{"id":136302,"date":"2015-01-21T08:30:20","date_gmt":"2015-01-21T07:30:20","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=136302"},"modified":"2015-01-21T08:30:20","modified_gmt":"2015-01-21T07:30:20","slug":"ved-como-ha-tratado-dios-a-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/ved-como-ha-tratado-dios-a-la-iglesia\/","title":{"rendered":"Ved c\u00f3mo ha tratado Dios a la Iglesia"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/12\/corazon.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-132261\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/12\/corazon-289x300.jpg?resize=289%2C300\" alt=\"corazon\" width=\"289\" height=\"300\" \/><\/a>El Se\u00f1or Vicente nos ha invitado a reconocer un aspecto esencial del reino de Dios en la Iglesia, la cual est\u00e1 presi\u00addida por el Esp\u00edritu Santo. En su tiempo, esta Iglesia sal\u00eda ele una dif\u00edcil crisis: la Reforma hab\u00eda hecho que se expusie\u00adra a plena luz el cristianismo occidental; el concilio de Trento se hab\u00eda esforzado por remediar los excesos y erro\u00adres de dicha Reforma, y los abusos por ella denunciados con Iodo derecho. En este contexto de contrarreforma se sit\u00faa nuestro santo. Es hombre de un postconcilio, uno de los que en Francia m\u00e1s hicieron para que aquel concilio pasara a la realidad de la vida de la Iglesia. Ser\u00e1 dentro don\u00adde act\u00fae, para que se pase de una Iglesia mundana a una Iglesia de los pobres, para que se restablezca el sentido de riera vida cristiana accesible a los m\u00e1s humildes, para que ate promueva la renovaci\u00f3n de un sacerdocio y de un episcopado verdaderamente apost\u00f3licos, para que cuaje el invento de una nueva forma de vida religiosa, que acoja a simples campesinas, que atienda a las m\u00faltiples necesidades de los desheredados, tan numerosos entonces en las ciudades como entre la poblaci\u00f3n del campo.<\/p>\n<p>No es todav\u00eda el tiempo del ecumenismo. Hemos visto sin embargo la cortes\u00eda con la que el Se\u00f1or Vicente prestaba atenci\u00f3n a las afirmaciones de un <em>hereje <\/em>que le aseguraba no reconocer la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en la Iglesia cat\u00f3\u00adlica, pues se desentend\u00eda de los pobres. Esta actitud romp\u00eda con un comportamiento demasiado frecuente entonces, en el que, de una y otra parte, los predicadores rivalizaban en la injuria violenta y de mal gusto. La humilde b\u00fasqueda co\u00adm\u00fan de la verdad no era all\u00ed tenida en cuenta:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abCuando se disputa con alguien, observa Vicente, la respuesta de la que se echa mano a su respecto le deja ver bien que se quiere llevar raz\u00f3n; de ah\u00ed que \u00e9l se prepare a la resistencia m\u00e1s que al reconocimiento de la verdad; de suerte que, con el debate, en lugar de efectuar una abertura en su esp\u00edritu, de ordinario se cierra la puerta de su coraz\u00f3n, mientras que la dulzura y la afabilidad se la abren\u00bb.<\/p>\n<p>San Pablo, por otra parte, no daba otro consejo a su disc\u00edpulo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abAcordaos bien, Se\u00f1ores, de las palabras de san Pablo a aquel gran misionero, san Timoteo: que un servidor de Jesucristo no debe enzarzarse en debates ni dispu\u00adtas, y puedo deciros que nunca he visto ni sabido que hereje alguno se haya convertido por la fuerza de la disputa, ni por la sutileza de los argumentos, sino antes bien, por la dulzura; tanta verdad es que esta virtud tiene fuerza capaz de ganar a los hombres para Dios\u00bb.<\/p>\n<p>En esta materia, el Se\u00f1or Vicente habla por experiencia:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abPlugo a Dios servirse del m\u00e1s miserable para la con\u00adversi\u00f3n de algunos herejes; pero \u00e9stos confesaron deberlo a la paciencia y a la cordialidad que con ellos se hab\u00eda tenido. Los mismos forzados, entre los que he estado, no se ganan de otra manera; y cuando me aconteci\u00f3 hablarles con sequedad, lo ech\u00e9 todo a perder\u00bb.<\/p>\n<p>Nadie se extra\u00f1e de ver aqu\u00ed a los forzados puestos junto a los herejes. El santo na habla de ellos m\u00e1s que de paso y haciendo alusi\u00f3n. No da una conferencia sobre la Iglesia, sino sobre la mansedumbre.<\/p>\n<p>Y cuando habla de la Iglesia, entiende evidentemente la Iglesia cat\u00f3lica. Pero lo que de ella nos dice es a menudo inesperado, ya nos hable de lo que Dios hace con su Iglesia, o ya de los hombres que en su \u00e9poca tienen como responsa\u00adbilidad mostrar el rostro humano de esa Iglesia.<\/p>\n<h2><strong><em>Dios establece su Iglesia por destrucci\u00f3n<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>A la mirada humana, la conducta de Dios en relaci\u00f3n con su Iglesia es, ya en los or\u00edgenes de ella, del todo des\u00adconcertante; no hay que ver sino \u00abc\u00f3mo la trat\u00f3 al comienzo, cuando no hab\u00eda hecho m\u00e1s que nacer\u00bb. \u00ab\u00a1Oh, qu\u00e9 admirables son los cami\u00adnos de Dios y qu\u00e9 poco comprensibles para los hom\u00adbres! Vemos que el Hijo de Dios mismo era la colum\u00adna de la Iglesia, y sin embargo el Padre eterno quiere que muera. \u00bfQu\u00e9 hace? Escoge a personas, a ap\u00f3sto\u00adles, para establecerla en toda la tierra; y aquellos ap\u00f3stoles, que eran el sost\u00e9n de la Iglesia, Dios quiere que mueran y que todos sean m\u00e1rtires; y despu\u00e9s de aquellos, suscita a otros.<\/p>\n<p>Se hubiera jurado, al ver eso, que era designio de Dios abandonar a la Iglesia y dejarla enteramente arruina\u00adda; pero es todo lo contrario; pues la sangre de los cristianos fue la semilla del cristianismo en toda la tie\u00adrra, y se cuentan hasta treinta y cinco papas, todos los cuales fueron m\u00e1rtires, uno tras otro. Hoy ver\u00edais c\u00f3\u00admo era llevado uno a la muerte; ma\u00f1ana hab\u00eda otro; a \u00e9se se le decapitaba, y ya Dios suscitaba otro. Y as\u00ed, Se\u00f1ores, es como Dios se condujo al comienzo de la Iglesia. Considerad, os ruego, este camino de Dios, que establece y afianza su Iglesia por destrucci\u00f3n, si as\u00ed puede decirse, y por ruina de los que la sosten\u00edan y eran su principal apoyo\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Dios parece establecer su Iglesia por destrucci\u00f3n! El Se\u00f1or Vicente apoya esta f\u00f3rmula parad\u00f3jica sobre los or\u00ed\u00adgenes de la Iglesia, con objeto de iluminar las dificultades de todo orden que sus misioneros encuentran para implan\u00adtar la Iglesia en la remota misi\u00f3n de Madagascar. Una mi\u00adsi\u00f3n semejante no debe extra\u00f1arse de hallar en sus comien\u00adzos las mismas dificultades que la Iglesia naciente.<\/p>\n<p>En cambio, cuando la Iglesia se instala, cuando los que han recibido el encargo de predicar el Evangelio buscan ah\u00ed beneficios y honores, causan la ruina de la Iglesia:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abHe estado estos d\u00edas pasados en una asamblea donde hab\u00eda siete prelados, quienes, reflexionando sobre los des\u00f3rdenes que se ven en la Iglesia, declaraban sin ambages que los principales causantes de ellos eran los eclesi\u00e1sticos. Son, pues, los sacerdotes; s\u00ed, nosotros so\u00admos la causa de la desolaci\u00f3n que devasta a la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>Que los sacerdotes hallen de nuevo el sentido de su verdadera misi\u00f3n, que acudan en respuesta a ella nuevas vocaciones, esa es la petici\u00f3n con frecuencia renovada del santo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLa Iglesia tiene demasiadas personas solitarias, por su misericordia, y demasiadas que son in\u00fatiles, y otras a\u00fan que la desgarran; su gran necesidad es la de hom\u00adbres evang\u00e9licos, que trabajen en purificarla, iluminar\u00adla y unirla a su divino esposo\u00bb.<\/p>\n<p>Y \u00e9l \u00abmiserable, todo cubierto y lleno de pecados\u00bb, desea que los sacerdotes de la Misi\u00f3n que ha fundado contri\u00adbuyan a ello:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab\u00a1Oh Se\u00f1or!, haced que esta peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda con\u00adtin\u00fae sirvi\u00e9ndoos con humildad y fidelidad, y que co\u00adopere al designio que mostr\u00e1is tener, de hacer por su ministerio un \u00faltimo esfuerzo que contribuya a restablecer el honor de vuestra Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>Plantea aqu\u00ed el santo una cuesti\u00f3n brutal:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab\u00bfNo parece, Se\u00f1ores, que Dios quiere trasladar su Iglesia a otros pa\u00edses?\u00bb.