{"id":17010,"date":"2015-01-04T05:52:51","date_gmt":"2015-01-04T04:52:51","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/04\/11\/san-vicente-de-paul-maynard-libro-2-capitulo-3\/"},"modified":"2016-07-26T17:21:55","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:55","slug":"san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal. Su vida, su tiempo; sus obras, su influencia. Libro 2, cap\u00edtulo 3"},"content":{"rendered":"<h2><strong>Cap\u00edtulo Tercero: Reglas y constituciones.<\/strong><\/h2>\n<h3><strong> I. Reglas y constituciones<\/strong>.<\/h3>\n<p>Reglas y constituciones, la Compa\u00f1\u00eda, a decir verdad, no ten\u00eda a\u00fan. Hasta entonces Vicente hab\u00eda sido su ley viviente, y las lecciones y ejemplos del santo fundador hab\u00edan servido de reglas. Pero \u00e9l ten\u00eda ya ochenta y dos a\u00f1os y deb\u00eda darse prisa por dejar a sus hijos su pensamiento y su alma escritos como su m\u00e1s santa herencia, como la forma y el car\u00e1cter definitivos de la gran familia que iba extenderse por todo el universo.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, en medio de estas ocupaciones tan variadas y tan numerosas, \u00e9l pensaba en ello todos los d\u00edas hac\u00eda largos a\u00f1os; adem\u00e1s, en la desconfianza continua en la que le colocaba su humildad ya de por s\u00ed, consultaba a Dios y a los hombres. Vemos por su correspondencia, que le gustaba consultar, no s\u00f3lo a los sabios, a los m\u00e1s entendidos canonistas de Roma, a los mejores te\u00f3logos de la Sorbona, a los m\u00e1s h\u00e1biles jurisconsultos del Parlamento, sino tambi\u00e9n a los superiores de sus casas, a sus m\u00e1s humildes sacerdotes, para saber por ellos lo que la experiencia demostraba practicable.<\/p>\n<p>Por esto precisamente, aparte de su car\u00e1cter lento y reflexivo, t\u00edmido por humildad, lo que le hab\u00eda hecho diferir por largo tiempo la impresi\u00f3n y la distribuci\u00f3n de sus reglas. Quer\u00eda primeramente imitar a Nuestro Se\u00f1or. quien comenz\u00f3 por obrar antes que instruir, coepit Jesus facere et docere; quien practic\u00f3 todas las virtudes durante los treinta primeros a\u00f1os de su vida, y emple\u00f3 tan s\u00f3lo los tres \u00faltimos en ense\u00f1ar su doctrina. \u00c9l tambi\u00e9n, hac\u00eda treinta a\u00f1os, treinta y tres incluso, que hab\u00eda\u00a0 establecido su congregaci\u00f3n, cuando se determin\u00f3 a darle una ley. Durante ese tiempo, \u00e9l y sus hijos, como el Salvador, hab\u00edan comenzado por hacer antes de ense\u00f1ar. De esa forma se evitaban todos los inconvenientes de las constituciones prematuras. Nada nuevo en estas reglas para los Misioneros; nada que no hubiera sido practicado mucho tiempo con edificaci\u00f3n; nada que no tuviera su existencia en los hechos, antes de formularse en la letra; nada, por consiguiente, que la debilidad y la flaqueza pudieran tachar de impracticable o siquiera de dif\u00edcil. \u00abHemos hecho, dec\u00eda Vicente, como los Recabitas de la Escritura que guardaban por tradici\u00f3n las reglas que sus padres les hab\u00edan dejado, aunque no estuviesen escritas..\u00bb<\/p>\n<p>As\u00ed han hecho la mayor parte de los fundadores de \u00f3rdenes, inspirados por Aqu\u00e9l que da nacimiento, crecimiento y duraci\u00f3n a todo. Por haber ido demasiado de prisa, se hab\u00eda visto obligado san Francisco de Sales a a\u00f1adir un directorio a las reglas de la Visitaci\u00f3n; pero san Ignacio, quiz\u00e1s el mayor pol\u00edtico del mundo, con toda seguridad el mayor pol\u00edtico de las sociedades religiosas, se content\u00f3 con dar en vida a su compa\u00f1\u00eda algunas reglas breves y el\u00e1sticas, dejando al tiempo y a la experiencia revelar a sus sucesores los cambios y adiciones que habr\u00eda que introducir en sus constituciones.<\/p>\n<p>Por el beneficio de su larga vida, san Vicente de Pa\u00fal pudo ver sucederse varias generaciones en su propia familia, seguir la puesta en pr\u00e1ctica de su obra por los instrumentos m\u00e1s diversos, y en las circunstancias m\u00e1s m\u00faltiples; y como, durante ese tiempo, conservaba \u00e9l la direcci\u00f3n suprema, pudo modificarla y conducirla a tal punto de perfecci\u00f3n definitiva en el que se viera al abrigo del tiempo y del cambio.<\/p>\n<p>Analicemos r\u00e1pidamente estas reglas y constituciones comunes, impregnadas del esp\u00edritu de Dios y de esa sabidur\u00eda humana que no es m\u00e1s que una participaci\u00f3n de la sabidur\u00eda divina.<\/p>\n<p>Est\u00e1n redactadas en lat\u00edn y contenidas en doce cap\u00edtulos.<\/p>\n<p>I. \u2013Jesucristo comenz\u00f3 por obrar, despu\u00e9s ense\u00f1\u00f3; es decir que practic\u00f3 en primer lugar a la perfecci\u00f3n toda clase de virtudes, luego evangeliz\u00f3 a los pobres, y ense\u00f1\u00f3 a sus ap\u00f3stoles y a sus disc\u00edpulos la ciencia de la direcci\u00f3n de los pueblos. Formada en el modelo de Jesucristo, la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n tendr\u00e1 pues por triple fin trabajar en su propia perfecci\u00f3n; evangelizar a los pobres, y principalmente a los habitantes de los campos, ayudar a los eclesi\u00e1sticos a adquirir la ciencia y las virtudes de su estado. \u2013Ella se compone de eclesi\u00e1sticos y de laicos. Las funciones de los primeros son, a ejemplo de Jesucristo y de sus disc\u00edpulos, recorrer las ciudades y las aldeas, y en ellas instruir con predicaciones y catecismos, recibir las confesiones generales, apaciguar las querellas, concluir los procesos, establecer la cofrad\u00eda de la Caridad; luego, dirigir los seminarios, y abrir a los eclesi\u00e1sticos del exterior retiros y conferencias. Los segundos cumplen el oficio de Marta: ayudan a los eclesi\u00e1sticos en estos diversos ministerios, a los que a\u00f1aden la cooperaci\u00f3n con sus oraciones, con sus l\u00e1grimas, con sus mortificaciones y con sus ejemplos. \u2013unos y otros no alcanzar\u00e1n su fin sino revisti\u00e9ndose del esp\u00edritu de Jesucristo, que brilla sobre todo en las m\u00e1ximas del evang\u00e9licas, en su pobreza, su castidad, su obediencia, su caridad con los enfermos, en su modestia, en el modo de vivir y de obrar que ense\u00f1a a sus disc\u00edpulos, en sus charlas, en sus ejercicios diarios de piedad, en sus misiones y dem\u00e1s funciones que se impuso a favor de los pueblos. \u2013En una palabra, fin del instituto, su personal, sus deberes y os medios de cumplirlos: ese es el objeto de este primer cap\u00edtulo. Los diez siguientes no son m\u00e1s que el desarrollo de los medios cuya enumeraci\u00f3n acaba de ser se\u00f1alada. -Se ve tambi\u00e9n este esp\u00edritu de orden que el sentido exquisito de Vicente llevaba en todo, en la teor\u00eda como en la pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>II. \u2013Y primeramente, las m\u00e1ximas evang\u00e9licas. Como no enga\u00f1an nunca, mientras que las del mundo enga\u00f1an siempre, la congregaci\u00f3n actuar\u00e1 siempre seg\u00fan ellas, nunca seg\u00fan las del mundo. as\u00ed pues, preferir\u00e1 las cosas espirituales a las temporales, la salvaci\u00f3n del alma a la salud del cuerpo, la gloria de Dios a las vanidades del siglo, la pobreza, la infamia, las torturas y la muerte misma a todo lo que pueda separarla de la caridad de Jesucristo; se esmerar\u00e1 en hacer siempre y en todo la voluntad de Dios, evitando todo el mal prohibido y buscando todo el bien mandado, eligiendo de preferencia en las cosas indiferentes aquellas que repugnan mas a la naturaleza, aceptando de la manos de Dios los bienes y los males con un\u00a0 agradecimiento igual; ella unir\u00e1 la sencillez de la paloma a la prudencia de la serpiente, practicar\u00e1 la mansedumbre de Jesucristo, por la que se obtiene la posesi\u00f3n de la tierra, y su humildad, por la que se gana el cielo y, por consiguiente, se creer\u00e1 digna del desprecio de los hombres, se alegrar\u00e1 de ver sus imperfecciones sacadas a la luz del d\u00eda, ocultar\u00e1 el bien que Dios opere por ella, o le atribuir\u00e1 toda la gloria; renunciar\u00e1 a su voluntad, a su juicio, a las satisfacciones de los sentidos, al amor excesivo por la familia, al apego a los empleos, los lugares y las personas, a la singularidad al alimento y vestido, en la manera de ense\u00f1ar, de predicar y de dirigir y hasta en las pr\u00e1cticas de piedad; tendr\u00e1 siempre en honor los actos de caridad, amar-a a sus enemigos, rogar\u00e1 por ellos y les har\u00e1 favores; pero, entre todos los preceptos evang\u00e9licos, se aferrar\u00e1 a los que con preferencia nos recomiendan la sencillez, la humildad, la mansedumbre, la mortificaci\u00f3n y el celo por la salvaci\u00f3n del pr\u00f3jimo; de estas cinco virtudes, ella har\u00e1 como las facultades de su alma y animar\u00e1 todas sus acciones; no obstante es verdad decir que Jesucristo ha derrotado el imperio del demonio y restablecido el reino de su Padre por la pobreza, la castidad y la obediencia.<\/p>\n<p>III. \u2013Por lo tanto, la congregaci\u00f3n imitar\u00e1 primero esta pobreza de Jesucristo, que llagaba hasta no tener una piedra donde reposar la cabeza. Entre sus miembros todo ser\u00e1 com\u00fan. nadie dispondr\u00e1 de nada como de cosa propia, ni sin la voluntad del superior. Mesa, habitaci\u00f3n. Lecho, muebles, todo entre ellos ser\u00e1 pobre; nada cerrado con llave; llevar\u00e1n la pobreza hasta en sus deseos, teniendo sobre todo como una tentaci\u00f3n peligrosa apetecer los bienes y dignidades\u00a0 eclesi\u00e1sticas.<\/p>\n<p>IV. \u2013La castidad cuyo amor llev\u00f3 Jesucristo hasta querer nacer de una virgen, y a no permitir que fuera en \u00e9l atacada por la envidia, es tanto m\u00e1s necesaria a los Misioneros, cuanto m\u00e1s los exponen sus funciones a desearla. Guardar\u00e1n pues con vigilancia sus sentidos interiores y exteriores, huir\u00e1n de la intemperancia y de la ociosidad, de los tratos demasiado familiares y demasiado tiernos; en una palabra, tomar\u00e1n todas las precauciones necesarias para poner en ellos esta virtud al abrigo no s\u00f3lo de todo da\u00f1o, sino de toda sospecha, persuadidos de que tal sospecha, incluso injusta, da\u00f1ar\u00eda m\u00e1s a su ministerio que la falsa imputaci\u00f3n de cualquier otro crimen.<\/p>\n<p>V. \u2013Para honrar la obediencia que Jesucristo llev\u00f3 hasta la muerte, los Misioneros obedecer\u00e1n al papa, a los obispos, a su superior, tanto general como particular; no pedir\u00e1n nada, lo aceptar\u00e1n todo; no emprender\u00e1n ni abandonar\u00e1n ning\u00fan empleo, ning\u00fan trabajo, ning\u00fan estudio, sin permiso expreso; estar\u00e1n en las manos de sus superiores como la lima en manos del obrero..<\/p>\n<p>VI. \u2013A los que enviaba a misiones, Jesucristo recomendaba el cuidado y la visita de los enfermos, sobre todo de los pobres. la congregaci\u00f3n seguir\u00e1 esta prescripci\u00f3n caritativa dentro y fuera, viendo en cada enfermo no a un hombre, sino al mismo Jesucristo. Por su parte el enfermo mirar\u00e1 su lecho como un p\u00falpito desde el que debe ense\u00f1ar a todos las virtudes cristianas, y principalmente la paciencia, la conformidad con la voluntad de Dios y una perfecta obediencia a los m\u00e9dicos tanto del alma como del cuerpo.<\/p>\n<p>VII. \u2013Los misioneros imitar\u00e1n tambi\u00e9n la modestia de Jesucristo, tan recomendada por san Pablo; la practicar\u00e1n bajo la mirada de Dios solo como en presencia de los hombres; la observar\u00e1n a todas partes, en la iglesia, en la mesa, en los ejercicios p\u00fablicos, en sus relaciones de unos con otros; brillar\u00e1 sola en su traje y en su pobre y peque\u00f1o mobiliario.<\/p>\n<p>VIII. \u2013Con los de dentro practicar\u00e1n las m\u00e1ximas dadas por Jesucristo a sus disc\u00edpulos;\u00a0 se tratar\u00e1n entre ellos como verdaderos amigos, sin amistades ni aversiones particulares; mostrar\u00e1n respeto y honor a todos los que los sobrepasen en dignidades, conversar\u00e1n de cosas de piedad o de conocimientos necesarios a su estado y eso con modestia y alegr\u00eda, abandono y discreci\u00f3n, sin discusi\u00f3n ni disputas, sin murmuraciones, censuras ni maledicencias, sin ocuparse de la administraci\u00f3n ni de la casa, ni del Estado,, sin tomar parte en las disensiones p\u00fablicas o las guerras entre pr\u00edncipes cristianos; y como se entrena en usar bien de la palabra por el silencio, se callar\u00e1n en todo tiempo y en todos los lugares prescritos por la regla.<\/p>\n<p>IX. \u2013Con respecto a los de fuera, seguir\u00e1n tambi\u00e9n los preceptos dados por Jesucristo a sus disc\u00edpulos sobre la manera de comportarse con el pr\u00f3jimo, con los escribas y fariseos, con los magistrados y los pr\u00edncipes, etc. Luz del mundo, no perder\u00e1n m\u00e1s su pureza en su contacto con el siglo, que el sol al atravesar las materias impuras; siervos de Dios, no se mezclar\u00e1n ni en proceso, ni en negocio, ni en ning\u00fan de los asuntos del siglo, ni siquiera en obras de piedad sin el permiso del superior; sin este permiso, no atraer\u00e1n a extra\u00f1os a la casa, no mantendr\u00e1n ning\u00fan trato con ellos, no les comunicar\u00e1n ni las reglas, ni las cosas del interior, y no tomar\u00e1n alimento en sus casas; incluso con este permiso, se atendr\u00e1n a lo que se les haya prescrito en cuanto al tiempo, el lugar y el modo, de lo que dar\u00e1n cuenta a u regreso..<\/p>\n<p>X. \u2013Como Jesucristo y sus disc\u00edpulos ten\u00edan sus ejercicios de piedad, tales como subir al templo los d\u00edas se\u00f1alados, dedicarse a la oraci\u00f3n, retirase alguna vez a la soledad, la peque\u00f1a congregaci\u00f3n tendr\u00e1 tambi\u00e9n sus ejercicios\u00a0 espirituales. Siguiendo su bulla de erecci\u00f3n, ella honrar\u00e1 particularmente los misterios inefables de la Sant\u00edsima Trinidad y de la Encarnaci\u00f3n con frecuentes actos de devoci\u00f3n, y de fe, con algunas oraciones y buenas obras cotidianas, con la propagaci\u00f3n de su conocimiento y de su culto, con el buen uso de la Eucarist\u00eda que las resume, con la devoci\u00f3n hacia la Sant\u00edsima Virgen, madre del verbo encarnado. Adem\u00e1s, una hora cada ma\u00f1ana de oraci\u00f3n mental, celebraci\u00f3n o asistencia diaria a la misa, lectura diaria tambi\u00e9n de una obra espiritual y del Nuevo Testamento, lectura de mesa, dos ex\u00e1menes de conciencia al d\u00eda, recitaci\u00f3n en com\u00fan del santo oficio, confesi\u00f3n sacramental y conferencias semanales, visita al Sant\u00edsimo Sacramento al salir de la casa y al regresar, adoraci\u00f3n de rodillas al entrar en la habitaci\u00f3n y al salir, direcci\u00f3n espiritual e informe de conciencia cada tres meses, mortificaci\u00f3n del viernes y de ciertos d\u00edas a a\u00f1o, retiro y revisi\u00f3n anual: tales sin las solas pr\u00e1cticas de piedad prescritas en la congregaci\u00f3n, y que le son poco m\u00e1s o menos comunes con todas las familias religiosas, incluso con los buenos eclesi\u00e1sticos seculares que ten\u00eda que formar y a quienes no deb\u00eda ofrecer en su vida un modelo inimitable.