{"id":16207,"date":"2014-12-31T01:35:30","date_gmt":"2014-12-31T00:35:30","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/04\/07\/san-vicente-de-paul-maynard-libro-1-capitulo-7\/"},"modified":"2016-07-26T17:21:57","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:57","slug":"san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-1-capitulo-7","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-1-capitulo-7\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal. Su vida, su tiempo; sus obras, su influencia. Libro 1, cap\u00edtulo 7"},"content":{"rendered":"<h2><strong>Cap\u00edtulo s\u00e9ptimo: La Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal.<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>I. Verdadero origen de la Sociedad<\/strong>.<\/h3>\n<p>Hasta 1846, no descubri\u00f3 un hombre de la conferencia de M\u00e2con, hojeando los archivos de la prefectura, un extracto del Libro secretarial para el a\u00f1o 1623, que conten\u00eda el proceso verbal de una asamblea tenida en esa ciudad para el alivio de los pobres, a instigaci\u00f3n\u00a0 \u00abde un religioso sacerdote del Sr. General de las Galeras, destacado en piedad y devoci\u00f3n, que est\u00e1 en esta ciudad, y ha comunicado las formas por medio de las cuales se ha podido socorrer y alimentar a los pobres tanto en Tresvoux como en otras ciudades.\u00bb<span id='easy-footnote-1-16207' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-1-capitulo-7\/#easy-footnote-bottom-1-16207' title='&lt;em&gt;Soci\u00e9t\u00e9 de Saint Vincent-de-Paul&lt;\/em&gt;, informe general para el a\u00f1o 1846, p. 20.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span> Pues, este preste no era otro que san Vicente de Pa\u00fal. En este documento, los miembros de la conferencia de M\u00e2con, se encontraban de nuevo con sus cartas de nobleza y sus t\u00edtulos de familia, y puesto que al pie del proceso verbal se leen nombres que son todav\u00eda los nombres\u00a0 de varios de entre ellos, los nombres de sus padres, fundadores, bajo la direcci\u00f3n de san Vicente de Pa\u00fal, de la primera conferencia de M\u00e2con, y puesto que, en la asociaci\u00f3n de 1623, pod\u00edan ver la idea primera y como el arquetipo de la suya. Tan verdad es que quiz\u00e1s no existe ninguna obra de caridad que no se remonte a san Vicente como a su autor y a su fuente.<\/p>\n<p>En efecto, entre la cofrad\u00eda del siglo XVII y la asociaci\u00f3n moderna, todo parece igual: circunstancias de su fundaci\u00f3n, comisiones de las obras, las obras mismas, con su esp\u00edritu de espontaneidad y de libertad.<\/p>\n<p>En M\u00e2con entonces, como hoy en el mundo entero, la sociedad estaba dividida en dos clases, apostadas y amenazantes una frente a la otra, y nadie pod\u00eda hallar entre ellas un t\u00e9rmino de acercamiento ni un medio de pacificaci\u00f3n. Vicente lleg\u00f3, vio y venci\u00f3. \u00bfMediante qu\u00e9 maniobras? Ya lo hemos contado. M\u00e1s que nunca, dos ej\u00e9rcitos se presentan, disponiendo como pertrechos de guerra uno, la incredulidad, el vicio, la miseria y sobre todo un odio inmenso y una sed de venganza inextinguible; el otro, su ego\u00edsmo, sus riquezas, su amor a los placeres y a los goces: entre los dos el choque es inevitable, y la misma sociedad se romper\u00e1 en \u00e9l. la causa del m\u00e1s no est\u00e1 directa y principalmente ni en el crecimiento de la poblaci\u00f3n, ni en el empleo de las m\u00e1quinas, ni en la concurrencia ilimitada, ni en la insuficiencia del salario; y el remedio, por lo tanto, no est\u00e1 ni en el desarrollo de la industria, ni en el libre cambio, ni en un salario m\u00e1s elevado o una tasa de los pobres, que no har\u00edan m\u00e1s que irritar y alimentar pasiones cada vez m\u00e1s devoradoras. La causa del mal hay que buscarla en la incredulidad, madre de la intemperancia y del vicio, que cuestan m\u00e1s caro que el pan y se engullir\u00edan bien pronto los recursos del pa\u00eds m\u00e1s rico; el remedio, por consiguiente en la rehabilitaci\u00f3n del pobre por la fe y la moralidad. Mas, para aplicar a los dem\u00e1s este remedio soberano, hay que aplic\u00e1rselo antes a s\u00ed mismo, ser portador de \u00e9l y depositario, es decir que al ej\u00e9rcito de la incredulidad y de la miseria hay que oponer el ej\u00e9rcito de la fe y de la caridad.<\/p>\n<h3><strong>II. Su renacimiento contempor\u00e1neo<\/strong>.