{"id":21411,"date":"2013-11-14T08:54:32","date_gmt":"2013-11-14T07:54:32","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/vicencianos\/?p=21411"},"modified":"2016-07-27T12:10:21","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:21","slug":"jose-antonio-borja-1790-1894-capitulo-ii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/jose-antonio-borja-1790-1894-capitulo-ii\/","title":{"rendered":"Jos\u00e9 Antonio Borja (1790-1894) (Cap\u00edtulo II)"},"content":{"rendered":"<p><strong>II<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/vicencianos\/files\/2010\/04\/Im_Texto-A%C3%B1o-Sacerdote1.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-21410 alignright\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/vicencianos\/files\/2010\/04\/Im_Texto-A%C3%B1o-Sacerdote1-214x300.jpg?resize=214%2C300\" width=\"214\" height=\"300\" \/><\/a>Todos cuantos conocieron al Sr. Borja se expresaban con estas o parecidas palabras: \u00abEl Sr. Borja es un hombre santo, es un hombre de Dios; se ir\u00e1 al cielo con zapatillas y todo\u00bb. Todos sacaban esta consecuencia de tratarle, aunque hiele por poco tiempo. No s\u00f3lo todos los Misioneros y todas las Hijas de la Caridad de Espa\u00f1a, sino tambi\u00e9n los extra\u00f1os, ya eclesi\u00e1sticos, ya seglares, y los Misioneros de otras naciones que acaso, pasando por Madrid, s\u00f3lo le hab\u00edan visto unos d\u00edas, y tal vez no m\u00e1s que unas horas, todos sol\u00edan preguntar : \u00abY el Sr. Borja, \u00bfc\u00f3mo est\u00e1? Y a\u00f1ad\u00edan: \u00abHaci\u00e9ndose, sin duda, cada d\u00eda m\u00e1s santo\u00bb. \u00a0El difunto se\u00f1or Etienne, despu\u00e9s que le vio con ocasi\u00f3n de su viaje a Madrid en 1856, no sab\u00eda con qu\u00e9 palabras encarecer la buena opini\u00f3n de santidad que de \u00e9l hab\u00eda formado. Muchos eclesi\u00e1sticos preguntaban si viv\u00eda a\u00fan aquel anciano que tanto les hab\u00eda edificado cuando hicieron ejercicios para ordenarse.<\/p>\n<p>El nombre del Sr. Borja se hab\u00eda hecho c\u00e9lebre, no cierta\u00admente por otra raz\u00f3n ni bajo ning\u00fan otro concepto que el deun santo hombre, porque nada ten\u00eda de particular en cualquier otro concepto. Esta opini\u00f3n tan general y tan constante en todos los que le conocieron y trataron no pod\u00eda dejar de fundarse en alguna realidad, porque una que una que una que otra persona bien puede equivocar f\u00e1cilmente las cosas y tomar por realidad lo que no es m\u00e1s que apariencia; pero que todos se equivocaran, y que nadie cayese en la cuenta y se desenga\u00f1ase, sino que todos perseverasen en el mismo error por m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os, aument\u00e1ndose con los a\u00f1os la opini\u00f3n de su santidad, eso no hubiera sido posible \u00e1 no es\u00adtar la opini\u00f3n fundada en hechos bien averiguados.<\/p>\n<p>La primera cosa que impresionaba en su favor era la sencillez, que parec\u00eda en \u00e9l natural, y que hab\u00eda perfecciona\u00addo con la fe viva con que miraba todas las cosas y con la consiguiente pr\u00e1ctica de la pureza de intenci\u00f3n. En la con\u00adversaci\u00f3n no entend\u00eda nada en lo que llaman <em>diplomacia, <\/em>es decir, que no sab\u00eda disfrazar el pensamiento y detestaba la disimulaci\u00f3n. Llamaba las cosas por sus nombres, y exhor\u00adtaba a todos a que hablasen de esa manera. \u00abHemos de de\u00adcir las cosas como las tenemos en el pensamiento; al pan le hemos de llamar pan, y al vino, vino\u00bb. Este era su parecer, <em>y <\/em>como consecuencia leg\u00edtima, los ejemplos y las comparacio\u00adnes que tra\u00eda para