<\/p>\n<p>En el siglo XVII, como en el xx, parece tan evidente, co\u00adpio para que caiga de su peso, que la Iglesia est\u00e1 unida ii hi cristiandad occidental; \u00bfno es eso al menos lo que dar\u00eda a entender nuestro comportamiento m\u00e1s habitual? Pero la pregunta del santo no es una ocurrencia; sobre ella vuelve \u00e9l una y otra vez. Si el desgarrador contraste entre la pobre Iglesia perseguida de los or\u00edgenes y la Iglesia poderosa e instalada de los tiempos modernos no encuentra remedio en nuestra propia conversi\u00f3n, Dios mismo pondr\u00e1 remedio a ello y llevar\u00e1 su Iglesia a otro lugar:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEs muy cierto que el Hijo de Dios prometi\u00f3 estar junto a su Iglesia hasta el fin de los siglos; pero no prometi\u00f3 que esa Iglesia estar\u00eda en Francia, o en Es\u00adpa\u00f1a, etc. Dijo, s\u00ed, que no abandonar\u00eda a su Iglesia, y que \u00e9sta subsistir\u00eda hasta el fin del mundo en no impor\u00adta qu\u00e9 lugar, pero no precisamente aqu\u00ed o all\u00ed. Y si hu\u00adbiere un pa\u00eds en el que debiera haberla dejado, no pa\u00adrece que otro alguno fuese preferible a Tierra Santa, donde naci\u00f3 y comenz\u00f3 su Iglesia, y obr\u00f3 tantas ma\u00adravillas. Sin embargo, de esa tierra por la que tanto hizo y en la que tanto se complaci\u00f3, retir\u00f3, para em\u00adpezar, la Iglesia, para dar \u00e9sta a los Gentiles\u00bb.<\/p>\n<p>La Iglesia recobrar\u00e1 el vigor apost\u00f3lico de los primeros tiempos haci\u00e9ndose de nuevo misionera, llevando el Evan\u00adgelio a los que no tienen idea de \u00e9l:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab\u00a1Ah!, Se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, \u00a1la alegr\u00eda que Dios recibir\u00e1 si, entre los escombros de su Iglesia, entre las conmociones causadas por las herej\u00edas, entre los fuegos que la concupiscencia planta por todos lados, si, en medio de esa ruina, hay algunas personas que se ofre\u00adcen a \u00e9l, para trasladar a otro lado, si as\u00ed ha de hablar\u00adse, los restos de su Iglesia, y otros que defiendan y guarden aqu\u00ed lo poco que de ella queda! As\u00ed es como debemos obrar: sostener valerosamente aqu\u00ed lo que la Iglesia tiene e interesa a Jesucristo, y con ello trabajar sin tregua para conseguirle nuevas conquistas y hacer le conozcan los pueblos m\u00e1s alejados\u00bb.<\/p>\n<p>Poco inclinado a una visi\u00f3n que concebir\u00eda a Francia como a \u00abla hija mayor de la Iglesia\u00bb, el Se\u00f1or Vicente se preguntaba si el Hijo de Dios no prever\u00eda su traslado a otra parte, aun a partes diferentes tambi\u00e9n de Espa\u00f1a. Pero no nombra a Italia. Es porque en Italia est\u00e1 Roma, y en Roma est\u00e1 el Papa.<\/p>\n<h2><em>El Papa y los Obispos<\/em><\/h2>\n<p>Simplificando su pensamiento, sin por eso deformarlo, puede decirse que es plenamente sumiso al Papa, pero que desconf\u00eda de Roma. Y desconf\u00eda en primer lugar del supe\u00adrior, emprendedor en demas\u00eda, que ha nombrado en Roma y el cual le urge a que establezca all\u00ed la sede del superior General de su peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda; no resulta conveniente esa urgencia:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEn Roma, los esp\u00edritus son pacientes, observadores de la forma en que se conducen los hombres. Est\u00e1is en un lugar en el que hace falta una maravillosa reser\u00adva y circunspecci\u00f3n. Siempre o\u00ed decir que los italianos son la gente m\u00e1s mirada del mundo y que m\u00e1s des\u00adconf\u00eda de las personas que se apresuran. La reserva, la paciencia y la dulzura lo alcanzan todo entre ellos y con el tiempo; y como saben que nosotros los franceses vamos demasiado de prisa, nos dejan largo tiempo en tierra, sin establecer contacto con nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de sustituir a aquel superior, pone a su sucesor en guardia contra unas habilidades demasiado humanas, enderezadas a situarse bien en la curia:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEl esp\u00edritu humano os dir\u00e1 que en Roma no es como en otras partes, que ah\u00ed es preciso insinuarse, que hace falta hacerse valer, autorizarse, que hay que actuar hu\u00admanamente con los humanos y servirse con ellos de medios humanos. Pero no lo cre\u00e1is, Se\u00f1or; todas esas m\u00e1ximas enga\u00f1an, cuando se trata de una Compa\u00f1\u00eda que Nuestro Se\u00f1or se ha suscitado, a la que anima \u00e9l con sus m\u00e1ximas y que pretende obrar seg\u00fan su esp\u00ed\u00adritu. Lo que os digo parece parad\u00f3jico; estad seguro, Se\u00f1or, de que os lo har\u00e1 ver la experiencia\u00bb.<\/p>\n<p>Aunque desconf\u00eda, cree sin embargo el santo en la posi\u00adbilidad y hasta en la necesidad de un tipo muy diferente de comportamiento, el \u00fanico que conviene a la Iglesia de Jesu\u00adcristo. Y aqu\u00ed no habla solamente de o\u00eddas. El mismo fue a Roma dos veces en los primeros a\u00f1os de su sacerdocio, y evoca de grado su recuerdo conmovido:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abHeos ah\u00ed, pues, llegado por fin a Roma, escribe al sacerdote por \u00e9l enviado en 1631 para que consiga el reconocimiento de su Instituto. Roma, donde est\u00e1 la cabeza visible de la Iglesia militante, donde est\u00e1n los cuerpos de san Pedro y de san Pablo y de tantos otros m\u00e1rtires y santos personajes, que en otro tiempo die\u00adron su sangre y consagraron toda su vida a Jesucristo. Esta consideraci\u00f3n me conmovi\u00f3 de tal modo cuando estuve en Roma hace treinta a\u00f1os, que, aunque estaba cargado de pecados, no dej\u00e9 de enternecerme, hasta llorar, me parece\u00bb.<\/p>\n<p>Y recuerda varias veces que aquella fue para \u00e9l la oca\u00adsi\u00f3n de ver al Papa entonces reinante, Clemente VIII.<\/p>\n<p>En sus conferencias se manifiesta de manera muy fami\u00adliar la confianza que el Se\u00f1or Vicente tiene en el Papa:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abVeis, es el Papa, es un santo var\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Concede sobre todo una gran importancia a su responsa\u00adbilidad doctrinal; pero para que \u00e9sta pueda expresarse con conocimiento de causa, vela por la informaci\u00f3n, con objeto de que sea justa la que llegue hasta el Soberano Pont\u00edfice, cuya buena fe est\u00e1 expuesta a denuncias calumniosas. De creer a estas \u00faltimas, la mayor\u00eda de los obispos franceses compartir\u00eda \u00ablos nuevos sentimientos\u00bb de una doctrina aven\u00adturada. \u00abImporta hacer ver que esos son muy pocos\u00bb, escribe el Se\u00f1or Vicente a los obispos; y obtiene la firma de ochenta y cinco de ellos para pedir al Papa la condenaci\u00f3n del jan\u00adsenismo. Desea que el soberano Pastor se exprese a tiempo con claridad; no hacerlo es \u00abdar tiempo a que los autores de doctrinas perniciosas esparzan su veneno\u00bb; y es tambi\u00e9n quitar el m\u00e9rito de la obediencia a varias personas de condici\u00f3n y de gran piedad \u201cque no ans\u00edan sino saber la verdad: en espera del resultado de este ansia, siguen estando de buena fe en es\u00adte partido, que por este medio engrosan y fortifican, habi\u00e9ndosele adherido por la apariencia de bien y de reforma que predica, que es la piel de oveja de que siempre se cubrieron los verdaderos lobos para abusar de las almas y seducirlas\u00bb.<\/p>\n<p>El Papa es, adem\u00e1s de guardi\u00e1n de la doctrina, el primer responsable de la misi\u00f3n universal de la Iglesia; \u00e9l solo tiene el poder de enviar por toda la tierra. Y ese es el motivo por el que el Se\u00f1or Vicente recomienda la obediencia que le es debida:<\/p>\n<p>\u00bfA qui\u00e9n debemos obediencia? La Regla comienza por nuestro santo padre el Papa; es el padre com\u00fan de todos los cristianos, la cabeza visible de la Iglesia, el vicario de Jesucristo, el sucesor de san Pedro; a \u00e9l debemos obediencia nosotros que estamos en el mun\u00addo para instruir a los pueblos sobre la obediencia que han de mostrar ellos lo mismo que nosotros por ese pastor universal de nuestras almas. Nos corresponde darles ejemplo. A \u00e9l es, en la persona del santo, a quien Nuestro Se\u00f1or dice: <em>Pedro, apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas, <\/em>a quien este mismo Salvador dio las llaves de su Iglesia. Es como otra especie de hom\u00adbre, hasta tal punto est\u00e1 por encima de los dem\u00e1s. De\u00adbemos pues, mirarle en Nuestro Se\u00f1or, y a Nuestro Se\u00f1or en \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>La obediencia aqu\u00ed apuntada, lo es esencialmente en una perspectiva misionera, pues \u00ab\u00fanicamente Su Santidad tiene en la tierra poder para enviar a todos los eclesi\u00e1sticos por todo el mundo para gloria de Dios y salvaci\u00f3n de las almas\u00bb.<\/p>\n<p>En lo concerniente a los sacerdotes de la Misi\u00f3n, el fun\u00addador desea sin embargo, que \u00abSu Santidad tenga a bien que la direcci\u00f3n y disciplina de los enviados recaigan sobre el superior General\u00bb; pero eso no es con el fin de sustraerlos a la obediencia mi\u00adsionera, pues \u00abesos enviados ser\u00e1n, sin embargo, respecto a Su Santi\u00addad como los servidores del Evangelio respecto a su se\u00f1or, de suerte que al decirles: <em>id all\u00e1, <\/em>est\u00e9n obligados a ir; <em>venid ac\u00e1, <\/em>vengan; <em>haced esto, <\/em>est\u00e9n obligados a hacerlo\u00bb.