{"id":16846,"date":"2021-07-01T08:00:11","date_gmt":"2021-07-01T06:00:11","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/04\/08\/maria-joly-una-hija-de-la-caridad-rebelde\/"},"modified":"2021-03-21T11:11:32","modified_gmt":"2021-03-21T10:11:32","slug":"maria-joly-una-hija-de-la-caridad-rebelde","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/maria-joly-una-hija-de-la-caridad-rebelde\/","title":{"rendered":"Mar\u00eda Joly, una Hija de la Caridad rebelde"},"content":{"rendered":"<p>En el a\u00f1o 1632 el Marais era el distrito arist\u00f3crata de Paris. En \u00e9l hab\u00edan levantado sus palacios los grandes se\u00f1ores, los financieros y los cortesanos. Una de las calles c\u00e9ntricas del distrito era la calle del Roi de Sicile, y en esta calle ten\u00eda su palacio Genoveva Fayet, m\u00e1s conocida como se\u00f1ora Gousssault, el apellido de su difunto marido. La se\u00f1ora Goussault era riqu\u00edsima. Tanto por parte de sus padres como de su marido hab\u00eda recibido una fortuna. Lo cual supon\u00eda que en su casa abundaban los dom\u00e9sticos, lacayos y sirvientas. Una de estas sirvientas se llamaba Mar\u00eda Joly. Ser criada entonces significaba tener un trabajo seguro, un salario fijo y un porvenir halag\u00fce\u00f1o. Ser criada de una gran se\u00f1ora supon\u00eda vestir elegantemente y comer bien. Como todas las criadas de entonces, la hab\u00eda tra\u00eddo la se\u00f1ora Goussault de uno de sus pueblos campesinos. Mar\u00eda era trabajadora y en\u00e9rgica y ten\u00eda un coraz\u00f3n tierno y compasivo.<\/p>\n<p>Esto \u00faltimo agradaba a su se\u00f1ora, porque Genoveva Fayet estaba entregada a los pobres a la manera de entonces: visitaba el Gran Hospital (hospital municipal), hac\u00eda limosnas y daba muchos y buenos donativos al sacerdote Vicente de Pa\u00fal para que remediara las necesidades de los humildes. \u00daltimamente se hab\u00eda hecho muy amiga de otra viuda entregada como ella o m\u00e1s a\u00fan a los pobres, Luisa de Marillac o, como la llamaban com\u00fanmente, la se\u00f1orita Le Gras.<\/p>\n<p>Algunas veces Mar\u00eda hab\u00eda abierto la puerta del palacio a una aldeana que ven\u00eda a recibir dinero, comida o medicinas de parte de Luisa de Marillac o del padre Vicente. Otras veces se hab\u00eda encontrado con ella por las calles. Sab\u00eda que se llamaba Margarita Naseau y le hab\u00eda escuchado c\u00f3mo llevaba la marmita de comida a los enfermos pobres y c\u00f3mo les arreglaba la casa y a ellos. Mientras caminaban juntas Mar\u00eda se emocionaba. \u00a1\u00c9so s\u00ed que era ser sirvienta de los pobres y dar gloria a Dios y no lo que hac\u00eda ella: servir a una se\u00f1ora!<\/p>\n<p>Un d\u00eda de la primavera de 1632 Mar\u00eda se present\u00f3 delante de su se\u00f1ora y sin ning\u00fan pre\u00e1mbulo le dijo: Se\u00f1ora, la dejo; voy a unirme al grupo de la se\u00f1orita Le Gras y de Margarita Naseau.<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n de Genoveva lati\u00f3 fuerte. Era un golpe duro. Estaba encari\u00f1ada con su sirvienta y en abril pensaba hacer un viaje con ella por las tierras de sus antepasados, Anjou. Sin embargo se alegr\u00f3: \u00a1Le daba a Dios en los pobres nada menos que a su sirvienta preferida!<\/p>\n<p>Mar\u00eda cogi\u00f3 sus cosas, las meti\u00f3 en un bolso y se fue a la calle Versailles (hoy calle Monge) donde ahora viv\u00eda Luisa. Al verla Luisa de Marillac comprendi\u00f3 que ven\u00eda a quedarse y la dej\u00f3 pasar. Dentro hab\u00eda otras dos j\u00f3venes a las que Luisa preparaba durante unos d\u00edas para ponerlas a servir a los indigentes. Mar\u00eda le dijo lo que hab\u00eda decidido. No necesitaba mucha preparaci\u00f3n, pues llevaba muchos meses de criada. Luisa la acept\u00f3 despu\u00e9s de hablar con la se\u00f1ora Goussault y ver que estaba de acuerdo.<\/p>\n<p>Durante m\u00e1s de un a\u00f1o tambi\u00e9n ella, como Margarita Naseau, llev\u00f3 la marmita de comida a las destartaladas habitaciones de los enfermos desvalidos. Se sent\u00eda feliz; hab\u00eda encontrado su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Entre tanto Luisa reun\u00eda a todas estas j\u00f3venes los fines de semana para formarlas en piedad, resolver sus dificultades, animarlas y pasar unos d\u00edas distra\u00eddos y alegres. Algunas veces le ven\u00eda la tentaci\u00f3n de hacer con ellas una congregaci\u00f3n religiosa. Es que Luisa siendo joven hizo voto de ser religiosa y pens\u00f3 hacerse capuchina, pero sus parientes la obligaron a casarse; y ella, aunque sin culpa (en el siglo XVII eran los padres o familiares quienes casaban a sus hijos) siempre crey\u00f3 que hab\u00eda traicionado a Dios. Ahora pod\u00eda reparar el agravio. Comunic\u00f3 sus intenciones a Vicente de Pa\u00fal y \u00e9ste se estremeci\u00f3 como si escuchara un estruendo. Pero \u00bfno sab\u00eda la se\u00f1orita Le Gras que si fueran religiosas con