{"id":15019,"date":"2013-11-25T07:06:36","date_gmt":"2013-11-25T06:06:36","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=15019"},"modified":"2016-07-27T12:10:18","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:18","slug":"jean-martin-1620-1694-capitulo-i","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/jean-martin-1620-1694-capitulo-i\/","title":{"rendered":"Jean Martin (1620-1694) (Cap\u00edtulo I)"},"content":{"rendered":"<h2><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/2013\/11\/01\/jean-martin-1620-1694-capitulo-i\/biografias-paules-343\/\" rel=\"attachment wp-att-124757\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-124757\" alt=\"Biografias Pa\u00fales\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/11\/Biografias-Pa%C3%BAles.jpg?resize=232%2C300\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>I. Nacimiento y educaci\u00f3n del Sr. Mart\u00edn en el mundo.<\/h2>\n<p>El Sr. Jean Mart\u00edn naci\u00f3 en la ciudad de Par\u00eds e 1620, el 10 de mayo, un d\u00eda de domingo, y fue bautizado en la iglesia parroquial de Saint.Beno\u00eet; tuvo por padrina al Sr. Jean de Naur\u00e9 consejero en el parlamento de Par\u00eds y m\u00e1s tarde consejero de Estado. Su padre, Jean Mart\u00edn, era doctor en medicina; dotado mediocremente de los bienes de la fortuna era rico en los dones de la gracia y muy estimado en su profesi\u00f3n. Su madre, Gillete du Noy\u00e9, mujer de gran piedad, tom\u00f3 en serio alimentar con la leche de la devoci\u00f3n a su hijo Jean y viendo que desde su infancia ten\u00eda mucho gusto por las ceremonias religiosas y que no se ocupaba sino en hacer peque\u00f1os altares, ella le procuraba gran n\u00famero de estampas y otros objetos para adornar su peque\u00f1o oratorio. Ello no le resultaba dif\u00edcil pues era hija de Guillaume de Noy\u00e9 y de Marie Nubert, libreros de Par\u00eds. Desde sus primeros a\u00f1os este ni\u00f1o anunci\u00f3 el gran talento que deb\u00eda tener en una edad m\u00e1s avanzada para el santo Evangelio y convertir las almas a Dios. Reun\u00eda a menudo a los ni\u00f1os de su edad y a las gentes de la casa, luego ech\u00e1ndose un manto a los hombros, levantaba el cuello a guisa de capuch\u00f3n, se sub\u00eda a un banco y echaba un sermoncito con tanta energ\u00eda y fervor que edificaba y conmov\u00eda a los asistentes, haciendo ver desde entonces que un d\u00eda ser\u00eda un gran predicador. Esto fue lo que dio pie a Marie du Noy\u00e9, su t\u00eda, a decir que Jean era un tesoro escondido. Ten\u00eda los ojos hermosos, el exterior afable, las maneras dulces, lo que encantaba a los que le ve\u00edan; por eso, sus compa\u00f1eros de edad apostaban a qui\u00e9n le preceder\u00eda en su compa\u00f1\u00eda. Se entreg\u00f3 desde la infancia al estudio de las letras, y aunque fuera de una complexi\u00f3n muy delicada y de salud d\u00e9bil, y que durante su infancia y su juventud, sufri\u00f3 un continuo mal de cabeza y de est\u00f3mago, no por eso dej\u00f3 de hacer progreso notables superando en lengua latina o griega a sus condisc\u00edpulos, en la ret\u00f3rica y en la filosof\u00eda, de las que sigui\u00f3 cursos en Par\u00eds en el colegio de Clermont y en el de la Marche.<\/p>\n<h2>II. 1638-1645. Su entrada en la Congregaci\u00f3n. \u2013Sus empleos hasta la ordenaci\u00f3n del sacerdocio.<\/h2>\n<p>Jean se sinti\u00f3 atra\u00eddo a la Congregaci\u00f3n por los buenos ejemplos del Sr. Bourdet, excelente sacerdote, que poco tiempo antes se hab\u00eda unido al venerable siervo de Dios san Vicente de Pa\u00fal, fundador de esta Compa\u00f1\u00eda. Pidi\u00f3 con mucha insistencia ser admitido en esta nueva milicia y, tras las pruebas convenientes, san Vicente hall\u00f3 en \u00e9l bastante determinaci\u00f3n y le recibi\u00f3 el 9 de octubre de 1638. S\u00f3lo ten\u00eda 18 a\u00f1os. Tal fue la generosidad de su desprendimiento de la casa paterna y de sus padres que, aparte de los treinta y tres francos que le envi\u00f3 su madre por su hermano a la casa de la Misi\u00f3n y que sirvieron para su dote, \u00e9l no se ocup\u00f3 ya m\u00e1s, ni de su patria ni de sus padres ni de sus bienes y vivi\u00f3 como un verdadero Melquisedek, como si no hubiera tenido ni padre ni madre ni genealog\u00eda, olvid\u00e1ndose del todo al entrar en la Congregaci\u00f3n. Fue este desprendimiento que mostr\u00f3 el Sr. Mart\u00edn por lo que se refiere a la carne y a la sangre lo que decidi\u00f3 a san Vicente, su verdadero padre espiritual, a servirse de \u00e9l en tantas fundaciones y trabajos para gloria de Dios, y esto no solamente lejos de Par\u00eds, sino lejos de Francia. El Sr. Mart\u00edn apreci\u00f3 siempre en alto grado la gracia que Dios le hab\u00eda dado llam\u00e1ndole a la Congregaci\u00f3n que todos los a\u00f1os, el 9 de octubre, d\u00eda en que se comienza el retiro anual, se pon\u00eda de rodillas delante de los de la casa en que se encontraba, aunque de ordinario all\u00ed fuera el Superior y les ped\u00eda perd\u00f3n por los malos ejemplos que en su humildad cre\u00eda haberles dado, y les suplicaba que le ayudaran con sus oraciones a obtener de Dios el perd\u00f3n de sus pecados y la gracia de corregirse y vivir en lo sucesivo con m\u00e1s fidelidad a las reglas y m\u00e1s edificaci\u00f3n en su conducta. Tom\u00f3 tambi\u00e9n por su abogado particular ante Dios al ap\u00f3stol de Francia, saint Denys, el Areopagita, cuya fiesta se encuentra ese mismo d\u00eda, 9 de octubre, y tuvo siempre hacia este santo una devoci\u00f3n particular.