<\/h3>\n<p>As\u00ed andaban las cosas, cuando en el mes de mayo de 1883, ocho j\u00f3venes de la sociedad de los Bonnes-\u00c9tudes, unidos ya por la fe, quisieron unirse por la caridad. De sus reuniones estudiosas conservaron el nombre de Conferencia, aunque se tratara no de estudio sino de acci\u00f3n. \u00bfA qui\u00e9n se le ocurri\u00f3 el plan de esta construcci\u00f3n, tan humilde entonces, hoy grande como el mundo e inmensa como la desgracia? Al ahondar sus fundamentos, \u00bfse encontrar\u00edan dos piedras angulares o una sola? \u00bfY cu\u00e1l? Dejemos los fundamentos en las tinieblas que protegen su soledad. En un discurso pronunciado en 1853, delante de la Conferencia de Florencia, Ozanam dijo: \u00abnosotros est\u00e1bamos invadidos por un diluvio de doctrinas filos\u00f3ficas, heterodoxas; cuando nosotros cat\u00f3licos nos esforz\u00e1bamos por recordar a nuestros j\u00f3venes compa\u00f1eros de estudios las maravillas del cristianismo, ellos nos dec\u00edan: El cristianismo ha muerto. Nosotros nos dijimos: Bueno pues, \u00a1a la obra! socorramos a nuestro pr\u00f3jimo como le socorr\u00eda Jesucristo, y pongamos nuestra fe bajo la protecci\u00f3n de la caridad. Nos reunimos ocho amigos con este pensamiento. Uno de mis buenos amigos, enga\u00f1ado por las teor\u00edas sansimonianas, me dec\u00eda con un sentimiento de compasi\u00f3n: \u00bfSois ocho j\u00f3venes y ten\u00e9is la pretensi\u00f3n de socorrer las miserias que pululan en una ciudad como Par\u00eds? Nosotros por el contrario, elaboramos idea que reformar\u00e1n el mundo y arrancar\u00e1n de \u00e9l la miseria para siempre. \u2013Ya sab\u00e9is, se\u00f1ores, a d\u00f3nde han ido a parar las teor\u00edas que produc\u00edan esta ilusi\u00f3n a mi pobre amigo. Y nosotros, que le d\u00e1bamos pena, en lugar de ocho, en Par\u00eds s\u00f3lo, nosotros somos 2.000, y visitamos a 5.000 familias, es decir a unos veinte mil individuos, es decir a la cuarta parte de los pobres que encierran las murallas de esta inmensa ciudad; estas conferencias en Francia tan s\u00f3lo, son en n\u00famero de 600, y las tenemos en Inglaterra, en Espa\u00f1a, en B\u00e9lgica, en Italia, en Alemania, en Am\u00e9rica y hasta en Jerusal\u00e9n.\u00bb<\/p>\n<p>De estas palabras se puede concluir que Ozanam tuvo una gran parte, quiz\u00e1s la parte principal en la fundaci\u00f3n de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal. Por otro lado, una circular del 11 de junio de 1844, redactada, se dice, por Ozanam mismo, atribuye a otro el primer pensamiento.<\/p>\n<p>Pero no entremos en esa discusi\u00f3n contra la cual ha protestado con dolor el consejo general de la Sociedad y que contristar\u00eda a dos santas memorias. Es mejor sin duda que los or\u00edgenes de la Sociedad como los del Nilo y los de la Imitaci\u00f3n sigan en su santa oscuridad. El Ama nesciri ha sido siempre el adagio de todas las obras cristianas y, como los \u00e1rboles de los bosques, es en la sombra y en el silencio donde prefieren hundir sus ra\u00edces. \u00bb Vuestros fundadores, se\u00f1ores, dec\u00eda a la asamblea general de Par\u00eds, el 8 de diciembre de 1855, el Sr. abate Mermilliod, vuestros fundadores se han quedado casi desconocidos: no los saqu\u00e9is de esta sombra que los vela; \u00a1dejad sus nombres custodiados por los \u00e1ngeles hasta que resplandezcan el d\u00eda de las supremas revelaciones! Perder\u00edan a la luz del mundo esplendor que tendr\u00e1n a la luz de Dios. las piedras en las que apoyan una catedral est\u00e1n hundidas en las catacumbas; soportan todo el edificio; si los sac\u00e1is de los fundamentos, pondr\u00e9is en peligro las murallas. Se\u00f1ores, la gloria humana puede comprometer vuestra obra, seguid pues en este humilde silencio que hace vuestra fuerza y ser\u00e1 vuestra vida.\u00bb<\/p>\n<h3><strong>III. Sus progresos<\/strong>.<\/h3>\n<p>Es sabido que la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal sali\u00f3 de una humilde habitaci\u00f3n del barrio latino, como los ap\u00f3stoles del cen\u00e1culo. Eran ocho solamente, los nuevos ap\u00f3stoles. No m\u00e1s que su santo patr\u00f3n cuando sali\u00f3 de su pueblo, no entreve\u00edan su vasto porvenir; no m\u00e1s que \u00e9l tampoco, al comienzo de todas sus empresas, sospechaban ellos la pronta difusi\u00f3n, la difusi\u00f3n universal, los frutos m\u00faltiples y la duraci\u00f3n vivaz de su obra. en ninguna de estas fundaciones, Vicente de pa\u00fal pens\u00f3 en s\u00ed mismo, y se inmol\u00f3 siempre en provecho de otro; menos puro al principio en apariencia, su celo se mov\u00eda por un santo ego\u00edsmo: no quer\u00edan m\u00e1s que reavivar y sostener su fe por la acci\u00f3n, que poner su castidad bajo la protecci\u00f3n de la caridad. Escogieron como primer asilo las oficinas de un escrito peri\u00f3dico, calle del Petit-Bourbon-Saint-Sulpice y, para procurarse los recursos primeros, escribieron algunos art\u00edculos, cuyos honorarios dedicaban al provecho de los pobres. dos meses despu\u00e9s eran quince. M\u00e1s numerosos todav\u00eda al volver de las vacaciones, regresaron a su cuna en la casa de los Bonnes-\u00c9tudes, calle de las Foss\u00e9s-Saint-Jacques. Una multitud de j\u00f3venes, sobre todo de