{"id":138406,"date":"2015-02-05T08:38:23","date_gmt":"2015-02-05T07:38:23","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=138406"},"modified":"2015-02-05T08:38:23","modified_gmt":"2015-02-05T07:38:23","slug":"la-hospitalidad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-hospitalidad\/","title":{"rendered":"La hospitalidad"},"content":{"rendered":"<h2>I. La hospitalidad<\/h2>\n<p>Cuando estaba en el seminario, se nos ense\u00f1aba lo importante que era predicar y preparar las homil\u00edas. Una de las reglas era: no comiencen por el Jard\u00edn del Ed\u00e9n del primer cap\u00edtulo del G\u00e9nesis. Ahora voy a romper esta regla e ir\u00e9 mucho m\u00e1s lejos del primer cap\u00edtulo del G\u00e9nesis. D\u00e9jenme volver a escribir la primera frase de la Biblia y decir: \u201cEn el principio estaba la hospitalidad\u201d. Sumergi\u00e9ndonos en las brumas de la eternidad, gracias a las luces de nuestro conocimiento primero, podemos decir que al principio estaba la hospitalidad, la hospitalidad de Dios. Gracias a la luz de la Revelaci\u00f3n, ahora sabemos que cuando celebramos el misterio de la Sant\u00edsima Trinidad, celebramos que la vida de Dios es una vida de intercambio. Una vida de hospitalidad: el Padre da la hospitalidad al Hijo, el Padre y el Hijo la dan al Esp\u00edritu y el Esp\u00edritu la da al Padre y al Hijo. Y esto para toda la eternidad. Desde el inicio del Credo, profesamos nuestra fe en el misterio de la Sant\u00edsima Trinidad.<\/p>\n<p>Con el tiempo, Dios ampli\u00f3 el c\u00edrculo de la hospitalidad, pues dese\u00f3 que nosotros, seres humanos, obras de sus manos, lleguemos a gozar de la hospitalidad de esta Trinidad de personas que \u00e9l disfrut\u00f3 toda la eternidad. El cre\u00f3 el Cielo y la Tierra y a continuaci\u00f3n, a nosotros, los hombres. Para darnos acceso a la hospitalidad de la Trinidad \u201c<em>Y el Verbo se hizo carne, y habit\u00f3 entre nosotros\u201d,<\/em> (Jn 1,14).\u201d<em>A todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios\u00bb<\/em> (Jn 1,12). Todo esto fue posible cuando Mar\u00eda de Nazaret consinti\u00f3 en dar la hospitalidad en su seno \u2013 en primer lugar en su alma y en su coraz\u00f3n-, a Dios quien por intercesi\u00f3n del \u00c1ngel Gabriel le pidi\u00f3: <em>\u201cH\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra\u00bb <\/em>(Lc 1,38).<em> \u201cY el Verbo se hizo carne, y habit\u00f3 entre nosotros\u201d<\/em> (Jn 1,14)<\/p>\n<p>La primera experiencia de la hospitalidad, todos la hacemos en el seno de nuestra madre. Lo mismo para el Verbo eterno de Dios quien pidi\u00f3 la hospitalidad en el seno de la Virgen Mar\u00eda. De todos los miembros de la especie humana deca\u00edda y pecadora, Ella es la que mejor nos puede hacer comprender el significado de la hospitalidad en los bautizados y se encuentra de forma especial en la persona de los pobres.<\/p>\n<p>Es con la Palabra de Dios que nuestra fe cristiana continua pidiendo la hospitalidad en todo ser humano nacido en este mundo. De hecho, podr\u00edamos decir que el fundamento de todo apostolado misionero en la Iglesia es el de proclamar la Buena Noticia de la hospitalidad de Dios en el seno de la Iglesia y al final de nuestras vidas, para toda la eternidad, tambi\u00e9n la hospitalidad en su propio coraz\u00f3n afectuoso. \u00c9l nos asegur\u00f3 que <em>\u00ab Si alguno me ama, guardar\u00e1 mi Palabra, y mi Padre le amar\u00e1, y vendremos a \u00e9l, y haremos morada en \u00e9l\u201d. <\/em>(Jn 14,23) y en el Libro del Apocalipsis, Nuestro Se\u00f1or se nos presenta como dici\u00e9ndonos: \u201c<em>Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entrar\u00e9 en su casa y cenar\u00e9 con \u00e9l y \u00e9l conmigo\u201d.<\/em> (Ap 3,20).<\/p>\n<p>\u00bfSe han dado cuenta que a menudo en las par\u00e1bolas Nuestro Se\u00f1or insiste sobre lo que nosotros asociamos a la hospitalidad: una comida festiva? Si invitamos a alguien a nuestra casa, inmediatamente le ofrecemos alguna cosa para beber y comer. Esto es lo m\u00ednimo de la hospitalidad. Alguna vez alguien dijo que al leer el evangelio de san Lucas, podemos tener la impresi\u00f3n que Nuestro Se\u00f1or fue de mesa en mesa. Jes\u00fas, a menudo acept\u00f3 invitaciones a cenar. Es muy probable que \u00e9l mismo haya recibido alguna vez. Sabemos seguro que en una ocasi\u00f3n memorable, \u00e9l mismo ofreci\u00f3 una comida a m\u00e1s de 5000 personas. Estoy seguro que ese d\u00eda, hab\u00eda entre sus hu\u00e9spedes muchos pobres, enfermos y disminuidos. Est\u00e1 claro que pidi\u00f3 y acept\u00f3 con frecuencia la hospitalidad en el hogar de Marta y Mar\u00eda.<\/p>\n<p>S\u00ed, es una de las grandes verdades de nuestra fe con la que Cristo pide la hospitalidad de nuestros corazones, no s\u00f3lo en tiempo de Navidad sino todos los d\u00edas del a\u00f1o. Quiz\u00e1 se acuerdan de la hermosa lectura, sacada del Cantar de los Cantares, propuesta por la Iglesia, algunos d\u00edas antes de Navidad. El pasaje forma parte de una historia de amor. Se nos presenta al amado como si estuviera fuera de la casa de su amada: <em>\u201cVedle ya que se para detr\u00e1s de nuestra cerca, mira por las ventanas\u2026Empieza a hablar mi amado, y me dice: Lev\u00e1ntate, amada m\u00eda, hermosa m\u00eda, y vente\u201d.<\/em> (Ct 2,9-10).<\/p>\n<p>Es una imagen de la relaci\u00f3n entre Dios y la Iglesia, entre Dios y el alma individual. Nuestro Se\u00f1or, a menudo, se dirige a nosotros con las palabras del Cantar de los Cantares: \u201cPaloma m\u00eda, en las grietas de la roca, en escarpados escondrijos, mu\u00e9strame tu semblante, d\u00e9jame o\u00edr tu voz\u201d (Ct 2,14). S\u00ed, es esto: muy a menudo, nos replegamos sobre nosotros mismos, en las grietas de nuestras preocupaciones ego\u00edstas; evitamos la mirada del amable rostro de Cristo y nos hacemos los sordos a su voz. \u201cNo os olvid\u00e9is de la hospitalidad; gracias a ella hospedaron algunos, sin saberlo, a \u00e1ngeles\u201d (Hb 13,2).