{"id":17989,"date":"2013-11-16T06:59:29","date_gmt":"2013-11-16T05:59:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=17989"},"modified":"2016-07-27T12:10:20","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:20","slug":"bertrand-ducourneau-1614-1685-iv-y-final","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/bertrand-ducourneau-1614-1685-iv-y-final\/","title":{"rendered":"Bertrand Ducourneau (1614-1685) (IV y Final)"},"content":{"rendered":"<p><strong>VI. Su amor por el silencio, su sencillez, su prudencia, su devoci\u00f3n hacia la sant\u00edsima Virgen y los Santos.<\/strong><\/p>\n<p><strong><em> <\/em><\/strong>Seg\u00fan lo dicho hasta ahora aqu\u00ed, se puede concluir que nuestra venerable hermano era un hombre interior, y por consiguiente que guardaba perfectamente el silencio; ya que el silencio es extraordinariamente necesario para todos los que quieren vivir de la vida interior, y la prueba es que es cosa inaudita que un gran hablador haya sido nunca un hombre interior. Esta virtud es tambi\u00e9n una de las m\u00e1s necesarias para un buen secretario como \u00e9l lo ha sido, as\u00ed como lo dice la misma palabra: Callar el secreto; y no es menos raro que un charlat\u00e1n sea secreto e interior; por eso se dice: Si quieres divulgar tu secreto, desc\u00fabreselo a una mujer, porque de ordinario este sexo no se guarda las palabras. Esta virtud de silencio en hablar en voz baja y muy poco, es decir nada en absoluto, fuera de lo necesario y s\u00f3lo de las cosas de Dios; de manera que el esp\u00edritu no reciba por la palabra ning\u00fan impedimento a la devoci\u00f3n; lo que sucede cuando no se habla m\u00e1s que con caridad y por utilidad: razonable. Nuestro venerable hermano ten\u00eda tal dominio de su lengua, que en m\u00e1s de ocho a\u00f1os que ha estado con \u00e9l su colega, \u00e9ste dice que no ha advertido m\u00e1s que una sola vez que se la haya escapado decir algo que requiriera el secreto, y aunque esa vez fuera en cosa de poca importancia, se present\u00f3 al punto al superior para acusarse de esta falta que se le hab\u00eda escapado por inadvertencia. No hay que sorprenderse por que fuera tan silencioso ya que, como se ha dicho ya, era un hombre de oraci\u00f3n y de alta contemplaci\u00f3n, que caminaba siempre con Dios dentro de s\u00ed, y que se apoyaba en la resoluci\u00f3n de no hablar m\u00e1s que de Dios o para Dios y no entretenerse en la conversaci\u00f3n m\u00e1s que en cosas que se refer\u00edan a su servicio y adelanto espiritual. Y a\u00fan al encontrarse con sacerdotes y otras personas que le eran superiores, ten\u00eda una maravillosa destreza para ponerse a hablar de Dios; todos los dem\u00e1s discursos, por muchos pretextos que se pongan, enfr\u00edan mucho al alma en el fervor espiritual.<\/p>\n<p>A pesar de que nuestro venerable hermano disfrutara hablando de Dios, \u00e9l dec\u00eda \u00ab<em>que era mejor para \u00e9l en particular hablar a Dios que hablar de Dios a los dem\u00e1s, y que los hermanos de la Compa\u00f1\u00eda deb\u00edan tener gran afecto a esta pr\u00e1ctica, no vi\u00e9ndose con frecuencia en la necesidad de hablar de Dios al pr\u00f3jimo<\/em>\u00ab. As\u00ed pues, hu\u00eda cuando pod\u00eda, pero sin afectaci\u00f3n, de la conversaci\u00f3n, a causa veros\u00edmilmente de que encontraba a poca gente que quisieran contribuir a sostener las charlas de Dios y de las cosas de salvaci\u00f3n durante una conversaci\u00f3n, sobre todo entre nosotros, hermanos, que no teniendo estudios, nuestras conversaciones degeneran a veces en miserias y charlas del tres al cuarto, aunque hayamos comenzado por discurso de piedad, de modo que comenzando por el esp\u00edritu, se acaba insensiblemente por la carne y la sangre; de modo que nos resulta m\u00e1s ventajoso no conversar que conversar.<\/p>\n<p>Pero el principal motivo que ten\u00eda para amar esta virtud era honrar el silencio de la vida oculta de Nuestro Se\u00f1or, y, repitiendo un d\u00eda su oraci\u00f3n, descubri\u00f3 cu\u00e1l era su pr\u00e1ctica en este punto. Dijo que quer\u00eda guardar el silencio interior para escuchar a Dios, y el medio que deseaba emplear para ello guardar el silencio exterior hablando poco, y cuando fuera necesario, porque la falta de no guardar el silencio exterior es un obst\u00e1culo para guardar el interior.