{"id":21186,"date":"2015-02-05T04:05:46","date_gmt":"2015-02-05T03:05:46","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=21186"},"modified":"2016-07-27T12:10:54","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:54","slug":"las-hijas-de-la-caridad-durante-la-revolucion-francesa-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/las-hijas-de-la-caridad-durante-la-revolucion-francesa-2\/","title":{"rendered":"Las Hijas de la Caridad durante la Revoluci\u00f3n Francesa"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/vicencianos\/files\/2010\/04\/Hijas-de-la-Caridad-4.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-21187 alignright\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/vicencianos\/files\/2010\/04\/Hijas-de-la-Caridad-4-300x199.jpg?resize=300%2C199\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"199\" \/><\/a>Muy \u00fatil es narrar, antes que el tiempo los haya entera\u00admente borrado de la memoria, los sucesos de la persecuci\u00f3n que la Congregaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad sufri\u00f3, del mismo modo que las otras Congregaciones religiosas, al ter\u00adminar el siglo pasado.<\/p>\n<p>Ejemplos admirables nos dieron durante la revoluci\u00f3n las Hermanas, que permanecieron fieles a la Iglesia y a su santa vocaci\u00f3n. Sus hechos gloriosos nos mueven a imitar\u00adles y nos ense\u00f1an la conducta que hemos de observar en an\u00e1logas circunstancias.<\/p>\n<p>Publicaremos, pues, en estos art\u00edculos, siguiendo el or\u00adden cronol\u00f3gico, y en cuanto nos sea posible tal cual nos han sido enviados, los escritos y documentos que se refie\u00adren a dicha Congregaci\u00f3n durante el per\u00edodo revoluciona\u00adrio. Hechos muy interesantes y en gran manera honrosos, quedan todav\u00eda por recoger; desear\u00edamos nos los comuni\u00adcasen, y con sumo gusto los publicar\u00edamos para que sir\u00adviesen de edificaci\u00f3n a nuestros lectores.<\/p>\n<h2><strong>I.- Estado de la congregaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad en 1789<\/strong><\/h2>\n<p>Cuando el Sr. Cayla fue puesto, por la Asamblea general de 1788, al frente de las dos familias de San Vicente, era Su\u00adperiora general de la Congregaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad la Hermana Renata Dubois. Su Director era el Sr. Bourgeat, que por causa de su edad avanzada y de sus enfermedades no pod\u00eda cumplir con perfecci\u00f3n las obligaciones de su oficio ; por lo que el nuevo Superior general trat\u00f3 inmedia\u00adtamente de poner remedio a este mal, pues estaba bien convencido que el feliz resultado de todas las vicisitudes por las que ha pasado la Congregaci\u00f3n de las Hijas de la Cari\u00addad desde su fundaci\u00f3n , que su prosperidad y que todo el bien que ella ha obrado, ha estado siempre en relaci\u00f3n con los cuidados que le han dispensado directamente sus leg\u00edti\u00admos Superiores. El d\u00eda 1\u00ba de Enero de 1789 dirigi\u00f3 a todas las Casas de las Hijas de la Caridad una circular, que es una de las m\u00e1s importantes de las que han dado los Superiores generales.<\/p>\n<p>\u00abDesde los primeros d\u00edas de mi elecci\u00f3n, les dec\u00eda, me em\u00adpleo en vuestro bien; me hubiera dado prisa desde aquel instante para haceros o\u00edr mi voz y dirigiros algunas palabras de paz y de salud si la multitud de mis negocios no me lo hubiera impedido; ahora gozo de un poco de tranquilidad, y quiero cumplir uno de los deberes que m\u00e1s aprecio y es\u00adtimo. Tengo para con vosotras los sentimientos de un Pa\u00addre; pero ellos no ser\u00edan dignos de vuestra estimaci\u00f3n si no uniese a las efusiones de una tierna caridad la diligencia del celo y el cumplimiento de los cuidados que \u00e9l inspira.\u00bb Pasa en seguida a dar avisos llenos de sabidur\u00eda para conservar a las Hermanas en los sentimientos de una piedad verdadera; restablecer la uniformidad, que hab\u00eda sufrido alguna altera\u00adci\u00f3n; mantener la paz y uni\u00f3n de los corazones , y excitar una aplicaci\u00f3n m\u00e1s y m\u00e1s generosa a las diversas funciones que tienen que desempe\u00f1ar con respeto a los pobres.<\/p>\n<p>En este mismo a\u00f1o de 1789, el dicho Superior general dio un sucesor al Sr. Bourgeat, que por sus enfermedades no pod\u00eda continuar en la direcci\u00f3n de las Hermanas; fue \u00e9ste el Sr. Sicardi, su asistente italiano. El Sr. Cayla se pro\u00adpuso presidir por s\u00ed mismo el consejo de la Comunidad y ponerse al corriente de los quehaceres y del personal de las Casas de la Congregaci\u00f3n, cosa que no ten\u00eda la importan\u00adcia que habr\u00eda tenido en otras circunstancias.<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n que desgraciadamente estall\u00f3, y que di\u00adrigi\u00f3 sus primeros furores contra la Casa de San L\u00e1zaro; la incertidumbre de la conservaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad; la supresi\u00f3n definitiva de su Comunidad, hecha el 18 de Agosto de 1792, y la necesidad en que se hall\u00f3 el Sr. Supe\u00adrior general de tomar el camino del destierro, no le permi\u00adtieron realizar los prop\u00f3sitos que ten\u00eda de restablecer todas las cosas en su estado normal. Aunque se hallaba en pa\u00eds extranjero, jam\u00e1s perdi\u00f3 de vista esta parte tan interesante de la familia de San Vicente, y para conseguir las mejoras que su esp\u00edritu elevado y pr\u00e1ctico hab\u00eda previsto compuso un <em>Directorio espiritual <\/em>\u00e1 semejanza del que se usa en el Se\u00adminario.<\/p>\n<h2><strong>II.- El 13 de Julio de 1789<\/strong><\/h2>\n<p>El d\u00eda 13 de Julio de 1789, en el que la Casa de San L\u00e1\u00adzaro fue entregada a la devastaci\u00f3n y &#8216;al saqueo, fue para las Hijas de la Caridad d\u00eda de terror y de angustias, porque su Casa estaba en la misma calle y enfrente de la de San L\u00e1\u00adzaro. La relaci\u00f3n de lo que en su morada pas\u00f3, la tomamos del Ilmo. Sr. Jauffret, obispo de Metz:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abDurante todo el tiempo que los bandidos estuvieron en la Casa de San L\u00e1zaro, horribles gritos resonaban por de\u00ad fuera contra las Hijas de la Caridad. Acus\u00e1banlas de estar en connivencia con los misioneros, y se les amenazaba con hacer en su asilo pr\u00f3xima irrupci\u00f3n. La Casa matriz de las Hijas de la Caridad se compon\u00eda a esta saz\u00f3n de 150 Her\u00admanas, entre las que se contaban 50 inv\u00e1lidas; eran \u00e9stas las que, despu\u00e9s de haber consagrado su vida entera al ser\u00advicio de los pobres y afligidos, se hallaban postradas por la enfermedad de la vejez. La Congregaci\u00f3n hab\u00eda dispuesto reunirlas en esta Casa, en donde recib\u00edan de sus Hermanas los servicios que ellas no pod\u00edan ya prestar a los pobres. El n\u00famero de postulantas era de 98, de diecis\u00e9is a veinte a\u00f1os de edad. F\u00e1cil es concebir todo lo que por estas j\u00f3venes v\u00edr\u00adgenes pod\u00eda temerse de la irrupci\u00f3n de esta multitud furio\u00adsa, que s\u00f3lo esperaba una se\u00f1al para echar por tierra todas las puertas. Las Hermanas no pod\u00edan hacerse ilusiones por la poca proximidad del peligro, \u00e9 invocaban fervorosamen\u00adte al Se\u00f1or, de quien \u00fanicamente pod\u00edan esperar la protec\u00adci\u00f3n y el auxilio.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">A las cinco y media de la ma\u00f1ana, uno de sus directo\u00adres hab\u00eda salido de San L\u00e1zaro y pudo penetrar en la igle\u00adsia de las Hermanas para celebrar la santa Misa, y no sali\u00f3 de all\u00ed. A las siete, tres \u00f3 cuatro bandidos se presentaron a la puerta de la Comunidad, trayendo desde San L\u00e1zaro al Sr. Bourgeat, que en esta \u00e9poca ten\u00eda unos ochenta a\u00f1os y estaba adem\u00e1s paral\u00edtico. Al entrar en su cuarto estos sica\u00adrios, se hab\u00edan quedado pose\u00eddos y llenos de respeto y admi\u00adraci\u00f3n a la vista de un tan venerable anciano. Su enfermero les propuso que se encargaran de trasladarlo ellos mismos a la Casa de las Hermanas, y as\u00ed efectivamente lo hicieron, llev\u00e1ndole sentado en su misma poltrona. \u00abHe aqu\u00ed, dec\u00edan a sus compa\u00f1eros, al Padre de las Hijas de la Caridad; dejadle en paz.\u00bb El Sr. Bourgeat hab\u00eda perdido el conocimiento. Los salteadores, al dejarlo en manos de las maestras de novicias, les dijeron: \u00abAh\u00ed ten\u00e9is a vuestro Padre; no dudamos de que le cuidar\u00e9is muy bien. Al mismo tiempo os traemos todo su equipaje, su sombrero y su bolsa.\u00bb Y dicho esto se marcharon, asegurando que las Hermanas nada te\u00adn\u00edan que temer, a\u00f1adiendo: \u00abYa estamos pagados, no por \u00abvosotras, sino por San L\u00e1zaro.\u00bb Las mismas maestras de novicias nos han referido este hecho. Al entrar estos tres hombres, creyeron las Hermanas que les ven\u00edan a arrebatar a su segundo director, el Sr. Sicardi, que se hab\u00eda refugiado en el oratorio de la Casa, dentro de su propio confesonario. Pero ellos, despu\u00e9s de haber cumplido su misi\u00f3n, regresa\u00adron a la Casa de San L\u00e1zaro a proseguir el saqueo, sin cui\u00addarse de lo que pasaba en la de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Otros quince salteadores se presentaron a eso de las once de la ma\u00f1ana, y fue preciso dejarles entrar y permitirles visitar el establecimiento, donde, seg\u00fan dec\u00edan, pensaban hallar el tesoro de San L\u00e1zaro, trigo y harina. La Supe\u00adriora general, Sor Renata Dubois, y la maestra de novi\u00adcias les acompa\u00f1aron en el registro, durante el cual las 98 novicias se hallaban reunidas en la sala del noviciado; pero a los invasores no les ocurri\u00f3 siquiera el pensamiento de entrar en ella. Pasaron del mismo modo sin advertirlo por delante de la sala de los archivos y del dep\u00f3sito donde hac\u00eda diez a\u00f1os estaba el almac\u00e9n de los vestidos y ropa blanca de las postulantas, y por el cual las Hermanas ten\u00edan muy fundados temores. Esta visita dur\u00f3 una hora y media, y durante este tiempo se estaban oyendo por de fuera gritos de rabia y furor contra las Hermanas, y cada vez parec\u00eda que iban tomando un car\u00e1cter m\u00e1s alarmante.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Al marcharse estos quince bandidos, la Comunidad pas\u00f3 al refectorio y se rezaron las oraciones acostumbradas para antes de comer, pero ninguna de las Hermanas ni de las postulantas tuvo valor para tomar alimento alguno. Siguieron as\u00ed en continua alarma hasta las cinco de la tarde, en que volvi\u00f3 a presentarse un grupo, como de doscientos salteadores, hombres y mujeres; pero estas \u00faltimas fueron des\u00adpedidas por los que mandaban aquella turba. Los m\u00e1s de \u00e9stos se presentaron armados de chuzos, mazas, barras de hierro, pistolas, sables, espadas y armas, y marchaban a su frente algunos jefes. A la vista de tan gran peligro, la Supe\u00adriora general y la maestra de novicias creyeron que no ha\u00adb\u00eda en la casa sitio m\u00e1s seguro para las novicias y postulantas que la capilla, y as\u00ed mandaron que en ella se refugiasen todas aquellas j\u00f3venes v\u00edrgenes de Jesucristo.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Despu\u00e9s de la oraci\u00f3n, dicha por tres maestras de novi\u00adcias, veinte de los sicarios, haciendo retroceder a los dem\u00e1s, se dirigieron en derechura a la capilla y amenazaron derri\u00adbar las puertas si al instante no se les franqueaban. Abri\u00e9ronlas, y aparecieron todas las novicias y postulantas pos\u00adtradas al pie de los altares, suplicando al Se\u00f1or del cielo las tomase bajo su protecci\u00f3n, poniendo por intercesores a la Virgen Inmaculada y a su bienaventurado Padre San Vicente de Pa\u00fal. Al abrirse las puertas, al estr\u00e9pito de las ar\u00admas y blasfemias de aquellos desalmados, p\u00e1lidas y temblo\u00adrosas corrieron a agruparse al derredor de sus maestras, dando gritos lamentables. Al presenciar aquella escena, los mismos salteadores se sienten pose\u00eddos de un involuntario sobrecogimiento: vacilan; uno de sus jefes se descubre la cabeza, y todos los dem\u00e1s imitan su ejemplo. La imagen de Jesucristo y las de los Santos les infundieron respeto y recogimiento. Avanzaron con paso t\u00edmido hacia el santuario, como si no fueran ya aquellos hombres ebrios de vino y de furor, sino otros que hubiesen venido a aquel lugar con s\u00f3lo la intenci\u00f3n de adorar a Jesucristo y de honrarlo en sus v\u00edrgenes. \u00abSe\u00f1oritas, grit\u00f3 uno de ellos, no tem\u00e1is nada; no venimos a haceros ning\u00fan insulto. \u00a1Ay del miserable que se atreviera a cometerle!\u00bb Estas palabras no pudieron, sin embargo, impedir que algunas novicias se sintiesen mal y se desmayasen. Al repararlo el hombre que hac\u00eda de jefe de aquella turba, cuyas facciones fuertemente pronunciadas indicaban un car\u00e1cter decidido, ya para el bien, ya para el mal, avanz\u00f3 hacia el altar, seguido de todos sus sat\u00e9lites, se puso de rodillas ante el Sant\u00edsimo Sacramento, y muchos de los suyos le imitaron ; mas viendo que ni aun con esta acci\u00f3n se tranquilizaban los j\u00f3venes, volvi\u00e9ndose hacia la turba dijo : \u00abV\u00e1monos, salgamos de aqu\u00ed; no amedrentemos \u00abm\u00e1s con nuestra presencia a estas se\u00f1oritas.\u00bb March\u00f3se, en efecto, acompa\u00f1ado de todos aquellos hombres sin duda no menos admirados que \u00e9l de sentirse conmovidos, al salir de aquel templo, con sentimientos tan contrarios a los que lle\u00advaban cuando en \u00e9l entraron.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Pasaron luego a las habitaciones de la Casa, y quisieron ver la sala que serv\u00eda de enfermer\u00eda a las ancianas: all\u00ed era, como ya lo hemos dicho, donde todas las Hermanas de la Caridad, baldadas o impedidas por las enfermedades o su avanzada edad, encontraban los mismos cuidados de la ca\u00adridad que ellas hab\u00edan ejercido para con el pr\u00f3jimo. Seg\u00fan el esp\u00edritu de su Instituto, las sirvientas de los pobres tienen que morir pobres; por consiguiente, nada m\u00e1s pobre, nada m\u00e1s sencillo que esta enfermer\u00eda, aunque tambi\u00e9n puede de\u00adcirse que nada hay m\u00e1s decente en medio de la pobreza. Aquellos bandidos, aunque muy ansiosos de hallar alg\u00fan defecto en la Casa, no pudieron menos de admirar aquel es\u00adtado de pobreza evang\u00e9lica. La visita que hicieron a la en\u00adfermer\u00eda de las ancianas no fue m\u00e1s que un pretexto para ver si en ella hab\u00eda hombres escondidos. Los dos directores no hab\u00edan salido de sus confesonarios, y tuvieron la dicha de no ser descubiertos. Los profanadores desearon probar el caldo que se daba a las enfermas, y dijeron que estaba ins\u00ed\u00adpido, y lo mismo opinaron de todos los dem\u00e1s alimentos, y no comprend\u00edan c\u00f3mo las Hijas de la Caridad no pon\u00edan algo m\u00e1s de cuidado en confeccionar bien lo que serv\u00eda para sus propias Hermanas, siendo as\u00ed que tanto se esmeraban en lo que daban a los pobres, con quienes, por lo general, no les un\u00eda lazo alguno de conocimiento ni amistad. Al discurrir as\u00ed ignoraban aquellos bandidos que la Religi\u00f3n de Jesu\u00adcristo une a todos los hombres en un esp\u00edritu y en un solo coraz\u00f3n, y que para una Hija de la Caridad el pobre m\u00e1s desconocido tiene los mismos derechos que un hermano \u00f3 que un hijo si lo tuviera.