votos p\u00fablicos, tendr\u00edan que vivir en un convento de clausura, y si hab\u00eda clausura ya no podr\u00edan servir a los dem\u00e1s? Dios quer\u00eda que le sirvieran a \u00c9l y al pr\u00f3jimo. De ninguna manera dar\u00eda \u00e9l permiso para fundar un convento de monjas en clausura. Sin embargo el padre Vicente pens\u00f3 y reflexion\u00f3 y habl\u00f3 muchas veces con Luisa de Marillac. Dialogaron y discutieron hasta que, de acuerdo los dos santos, decidieron fundar con aquellas j\u00f3venes una Cofrad\u00eda de Caridad sin votos p\u00fablicos, es decir, sin clausura, o sea, que no les imped\u00eda salir a servir a los pobres. \u00c9l ser\u00eda el director y ella la superiora. Era ya comienzo de oto\u00f1o de 1633. Hac\u00eda unos seis meses que hab\u00eda muerto Margarita Naseau.<\/p>\n<p>\u00bfCon qui\u00e9nes empezar? Se fijaron en Mar\u00eda Joly y Vicente de Pa\u00fal la llam\u00f3 y le propuso lo que pensaban hacer. La pobre aldeana tembl\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a1Ella, una simple criada que no sab\u00eda escribir iba a ser la piedra angular de una nueva instituci\u00f3n! Aturdida como estaba s\u00f3lo se le ocurri\u00f3 decir: <em>\u00abPero si yo no tengo juicio ni humildad ni fuerza para servir para eso. <\/em><em>Con todo har\u00e9 lo que la se\u00f1orita Le Gras me indique\u00bb. <\/em>Por lo bajo Vicente murmur\u00f3: <em>\u00abQu\u00e9 buena muchacha me parece que es!\u00bb. <\/em>Y a Luisa le coment\u00f3: <em>\u00abS\u00ed, se\u00f1orita, creo que nuestro Se\u00f1or se la ha dado para servir- se de ella por medio de usted\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Buscaron a otras dos o tres j\u00f3venes y el 29 de noviembre de 1633, en un piso de la calle Versalles donde viv\u00eda Luisa de Marillac, las reuni\u00f3 Vicente de Pa\u00fal, les dio una charla y as\u00ed, con toda sencillez, comenz\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>A Mar\u00eda la destinaron a trabajar con las se\u00f1oras de la Cofrad\u00eda de la Caridad en la parroquia de San Salvador, la primera que se fund\u00f3 en Paris y donde se inici\u00f3 Margarita Naseau. Mar\u00eda ten\u00eda que ocupar un puesto que hab\u00eda desempe\u00f1ado con acierto nada menos que Margarita Naseau. Y no desenton\u00f3. Ciertamente no eran muy distintas las dos. La hermana Mar\u00eda o Sor Mar\u00eda, como se llamaban entre ellas desde el 29 de noviembre, se mostr\u00f3 como una mujer dispuesta y decidida. Ten\u00eda remango y responsabilidad. Pronto gan\u00f3 a todas las se\u00f1oras. Los necesitados, aunque hubiera muchos, siempre quedaban contentos. Daba abasto a todo. Santa Luisa estaba encantada con ella.<\/p>\n<p>La Caridad (recuerdo que as\u00ed se llamaban las Cofrad\u00edas de Caridad que en 1617 San Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda fundado en Ch\u00e1tillon-les-Dombes) que se fund\u00f3 para atender a los enfermos del Gran Hospital (hospital municipal) era la m\u00e1s importante de Paris. A ella pertenec\u00edan \u00fanicamente princesas, mujeres nobles o se\u00f1oras de la alta burgues\u00eda. La atend\u00eda directamente San Vicente y Luisa estaba encargada de dirigir en persona a las j\u00f3venes de su grupo que trabajaban all\u00ed y a las que el pueblo comenz\u00f3 a llamar Hijas de la Caridad. Sin embargo, a Luisa de Marillac sol\u00eda enviarla Vicente de Pa\u00fal, como si fuera su delegada, a inspeccionar y animar las Caridades de los pueblos. En su ausencia ella y Vicente de Pa\u00fal encargaban a Mar\u00eda que ocupara el puesto de Santa Luisa no s\u00f3lo en el Gran Hospital sino tambi\u00e9n en la formaci\u00f3n de las j\u00f3venes que estaban en el piso de la calle Versailles. Se sabe, con todo, que Mar\u00eda era m\u00e1s inclinada a la acci\u00f3n que a la oraci\u00f3n. Tambi\u00e9n ella necesitaba ser dirigida.<\/p>\n<p>Mar\u00eda se hab\u00eda convertido en una especie de lugarteniente o de asistenta de la superiora Luisa de Marillac. As\u00ed, hasta finales de 1636 o prin\u00adcipios de 1637, en que fue destinada a la parroquia de San Pablo en el lujoso barrio del Marais y cerca del palacio de su antigua se\u00f1ora, Genoveva Fayet. Una vez m\u00e1s cautiv\u00f3 a las se\u00f1oras por su dinamismo y responsabi\u00adlidad. Las damas se fiaban de ella y los pobres la necesitaban. A finales de 1637, despu\u00e9s de un a\u00f1o en San Pablo, la llam\u00f3 la se\u00f1orita Le Gras para cambiarla de lugar. Mar\u00eda lo sinti\u00f3, pero se presenta sumisa y acepta el nuevo cambio. Por orden de Vicente de Pa\u00fal, Luisa la coloc\u00f3 en la parroquia de San Germ\u00e1n de Auxerrois, nada menos que la parroquia de la corte, donde los reyes asist\u00edan a las funciones lit\u00fargicas. De nuevo el \u00e9xito, hablando humanamente, de ser aplaudida por las Damas y querida por los menesterosos. Claramente las damas le dijeron a su director Vi\u00adcente de Pa\u00fal que no so\u00f1ara con quitarles alg\u00fan d\u00eda a la Hermana Mar\u00eda.