<\/p>\n<p>Y \u00e9sta fue su resoluci\u00f3n, \u00ab<em>despu\u00e9s de dar gracias a Dios, dijo, por su vocaci\u00f3n, , por la que le quer\u00eda servir<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Ten\u00eda una idea muy alta de la sencillez por una ciencia experimental que es muy eficaz. Por eso me dijo un d\u00eda: \u00ab<em>Dios es un se infinitamente puro e infinitamente simple, por eso no se complace m\u00e1s que en las almas puras y simples y no quiere compa\u00f1\u00eda para morar; quiere estar solo. Y yo lo experimento en la oraci\u00f3n, cuando teniendo el esp\u00edritu y el pensamiento en \u00e9l, nada m\u00e1s que llego a pensar en otras cosas, aunque buenas, y si quer\u00e9is contra mi voluntad, no obstante Dios se retira de m\u00ed, y luego me cuesta mucho volver a verle, porque quiere estar solo, o de otra manera se marcha y nos deja plantados<\/em>\u00bb<\/p>\n<p>En cuanto a la pr\u00e1ctica, nuestro venerable hermano trataba de no tener en todo m\u00e1s que un solo motivo y un objeto en sus acciones, reduciendo todo a una cosa; y este motivo era el agrado de Dios o su santa voluntad, o bien el deseo de Dios solo. Por ello, como se ha visto en otra parte, dec\u00eda: \u00ab<em>Oh hermano, no tengamos m\u00e1s que un solo deseo, no tendremos m\u00e1s que una sola petici\u00f3n; lo encontraremos todo, si no deseamos y no pedimos m\u00e1s que a Dios solo. \u00c9l ha llevado toda su vida en conformidad con este pensamiento generoso que ocupaba su coraz\u00f3n, pues ten\u00eda a Dios solo y todo lo juntaba de continuo en \u00e9l, todos sus planes, sus esperanzas y sus pretensiones. As\u00ed se form\u00f3 en su alma una generosa confianza que le hac\u00eda despreciar todas las cosas de este mundo para entregarse al principio de su felicidad. Trataba de todo buenamente y sin finuras, evitando todo artificio y la b\u00fasqueda afectada y curiosa para desembarazarse de las cosas molestas y anticiparse a los inconvenientes. Aqu\u00ed su colega dice que le ha sorprendido muy a menudo, reproch\u00e1ndole sonriente: \u00abEso es una de vuestras finuras enga\u00f1osas<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Respond\u00eda sencillamente a las cosas que le preguntaban y que pod\u00eda decir sin rodeos. Y as\u00ed cuando el Sr. Alm\u00e9ras le vino a su habitaci\u00f3n y no le hab\u00eda encontrado, y activo como era, no dejaba de preguntarle ad\u00f3nde hab\u00eda ido, y nuestro hermano se lo dec\u00eda todo con\u00a0 sencillez, de manera que a veces se encontraba diciendo: \u00ab<em>Se\u00f1or, hab\u00eda ido a practicar la disciplina<\/em>\u00ab, cosa que esp\u00edritus menos sencillos no dir\u00edan. Despu\u00e9s de hacer algo que pensaba que deb\u00eda hacerse, no pensaba m\u00e1s y no se divert\u00eda en descifrar los juicios que se har\u00edan de \u00e9l, ni de hacer reflexiones t\u00edmidas en sus adentros, temiendo sin duda que le apartara del goce de su querido Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Uno de los grandes medios que nuestro venerable hermano ha empleado, para adquirir con la gracia de Dios esta sencillez de la paloma que brillaba en \u00e9l, ha sido el completo aislamiento de las criaturas, por una renuncia absoluta a toda avaricia, pues lo que hace al alma doble y disimulada son las diversas pretensiones que tiene de llagar a tal o tal cosa; y la que no desea nada no tiene m\u00e1s que un solo prop\u00f3sito, que es el de agradar a Dios, cosa que le libra de muchas reflexiones y la hace perfectamente sencilla.<\/p>\n<p>Nuestro venerable hermano pose\u00eda todas esas cualidades en alto grado. Ten\u00eda un juicio s\u00f3lido, capaz de toda clase de asuntos. No hac\u00eda nada con precipitaci\u00f3n, sino todo con un bello orden, con perfecto dominio de s\u00ed, lo que hac\u00eda que se comportara con mucha discreci\u00f3n en todas las ocasiones y con todos los que ten\u00eda que tratar, guardando en ello toda la moderaci\u00f3n y justeza posibles.<\/p>\n<p>Operaba como insensiblemente y con mucha dulzura y facilidad; ordenaba sus pensamientos de manera que no se alejaran de Dios; sus afectos, para que se ocuparan\u00a0 en torno a las criaturas seg\u00fan la necesidad; sus intenciones, para mantenerlas puras y sin mezcla; sus juicios, para apartarlos del mal y aplicarlos siempre al bien; sus palabras, para hacerlas \u00fatiles; y por \u00faltimo todas sus acciones, para mesurarlas con gran discreci\u00f3n seg\u00fan Dios y la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>La santa conversaci\u00f3n que tuvo con nuestro venerable Fundador le sirvi\u00f3 de mucho, al quedar lleno y embebido en sus m\u00e1ximas, que no eran otras que las de Nuestro Se\u00f1or, contenidas en el Evangelio. Y los propios externos han reconocido esta verdad; as\u00ed un procurador de un parlamento, que la hab\u00eda prestado alg\u00fan servicio, le escribi\u00f3 en estos t\u00e9rminos: \u00abMe sentir\u00e9 siempre encantado de encontrar mejores ocasiones de serviros, no s\u00f3lo como recuerdo del bienaventurado Sr. Vicente, que me es precioso, sino tambi\u00e9n por vuestro m\u00e9rito particular, como escaparate que sois de este gran hombre\u00bb.