<\/p>\n<p>El santo ha recordado la obediencia debida al Papa; luego a\u00f1ade: \u00abDebemos obediencia a nuestros se\u00f1ores los obispos. Ellos comparten, seg\u00fan algunos, la autoridad del Papa; seg\u00fan otros, reciben esta del mismo Jesucristo. Dej\u00e9moslo\u00bb.<\/p>\n<p>No es propio de \u00e9l discutir tal punto de doctrina, que el Vaticano II esclarecer\u00e1. Le basta con reconocer que tambien a los obispos es debida la obediencia del servidor del Evangelio a su se\u00f1or:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abNosotros los sacerdotes les prometimos obediencia cuando recibimos el sacerdocio. Y no solamente a ellos <em>y <\/em>a sus sucesores, sino tambi\u00e9n a los prelados de las di\u00f3cesis donde tengamos que vivir y trabajar. Les esta\u00adncos sujetos y dependemos de ellos en lo tocante a las misiones, predicaci\u00f3n, catequesis, penitencia y adminis\u00adtraci\u00f3n de los sacramentos, aunque, como un favor, hayan dejado a la Compa\u00f1\u00eda los reglamentos y orde\u00adnanzas que regulan su disciplina interna. Les debemos obediencia como a Dios. Ruego a quienes se env\u00ede a las di\u00f3cesis procedan de esta manera y les obedezcan exactamente.\u00bb<\/p>\n<p>Esta obediencia no se impone solamente a los sacerdo\u00adtes que llevan a cabo su misi\u00f3n; vale para todos y para todas. Ya en 1631, en una \u00e9poca en que a\u00fan no hab\u00eda fun\u00addado las Hijas de la Caridad, el Se\u00f1or Vicente, que se entera de cierta caritativa empresa de Luisa de Marillac en Cham\u00adpa\u00f1a, le recomienda tenga al obispo al corriente.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abMe parece har\u00edais bien y\u00e9ndole a ver y dici\u00e9ndole con toda sencillez y buena fe, por qu\u00e9 os rog\u00f3 el R. P. de Gondy os tomarais la molestia de ir a Champa\u00f1a, y lo que hac\u00e9is; y mostraos presta a cortar lo que no le agrade en vuestro proceder y a dejarlo todo, si as\u00ed lo desea; en eso est\u00e1 el esp\u00edritu de Dios. No encuentro bendici\u00f3n m\u00e1s que en eso. El obispo de Chalons es un santo var\u00f3n. Deb\u00e9is mirarle como al int\u00e9rprete de la voluntad de Dios en la situaci\u00f3n dada. Si juzga que de\u00adb\u00e9is cambiar algo en vuestro modo de obrar, hacedlo puntualmente, por favor. Si juzga que deb\u00e9is regresar, regresad tranquila y alegremente, pues har\u00e9is la volun\u00adtad de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>A decir verdad, no todos los obispos eran, por este tiem\u00adpo, \u00absantos varones\u00bb, como el obispo de Chalons. Era el tiempo de los <em>beneficios, <\/em>cuyo sistema terminaba en nom\u00adbramientos sorprendentes a veces; en una \u00e9poca en que dis\u00adpon\u00eda de los beneficios el poder real, era grande el riesgo de ver nombrado al mayor adulador, y no al m\u00e1s capacitado. El Se\u00f1or Vicente contribuy\u00f3 m\u00e1s que nadie a remediar en Francia esta situaci\u00f3n tan abusiva. Sab\u00eda que preparaba bue\u00adnos obispos cuando trabajaba en la formaci\u00f3n de sacerdo\u00adtes santos, primero en las reuniones semanales para los que ya eran sacerdotes, luego en los seminarios.<\/p>\n<p>De otro lado, muy pronto est\u00e1 en situaci\u00f3n de vigilar para que se ponga al frente de las di\u00f3cesis, no a sacerdotes mundanos, sino a pastores cuyo celo apost\u00f3lico ha habido ocasi\u00f3n de valorar. Antes de morir, el rey Luis XIII hace se le consulte para saber a qui\u00e9n ha de poner al frente de las di\u00f3cesis sin pastor, y se maravilla de su juicio: \u00abSe\u00f1or Vicente ente, si yo recobrase la salud, los obispos pasar\u00edan tres a\u00f1os junto a vos\u00bb. Muy pronto le nombra la reina regente miem\u00adbro del Consejo de Conciencia, y en adelante el consejo del Se\u00f1or Vicente prepondera en la elecci\u00f3n de los obispos de Francia, y s\u00f3lo el m\u00e9rito verdadero cuenta a sus ojos como a los ojos de Dios.<\/p>\n<p>Mantiene adem\u00e1s una importante correspondencia con un buen n\u00famero de obispos, a los que no cesa de recordar las exigencias de su cargo, la primera de las cuales es la santidad; cree en efecto \u00abque un sacerdote ha de ser m\u00e1s perfecto que un reli\u00adgioso como tal, y mucho m\u00e1s un obispo\u00bb.<\/p>\n<p>Escribe a uno de ellos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab\u00a1Oh, lo rico que es el obispo y la admiraci\u00f3n que despierta, no s\u00f3lo en cuantos le ven, sino en cuantos oyen hablar del tesoro de sus virtudes! Es un hecho bien grande, que el mismo mundo declara como m\u00e1s estimable la santa pobreza de un obispo que conforma su vida a la de Nuestro Se\u00f1or, obispo de obispos, que las riquezas, el lujo y la pompa de un obispo que po\u00adsee muchos bienes\u00bb.<\/p>\n<p>Hay que decir que su corresponsal le hab\u00eda escrito acerca de la dificultad de cumplir con su cometido en su di\u00f3cesis (Boulogne y Saint-Omer), \u00abdada la baja renta\u00bb, y que hac\u00eda al mismo tiempo el recorrido de la visita pastoral \u00abcon un s\u00e9quito de seis personas a caballo\u00bb: \u00abeso extra\u00f1a y causa admiraci\u00f3n en todos\u00bb, le escribe el santo y a\u00f1ade:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLo que digo, Monse\u00f1or, no impedir\u00e1 que aproveche la ocasi\u00f3n de exponer vuestras necesidades llegado el momento\u00bb.<\/p>\n<p>La di\u00f3cesis era ciertamente muy pobre, y los forajidos la devastaban a menudo.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abMe postro en esp\u00edritu a vuestros sagrados pies y pido vuestra santa bendici\u00f3n, yo, que soy en el amor de Nuestro Se\u00f1or, Monse\u00f1or, vuestro muy humilde y obe\u00addiente servidor\u00bb.<\/p>\n<p>Respetuoso en la forma, firme en el fondo, el Se\u00f1or Vi\u00adcente reconoce, pues, le responsabilidad de primer orden que los obispos tienen en la misi\u00f3n de la Iglesia. Es lo que escri\u00adbe en 1639 a santa Juana de Chantal:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abVivimos en el esp\u00edritu de los servidores del Evangelio en relaci\u00f3n con nuestros se\u00f1ores los obispos, y si nos dicen: <em>Id all\u00e1, <\/em>vamos; <em>venid ac\u00e1, <\/em>venimos; <em>haced esto, <\/em>lo hacemos\u00bb.<\/p>\n<p>Hasta acaricia, adem\u00e1s de los tres votos de pobreza, cas\u00adtidad y obediencia, y el cuarto, que la mayor\u00eda de los miem\u00adbros de su Congregaci\u00f3n ha hecho, de dedicarse a la exis\u00adtencia del pobre pueblo, \u00abun quinto voto, que es el de obedecer a nuestros se\u00ad\u00f1ores los obispos en las di\u00f3cesis en las que estamos establecidos\u00bb.<\/p>\n<p>Como Superior General, se reserva naturalmente \u00abla disciplina dom\u00e9stica de la Congregaci\u00f3n\u00bb. Por lo dem\u00e1s, vigila\u00adr\u00e1 con <em>ese <\/em>motivo para que los obispos no empleen indistintamente a los sacerdotes de la Misi\u00f3n en tareas que no importen a su vocaci\u00f3n; y si admite excepciones en este cam\u00adpo, hay por lo menos un punto en el que se mostrar\u00e1 inflexible con los obispos: la cuesti\u00f3n de las finanzas&#8230;<\/p>\n<p>EI obispo de Tr\u00e9guier deseaba ver a los sacerdotes de la Misi\u00f3n ejerciendo el ministerio en su ciudad episcopal.<\/p>\n<p>Los habitantes de las ciudades no carecen ordinariamente de socorro espiritual:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abPor eso, Monse\u00f1or, os suplicamos muy humildemente, no permit\u00e1is, no permit\u00e1is que nuestros misioneros den este mal ejemplo a sus cohermanos; pues, dada la propensi\u00f3n que muchos tienen a trabajar en la ciudad, y m\u00e1s por los ricos que por los pobres, ser\u00eda de temer, si llegaran a acostumbrarse a ello, que no quisieran ya volver al campo en busca de la oveja perdida, y que se hiciesen as\u00ed in\u00fatiles a la Iglesia de Dios e incapaces de obedecer a los se\u00f1ores prelados\u00bb.<\/p>\n<p>Recuerda esas mismas Reglas, aunque algo m\u00e1s flexible-monte, al cardenal arzobispo de G\u00e9nova, que ped\u00eda a los sacerdotes de la Misi\u00f3n, dieran retiros en las comunidades de religiosas. El Se\u00f1or Vicente admite esta excepci\u00f3n, pero desea que no se renueve:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEn respuesta a vuestra carta del 13, escribe al supe\u00adrior de la comunidad, os dir\u00e9 que hay que obedecer al Se\u00f1or Cardenal en cuanto a los ejercicios espirituales de las casas de muchachas en las que desea trabaj\u00e9is, aunque tenemos por m\u00e1xima y costumbre alejar de la Compa\u00f1\u00eda todo ministerio entre muchachas, a causa del escaso bien que en \u00e9l puede hacerse y de los lazos que se traban, por lo menos en Francia. En caso de que Su Eminencia os mande hacer lo mismo en otros monasterios, me pregunt\u00e1is qu\u00e9 le dir\u00e9is. Respondo que procur\u00e9is prevenirle, inform\u00e1ndole de nuestra Re\u00adgla y de nuestra pr\u00e1ctica, cuando encontr\u00e9is ocasi\u00f3n favorable para ello. Y si, despu\u00e9s de eso, desea que pas\u00e9is por encima de ello, habr\u00e1 que hacerlo\u00bb.