<\/p>\n<p>XI. \u2013En cuanto a las Misiones, Jesucristo dio tambi\u00e9n reglas a sus disc\u00edpulos mand\u00e1ndoles pedir al se\u00f1or de la mies que enviara obreros a su campo, se\u00f1al\u00e1ndoles a qui\u00e9n y c\u00f3mo deb\u00edan predicar, de qu\u00e9 modo deb\u00edan alimentarse, conducirse, ya en el viaje, ya con los que no los quer\u00edan recibir. A ejemplo suyo, la congregaci\u00f3n observar\u00e1 las reglas siguientes: ante todo, ella har\u00e1 de de las Misiones si obra principal e indispensable, a lo que la obliga el mismo nombre que ha permitido la divina Providencia darle por la voz un\u00e1nime de los pueblos, y ella no las descuidar\u00e1 nunca por las obras m\u00e1s excelentes, ni siquiera por el servicio del clero, aunque est\u00e9 casi igualmente encargada de este segundo ministerio. Adem\u00e1s, env\u00edo del superior, aprobaci\u00f3n del obispo, en cada di\u00f3cesis, conformidad y bendici\u00f3n del p\u00e1rroco en cada parroquia, funciones gratuitas y rechazo de toda oferta con excepci\u00f3n del alojamiento, discreci\u00f3n y precauciones infinitas si se necesita consultar, direcci\u00f3n de las comunidades de mujeres prohibida, incluso de las hijas y mujeres de la Caridad sin el permiso expreso del superior: esto es a lo que se reducen todas las prescripciones y prohibiciones.<\/p>\n<p>XII. \u2013Jesucristo no s\u00f3lo comenz\u00f3 por obrar\u00a0 y por instruir, tambi\u00e9n lo hizo todo bien. Para seguir hasta el fin a este divino modelo, la Compa\u00f1\u00eda emplear\u00e1 los medios propios para cumplir bien las funciones de las que se acaba de hablar. En todos sus trabajos, y sobre todo los m\u00e1s brillantes, cada uno tendr\u00e1 la \u00fanica y pura intenci\u00f3n de agradar a Dios, nunca de agradar a los hombres, y de contentarse a s\u00ed mismo. Se evitar\u00e1 la vana complacencia atribuyendo a Dios toda la gloria, y los despechos del amor propio herido por el amor a las humillaciones. Despu\u00e9s de un acto p\u00fablico, se guardar\u00e1 mucho de excitar el orgullo por alabanzas y de desanimar la debilidad por censuras indiscretas. Se har\u00e1 gala de sencillez, esa virtud principal y especial de los Misioneros, sobre todo en los discursos dirigidos sea a los pueblos, sea a los eclesi\u00e1sticos. Se huir\u00e1 de las opiniones nuevas y particulares, la curiosidad en los estudios, la ambici\u00f3n y el orgullo, la envidia que llevar\u00eda a afligirse por la mayor reputaci\u00f3n, cr\u00e9dito y \u00e9xito de las dem\u00e1s congregaciones. Se desear\u00e1 m\u00e1s bien con Mois\u00e9s que todos sean profetas. Se alegrar\u00e1n de ver a Jesucristo anunciado por quienquiera que sea; y aunque se deba sentir por la Compa\u00f1\u00eda el mayor afecto de coraz\u00f3n, cono un ni\u00f1o prefiere con mucho a su madre, aunque fea y pobre, a todas las dem\u00e1s, por ricas y hermosas que sean, se la tendr\u00e1 sin embargo como la \u00faltima de todas las dem\u00e1s, y se le desear\u00e1 menos la consideraci\u00f3n y los aplausos de los hombres, que la oscuridad y la humillaci\u00f3n, con el fin que se parezca al grano de mostaza del Evangelio que no puede crecer y llevar fruto si no se le siembra y oculta en la tierra. Todos se cuidar\u00e1n contra dos vicios opuestos, el esp\u00edritu de languidez y el celo indiscreto. Todos profesar\u00e1n un respeto y un amor particular por las reglas y constituciones de la Compa\u00f1\u00eda, hasta las menos importantes en apariencia; y, para grab\u00e1rselas m\u00e1s profundamente en la memoria y en la voluntad,\u00a0 todos tendr\u00e1n un ejemplar que leer\u00e1n al menos cada tres meses con reflexi\u00f3n y examen de conciencia. Infiel, pedir\u00e1 perd\u00f3n a Dios y penitencia al superior; fiel, se dir\u00e1 a pesar de todo, siguiendo las palabras de Jesucristo: \u00abYo soy un siervo in\u00fatil, no he hecho m\u00e1s que lo que deb\u00eda, y adem\u00e1s, no he podido hacerlo sin \u00e9l.\u00bb<\/p>\n<h3><strong>II. Distribuci\u00f3n de las reglas.<\/strong><\/h3>\n<p>Tales son las reglas de la misi\u00f3n, bonito compendio del Evangelio, del que reproducen la divina doctrina con toda su unci\u00f3n y sencillez. Fue en 1658, el 17 de mayo, un viernes por la noche, el d\u00eda y momento destinado a las conferencias espirituales, cuando Vicente se las distribuy\u00f3 a su comunidad. \u00c9l le dirigi\u00f3 primeramente un prolongado discurso, cuyo resumen se halla en la ep\u00edstola-prefacio que puso a la cabeza de sus constituciones. En ella explica c\u00f3mo lo hemos hecho seg\u00fan \u00e9l, su tard\u00eda redacci\u00f3n, y a\u00f1ade: \u00abSi hubi\u00e9ramos dado reglas desde un principio, y antes de que la Compa\u00f1\u00eda las hubiera practicado, se habr\u00eda pensado que habr\u00eda m\u00e1s cosas humanas que divinas, y que habr\u00eda sido un plan tomado y concertado humanamente, y no una obra de la Providencia divina. Pero, Se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, todas estas reglas y todo lo dem\u00e1s que veis en la congregaci\u00f3n se ha hecho no s\u00e9 c\u00f3mo. Ya que yo no hab\u00eda pensado nunca en ello, y todo se ha introducido poco a poco, sin que se pueda decir qui\u00e9n es la causa. Ahora, es una reglas de san Agust\u00edn, que cuando no se puede encontrar la causa de una cosa buena, hay que referirla a Dios, y reconocer que \u00e9l es su\u00a0 principio y su autor. Seg\u00fan eso, \u00bfno es Dios el autor de todas nuestras reglas, que se han introducido yo no s\u00e9 de qu\u00e9 modo, y de tal suerte que no se podr\u00eda decir ni c\u00f3mo ni porqu\u00e9? \u00a1Oh Salvador, y qu\u00e9 reglas! \u00bfY de d\u00f3nde vienen? \u00bfhab\u00eda pensado yo en ellas? no, se\u00f1or, y se lo puedo asegurar, Se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, que jam\u00e1s hab\u00eda pensado ni en estas reglas ni en la Compa\u00f1\u00eda, ni siquiera en la palabra Misi\u00f3n; es Dios quien ha hecho todo esto; los hombres no tienen parte en ello. en cuanto a m\u00ed, cuando considero la forma\u00a0 de la que Dios ha querido servirse para dar nacimiento a la congregaci\u00f3n en su Iglesia, confieso que no me lo explico, que me parece que un sue\u00f1o todo lo que veo. No. no es cosa nuestra, no es algo humano, sino de Dios. \u00bfLlamar\u00edan ustedes humano a lo que el entendimiento del hombre no ha previsto, y lo que la voluntad no ha deseado ni buscado de ninguna manera? Nuestros primeros Misioneros no hab\u00edan pensado en ello tampoco; de manera que todo se hizo contra todas nuestras previsiones y esperanzas. S\u00ed cuando considero todas las ocupaciones\u00a0 de la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, me parece que es un sue\u00f1o. Cuando el profeta Habacuc fue arrebatado por un \u00e1ngel y llevado muy lejos para consolar a Daniel en la fosa de los leones, y luego devuelto al lugar de partida, vi\u00e9ndose de regreso al mismo lugar del que hab\u00eda salido, \u00bfno ten\u00eda motivo de pensar que todo hab\u00eda sido un sue\u00f1o? Y si ustedes me preguntan c\u00f3mo se introdujeron las pr\u00e1cticas de la Compa\u00f1\u00eda, c\u00f3mo nos lleg\u00f3 el pensamiento de tisis sus ejercicios y ocupaciones, les dir\u00e9 que no s\u00e9 nada y que no lo puedo saber. Ah\u00ed est\u00e1 el Sr. Portail quien ha visto tan bien como yo el origen de la peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda que les puede decir que no pens\u00e1bamos nada de esto. Todo se hizo como por s\u00ed mismo, poco a poco, una cosa tras otra. El n\u00famero de los que se un\u00edan a nosotros aumentaba, y todo el mundo trabajaba en la virtud; y al mismo tiempo que crec\u00eda, se introduc\u00edan tambi\u00e9n las buenas pr\u00e1cticas, para poder vivir juntos y comportarnos con uniformidad en nuestros empleos. Aquellas pr\u00e1cticas se observaron siempre, y se observan todav\u00eda hoy, por la gracia de Dios. Por \u00faltimo, se ha cre\u00eddo conveniente reducirlas por escrito, y hacer de ellas unas reglas. Espero que la Compa\u00f1\u00eda las reciba como emanadas del esp\u00edritu de Dios, a quo bona cuncta procedunt, del que todas las cosas buenas proceden, y sin el cual nos sumus suficientes cogitare aliquid a nobis quasi ex nobis, no podemos pensar algo por nosotros mismos como de nosotros mismos.\u00bb<\/p>\n<p>Estos detalles tan interesantes para la historia del origen y del comienzo de la Misi\u00f3n son al mismo tiempo la historia de todas las cosas religiosas, desde el cristianismo mismo, salido de un establo y de un taller, hasta la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, salida de una habitaci\u00f3n de estudiante. M\u00e1s oscura todav\u00eda que la germinaci\u00f3n de las plantas es la germinaci\u00f3n de las obras divinas; por amos casos, el hombre planta, riega, pero solo Dios da el crecimiento; o mejor, en las cosas santas, dio parece hacerlo todo, comienza y acaba, y la parte del hombre se oculta y se pierde en su acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por peque\u00f1a y nula que le pareciera su parte en el establecimiento y los progresos de la Compa\u00f1\u00eda, Vicente temblaba por ella por haber puesto en ello la mano: y, ante el pensamiento que hab\u00eda cooperado en una obra tan evidentemente divina, entr\u00f3 en este transporte de humildad:<\/p>\n<p>\u00abOh Se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, me hallo en un asombro tal al pensar que soy yo quien da las reglas que no podr\u00eda imaginarme c\u00f3mo he podido llegar a esto, y me parece estar a\u00fan al comienzo; y cuanto m\u00e1s lo pienso, m\u00e1s lejos me parece del la invenci\u00f3n de los hombres, y m\u00e1s evidentemente conozco que es Dios solo quien ha inspirado estas reglas a la Compa\u00f1\u00eda. Que si yo he contribuido en algo, me temo que sea ese poquito lo que impida tal vez que sean tan bien observadas en el porvenir y no produzcan todo el fruto y todo el bien que deber\u00edan.\u00bb<\/p>\n<p>No obstante, para animar a su observancia, a\u00f1ade: \u00abMe parece que,\u00a0 por la gracia de Dios, todas ellas tienden a alejarnos del pecado, y hasta evitar las imperfecciones, a procurar la salvaci\u00f3n de las almas, servir a la Iglesia y dar gloria a Dios; de manera que quienquiera que las observe como es debido, se alejar\u00e1 de los pecados y de los vicios, se pondr\u00e1 en el estado que Dios le pide, ser\u00e1 \u00fatil a la Iglesia y dar\u00e1 a Nuestro Se\u00f1or la gloria que espera de \u00e9l. \u00a1Qu\u00e9 motivos, Se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, para apartarse de los vicios y de los pecados, en cuanto la debilidad humana pueden permitirlo, glorificar a Dios y hacer que le amen y le sirvan en la tierra! \u00a1Oh, Salvador, qu\u00e9 honor! No lo puedo valorar lo suficiente. Nuestras reglas no nos prescriben en apariencia m\u00e1s que una vida bastante com\u00fan, y con todo tienen con qu\u00e9 llevar a los que las practican a una alta perfecci\u00f3n; y no solamente eso, sino tambi\u00e9n a destruir el pecado y la imperfecci\u00f3n en los dem\u00e1s, como lo habr\u00e1n destruido en s\u00ed mismos. Si pues la Compa\u00f1\u00eda ha hecho ya algunos progresos en la virtud, si cada particular ha salido de la situaci\u00f3n de pecado y ha adelantado en el camino de la perfecci\u00f3n, \u00bfacaso no se debe a la observancia de las mismas reglas? Si, por la misericordia de Dios, la Compa\u00f1\u00eda ha producido alg\u00fan bien en la Iglesia por medio de las Misiones y por los ejercicios de los ordenandos, \u00bfno es porque ha guardado el orden y la costumbre que Dios hab\u00eda introducido en ella y que est\u00e1 mandado por estas mismas reglas? \u00a1Oh, qu\u00e9 motivo tan poderoso para observarlas inviolablemente, y qu\u00e9 feliz ser\u00e1 la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, si es fiel a ellas!<\/p>\n<p>\u00abOtro motivo que tiene para ello es que sus reglas est\u00e1n casi todas tomadas del Evangelio, como se ve, y todas tienden a conformar vuestra vida con la que Nuestro Se\u00f1or llev\u00f3 en la tierra. Porque se dice que este divino Salvador vino y fue enviado de su Padre para evangelizar a los pobres: Pauperibus evangelizare missit me, como, por la gracia de Dios, trata de hacer la peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda, la cual tiene un gran motivo de humillarse y confundirse porque no ha habido otra que yo sepa, que se haya propuesto como fin particular y principal anunciar el Evangelio a los pobres, y a los pobres m\u00e1s abandonados, Pauperibus evangelizare missit me: porque ese es nuestro fin. S\u00ed, Se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, nuestra herencia son los pobres. \u00a1Qu\u00e9 felicidad, hacer lo mismo por lo que Nuestro Se\u00f1or dijo que hab\u00eda venido del cielo a la tierra, y mediante lo cual esperamos con su gracia ir de la tierra al cielo! Hacerlo es continuar la obra del Hijo de Dios que iba de buena gana a los lugares del campo a buscar a los pobres. Esto es a lo que nos obliga nuestro Instituto, a servir y ayudar a los pobres, que debemos reconocer como a nuestros se\u00f1ores y due\u00f1os. \u00a1Oh, pobres pero dichosas reglas que nos comprometen a ir por los pueblos con exclusi\u00f3n de las grandes ciudades, para hacer lo que Jesucristo hizo! Ved, se lo suplico la felicidad de los que las observan, al conformar as\u00ed su vida y todas sus acciones con las del Hijo de Dios! \u00a1Oh, Se\u00f1or, qu\u00e9 motivo tenemos en esto para observar bien estas reglas, que nos conducen a un fin tan santo y tan deseable!\u00bb<\/p>\n<p>El santo concluy\u00f3 de esta manera su discurso que, con su lenguaje un poco anticuado, encierra tanta sublimidad cristiana y real elocuencia y que una vez m\u00e1s nos hace entrar tan adentro en su alma y en el esp\u00edritu que quiso comunicar a su Compa\u00f1\u00eda:<\/p>\n<p>\u00abDespu\u00e9s de lo cual, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s me queda, Se\u00f1ores? sino imitar a Mois\u00e9s, el cual habiendo entregado la ley de Dios al pueblo, prometi\u00f3 a todos los que la observaran toda clase de bendiciones en sus cuerpos, en sus almas, en sus bienes y en todo. As\u00ed, Se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, debemos esperar de la bondad de Dios toda clase de gracias y de bendiciones para todos los que observen fielmente las reglas que les ha dado: bendici\u00f3n en sus personas, bendici\u00f3n en sus proyectos, bendici\u00f3n en sus pensamientos, bendici\u00f3n en sus ocupaciones y en todas sus conductas, bendici\u00f3n en sus entradas y en sus salidas, bendici\u00f3n en fin en todo los que les concierna. Espero que esta felicidad pasada con la que ustedes han observado estas reglas y su paciencia en esperarlas por tan largo tiempo, les obtendr\u00e1 de la bondad de Dios la gracia de observarlas todav\u00eda m\u00e1s f\u00e1cilmente y m\u00e1s perfectamente en lo futuro. \u00a1Oh Se\u00f1or, dad vuestra bendici\u00f3n a este peque\u00f1o libro y acompa\u00f1adle de la unci\u00f3n de vuestro esp\u00edritu, a fin de que lleve a las almas de cuantos lo lean el alejamiento del pecado, el desprendimiento del mundo, la pr\u00e1ctica de las virtudes y la uni\u00f3n con vos!