explicar las cosas eran tan naturales y lo pintaba todo con colores tan vivos, que encantaba. Lo que dec\u00eda, aunque fuese profundo, lo hac\u00eda tan claro que todos lo comprend\u00edan, y era f\u00e1cil retener en la memoria las verda\u00addes que manifestaba. Por eso son muy c\u00e9lebres entre las Hijas de la Caridad las conferencias que les dirig\u00eda. Tambi\u00e9n entre nosotros hablaba del mismo modo, y cuando el Supe\u00adrior le llamaba para repetir la oraci\u00f3n o para hablar en nues\u00adtras conferencias, todos nos dispon\u00edamos a oirle, no s\u00f3lo con gusto, sino con avidez, con respeto y veneraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es cosa notable que al propio tiempo que su extremada sencillez \u00e1 veces nos hac\u00eda sonre\u00edr, siempre nos edificaba y nos mov\u00eda a devoci\u00f3n; porque si bien sus expresiones no te\u00adn\u00edan nada de elegancia postiza, eran los pensamientos tan s\u00f3lidos, claros y adaptados a las circunstancias y a las perso\u00adnas, y lo dec\u00eda todo con tanto fervor y tan de coraz\u00f3n, que nos penetraba a todos hasta lo \u00edntimo de nuestras almas. El tono de voz y\u00a0 la<em> <\/em>energ\u00eda con que dec\u00eda <em>y a<\/em> veces recalcaba las cosas, todo en \u00e9l hablaba y contribu\u00eda a dar cierto aire de originalidad, aun a las cosas, en s\u00ed mismas ordinarias.<\/p>\n<p>No podemos resistir a la inclinaci\u00f3n de dar aqu\u00ed un ejemplo de esa especie de elocuencia propia suya. Hablaba un d\u00eda. A las Hijas de la Caridad, y les dec\u00eda que deb\u00edamos desconfiar de nosotros mismos y no aferrarnos a nuestro propio juicio, porque de otro modo nos expondr\u00edamos a errar e incurrir en grandes peligros, porque somos todos ciegos espi\u00adritualmente y necesitamos de ser guiados, y pon\u00eda la siguiente comparaci\u00f3n: \u00abSupongamos, por ejemplo, que yo que soy ciego me paseo solo por la huerta en donde est\u00e1 el pozo de la noria, y un Hermano me dice con mucha caridad: \u00abSe\u00f1or Borja, no vaya Ud. por ah\u00ed, que est\u00e1 el pozo de la noria y puede Ud. caer en \u00e9l\u00bb; mas yo, sober\u00adbio y presuntuoso, sin hacer caso del aviso que han tenido la caridad de darme, continuo pase\u00e1ndome por donde se me antoja. Y \u00bfqu\u00e9 sucede sino lo que hab\u00eda de suceder? Que me caigo en el pozo y no tengo otro remedio sino gritar con todas mis fuerzas: \u00a1Hermano Miguel! \u00a1Hermano Segundo! ; Hermano Marcos!, ac\u00fadanme y s\u00e1quenme de este peligro de ahogarme. Alguno que me ha o\u00eddo tiene la caridad de sacarme, y me dice despu\u00e9s, y con mucha raz\u00f3n: \u00abPero, se\u00f1or Borja, \u00bfpor qu\u00e9 no ha hecho Ud. caso de lo que le he dicho, que no anduviese solo por ah\u00ed? \u00bfNo comprende que usted est\u00e1 ciego y expuesto a caer en el pozo? Otra vez no venga Ud. por aqu\u00ed sin ser acompa\u00f1ado, no sea que le vuelva \u00e1 suceder lo mismo.\u00bb Hermanas m\u00edas, no obren por capricho; hagan lo que se les manda y evitar\u00e1n muchos peligros\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando predicaba a los externos no cambiaba de esti\u00adlo y aunque al principio causaba extra\u00f1eza y hasta provocaba a risa, despu\u00e9s rend\u00eda y subyugaba los corazones.