ste para el que es capaz de admirar su gran\u00addeza. \u00a1Qu\u00e9 paz, qu\u00e9 gozo no esparce en medio de las vicisi\u00adtudes de la vida, de las diversas conmociones civiles y pol\u00edti\u00adcas que agitan los reinos, las ciudades y las familias! \u00a1Qu\u00e9 alegr\u00edacausa el saber que todo es dirigido por Dios y or\u00addenado a su mayor gloria y al bien de sus elegidos!\u00bb.<\/p>\n<p>Su esperanza de obtener la salud eterna por los mereci\u00admientos de Jesucristo era tan s\u00f3lida, que el Sr. De Andreis parec\u00eda tener una especie de certeza de su felicidad en el cielo. De ah\u00ed nac\u00eda el tedio que le causaba su estancia en la tierra, en la que (para servirnos de sus mismas palabras) no quer\u00eda ver m\u00e1s su sombra\u00bb; de ah\u00ed aquel completo desasimiento de todas las criaturas, su indiferencia para los honores y ala\u00adbanzas que recib\u00eda de los hombres; de ah\u00ed sus ardientes de\u00adseos de acelerar la consumaci\u00f3n del sacrificio de su vida, a fin de poder subir al cielo y contemplar la sabidur\u00eda, la ver\u00addad y gloria de Dios; de ah\u00ed, en una palabra, aquellas inte\u00adriores emociones en que quedaban absortos hasta los senti\u00addos de su cuerpo en la contemplaci\u00f3n de las inefables belle\u00adzas de su Criador y fin \u00faltimo.<\/p>\n<p>Esta esperanza le inspiraba absoluta confianza en Dios, poniendo en \u00c9l todas sus cosas. He aqu\u00ed c\u00f3mo declara estos sentimientos:<\/p>\n<p>\u00abDespu\u00e9s de todo, puedo sacar esta conclusi\u00f3n. Todas las luces e inspiraciones que he recibido; todas las pruebas por las que he pasado, conducen admirablemente a esto: a saber: que debo siempre y en todas las cosas ponerme con sincera y filial ternura en manos de mi Dios bondados\u00edsimo, de mi Padre, esposo querido, mi vida, mi todo, a fin de ser conducido seg\u00fan quiera y juzgue m\u00e1s conveniente, sin bus\u00adcar ni indagar el cu\u00e1ndo, el por qu\u00e9 o el c\u00f3mo. Pues no pu\u00addiendo por m\u00ed mucha ignorancia y malicia saber ni hacer cosa de provecho, m\u00e1s que echar a perder la obra de Dios,<\/p>\n<p>\u00bfqu\u00e9 me queda sino abandonarme por completo en sus ma\u00adnos? Yo no s\u00e9 lo que \u00c9l exige de m\u00ed, ni por qu\u00e9 cami\u00adnos quiere conducirme, ni qu\u00e9 obras desea que emprenda. Los caminos de Dios son todos santos y justos, admirables y amables; pero son tambi\u00e9n por lo general ocultos, secre\u00adtos, impenetrables, incomprensibles. \u00abLos secretos de Dios\u00bb\u2014dice San Agust\u00edn\u2014deben llamar nuestra atenci\u00f3n, m\u00e1s no \u00abdeben encontrar oposici\u00f3n por nuestra parte.\u00bb Gran necesi\u00addad tengo de adoptar y poner en pr\u00e1ctica la m\u00e1xima de San Vicente, nuestro santo Fundador, quien dec\u00eda: \u00abTengo gran \u00abafici\u00f3n a seguir paso a paso a la Providencia divina sin que\u00adrer prevenirla\u00bb. Por consiguiente, teniendo siempre pre\u00adsente la sant\u00edsima voluntad de Dios, debo estar indiferente a todo, al sufrimiento o al placer, al reposo o al trabajo, a hacer esto o lo otro, a estar aqu\u00ed o marchar all\u00e1, a tratar con esta con aquella persona, seg\u00fan las manifestaciones de la divi\u00adna voluntad respecto de m\u00ed. Esta ha de ser mi estrella polar, este el norte hacia donde, como la aguja imanada, debe siempre dirigirse mi coraz\u00f3n: ventajas espirituales, vida o muerte, hasta la eternidad misma, nada debo desear ni pre\u00adtender sino cuando y como Dios me lo quiera conceder.