\u00bb<\/p>\n<p>Esta charla fue pronunciada can un tono de voz mediano y humilde, dulce y ungido, que dej\u00f3 pasar el alma del padre al alma de los hijos. \u00c9stos se situaban en el lugar de los ap\u00f3stoles, en particular en aquel d\u00eda supremo, v\u00edspera de la Pasi\u00f3n, en que el divino Maestro les dirigi\u00f3 el \u00faltimo discurso y les dio tambi\u00e9n reglas, que las resumi\u00f3 en el gran mandamiento de la perfecta caridad: Mandatum do vobis, ut diligatis inviten sicut dilexi vos.<\/p>\n<p>Luego Vicente procedi\u00f3 a la distribuci\u00f3n del peque\u00f1o libro de las constituciones, comenzando por los m\u00e1s antiguos de la Compa\u00f1\u00eda. Los invit\u00f3 a venir a buscarlo. \u00abQuisiera yo bien, les dijo, ahorrarles esta molestia, llev\u00e1ndoselo a cada uno en sus lugares; pero no me es posible,\u00a0 perdonen mis miserias.\u00bb Y dirigi\u00e9ndose a Antonio Portail, su disc\u00edpulo m\u00e1s antiguo: \u00abVenga, Se\u00f1or Portail, venga, venga, por favor, usted que ha soportado siempre mis debilidades; \u00a1que Dios le bendiga!\u00bb\u00a0 Se lo entreg\u00f3 a continuaci\u00f3n en mano a Almeras y a Griquel, que se sentaban a ambos lados, y fue llamando sucesivamente a todos los dem\u00e1s, por el orden de su edad y sus asientos. A cada uno le dec\u00eda una palabra especial, que comenzaba y acababa expresamente con la f\u00f3rmula: \u00abVenga, Se\u00f1or \u2026 \u00a1Que Dios le bendiga! Todos quisieron recibir sus ejemplares de rodillas, besando primero el libro y la mano de Vicente, despu\u00e9s el suelo. Acabada la distribuci\u00f3n, Almer\u00e1s le pidi\u00f3 su bendici\u00f3n en nombre de toda la Compa\u00f1\u00eda prosternada. El santo anciano pidi\u00f3 a sus vecinos que le apoyaran y \u00e9l mismo se prostern\u00f3; luego de su coraz\u00f3n inspirado brot\u00f3 esta hermosa plegaria: \u00abOh, Se\u00f1or! que sois la ley eterna y la ley inmutable; que gobern\u00e1is con vuestra sabidur\u00eda infinita todo el universo; vos de quien han emanado las conductas de las criaturas, todas las leyes y todas las reglas para vivir bien como de su viva fuente, bendecid, Se\u00f1or, por favor, a los que hab\u00e9is dado estas reglas aqu\u00ed , y que las han recibido como venidas de vos;\u00a0 dadles, Se\u00f1or, la gracia necesaria para observarlas siempre e inviolablemente hasta la muerte. En esta confianza y en vuestro nombre, yo que soy miserable pecador pronunciar\u00e9 las palabras de la bendici\u00f3n que voy a dar a la Compa\u00f1\u00eda: Benedictio Domini nostri Jesu Christi descendat super vos et maneat semper. In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti.\u00bb \u00a1Amen! respondi\u00f3 a una voz la Compa\u00f1\u00eda, y todos se retiraron con los ojos llenos de dulces l\u00e1grimas, el coraz\u00f3n lleno de una santa emoci\u00f3n y de buenos deseos. Los Misioneros se dec\u00edan entre ellos: \u00abDichosos los ojos que ven lo que ustedes ven, los o\u00eddos que oyen lo que ustedes oyen.\u00bb Y pensando en la edad avanzada de su padre, a\u00f1ad\u00edan para consolarse: \u00abNosotros no le perderemos del todo: la mejor parte de \u00e9l mismo revivir\u00e1 en sus reglas y en las virtudes que habr\u00e1 transmitido en herencia a sus hijos.\u00bb\u00a0 En cuanto al santo fundador, quien, a pesar de su deseo de estar unido a Jesucristo, hab\u00eda temido siempre morirse antes de entregar a su congregaci\u00f3n una forma definitiva de gobierno, exclamaba: \u00abAhora, Se\u00f1or, dejad partir en paz a vuestro siervo.\u00bb Sus ojos, en efecto, hab\u00eda visto encenderse con sus manos la luz que deb\u00eda alumbrar a las naciones.<\/p>\n<p>Quedaba no por perfeccionar su obra en s\u00ed misma, sino por implantarla, de alguna manera, en el coraz\u00f3n de sus disc\u00edpulos, en hacerles recorrer y comprender todas las disposiciones.<\/p>\n<p>Asimismo, hasta la v\u00edspera de su muerte casi, emple\u00f3 todos las conferencias de los viernes en explicar la letra y el esp\u00edritu de sus reglas..<\/p>\n<h3><strong>III. Explicaci\u00f3n de las reglas.<\/strong> \u2013Esp\u00edritu de la Misi\u00f3n.<\/h3>\n<p>Nada de ingenuo, nada de dram\u00e1tico, nosotros dir\u00edamos de encantador, como estas conferencias de familia\u00a0 entre el m\u00e1s venerable y el m\u00e1s tierno de los padres, y los m\u00e1s respetuosos y los m\u00e1s afectuosos de los hijos. Al leerlas hoy, conservadas en su primera forma con una veneraci\u00f3n filial a la vez y religiosa, el pensamiento se traslada involuntariamente a la \u00e9poca patriarcal, tal y como se nos representa en las santas Escrituras, o en los tiempos de los santos solitarios y de aquellas charlas del desierto cuyo soplo de antig\u00fcedad nos trae un perfume del cielo. Vicente, cuya edad hab\u00eda roto la voz y debilitado la memoria, reun\u00eda a sus hijos en torno a \u00e9l; y all\u00ed los entreten\u00eda con una\u00a0 humilde y conmovedora familiaridad, con un abandono todo paternal, interrumpi\u00e9ndose para tomar a sus primeros compa\u00f1eros como testigos de la verdad de sus palabras, o para pedir a uno o a otro un dato, una idea, un texto que se le hab\u00eda ido. Bien volv\u00eda sobre s\u00ed mismo en un mon\u00f3logo de humildad profunda; bien se elevaba al cielo y establec\u00eda un piadoso di\u00e1logo entre Jesucristo y \u00e9l. pero siempre sin buscarlo ni quererlo por el solo efecto de la convicci\u00f3n y del sentimiento. \u00c9l ten\u00eda esa elocuencia penetrante que, salida del coraz\u00f3n, va derecha al coraz\u00f3n..<\/p>\n<p>En las conferencias de 6 y 13 de diciembre de 1658, Vicente explic\u00f3 el primer cap\u00edtulo de sus reglas: el fin del instituto, sus personal, sus medios de perfecci\u00f3n; y, para mantenerle despu\u00e9s de \u00e9l en su esp\u00edritu y en sus obras, termin\u00f3 con esta perorata: \u00abYo me ir\u00e9 pronto. Mi edad, mis debilidades y las abominaciones de mi vida no permiten que Dios me sufra m\u00e1s en la tierra. Podr\u00e1 suceder que vengan despu\u00e9s de mi muerte esp\u00edritus de contradicci\u00f3n y personas flojas que digan: \u2018\u00bfPara qu\u00e9 ocuparse en el cuidado de los hospitales? \u00bfQu\u00e9 medios para asistir a tanta gente arruinada por las guerras, y acudir a buscarlos a sus casas? \u00bfpara qu\u00e9 dirigir a las hijas que sirven a los enfermos, y para qu\u00e9 perder el tiempo en atender a los locos?&#8230;\u2019 Y otros dir\u00e1n que es demasiado intentar enviar (Misioneos) a los pa\u00edses distantes, a las Indias, a Berber\u00eda. Nosotros queremos dar misiones en este pa\u00eds, sin ir m\u00e1s lejos; pero de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos, de los ancianos del santo nombre de Jes\u00fas, pero de los enfermos, \u00a1que no me hablen de ello! \u2026\u2019\u00a0\u00a0 -Se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, antes de que os abandone, les advierto en el esp\u00edritu que lo hac\u00eda Mois\u00e9s a los hijos de Israel: \u2018Yo me voy, ya no me ver\u00e9is m\u00e1s; he conocido que muchos de entre vosotros se levantaran para seducir a los dem\u00e1s; har\u00e1n lo que yo os proh\u00edbo y no har\u00e1n lo que os mando de parte de Dios.\u2019\u00a0 \u2013\u2018Despu\u00e9s de mi partida, dec\u00eda tambi\u00e9n san Pablo, vendr\u00e1n lobos rapaces. Si eso sucediera, decid:\u00a0 Dejadnos con las leyes de nuestros padres, con la situaci\u00f3n en que estamos. Dios nos ha colocado en ella y quiere que en ella permanezcamos.\u2019 Aguantad. \u2013\u2018Pero la Compa\u00f1\u00eda no puede con tal empleo.\u2019 \u2013Ay, si en la infancia ha podido y ha soportado todas esa cargas, \u00bfPor qu\u00e9 no iba a lograrlo cuando sea m\u00e1s fuerte? Dejadnos en el estado en que estaba Nuestro Se\u00f1or en la tierra. Hacemos lo que \u00e9l hizo; \u00a1nadie nos impedir\u00e1 imitarle.\u00bb<span id='easy-footnote-1-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-1-17010' title='La misma idea en una rep. De orac. Del 14 de julio de 1655.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>\n<p>En todo el curso del a\u00f1o 1659, y en diecisiete conferencias, el santo explic\u00f3 el segundo cap\u00edtulo\u00a0 de las reglas, sobre la doctrina de Jesucristo: seguir los consejos evang\u00e9licos, buscar siempre el reino de Dios, hacer en todo su santa voluntad, y permanecer en una perfecta indiferencia. Dec\u00eda a sus hijos. \u00abLa perfecci\u00f3n del amor no consiste en los \u00e9xtasis, sino en hacer bien la voluntad de Dios; y aqu\u00e9l ser\u00e1 el m\u00e1s perfecto que tenga su voluntar m\u00e1s conforme con la voluntad de Dios; de modo que nuestra perfecci\u00f3n consiste en unir de tal manera nuestra voluntad con la de Dios que la suya y la nuestra no sean m\u00e1s que un querer y no querer; y el que sobresalga m\u00e1s en este punto, ser\u00e1 el m\u00e1s perfecto. Cuando Nuestro Se\u00f1or quiso ense\u00f1ar al medio para llegar a la perfecci\u00f3n a aquel hombre del que se habla en el Evangelio, le dijo: \u2018Si alguien quiere venir en pos de m\u00ed, que renuncie a s\u00ed mismo, que lleve su cruz y me siga.\u2019 Pues bien, yo les pregunto: \u00ab\u00bfQui\u00e9n es el que m\u00e1s se renuncia a s\u00ed mismo, o lleva mejor la cruz de la mortificaci\u00f3n y que sigue m\u00e1s perfectamente a Jesucristo, sino el que trata de no hacer nunca su propia voluntad y de hacer siempre la voluntad de Dios? La Escritura dice tambi\u00e9n en alguna otra parte que \u2018el que se une a Dios es un mismo esp\u00edritu con Dios.\u2019 Pues yo les pregunto: \u00bfqui\u00e9n est\u00e1 m\u00e1s perfectamente unido a Dios sino el que no hace m\u00e1s que la voluntad del mismo Dios, y nunca la suya propia? Quien no quiere y no desea otra cosa que lo que Dios quiere? \u00a1Oh, qu\u00e9 medio tan sencillo para adquirir en esta vida un gran tesoro de gracias!\u00bb<span id='easy-footnote-2-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-2-17010' title='V\u00e9ase tambi\u00e9n la conf. del 17 de octubre de 1655, de donde est\u00e1 tomado este pasaje. -Tomamos indiferentemente de las conferencias\u00a0 de diversas \u00e9pocas, para dar la viva expresi\u00f3n de las ideas del santo, y para mostrar con ello la constancia.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Y desarrollando la misma verdad de alguna forma por sus contrarios, les hac\u00eda ver la vanidad, la culpabilidad incluso de todo lo que parte de la voluntad propia: \u00abEstoy seguro, les dec\u00eda \u00e9l, que no hay nadie de los que est\u00e1n aqu\u00ed presentes, que no haya tratado de practicar hoy algunas acciones que por s\u00ed mismas son buenas y santas; y sin embargo puede suceder que Dios las haya rechazado por haber sido hechas por un movimiento de su propia voluntad. Acaso no es lo que el profeta declar\u00f3 cuando dijo de parte de Dios: \u00abNo quiero vuestros ayunos, por los cuales, al pensar honrarme, hac\u00e9is lo contrario; porque cuando ayun\u00e1is, hac\u00e9is vuestra propia voluntad, y por esta propia voluntad, ech\u00e1is a perder y corromp\u00e9is vuestro ayuno (Is., c. LVIII). \u00bb Pues bueno, se puede decir lo mismo de todas las dem\u00e1s obras de piedad, en las cuales la mezcla de nuestra propia voluntad estropea y corrompe nuestras devociones, nuestros trabajo, nuestras penitencias. Hace ya veinte a\u00f1os que yo no leo nunca en la santa misa esta ep\u00edstola sacada del cap\u00edtulo 58 de Isa\u00edas, que no se sienta muy confundido. \u00bfQu\u00e9 debemos hacer para no perder el tiempo y el trabajo? Es que no hay que actuar nunca por el movimiento de nuestro propio inter\u00e9s, inclinaci\u00f3n, humor o fantas\u00eda, sino acostumbrarnos y habituarnos a hacer la voluntad de Dios en todo. Digo en todo, y no en parte; ya que ese es el efecto propio de la gracia, que hace a la persona y a la acci\u00f3n agradables a Dios<span id='easy-footnote-3-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-3-17010' title='Conf. de 7 de marzo de 1655(\u00bf).'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>\n<p>\u00a1Oh, entonces, qu\u00e9 dicha para el cristiano! \u00abMirad las disposiciones tan santas en las que pasa la vida, y las bendiciones que acompa\u00f1an todo lo que hace. S\u00f3lo le importa Dios, y es Dios quien le conduce, en todo y por todo; de manera que puede decirle con el profeta: Tenuisti manum dexteram meam, et in voluntate tua deduxisti me.\u00a0 Dios le toma como de la mano derecha y mostr\u00e1ndose rec\u00edprocamente con entera sumisi\u00f3n a esta divina direcci\u00f3n, ustedes le ver\u00e1n ma\u00f1ana, pasado ma\u00f1ana, toda la semana, todo el a\u00f1o, y por fin toda su vida, en paz y tranquilidad, en ardor y tendencia continua hacia Dios, y difundiendo siempre en las de su pr\u00f3jimo las dulces\u00a0 y saludables operaciones del esp\u00edritu que le anima. Si ustedes le comparan con los que siguen sus propias inclinaciones, ver\u00e1n sus conductas tan brillantes de luz y siempre fecundas en frutos; se advierte un progreso notable en su persona, una fuerza y energ\u00eda en todas sus palabras; Dios da una bendici\u00f3n particular a todas sus empresas y acompa\u00f1a con su gracia los proyectos que emprende por \u00e9l\u00a0 y los consejos que da a los dem\u00e1s y todas sus acciones sin de gran edificaci\u00f3n. Pero, por otro lado, se ve que las personas apegadas a sus inclinaciones y placeres s\u00f3lo tienen pensamientos de tierra, discursos de esclavos y obras muertas; y este diferencia viene del apego que tienen \u00e9stos a las criaturas, mientras aqu\u00e9llos viven apartados de ellas; la naturaleza obra en estas almas bajas, y la gracia en las que se levan a Dios y s\u00f3lo respiran su voluntad.\u00bb<\/p>\n<p>Esta sumisi\u00f3n absoluta a la voluntad de Dios produce la santa indiferencia, tan recomendada tambi\u00e9n por san Vicente de Pa\u00fal, y tan admirablemente practicada por \u00e9l. Ya que, si nos complacemos en citar sus discursos, o bajo un estilo incorrecto y familiar, y sin embargo original, no hay nada de com\u00fan en el pensamiento, donde todo es grande, elevado, con rasgos sublimes, es que primero nos inician en el esp\u00edritu que quiso comunicar a su congregaci\u00f3n, y despu\u00e9s nos ofrecen la expresi\u00f3n m\u00e1s ingenua de su alma y de su vida.<\/p>\n<p>\u00abLa indiferencia, dec\u00eda \u00e9l, es un estado de virtud de quien est\u00e1 de tal forma desprendido de las criaturas y de tal modo unido a la voluntad del Creador, que le da lo mismo una cosa que otra. He dicho que es un estado de virtud, y no simplemente una virtud la que debe actuar en este estado; porque es necesario que sea activa, y que por ella se desprenda el coraz\u00f3n de las cosas que le tienen cautivo, de otra forma no ser\u00eda una virtud; y esta virtud no es s\u00f3lo de gran excelencia, sino tambi\u00e9n de una singular utilidad para el adelanto en la vida espiritual, y hasta se puede decir que es necesaria para todos los que quieren servir a Dios perfectamente: porque \u00bfc\u00f3mo podemos buscar el reino de Dios y dedicarnos a procurar la conversi\u00f3n de los pecadores y la salvaci\u00f3n de las almas, si estamos apegados al bienestar y a las comodidades de la vida presente? \u00bfC\u00f3mo cumplir la voluntad de Dios si seguimos los movimientos de la nuestra? \u00bfC\u00f3mo renunciar a nosotros mismos, seg\u00fan el consejo de Nuestro Se\u00f1or, si buscamos ser estimados y aplaudidos? \u00bfC\u00f3mo desprendernos de todo, si no tenemos el valor de dejar una cosa de nada que nos detiene? Vean pues qu\u00e9 necesaria nos es esta santa indiferencia, y cu\u00e1l es la obligaci\u00f3n que tenemos de\u00a0 de darnos a Dios para adquirirla, si queremos librarnos de ser esclavos de nosotros mismos o, mejor dicho, de ser esclavos de un animalito, ya que quien se deja llevar y dominar por su parte animal no merece llamarse hombre, sino m\u00e1s bien ser tenido por un animal.