<\/p>\n<p>El Sr. Mart\u00edn mostr\u00f3 tanto fervor en los a\u00f1os de su probaci\u00f3n y dio tan hermosas muestras de de su talento por el ministerio apost\u00f3lico que san Vicente no tard\u00f3 en emplearle en obras muy importantes para la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas. Cuando se celebr\u00f3 la misi\u00f3n en Saint-Germain-en-Laye , donde se encontraba entonces la corte del rey de Francia, el Sr. Mart\u00edn, que s\u00f3lo era cl\u00e9rigo, fue encargado de dar el catecismo, al que asist\u00eda con frecuencia el Delf\u00edn, que fue m\u00e1s tarde Luis XIV, y que no era entonces m\u00e1s que un ni\u00f1o, con un gran n\u00famero de gentilhombres y damas de la corte. Lo hizo con tanta soltura, viveza y esp\u00edritu que la Reina madre<\/p>\n<p>Se lo pifi\u00f3 a san Vicente para ense\u00f1ar los misterios de la fe al Delf\u00edn en particular, como lo hizo en realidad. En esta circunstancia, se hizo notar tambi\u00e9n sobre manera por su modestia angelical, ya que hab\u00eda entonces en la Corte un gran abuso en el atuendo de las mujeres, que llevaban el seno descubierto, abuso al que se puso remedio en esta misi\u00f3n, pues uno de los misioneros habiendo hablado al Sr. Mart\u00edn, \u00e9ste respondi\u00f3 de tal suerte que se pod\u00eda entender que no se hab\u00eda dado cuenta de nada. Daba el catecismo de un modo tan agradable y tan propio para instruir a los oyentes, que san Vicente se lo mand\u00f3 hacer varias veces a los pobres en la capilla de San L\u00e1zaro, en lugar del seminarista que lo daba de ordinario, a fin de ense\u00f1ar a los dem\u00e1s misioneros el medio de cumplir bien esta funci\u00f3n. Y en efecto, toda la casa qued\u00f3 grandemente edificada, bien por su humildad en instruir con tanta afabilidad y caridad a estos pobres mendigos, bien por el m\u00e9todo de que se serv\u00eda para ense\u00f1arles las verdades de la fe. Ten\u00eda costumbre de decir que para dar bien el catecismo de manera que se aprovecharan los oyentes hab\u00eda que pedir poco, pero repetirles con frecuencia hasta que todos puedan retenerlas, y repetirlas sin cambiar los t\u00e9rminos ni intercalar ninguna reflexi\u00f3n; y recomendaba como algo muy importante guardarse de hablar demasiado.<\/p>\n<p>San Vicente depositaba en el Sr. Mart\u00edn tan grandes esperanzas que cuando se trat\u00f3 de enviar a varios sujetos a Roma para fundar all\u00ed una casa de la Misi\u00f3n, previendo bien que ser\u00eda una de las m\u00e1s importantes de la Congregaci\u00f3n, y que de esta capital de la cristiandad deb\u00eda difundir el buen olor de la edificaci\u00f3n a toda la Iglesia; conociendo por otro lado cu\u00e1nto importa en el \u00e9xito de las nuevas fundaciones estar provistos desde el comienzo de excelentes obreros, destin\u00f3 en su sabidur\u00eda al Sr. Mart\u00edn, que no era a\u00fan m\u00e1s que un simple cl\u00e9rigo, a ser una de las piedras fundamentales de este nuevo edificio espiritual. Este edificio, desarroll\u00e1ndose con el tiempo por los buenos ejemplos, la excelente administraci\u00f3n y los santos trabajos del Sr. Mart\u00edn, deb\u00eda un d\u00eda parecer en Roma como una de las obras m\u00e1s notables de esta ciudad e incluso de toda la cristiandad. Durante su viaje de Par\u00eds a Roma le sucedi\u00f3 algo que pareci\u00f3 milagroso y que dar\u00e1 a conocer su confianza en Dios y la eficacia de sus oraciones. Habi\u00e9ndose embarcado en Marsella para G\u00e9nova, sufri\u00f3 un terrible mareo, lo que le dio para siempre una gran aversi\u00f3n hacia toda esta clase de viajes, y sigui\u00f3 tan enfermo que se vio obligado a guardar cama al llegar a G\u00e9nova; adem\u00e1s, una se sus rodillas se inflam\u00f3 de manera muy dolorosa. Como la Congregaci\u00f3n no ten\u00eda entonces ninguna casa en esta ciudad, deb\u00eda quedarse en el hotel con el Sr. Bernard Codoing, misionero en cuya compa\u00f1\u00eda viajaba, lo que deb\u00eda suponer grandes gastos. Pero \u00e9ste dijo que si la curaci\u00f3n se hac\u00eda esperar habr\u00eda que ir al hospital, porque se le acabar\u00edan las existencias. Jean viendo esta dificultad se encomend\u00f3 a Dios de buena gana y con tanta confianza que sus oraciones fueron pronto escuchadas, la noche misma se vio curado de tal forma que al d\u00eda siguiente pudo continuar el viaje hasta Roma, donde entr\u00f3 con el Sr. Codoing el 8 de abril de 1642. Se puso desde entonces a aprender la lengua y a perfeccionarse en el estudio de la teolog\u00eda, luego a traducir al italiano catecismos y sermones. En todos estos trabajos no tuvo otra ayuda que la de su perspicacia natural, ya que no pod\u00eda tener maestros, en vista de que el n\u00famero de misioneros era peque\u00f1o y sus ocupaciones en el santo ministerio no des permit\u00edan encargar a uno de ellos de la clase Por lo dem\u00e1s, el Sr. Mart\u00edn era el \u00fanico cl\u00e9rigo estudiante que la Congregaci\u00f3n tuvo entonces en Roma.