\u00a0 Esto sucedi\u00f3 en algunas ocasiones. En 1832 se dieron por primera vez, los ejercicios a los ordenandos en la Casa entonces nueva de Madrid, y parece que el Sr. Borja presid\u00eda las lecturas y tambi\u00e9n les\u00a0 dirigi\u00f3 algunas pl\u00e1ticas. Como ten\u00eda un acento catal\u00e1n muy cerrado y una voz poco melodiosa los ordenandos, que suelen ser gente alegre, y entre los cua\u00adles hay por lo regular hombres de talento y mucha instrucci\u00f3n, comenzaron a re\u00edrse; pero luego se sintieron movidos por su misma sencillez a respetarle y a escucharle con ve\u00adneraci\u00f3n y edificaci\u00f3n, como ellos mismos lo declararon des\u00adpu\u00e9s a otro Misionero. Lo mismo suced\u00eda cuando predicaba los ejercicios a los socios de las Conferencias de San Vi\u00adcente de Pa\u00fal, quedando \u00e9stos muy complacidos y edifi\u00adcados.<\/p>\n<p>En nuestras recreaciones diarias contribu\u00eda tanto a la san\u00adta alegr\u00eda que en ellas suele reinar, que parec\u00eda el alma de la recreaci\u00f3n, de modo que en los \u00faltimos tiempos de su vida sol\u00edamos decir: \u00ab\u00bfC\u00f3mo haremos cuando nos llegue a faltar el Sr. Borja?\u00bb Sab\u00eda una multitud de an\u00e9cdotas, historias y cuentecillos que sol\u00eda contar con tanta sencillez y tanta gra\u00adcia, que se las o\u00edamos repetir con gusto aunque ya las supi\u00e9ramos de memoria. Hasta en el modo de contarlos, adem\u00e1s de su sencillez, patentizaba tambi\u00e9n la veracidad y rectitud de su esp\u00edritu, porque lo contaba todo siempre del mismo modo, sin a\u00f1adir ni quitar una palabra. Se puede decir que era inimitable, porque no siempre hubiera parecido bien en boca de otro lo que en la suya s\u00f3lo manifestaba la inocencia y el candor de su coraz\u00f3n, que no ten\u00eda m\u00e1s malicia que el de un ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la sencillez, la virtud que m\u00e1s resplandec\u00eda en el Sr. Borja era la humildad. Consiste esta virtud en tener de nosotros mismos un bajo concepto, en alegrarnos de ser teni\u00addos en poco y en atribuir a Dios toda la gloria. Seg\u00fan esto, el Sr. Borja pose\u00eda esta preciosa virtud en grado muy aven\u00adtajado, porque ten\u00eda de s\u00ed mismo un concepto tan bajo que apenas podr\u00eda ser m\u00e1s bajo. Hablando de s\u00ed dec\u00eda que se avergonzaba de s\u00ed mismo. Algunas veces dec\u00eda: \u00abCuando irle considero delante de Dios, la cara se me cae de verg\u00fcenza.\u00bb No dejaba escapar ocasi\u00f3n de humillarse, y as\u00ed, para dar a entender que sus padres eran pobres, dec\u00eda que cuando muchacho dorm\u00eda con un hermano suyo en la misma cama; que iba a recoger esti\u00e9rcol por las calles y por los caminos; que en Tarragona estaba en el Seminario en clase de pobre, y que ten\u00eda que arreglarse con algunos compa\u00f1eros para pro- tirarse y prepararse la comida. Contaba tambi\u00e9n que, sin\u00adti\u00e9ndose llamado a dejar el mundo y a entrar en religi\u00f3n, se dirigi\u00f3 a un convento de franciscanos para pedir el santo h\u00e1\u00adbito. \u00abEl Guardi\u00e1n, \u2014 dec\u00eda \u00e9l, \u2014 y otros dos religiosos que le acompa\u00f1aban hablaron en secreto un rato, y luego me di\u00adjeron que no me pod\u00edan admitir; y es que conocer\u00edan mi tor\u00adpeza y dir\u00edan para s\u00ed: \u00e9ste no sirve para nada sino para co\u00admer\u00bb.<\/p>\n<p>Al presentarse en Barcelona para pedir ser admitido en la Congregaci\u00f3n, no ocult\u00f3 nada de sus defectos, y particular\u00admente el que ten\u00eda en la vista, que era extremadamente corta, practicando en esto al mismo tiempo la sencillez y la hu\u00admildad.