<\/p>\n<p>\u00abLa indiferencia tiene algo de la naturaleza del perfecto amor, s\u00ed, mejor dicho, es una actividad de ese perfecto amor que lleva a la voluntad a todo lo que es mejor y que destruye todo obst\u00e1culo; como el fuego que no s\u00f3lo tiende a su esfera, sino que consume todo lo que le retiene; y es en este sentido c\u00f3mo la indiferencia, seg\u00fan el pensamiento de un santo, es el origen de todas las virtudes y la muerte de todos los vicios.<\/p>\n<p>\u00abEl alma que est\u00e1n en esta perfecta indiferencia es comparada por lo profetas a un animal de carga, que no prefiere llevar una cosa m\u00e1s que otra, pertenecer a un amo rico o a uno pobre, una bonita cuadra o un pobre establo. Todo le es bueno y est\u00e1 dispuesta a todo lo que se quiere de ella. Camina, se para, se vuelve a un lado, al otro, sufre, trabaja de noche y de d\u00eda. Esto es, se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, lo que debemos ser: desprendidos de nuestro juicio, de nuestra voluntad, de nuestras inclinaciones, y de tolo lo que no es Dios, y dispuestos a todas las \u00f3rdenes de su santa voluntad; y esto es lo que han sido los santos.<span id='easy-footnote-4-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-4-17010' title='Conf. del 16 de mayo de 1659'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>\n<p>\u00a1\u00bbOh gran san Pedro! bien lo dec\u00edais, que lo hab\u00edais dejado todo, y lo dejasteis muy claro, cuando habiendo reconocido a vuestro Maestro a la orilla del mar, y o\u00edsteis a su amado disc\u00edpulo que os dijo:\u2019 Dominus est, es el Se\u00f1or\u2019, os echasteis al agua para ir a \u00e9l. no os importaba ni la barca, ni vuestra ropa, ni siquiera vuestra vida, sino tan s\u00f3lo este divino Salvador que era vuestro todo. Y vos, san Pablo, gran ap\u00f3stol que, por una gracia, muy especial, fuisteis favorecido desde el momento de vuestra conversi\u00f3n, practicasteis tan perfectamente esta virtud de indiferencia diciendo: \u2018Domine, quid me vis facere? Se\u00f1or, \u2018\u00bfqu\u00e9 quer\u00e9is que haga?\u00a1 Este lenguaje marcaba un cambio maravilloso y un desprendimiento que no se hab\u00eda podido lograr m\u00e1s que por un golpe de gracia, vi\u00e9ndose al punto desprendido de su ley, de su cometido, de sus pretensiones, de sus sentimientos, y puesto en un estado tan perfecto, que estaba preparado e indiferente a todo lo que Dios quisiera de \u00e9l. entonces, si estos santos han apreciado y practicado esta virtud de indiferencia, nosotros debemos imitarlos y seguirlos: pues los Misioneros no se pertenecen, sino a Jesucristo, que quiere disponer de ellos para hacer lo que \u00e9l hizo y sufrir como a ejemplo suyo. \u2018As\u00ed como mi Padre me ha enviado, dec\u00eda a sus ap\u00f3stoles y a sus disc\u00edpulos, as\u00ed os env\u00edo yo a vosotros; y como me han perseguido a m\u00ed, as\u00ed os perseguir\u00e1n a vosotros\u2019.<\/p>\n<p>\u00abDespu\u00e9s de todas estas consideraciones, \u00bfNo vamos a vaciar nuestro coraz\u00f3n de todo otro afecto que no sea el de confirmarnos a Jesucristo, de toda otra voluntad que no sea la de la obediencia? Me parece que los veo a todos dispuestos, y espero que Dios nos har\u00e1 esta gracia. S\u00ed, Dios m\u00edo, yo la espero para m\u00ed el primero que tanto la necesito, a causa d todas mis miserias y de todos mis apegos, por los que me veo casi en la impotencia de retirarme, y que me hacen decir en mi vejez, como David: \u2018Se\u00f1or, tened piedad de m\u00ed\u2019. Pero les edificar\u00e1, hermanos m\u00edos, que hay en esta casa ancianos enfermos que han pedido ser enviados a las Indias, y que lo han pedido con sus achaques y todo, que no eran peque\u00f1os. \u00bfDe d\u00f3nde viene este valor? Porque tienen el coraz\u00f3n libre. Van de coraz\u00f3n y afecto a todo lugar donde Dios quiere ser conocido y adorado, y nada los detiene aqu\u00ed m\u00e1s que su santa voluntad. Y nosotros, hermanos m\u00edos, todos mientras nos hallamos aqu\u00ed, si no nos vi\u00e9ramos atados a algunas desdichadas zarzas, cada uno dir\u00eda en su coraz\u00f3n: \u2018Dios m\u00edo, me entrego a vos para ser enviado a todos los lugares de la tierra a los que los superiores juzguen conveniente que vaya a anunciar vuestro nombre; y aunque debiera morir all\u00ed, me dispondr\u00eda a ir, sabiendo bien que mi salvaci\u00f3n est\u00e1 en la obediencia, y la obediencia en vuestra voluntad.\u2019 En cuanto a los que no est\u00e1n en esta preparaci\u00f3n de esp\u00edritu, deben tratar de conocer bien cu\u00e1les son las cosas que los atraen m\u00e1s hacia un lado que al otro, para que, por medio de la mortificaci\u00f3n continua, interior y exterior, lleguen, con la ayuda de Dios, a la libertad de los hijos, que es la santa indiferencia.\u00bb<span id='easy-footnote-5-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-5-17010' title='Conf. del 19 de marzo de 1659.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span>\n<p>De la indiferencia, el santo pasaba a la sencillez, esa virtud que brillaba en \u00e9l con todo su esplendor modesto, que seduc\u00eda a todos aquellos con quienes entraba en relaci\u00f3n, que contribuy\u00f3 tanto al \u00e9xito de sus grandes empresas, porque, adem\u00e1s de la bendici\u00f3n de Dios, le atra\u00eda la confianza y el afecto de todos los hombres. \u00abAl enviar el Salvador, dijo a los suyos, a sus ap\u00f3stoles a predicar su Evangelio por todo el mundo, les recomend\u00f3 en particular esta virtud de sencillez como una de las m\u00e1s importantes y necesarias para atraer a ellos las gracias del cielo, y para disponer los corazones de los habitantes de la tierra a escucharlos y s creerlos. Pero no es s\u00f3lo a sus ap\u00f3stoles a quienes hablaba, sino a todos aquellos que su providencia destinaba a trabajar en la predicaci\u00f3n del Evangelio y en la instrucci\u00f3n y conversi\u00f3n de las almas. Y, por consiguiente, es a nosotros a quienes hablaba Jesucristo, y recomendaba esta virtud de sencillez, la cual es tan agradable a Dios, que se complace sobre todo en conversar con los sencillos de coraz\u00f3n: Cum simplicibus sermocinatio ejes. Piensen, hermanos m\u00edos, qu\u00e9 consuelo y qu\u00e9 dicha para los que son del n\u00famero de estos verdaderos sencillos, que tienen la seguridad de su palabra que se complace en permanecer y conversar con ellos.<\/p>\n<p>\u00abNuestro Se\u00f1or nos hace tambi\u00e9n conocer cu\u00e1nto le agrada la sencillez con estas palabras que dirige a Dios sus Padre: \u00abConfiteor tibi, Pater,quia abscondisti haec sapientibus et prudentubus, et revelasti ea parvulis: Reconozco, Padre m\u00edo, y os doy gracias, que la doctrina que he aprendido de vos y que yo entrego a los hombres no es conocida m\u00e1s que de los peque\u00f1os y de los sencillos, y permit\u00eda que los sabios y prudentes del mundo no la entiendan, y que el sentido y el esp\u00edritu de esta doctrina les est\u00e9n escindidos.\u00bb Por cierto que si reflexionamos sobre estas palabras, deben espantarnos, a nosotros, digo, que corremos tras la ciencia, como si toda nuestra felicidad dependiera de ella. No es que un sacerdote y un Misionero no deban tener ciencia, sino tanta como se requiere para cumplir su ministerio, y no para contentar su ambici\u00f3n y curiosidad. Se ha de estudiar y adquirir ciencia, perp con sobriedad como lo dice el santo Ap\u00f3stol. Hay otros que se aplican a la inteligencia en los asuntos, y que quieren pasar por gente de provecho, por diestros y capaces en todo. Tambi\u00e9n a ellos les quita Dios la penetraci\u00f3n\u00a0 de las verdades y de las virtudes cristianas, as\u00ed como a todos los sabios y entendidos en la ciencia del mundo. \u00bfY a qui\u00e9n da pues la inteligencia de sus verdades y de su doctrina? Es a los sencillos, a la buena gente, y m\u00e1s com\u00fanmente incluso al pobre pueblo; como se verifica por la evidencia que se advierte entre la fe de los pobres de los campos y la de las personas que viven en el gran mundo. Ya que puedo decir que la experiencia desde hace mucho me ha hecho ver que la fe viva y pr\u00e1ctica del esp\u00edritu de la verdadera religi\u00f3n, se hallan m\u00e1s ordinariamente entre los pobres y entre los sencillos. Dios se complace en enriquecerlos con una fe viva: creen y gustan estas palabras del Evangelio; se les ve en cada momento llevar con paciencia sus enfermedades, su escasez y sus dem\u00e1s aflicciones, sin murmurar, y hasta sin quejarse sino muy poco y raras veces. \u00bfDe d\u00f3nde viene eso? Es que Dios gusta de repartir y en abundancia en ellos el don de la fe y de las dem\u00e1s gracias, que niega a los ricos t sabios del mundo.<\/p>\n<p>\u00abA\u00f1adamos a eso que todo el mundo quiere a las personas sencillas y c\u00e1ndidas, que no usan de finura ni de enga\u00f1os, que van buenamente y que hablan con sinceridad, de tal manera que su boca est\u00e1 de acuerdo con su coraz\u00f3n. Son apreciados y queridos de todos en todas partes, y hasta en la corte cuando se los ve por all\u00e1; y en las compa\u00f1\u00edas regladas, todos les tienen afecto y conf\u00edan en ellos. Pero cosa que es de notar, incluso aquellos que no tienen el candor y la sencillez en sus palabras ni en su esp\u00edritu, no dejan por ello de amarlo en los otros. Tratemos pues, hermanos m\u00edos, de hacernos amables a los ojos de Dios con esta virtud que, por su misericordia, vemos brillar en muchos de la peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda, que con su ejemplos nos invitan a imitarlos.<\/p>\n<p>\u00abPues bien, para conocer bien la excelencia de esta virtud, hay que saber que nos acerca a Dios, y nos hace parecidos a Dios en la conformidad que ella nos ha hecho tener con \u00e9l, porque es un ser muy simple, y porque tiene una esencia muy pura que no admite ninguna composici\u00f3n; de suerte que lo que \u00e9l es por esencia, eso mismo nosotros debemos serlo por virtud, en cuanto nuestra debilidad y miseria es capaz. Tener un coraz\u00f3n sencillo, un esp\u00edritu sencillo, una intenci\u00f3n sencilla, un operar sencillo; hablar con sencillez, actuar buenamente, sin usar disfraces ni artificios, no mirando m\u00e1s que a Dios, a quien solo deseamos agradar.<\/p>\n<p>\u00abLa sencillez pues comprende so s\u00f3lo la verdad y la pureza de intenci\u00f3n, sino que tiene tambi\u00e9n cierta propiedad de alejar de nosotros todo enga\u00f1o, artima\u00f1a y duplicidad. Y como principalmente es en la palabras donde se muestra esta virtud, nos obliga a declarar las cosas con nuestra lengua como la tenemos en el coraz\u00f3n, hablando y declarando con sencillez lo que tenemos que decir y con una intenci\u00f3n de agradar a Dios. No se trata sin embargo de que la sencillez nos obligue a descubrir todos nuestros pensamientos; ya que esta virtud es discreta y nunca contraria a la prudencia, y nos hace discernir lo que es bueno decir de lo que no lo es, y nos lleva a conocer cu\u00e1ndo hay que callarse y as\u00ed como cu\u00e1ndo hay que hablar..<\/p>\n<p>\u00abPor lo que se refiere a la sencillez en las acciones, es propio de ella hacer actuar buenamente, rectamente siempre mirando a Dios, tanto en los asuntos, o en los empleos y ejercicios de piedad, con exclusi\u00f3n de toda clase de hipocres\u00eda, de artificio y de vana pretensi\u00f3n\u2026 De donde se deduce que esta virtud de sencillez no se encuentra en las personas que, por respeto humano, quieren parecer otras de lo que son, que hacen acciones buenas exteriormente para ser tenidas por virtuosas, que poseen cantidad de libros superfluos, para parecer sabios, que se esmeran en predicar bien para recibir aplausos y alabanzas, y por \u00faltimo que tienen otras miras en sus ejercicios y pr\u00e1cticas de piedad. Entonces, les pregunto, hermanos m\u00edos, si esta virtud de sencillez no es hermosa y deseable, y si no es justo y razonable guardarse con gran cuidado de todas esta argucias y artificios de palabras y de acciones. Mas, pasa adquirirla, se ha de practicar, y ser\u00e1 mediante frecuentes actos de la virtud de la sencillez como llegaremos a ser verdaderamente sencillos, con el auxilio de la gracia de Dios, que debemos pedirle con frecuencia.\u00bb<span id='easy-footnote-6-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-6-17010' title='Conf. del 14 de marzo de 1650.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span>\n<p>La ense\u00f1anza escrita del santo era absolutamente la misma que la ense\u00f1anza hablada. A uno de sus sacerdotes que med\u00eda sus buenas relaciones con el pr\u00f3jimo por el inter\u00e9s de la congregaci\u00f3n, y que quer\u00eda que se publicara el bien que escrib\u00eda de ciertas personas, respondi\u00f3: \u00abAy, Se\u00f1or, \u00bfen qu\u00e9 se divierte usted? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la sencillez de un Misionero que debe ir derecho a Dios? Si no reconoce cosas buenas en estas personas, no lo publique; pero si lo encuentra, hable de ello para honrar a Dios en ellas, porque todo bien procede de \u00e9l.. Nuestro Se\u00f1or reprendi\u00f3 a uno que le llamaba bueno, porque no lo hac\u00eda con buena intenci\u00f3n; \u00a1cu\u00e1nta m\u00e1s raz\u00f3n tendr\u00eda para prenderle a usted si alaba a los hombres por complacencia, para sentirse bien con ellos o para alg\u00fan otro fin rastrero, aun cuando este fin tenga otra (intenci\u00f3n) que sea buena! Pues s\u00e9 que no busca ser estimado y querido de nadie sino para gloria de Dios. Pero recuerde que la doblez no agrada a Dios, que no debemos mirar m\u00e1s que a \u00e9l para ser verdaderamente sencillos.\u00bb<span id='easy-footnote-7-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-7-17010' title='Carta a Cogl\u00e9e, en Sedan, del 25 de setiembre de 1650.'><sup>7<\/sup><\/a><\/span>\n<p>A otro que le ofrec\u00eda su coraz\u00f3n escribi\u00f3: \u00abLe agradezco su carta y su presente. Su coraz\u00f3n es demasiado bueno para ponerlo en manos tan malas como las m\u00edas; y s\u00e9 tambi\u00e9n que no me lo entreg\u00e1is sino para devolverlo a Nuestro Se\u00f1or a quien pertenece, y al amor hacia el cual usted quiere que tienda sin cesar. Que este amable coraz\u00f3n sea pues y desde este momento de Jesucristo; que est\u00e9 ah\u00ed siempre y plenamente, en el tiempo y en la eternidad. P\u00eddale, le ruego, que me d\u00e9 parte en el candor y en la sencillez de su coraz\u00f3n: son virtudes de las que tengo gran necesidad, y cuya excelencia es incomprensible.