{"id":136279,"date":"2015-01-20T00:15:55","date_gmt":"2015-01-19T23:15:55","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=136279"},"modified":"2016-07-26T20:03:09","modified_gmt":"2016-07-26T18:03:09","slug":"carta-apostolica-rerum-ecclesiae","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-rerum-ecclesiae\/","title":{"rendered":"Carta apost\u00f3lica \u00abRerum Ecclesiae\u00bb"},"content":{"rendered":"<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p>P\u00edo XI (1922-1939) ha sido llamado el Papa de las misiones. Fue \u00e9l quien dio impulso a la consagraci\u00f3n de obispos nativos, acelerando el paso hacia la \u00abimplantaci\u00f3n\u00bb de la Iglesia, que es el fin espec\u00edfico de la misi\u00f3n. El tono de su acci\u00f3n misionera es precisamente el de acelerar la existencia y autonom\u00eda de ap\u00f3stoles nativos (sacerdotes, religiosos y laicos), de suerte que los misionerospuedan ir pronto a lugares m\u00e1s necesitados.<\/p>\n<p>La enc\u00edclica Rerum Ecclesiae (1926), que es el vig\u00e9simo segundo documento misionero de P\u00edo XI, tiene, pues, un contexto hist\u00f3rico, que es m\u00e9rito del Papa y de sus inmediatos colaboradores, como los cardenales Guillermo van Rossum y Celso Constantini: dar el t\u00edtulo de \u00abPontificias\u00bb a las cuatro Obras Misionales (1922), exposici\u00f3n misionera en el Vaticano (1925), establecimiento del Domingo Mundial de las Misiones (Domund, desde 1926), ordenaci\u00f3n en Roma de los seis primeros obispos chinos (1926), creaci\u00f3n de la biblioteca misional de Propaganda Fide, de la agencia misionera de noticias (Agencia Fides), de las Facultades o Institutos de Misionolog\u00eda para la investigaci\u00f3n cient\u00edfica sobre el tema misionero, etc.<\/p>\n<p>La enc\u00edclica parece apuntar a un doble campo: la Iglesia que env\u00eda y la Iglesia ayudada, pero empezando por suscitar la responsabilidad de toda la Iglesia respecto a la evangelizaci\u00f3n universal. Sobresale el inter\u00e9s por hacer resaltar la corresponsabilidad de los obispos con el Papa.<\/p>\n<p>Las motivaciones misioneras, para suscitar ayudas y especialmente vocaciones, se basan en el agradecimiento del don de la fe y en la urgencia de la caridad cristiana que debe derivar al anuncio del Evangelio a todos los pueblos.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de suscitar las vocaciones e instituciones nativas, el Papa insta a la formaci\u00f3n de catequistas, la introducci\u00f3n de \u00d3rdenes contemplativas y la mejor organizaci\u00f3n y coordinaci\u00f3n de la pastoral.<\/p>\n<p>En esta enc\u00edclica se inspirar\u00e1 la nueva ciencia misionol\u00f3gica de la \u00e9poca para buscar un equilibrio entre los diversos aspectos de la finalidad misional: propagar la fe (conversi\u00f3n) e implantar la Iglesia en todos los pueblos.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><strong>ENCICLICA<\/strong><br \/>\n<strong> RERUM ECCLESIAE<\/strong><br \/>\n<strong> DEL SUMO PONT\u00cdFICE<\/strong><br \/>\n<strong> P\u00cdO XI<\/strong><br \/>\n<strong> SOBRE LA ACCI\u00d3N MISIONERA<\/strong><\/p>\n<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<h3>1. Inter\u00e9s de la Iglesia por las misiones<\/h3>\n<p>1. Salta a la vista de cuantos reflexionan sobre los hechos que nos presenta la historia de la Iglesia que, ya desde la aurora misma de la aurora de nuestra Redenci\u00f3n, los pensamientos y cuidados preferentes de los Papas se encaminaron a llevar, a una con la luz de la doctrina evang\u00e9lica, los beneficios de la civilizaci\u00f3n cristiana a los pueblos que yac\u00edan en las tinieblas y sombras de muerte, sin arredrarse jam\u00e1s ante obst\u00e1culos ni dificultades algunas.