<\/p>\n<p>Sin embargo, a los dos a\u00f1os, la se\u00f1orita Le Gras pens\u00f3 quitarles a la en\u00e9rgica Mar\u00eda. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda sucedido? Hasta 1639 las Hijas de la Cari\u00addad estaban en funci\u00f3n de las se\u00f1oras de las Caridades. Cuando se funda\u00adba una Cofrad\u00eda de la Caridad se pon\u00edan una o dos Hermanas para hacer los trabajos burdos que desdec\u00edan de las se\u00f1oras. Por ello mismo s\u00f3lo hab\u00eda Hijas de la Caridad donde hab\u00eda Caridades. Pero en 1639 los admi\u00adnistradores del Gran Hospital de Angers le pidieron a la se\u00f1ora Goussault que intercediera ante Vicente de Pa\u00fal para que las Hijas de la Caridad se hicieran cargo del hospital. Tanto Vicente de Pa\u00fal como Luisa de Marillac acogieron gustosos la proposici\u00f3n. Desde ese a\u00f1o las Hijas de la Caridad no s\u00f3lo se dedicar\u00edan a la visita domiciliaria y a ense\u00f1ar a ni\u00f1as pobres; ser\u00edan tambi\u00e9n hospitalarias. Era toda una tentaci\u00f3n y un desaf\u00edo. Para asegurar un buen resultado, Vicente pens\u00f3 enviar a la se\u00f1ora Goussault, pero muri\u00f3 en setiembre. La atrayente fundaci\u00f3n no pod\u00eda fracasar; ser\u00eda un desastre de las Hijas de la Caridad ante la sociedad. As\u00ed, pues, Vicente de Pa\u00fal se decidi\u00f3 a enviar a la misma se\u00f1orita Le Gras. En el mes de diciembre, despu\u00e9s de un fatigoso y largo viaje por el r\u00edo Loira, llegaron Luisa de Marillac y las Hermanas a Angers. Ya en el Gran Hospital, Luisa visit\u00f3 todas las dependencias, habl\u00f3 con los empleados, analiz\u00f3 los contratiempos y dificultades y concluy\u00f3 que, para un buen funciona\u00admiento, al frente de aquella numerosa comunidad deb\u00eda estar Mar\u00eda Joly. Decidida como era Luisa, inmediatamente se la pidi\u00f3 al superior Vicente de Pa\u00fal. El superior \u00fanicamente le contest\u00f3 una frase lac\u00f3nica: <em>\u00abCreo <\/em><em>que no hay que pensar en Mar\u00eda\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Las se\u00f1oras de San Germ\u00e1n se hab\u00edan opuesto rotundamente a des\u00adprenderse de Mar\u00eda. De haberlo sabido la antigua criada se hubiera llena\u00addo de orgullo, pero San Vicente nunca se lo dijo. Mar\u00eda continu\u00f3 en la parroquia de los reyes entregada a los indigentes.<\/p>\n<p>Mar\u00eda ten\u00eda una hermana tartamuda, Gilita, que deseaba ser como ella, Hija de la Caridad. Lo hab\u00eda pedido pero el padre Vicente pens\u00f3 que ser\u00eda un desprestigio para la reciente Compa\u00f1\u00eda porque los pobres se reir\u00edan de ella. Mar\u00eda hab\u00eda abogado insistentemente ante Vicente de Pa\u00fal para que la admitiera. Un d\u00eda y otro no cejaba de insistir ante su director. Por fin un d\u00eda de enero de 1640, Mar\u00eda se present\u00f3, una vez m\u00e1s, en casa de su superior y apretando los labios le encasquet\u00f3 algo parecido a esto: \u00abPadre, \u00bfpor qu\u00e9 mi hermana no puede ser Hija de la Caridad?\u00bb. Y se entabl\u00f3 un di\u00e1logo que bien pudiera ser \u00e9ste:<\/p>\n<p>Sor Mar\u00eda, porque es tartamuda.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY no dice usted que las muy habladoras no pueden ser Hijas de la Caridad? Pues mi hermana no podr\u00e1 hablar mucho.<\/p>\n<p>Pero al hablar, los pobres se burlar\u00e1n de ella.<\/p>\n<p>\u2014Tambi\u00e9n se burlan de nosotras, cuando nos ven por las calle llevan\u00addo el puchero de comida a los pobres, y usted nos alaba porque lo sufri\u00admos en silencio \u2014le ataj\u00f3 r\u00e1pida Mar\u00eda.<\/p>\n<p>Pero ese defecto es una se\u00f1al de que Dios no la llama&#8230;<\/p>\n<p>\u00a1Ah! \u2014le cort\u00f3 la joven\u2014. Es decir, que Dios, como lo hombres, me\u00adnosprecia a los d\u00e9biles.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien, est\u00e1 bien. \u2014concluy\u00f3 el santo\u2014 Te prometo que lo volvere\u00admos a examinar\u00bb.<\/p>\n<p>Sor Mar\u00eda sali\u00f3 contenta. Estaba convencida de que aquella frase sig\u00adnificaba un s\u00ed. Sab\u00eda que su superior, a pesar de su presencia seria y hasta dura, en el fondo ten\u00eda un coraz\u00f3n tierno para los d\u00e9biles. As\u00ed fue; su hermana Gilita entr\u00f3 Hija de la Caridad, y lo fue hasta la muerte.