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEsta \u00faltima invasi\u00f3n dur\u00f3 tres cuartos de hora. Los in\u00advasores, despu\u00e9s de haber registrado el establecimiento, se retiraron por la puerta principal, deteni\u00e9ndose en ella algunos instantes. Uno de ellos hab\u00eda pedido dinero a la maestra de novicias; y habi\u00e9ndolo o\u00eddo el que hac\u00eda de jefe del grupo, le amenaz\u00f3 con la muerte si volv\u00eda a hacerlo otra vez. Dos Hermanas se vieron obligadas a acompa\u00f1ar a algunos de aquellos hombres armados que se empe\u00f1aron en llevarlas a la taberna, Sigui\u00e9ronlos hasta la mitad de la calle de San L\u00e1\u00adzaro, y all\u00ed, mediante algunas monedas, pudieron librarse de ellos. Al regresar a la Casa, hallaron protecci\u00f3n en los salteadores que se hab\u00edan quedado como de guardia en la puerta, y que al verlas se separaron respetuosamente para franquearles el paso, y entraron sin recibir de ellos insulto alguno.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">En todas estas visitas no ocurri\u00f3 cosa alguna indecente; la lengua de los bandidos parece que estaba encadenada. Cuando los veinte bandidos de que acabamos de hablar sa\u00adlieron de la Casa, quiso entrar el populacho; pero aqu\u00e9llos se lo impidieron eficazmente \u00e9 hicieron cerrar las puertas detr\u00e1s de ellos. El que hac\u00eda de jefe se plant\u00f3 en el dintel diciendo: \u00abMuchachos, ya os avisar\u00e9 cuando sea tiempo.\u00bb Al mismo tiempo defendi\u00f3 la entrada, y amenaz\u00f3 con quitar la vida con su propia mano al primero que violase la con\u00adsigna.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Por especial favor del cielo, la Comunidad de las Hijas de la Caridad, fue preservada del saqueo y de todo insulto; pero en el espacio de dos d\u00edas y dos noches que dur\u00f3 esta insurrecci\u00f3n, las Hermanas fueron atormentadas por el temor y por una gran inquietud y zozobra. Habi\u00e9ndose organizado durante la noche del d\u00eda 13 de Julio la guardia na\u00adcional, las Hijas de la Caridad pidieron una guardia para su custodia. El distrito les envi\u00f3 cuarenta hombres de esta milicia apenas organizada, y que se distingu\u00eda por la escara\u00adpela verde. Estos hombres causaron con sus palabras m\u00e1s espanto a las Hermanas que los mismos salteadores\u00bb.<\/p>\n<p>En estas circunstancias, la Superiora general, Sor Du\u00adbois, en la circular que dirigi\u00f3 a todas las Casas de la Con\u00adgregaci\u00f3n el d\u00eda 1\u00ba de Enero de 1790, se expresaba de esta manera: \u00abDesde el d\u00eda 12 del pasado Julio, todos nuestros d\u00edas han estado llenos de ansiedades y perplejidades conti\u00adnuas, que han alterado nuestra salud. Bendigamos al Se\u00f1or en todo tiempo, y rogu\u00e9mosle con instancia nos d\u00e9 d\u00edas de paz y de tranquilidad si \u00e9sta es su santa voluntad.<\/p>\n<h2><strong>III.- La hermana Marta Antonieta Deleau, elegida Superiora General de las Hijas de la Caridad<\/strong><\/h2>\n<p>En la Pascua de Pentecost\u00e9s de 1790 fue elegida Supe\u00adriora general, para suceder a Sor Dubois, la Hermana Ma\u00adr\u00eda Antonieta Deleau. Naci\u00f3 en Bray, cerca de Amiens, y habiendo hecho su postulantado en el peque\u00f1o hospicio de esta localidad, fue enviada al Seminario de Par\u00eds el a\u00f1o 1745, teniendo la edad de dieciocho \u00f3 diecinueve a\u00f1os. a su salida del Seminario fu\u00e9 enviada a la Misericordia de Montpeller, de donde fu\u00e9 sacada para desempe\u00f1ar el cargo de Superiora en la Casa de San Hip\u00f3lito, Villa peque\u00f1a distante ocho leguas de Montpeller. Este establecimiento era a la vez un hospital militar y Casa de Misericordia. \u00abNo cesemos jam\u00e1s, dec\u00eda a sus Hermanas, de dar a todo el mundo, y sobre todo a los protestantes de que nos hallamos rodeadas, ejemplo de todas las virtudes evang\u00e9licas, y con nuestros continuos ser\u00advicios procuremos hacerles amables estas virtudes; hag\u00e1mos\u00adles desear la fe cat\u00f3lica, que es el medio m\u00e1s seguro de llegar a la vida bienaventurada por el ejercicio de todo bien.\u00bb Des\u00adde San Hip\u00f3lito pas\u00f3 a Burdeos, en donde fue puesta al fren\u00adte del establecimiento dicho la Manufactura, y tres a\u00f1os despu\u00e9s fue elegida asistenta de la Superiora general de la Congregaci\u00f3n. Concluido su trienio, durante el cual se gan\u00f3 la estimaci\u00f3n y confianza de todas las Hermanas de la Casa- Madre, fu\u00e9 como Superiora a la Casa que se hallaba en el arrabal de San Antonio, en Par\u00eds, y no se movi\u00f3 de este puesto tan dif\u00edcil en el momento de las primeras insurrec\u00adciones y la toma de la Bastilla. El respeto que por sus vir\u00adtudes y sacrificios para con los pobres se hab\u00eda reconcilia\u00addo preserv\u00f3 de una violenta invasi\u00f3n a su Casa, de la que el 24 de Mayo de 1790 tuvo que salir para suceder a Sor Renata Dubois.<\/p>\n<p>Las circunstancias en que la Hermana Deleau fue puesta al frente de la Comunidad, eran sobremanera cr\u00edticas; pues en medio de los m\u00e1s grandes trastornos y de la dispersi\u00f3n de su Comunidad , se hall\u00f3 privada de los consejos de sus Superiores, que, para evitar tina muerte violenta, la tor\u00admenta revolucionaria les oblig\u00f3 a salir de su amada patria.<\/p>\n<h2><strong>IV.- Legislaci\u00f3n de 1790, juramento cism\u00e1tico, persecuci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>4. <em>Ley sobre la abolici\u00f3n de las \u00d3rdenes religiosas.\u2014El <\/em>a\u00f1o mismo del saqueo de San L\u00e1zaro y de la invasi\u00f3n de la casa de las Hijas de la Caridad hecha por las turbas revolucionarias, se pidi\u00f3 a la Asamblea nacional la supre\u00adsi\u00f3n de las \u00d3rdenes religiosas (17 de Diciembre de 1789). Poco tiempo despu\u00e9s, el 13 de Febrero de 1790, se vot\u00f3 y aprob\u00f3 el decreto de abolici\u00f3n de los votos mon\u00e1sticos. He aqu\u00ed sus disposiciones:<\/p>\n<p>\u00abI.\u2014La Asamblea nacional decreta, como <em>art\u00edculo cons\u00adtitucional, <\/em>que en adelante no reconocer\u00e1 la ley los votos mon\u00e1sticos <em>solemnes <\/em>de ninguna persona de ambos sexos; y en consecuencia declara que todas aquellas Ordenes en las que se hacen votos parecidos quedan y permanecer\u00e1n suprimidas en Francia, sin que puedan establecerse otras semejantes en el porvenir.<\/p>\n<p>\u00abII\u2014Todos los individuos de ambos sexos existentes en las casas religiosas podr\u00e1n salir haciendo declaraci\u00f3n de\u00adlante del Ayuntamiento del lugar, el cual cuidar\u00e1 de proveerles incesantemente, asign\u00e1ndoles una pensi\u00f3n conve\u00adniente&#8230; Igualmente designar\u00e1 las casas en las que podr\u00e1n reunirse todos los que no quieran servirse de la disposici\u00f3n del presente decreto. Declara adem\u00e1s la Asamblea que nada se mudar\u00e1 con respecto a las casas encargadas de la educa\u00adci\u00f3n y establecimientos de caridad hasta que la Asamblea nacional tome otra decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Asamblea except\u00faa expresamente a las reli\u00adgiosas del art\u00edculo que obliga a los religiosos a reunirse los de muchas casas en una sola.\u00bb<\/p>\n<p>Todas estas leyes no se refer\u00edan a las Hijas de la Caridad, por lo que continuaron ejerciendo su ministerio, lleno de sa\u00adcrificios y trabajos.<\/p>\n<p>La Asamblea constituyente dio, el d\u00eda 12 de Octubre de 1790, un paso m\u00e1s por el camino de la persecuci\u00f3n, y desde aquel instante un abismo infranqueable se abri\u00f3 entre los verdaderos hijos de la Iglesia y los ap\u00f3statas. En dicho d\u00eda se vot\u00f3 la <em>Constituci\u00f3n civil <\/em>del clero de Francia, la cual separa\u00adba al clero de la autoridad del Papa y le sujetaba al poder civil. Con efecto; el Gobierno civil se atribu\u00eda el derecho de nombrar los Pastores de almas, y de crear y erigir las parro\u00adquias y di\u00f3cesis. Tales disposiciones eran cism\u00e1ticas, y, por consiguiente, el aceptarlas era apostas\u00eda, y el comunicar con estos sacerdotes ap\u00f3statas en las cosas espirituales era ser c\u00f3mplice y participante de su crimen y pecado.<\/p>\n<p>El 27 de Noviembre siguiente mand\u00f3 la Asamblea que todos los eclesi\u00e1sticos encargados de ejercer alguna funci\u00f3n p\u00fablica prestasen juramento a la <em>Constituci\u00f3n civil, <\/em>bajo pena de ser tratados, si no lo hac\u00edan, como perturbadores de la tranquilidad p\u00fablica, y de ser adem\u00e1s privados del salario y de todos los derechos propios de un ciudadano.<\/p>\n<p>El d\u00eda 4 de Enero de 1791, se\u00f1alado para hacer el jura\u00admento, fue d\u00eda de gran gloria para el clero de Francia, el cual, viendo la firme oposici\u00f3n del mayor n\u00famero de sus representantes, deshizo la astucia y despreci\u00f3 todas las amenazas, permaneciendo fiel a la santa Iglesia. El domingo 3 de Abril algunos perversos sacerdotes que hab\u00edan sacrificado su conciencia a la ambici\u00f3n, o que se hab\u00edan intimidado por las amenazas de los revolucionarios, fueron puestos por la autoridad civil en las iglesias que pertenec\u00edan a los sacer\u00addotes que permanec\u00edan fieles a su deber, los cuales desde este d\u00eda no pudieron celebrar los santos misterios sino en las capillas y oratorios privados.<\/p>\n<p>Las Hijas de la Caridad y las otras comunidades a\u00fan no suprimidas se apresuraron a poner sus capillas a disposici\u00f3n de estos sacerdotes constantes y firmes en cumplir su obli\u00adgaci\u00f3n y deber.<\/p>\n<p>5. <em>Conducta de los fieles cat\u00f3licos con ocasi\u00f3n del jura\u00admento.\u2014Los <\/em>sacerdotes, rehusando prestar el juramento, cumplieron con uno de sus m\u00e1s principales deberes. Los fieles, a quienes todav\u00eda no se les obligaba a prestar jura\u00admento, ten\u00edan tambi\u00e9n que cumplir una grave obligaci\u00f3n, que era unirse fielmente a sus leg\u00edtimos Pastores, no tomar parte en las funciones religiosas celebradas por los sacerdo\u00adtes que hab\u00edan hecho el juramento cism\u00e1tico, y no recibir los Sacramentos de sus manos indignas.<\/p>\n<p>Las Hijas de la Caridad se vieron m\u00e1s de una vez en la alternativa, o de asistir a la Misa de estos sacerdotes <em>jura\u00admentados, <\/em>como se les llamaba, y llevar consigo las ni\u00f1as que instru\u00edan, o de ser arrojadas de los hospitales y escuelas; pero sab\u00edan muy bien su deber, y salvo algunas raras ex\u00adcepciones, que pueden atribuirse a enga\u00f1o y algunas veces tambi\u00e9n a la debilidad propia de la avanzada edad, se por\u00adtaron con hero\u00edsmo y prefirieron la expulsi\u00f3n.<\/p>\n<p>De este modo se explican varios sucesos de la historia de diversas casas de Hermanas, los cuales tuvieron lugar du\u00adrante esta \u00e9poca tan confusa y revuelta. En uno de sus es\u00adtablecimientos, por ejemplo, fueron expulsadas \u00abporque no quer\u00edan llevar las ni\u00f1as a Misa\u00bb. \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 jam\u00e1s acusar y culpar a las Hijas de la Caridad de resistencia tan inve\u00adros\u00edmil? F\u00e1cilmente se explica todo esto sabiendo que se les quer\u00eda obligar a ir, llevando tambi\u00e9n las ni\u00f1as, a la Misa de un sacerdote <em>juramentado y <\/em>cism\u00e1tico.<\/p>\n<p>En otra parte consintieron en ser echadas del hospital antes que aceptar la obligaci\u00f3n que se les impon\u00eda de no poder salir sin que les acompa\u00f1ase un empleado de la casa. Se explica esta resistencia teniendo en cuenta la necesidad en que, sin duda, se hallaban de tener que recibir en secreto los Sacramentos administrados por un sacerdote fiel, al cual ni quer\u00edan ni pod\u00edan hacer traici\u00f3n manifestando el lugar de su morada. D\u00eda hab\u00eda de venir, por desgracia , en que se les obligar\u00eda, no s\u00f3lo a comunicar con los sacerdotes <em>jura\u00admentados, <\/em>sino tambi\u00e9n a que ellas mismas prestasen dicho juramento, condenado por la conciencia y reprobado por la Iglesia; pero las veremos preferir antes subir al cadalso que ceder en lo que no pod\u00edan ni deb\u00edan.<\/p>\n<p>6. <em>Primeras persecuciones contra las Hijas de la Cari\u00addad. Mot\u00edn del <\/em>9 <em>de Abril de <\/em>1791.\u2014Se permit\u00eda a los sacer\u00addotes <em>juramentados <\/em>decir Misa en los oratorios y capillas privadas, donde acud\u00edan con exactitud los fieles para prac\u00adticar los ejercicios religiosos; llen\u00e1bamos por completo estas capillas, al paso que las iglesias constitucionales estaban de\u00adsiertas o s\u00f3lo eran frecuentadas por la hez del pueblo: Tal contraste lo sintieron vivamente los revolucionarios, y sobre todo el clero del culto oficial, pues se dec\u00eda que los sacer\u00addotes que tanta gente atra\u00edan junto a s\u00ed deb\u00edan tener raz\u00f3n y ser los verdaderos y leg\u00edtimos Pastores. Esto fue causa de discusiones, disputas <em>y <\/em>aun de des\u00f3rdenes a las puertas de las casas en donde se reun\u00edan los fieles <em>(Historia de la Igle\u00adsia de Francia durante la Revoluci\u00f3n, <\/em>lib. XII.)<\/p>\n<p>La reuni\u00f3n de los cat\u00f3licos no era contraria a la ley, y las autoridades del departamento y del municipio conside\u00adraban estas disputas como simple cuesti\u00f3n de libertad reli\u00adgiosa, y no como infracci\u00f3n de los decretos de la Asamblea nacional. Mas el partido avanzado de la Revoluci\u00f3n y los sacerdotes intrusos no pod\u00edan ser testigos indiferentes \u00e9 im\u00adparciales de las simpat\u00edas de la poblaci\u00f3n para con los ecle\u00adsi\u00e1sticos que no hab\u00edan querido hacer el juramento, por lo que, queriendo hacerles guerra y oposici\u00f3n, se proclamaron y anunciaron doctrinas y proposiciones subversivas en el palacio real, en las bocacalles y plazas, en donde muchos oradores se pusieron a arengar a los que se acercaban a o\u00edrles. La revoluci\u00f3n se preparaba a la vista de la autoridad, sin que persona alguna le pusiese obst\u00e1culo.<\/p>\n<p>El s\u00e1bado 9 de Abril, una tropa de mujeres, entre las que se hallaban algunos hombres desalmados, se dirigi\u00f3 a la misma hora, desde los diferentes barrios de la ciudad de <em>Pa\u00adr\u00eds, <\/em>\u00e1 las casas de las Hijas de la Caridad , a los monasterios y dem\u00e1s casas de comunidades de mujeres; fuerzan y abren las puertas, y dan principio a una multitud de actos tan odiosos que no se cometen ni ejecutan ni aun entre los pue\u00adblos b\u00e1rbaros, pues muchas v\u00edrgenes consagradas a Dios sin distinci\u00f3n de edad, y muchas se\u00f1oras respetables que vo\u00adluntariamente se hab\u00edan apartado del mundo, fueron des\u00adpojadas de sus vestidos, golpeadas con varas, perseguidas por todos los rincones de las casas y jardines, heridas y mal\u00adtratadas en el cuerpo y colmadas de injurias m\u00e1s crueles que la misma muerte.