<\/p>\n<p>En estos comienzos, los misioneros totalmente entregados a sus trabajos, no ten\u00edan tiempo de escribir largos relatos, y esa es la raz\u00f3n por la que no sabemos sino muy poco sobre los actos de virtudes y de los empleos del joven estudiante. Muy dispuesto para llevar una vida oculta y apartarse del trato con los hombres y de cuanto pod\u00eda suponerle alg\u00fan descanso. Era muy reservado para hablar de s\u00ed mismo y de cuanto le concern\u00eda sobre todo cuando se volv\u00eda a su favor. Se sabe tan s\u00f3lo que en el principio, cuando no eran m\u00e1s que dos, es decir el Sr. Codoing superior y \u00e9l que s\u00f3lo era cl\u00e9rigo, a falta de un hermano coadjutor para servirles, el Sr. Mart\u00edn se vio obligado a cubrir el oficio de Marta. Habitaban por entonces una peque\u00f1a casa en el Pont Sixte. Mart\u00edn se iba con su cesto bajo el manto a buscar las provisiones, luego volv\u00eda a hacer la cocina y pon\u00eda tanto gusto en este oficio, como hubiera puesto un hombre ambicioso en los empleos m\u00e1s altos del mundo.<\/p>\n<p>No se entregaba s\u00f3lo al estudio y los empleos m\u00e1s humildes de la casa, sino que como hab\u00eda aprendido r\u00e1pidamente y muy bien el italiano, no le quedaba casi acento del franc\u00e9s y cualquiera que le o\u00eda hablar le costaba creer que no hubiera nacido en Italia; por eso, apremiado por el celo de la salvaci\u00f3n de las almas, pidi\u00f3 ir a la misi\u00f3n, y fue enviado varias veces aunque s\u00f3lo fuera cl\u00e9rigo. Daba el catecismo con su soltura habitual y recog\u00eda muchos frutos de salvaci\u00f3n en medio de la gente del campo a los que distribu\u00eda el pan de la palabra de Dios, y les explicaba tan bien los misterios de la fe, que no hab\u00eda un campesino por r\u00fastico que fuera que se quedara sin entenderlos lo suficiente. Los primeros lugares de Italia que sintieron los efectos de celo fueron las dependencias de la abad\u00eda de Saint-Sauveur de Cane Morto.<\/p>\n<p>El 25 de abril de 1645 fue ordenado sacerdote y celebr\u00f3 su primera misa con tanta devoci\u00f3n como se pod\u00eda de un hombre que entre las dem\u00e1s virtudes sobresal\u00eda en celo por la Religi\u00f3n y pon\u00eda tanto cuidado en celebrar los divinos oficios y en guardar cuidadosamente todas las ceremonias sagradas.<\/p>\n<h2>III. 1645-1664. Mart\u00edn va a G\u00e9nova y a C\u00f3rcega.<\/h2>\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s que el Sr. Mart\u00edn fuera ordenado sacerdote, fue enviado por san Vicente a G\u00e9nova donde el cardenal Stefano Durazzo, de feliz memoria, arzobispo de esta ciudad, deseaba fundar una misi\u00f3n de la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Escogi\u00f3 de preferencia para esta empresa al Sr Mart\u00edn como siendo el m\u00e1s id\u00f3neo para introducir en esta nueva casa la perfecta observancia se las reglas, el desarrollo completo de las funciones propias del Instituto. El Sr Mart\u00edn se emple\u00f3 durante varios a\u00f1os en dar misiones en esta di\u00f3cesis, y acompa\u00f1aba a menudo al cardenal en sus visitas pastorales. \u00c9ste habiendo reconocido sus talentos y su virtud, le profes\u00f3 toda su vida un afecto particular, quiso tenerle a su lado para ayudarle y fortalecerle en el momento de la muerte. Fue en estas misiones donde se vieron su gran talento y su celo apost\u00f3lico. Aunque joven y sacerdote hac\u00eda poco, sus primeras actuaciones en este ministerio produjeron una impresi\u00f3n tal que su recuerdo se conserva a\u00fan vivo de sus misiones en la regi\u00f3n de G\u00e9nova. A pesar de que haya misioneros mayores que \u00e9l y que le eran superiores por su posici\u00f3n, no se oye sin embargo m\u00e1s que el nombre del Sr. Mart\u00edn repetido por los mayores de la regi\u00f3n, cuando se llega a hablar de estas primeras misiones. Se necesitar\u00eda un grueso volumen para relatar con detalles todas estas misiones y las conversiones extraordinarias, as\u00ed como las dem\u00e1s obras que se realizaron. Nos reservamos decir algo cuando se trate de las misiones dadas sin el P. Aqu\u00ed no hablaremos m\u00e1s que de lo que hizo en la Isla de C\u00f3rcega.<\/p>\n<p>El Gobierno genov\u00e9s, para remediar ciertos des\u00f3rdenes que exist\u00edan en esta Isla, juzg\u00f3 conveniente en 1652 enviar siete misioneros acompa\u00f1ados de otros ocho sacerdotes, de los que cuatro eran seculares y cuatro religiosos de diversas \u00f3rdenes para dar misiones en diferentes lugares. El Sr. Mart\u00edn, que era director de la Misi\u00f3n, escogi\u00f3 para s\u00ed las localidades m\u00e1s necesitadas y m\u00e1s dif\u00edciles. Hubo mucho que sufrir, bien por raz\u00f3n de los viajes, bien a causa de la alimentaci\u00f3n, no teniendo siempre lo necesario, pero m\u00e1s trabajo le cost\u00f3 todav\u00eda romper esos corazones de bronce y traer a tantas ovejas descarriadas al camino de la verdad. Si estos trabajos fueron grandes la cosecha fue abundante. Nos contentaremos aqu\u00ed con dos rasgos que sucedieron en estas misiones.