Lyon, la patria de Ozanam, de la Propagaci\u00f3n de la fe y de tantas de caridad, se hab\u00edan unido a ellos. En 1834, a la visita de los pobres, su obra primera, y siempre su obra fundamental, juntaron la visita de los j\u00f3venes detenidos de la calle de los Gr\u00e9s hasta su traslado a las Madelonettes al otro cabo de Par\u00eds. Ensayaban as\u00ed en sus obras futuras, que deb\u00eda diversificarse y ramificarse como la miseria. Al a\u00f1o siguiente, vi\u00e9ndose ya un centenar, y deseando asegurar la calma y la fraternidad \u00edntima de sus asambleas, debieron repartirse en dos secciones que tuvieron primero sus sesiones en dos salas de los Bonnes-\u00c9tudes, hasta que una de ellas se trasladar a la parroquia de San Sulpicio. La joven Sociedad se ramific\u00f3 desde ese a\u00f1o de 1835 y produjo dos reto\u00f1os en las parroquias de Notre-Dame de Bonne Nouvelle y de Saint-Philippe du Roule. Pronto se pens\u00f3, para unir a todas las conferencias y mantener la unidad de esp\u00edritu y de acci\u00f3n, en asambleas generales. La primera tuvo lugar el 21 de febrero de 1836. se ley\u00f3 un informe sobre el estado de la Sociedad desde su origen y en ella se aprob\u00f3 su reglamento definitivo, que ten\u00eda ya la consagraci\u00f3n de la experiencia. Era todav\u00eda caminar tras los pasos de san Vicente de Pa\u00fal, que no dio nunca reglas a sus cofrad\u00edas ni a sus instituciones hasta despu\u00e9s de la prueba del tiempo y de la pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Sucesivamente, pero con mucha rapidez, la Sociedad, se extendi\u00f3 por veintis\u00e9is parroquias de Par\u00eds y dos de los arrabales. Tal conferencia no comenz\u00f3 m\u00e1s que por dos miembros. El Se\u00f1or renovaba as\u00ed las maravillas de los primeros tiempos y se escog\u00eda nuevos disc\u00edpulos que enviaba a todas las ciudades adonde deb\u00eda ir\u00a0 para prepararle los caminos por la caridad;<span id='easy-footnote-2-16207' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-1-capitulo-7\/#easy-footnote-bottom-2-16207' title='San Lucas, c. X.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span> los enviaba todav\u00eda de dos en dos por delante de \u00e9l, porque la caridad, como dice san Gregorio papa, supone al menos la dualidad, no teniendo nadie propiamente caridad consigo mismo.<\/p>\n<p>Pronto la Sociedad sali\u00f3 de Par\u00eds y se extendi\u00f3 por provincias. La encontraremos en Lyon a partir de 1836. A fines de 1841 contaba 82 conferencias en 48 ciudades y 38 di\u00f3cesis diferentes. Fundada en Roma el mismo a\u00f1o que en Lyon, fue dispersada por el c\u00f3lera, luego restablecida en 1841, a consecuencia de una predicaci\u00f3n del P. de Ravignan, cuya palabra apost\u00f3lica deb\u00eda enraizarla all\u00ed para siempre.<\/p>\n<p>Desde entonces, cada a\u00f1o crece en treinta, cuarenta, cien doscientas, tres y cuatrocientas conferencias nuevas. Estas conferencias que eran en n\u00famero de 1571 en 1854, sobrepasan hoy el n\u00famero de dos mil, visitando tal vez a m\u00e1s de un mill\u00f3n de pobres.<\/p>\n<p>Una vez salida de Francia, de la tierra natal de todo proselitismo cristiano, y despu\u00e9s de bautizarse y confirmarse en Roma, en el centro de la fe y de la piedad cat\u00f3lica, la Sociedad se vio abrirse el mundo entero, y dar todas las tribus de la miseria en herencia. Hoy est\u00e1 extendida por Argelia y por todas las colonias francesas, por Inglaterra, Escocia, Irlanda, los Pa\u00edses Bajos, B\u00e9lgica, Prusia, en Baviera, en Austria, en varios estados alemanes, en Suiza, en los Rstados de la Iglesia, los Estados sardos y dem\u00e1s estados de Italia, en Espa\u00f1a, en Turqu\u00eda, en Egipto, en Grecia, en el Canad\u00e1, en las Indias y hasta en Australia. Cuenta hoy con m\u00e1s de 1400 conferencias en Francia, y por lo menos con 2.000 en ele extranjero, sin contar 220 consejos particulares.<\/p>\n<p>Sus ingresos, humildes en un principio y pobres como sus primeros miembros, no ascend\u00edan al principio m\u00e1s que a unos miles de francos. En 1840, sobrepasaban los cien mil; cuatro a\u00f1os m\u00e1s tarde, alcanzaban los 500.000 francos; y, creciendo despu\u00e9s de a\u00f1o en a\u00f1o en ciento, dos cientos, y quinientos mil, llegaron en 1854 a la cifra de 2.724.366\u00a0 francos, pasan joy de los tres millones.<\/p>\n<h3><strong>IV. Organizaci\u00f3n y fin<\/strong>.