{"id":22555,"date":"2013-08-11T09:00:12","date_gmt":"2013-08-11T07:00:12","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=22555"},"modified":"2016-07-26T09:44:39","modified_gmt":"2016-07-26T07:44:39","slug":"felix-de-andreis-1778-1820-iii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/felix-de-andreis-1778-1820-iii\/","title":{"rendered":"F\u00e9lix de Andreis (1778-1820) (III)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/deandreis2.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-23193\" title=\"deandreis\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/deandreis2-196x300.jpg?resize=196%2C300\" width=\"196\" height=\"300\" \/><\/a>CAPITULO VII<\/p>\n<p><strong>Llegada del Sr. De Andreis a San Luis. \u2014Sus trabajos apost\u00f3licos.\u2014 Santa <\/strong><strong>Genoveva.<\/strong><\/p>\n<p>En el mes de Septiembre, el Sr. De Andreis, practica\u00addos los ejercicios espirituales con los Sres. Acquaroni y Fe\u00adrrari en el Seminario de Santo Tom\u00e1s, recibi\u00f3 la para \u00e9l ale\u00adgre noticia de la pr\u00f3xima llegada del Ilmo. Sr. Dubourg, que hab\u00eda ya desembarcado con otros treinta sacerdotes en Baltimore, desde donde se pon\u00eda en camino con direcci\u00f3n a la Luisiana. La carta portadora de tales noticias hab\u00eda sido dirigida al Ilmo. Sr. Flaget, obispo de Bardstown, y en ella le suplicaba el Ilmo. Sr. Dubourg condujese a San Luis a los Sres. De Andreis y Rosati, sondear las disposiciones de los habitantes y organizar lo necesario para la misi\u00f3n que all\u00ed se hab\u00eda de establecer. El Ilno. Sr. Flaget se puso en seguida en camino con los dos sacerdotes y el hermano Blanka.<\/p>\n<p>Ten\u00edan que hacer una traves\u00eda de 100 leguas en caballe\u00adr\u00eda; los caminos estaban en tan deplorable estado que dos o tres veces se desviaron de \u00e9l, siendo sorprendidos por la noche en medio de horribles precipicios. Otra vez les cogi\u00f3 la lluvia sin tener medio de secar las ropas, y d\u00eda hubo tam\u00adbi\u00e9n que lo pasaron sin probar comida. En medio de tan\u00adtos trabajos y peligros el santo Obispo no se quejaba de sus privaciones, pues tantos a\u00f1os pasados en el ministerio apost\u00f3lico le hab\u00edan, por decirlo as\u00ed, familiarizado con tal g\u00e9nero de vida; pero compadec\u00eda mucho a sus compa\u00f1eros, y muy en particular al Sr. De Andreis, que padec\u00eda tanto que apenas pod\u00eda tenerse a caballo, si bien la energ\u00eda y tem\u00adple de su esp\u00edritu y su buen humor triunfaron de la flaqueza de su cuerpo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de nueve d\u00edas de camino llegaron a Kaskia, aldea de origen franc\u00e9s y poblada casi toda de cat\u00f3licos. Es uno de los establecimientos m\u00e1s antiguos del pa\u00eds, y en otro tiempo fue como el centro de las misiones emprendidas en las Indias por celosos Padres jesuitas: Al bajar de los cerros que adornan el r\u00edo por el lado opuesto y terminan el mag\u00adn\u00edfico paisaje, el Sr. De Andreis y sus compa\u00f1eros se conmo\u00advieron hasta derramar l\u00e1grimas de gozo por haber divisado la silueta de una cruz en el campanario de una iglesia; y em\u00adbargados sus \u00e1nimos con los sentimientos de la fe m\u00e1s viva saludaron la se\u00f1al de nuestra redenci\u00f3n, rara vez hallada en los pueblos y aldeas de los Estados Unidos. Su emoci\u00f3n cre\u00adci\u00f3 de punto cuando, entrando en el pueblo y encamin\u00e1ndo\u00adse a la casa del colono Pedro Menard, uno de los principales habitantes, percibieron el sonido de la campana que, al po\u00adnerse el sol, invitaba a los fieles a rezar el <em>Angelus <\/em>en me\u00admoria del divino misterio de la Encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Sr. Menard y su familia recibieron al se\u00f1or Obispo de Bardstown con el mayor gozo, le ofrecieron alojamiento, prodig\u00e1ndole toda clase de atenciones, las m\u00e1s cordiales. El Prelado era desde hac\u00eda tiempo muy conocido en aquella co\u00admarca, con ocasi\u00f3n de haber dado una misi\u00f3n y administra\u00addo el sacramento de la Confirmaci\u00f3n. Entonces se gan\u00f3 los corazones de todos los habitantes, y los principales de entre ellos rivalizaron en visitarle, ofreciendo las mayores prue\u00adbas de respeto a los misioneros que le acompa\u00f1aban. Al d\u00eda siguiente todos los sacerdotes tuvieron el consuelo de cele\u00adbrar la santa Misa en la iglesia de aquella parroquia, tanto tiempo privada de pastor. Un sacerdote, Dom Donato Olivier, muerto en Barrens en Febrero de 1841 a la edad de noventa y tres a\u00f1os, celebraba todos los domingos el santo Sacrificio, administraba los Sacramentos y predicaba, yendo desde la pradera de Rocher, que dista cinco leguas.