\u00bb<\/p>\n<p>No m\u00e1s que el Evangelio, acabamos de verlo, Vicente no separaba la sencillez de la prudencia. \u00bb Es propio de la virtud de prudencia, dec\u00eda, ajustar y conducir las palabras y las acciones. Nos hace hablar con sabidur\u00eda y acierto, y hace que hablemos con circunspecci\u00f3n y juicio de las cosas buenas por su naturaleza y en sus circunstancias, y que se supriman y queden en el silencio las que van contra Dios o da\u00f1an al pr\u00f3jimo o tienden a la propia alabanza o a alg\u00fan otro fin malo. Esta misma virtud nos hace actuar con consideraci\u00f3n, madurez, y por un bien motivo en todo lo que hacemos, no s\u00f3lo en cuanto a la sustancia de la acci\u00f3n, sino tambi\u00e9n en cuanto a las circunstancias; de manera que el prudente act\u00faa como se debe, cuando se debe, y por el fin debido. El imprudente, por el contrario, no repara en el modo, ni en el tiempo, ni en los motivos convenientes, y ah\u00ed est\u00e1 su defecto; mientras que el prudente, obrando con discreci\u00f3n, lo hace todo con peso, n\u00famero y medida.<\/p>\n<p>\u00abLa prudencia y la sencillez tienden al mismo fin, que es hablar bien y actuar bien, a la vista de dios; y como una no puede ir sin la otra, Nuestro Se\u00f1or las recomend\u00f3 a las dos juntas, s\u00e9 muy bien que se ver\u00e1 la diferencia entre estas dos virtudes por distinto razonamiento; pero, en realidad, tienen una gran relaci\u00f3n, por su sustancia y por su objeto. Como la prudencia de la carne y del mundo tiene por meta y fin adquirir honores, placeres y riquezas, se opone frontalmente a la prudencia y a la sencillez cristiana, que nos alejan de estos bienes enga\u00f1osos para hacernos abrazar los bienes s\u00f3lidos y perdurables, y que sin como dos buenas hermanas inseparables, y tan necesarias en nuestro adelanto espiritual, que quien sepa servirse de ellas debidamente reunir\u00e1\u00a0 sin duda grandes tesoros de gracias y de m\u00e9ritos. Nuestro Se\u00f1or las practic\u00f3 todas en grado excelente y en diversas ocasiones\u2026 \u00bb \u2013El santo cita aqu\u00ed el hecho de la mujer sorprendida en adulterio y la respuesta a la pregunta sobre el tributo que pagar al C\u00e9sar; despu\u00e9s concluye:<\/p>\n<p>\u00abEs pues propio de la prudencia reglar las palabras y las acciones. Pero tiene, adem\u00e1s de \u00e9se, otro oficio, que es elegir los medios propios para llegar al fin que se propone el cual, no siendo otro que el de ir a Dios, ella emprende los caminos m\u00e1s directos y m\u00e1s seguros para conducirnos a \u00e9l. No hablamos aqu\u00ed de la prudencia pol\u00edtica y mundana que no tendiendo m\u00e1s que a los \u00e9xitos temporales y a veces injustos, s\u00f3lo se sirve de medios humanos muy dudosos y muy inciertos; sino que hablamos de esta santa prudencia que aconseja Nuestro Se\u00f1or en el Evangelio, que nos hace escoger los medios propios para llegar al fin propuesto, la cual siendo toda divina, es preciso que tengan relaci\u00f3n y proporci\u00f3n con ella. Ahora, nosotros podemos elegir los medios proporcionados a un fin de dos formas: o por nuestro razonamiento, que es a menudo bien d\u00e9bil; o bien por las m\u00e1ximas de la fe que Jesucristo nos ha ense\u00f1ado, que son siempre infalibles y que podemos emplear sin ning\u00fan miedo a equivocarnos. Por ello la verdadera prudencia somete nuestra raz\u00f3n a estas m\u00e1ximas, y nos da como regla inviolable juzgar siempre y en todas las cosas como Nuestro Se\u00f1or las juzg\u00f3; de modo que en las ocasiones nos preguntemos a nosotros mismos: \u00ab\u00bfC\u00f3mo juzg\u00f3 Nuestro Se\u00f1or de tal o cual cosa? \u00bfC\u00f3mo se condijo en tal o cu\u00e1l ocasi\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 dijo o qu\u00e9 hizo en tales o cuales asuntos?\u00bb y as\u00ed ajustemos toda nuestra conducta a sus m\u00e1ximas y sus ejemplos. Tomemos pues esta resoluci\u00f3n, Se\u00f1ores, y caminemos con seguridad por el camino en el que Jesucristo ser\u00e1 nuestro gu\u00eda y nuestro conductor; y recordemos lo que dijo, que \u00abel cielo y la tierra pasar\u00e1n pero que sus palabras y verdades no pasar\u00e1n nunca. Bendigamos a Nuestro Se\u00f1or, hermanos m\u00edos, y tratemos de juzgar y pensar como \u00e9l, y de hacer lo que recomend\u00f3 con sus palabras y con sus ejemplos. Entremos en su esp\u00edritu para entrar en sus operaciones; ya que todo no est\u00e1 en hacer el bien, sino que hay que hacerlo bien, a imitaci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or, de quien se ha dicho: \u2018Bene omnia fecit, que hizo bien todas las cosas.\u2019 No, no basta con ayunar, observar las reglas, ocuparse en las funciones de la Misi\u00f3n; sino que se ha de hacer en el esp\u00edritu de Jesucristo, es decir con perfecci\u00f3n, para los fines y con las circunstancias que \u00e9l mismo las ha hecho. La prudencia cristiana pues consiste en juzgar, hablar y actuar como la sabidur\u00eda eterna de Dios, revestida de nuestra d\u00e9bil carne, juzg\u00f3, habl\u00f3 y actu\u00f3.\u00bb El santo dec\u00eda tambi\u00e9n: \u00abAll\u00ed donde la prudencia humana fracasa y no ve ni gota, all\u00ed comienza a apuntar la luz de la sabidur\u00eda divina.\u00bb<span id='easy-footnote-8-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-8-17010' title='Conf del 14 de marzo de 1659.'><sup>8<\/sup><\/a><\/span>\n<p>No hay virtudes en las que Vicente haya insistido m\u00e1s en sus conferencias, que en la mansedumbre y la humildad. \u00abSon dos hermanas gemelas, dec\u00eda. que concuerdan muy bien juntas. La regla nos manda estudiarlas cuidadosamente en Jesucristo, que nos dice: \u2018Aprended de m\u00ed, que soy manso y humilde de coraz\u00f3n.\u2019 Es pues una lecci\u00f3n del hijo de Dios: Apprenex de moi. \u00a1Oh Salvador, qu\u00e9 palabra! Pero \u00a1qu\u00e9 dicha ser vuestros escolares y aprender esta lecci\u00f3n tan breve y tan excelente, que nos hace tal como vos sois! \u00bfNo tendr\u00e9is la misma autoridad sobre nosotros que tuvieron en otro tiempo los fil\u00f3sofos sobre sus seguidores, que abrazaban tan estrechamente sus sentencias, que bastaba con decir: \u2018El Maestro lo ha dicho\u2019, para no apartarse nunca de ellas?<\/p>\n<p>\u00abSi pues los fil\u00f3sofos, con su razonamiento, lograban tal credibilidad de sus disc\u00edpulos en las cosas humanas, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s, hermanos m\u00edos, merece la sabidur\u00eda eterna ser cre\u00edda y seguida en las cosas divinas! \u00bfQu\u00e9 le responder\u00edamos en este momento si nos pidiera cuenta de todas las lecciones que nos ha dado? \u00a1Qu\u00e9 le diremos en la muerte cuando nos reproche haberlas aprendido tan mal? \u2018Aprended de m\u00ed, dice, a ser mansos.\u2019 Si se tratara de un san Pablo o un san Pedro, que por s\u00ed mismo nos exhortara a aprender de \u00e9l la mansedumbre, podr\u00edamos excusarnos; pero es un Dios hecho hombre, quien ha venido a mostrarnos c\u00f3mo hay que ser para ser agradables a su Padre; es el Maestro de los maestros quien nos ense\u00f1a a ser mansos. Dadnos parte, mi Se\u00f1or, en vuestra gran mansedumbre: os lo pedimos por esa misma dulzura que no puede negar nada.\u00bb<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de este exordio, el santo redujo todos los actos de la mansedumbre a tres principales: reprimir los movimientos de c\u00f3lera, o emplearlos con dulzura tambi\u00e9n, en la \u00fanica necesidad de la correcci\u00f3n, a ejemplo del Salvador; -tener para con todos una gran afabilidad de coraz\u00f3n y serenidad de rostro, en lugar de ponerse como esa tierras resecas que ni producen m\u00e1s que cardos; -por \u00faltimo, no dar nunca muestras de, en caso de desagrado o injurias, del menor resentimiento. Para llegar a esta perfecci\u00f3n de la mansedumbre, hay que prever las ocasiones de arrebato y precaverse contra ellas, -detestar el vicio de la c\u00f3lera, -en la emoci\u00f3n, no actuar, ni hablar, ni formar ning\u00fan plan, -no demostrar nada en el rostro, -y sobre todo frenar entonces la lengua y reprimir toda ocurrencia. \u2013Y comparando entones a los mansos y a los irascibles, dec\u00eda: \u00abNo hay personas m\u00e1s constantes y m\u00e1s firmes en el bien que los que son mansos y buenazos, como por el contrario los que se dejan llevar por la c\u00f3lera y las pasiones del apetito irascible, son de ordinario muy inconstantes, ya que no obran sino por ex abruptos y arrebatos. Son como torrentes que no tienen fuerza ni impetuosidad mas que en sus desbordamientos, que se secan una vez que han pasado; mientras que los r\u00edos, que representan a las personas buenas, pasan sin ruido, con tranquilidad y no se agotan nunca.<\/p>\n<p>\u00abDespu\u00e9s de esto, conclu\u00eda, \u00bfno debemos aficionarnos a esta virtud de mansedumbre, por la que no s\u00f3lo Dios nos har\u00e1 la gracia de reprimir los movimientos de la c\u00f3lera, comportarnos graciosamente con el pr\u00f3jimo, y devolver bien por mal; pero tambi\u00e9n de sufrir pac\u00edficamente las aflicciones, las heridas, los tormentos y la muerte misma, que nos podr\u00edan causar los hombres? Hacednos la gracia,\u00a0 Salvador m\u00edo, de aprovecharnos de las penas que vos sufristeis con tanto amor y dulzura. Muchos las aprovecharon por vuestra bondad, y tal vez yo sea el \u00fanico aqu\u00ed que no ha comenzado todav\u00eda a ser a un tiempo manso y sufridor. Pidan a Dios que me d\u00e9 parte en esta virtud de Jesucristo, y \u00a1que no permita que me vea sumido en las falta que tan frecuentemente cometo contra la mansedumbre! Y como un anciano rara vez se corrige de las malas costumbres, agu\u00e1ntenme, se lo suplico, , y no se cansen de rogar a Nuestro Se\u00f1or que me cambie y me perdone!\u00bb<span id='easy-footnote-9-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-9-17010' title='Conf. sin fecha sobre la mansedumbre.'><sup>9<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Pero la humildad, su virtud favorita, \u00a1con qu\u00e9 amor y elevaci\u00f3n habla de ella! Sentimos no poder citar toda esta conferencia, obra maestra de filosof\u00eda cristiana, resumen de toda la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica. Plantea en primer lugar el fundamento s\u00f3lido de esta virtud en la comparaci\u00f3n entre la condici\u00f3n miserable del hombre y la grandeza y la santidad infinitas de Dios \u00abEn verdad, Se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, si alguien de nosotros quiere estudiarse y conocerse bien, encontrar\u00e1 que es muy justo y muy razonable despreciarse a s\u00ed mismo. Ya que, si por un lado, consideramos seriamente la corrupci\u00f3n de nuestra naturaleza, la ligereza de nuestro esp\u00edritu, las tinieblas de nuestro entendimiento, el desorden de nuestra voluntad y la impureza de nuestras afectos; y por otra, si sopesamos con la medida del santuario nuestras obras y nuestros productos, hallaremos que todo es muy digna de desprecio. Pero qu\u00e9, me dir\u00e1n ustedes, \u00bfes que pone en ese n\u00famero las predicaciones que hemos hecho, las confesiones que hemos o\u00eddo, los cuidados y molestias que nos hemos tomado por el pr\u00f3jimo y por el servicio de nuestro Se\u00f1or? \u2013S\u00ed, Se\u00f1ores. si miramos las mejores acciones, encontraremos que en la mayor parte nos hemos portado mal en cuanto a la manera y con frecuencia en cuanto al fin; y que, se mire por donde se mire, puede haber tanto mal como bien. Porque, d\u00edganme, se lo ruego, \u00bfqu\u00e9 se puede esperar de la debilidad del hombre? \u00bfQu\u00e9 puede producir la nada, y qu\u00e9 puede hacer el pecado? Tengamos pues por seguro que en todo y en todas partes somos dignos de rechazo y siempre muy despreciables a causa de la oposici\u00f3n que presentamos nosotros mismos a la santidad y a las dem\u00e1s perfecciones de Dios, a la vida de Jesucristo y a la obra de su gracia. Y lo que m\u00e1s nos persuade esta verdad es la inclinaci\u00f3n natural y continua que tenemos al mal, nuestra incapacidad para el bien, y la experiencia que tenemos todos de que, entonces mismo cuando pensamos haber hecho bien algo, o hemos dado alg\u00fan buen parecer, sucede todo lo contrario, y Dios permite a menudo que nos desprecien. Si pues queremos conocernos bien, veremos que todo lo que pensamos, decimos y hacemos, ya en la sustancia, ya en las circunstancias,\u00a0 estamos llenos y rodeados de motivos de confusi\u00f3n y d desprecio; y si no queremos adularnos, nos veremos no s\u00f3lo peores que los dem\u00e1s hombres, sino peores de alg\u00fan modo que los demonios del infierno: ya que estos desgraciados esp\u00edritus no ten\u00edan a su disposici\u00f3n las gracias y los medios que nos son dados a nosotros para ser mejores, con ello har\u00edan mil y mil veces mejor uso de ellas que nosotros.\u00bb<\/p>\n<p>Vicente propon\u00eda luego el ejemplo de Jesucristo: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es la vida de este divino Salvador, sino una humillaci\u00f3n continua, activa y pasiva? La quer\u00eda de modo que nunca la dej\u00f3 durante su vida en la tierra; y hasta despu\u00e9s de su muerte, quiso que la Iglesia nos representara a su persona divina por la figura de un crucifijo, para parecer a nuestros ojos en un estado de ignominia, como habiendo sido colgado por nosotros como un criminal, y como habiendo sufrido la muerte m\u00e1s vergonzosa y m\u00e1s infame que se haya podido imaginar. \u00bfPor qu\u00e9 as\u00ed? Porque conoc\u00eda la excelencia de la humillaci\u00f3n y la malicia del pecado contrario, que no s\u00f3lo agrava los dem\u00e1s pecados, sino que vuelve viciosas las cosas\u00a0 que de por s\u00ed no son malas, y que hace infectarse y corromper las que son buenas, inclusive las m\u00e1s santas.\u00bb<\/p>\n<p>La humildad es pues la virtud de Jesucristo, es la virtud de su santa Madre, la virtud de los mayores santos; es la virtud de los Misioneros. \u00abPero, \u00bfqu\u00e9 digo? Vuelvo a empezar, desear\u00eda que la tuvi\u00e9ramos; y cuando he dicho que era la virtud de los Misioneros, entiendo que es la virtud que m\u00e1s necesitan, y de la que deben tener un ardiente deseo. Ya que esta peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda, que es la \u00faltima de todas, no debe estar fundada m\u00e1s que en la humildad, como en su virtud propia; de otra forma no haremos nada que merezca la pena, ni dentro ni afuera y, sin la humildad, no debemos esperar ning\u00fan progreso para nosotros, ni ning\u00fan provecho para el pr\u00f3jimo. \u00a1Oh Salvador, dadnos pues esta santa virtud que nos es propia, que hab\u00e1is tra\u00eddo al mundo y que quer\u00e9is con tanto afecto! Y ustedes, Se\u00f1ores, sepan que el que quiere ser un verdadero Misionero debe trabajar sin cesar en adquirir esta virtud y perfeccionarse en ella, y sobre todo debe defenderse contra todos los pensamientos de orgullo, de ambici\u00f3n y de vanidad, como de los mayores enemigos que pueda tener, atacarlos nada m\u00e1s verlos aparecer para exterminarlos, y vigilar cuidadosamente para no darles cabida. S\u00ed, otra vez lo digo, que si somos verdaderos Misioneros, cada uno de nosotros en particular debe sentirse bien cuando nos tengan por esp\u00edritus pobres y peque\u00f1os, por gente sin virtud, cuando nos traten de ignorantes, nos injurien y desprecien, nos echen en cara nuestros defectos, y nos tengan por insoportables a causa de nuestras miserias e imperfecciones. Y voy todav\u00eda m\u00e1s all\u00e1, digo que debemos alegrarnos de que se diga de nuestra congregaci\u00f3n en general que es in\u00fatil en la Iglesia, que est\u00e1 compuesta de pobres gentes, que todo lo que emprende lo echa a perder, que sus empleos en el campo no fructifican, los seminarios sin gracia, las ordenaciones sin orden. S\u00ed, si tenemos el verdadero esp\u00edritu de Jesucristo, debemos aceptar ser tenidos por todo lo que he dicho.