<\/h3>\n<p>Como la Iglesia, como todas las asociaciones cristianas fundadas por san Vicente de Pa\u00fal, la Sociedad, por su ordenanza y su jerarqu\u00eda, es un ej\u00e9rcito ordenado en batalla, acies ordinata. En la base, la conferencia, peque\u00f1a familia en la gran familia, que tiene su organizaci\u00f3n, su tesoro, su vida y sus obras propias; por encima de todo, el consejo particular, que une entre ellas a todas las conferencias de una misma ciudad; por encima tambi\u00e9n, bien un consejo central, bien un consejo superior, que abraza en su jurisdicci\u00f3n a las conferencias de varias di\u00f3cesis o incluso de un pa\u00eds entero, cuando la distancia, la diferencia de lenguaje y de costumbres exigen una direcci\u00f3n especial; finalmente, como centro y coronaci\u00f3n a la vez, el consejo general, encargado de pronunciar la agregaci\u00f3n de las conferencias nuevas, de resolver las dificultades presentadas por conferencias m\u00e1s antiguas, de acudir en ayuda de las conferencias demasiado pobres, y sobre todo, de mantener, del centro a la conferencia, las tradiciones, el esp\u00edritu primitivo, la unidad de acci\u00f3n de la que es depositaria.<\/p>\n<p>Cada conferencia en s\u00ed misma, hemos dicho, tiene su organizaci\u00f3n propia. A la cabeza, la mesa y los funcionarios accesorios; por debajo, los miembros activos, correspondientes, honorarios y suscriptores. Los primeros son el pie y el brazo de la caridad; a ellos la visita de los pobres, el seguimiento de todas las miserias; a ellos la distribuci\u00f3n de los socorros, la puesta en marcha de todas las obras buenas. El miembro correspondiente es un antiguo miembro activo que, habiendo cambiado de residencia, ha fijado su vivienda en una ciudad donde no existe conferencia; de all\u00ed se pone en contacto con la conferencia o conferencias de la ciudad de su di\u00f3cesis m\u00e1s cercana a su domicilio, y sigue as\u00ed en uni\u00f3n con la Sociedad, no s\u00f3lo de oraci\u00f3n, sino de buenas obras, realizando sus obras ordinarias, entreg\u00e1ndole todos los servicios de los que las circunstancias ofrecen ocasi\u00f3n, y sobre todo haciendo una santa propaganda con el fin de establecer una conferencia nueva. Los miembros honorarios no asisten a las conferencias, sino a todas las asambleas generales y convocaciones extraordinarias; para suplir en el servicio activo que su condici\u00f3n o sus trabajos\u00a0 no les permitan, deben enviar cada a\u00f1o una ofrenda particular al tesorero del consejo o de la confer3ncia de su ciudad. los suscriptores son m\u00e1s bien bienhechores que miembros de la Sociedad; por este t\u00edtulo, tienen derecho a sus oraciones y a los m\u00e9ritos de las buenas obras producidas por sus limosnas. Desde hace algunos a\u00f1os, hay incluso miembros aspirantes, salidos en particular de los j\u00f3venes de los colegios; ejercitados, bajo la direcci\u00f3n de sus maestros en el trato con la miseria, en la pr\u00e1ctica de las obras caritativas, son como el noviciado de la Sociedad.<\/p>\n<p>En esta gran familia de San Vicente de Pa\u00fal, todas las clases est\u00e1n representadas: la administraci\u00f3n, por miembros del consejo de Estado, de los funcionarios p\u00fablicos de todos los \u00f3rdenes; la magistratura, por consejeros, jueces, miembros de las fiscal\u00edas, bien de cortes imperiales, bien de tribunales de primera instancia; el ej\u00e9rcito de tierra y de mar, por oficiales de toda graduaci\u00f3n y alumnos de las escuelas especiales; la instrucci\u00f3n p\u00fablica, por profesores de las facultades, de los colegios universitarios y de las instituciones libres; el resto de la sociedad, por m\u00e9dicos, abogados, propietarios, renteros, cultivadores, artistas, comerciantes, jefes de taller, y simples obreros incluso escogidos entre los m\u00e1s inteligentes y m\u00e1s cristianos; la juventud finalmente, por los alumnos de las escuelas.<\/p>\n<p>Al propio tiempo que la\u00a0 Sociedad es un centro com\u00fan en el que todas las clases sociales, olvidando las distinciones por el nacimiento y fortuna, abjurando sobre todo de las divisiones abiertas con demasiada frecuencia por la pol\u00edtica, rivalidad, la envidia, todas las pasiones malas, se re\u00fanen y se funden en la unidad de la fe y del amor cristiano, \u00fanica unidad verdadera, ella sirve tambi\u00e9n de lazo de uni\u00f3n a los dos partidos hostiles que desgarran al mundo moderno: los ricos y los pobres. Sin duda, sus miembros no son todos ricos, pero ninguno es pobre, ninguno necesita de los auxilios de la caridad, y todos, en una proporci\u00f3n m\u00e1s o menos amplia pueden contribuir a auxiliar la miseria. En medio de esta guerra de la riqueza y del pauperismo, que ya gru\u00f1e sordamente, ya estalla en sangrantes cat\u00e1strofes, y a veces nos amenaza con un cataclismo universal, la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal es el congreso de participaci\u00f3n permanente, donde la caridad sola negocia y estipula, donde los vencidos por la desgracia tienen todos los beneficios de la victoria, donde los peque\u00f1os y los d\u00e9biles, lejos de ser sacrificados a los grandes y a los fuertes, ve a \u00e9stos despojarse libre y generosamente en su provecho de sus derechos y de sus ventajas. \u00a1Santa diplomacia que sola pacificar\u00e1 y salvar\u00e1 al mundo!