<\/p>\n<p>En los ejercicios que, como hemos dicho, se dieron a los Ordenandos en 1832, el Emmo. Sr. Cardenal Inguanzo, arzobispo de Toledo, prohibi\u00f3 que persona alguna de fuera de casa hablase con los ejercitantes. Sucedi\u00f3 que un d\u00eda se present\u00f3 el Excmo. Sr. Marqu\u00e9s de Santa Cruz deseando hablar \u00a0un ordenando; y como aconteci\u00f3 que el Superior no se \u00a0hallase en casa, ni otro sacerdote m\u00e1s antiguo de vocaci\u00f3n que el sr. Borja, a \u00e9ste se dirigi\u00f3 el portero. El Sr. Borja, que ignorar\u00eda la orden terminante del Sr. Arzobispo, dio permiso para que el se\u00f1or Marqu\u00e9s viera al ordenando, y en cuanto lleg\u00f3 el Superior le dio cuenta de lo ocurrido. Este le contest\u00f3 que hab\u00eda hecho mal en contravenir a \u00f3rdenes del Prelado. El Sr. Borja, queriendo reparar el error involuntario con un acto de humildad, pidi\u00f3 y obtuvo, \u00a0aunque con dificultad, que se le permitiera ir a casa del \u00a0se\u00f1or Marqu\u00e9s para manifestarle la repulsa que hab\u00eda recibido \u00a0y rogarle que no volviese a hablar con dicho ordenando. Fue, pues, acompa\u00f1ado de un sacerdote, por quien despu\u00e9s se supo que, llegando a presencia de aquel personaje, le habl\u00f3 en estos t\u00e9rminos: \u00abSe\u00f1or Marqu\u00e9s, aqu\u00ed tiene usted en su presencia un Misionero muy orgulloso indigno de pertenecer a la Congregaci\u00f3n. Yo no soy m\u00e1s que un hombre obscuro e in\u00fatil, y, sin embargo, cuando Ud. vino a visitar a un ordenando, yo, ech\u00e1ndolas de Superior, me propas\u00e9 permiti\u00e9ndole a Ud. la visita, contra lo dispuesto por el se\u00ad\u00f1or Arzobispo. Le suplico a Ud. que perdone mi atrevimien\u00adto\u00bb. El Marqu\u00e9s qued\u00f3 admirado, y al d\u00eda siguiente, yendo a visitar al Superior, le refiri\u00f3 lo ocurrido, a\u00f1adiendo que nunca hab\u00eda hablado con hombre m\u00e1s humilde.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n, por aquel mismo tiempo, entre otros or\u00addenandos compareci\u00f3 uno acompa\u00f1ado de cuatro o cinco seglares que, burlando la vigilancia del portero, se subieron con grande algazara \u00e1 los corredores y dieron con el Sr. Bor\u00adja, quien con buenos modos les manifest\u00f3 que deb\u00edan retirarse porque la entrada estaba prohibida a los que no fuesen orde\u00adnandos. Uno de los seglares, llevando a mal la advertencia, insolentemente le contest\u00f3: \u00abY qui\u00e9n es Ud. y qu\u00e9 cargo ejer\u00adce para prohibirnos la entrada?\u00bb A lo que el Sr. Borja, sin darse por ofendido, contest\u00f3: \u00abYo no soy nada, y me ocupo en barrer y limpiar los excusados\u00bb. Los seglares, confusos al o\u00edr tan humilde respuesta, se retiraron.<\/p>\n<p>En eso que dec\u00eda que se ocupaba en barrer y limpiar los excusados no hablaba ni hiperb\u00f3lica ni figuradamente, sino muy propiamente y en sentido literal, porque entre otros actos de humildad que sol\u00eda practicar, \u00e9se era frecuente. Como maestro de novicios, ten\u00eda que distribuir los oficios, y a veces, cuando nombraba a alg\u00fan seminarista para los m\u00e1s repugnantes, iba con \u00e9l al lugar del oficio, y en su presencia hac\u00eda \u00e9l mismo las cosas para ense\u00f1arle el modo de cumplir con aquel deber. Escog\u00eda siempre para s\u00ed lo m\u00e1s re\u00adpugnante a la naturaleza. Por ejemplo, algunas veces, des\u00adpu\u00e9s que se hab\u00edan limpiado los vasos inmundos, los hac\u00eda reunir todos, y si entre ellos hab\u00eda alguno viejo \u00e9se escog\u00eda para su uso. Por el mismo esp\u00edritu de humildad y de pobreza, cuando iba a tomar el desayuno, buscaba en el cesto de los mendrugos los peores y menos apetecibles.