<\/p>\n<p>El santo hab\u00eda a\u00f1adido: \u00abpues debemos antes seguir su mandato que nuestra resoluci\u00f3n\u00bb, pero rasp\u00f3 estas \u00faltimas palabras.<\/p>\n<p>Un punto hay, en el que siempre sigui\u00f3 su resoluci\u00f3n, y es el concerniente a su independencia financiera. La his\u00adtoria del priorato de San L\u00e1zaro manifiesta, desde su origen, una determinaci\u00f3n que nunca ser\u00e1 desmentida. La Congre\u00adgaci\u00f3n de la Misi\u00f3n se hab\u00eda fundado en 1625, y en 1626 era aprobada por el arzobispo de Par\u00eds; hablase establecido entonces en el colegio des Bons-Enfants, al que se retir\u00f3 el Se\u00f1or Vicente cuando dej\u00f3 la familia de los Gondi. El prio\u00adrato de San L\u00e1zaro era entonces un beneficio que gozaba de <em>frutos, derechos, rentas y emolumentos; <\/em>hablase fundado para que sirviese de leproser\u00eda, pero no hab\u00eda leprosos ya; y m\u00e1s que nada, Adrien Le Bon, can\u00f3nigo regular de San Agust\u00edn, viv\u00eda en tirantez con sus religiosos. Buscaba \u00e9l alg\u00fan otro beneficio con el que canjear su priorato. As\u00ed es co\u00admo, en 1630, tiene la idea de ofrec\u00e9rselo al Se\u00f1or Vicente, para que instale a su Congregaci\u00f3n. De ah\u00ed provendr\u00e1 el nombre de <em>Lazarista. <\/em>Seg\u00fan su costumbre, el santo se guardar\u00e1 bien de precipitarse en esta oferta tan ventajosa. El buen prior se extra\u00f1a: \u00abPero \u00a1c\u00f3mo, Se\u00f1or, tembl\u00e1is!\u00bb.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abCierto, Se\u00f1or, me espanta vuestra propuesta; y me pa\u00adrece tan por encima de nosotros, que no osar\u00eda pensar en ella. Nosotros somos pobres sacerdotes que vivimos en la sencillez, sin m\u00e1s designio que el de servir a la pobre gente del campo\u00bb.<\/p>\n<p>Fiar\u00e1n falta casi dos a\u00f1os para triunfar sobre sus obje\u00adciones y llegar, en enero de 1632, a la anexi\u00f3n de San L\u00e1\u00adzaro a la Misi\u00f3n, que aprobar\u00e1 el arzobispo de Par\u00eds y con\u00adfirmar\u00e1 el rey por carta patente. En \u00e9sta \u00faltima, <em>Luis, rey por la gracia de Dios de Francia y de Navarra, <\/em>sabedor de que el priorato de San L\u00e1zaro se fund\u00f3 para <em>acoger y cuidar a los pobres leprosos, y viendo dicha enfermedad aplacada, ele modo que no habr\u00eda al presente leproso alguno en dicho priorato, <\/em>juzga <em>no poder satisfacer las intenciones del fun\u00addador m\u00e1s dignamente que transfiriendo lo destinado al cui\u00addadlo de los cuerpos manchados de lepra a la curaci\u00f3n de la lepra del pecado. <\/em>Puesto que <em>los sacerdotes de la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n tienen por \u00fanica preocupaci\u00f3n aplicarse gratuitamente a la instrucci\u00f3n del pobre pueblo, <\/em>a\u00f1ade el real texto, <em>en ejecuci\u00f3n del convenio acordado <\/em>por el prior de San L\u00e1zaro y sus religiosos con dichos sacerdotes <em>con benepl\u00e1cito nuestro, <\/em>una transacci\u00f3n especial efect\u00faa <em>la dimisi\u00f3n de dicho priorato, leproser\u00eda o administraci\u00f3n de San <\/em><em>L\u00e1zaro, frutos, rentas y emolumentos de los mismos, para que queden unidos, anexos e incorporados a perpetuidad a dicha congregaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>El Se\u00f1or Le Bon, prior de San L\u00e1zaro, rend\u00eda cuentas al arzobispo. El Se\u00f1or Vicente, en cambio, se niega a ello rotundamente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abCuando entramos, nos condujo all\u00e1 el Se\u00f1or Arzobis\u00adpo de Par\u00eds y quiso obligarnos a rendirle cuentas, co\u00admo hac\u00edan los antiguos religiosos; pero le dije que pre\u00adfer\u00edamos volvernos; y por mucho que se me dijo, Dios me dio la gracia de mantenerme firme\u00bb.<\/p>\n<p>Invoca este precedente cada vez que, con ocasi\u00f3n de una nueva fundaci\u00f3n, el obispo de un lugar se preocupa a causa de la financiaci\u00f3n. Se lo recuerda todav\u00eda, en una de sus postreras cartas, el 17 de septiembre de 1660, al obispo de Narbona:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abParece que Vuestra Grandeza nos quiere obligar a rendir cuentas de lo temporal, que es algo con lo que ning\u00fan prelado nos ha comprometido, ni dentro ni fue\u00adra del reino en que estamos establecidos; ni siquiera la casa de San L\u00e1zaro quisimos aceptar con esa carga, aun cuando el lugar fuese muy ventajoso para nuestra congregaci\u00f3n. Y como el Se\u00f1or Arzobispo nos urgiese a aceptarla con esa condici\u00f3n, dij\u00edmosle que antes sal\u00addr\u00edamos que quedarnos all\u00ed con esa obligaci\u00f3n; y \u00e9l tuvo a bien exhimirnos de ella, para conservarnos, pues sin eso nos hubi\u00e9semos retirado\u00bb.<\/p>\n<p>Es dif\u00edcil ser m\u00e1s claro: Si insist\u00eds, marchamos. \u00bfPor qu\u00e9 una actitud tan inflexible? El Se\u00f1or Vicente no era hombre de dinero. No cesa de repetir a los sacerdotes de la Misi\u00f3n, que viven del trabajo de la pobre gente, expuesta a las inclemencias del tiempo, al ardor del sol, a la lluvia:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abVivimos del patrimonio de Jesucristo, del sudor de la Pobre gente. Debi\u00e9ramos siempre pensar, cuando va\u00admos al refectorio: <em>\u00bfHe ganado el alimento que voy a tomar? <\/em>Yo tengo con frecuencia este pensamiento, que me pone en confusi\u00f3n: <em>Miserable, \u00bfhas ganado el pan que vas a comer, este pan que te llega del trabajo de los pobres?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>A las Hijas de la Caridad, que reciben a veces alg\u00fan donativo, les recuerda que no deben guardar para s\u00ed propias ni siquiera un ochavo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab\u00a1A qui\u00e9nes se lo quit\u00e1is, cuando os guard\u00e1is algo de lo que se os pone en las manos? A los pobres. \u00a1Oh Salvador! \u00a1A los pobres! Rob\u00e1is al mismo Dios. \u00a1C\u00f3mo! \u00a1Tomar lo destinado a la pobre gente, que no tiene m\u00e1s que lo que se le da, vosotras, que deb\u00e9is ser sus ma\u00addres y proveedoras! \u00a1He ah\u00ed algo peor que el pecado mortal, m\u00e1s all\u00e1 de lo que manda el voto! Es un sa\u00adcrilegio, pues ese bien pertenece al buen Dios y \u00e9l es quien ha inspirado darlo a los pobres. Se os conf\u00eda para que lo distribuy\u00e1is, y sois tan desgraciadas, \u00a1que os lo apropi\u00e1is! \u00a1Oh! \u00a1Dios m\u00edo! \u00bfQu\u00e9 es eso? \u00a1Oh! \u00a1Qu\u00e9 desgracia! \u00a1Oh! \u00a1La miserable que haga eso!\u00bb.<\/p>\n<p>No, no es para cometer \u00abalgo peor que un pecado mor\u00adtal\u00bb, no es para reservarse las ventajas de un beneficio, por lo que el Se\u00f1or Vicente se niega a rendir cuentas a los obispos, a quienes de otro lado da pruebas de respeto y obediencia. \u00bfPor qu\u00e9, entonces? Las razones que da parecen poco convincentes:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abMi raz\u00f3n, dice a prop\u00f3sito de San L\u00e1zaro, era que, como andamos misionando de un lado para otro, es casi imposible anotar detalladamente los diversos gas\u00adtos que hacemos; y con esa dificultad, para sacar una cuenta, har\u00eda falta contar gastos que no habr\u00edamos he\u00adcho, en lugar de los verdaderos, cuya consignaci\u00f3n ha\u00adbr\u00edamos omitido; cosa que no podr\u00eda hacerse sin peli\u00adgro de pecar\u00bb.<\/p>\n<p>Esta objeci\u00f3n procede de una laudable ansia de honra\u00addez: las cuentas deben ser exactas; si no, \u00a1vale m\u00e1s no ha\u00adcerlas! En realidad, su reserva proviene de cierta desconfian\u00adza, puede que justificada por alguna experiencia. Sabe bien que el concilio de Trento ha recomendado se presenten anualmente las cuentas del seminario al obispo ante dos can\u00f3nigos y otros dos sacerdotes. No por eso deja de escri\u00adbir al superior de su residencia de Roma:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abHay algo que tiene enojosas consecuencias y es la obli\u00adgaci\u00f3n de rendir cuentas al se\u00f1or obispo y a todo el cabildo, aunque ello parece razonable. Ya no quisimos el trato de San L\u00e1zaro m\u00e1s que a condici\u00f3n de que se nos dispensara de rendir cuentas al Se\u00f1or Arzobispo, que era lo acostumbrado. \u00a1Oh! las enojosas consecuen\u00adcias que eso trae, aunque ello no tenga remedio, ha\u00adbi\u00e9ndolo ordenado as\u00ed el concilio\u00bb.