<\/p>\n<p>Es verdad, los miembros de la Sociedad hacen sus reservas y apuntan a una ganancia inmensa en su trato con el pobre. Como ya lo hemos dicho, su caridad comienza por ellos mismos. Quieren mantener su fe por las obras activas que la enardecen y la vivifican, que le son lo que es a la sangre el movimiento y la circulaci\u00f3n: quieren curar en ellos esta ignorancia del misterio del dolor y del verdadero fin de la vida, que es la gran ignorancia de nuestro siglo materialista y sensual; por el espect\u00e1culo de los sufrimientos reales, quieren desterrar de su alma estos sufrimientos imaginarios de los Werther, de los Ren\u00e9 y de los Obermann, sufrimientos ego\u00edstas y crueles que hacen insensibles a los males de los dem\u00e1s y, bien por la lenta par\u00e1lisis de las fuerzas y de la actividad humanas, bien por un golpe s\u00fabito y violento, tienen por desenlace el suicidio. . pero, a fin de cuentas, este c\u00e1lculo se trueca en beneficio del pobre, ya que aumentando el capital de la fe y de la virtud aumenta, por la renuncia y el sacrificio, el capital puesto al servicio de su indigencia y de su miseria..<\/p>\n<h3><strong>V. Obras<\/strong>.<\/h3>\n<p>Comprendiendo bien las causas y los remedios del pauperismo, la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal apunta al alma a trav\u00e9s del cuerpo. Por abundantes que sean sus limosnas materiales, no sus a sus ojos m\u00e1s que el precio de o el pasaporte de la limosna espiritual que quiere hacer aceptar. Por lo dem\u00e1s, se apega al pobre, al comienzo de su vida, le sigue en todas las etapas de su pobreza y no le abandona ni siquiera en los brazos de la muerte. Le toma en la cuna y casi en el seno materno, le sostiene en sus m\u00e1s tiernos a\u00f1os, le conduce y le vela en las escuelas de la infancia, le protege en los d\u00edas peligrosos del aprendizaje, no le deja ni en el trabajo, ni en el paro, ni en la estancia fija, ni en los viajes, ni en la salud, ni en la enfermedad, ni siquiera en la desgracia donde le ha precipitado su error, y le acompa\u00f1a en la prisi\u00f3n. Enfermo, se sienta a su cabecera en su buhardilla, o le visita en los hospitales; vuelve a su lecho de muerte para ayudarle a acabar bien y, despu\u00e9s de conducirle a su ultima morada, manda ofrecer el santo sacrificio para el descanso de su alma.<\/p>\n<p>Pero el punto de partida, el punto central de todas sus obras, como de las Caridades de san Vicente de Pa\u00fal, es la visita del pobre a domicilio. Para el visitador y para el visitado, es el modo de caridad m\u00e1s lleno de ventajas. El visitador se pone as\u00ed en contacto con la miseria; y, en este trato frecuente, aprende las tristes realidades de la vida, en las que las l\u00e1grimas y las privaciones son el patrimonio casi universal, y el re\u00edr y el gozo el lote de algunos raros privilegiados; de all\u00ed le viene la santa compasi\u00f3n, el desprendimiento de los bienes de la fortuna, la inspiraci\u00f3n y la pr\u00e1ctica del sacrificio; all\u00ed se siente llevado, no ya tan s\u00f3lo a dar, lo que nos es m\u00e1s que la beneficencia pagana o filos\u00f3fica, sino a darse \u00e9l mismo, lo que es propio de la caridad cristiano. All\u00ed solamente, por otro lado, se produce el acercamiento de las clases, de los pobres y de los ricos, se establecen entre ellos esas relaciones, que ahogan los odios y las ambiciones, o incluso trasforman todas las pasiones malas en un sentimiento de igualdad cristiana y de afectuosa fraternidad. All\u00ed sobre todo la limosna espiritual del buen ejemplo y del buen consejo acompa\u00f1a con mayor naturalidad que en otra parte a la limosna material y,\u00a0 en el abandono de una conversaci\u00f3n familiar, el pobre, tocado ya por el don que ha recibido, est\u00e1 dispuesto a recibir la regla moral de su vida. Por \u00faltimo la visita a domicilio permite sola aplicar los auxilios con justicia y prudencia, medirlos seg\u00fan la naturaleza y la extensi\u00f3n del mal, y no dejar ninguna miseria, f\u00edsica o moral, fuera de los alcances de la caridad. Lo m\u00e1s frecuente, ella se las ofrece todas reunidas en un mismo cuadro y bajo una sola mirada, desde el ni\u00f1o que acaba de nacer hasta el anciano que va a morir, e invita as\u00ed a multiplicar las obras, a ordenarlas en una santa jerarqu\u00eda, o tambi\u00e9n a hacer intercambio y trato con otras Sociedades caritativas para evitar los dobles empleos tan funestos cuando los recursos apenas son suficientes para todas las necesidades. Con demasiada frecuencia, por ejemplo, la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal encuentra el concubinato en el domicilio del pobre. Entonces acude a la admirable Sociedad de San Francisco