<\/p>\n<p>Las Hijas de la Caridad sufrieron estos crueles tratamien\u00adtos de aquellos mismos hombres y mujeres a quienes mu\u00adchas veces hab\u00edan socorrido en sus necesidades y enjugado sus l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>A la primera noticia de estos escandalosos excesos, la Guardia Nacional tom\u00f3 las armas y acudi\u00f3 a prestar auxi\u00adlio; mas por falta de \u00f3rdenes se estuvo con las armas en las manos, vi\u00e9ndose reducidos los guardias nacionales a repre\u00adsentar el papel de meros espectadores. Finalmente, despu\u00e9s de muchas horas, agotada y saciada ya la furia y rabia de los verdugos y bandidos, desfilaron por entre las filas de los soldados, sin ser de manera alguna perturbados en su mar- ha triunfal. <em>(El Amigo del Rey, <\/em>n\u00fam. 33o. <em>\u2014Historia parlamentaria, <\/em>t. V, p\u00e1g. 27)<\/p>\n<p>7. <em>Las Hermanas de la casa de Santa Margarita, Par\u00eds. <\/em>\u2014La impunidad del crimen da m\u00e1s atrevimiento y osad\u00eda a los malvados, por lo que todo lo que se hab\u00eda he\u00adcho en el interior de los conventos se practic\u00f3 despu\u00e9s en la calle. Tres Hermanas de la Caridad cogidas en la parro\u00adquia de Santa Margarita, en la que se hallaba gran n\u00famero de pobres, murieron a consecuencia de los indignos trata\u00admientos que les hicieron sufrir en medio de las calles. <em>(His\u00adtoria del clero durante la Revoluci\u00f3n, <\/em>por M. R., t. I, p\u00e1\u00adgina 335.\u2014Barruel, <em>Historia del clero, t. <\/em>I, p\u00e1g. t o t.)<\/p>\n<p>8. <em>Protestas est\u00e9riles. <\/em>\u2014Este acto odioso revolvi\u00f3 a todo Par\u00eds, sin que hubiese partido alguno formal que no rechazase la responsabilidad de tal atentado. El sacerdote Royon no temi\u00f3 acusar al obispo Gobel; mas no se hizo caso, ni tuvo eco su acusaci\u00f3n. Sin embargo, el pueblo tuvo instigadores y directores, aunque no se conocieron, pues hubo un plan concertado, una hora designada y estuvieron preparados los instrumentos del suplicio. Al Ayuntamiento pertenec\u00eda el aplicar el rigor de la ley; pero no hizo cosa alguna porque deb\u00eda ser c\u00f3mplice en tales des\u00f3rdenes, como lo prueba la inacci\u00f3n y ausencia de los oficiales municipales. La Asamblea nacional nada dijo del caso y puso silencio al Sr. Maury, que en la sesi\u00f3n del 18 de Abril de 1791 quiso leer una carta de la Superiora de la Hijas de la Caridad, en la cual se lamentaba de tan execrables excesos y ped\u00eda la protecci\u00f3n de la ley. <em>(Monitor <\/em>del 19 de Abril de 1791 <em>\u2014Bo\u00adlet\u00edn de la sesi\u00f3n <\/em>del 18.\u2014Jager, <em>Historia ibid.)<\/em><\/p>\n<p>Cuando la noticia de estos vergonzosos des\u00f3rdenes lleg\u00f3 a o\u00eddo de Luis XVI, sinti\u00f3 gran dolor y pesar; y no pudien\u00addo hacer nada por s\u00ed mismo, hizo que su ministro del Inte\u00adrior, Sr. Delessart, escribiese al Directorio de Par\u00eds la si\u00adguiente carta: \u00abEl Rey, se\u00f1ores, no ha podido saber sin gran pena los malos tratamientos hechos a personas a las cuales el sexo y estado deb\u00edan servir de defensa. Las cos\u00adtumbres y las leyes son igualmente relajadas y despreciadas por tales excesos y des\u00f3rdenes; y si esta licencia culpable no se reprime; si a cada acontecimiento, a cada circunstancia, si en la capital, a la vista del Rey y de la Asamblea nacio\u00adnal, se vuelven a repetir semejantes excesos, no habr\u00e1 efecti\u00advamente ni libertad ni seguridad, y no se establecer\u00e1 jam\u00e1s la Constituci\u00f3n. En nombre, pues, de la misma Constituci\u00f3n, en nombre del orden y por el honor del Gobierno, os encar\u00adga el Rey que emple\u00e9is los medios m\u00e1s oportunos y seguros para perseguir y castigar a los autores de estos delitos\u00bb.<\/p>\n<p>En atenci\u00f3n a esta carta se deb\u00edan haber impuesto cas\u00adtigos severos a los profanadores de los conventos; pero en realidad de verdad no se hizo nada. El Directorio, aparen\u00adtando conformarse con los deseos del Rey, el d\u00eda siguiente, 10 de Abril, public\u00f3 un edicto en el que, reprobando los ex\u00adcesos de la v\u00edspera, prohib\u00eda las reuniones delante de las igle\u00adsias y casas religiosas, condenaba toda clase de violencia contra las personas, ordenaba a la fuerza p\u00fablica el acome\u00adter a la menor infracci\u00f3n, y, finalmente, exhortaba y esti\u00admulaba al Obispo constitucional a tomar todas las medidas para impedir que los eclesi\u00e1sticos <em>sin autorizaci\u00f3n <\/em>se mez\u00adclasen en alguna funci\u00f3n p\u00fablica eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente, ir de Abril, el Directorio, en parte por petici\u00f3n, seg\u00fan se dijo, del obispo Gobel, aprob\u00f3 y public\u00f3 el decreto siguiente: \u00abConsiderando que la naci\u00f3n se ha encargado de los gastos del culto, no habr\u00e1 m\u00e1s edificios dedicados a este objeto que los necesarios; la libertad de los ciudadanos en todas las opiniones religiosas, y en todo lo que no perjudi\u00adque al orden p\u00fablico, ser\u00e1 garantizada contra toda especie de atentados, decreto:<\/p>\n<p>\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026..<\/p>\n<p>5\u00ba Cualquier iglesia que pertenezca a la naci\u00f3n en la ciudad de Par\u00eds, se cerrar\u00e1 en el t\u00e9rmino de veinticuatro horas si no es del n\u00famero de aquellas que except\u00faa expre\u00adsamente el art\u00edculo siguiente.<\/p>\n<p>6\u00ba Se except\u00faan las capillas de los hospitales, de las casas de Caridad, presidios, colegios, seminarios y conven\u00adtos de religiosas claustradas.<\/p>\n<p>\u00ab7. Estas capillas no deben servir m\u00e1s que al uso par\u00adticular de la casa, sin que puedan ser abiertas al p\u00fablico; no se ejercer\u00e1 funci\u00f3n alguna eclesi\u00e1stica sino por aquellos que tuvieren para ello comisi\u00f3n particular del obispo de Par\u00eds, aprobada por el cura de la parroquia, la cual comisi\u00f3n no se conceder\u00e1 sino a petici\u00f3n de los Superiores de esta casa.<\/p>\n<p>\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026..<\/p>\n<p>10\u00ba. Las iglesias y capillas cerradas ser\u00e1n puestas en venta.<\/p>\n<p>11\u00ba. Todo edificio que los particulares destinaren al culto religioso, tendr\u00e1 una inscripci\u00f3n que lo distinga de las iglesias p\u00fablicas.<\/p>\n<p>\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026.<\/p>\n<p>16\u00ba. El Directorio ordena expresamente al Ayuntamien\u00adto que emplee todos los medios a fin de reprimir eficaz\u00admente los efectos culpables de la odiosa intolerancia recien\u00adtemente manifestada, y para prevenir que se cometan los mismos delitos contra la completa libertad religiosa reco\u00adcida y garantizada por la Constituci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Este decreto castiga, no a los autores del atentado come\u00adtido, sino a los fieles cat\u00f3licos, pues en \u00e9l se manda cerrar las iglesias en que se reun\u00edan, y que los sacerdotes no pue\u00addan ejercer funci\u00f3n alguna eclesi\u00e1stica sin la aprobaci\u00f3n del falso e intruso Obispo, es decir, sin que reconozcan su auto\u00adridad y aprueben, a lo menos indirectamente, la Constitu\u00adci\u00f3n civil. Lo m\u00e1s deplorable de este decreto era la impuni\u00addad en que se dejaban los excesos m\u00e1s execrables. Cierto es que se amenazaba a sus autores para lo venidero, pero no se les persegu\u00eda ni castigaba por lo pasado, lo que les dio m\u00e1s valor y suscit\u00f3 imitadores en provincias.<\/p>\n<p>Los malos tratamientos no se limitaron en Par\u00eds a las religiosas, sino que se extendieron tambi\u00e9n a las personas m\u00e1s honestas: los bandidos, armados con varas, se colocaban cerca de las capillas donde se reun\u00edan, o en las calles pr\u00f3ximas, y se divert\u00edan y jugaban d\u00e1ndoles de palos para arrancarles la promesa de ir a la iglesia constitucional. (Ba\u00adrruel, <em>Historia del clero, <\/em>tomo I, p\u00e1g. lot.)<\/p>\n<p>A pesar de todo, no hemos podido hallar el nombre de una sola Hija de la Caridad que fuese a arrodillarse y orar en las iglesias servidas por los sacerdotes <em>juramentados ; <\/em>su constancia en la sumisi\u00f3n y respeto a la Iglesia cat\u00f3lica ejer\u00adci\u00f3 saludable influencia en gran n\u00famero de fieles, lo que explica el encarnizamiento y animosidad con que los revo\u00adlucionarios se determinaron a hacerles sufrir toda suerte de injurias. Varias veces los curas intrusos hicieron prender a las Hijas de la Caridad en sus casas o en las calles, haci\u00e9n\u00addolas llevar con violencia a la iglesia parroquial, poniendo en ellas sus manos indignas hasta los mismos pobres a quie\u00adnes asist\u00edan ; mas todos sus esfuerzos eran in\u00fatiles, porque, apenas pod\u00edan desasirse de las manos de sus opresores, hu\u00edan prontamente y con celeridad.<\/p>\n<p>La hermana Deleau , Superiora general, con gran valor manifest\u00f3 a Bailly que este furor era tan absurdo como in\u00fatil, y que ellas eran en Francia cuatro mil, conformes todas en los mismos pensamientos; y en esto no juzgaba con precipitaci\u00f3n del buen esp\u00edritu de sus Hermanas, pues ya veremos c\u00f3mo los sucesos posteriores justifican su recla\u00admaci\u00f3n al alcalde de Par\u00eds.<\/p>\n<p>9. <em>San Luis en la Isla, y Nuestra Se\u00f1ora de la Buena Nueva, en Par\u00eds.\u2014En <\/em>algunas parroquias de Par\u00eds, aunque en corto n\u00famero, como en San Luis en la Isla, los jefes del distrito permitieron a las Hermanas continuar ejercien\u00addo tranquilamente su ministerio para con los desgraciados del barrio, sin hacerles proposici\u00f3n alguna que pudiese alarmar su conciencia. En otras parroquias se limitaron a echarlas de ellas por no querer prestar el juramento a la Constituci\u00f3n. Mas no sucedi\u00f3 as\u00ed en todas partes. En la pa\u00adrroquia de la Buena Nueva, por ejemplo, la Superiora de la casa del socorro, Sor Joaquina Meyrand, que en 1791 era ya septuagenaria, se vio obligada a quitarse el h\u00e1bito<sup>,<\/sup> religioso, juntamente con sus compa\u00f1eras, a las cuales ani\u00admaba dici\u00e9ndoles: \u00abAcordaos que tambi\u00e9n fue desnudado de sus vestidos nuestro Se\u00f1or; debemos considerarnos di\u00adchosas porque en medio de tantos trastornos tenemos a\u00fan el consuelo de servir a los miembros afligidos de Jesucristo\u00bb. No gozar\u00edan largo tiempo de esta libertad; la Junta revolu\u00adcionaria les causar\u00eda nuevas persecuciones por su firme constancia en no querer hacer el juramento.<\/p>\n<p>Una tarde en que se cre\u00edan seguras y tranquilas, se las vino a buscar para que se presentasen a la Junta, reunida en la iglesia parroquial; habiendo entrado en ella, tuvieron el valor de arrodillarse en el lugar donde se hallaba colocado el altar de la sant\u00edsima Virgen; pero la escolta les oblig\u00f3 a proseguir. El presidente les propuso que eligiesen inmediatamente, \u00f3 el juramento, \u00f3 el cadalso.\u2014Pondremos nuestras cabezas deba\u00adjo del cuchillo,\u2014respondi\u00f3 la hermana Meyrand;\u2014ni yo ni mis compa\u00f1eras prestaremos semejante juramento.\u2014Mani\u00adfestadnos al momento,\u2014replic\u00f3 el presidente,&#8211; qui\u00e9nes son los sacerdotes que as\u00ed os han fanatizado y enga\u00f1ado.\u2014Nues\u00adtra resoluci\u00f3n ,\u2014 respondi\u00f3 la hermana,\u2014viene de Dios, de la Religi\u00f3n, de nuestra conciencia, y os aseguro que, con los auxilios del cielo, no nos mudar\u00e1n ni atemorizar\u00e1n vuestras amenazas. Al o\u00edr estas palabras, todos los miembros del Con\u00adsejo, llenos de furor, cogen las sillas y las arrojan a la cabeza de las Hermanas; gracias a Dios ninguna fue herida. y se salvaron con mucha prontitud en su casa. Muy poco tiempo hac\u00eda que hab\u00edan cerrado la puerta, cuando llegaron los bandidos que ven\u00edan tras ellas; hicieron todo lo posible para hacer pedazos la puerta, y quisieron tambi\u00e9n prender fuego; mas no pudiendo conseguirlo, declararon que har\u00edan morir de hambre a las Hermanas si persist\u00edan en no querer abrir. Afortunadamente ten\u00edan buenos vecinos que les ayudaron a huir, y dieron paso por sus casas. La hermana Meyrand muri\u00f3 a la edad de ochenta a\u00f1os el 29 de Mayo de 1802, estando entonces en la parroquia de San Nicol\u00e1s de los Campos.<\/p>\n<p>10. <em>Persecuci\u00f3n en provincias.\u2014 Burdeos. \u2014 Casoul. \u00ad<\/em>En las provincias fue mayor la persecuci\u00f3n que en Par\u00eds; pues en muchas villas lleg\u00f3 la ferocidad hasta cortar las ore\u00adjas a los sacerdotes y mujeres que sorprend\u00edan en las reunio\u00adnes cat\u00f3licas; las Hijas de la Caridad fueron paseadas mon\u00adtadas en asnos, con vestidos impropios, y r\u00f3tulos y letreros humillantes \u00e9 indignos; en lugar de varas usaron algunas veces nervios de buey para maltratar a los cat\u00f3licos, y se formaron asociaciones que, d\u00e1ndose a s\u00ed mismas el nombre de poder ejecutivo, se ofrec\u00edan a todos estos juegos y malos tratamientos. (Barruel, <em>Historia del clero, <\/em>tomo I, p\u00e1g. 102. <em>\u2014Historia del clero, <\/em>por M. R., tomo I, p\u00e1g. 320.)<\/p>\n<p>En Burdeos el populacho se apoder\u00f3 de dos Hermanas que rehusaban ir a la Misa de un sacerdote constitucional; a empellones fueron arrojadas al r\u00edo, de donde las sacaron medio muertas. El oficial municipal se dirigi\u00f3 a la casa de una de estas Hermanas para tomarle declaraci\u00f3n, y recibi\u00f3 una respuesta digna de contarse entre los hechos gloriosos del Cristianismo : <em>Se\u00f1or, <\/em>\u2014respondi\u00f3 esta heroica y santa Hija de la Caridad,\u2014yo <em>no ser\u00e9 jam\u00e1s delatora de la gente a que he consagrado mi existencia y mis cuidados; no de\u00adjar\u00e9 jam\u00e1s, ni aun en estas circunstancias, de ser Hija de la Caridad, as\u00ed como soy m\u00e1rtir de ella. (Memorias <\/em>de Ferie\u00adrres, lib. IX.)<\/p>\n<p>En Casoul, di\u00f3cesis de Bezier, un guardia nacional, fu\u00adrioso revolucionario, se apoder\u00f3 de una Hija de la Caridad, de edad de veintid\u00f3s a\u00f1os, para hacerle sufrir, seg\u00fan dec\u00eda, el castigo que su fanatismo merec\u00eda; le amenaza con el sable que ten\u00eda en la mano, y la Hermana le responde con mu\u00adcha serenidad y calma: <em>Dignaos, se\u00f1or, concederme algu\u00adnos momentos para encomendar mi alma a Dios. <\/em>Al instante se hinc\u00f3 de rodillas, y despu\u00e9s de haber orado algunos minutos se vuelve hacia su verdugo, <em>y <\/em>con la misma paz y tranquilidad le dice: <em>Ya estoy preparada, ya pod\u00e9is des\u00adcargar el golpe; pido a Dios nuestro Se\u00f1or os perdone, como yo de coraz\u00f3n os perdono. <\/em>Al o\u00edr estas palabras, el guardia nacional qued\u00f3 desarmado; levanta a la Hermana y le manifiesta su gran admiraci\u00f3n. <em>(Memorias <\/em>de Auribeau, tomo II, p\u00e1g. 229.)<\/p>\n<p>He aqu\u00ed algunos otros pormenores cuya memoria se con\u00adserva en nuestros archivos.<\/p>\n<p>11.- <em>Versalles. <\/em>\u2014Las Hijas de la Caridad fueron en Versalles, despu\u00e9s de los sacerdotes de la Misi\u00f3n, el objeto m\u00e1s directo de la rabia y furia de los curas intrusos. Dir\u00edgese el populacho a su casa, y trata de abrir la puerta para maltra\u00adtarlas <em>y <\/em>castigarlas porque hab\u00edan rehusado ir a la Misa de un cura constitucional; la resistencia que hizo la puerta a los agresores dio tiempo para que acudiese la guardia nacional; pero no obstante las representaciones de los militares, se les oblig\u00f3 a salir de su casa, y d\u00e1ndolas golpes con corde\u00adles <em>y <\/em>varas las llevaron a la iglesia parroquial, donde violen\u00adtamente tuvieron que o\u00edr la Misa de un intruso. Algunos d\u00edas despu\u00e9s se las ech\u00f3 de su morada, de la que se hizo un cuartel.<\/p>\n<p>12. <em>Lyon.