<\/p>\n<p>En un lugar en el que reinaban muchas enemistades, se hab\u00eda esforzado, ya en p\u00fablico con sus predicaciones, ya en particular con sus exhortaciones, en restablecer la paz entre los habitantes; pero sus esfuerzos no tuvieron \u00e9xito, cuando un d\u00eda que estaba en el fuego de su discurso, uno de los vengativos de entre los asistentes no pudiendo resistir m\u00e1s a la gracia de Dios, que la tocaba el coraz\u00f3n, se levant\u00f3, se puso de pie en un banco y le dijo en alta voz: \u00abBasta ya, padre, dejadme hablar. Yo pido perd\u00f3n a toda persona cristiana por el esc\u00e1ndalo que he dado no queriendo reconciliarme; yo ya estoy listo, llamad a mi enemigo\u00bb. Al presentarse \u00e9ste, le abraz\u00f3 y los dos hicieron la paz. Su ejemplo fue seguido al punto por todos los que hasta entonces se hab\u00edan obstinado.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n predicaba tambi\u00e9n a gentes \u00e1vidas de venganza; durante el serm\u00f3n uno de ellos se subi\u00f3 a la escalera del p\u00falpito y tir\u00e1ndole al Sr. Mart\u00edn de la sotana, le puso a los pies del crucifijo las armas que llevaba, pidi\u00f3 perd\u00f3n a todo el; pueblo y a sus enemigos y abraz\u00f3 a \u00e9stos como prueba de su reconciliaci\u00f3n. No ser\u00e1 in\u00fatil traer aqu\u00ed una carta que escribi\u00f3 a su regreso a G\u00e9nova a san Vicente en la que le da cuenta de lo que se hab\u00eda hecho en Niolo, regi\u00f3n de C\u00f3rcega. Aunque sea larga, merece ser conservada a causa de las cosas interesantes que encierra.<\/p>\n<p><em>\u00abNiolo es un valle largo de una tres leguas y de media legua de ancho. Est\u00e1 rodeada de monta\u00f1as infranqueables m\u00e1s que por el camino m\u00e1s espantoso que haya visto nunca, en los Pirineos o en la Saboya. Esta situaci\u00f3n ha hecho de ella la guarida de todos los bandidos de la Isla; teniendo all\u00ed un refugio asegurado, se entregan a sus violencias y a sus asesinatos sin ning\u00fan miedo a la justicia; hay en este valle muchas aldea peque\u00f1as que forman una poblaci\u00f3n de dos mil habitantes. No he encontrado nunca ni creo que se puede encontrar en toda la cristiandad gentes m\u00e1s abandonadas como aquellas. El \u00fanico vestigio de fe que hayamos visto es que dec\u00edan que hab\u00edan que hab\u00edan sido bautizados y que hab\u00eda una iglesia, en el estado m\u00e1s lastimoso. Tal era su ignorancia de las cosas necesarias para la salvaci\u00f3n, que panas si hab\u00eda un centenar que se sab\u00edan el Credo y los mandamientos de Dios. Preguntarles cu\u00e1ntos dioses hay y cu\u00e1l de las tres personas divinas se hizo hombre, era hablarles \u00e1rabe: Los vicio pasaban all\u00ed por virtudes y la venganza era tan com\u00fan que los hijos no aprend\u00edan a caminar o a hablar que a vengarse de la menor ofensa. Las predicaciones no pod\u00edan aportar ning\u00fan remedio a este mal, hay que el ejemplo de sus antepasados y los malos consejos de sus padres sobre este vicio lo hab\u00edan enraizado de tal manera en sus mentes que no eran ya capaces de ninguna persuasi\u00f3n contraria. Los hab\u00eda que pasaban de los siete u ocho meses sin o\u00edr la misa y de los tres, cuatro, ocho o diez meses sin confesarse. Adem\u00e1s, estaban dominados por muchos otros vicios, eran muy inclinados a robar, no les produc\u00eda ning\u00fan escr\u00fapulo comer carne en cuaresma y los dem\u00e1s d\u00edas prohibidos; se demandaban como b\u00e1rbaros, y cuando ten\u00edan enemigos, ve\u00edan ning\u00fan problema en calumniarlos acus\u00e1ndoles en juicio de delitos graves, y encontraban tantos falsos testigos como quer\u00edan. En cuanto a los que eran acusados con raz\u00f3n o sin ella, no les faltaba nunca gente dispuesta a sostener las cosas m\u00e1s falsas para defenderlos. La consecuencia era que, siendo incapaz la justicia, se asesinaban unos a otros por los motivos m\u00e1s ligeros. Aparte de estos des\u00f3rdenes, hay tambi\u00e9n un abuso en la Isla en el tema del matrimonio. Raramente se celebra sin que haya habido antes cohabitaci\u00f3n, y de ordinario, apenas se hacen los esponsales, los prometidos viven juntos y en concubinato durante dos o tres meses, y algunas veces dos o tres a\u00f1os, sin preocuparse del matrimonio, y lo que es m\u00e1s, una gran parte de estos esponsales se realizan entre parientes sin dispensa y se sigue en este estado de incesto p\u00fablico durante ocho, diez, quince a\u00f1os y m\u00e1s. Y si sucede que el esposo muere, la mujer abandona a los hijos como ileg\u00edtimos y toma otro marido, a veces incluso a un pariente, como el primero, se han visto mujeres que hab\u00edan vivido a s\u00ed de manera incestuosa con tres mal llamados maridos.