R\u00e9gis, y s\u00f3lo en su defecto interviene ella misma y comienza por crear la familia por un matrimonio leg\u00edtimo. Para facilitar el trabajo al padre y a la madre, ella coloca al ni\u00f1o en la sala del asilo. Cuando el ni\u00f1o crece le ofrece su protecci\u00f3n, antes y despu\u00e9s de la primera comuni\u00f3n. Para el primer periodo de instrucci\u00f3n elemental y religiosa, ella se apoya en los cuidados de los buenos Hermanos de las Escuelas cristianas. Pero como su acci\u00f3n se ve con frecuencia contrariada y destruida por influencias extra\u00f1as, a veces por las influencias del hogar dom\u00e9stico, incluso durante este tiempo, ella no interrumpe su protecci\u00f3n. se hace auxiliar de la familia, la tutora del ni\u00f1o y, mediante un sistema ingenioso de auxilios y recompensas, logra que el ni\u00f1o ame su direcci\u00f3n, y consienta a la familia su ingerencia en el ejercicio de la autoridad paterna.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la primera comuni\u00f3n llega el aprendizaje, durante el cual la Sociedad, para impedir la destrucci\u00f3n de su obra, redobla su vigilancia. Ya re\u00fane a los ni\u00f1os en un taller grande que contengan todos los estados, ya los acoge cada noche en una residencia grande; con mayor frecuencia, se contenta con protegerlos en casa de los maestros, donde los vista y los vela, donde estipula para ellos mesura en el trabajo, seguridad en las relaciones, y sobre todo libertad y descanso el domingo; ese d\u00eda es su d\u00eda al mismo tiempo que el d\u00eda de Dios y de los ni\u00f1os; ese d\u00eda, re\u00fane y reconstituye a su familia adoptiva, dispersa durante la semana y, mezclando lo recreativo con ejercicios religiosos, frugales colaciones con el alimento del alma, le hace querer su yugo, o m\u00e1s bien el yugo del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o ha crecido y ya es obrero. La Sociedad le acompa\u00f1a en su tour de Francia para defenderla contra todo peligro, contra las seducciones de las sociedades secretas; se pone en lugar de la madre, quien con demasiada frecuencia explota su virtud como su bolsa; le procura trabajo y, mientras tanto, provee a sus necesidades; en una palabra, se convierte en su \u00e1ngel de la guarda y le devuelve sano y salvo a su familia.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntas obras m\u00e1s, inspiradas a la Sociedad por su amor al obrero y al pobre! Por la obra de los alquileres, les asegura el alojamiento; por sus vestuarios, sus roperos, ella cubre su desnudez o multiplica sus lechos, en inter\u00e9s de la salud y de las costumbres; por sus cajas de ahorro o de socorros mutuos, les ense\u00f1a la econom\u00eda y el manejo de los recursos; por su obra de las consultas gratuitas y de los auxilios m\u00e9dicos, pone a su alcance el remedio en sus enfermedades y el consejo de paz en sus controversias; por sus escuelas de adultos, completa su ense\u00f1anza elemental; por sus c\u00edrculos, sus bibliotecas, sus almanaques, les provee de peque\u00f1os centros intelectuales y de buenas y agradables lecturas; por su asociaci\u00f3n de la Santa Familia, los agrupa en una peque\u00f1a parroquia en el seno de la grande, y les procura una ense\u00f1anza y ejercicios religiosos apropiados a su condici\u00f3n. Enfermos, hemos dicho, los visita a domicilio o en los hospitales; entretanto, vela por sus familias, vela por ellos mismos durante la convalecencia y mira por sus necesidades hasta que son capaces de hacerlo ellos mismos con su trabajo; si sucumben, ella se encarga del cuidado de sus funerales y los reemplaza ante los supervivientes.<\/p>\n<p>Al lado a de estas obras que todas se encadenan como los a\u00f1os y las miserias del pobre, la Sociedad ha establecido tambi\u00e9n el patronato de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos, de os hu\u00e9rfanos, de los Saboyanos (deshollinadores), de los j\u00f3venes liberados. Tambi\u00e9n se ha entregado a la obra de los militares y, conociendo la acci\u00f3n y el ascendiente del soldado liberado, no desde\u00f1a nada para devolverle instruido, moral y religioso a su pueblo. Sale incluso alguna vez del c\u00edrculo de sus trabajos y, sin menospreciar la clase normal de su adopci\u00f3n, es decir a los obreros y a los matrimonios indigentes, presta auxilios extraordinarios a los mendigos, a los pobres vergonzantes, a los transe\u00fantes, a los refugiados, a los condenados a muerte; como tambi\u00e9n, en las grandes calamidades p\u00fablicas, las inundaciones, el c\u00f3lera, ella deduce de sus recurso una abundante limosna, y redobla el celo y la caridad para no abandonar en el sufrimiento ninguna de sus obras habituales.