\u2014Sor <\/em>Olivier, Superiora de la <em>Obra de los Ca\u00adballeros, <\/em>en Lyon, atrajo sobre s\u00ed el furor de los revolucio\u00adnarios por rehusar prestar el juramento; no se puede ima\u00adginar cu\u00e1nto le hicieron padecer; llevada ignominiosamente a la c\u00e1rcel, se vio reducida a dormir sobre paja, y apenas se le daba el pan necesario para sustentarse. Ocho d\u00edas estuvo en este estado, hasta que una de sus compa\u00f1eras consigui\u00f3 con muchas instancias el poder aliviar y dulcificar alg\u00fan tanto su situaci\u00f3n. Sor Olivier, durante esta prueba, ben\u00addec\u00eda al Se\u00f1or porque le hac\u00eda participar de su c\u00e1liz de amar\u00adgura, y \u00fanicamente deseaba la libertad para consagrarse sin reserva al consuelo y alivio de los desgraciados; y, efectiva\u00admente, luego que sali\u00f3 de la prisi\u00f3n se entreg\u00f3 con nuevo celo al cumplimiento de los caritativos ejercicios de su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>13. Rennes.\u2014Sor <\/em>Juana Montagnier, muy eminente en virtud, hab\u00eda estado ocupada casi toda su vida en suminis\u00adtrar sus cuidados y servicios a los presos de la ciudad de Rennes, no teniendo para nada en cuenta sus fatigas y pe\u00adnas con tal que pudiese de alg\u00fan modo aliviar el infortunio. Por medio de trabajosas diligencias y por su industriosa ca\u00adridad consigui\u00f3 satisfacer deudas considerables, y librar de los grillos y prisiones a muchos hombres que, las m\u00e1s ve\u00adces, no ten\u00edan otro crimen que el ser pobres. O\u00eda con pacien\u00adcia las querellas de los acusados, se encargaba de presentar ella misma sus demandas y de hacer valer sus derechos delan\u00adte de los magistrados, que la escuchaban gustosos por respeto a su virtud, y as\u00ed sol\u00eda decir el presidente de la ciudad. \u00abEs imposible negar cosa alguna a esta buena Madre de los po\u00adbres; su palabra tiene m\u00e1s poder \u00e9 influencia en nuestras deliberaciones que la voz de un miembro del Parlamento.\u00bb Nada le era imposible cuando se trataba de consolar a los desgraciados; les procuraba toda clase de auxilios espiritua\u00adles, y despu\u00e9s de haber pasado cuarenta y un a\u00f1os en los ejercicios de caridad, parec\u00eda cosa natural que hubiera ha\u00adllado gracia para con el Ayuntamiento, y que se le dejar\u00eda continuar su obra; pero nada se tuvo en cuenta, y fue lle\u00advada delante del Municipio para que prestase el juramento. La generosa Hija de la Caridad opuso invencible resistencia a todas las solicitaciones, no dej\u00e1ndose atemorizar por las amenazas. Fue condenada entonces a violenta prisi\u00f3n esta virtuosa Hermana, que por su solicitud con los pobres en\u00adcarcelados se asociaba todos los d\u00edas y por espacio de tantos a\u00f1os a su cautividad. Su mayor padecimiento fue el no po\u00adder suministrar m\u00e1s a los presos los alivios y consuelos que antes les prodigaba su ingeniosa caridad. Dur\u00f3 un a\u00f1o en\u00adtero su prisi\u00f3n, la cual soport\u00f3 sin quejarse jam\u00e1s; juzg\u00e1base dichosa en padecer por la fe, hac\u00eda oraciones y ofrec\u00eda sus penas por la conversi\u00f3n de los que la persegu\u00edan. Su celo no estuvo ocioso durante su detenci\u00f3n; encerrada con otras v\u00edctimas, les animaba y daba valor, ense\u00f1\u00e1bales el modo de santificar las pruebas, exponi\u00e9ndose muchas veces a que se agravase su situaci\u00f3n y a excitar el furor de sus enemigos por los auxilios espirituales que procuraba a los condenados a muerte. Algunos sentimientos de humanidad conservados en el coraz\u00f3n de algunos revolucionarios que parec\u00edan los m\u00e1s exaltados, fueron la causa de su libertad, la cual sola\u00admente deseaba para continuar siendo \u00fatil a los desgraciados, como efectivamente lo fue hasta la edad de setenta y siete a\u00f1os, en que muri\u00f3 en Rennes, el 11 de Septiembre de 1806.<\/p>\n<p>14. <em>San Mart\u00edn (isla de Re). \u2014 <\/em>Transcribimos a conti\u00adnuaci\u00f3n la relaci\u00f3n que tenemos a la vista, <em>y <\/em>que veros\u00edmil\u00admente ha sido tornada de los libros mismos de una de las Hermanas que sufrieron la persecuci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abEn el a\u00f1o 1789 , las Hijas de la Caridad de la isla de Re se vieron obligadas a dejar el h\u00e1bito religioso , y por espacio de tres a\u00f1os estuvieron privadas, por decirlo as\u00ed, del ejercicio de su misi\u00f3n, pues se les impidi\u00f3 el hablar de religi\u00f3n y desempe\u00f1ar las clases, oblig\u00e1ndolas a despedir las ni\u00f1as. Se les dieron sacerdotes de los que hab\u00edan hecho el juramento cism\u00e1tico para que les dijesen Misa y las confesasen, pero no quisieron servirse de su ministerio. Poco a poco se lleg\u00f3 hasta exigirles que prestasen el juramento. Era a la saz\u00f3n Superiora una Hermana de edad muy avanzada, que ten\u00eda poco valor y atrevimiento; fue mandada all\u00ed Sor Beaudet, que le sustituy\u00f3 despu\u00e9s de alg\u00fan tiempo, y respondi\u00f3 con firmeza a los que le exig\u00edan el juramento dici\u00e9ndoles que jam\u00e1s lo har\u00eda. Su compa\u00f1era, Sor Tabary, que no ten\u00eda m\u00e1s que veintinueve a\u00f1os, respondi\u00f3 del mismo modo. En\u00adtonces los administradores, que a pesar de todo quer\u00edan conservar las Hermanas, les propusieron que solamente deja\u00adsen creer al pueblo que hab\u00edan prestado el juramento; mas respondieron que si dec\u00edan semejante cosa ser\u00eda tal la opo\u00adsici\u00f3n que har\u00edan, que ir\u00edan a la plaza p\u00fablica a desmentir cuanto hubieren dicho.<\/p>\n<p>\u00abAl ver los administradores que nada absolutamente po\u00add\u00edan conseguir de las Hermanas, se les oblig\u00f3 a hacer los preparativos para la partida y salida de la casa o m\u00e1s bien a partir al momento, sin darles tiempo para subir al dormi\u00adtorio; fueron conducidas a la casa del alcalde de la villa, el cual las trat\u00f3 humanamente, d\u00e1ndoles de comer, pues nada hab\u00edan recibido de su asignaci\u00f3n. Todas las personas del hospital derramaron muchas l\u00e1grimas al verlas partir, cre\u00adyendo que ser\u00eda alevosamente asesinadas en llegando a la Ro\u00adchela. Los administradores del hospicio, que tan severamen\u00adte se portaron, encargaron en secreto que las Hermanas fuesen tratadas con atenci\u00f3n y consideraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abEmbarc\u00e1ndolas en el puerto de San Mart\u00edn de la isla de Re, llegaron a la Rochela, en donde las aguardaban para lle\u00advarlas a la prisi\u00f3n; pasaron la noche en un corredor donde oyeron muchas cosas que les causaban gran pena, y no se les dio alimento alguno. Sor Tabary se atrevi\u00f3 al fin a <em>de\u00adcir <\/em>que hab\u00eda obligaci\u00f3n de dar de comer a los presos, y no fue mal recibida su advertencia, pues fueron conducidas al convento de las Se\u00f1oras Blancas, en donde tuvieron por ca\u00adlabozo un cuarto de estas buenas religiosas. All\u00ed recibieron algunos socorros de las Hermanas de la Sabidur\u00eda, que a\u00fan no hab\u00edan salido del hospital militar; poco tiempo continuaron en \u00e9l, pues estas buenas doncellas tuvieron la misma suerte que las otras religiosas.<\/p>\n<p>\u00bb Despu\u00e9s de una corta estancia en esta casa, las Herma\u00adnas fueron conducidas a Brouage (fuerte peque\u00f1o). En esta especie de prisi\u00f3n todos se hallaban juntos en una misma sala, o, mejor dicho, en un gran desv\u00e1n en donde todo absolutamente faltaba. Sor Guillerma y Sor Tabary se retira\u00adron a un rinc\u00f3n de esta habitaci\u00f3n triste y miserable para poder estar un poco solas. En medio de dicha habitaci\u00f3n se hallaba una cocina, en la que todos los que necesitaban al\u00adguna cosa se la pod\u00edan preparar pagando los gastos con su propio caudal. La compa\u00f1era de Sor Tabary ten\u00eda tan gran calentura que apenas pod\u00eda tenerse en pie, y sin los cuida\u00addos de Sor Tabary hubiera entonces muerto.<\/p>\n<p>\u00bb Imposible es referir cuanto padecieron durante su pri\u00adsi\u00f3n, que dur\u00f3 diecisiete \u00f3 diecinueve meses ; todos los d\u00edas deb\u00eda acudir a la misma hora a la lista, para recibir una cor\u00adta raci\u00f3n de pan tan malo que apenas se pod\u00eda comer. La divina Providencia, que nunca falta, vino en su ayuda; una de las Hermanas sab\u00eda muy bien cuidar a los enfermos, em\u00adpez\u00f3 a prestarles su servicio, y algunos de los presos, que ten\u00edan bienes de fortuna, la daban en reconocimiento lo ne\u00adcesario para su sustento y el de su compa\u00f1era.<\/p>\n<p>\u00bb O\u00edan continuamente los gritos de muerte, y cada cual previa su pr\u00f3ximo fin; mas la muerte de Robespierre puso t\u00e9rmino a tal situaci\u00f3n, y vino un correo a dar la noticia y la orden de abrir la prisi\u00f3n y dar libertad a los presos. Sa\u00adlieron las Hermanas de esta mansi\u00f3n de padecimientos sin dinero ni fuerzas, debilitadas y extenuadas por las privacio\u00adnes que hab\u00edan sufrido. Destituidas de todo recurso, se vie\u00adron en la precisi\u00f3n de mendigar el pan en las casas pr\u00f3xi\u00admas a Brouage; fueron socorridas caritativamente, pero era tal su hambre que no pod\u00edan saciarse.<\/p>\n<p>\u00abHall\u00e1ndose en tal estado las dos Hermanas de la isla de Re, pensaron y determinaron volver a la Rochela para pedir asilo a sus bienhechores, los Sres. de Saint Sournain y de Mesnard, que tanto bien les hab\u00edan hecho desde que fueron puestos en prisi\u00f3n. Aun no hab\u00edan recobrado la li\u00adbertad; mas como nada les faltaba y ten\u00edan abundancia de v\u00edveres, obligaron a las Hermanas a aceptar diariamente la mitad del alimento que para s\u00ed recib\u00edan; y as\u00ed se convino que todos los d\u00edas, a hora determinada y al sonido de una campana, recibir\u00edan, de manos de los dom\u00e9sticos de estos se\u00f1ores la comida de uno de los dos, y que ellos tendr\u00edan suficiente con la otra comida. Jam\u00e1s las Hermanas pod\u00edan olvidar la generosidad y benevolencia que para con ellas tu\u00advieron dichos se\u00f1ores, los cuales adem\u00e1s quer\u00edan que no se separasen de ellos, prometi\u00e9ndoles favorecerles siempre y cuando necesitasen su auxilio y protecci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bb La hermana Tabary estuvo alg\u00fan tiempo en casa de estos se\u00f1ores, siendo tratada con todos los miramientos de\u00adbidos a su posici\u00f3n. Sor Guillerma se fue con su familia, que viv\u00eda en Rennes, y estuvo con ella hasta que pudo en\u00adtrar en la Congregaci\u00f3n. La hermana Tabary, alg\u00fan tiem\u00adpo despu\u00e9s, se dirigi\u00f3 a Par\u00eds para ver si la Comunidad se restablecer\u00eda prontamente; pero todav\u00eda no era llegado el momento, y se vio en esta gran ciudad sin saber qu\u00e9 resolu\u00adci\u00f3n tomar. Dios la inspir\u00f3 el pensamiento de ir- a ver a la se\u00f1ora de Mesnard, hija del Sr. Saint-Sournain, la cual le hab\u00eda prometido ayudarla en todas ocasiones; recibi\u00f3la muy bien, y pocos d\u00edas despu\u00e9s parti\u00f3 Sor Tabary para unirse con su familia , que resid\u00eda cerca de Arras. Tuvo el gran consuelo de volver a ver a su buena madre, con la cual estu\u00advo diez a\u00f1os ; y al punto que la Congregaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad se reorganiz\u00f3, se desprendi\u00f3 por segunda vez de la ternura maternal y torn\u00f3 a su amada Comunidad.<\/p>\n<p>Fue de nuevo enviada Sor Tabary a la isla de Re, don\u00adde se hallaba ya Sor Guillerma, que igualmente hab\u00eda sido mandada al mismo puesto. All\u00ed encontraron a la anciana Superiora, que no hab\u00eda sido inquietada ni perturbada, y de la que hab\u00edan cuidado dos de los dom\u00e9sticos. Sor Tabary fue nombrada entonces Superiora.\u00bb<\/p>\n<p>15. <em>Nancy.\u2014Al <\/em>otro extremo de Francia, en Nancy, el Ayuntamiento quiso obligar a las hermanas a que hiciesen el juramento cism\u00e1tico; mas persuadidos que si las hac\u00edan venir todas juntas no lo podr\u00edan conseguir , determinaron los municipales hacerles comparecer en particular, esperan\u00addo de este modo intimidarlas m\u00e1s f\u00e1cilmente. Decidieron, pues, hacer venir primero a la hermana Cecilia Choquart, porque cre\u00edan que, por causa de su bondad y sencillez, con\u00adsentir\u00eda con facilidad en lo que pretend\u00edan. Efectivamente, supieron las hermanas que los administradores hab\u00edan dicho entre s\u00ed : \u00abLas dem\u00e1s hermanas ser\u00e1n inalterables \u00e9 in\u00adquebrantables; no hay que esperar conseguir nada de ellas, pues antes expondr\u00e1n su propia vida, y aun con alegr\u00eda, que consentir hacer el juramento ; pero Sor Cecilia es tan buena que har\u00e1 cuanto quisi\u00e9remos, y por su medio podre\u00admos ganar a las otras.\u00bb En el d\u00eda determinado fue, Sor Ce\u00adcilia buscada por los agentes de la autoridad y conducida con buena escolta al lugar de las sesiones: tuvo que pasar por medio de las gentes que por curiosidad hab\u00edan acudido, ad\u00admiradas de tal espect\u00e1culo. Durante este tiempo las otras hermanas estaban en su casa rogando a Dios por su pobre compa\u00f1era y por s\u00ed mismas, creyendo que pronto se ver\u00edan en el mismo estado.<\/p>\n<p>Habiendo llegado Sor Cecilia delante de los municipa\u00adles comenz\u00f3 por saludarles, dici\u00e9ndoles al instante, sin al\u00adterarse: \u00abQu\u00e9 se os ofrece y quer\u00e9is que haga, ciudadanos?\u00bb Se le respondi\u00f3 con pol\u00edtica y respeto que la ley obli\u00adgaba a las hermanas a prestar el juramento, y que se la llamaba para que cumpliese la ley. \u00abMucho tiempo hace, \u2014respondi\u00f3,\u2014que hice un juramento; en el bautismo pro\u00admet\u00ed y me obligu\u00e9 a ser fiel a Dios, y con mucha frecuencia renuevo estas promesas. Otro segundo juramento hice cuan\u00addo me entregu\u00e9 a Dios por los votos propios de mi estado, y este juramento igualmente lo renuevo todos los d\u00edas; no puedo de ning\u00fan modo hacer otro juramento.\u00bb Y poniendo la mano en el cuello, a\u00f1adi\u00f3: \u00abAqu\u00ed ten\u00e9is mi cabeza si la quer\u00e9is, pues preparada y dispuesta estoy a morir\u00bb.<\/p>\n<p>Esta respuesta, a la vez tan firme como inesperada, des\u00adconcert\u00f3 a los municipales, los cuales, sin embargo, no des\u00adesperaron de triunfar de su constancia; le expusieron las ra\u00adzones m\u00e1s persuasivas; mas la hermana, por su parte, daba siempre la misma respuesta. En fin, viendo que eran in\u00fatiles todos los esfuerzos, le permitieron volver a su Casa. Ha\u00adbiendo regresado a ella, refiri\u00f3 Sor Cecilia a sus compa\u00f1eras todo lo que le hab\u00eda pasado y a\u00f1adi\u00f3: \u00abPor m\u00e1s que seamos probadas, amadas hermanas, tengamos presente que el Se\u00ad\u00f1or es bueno; debemos poner toda nuestra confianza en sus promesas si le rogarnos con todo nuestro fervor y devoci\u00f3n, porque, en efecto, yo soy la debilidad misma; de manera que, pensando en ella, cre\u00edan que f\u00e1cilmente ceder\u00eda y sucum\u00adbir\u00eda; con todo eso, apenas estuve delante del Ayuntamien\u00adto me hall\u00e9 con tanta fortaleza como los m\u00e1rtires\u00bb. Desde este tiempo los municipales dejaron a las hermanas libres en el ejercicio y cumplimiento de las obras propias de su estado. Sor Cecilia muri\u00f3 en Nancy a la edad de ochenta y nueve a\u00f1os.