<\/p>\n<p>Practicaba tambi\u00e9n la humildad en no decir jam\u00e1s nada que le pudiese conciliar la estimaci\u00f3n de los dem\u00e1s, y si al\u00adguno le alababa era ingenioso para luego desviar la conver\u00adsaci\u00f3n. En cierta ocasi\u00f3n una persona muy considerada en Madrid, y de los principales miembros de las Conferencias de SanVicente de Pa\u00fal, le dijo algunas palabras que redundaban en su alabanza, y \u00e9l, con mucha destreza, comenz\u00f3 a hablar del gran bien que producen las Conferencias. \u00a1Cuantas veces procuramos nosotros hacerle hablar de cuando fue Superior en Guisona y en Reus, sin que jam\u00e1s le pudi\u00e9semos mancar una sola palabra! De modo que, si en \u00e9l hubiera consistido, ni siquiera se sabr\u00eda que hab\u00eda sido Superior.<\/p>\n<p>Cuando hablaba de s\u00ed era regularmente para humillarse y vilipendiarse a s\u00ed mismo, d\u00e1ndose los nombres m\u00e1s injuriososy afrentosos, como, por ejemplo, de escandaloso, desobediente, viejo chocho y loco, regal\u00f3n, indigno de vivir en Congregaci\u00f3n, que no ganaba el pan que com\u00eda, que me\u00adc\u00eda que le echasen a la calle, que le encerrasen en una c\u00e1r\u00adcel. Dec\u00eda que era ladr\u00f3n porque hab\u00eda robado \u00e1 su madre Cuando muchacho; y aunque es sabido que no fue m\u00e1s que unoscuartos, cosa que no pasaba de travesura propia de aquella edad, \u00e9l lo exageraba para que le despreciasen. A\u00f1a\u00addid queen una ocasi\u00f3n, tambi\u00e9n siendo muchacho, hab\u00eda tirado una piedra \u00e1 su hermano, de modo que si le hubiese dado en cierta parte de la cabeza habr\u00eda podido quedar en el sitio, y que en tal caso hubiera merecido que le ahorcaran. La desobediencia a su madre consist\u00eda en que a veces, cuando le mandaba hacer algo, \u00e9l contestaba: \u00abQue lo haga Teresa\u00bb \u00a0echando la carga sobre su hermana. Tambi\u00e9n de\u00ad que hab\u00eda obrado seg\u00fan la m\u00e1xima: \u00abpara comer yo, para trabajar los dem\u00e1s\u00bb. Un hombre que sent\u00eda tan bajamente de s\u00ed y que tanto se esforzaba en persuadir \u00e1 los dem\u00e1s que no merec\u00eda sino el desprecio de todo el mundo, no dejar\u00eda de aceptar las humi\u00adllaciones que le sobreviniesen. En cierta ocasi\u00f3n el Superior, que era tambi\u00e9n Visitador, dio a entender delante de los se\u00adminaristas que no aprobaba algo que \u00e9l hab\u00eda dispuesto, y esto parec\u00eda llenarle de alegr\u00eda, recibiendo aquella especie de repulsa con un aire tan risue\u00f1o y lleno de satisfacci\u00f3n como el m\u00e1s ambicioso hubiera recibido alabanzas y se\u00f1ales de aprecio y aprobaci\u00f3n. Un seminarista, estando haciendo la comunicaci\u00f3n con \u00e9l, le dijo que sent\u00eda contra \u00e9l cierta aver\u00adsi\u00f3n, a lo que el Sr. Borja no contest\u00f3 nada porque sin duda as\u00ed conven\u00eda al seminarista; pero se conoc\u00eda que no s\u00f3lo no se resinti\u00f3, sino que desde aquel d\u00eda le pareci\u00f3 al mismo se\u00adminarista que le trataba a\u00fan con m\u00e1s bondad y condescen\u00addencia que anteriormente. Estando ya casi ciego, tropez\u00f3 un d\u00eda con otro que era ciego del todo; y \u00e9ste, lleno de c\u00f3lera, le dijo muchos improperios, amenaz\u00e1ndole con palabras gro\u00adseras, \u00e1 lo que nuestro Sr. Borja no contest\u00f3 sino pidi\u00e9ndole perd\u00f3n por el mal que acaso, aunque tan involuntariamen\u00adte, le hubiese ocasionado. Por la misma raz\u00f3n ped\u00eda perd\u00f3n por cualquiera cosa en que se figurase haber ofendido o desedificado al pr\u00f3jimo, fuese \u00e9ste sacerdote, cl\u00e9rigo o hermano coadjutor.