<\/p>\n<p>Cuando las tres personas de la Sant\u00edsima Trinidad vienen a pedir la hospitalidad en nuestros corazones, no vienen con las manos vac\u00edas. Las dos veces que he visitado a la familia vicenciana de Polonia, me ha sorprendido una costumbre que imagino existe a\u00fan en otros pa\u00edses. Cuando alguien visita una casa, el invitado lleva un peque\u00f1o regalo. Parece ser que en Polonia es t\u00edpico un ramo de flores. Cuando nuestro Hu\u00e9sped divino se presenta, \u00e9l aporta tambi\u00e9n sus regalos. A veces pienso que es una de las verdades m\u00e1s infravaloradas de nuestra fe cat\u00f3lica: que toda persona bautizada es en el fondo de ella misma, una morada del Esp\u00edritu de Dios. Al leer las dos cartas de san Pablo a los Corintios, -entre ellos hab\u00eda muchos pobres y personas sin educaci\u00f3n-, habr\u00e1n podido apreciar que al menos por seis veces, apenado por las reca\u00eddas de sus conversos en la inmoralidad, el Ap\u00f3stol les pide: \u00bfNo sab\u00e9is que vuestro cuerpo es templo del Esp\u00edritu Santo? (1 Cor 4,14 ; 6,19). El d\u00eda de Pentecost\u00e9s, la Iglesia saluda al Esp\u00edritu de Dios como \u00ab Dulce Hu\u00e9sped del alma\u201d.<\/p>\n<p>La convicci\u00f3n que el Esp\u00edritu de Dios vive en las profundidades de nuestro ser, para fecundar sus dones y madurar los frutos plantados en nuestras almas, hace decir a Thomas Merton, el conocido escritor cisterciense americano: \u201cParece ser que no hay ning\u00fan modo de hacer comprender a la gente que se pasean radiantes como el sol\u201d. \u00a1Y sin embargo nuestra fe cat\u00f3lica es as\u00ed! En mi vida, cuantas veces Cristo ha debido soplar a mi o\u00eddo las palabras dirigidas a la Samaritana en el evangelio de san Juan: <em>\u00ab Si conocieras el don de Dios\u2026 Si conocieras el don de Dios\u2026\u00bb<\/em> (Jn 4,10).<\/p>\n<p>Es una verdad de nuestra fe que el Esp\u00edritu Santo aporta dones, siete dones: sabidur\u00eda, inteligencia, consejo, fuerza, ciencia, piedad y temor de Dios. Quiz\u00e1 deber\u00edamos cada d\u00eda, despu\u00e9s de la Comuni\u00f3n, pedir al Esp\u00edritu de Dios que activase, a lo largo de nuestro trabajo diario, los dones que \u00c9l nos ha dado.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu de Dios, como recuerda San Pablo a los G\u00e1latas, nos enriquece tambi\u00e9n con frutos: \u201cEl fruto del Esp\u00edritu es amor, alegr\u00eda, paz, paciencia, afabilidad, bondad, confianza en los otros, mansedumbre, dominio de s\u00ed\u201d. (Gal 5,22-23). Nuestra oraci\u00f3n diaria podr\u00eda ser la de pedir al Esp\u00edritu Santo llevar un nuevo grado de madurez a nuestra caridad, nuestra paciencia, nuestra dulzura y nuestro domino de nosotros mismos.<\/p>\n<p>La santidad puede medirse en la medida que una persona colabora con el Esp\u00edritu Santo, que es el Esp\u00edritu de Cristo resucitado. La historia de nuestras vidas ser\u00e1 la historia del florecimiento de estos frutos del Esp\u00edritu Santo en las actividades de nuestros apostolados. Como miembros de un equipo de animaci\u00f3n, est\u00e1n invitados por Cristo resucitado a ser transmisores de los frutos del Esp\u00edritu a otras personas en la variedad de servicios que ofrecen a los peregrinos de todos los pa\u00edses y de todas las lenguas. Est\u00e1n llamados a ser sacramentos del Amor de Dios, de su paz, de su paciencia, de su dulzura, de su domino de s\u00ed. \u201c<em>Vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios\u201d. <\/em>(1 Cor 3,23).<\/p>\n<p>Hemos reflexionado sobre esta verdad eterna: que la vida de Dios es una vida compartida; vivir, para la Sant\u00edsima Trinidad, es vivir para ofrecer la hospitalidad, primero entre ellas y despu\u00e9s para ofrecerla a sus criaturas. La segunda gran verdad que hemos contemplado es el hecho de que Dios ha pedido hospitalidad a mi pobre esp\u00edritu y a mi pobre coraz\u00f3n. Por el bautismo, yo abr\u00ed la puerta de mi coraz\u00f3n a la Sant\u00edsima Trinidad: Jes\u00fas le respondi\u00f3: \u00ab<em> Si alguno me ama, guardar\u00e1 mi Palabra, y mi Padre le amar\u00e1, y vendremos a \u00e9l, y haremos morada en \u00e9l\u201d.<\/em> (Jn 14,23). Si en nuestra toma de conciencia y nuestra estima profundizamos este gran misterio de la hospitalidad que comenzamos a vivir, ofreceremos m\u00e1s f\u00e1cilmente nuestra hospitalidad a los miembros de Cristo que nos vendr\u00e1n a solicitarla. En un segundo momento de reflexi\u00f3n, pondremos nuestra atenci\u00f3n en algunas consecuencias pr\u00e1cticas de nuestra vocaci\u00f3n de ofrecer la hospitalidad a todos los que nos la pedir\u00e1n. D\u00e9jenme concluir con una oraci\u00f3n de santa Luisa, tan atenta a la morada del Esp\u00edritu de Dios en su alma:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00a1<em>Oh Divino Esp\u00edritu! opera tal maravilla en este sujeto tan indigno por la uni\u00f3n amorosa que desde toda la eternidad tienes con el Padre y el Hijo&#8230; \u00a1Oh Divino Esp\u00edritu! s\u00f3lo t\u00fa puedes hacernos comprender la grandeza de ese Misterio que parece, si se puede hablar as\u00ed, manifestar la impaciencia de Dios\u2026 \u00a1Oh hombres cegados por bagatelas, y yo m\u00e1s que ninguno! Elevemos nuestro esp\u00edritu no por encima de lo que somos en los designios de Dios, porque eso es imposible, sino por encima de nuestra inclinaci\u00f3n natural procedente de la corrupci\u00f3n del pecado, para que en todas nuestras acciones podamos honrar a Nuestro Se\u00f1or por el testimonio que quiere demos de \u00c9l haciendo las mismas acciones que El hizo en la tierra, a las que por su amor aplicar\u00e1 el m\u00e9rito de las suyas; queriendo por este medio que todos los cristianos tengan, ya en esta vida, la uni\u00f3n con Dios que \u00c9l nos ha merecido.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">(Correspondencia y Escritos E.98 (A.26) P\u00e1g. 809-810).<\/p>\n<h2><strong>II \u2013 La acogida a los peregrinos<\/strong><\/h2>\n<p>En la zona rural de mi pa\u00eds existe una antigua costumbre: la v\u00edspera de Navidad, al anochecer, se pone una vela encendida en una de las ventanas de la casa. Esto es una manera de desear la bienvenida a la Sagrada Familia, por si acaso tuviera que buscar donde alojarse. En efecto, durante la primera noche de Navidad, Mar\u00eda y Jos\u00e9, tuvieron que hacerlo y no encontraron nada. Esta costumbre de poner una vela encendida en una ventana, ahora se ha extendido a los pueblos y ciudades de nuestro pa\u00eds. Ha sido adoptada en otros. En algunos lugares, s\u00f3lo forma parte de los adornos de Navidad: se ha convertido en una moda.<\/p>\n<p>Por Navidad, paseando por las calles de Dubl\u00edn, al ver las velas en las ventanas, me pregunt\u00e9: \u00bfQu\u00e9 pasar\u00eda si llamase a una puerta y pidiera una habitaci\u00f3n para pasar la noche? Podr\u00edan responderme: \u201c\u00a1Oh, Padre, lo siento! No sab\u00edamos que iba a venir. No tenemos ninguna habitaci\u00f3n preparada. Puede encontrarla f\u00e1cilmente en una de estas casas que anuncian <em>Desayuno y cama<\/em>\u201d. (En Irlanda, hay particulares que ofrecen a los viajantes y turistas, por un precio modesto, una cama por una noche).