<\/p>\n<p>Al a\u00f1o siguiente Mar\u00eda tuvo otro di\u00e1logo, esta vez con la se\u00f1orita Le Gras. \u00c9sta y el padre Vicente hab\u00edan pensado enviarla a una fundaci\u00f3n muy complicada y delicada, a cientos de kil\u00f3metros de Paris, a Sedan. Sedan era, desde hac\u00eda un siglo, centro y refugio de protestantes perse\u00adguidos en las ciudades cat\u00f3licas. Su universidad era baluarte de la teolo\u00adg\u00eda luterana. Pertenec\u00eda a los poderosos e independientes duques de Bouillon-Turena, convertidos al catolicismo desde hac\u00eda poco. Se fund\u00f3 una Caridad y pidieron Hijas de la Caridad. Las que fueran all\u00e1 ser\u00edan espejo y modelo, no solo de la Compa\u00f1\u00eda, sino de todos los cat\u00f3licos. San Vicente urgi\u00f3 a Luisa para que las enviara pronto y fueran bien escogidas. Las cualidades que se exig\u00edan eran demasiadas para sus hijas. Tard\u00f3 meses en elegir una. Finalmente no tuvo m\u00e1s remedio que llamar a Sor Mar\u00eda Joly. Cuando se lo comunic\u00f3 al padre Vicente, este se estremeci\u00f3. Tendr\u00eda que enfrentarse a todas las grandes se\u00f1oras de la parroquia real. \u00c9stas se opusieron rotundamente, el p\u00e1rroco tambi\u00e9n. La paciencia de Vicente de Pa\u00fal logr\u00f3 que accedieran. Pero le pusieron una condici\u00f3n: que la sustituta fuera otra como Mar\u00eda. Y que sepa hacer medicinas, a\u00f1adi\u00f3 el p\u00e1rroco. Porque la antigua criada, analfabeta adem\u00e1s, se hab\u00eda convertido en una excelente farmac\u00e9utica. El se\u00f1or Vicente acept\u00f3. <em>\u00abAl <\/em><em>menos podemos enviarla a Sedan\u00bb, <\/em>pens\u00f3 el santo hombre.<\/p>\n<p>Luisa la llam\u00f3 y la encontr\u00f3 cansada y muy delgada. Alarmada se preocup\u00f3 por su salud. No era nada, tan solo que en los \u00faltimos ocho d\u00edas se le presentaron tantos pobres que no tuvo tiempo ni para descansar un rato. La se\u00f1orita Le Oras le explic\u00f3 lo que pretend\u00edan de ella. Mar\u00eda, sumisa, acept\u00f3 sin replicar. Tan s\u00f3lo le expuso que ten\u00eda miedo. Luisa exclam\u00f3: \u00bfMiedo? \u00bfDe qu\u00e9?<\/p>\n<p><em>\u00abDe ir tan lejos yo sola. Son muchos d\u00edas de viaje y en el camino me <\/em><em>puede suceder cualquier cosa. Es tan lejos, es el extranjero, que voy a <\/em><em>estar como desterrada sin tener noticias de mis Hermanas de Paris ni de <\/em><em>usted, pues yo no s\u00e9 escribir Cuando est\u00e9 all\u00ed puedo caer enferma, o me <\/em><em>pueden tomar por una mujer de vida ligera y darme alg\u00fan susto y no tendr\u00e9 a nadie a mi lado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Mientras hablaba el coraz\u00f3n de Luisa, todo afectividad, se estremec\u00eda. La miraba como a una hija suya, a la que hubiera dado a luz, y su ser se compadeci\u00f3. Era la hija con la que hab\u00eda comenzado la Compa\u00f1\u00eda y sinti\u00f3 pena. Luisa era emotiva y tierna y delante de ella ten\u00eda a una hija que ten\u00eda miedo. Su coraz\u00f3n acab\u00f3 por romperse cuando Mar\u00eda, temblorosa, sac\u00f3 un pa\u00f1uelo, deshizo un nudo y le entreg\u00f3 30 libras que hab\u00eda ganado, lavando ropa en el r\u00edo, para que el gasto del viaje no resultara tan caro a la Compa\u00f1\u00eda. En los ocho d\u00edas siguientes a\u00fan gan\u00f3 otras 30 libras, tambi\u00e9n lavando. Ahora comprend\u00eda la se\u00f1orita Le Gras por qu\u00e9 estaba tan delgada y tan cansada su buena hija.<\/p>\n<p>Se levant\u00f3, la abraz\u00f3 con fuerza y tiernamente le dijo con energ\u00eda: <em>\u00abNo te preocupes, no ir\u00e1s sola, otra te acompa\u00f1ar\u00e1\u00bb. <\/em>Cuando Mar\u00eda se march\u00f3 m\u00e1s alegre, Luisa, sin perder un minuto, escribi\u00f3 a Vicente de<\/p>\n<p>Pa\u00fal. Con todo el respeto y sumisi\u00f3n le plante\u00f3 que deb\u00eda ir otra Hermana con Mar\u00eda. Le expuso las mismas razones que a ella le hab\u00eda dicho Mar\u00eda y a\u00f1adi\u00f3 otras m\u00e1s:<\/p>\n<p><em>\u00abAdem\u00e1s, como no somos insensibles, y no es ya poco que estas buenas muchachas lo hayan dejado todo, puede asaltarle la tristeza y, sin tener con quien desahogarse, es de temer que llegue el desaliento; y a\u00fan temo que esto pueda ser perjudicial para las otras que podr\u00edan decir que no nos preocupamos mucho de las Hermanas cuando las dejamos marchar completamente solas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Luisa le daba la soluci\u00f3n: como Mar\u00eda es en\u00e9rgica y no sabe leer, enviemos con ella a Sor Clara que es d\u00f3cil y sabe leer. Las dos se llevar\u00e1n bien.<\/p>\n<p>El padre Vicente se alegr\u00f3 tambi\u00e9n \u00e9l con esta soluci\u00f3n. El 12 de febrero de 1641 Sor Mar\u00eda y Sor Clara emprendieron el camino de varios d\u00edas en diligencia hasta Sed\u00e1n, cerca de la frontera con B\u00e9lgica. En sus alrededores se desarrollaba la guerra de los Treinta A\u00f1os. La diligencia se par\u00f3 en la Plaza Mayor de la ciudad. Las dos j\u00f3venes descendieron de la diligencia y contemplaron la ciudad. No era tan grande como Paris y era distinta. La gente miraba con curiosidad a aquellas dos mujeres vestidas de una manera tan extra\u00f1a, al estilo de las aldeanas de Paris. Preguntaron y se dirigieron al Palacio del gobernador de la ciudad. Por el camino tropezaron con cantidad de pobres y de gente, hombres, mujeres, ni\u00f1os, que se hab\u00edan refugiado en la ciudad, huyendo de la guerra. Hab\u00edan abandonado todo y all\u00ed se encontraron sin nada, con hambre, fr\u00edo y terror.