<\/p>\n<p><em>O altitudo divitiarum sapientiae et scientiae Dei. \u00a1Cu\u00e1n\u00adta <\/em>es mi ceguedad, pues me falta inteligencia hasta para lo que me ata\u00f1e m\u00e1s de cerca, y ni aun veo el camino por don\u00adde Dios me conduce, y todav\u00eda me quejo cuando Dios me rehusa sus luces! \u00a1Dios m\u00edo, qu\u00e9 locura! \u00a1Como si fuera po\u00adsible penetrar la incomprensibilidad de la justicia divina y los misterios de su conducta! \u00a1Como si no me hubiese de fiar enteramente en Vos, Dios m\u00edo! \u00a1Qu\u00e9 monstruosidad imaginar que el gobernalle estar\u00eda mejor en mis manos y pretender pedir cuentas a Dios por cada movimiento que hace a la izquierda a la derecha! Esto, que nadie osar\u00eda hacer respecto de un piloto cualquiera, se pretende con fre\u00adcuencia respecto del gran piloto de las almas, el Esp\u00edritu Santo. Verdad es que los secretos juicios de Dios inspiran a mi alma temor, y muy grande, porque conozco que Dios pudiera mostrar en m\u00ed un ejemplo del modo con que su divina justicia trata a los monstruos de orgullo y de ingrati\u00adtud, como soy yo; pero si este terror estuviese acompa\u00f1ado, como debiera, de la humildad y sumisi\u00f3n a la voluntad divina, har\u00eda que mi confianza fuese m\u00e1s tierna y dulce, y traer\u00eda la paz a mi coraz\u00f3n, aun en medio de las m\u00e1s densas tinieblas y de las ilusiones mas horrorosas.\u00bb La m\u00e1s sublime de las virtudes, la caridad, hab\u00eda echado ra\u00edces muy profundas en el alma del Sr. De Andr\u00e9is; buena prueba de ello son sus propias palabras hablando de esta vir\u00adtud: \u00abPor fin\u2014dec\u00eda\u2014apareci\u00f3 la luz que ha disipado de mi\u00bb alrededor las tinieblas y mostrado de una manera palpable la felicidad de mi estado, que r\u00e1pidamente avanza hacia su fin, y que consiste en purificarme por completo. He com\u00adprendido con toda claridad estas palabras: <em>Instruam te in <\/em><em>via hac qua gradieris, <\/em>y aquellas otras \u00ab<em>Quid mihi est in <\/em><em>coelo et a Te quid volui super terram? <\/em>He visto que desde que me he arrojado en las manos de Dios, gozo de una gran paz y de mayores luces. Al tratar cori el pr\u00f3jimo sobre asun\u00adtos indiferentes, sin dirigirlos inmediatamente a Dios, me siento, en cierto modo, como extra\u00f1o y todo perdido; sufro indecibles agon\u00edas de esp\u00edritu capaces de ser comprendidas s\u00f3lo por los que han pasado por ellas; viene a ser como <em>la <\/em>impresi\u00f3n que experimentara un hombre introducido en un abismo sin fondo&#8230; \u00a1Todo en Dios, por Dios, con Dios, seg\u00fan Dios, y nada m\u00e1s!<\/p>\n<p>Tendr\u00eda a gran dicha estar en cualquier rinc\u00f3n de la casa, olvidado como un muerto, resuelto a no gustar de otra compa\u00f1\u00eda que la de Jesucristo, delicioso esposo de mi alma, consagrando enteramente a su servicio mi lengua, mi esp\u00ed\u00adritu, mi coraz\u00f3n, mi cuerpo, mi vida, m\u00ed tiempo y todo cuanto me pertenece\u00bb.<\/p>\n<p>Durante los ejercicios espirituales que hizo el Sr. De An\u00addreis en 1810, examin\u00f3 con gran cuidado todos los afectos de su coraz\u00f3n, y concluy\u00f3 as\u00ed: \u00abMe parece que por la gracia de Dios me hallo en tal disposici\u00f3n, que si tuviese en mi coraz\u00f3n una sola fibra que no fuese enteramente de Dios, la arrancar\u00eda en seguida, aunque me costase la vida\u00bb; y despu\u00e9s a\u00f1ade \u00ab\u00a1Dios s\u00f3lo es grande, a \u00c9l s\u00f3lo todo honor y gloria! \u00a1Dios s\u00f3lo, y ninguna otra cosa!