<\/p>\n<p>Pose\u00eda un tan gran afecto a la lectura espiritual que todo el tiempo que pod\u00eda sacarle a su oficio lo dedicaba a este santo ejercicio o a la oraci\u00f3n. Ten\u00eda por m\u00e1xima: \u00ab<em>que para tener buen provecho\u00a0 de las lecturas espirituales, no hab\u00eda que leer m\u00e1s que en un libro, pero que fuera bueno; y que una vez acabado se volviera a empezar hasta asimilar los buenos pensamientos del autor\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Esto es lo que practic\u00f3 siempre durante toda su vida, excepto sin embargo durante el \u00faltimo a\u00f1o, durante el que ley\u00f3 de varios libros que trataban de la alta espiritualidad; pero ocho d\u00edas antes de su muerte, expres\u00f3 su arrepentimiento, diciendo \u00ab<em>que aquello le hab\u00eda hecho m\u00e1s da\u00f1o que provecho<\/em>\u00ab.Ten\u00eda no obstante el esp\u00edritu\u00a0 capaz para la lectura de toda clase de libros, de manera que los superiores ten\u00edan tal confianza en su honradez y tal estima de su prudencia que, viendo alguna vez libros curiosos y sembrado de alguna doctrina err\u00f3nea y peligrosa, no tem\u00edan, despu\u00e9s de leerlos, dej\u00e1rselos leer tambi\u00e9n\u00a0 y pedirle su parecer, y \u00e9l estaba de tal manera unido a Dios que como san Gregorio Nacianceno, lo convert\u00eda todo en su provecho espiritual y sacaba de todo ocasi\u00f3n para humillarse.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, su colega quej\u00e1ndose a \u00e9l porque no se aprovechaba de sus lecturas espirituales, las cuales le entraban por as\u00ed decirlo por una oreja y le sal\u00edan por la otra, nuestro venerable hermano le consol\u00f3 y le dijo que \u00ab<em>aunque no retengamos en nuestra memoria nuestra lectura espiritual, el alma con todo no deja de alimentarse y sustentarse y, en ocasiones, las especies de lo que hemos le\u00eddo se presentan, aunque crey\u00e9ramos anteriormente que nunca podr\u00edamos formar una idea. Pero Dios es admirable en la facultad de la memoria, con la que dotado al hombre<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>\u00ab<em>Para aprovecharse, dice en otro lado, de la lectura espiritual no es necesario forzar el esp\u00edritu para retener y acordarse de lo que se ha le\u00eddo para que produzca su efecto, pero lo que se ha de hacer es que la lectura se convierta en oraci\u00f3n, es decir que la entremezclemos al menos de vez\u00a0 en cuando con frecuentes elevaciones de esp\u00edritu\u00a0 a Dios, pidi\u00e9ndole la gracia de entrar en los sentimientos de lo que leemos, o del amor de la virtud o del horror al vicio, y eso sin que sea necesario decir nada a Dios que conoce nuestra necesidad y la que tenemos, pero solamente por una elevaci\u00f3n a \u00e9l, haciendo como la gallina que, despu\u00e9s de beber levanta el pico hacia el cielo. Es esa la buena manera de hacer lectura, que hace que nos quedemos m\u00e1s inclinados y fervientes para la pr\u00e1ctica del bien, la cual, a\u00f1ade \u00e9l, he aprendido de un ciego<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Como se puede ver, nuestro venerable hermano no descuidaba ning\u00fan medio propio para hacer avanzar por el camino de la perfecci\u00f3n; siendo as\u00ed las cosas, no se puede dudar que ten\u00eda una gran devoci\u00f3n\u00a0 a la Sant\u00edsima virgen, Madre de Dios. La sincera devoci\u00f3n a esta Reina del cielo y de la tierra es una se\u00f1al de predestinaci\u00f3n. Esta se\u00f1al es tanto m\u00e1s grande en nuestro hermano por haberla tenido desde su m\u00e1s tierna infancia, como se ha dicho al principio de esta historia. Ha sentido en todo tiempo una filial devoci\u00f3n hacia esta digna Madre de Dios, y se sent\u00eda muy satisfecho de que se supiera que le era particularmente devoto, para poder hablar de ella en toda clase de encuentros. Nunca lleg\u00f3 a tener un gran atractivo por las oraciones vocales, no obstante, hab\u00eda aprendido de memoria las que se dicen de ordinario en honor de la sant\u00edsima Virgen, de la que ten\u00eda una imagen pegada a su pupitre, al pie del cual hab\u00eda escrito el Sancta Maria, sucurre miseris, etc., con el vers\u00edculo y la oraci\u00f3n, a cuyo pie hab\u00eda escrito la divisa de santa Teresa: \u00ab<em>Morir o padecer<\/em>\u00ab. No hab\u00eda sentido mayor j\u00fabilo que o\u00edr hablar de las grandezas de la sant\u00edsima Virgen, a la que daba todo cuanto se puede dar de perfecciones a una pura criatura; de manera que despu\u00e9s de la Sant\u00edsima Trinidad, ella ocupaba el primer lugar en su esp\u00edritu. Y por esto, se sent\u00eda muy afligido al o\u00edr que en este tiempo hab\u00eda bocas de infierno que vomitaban exhalaciones perniciosas y diab\u00f3licas contra la estima debida a las grandezas de la sant\u00edsima Virgen y que trataban sobre todo de borrar o al menos empa\u00f1ar su m\u00e1s glorioso t\u00edtulo de Madre de Dios. Cosa que le hac\u00eda gemir y deplorar la horrible ceguera de esos doctorcitos descerebrados, que se quieren meter a reformadores de los concilios universales de la santa Iglesia, y creen tener en sus locas cabezas\u00a0 toda la sabidur\u00eda de los santos Padres.