<\/p>\n<p>Este venerable sacerdote, \u2014dice el Sr. Rosati , \u2014lleg\u00f3, seg\u00fan costumbre, el domingo y tuvo la amabilidad de acom\u00adpa\u00f1arnos a Santa Genoveva, otra aldea francesa situada en la orilla opuesta del r\u00edo, distante como unas dos leguas. El \u00a0p\u00e1rroco de Santa Genoveva, D. Enrique Pratte, sali\u00f3 a nues\u00adtro encuentro con muchos de sus feligreses; y como todos co\u00adnoc\u00edan al Ilmo. Sr. Flaget, que hab\u00eda dado misiones en esta comarca, recibi\u00e9ronle con las mayores demostraciones de alegr\u00eda. Algunos de nosotros nos hospedamos en casa del se\u00f1or cura, los dem\u00e1s en las de muy buenas familias ca\u00adt\u00f3licas.<\/p>\n<p>El siguiente domingo cant\u00f3 la Misa el Sr. De Andreis, predicando en ella el se\u00f1or Obispo. Habl\u00f3 del objeto de nues\u00adtra misi\u00f3n, dando ocasi\u00f3n a que por dos veces se congrega\u00adsen los habitantes haciendo vivas instancias para determi\u00adnarnos a quedarnos con ellos; pero un buen anciano tom\u00f3 la palabra y les dijo con franqueza que ellos no deb\u00edan espe\u00adrar este favor. La ciudad de San Luis,\u2014 dijo ,\u2014 debe te\u00adner la preferencia, y nosotros debernos ceder; lo que en efecto se verific\u00f3, llegando a San Luis el 17 de Octubre de 1817.<\/p>\n<p>Esta ciudad carec\u00eda por entonces de p\u00e1rroco, y s\u00f3lo la visitaba de tres en tres semanas un sacerdote que habitaba al otro lado del r\u00edo. El Sr. Obispo y los misioneros se dirigieron a la casa del cura, antiguo edificio de piedra muy ruinoso, dividido en dos departamentos, de los cuales el m\u00e1s pe\u00adque\u00f1o serv\u00eda de alcoba para dormir, y el otro de sala para las juntas parroquiales y municipales. En esta casa se co\u00adbij\u00f3 el Ilmo. Sr. Flaget; pero como no encontrase cama, muchos habitantes le ofrecieron una. El Sr. De Andreis y sus compa\u00f1eros se acostaron sobre pieles de b\u00fafalo, extendi\u00addas en el suelo, en el aposento o departamento contiguo. Ver\u00addad que muchas familias nos ofrecieron sus casas; pero los misioneros, de acuerdo con el Sr. Obispo, juzgaron que era preferible un alojamiento independiente, aunque pobre. La iglesia parroquial, situada cerca de la casa rectoral, no se ha\u00adllaba en mejor estado que \u00e9sta; era de muy poca capacidad, estaba desmoronada y ruinosa: no se ve\u00eda en ella m\u00e1s que miseria y desolaci\u00f3n. \u00a1Qui\u00e9n hab\u00eda de decir que a la vuelta de algunos a\u00f1os se ver\u00eda elevarse en el mismo contorno una magn\u00edfica catedral, bien construida y provista de todo lo per\u00adteneciente al culto sagrado \u00a1 Qui\u00e9n hubiera imaginado que esta villa, compuesta entonces de 4.00o habitantes, contar\u00eda en 1840 con 34.00o, y que en 1860 llegar\u00edan a 190.000, con 19 iglesias cat\u00f3licas, todas provistas de sus respectivos p\u00e1rro\u00adcos y de lo necesario para el culto!<\/p>\n<p>No bien lleg\u00f3 a San Luis el Ilmo. Sr. Flaget, se ocup\u00f3 en el asunto que su colega el Ilmo. Sr. Dubourg le hab\u00eda encomendado. Reuni\u00f3 a los jefes de las principales familias y les habl\u00f3 de la pr\u00f3xima llegada de su Obispo y de los mi\u00adsioneros que le acompa\u00f1aban para fijar su residencia entre ellos. Les hizo ver cu\u00e1n agradecidos deb\u00edan estar a la elec\u00adci\u00f3n que se hab\u00eda hecho de su ciudad para ser la capital de toda la comarca y el centro del movimiento religioso y lite\u00adrario, fuente para todas las familias de inmensas ventajas. A\u00f1adi\u00f3 que, puesto que la residencia del Obispo entre ellos deb\u00eda serles tan \u00fatil, justo era que todos cooperasen con su ayuda en lo que \u00e9l necesitara. Les expuso que ante todo era preciso disponerle una habitaci\u00f3n conveniente; y como no bastase una sola reuni\u00f3n para arreglar el asunto, tuvo varias, en las que pidi\u00f3 el parecer de cada uno. En la discusi\u00f3n, uno de los congregados tom\u00f3 la palabra diciendo: \u00abEstoy muy lejos de desaprobar la elecci\u00f3n que el Ilmo. Sr. Dubourg ha hecho de nuestra ciudad para su residencia ordinaria.<\/p>\n<p>\u00c9l es Obispo, y libre por ende para fijar su habitaci\u00f3n en el lugar de su di\u00f3cesis que m\u00e1s a prop\u00f3sito le parezca; mas por lo que toca a los habitantes de San Luis, no veo ninguna raz\u00f3n que les obligue a imponerse los gastos que se proponen. Las expensas de una di\u00f3cesis deben repartirse en to\u00addos los pueblos diocesanos, y no es justo que caigan sobre nosotros solos. Nosotros tenemos nuestra iglesia parroquial, y con cumplir con el cura estamos despachados.<\/p>\n<p>Si la iglesia se arruinase, deber nuestro ser\u00eda repararla, aun cuando no tengamos p\u00e1rroco; que se nos d\u00e9 uno, y entonces lo haremos de mejor gana; pero respecto del Obispo a nada estamos obligados, puesto que su residencia y el lu\u00adgar de su ministerio es toda la di\u00f3cesis\u00bb.