\u00bb<span id='easy-footnote-10-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-10-17010' title='Conf. del 18 de abril de 1659.'><sup>10<\/sup><\/a><\/span>\n<p>No s\u00f3lo recomendaba Vicente la humildad individual, sino tambi\u00e9n, y con raz\u00f3n, la humildad\u00a0 de cuerpo. As\u00ed, dec\u00eda: \u00ab\u00bfNo resulta extra\u00f1o, dec\u00eda,\u00a0 que se vea bien que los particulares de una compa\u00f1\u00eda, como Pedro, Juan y Santiago deban huir del honor y amar el desprecio; pero la compa\u00f1\u00eda, dicen, y la comunidad , deba adquirir y conservar la estima y el honor en este mundo? Pues, por favor, \u00bfc\u00f3mo puede ser que Pedro, Juan y Santiago puedan verdadera y sinceramente amar y buscar el desprecio, y en cambio la compa\u00f1\u00eda que est\u00e1 compuesta de Pedro, Juan y Santiago, y dem\u00e1s particulares, deba amar u buscar el honor? Hay que reconocer que estas dos cosas son incompatibles; y por consiguiente todos los Misioneros deben estar contentos, no s\u00f3lo cuando se hallen en una ocasi\u00f3n de abyecci\u00f3n y de desprecio como particulares, sino tambi\u00e9n cuando se desprecie a su compa\u00f1\u00eda, ya que entonces ser\u00e1 una se\u00f1al de que ser\u00e1n humildes de verdad.\u00bb<\/p>\n<p>As\u00ed el humilde fundador no pod\u00eda permitir que ni os de afuera, ni sobre todo los de dentro hicieran elogios de su congregaci\u00f3n. Uno de \u00e9stos reci\u00e9n recibido, ignorando todav\u00eda\u00a0 su esp\u00edritu y costumbres, la calific\u00f3 de santa congregaci\u00f3n: \u00abSe\u00f1or, interrumpi\u00f3 bruscamente Vicente, cuando hablamos de la compa\u00f1\u00eda no debemos servirnos de ese t\u00e9rmino ni de otros equivalentes y relevantes, sino servirnos de \u00e9stos: \u2018La pobre Compa\u00f1\u00eda, la peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda\u2019, y parecidos. Y con ello imitaremos al Hijo de Dios que llamaba a la compa\u00f1\u00eda de sus Ap\u00f3stoles y disc\u00edpulos \u2018peque\u00f1o reba\u00f1o, peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda\u2019. Oh, c\u00f3mo querr\u00eda que Dios diera la gracia a esta peque\u00f1a congregaci\u00f3n de fundamentarse en la humildad, echar ra\u00edces y construir dogre esta virtud, y que permaneciera as\u00ed como en su puesto y en su cuadro. Se\u00f1ores, no nos equivoquemos, si no tenemos la humildad, no tenemos nada. No hablo s\u00f3lo de la humildad exterior sino que hablo principalmente de la humildad de coraz\u00f3n, y de la que nos lleva a creer verdaderamente que no hay nadie en la tierra m\u00e1s miserable que ustedes y yo; que la compa\u00f1\u00eda de la misi\u00f3n es la m\u00e1s peque\u00f1ita de todas las compa\u00f1\u00edas, y la m\u00e1s pobre en cuanto al n\u00famero y condici\u00f3n de sus miembros; y tener a bien que el mundo hable as\u00ed de ella. Ay, querer ser estimado, \u00bfqu\u00e9 es esto, sino querer ser tratados de otro modo que el Hijo de Dios? Es un orgullo insoportable. El hijo de Dios estando en la tierra, \u00bfqu\u00e9 se dec\u00eda de \u00e9l? y \u00bfpor qui\u00e9n quiso pasar al esp\u00edritu del pueblo? Por un loco, por un sedicioso, por un animal, por un pecador, aunque no lo fuera; hasta llegar al punto de permitir ser pospuesto a Barrab\u00e1s, a un bandido, a un asesino, a un hombre mal\u00edsimo? Oh Salvador, \u00a1c\u00f3mo confundir\u00e1 vuestra santa humildad a pecadores, como a m\u00ed miserable, el d\u00eda de vuestro juicio!\u00bb<span id='easy-footnote-11-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-11-17010' title='Repet. de orac. del 25 de noviembre de 1657. \u2013V\u00e9anse las mismas ideas en la rep de orac. del 1\u00ba de noviembre del mismo a\u00f1o.'><sup>11<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Uno de los sacerdotes, que trabajaba en Artois, habiendo mandado imprimir por propia iniciativa, un compendio del Instituto, de sus progresos y de sus obras, se lo envi\u00f3 a Vicente, esperando recibir alg\u00fan agradecimiento en recompensa: \u00abSiento un dolor tan sensible, le respondi\u00f3 el humilde fundador (7 de febrero de 1657), que no se lo puedo expresar; porque es algo muy opuesto a la humildad publicar lo que somos y lo que hacemos\u2026Si hay algo bueno en nosotros y en nuestra manera de vivir, es de Dios, y s\u00f3lo a \u00e9l corresponde manifestarlo, si lo juzga conveniente. Pero en cuanto a nosotros que somos una pobre gente ignorante y pecadora, nosotros debemos ocultarnos, como in\u00fatiles para todo bien y como indignos de que se piense en nosotros. Para eso, Se\u00f1or, me ha dado Dios la gracia de mantener firme en hasta ahora para no consentir que se haga imprimir nada que d\u00e9 a conocer y estimar a la Compa\u00f1\u00eda, aunque me hayan apremiado, particularmente en algunos relatos a prop\u00f3sito de Madagascar, de Berber\u00eda y de las Islas H\u00e9bridas; y menos habr\u00eda permitido yo la impresi\u00f3n de algo que tiene que ver con la esencia y el esp\u00edritu, el nacimiento y el progreso, las funciones y el fin de nuestro Instituto. Y quiso Dios, Se\u00f1or, que estuviera todav\u00eda por hacer. Pero como no hay ya remedio, no contin\u00fao. Tan s\u00f3lo le pido que no haga nada referente a la Compa\u00f1\u00eda sin advertirme antes. \u00bb<\/p>\n<p>Si era imposible disimular a s\u00ed mismo y a los dem\u00e1s las virtudes y los \u00e9xitos de la Compa\u00f1\u00eda, al menos quer\u00eda que estuviera siempre a salvo la humildad y hallara ventaja en ello, y entonces dec\u00eda: \u00abS\u00ed, quiz\u00e1s hacemos alg\u00fan bien; pero somos como la vara de Mois\u00e9s que, si bien hac\u00eda milagros, no dejaba de ser un trozo de madera fr\u00e1gil.\u00bb (Summ., p. 333).<\/p>\n<p>Todas las virtudes dimanaban de la humildad, seg\u00fan \u00e9l, en particular la caridad: \u00abCuanto m\u00e1s humilde sea alguien, dec\u00eda, m\u00e1s caritativo ser\u00e1 con el pr\u00f3jimo. El para\u00edso de las comunidades es la caridad. Pues bien, la caridad es el alma de las virtudes, y es la humildad la que las atrae y la que las conserva. Existen compa\u00f1\u00edas humildes como valles, que atraen sobre ellas le jugo de las monta\u00f1as. Una vez que nos veamos vac\u00edos de nosotros mismos, Dios nos llenar\u00e1 de \u00e9l, ya que no puede permitir el vac\u00edo. Humill\u00e9monos pues, hermanos m\u00edos, porque Dios ha puesto los ojos en esta peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda para servir a su Iglesia, si a pesar de todo se puede llamar compa\u00f1\u00eda a un pu\u00f1ado de gentes pobres de nacimiento, de ciencia y de virtud, la hez, las barreduras y el desecho del mundo. Pido a Dios todos los d\u00edas dos o tres veces que nos aniquile, si no somos \u00fatiles para su gloria. Qu\u00e9, Se\u00f1ores, \u00bfquerr\u00edamos estar en el mundo sin agradar a Dios y sin procurarle su gloria?\u00bb<\/p>\n<p>Y terminaba con una de sus oraciones acostumbradas: \u00abOh Se\u00f1or Jesucristo, derramad sobre nuestros esp\u00edritus esas divinas luces de las que estaba llena vuestra santa alma, y que os han hecho preferir la contumelia a la alabanza. Abrasad nuestros corazones con esos santos afectos que quemaban y consum\u00edan el vuestro, y que os hicieron buscar la gloria de vuestro Padre celestial en vuestra propia confusi\u00f3n. Haced, por vuestra gracia, que comencemos desde ahora a rechazar todo cuanto no redunde en vuestro honor y en nuestro desprecio, todo cuanto se resienta de la vanidad, la ostentaci\u00f3n y la propia estima, que renunciemos, de una vez por todas, a los aplausos de los hombres equivocados y enga\u00f1osos, y a la vana imaginaci\u00f3n del buen \u00e9xito de nuestras obras. Finalmente, Salvador m\u00edo, que aprendamos a ser verdaderamente humildes de coraz\u00f3n con vuestra gracia y con vuestro ejemplo.\u00bb<span id='easy-footnote-12-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-12-17010' title='Conf. del 15 de abril de 1659.'><sup>12<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Estas lecciones admirables, expresadas con la elocuencia de la convicci\u00f3n y del coraz\u00f3n, por un orador que era la viva expresi\u00f3n de ellas, no pod\u00edan por menos que penetrar el alma de sus oyentes y convertirse en la forma de su vida. Por eso la humildad era la virtud caracter\u00edstica de\u00a0 de los disc\u00edpulo como del maestro, y Vicente lo confesaba con una santa gratitud: \u00abS\u00e9 muy bien que, por la gracia de Dios, hay entre nosotros quienes practican esta divina virtud, y quienes no s\u00f3lo no tienen ninguna buena opini\u00f3n ni de su talento ni de su ciencia, ni de su virtud, sino que se tienen por muy miserables, y quieren ser conocidos como tales, y que se colocan por debajo de todas las criaturas. Y es preciso que confiese que no veo nunca a estas personas sin que me llenen al alma de confusi\u00f3n, ya que son un secreto reproche del orgullo que hay en m\u00ed, \u00a1por lo abominable que soy!\u00bb<\/p>\n<p>Era la humildad de los Misioneros la que impresionaba y atra\u00eda a los pueblos, en las Misiones, a los eclesi\u00e1sticos en los ejercicios de los ordenandos y en las conferencias; la humildad era como el sello y las se\u00f1as de S. L\u00e1zaro. El padre de Condren, segundo general del Oratorio, la verdadera gloria de esta orden en Francia, mucho m\u00e1s grande, aunque menos conocido que el cardenal de B\u00e9rulle, dec\u00eda al santo fundador: \u00abOh Se\u00f1or, \u00a1qu\u00e9 feliz sois porque vuestra Compa\u00f1\u00eda lleva las se\u00f1ales de la instituci\u00f3n de Jesucristo! Pues como al instituir su Iglesia se complaci\u00f3 en escoger a pobres gentes ignorantes y r\u00fasticas, para fundarla y extenderla por toda la tierra, con el fin de poner de manifiesto con instrumentos tan insignificantes su omnipotencia, derribando la sabidur\u00eda de los fil\u00f3sofos por pobres pescadores y el poder de los reyes por la debilidad de estos peque\u00f1os obreros: as\u00ed como la mayor parte de los que Dios llama a vuestra compa\u00f1\u00eda son personas de baja condici\u00f3n, y todo lo m\u00e1s de condici\u00f3n media, o que no brillan mucho en la ciencia; y as\u00ed y todo son instrumentos propios a los designios de Jesucristo, quien se servir\u00e1 de ellos para destruir la mentira y la vanidad.\u00bb \u00ab\u00a1Que la humildad sea nuestra palabra de alerta!\u00bb<span id='easy-footnote-13-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-13-17010' title='Conf. del 21 de octubre de 1643'><sup>13<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Lo ha sido siempre, y lo es siempre as\u00ed; siempre de los Misioneros como de los primeros ap\u00f3stoles y de los primeros cristianos, es verdad decir: \u00abPocos sabios seg\u00fan la carne, pocos poderosos, pocos grandes\u00bb; ni ilustres nacimientos, ni talentos brillantes, ni ciencia deslumbrante; ning\u00fan rastro en las cortes, ni en los palacios, en la historia pol\u00edtica ni en la historia literaria; pero lo que el mundo tiene de sencillo, Dios lo ha escogido para confundir a los sabios; y lo que el mundo tiene de d\u00e9bil para confundir a los fuertes; y lo que el mundo tiene de bajo, de despreciable, y lo que no es, Dios lo ha escogido para destruir\u00a0 lo que es. A fin de que ninguna carne se glor\u00ede ante \u00e9l.\u00bb<span id='easy-footnote-14-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-14-17010' title='I Cor. vv. 26-29.'><sup>14<\/sup><\/a><\/span> Ninguna compa\u00f1\u00eda religiosa tal vez ha conservado tan bien su virtud original, los rasgos paternos y su aire de familia. Es lo que ella ha retenido y se ha transmitido de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n esta recomendaci\u00f3n suprema de su padre: \u00abLas plantas no echan frutos m\u00e1s excelentes que la naturaleza de sus tallos. Somos como tallos de los que vendr\u00e1n despu\u00e9s de nosotros, quienes veros\u00edmilmente no echar\u00e1n sus obras ni su perfecci\u00f3n m\u00e1s arriba que nosotros. Si hemos hecho el bien, ellos har\u00e1n el bien; el ejemplo pasar\u00e1 de unos a otros. Los que permanecen ense\u00f1an a los que siguen del modo como los primeros han procedido en la virtud, y \u00e9stos a otros que vengan despu\u00e9s; y aquellos con la ayuda de la gracia de Dios, que les merecieron los primeros. \u00bfDe d\u00f3nde viene que veamos en el mundo a ciertas familias que viven tan bien en el temor de Dios? Yo las tengo ahora a una de tantas otras en la mente, cuyo abuelo y padre conoc\u00ed, que todos eran muy gente de bien, y tambi\u00e9n hoy conozco a los hijos que lo son igualmente. \u00bfDe d\u00f3nde viene todo eso? Porque sus padres les han merecido de Dios esta gracia con su buena y santa vida, seg\u00fan la promesa de Dios mismo que bendecir\u00e1 a tales familias hasta la mil\u00e9sima generaci\u00f3n. Mas, por otra parte, se ven maridos y mujeres que sin gentes de bien y que viven bien, y no obstante todo se funde y se pierde entre sus manos; nada les sale bien. \u00bfDe d\u00f3nde viene eso? Porque el castigo de Dios, que merecieron sus padres por grandes faltas que cometieron, pasa a sus descendientes, seg\u00fan lo que est\u00e1 escrito, que Dios castigar\u00e1 al padre que es pecador en sus hijos hasta la cuarta generaci\u00f3n. Y aunque esto se entienda principalmente de los bienes temporales, sin embargo podemos de alguna manera aplicarlo tambi\u00e9n a los espirituales. De suerte que si guardamos exactamente las reglas, si practicamos bien todas las virtudes convenientes a un verdadero Misionero, mereceremos de alguna forma de Dios esta gracia para nuestros hijos, es decir para los que vengan de tras de nosotros, los cuales obrar\u00e1n bien como nosotros, y si nosotros obramos mal, es mucho de temer que ellos hagan lo mismo, o peor todav\u00eda, porque la naturaleza arrastra siempre tras s\u00ed y lleva sin cesar al desorden. Nosotros nos podemos considerar los padres de los que vengan detr\u00e1s. La Compa\u00f1\u00eda est\u00e1 todav\u00eda en su cuna; acaba de nacer; apenas hace unos a\u00f1os que comenz\u00f3: \u00bfqu\u00e9 quiere decir esto? \u00bfno es estar en la cuna? Los que est\u00e9n despu\u00e9s de nosotros, dentro de doscientos o trescientos a\u00f1os, nos ver\u00e1n como a sus padres, y aquellos mismos, que no han hecho m\u00e1s que llegar, ser\u00e1n reputados como los primeros, porque los que est\u00e1n en los primeros cien a\u00f1os son como los primeros padres. Cuando os quer\u00e9is apoyar en alg\u00fan pasaje que est\u00e1 en alg\u00fan Padre de los primeros siglos, dec\u00eds: Este pasaje pertenece a cierto Padre que viv\u00eda en el 1\u00ba o 2\u00ba siglo: lo mismo, se dir\u00e1, del tiempo de los primeros sacerdotes de la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, se hac\u00eda esto, viv\u00edan as\u00ed, estaban en vigor tales y tales virtudes. Siendo esto as\u00ed, Se\u00f1ores, \u00bfqu\u00e9 ejemplo no debemos dejar a nuestros sucesores, ya que el bien que ellos hagan depende de alg\u00fan modo del que nosotros practiquemos? Si es cierto, como dicen algunos Padres de la Iglesia, que Dios hace ver a los padres y las madres condenados el mal que sus hijos hacen en la tierra, a fin de que su tormento aumente, y que cuanto m\u00e1s multiplican estos hijos sus pecados, m\u00e1s sufren la venganza de Dios sus padres y madres que son la causa de ello, por el mal ejemplo que les hayan dejado; tambi\u00e9n, por otro lado, dice san Agust\u00edn que Dios hace ver a los padres y madres que est\u00e1n en el cielo el bien que sus hijos hacen en la tierra para que su gozo aumente. Por eso, Se\u00f1ores, \u00a1qu\u00e9 consuelo y qu\u00e9 felicidad no tendremos nosotros cuando quiera Dios ofrecernos la vista de la Compa\u00f1\u00eda haciendo el bien, abundando en buenas obras, observando con fidelidad el orden del tiempo y de las ocupaciones, viviendo en la pr\u00e1ctica de las virtudes y de los buenos ejemplos que les habremos dejado! Oh miserable de m\u00ed, que digo y no hago. Rogad a Dios por m\u00ed, Se\u00f1ores; rogad por m\u00ed, hermanos m\u00edos, para que Dios me convierta.