<\/em><\/p>\n<p><em> \u00abEn este solo valle de Niolo hemos encontrado ciento veinte concubinarios, y entre ellos hab\u00eda cuarenta denunciados p\u00fablicamente y excomulgados por un tal exceso, que sin embargo trataban libre mente con los dem\u00e1s, como si no estuvieran excomulgados\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Tal es el estado deplorable en el que se encontraba este pobre pueblo cuando el Sr. Mart\u00edn y sus compa\u00f1eros llegaron a dar la misi\u00f3n. Ahora se le nota bien cambiado despu\u00e9s que se contin\u00faan las misiones en \u00e9l y que los misioneros se han establecido en la Isla. Veamos ahora de qu\u00e9 medios se sirvi\u00f3 el Sr. Mart\u00edn para poner remedio a tantos des\u00f3rdenes.<\/p>\n<p><em> \u00ab1\u00ba En primer lugar, dice \u00e9l, hemos puesto todos cuidados posibles para instruir al pueblo en las cosas necesarias para la salvaci\u00f3n. Fue la obra de tres semanas. 2\u00ba Hemos mandado separar a los que viv\u00edan en concubinato, al menos los que nosotros conoc\u00edamos y que estaban en el lugar; el d\u00eda de la fiesta de san Pedro y de san Pablo, patronos de la iglesia en la que nos encontr\u00e1bamos, esta pobre gente, reconociendo el miserable estado en que se hallaban, conmovidos por los sentimientos de una verdadera penitencia, se pusieron de rodillas al final del serm\u00f3n y pidieron perd\u00f3n a todos por el esc\u00e1ndalo que hab\u00edan dado, prometiendo con juramento separarse; y despu\u00e9s de separados, en efecto, se presentaron para confesarse. 3\u00ba Hicimos separarse tambi\u00e9n a los que estaban excomulgados, luego vinieron con se\u00f1ales de una verdadera contrici\u00f3n a presentarse a la puerta de la iglesia para ser absueltos. Despu\u00e9s de mostrarles la gravedad de la censura en la que hab\u00edan incurrido, ellos se obligaron por juramento unos tras otros a separarse el uno del otro y a no volver m\u00e1s a la casa uno del otro bajo cualquier pretexto que fuera, despu\u00e9s de lo cual fueron absueltos p\u00fablicamente, y al cabo de alg\u00fan tiempo admitidos a la confesi\u00f3n y a la comuni\u00f3n. Como exist\u00edan algunos eclesi\u00e1sticos que fomentaban estos des\u00f3rdenes con sus malos ejemplos, favoreciendo estas alianzas entre sus sobrinos y sus parientes, la misericordia de Dios se dign\u00f3 conmover sus corazones por medio de las exhortaciones particulares, o por las conferencias espirituales a las que todos asistieron; de manera que todos hicieron confesi\u00f3n general con los sentimientos de una verdadera penitencia y repararon en p\u00fablico el esc\u00e1ndalo que hab\u00edan dado. Pero lo m\u00e1s dif\u00edcil fue reconciliar, y puedo decir que hoc opus, hic labor est, pues casi todo el mundo viv\u00eda a en las enemistades. Quince d\u00edas transcurrieron sin que se pudiera ganar nada; un joven solo perdon\u00f3 a otro, que le hab\u00eda herido de un pistoletazo en la cabeza. Todos los dem\u00e1s permanec\u00edan en sus pertinaces disposiciones sin dejarse impresionar por lo que se les dec\u00eda. Esto no imped\u00eda que vinieran en masa a todos los sermones a los sermones que se ten\u00edan por la ma\u00f1ana y por la tarde. Los hombres ven\u00edan con sus escopetas y sus pu\u00f1ales, equipaje ordinario del pa\u00eds; los bandidos llevaban adem\u00e1s dos pistolas y algunas dagas en la cintura. Esta gente estaban tan preocupados por el pensamiento y el deseo de la venganza, que todo lo que se les pudiera decir para curarlos de esta pasi\u00f3n extra\u00f1a no produc\u00eda ninguna impresi\u00f3n en sus almas. Muchos, al o\u00edr hablar de perd\u00f3n, dejaban de venir a los actos, y nos tem\u00edamos mucho, y yo m\u00e1s que los dem\u00e1s, porque era yo quien estaba obligado a tratar de los arreglos.<\/em><\/p>\n<p><em> \u00abPor fin, la v\u00edspera de la comuni\u00f3n general, al final de la charla, despu\u00e9s de exhortar de nuevo al pueblo a perdonar, Dios me inspir\u00f3 empu\u00f1ar el crucifijo que llevaba y decirles que los que quer\u00edan perdonar que vinieran a besarlo, yo los invit\u00e9 de parte de Nuestro Se\u00f1or que les tend\u00eda los brazos, y a\u00f1ad\u00ed que los que besaran el crucifijo mostrar\u00edan de esa manera que estaban dispuestos a reconciliarse con sus enemigos. Ante estas palabras, se miraron unos a otros, y yo viendo que nadie se mov\u00eda, hice como que me marchaba y ocult\u00e9 el crucifijo quej\u00e1ndome de la dureza de sus corazones y dici\u00e9ndoles que no merec\u00edan la gracia que el buen Dios les ofrec\u00eda. A estas palabras, un religioso reformado de san Francisco se puso a gritar: \u00abOh Niolo! Niolo! \u00bfquieres entonces quedar maldito de Dios? \u00bft\u00fa no quieres pues recibir la gracia que Dios le env\u00eda por estos misioneros que han venido aqu\u00ed de un pa\u00eds lejano para tu salvaci\u00f3n\u00bb? Mientras que este religioso hablaba de esta manera, un p\u00e1rroco a cuyo sobrino hab\u00edan matado, viendo al asesino entre el auditorio, vino a ponerse de rodillas y a pedir besar el crucifijo, diciendo en alta voz al asesino de su sobrino que se acercara para abrazarle. <\/em><\/p>\n<p><em> \u00abOtro sacerdote hizo lo mismo con uno de sus enemigos que estaba presente y fueron seguidos por una multitud m\u00e1s. Por el espacio de m\u00e1s de una hora no se vio otra cosa que abrazos y reconciliaciones: se pon\u00eda por escrito las cosas m\u00e1s importantes y el notario levantaba acta p\u00fablica.