<\/p>\n<p>Podr\u00eda a\u00fan preguntarme: \u00bfCu\u00e1l ser\u00eda la reacci\u00f3n si, con esta demanda de alojamiento, yo me presentara vestido pobremente? Quiz\u00e1 la respuesta podr\u00eda ser m\u00e1s brusca e impaciente: \u201c\u00a1lo sentimos! Vaya a uno de esos albergues preparados a prop\u00f3sito para pasar la noche sin pagar. \u00a1Buenas noches!&#8230; \u00a1Feliz Navidad!\u201d Despu\u00e9s podr\u00eda o\u00edrse un portazo seco y fuerte; la vela continua encendida como se\u00f1al de bienvenida. En lugar de beneficiarme de una bienvenida luminosa y calurosa, habr\u00eda sido acogido con frialdad\u2026<\/p>\n<p>A nuestro Se\u00f1or le gustan las palabras \u201cBienvenida\u201d y \u201cBienvenido\u201d. Le gusta que la gente sepa \u2013y esto a todos, no s\u00f3lo a los profetas y a los buenos- que ellos son los bienvenidos cerca de \u00e9l, todos, sin excepci\u00f3n. San Lucas dijo: <em>\u201clos fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este acoge a los pecadores y come con ellos\u201d.<\/em> (Lc 15, 2). Esta es la bienvenida para las personalidades. Vean la reservada a los hijos : <em>\u00abTomando un ni\u00f1o lo puso en medio de ellos y abraz\u00e1ndolo les dijo: \u201c El que reciba a un ni\u00f1o como \u00e9ste en mi nombre, a m\u00ed me recibe; y el que me reciba a m\u00ed, no me recibe a m\u00ed sino a Aquel que me ha enviado. \u00bb<\/em> (Mc 9, 36-37). \u00bfY nos permitiremos olvidar todo lo que Nuestro Se\u00f1or predijo para el Juicio Final, en el cap\u00edtulo 25 de san Mateo: \u201c<em>era forastero, y me acogisteis\u201d?<\/em><\/p>\n<p>Los dos grandes mandamientos de la Ley, \u00bfno son un programa para dar la bienvenida? Acoger a alguien como bienvenido, es hacerle a esta persona un sitio en nuestro coraz\u00f3n. Sim\u00f3n, el fariseo, invita a Nuestro Se\u00f1or a su casa, le ofrece una comida, pero en su coraz\u00f3n no lo mira como bienvenido. Su bienvenida no es sincera y generosa; Nuestro Se\u00f1or y Sim\u00f3n lo notan. Nosotros tambi\u00e9n, ya podemos decir palabras amables a la gente que si no dejamos un espacio en nuestro coraz\u00f3n, nuestras palabras suenan vac\u00edas: tras la luz de nuestra vela, se esconden la frialdad y la dureza. En cambio, cuando perdonamos las injurias y arrancamos de nuestro coraz\u00f3n todo resentimiento, entonces readmitimos de verdad a la gente en nuestro coraz\u00f3n. Est\u00e1 claro que el mandamiento nuevo de la caridad dado por Nuestro Se\u00f1or, depende principalmente de nuestro coraz\u00f3n, de la manera como nuestro coraz\u00f3n da la bienvenida a la gente.<\/p>\n<p>Y san Vicente y santa Luisa adquirieron con el paso de los a\u00f1os, una capacidad maravillosa para acoger a la gente, sobre todo a los menos atrayentes: los pobres, los marginados, los enfermos, los disminuidos mentales. En su coraz\u00f3n, el espacio no ces\u00f3 de crecer, de tal manera que no s\u00f3lo hubo sitio para los pobres, sino tambi\u00e9n para todas las personas que se esforzaron por mejorar la situaci\u00f3n de los pobres. Los dos santos no dejaron de alentar continuamente a otros cristianos y cristianas a unirse a ellos, para ocuparse de cualquiera que tuviera necesidad, aunque fuera un vaso de agua cuando no hab\u00eda nadie m\u00e1s para d\u00e1rselo. \u201c<em>Para ello debemos ayudarnos mutuamente,<\/em> escribi\u00f3 san Vicente, <em>soport\u00e1ndonos unos a otros y buscando la paz y la uni\u00f3n; porque \u00e9se es el vino que alegra y robustece a los viajeros en ese camino estrecho de Jesucristo. Es lo que le recomiendo con todo el cari\u00f1o de mi coraz\u00f3n.<\/em> (S\u00edgueme, IV, P\u00e1g. 254)<\/p>\n<p>Invitar a alguien como bienvenido en nuestro coraz\u00f3n, es practicar la hospitalidad. Cuando nos mostramos hospitalarios, irradiamos el \u00e1gape de Dios recibido en nuestro bautismo y llamado a lucir cada vez m\u00e1s gracias a cada uno de nuestros encuentros, en los sacramentos con Cristo resucitado.<\/p>\n<p>Su ministerio aqu\u00ed, en este centro activo de devoci\u00f3n a la Virgen Mar\u00eda y a su Hijo, puede ser comparado a la atm\u00f3sfera que envuelve el globo de la Tierra. Sabemos que la atm\u00f3sfera fragmenta la deslumbrante luz blanca del sol y as\u00ed nos procura la variedad de colores que alegran nuestros ojos. Los carismas y los ministerios en la Iglesia son como la paleta de colores que vemos con nuestros ojos. Muchas veces, durante mis visitas a la Capilla de la calle del Bac, he estado en la tribuna contemplando la marea de peregrinos. Entre ellos, siempre habr\u00e1 j\u00f3venes y mayores, ricos y pobres, personas de piel blanca y de color. Habr\u00e1 rostros serenos y otros marcados por la angustia.<\/p>\n<p>Los peregrinos van y vienen, pero ustedes, miembros del equipo de animaci\u00f3n, se quedan aqu\u00ed, para irradiar el amor de Cristo que les acoge como bienvenidos. Las preguntas hechas por los peregrinos, son numerosas, como los granos de arena a orillas del mar. Sus necesidades son muchas. Algunas personas son muy educadas, otros no lo son tanto. Con todas estas personas y sus problemas, ustedes est\u00e1n llamados, cada d\u00eda a ser pacientes, amables, simp\u00e1ticos y compasivos. A lo largo de la jornada, tendr\u00e1n que responder cien veces a la misma cuesti\u00f3n hecha por tantos peregrinos distintos. Tienen el desaf\u00edo de vencer su humor cambiante para ser, en todo momento, lo que san Pablo llama \u201cel buen olor de Cristo\u201d (2 Cor 2, 15). Consciente de las dificultades para alcanzar este ideal, san Pablo inmediatamente pide: \u201c<em>\u00bfy qui\u00e9n es capaz para esto?\u201d<\/em> e inmediatamente responde: <em>\u201cCiertamente no somos nosotros como la mayor\u00eda que negocian con la Palabra de Dios. \u00a1No!, antes bien, con sinceridad y como de parte de Dios y delante de Dios hablamos en Cristo\u201d.<\/em> (2 Cor 2, 16-17).<\/p>\n<p>Si, ustedes han sido enviados por Cristo; han recibido una misi\u00f3n de la Comunidad, de la Iglesia, para ser <strong>los sacramentos de la hospitalidad de Dios.<\/strong> Representan a Cristo en toda su generosidad. Dan la bienvenida que su Madre deseaba a todos lo que ven\u00eda a su casa, en Nazaret.