<\/p>\n<p>2. No pod\u00eda ser de otro modo, ya que la Iglesia misma no tiene otra raz\u00f3n de existir sino la de hacer part\u00edcipes a todos los hombres de la Redenci\u00f3n salvadora, por medio de la dilataci\u00f3n por todo el mundo del Reino de Cristo.<\/p>\n<p>3. Por donde se ve que quien, por la divina gracia, tiene en el mundo las veces de Jesucristo, Pr\u00edncipe de Pastores, no s\u00f3lo no debe contentarse con defender y conservar la grey del Se\u00f1or ya a \u00e9l confiada, sino que faltar\u00eda a una de sus m\u00e1s graves obligaciones si no procurase con todo empe\u00f1o ganar y atraer a Cristo las ovejas a\u00fan apartadas de El.<\/p>\n<p>4. Es cierto que nuestros predecesores, para dar cumplimiento al encargo que hab\u00edan recibido de ense\u00f1ar y bautizar a todas las gentes, siempre procuraron que los hombres por ellos enviados, a muchos de los cuales venera p\u00fablicamente la Iglesia o por la santidad de su vida o por su heroico martirio, recorriesen Europa; despu\u00e9s todas las tierras desconocidas, seg\u00fan se iban descubriendo, derramando siempre por todas ellas la luz de una misma fe, bien que con resultado diverso.<\/p>\n<p>5. Con resultado diverso hemos dicho, porque sucedi\u00f3 muchas veces que, despu\u00e9s de trabajar casi sin \u00e9xito, eran muertos o desterrados los misioneros, apenas lograban desbrozar la maleza del campo que comenzaban a cultivar, o bien, despu\u00e9s de haber logrado convertirlo en florido vergel, al quedar de nuevo abandonado, volviera a cubrirse de zarzas y espinas.<\/p>\n<p>6. En cambio, en estos \u00faltimos a\u00f1os nos podemos alegrar con raz\u00f3n, viendo que si las Asociaciones consagradas a las misiones de infieles han duplicado con nuevo br\u00edo sus cuidados y sus frutos en tal empresa, tambi\u00e9n los fieles cristianos, por su parte, han sabido contribuir en igual grado al mismo \u00e9xito con esplendidez de recursos y de limosnas.<\/p>\n<p>7. Es evidente que todo este movimiento se debe en gran parte a la carta apost\u00f3lica que sobre la dilataci\u00f3n de la fe por el mundo dirigi\u00f3 nuestro \u00faltimo predecesor, el 30 de noviembre de 1919 a todos los obispos del orbe. Documento que, si sirvi\u00f3 de acicate para espolear m\u00e1s la industria y diligencia de los prelados en orden a suministrar recursos a las Misiones, no fue menos esclarecedor en sapient\u00edsimos consejos para los vicarios y prefectos apost\u00f3licos, con cuya direcci\u00f3n pudiesen \u00e9stos ya precaver las dificultades que sobreviniesen, ya tambi\u00e9n hacer que los suyos dieran el m\u00e1ximo rendimiento en el ejercicio de su santo ministerio.<\/p>\n<p>8. Por lo que a Nos se refiere, bien hab\u00e9is visto, venerables hermanos, desde los comienzos de nuestro Pontificado, lo resueltos que nos hall\u00e1bamos a no dejar piedra por mover, a fin de facilitar a todos los pueblos infieles el \u00fanico camino de salvaci\u00f3n, poniendo en contacto a los gentiles con la verdad evang\u00e9lica, haci\u00e9ndola cada d\u00eda m\u00e1s asequible por medio de los mensajeros evang\u00e9licos.<\/p>\n<p>9. Para el cumplimiento de este objetivo nos ha parecido que faltan todav\u00eda dos cosas; entrambas no s\u00f3lo convenientes, sino necesarias e \u00edntimamente ligadas entre s\u00ed. A saber: por una parte, que las levas de los misioneros, enviados a tierras tan inmensas y sin l\u00edmites, sean en n\u00famero mayores y mejorando todav\u00eda m\u00e1s la formaci\u00f3n de diversos conocimientos.<\/p>\n<p>10. Por otra parte, que los fieles se persuadan a su vez que tambi\u00e9n ellos deben concurrir a una empresa tan santa y provechosa con verdadero entusiasmo, con oraciones continuas ante Dios y con generoso desprendimiento.