<\/p>\n<p>Pienso yo, no obstante, que el argumento decisivo era, en definitiva, que el Se\u00f1or Vicente quer\u00eda ser su propio due\u00f1o, por juzgarlo as\u00ed necesario al buen \u00e9xito de las obras que hab\u00eda emprendido. A eso estaba acostumbrado y as\u00ed le iba bien. Y adem\u00e1s estaba hecho de esa forma. No pretend\u00eda por eso ser un modelo en todo. Muy al contrario, cuando en una de sus \u00faltimas pl\u00e1ticas, despu\u00e9s que ha hablado de la obediencia debida al Papa y a los obispos, y recordado a los sacerdotes de la Misi\u00f3n, no emprendan nada en las parroquias sin el consentimiento de los p\u00e1rrocos, aborda la obe\u00addiencia que \u00abcon prontitud, alegr\u00eda y perseverancia\u00bb se debe al superior General, se humilla hasta el exceso:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abQueda la obediencia al superior. \u00a1Oh miserable!, \u00a1obe\u00addecer a un desobediente, para con Dios, para con la santa Iglesia, para con mi padre y mi madre en la infancia! \u00a1Y toda mi vida apenas ha sido m\u00e1s que des\u00adobediencia! \u00a1Ay! Se\u00f1ores, \u00bfa qui\u00e9n prest\u00e1is obediencia? A uno que, como esos escribas y fariseos de los que acabo de hablaros, est\u00e1 lleno de vicios y de pecados. Pero eso es lo que har\u00e1 meritoria vuestra obediencia\u00bb.<\/p>\n<p>Cierto, sabe que no es perfecto; nada obsta sin embargo, a que prest\u00e1ndole obediencia \u00aben todo aquello en lo que no se vea pecado\u00bb, se pondr\u00e1 uno en estado de hacer lo que Dios manda.<\/p>\n<h2><em>Las exigencias de una verdadera caridad<\/em><\/h2>\n<p>La Iglesia, en efecto, no est\u00e1 formada por santos, sino por pecadores, a todos los niveles de la responsabilidad. La obediencia no consiste en recibir \u00f3rdenes de santos; la ca\u00adridad no consiste en amar a santos. Es cierto que lo que constituye el coraz\u00f3n de la vida de la Iglesia es la caridad; y que reconocer la autoridad de los que tienen un cargo es un medio privilegiado para reconocer aquello en lo que Dios quiere servirse de nosotros. Pero en todas estas rela\u00adciones intervienen necesariamente elementos muy humanos, demasiado humanos sin duda, l\u00edmites y estrecheces, imper\u00adfecciones y el pecado mismo. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda ocurrir de otra manera entre los pecadores que somos?<\/p>\n<p>Es uno de los puntos en los que el realismo del Se\u00f1or Vicente m\u00e1s nos ayuda a comprender lo que es para la Iglesia vivir de la caridad. No exclama \u00e9l con demasiada facilidad: <em>\u00a1Mirad c\u00f3mo se aman! <\/em>Nos ayuda a descubrir c\u00f3mo ser fieles, humildemente y con perseverancia, en amar\u00adnos, cuando uno es a menudo dif\u00edcil de amar, y est\u00e1 uno tanto m\u00e1s necesitado de un verdadero amor. Nos ense\u00f1a a no extra\u00f1arnos de los defectos de los dem\u00e1s, y a amar a \u00e9stos aun as\u00ed, sabiendo que tampoco nosotros, ciertos d\u00edas, somos f\u00e1ciles de comprender y amar. Tambi\u00e9n aqu\u00ed proceden lo m\u00e1s a menudo los ejemplos que nos pone, de las comuni\u00addades por \u00e9l fundadas. Pero no nos enga\u00f1emos en ello, es un verdadero esp\u00edritu de Iglesia lo que \u00e9l define; por eso se refiere de grado a la comunidad apost\u00f3lica establecida por el Se\u00f1or:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abNuestra vocaci\u00f3n especial es ir por toda la tierra; \u00bfcon qu\u00e9 objeto? Con el de inflamar los corazones de los hombres, hacer lo que hizo el Hijo de Dios, \u00e9l, que vino a poner fuego al mundo para abrasarlo en su amor. \u00bfQu\u00e9 hemos de querer nosotros sino que arda y lo consuma todo? Es, pues, cierto, que fue enviado no solamente para que amara a Dios, sino para hacerle amar. No me basta a m\u00ed con amar a Dios, si mi pr\u00f3jimo no le ama. Pero si estamos obligados a llevar cerca y lejos el amor de Dios, si debemos inflamar las na\u00adciones, si estamos llamados a plantar este divino fuego por todo el mundo, si eso es as\u00ed, hermanos m\u00edos, \u00bfcu\u00e1n\u00adto no debo arder yo mismo en el fuego divino?\u00bb<\/p>\n<p>La primera manifestaci\u00f3n de esta caridad debe ser el buen entendimiento entre los misioneros:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLa uni\u00f3n entre vosotros har\u00e1 que la obra de Dios tenga \u00e9xito, y nada podr\u00e1 destruir esa obra si no es la desuni\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>En realidad las cosas son menos simples:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLos hombres son de tal hechura, que est\u00e1n sujetos al choque mutuo, aun los m\u00e1s santos; testigos son san Pe\u00addro y san Pablo, y tambi\u00e9n san Pablo y san Bernab\u00e9\u00bb.<\/p>\n<p>Quienes tienen una responsabilidad \u00aba nadie deben mirar como inferior a ellos, sino a todos como hermanos. Nuestro Se\u00f1or dec\u00eda a sus dis\u00adc\u00edpulos: Yo <em>no os llamo ya mis servidores, sino que os llamo amigos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Esto no impidi\u00f3 que se manifestasen rivalidades entre ellos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abVemos que esta emulaci\u00f3n se produjo en la primitiva compa\u00f1\u00eda de la Iglesia, que fue la de los Ap\u00f3stoles; pero sabemos tambi\u00e9n que Nuestro Se\u00f1or la reprimi\u00f3, ya con su palabra, reprendiendo a los que quer\u00edan er\u00adguirse, ya con su ejemplo, humill\u00e1ndose \u00e9l el primero\u00bb.<\/p>\n<p>Este ejemplo de Jesucristo debe ser nuestra regla; hace de nosotros testigos, es decir, en el sentido fuerte de esta palabra, m\u00e1rtires:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abPublicar las verdades y las m\u00e1ximas del Evangelio de Jesucristo, no con palabras, sino conformando uno su vida a la de Jesucristo, y dar testimonio de su bon\u00addad y de su santidad a fieles e infieles; y en consecuen\u00adcia vivir y morir de ese modo, eso es ser m\u00e1rtir\u00bb.<\/p>\n<p>Muchos cristianos se indignan al comprobar que ya no hay verdadera caridad en la Iglesia; y piensan con toda na\u00adturalidad que tienen la culpa los dem\u00e1s; esos no carecen de defectos, por cierto, pero ser\u00eda vano reproch\u00e1rselos, si no comenz\u00e1semos nosotros mismos por ver todo lo que, por parte nuestra, contribuye a esa falta de caridad, la cual es, en efecto, un verdadero esc\u00e1ndalo. Lo que primero hemos de procurar es convertirnos nosotros mismos al amor, uno de cuyos elementos esenciales es aceptar que los dem\u00e1s sean lo que son, y no reproch\u00e1rselo, y amarles como son, as\u00ed co\u00admo Nuestro Se\u00f1or nos am\u00f3 con un amor que nos transforma y nos ense\u00f1a a que amemos a nuestra vez.<\/p>\n<p>Se imaginan algunos que el sufrimiento mutuo es como ponerse en el peor de los casos, una concesi\u00f3n que debe ha\u00adcerse a la imperfecci\u00f3n de los dem\u00e1s, como si s\u00f3lo ellos fuesen imperfectos. El Se\u00f1or Vicente nos ayuda a descubrir que ese sufrimiento es un elemento fundamental en nuestra vida como miembros de la Iglesia, y que nadie puede vivir ni crecer en la caridad, y dar testimonio de Jesucristo, si no es fiel en la humildad y en la mansedumbre. Ved con qu\u00e9 deli\u00adcadeza reprende \u00e9l mismo a uno de sus sacerdotes:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abNo puedo, no, no puedo, mi querido padre, expresaros el dolor que experimento contrist\u00e1ndoos. Os suplico me cre\u00e1is que, si no fuese por la importancia de la ma\u00adteria, preferir\u00eda mil veces sobrellevar yo el dolor que caus\u00e1roslo a vos\u00bb.<\/p>\n<p>El que carga con una responsabilidad, debe tener la sencillez de aceptar los l\u00edmites y los defectos de quienes co\u00adlaboran con \u00e9l:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abSi Dios no nos dio a grandes personalidades para sa\u00adlir adelante en nuestros proyectos, es que gusta mucho de que empleemos en ellos a los sujetos de los que dis\u00adponemos, por ineptos que sean\u00bb.<\/p>\n<p>Eso no est\u00e1 exento de dificultades:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abPuesto que sois el m\u00e1s antiguo y el superior, sopor\u00adtadlo todo, digo todo, en el buen Se\u00f1or Lucas; todo, digo una vez m\u00e1s, de manera que os despoj\u00e9is del superiorato y os acomod\u00e9is a \u00e9l con caridad. As\u00ed es como Nuestro Se\u00f1or gan\u00f3 y dirigi\u00f3 a sus Ap\u00f3stoles\u00bb.<\/p>\n<p>Y como no puede evitarse que el superior cometa muchas faltas, \u00abno s\u00f3lo en su calidad de superior, sino tambi\u00e9n corno misionero y como cristiano, debe sacar, ayudado de la gracia, indecibles ventajas de las advertencias que por caridad se le hacen\u00bb.<\/p>\n<p>EI santo recomienda la misma caridad en el sufrimiento de aquellos que se quejan de las imperfecciones de sus su\u00adperiores:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abNo es posible hablar a hombres perfectos, de los que nada pueda decirse. Lo que falta a ese servidor de Dios no es de consideraci\u00f3n, si se lo compara con lo que tiene; y Nuestro Se\u00f1or suplir\u00e1 incluso lo que no tiene, en lo que os afecta a vos, si mir\u00e1is a Nuestro Se\u00f1or en \u00e9l, y a \u00e9l en Nuestro Se\u00f1or, como os lo suplico con todo mi coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Debe adem\u00e1s dominar una disposici\u00f3n ben\u00e9vola, previa a todo juicio:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abPor lo dem\u00e1s, hermano m\u00edo, deb\u00e9is afianzaros en la m\u00e1xima de estimar siempre que los superiores hacen todo cuanto pueden, que hacen nada de cierta importancia sin considerarlo ni aconsejarse, y que o est\u00e1 permitido a los hermanos decir mal de su conducta; de otra suerte tendr\u00edan tantos \u00e1rbitros como s\u00fabditos\u00bb.