<\/p>\n<p>A tanta humildad no pod\u00eda menos de acompa\u00f1ar la man\u00adsedumbre, que tambi\u00e9n posey\u00f3 en grado muy subido; y es de advertir que esto era en \u00e9l tanto m\u00e1s admirable cuanto que no le ven\u00eda por naturaleza, sino que la hab\u00eda conquista\u00addo por fuerza haciendo heroica violencia a su natural, que era vivo, col\u00e9rico e impetuoso. Ese natural le dur\u00f3 toda su vida, permiti\u00e9ndolo as\u00ed Dios sin duda para ejercicio de su virtud y tal vez para conservarle en la santa humildad. Eso no lo habr\u00eda nadie sospechado si de cuando en cuando no hubiesen aparecido se\u00f1ales de que, aunque su natural estaba bien mortificado, no estaba a\u00fan del todo muerto. Los mo\u00advimientos de ira que en \u00e9l se levantaban eran de los que se \u00a0llaman <em>primo primi , <\/em>no llegando nunca a los segundos. Al instante los reprim\u00eda y se compon\u00eda de modo que a veces ni aun aquellos con quienes hablaba lo advert\u00edan. Pasando ya de ochenta a\u00f1os de edad, por estar enteramente ciego, se le pon\u00eda en el plato aquella porci\u00f3n de alimento que parec\u00eda conveniente; una vez, porque se le puso m\u00e1s de lo que \u00e9l quer\u00eda, se sinti\u00f3 asaltado de un movimiento de ira que s\u00f3lo se conoci\u00f3 porque la mano, que habitualmente le temblaba, en aquel momento le tembl\u00f3 de un modo m\u00e1s notable. Con\u00adcluida la comida y ya en la recreaci\u00f3n, uno de los sacerdo\u00adtes le dijo: \u00ab\u00bfQu\u00e9 ten\u00eda Ud. hace poco que le temblaba tan\u00adto la mano?\u00bb A lo que contest\u00f3, apoyando mucho y recal\u00ada ando las palabras: \u00abPorque soy hombre\u00bb. S\u00f3lo por ah\u00ed com\u00adprendimos que se hab\u00eda incomodado un instante. Fuera de osos momentos, era de una suavidad y amabilidad tal que todos sal\u00edan prendados de su conversaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Eso no quita que, cuando ten\u00eda que reprender a alguno siendo director del Seminario, lo hiciese con mucha entereza usando a veces de palabras bastante fuertes, seg\u00fan lo re\u00adquer\u00eda el caso, a lo que le mov\u00eda el ardiente celo que ten\u00eda de la gloria de Dios y de la santificaci\u00f3n de las almas, princi\u00adpalmente de aquellas que ten\u00eda a su cuidado y bajo su di\u00adlecci\u00f3n; pero todos estaban persuadidos de que jam\u00e1s obraba por genio ni por prevenci\u00f3n alguna contra nadie.<\/p>\n<p>Otra virtud que en \u00e9l brillaba con admirable resplandor era la mortificaci\u00f3n. Jam\u00e1s se quejaba de nadie ni de nada. La comida, el vestido, el aposento y todo lo dem\u00e1s, era siemprepara \u00e9l demasiado bueno. En la casa de la calle del Duque de Osuna ten\u00eda en el Seminario un aposento peque\u00f1o, con mala luz y dos puertas. La cama no la mov\u00eda nunca, y a hacerla s\u00f3lo igualaba la ropa por encina. De esto y de ser la casa vieja, result\u00f3 que se criaron en el lecho tanta multitud de insectos que caus\u00f3 admiraci\u00f3n c\u00f3mo hab\u00eda po\u00addido sufrir por largo tiempo la incomodidad que suelen oca\u00adsionar. En el verano, en la Casa de Madrid, se sol\u00eda servir gazpacho por la noche, lo que \u00e9l con gracia llamaba <em>sopa fr\u00eda, <\/em>y otras veces <em>sopa de clueca. <\/em>Parece que no le sentaba bien en el est\u00f3mago, y por eso hab\u00eda dispuesto el Supe\u00adrior que en aquellos d\u00edas se le sirviese la sopa ordinaria, lo que tambi\u00e9n se hac\u00eda con algunos otros por la misma raz\u00f3n. El Sr. Borja sent\u00eda que se le tuviese esa atenci\u00f3n, y no se pu\u00addo avenir \u00e1 ello sino cuando supo que no era \u00e9l solo con quien se hac\u00eda. Aun as\u00ed no dejaba pasar ocasi\u00f3n de humi\u00adllarse; por eso, cuando hablaba delante de la Comunidad, de\u00adc\u00eda que era inmortificado y regal\u00f3n porque no quer\u00eda comer <em>sopa fr\u00eda.