<\/p>\n<p>Estas relaciones dan a comprender la verdad de las si\u00adguientes palabras escritas a ra\u00edz de la Revoluci\u00f3n: \u00abLa con\u00adducta de las hijas de San Vicente de Pa\u00fal durante la Revo\u00adluci\u00f3n ha honrado mucho a la Iglesia de Jesucristo. Nada hay m\u00e1s encantador y admirable que aquella sencillez de costumbres, humildad evang\u00e9lica y generosidad de senti\u00admientos que en su mayor parte demostraron luego que fue\u00adron obligadas a comparecer delante de las juntas o tribuna\u00adles revolucionarios para dar cuenta de sus creencias religio\u00adsas. Algunos procesos verbales de los interrogatorios causan gran admiraci\u00f3n por la claridad de respuestas, tranquilidad de esp\u00edritu, paz y rectitud de conciencia que dichas respues\u00adtas suponen, y manifiestan adem\u00e1s gran fortaleza y grandeza de alma en presencia de todos los terrores y amenazas de los hombres\u00bb. <em>(Oraci\u00f3n f\u00fanebre de la hermana Deleau, <\/em>pronunciada en la Iglesia metropolitana de Lyon el d\u00eda 1\u00ba de Junio de 1801).<\/p>\n<h2><strong>V.- Persecuci\u00f3n en el mediod\u00eda de Francia<\/strong><\/h2>\n<p>16. <em>Agde, Basas.\u2014Los <\/em>pormenores que ya hemos re\u00adferido acerca de las casas de Rennes y Nancy se encuentran, como la mayor parte de los que a continuaci\u00f3n ponemos, en la preciosa colecci\u00f3n titulada: <em>Conferencias y Advertencias <\/em><em>\u00f3 Noticias <\/em>para uso de las Hijas de la Caridad. (Tres vol\u00fa\u00admenes en 4.\u00b0 Par\u00eds, 1845.)<\/p>\n<p>En Agde, en la Casa de Misericordia, se conserva la memoria de Sor Francisca, que fue conducida a la c\u00e1rcel d\u00e1ndole bastonazos. Habiendo sido puesta en libertad tres -d\u00edas despu\u00e9s, volvi\u00f3 a la casa, y merced a los cuidados de algunas personas caritativas que le daban lo necesario para subsistir, pudo vivir durante todo el tiempo que dur\u00f3 la tor\u00admenta revolucionaria, y en atenci\u00f3n a su persona se con\u00adserv\u00f3 la casa a la Comunidad.<\/p>\n<p>En Bazas, la expulsi\u00f3n de las hermanas tuvo lugar el 21 de Octubre de 1793. La deliberaci\u00f3n del Consejo establecido permanentemente en el hospicio, resolvi\u00f3 entonces la secu\u00adlarizaci\u00f3n de los hospicios. He aqu\u00ed el texto de esta deter\u00adminaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abEl Consejo&#8230;, considerando que, por m\u00e1s que las Her\u00admanas de la Caridad han dirigido y gobernado con acierto, <sup>&#8211;<\/sup>diligencia y esmero a los enfermos del hospital, interesa, no obstante, mucho a la Rep\u00fablica que se conf\u00ede la adminis\u00adtraci\u00f3n interior de un establecimiento p\u00fablico tan importante a ciudadanas que profesen un <em>civismo puro, <\/em>y que con las virtudes republicanas junten las cualidades necesarias para cumplir la obligaci\u00f3n de aliviar y consolar a la afligida humanidad, decreta y determina: que, en atenci\u00f3n a lo pe\u00addido por el procurador de la Commune, las susodichas her\u00admanas que se hallan a\u00fan en el hospital de la ciudad sean despedidas sin dilaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Fueron, pues, sustituidas las hermanas por las ciuda\u00addanas Therie, su hija primog\u00e9nita y su hija segunda, etc\u00e9\u00adtera, las cuales profesaban probablemente un <em>civismo puro; <\/em>pero fu\u00e9 tal su conducta, que el hospital vino prontamente a su fin y ruina. Con efecto: el procurador de la Comisi\u00f3n declar\u00f3 en el proceso verbal del 10 de Vindemario del a\u00f1o 4.\u00b0 republicano, que todos los recursos del hospital se hab\u00edan acabado y que se estaba en v\u00edsperas de faltar aun las cosas m\u00e1s necesarias, como era el pan, sin el cual, a\u00f1ad\u00eda, no se puede pasar.<\/p>\n<p>Durante todo este tiempo, las Hijas de la Caridad fueron objeto de toda clase de persecuciones, del mismo modo que las Ursulinas, que habitaban en Bazas hac\u00eda mucho tiempo. Puestas en prisi\u00f3n, fueron sacadas de ella con la condici\u00f3n de prestar a la Rep\u00fablica el juramento c\u00edvico, muy distinto del juramento civil del clero. Fueron protegidas por los fer\u00advorosos cat\u00f3licos el Sr. Bonfils, que les di\u00f3 acogida en una de sus casas de la calle de <em>Bragoux, y <\/em>los Sres. Duport y Raymosd, que las recibieron en uno de sus establecimien\u00adtos de la calle del Hospital. Dos hermanas se unieron con otras religiosas y un sacerdote, y se ocuparon en procurar socorros y consuelos a los pobres enfermos, como lo hac\u00edan otras personas laicas. Una de ellas muri\u00f3 durante la \u00e9poca del Terror.<\/p>\n<p>17. <em>Auch, B\u00e9Tiers, Lavaur.\u2014Previendo <\/em>en algunas oca\u00adsiones las hermanas que las iban a encarcelar, se dispersa\u00adron, trabajando para ser \u00fatiles de la mejor manera posible a la causa de la Religi\u00f3n y de los pobres, y esto es lo que sucedi\u00f3 en el hospital general de Auch.<\/p>\n<p>Una mujer que sirvi\u00f3 en la casa, la cual muri\u00f3 el a\u00f1o 1892 a la edad de ciento cuatro a\u00f1os, ha referido varias ve\u00adces que las hermanas de dicha ciudad tuvieron que sufrir mucho durante la Revoluci\u00f3n, pero que estuvieron muy poco tiempo fuera de ella. Con efecto: luego que se supo los sucesos ocurridos acerca del registro de las deliberaciones del hospital, al instante se pidi\u00f3 de nuevo a las hermanas; de modo que s\u00f3lo estuvieron ausentes un a\u00f1o pr\u00f3ximamen\u00adte; mas para poder entrar otra vez en el hospital fue nece\u00adsario quitarse el h\u00e1bito de Hijas de la Caridad. Sor De\u00adchaux, que era entonces Superiora de Auch, y una de sus compa\u00f1eras, se hab\u00edan refugiado en los contornos de Mar\u00adciah, junto a una familia llamada Basciet. Estas buenas hermanas ense\u00f1aron a leer a un ni\u00f1o, que lleg\u00f3 despu\u00e9s a ser arcipreste de Auch, el cual varias veces sol\u00eda decir que deb\u00eda el ser sacerdote a las hermanas que ocultaron sus pa\u00addres durante la Revoluci\u00f3n. Muri\u00f3 pr\u00f3ximamente diez a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Todo el tiempo que estuvieron ausentes las hermanas, parece que hubo cinco \u00f3 seis mujeres que serv\u00edan en la casa, las cuales eran de bastante edad y guardaron el hospicio; una se encarg\u00f3 de la cocina, y las dem\u00e1s de la farmacia, la\u00advado y planchado, sin que pudiesen hacerles prestar el ju\u00adramento.<\/p>\n<p>Mientras dur\u00f3 la tormenta revolucionaria estuvo oculto en el hospital un sacerdote llamado Fenasse, quien, a pesar de ejercer el oficio de panadero, se levantaba al amanecer para decir Misa en una de las enfermer\u00edas, poniendo por de\u00adtr\u00e1s una cortina que ocultaba el altar y personas que asist\u00edan.<\/p>\n<p>En B\u00e9ziers, las hermanas de la Casa de Misericordia sufrieron mucho de parte de los terroristas y de los sacerdo\u00adtes <em>juramentados, <\/em>como se refiere en la Memoria de una de ellas; mas a pesar de todo se portaron como verdaderas Hijas de la Caridad. Aunque apenas ten\u00edan con qu\u00e9 pasar la vida, no dejaron por eso de continuar visitando a los en\u00adfermos, asisti\u00e9ndoles cuanto les era posible. <em>(Noticias, <\/em>t. II, p\u00e1gina 984.)<\/p>\n<p>En Lavaur, despu\u00e9s de haber deliberado el Consejo de la Commune, el 28 de Octubre de 1792 oblig\u00f3 a las Hijas de la Caridad del hospital a suprimir las costumbres y pr\u00e1cti\u00adcas religiosas; y siguiendo por el camino de persecuci\u00f3n, se vieron muy presto obligadas a dejar el ejercicio de su minis\u00adterio en dicho establecimiento, seg\u00fan se refiere en un docu\u00admento oficial escrito un poco m\u00e1s tarde: \u00abNo se les permit\u00eda continuar sin que hiciesen un sacrificio que les ser\u00eda m\u00e1s penoso y doloroso que la muerte misma.\u00bb (Carta del admi\u00adnistrador, en 1801.) No se atrevieron los miembros de la Administraci\u00f3n a manifestar a las hermanas la decisi\u00f3n to\u00admada, y as\u00ed fueron llamadas a una reuni\u00f3n que ten\u00eda por objeto ejecutar esta odiosa medida; habi\u00e9ndose abstenido de acudir a dicha junta las hermanas, el Directorio del distrito tuvo que manifestarles por s\u00ed mismo dicha resoluci\u00f3n, adu\u00adciendo como causas de su determinaci\u00f3n la falta de civismo y su adhesi\u00f3n al fanatismo de los sacerdotes, es decir, a lo que dictaba su conciencia y a la Religi\u00f3n.<\/p>\n<p>H\u00edzose inmediatamente necesario emplear para el servi\u00adcio del hospital ciudadanas llamadas <em>guardaenfermos, <\/em>y hubo que aumentar el personal. El cuidado que se ha de tener de los enfermos es siempre trabajoso y pide mucha abnegaci\u00f3n, por lo cual bien pronto abandonaron el hospi\u00adtal aquellas enfermeras improvisadas, y los pobres enfermos hubieran muerto sin tener quien les socorriese si no se hu\u00adbieran ofrecido a servirles provisionalmente algunas distin\u00adguidas y caritativas se\u00f1oras de la ciudad. Algunas hermanas expulsadas de diferentes casas se encargaron prontamente de prestar sus servicios y cuidados a los enfermos, y apenas termin\u00f3 la Revoluci\u00f3n, la Administraci\u00f3n del hospicio pidi\u00f3 oficialmente otra vez a las susodichas hermanas. Sor Deleau, Superiora general en aquella saz\u00f3n, escribi\u00f3 a los administradores dici\u00e9ndoles que, olvidando los malos trata\u00admientos que en Lavaur hab\u00edan recibido sus compa\u00f1eras al comenzar la Revoluci\u00f3n, las enviaba de nuevo al hospicio y al servicio de los pobres. (Manuscrito.)<\/p>\n<p>18. <em>Montpeller, Narbona, Pau, Tolosa.\u2014 <\/em>La persecu\u00adci\u00f3n se hizo casi del mismo modo indicado en todo el Me\u00addiod\u00eda de Francia. El 23 de Noviembre de 183; muri\u00f3 en Montpeller una santa Hija de la Caridad, llamada Antonie\u00adta Rogier, la cual hab\u00eda servido por espacio de cincuenta y cuatro a\u00f1os a los enfermos de dicha ciudad, siendo conocida en toda ella por los sacrificios hechos durante la Revoluci\u00f3n. En esta \u00e9poca se expuso, por suministrar socorros y los au\u00adxilios de los Sacramentos, a perder la vida, y en vista de tanta bondad y sacrificios se rindieron a sus instancias muchos de aquellos mismos que en alta voz hab\u00edan dicho que jam\u00e1s ceder\u00edan ni mudar\u00edan de prop\u00f3sitos y resoluciones. <em>(Circu\u00ad<\/em><em>lar, <\/em>t. II, p\u00e1g. 982.)<\/p>\n<p>Las hermanas de la Casa de Misericordia de Narbona fueron tambi\u00e9n perseguidas, debi\u00e9ndose al celo y vigilancia de Sor Genoveva Juana que se conservase y permaneciese esta casa. Durante la Revoluci\u00f3n tuvo atrevimiento dicha hermana para despreciar los peligros, \u00e9 hizo o\u00edr palabras de verdad y justicia a sus perseguidores. Con el ascendiente y admirable ejemplo de sus virtudes desarm\u00f3 a sus adversa\u00adrios; y aunque despojada de su h\u00e1bito religioso, no ces\u00f3 ja\u00adm\u00e1s de administrar dicha casa de caridad, esparciendo y comunicando por todas partes en su alrededor los consuelos y limosnas inagotables como su bondad. (<em>Noticias, <\/em>t. II, p\u00e1gina 925.)<\/p>\n<p>La villa de Pau presenta un ejemplo de las vicisitudes que en aquella \u00e9poca se deb\u00edan repetir con bastante frecuencia; se seculariz\u00f3 el hospicio, aunque, seg\u00fan la voz com\u00fan, las hermanas hab\u00edan dado completa satisfacci\u00f3n. Inmediata mente despu\u00e9s de haberlas despedido, el desorden y la dila\u00adpidaci\u00f3n se introdujeron en la casa, de tal modo que no se hallaba otro remedio posible sino que de nuevo volviesen las hermanas, verific\u00e1ndose este drama en plena \u00e9poca re\u00advolucionaria, en los a\u00f1os 1793 y 94. Con efecto: el 7 de Fe\u00adbrero de 1793, el Consejo del distrito vot\u00f3 el siguiente art\u00edcu\u00adlo: \u00abLas hermanas continuar\u00e1n sirviendo en el hospital, como en lo pasado, poni\u00e9ndose de acuerdo inmediatamente con la Junta\u00bb.<\/p>\n<p>A pesar de esto, queriendo condescender y acomodarse a las ideas de la \u00e9poca, cada d\u00eda se inventaban nuevos cuen\u00adtos y enredos; de modo que se vieron obligadas las herma\u00adnas a manifestar que si no se las dejaba vivir seg\u00fan sus re\u00adglas, abandonar\u00edan la casa. As\u00ed habl\u00f3 Sor Roure, Superiora del hospital. Conmovida la Junta, se reuni\u00f3 y dispuso lo siguiente : \u00abEl agente nacional queda invitado a respon\u00adder a la ciudadana Roure, dici\u00e9ndole que el Municipio est\u00e1 satisfecho y reconoce los grandes servicios que ella y sus compa\u00f1eras han prestado a la afligida humanidad, y que desea permanezcan en el hospital, asegur\u00e1ndoles todos los socorros y comodidades que est\u00e9n en su poder\u00bb.<\/p>\n<p>No obstante estas buenas palabras, las hermanas no pu\u00addieron practicar lo que se les exig\u00eda, por lo que dejaron el hospital. Algunos meses, algunas semanas fueron suficien\u00adtes para que todo se desorganizase, y la Administraci\u00f3n, a vista de semejante espect\u00e1culo, lanz\u00f3 un verdadero grito de admiraci\u00f3n y espanto; y conociendo el mal afortunadamen\u00adte, trat\u00f3 de aplicarle el remedio llamando otra vez a las hermanas. He aqu\u00ed la deliberaci\u00f3n del 4 de Enero de 1793, a\u00f1o tercero de la Rep\u00fablica:<\/p>\n<p>\u00abEl Consejo de Administraci\u00f3n, considerando que, seg\u00fan todos los datos comunicados a la Administraci\u00f3n, el desor\u00adden reina en el hospital civil, y que no es otra la causa del desorden sino la ausencia de las hermanas Roure, Isabel y Catalina, porque s\u00f3lo ellas son capaces para dirigirlo, deter\u00admina que las sobredichas hermanas sean buscadas para dirigir el hospital civil y cumplir como en lo pasado todos los deberes con las otras hospitalarias que se hallan en \u00e9l; encarga tambi\u00e9n a los mismos comisarios darles a conocer las presentes disposiciones, y exigirles que vuelvan al hos\u00adpital en el t\u00e9rmino de veinticuatro horas\u00bb.<\/p>\n<p>En Tolosa la persecuci\u00f3n fue m\u00e1s severa y cruel que en otras partes. La Superiora de la casa de San Esteban, la cual se llamaba Sor Juana Dumon, fue dos veces puesta en prisi\u00f3n por no querer prestar el juramento. Llev\u00f3 con gran resignaci\u00f3n las pruebas y trabajos; y habiendo m\u00e1s tarde uno de sus perseguidores venido a caer en necesidad y po\u00adbreza, le socorri\u00f3 con generosidad, yendo ella misma a bus\u00adcar al Prefecto para que le diese alg\u00fan empleo con que tu\u00adviese lo necesario para pasar la vida.<\/p>\n<p>M\u00e1s de treinta Hijas de la Caridad residentes en esta ciudad fueron aprisionadas durante la \u00e9poca del Terror, teniendo por prisi\u00f3n la abad\u00eda de las antiguas se\u00f1oras canonesas de Saint-Sernin, situada en la calle de Mirabel, llamada en aquella saz\u00f3n calle de la Fuerza Armada, y al presente calle de Remusat. Convenida esta abad\u00eda en casa de arresto, se le dio con injusticia el nombre de prisi\u00f3n del Senescal.<\/p>\n<p>La lista m\u00e1s completa de las hermanas puestas en prisi\u00f3n es la que se public\u00f3 el 24 de Septiembre de 1794 por el <em>comit\u00e9 <\/em>revolucionario, en la cual se indican, juntamente con los nombres de las hermanas, su edad, la fecha y las m\u00e1s de las veces las causas de su arresto. Estas causas son com\u00fanmente las que a continuaci\u00f3n se mencionan: \u00abArres\u00adtada por no conformarse con la ley del juramento c\u00edvico. Por sus relaciones con los arist\u00f3cratas, los fan\u00e1ticos y sacerdotes.\u2014Por no haber jam\u00e1s amado la Revoluci\u00f3n llevada del fanatismo.\u2014 Por aconsejar a los enfermos que llamen a los sacerdotes.\u00bb O bien: \u00abPor causa de fanatismo, sedu\u00adcida por los sacerdotes o por sus superiores\u00bb. O, en fin: \u00abPor fanatizar a los enfermos, o a las otras hermanas j\u00f3venes, etcetera, etc.