<\/p>\n<p>Felizmente, las palabras del orador ninguna impresi\u00f3n produjeron en la asamblea, pues todos ve\u00edan que no hablaba guiado por verdadero amor a la utilidad e intereses comu\u00adnes. Era aquel un cat\u00f3lico, pero de solo nombre, que jam\u00e1s se acercaba a recibir los Sacramentos y que pon\u00eda muy poco los pies en la iglesia. Todos los oyentes manifestaron muy opuestos sentimientos, ofreci\u00e9ndose a contribuir, seg\u00fan la medida de sus fuerzas y posici\u00f3n, al establecimiento proyectado y a todo lo que fuera menester.<\/p>\n<p>En los d\u00edas que se tuvieron las susodichas entrevistas llegaron dos diputados de Santa Mar\u00eda de los Barrens, pa\u00adrroquia sita a unas veinticuatro leguas de San Luis y ocho de Santa Genoveva. Eran enviados por el p\u00e1rroco, P. Jos\u00e9 Dunand, el \u00faltimo trapense que qued\u00f3 en el Missouri, y en nombre de todos los habitantes, es decir, de treinta y cinco familias, rogaron al Ilmo. Sr. Flaget fuese su intercesor para con el se\u00f1or obispo Dubourg a fin de inclinarle a establecer su futuro Seminario en su localidad. Asegur\u00e1ronle que aqu\u00e9l era el deseo m\u00e1s ardiente de todos, y que al efecto hab\u00edan ya comprado seiscientas cuarenta \u00e1reas de tierra, y cuya pro\u00adpiedad ced\u00edan a su Obispo. El digno Prelado y los misione\u00adros recibieron tan grata y generosa embajada con mucho contento, dando a los ciudadanos de Barrens esperanza y casi seguridad de que sus deseos tendr\u00edan feliz \u00e9xito en cuanto llegase el Ilmo. Sr. Dubourg.<\/p>\n<p>Viendo el Ilmo. Sr. Flaget que era preciso decidir si la ciudad de San Luis si deb\u00eda o no preparar casa para su obispo y clero, y encontrando los \u00e1nimos bastante bien dispues\u00adtos, volvi\u00f3se a su di\u00f3cesis con el Sr. Rosati. Al pasa! por Santa Genoveva dej\u00f3 en ella al Sr. De Andreis, enviando al se\u00f1or Pratte a San Luis a fin de dirigir y activar m\u00e1s las obras, buscar trabajadores, orillar las dificultades que se ofrecieran y procurar que todo se hiciera del mejor modo po\u00adsible\u00bb.<\/p>\n<p>La parroquia, pues, de Santa Genoveva fue el primer teatro de los trabajos apost\u00f3licos del Sr. De Andreis en la di\u00f3cesis de Nueva Orleans, y por la cual hab\u00eda abandonado la ciudad de Roma. Esta parroquia tan extensa estaba habitada por unos dos mil criollos o franceses cat\u00f3licos, muy bien \u00a0instruidos y formados merced al infatigable celo de su exce\u00adlente cura. No era menos ardiente el del Sr. De Andreis al encargarse de la parroquia. Todos los d\u00edas se sentaba a o\u00edr confesiones, instru\u00eda a los ni\u00f1os, visitaba los enfermos; los d\u00edas de fiesta celebraba dos Misas y predicaba varias ve\u00adces, siempre con mucho fruto. Sus explicaciones del Evan\u00adgelio agradaban tanto a aquellos buenos feligreses, que le escuchaban con avidez, y lo que es mejor, pon\u00edan en pr\u00e1ctica cuanto les dec\u00eda, Todav\u00eda vive su memoria en el pa\u00eds, recor\u00addando su inalterable dulzura y santos ejemplos.<\/p>\n<p>En estas santas al par que util\u00edsimas ocupaciones pas\u00f3 el siervo de Dios alg\u00fan tiempo, hasta el fin de 1817, en el que vio realizadas sus constantes aspiraciones. El ilustr\u00edsi\u00admo Sr. Dubourg, acompa\u00f1ado del Ilmo. Sr. Flaget, lleg\u00f3 a Santa Genoveva; no fue con \u00e9l la segunda colonia de eclesi\u00e1sticos que hab\u00eda tra\u00eddo de Europa, los cuales se que\u00addaron en Kentucky para aprender el ingl\u00e9s e informarse de los usos, y costumbres del pa\u00eds. El Sr. De Andreis acompa\u00f1\u00f3 a los dos Obispos a San Luis, donde hicieron su entrada so\u00adlemne el d\u00eda de la Epifan\u00eda de 1818, siendo recibidos con las mayores demostraciones de gozo.<\/p>\n<p>Desde luego el siervo de Dios tom\u00f3 el cargo de Vicario general de la di\u00f3cesis, cuyas funciones ejerci\u00f3 siempre, y m\u00e1s particularmente cuando el se\u00f1or Obispo, con ocasi\u00f3n de sus misiones o visita pastoral, se ausentaba de San Luis. Sin embargo, lo que m\u00e1s le agradaba eran los ministerios y los ejercicios propios del p\u00e1rroco, a los que se consagr\u00f3 con ardor, del mismo modo que lo hizo en Santa Genoveva. La poblaci\u00f3n de San Luis, que durante muchos a\u00f1os careciera de pastor, apreci\u00f3 sus m\u00e9ritos luego que conoci\u00f3 al fervoro\u00adso misionero y experiment\u00f3 los ben\u00e9ficos efectos de su pa\u00adternal solicitud. En los primeros d\u00edas de su residencia en San Luis escribi\u00f3 el siervo de Dios al Vicario general de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n de Roma para darle noticias de s\u00ed y de su misi\u00f3n. Su carta, fechada en 24 de Febrero de 1818, dice:<\/p>\n<p>\u00abDoy muchas gracias a Dios por el consuelo que me ha proporcionado la carta de nuestro amado Visitador, el se\u00f1or Ceraccki; me la ha tra\u00eddo desde Kentucky el Sr. Rosati. No sabe Ud. bien cu\u00e1nto gozo en recibir tan buenas noticias de nuestra Congregaci\u00f3n en Italia, sobre todo al ver el inter\u00e9s que se toma por la Misi\u00f3n de Am\u00e9rica. De nuevo doy las m\u00e1s expresivas y humildes gracias al Se\u00f1or por el grato re\u00adcuerdo que de nosotros tienen Uds. Aun cuando no ha mu\u00adcho escrib\u00ed dos, cartas bastante largas, una al Sr. Giordana, d\u00e1ndole cuenta de nuestra llegada a \u00e9sta, y otra al Sr. Girio\u00addi, creo oportuno a\u00f1adir cuatro palabras a la del Sr. Rosati, primero porque muchas de nuestras cartas se pierden, y tambi\u00e9n porque a veces se me olvidan algunas cosas.