<\/em><\/p>\n<p>A los seminaristas ense\u00f1aba lo que, sin duda , \u00e9l practi\u00adcaba, a saber: que uno puede hacer muchos actos de morti\u00adficaci\u00f3n en el d\u00eda si sabe irse a la mano, mortificando aqu\u00ed los ojos, all\u00e1 los o\u00eddos, sufriendo sin quejarse el fr\u00edo, el ca\u00adlor, el hambre, la sed, el cansancio, escogiendo entre dos cosas la que a uno menos le agrada, y as\u00ed de las dem\u00e1s co\u00adsas; y dec\u00eda que desde las cuatro de la ma\u00f1ana hasta la ora\u00adci\u00f3n, en solo aquella media hora pod\u00eda uno hacer cincuenta actos de mortificaci\u00f3n. Recomendaba mucho esa especie de mortificaciones que no quebrantan los huesos y para las cua\u00adles no se necesita pedir licencia. Tambi\u00e9n exhortaba a usar del cilicio y de la disciplina, y ense\u00f1aba a los seminaristas el modo de servirse de esos instrumentos de penitencia de ma\u00adnera que mortificando el cuerpo no perjudicasen a la salud.<\/p>\n<p>A la mortificaci\u00f3n exterior juntaba la interior, que es como el alma de aqu\u00e9lla. No de otro modo se comprende que, siendo de un temperamento bilioso, se mostrase siempre tan afable y bondadoso como se mostraba, violentado as\u00ed cons\u00adtantemente la natural propensi\u00f3n. La ceguera con que Dios lo quiso probar le dio tambi\u00e9n ocasi\u00f3n de rendirse entera\u00admente \u00e1 la divina voluntad, sin jam\u00e1s lamentarse de eso ni de ninguna de las muchas incomodidades que tanto la ce\u00adguera como la avanzada edad a que lleg\u00f3 le acarreaban. A es\u00adtas pruebas hay que a\u00f1adir otra m\u00e1s dura a\u00fan, con que tam\u00adbi\u00e9n Dios le hizo ejercer la paciencia. Esta prueba fue la de la inquietud de esp\u00edritu que le resultaba de los escr\u00fapulos. Padeci\u00f3 esa especie de martirio por muchos a\u00f1os y hasta po\u00adcos d\u00edas antes de morir, queriendo, sin duda, Dios acabar de purificar su alma por ese medio.<\/p>\n<p>Pero nada manifiesta mejor la perfecta mortificaci\u00f3n in\u00adterior que la pronta, absoluta y ciega obediencia de volun\u00adtad y de entendimiento, en la que nuestro venerado se\u00f1or Borja fue perfecto dechado. Para \u00e9l la voz de la autoridad era la voz de Dios, y sin buscar pretextos para eximirse ni hacer comentario alguno, ejecutaba pura y sencillamente lo ordenado. Buena prueba de esto es lo que hizo en 1856, en aquellos d\u00edas tristes que no quisi\u00e9ramos siquiera recor\u00addar. Hab\u00edan llegado las cosas a tal punto, que el Superior general crey\u00f3 que no se pod\u00eda mantener su autoridad en Espa\u00f1a sino disolviendo el Seminario o Noviciado de Ma\u00addrid, y fue ordenado al Sr. Borja que anunciase esta decisi\u00f3n \u00e1 los seminaristas. La Congregaci\u00f3n apenas acababa de res\u00adtablecerse y contaba ya 26 seminaristas de bonete, entre los cuales hab\u00eda cuatro sacerdotes. Estos eran la esperanza de la Provincia. El Sr. Borja amaba en extremo la Congrega\u00adci\u00f3n, la Provincia y en particular a los novicios. Declarar que estaba disuelto el Seminario, era declarar que la Provincia entraba de nuevo en agon\u00eda. El Sr. Borja ciertamente com\u00adprender\u00eda muy bien todo esto, y, sin embargo, obedece cie\u00adgamente, y una noche, en la capilla del Seminario, despu\u00e9s de le\u00eddo el tercer punto de meditaci\u00f3n, ley\u00f3 \u00e9l mismo el in\u00addicado documento, que llen\u00f3 de consternaci\u00f3n a los seminaristas y arranc\u00f3 l\u00e1grimas a muchos.