<\/p>\n<p>Se presentaron al gobernador de la ciudad y \u00e9ste las present\u00f3 a las se\u00f1oras de la Caridad. Les dieron alojamiento y ese mismo d\u00eda visitaron a los enfermos pobres que les asignaron las se\u00f1oras.<\/p>\n<p>Cuando llevaban unas semanas en Sedan escribieron a la Se\u00f1orita cont\u00e1ndole sus \u00abhaza\u00f1as\u00bb. En Paris se emocionaron. La carta se ley\u00f3 en p\u00fablico y todas las Hermanas quer\u00edan ir a Sedan donde, dec\u00edan, de verdad hab\u00eda pobres. En especial Sor Enriqueta Gesseaume suplicaba que la enviaran a ella.<\/p>\n<p>Sor Mar\u00eda y Sor Clara trabajaban bien, pero Sor Clara se ve\u00eda impotente para seguir el ritmo de trabajo que llevaba Sor Mar\u00eda. La encontraba, adem\u00e1s, muy en\u00e9rgica, exigente y casi dura. Ella, por el contrario, era apocada y se sent\u00eda acomplejada a su lado. Al de unos meses escribi\u00f3 a la Se\u00f1orita Le Gras que la dejara volver a Paris. Santa Luisa compren\u00addi\u00f3 y la mand\u00f3 volver. Hab\u00eda que darle urgentemente una compa\u00f1era a Sor Mar\u00eda. Luisa era lista y Vicente de Pa\u00fal, astuto: Bien, \u00bfno fue Sor Mar\u00eda la que tanto les atosig\u00f3 para que se admitiera a su hermana Sor Gilita? Pues bien, que vaya Sor Gilita a convivir con su hermana. Y fue, y se entendieron maravillosamente.<\/p>\n<p>Toda la ciudad estaba admirada del trabajo de las dos hermanas. Eran unos \u00e1ngeles de Dios. Para los cat\u00f3licos era un orgullo ante los protestan\u00adtes. Las se\u00f1oras bendec\u00edan a Dios, los capuchinos se encargaron de con\u00adfesarlas y dirigirlas, el gobernador las alababa y su esposa se convirti\u00f3 en una de sus mejores amigas. Hasta la se\u00f1ora duquesa de Bouillon las tom\u00f3 cari\u00f1o y sol\u00eda visitarlas para conversar con ellas.<\/p>\n<p>As\u00ed pasaron diez a\u00f1os. A primeros de 1651 la gente de Sedan estaba alborotada. Se rumoreaba que de noche hab\u00eda entrado en el palacio del gobernador una carroza bien escoltada por soldados, lo que indicaba que dentro ven\u00edan personas de indudable categor\u00eda social y pol\u00edtica. Pero era extra\u00f1o que llegaran y no se las recibiera con honores. Luego se supo que eran las sobrinas del Primer Ministro, Cardenal Mazarino.<\/p>\n<p>La gente venida de Paris contaba que en la capital se hab\u00edan levanta\u00addo los burgueses y el Parlamento contra el absolutismo de los reyes y de su Primer Ministro Mazarino. Cond\u00e9 al frente de las tropas reales venci\u00f3 a los frondistas, pero orgulloso se hizo insoportable. Una vez apaciguado el Parlamento, la reina hab\u00eda mandado encarcelar a tres Pr\u00edncipes de Sangre: Cond\u00e9, Conti y Longueville. Los nobles y el Parlamento se le\u00advantaron de nuevo contra el ministro Mazarino que se vio obligado a soltarlos. A su vez Cond\u00e9 y el Parlamento vigilaban a los reyes para que no huyeran de Paris. La Corte se sent\u00eda prisionera. Hab\u00eda comenzado la segunda Fronda, la de los Pr\u00edncipes. Por miedo a un atentado y para garantizar la seguridad de sus sobrinas, Mazarino las hab\u00eda enviado a Sedan. De all\u00ed era f\u00e1cil pasar al extranjero si las cosas se pon\u00edan feas. Unas semanas m\u00e1s tarde tambi\u00e9n Mazarino pas\u00f3 por Sedan. El mismo se hab\u00eda autodesterrado para lograr la paz en Paris. Esto era lo que parec\u00eda, pero en su interior llevaba la intenci\u00f3n de llegar a Br\u00fchl, en Renania, reclutar un ej\u00e9rcito y volver contra Paris.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana de la primavera de 1652, las se\u00f1oras de la ciudad las llamaron a las dos hermanas. Era necesario marchar deprisa a Charleville, 20 kil\u00f3metros al este de Sedan. Al salir de la ciudad lo que se ve\u00eda era de espanto. En la lejan\u00eda todo era humaradas; los pueblos ard\u00edan, columnas y columnas de carromatos entraban en Sedan con los pobres enseres que hab\u00edan logrado coger los campesinos, ancianos sucios, ni\u00f1os temblando y llorando, mujeres y religiosas violadas, hombres heridos; toda una muchedumbre, como animales huyendo de un incendio, se refugiaban en la ciudad. Las calles de Sedan se llenaban de gente que hu\u00eda de los solda\u00addos. Se o\u00eda el estampido seco y breve de los mosquetones y el retumbar de los ca\u00f1ones. La caballer\u00eda enemiga se acercaba a galope, y soldados y m\u00e1s soldados se extend\u00edan como un cerco alrededor de Sedan. Calles y plazas estaban abarrotadas de campesinos, de gritos, de llantos, de la\u00admentos y quejidos. \u00bfQu\u00e9 pasaba?<\/p>\n<p>Aprovechando la debilidad de Francia en guerra civil Parlamento, reyes, pr\u00edncipes y pueblo (la Fronda), Austria y Espa\u00f1a atacaron el este franc\u00e9s. Los ej\u00e9rcitos espa\u00f1oles, austriacos, alemanes y moravos rom\u00adpieron las l\u00edneas francesas y sitiaron las ciudades de la frontera, entre ellas Sedan.