<\/p>\n<p>Intenten siempre, mirar esta Capilla como un lugar donde muy a menudo, hay personas en el pasillo central con preguntas en sus labios a\u00fan sin formular. Como los peregrinos griegos que abordaron al Ap\u00f3stol Felipe; en el evangelio de Domingo de Ramos, pidieron: <em>\u00ab Se\u00f1or, queremos ver a Jes\u00fas. \u00bb<\/em> (Jn 12, 21).<\/p>\n<p>Esta Capilla de las Apariciones y sus alrededores son <strong>un nuevo Nazaret, convertido en sagrado por la presencia de Jes\u00fas y su Madre <\/strong>y ustedes, son la <strong>puerta <\/strong>para acoger como bienvenidos a todos los que se presenten e intentar que se sientan en ellos en la casa de su Madre, casa compartida con su divino hijo Jes\u00fas.<\/p>\n<p>\u201c<em>No olviden la hospitalidad<\/em>\u201d escribe el autor de la Carta a los Hebreos (Hb 13, 2), y san Pedro, por su lado, propone un ideal muy alto: \u201c<em>Sed hospitalarios unos con otros sin murmurar\u201d<\/em> (1 Pe 4, 9). En una de las recientes traducciones inglesas, se dice: \u00a1\u201cSed hospitalarios los unos con los otros, pero sin desear, secretamente, no serlo\u201d!<\/p>\n<p>Probablemente es un ideal muy exigente, sobre todo cuando est\u00e1n llamados a escuchar una larga historia de alguien m\u00e1s bien molesto. Entonces san Pablo les recuerda: \u201cCiertamente no somos nosotros como la mayor\u00eda que negocian con la Palabra de Dios. \u00a1No!, antes bien, con sinceridad y como de parte de Dios y delante de Dios hablamos en Cristo\u201d. (2 Cor 2, 16-17).<\/p>\n<p><em> \u201cJesucristo, siendo de condici\u00f3n divina, no retuvo \u00e1vidamente el ser igual a Dios. Sino que se despoj\u00f3 de s\u00ed mismo tomando la condici\u00f3n de siervo haci\u00e9ndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humill\u00f3 a s\u00ed mismo, obedeciendo hasta la muerte\u201d.<\/em> (Fl 2, 7). A imitaci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or, nos tenemos que despojar, liberarnos de algunas formas habituales de pensar, sentir y actuar. As\u00ed no hace muchos a\u00f1os, hemos aceptado el desaf\u00edo de inculturar el carisma de nuestros Fundadores en los pa\u00edses y en los medios donde el Esp\u00edritu de Dios no lo hab\u00eda implantado desde nuestros or\u00edgenes. Pusimos mayor atenci\u00f3n a los pueblos en v\u00eda de desarrollo. Vimos a los misioneros cada vez m\u00e1s sensibles, m\u00e1s respetuosos hacia las culturas ind\u00edgenas del pa\u00eds donde iban a proclamar El Evangelio de Jesucristo. As\u00ed tomamos conciencia de la profunda \u201ckenosis\u201d que a veces puede exigir tal sensibilidad.<\/p>\n<p>Esto fue ayer. Despu\u00e9s de unos a\u00f1os, se espera de nosotros una nueva kenosis, de todos los que sin dejar su pa\u00eds de origen, quieren servir a los pobres hoy. Particularmente pienso en el gran n\u00famero de inmigrantes que en pocos a\u00f1os, como un gran r\u00edo, han ido a los pa\u00edses de Europa occidental.<\/p>\n<p>Tomo el ejemplo de mi pa\u00eds. Desde la admisi\u00f3n de 10 pa\u00edses de Europa oriental, al menos 100.000 inmigrantes llegaron sobre las playas de mi pa\u00eds cuya poblaci\u00f3n es de 3 millones de habitantes. Estos inmigrantes vinieron para buscar una vida mejor. Algunos son altamente cualificados y encuentran trabajo. Pero a menudo, son obligados a aceptar empleos bajos para llegar a vivir. Demasiado a menudo, algunos se hacen explotar. Si esta gran inmigraci\u00f3n es una experiencia nueva para nuestro pueblo, pasa lo mismo aqu\u00ed en Francia: han tenido que afrontar este desaf\u00edo desde hace muchos a\u00f1os.<\/p>\n<p>A nosotros, que intentamos vivir el ideal cristiano de la hospitalidad, se nos dirige una nueva llamada. Se nos lanza el desaf\u00edo de inculturar el carisma vicenciano en circunstancias nuevas, algunas son muy dif\u00edciles. \u00a1No olviden la hospitalidad! Esta llamada es una urgencia nueva para todos nosotros, en los pa\u00edses de Europa occidental.<\/p>\n<p>La vela en la ventana, la vigilia de Navidad, se ilumina al anochecer. Es una llama muy peque\u00f1a. Hace poco por disipar la oscuridad de la noche pero ella es pura luz. No hace sombra. Que nuestros peque\u00f1os gestos de bienvenida, de acogida de unos y otros, puedan ser puros y ofrecidos, seg\u00fan la expresi\u00f3n de san Vicente \u201c\u00a1con Dios s\u00f3lo a la vista\u201d! en una palabra, que nuestros gestos acogedores puedan reflejar la aut\u00e9ntica luz de Cristo, para iluminar el mundo.<\/p>\n<h2><strong>III \u2013 La acogida en el evangelio<\/strong><\/h2>\n<p>En nuestra reflexi\u00f3n de hoy, quisiera centrar nuestra atenci\u00f3n sobre dos episodios tra\u00eddos de nuevo por los Evangelios, en los cuales Nuestro Se\u00f1or, acepta la hospitalidad y ofrece hospitalidad. Ayer les habl\u00e9 de la hospitalidad en t\u00e9rminos generales, hoy, pondremos la atenci\u00f3n en dos episodios de la vida de Nuestro Se\u00f1or, que tratan de la hospitalidad recibida y ofrecida. Los dos episodios est\u00e1n escritos por san Lucas. Pienso que su evangelio ejerce un atractivo especial en nosotros, miembros de la familia vicenciana.<\/p>\n<p>He o\u00eddo a alguien hacer esta pregunta: \u201cSi entrara en una iglesia para recibir el sacramento de la reconciliaci\u00f3n; si hubiera cuatro confesionarios con los cuatro evangelistas como confesores, \u00bfa cu\u00e1l ir\u00eda usted?\u201d No podemos decir nada sobre el temperamento y los gustos. Sin duda, cada uno de nosotros se sentir\u00eda atra\u00eddo por uno m\u00e1s que por los otros tres. Suele decirse que las comparaciones son injustas. Si, aunque hayamos escogido uno, podr\u00edamos sentirnos contentos de haber tenido a nuestra disposici\u00f3n cada uno de los cuatro evangelistas. Si ustedes fueran san Juan de la Cruz, escoger\u00edan a san Juan evangelista, como el te\u00f3logo m\u00e1s profundo entre ellos. Me imagino que un miembro de la familia vicenciana interesado por el servicio a los pobres, ir\u00eda al confesionario de san Lucas. Ser\u00eda mi elecci\u00f3n. De hecho, me acuerdo que en uno de sus libros, el Padre Maloney consagr\u00f3 varias p\u00e1ginas a la teolog\u00eda del evangelio de san Lucas.