<\/p>\n<p>Cuando hablaba en alabanza de la sant\u00edsima Virgen, se le ve\u00eda transportado; de manera que el calor le sub\u00eda al rostro, y se hallaba tan lleno de estima hacia ella que se le acababan las palabras. Practicaba fielmente todo lo que se nos manda en nuestras reglas sobre la devoci\u00f3n que debemos tener a esta digna Madre de Dios y nuestra, pero sobre todo por la imitaci\u00f3n de sus virtudes, y particularmente de su humildad y de su castidad, como hemos podido ver al tratar de esas virtudes, que estaban\u00a0 en una gran perfecci\u00f3n en nuestro hermano.<\/p>\n<p>Nuestro venerado hermano Ducournau, amando y honrando tan \u00edntimamente como hemos visto al Rey y a la Reina de los santos, no pod\u00eda por menos que tener\u00a0 una gran devoci\u00f3n por sus fieles siervos. Celebraba sus fiestas con todo el cuidado y recogimiento posibles y se deleitaba leyendo sus vidas y embebi\u00e9ndose en sus m\u00e1ximas y su ciencia para imitarlos. Por ello, cuando ve\u00edas alg\u00fan acto de virtud en su vida, se pon\u00eda enseguida a tratar de hacer lo mismo, y dec\u00eda \u00abque deb\u00edamos de cerca o de lejos imitarlos. Ten\u00eda cuidado de se\u00f1alarlo en un papel cuando algo le llamaba la atenci\u00f3n era f\u00e1cil de cumplir, para ayudar a su memoria. Seg\u00fan esto, referir\u00e9 aqu\u00ed por ejemplo el sumario de lo que hab\u00eda anotado de la lectura de la vida de una gran santa, y que ten\u00eda en su pupitre, ante la vista. Concebido en estos t\u00e9rminos: \u00ab<em>1\u00ba Se consideraba [442] como las m\u00e1s criminal y la peor; 2\u00ba arrepentida de sus pecados\u00a0 hasta las l\u00e1grimas; 3\u00ba estimar a todo el mundo y no hablar nunca mal de nadie; 4\u00ba hacerse violencia para seguir la llamada de Dios y cumplir su voluntad; 5\u00ba la Oraci\u00f3n ha sido el remedio de todos sus males, aunque se portara a menudo con fuerza, contra su repugnancia; 6\u00ba no querer hablar m\u00e1s que de Dios; 7\u00ba reconocer como una gran gracia el desprecio del mundo y de s\u00ed mismo; 8\u00ba damos tan s\u00f3lo los frutos y no el fondo de nosotros mismos a Dios\u00bb. Hasta aqu\u00ed dicho escrito, m\u00e1ximas de las que estaba tan penetrado que casi toda su vida ha rodado sobre esos principios, como se ha podido ver por lo que se ha dicho. \u00c9l dec\u00eda: \u00abque es un gran secreto entrar en las comuni\u00f3n de los santos para ofrecer a Dios todas las buenas obras que se hacen por todo el mundo y lo poco que nosotros hacemos, en uni\u00f3n de los m\u00e9ritos infinitos de Nuestro Se\u00f1or, que son tesoros que son inagotables. Es un gran medio de reunir, con escasos gastos, grandes riquezas espirituales<\/em>\u00ab. As\u00ed lo dec\u00eda, esa era su pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p><strong>VII. Sus \u00faltimos a\u00f1os y su muerte.<\/strong><\/p>\n<p><em> <\/em>Estamos tocando el final de nuestra historia, y por eso vamos a contar la muerte de nuestro venerable hermano; pero antes vamos a decir cu\u00e1les eran sus pensamientos sobre esta materia. No hay porqu\u00e9 sorprenderse. Hac\u00eda tiempo que la deseaba y que se preparaba a ella; as\u00ed que, pocos a\u00f1os antes de morir, dijo: \u00ab<em>Si yo supiera que iba a morir pronto, saltar\u00eda de contento, ya que qu\u00e9 placer vivir y estar siempre en los peligros de ofender a Dios! La mejor de todas las muertes es aquella en que el hombre,\u00a0 habiendo cumplido su deber para poner nuestra conciencia en buen estado, no piensa ya en su salvaci\u00f3n, ni en el para\u00edso ni en el infierno, sino tan s\u00f3lo en el cumplimiento de la voluntad de Dios sobre s\u00ed, abandon\u00e1ndose en cuerpo y alma a \u00e9l y arroj\u00e1ndose en sus brazos para enviar su alma donde \u00e9l quiera, y donde ella pueda rendirle m\u00e1s gloria. Y lo que hace la muerte m\u00e1s espantosa, incluso a algunas buenas almas,\u00a0 que no est\u00e1n a\u00fan purificadas del amor propio y del inter\u00e9s particular la incertidumbre del lugar adonde se va, despu\u00e9s de esta separaci\u00f3n del cuerpo y del alma. Pero nuestro venerable hermano estaba elevado sobre por encima