<\/p>\n<p>Mar\u00eda y su hermana Gilita quedaron espantadas y oprimidas. Ante tanto pobre abandonado no quisieron huir ni salvarse y volvieron a la ciudad. Hab\u00eda que acoger y cuidar de aquellos pobres campesinos. Pero \u00bfqu\u00e9 podr\u00edan hacer Sor Mar\u00eda y Sor Gilita, dos pobres Hijas de la Cari\u00addad? Lo que fuera, pero all\u00ed se quedaron. Lo que hicieron fue enorme. Llamaron a las casas de los ricos, del gobernador, de los generales. Orga\u00adnizaron a los pobres, las comidas, los alojamientos, a las mujeres, a los ni\u00f1os, a las religiosas. Las dos hermanas estaban agotadas, pero no se derrumbaban. Pidieron dinero y su labor no se olvid\u00f3 con el tiempo. El mismo San Vicente de Pa\u00fal se lo recordaba a las Hijas de la Caridad cuatro a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Les llegaron donativos. Sor Mar\u00eda sab\u00eda organizar las cosas y era inteligente. Sab\u00eda que el dinero se lo enviaba Dios para que ella lo admi\u00adnistrara; sab\u00eda que ese dinero era de los pobres, que ella era s\u00f3lo su admi\u00adnistradora y que tendr\u00eda que dar cuenta a Dios de su administraci\u00f3n. Un d\u00eda en la oraci\u00f3n reflexion\u00f3 sobre ello: c\u00f3mo se hab\u00eda gastado mucho dinero, ciertamente en caridad con los pobres, pero \u00bfno habr\u00eda un m\u00e9to\u00addo mejor de dar de comer a los pobres sin gastar el dinero? Como si el Esp\u00edritu Santo le hablara, le vino a la mente una palabra: granja. \u00c9so es, con los \u00faltimos donativos har\u00eda una granja para los pobres. Dicho y he\u00adcho, compr\u00f3 tres vacas, unas gallinas y dos cerdos. Se lo contaba en una carta a Santa Luisa:<\/p>\n<p><em>\u00abCuando vi que todos los pobres pueblos estaban arruinados compr\u00e9 <\/em><em>todo eso que nos agrada mucho, porque nos da mucha tranquilidad. Hab<\/em><em>i\u00e9ndome venido este dinero por la gracia de Dios, lo he invertido en eso <\/em><em>para sustentar a los pobres. \u00a1Dios me haga la gracia de jam\u00e1s tener <\/em><em>dinero si lo voy a usar mal!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Gracias a Dios, el cerco no dur\u00f3 muchos meses; en verano Sed\u00e1n volvi\u00f3 a la vida rutinaria de siempre. As\u00ed pasaron los a\u00f1os, muchos a\u00f1os, casi trece. Enfermando, cur\u00e1ndose; fatigada, descansada; visitando a las grandes damas, pidi\u00e9ndoles dinero; pero siempre entregada a los pobres. En octubre la se\u00f1orita Le Gras la mand\u00f3 volver. El golpe fue terrible, como si el techo de la casa hubiera ca\u00eddo sobre ella; no lo pod\u00eda creer, aunque sab\u00eda que la Compa\u00f1\u00eda se desenvolv\u00eda de esa manera y que un d\u00eda tendr\u00eda que dejar Sedan. Pero estaba muy apegada al lugar: se relaciona\u00adba amigablemente con las se\u00f1oras de categor\u00eda. La duquesa de Bouillon la apreciaba y sol\u00edan tener conversaciones frecuentes. Los pobres la esti\u00admaban y ella hab\u00eda organizado los recursos para aliviar sus necesidades; los consideraba sus pobres y ella se cre\u00eda imprescindible. Cre\u00eda que si ella faltaba, todo se hundir\u00eda. Sedan era ya su ciudad.<\/p>\n<p>Mar\u00eda Joly se agarr\u00f3 a un clavo ardiendo. Conoc\u00eda bien las estructu\u00adras de la Compa\u00f1\u00eda y sab\u00eda que el superior era el sacerdote Vicente de Pa\u00fal, no la se\u00f1orita Le Gras. Se jactaba de que no volver\u00eda si no se lo mandaba el padre Vicente, y por escrito. Y el se\u00f1or Vicente se lo mand\u00f3 y por escrito. Ante esta nueva orden, acudi\u00f3 a las se\u00f1oras de la Caridad, al gobernador, a la duquesa, a todas las personas influyentes para que la dejaran en Sed\u00e1n.<\/p>\n<p>Ni San Vicente ni Santa Luisa cedieron; al cabo de un mes, en no\u00adviembre de 1654, Mar\u00eda estaba en Paris, pero su coraz\u00f3n permanec\u00eda en Sedan. Estaba l\u00e1nguida, sin ilusi\u00f3n, sin poder hacer nada; y lo peor era que la duquesa de Bouillon, que estaba en Paris, la dec\u00eda que se saliera de Hija de la Caridad y volviera a Sedan para continuar la obra con los pobres. En esta situaci\u00f3n cay\u00f3 enferma de gravedad, m\u00e1s que por el mal, por la poca resistencia que pon\u00eda. Con los cuidados de la se\u00f1orita Le Gras se rehizo y se anim\u00f3 a dar recuerdos a Sor B\u00e1rbara Angiboust, cuan\u00addo la escrib\u00eda Santa Luisa. No obstante le parec\u00eda imposible sobreponerse al recuerdo de Sedan. En Paris no conoc\u00eda a nadie, se sent\u00eda sola.