\u00bb o En estos d\u00edas\u2014escrib\u00eda el 3 de Noviembre\u2014he recibido del Todopo\u00adderoso una gracia especial; ha sido, el prop\u00f3sito hermoso, pero s\u00f3lido y firme, de despojarme para siempre de todos mis defectos, de todas mis imperfecciones, para revestirme de Jesucristo y encenderme en su divino amor, a fin de in\u00adflamar los corazones de los dem\u00e1s: <em>Flamnzescat igne chari\u00ad<\/em><em>tas, accendat ardor proximos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Tal era la llama que le consum\u00eda noche y d\u00eda; not\u00e1basela en sus palabras y en la virtud que ten\u00eda de conmover, hasta derramar l\u00e1grimas, a los pecadores m\u00e1s endurecidos; res\u00adplandec\u00eda en su rostro, que de ordinario p\u00e1lido, se coloreaba vivamente cuando en p\u00fablico o en particular hablaba de las verdades de la fe o de los misterios de nuestra santa Reli\u00adgi\u00f3n; se echaba de ver tambi\u00e9n este fuego sagrado en el ho\u00adrror que ten\u00eda a los m\u00e1s ligeros defectos, en el fervor de sus oraciones, en el celo de su propia santificaci\u00f3n, en su solici\u00adtud para formar sujetos dignos para la Congregaci\u00f3n, y, por \u00faltimo, en su sed insaciable de ganar almas para Dios. Todo esto proced\u00eda de la intensidad de su amor hacia \u00c9l; y con este mismo objeto escrib\u00eda el 1\u00ba de Mayo de 1814 algunas <em>aspiraciones secretas\u2014as\u00ed <\/em>las llamaba \u00e9l \u2014 que vamos a co\u00adpiar tal como se encuentran en un manuscrito suyo:<\/p>\n<p>1\u00ba. Resuelvo ahora y para siempre detestar y evitar todo pecado mortal o venial, y aun la m\u00e1s ligera imperfec\u00adci\u00f3n <strong>; <\/strong>todo cuanto sea en m\u00ed contrario a las m\u00e1ximas de Je\u00adsucristo, y tienda a fortalecer la influencia del amor propio o de cualquiera otra pasi\u00f3n, o inclinar mi coraz\u00f3n a buscar su reposo en las criaturas. En cuanto advierta en m\u00ed alguna de estas pasiones, elevar\u00e9 mi coraz\u00f3n a Dios con un acto de amor, con una mirada interior del alma, implorando hu\u00admildemente su ayuda, pues sin ella no soy capaz de hacer nada sino ofenderle, y exceder pecando la malicia de los ma\u00adyores criminales.<\/p>\n<p>2\u00ba. Resuelvo asimismo, luego que advierta las apa\u00adriencias de la tentaci\u00f3n, cualquiera que sea, unirme estre\u00adchamente con un movimiento interior del coraz\u00f3n a la santa y amable ley de Dios en toda su extensi\u00f3n, venciendo toda repugnancia de mi perversa concupiscencia y protestando contra ella de todo mi coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>3\u00ba. En todas mis empresas, y m\u00e1s particularmente en el cumplimiento de las funciones del santo ministerio, me propongo no tener otro fin que la gloria de Dios y la salud de las almas, no haciendo caso alguno de los respetos huma\u00adnos, y no deseando tener bajo este respecto m\u00e1s que burlas, desprecio y persecuci\u00f3n de todos los modos posibles.<\/p>\n<p>4\u00ba. Me propongo estar siempre unido a mi Dios, resig\u00adnado y conforme con su santa voluntad en todos los sucesos de la vida, consider\u00e1ndolos como dispuestos por su adorable providencia para mi mayor bien, puesto que tantas pruebas he recibido de su paternal solicitud hacia m\u00ed; <em>y <\/em>as\u00ed, apartan\u00addo la vista de todas las cosas humanas, mirar\u00e9 todo, lo mis\u00admo las alegr\u00edas que las penas, en Dios y por Dios.