<\/p>\n<p>Os escribo de esta extremidad de la tierra, desde las orillas del Mississip\u00ed, a unas cuantas semanas de camino del Oc\u00e9ano Pac\u00edfico, que nos separa de China. El pa\u00eds que se extiende hacia este oc\u00e9ano no est\u00e1 habitado m\u00e1s que por bestias fieras y por los indios, cuyo estado moral no se dife\u00adrencia gran cosa de la vida de los animales. En invierno es tan intenso el fr\u00edo, que yo no he visto cosa semejante. Cele\u00adbrando la Misa me ha sucedido con frecuencia encontrar he\u00adladas en el c\u00e1liz las especies sacramentales, fundi\u00e9ndolas con dificultad aun aplic\u00e1ndolas al fuego, teniendo a veces que romperlas con los dientes para poderlas consumir. Esto pro\u00adviene de los vientos del Norte, que bajando de las heladas monta\u00f1as de Groenlandia pasan por los glaciales lagos del Canad\u00e1 y nos penetran de un fr\u00edo mortal. Podemos decir con San Pablo: \u00abBendito sea el Se\u00f1or en el fr\u00edo\u00bb; si bien no podemos a\u00f1adir con el mismo, y \u00aben la desnudez\u00bb, pues en este punto, gracias a Dios, estamos bien provistos. Al considerar la admirable solicitud de la divina Providencia en favor de esta misi\u00f3n, par\u00e9ceme que quedo como fuera de m\u00ed mismo. Por una parte, mi coraz\u00f3n rebosa en acciones de gracias, y por otra es tanta mi confusi\u00f3n al ver mi indigni\u00addad que no puedo menos de exclamar: \u00ab\u00bfDe d\u00f3nde me vie\u00adne,\u00e1 m\u00ed tanta dicha ?&#8230; <em>Funes cediderunt mihi in praecla\u00adris &#8230; \u00bb <\/em>Es dif\u00edcil, mejor a\u00fan, es imposible expresar lo que siento. El celo m\u00e1s ardiente hallar\u00e1 aqu\u00ed vasto campo en que emplearlo; en cuanto a nosotros, abrigamos las m\u00e1s felices esperanzas de opimos frutos. La di\u00f3cesis es muy extensa, y ser\u00e1 preciso dividirla si se ha de cultivar bien &#8216;. Las ciuda\u00addes, villas y aldeas se levantan como por encanto en nues\u00adtros d\u00edas; de todas las provincias de los Estados Unidos y aun de Europa acuden multitud de emigrantes. Irlanda, Alemania, Suiza y Francia env\u00edan muchos colonos a las amenas y f\u00e9rtiles llanuras del Missouri, y dentro de algunos a\u00f1os esta provincia nada tendr\u00e1 que envidiar a Europa. La mayor parte de la poblaci\u00f3n es francesa de origen o <em>criolla, <\/em>como aqu\u00ed se dice, y, por consiguiente, cat\u00f3lica; pero tiene muy poca educaci\u00f3n religiosa por haberse hallado este pa\u00eds privado largo tiempo de sacerdotes y de medios de instruc\u00adci\u00f3n. Uno de los personajes m\u00e1s respetables de la poblaci\u00f3n me dec\u00eda: \u00abSi el Ilmo. Sr. Dubourg no hubiera venido a tiempo a socorrernos, se hubiera seguramente extinguido en nuestro pa\u00eds la \u00faltima chispa de fe\u00bb. Pero desgraciada\u00admente la parte francesa de la poblaci\u00f3n temo sea pronto en\u00advuelta por un nuevo elemento, los americanos e ingleses, entre quienes hay muy pocos cat\u00f3licos, por otra parte muy fervientes. La mayor parte son protestantes de diversas sec\u00adtas. Hay tambi\u00e9n aqu\u00ed franceses e ingleses infieles que se dan el nombre de \u00abincr\u00e9dulos\u00bb (nullifidians), es decir, que hacen profesi\u00f3n de no profesar religi\u00f3n alguna.<\/p>\n<p>Entre las tribus ind\u00edgenas habr\u00e1 como unos cincuenta de diferentes naciones. Los indios reconocen un solo dios, a quien en su lengua llaman <em>Chissemeneton, <\/em>es decir, \u00abPa\u00addre de la vida\u00bb; se encomiendan a \u00e9l y le ofrecen la primera chupada de su pipa. Para agradarle se hacen en el cuerpo horribles cortadas; toda su religi\u00f3n se reduce a estas b\u00e1rba\u00adras pr\u00e1cticas, cuya descripci\u00f3n causa horror. Viven como verdaderas bestias salvajes, siempre en busca de su presa; la caza les proporciona alimento y vestido (aun cuando gene\u00adralmente van muy aliviados de ropa) y ocasi\u00f3n de comer\u00adciar algo con los blancos; a cambio de pieles y animales re\u00adciben p\u00f3lvora, licores, colores para pintarse el cuerpo, y ani\u00adllos de plata para adornar sus orejas y narices. Al ver su as\u00adpecto horrible, si\u00e9ntese uno inclinado a dudar de que tales hombres tengan inteligencia capaz de ser cultivada. He ha\u00adblado con bastantes por medio de int\u00e9rpretes; en general tienen mucho respeto a los sacerdotes, a quienes ellos llaman \u00abRopa negra\u00bb y tambi\u00e9n \u00abPadres de la oraci\u00f3n\u00bb. Algunos de ellos son cat\u00f3licos, y aun cuando los protestan\u00adtes hacen esfuerzos para seducirles, resisten con firmeza, ob\u00adjet\u00e1ndoles que los verdaderos Padres de la oraci\u00f3n no tienen mujeres ni chiquillos, como los ministros protestantes, sino que se consagran todo a Dios y a la salvaci\u00f3n de las almas.