de todo esta por su entera confianza en Dios y una perfecta resignaci\u00f3n a su santa voluntad sobre \u00e9l\u00a0 por el tiempo y la eternidad, lo que le quitaba todas todos los temores de la muerte, aunque considerara las incertidumbres de aqu\u00ed abajo, y como prueba de todo esto, estas palabras que dijo un d\u00eda a su colega sobre esta materia: \u00abHace quince o diecis\u00e9is a\u00f1os, dijo (era en 1654), que tuve una tremenda enfermedad durante la que estuve por cuatro meses en peligro de morir, y no tem\u00eda a la muerte; e incluso un d\u00eda entre otros, en que me encontraba peor que de ordinario, y que cre\u00eda dar el paso de tiempo a la eternidad, a lo cual ya estaba resuelto, al recobrar la salud, sent\u00ed pena\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Por fin el t\u00e9rmino de su vida se acercaba, Dios le envi\u00f3 la primera se\u00f1al, el d\u00eda de la Natividad de Nuestro Salvador, por un dolor de cabeza, en cuyo d\u00eda oy\u00f3 m\u00e1s misas que nunca en ese d\u00eda como si hubiera presentido que era la \u00faltima Navidad de Nuestro Se\u00f1or que celebraba en la tierra. El d\u00eda de san Esteban mejor\u00f3, y el domingo, fiesta de san Juan, comulg\u00f3 con una extraordinaria devoci\u00f3n, hall\u00e1ndose todo absorto en Dios, como si hubiera sabido que era la \u00faltima vez que recib\u00eda a Nuestro Se\u00f1or en el altar; ya que por la tarde le entr\u00f3 la fiebre, que no le dej\u00f3 ya hasta su muerte. Fue llevado a la enfermer\u00eda al d\u00eda siguiente por la ma\u00f1ana, el lunes, fiesta de los santos Inocentes. El m\u00e9dico habi\u00e9ndose encontrado ese mismo tiempo en la enfermer\u00eda, le juzg\u00f3 primeramente el m\u00e1s enfermo de todos los enfermos, que entonces eran muchos.<\/p>\n<p>Tom\u00f3 de verdad todos los remedios que le dieron, en gran cantidad y de los m\u00e1s excelentes, pero siempre sin esperanzas de que se recobrara m\u00e1s.<\/p>\n<p>Cuatro d\u00edas despu\u00e9s, sangrado siete u ocho veces, y en aumento el flujo del pecho, le dieron el santo Vi\u00e1tico, que recibi\u00f3 con la devoci\u00f3n y reverencia\u00a0 de que se ha hablado en la historia de su vida.<\/p>\n<p>El s\u00e1bado, 2 de enero, en debilidad progresiva, le dieron la Extremaunci\u00f3n, tras la cual dijo con rostro gozoso a su querido colega, que se hallaba presente: \u00ab<em>Se acab\u00f3, nos tenemos que separar<\/em>\u00ab; palabras que le atravesaron de dolor, seg\u00fan lo cuenta \u00e9l mismo: \u00ab<em>Al ver, dijo, la p\u00e9rdida que sufr\u00eda de una hermano tan amable, que me hab\u00eda querido como si fuera su hijo, y yo tambi\u00e9n le quer\u00eda y le honraba como a mi padre, y puedo decir que he derramado m\u00e1s l\u00e1grimas en su muerte que en la de mis propios padre y madre<\/em>\u00ab. Son sentimientos de su querido colega.<\/p>\n<p>El domingo, fiesta de santa Genoveva, viendo que se iba poco a poco, le hablaron por la noche de las indulgencias que se ganan en el art\u00edculo de la muerte pronunciando <em>Jes\u00fas<\/em>, <em>Mar\u00eda<\/em> Hizo un acto de fe sobre el poder que ten\u00eda nuestro santo padre el Papa de conceder indulgencias, repiti\u00f3 varias veces de boca estas palabras sagradas <em>Jes\u00fas<\/em>, <em>Mar\u00eda<\/em> ; hizo pacto con Dios que las pronunciaba en ese instante como si fuera en el \u00faltimo suspiro, no sabiendo si podr\u00eda hacerlo en aquel momento. Hacia las nueve, sabiendo que deb\u00eda morirse esa noche, envi\u00f3 a pedir al Sr. Jolly su obediencia para hacer el gran viaje de la eternidad, una vez avisado, se la dio con su bendici\u00f3n, como se dijo ya. Despu\u00e9s, nuestro venerable hermano se sinti\u00f3 gozoso, no deseando ya nada en el mundo m\u00e1s que ir a gozar de Dios, manteniendo siempre el uso de la raz\u00f3n hasta el \u00faltimo suspiro. A las once, se present\u00f3 el sudor de la muerte, hizo llamar al sacerdote que estaba para atenderle paras hacer las recomendaciones del alma a las que respondi\u00f3. Le hicieron repetir Jes\u00fas, Mar\u00eda para ganar la indulgencia, y el sacerdote le suger\u00eda tambi\u00e9n\u00a0 otras aspiraciones a Dios, hasta un poca entes de los tres cuartos despu\u00e9s de las once, cuando nuestro venerable hermano pronunci\u00f3 distintamente esta ant\u00edfona: <em>Maria mater gratiae, <\/em>etc. \u2026 que hab\u00eda dicho todos los d\u00edas, antes de acostarse. Le falt\u00f3 la palabra en: <em>Gloria tibi Domine\u2026;<\/em> cerr\u00f3 los ojos durante un rato, despu\u00e9s de lo cual, queriendo entregar su querida alma a su Creador, no hizo otro esfuerzo ni movimiento que volver a abrir los ojos para mirar al cielo, a donde tenemos motivo de creer que vol\u00f3 su alma despu\u00e9s de haber llevado una vida tan inocente en la tierra y hecho tan hermoso final.