<span id='easy-footnote-3-16207' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-1-capitulo-7\/#easy-footnote-bottom-3-16207' title='En 1840 no obstante, la &lt;em&gt;Obra&lt;\/em&gt; de los pobres enfermos se ha restablecido bajo la direcci\u00f3n del superior general de la Misi\u00f3n. Est\u00e1 dividida en tantas secciones como parroquias hay en las que existe. Cada secci\u00f3n tiene por presidente al p\u00e1rroco, y se compone de la superiora de la Hijas de la Caridad de la parroquia, de una dama &lt;em&gt;representante&lt;\/em&gt;, de una &lt;em&gt;secretaria&lt;\/em&gt;, de una &lt;em&gt;tesorera&lt;\/em&gt; y de damas &lt;em&gt;visitantes&lt;\/em&gt;. Comenzada con doce damas, la obra cuenta hoy con mil, y se ha extendido por varias di\u00f3cesis de Francia, de B\u00e9lgica, de Italia, de Espa\u00f1a, de Irlanda, de Polonia, y hasta en Constantinopla y en\u00a0 Brasil .Sus limosnas se levan a 100.000 francos; sus servicios espirituales son inapreciables. (V\u00e9ase el &lt;em&gt;Reglamento&lt;\/em&gt; de la obra\u00a0 y el &lt;em&gt;Informe&lt;\/em&gt; le\u00eddo, el 24 de mayo de 1859, por el director, Sr. \u00c9tienne, superior general de la misi\u00f3n, sobre sus trabajos durante el a\u00f1o 1858).'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>\n<h3><strong>VI. Caridad religiosa, caridad privada y caridad p\u00fablica<\/strong>.<\/h3>\n<p>Tal\u00a0 es la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, gran familia digna de su padre y de su santo origen. Ella sola ser\u00eda suficiente para consolarnos de la desaparici\u00f3n de tantas asociaciones caritativas establecidas por Vicente. Porque, ay, todas estas cofrad\u00edas, todas estas mesas de caridad, obras de su celo, \u00bfqu\u00e9 ha sido de ellas? Han quedado sepultadas en la tormenta revolucionaria y, al volver la calma, no han sido reemplazadas m\u00e1s que por mesas de beneficencia1 este simple cambio de denominaci\u00f3n \u00bfindicar\u00eda un cambio m\u00e1s radical? Y este sobrenombre de la caridad, \u00bfser\u00eda como el sello de una parodia de las obras cristianas?<span id='easy-footnote-4-16207' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-1-capitulo-7\/#easy-footnote-bottom-4-16207' title='Se sabe el golpe fatal recibido recientemente en la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal en su organizaci\u00f3n central; medida provisional, esper\u00e9moslo, y cuya retirada pr\u00f3xima le devolver\u00e1 todas sus condiciones de vida y de duraci\u00f3n. Con esta esperanza hemos cre\u00eddo un deber no cambiar nada\u00a0 de lo que escrib\u00edamos en 1860.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>\n<p>No exageremos nada, a pesar de todo, y no calumniemos a nuestra edad. Primero ha visto nacer y crecer a nuestra Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, que restablecido entre los hombres el ejercicio de la caridad hace tanto tiempo interrumpido y lo ha extendido en proporciones hasta hoy desconocidas. En el siglo de Vicente mismo, es decir en el siglo de la caridad, nada parecido se hab\u00eda visto, ya que el santo no logr\u00f3 establecer m\u00e1s que algunas cofrad\u00edas de hombres, y tuvo que buscar entre las mujeres cristianas los instrumentos de su celo. Adem\u00e1s, nunca tal vez se hab\u00edan multiplicado m\u00e1s las obras que en nuestros d\u00edas, ni hab\u00edan abrazado en una jerarqu\u00eda m\u00e1s diversa y m\u00e1s fuerte todas las miserias f\u00edsicas y morales. Basta con recorrer tan s\u00f3lo el Manual de las obras e instituciones caritativas de Par\u00eds, por el Sr. Armando de Mel\u00f3n para asegurarse de que la caridad ha sido en escasos momentos m\u00e1s viva, m\u00e1s activa y mejor ordenada.<\/p>\n<p>Por otra parte, ka causado demasiada alarma a veces en Francia que la invasi\u00f3n de lo que se ha dado en llamar la caridad p\u00fablica, y se ha desconocido el\u00a0 verdadero car\u00e1cter del modo que se designaba con este nombre. No hay entre nosotros, hablando con propiedad, caridad p\u00fablica, es decir legal y obligatoria; caridad que constituya al Estado deudor de los pobres, y a los pobres acreedores del Estado; dividiendo la sociedad en dos campos, de los que una pagar\u00eda al otro los intereses de una pereza, de una miseria voluntaria metamorfoseada en capital y convertida as\u00ed en una industria lucrativa y una herencia transmitida de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. Existe entre nosotros un principio fundamental: es que cada uno est\u00e1 encargado de cuidar de s\u00ed mismo en sus necesidades y en las de su familia, por medio de recursos transmitidos por herencia o adquiridos por la industria personal. La caridad no debe ser mas que un suplemento de la impotencia Reemplazar este principio por el derecho a la asistencia ser\u00eda matar la actividad individual, desmoralizar a las poblaciones, ahondar cada vez m\u00e1s el abismo de la miseria, sostener el antagonismo entre las clases, romper los lazos que las deben unir: agradecimiento en el pobre y caridad en el rico, y sobre todo hacer imposibles esas relaciones \u00edntimas de consejo, de instrucci\u00f3n, de buen ejemplo, de las que nace la elevaci\u00f3n moral de la clase sufridora. La asistencia legal y obligatoria, si se introdujera entre nosotros, expulsar\u00eda inmediatamente a la m\u00e1s bella de las virtudes religiosas y sociales, la caridad, cuya esencia es ser espont\u00e1nea y voluntaria.