<\/p>\n<p>A pesar de las dificultades que se ofrecen, tengo para m\u00ed que, vencidos los primeros obst\u00e1culos, su conversi\u00f3n no ser\u00eda dif\u00edcil. La primera dificultad es la lengua, que var\u00eda seg\u00fan las tribus; pues aun cuando los dialectos son muy di\u00adferentes, los indios se entienden unos con otros. Con ayuda de un int\u00e9rprete he comenzado a coordinar sus principales expresiones seg\u00fan las reglas de la gram\u00e1tica; es un trabajo \u00edmprobo, porque mi int\u00e9rprete no sabe estas reglas ni puede traducir palabra por palabra, ni indicarme las expresiones propias para cada idea. No obstante, he comenzado un diccionario y traducido algunas cosas. Como estos pueblos son gentes de pocos alcances, su lenguaje es tambi\u00e9n muy pobre en expresiones; por eso es preciso expresarse con cir\u00adcunloquios, sobre todo en materia religiosa.<\/p>\n<p>El Ilmo. Sr. Dubourg, nuestro digno Prelado, lleg\u00f3 a su di\u00f3cesis el 29 de Diciembre, d\u00eda de la fiesta de Santo To\u00adm\u00e1s de Cantorbery. Por entonces ejerc\u00eda yo las funciones de p\u00e1rroco en Santa Genoveva, pueblo distante unas trein\u00adta leguas. Acompa\u00f1ado de unos cuarenta de los principales habitantes, sal\u00ed a caballo a su encuentro, y le condujimos en triunfo, bajo palio, a la iglesia, entrando en ella entre el ale\u00adgre repicar de las campanas y el entusiasmo universal de los cat\u00f3licos, y aun de muchos protestantes que componen la poblaci\u00f3n. Despu\u00e9s de tomar posesi\u00f3n y celebrado Misa de pontifical vinimos, con el mismo ceremonial, a la ciudad de San Luis la v\u00edspera de la Epifan\u00eda. Gracias a Dios, todo va bien; la sola presencia del Obispo (est\u00e1 tal como ustedes le vieron en Monte Citorio), su afabilidad, su bondad, la gracia y encanto de su trato, ha desvanecido la tormenta y disipado en gran parte las preocupaciones, cautivando to\u00addos los corazones.<\/p>\n<p>Est\u00e1 ya trazado el plan de una catedral de piedra, y no se tardar\u00e1 en poner manos a la obra; m\u00e1s tarde se pensar\u00e1 en otras construcciones. Es muy justo empezar por la igle\u00adsia, porque la que hay no es m\u00e1s que una caba\u00f1a de tron\u00adcos de \u00e1rboles, abierta a todos los vientos y amenazando ruina.<\/p>\n<p>La poblaci\u00f3n se compone de ingleses y franceses, y es por lo mismo necesario ejercer nuestro ministerio en sus dos lenguas. El Sr. Obispo tiene verdaderamente el don de la palabra y es maestro acabado en ambos idiomas; yo le sigo como puedo. Auguro grandes cosas para el porvenir, y espero se cumplir\u00e1n estas palabras: <em>Habr\u00e1 un solo redil y un solo pastor. <\/em>Al partir de Burdeos el se\u00f1or Obispo me confiri\u00f3 la patente de Vicario general, y en caso de necesi\u00addad, dio los mismos poderes al Sr. Rosati. Destinado a ejer\u00adcer tal cargo y a participar por lo mismo de los cuidados y solicitud pastoral, dif\u00edcil me va a ser, sobre todo al princi\u00adpio y con tan poco personal, poner la casa que vamos afundar en el mismo orden que las de nuestra Congregaci\u00f3n en Italia. Somos aqu\u00ed como un regimiento de caballer\u00eda ode infanter\u00eda ligera para acudir adonde la salvaci\u00f3n de las almas reclame nuestra presencia; debemos hacernos todo a todos a fin de ganarlas para Jesucristo, para que le conozcan, amen y sirvan todos aquellos por quienes hemos venido. Procurar\u00e9, no obstante, en cuanto sea posible, establecer los oficios, usos y ejercicios como est\u00e1 prescrito en nuestro Instituto. Dentro de poco podremos salir a misi\u00f3n en tandas, seg\u00fan lo prescriben nuestras reglas. Al efecto, el tiempo que nos queda despu\u00e9s de nuestras ocupaciones ordinarias lo empleamos en traducir al franc\u00e9s y al ingl\u00e9s nuestros sermo\u00adnes, que no es peque\u00f1o trabajo. La mayor dificultad no est\u00e1 en escribir, sino en hablar y pronunciar bien esta \u00faltima lengua. Estoy convencido de que soy ya viejo para empren\u00adder este trabajo; el Sr. Rosati lo hace mejor que yo. El se\u00ad\u00f1or Acquaroni har\u00e1 mucho fruto con su franc\u00e9s; su salud es delicada, pero el Sr. Rosati trabaja por \u00e9l y por los otros. En cuanto a m\u00ed, me encuentro mejor que en Roma.