<\/p>\n<p>Hace mucho tiempo que San Jer\u00f3nimo dijo de san Lucas que era \u201cel escritor de la dulzura de Cristo\u201d. Es el evangelista que parece poner m\u00e1s de relieve el rasgo de la dulzura. Esta era una caracter\u00edstica del car\u00e1cter de san Francisco de Sales, que san Vicente admiraba tanto. San Lucas es el evangelista profundamente impresionado y conmovido por la compasi\u00f3n de Cristo. Es \u00e9l, el evangelista que hace resaltar luminosamente la compasi\u00f3n de Cristo por los pobres. Estos ocupan un lugar privilegiado en las p\u00e1ginas de su evangelio. Y si san Lucas estuviera hoy entre nosotros, nos recordar\u00eda una vez m\u00e1s, la notable colaboraci\u00f3n que las mujeres aportaron a Nuestro Se\u00f1or, a lo largo de su ministerio de la proclamaci\u00f3n de la Buena Nueva a los pobres. Y por supuesto, le estamos profundamente agradecidos por habernos presentado, en las p\u00e1ginas del comienzo de su evangelio a \u201cMar\u00eda, una virgen desposada con un hombre llamado Jos\u00e9, de la casa de David\u201d. Cuando revisamos todas estas aportaciones de san Lucas, nos damos cuenta cuanto le debemos sobre los Misterios del Rosario.<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo 10 de su evangelio, vemos a Nuestro Se\u00f1or gozar de la hospitalidad en el hogar de Marta y Maria. Esta condici\u00f3n de hu\u00e9sped invitado es de lo m\u00e1s humano que existe. Si, Nuestro Se\u00f1or era tan humano que ten\u00eda necesidad de descansar y de relajarse con sus amigos. Todo esto lo encontr\u00f3 en el hogar de Betania. Es all\u00ed donde se refugi\u00f3 con frecuencia en la \u00faltima semana de su vida, cuando las sombr\u00edas nubes del sufrimiento y de la muerte comenzaban a presentarse en su alma. En el episodio contado por el evangelista, las reacciones de las dos hermanas de la casa nos parecen tambi\u00e9n muy humanas. Mar\u00eda, persona profundamente contemplativa, prefiere el estar a la acci\u00f3n; tiende a estar m\u00e1s que actuar, mientras que Marta es activa y pr\u00e1ctica. Podemos casi o\u00edrla cuando la tensi\u00f3n entre las dos hermanas comienza a subir, en el momento en que Marta se muestra cada vez m\u00e1s impaciente al ver a Mar\u00eda inactiva. Puedo equivocarme pero, en esta impaciencia, quiz\u00e1 hubiera una brizna de celos. Estos pueden aplicarse como una buena capa de maquillaje para camuflar sus feas arrugas.<\/p>\n<p>En este episodio, hay a\u00fan otro trazo muy humano. \u00bfSe han dado cuenta que en el momento en que la contrariedad de Marta se desborda, va contra Mar\u00eda pero sin dirigirse a ella: <em>\u00ab Se\u00f1or, \u00bfno te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? \u00bb<\/em> (Lc 10, 40)? Un acto inconsciente por parte de Marta, \u00bfverdad? Nuestro Se\u00f1or estaba como invitado. Marta lo implica en un asunto dom\u00e9stico y de reparto de tareas entre ella y su hermana. Cuando nos contrariamos o perdemos la paciencia, a menudo nos ocurre que decimos cosas que no tardamos en arrepentirnos. \u00bfTengo raz\u00f3n en detectar un fallo en la intervenci\u00f3n de Marta? Me parece que al dirigirse a Nuestro Se\u00f1or, insiste, se apoya en el \u201cTu\u201d: \u201c\u00bfA ti esto no te importa?\u201d Nuestro Se\u00f1or, siempre atento a los dem\u00e1s, ahora parece desinteresarse de estos esfuerzos solitarios de Marta en la cocina, encargada de preparar mesa y comida. \u00a1Pobre Marta! Puede ser que su acogida habitual a los amigos se encuentre, en este momento, mezclada de debilidad y cansancio.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es entonces la reacci\u00f3n de Jes\u00fas? En seguida se ve un cambio en la atm\u00f3sfera, desde que Nuestro Se\u00f1or vierte el aceite de la dulzura sobre las aguas agitadas. Le ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil contestar a Marta de forma natural: \u201cVeamos, \u00bfpor qu\u00e9 la tomas conmigo? Yo no soy quien para dar \u00f3rdenes en esta casa\u201d. No nada de eso. Hay frascos de b\u00e1lsamo en la forma en que Nuestro Se\u00f1or la calma: \u201c\u00a1Marta, Marta!\u201d Podemos casi sentir como la dulzura y la comprensi\u00f3n hace drenar fuera de Marta sus tensiones y su impaciencia. En la respuesta de Nuestro Se\u00f1or no hay irritaci\u00f3n, s\u00f3lo comprensi\u00f3n y aprecio por su dedicaci\u00f3n. Podemos pensar que una vez restablecida la calma, los tres, contentos, se pusieron a la mesa y disfrutaron los buenos platos cocinados por Marta.<\/p>\n<p>Nuestro Se\u00f1or aceptaba con gusto la hospitalidad que le ofrec\u00eda la familia de Betania. Existe todo un arte de aceptar y de dar. Somos muy conscientes de la importancia del arte de dar. Desde nuestra infancia y m\u00e1s tarde en comunidad, hemos sido formados para dar, para ser generosos y conservamos este arte de dar. El arte de aceptar tiene tambi\u00e9n su importancia y es necesario cuidarlo. Muchos de nosotros, sobre todo los hombres, quieren ser independientes de los dem\u00e1s. La independencia puede ser santa, pero oculta una falta de humildad. Aceptar con gracia lo que alguien me ofrece, puede exigir la represi\u00f3n de mi ego, de mi yo. Esta exigencia est\u00e1 estrechamente unida a la virtud de la humildad. La aut\u00e9ntica humildad es una condici\u00f3n para poder encarnar siempre el amor de Cristo. No podemos amar a una persona, rica o pobre a partir de una posici\u00f3n de superioridad. Tal es la ense\u00f1anza de san Vicente: \u201c<em>Trabajemos en la humildad; porque cuanto m\u00e1s humilde es uno, tanto m\u00e1s caritativo ser\u00e1 para el pr\u00f3jimo. El para\u00edso de las comunidades es la caridad. Ciertamente, la caridad es el alma de las virtudes, y la humildad la que las atrae y las guarda. Existen Compa\u00f1\u00edas humildes como los valles, que atraen sobre ellas todo el jugo de las monta\u00f1as. En cuanto estemos vac\u00edos de nosotros mismos, Dios nos llenar\u00e1 de S\u00ed mismo, porque no puede sufrir el vac\u00edo\u201d. <\/em>(Abelly Libro I c.22, p.108).<\/p>\n<p>El Papa Benedicto expresa una idea parecida en su homil\u00eda de la Misa de Nochebuena, dice: \u201c<em>Dios es tan grande que puede hacerse peque\u00f1o. Dios es tan poderoso que puede hacerse inerme y venir a nuestro encuentro como ni\u00f1o indefenso para que podamos amarlo. Dios es tan bueno que puede renunciar a su esplendor divino y descender a un establo para que podamos encontrarlo y, de este modo, su bondad nos toque, se nos comunique y contin\u00fae actuando a trav\u00e9s de nosotros\u201d. <\/em>Esta es la l\u00ednea de conducta de un vicenciano.<\/p>\n<p>A menudo pienso que es triste ver las vocaciones de Marta y Maria reducidas a desempe\u00f1ar funciones opuestas, como si una excluyera a la otra. Se ha hecho de Mar\u00eda la representante de la vocaci\u00f3n contemplativa y de Marta de la vocaci\u00f3n activa. En realidad, hay una dimensi\u00f3n contemplativa en la vocaci\u00f3n activa igual que hay un dimensi\u00f3n activa en la contemplativa. Sus Constituciones subrayan esta dimensi\u00f3n contemplativa.