<\/p>\n<p>11. Y \u00bfcu\u00e1l si no \u00e9ste cre\u00e9is que era nuestro intento cuando en nuestra misma residencia mandamos abrir al p\u00fablico la Exposici\u00f3n Misionera?<\/p>\n<p>12. Resoluci\u00f3n, sin duda, aceptable a Dios, pues o\u00edmos que algunos corazones juveniles, ante aquel espect\u00e1culo, sintieron los primeros chispazos de su vocaci\u00f3n misionera, movidos ya por la gracia de Dios, ya tambi\u00e9n por la nobleza y dignidad, aun humanas de la misma empresa.<\/p>\n<p>13. Y abrigamos para el futuro la esperanza de que la admiraci\u00f3n por los misioneros y su obra, que acompa\u00f1aba siempre a las muchedumbres al visitar la Exposici\u00f3n, no ha de quedar est\u00e9ril y sin su natural provecho.<\/p>\n<p>14. De nuestra parte, para que jam\u00e1s se pierdan o se deterioren los valios\u00edsimos documentos e instrucciones \u2014que, tra\u00eddos de las misiones, nos parecen hablar sin palabra\u2014, hemos resuelto \u2014como tal vez ya lo sab\u00e9is\u2014, previa una selecci\u00f3n exquisit\u00edsima de objetos, hacer un museo de ellos, coloc\u00e1ndolos lo m\u00e1s ordenadamente posible en las salas de nuestro Palacio de Letr\u00e1n; en aquel mismo lugar, desde donde nuestros predecesores, una vez conseguida la paz de la Iglesia, enviaron a las regiones que parec\u00edan ya blancas para la siega, tantos varones no menos insignes por su celo apost\u00f3lico que por su maravillosa santidad.<\/p>\n<p>15. Cuantos visiten este museo, ya sean capitanes o simples soldados, por decirlo as\u00ed, de la campa\u00f1a misionera, como fruto de estado comparativo de las Misiones, tendr\u00e1n ante sus ojos y aspiraciones lo mejor y m\u00e1s perfecto, y si son gentes del pueblo, no creemos se han de conmover menos que cuantos vivieron con asombro la Exposici\u00f3n Vaticana.<\/p>\n<p>16. Mientras tanto, para que este inter\u00e9s vivo y a\u00fan palpitante de los fieles a favor de las Misiones se encienda m\u00e1s vigoroso y se traduzca en obras, venerables hermanos, sabed que, como dando voces, solicitamos vuestra cooperaci\u00f3n y deseamos la pong\u00e1is en pr\u00e1ctica; la cual, si en otros negocios convino y fue necesario la prestasteis, o nos la rehusar\u00e9is asidua y cuidadosamente, sobre todo en esta empresa particularmente, conforme lo reclama vuestra misma dignidad y os lo persuade el amor filial que nos profes\u00e1is.<\/p>\n<p>17. Sea cual fuere el tiempo que la divina Bondad nos conceda de vida, siempre nos traer\u00e1 ansioso y lleno de cuidado esta obligaci\u00f3n de nuestro oficio pastoral. Porque cuantas veces pensamos que a\u00fan hay miles de millones de gentiles, imposible dar descanso a nuestro coraz\u00f3n (2Cor 7,5), antes nos parece que repercute en nuestros o\u00eddos aquel \u00abDa voces y no ceses, levanta tu voz como trompeta\u00bb (Is 58,1).<\/p>\n<h2>I.- Obligaciones de todos los cryentes y motivaciones<\/h2>\n<h3>2. Amor a Dios<\/h3>\n<p>18. No necesitamos ponderar cu\u00e1n indigno ser\u00eda de la caridad, con que debemos abrazar a Dios y a todos los hombres, el que, contentos con pertenecer nosotros al reba\u00f1o de Jesucristo, para nada nos cuid\u00e1semos de los que andan errantes fuera de su redil.<\/p>\n<p>19. El deber de nuestro amor exige, sin duda, no s\u00f3lo que procuremos aumentar cuanto podamos el n\u00famero de aquellos que le conocen y adoran ya \u00aben esp\u00edritu y en verdad\u00bb (Jn 4,24), sino tambi\u00e9n que sometamos al imperio de nuestro amant\u00edsimo Redentor cuanto m\u00e1s y m\u00e1s podamos, para que se obtenga cada vez mejor \u00abel fruto de su sangre\u00bb (Sal 29,10), y nos hagamos as\u00ed m\u00e1s agradables a El, ya que nada le agrada tanto como el que los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad (1Tim 2,4).