<\/p>\n<p>Ser\u00edan necesarias colonias de misioneros y abundantes recursos pecuniarios para multiplicar nuestra esfera de ac\u00adci\u00f3n en medio de estas inmensas florestas; pero no por eso pierdo la paz, limitando mis deseos a lo que Dios quiere que haga. S\u00e9 que aun cuando no se tratase m\u00e1s Tic de la salvaci\u00f3n de una sola alma o de impedir un solo pecado, es\u00adtar\u00edan suficientemente recompensados los trabajos, el oro, los sufrimientos de un millar de misioneros. Dios s\u00f3lo es grande, y bienaventurado el hombre que no vive m\u00e1s que para \u00c9l. Si con tan excelentes ocasiones de practicar las vir\u00adtudes apost\u00f3licas no me hago santo, puede decirse con toda verdad que soy un pecador inveterado e incorregible. Cada d\u00eda me convenzo m\u00e1s que no soy ni he sido apto para nada bueno si Dios no obra un milagro para alumbrar, fortificar y santificar mi ciega, miserable y perversa naturaleza. Esta es mi oraci\u00f3n cotidiana; concededme el favor de hacerla eficaz por vuestra intercesi\u00f3n y por las oraciones de las almas pia\u00addosas. \u00a1Oraciones! \u00a1oraciones es lo que m\u00e1s necesitamos!\u00bb<\/p>\n<p>Por esta carta se puede ver cu\u00e1n vasto, a la vez que poco o nada cultivado era el campo que se ofrec\u00eda al Sr. De Andreis a su llegada a San Luis. Ten\u00eda que trabajar en la conversi\u00f3n de b\u00e1rbaros indios, de incr\u00e9dulos de profesi\u00f3n, de verdade\u00adros herejes; no hall\u00f3 m\u00e1s que algunos cat\u00f3licos, <em>y <\/em>estos po\u00adcos llevaban una vida tan corrompida que no se diferenciaba gran cosa de la de los infieles. Hab\u00eda ido a <em>la <\/em>Luisiana por todos, y hubiera deseado con su ardoroso celo iluminar y convertirlos a todos; estaba dispuesto para conseguirlo a so\u00adportar toda clase de fatigas, deseoso hasta de sacrificar su vida si fuera preciso. Hasta los m\u00e1s indiferentes quedaron admi\u00adrados de su santidad; acud\u00edan en tropel a escuchar sus ser\u00admones e instrucciones, y jam\u00e1s abandon\u00f3 el auditorio la iglesia sin salir conmovido. En sus conversaciones, el pia\u00addoso misionero se cautivaba las simpat\u00edas por la bondad y afabilidad con que a todos recib\u00eda, de suerte que se sent\u00edan inclinados a amarle como a un padre, al par que a reveren\u00adciarle como a \u00e1ngel venido del cielo. Por eso no es de extra\u00ad\u00f1ar que los cat\u00f3licos se convirtieran por millares, que los he\u00adrejes abjuraran sus errores y los infieles acudieran a \u00e9l pi\u00addiendo el bautismo. Mejor que nosotros lo manifestar\u00e1n las palabras del Sr. De Andreis, en su carta del 7 de Diciembre de 1818, dirigida el Sr. Baccari:<\/p>\n<p>\u00abLos asuntos religiosos van tomando incremento y prometenmucho para lo por venir, aun cuando no es poco elbien que actualmente se consigue, a pesar de que, con mucha confusi\u00f3n m\u00eda, reconozco que para nada valgo; antes bien soy una planta in\u00fatil, s\u00f3lo a prop\u00f3sito para ser arrojada al fuego.<\/p>\n<p>\u00abUno de los indios, int\u00e9rprete, cay\u00f3 enfermo; fui a visi\u00adtarlo y luego se confes\u00f3 bien d\u00e1ndose enteramente a Dios. Frecuenta los Sacramentos y me ayuda a traducir a la lengua de estos pueblos salvajes un catecismo que nos ser\u00e1 muy \u00fatil en nuestros futuros trabajos apost\u00f3licos. La mies es grande, pero el n\u00famero de operarios es infinita\u00admente peque\u00f1o en proporci\u00f3n de la inmensa extensi\u00f3n de esta di\u00f3cesis. Por ahora, casi todo el tiempo lo empleamos en formar e instruir a los otros sacerdotes que acaban de llegar de Europa, en n\u00famero de cuarenta. Procuramos re\u00adanimar la fe de estos cat\u00f3licos, que la mayor parte no lo son m\u00e1s que de nombre. Hay muchos de muy avanzada edad que padecen la mayor ignorancia acerca de Dios y de la re\u00adligi\u00f3n; no han hecho m\u00e1s que la primera comuni\u00f3n, y vienen amancebados sin forma alguna de catolicismo.<\/p>\n<p>Otros muchos hay, sobre todo entre los anglo-america\u00adnos, que se llaman incr\u00e9dulos y no profesan religi\u00f3n alguna; otros est\u00e1n en continua vacilaci\u00f3n y duda, sin abrazar nin\u00adguna de las creencias. Gracias a Dios son muchos los queganamos para \u00c9l en la hora de la muerte.<\/p>\n<p>Aun cuando aqu\u00ed estamos como muertos al inundo y como sepultados en lugar de horror y espantosa soledad, re\u00adcibimos gran placer al tener noticias de nuestros amados hermanos de Italia. La parte que nos ha cabido en suerte esmagn\u00edfica; porque para m\u00ed el empleo m\u00e1s hermoso es el estar destinado al cuidado y asistencia de la porci\u00f3n m\u00e1s abando\u00adnada del reba\u00f1o de Jesucristo, en un pa\u00eds inculto que re\u00fane todos los inconvenientes del fr\u00edo m\u00e1s intenso a la vez que del calor m\u00e1s excesivo; en un pa\u00eds, en fin, en que no se encuen\u00adtra ninguno de esos atemperantes tan comunes en los pa\u00ed\u00adses de Europa. Gracias que nosotros miramos todas estas privaciones con los ojos de la fe, y de este modo cada uno de\u00a0 estos sacrificios nos parece precioso y nos da ocasi\u00f3n de agradec\u00e9rselo a Dios. Cuando no hici\u00e9ramos otra cosa que bautizar una sola persona en la hora de la muerte o apartar una sola alma de las tinieblas de la ignorancia y del vicio, estar\u00edan bien compensados todos nuestros sacrificios y priva\u00adciones. Por la misericordia de Dios, semejantes casos, que no son raros, nos llenan del m\u00e1s dulce consuelo\u00bb.