<\/p>\n<p>A este acto de obediencia sigui\u00f3 otro no menos heroico, pues creyendo en esto cumplir la voluntad del Superior ge\u00adneral, dej\u00f3 la Comunidad, que \u00e9l tanto amaba y en que era tan amado y estimado, y se fue a vivir con un eclesi\u00e1stico muy bueno y que apreciaba mucho \u00e1 la Congregaci\u00f3n, per\u00admaneciendo en su compa\u00f1\u00eda hasta que, cerciorado sin duda de la intenci\u00f3n del referido Superior general, y por su orden, volvi\u00f3 a ponerse al frente del Seminario. S\u00f3lo los que cono\u00adcieron a nuestro venerable difunto y est\u00e1n al tanto de las circunstancias a que aludimos, pueden apreciar el valor de estos actos de obediencia.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en 1868 nos dio un admirable ejemplo de obe\u00addiencia, no menos que de humildad. La revoluci\u00f3n hab\u00eda estallado; las Religiones y Congregaciones hab\u00edan sido supri\u00admidas en toda Espa\u00f1a. La Comunidad de Madrid se trasla\u00addaba a Francia en casi su totalidad; el Sr. Borja, viejo, de\u00adcr\u00e9pito y ciego, no sab\u00edamos c\u00f3mo iba a quedar en Madrid; un hermano suyo le hab\u00eda brindado con su casa, y \u00e9l mismo se mostraba dispuesto y hasta parec\u00eda un poco deseoso de irse a vivir con su hermano hasta ver en qu\u00e9 parar\u00edan las cosas. El Superior delibera, titubea y por fin acepta lo que el Sr. Borja propone, sin duda para sacar de apuros al Su\u00adperior. Pero \u00e9ste por la noche, reflexionando mejor sobre el caso, decide que no se mueva de Madrid, sino que sea tras\u00adladado \u00e1 la casita junto al Noviciado de las Hijas de la Ca\u00adridad. Al d\u00eda siguiente se le notifica la nueva decisi\u00f3n, y \u00e9l la recibe con la acostumbrada paz y alegr\u00eda, sin hablar m\u00e1s del asunto sino para humillarse, seg\u00fan su costumbre, di\u00adciendo que era tan malo que hab\u00eda pensado irse \u00e1 vivir en el mundo. Fue, pues, a la casita, en donde continu\u00f3 por es\u00adpacio de ocho a\u00f1os, edificando \u00e1 todos con sus ejemplos y atrayendo las gracias de Dios con su tierna devoci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta devoci\u00f3n era en el Sr. Borja no menos tierna y afec\u00adtuosa que s\u00f3lida y verdadera. Fund\u00e1base en el conocimien\u00adto de Dios y en la meditaci\u00f3n de los misterios de la reden\u00adci\u00f3n del mundo, y produc\u00eda en \u00e9l la firme y constante resoluci\u00f3n de evitar el mal y practicar el bien. Los que le trataron m\u00e1s \u00edntimamente aseguran que no se le observaba pecado alguno, ni aun venial. \u00abSiempre reconoc\u00ed en \u00e9l, \u2014dice uno de ellos,\u2014 una voluntad tan resuelta a la pr\u00e1ctica de todo lo bueno y fuga de lo malo, que en los ocho a\u00f1os que con viv\u00ed nunca pude observar en su conducta el menor peca\u00addo venial ni falta alguna contra las santas Reglas\u00bb. Ten\u00eda porm\u00e1xima, y la inculcaba con tes\u00f3n, que todo el bien consiste en la pr\u00e1ctica, repitiendo aquellas bien sabidas pa\u00adlabras: <em>Totum opus nostrum in operatione consistit. <\/em>No po\u00add\u00eda tolerar aquella falsa devoci\u00f3n que se contenta con bue\u00adnas palabras: \u00abHemos venido a la Congregaci\u00f3n para traba\u00adjar, dec\u00eda, y no para ser unos perezosos y haraganes\u00bb. Eso lo predicaba con el ejemplo m\u00e1s que con las palabras, porque no estaba un momento ocioso.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>II Todos cuantos conocieron al Sr. Borja se expresaban con estas o parecidas palabras: \u00abEl Sr. Borja es un hombre santo, es un hombre de Dios; se ir\u00e1 al cielo con zapatillas y todo\u00bb. 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