<\/p>\n<p>5\u00ba. Me importa poco que me humillen o hagan cualquier grave injuria; en tal caso me abrazar\u00e9 m\u00e1s estrechamente a <em>la <\/em>cruz y descansar\u00e9 en Dios diciendo: <em>Christo confixus sum cruci<\/em><em>&#8230; mihi absit gloriari nisi in cruce, <\/em>etc. \u00abEstoy clavado en la cruz con Jesucristo; lejos de m\u00ed gloriarme en otra cosa \u00abque en la cruz, etc.\u00bb.<\/p>\n<p>6\u00ba. Formo la resoluci\u00f3n de no pensar, desear ni de\u00adcir cosa que tienda directa o indirectamente a complacerme; antes bien, mientras no se oponga a ninguna ley, me esforzar\u00e9 siempre en obrar contra mi natural inclinaci\u00f3n confiando en que lo conseguir\u00e9 con la gracia de Dios.<\/p>\n<p>Para unirme m\u00e1s estrechamente con la cruz, torno la resoluci\u00f3n de <em>renunciar aun los mismos consuelos espiritua\u00ad<\/em><em>les hasta la muerte, <\/em>pero en los t\u00e9rminos siguientes: primero, yo no pretendo con esto hacer ning\u00fan voto, sino ligarme con una simple promesa; segundo, pretendo en ello no buscar, ni desear, ni pedir consuelo alguno espiritual, ni aun aspirar a \u00e9l, por creerme sinceramente indigno de tales favores; terce\u00adro, rogar\u00e9, por el contrario, a la divina Bondad que me d\u00e9 en ,su lugar aumento de luz para saber mejor lo que debo hacer, y fuerza para ejecutar su voluntad, mirando siempre a Dios; cuarto, si Dios, que es tan bueno, se dignase derramar sobre m\u00ed dulzuras espirituales, me humillar\u00e9 y confundir\u00e9, y le dar\u00e9 gracias, procurando encontrar una ocasi\u00f3n de padecer o de humillarme en proporci\u00f3n, si es posible, del placer que hu\u00adbiese gustado; quinto, no har\u00e9 gran caso de este favor sensi\u00adble, antes bien lo ocultar\u00e9 con cuidado, aficionando m\u00e1s y m\u00e1s mi coraz\u00f3n a los padecimientos y humillaciones.<\/p>\n<p>En los ejercicios espirituales de 1814, el siervo de Dios confirmaba las precedentes resoluciones: \u00abMe propongo re\u00adservar toda especie de alegr\u00eda y de reposo para el para\u00edso, y no buscar en esta vida m\u00e1s que los trabajos, padecimientos y desprecios\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando el Sr. De Andreis anhelaba mayores trabajos, sin duda alguna refer\u00edase a los que deseaba padecer por el ma\u00adyor bien espiritual de sus pr\u00f3jimos, porque la caridad hacia <em>el <\/em>pr\u00f3jimo procede de la misma fuente y el amor hacia Dios, o, por mejor decir, estas dos virtudes no son m\u00e1s que una, obrando en distintas direcciones, como un \u00e1rbol cuyas pri\u00admeras ramas se dirigiesen al cielo y las otras se inclinaran hacia la tierra. Nuestro fervoroso Misionero mostr\u00f3 con fre\u00adcuencia que las obras que emprendi\u00f3 por el bien del pr\u00f3ji\u00admo eran provocadas por el amor hacia Dios. V\u00e9ase una prueba de esto en las siguientes palabras:<\/p>\n<p>\u00abConsiderar\u00e9 en mi pr\u00f3jimo la imagen viva de la Sant\u00edsima<em> <\/em>Trinidad, mirando a todos los hombres como a hijos adoptivos de Dios y a sus almas como a esposas de Jesu\u00adcristo, y procurar\u00e9 por todos los medios puestos a mi al\u00adcance su salvaci\u00f3n y perfecci\u00f3n. Y si as\u00ed lo considero, \u00bfc\u00f3mo podr\u00e9 dejar de ayudarlos, edificarlos, instruirlos, servirlos y asistirlos en todo? Para obtenerlo convenientemente, adoptar\u00e9 