<\/p>\n<p>En otra parte, el Sr. De Andreis a\u00f1ade: \u00abLos felices re\u00adsultados de nuestros trabajos los atribuyo en gran parte a las oraciones de nuestros amados hermanos de Europa. Las con\u00adversiones son numerosas, sobre todo entre protestantes e in\u00adcr\u00e9dulos, de los cuales muchos suelen ser despu\u00e9s fervorosos cat\u00f3licos. En un mes he bautizado y asistido aqu\u00ed a m\u00e1s mo\u00adribundos que en toda mi vida pasada. No hace mucho me llamaron a media noche para visitar un enfermo que no ten\u00eda ni pizca de religi\u00f3n; le instru\u00ed, le prepar\u00e9 lo mejor que pude, despu\u00e9s le bautic\u00e9 y luego muri\u00f3\u00a0 con muy buenos sentimien\u00adtos. Estos casos son muy frecuentes; hoy mismo he bauti\u00adzado a muchos adultos. He sido padrino de un jud\u00edo que ha recibido el Bautismo de manos del Obispo, y es hoy fervoro\u00adso cat\u00f3lico. En la ceremonia del Bautismo fue de notar una cosa rara. En el mismo momento en que se le administr\u00f3 el Sacramento, un enjambre de abejas cubri\u00f3 el techo de la iglesia de manera tan notable, que los chicuelos corrieron gritando a matarlas; pero no bien termin\u00f3 la ceremonia, las abejas desaparecieron y no se vieron m\u00e1s. En la historia eclesi\u00e1stica se cuentan casos semejantes de feliz ag\u00fcero, y creo que en el presente se va realizando, pues nuestro ne\u00f3fi\u00adto despliega un celo admirable. He recibido algunas cartas de \u00e9l, y en ellas se ve lo mucho que la gracia ha obrado en su alma. Ahora est\u00e1 disponiendo una Memoria sobre su vida y su conversi\u00f3n, que dar\u00e1 a luz, y que, sin duda, producir\u00e1 mucho fruto. La ocasi\u00f3n inmediata que motiv\u00f3 su conver\u00adsi\u00f3n fue la conmovedora ceremonia de la primera comuni\u00f3n de los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Para que Ud. y los que se interesan por nosotros con\u00adciban idea adecuada acerca de la situaci\u00f3n de este pa\u00eds en lo que concierne a los tres principales fines de nuestra misi\u00f3n, voy a dar a Uds. algunos pormenores sobre cada una de las clases a quienes estamos consagrados, es decir, acerca de los cat\u00f3licos, de los protestantes y de los salvajes.<\/p>\n<p>Los cat\u00f3licos, que aqu\u00ed son <em>domestici fidei, <\/em>como los llama San Pablo, tienen mayor derecho que los dem\u00e1s al celo de los misioneros, tanto m\u00e1s cuanto que es muy grande su ignorancia por haber estado tanto tiempo privados de todo socorro espiritual. El cuadro que en ellos se ofrece al cuida\u00addo y celo del operario evang\u00e9lico se parec\u00eda mucho al que en otro tiempo vio el profeta Ezequiel: una gran explanada cubierta de huesos esparcidos y privados de vida.<\/p>\n<p>Espect\u00e1culo capaz de desanimar al celo m\u00e1s activo por no saber por d\u00f3nde empezar. Como consecuencia de la mezcla y cohabitaci\u00f3n con los sectarios e infieles de todas clases, las creencias de tales cat\u00f3licos en el nombre han su\u00adfrido no poco, aun en los puntos m\u00e1s fundamentales del cristianismo, y, por desgracia, no se muestran muy dispuestos a reformarlas. Un d\u00eda, entre otros, me encontr\u00e9 a un rico mercader, quien, seg\u00fan p\u00fablica voz y fama, era el prin\u00adcipal apoyo del catolicismo del contorno, y que respecto a nosotros se porta con toda la afabilidad y atenci\u00f3n posibles.<\/p>\n<p>Una tarde que le fui a visitar me invit\u00f3 a cenar juntos, y durante la comida se le ocurri\u00f3 decir que pod\u00eda uno sal\u00advarse en cualquiera de las sectas con tal que por otra parte fuese hombre honrado; y tan aferrado estaba a esta idea, que me cost\u00f3 mucho trabajo hacerle comprender que la salvaci\u00f3n era imposible fuera de la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Los j\u00f3venes de ambos sexos, entre quienes se hace mu\u00adch\u00edsimo bien, son nuestro verdadero consuelo. Los ni\u00f1os hacen su primera comuni\u00f3n con admirable fervor, conti\u00adnuando despu\u00e9s en frecuentar los Sacramentos y asistir al Catecismo.<\/p>\n<p>Las ni\u00f1as, en particular, se distinguen por su candor y sencillez; lirios de pureza, \u00e1ngeles en carne humana, su pie\u00addad influir\u00e1 poderosamente sobre la generaci\u00f3n que nace. Aqu\u00ed hay gente de todas las naciones, hasta italianos, quie\u00adnes son muy atentos con nosotros, aun cuando puede decir\u00adse est\u00e1n m\u00e1s apartados de la Religi\u00f3n que todos los dem\u00e1s. Los irlandeses son, por lo general, muy fervorosos, y no se dejan convencer ni mucho menos de los protestantes.