<\/p>\n<p>Esta benevolencia es tanto m\u00e1s normal y necesaria, cuanto que tambi\u00e9n nosotros por nuestra parte la necesitamos ciertos d\u00edas. As\u00ed se lo escribe el Se\u00f1or Vicente a un hermano coadjutor que le hab\u00eda escrito denunciando todas las faltas de caridad que advert\u00eda en su comunidad:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLos santos cometieron faltas, y hasta los Ap\u00f3stoles ten\u00edan desacuerdos; mucho ten\u00eda que sufrir Nuestro Se\u00f1or entre ellos. Siendo, eso s\u00ed, hermano m\u00edo, \u00bfhabr\u00e1 que extra\u00f1arse de ver algo reprensible en aquellos con quienes est\u00e1is? Sab\u00e9is que vos tampoco est\u00e1is siempre en un mismo estado; si hoy sois exacto, si est\u00e1is muy unido a Dios y consol\u00e1is a toda la casa, ma\u00f1ana ser\u00e9is desordenado, laxo y un motivo de pena para los dem\u00e1s; y tendr\u00e9is entonces necesidad de que os sufran a vos del modo que vos les habr\u00e9is sufrido a ellos. Por eso nos inculc\u00f3 tanto nuestro com\u00fan Padre y Se\u00f1or el amor rec\u00edproco, sabiendo lo dif\u00edcil que es vivir en paz para quienes no lo tienen. \u2014Ese es el amor que nos falta, dir\u00e9is. \u2014Muy bien, hermano m\u00edo, juzgad eso de vos y no de los dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>Al inculcar esta caridad, no pretende \u00fanicamente el san\u00adto regular el buen orden interno de la comunidad, sino que pone a la Iglesia en estado de cumplir con su misi\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEstad todos bien unidos unos a otros y Dios os ben\u00addecir\u00e1, escribe a ocho misioneros que env\u00eda a Irlanda; pero que sea por la caridad de Jesucristo, pues ninguna uni\u00f3n que no est\u00e9 cimentada en la sangre de este divi\u00adno Salvador, puede subsistir. Es, pues, en Jesucristo, por Jesucristo y para Jesucristo como deb\u00e9is estar uni\u00addos unos con otros. El esp\u00edritu de Jesucristo es un es\u00adp\u00edritu de uni\u00f3n y de paz; \u00bfc\u00f3mo podr\u00edais llevar almas a Jesucristo, si no est\u00e1is vosotros mismos unidos unos a otros y con \u00e9l? No podr\u00eda ser: no teng\u00e1is, pues, m\u00e1s que un \u00fanico sentimiento y una \u00fanica voluntad, de otra suerte ocurrir\u00eda como con caballos que, enganchados a un mismo carruaje, tirasen unos hacia un lado y otros hacia otro, y lo destrozasen y rompiesen todo\u00bb.<\/p>\n<h2><em>La vida misionera y sacramental<\/em><\/h2>\n<p>Leyendo al Se\u00f1or Vicente, lo hemos comprobado, la Iglesia parece compuesta del Papa y de los obispos, de los sacerdotes y de las religiosas. El pueblo de Dios para nada entra, si no es como un pueblo de pobres al que hay que sacar de la miseria e iluminar con la luz maravillosa del Evangelio. Rige esta misi\u00f3n toda la vida de la Iglesia. Hay que correr a ella \u00abcomo cuando se corre a un incendio\u00bb. Para eso es necesario que hombres y mujeres consagren toda su vida a esa misi\u00f3n, la cual prosigue aquella que Je\u00adsucristo vino a ejecutar en este mundo. Mas para nada entra ah\u00ed el apostolado de los laicos, ni el sentido de una Iglesia toda ella misionera.<\/p>\n<p>Pero esta primera impresi\u00f3n pide ser matizada y corre\u00adgida. Cada vez que el Se\u00f1or Vicente hace a los cristianos verdaderamente cristianos, pone a \u00e9stos al servicio de los dem\u00e1s, al servicio de los m\u00e1s pobres de entre ellos, no en un esp\u00edritu de condescendencia, sino en un esp\u00edritu de humilde servicio:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLos pobres son nuestros amos\u00bb.<\/p>\n<p>Trata as\u00ed con las grandes se\u00f1oras de la ciudad como con las humildes feligresas de Ch\u00e1tillon-les-Dombes, cuyo p\u00e1\u00adrroco fue un breve instante. Emplea a unas y otras seg\u00fan aquello de lo que son capaces. Al precio que sea, les abre a la miseria del pr\u00f3jimo, para ayudarles de esa suerte a salir de su propia miseria, ignorada demasiado a menudo: ego\u00edsmo, inconsciencia, indiferencia. Comprometerlas en las <em>solidaridades humanas, <\/em>como se dice hoy, no hubiese tenido sentido alguno en aquel tiempo. Pero las despierta a la idea de que no se puede ser cristiano m\u00e1s que creciendo en la caridad, una caridad que no se paga de palabras, sino que paga con la propia persona. Las necesidades materiales y los sufrimientos humanos tienen un precio a sus ojos; y des\u00adconf\u00eda de toda persona demasiado presta a hablar de Jesucristo sin que cosa alguna en su comportamiento manifieste que vive del esp\u00edritu de Jesucristo.<\/p>\n<p>Si habla m\u00e1s de los sacerdotes de la Misi\u00f3n y de las Hijas de la Caridad, es porque no tenemos de \u00e9l m\u00e1s que palabras y escritos ocasionales, y porque ellos eran a quienes habitualmente se dirig\u00eda. Aunque unos y otros tienen en co\u00adm\u00fan el haber consagrado su vida al servicio de Dios y del pr\u00f3jimo, no pone \u00e9l a ambos en un mismo plano. Para \u00e9l los sacerdotes \u2014y no solamente los sacerdotes de la Misi\u00f3n-\u00adtienen un papel insustituible en la Iglesia de Dios.<\/p>\n<p>Como sus contempor\u00e1neos, vive en una Iglesia que, en la \u00e9poca que sucede al concilio de Trento, se repone del grave desgarr\u00f3n de la Reforma. Por no haberse sabido re\u00adformar a tiempo, la Iglesia se ha escindido. Hay que aplicar el remedio all\u00ed donde se origina el mal: obispos que son grandes se\u00f1ores, sacerdotes in\u00fatiles en las cortes principes\u00adcas, o bien pastores ineptos en el campo; r\u00e9gimen de bene\u00adficios, que da al dinero y al benepl\u00e1cito del pr\u00edncipe una par\u00adte abusiva en el reparto de los cargos&#8230; y de las rentas. Para reformar verdaderamente la Iglesia, hacen falta buenos obispos y buenos sacerdotes.<\/p>\n<p>Numerosos son los contempor\u00e1neos del Se\u00f1or Vicente que, como \u00e9l \u2014que da todos los indicios de haber iniciado en Francia el primer seminario\u2014 se emplear\u00e1n en dar bue\u00adnos sacerdotes a la Iglesia. El Se\u00f1or Olier en San Sulpicio, Bourdoise en San Nicol\u00e1s du Chardonnet; el cardenal de B\u00e9rulle y Monsieur de Condren en el Oratorio; san Juan Eudes en Normand\u00eda, todos ellos se aplican por este mismo tiempo a la obra primordial de los seminarios. Pero mientras el Oratorio y San Sulpicio acent\u00faan sobre todo la formaci\u00f3n de un sacerdote vuelto hacia Dios, <em>religiosos de Dios <\/em>(\u00a1aun\u00adque Monsieur Olier era cura p\u00e1rroco!), m\u00e1s todav\u00eda que san Juan Eudes, el Se\u00f1or Vicente forma obispos y sacerdotes <em>misioneros, <\/em>hombres del todo entregados a lo que era tarea primordial de Jesucristo: \u00abAnunciar el Evangelio a los po\u00adbres\u00bb. Lo cual exige, por cierto, que sean hombres de Dios, totalmente entregados como Nuestro Se\u00f1or al benepl\u00e1cito del Padre. Pero el acento no es el mismo que el de los gran\u00addes maestros de la escuela francesa, de la que, sin embargo, ha tomado mucho, de B\u00e9rulle se\u00f1aladamente. Para \u00e9l no es la virtud de la religi\u00f3n la que ocupa el primer plano, sino la caridad ardiente, el celo apost\u00f3lico.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or Vicente saca del Evangelio esta concepci\u00f3n del sacerdote:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abNuestro Se\u00f1or hizo sacerdotes y les instruy\u00f3 y form\u00f3, y dioles poder para que ellos hiciesen luego a otros: <em>Como el Padre me envi\u00f3 a m\u00ed, as\u00ed os env\u00edo yo a voso\u00adtros. <\/em>Su objeto era hacer por ellos lo que por s\u00ed mismo hab\u00eda hecho en su vida, salvar a todas las naciones, instruy\u00e9ndolas y administr\u00e1ndoles los sacramentos\u00bb.<\/p>\n<p>Esta concepci\u00f3n exige santidad:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abAhora que somos sacerdotes, estamos obligados a una santidad mayor y a socorrer a m\u00e1s almas. Nadie da lo que no tiene\u00bb.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abNuestro Se\u00f1or form\u00f3 sacerdotes\u00bb.<\/p>\n<p>A los que se dedican a ello despu\u00e9s de \u00e9l, hace el santo graves recomendaciones:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abNo hay nada humano en eso; eso no es la obra de un hombre, es la obra de Dios. Es la prosecuci\u00f3n de los quehaceres de Jesucristo, y por eso no puede ah\u00ed sino echarlo todo a perder la industria humana, si Dios no interviene. Ni la filosof\u00eda, ni la teolog\u00eda, ni los discur\u00adsos obran en las almas; es preciso que Jesucristo inter\u00advenga junto a nosotros, que nosotros estemos junto a \u00e9l; que nosotros actuemos en \u00e9l, y \u00e9l en nosotros\u00bb.