<\/p>\n<p>Se ha dicho que la muerte no desfigur\u00f3 en nada su rostro; al contrario, le volvi\u00f3 m\u00e1s hermoso. Teniendo la verdadera fisonom\u00eda de un bienaventurado, teniendo mucho parecido con la imagen de san Francisco Javier sacada despu\u00e9s de su muerte, tanto que al verlo inspiraba gran devoci\u00f3n. Muchos se apropiaban de cosas que hab\u00edan sido de su uso, y eso antes de enterrarle. Le cortaron cabellos, como lo hicieron con nuestro hermano Alexandre Veronne, que falleci\u00f3 aquel a\u00f1o, el 18 de noviembre de 1686, sobre quien se han celebrado cinco conferencias, en las que se dijeron cosa verdaderamente admirables de sus virtudes, que servir\u00e1n tambi\u00e9n para hacer la historia de su vida, como lo espero, lo que constituir\u00e1 sin duda una gran devoci\u00f3n para todos aquellos que lo conozcan, lo mismo que \u00e9sta de nuestro venerable Bertrand Ducournau , que ambos con toda seguridad han sido dos luces, entre los Hermanos, en nuestra Congregaci\u00f3n, y que han brillado tanto por tener sus luces, despu\u00e9s de Nuestro [446]Se\u00f1or Jesucristo, de nuestro gran Patriarca el Sr. Vicente, que ambos han parecido ser sus verdaderos hijos. Quiera Dios darnos la gracia de imitarlos. Para volver a nuestro venerable hermano Ducournau, fue llorado, por todos, y en particular por las hijas de la Caridad, que asistieron a su entierro, con el hijo de la Srta. Le Gras su institutriz; muchos lloraban como si hubieran perdido a su padre.<\/p>\n<p>Fue enterrado el lunes, 4 de enero, hacia las tres de la tarde, en la nave de la iglesia de San L\u00e1zaro, cerca del rinc\u00f3n de la balaustrada del coro, lado de la ep\u00edstola, y se tuvo su servicio al d\u00eda siguiente; despu\u00e9s de lo cual, el Sr. Jolly, nuestro muy honorable padre, envi\u00f3 la noticia a todas las casas de la Congregaci\u00f3n de las gran p\u00e9rdida que la Compa\u00f1\u00eda acababa de sufrir en la persona de nuestro venerable hermano, por una hermosa carta circular, que he cre\u00eddo citar como conclusi\u00f3n de esta obra, con las respuestas de algunos superiores, que m\u00e1s se impresionaron con esta p\u00e9rdida, y los testimonios honorables que otros han dado de la gran estima que hacen de la memoria de este querido difunto.<\/p>\n<p><em>\u00abPar\u00eds, 5 de enero de 1677.<\/em><\/p>\n<p><em> \u00abSe\u00f1or,<\/em><\/p>\n<p><em> La gracia de Nuestro Se\u00f1or est\u00e9 siempre con ustedes.<\/em><\/p>\n<p><em> Nuestra casa del cielo se ha visto incrementada desde hace un a\u00f1o, habi\u00e9ndolo querido as\u00ed Dios para no diferir m\u00e1s la recompensa de sus buenos servidores.<\/em><\/p>\n<p><em> La Compa\u00f1\u00eda acaba de sufrir una gran p\u00e9rdida m\u00e1s aqu\u00ed abajo en la persona de nuestro hermano Bertrand Ducourau, quien falleci\u00f3 el tres de este mes, al t\u00e9rmino de ocho d\u00edas de enfermedad, y a la edad de sesenta a\u00f1os, de los que ha pasado treinta y tres en la Compa\u00f1\u00eda, a la que ha prestado grandes servicios, como saben. Ha edificado grandemente con sus raras virtudes, siendo reconocido por todo el mundo por uno de los m\u00e1s virtuosos y m\u00e1s ejemplares individuos que haya tenido hasta el presente. Era un hombre de oraci\u00f3n, lleno del esp\u00edritu de Dios, al que estaba siempre unido por una vida de fe continua, de esperanza, de confianza y de amor de Dios y del pr\u00f3jimo, que eran los fundamentos de sus otras virtudes, habiendo brillado en todas, y en particular en una profunda humildad y en una perfecta obediencia, de la cual hab\u00eda hecho voto particular de obediencia ciega, pues tanto afecto sent\u00eda por esta virtud. Era extremadamente mortificado y lleno del esp\u00edritu de penitencia; andaba y actuaba siempre en la presencia de Dios, y no obraba m\u00e1s que por \u00e9l con las m\u00e1s puras intenciones. Lleno de celo por la salvaci\u00f3n de las almas, ten\u00eda una gran conformidad con la voluntad de Dios, un desprendimiento grande de todas las criaturas, una gran uni\u00f3n a Nuestro Se\u00f1or, a quien ten\u00eda siempre como su modelo en todas sus acciones, ten\u00eda un amor incomparable\u00a0 por su vocaci\u00f3n y por la Compa\u00f1\u00eda, lo que le hac\u00eda muy celoso de la regularidad y de los m\u00e1s fervientes y exactos por la observancia de las cosas m\u00e1s peque\u00f1as expresadas en nuestras reglas. Ten\u00eda un alma muy pura e inocente. Su muerte ha sido parecida a su vida, habiendo pasado su enfermedad en una continua uni\u00f3n a Dios y a Nuestro Se\u00f1or crucificado.