<\/em><\/p>\n<p><em> \u00abAl d\u00eda siguiente, d\u00eda de la comuni\u00f3n, quiere una reconciliaci\u00f3n general de todo el pueblo que, despu\u00e9s de pedir perd\u00f3n a Dios, se lo pidi\u00f3 a los p\u00e1rrocos y los p\u00e1rrocos se lo pidieran al pueblo.<\/em><\/p>\n<p><em> \u00abYo pregunt\u00e9 si hab\u00eda alguno que no se hubiera reconciliado con su enemigo; uno de los p\u00e1rrocos se levant\u00f3 y me dijo que s\u00ed, nombr\u00f3 a varios por sus nombres; \u00e9stos se acercaron, adoraron al Sant\u00edsimo Sacramento que estaba expuesto y sin ninguna dificultad se abrazaron cordialmente.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abOh Se\u00f1or, qu\u00e9 edificaci\u00f3n en la tierra y qu\u00e9 alegr\u00eda en el cielo al vera padres y madres que por el amor de Dios perdonaban la muerte de sus hijos, a mujeres la de sus maridos, a hijos la de sus padres y de sus hermanos, a parientes la de sus pr\u00f3jimos, y por \u00faltimo ver a tantas personas abrazarse y regar con l\u00e1grimas a sus enemigos. Por las ma\u00f1ana prediqu\u00e9 el serm\u00f3n sobre la perseverancia. La asistencia fue tan grande que hubo que predicar fuera de la iglesia. En este serm\u00f3n se renov\u00f3 la promesa de llevar una vida cristiana y perseverar en ella hasta la muerte; los p\u00e1rrocos prometieron p\u00fablicamente dar en adelante el catecismo al pueblo y entregarse m\u00e1s al cumplimiento de sus deberes. La lluvia que cay\u00f3 al fin del serm\u00f3n nos impidi\u00f3 partir ese d\u00eda y por la noche yo me fui a un lugar a una legua de distancia para hablar a dos personas que no hab\u00eda querido asistir a ning\u00fan serm\u00f3n por miedo a tener que perdonar a sus enemigos que les hab\u00edan matado a un hermano. El p\u00e1rroco les hab\u00eda pedido que suspendieran al menos la venganza hasta que ellos no hubieran hablado. Lo hicieron y quiso Nuestro Se\u00f1or conmoverles tanto el coraz\u00f3n con su gracia, que perdonaron la muerte de su hermano, y el mi\u00e9rcoles por la ma\u00f1ana, despu\u00e9s de confesarlos y comulgar, nos marchamos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>\u00c9stas son las palabras del Sr. Mart\u00edn. Nos ha parecido conveniente colocar esta larga carta en toda su extensi\u00f3n, por raz\u00f3n de los milagros de la gracia de Dios que contiene, milagros que se han producido por medio de las predicaciones y del ingenio del Sr. Mart\u00edn; ya que su prudencia se acomodaba a la calidad de los pecadores a los que se propon\u00eda captar en las redes de Nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n<h2><em>IV. 1654-1657. <\/em>Va Sedan y luego a Par\u00eds. \u2013Es enviado en calidad de superior para fundar la casa de Tur\u00edn, en el Piamonte.<\/h2>\n<p>En 1643, se hab\u00eda fundado en la ciudad de Sedan, de la provincia de Champa\u00f1a en Francia, una casa de la Misi\u00f3n con carga de almas. San Vicente quer\u00eda dotar a esta casa de un superior y de un p\u00e1rroco capaz por su ciencia, su piedad y su prudencia de cumplir un empleo tal en una ciudad llena de soldados y de herejes hugonotes, puso los ojos en el Sr. Mart\u00edn, en cuyas cualidades \u00e9l recib\u00eda excelentes ense\u00f1anzas. Le mand\u00f3 pues venir de G\u00e9nova y le envi\u00f3 como superior y p\u00e1rroco a Sedan. All\u00ed, no contento con mantener en la piedad a los cat\u00f3licos confiados a sus cuidados, se dedic\u00f3 tambi\u00e9n a convertir a los herejes, a consolar a los prisioneros, a asistir a los condenados a muerte y por \u00faltimo a todas las obras de misericordia. No dejaremos escapar aqu\u00ed un rasgo que le acaeci\u00f3 en esta ciudad contado por \u00e9l mismo. Estaba un d\u00eda en el cadalso asistiendo a un pobre condenado a muerte; Para animarle a sufrir con decisi\u00f3n el suplicio a ejemplo de Jesucristo sac\u00f3 de su seno el crucifijo y se lo present\u00f3. El verdugo que era hugonote y religioso ap\u00f3stata de una de las \u00f3rdenes m\u00e1s severas de la Iglesia, tom\u00f3 el crucifijo de las manos del condenado y le arroj\u00f3 al suelo con desprecio. Los cat\u00f3licos, indignados ante esto, quer\u00edan vengarse de esta profanaci\u00f3n, pero el Sr. Mart\u00edn, con su dulzura, logr\u00f3 calmarlos. Empleaba toda clase de medios para atraer a los herejes a la fe cat\u00f3lica, pero el gobernador, que era mejor pol\u00edtico que buen cristiano y que ten\u00eda costumbre de decir que quer\u00eda dejar vivir a los herejes en Sedan con tanta tranquilidad como en Ginebra, se empe\u00f1\u00f3 en que llamaran al Sr. Mart\u00edn a Par\u00eds, lo que en efecto sucedi\u00f3. Se hizo estimar en la casa de San L\u00e1zaro donde tantos misioneros viven en la observancia.