<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo 4 de san Juan, observamos un cuadro sorprendente en el que Nuestro Se\u00f1or, por as\u00ed decirlo, es el invitado de una mujer de Samaria. La Samaritana es su hu\u00e9sped. Es la mujer quien puede procurar a Nuestro Se\u00f1or el agua que apagar\u00e1 su sed. Parece ser que la Samaritana tambi\u00e9n ten\u00eda sed, pero a un nivel de profundidad que no sospechaba. As\u00ed en el cap\u00edtulo 4 de san Juan, somos testigos del encuentro de la sed de Cristo con la sed de una mujer an\u00f3nima.<\/p>\n<p>Toda oraci\u00f3n se vive como un encuentro de la sed humana con la sed divina. Claro est\u00e1, la sed que Dios tiene de nosotros, es mucho m\u00e1s intensa que la nuestra. Dios tiene mucha m\u00e1s sed de nosotros que nosotros de \u00c9l. Es en medio de terribles sufrimientos que Cristo, desde lo alto de la Cruz, lanza su grito: \u201c<em>Tengo sed\u201d.<\/em> Seg\u00fan los santos, hab\u00eda mucho m\u00e1s que la sed f\u00edsica de su cuerpo. Era un grito de amor pidiendo la respuesta de nuestros corazones. Cuando rezamos, su sed de nuestro coraz\u00f3n es mucho m\u00e1s intensa que la nuestra, pues ella brota de un coraz\u00f3n sabio y amante hasta el infinito. Dios conoce a fondo nuestro coraz\u00f3n humano y comprende nuestra sed. Cuando rezo, le hago conocer mi sed present\u00e1ndole mis necesidades, expres\u00e1ndole mi tristeza y arrepentimiento por mis faltas presentes y pasadas. En la oraci\u00f3n apaciguo mi sed de adorar a mi Creador y de darle gracias por su amor inagotable y su infatigable bondad.<\/p>\n<p>Para mi coraz\u00f3n la sed de Dios, es de una pureza absoluta. Su sed emana del puro amor, porque \u201c<em>Dios es Amor\u201d<\/em> (1 Jn 4, 8). No es siempre el caso de mi sed. Imaginemos un ni\u00f1o con mucha sed a la orilla del mar. Si se apresura por beber del mar el primer trago, aprende que esa agua no est\u00e1 hecha para apagar la sed. Yo soy un ni\u00f1o, deber\u00eda saber, pero a veces me ocurre que intento beber el agua del mar. Entonces, al ir al encuentro de mi sed, en su amor por m\u00ed, Dios velar\u00e1 por darme s\u00f3lo el agua viva de su amor puro. El Esp\u00edritu de Jes\u00fas, que vive en nosotros, que reza en nosotros con palabras inefables, llega poco a poco a purificar y clarificar todos nuestros deseos.<\/p>\n<p>Presentemos a Nuestro Se\u00f1or y d\u00e9mosle a conocer nuestros deseos, nuestra sed, con la sencillez de un ni\u00f1o. Cuando estemos purificados y transformados por el deseo que tiene Dios de hacernos felices, estaremos renovados por esta agua viva que brota para la vida eterna <em>\u201cOh Dios tu eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma est\u00e1 sedienta de ti, mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua\u201d <\/em>(Sal. 62, 2).<\/p>\n<p>Lo que les voy a ofrecer es un pensamiento de san Agust\u00edn, tal y como est\u00e1 citado en el Nuevo Catecismo, al comienzo de la secci\u00f3n sobre la oraci\u00f3n. <em>\u201cLa oraci\u00f3n, sep\u00e1moslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la nuestra. Dios tiene sed de que tengamos sed de El\u201d. (<\/em>Cf. San Agust\u00edn, quaest. 64, 4).- (Catecismo \u00a7 2560).<\/p>\n<p>Volvamos a la casa de Betania. Nuestro Se\u00f1or se encuentra all\u00ed invitado. Recibe la hospitalidad de la familia de Marta, Maria y L\u00e1zaro. Es muy importante que con toda confianza, demos a conocer nuestras necesidades a nuestro Padre del cielo. Estamos animados a hacerlo, compartiendo la convicci\u00f3n de santo Tom\u00e1s de Aquino, de que la oraci\u00f3n nos hace exponer nuestros deseos a nuestro Padre Celestial, con el fin de que \u00c9l pueda llenarlos.<\/p>\n<p>En la oraci\u00f3n, \u00bfno puede ocurrir que hablamos demasiado? Todos sabemos por experiencia, como es de aburrido, si en una conversaci\u00f3n entre dos personas, la palabra la monopoliza una sola. A veces me pregunto, si le hablo demasiado exponi\u00e9ndoles mis ideas, mis necesidades. Entonces Dios puede tener dificultad para hablarme. \u00c9l sabe escuchar, es buen oyente. Y yo, \u00bfse escucharle?<\/p>\n<p>Pedimos para recibir. Quiz\u00e1s dejo demasiado espacio al primero de los dos verbos en la recomendaci\u00f3n al Se\u00f1or: \u201c<em>Pedid y se os dar\u00e1\u201d \u201cPedid y recibir\u00e9is\u201d. <\/em>Har\u00eda bien deteni\u00e9ndome un poco m\u00e1s sobre la palabra \u201crecibir\u201d. A menudo, cuando rezamos por alguien o por nosotros mismos, pedimos, de hecho, que nuestros corazones est\u00e9n preparados para recibir lo que Dios quiere ofrecernos. Puede suceder que nuestros corazones y los de las personas por las que rezamos, no est\u00e9n preparados a recibir los favores de Dios. Por eso es bueno reflexionar a menudo sobre \u201cel recibid\u201d de la frase \u201c<em>pedid y recibir\u00e9is\u201d. <\/em>Cuando nuestras oraciones no reciben la respuesta que deseamos, podemos pensar que \u201cla Hora\u201d del Se\u00f1or no ha llegado todav\u00eda.<\/p>\n<p>En su homil\u00eda de la Misa de Nochebuena en San Pedro de Roma, el Papa Benedicto XVI nos lo recuerda. Perm\u00edtanme hacerles o\u00edr sus propias palabras<em>: \u201cFormulemos mejor la pregunta: \u00bfQui\u00e9nes son los hombres a los que Dios ama y por qu\u00e9 los ama? \u00bfAcaso Dios es parcial? \u00bfEs que ama s\u00f3lo a determinadas personas y abandona a las dem\u00e1s a su suerte? El evangelio responde a estas preguntas presentando algunas personas concretas amadas por Dios. Algunas lo son individualmente: Mar\u00eda, Jos\u00e9, Isabel, Zacar\u00edas, Sime\u00f3n, Ana, etc. Pero tambi\u00e9n hay dos grupos de personas: los pastores y los sabios del Oriente, llamados reyes magos. Reflexionemos esta noche en los pastores. \u00bfQu\u00e9 tipo de hombres son? En su ambiente, los pastores eran despreciados; se les consideraba poco de fiar y en los tribunales no se les admit\u00eda como testigos. Pero \u00bfqui\u00e9nes eran en realidad? Ciertamente no eran grandes santos, si con este t\u00e9rmino se alude a personas de virtudes heroicas. Su vida no estaba cerrada en s\u00ed misma; ten\u00edan un coraz\u00f3n abierto. De alg\u00fan modo, en lo m\u00e1s \u00edntimo de su ser, estaban esperando algo. Su vigilancia era disponibilidad; disponibilidad para escuchar, disponibilidad para ponerse en camino; era espera de la luz que les indicara el camino. Esto es lo que a Dios le interesa. \u00c9l ama a todos porque todos son criaturas suyas. Pero algunas personas han cerrado su alma; su amor no encuentra en ellas resquicio alguno por donde entrar. Creen que no necesitan a Dios; no lo quieren. Otros, que quiz\u00e1s moralmente son igual de pobres y pecadores, al menos sufren por ello. Esperan en Dios. Saben que necesitan su bondad, aunque no tengan una idea precisa de ella. En su esp\u00edritu abierto a la esperanza, puede entrar la luz de Dios y, con ella, su paz\u201d.