<\/p>\n<p>Al de unos d\u00edas, una tarde, despu\u00e9s de comer, subi\u00f3 al dormitorio, sac\u00f3 las cosas de su ba\u00fal, las meti\u00f3 en un saco, mientras pensaba que se iba, que volv\u00eda a Sed\u00e1n. Sus pobres estaban solos. Su hermana Gilita no ten\u00eda a\u00fan compa\u00f1era. Estaba sola. Sali\u00f3 sin que nadie la viera y fue a preparar su viaje a Sedan para el d\u00eda siguiente. Por la noche la Se\u00f1orita comprendi\u00f3 toda la realidad, y al amanecer escribi\u00f3 una nota a San Vi\u00adcente para que enviara a alguien a la diligencia de Sedan y la convencie\u00adra de volver a casa. Y si no lo lograba, que escribiera a Sedan, al superior de los padres pa\u00fales, para que no se adue\u00f1ara de la casa de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Aquella noche Mar\u00eda no pudo dormir. Continuamente pensaba en el disgusto que habr\u00eda dado a la Se\u00f1orita, que tanto la quer\u00eda. Ni se hab\u00eda despedido de ella. Record\u00f3 el cari\u00f1o con que la recibi\u00f3 en el grupo de Margarita Naseau, la confianza que puso en ella cuando la eligi\u00f3 para comenzar la Compa\u00f1\u00eda, c\u00f3mo deposit\u00f3 en ella todo su afecto cuando la dejaba de sustituta y formadora de sus compa\u00f1eras, el abrazo tan efusivo que le dio cuando se march\u00f3 a Sedan, \u00a1qu\u00e9 cartas de afecto y preocupa\u00adci\u00f3n le escrib\u00eda! Y Dios qu\u00e9 bueno era con ella. \u00c9l la hab\u00eda llamado, le hab\u00eda dado una vocaci\u00f3n tan extraordinaria semejante a la de su Hijo en la tierra, les dec\u00eda el bueno del padre Vicente, que siempre hab\u00eda dejado todo por atenderla \u00a1Abandonar su vocaci\u00f3n! Estaba loca.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente, apenada y silenciosa, volvi\u00f3 a la Casa. Al verla volver, a Luisa se le ensanch\u00f3 el coraz\u00f3n. Comprendi\u00f3 toda la an\u00adgustia de aquella mujer. No se mostr\u00f3 enfadada. Tan s\u00f3lo habl\u00f3 dulce\u00admente con ella y le dijo que hiciera los Ejercicios espirituales. As\u00ed acab\u00f3 aquella travesura de Mar\u00eda Joly.<\/p>\n<p>Pero Sor Mar\u00eda no se hac\u00eda a Paris; su pensamiento y su coraz\u00f3n continuaban en Sed\u00e1n. A los pocos meses tambi\u00e9n volvi\u00f3 su hermana Gilita y se anim\u00f3 un poco. Parec\u00eda que comenzaba a desarrollar su ener\u00adg\u00eda anterior y a ser la misma de siempre. Sin embargo dur\u00f3 poco tiempo. La familia Bouillon pasaba temporadas en Paris y hablaba con ella de los pobres abandonados en sus tierras por la se\u00f1orita Le Gras. La se\u00f1ora Bouillon sol\u00eda pasar los veranos en sus tierras de Morainvilliers. Le con\u00adtaba a Mar\u00eda la situaci\u00f3n de sus campesinos olvidados de todos. \u00a1Cu\u00e1nto bien podr\u00eda hacer ella! De una manera insistente y clara la se\u00f1ora de Bouillon, la joven, la atosigaba para que dejara la Compa\u00f1\u00eda y se fuera con ella a Morainvilliers que tan s\u00f3lo estaba a menos de cuarenta kil\u00f3\u00admetros al oeste de Paris. All\u00ed ten\u00eda ella su castillo-palacio.<\/p>\n<p>El interior de Sor Mar\u00eda era un torbellino, un campo de batalla, de dudas, de luchas, de inquietudes, de sinsabores. Por un lado era amiga de la se\u00f1ora de Bouillon y se sent\u00eda a gusto a su lado, pero Luisa de Marillac era su madre y a su lado se sent\u00eda querida y segura; ella ya estaba sirvien\u00addo a los pobres, aunque no estaban tan abandonados como los de Morainvilliers; adem\u00e1s ella seguir\u00eda siendo hija de la caridad: vestir\u00eda igual, har\u00eda los mismos rezos y cuidar\u00eda de los pobres como ellas, pero no les servir\u00eda como Dios quer\u00eda, sino como a ella le gustaba. No ser\u00eda Hija de la Caridad, porque dejaba su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dudas y m\u00e1s dudas, visita tras visita de la se\u00f1ora Bouillon, llevaban camino de trastornarla. As\u00ed durante dos a\u00f1os. Hac\u00eda la oraci\u00f3n a desgana, sin inter\u00e9s, atend\u00eda a los pobres sin ilusi\u00f3n; se hund\u00eda. En la primavera de 1656, tom\u00f3 la decisi\u00f3n de salirse. Aquella mujer en\u00e9rgica de otras veces, se present\u00f3 a Luisa temblando, sin poder hablar casi. Con una voz d\u00e9bil y premiosa le dijo que se iba definitivamente, que abandonaba la Com\u00adpa\u00f1\u00eda. Y se ech\u00f3 a llorar. Fue in\u00fatil que Santa Luisa intentara detenerla, que le hablara de Dios, de su vocaci\u00f3n, de los pobres, de sus compa\u00f1eras, de su hermana Gilita, de haber sido la primera Hija de la Caridad, de&#8230; Todo fue in\u00fatil. Y llorando, con sus cosas en un bolso, se alej\u00f3 de la Casa y de la se\u00f1orita, que la hab\u00eda recibido a su lado, hac\u00eda 26 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Sali\u00f3 a la calle y en la Puerta de Saint-Denis borde\u00f3 la muralla y los fosos de la ciudad y se meti\u00f3 por la calle de Montorgueil. No se fijaba en nada. Andaba mec\u00e1nicamente un camino que sab\u00eda de memoria; a veces le parec\u00eda andar por un planeta distinto. Lleg\u00f3 a la Iglesia de San Eustaquio y gir\u00f3 a la derecha. All\u00ed estaba el palacio de la se\u00f1ora de