<\/p>\n<p>I. El gobernador de Sedan, cuando el duque de Bullen entreg\u00f3 el principado a Luis XIII, fue un oficial de m\u00e9rito llamado Fabert, quien m\u00e1s tarde fue mariscal. Fue en setiembre de 164? Cuando Fabert tom\u00f3 posesi\u00f3n del gobierno. Esta nota del autor de la vida de Sr. Mart\u00edn es un poco severa, sobre todo si la relacionamos con las cartas de san Vicente, a los misioneros de Sedan y al gobernador mismo de quien habla siempre con el mayor respeto. No obstante la correspondencia de Fabert con Arnauld y su inclinaci\u00f3n declarada por el jansenismo explican un poco su conducta la m\u00e1s exacta de todas las pr\u00e1cticas de toda la Compa\u00f1\u00eda. Se advirti\u00f3 sobre todo c\u00f3mo un d\u00eda tom\u00f3 en el seminario una bata de tela, se la puso y se fue a lavar la vajilla a la cocina con tanta humildad y modestia que parec\u00eda el \u00faltimo de la todos.<\/p>\n<p>El marqu\u00e9s de Pianezza, caballero de la Santa Anunciata y primer ministro de Estado de la corte de Saboya deseaba fundar una casa de la Misi\u00f3n en la ciudad de Tur\u00edn. San Vicente destin\u00f3 a esta fundaci\u00f3n al Sr. Mart\u00edn, era quien deb\u00eda ser la primera piedra fundamental de este edificio espiritual, que deb\u00eda, con el tiempo, producir tanto bien en el Piamonte. Se dirigi\u00f3 a esta ciudad en 1654, y fue all\u00ed donde el Sr. Mart\u00edn dio el mayor impulso a su celo apost\u00f3lico para la salvaci\u00f3n de las almas en tantas y tantas misiones fervorosas que dio durante diez u once a\u00f1os en ese pa\u00eds vasto y poblado; all\u00ed se mereci\u00f3 el t\u00edtulo de ap\u00f3stol del Piamonte; all\u00ed donde hizo que los misioneros se ganaran el nombre de Padri santi (los santos sacerdotes): <em>\u00abY yo he visto, dice un misionero de ese tiempo, un retrato del Sr. Mart\u00edn, hecho en forma de agnus dei, que un gentilhombre piamont\u00e9s ten\u00eda junto a su lecho en medio de las im\u00e1genes para recomendarse a s\u00ed mismo en vida, tan grande era la veneraci\u00f3n que se sent\u00eda por \u00e9l. Dio la misi\u00f3n en casi todos los burgos y ciudades del Piamonte. ; all\u00ed acud\u00edan no de un solo lugar, sino de los lugares circunvecinos, a la hora del serm\u00f3n el pa\u00eds se quedaba desierto, los mercaderes cerraban las tiendas y se interrump\u00eda la marcha de los asuntos p\u00fablicos. No hab\u00eda iglesia, por grande que fuese, que pudiera contener a la cantidad de gente. Se quitaba todo el aparato de los altares, menos de dos o tres de ellos para la celebraci\u00f3n de las misas, y se levantaban tribunas en forma de gradas como en un teatro para recibir a m\u00e1s gente. En muchos lugares, se hac\u00edan tambi\u00e9n tribunas alrededor de la iglesia, y todo ello no era suficiente a\u00fan para la gente que ascend\u00eda a veces a diez, quince y veinte mil personas. En los d\u00edas de fiesta y de ceremonia, hab\u00eda que predicar en las plazas o en los campos y, aunque estas predicaciones fuesen bastante largas y durasen a veces una hora y media (en aqu\u00e9l tiempo no se hab\u00eda fijado a\u00fan en una hora todo lo m\u00e1s la duraci\u00f3n de los sermones y catecismos, lo que no se hizo hasta la asamblea general del 1668), ellas no produc\u00edan aburrimiento a nadie; le escuchaban con una atenci\u00f3n admirable, y aquella gente parec\u00eda no saciarse nunca de o\u00edrle. Referiremos aqu\u00ed un hecho sucedido en un lugar vecino de Lucerna. En esta parte, el Piamonte estaba en plena guerra, todos los habitantes, en su mayor\u00eda herejes, caminaban siempre armados; los odios y las enemistades se hab\u00edan multiplicado entre ellos, y se hab\u00edan vuelto muy violentos y listos a hacer uso de sus armas. Diez mil personas hab\u00edan acudido para la comuni\u00f3n general, lo que oblig\u00f3 a los misioneros a tener esta ceremonia en una gran plaza y a cantar la misa en un altar levantado en el aire para este fin, cosa muy ordinaria en el Piamonte. Uno de estos batalladores, armado de una espada y varias pistolas, se hab\u00eda apoyado contra un muro, cuando en el momento en que la multitud guarda gran silencio para escuchar el serm\u00f3n, le cae una teja en la cabeza que le hiere y hace brotar la sangre. En este momento, no se le oyen m\u00e1s que estas breves palabras:\u00bbAh, justo cielo, si esto me hubiera pasado en otro momento!\u00bb y viendo que se sorprend\u00edan de su paciencia, a\u00f1adi\u00f3: \u00bfQu\u00e9 quer\u00e9is que haga? Son mis pecados los que me han merecido esto y m\u00e1s a\u00fan\u00bb,<\/em> luego se fue a vendarse la herida y volvi\u00f3 con la cabeza vendada a escuchar el resto del serm\u00f3n tan tranquilamente como si nada hubiese pasado.