<\/p>\n<p>El Gobierno tolera todas las creencias, y, por tanto, los enemigos de los cat\u00f3licos no les pueden hacer abiertamente la guerra, content\u00e1ndose con llamarlos con desprecio \u00abpapis\u00adtas\u00bb. Por lo dem\u00e1s, nuestros hermanos protestantes se ha\u00adllan bien dispuestos, y no es raro el que familias enteras abra\u00adcen el Catolicismo.<\/p>\n<p>\u00bb En cuanto a lossalvajes, la empresa no es tal f\u00e1cil. Es\u00adtas pobres criaturas parecen ser incapaces para formarse una idea de las cosas espirituales y divinas. Conocen perfecta\u00admente que hay un Dios, y hasta empiezan todas sus accio\u00adnes con un acto de adoraci\u00f3n, pr\u00e1ctica que hab\u00eda de sonro\u00adjar a muchos cristianos. Cuando vienen a comerciar con los blancos principian por fumar, lanzando hacia el cielo la primera humarada, diciendo: \u00abAnaregare kii ohakanda\u00bb. \u00abOjal\u00e1 llegase hasta la Divinidad!\u00bb Pero las nociones que tienen acerca de ella no pasan m\u00e1s all\u00e1 de la vida presente. Creen que Dios les ha dado una religi\u00f3n diferente de la nues\u00adtra, y si se les habla de la vida futura no entienden cosa. No obstante, con paciencia y constancia creo yo que se podr\u00e1 hacer algo entre ellos\u00bb.<\/p>\n<p>A pesar de tener el Sr. De Andreis tantas ocupaciones ordenadas al aprovechamiento espiritual de su reba\u00f1o, no descuidaba por eso los cuidados que deb\u00eda por ser Superior a los misioneros que hab\u00eda dejado en Kentucky.<\/p>\n<p>Escrib\u00edales con frecuencia exhort\u00e1ndolos ala guarda fiel de las reglas de San Vicente, asegur\u00e1ndoles que su m\u00e1s ar\u00addiente deseo era verlos a todos reunidos en un establecimiento propio de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. El Sr. Acquaro\u00adni fue el primero que se junt\u00f3 con \u00e9l en San Luis; pero pocos d\u00edas despu\u00e9s de su llegada vi\u00f3se el Sr. De Andreis precisado a privarse de su ayuda en favor de tres parroquias: San Car\u00adlos, D\u00e1rdena y Portage de los Sioux , adonde le envi\u00f3. El se\u00f1or Rosati tuvo otro empleo.<\/p>\n<p>A los pocos d\u00edas de haber llegado el Ilmo. Sr. Dtibourg, fueron otra vez los diputados de Barrens a ofrecerle su esta\u00adblecimiento. El Preladolo acept\u00f3 en favor de la Congregaci\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal, de modo que los misioneros pudieronconstruir en aquel contorno su primera Casa y un Seminario. Como en el siguiente cap\u00edtulo hemos de hablar con extensi\u00f3n de este asunto, nos contentamos aqu\u00ed con indicar que el Sr. Rosati fue enviado a Barrens en calidad de Su\u00adperior del Seminario que se iba a formar; mas como no era posible se instalasen en seguida los seminaristas, el siervo de Dios orden\u00f3 fuesen a San Luis, en donde \u00e9l mismo se encarg\u00f3 de su direcci\u00f3n. Vi\u00f3se precisado, no obstante, a en\u00adviarlos a diferentes puntos de la di\u00f3cesis, donde era grande la necesidad, antes de terminar el tiempo de seminario. De Europa llegaron otros j\u00f3venes levitas; el Sr. Rosati quiso se ejercitasen con \u00e9l en las privaciones y pobreza, alent\u00e1ndolos a llevarlas con resignaci\u00f3n hasta tanto que estuviese termi\u00adnado el edificio conveniente para su residencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>Tomado de Anales Espa\u00f1oles, Tomos I-II y III. A\u00f1os 1893, 1894 y 1895.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAPITULO VII Llegada del Sr. De Andreis a San Luis. \u2014Sus trabajos apost\u00f3licos.\u2014 Santa Genoveva. En el mes de Septiembre, el Sr. De Andreis, practica\u00addos los ejercicios espirituales con los Sres. 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A Vincenzo De Andreis","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"20\/08\/2016","format":false,"excerpt":"Roma 15 de mayo de 1815 Querido hermano, Para que no puedas tener raz\u00f3n alguna de quejarte por mi silencio epistolar, me siento ahora inspirado para satisfacer este deber, ya que tengo algo de tiempo libre. Tambi\u00e9n\u00a0me han motivado a escribirte las noticias tuyas que recib\u00ed justo ayer. 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A Felix de Andreis, C.M.","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"28\/07\/2016","format":false,"excerpt":"(Entre 1801 y 1803) Est\u00e9 preparado para salir hacia la misi\u00f3n que tanto desea. Est\u00e1 destinado a China, y usted y sus compa\u00f1eros podr\u00e1n ver en esta circunstancia los dise\u00f1os de la providencia divina que, para lograr sus prop\u00f3sitos, hace uso de medios ciertamente imprevistos. 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