\u00bb<span id='easy-footnote-15-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-15-17010' title='Repet. de oraci\u00f3n del 25 de noviembre de 1657.'><sup>15<\/sup><\/a><\/span> Una explosi\u00f3n as\u00ed de humildad impresionaba a la Compa\u00f1\u00eda naciente como un flechazo, y la sumerg\u00eda con su padre en un santo anonadamiento del que ya no ha salido nunca.<\/p>\n<p>La humildad tiene por compa\u00f1era ordinaria a la mortificaci\u00f3n: mortificaci\u00f3n de los sentidos a causa de la debilidad de la carne, mortificaci\u00f3n del juicio y de la voluntad, en lo que propiamente consiste. Esta mortificaci\u00f3n universal, esta renuncia a su propio esp\u00edritu, a sus sentidos, a sus padres, a sus pasiones, al demonio, al mundo y a sus pompas, Vicente se la predicaba a\u00fan a su Compa\u00f1\u00eda, dando siempre por motivos los ejemplos y las m\u00e1ximas crucificadoras de Jesucristo y, suponiendo, seg\u00fan la forma dram\u00e1tica que afectaba interrumpido por los suyos: \u00abPero, Se\u00f1ores, somos pobres sacerdotes que hemos renunciado ya a eso, no tenemos sino ropa sencilla, muebles muy pobres, y nada que se parezca a la pompa;\u00bb \u2013respondi\u00f3: \u00abOh Se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, no nos enga\u00f1emos, aunque tengamos ropa pobre y pobres muebles, \u00bfno podemos con eso tener el esp\u00edritu pomposo? Ay, s\u00ed; dedicarse a hacer bonitas predicaciones, a hacer hablar de uno, a publicar el bien que se ha hecho, a llenarse de orgullo, es tener el esp\u00edritu pomposo; y, para combatir este vicio, es mejor hacer menos bien una cosa que complacerse por haberla hecho bien. hay que renunciar a la vanidad y a los aplausos, hay que darse a Dios, hermanos m\u00edos, para alejarse de la propia estima y de las alabanzas del mundo, que forman la pompa del esp\u00edritu. Ser\u00eda mejor ser arrojado de pies y manos sobre carbones encendidos a hacer nada y decir nada para agradar a los hombres. Y, en este sentido, un predicador c\u00e9lebre me dec\u00eda estos d\u00edas pasados: \u00abSe\u00f1or, desde que un ministro de la predicaci\u00f3n busca el honor y el aplauso del pueblo, se entrega a la tiran\u00eda del p\u00fablico; y pensando hacerse el importante por sus hermosos discursos, se convierte en el esclavo de una vana y fr\u00edvola reputaci\u00f3n.\u00bb A lo cual podemos a\u00f1adir que, quien emplea ricos pensamientos con un estilo pomposo, est\u00e1 opuesto a Nuestro Se\u00f1or que dijo: \u00abBienaventurados los pobres de esp\u00edritu\u00bb en lo cual esta sabidur\u00eda eterna muestra c\u00f3mo deben evitar los operarios evang\u00e9licos la magnificencia de las acciones y de las palabras, y adoptar una manera de obrar y de hablar humilde, sencilla y com\u00fan, de la que \u00e9l mismo ha querido darnos ejemplo. Es el demonio el que nos entrega a esta tiran\u00eda de querer triunfar y el que, al vernos inclinados simplemente a actuar con rapidez, nos dice: \u00abMiras qu\u00e9 vulgar, esto es demasiado simple y muy indigno de la grandeza y de la majestad de las verdades cristianas.\u00bb Mucho cuidado, hermanos m\u00edos, renunciad a estas vanidades, os lo suplico por las entra\u00f1as de Nuestro Se\u00f1or, renunciad a esta ostentaci\u00f3n mundana y diab\u00f3lica. Tened siempre ante los ojos la manera muy sencilla y muy humilde de Nuestro Se\u00f1or, el cual, siendo capaz de hacer una gran exhibici\u00f3n de sus obras y dar una soberana virtud a sus palabras, no lo quiso hacer; y dando un paso adelante para confundir m\u00e1s nuestra soberbia con sus humillaciones admirables, quiso que sus disc\u00edpulos hicieran mucho m\u00e1s que \u00e9l: \u00abVosotros har\u00e9is, les dec\u00eda, lo que yo hago, y har\u00e9is mucho m\u00e1s todav\u00eda.\u00bb\u00a0 -Pero, Se\u00f1or, \u00bfPor qu\u00e9 quer\u00e9is que, haciendo lo que vos hab\u00e9is hecho, hagan m\u00e1s? \u2013Porque, Se\u00f1ores, Nuestro Se\u00f1or se quiere dejar superar en las acciones p\u00fablicas para sobresalir en las humildes y en las secretas; quiere los frutos del Evangelio, y no los ruidos del mundo; y por eso ha hecho m\u00e1s por medio de sus servidores que por s\u00ed mismo. Quiso que san Pedro una vez a tres mil personas y en otra ocasi\u00f3n a cinco mil, y que toda la tierra haya sido iluminada por sus ap\u00f3stoles; y, en cuanto a \u00e9l, aunque fuera la luz del mundo, no predic\u00f3 m\u00e1s que en Jerusal\u00e9n y alrededores: predic\u00f3 all\u00ed sabiendo que tendr\u00eda menos \u00e9xito que en otras partes; s\u00ed, se dirigi\u00f3 a los Jud\u00edos como m\u00e1s capaces de despreciarle y de contradecirle. \u00c9l hizo pues pocas cosas, y sus pobres disc\u00edpulos ignorantes y r\u00fasticos, animados de su virtud, han hecho m\u00e1s que \u00e9l. \u00bfPor qu\u00e9 eso? Para darnos ejemplo de una perfecta humildad. Oh Se\u00f1ores, por qu\u00e9 no seguimos el ejemplo de este divino Maestro. Por qu\u00e9 no cedemos nosotros la ventaja a los dem\u00e1s, y por qu\u00e9 no escogemos lo peor y lo m\u00e1s humillante para nosotros. Porque es, con toda seguridad, lo m\u00e1s agradable y lo m\u00e1s honroso para Nuestro Se\u00f1or, que es todo lo que debemos pretender. Tomemos pues este partido: estoy ante un acto p\u00fablico; yo podr\u00eda sacarle buen partido; no lo har\u00e9, cortar\u00e9 tal y tal cosa que podr\u00eda darle alguna brillantez, y a m\u00ed algo de reputaci\u00f3n. De dos ideas que me vienen, producir\u00e9 la menos al exterior para humillarme, y me quedar\u00e9 con la m\u00e1s hermosa para hacer un sacrificio a Dios en lo secreto de mi coraz\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>De esta forma, hablaba de todos los g\u00e9nero de mortificaci\u00f3n y de privaciones, lo que resum\u00eda en esta viva imagen: \u00abQuiera Dios concedernos la gracia de ser semejantes a un buen vi\u00f1ador que lleva siempre el cuchillo en el bolso, con el que corta todo lo da\u00f1oso de la vi\u00f1a; y como brota m\u00e1s de lo que quiere y brota sin cesar ramajes in\u00fatiles, tiene siempre el cuchillo listo y a menudo en la mano para cortar todo lo superfluo nada m\u00e1s que aparece, para que la fuerza de la savia suba toda a los sarmientos que deben producir los frutos. As\u00ed es como nosotros debemos cortar con el cuchillo de la mortificaci\u00f3n los malos productos de la naturaleza corrompida, que no se cansa nunca de producir ramas de su corrupci\u00f3n; y as\u00ed no impedir\u00e1n a Jesucristo, que se compara a la cepa de la vi\u00f1a, y que nos compara al sarmiento, hacernos fructificar en abundancia en la pr\u00e1ctica de las santas virtudes.\u00bb<span id='easy-footnote-16-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-16-17010' title='Conf. del 2 de mayo de 1659.'><sup>16<\/sup><\/a><\/span> Y para concluir sobre la necesidad de la mortificaci\u00f3n, dec\u00eda alguna vez: Si una persona que tuviera ya como un pie en el cielo llegara a abandonar el ejercicio de esta virtud, en el intervalo del tiempo que se necesitar\u00eda para poner el otro, se hallar\u00eda en peligro de perderse.\u00bb<\/p>\n<p>Imposible recorrer as\u00ed todas estas conferencias; mas imposible igualmente agotar por completo las lecciones del caritativo ap\u00f3stol sobre la caridad, y sobre este celo de las almas del que hac\u00eda, recordamos, uno de los cinco sentidos del cuerpo de la Misi\u00f3n, con la sencillez, la humildad, la mansedumbre y la mortificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No ve\u00eda ya a ninguna compa\u00f1\u00eda m\u00e1s obligada que la suya al ejercicio de una perfecta caridad. \u00abYa que, le dec\u00eda, nuestra vocaci\u00f3n es ir no s\u00f3lo a una parroquia ni a una di\u00f3cesis, sino por toda la tierra, para encender los corazones de los hombres, y hacer lo que hizo el Hijo de Dios, el cual dijo que hab\u00eda venido a traer un fuego a la tierra, a fin de inflamar los corazones de los hombres con su amor. Es por lo tanto cierto que somos enviados no s\u00f3lo para amar a Dio, sino para hacer que le amen. No nos basta con amar a Dios, si nuestro pr\u00f3jimo no le ama tambi\u00e9n; y no podr\u00edamos amar a nuestro pr\u00f3jimo como a nosotros mismos, si no le procuramos el bien que estamos obligados a querer para nosotros mismos, es decir el amor divino que nos une a aquel que es nuestro soberano bien. debemos amar a nuestro pr\u00f3jimo como la imagen de dios y el objeto de su amor, y obrar de suerte que los hombres amen rec\u00edprocamente a su muy amable creador, y se amen entre ellos con una caridad mutua por el amor de Dios, que los ha amado tanto como para entregar a su propio Hijo a la muerte por ellos. Pero veamos, les ruego, Se\u00f1ores,\u00a0 a este divino Salvador como al perfecto ejemplar de la caridad que debemos tener para con nuestro pr\u00f3jimo. Oh Jes\u00fas, decidnos, por favor, \u00bfqui\u00e9n os mand\u00f3 bajar del cielo para venir a sufrir la maldici\u00f3n de la tierra? \u00bfqu\u00e9 exceso de amor os ha obligado a humillaros hasta nosotros, y hasta el suplicio infame de la cruz? \u00bfQu\u00e9 exceso de caridad os ha hecho exponeros\u00a0 a todas nuestras miserias, tomar la forma de pecador, llevar una vida de sufrimiento y sufrir una muerte vergonzosa? \u00bfD\u00f3nde se encontrar\u00e1 una caridad tan admirable y extrema? S\u00f3lo el Hijo de Dios es capaz de ello, y quien ha tenido tal amor por los hombres como para dejar el trono de su gloria y venir a tomar un cuerpo sujeto a las debilidades y miserias\u00a0 de esta vida, y pasar las extra\u00f1as pruebas que pas\u00f3 para establecer en nosotros y en medio de nosotros, con su ejemplo y su palabra, la caridad de Dios y del pr\u00f3jimo. S\u00ed, es el amor el que le ha crucificado, y el que ha realizado esta obra maravillosa de nuestra Redenci\u00f3n. Oh Se\u00f1ores, si tuvi\u00e9ramos una chispa de este fuego sagrado que abrasaba el coraz\u00f3n de Jesucristo, \u00bfnos quedar\u00edamos con los brazos cruzados? \u00bfy abandonar\u00edamos a los que podemos asistir? No ciertamente;\u00a0 porque la verdadera caridad no se podr\u00eda quedar ociosa ni permitirnos ver a nuestros hermanos y amigos en la necesidad, sin manifestarles nuestro amor; y de ordinario, las acciones exteriores dan testimonio del estado interior. Los que tienen la verdadera caridad dentro la hace aparecer al exterior. Es lo propio del fuego iluminar y calentar, y tambi\u00e9n lo propio del amos comunicarse. Debemos amar a Dios a expensas de nuestros brazos y con el sudor de nuestro rostro. Debemos servir al pr\u00f3jimo a expensas de nuestros bienes y de nuestra vida. \u00a1Qu\u00e9 felices ser\u00edamos haci\u00e9ndonos pobres por haber ejercido la caridad con los dem\u00e1s! Pero no temamos serlo por este medio, a menos que desconfiemos de la bondad de Nuestro Se\u00f1or y de la verdad de sus palabra. Que si a pesar de ello Dios permitiera que nos vi\u00e9ramos obligados a mendigar nuestro pan o a dormir en el extremo de una cerca todos desgarrados y todos transidos de fr\u00edo, y que en ese estado vinieran a preguntar a uno de nosotros: \u00abPobre sacerdote de la Misi\u00f3n, \u00bfqui\u00e9n te ha reducido a este extremo?\u00bb qu\u00e9 dicha, Se\u00f1orea, poder responder: \u00abHa sido la caridad1&#8243;\u00a0 Oh qu\u00e9 estimado ser\u00eda este pobre sacerdote ante Dios y ante los \u00e1ngeles!\u00bb<span id='easy-footnote-17-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-17-17010' title='Conf. del 30 de mayo de 1659.'><sup>17<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Pero el objeto privilegiado se este amor que recomendaba a los suyos, eran los pobres: \u00abDios ama a los pobres, dec\u00eda,\u00a0 y, por consiguiente, ama a los que aman a los pobres. Ya que, cuando se ama bien a alguien, se tiene el afecto por sus amigos y por sus servidores. Pues bien, la peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda de la Misi\u00f3n se esfuerza en entregarse con afecto a servir a los pobres, que son los bien amados de Dios; y as\u00ed tenemos motivo de esperar que, por el amor de ellos, Dios nos amar\u00e1. Todos los que amen a los pobres durante su vida no tendr\u00e1n ning\u00fan miedo a la muerte. Vayamos pues, hermanos m\u00edos y emple\u00e9monos con un nuevo amor a servir a los pobres, y hasta busquemos a los m\u00e1s pobres y a los m\u00e1s abandonados. Reconozcamos delante de Dios que son nuestros que sin nuestros se\u00f1ores y nuestros amos, y que somos indignos de rendirles nuestros peque\u00f1os servicios\u2026 Cuando vamos a verlos, entremos en sus sentimientos para sufrir con ellos, ponernos en el pensamiento de ese gran Ap\u00f3stol que dec\u00eda: \u00abOmnia \u00f3mnibus factus sum, me he hecho todo a todos\u00bb; de manera que no caiga sobre nosotros la queja que lanz\u00f3 Nuestro Se\u00f1or en otro tiempo por un profeta: \u00abSustinui qui simul contristaretur, et non fuit, he esperado a ver si alguno compartiera\u00a0 mis sufrimientos, y no hubo nadie.\u00bb Y para ello,\u00a0 hay que tratar de enternecer nuestros corazones y hacerlos susceptibles de los sufrimientos y de las miserias del pr\u00f3jimo, y pedir a Dios que nos d\u00e9 el verdadero esp\u00edritu de misericordia, que es el propio esp\u00edritu de Dios; de manera que quien vea a un Misionero pueda decir: \u00ab\u00c9se es un hombre lleno de misericordia.