los medios m\u00e1s eficaces, es decir, la humildad, el respeto y la afabilidad en palabras y obras, sin exigir ni pedirles <em>nada <\/em>para m\u00ed, a no ser que la voluntad de Dios exija otra cosa. Tendr\u00e9 buena opini\u00f3n de todos, los excusar\u00e9, me com\u00adpadecer\u00e9 de todos, mostrar\u00e9 tenerles estima y desearles bien, lamas me detendr\u00e9 en reflexionar sobre sospechas o dichos, cosas de poca importancia; antes bien, convencido de la mi\u00adseria y flaqueza de la humana naturaleza, me sobrepondr\u00e9 a ella diciendo: \u00abSoy el padre de todos\u00bb.<\/p>\n<p>El deseo de acomodarse a todos le hizo, como a San Vi\u00adcente, reformar en su exterior su car\u00e1cter, demasiado serio y reservado. \u00abEl Se\u00f1or\u2014dec\u00eda\u2014me ha dado a entender en es\u00adtos ejercicios que es menester moderar algo mi habitual re\u00adserva; el Superior me lo ha advertido en la comunicaci\u00f3n, y he cre\u00eddo que debo enmendarme. Aprende, alma m\u00eda, a hacerte todo a todos, a vivir en la pr\u00e1ctica continua de una humildad activa, dulce, sincera, cordial, mortificada y celo\u00adsa, haciendo sobre esto particular estudio en tus meditacio\u00adnes y ex\u00e1menes de conciencia, proponi\u00e9ndote seguir el ejem\u00adplo del Sr. De Petris; y aun cuando el tiempo de recreaci\u00f3n sea para ti como una especie de tormento, menester es que lo sufras, pensando que nuestra vocaci\u00f3n exige de nosotros la alegr\u00eda acompa\u00f1ada de un exterior afable y franco.<\/p>\n<p>\u00abSi no eres dulce y bueno para ti mismo, no lo ser\u00e1s tam\u00adpoco respecto a los otros; por m\u00e1s que te empe\u00f1es en mos\u00adtrar un aire alegre y placentero, bien pronto se echar\u00e1 de ver que no es m\u00e1s que artificial. A tu pesar, tendr\u00e1s el coraz\u00f3n turbado, y por mucho que hagas para disimularlo, tus mis\u00admos esfuerzos lo descubrir\u00e1n; si no adquieres h\u00e1bito, te ha llar\u00e1s muchas veces turbado interiormente, y se traslucir\u00e1 tu desasosiego en tu modo de portarte, en tu silencio, en la se\u00adquedad de tus palabras. Animo, pues, y valor, etc.\u00bb<\/p>\n<p>Tomado de Anales Espa\u00f1oles, Tomos I-II y III. A\u00f1os 1893, 1894 y 1895.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO X Vida interior del Sr. de Andreis Despu\u00e9s de haber trazado la vida-exterior, tan variada y admirable, del Sr. De Andreis, es preciso averiguar cu\u00e1l fue el principio y fundamento de su hero\u00edsmo y &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/felix-de-andreis-1778-1820-iv\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":391249,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[19,16,32],"tags":[],"class_list":["post-23186","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-biografias-de-misioneros-paules","category-congregacion-de-la-mision","category-felix-de-andreis"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>F\u00e9lix de Andreis (1778-1820) (IV) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/felix-de-andreis-1778-1820-iv\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"F\u00e9lix de Andreis (1778-1820) (IV) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"CAP\u00cdTULO X Vida interior del Sr. de Andreis Despu\u00e9s de haber trazado la vida-exterior, tan variada y admirable, del Sr. De Andreis, es preciso averiguar cu\u00e1l fue el principio y fundamento de su hero\u00edsmo y ... 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