<\/em><\/p>\n<p><em> \u00abEsta casa sigue embalsamada del olor de sus virtudes, y en particular de su gran bondad y caridad para con todos, que le hac\u00edan humilde, manso, afable y ben\u00e9volo con todos. Yo no les dir\u00e9 m\u00e1s, porque todos lo han conocido; le suplico tan s\u00f3lo, Se\u00f1or, que le tributen y le hagan tributarle los auxilios acostumbrados, aunque tengamos motivos de creer, por la vida santa que ha llevado y el feliz final que ha tenido, que ya se encuentra en el cielo. [448]<\/em><\/p>\n<p><em> \u00abSoy siempre, de todo coraz\u00f3n, en el amor de Nuestro Se\u00f1or, Se\u00f1or,<\/em><\/p>\n<p><em> Vuestro muy humilde servidor, <\/em>\u00abJOLLY, \u00abIndigno sacerdote de la Misi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Me parece un justo compendio\u00a0 todo lo que se ha narrado en toda su extensi\u00f3n en el curso de esta obra, por lo que se ve hasta que grado de virtud ha llegado nuestro venerable hermano Ducournau, por su fidelidad a las gracias de Dios que no han sido in\u00fatiles en \u00e9l. El difunto Sr. Fournier, segundo asistente de la Compa\u00f1\u00eda, que pose\u00eda en abundancia el esp\u00edritu del Sr. Vicente, ten\u00eda una singular estima sobre nuestro venerable hermano. Hab\u00eda prometido poco antes de caer enfermo que ver\u00eda y perfeccionar\u00eda esta obra y le a\u00f1adir\u00eda lo que faltaba, y en particular describir\u00eda la manera en la que sab\u00eda que Dios hab\u00eda elevado a nuestro venerable hermano a la contemplaci\u00f3n. Y dos d\u00edas antes de su muerte dijo al autor de esta historia que se la entregara al Sr. Thieulin para completarla teniendo, dijo, una gran facilidad para asentar por escrito.<\/p>\n<p>El superior de la casa de Roma, Visitador de la provincia de Italia, respondiendo a la susodicha carta, expresa de manera clara la gran estima que ten\u00eda\u00a0 de este venerable hermano en estos t\u00e9rminos: \u00abHemos perdido pues al amable hermano Ducournau. De verdad, Se\u00f1or, he sentido esta p\u00e9rdida quiz\u00e1s m\u00e1s que ninguno de la Congregaci\u00f3n porque este querido difunto ten\u00eda cualidades que me hac\u00edan sentir veneraci\u00f3n y una estima particular por su persona. \u00bfNo se har\u00e1 un compendio de sus virtudes? Oh y qu\u00e9 \u00fatil resultar\u00eda, a mi parecer, conservar la memoria y en especial de las pr\u00e1cticas\u00a0 de humildad y mortificaci\u00f3n, por las que una parte de los dem\u00e1s hermanos sienten de ordinario repugnancia!.<\/p>\n<p>El superior de la casa de Lyon respond\u00eda a la triste noticia de la muerte de nuestro venerable hermano, dice as\u00ed: \u00ab<em>He recibido con dolor la noticia de la muerte del bueno y virtuoso hermano Ducournau, en la que la Compa\u00f1\u00eda sufre sin duda una p\u00e9rdida muy considerable, y vos mismo, Se\u00f1or, por verse privado de la ayuda que recib\u00edais en la expedici\u00f3n de vuestras cartas. Tengo una idea de la virtud de este buen hermano m\u00e1s grande de lo podr\u00eda decir. El Sr. de La Forcade, antiguo magistrado de Lyon, quien se siente muy afligido con toda su familia, tiene raz\u00f3n de decir lo que me ha dicho con frecuencia que este querido difunto ten\u00eda el esp\u00edritu del Sr. Vicente, como tambi\u00e9n me lo ha dicho el Sr. Gabuzat quien, al recibir la noticia de esta muerte, me dijo: Si \u00e9se no est\u00e1 en el cielo, no s\u00e9 qui\u00e9n estar\u00e1, que Dios nos d\u00e9 la gracia de seguirle, despu\u00e9s de seguirle en su santa vida y en su buena muerte<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>El superior de la casa de Tr\u00e9guier respondi\u00f3 as\u00ed: \u00ab<em>La muerte de nuestro hermano Ducournau, que es una noticia bastante dolorosa en s\u00ed misma, no deja de consolarnos por el modo como narr\u00e1is sus hermosas virtudes. Espero que sirva de provecho a esta peque\u00f1a familia y no lleve a imitarlas, como se deja ver ya en algunos que parecen muy renovados y fortalecidos<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Ser\u00eda demasiado largo referir aqu\u00ed todos los sentimientos que han expresado los superiores y las casas de la Compa\u00f1\u00eda sobre la muerte de nuestro venerable hermano; se puede decir, en una palabra que han sido del todo un\u00e1nimes en el dolor por una tan grande p\u00e9rdida, y animados cada vez m\u00e1s a la virtud, a ejemplo de este querido difunto.<\/p>\n<p>La Compa\u00f1\u00eda de las hijas de la Caridad a la que \u00e9l ha rendido durante su vida grandes servicios, se ha sentido impresionada por la perdida que ha sufrido en su persona y le ha tributado durante su vida t despu\u00e9s de su muerte grandes testimonios de la estima particular que sent\u00eda de \u00e9l. Y una de las principales oficialas no podr\u00eda hablar\u00a0 [450] de \u00e9l sin derramar l\u00e1grimas, y dijo en voz alta: \u00abHe perdido a mi padre, hablando del querido hermano Ducournau\u00bb.