\u00bb\u00a0 Nosotros debemos estar llenos de \u00e9l m\u00e1s que los dem\u00e1s sacerdotes, vi\u00e9ndonos obligados, por estado y por vocaci\u00f3n,\u00a0 a servir a los m\u00e1s miserables, a los m\u00e1s abandonados, y a los m\u00e1s abrumados de miserias corporales y espirituales. Tengamos esta compasi\u00f3n en el coraz\u00f3n, manifest\u00e9mosla en nuestro exterior y en nuestro rostro, a ejemplo de Nuestro Se\u00f1or que llor\u00f3 sobre la ciudad de Jerusal\u00e9n, a causa de las calamidades de las que estaba amenazada; empleemos palabras compasivas, que hagan ver al pr\u00f3jimo c\u00f3mo entramos en los sentimientos de sus intereses y de sus sufrimientos; por \u00faltimo, socorr\u00e1mosle y asist\u00e1mosle en cuanto podamos en sus miserias y en sus necesidades, y tratemos de librarle ellas en todo o en parte, ya que la mano debe estar en cuanto se pueda conforme al coraz\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>Pero exhortaba tambi\u00e9n a los suyos a amarse unos a otros, seg\u00fan esta palabra de san Juan: Filioli diligite alterutrum. \u00abLa congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, dec\u00eda entonces, durar\u00e1 tanto tiempo como reine la caridad en ella. As\u00ed pues maldito quien destruya la caridad y ser\u00eda la causa de su ruina, o tan s\u00f3lo de un desecho de su perfecci\u00f3n. La caridad es ele alma de las virtudes y el para\u00edso de las comunidades, ya que el para\u00edso no es sino amor, uni\u00f3n y caridad, y la felicidad principal de la vida eterna consiste en amar. Quienquiera que, en una comunidad, no tiene ni caridad ni ayuda, se parece, en medio de tantos humores y acciones discordantes de las suyas, a una embarcaci\u00f3n sin ancla ni tim\u00f3n que boga entre rocas a merced de las olas y de los vientos y que pronto se ir\u00e1 al garete. Tengamos pues unos con otros un santo afecto: afecto interior; afecto exterior tambi\u00e9n que demostraremos con nuestras palabras y nuestras obras, ayud\u00e1ndonos mutuamente en nuestras ocupaciones, soport\u00e1ndonos unos a otros. Por este apoyo mutuo, los fuertes sostendr\u00e1n a los d\u00e9biles, y la obra de Dios se llevar\u00e1 a cabo. Nada de detractores entre nosotros, ni gente que maldicen, murmuran y lo critican todo. Como un lobo carnicero desuela y destruye el redil donde entra, as\u00ed este vicio desuela y destruye las comunidades en las que entre.\u00bb<\/p>\n<p>El celo de Vicente por la salvaci\u00f3n de las almas se ver\u00e1 pronto en lo que emprendi\u00f3 por la obra de las Misiones. Mientras tanto, digamos que no cesaba de animar a sus hijos a sufrirlo todo por amor de Dios y del pr\u00f3jimo: \u00abS\u00ed, Se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, es preciso que seamos de Dios sin reservas y del servicio del pr\u00f3jimo. Debemos despojarnos para revestirle, dar nuestras vidas para su salvaci\u00f3n, mantenernos siempre dispuesto a hacerlo todo y a sufrirlo todo por la caridad, estar preparados para ir a donde Dios quiera por esto, sea a las Indias o a otros lugares m\u00e1s distanciados, y por \u00faltimo, exponer de buena gana nuestras vidas para procurar el bien espiritual de este querido pr\u00f3jimo, y para ampliar el imperio de Jesucristo en las almas. Y yo mismo, aunque anciano y caduco como estoy, yo no debo dejar de estar en esta disposici\u00f3n, y hasta irme a las Indias a ganar almas a Dios, aunque tuviese que morir en el camino. Pues no piensen que Dios pide de nosotros las fuerzas y la buena voluntad, y una verdadera y sincera disposici\u00f3n de aprovechar todas las ocasiones de servirle, aun con peligro de nuestra vida, manteniendo en nuestros corazones un deseo de sacrificarla por Dios y si as\u00ed lo quisiera, de sufrir el martirio.\u00bb<\/p>\n<p>Quedaba por explicar los votos de la Compa\u00f1\u00eda. Vicente insisti\u00f3 sobre este punto que no formaba una verdadera religi\u00f3n, no siendo sus votos m\u00e1s que simples, y no habi\u00e9ndolos elevado el papa por dispenda a la virtud de los votos solemnes. Sin embargo ella puede tener todo el m\u00e9rito de los votos solemnemente pronunciados, del mismo modo que el ni\u00f1o que ha recibido el bautismo en privado recibe la misma recompensa que el ni\u00f1o bautizado solemnemente. Y nosotros, conclu\u00eda \u00e9l, somos de la religi\u00f3n de san Pedro.\u00bb<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n, a pesar del voto de pobreza, el Misionero guarda la posesi\u00f3n de estos bienes, pero renuncia a usar de ellos para s\u00ed, y consagra sus rentas a obras p\u00edas, a las necesidades de sus parientes, siempre con el consentimiento del Superior. Si le ocurre salirse de la Compa\u00f1\u00eda, entonces recupera su libre y entera disposici\u00f3n.<span id='easy-footnote-18-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-18-17010' title='Los Misioneros que, como Alm\u00e9ras, el H. Mathieu, etc., dispon\u00edan de sus bienes a favor de la compa\u00f1\u00eda, no era por ello mejor tratados que los dem\u00e1s y no pod\u00edan pretender a ning\u00fan privilegio (Carta a Laudin, en Le Mans del 30 de octubre de 1658).'><sup>18<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Lo mismo ocurre poco m\u00e1s o menos con los beneficios a los que el acta de fundaci\u00f3n obliga a los Misioneros a renunciar. Eso se entiende de los beneficios y cargas incompatibles con la obra de las Misiones y la vida com\u00fan, y no, de los beneficios simples que, no obligando a la residencia, lejos de ser un obst\u00e1culo a esta obra, le procuran preciosos recursos. Por otra parte, esta cl\u00e1usula afecta a\u00a0 todo lo m\u00e1s a los particulares,\u00a0 y no a las casas de la Compa\u00f1\u00eda, ya que los beneficios son con frecuencia el \u00fanico medio que ten\u00edan los obispos de establecer Misiones y seminarios en sus di\u00f3cesis. Por eso, adem\u00e1s, este art\u00edculo fue entendido desde el principio como proveniente de la donaci\u00f3n de los Bons-Enfants y la anexi\u00f3n de San L\u00e1zaro, y Vicente aceptar\u00e1 cierto n\u00famero de parroquias como dotaci\u00f3n de algunas casas de la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Pero ni la Compa\u00f1\u00eda misma, ni sobre todo los particulares, se entregaron a ello fuera de las obligaciones y de los m\u00e9ritos de la pobreza. \u00abLa pobreza, dec\u00eda Vicente,\u00a0 es el nudo de las religiones. No somos religiosos, es cierto, y no somos dignos de serlo, aunque vivamos en com\u00fan, pero la pobreza es tambi\u00e9n el nudo de las comunidades, y en particular de la nuestra, Es el nudo que la desliga de todas las cosas de la tierra, la une perfectamente a Dios. S\u00ed, Se\u00f1ores, esta virtud de pobreza es el fundamento de la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Esta lengua que les habla no ha pedido nunca, por la gracia de Dios, cosa alguna de las que posee la Compa\u00f1\u00eda en este momento. Y aunque no tuviera m\u00e1s que dar un solo paso, o pronunciar una sola palabra, para hacer que la Compa\u00f1\u00eda se estableciera en las provincias y en las grandes ciudades t se multiplicara en n\u00famero y en ocupaciones\u00a0 de importancia, no la querr\u00eda pronunciar, y espero que nuestro Se\u00f1or me conceda la gracia de no decirla. Es la disposici\u00f3n en la que me encuentro, de dejar hacer a la Providencia de Dios. -\u00a1Maldici\u00f3n, maldici\u00f3n! Se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, s\u00ed, \u00a1maldici\u00f3n al Misionero que quiera apegarse a los bienes perecederos de esta vida! Porque ser\u00e1 dominado por ellos, y presa de estas espinas y paralizado en esos lazos. Y si sucediera esta desgracia a la Compa\u00f1\u00eda, \u00bfqu\u00e9 se dir\u00eda de ella despu\u00e9s, y de qu\u00e9 manera se vivir\u00eda en ella? Se dir\u00eda: Tenemos tantos miles de libras de rentas. Nos conviene seguir en reposo. \u00bfpara qu\u00e9 ir a recorrer los pueblos, por qu\u00e9 trabajar tanto?. Dejemos a las pobres gentes de los campos ah\u00ed; que sus p\u00e1rrocos se cuiden de ellos, si les\u00a0 parece bien; en cuanto a nosotros, vivamos tranquilamente, sin tomarnos tantas molestias. As\u00ed es como la ociosidad seguir\u00e1 al esp\u00edritu de avaricia; no se trabajar\u00e1 m\u00e1s que en conservar\u00a0 y aumentar los bienes temporales, y en buscar sus propias satisfacciones: y entonces se podr\u00e1 decir adi\u00f3s a los ejercicios de la Misi\u00f3n, y a la misma Misi\u00f3n, porque ya no existir\u00e1. No hay m\u00e1s que leer las historias, y se hallar\u00e1n una infinidad de ejemplos que demuestren que las riquezas y la abundancia de los bienes temporales han causado la p\u00e9rdida, no s\u00f3lo de muchas personas eclesi\u00e1sticas, sino tambi\u00e9n de comunidades y de \u00f3rdenes enteras, por no haber sido fieles a su primer esp\u00edritu de pobreza.\u00bb<span id='easy-footnote-19-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-19-17010' title='V\u00e9ase tambi\u00e9n la Conf. del 6 de abril de 1655.'><sup>19<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Y volvi\u00e9ndose a s\u00ed mismo, en uno de sus ex\u00e1menes de conciencia: \u00abOh mi Salvador, exclam\u00f3, \u00a1c\u00f3mo puedo yo hablar de eso, yo que soy tan miserable, yo que tuve en otro tiempo un caballo, una carroza, y que todav\u00eda hoy tengo una habitaci\u00f3n con fuego, un lecho de cortinas, un hermano;\u00a0 a m\u00ed, digo, con quien se tienen tantos cuidados de manera que nada me falte! Oh qu\u00e9 esc\u00e1ndalo doy a la Compa\u00f1\u00eda por el abuso que hago del voto de pobreza en todas las cosas y otras parecidas! Pido por ello perd\u00f3n a Dios y a la Compa\u00f1\u00eda y la suplico que me soporte en mi ancianidad. Apenas puedo soportarme a m\u00ed mismo y me parece que deber\u00eda ser colgado en Montfaucon. \u00a1Que Dios me d\u00e9 la gracia de corregirme, aunque llegado a esta edad, y de desprenderme de todas estas cosas como pueda!\u00bb<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis de las constituciones nos ha ense\u00f1ado toda la importancia\u00a0 que daba a la castidad de sus Misioneros. En este punto, les daba las cinco reglas siguientes que \u00e9l aplicaba a su propia conducta: No hacer visita a ninguna mujer, ni siquiera a las Damas e Hijas de la Caridad, sino es en inter\u00e9s de la gloria de Dios; -incluso en ese caso, gran precisi\u00f3n en las conversaciones y gran modestia en las miradas; -tener consigo a un compa\u00f1ero que no nos pierda de vista; -evitar todas las expresiones afectuosas; -todas aquellas tambi\u00e9n que, de cerca o de lejos, pod\u00edan recordar el vicio contrario.<\/p>\n<p>Las constituciones nos han ense\u00f1ado qu\u00e9 extendida estaba la obediencia que recomendaba\u00a0 a los suyos: obediencia al papa, a los obispos, a los pastores; obediencia a los pr\u00edncipes temporales, sin queja ni murmuraci\u00f3n, incluso con peligro de los bienes o de la vida, \u00abya que nos representan en la tierra el poder soberano de Dios\u00bb; obediencia tambi\u00e9n a aquellos que no tienen derecho a mandarnos: \u00abConsideremos a todos los dem\u00e1s como a nuestros superiores y, para ello, pong\u00e1monos por debajo de ellos, y m\u00e1s bajo a\u00fan que los m\u00e1s peque\u00f1os, disting\u00e1mosles con deferencia, condescendencia y todo clase de servicios. En esta disposici\u00f3n, los sabios deben condescendencia a la debilidad de los ignorantes, a las cosas en las que no existe error ni pecado; los prudentes y los sabios deben condescendencia a los humildes y sencillos: Nos alta sapientes, sed humilibus consentientes; y, por esta misma condescendencia, debemos no s\u00f3lo aprobar los sentimientos de los dem\u00e1s en las cosas buenas e indiferentes, hasta preferirlas a las nuestras, creyendo que los dem\u00e1s tienen luces y cualidades naturales, m\u00e1s grandes y m\u00e1s excelentes que nosotros\u00bb; obediencia por \u00faltimo al superior y a las menores observancias de la regla; obediencia al superior no solamente en lo que ordena de hecho, sino en todo lo que pudiera ordenar; obediencia respetuosa, sin esas murmuraciones, que ser\u00edan una especie de apostas\u00eda; obediencia fundada en la calidad de los superiores que ocupan para nosotros el lugar de Jesucristo, en sus penas y sus solicitudes, sobre la recompensa prometida en esta vida a las almas obedientes, y sobre el castigo que amenaza a las rebeldes y. antes de todo, a ejemplo de Jesucristo, obediencia voluntaria, sencilla, pronta, humilde, animada, alegre y perseverante hasta la muerte.<\/p>\n<p>Todo le serv\u00eda de tema y de ocasi\u00f3n para predicar la obediencia: \u00abUn capit\u00e1n me dec\u00eda estos d\u00edas pasados que, cuando viera que su general mandase mal, y que \u00e9l perdiese con seguridad la vida en la ejecuci\u00f3n de lo mandado, y pudiese cambiar de parecer al general diciendo el m\u00edo, que perder\u00eda honor si lo hiciera y preferir\u00eda morir a hacerlo. Vean, Se\u00f1ores, qu\u00e9 confusi\u00f3n tendremos en el cielo al ver esta perfecci\u00f3n en la obediencia de la guerra, y al ver la nuestra tan imperfecta en comparaci\u00f3n\u00bb.<span id='easy-footnote-20-17010' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-2-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-20-17010' title='Carta a d\u2019Horgny, superior de la casa de Roma, 2 de marzo de 1646.'><sup>20<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Y, al pensar de pronto en su calidad de superior y en la obligaci\u00f3n que acababa de imponer a sus hijos de obedecerle a \u00e9l mismo: Oh miserable, exclam\u00f3 en su humildad, \u00a1obedecer a un desobediente a Dios, a la santa Iglesia, a mi padre y a mi madre desde mi infancia! ya que toda mi vida no ha sido sino desobediencia. Ay, Se\u00f1ores, \u00bfA qui\u00e9n rinden ustedes obediencia? \u00a1A aquel que, como los escribas y fariseos, est\u00e1 lleno de vicios y de pecados! Pero esto es lo que har\u00e1 vuestra obediencia meritoria. Pensaba en ello hace un momento y me acordaba de que siendo un muchacho peque\u00f1o, cuando mi padre me llevaba con \u00e9l a la ciudad, sent\u00eda verg\u00fcenza de ir con \u00e9l y reconocerle como mi padre, porque iba mal vestido y algo cojo. Oh miserable, \u00a1qu\u00e9 desobediente he sido! Pido perd\u00f3n a Dios por ello, y por todos los esc\u00e1ndalos que les he dado.\u00a0 Voy a pedir tambi\u00e9n perd\u00f3n a toda la Compa\u00f1\u00eda, y les suplico que rueguen a Dios por m\u00ed para que me perdone esa faltas y me d\u00e9 siempre el arrepentimiento del coraz\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>Nos quedar\u00eda por analizar las ideas que ten\u00eda el santo fundador sobre los estudios y la predicaci\u00f3n, sobre la instrucci\u00f3n de los eclesi\u00e1sticos y de los pobres. quiz\u00e1s sea mejor hacer de ello como el prefacio y la introducci\u00f3n de nuestros relatos de los trabajos de la compa\u00f1\u00eda. Ya que una vez que se halla establecida y formada, conviene verla a la obra, es decir exponer lo que ha hecho por la reforma y la santificaci\u00f3n del clero, y por la instrucci\u00f3n de los pueblos de los campos, fines en conexi\u00f3n de su instituci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero,\u00a0 no sin antes volver a la casa de Gondi, donde tuvo origen la obra admirable de las galeras, que tuvo una expansi\u00f3n m\u00e1s admirable a\u00fan en la obra de Berber\u00eda. La casa de Gondi, no temamos repetirlo, deb\u00eda ser la gran escuela experimental de Vicente, y la cuna de todos sus proyectos, sino de todas sus obras mismas. Antes de salir de aqu\u00ed, hab\u00eda que recorrer todav\u00eda uno de los c\u00edrculos de las miserias humanas, cuyo alivio le hab\u00eda sido dado en herencia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo Tercero: Reglas y constituciones. I. Reglas y constituciones. 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