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abFor\u00admar sacerdotes no es obra de un d\u00eda, sino de muchos a\u00f1os\u00bb.<\/p>\n<p>Si insiste as\u00ed, es en nombre de una convicci\u00f3n funda\u00admental:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab\u00a1Oh, Se\u00f1ores! \u00a1Qu\u00e9 cosa tan grande es un sacerdote! De los sacerdotes depende el bien del cristianismo. Pe\u00adro, \u00a1Salvador m\u00edo! Si un buen sacerdote puede hacer grandes bienes, \u00a1oh! el mal que trae un sacerdote cuan\u00addo prevarica\u00bb.<\/p>\n<p>Esta convicci\u00f3n hace que ponga gran cuidado en el dis\u00adcernimiento de las vocaciones, por grande que sea la enver\u00adgadura de la necesidad de aut\u00e9nticos obreros apost\u00f3licos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLa mies es mucha, y hay pocos obreros; y aun sab\u00e9is que hay gran dificultad en formarlos buenos, y que entre los sujetos que se presentan., pocos son apropia\u00addos o est\u00e1n dispuestos a llegarlo nunca a ser\u00bb.<\/p>\n<p>En aquel tiempo, como hoy, se discern\u00edan las vocaciones entre los que se presentaban; nada se oye de llamada alguna, dirigida a hombres que hubiesen tenido capacidad, pero no se percataban de ella. Tanta mayor importancia tiene escla\u00adrecer esas vocaciones. El punto al que el santo atribuye im\u00adportancia mayor, es la libertad en dar este paso. Se nos ha conservado una carta suya en la que responde a una inter\u00advenci\u00f3n episcopal demasiado insistente. En la \u00faltima parte de ella escribe:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abSiguiendo el consejo de nuestros mayores, hemos op\u00adtado por atenernos a la resoluci\u00f3n ya tomada, de no re\u00adcibir a nadie que nos sea presentado por sus parientes amigos, a causa de la experiencia que tenemos, seg\u00fan la cual, pocos son los que llegan de entre los que no lo han pedido ellos mismos, ni vienen por devoci\u00f3n y deseo de darse a Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Desconf\u00eda de las vocaciones familiares. Al saber que el hermano de un religioso suyo manifiesta el deseo de entrar en su Compa\u00f1\u00eda, manda hacer una averiguaci\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abOs ruego me dig\u00e1is la edad y estudios que tiene, sus cualidades de esp\u00edritu, sus disposiciones corporales, en una palabra todo cuanto pueda darnos un conocimien\u00adto suficiente para juzgar si le podemos efectivamente admitir, o m\u00e1s bien dejar para otra vez, y si hemos de traerle aqu\u00ed o enviarle a Richelieu. Temo le atraiga el pensar en su hermano, o la curiosidad por ver Par\u00eds, ambas cosas a la vez, m\u00e1s que el deseo de renunciar por completo al mundo\u00bb.<\/p>\n<p>En un tiempo en que una vocaci\u00f3n pod\u00eda traer muchas ventajas al interesado y a su familia, el Se\u00f1or Vicente se acuerda de sus propios comienzos, y vela tanto m\u00e1s por la pureza de las motivaciones y de las intenciones. Para con las aptitudes es menos riguroso, pues sabe que Dios se com\u00adplace en servirse de instrumentos imperfectos, y no todos est\u00e1n hechos para las mismas tareas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u201cHac\u00e9is muy bien atendiendo a las disposiciones cor\u00adporales y a las cualidades espirituales de los postulantes, escribe a un superior, para que no os hag\u00e1is cargo de ninguno, si es posible, que no vaya a llegar. Basta, sin embargo, con que tenga buena salud, un esp\u00edritu razonable y una buena intenci\u00f3n, aun cuando nada tenga de extraordinario, ni siquiera talento para la predicaci\u00f3n. Tenemos tantas otras cosas que hacer, a Dios gracias, que nadie que quiera trabajar estar\u00e1 ocio\u00adso entre nosotros. De las piedras, Dios sabe hacerse hijos de Abraham; y Nuestro Se\u00f1or, que escogi\u00f3 co\u00admo disc\u00edpulos a hombres rudos, hizo de ellos hombres apost\u00f3licos, los cuales, sin tener ciencia adquirida ni esp\u00edritus elevados, ni gran prestancia, sirvieron con todo de instrumentos a su divino Maestro para con\u00advertir al mundo. Sean los misioneros muy humildes, muy obedientes, muy mortificados, muy celosos y lle\u00adnos de confianza en Dios, y su divina bondad se servir\u00e1 de ellos \u00fatilmente por doquier, y suplir\u00e1 a otras cuali\u00addades que pudieran faltar\u00bb.<\/p>\n<p>En cuanto al papel propio del sacerdote en la Iglesia, hemos visto ya la insistencia del santo en el Anuncio de la Buena Nueva a los pobres; pero \u00e9sta no es \u00fanicamente mi\u00adsi\u00f3n del sacerdote; todos los miembros de la Iglesia est\u00e1n llamados a ella; a las se\u00f1oras de la Caridad, como a las Hijas de la Caridad, no cesa el Se\u00f1or Vicente de recordarles que no pueden contentarse con la ayuda y el socorro mate\u00adrial, sino que no deben omitir \u00abalguna buena palabra que brote del coraz\u00f3n\u00bb, para \u00abllevarles a Dios\u00bb.<\/p>\n<p>La funci\u00f3n del sacerdote sit\u00faa a \u00e9ste m\u00e1s estrictamente a\u00fan en el seguimiento de Jesucristo Salvador; y los poderes que le son propios deben permitirle jugar el mismo papel de discernimiento y de reconciliaci\u00f3n, o m\u00e1s bien permitir al Se\u00f1or mismo continuar, por mediaci\u00f3n suya, siendo el Sal\u00advador de todos, y en primer lugar de los pobres.<\/p>\n<p>Ser sacerdote,<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abtal es la funci\u00f3n por excelencia del Hijo de Dios\u00bb,<\/p>\n<p>y es<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abdarse a \u00e9l para que contin\u00fae ejecutando sus designios en nosotros y por nosotros\u00bb. \u00abEvangelizar a los po\u00adbres es la funci\u00f3n por excelencia del Hijo de Dios; y nosotros nos aplicamos a ella como instrumentos por los que el Hijo de Dios contin\u00faa haciendo en el cielo lo que hizo en la tierra\u00bb. \u00abEl car\u00e1cter de los sacerdo\u00adtes es una participaci\u00f3n en el sacerdocio eterno del Hijo de Dios. Es un car\u00e1cter del todo divino e incom\u00adparable, un poder sobre el cuerpo de Jesucristo \u2014sobre su cuerpo natural y sobre su cuerpo m\u00edstico\u2014 y un poder para perdonar los pecados de los hombres\u00bb.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEstamos constituidos para reconciliar a las almas con Dios, y a los hombres unos con otros\u00bb.<\/p>\n<p>Una misi\u00f3n semejante exige santidad:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abSomos intercesores para reconciliar a los hombres con Dios. Ahora bien, para lograrlo, lo primero que debe\u00admos hacer es esforzarnos por agradar a Dios. Es pre\u00adciso que trabajemos por hacer reinar a Dios soberana\u00admente en nosotros mismos y luego en los dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>Solamente entonces estamos en situaci\u00f3n de ejercer el delicado papel de \u00e1rbitros que nos corresponde en virtud de un t\u00edtulo particular:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abNosotros los sacerdotes estamos obligados a saber cu\u00e1\u00adles son las verdaderas luces, \u00a1para desenga\u00f1ar a quienes caminan en tinieblas, para consolar a las almas agita\u00addas por falsas ilusiones! Y si no lo hacemos somos culpables ante Dios de tantas almas como perecen por culpa nuestra, pues nuestro car\u00e1cter nos obliga a eso\u00bb.<\/p>\n<p>Para ilustrar su pensamiento acerca del papel mediador del sacerdote, evoca la imagen b\u00edblica de Mois\u00e9s con los brazos alzados al cielo en un gesto de s\u00faplica. Es en 1655:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u201cHay guerra en todos los reinos cat\u00f3licos&#8230; Guerra por doquier, miseria por doquier. En Francia, \u00a1la gente sufre! \u00a1Oh Salvador! \u00a1Oh Salvador! \u00bfQu\u00e9 puede hacer esa pobre gente de las fronteras, presa de estas miserias desde hace veinte a\u00f1os?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abDec\u00eda&#8230; \u00a1qu\u00e9 digo, miserable! Se dec\u00eda \u00faltimamente que Dios aguarda a los sacerdotes para calmar su c\u00f3\u00adlera; aguarda a que se coloquen entre \u00e9l y la pobre gente, como Mois\u00e9s, para obligarle a librarla de los males causados por su ignorancia y sus pecados, y que no sufrir\u00edan otra vez, si estuviesen instruidos, y si se trabajase en su conversi\u00f3n. Han de hacer eso los sa\u00adcerdotes. Para eso nos da la pobre gente sus bienes; mientras trabaja, mientras lucha contra la miseria, so\u00admos Mois\u00e9s, que debemos elevar las manos continua\u00admente al cielo por ellos. Somos los responsables, si sufren por su ignorancia y sus pecados; somos los cul\u00adpables de todo lo que sufren, si no sacrificamos toda nuestra vida a instruirles\u00bb.