<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed cuando rezamos por la gente o por nosotros mismos, pedimos al Se\u00f1or abrirle nuestros corazones pare recibirle, junto, con sus dones destinados a enriquecernos. En \u00faltima instancia, la oraci\u00f3n es un asunto de coraz\u00f3n. \u201cOh Dios, crea en mi un coraz\u00f3n puro\u201d (Salmo 50): as\u00ed era la oraci\u00f3n de David en su gran acto de contrici\u00f3n, parte principal del salmo 50. La hospitalidad dada o recibida es tambi\u00e9n un asunto de coraz\u00f3n. Aprendamos pues a ser humildes invitados de Dios y de cada uno de entre nosotros, los unos de los otros. Aprendamos igualmente a ser buenos hu\u00e9spedes. Reflexionaremos sobre esto en nuestra pr\u00f3xima meditaci\u00f3n.<\/p>\n<h2><strong>IV \u2013 Convertirse en buenos hu\u00e9spedes<\/strong><\/h2>\n<p>Los recursos humanos de los que Jes\u00fas dispon\u00eda para ofrecer la hospitalidad, eran m\u00e1s bien pocos. Seguramente la palabra hospitalidad recuerda inmediatamente a los de mesa y casa. Al reflexionar, constatamos que la hospitalidad, como lo he dicho antes, es un t\u00e9rmino de muy rico contenido. Jesucristo es el primero en decir que El mismo, no ten\u00eda ni una piedra donde reclinar su cabeza. Su estilo de vida es el de un predicador itinerante. Tres de los cuatro evangelistas presentan el grupo de mujeres de Galilea que siguen a Jes\u00fas y utilizan sus recursos para cubrir sus necesidades materiales. Queriendo vivir pobremente, Jes\u00fas fue formado para aceptar humildemente y agradecido los servicios del pr\u00f3jimo, comenzando por los de su madre, Mar\u00eda y su padre Jos\u00e9. \u201cNo olviden la hospitalidad\u201d. Los \u00faltimos gestos de Cristo, al final de su vida, fueron gestos de hospitalidad. Fue un gesto de hospitalidad confiar su madre, Mar\u00eda a Juan. Hizo un gesto de hospitalidad confiando a su disc\u00edpulo amado y en \u00e9l, a cada uno de nosotros el cuidado de Mar\u00eda. El ladr\u00f3n arrepentido, en los \u00faltimos momentos de su vida, recibi\u00f3 la hospitalidad de Cristo. De lo alto de la cruz, Jes\u00fas le asegura: <em>\u201cEn verdad te digo, desde hoy estar\u00e1s conmigo en el para\u00edso\u201d<\/em>. As\u00ed, en los momentos m\u00e1s dolorosos de su vida, Jes\u00fas no olvid\u00f3 la hospitalidad.<\/p>\n<p>La m\u00e1s hermosa manifestaci\u00f3n de la hospitalidad de Cristo se pone en evidencia en la celebraci\u00f3n de la \u00faltima cena, en la Sala Alta, menos de 24 horas antes de volver al Padre, en una \u00faltima expresi\u00f3n de su amorosa obediencia.<\/p>\n<p>En la decisi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or de dejarnos el sacrificio de la misa bajo forma de una comida, hay algo emotivo, tierno y profundamente humano. Una buena comida puede hacer maravillas en una familia o en una comunidad. En las celebraciones de jubileos ofrecemos una comida de fiesta. Estas comidas ayudan a curar antiguas heridas, a reducir tensiones entre los miembros de una comunidad o de una familia. Un d\u00eda, uno de mi cohermanos me dijo que para \u00e9l, uno de los mejores animadores, es el vino embotellado. Sin duda: cuando estamos alrededor de la mesa de una comida de fiesta, intentamos olvidar nuestras diferencias y alegrarnos. Los jubileos y los cumplea\u00f1os pueden ser momentos de reconciliaci\u00f3n y de una aceptaci\u00f3n m\u00e1s sincera de los dem\u00e1s miembros de la comunidad.<\/p>\n<p>Es una l\u00e1stima que el gran misterio de nuestra fe, la misa, sea percibido por mucha gente bajo su aspecto de obligaci\u00f3n moral, sobre todo cuando el domingo es de regreso. Es tambi\u00e9n un poco triste o\u00edr decir a los j\u00f3venes de hoy que ir a misa les aburre.<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de los j\u00f3venes, a veces se dice que nosotros, mayores, no hablamos el lenguaje de los j\u00f3venes de hoy. Quiz\u00e1s sea cierto. Podemos en esta ocasi\u00f3n preguntarnos cu\u00e1l es el lenguaje de Dios. Mi vida es un aprendizaje: debo desarrollar mi habilidad por hablar el lenguaje de Dios. El lenguaje de Dios es la fiesta. \u201cA<em>l atardecer de la vida, os examinar\u00e9 sobre el amor\u201d <\/em>escribi\u00f3 san Juan de la Cruz. La verdad m\u00e1s importante que Dios nos ha revelado sobre El mismo, se encuentra en tres palabras en los escritos de san Juan: <em>\u201cDios es amor\u201d <\/em>(1 Jn 4, 8). El no escribe: \u201cDios <strong>tiene<\/strong> el amor, escribe: Dios <strong>es <\/strong>amor\u201d.<\/p>\n<p>El aut\u00e9ntico amor siempre cuesta. Un hombre puede amar a su mujer, una mujer puede amar de verdad a su marido, los padres \u00bfpueden amar a sus hijos, sin que su amor sea un sacrificio? Aunque no empleen la palabra \u201csacrifico\u201d, su amor verdadero siempre cuesta. Si Dios nos ama, como creemos que lo hace, entonces el amor generoso y el sacrificio est\u00e1n en el coraz\u00f3n de su amor por nosotros. \u201c<em>Porque tanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00fanico, para que todo el que crea en \u00e9l no perezca, sino que tenga vida eterna\u201d<\/em> (Jn 3, 16). Dios no s\u00f3lo tiene sentimientos de amor hacia nosotros. Su amor <strong>dio <\/strong>y <strong>da <\/strong>todav\u00eda. Tal es la naturaleza del amor. Bajo las apariencias de pan y vino, Cristo resucitado habla el lenguaje del amor. Escuchemos las palabras de la instituci\u00f3n de la eucarist\u00eda: \u201c<em>este es mi cuerpo entregado por vosotros; esta es la copa de mi sangre que ser\u00e1 derramada por vosotros\u201d.<\/em> El amor de Cristo cuesta.<\/p>\n<p>La vida entera de Cristo nos habla el lenguaje de un amor desprendido. Su ministerio: curar, ense\u00f1ar, consolar era un derrame continuo de energ\u00eda costoso para \u00e9l mismo. Hoy y cada d\u00eda, invita a cada miembro de su Cuerpo, la Iglesia, a verter en el c\u00e1liz del ofertorio de la misa, sus sufrimientos, sus alegr\u00edas, sus esperanzas, sus energ\u00edas dedicadas a los pobres. Si fuera de la misa, no hablo y no vivo este lenguaje del amor que cuesta, entonces no estar\u00e9 en armon\u00eda con la m\u00fasica de la sinfon\u00eda que conocemos como Sacrificio eucar\u00edstico de la misa. El coraz\u00f3n y el centro de cada celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda es la renovaci\u00f3n viva y actual de la ofrenda que Cristo hizo de \u00e9l mismo en el Calvario.