<\/p>\n<p>Y no se diga que la sociedad debe ser sin entra\u00f1as, tener ojos y no ver la miseria de sus miembros, orejas y no o\u00edr sus gritos de desesperaci\u00f3n. La sociedad, en particular la sociedad cristiana, es una persona moral, obligada a la caridad como los individuos. Intervendr\u00e1 pues en los casos extraordinarios, sea por medio de\u00a0 polic\u00eda y para impedir un desorden p\u00fablico, sea para venir en ayuda de la caridad privada, sea para asegurar la organizaci\u00f3n y la perpetuidad de los recursos. Hay males aislados, accidentales, que remedia al instante la caridad privada con todo el \u00edmpetu de la espontaneidad; los hay grandes y permanentes, que afectan a clases enteras, que reclaman una acci\u00f3n colectiva: como por ejemplo, los alienados, los ni\u00f1os exp\u00f3sitos, de quienes se encargan los departamentos en Francia, siguiendo libres no obstante para fijar la cuota de los socorros. Y es que la caridad p\u00fablica misma debe ser voluntaria siempre, libre de hacer o no hacer; debe tambi\u00e9n ser prudente y sabia; ya que el exceso, laudable en el individuo, es culpable en el Estado, que distribuye no su bien sino el de los dem\u00e1s, de los pobres sobre todo, los contribuyentes m\u00e1s numerosos. La caridad individual camina con el \u00fanico cortejo de sus obras, la caridad p\u00fablica tendr\u00e1 como compa\u00f1era a la justicia.<\/p>\n<p>Entre nosotros tambi\u00e9n, el Estado coopera a la caridad con subvenciones, m\u00ednimas de ordinario, y cuya mayor parte va a la cardad religiosa y privada. Su principal papel es supervisar y perpetuar los fondos de socorro. No existiendo ya los donantes, se ha de impedir la malversaci\u00f3n y dilapidaci\u00f3n de sus liberalidades. Tutor del indigente, el estado se ha reservado la elecci\u00f3n de los de los detentadores, de los\u00a0 receptores y ec\u00f3nomos de las fundaciones caritativas. En este sentido, lo que se llama en Francia caridad p\u00fablica no es m\u00e1s que la caridad religiosa y privada, pero organizada, vigilada y perpetuada. Pues, a parte de \u00e9sta interviene siempre en los establecimientos p\u00fablicos por los administradores no asalariados y por sus Hermanas, es ella la que ha creado el fondo primitivo y la que\u00a0 le aumenta con sus donaciones. As\u00ed sucede a menudo con las mesas de beneficencia, cuyos recursos, que provienen de la caridad religiosa y privada, son distribuidos por sus manos, es decir por las Hermanas de la Caridad.<\/p>\n<p>Nunca en Francia, en la patria de San Vicente de Pa\u00fal, degener\u00f3 la caridad p\u00fablica en caridad legal, en tasa de los pobres. La Francia cat\u00f3lica dejar\u00e1 siempre esta decadencia y esta plaga a los pa\u00edses protestantes. Sin duda, la caridad religiosa y privada, es decir la caridad cristiana y francesa, podr\u00e1 tener entre nosotros m\u00e1s o menos iniciativa y libertad. Se la tendr\u00e1 alguna vez bajo sospecha, como ha hecho el r\u00e9gimen de 1830, que ha quitado a los p\u00e1rrocos el t\u00edtulo de miembros natos de las comisiones hospitalarias y de las mesas de beneficencia, que ha paralizado con demasiada frecuencia la acci\u00f3n de los capellanes y de las Hermanas, y echado as\u00ed el germen de esta hostilidad sorda entre la caridad p\u00fablica y la caridad privada de las que los pobres han tenido tanto que sufrir. Pero, despu\u00e9s de estas crisis pasajeras, una y otra vuelven a emprender su acci\u00f3n e intercambian su concurso. La caridad p\u00fablica camina tras las huellas de la caridad privada y difunde sus dones all\u00e1 donde \u00e9sta se ha mostrado incapaz; le presta tambi\u00e9n su administraci\u00f3n organizada y duradera. Por su parte, la caridad religiosa y privada ayuda a la caridad publica por sus sacerdotes, sus Hermanas, sus asociaciones, que alimentan y distribuyen los socorros. Alianza posible, alianza deseable de todas las caridades, \u00fanica que asegurar\u00e1 el alivio de todas las miserias; alianza entre nosotros tradicional y que san Vicente de Pa\u00fal, nuestro modelo y nuestro maestro,\u00a0 ha buscado y practicado siempre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo s\u00e9ptimo: La Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal. I. Verdadero origen de la Sociedad. 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