<\/p>\n<p>El ritmo del pensamiento es muy caracter\u00edstico de la mente del santo. Para \u00e9l, el sacerdote, como Mois\u00e9s, tiene por misi\u00f3n situarse entre Dios y los hombres; pero mientras que el Mois\u00e9s de la biblia, en este episodio, se nos presenta como vuelto exclusivamente hacia Dios, el sacerdote debe aqu\u00ed volverse hacia los hombres para convertirlos, para re\u00admediar lo que, en ellos, atrae la c\u00f3lera divina, y por consi\u00adguiente para instruirles antes que nada.<\/p>\n<p>Pero \u00bfc\u00f3mo puede hablar de c\u00f3lera divina, \u00e9l, que se ma\u00adravilla de la bondad infinita de Dios? Es que toma en serio ese amor de Dios, y tambi\u00e9n el pecado que lo desconoce; es para dar a conocer ese amor, para lo que renueva sin cesar el celo apost\u00f3lico de los sacerdotes. Pero sabe bien lo que desarma <em>la c\u00f3lera de Dios, <\/em>y es el amor mismo que nos de\u00admuestra en Jesucristo nuestro Salvador.<\/p>\n<p>Ese amor est\u00e1 en manos de los sacerdotes cuando ofrecen la santa misa, que es<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abel medio m\u00e1s grande que tenemos de atraernos las bendiciones de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>La misa est\u00e1 en el coraz\u00f3n de la vida y del ministerio de los sacerdotes, y el santo pide para ellos<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abla gracia de que jam\u00e1s la ofrezcan por costumbre\u00bb. \u00abNosotros los sacerdotes de Dios. Debemos esforzarnos por ofrecer con la mayor perfecci\u00f3n que nos sea posible ese sacrificio a Dios, seg\u00fan la voluntad tambi\u00e9n de Dios, como Nuestro Se\u00f1or ofreci\u00f3 en la tierra el sa\u00adcrificio cruento e incruento de s\u00ed mismo al Padre Eter\u00adno; y nosotros, Se\u00f1ores, debemos en la medida de nuestras fuerzas ofrecer nuestros sacrificios al Padre Eterno en ese mismo esp\u00edritu que acabo de decir lo hizo Nuestro Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Se muestra aqu\u00ed el papel insustituible del sacerdote,<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abal que Jesucristo da todo poder, tanto sobre su cuer\u00adpo natural como sobre el m\u00edstico, el poder de perdonar los pecados, etc. \u00a1Oh Dios, qu\u00e9 poder! \u00a1Oh! \u00a1Qu\u00e9 dig\u00adnidad!\u00bb.<\/p>\n<p>Pero este poder no es, no redunda en propia ventaja, sino que est\u00e1 al servicio de los hombres; por eso se atiene el Se\u00f1or Vicente a la costumbre de su Compa\u00f1\u00eda, consis\u00adtente en<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abno tomar nada de las misas que se nos manda decir\u00bb.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abHemos recibido de Dios la gracia de instruir y con\u00advertir a los pueblos; eso nada nos cost\u00f3, guard\u00e9monos de tomar nada de ello\u00bb.<\/p>\n<p>El sacerdote debe considerarse m\u00e1s bien como humilde ejecutor en la distribuci\u00f3n de los sacramentos, cuyo dispen\u00adsador es, y comenzar tomando en serio en su propia vida cl ministerio de la reconciliaci\u00f3n del que es servidor. Una ma\u00f1ana en que se revest\u00eda para decir la santa misa, interrumpiose el santo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEl Evangelio me ense\u00f1a que al acercarse uno al altar, si se sabe de alguien que abrigue resentimiento contra uno, debe dejar la ofrenda&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Dej\u00f3 al instante ornamentos y sacrist\u00eda y fue en busca de alguien en Par\u00eds de quien sab\u00eda abrigaba contra \u00e9l cierto inmotivado resentimiento.<\/p>\n<p>Recomienda aquello que practica. Da mucha importan\u00adcia a la vida sacramental de las Hijas de la Caridad, especiamente a la confesi\u00f3n y a la comuni\u00f3n. A decir verdad, pien\u00adsa que en general las hermanas no pecan mortalmente; les pide se confiesen sencillamente con su p\u00e1rroco, sin palabre\u00adr\u00eda in\u00fatil, y se ofrezcan regularmente a la gracia del sacra\u00admento. En cuanto a la comuni\u00f3n, insiste en su importancia, y la recomienda a los seglares, aun a los j\u00f3venes \u00abpara que les ayude a vivir cristianamente\u00bb.<\/p>\n<p>No cree pueda uno disponerse a la comuni\u00f3n mejor co\u00admulgando de tarde en tarde, y deplora la nefasta influencia del jansenismo en este punto. No hay que dejarse apartar de la comuni\u00f3n, ni por la falta de gusto ni por las penas inte\u00adriores. En un solo punto es de una exigencia absoluta: la desuni\u00f3n con el pr\u00f3jimo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab\u00a1C\u00f3mo, hijas m\u00edas, ir a la sagrada comuni\u00f3n con la desuni\u00f3n en el coraz\u00f3n, estando en discordia con el pr\u00f3jimo! \u00a1Oh, lo que hay que guardarse de ello!\u00bb.<\/p>\n<p>Hay que reconciliarse primero, y no solamente con Dios. El mismo dio ejemplo.<\/p>\n<p>Para completar este cap\u00edtulo sobre la Iglesia, falta decir una palabra de lo que el Se\u00f1or Vicente pensaba sobre Nues\u00adtra Se\u00f1ora. Tiene, cuando habla de la Virgen Mar\u00eda, la so\u00adbriedad y la justeza de expresi\u00f3n del Evangelio.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLa madre de Nuestro Se\u00f1or permaneci\u00f3 siempre vir\u00adgen y fue casta\u00bb.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEn la tierra, el Hijo de Dios someti\u00f3 obedientemente su voluntad a la Virgen Santa y a san Jos\u00e9\u00bb.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLa Virgen Santa jam\u00e1s pec\u00f3, y sufri\u00f3 mu\u00adcho; \u00bfad\u00f3nde fueron los m\u00e9ritos de sus sufrimientos? A los tesoros de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>Por esos tiene la m\u00e1s simple confianza en la oraci\u00f3n a la Madre de Dios. Lo atestigua en la carta m\u00e1s antigua que de \u00e9l nos ha llegado, cuando relata, en 1607, la aventura de su cuativerio en Berber\u00eda:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abDios mantuvo siempre viva mi confianza en la libera\u00adci\u00f3n por las asiduas oraciones que le dirig\u00eda a \u00e9l y a la Virgen Mar\u00eda, por cuya sola intercesi\u00f3n creo firme\u00admente haber sido liberado\u00bb.<\/p>\n<p>La Virgen Santa es sobre todo para \u00e9l el modelo del amor de Dios. En las Reglas de las Hijas de la Caridad, co\u00admienza con estas palabras:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLa Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad se establece para amar a Dios, servirle y honrar a Nuestro Se\u00f1or su patr\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Y a\u00f1ade:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00aby a la Virgen Santa\u00bb.<\/p>\n<p>No es que ponga a \u00e9sta en el mismo plano; por el con\u00adtrario, la pone entre las mujeres que segu\u00edan a Jes\u00fas en el Evangelio; pero es que obraba por el amor y el agrado de Dios:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab\u00bfDe qu\u00e9 os servir\u00e1 llevar un caldo, un remedio a los pobres, si el motivo de tal acci\u00f3n no fuese ese amor? Era el motivo de todas las acciones de la Virgen Santa, de las buenas mujeres que serv\u00edan a los pobres, guiadas por ella y por los Ap\u00f3stoles\u00bb.<\/p>\n<p>Como Madre de Dios que era, nada de cuanto descubr\u00eda en su Hijo desperdiciaba:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abDe la Virgen Santa se dice que guardaba en su cora\u00adz\u00f3n las palabras de su Hijo; se llenaba de ellas y luego las meditaba, de suerte que nada perd\u00eda de todas sus pl\u00e1ticas. Veis, pues, mis queridas hermanas, si la Vir\u00adgen, que tanta conversaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n ten\u00eda con Dios, a la que se descubr\u00edan los sagrados misterios y que no perd\u00eda la presencia de Dios, si con todas las lu\u00adces naturales y sobrenaturales que soberanamente la co\u00adlocaban por encima de todas las criaturas, no dejaba de guardar cuidadosamente las santas palabras de su Hi\u00adjo, \u00bfqu\u00e9 no debemos hacer nosotros para conservar en nuestros corazones la unci\u00f3n de esta santa palabra?\u00bb.<\/p>\n<p>En un tiempo en que ciertos contempor\u00e1neos suyos, para exaltar a la Madre de Dios, se entregan a hip\u00e9rboles, con frecuencia admirables, de otro lado, el Se\u00f1or Vicente en\u00adcuentra el tono justo para demostrar a la vez lo que ella tie\u00adne de \u00fanico y lo cerca que est\u00e1 de nosotros. Quiere \u00e9l en una ocasi\u00f3n confortar a uno de sus hermanos muy pr\u00f3ximo a morir, y le pregunta simplemente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab\u00bfNo detest\u00e1is con todo vuestro coraz\u00f3n todo lo que es contrario al contento y benepl\u00e1cito de Dios? \u00bfNo quisierais haberle amado toda vuestra vida, como la Virgen Santa?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfY no nos manifiesta \u00e9l en esa ocasi\u00f3n su sentir m\u00e1s \u00edntimo?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Se\u00f1or Vicente nos ha invitado a reconocer un aspecto esencial del reino de Dios en la Iglesia, la cual est\u00e1 presi\u00addida por el Esp\u00edritu Santo. 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