<\/p>\n<p>Buen n\u00famero de personas externas han testificado c\u00f3mo ten\u00edan en veneraci\u00f3n a nuestro hermano, durante su vida y en su muerte, entre los cuales yo citar\u00e9 solamente aqu\u00ed al Sr. p\u00e1rroco de Saint-Laurent quien no habla de \u00e9l m\u00e1s que con grandes sentimientos de estima y veneraci\u00f3n. El Sr. prior de Courrangue, fallecido hace un a\u00f1o, y que era un personaje de una insigne piedad y de un gran m\u00e9rito, dec\u00eda: \u00ab<em>que estaba embalsamado\u00a0 por las virtudes que hab\u00eda visto en nuestro venerado hermano<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>El Sr. Le Gras, consejero en el Palacio de la Moneda, hijo de la difunta Srta. Le Gras, le ha llorado como si fuera uno de los mayores consuelos que haya tenido en la tierra, quien por ello ven\u00eda a visitarle y comunicar con \u00e9l cosa que eran de urgente importancia, para o\u00edr sus buenos consejos; pareci\u00e9ndole escuchar al Sr. Vicente, nuestro venerable Padre, cuyo esp\u00edritu reconoc\u00eda en abundancia en nuestro venerable hermano.<\/p>\n<p>Un can\u00f3nigo de una catedral, escribiendo a este c\u00e9lebre difunto, a comienzos de uno de los a\u00f1os algo antes de su fallecimiento, le expresa los verdaderos sentimientos que ten\u00eda por \u00e9l de esta manera: \u00ab<em>Nuestro muy querido hermano, he recibido con gran consuelo vuestra carta del 30 de noviembre, totalmente edificante y llena de instrucciones muy cristianas. Aceptar\u00e9is con agrado que, en esta renovaci\u00f3n de a\u00f1o, os ofrezca y os renueve todo mi agradecimiento que debo a vuestro recuerdo, a los testimonios particulares de vuestra bondad, de la efusi\u00f3n de vuestro coraz\u00f3n y de la amistad que conserv\u00e1is siempre por m\u00ed y por vuestra familia que os honra de forma particular. Os pido, mi muy querido hermano, continu\u00e9is vuestro recuerdo en las oraciones por los muertos y por los vivos, y ante toro por todas mis necesidades, para que pueda entrar en la pr\u00e1ctica de las verdades s\u00f3lidas que hab\u00e9is querido proponerme, de las cuales est\u00e1is imbuido. Alabo a Nuestro Se\u00f1or por todos los efectos de su gracia que ha operado en vos y por vuestra fidelidad a sus designios. Le ruego de todo coraz\u00f3n que acabe en vos lo que ha comenzado para su gloria y vuestra santificaci\u00f3n, etc.\u2026\u00bb<\/em><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n le descubre, como ten\u00eda costumbre de hacerlo hac\u00eda largo tiempo, todo lo que ten\u00eda de m\u00e1s secreto en su alma y que ten\u00eda que ver con su conciencia para recibir sus buenos consejos. Por eso a\u00f1ade: \u00ab<em>Permitid tambi\u00e9n, mi querido hermano, que os conf\u00ede una regla que he seguido con mis pr\u00f3ximos para pediros alguna luz, etc. \u2026\u00bb\u00a0\u00a0 Otra persona de gran m\u00e9rito, respondiendo a una carta que le hab\u00eda escrito, dice en pocas palabras algo que es de gran alabanza a nuestro venerable hermano, porque le era com\u00fan para todos, seg\u00fan hablara o escribiera: \u00abVuestra \u00faltima carta, dice, me ha consolado mucho, ello, hermano, debo confesaros que todo lo que me llega de vos obliga a mi coraz\u00f3n a la gratitud para con Nuestro Se\u00f1or por la abundante gracia que su bondad quiere repartir para consolar, como vos lo hac\u00e9is,\u00a0 expresando lo que ella opera en vos que ella establece cada vez m\u00e1s en la pr\u00e1ctica s\u00f3lida de las virtudes; lo que produce tambi\u00e9n en m\u00ed deseos de imitaros\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Como conclusi\u00f3n, quiera Dios darnos a todos la gracia de caminar por los pasos\u00a0 de este su siervo fiel, de entrar en sus sentimientos, de abrazar sus m\u00e1ximas de piedad y de buscar, a su imitaci\u00f3n,\u00a0 ser crucificados, muertos y sepultados con Nuestro Se\u00f1or, en la pr\u00e1ctica de todas las virtudes que \u00e9l ha aprendido de este divino original y del que nos ha dejado raros ejemplos, que servir\u00e1n de testimonio a la posteridad, que el hermano Bertrand Ducournau ha sido un hombre de gracia y de bendici\u00f3n, lleno del esp\u00edritu de Dios y dotado de una eminente virtud.<\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>Trad. M\u00e1ximo Agust\u00edn<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VI. Su amor por el silencio, su sencillez, su prudencia, su devoci\u00f3n hacia la sant\u00edsima Virgen y los Santos. 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