\u00bb<\/p>\n<p>Las hermanas fueron recobrando sucesivamente la li\u00adbertad; pues habi\u00e9ndolas pedido los administradores, el Mu\u00adnicipio permiti\u00f3 que tres de ellas volviesen a la casa de Ca\u00adridad de Santiago, llamada entonces <em>hospicio humanitario, <\/em>lo que acaeci\u00f3 el 14 de Julio de 1795. (Arch. municipal, De\u00adliber., reg. 4.)<\/p>\n<p>19.- <em>Dax. Muerte de Sor Margarita Rutan.\u2014En <\/em>Dax las Hijas de la Caridad prestaban sus servicios en el Hospital desde el a\u00f1o 1710, distingui\u00e9ndose los a\u00f1os de la Revoluci\u00f3n por la sangrienta y gloriosa muerte de Sor Margarita Rutan, Superiora de dicha Casa, la cual falleci\u00f3 en el cadalso el 9 de Abril de 1794. (V\u00e9ase a Sauviae, <em>Cr\u00f3nicas de la ciudad <\/em><em>y di\u00f3cesis de Acqs, <\/em>lib. X; J. Lege, <em>Di\u00f3cesis de Aire y de Dax durante la Revoluci\u00f3n, t. II, <\/em>p\u00e1g. ir; <em>Semana Religio\u00ad<\/em><em>sa de Aire y de Dax, <\/em>Mayo, 1891; Dufource, <em>Historia de los <\/em><em>Landes.)<\/em><\/p>\n<p>Margarita Rutan naci\u00f3 en Metz en 1736. Su familia, que ten\u00eda buena posici\u00f3n en la sociedad, no omiti\u00f3 nada para darle educaci\u00f3n esmerada y brillante. Desde su juventud manifest\u00f3 Margarita, juntamente con una viva inteligencia gran inclinaci\u00f3n a los estudios serios, por lo cual su instruc\u00adci\u00f3n fue m\u00e1s aventajada de lo que suele ser ordinariamente, a\u00f1adiendo a los conocimientos cl\u00e1sicos nociones bastante completas de dibujo, matem\u00e1ticas y arquitectura.<\/p>\n<p>Su natural era agradable, y ten\u00eda en su conversaci\u00f3n y trato mucha afabilidad y amenidad; nada le faltaba de aque\u00adllas cosas que son necesarias para brillar y sobresalir en el mundo. Pero Dios ten\u00eda sobre ella sus particulares desig\u00adnios, por lo que la llam\u00f3 interiormente por medio de su di\u00advina gracia, a la cual sin oposici\u00f3n ni duda alguna obede\u00adci\u00f3, y a la edad de diecinueve a\u00f1os entr\u00f3 en calidad de postulanta en la Casa de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Desde Par\u00eds fue al hospital de Santiago de Tolosa, para aprender all\u00ed el modo de practicar la vida de abnegaci\u00f3n y sacrificio. Los recuerdos que en dicha Casa dej\u00f3. publicados m\u00e1s tarde, la presentan llena de ardor, fervor y actividad, cumpliendo con igual facilidad los m\u00e1s variados minis\u00adterios.<\/p>\n<p>Por mandato de sus superiores pas\u00f3 de Tolosa a Pau donde reorganiz\u00f3 el hospicio y fund\u00f3 a su lado una manu\u00adfactura de lanas, cuyas rentas deb\u00edan servir al sustento de los ni\u00f1os abandonados. Pudo Sor Margarita llevar la em\u00adpresa a su feliz t\u00e9rmino y fin, gan\u00e1ndose por su actividad la estima y simpat\u00edas de todos, en tanto grado que, cuando die\u00adcinueve a\u00f1os despu\u00e9s fue trasladada a otro punto, las l\u00e1gri\u00admas y lamentos eran universales por causa de su partida.<\/p>\n<p>Habiendo pasado algunos a\u00f1os en Blagy, se le encarg\u00f3 la direcci\u00f3n del hospicio de Fontainebleau. La reina Mar\u00eda Leczinska vino a visitar dicha Casa, y se admir\u00f3 mucho de las mejoras que el esp\u00edritu met\u00f3dico de Sor Margarita hab\u00eda hecho en ella, d\u00e1ndole por todo muchos elogios y alabanzas. Poco despu\u00e9s quiso que la Sra. de Fleury, ata\u00adcada de viruela y cuya salud le inspiraba inquietudes, fuese confiada a los cuidados de esta Superiora, la cual se de\u00addic\u00f3 al cuidado de la enferma sin separarse de ella ni de d\u00eda ni de noche, logrando conseguir su curaci\u00f3n y salud.<\/p>\n<p>El resultado de esta curaci\u00f3n fue causa de que tuviese en la Corte poderosos protectores; pero \u00bfqu\u00e9 le importaba eso? No tard\u00f3 Sor Rutan de dejar a Fontainebleau para ir a Brest, y de aqu\u00ed a Dax. El Obispo de esta ciudad, Ilmo. Sr. Neuf\u00adville, obtuvo que fuese enviada all\u00ed despu\u00e9s de las m\u00e1s fuer\u00adtes instancias. Con la h\u00e1bil direcci\u00f3n de Sor Rutan prospe\u00adr\u00f3 sin cesar el nuevo hospicio de Dax , aument\u00e1ndose con rapidez sus rentas. Los dones y regalos aflu\u00edan de todas par\u00adtes por el gran cr\u00e9dito y popularidad de la Superiora; popu\u00adlaridad ef\u00edmera que el miedo y la exaltaci\u00f3n de las pasiones pol\u00edticas convirtieron bien pronto en negra ingratitud.<\/p>\n<p>La Revoluci\u00f3n sorprendi\u00f3 a Sor Margarita Rutan, que estaba completamente absorta en las funciones que ten\u00eda que cumplir, conduciendo con gran prudencia la peque\u00f1a comunidad que le estaba confiada, prestando a los enfermos cuidados maternales y mostrando fuera del hospicio una solicitud, que jam\u00e1s se desalentaba ni desanimaba, por el bien de todos los que padec\u00edan en la ciudad.<\/p>\n<p>Esta mujer, cuya inteligencia y coraz\u00f3n eran tan exce\u00adlentes, como hemos dicho, no pudo ver sin gran pena lo que en Francia suced\u00eda; no se forjaba ilusiones acerca de los ex\u00adtremos y excesos a que fatalmente arrastran las pasiones exaltadas. Cuando se vot\u00f3 la Constituci\u00f3n civil del clero se sinti\u00f3 herida en lo que m\u00e1s tiernamente amaba, que era la Religi\u00f3n. La privaci\u00f3n de su sede hecha al obispo leg\u00edtimo, Ilmo. Sr. Neufville, y la intrusi\u00f3n del obispo Saurine; la obligaci\u00f3n impuesta a los sacerdotes fieles de hacer dimisi\u00f3n y desterrarse; el haber en su lugar puesto sacerdotes <em>juram<\/em><em>entados, <\/em>todas estas cosas la hab\u00edan profundamente con\u00admovido, y no pudo ocultar y disimular sus angustias.<\/p>\n<p>El decreto del 2 de Octubre de 1792, por el cual se mandaba cerrar los conventos, oblig\u00f3 a Sor Rutan y a las otras Hijas de la Caridad a dejar el h\u00e1bito religioso; todas se resig\u00adnaron a hacer este sacrificio, y continuaron sirviendo a los enfermos con el t\u00edtulo de <em>Se\u00f1oras de la Caridad.<\/em><\/p>\n<p>Hall\u00e1base en esta saz\u00f3n la ciudad de Dax a disposici\u00f3n de hombres viles y malvados; y, por consiguiente, \u00bfc\u00f3mo po\u00add\u00edan llevar a bien que una mujer tuviese tanta popularidad y simpat\u00edas, las cuales redundaban en bien de la Religi\u00f3n por ellos con tanta furia perseguida? Busc\u00e1ronse, pues, al\u00adgunos pretextos, como la falta de <em>civismo, <\/em>seg\u00fan entonces dec\u00eda, con el fin de denunciar y perseguir a la hermana Rutan.<\/p>\n<p>Cierto soldado del batall\u00f3n de los voluntarios de los Lan\u00addes cay\u00f3 enfermo y fue enviado al hospital de Dax. Curado despu\u00e9s de algunos d\u00edas merced a los cuidados que le fue\u00adron dispensados, crey\u00f3 deber manifestar su reconocimiento a las que le hab\u00edan procurado la salud y la vida; y como era m\u00fasico, reuni\u00f3 a otros compa\u00f1eros suyos, m\u00fasicos tam\u00adbi\u00e9n, y dio serenata a sus bienhechoras, las cuales les correspondieron ofreci\u00e9ndoles refresco por la honra que les hac\u00edan. Este hecho fue muy notado y desfigurado, pues en la conducta de Sor Rutan y sus compa\u00f1eras se pretendi\u00f3 ver una incitaci\u00f3n hecha a los soldados para que se aparta\u00adsen de la Revoluci\u00f3n, por lo que se dio orden de poner a la Superiora en prisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Cosa singular por cierto: aquella hermana que hab\u00eda pa\u00adsado toda su vida haciendo bien, se hallaba entonces en la misma situaci\u00f3n que su Salvador y Maestro despu\u00e9s de la traici\u00f3n de Judas. Se determin\u00f3 ante todo darle muerte; pero era necesario hallar algunos motivos aparentes que de alg\u00fan modo justificasen tan terrible condenaci\u00f3n. Se regis\u00adtraron sus papeles, se examin\u00f3 todo lo que le hab\u00eda pertenecido, sometiendo a la m\u00e1s minuciosa revista toda su vida pasada. Cuando compareci\u00f3 delante de la Comisi\u00f3n extra\u00adordinaria, como se hallaba persuadida de su inocencia se defendi\u00f3 sin temor alguno; y comprendiendo que seg\u00fan la resoluci\u00f3n tomada por sus pretendidos jueces no se atende\u00adr\u00eda a su justificaci\u00f3n y defensa, a\u00f1adi\u00f3 con dignidad que despu\u00e9s de haber empleado m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os de su vida en consolar y aliviar a los enfermos, morir\u00eda perdonando a los que la persegu\u00edan. Algunos minutos despu\u00e9s el tribunal dio sentencia de muerte contra la valiente e intr\u00e9pida hija de San Vicente, ordenando que fuese al instante ejecutada en la plaza de la Libertad.<\/p>\n<p>Terminada la lectura de la sentencia, quiso Sor Rutan tomar la palabra; pero el presidente, Cossanne, la interrum\u00adpi\u00f3 gritando: \u00ab\u00a1Redoblen los tambores!\u00bb De este modo fue ahogada e impedida la voz de la acusada.<\/p>\n<p>Pocos momentos antes un sacerdote, el Sr. Eutropio de Lannelongue, antiguo cura de Gaube, hab\u00eda sido juzga\u00addo y sentenciado a muerte. Determinaron, pues, ejecutar a la hermana y al sacerdote el uno despu\u00e9s del otro, en primer lugar al sacerdote y despu\u00e9s a Sor Margarita Rutan. No podemos menos de poner a continuaci\u00f3n la conmove\u00addora relaci\u00f3n que hizo de esta horrible tragedia el Sr. Dompierre de Sauviac:<\/p>\n<p>\u00abEn conformidad con el decreto publicado por Pinet, proc\u00f3nsul de la Revoluci\u00f3n en Dax, se hab\u00eda levantado un cadalso en la plaza Poyanne, enfrente de la calle Nueva. Esta antigua plaza de armas se hallaba a la saz\u00f3n plantada de olmos y serv\u00eda de lugar de recreo a la sociedad de la ciu\u00addad, esto es, a los arist\u00f3cratas. A pesar de hallarse en ella co\u00adlocados los instrumentos de muerte, se paseaba all\u00ed todas las tardes, pareciendo sospechoso el no hacerlo. Por m\u00e1s que se aparentase y mostrase gran indiferencia, la vista del su\u00adplicio, pintado de color encarnado, hac\u00eda al d\u00eda triste y aciago; pero sobre todo por la noche, cuando la luna arro\u00adjaba sus p\u00e1lidos rayos, entrecortados por el ramaje de los olmos, el aspecto era horroroso y terrible.<\/p>\n<p>\u00abForm\u00f3se la f\u00fanebre comitiva en el palacio episcopal; los condenados fueron colocados en medio de los gendarmes y soldados de a caballo, yendo detr\u00e1s de ellos el verdugo. Al mandato del jefe de la escolta empezaron todos a caminar al paso de los golpes de los tambores, sigui\u00e9ndoles algunos curiosos, y tomando el derrotero por la calle del Obispado, se dirigieron a la calle de Cazade. Al ruido de los golpes fuertes y convulsivos de los tambores, iba aumentando la gente que acud\u00eda de las calles vecinas; algunos hombres atravesaron la plaza de la Catedral corriendo para llegar antes que los condenados a la plaza Poyanne. La comitiva se hall\u00f3 estrechada y oprimida por una gran multitud de hombres que llenaba la calle Cazade; en este momento dos j\u00f3venes ven\u00edan del lado opuesto, y despavoridos a vista de tan s\u00fabita invasi\u00f3n se subieron sobre los bancos de piedra de la calle Cazade, y miraban con ojos hura\u00f1os y aviesos el terrible drama que se iba a ejecutar; quisieron continuar, mas se lo impidieron desde el lado opuesto. En uno de los pisos bajos que daban a la calle se abri\u00f3 a medias una ven\u00adtana, asomando la cabeza de un ni\u00f1o por la abertura; Sor Rutan le mir\u00f3 sonri\u00e9ndose. Dicho ni\u00f1o iba con frecuencia a divertirse al hospicio; en aquel instante su madre, cerran\u00addo con violencia la ventana, le dice: \u00abPonte de rodillas, hijo m\u00edo, y ruega por Sor Margarita, a quien van a quitar \u00abla vida hombres malvados y perversos\u00bb. Segu\u00eda por la calle la comitiva con paso r\u00e1pido, y parec\u00eda que se iba al asalto de la guillotina.<\/p>\n<p>\u00abHabiendo llegado enfrente de la <em>Tuerie, <\/em>se empezaron a divisar los primeros olmos de la plaza Poyanne, cupiertos de hojas nuevas. La lluvia de la ma\u00f1ana hab\u00eda cesado; el cielo estaba cubierto,\u00bb y en el aire se percib\u00edan los olorosos efluvios de la primavera. Gran multitud de personas miraba con ansiedad hacia el lugar por donde iba la f\u00fanebre comi\u00adtiva; todas las ventanas de las casas que miraban a la plaza estaban cerradas, como si se hallasen desiertas ; silenciosa protesta que desagrad\u00f3 al proc\u00f3nsul Pinet, ordenando que desde aquella misma tarde en adelante estuviesen abiertas las ventanas.<\/p>\n<p>\u00abAl llegar al pie del cadalso, la firmeza de los condenados, que tanto hab\u00eda sido probada hasta aqu\u00ed, no se desminti\u00f3 ni flaque\u00f3 en presencia de los preparativos del suplicio. La hermana Rutan regal\u00f3 a dos soldados de los que estaban m\u00e1s cerca al uno el reloj y al otro el pa\u00f1uelo. Ninguna perturbaci\u00f3n se notaba en su vista. Subi\u00f3 primero al pa\u00adt\u00edbulo el sacerdote; la hermana, sin temor ni miedo, estaba mirando los preparativos del suplicio; y como le dijese un soldado que volviese los ojos al tiempo que se iba a cortar la cabeza al sacerdote, respondi\u00f3: \u00ab\u00bfPiensas que yo he de \u00abtener pena al ver morir a un santo?\u00bb Cuando le lleg\u00f3 su turno, se quit\u00f3 por s\u00ed misma la ropa de abrigo; y queri\u00e9ndole ayudar el verdugo, le dijo con dignidad: \u00abDejadme, porque \u00abjam\u00e1s me ha tocado mano de hombre\u00bb. Pocos momen\u00adtos despu\u00e9s su sangre enrojec\u00eda el cadalso\u00bb.<\/p>\n<h2><strong><strong><strong><strong>VI.- Persecuci\u00f3n en el mediod\u00eda de Francia<\/strong><\/strong><\/strong><\/strong><\/h2>\n<p>20. <em>El Oeste y el Norte: Aumale, Hennebont, Morla\u00edx. <\/em>\u2014 Extend\u00edase la persecuci\u00f3n desde el centro hasta las m\u00e1s remotas provincias de Francia. Prevalec\u00eda el mal, y las re\u00adgiones m\u00e1s cristianas del Norte y del Oeste de la naci\u00f3n eran el teatro de odiosas persecuciones.<\/p>\n<p>En Aumale fueron puestas en prisi\u00f3n, por espacio de tres d\u00edas, las Hijas de la Caridad. Pasada esta prueba emprendie\u00adron nuevamente sus obras, y las continuaron, durante todo el tiempo del Terror, vestidas de seglar. Estuvieron en con\u00adtinua comunicaci\u00f3n con sus superiores, y a\u00fan se conservan sus cartas.<\/p>\n<p>En Hennebont, donde las Hijas de la Caridad estaban establecidas desde los tiempos de San Vicente, en la \u00e9poca de la revoluci\u00f3n ten\u00edan a su cuidado dos casas, el H\u00f3tel-Dieu, llamado tambi\u00e9n hospital de San Luis, y el hospital gene\u00adral de San Ivo \u00f3 de la Caridad, fundados en 1626 y en 1689 respectivamente.<\/p>\n<p>\u00abA mi salida del Seminario en Febrero de 1789, \u2014 es\u00adcrib\u00eda m\u00e1s tarde Sor Maltret, \u2014 me enviaron al servicio de los pobres de Hennebont. Dos a\u00f1os despu\u00e9s, en 1791, se nos exigi\u00f3 juramento, pero rehusamos prestarle, y por esto qui\u00adsieron hacernos salir del hospital. Contestamos que no po\u00add\u00edamos abandonar a los pobres, y luego enviaron personas que cuidaran de ellos. Hecho esto nos leyeron nuestra sen\u00adtencia y dirigieron la punter\u00eda de un ca\u00f1\u00f3n, cuya mecha estaba ya encendida, hacia nuestra puerta para obligarnos a salir a viva fuerza.<\/p>\n<p>\u00abFuimos a refugiarnos en casa de algunas se\u00f1oras cari\u00adtativas de la ciudad, y nos vimos precisadas a vivir separadas por espacio de casi dos meses. Luego nos dirigimos a Bella- Isla; pero habiendo sido conocidas por los soldados, s\u00f3lo pu\u00addimos permanecer all\u00ed dos meses. Ech\u00e1ronnos, pues, de la isla como nos hab\u00edan echado de Hennobont, escolt\u00e1ndonos hasta la embarcaci\u00f3n zoo soldados, que iban gritando: \u00a1Ya se va la maldici\u00f3n de la isla! \u00a1Ya se va la maldici\u00f3n de la isla!