<\/p>\n<p>El Sr. Mart\u00edn anunciaba la palabra de Dios con tanta facilidad, eficacia y fervor que encantaba por as\u00ed decirlo a todos los corazones, y por duros que fuesen, ten\u00edan que ceder a la fuerza de sus palabras. No buscaba producir bonitos conceptos, sino que todo su discurso tend\u00eda al provecho de las almas, y se ajustaba tanto al alcance de sus oyentes que a ejemplo de san Agust\u00edn prefer\u00eda servirse de los barbarismos de la lengua vulgar a no darse a entender por la gente m\u00e1s sencilla. Por eso se serv\u00eda de las expresiones propias de la regi\u00f3n y sab\u00eda adaptar el alimento a la calidad del pescado que pretend\u00eda atrapar en las redes evang\u00e9licas; vamos a referir algunos resultados operados por sus predicaciones.<\/p>\n<p>Lo principal era un gran movimiento de penitencia y de una compunci\u00f3n extraordinaria que llevaba a los oyentes a llorar sus pecados a l\u00e1grima viva y a hacer una confesi\u00f3n general. La multitud que acud\u00eda a hacer sus confesiones generales era tan grande que los misioneros no bastaban para o\u00edrlas; llamaban a otros sacerdotes en su ayuda, a veces hasta quince o veinte, y a todos los de la regi\u00f3n aprobados para la confesi\u00f3n, y a\u00fan as\u00ed no llegaban a ser suficientes. Incluso en el rigor del invierno se llegaba a medianoche para ocupar los primeros puestos para la confesi\u00f3n. Los ricos pagaban a la gente para que les guardaran un sitio o enviaban a criados y criadas para guard\u00e1rselos. En otros lugares se ten\u00edan que pasar la noche entera en la iglesia para lograr confesarse, tan grande era el n\u00famero de los que asediaban los confesionarios. En ese tiempo no se hab\u00edan fijado a\u00fan las horas en que los misioneros est\u00e1n en la iglesia para o\u00edr las confesiones, con el fin de conservar la salud de los operarios; ya que para ellos se ha cre\u00eddo conveniente fijar las cinco de la ma\u00f1ana y las tres de la tarde. Como no se hab\u00eda tomado a\u00fan esta medida, el Sr. Mart\u00edn, descuidando su salud y no pensando en otra cosa que en la salvaci\u00f3n de las almas, no se tomaba m\u00e1s que el tiempo necesario para la oraci\u00f3n, el oficio divino y las comidas y empleaba el resto en predicar, en confesar o establecer los arreglos.<\/p>\n<p>Los pecadores, movidos por sus predicaciones no le dejaban un momento de reposo y ven\u00edan hasta durante las comidas y durante el sue\u00f1o a llamarle para o\u00edr su confesi\u00f3n. Hubo alguno que lleg\u00f3 hasta esconderse debajo de su cama durante el d\u00eda, y a quien por la noche, en el momento de acostarse le vio salir el misionero para pedir confesarse. Aparte de la compunci\u00f3n y la abundancia de l\u00e1grimas de los que se confesaban, se ve\u00edan multitudes de malas confesiones reparadas, pr\u00e1cticas malas destruidas, restituciones, reconciliaciones de gentes hasta entonces envenenadas por la venganza. Dios solo puede contar su n\u00famero. Lo que podemos decir es que la cifra de las comuniones en la comuni\u00f3n general de la misi\u00f3n alcanzaba en cada lugar las ocho, diez o doce mil. Y lo m\u00e1s sorprendente es que el Piamonte estando por entonces lleno de soldados franceses y de todas las naciones, en los sitios donde ten\u00eda lugar la misi\u00f3n, hab\u00eda con frecuencia compa\u00f1\u00edas o regimientos enteros que eran los primeros en los sermones y los m\u00e1s diligentes en confesarse. Veamos el extracto de una carta que escribi\u00f3 de Savigliano a san Vicente, en junio de 1657. <em>\u00abLa providencia de Dios, dice \u00e9l, nos ha tra\u00eddo aqu\u00ed a tiempo, ya que los soldados que ten\u00edan los cuarteles de invierno all\u00ed, estaban a punto de partir para el ej\u00e9rcito, de manera que antes de salir, un gran n\u00famero de ellos, sobre todo entre los oficiales y los soldados franceses, pudieron asistir durante una semana al serm\u00f3n y a los catecismos, y hay muchos que han hecho su confesi\u00f3n general antes de exponerse a los peligros de la guerra, y ello con sentimientos de compunci\u00f3n poco ordinarios. Debo confesar que nunca en mi vida he tenido una satisfacci\u00f3n parecida a la que experiment\u00e9 en esta ocasi\u00f3n, al ver a estos soldados, que no se hab\u00edan acercado a los sacramentos desde hac\u00eda muchos a\u00f1os, derramar l\u00e1grimas al pie del confesor, y retirarse con resoluciones verdaderamente cristianas y extraordinarias para gentes de esta profesi\u00f3n. Son efectos tan particulares de la misericordia de Dios que espero que nos ayud\u00e9is a darle gracias\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo los laicos, sino tambi\u00e9n los eclesi\u00e1sticos, seglares y religiosos, quer\u00edan hacer su confesi\u00f3n general a los misioneros, tan conmovidos se sent\u00edan de las instrucciones y conferencias familiares que se les daban en particular durante el tiempo de la misi\u00f3n; muchos religiosos ven\u00edan a asistir, y se notaba un gran cambio en su conducta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. 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