Bouillon. Era nuevo. Hac\u00eda unos 15 a\u00f1os que se hab\u00eda construido. Lo compraron los duques de Bouillon y se lo regalaron a su hija. La misma se\u00f1ora de Bouillon sali\u00f3 a recibirla. Su alegr\u00eda era enorme, aunque no tanta como la tristeza que envolvi\u00f3 el coraz\u00f3n de Luisa de Marillac, y Mar\u00eda lo sa\u00adb\u00eda. Toda la tarde la pasaron charlando la se\u00f1ora y la criada. Al de unas semanas, antes que apretaran los calores t\u00f3rridos de Paris, salieron para el campo. El palacio de Morainvilliers era precioso. All\u00ed se aloj\u00f3 con la se\u00f1ora, no como criada, ni como sirvienta de los pobres, sino como dama de compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Mar\u00eda era viva, aguda y buena conversadora; era el encanto de su se\u00f1ora. En el campo, donde todo es aburrimiento para una gran se\u00f1ora lejos de Paris, la se\u00f1ora de Bouillon hab\u00eda encontrado su entretenimiento. En aquella \u00e9poca las reuniones de salones y la conversaci\u00f3n era el pasatiempo alegre de las se\u00f1oras nobles o burguesas. A Mar\u00eda no le falta\u00adba nada, pero la se\u00f1ora no la enviaba a los pobres. Solo sal\u00eda del palacio de paseo con la se\u00f1ora y a los pobres solo saludarlos.<\/p>\n<p>Poco a poco fue comprendiendo: la se\u00f1ora la quer\u00eda solo para ser su dama de compa\u00f1\u00eda y entretenerla. Al tiempo que descubr\u00eda la verdad, se iba derrumbando. Se sent\u00eda desgraciada. Record\u00f3 la bondad del padre Vicente y la dulzura de la se\u00f1orita Le Gras, y apareci\u00f3 la Mar\u00eda de siem\u00adpre. Decidida volvi\u00f3 a Paris, a pedir perd\u00f3n y a rogar que la admitieran de nuevo. No era f\u00e1cil readmitirla, pero Mar\u00eda hab\u00eda demostrado energ\u00eda y tes\u00f3n en situaciones dif\u00edciles, y ahora estaba en juego su existencia misma. No ces\u00f3 pidiendo perd\u00f3n meses y meses. La se\u00f1orita Le Gras hab\u00eda hablado con ella cari\u00f1osamente. Por fin un d\u00eda le dijo que lo iban a tratar en Consejo.<\/p>\n<p>Mientras Mar\u00eda esperaba angustiada y con temor, en la Casa de San L\u00e1zaro, donde viv\u00eda Vicente de Pa\u00fal, se reunieron el mismo Vicente, el P. Portail, Director General de las Hijas de la Caridad, Luisa de Marillac y cuatro o cinco Hermanas. Los argumentos para no admitirla eran fuertes: es una mujer de temperamento fuerte muy apegada a su voluntad. Se ha salido por propia decisi\u00f3n, sin que nadie la obligara. En una instituci\u00f3n no se debe dejar impune semejante actuaci\u00f3n, ser\u00eda un esc\u00e1ndalo para las dem\u00e1s Hermanas. Dar\u00eda la sensaci\u00f3n de que se puede entrar y salir cuan\u00addo se quiera.<\/p>\n<p>Las razones para admitirla tambi\u00e9n eran fuertes: hay que saber per\u00addonar y el perd\u00f3n puede enderezar lo malo que ha hecho; ciertamente aparece arrepentida y pide piedad; el tercer motivo es que es de las pri\u00admeras Hijas de la Caridad, lleva muchos a\u00f1os en la Compa\u00f1\u00eda y ha traba\u00adjado siempre muy bien con los pobres, especialmente en Sedan donde sufri\u00f3 mucho durante el asedio de la ciudad. Y finalmente \u00bfqu\u00e9 dir\u00edan las Hermanas si ven que actuamos tan duramente con una de las m\u00e1s anti\u00adguas? \u00bfNo temer\u00e1n las m\u00e1s j\u00f3venes que si sucumben a una tentaci\u00f3n se las eche a la calle?.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el momento de decidir y todos, por unanimidad, decidieron admitirla. El gozo de Mar\u00eda fue una explosi\u00f3n. De nuevo se sent\u00eda feliz; de nuevo entre sus Hermanas; de nuevo con los pobres a los que tanto quer\u00eda. Cuando muri\u00f3 su compa\u00f1era Sor B\u00e1rbara Angiboust, dos a\u00f1os despu\u00e9s, dijo de ella que <em>\u00abevitaba el trato con los hombres y que era muy <\/em><em>alegre con las Hermanas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Seguramente lo que ella ansiaba tener: no fiarse de los hombres sino de Dios \u00fanicamente y recobrar la alegr\u00eda que siempre hab\u00eda tenido.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed en adelante perdemos el rastro de Sor Mar\u00eda Joly. \u00danicamen\u00adte sabemos que en 1672 era la Hermana Sirviente (superiora) de la comu\u00adnidad que serv\u00eda a los pobres de la parroquia de Santiago de Haut-Pas en Paris. Aqu\u00ed mismo muri\u00f3 tres a\u00f1os despu\u00e9s el 13 de abril de 1675.<\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>Por: Benito Mart\u00ednez, C.M.<br \/>\nTomado de: Las cuatro cumplieron con su misi\u00f3n<br \/>\nPublicado por Ediciones Fe y Vida, Teruel, 1994<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el a\u00f1o 1632 el Marais era el distrito arist\u00f3crata de Paris. En \u00e9l hab\u00edan levantado sus palacios los grandes se\u00f1ores, los financieros y los cortesanos. 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