<\/p>\n<p>\u00abCre\u00edmos poder pernoctar tranquilamente en Vannes. Sobrevinieron, sin embargo, nuevas alarmas; intranquilas las Hermanas, amenazadas de ser conducidas al siguiente d\u00eda sobre borricos, expuestas a la irrisi\u00f3n de la ciudad, hubimos de volver a marchar a toda prisa, traslad\u00e1ndonos a Rennes, en donde permanecimos tres meses antes de volver a Par\u00eds. Poco tiempo despu\u00e9s me enviaron los superiores a Tur\u00edn, en compa\u00f1\u00eda de las Hermanas Calasson, Jolie y Lespinasee, a la inauguraci\u00f3n de un establecimiento nuevo en esta ciudad. \u00c9ramos desconocidas en nuestro traje, llevando sombreros de paja con cintas coloradas a la usanza de la naci\u00f3n. Impo\u00adsible es de contar las vejaciones de toda especie que fue ne\u00adcesario soportar durante nuestro camino, porque nos iba de\u00adclarando nuestra misma modestia. Durante la noche nos guardaban personas de toda confianza, porque est\u00e1bamos vi\u00adgiladas por soldados que espiaban todas nuestras palabras. Se pens\u00f3 en llevarnos a la c\u00e1rcel y nos amenazaron azotar\u00adnos en la ciudad.<\/p>\n<p>\u00bb El Dios de las bondades vel\u00f3 sobre nosotras. En la fon\u00adda hab\u00eda a la saz\u00f3n un general que hiciera ejercicios espiri\u00adtuales en San L\u00e1zaro, y reconoci\u00f3 a los tres Padres Paules que nos acompa\u00f1aban, el Sr. Licardi, nuestro director; el Sr. F\u00e9lix Villandais y el Sr. Lebr\u00fan de Mondovi. Este buen general fue nuestro protector. Fue asimismo manantial de protecci\u00f3n para las Hermanas el coraz\u00f3n de San Vicente, que llevaban a Tur\u00edn para sustraerle de las profanaciones de los revolucionarios de Par\u00eds\u00bb.<\/p>\n<p>Las obras de las Hijas de la Caridad crecieron y prospe\u00adraron r\u00e1pidamente en Morlaix, en donde fueron arrojadas de su casa en 1791. La botica, el ropero, el almac\u00e9n de telas y g\u00e9neros obtenidos por ellas para remedio de los pobres cay\u00f3 en ajenas manos, llev\u00e1ndolo al hospital de la poblaci\u00f3n, del cual hab\u00edan sido despedidas las Damas hospitalarias de Santo Tom\u00e1s de Villanueva. Estos recursos se derrocharon y dilapidaron pronto, cerr\u00e1ronse las fuentes de la caridad y los pobres de la ciudad se vieron abandonados.<\/p>\n<p>Las Hijas de la Caridad estuvieron presas durante este tiempo, y a\u00fan se conserva una carta, fechada en la casa-c\u00e1r\u00adcel llamada <em>de los Carmelitas, <\/em>en Morlaix, carta sellada por los <em>ciudadanos, <\/em>nombre entonces de moda, Cortagnier, Perrier , Phily, Jonela y Guffroy en presencia de las mis\u00admas Hijas de la Caridad. Ped\u00edan en ella una parte al me\u00adnos de su ropa \u00f3 del peque\u00f1o mobiliario de propiedad per\u00adsonal, \u00abvi\u00e9ndose precisadas a dormir sobre el duro suelo, mientras devoraba sus ropas el hormiguero ratonil de aque\u00adlla casa\u00bb.<\/p>\n<p>Lista de algunas de las Hijas de la Caridad que en el per\u00edodo revolucionario estuvieron presas en Auray y Vannes (1793).<\/p>\n<p>En Vannes:<\/p>\n<ol>\n<li>Margarita Beurau, de Rochefort-sur-Mer, nacida el 10 de Junio de 1728, y a la Comunidad el 1.\u00b0 de Agosto del 50.<\/li>\n<li>Ana Reaux, de Gourdon de Quercy, del 17 de Ene\u00adro del 39, y entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n el 13 de Noviembre de 1762.<\/li>\n<li>Claudia Maugis, lionesa, vino al mundo el 15 de Di\u00adciembre de 1739, y a la Congregaci\u00f3n el 6 de Julio de 1760.<\/li>\n<li>Mar\u00eda Ana Rivoiron, lionesa, del 22 de Octubre de 1745 y del 24 de Mayo de 1767.<\/li>\n<li>Mar\u00eda Magdalena Bleriot, de Verguier, en Picard\u00eda, el 13 de Marzo del 51 y el 4 de Mayo del 72 respectivamente.<\/li>\n<li>Ana Delmes, de Laucerte de Quercy, en 24 de Octubre de 1749, y a la Religi\u00f3n en 28 de Junio de 1776.<\/li>\n<\/ol>\n<p>En Auray:<\/p>\n<ol>\n<li>Mar\u00eda Magdalena Bourdon, hennebontina, presa el 6 de Noviembre de 1793 a los setenta y cinco a\u00f1os de edad.<\/li>\n<li>Clara Cappa, hennebontina, apresada el 6 de Noviembre de 1793 a los sesenta y nueve de nacimiento.<\/li>\n<li>Adriana Dimarett, de Bella-Isla, aprisionada en 26 de Mayo de 1794.<\/li>\n<li>Escol\u00e1stica Roudel, de Bella-Isla, apresada el mismo d\u00eda.<\/li>\n<\/ol>\n<p>En Calvados de Troarn tuvieron lugar horribles esce\u00adnas de salvajismo. Una Junta administrativa, indignada de tales excesos, nos los da a conocer en un proceso ver\u00adbal. \u00abHoy 13 de Julio de 1791, a las seis de la tarde, nosotros, administradores del hospital H\u00f3tel-Dieu, del ba\u00adrrio de Troarn, nos hemos reunido en junta extraordinaria para deliberar sobre las querellas que nos han elevado las Hermanas de dicho hospital, manifestando que a las diez de esta ma\u00f1ana se ha presentado una secci\u00f3n de guardia nacio\u00adnal, diciendo ser de Honfleur, de Pont-Lev\u00e9que, de Beno\u00adron y otros parajes, mandada por el Sr. Aporille. El corregi\u00addor del pueblo de Tro\u00fcard penetr\u00f3 arma en mano hasta la cocina del establecimiento. La se\u00f1ora superiora, Sor D&#8217;As\u00adsigny, fue hecha prisionera en la misma cocina por un solda\u00addo con la ayuda de otro, que la llev\u00f3 arrastrando por el mismo frente del mercado de dicho lugar, presenci\u00e1ndolo todo el Sr. Aporille, quien, en vez de cohibir semejante furor, ha ma\u00adnifestado complacerse en el ruin enredo de esta escena.<\/p>\n<p>\u00abLa hermana D&#8217;Assigny lleg\u00f3 al lugar destinado por los furiosos pr\u00f3xima a expirar, oblig\u00e1ndola a pasar tres veces por debajo de sus banderas, queriendo que abrazase despu\u00e9s al cura constitucional all\u00ed presente. No contentos con tales tropel\u00edas, ya que el estado de la Hija de la Caridad la impo\u00adsibilitaba moverse de aquel lugar, en donde presenci\u00f3 las es\u00adcenas m\u00e1s odiosas, los mismos guardias nacionales, perdida la verg\u00fcenza, la arrastraron por la calle dici\u00e9ndole que era pre\u00adciso fuese a o\u00edr la misa\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abCreer\u00e1se tal vez que a los furiosos, por m\u00e1s que lo fueran tanto, les bastaba lo dicho para desahogar su pasi\u00f3n; mas no fue as\u00ed, sino que continuaron sus violencias, dirigi\u00e9ndose a la hermana Michel, encargada de los enfermos de gravedad, oblig\u00e1ndola a abandonar sus cari\u00f1osos desvelos para que fue\u00adse a o\u00edr la misa del cura constitucional. Emocionada la Her\u00admana, manifest\u00f3 lo indispensable de la atenci\u00f3n a los enfer\u00admos en el estado de los confiados a su solicitud ; mas lejos de dar o\u00eddos a tan justas observaciones, las rechaz\u00f3 la guardia nacional del modo m\u00e1s ultrajante, asi\u00e9ndola por fuerza y amenaz\u00e1ndole sable en mano para, si no se rend\u00eda, descargarlo sobre aquel \u00e1ngel de la caridad. Cedi\u00f3, traslad\u00e1ndose al lugar donde estaba la hermana D&#8217;Assigny, experimen\u00adtando all\u00ed la misma desgraciada suerte.<\/p>\n<p>\u00abContinu\u00f3 la guardia nacional el curso de sus violencias con los sirvientes de la casa, y desoyendo sus s\u00faplicas y brind\u00e1ndoles con porrazos forzaron las puertas de la sala en donde se conservaban todos los archivos y los fondos de de\u00adp\u00f3sito para las atenciones del hospital, la del granero y de la troje, deshaciendo las ventanas del refectorio para penetrar en la bodega.<\/p>\n<p>\u00abCinco soldados de la misma guardia rodearon a la her\u00admana Le Roy, maestra de ni\u00f1os y perteneciente al mismo hospital, encar\u00e1ndosele sable en mano, arrastr\u00e1ndola al mismo lugar de las otras dos Hermanas, participando de su suerte a pesar de que los peque\u00f1uelos, sus disc\u00edpulos, lan\u00adzaban dolorosos ayes implorando misericordia, cre\u00eddos la hab\u00edan de degollar. \u00a1El p\u00fablico y los pobres han presenciado tantos atropellos!<\/p>\n<p>\u00abNosotros los administradores, despu\u00e9s de deliberar sobre los motivos de nuestra junta, certificamos que las querellas y sentimientos de las Hijas de la Caridad, as\u00ed como los detallados atropellos de que nos han dado conocimiento, son verdaderos, reconocidos y comprobados por nosotros mismos.<\/p>\n<p>\u00abEn vista de lo cual, la Secci\u00f3n administrativa, entendien\u00addo con pena no estar en su mano pedir la reparaci\u00f3n de ning\u00fan g\u00e9nero a tama\u00f1os ultrajes, suplica a la Direcci\u00f3n del distrito que en adelante la guardia nacional siga otro rum\u00adbo que el de la parroquia de Troard\u00bb.<\/p>\n<p>22. <em>Sanjon, Rochefort-sur-Mer.\u2014 <\/em>La encarnizada per secuci\u00f3n de la Breta\u00f1a, Maine y la Vend\u00e9e extendi\u00f3se a las vecinas provincias de Samtoge, L&#8217;Anuis y Le Porton. Historiado queda lo que las Hijas de la Caridad, expulsadas de Re, hubieron de soportar en Bronage. Alcanz\u00f3 la tribula\u00adci\u00f3n hasta las de Sanjon.<\/p>\n<p>En Marennes, Loubise, Saint-Georges, D&#8217;Oleron, La Tremblada, Royan, Tonag-Cherente, como en Rochefort y San Mart\u00edn de Re, estaban establecidas las Hijas de la Ca\u00adridad antes de la revoluci\u00f3n. Antes que \u00e9sta las lanzase de sus establecimientos ten\u00edan en Sanjon el cuidado de los po\u00adbres de la parroquia, y las escuelas desde el 1699. La hermana Jacob, Superiora de Marennes por los a\u00f1os de 1840, en una nota sobre la hermana Antonieta Beaucourt, su compa\u00f1e\u00adra en Sanjon, nos ha dejado algunas noticias de esta casa, en la que estaba destinada en 1792.<\/p>\n<p>\u00abNuestra querida hermana Beaucourt, de diez a\u00f1os de vocaci\u00f3n, al llegar a Sanjon fue destinada a la escuela. Por ser endeble y de salud delicada, me enviaron los Superiores a ocupar su puesto.<\/p>\n<p>\u00abAs\u00ed y todo, \u00a1qu\u00e9 \u00e1nimo tan alentado y qu\u00e9 actividad po\u00adse\u00eda! No hab\u00eda persona que no la amara, dotada de una bon\u00addad y capacidad nada comunes para disponer las ni\u00f1as a la primera comuni\u00f3n. Vivimos en uni\u00f3n entra\u00f1able, sin haber o\u00eddo palabra de disgusto en siete a\u00f1os que estuvimos en aquella casa las Hijas de la Caridad. Pero desgraciadamente mi dicha no fue de larga duraci\u00f3n; la revoluci\u00f3n se ech\u00f3 encima, y por espacio de tres a\u00f1os apuramos hasta las heces el c\u00e1liz de la persecuci\u00f3n en aquel lugar. El Dios de toda bondad nos preserv\u00f3 de muchos males, pero fue forzo\u00adso saborear lo m\u00e1s injurioso, lo m\u00e1s ofensivo y m\u00e1s humillante para los miembros de una Comunidad, hasta el punto de comprender en nuestra forzosa salida los m\u00e1s abomina\u00adbles prop\u00f3sitos de los revolucionarios. Volv\u00ed a casa ba\u00f1ada en amargas l\u00e1grimas, consol\u00e1ndome y anim\u00e1ndome la bue\u00adna y querida Sor Beaucourt, siendo por fin cerradas en pri\u00adsi\u00f3n el 1792. Entramos en ella las primeras, durmiendo por algunos d\u00edas a suelo pelado, llev\u00e1ndonos luego dos jergones para cinco personas, viviendo sin variar otros cuatro meses antes de ser puestas en libertad. Volvimos a nuestra casa; pero no teniendo hilacha, hubimos de tomar cada una nues\u00adtro derrotero. La buena de Sor Beaucourt acept\u00f3 el ofrecido amparo de una se\u00f1ora respetable, y a su lado pas\u00f3 los d\u00edas de la enorme revoluci\u00f3n. Joven era a\u00fan, pero en aquellos malhadados tiempos tuvo, como todos los fieles, mucho que sufrir y abundancia de privaciones que soportar, sin menos\u00adcabar su piedad, entregada a la religi\u00f3n y suspirando por el momento de reanudar las tareas de nuestro santo estado, agreg\u00e1ndose a la primera coyuntura a las hermanas de Ro\u00adyan, entregando el alma a Dios el 4 de Enero de 1837, siendo Superiora del hospital de Mont-de-Marsan\u00bb.<\/p>\n<p>Ni un punto cedieron al borrascoso vendaval las herma\u00adnas de Rochefort-sur-Mer, sostenidas por los sacerdotes de la Misi\u00f3n, como lo demuestra la cl\u00e1usula sincera y expresiva de Sor Devos, Superiora del hospital de Rochefort, antes de ser elevada al cargo de Superiora general de las Hijas de la Caridad. \u00abDe d\u00f3nde dimana, \u2014 dice, \u2014 la gran dicha habida por las Hijas de la Caridad de esta Casa de haber conservado siempre la fraterna uni\u00f3n de unas con otras y el esp\u00edritu de su vocaci\u00f3n, sino de la singular ventaja que han disfrutado de ser dirigidas por los sacerdotes de la Misi\u00f3n hasta en los d\u00edas mismos de la m\u00e1s da\u00f1ina de las re\u00advoluciones?\u00bb<\/p>\n<p>En los ANALES hemos tenido ocasi\u00f3n de tocar los hechos recordado, aqu\u00ed.<\/p>\n<p>En Rochefort, merced a la solicitud y celo de las Hijas de la Caridad, se salv\u00f3 del com\u00fan naufragio de la revolu\u00adci\u00f3n la \u00fanica parte de las obras de caridad que qued\u00f3 en pie. Aquellas hero\u00ednas supieron continuar con ardoroso es\u00adfuerzo en todo el per\u00edodo revolucionario las obras caritati\u00advas habituales en las tres Casas servidas por ellas en esta ciu\u00addad. A costa de tribulaciones, y en medio de peligros, per\u00admanecieron en este puesto de inmolaci\u00f3n afectuosa, como testifican los escritos conservados en cada una de estas Ca\u00adsas. En el hospital de Hu\u00e9rfanos disminuyeron, o mejor cesaron las subvenciones del Estado, pero no disminuyeron ni los enfermos ni los ni\u00f1os acogidos. Los administradores hac\u00edanlo constar a la autoridad superior de Marina, pidiendo al menos alguna peque\u00f1a cantidad de tela para vestir a los peque\u00f1os y a las Hermanas, a quienes se acaba de prohi\u00adbir sus pr\u00e1cticas religiosas y despojar de todos sus recursos, Los recursos de San Carlos desaparecieron en manos del Estado; pero las Hermanas, a pesar de pesares y de sensibles contradicciones, continuaron cuidando a los enfermos, debi\u00e9ndose, seg\u00fan testimonio de un historiador del hospicio, la conservaci\u00f3n de aquel \u00fatil establecimiento a una mujer de relevantes prendas y de singular valor, a Sor Deparchy, Superiora a la saz\u00f3n de aquella Casa. Cons\u00e9rvanse a\u00fan all\u00ed como precioso recuerdo, y casi a t\u00edtulo de reliquia, dos man\u00adtillones \u00f3 vestidos de gran tiro, en los cuales se envolv\u00edan las Hermanas cuando en los d\u00edas de persecuci\u00f3n hab\u00edan de salir a la calle para cumplir sus oficios de caridad.<\/p>\n<p>Las Hermanas del gran hospital de Marina fueron so\u00adbre todo las que desafiaron el peligro con bravura pujante, casi hasta la temeridad. Cons\u00e9rvanse en el ministerio de Ma\u00adrina las cartas de la Superiora Sor Isabel Journier, exponien\u00addo en ellas h\u00e1bilmente las circunstancias en que se hallaban y reivindicando para s\u00ed y para sus compa\u00f1eras la libertad de vivir conforme a las costumbres bien conocidas de su caritativa vocaci\u00f3n. En el primer per\u00edodo del Terror y en la fase revolucionaria \u00f3 segundo Terror, que en 1797 renov\u00f3 en Rochefort la sangrienta persecuci\u00f3n de 1793, la hermana Sor Journier fue a visitar en las prisiones de San Mauricio \u00f3 de los Capuchinos a los sacerdotes desterrados, estaciona\u00addos all\u00ed en espera de ser trasladados en las barcazas, ha\u00adci\u00e9ndoles lavar la ropa, prepar\u00e1ndoles ella misma los ali\u00admentos y distribuy\u00e9ndoles los socorros que por su medio enviaban las personas caritativas a estos venerables confeso\u00adres de la fe. Serv\u00edales este proceder de alivio y de consuelo juntamente, hasta que por enfermos fueron trasladados a hospital, donde, sobre la solicitud henchida de caridad por parte de las Hermanas, recibieron atenciones mucho m\u00e1s preciosas, proporcion\u00e1ndoles el consuelo de celebrar el santo sacrificio del Altar, y aprovech\u00e1ndose las Hijas de la Caridad de su estancia para proporcionar los socorros de la Religi\u00f3n a los enfermos, de los cuales gran n\u00famero recibieron este so\u00adberano favor al tiempo de morir.