<\/p>\n<p>Uno de los momentos m\u00e1s emotivos y acertados de la pel\u00edcula \u201cLa pasi\u00f3n de Cristo\u201d es cuando en medio de grandes violencias causadas a Nuestro Se\u00f1or: un repentino flash nos sumerge por unos instantes en la paz de la Sala Alta. La escena de la crucifixi\u00f3n, con Jes\u00fas en las angustias de la agon\u00eda, est\u00e1 entrecruzada con momentos de paz de la Ultima Cena. En el Calvario Jes\u00fas dio sin reserva, en sacrificio: su cuerpo y su sangre; lo hab\u00eda dado ya a sus disc\u00edpulos como pan y vino, durante la cena pascual. A continuaci\u00f3n pidi\u00f3 a los Doce que hicieran esto en memoria suya, hasta que su vuelta. Otro flash de la pel\u00edcula de tres o cuatro segundos, nos muestra a Cristo haciendo alusi\u00f3n, en medio de las violencias que soporta, a la supremac\u00eda del amor que espera de todos los que quieren ser sus disc\u00edpulos. Los dos flash duran solamente algunos instantes, pero nos recuerdan esta verdad que cada celebraci\u00f3n de la eucarist\u00eda es una renovaci\u00f3n de la ofrenda de Cristo en la Cruz, ofrenda de amor en la que, participamos ahora. Se cuenta que cuando nuestro recordado Santo Padre, Juan Pablo II vio el film de Mel Gibson, hizo s\u00f3lo un lac\u00f3nico comentario: \u201cEs como fue\u201d.<\/p>\n<p>\u201cNo olviden la hospitalidad\u201d. No, Cristo no la olvid\u00f3 nunca. \u201c<em>Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre\u201d. <\/em>(Hb 13, 8). La Eucarist\u00eda es una alianza eterna. Cristo resucitado nos invita a hacer la experiencia viva de su hospitalidad, en la eucarist\u00eda, d\u00eda tras d\u00eda. Ninguna de nuestras necesidades no ser\u00e1 demasiado grande para ponerla en la patena. Es la celebraci\u00f3n que seg\u00fan las palabras de la 4\u00aa plegaria eucar\u00edstica, \u201c<em>aporta la salvaci\u00f3n al mundo entero\u201d, <\/em>lo reconozca o no. Me gusta la convicci\u00f3n de un sacerdote capuchino italiano inv\u00e1lido y encorvado. Este sacerdote parec\u00eda no haber podido realizar ning\u00fan servicio para su comunidad, salvo estar sentado todo el d\u00eda en el confesionario y celebrar su misa diaria. Este fue el \u00fanico ministerio que San Leopoldo pudo ejercer. Ten\u00eda la costumbre de decir que no hab\u00eda nada demasiado grande para pedir una misa, viendo la grandeza de Aquel a quien le ofrec\u00eda y de lo que \u00e9l ofrec\u00eda. El Padre Leopoldo muri\u00f3 en 1942 y el Papa lo canoniz\u00f3 hace aproximadamente veinte a\u00f1os de esto.<\/p>\n<p>Cada d\u00eda el celebrante de la Eucarist\u00eda nos invita: \u201c<em>Proclamemos el misterio de la fe<\/em>\u201d. El misterio de la fe es, que Nuestro Se\u00f1or crucificado y resucitado, en la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, es a la vez hu\u00e9sped y v\u00edctima.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber hecho la experiencia de la hospitalidad de Dios en la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, nuestro Se\u00f1or compasivo nos pide dar hospitalidad a todos los que nos encontremos a lo largo del d\u00eda. Una vez experimentada la hospitalidad de Dios en la invitaci\u00f3n que el Se\u00f1or nos hace en las \u00faltimas palabras de la misa: \u201cPod\u00e9is ir en la paz de Cristo\u201d o en la versi\u00f3n inglesa: \u201cid en paz para amar y servir al Se\u00f1or\u201d, por estas palabras, estamos invitados a acoger como hu\u00e9sped bienvenido al \u201cCristo total\u201d. Hemos sido recibidos por el hu\u00e9sped divino como sus invitados. Ahora somos nosotros los hu\u00e9spedes para acogerle en la persona de los que encontraremos despu\u00e9s de la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda. De momento puede ser dif\u00edcil porque Nuestro Se\u00f1or se presentar\u00e1 bajo disfraces distintos, a veces atractivos, otras repugnantes. Tenemos que acoger a cada uno, especialmente a los pobres, pero tambi\u00e9n a las personas que puede que no sean pobres, porque como dijo el poeta jesuita Hopkins: \u201c<em>Cristo brilla en 10.000 sitios, bello en los ojos y los miembros que no le pertenecen\u00bb.<\/em> La dificultad de aceptar siempre al \u201cCristo total\u201d, est\u00e1 bien expresado en el poema que va a concluir nuestra reflexi\u00f3n.<\/p>\n<h3 style=\"padding-left: 30px\"><strong>El problema con las Epifan\u00edas<\/strong><\/h3>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Un d\u00eda, Jes\u00fas lleg\u00f3 a mi despacho y se esper\u00f3 de pie.<br \/>\nMe enfad\u00e9 mucho, pues ten\u00eda mucho trabajo que hacer.<br \/>\nNo me hubiera molestado si hubiera sido un disminuido: a \u00e9stos, s\u00e9 c\u00f3mo tratarles.<br \/>\nPero \u00e9l, se qued\u00f3 ah\u00ed, de pie, contento de s\u00ed mismo y de su condenada guitarra.<br \/>\nNo le ofrec\u00ed asiento: se hubiera quedado hasta la tarde.<br \/>\nSeamos honestos, sencillos y francos: en ese momento, como en otros, \u00a1me he sentido como descuartizado, crucificado, no sabiendo que hacer de bueno ni por Dios ni menos a\u00fan por cualquier otro!<br \/>\nDespu\u00e9s de un largo rato, para finalizar, he terminado por preguntarle: \u201c<em>\u00a1bueno! \u00bfQu\u00e9 le pasa? \u00bfQu\u00e9 quiere usted?\u201d <\/em><br \/>\n\u00c9l se ech\u00f3 a re\u00edr simplemente, y me respondi\u00f3: <em>\u201cestaba de paso y pens\u00e9 decirle \u00a1Hola!\u201d<\/em>.<br \/>\n\u201c\u00a1<em>Genial!\u201d<\/em> aplaud\u00ed, bromeando.<br \/>\nHa dicho hola\u2026 y se ha eclipsado.<br \/>\nCuando march\u00f3, me encontr\u00e9 tan furioso conmigo, que no pude ni escuchar la radio. Fui a tomar un caf\u00e9. \u00a1El problema con Cristo es que viene siempre en el peor momento!<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: right\">Jean L\u2019heureux<\/p>\n<p>\u201c<em>No olviden la hospitalidad, pract\u00edquenla, los unos hacia los otros, sin murmurar\u201d,<\/em> sin desear por lo bajo \u00a1\u201ccon tal que yo no lo tenga que hacer!\u201d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. La hospitalidad Cuando estaba en el seminario, se nos ense\u00f1aba lo importante que era predicar y preparar las homil\u00edas. 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