<\/p>\n<p>23. <em>Vitr\u00e9, Ivr\u00e9 l&#8217;Eveque.\u2014En <\/em>Vitr\u00e9 (Ille y Vdaine) per\u00admanecieron en el hospital las Hijas de la Caridad, vistiendo como las mujeres del pueblo, aunque lograron dispensa de prestar el juramento. Era Superiora Sor Metrasce, mujer despierta y a quien no era f\u00e1cil intimidar. La escarapela era en el tiempo que historiamos aderezo necesario hasta de las mujeres, y ya hemos referido que algunas Hermanas llevaban alrededor del sombrero cintas coloradas a la usanza nacional. Cierto d\u00eda, apenas la Superiora de Vitr\u00e9 hab\u00eda salido a la calle, cuando le gritaba una voz diciendo: \u00abCiudadana, d\u00f3nde est\u00e1 la escarapela?\u00bb A lo que firme y fres\u00adca respondi\u00f3: \u00abCiudadano, en el bolsillo va\u00bb.<\/p>\n<p>Reclamaba lo que en virtud de fundaci\u00f3n se deb\u00eda a los pobres, pero jam\u00e1s le dio un cuarto la revoluci\u00f3n, pidi\u00e9n\u00addole en pago muchas de las escrituras. Inaugur\u00f3se entonces y en alta escala el sistema burocr\u00e1tico, perdiendo en estos trances la paciencia la caritativa Hermana, escribiendo en plata y con la soltura que indica el pasaje siguiente: \u00abCiu\u00addadanos: aun habiendo buscado ayuda para ejecutar el trabajo que ustedes me han mandado, me ha costado tres d\u00edas enteros, que a mi parecer hubiera ocupado con m\u00e1s utilidad en mis tareas ordinarias. Dispensad, os ruego, asegurando a los ciudadanos administradores, seg\u00fan moda corriente, sus sentimientos de fraternidad\u00bb.<\/p>\n<p>En Ivr\u00e9-l&#8217;Eveque, de Breta\u00f1a, la persecuci\u00f3n condujo a las Hermanas, sin exagerar, hasta los dinteles del cadalso. Solas tres, Margarita Ethier, Superiora; Sor Francisca Godriot y Sor Mar\u00eda Longchamp cuidaban de los enfermos, desempe\u00f1aban la clase de p\u00e1rvulos y visitaban a domicilio a los pobres. El inventario hecho a sus instancias tiene la fe\u00adcha de 23 de Enero de 1793, debiendo ser expulsadas al mes siguiente.<\/p>\n<p>D\u00edcese que la orden de marchar se la comunic\u00f3 un do\u00admingo el Comisario de la Rep\u00fablica, y que Sor Ethier res\u00adpondi\u00f3: \u00abNosotras no viajamos en domingo: ma\u00f1ana lunes nos pondremos en camino\u00bb; pero habiendo ido a o\u00edr Misa al granero de un cortijo pr\u00f3ximo a Ivr\u00e9, donde se hab\u00eda ocul\u00adtado el Rdo. Padre Cura de la parroquia, fueron hechas pri\u00adsioneras y conducidas a Mans, vestidas como las paisanas de la zona. Una mujer vieja, sirvienta desde la infancia de las Hijas de la Caridad, llegada despu\u00e9s, aunque muy enferma, para cuidar a Sor Godriot, oy\u00f3 varias veces a Sor Long\u00adchamp contar c\u00f3mo ella y Sor Godriot, condenadas a muer\u00adte, hab\u00edan sido llevadas al castillo de Helles, en Mans, y que estaban atadas y en la plataforma del cadalso cuando invadieron la ciudad los de la Vend\u00e9e. Los azules \u00f3 republica\u00adnos, que por desgracia no hab\u00edan de tardar en tomar un sangriento desquite en la misma ciudad, huyeron presa de p\u00e1nico aterrador, y entonces varios amigos desligaron a las cautivas Hermanas, habiendo quien ha dicho haber sido la hermana Sor Ethier, que presenciaba el atropello entre el gent\u00edo. Contando estos episodios a una Hermana joven, sol\u00eda decir mucho tiempo despu\u00e9s Sor Longchamp: \u00abMira, hija m\u00eda, cinco minutos m\u00e1s y no nos hubi\u00e9ramos conocido\u00bb; muriendo al fin esta Hermana el 23 de Abril de 1842 en Ivr\u00e9 l&#8217;Eveque, a los ochenta V ocho a\u00f1os de edad.<\/p>\n<p>No han de faltar otras Hermanas llevadas a la guillotina por la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>23. <em>Angers. \u2014Debemos <\/em>al abate Sr. Cosiner, en su obra <em>La caridad en Angers, <\/em>el relato de la muerte de las herma\u00adnas Sor Mar\u00eda Ana Vaillant y Sor Odilia Beaugard, fusila\u00addas en Angers por haberse negado a prestar el juramento cism\u00e1tico. Verific\u00f3se la ejecuci\u00f3n en un lugar distante unos veinte minutos de Angers, llamado en aquel tiempo <em>Campo <\/em><em>de la cerca de los hombres buenos, <\/em>y hoy <em>Campo de los <\/em><em>m\u00e1rtires. <\/em>Los condenados iban atados de dos en dos por una cuerda corrida entre las filas, formando as\u00ed lo que se lla\u00adma una cadena. Conducidos al suplicio, marchaban rezan\u00addo en com\u00fan la plegaria del santo Rosario. Fusil\u00f3seles por grupos, habi\u00e9ndoles alineado al bordo de las zanjas, en las que ca\u00edan o eran echados sus cad\u00e1veres.<\/p>\n<p>El 1\u00ba de Febrero de 1794, una ma\u00f1ana fr\u00eda y llu\u00adviosa, anunci\u00f3se el tr\u00e1nsito de una hilera de condenados a muerte por una pandilla de la secta de los jacobinos vestidos de calz\u00f3n, carma\u00f1ola y gorro rojo, corriendo y gritando con voz siniestra: \u00a1<em>Abrid las tiendas, abrid las tiendas! ; <\/em>pu\u00adblicando esta orden para que no se cerrasen las casas, como se hab\u00eda hecho al pasar las primeras v\u00edctimas. En este d\u00eda de duelo pod\u00edan los ni\u00f1os y las mujeres permanecer retira\u00addos en el fondo de las habitaciones hasta la terminaci\u00f3n del hurac\u00e1n, pero los hombres deb\u00edan presentarse a los dinteles de las puertas de sus casas so pena de ser arrestados como sospechosos.<\/p>\n<p>Apenas desaparecieron los vocingleros, un redoble indi\u00adcaba la proximidad del l\u00fagubre cortejo. Daban la escolta una bandada de bribones, descamisados y bebidos. A con\u00adtinuaci\u00f3n ve\u00edase un hombr\u00f3n de espigada talla, envuelto en el flamante oropel de tambor mayor, seguido de los tambo\u00adres y de un grupo de m\u00fasicos, sopladores como diablos, to\u00adcando ya la <em>Ca-lre , ya <\/em>la <em>C&#8217;arma\u00f1ola , ya <\/em>la <em>Marsellesa.<\/em> Iban al fin los jueces de la Comisi\u00f3n militar, empenachados y ce\u00f1idos de largas bandas, con el sable al lado, blandiendo el acero para arrancar las aclamaciones de los espectadores; pero un silencio sepulcral extend\u00edase por doquier, y s\u00f3lo los asalariados de la vanguardia contestaban a los gritos de <em>\u00a1viva la Rep\u00fablica!, <\/em>lanzado por los caciques de aquellos d\u00edas.<\/p>\n<p>Habr\u00eda coraz\u00f3n que no se helase \u00f3 que no se exaspe\u00adrara a la vista del tr\u00e1nsito de aquellos encadenados? Com\u00adpon\u00edase en su mayor parte de pobres paisanos de la Vend\u00e9e. All\u00ed era de ver a muchachas tiernas de no cumplidos los die\u00adcis\u00e9is a\u00f1os, obreros, criados, prisioneros todos y amarrados de dos en dos por una cuerda central, flanqueados de guar\u00addias, espuma de los batallones, que jam\u00e1s hab\u00edan conocido otro valor que el de volver la espalda al enemigo en los cam\u00adpos de la Vend\u00e9e, tomando venganza de su vil cobard\u00eda en sacerdotes mansos y en asustadizas mujeres.<\/p>\n<p>Al pasar la escolta f\u00fanebre por delante del Buen Pastor, hubo un momento de pausa para tomar nuevos prisioneros, entre los cuales se encontraban dos religiosas de San Vicen\u00adte de Pa\u00fal, amarradas luego al extremo de la cadena.<\/p>\n<p>A vista de este aparato, Sor Odilia, la m\u00e1s joven, p\u00e1lida y vacilante, desfalleci\u00f3, crey\u00e9ndose sin energ\u00eda para tan du\u00adros y penosos trances. \u00abQuerida Hermana m\u00eda, \u2014 le dec\u00eda su compa\u00f1era, \u2014 no tem\u00e1is el desfallecimiento, que la gra\u00adcia venida de all\u00e1 arriba os ha de sostener. Ya est\u00e1 cerca la co\u00adrona que por tanto tiempo hemos deseado con ardor; unos pasos m\u00e1s, y ser\u00e1 nuestra\u00bb. Una alma devota llev\u00f3les unos velos para que cubriesen su faz, a la cual Sor Mar\u00eda Ana contest\u00f3 \u00abEso no, nosotras no ocultaremos nuestros ros\u00adtros. \u00bfEs, por ventura, alguna afrenta el morir por Jesucris\u00adto? Por el contrario. \u00a1Qui\u00e9n nos diera que nos pudiese ver toda la ciudad, y que todos aprendiesen c\u00f3mo deben morir por su fe!\u00bb.<\/p>\n<p>El cortejo se puso de nuevo en movimiento. Sor Mar\u00eda Ana sosten\u00eda a su tr\u00e9mula compa\u00f1era, la consolaba, la arengaba; y al ver que Sor Odilia caminaba con m\u00e1s aliento, se dirige a los otros sentenciados, -y mostr\u00e1ndoles el ciclo les dice: \u00abAnimo por unos instantes, y la victoria es nuestra. \u00bb Todos se resignaron, ganosos de morir como las dos ejem\u00adplares religiosas. Sin embargo, por poderosa que sea la gra\u00adcia, la naturaleza tiembla y se resiste muchas veces; oprimi\u00adda por la fuerza de las emociones, Sor Odilia se afligi\u00f3 y se desmay\u00f3. Det\u00favose la marcha; irrit\u00e1ronse los conductores; su boca fue una fuente de blasfemias, y como los verdugos de nuestro Se\u00f1or en la senda del Calvario, descargan fuer\u00adtes golpes sobre las Hermanas para hacerlas levantar y pro\u00adseguir la marcha. Sor Mar\u00eda Ana forma con su cuerpo un valladar a la desfallecida compa\u00f1era; ruega y conjura a los sayones para que esperen unos instantes; sus caricias tornan nuevos alientos a la pobre desmayada. Por fin vuelven las fuerzas a esta dulce v\u00edctima, de la cual una mano, herida por los golpes de los conductores, est\u00e1 ba\u00f1ada en sangre. M\u00e1rchase otra vez, y Sor Mar\u00eda Ana eleva su voz entonando los encomios de las letan\u00edas de la sant\u00edsima Virgen: \u00abSanta Ma\u00adr\u00eda, ruega por nosotros. Puerta del cielo, ruega por nos\u00adotros\u00bb, respondiendo a estas invocaciones toda la multitud. Hubi\u00e9rase dicho que era una procesi\u00f3n que llega a descan\u00adsar en un santuario bendito.<\/p>\n<p>Los sentenciados son colocados en fila delante de la in\u00admensa fosa que les ha de recibir. Las Hijas de la Caridad, colocadas al fin de la cadena, se adelantan hasta el centro de la hilera, cantando la sagrada plegaria. Al verlas, arranca una exclamaci\u00f3n de toda la l\u00ednea: \u00ab\u00a1Oh! \u00a1las Hermanas del hos\u00adpital! \u00a1tambi\u00e9n ellas aqu\u00ed! \u00a1es inconcebible ! No, no deben morir como nosotros\u00bb. Y en todos los grupos se pide en alta voz: \u00ab\u00a1Perd\u00f3n para las Hermanas!\u00bb.<\/p>\n<p>Este movimiento lleg\u00f3 a ser tan vivo, tan irresistible, que a su impulso no pudo menos de ceder el comandante de la tropa, y adelant\u00e1ndose hacia las Hermanas les dice: \u00abCiudadanas, a\u00fan es tiempo de libraros de las garras de la muerte. Vosotras hab\u00e9is prestado servicios inapreciables a la humanidad; volveos a vuestra casa. No prest\u00e9is el jura\u00admento, porque no pod\u00e9is hacerlo en conciencia; queda de mi cuenta el decir que hab\u00e9is jurado, y os aseguro a fe m\u00eda que ni a vosotras ni a vuestras compa\u00f1eras que est\u00e1n en la prisi\u00f3n se tocar\u00e1 en lo m\u00e1s m\u00ednimo.<\/p>\n<p>\u00abGracias, se\u00f1or, \u2014 respondi\u00f3 Sor Mar\u00eda Ana \u2014 por vuestra generosa oferta. Nuestra conciencia nos proh\u00edbe, efectivamente, prestar el juramento, pero nosotras no que\u00adremos que jam\u00e1s nos tenga nadie por perjuras. Aterrado por estas palabras el oficial qued\u00f3se mudo, inclinada el ar\u00adma con la que hab\u00eda de dar la se\u00f1al de comenzar la heca\u00adtombe; al poco levanta la cabeza y se encuentra cara a cara con el presidente de la Comisi\u00f3n, que le zahiere con un ade\u00adm\u00e1n imperioso: entonces, con aire de desesperaci\u00f3n, levanta su espada, y comienza el deg\u00fcello. En medio de estas esce\u00adnas, las Hijas de la Caridad prosiguen sus piadosos c\u00e1nticos, cuyos responsorios repiten piadosamente las turbas, sin que pudieran impedirlas los gritos de los heridos. Los elogios de Mar\u00eda van apag\u00e1ndose a medida que se pierden las voces, hasta que, al fin, los \u00faltimos acentos s\u00f3lo son escuchados de los \u00e1ngeles. Al ser fusilada Sor Odilia, es atravesada por un gran n\u00famero de balas. Sor Mar\u00eda Ana s\u00f3lo ten\u00eda roto un brazo, sosteniendo con el otro el cuerpo de su compa\u00f1era, envuelto en sangre y ex\u00e1nime. A continuaci\u00f3n elev\u00f3 sus ojos al cielo, pronunciando estas \u00faltimas palabras: \u00abPerd\u00f3\u00adnalos, Se\u00f1or, que no saben lo que se hacen\u00bb. Terminada esta plegaria, los ejecutores lanz\u00e1ronse como tigres a consu\u00admar tan horrorosa carnicer\u00eda.<\/p>\n<p>Apenas hab\u00edan salido del hospital de Angers las esclare\u00adcidas siervas de los pobres, cuando el desorden apareci\u00f3 en su trono con aire majestuoso. A su vista huyeron los recur\u00adsos de toda especie; las provisiones desconocieron la opor\u00adtunidad del abastecimiento; dej\u00f3 de existir el departamento de ropa blanca, y lleg\u00f3 a resentirse la misma propiedad, primera fuente de vida y conservaci\u00f3n del edificio. Tan imperioso y general fue el menoscabo, que se vieron constre\u00f1i\u00addos a despedir a los convalecientes para que de casa en casa mendigasen el sustento, cuya necesidad se dejaba sentir con el m\u00e1s ominoso empe\u00f1o.<\/p>\n<p>En medio del desbarajuste y de la impiedad, acord\u00e1banse con frecuencia de las Hijas de San Vicente, de sus aprecia\u00adbles cualidades, de su competencia sin igual para la asisten\u00adcia de los enfermos, de su ingeniosa econom\u00eda, del orden y belleza que sab\u00edan crear en todas las dependencias del ser\u00advicio. Administradores, m\u00e9dicos y enfermos, todo el mundo las echaba de menos. Quince a\u00f1os despu\u00e9s, terminada la revoluci\u00f3n, volvieron otra vez, siendo acogidas con el m\u00e1s entusiasta recibimiento.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Muy \u00fatil es narrar, antes que el tiempo los haya entera\u00admente borrado de la memoria, los sucesos de la persecuci\u00f3n que la Congregaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad sufri\u00f3, del mismo modo que las &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/las-hijas-de-la-caridad-durante-la-revolucion-francesa-2\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":21187,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[237],"tags":[164,172,137,143],"class_list":["post-21186","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-historia-de-las-hijas-de-la-caridad","tag-bailly","tag-pobreza","tag-san-esteban","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Las Hijas de la Caridad durante la Revoluci\u00f3n Francesa - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/las-hijas-de-la-caridad-durante-la-revolucion-francesa-2\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Las Hijas de la Caridad durante la Revoluci\u00f3n Francesa - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Muy \u00fatil es narrar, antes que el tiempo los haya entera\u00admente borrado de la memoria, los sucesos de la persecuci\u00f3n que la Congregaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad sufri\u00f3, del mismo modo que las ... 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