<\/p>\n<h3>3. Amor al pr\u00f3jimo<\/h3>\n<p>20. Y si Cristo puso como nota caracter\u00edstica de sus disc\u00edpulos el amarse mutuamente (Jn 13,35;15,12), \u00bfqu\u00e9 mayor ni m\u00e1s perfecta caridad podremos mostrar a nuestros hermanos que el procurar sacarlos de las tinieblas de la superstici\u00f3n e iluminarlos con la verdadera fe de Jesucristo?<\/p>\n<p>21. Este beneficio, no lo dud\u00e9is, supera a las dem\u00e1s obras y demostraciones de caridad tanto cuando aventaja el alma al cuerpo, el cielo a la tierra y lo eterno a lo temporal.<\/p>\n<h3>4. Agradecer el don de la fe<\/h3>\n<p>22. El que ejercita esta obra de caridad seg\u00fan sus fuerzas, muestra tener en todo el aprecio que se debe el dono de la fe y manifiesta, al mismo tiempo, su agradecimiento al favor de Dios para con \u00e9l, comunicando a los gentiles ese mismo don, el m\u00e1s precioso de todos, y los dem\u00e1s dones que a la fe acompa\u00f1an.<\/p>\n<h2>II.- Obligaciones particulares de Obispos y Sacerdotes<\/h2>\n<h3>5. Corresponsables con el Papa<\/h3>\n<p>23. Si ning\u00fan fiel cristiano debe tratar de rehuir este deber, \u00bfpodr\u00e1 desentenderse de \u00e9l el clero, que participa, por elecci\u00f3n y gracia de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, de su mismo sacerdocio y apostolado?<\/p>\n<p>24. O \u00bfpodr\u00e9is descuidarlo vosotros, venerables hermanos, que, honrados con la plenitud del sacerdocio, est\u00e1is por disposici\u00f3n divina, cada uno en vuestro puesto, al frente de ese mismo clero y pueblo?<\/p>\n<p>25. Vemos, por cierto, que Jesucristo impuso aquel precepto de \u00abId por todo el mundo y predicad el Evangelio a todos los hombres\u00bb (Mc 16,15), no s\u00f3lo a Pedro, cuya C\u00e1tedra ocupamos, sino adem\u00e1s a todos los ap\u00f3stoles, cuyos sucesores sois vosotros.<\/p>\n<p>26. En consecuencia, el cuidado de propagar la fe nos incumbe, s\u00ed, a Nos, pero de tal modo que tambi\u00e9n deb\u00e9is vosotros evidentemente asociaros a nuestros trabajos y auxiliarnos en esta empresa, seg\u00fan os lo permitan los propios y particulares trabajos del desempe\u00f1o de vuestro cargo.<\/p>\n<p>27. Procurad, pues, venerables hermanos, secundar de buen grado nuestros paternales deseos, ya que alg\u00fan d\u00eda se os pedir\u00e1 cuenta no peque\u00f1a de empresa tan importante.<\/p>\n<h3>6. Orar y hacer orar<\/h3>\n<p>28. Y, en primer lugar, procurad de palabra y por escrito introducir entre vuestros fieles y hacer que crezca constantemente la santa costumbre de \u00abrogar al Se\u00f1or de la mies que env\u00ede obreros a su campo\u00bb (Mt 9,38) y pedir para los fieles los auxilios de la luz y gracia celestiales.<\/p>\n<p>29. Reparad que hemos dicho la \u00abcostumbre y uso constante\u00bb y duradero de orar, porque, como todos vemos, \u00e9sta ha de lograr e influir necesariamente con la misericordia divina mucho m\u00e1s que las plegarias aisladas o encargadas s\u00f3lo de cuando en cuando.<\/p>\n<p>30. Trabajen, pues, fat\u00edguense y aun den su vida los portavoces del Evangelio por convertir a los paganos a la religi\u00f3n cat\u00f3lica, y pongan en ello ingenio, habilidad y todo g\u00e9nero de medios humanos: pero no dar\u00e1n un paso adelante, todo ser\u00e1 en vano, si Dios, con su gracia, no toca las almas de los infieles y las ablanda y las atrae hacia s\u00ed.<\/p>\n<p>31. F\u00e1cilmente se echa de ver, puesto que no hay nadie que no pueda orar, que est\u00e1 en manos de todos este socorro y como alimento de las Misiones.<\/p>\n<p>32. Por esto, har\u00edais una cosa muy conforme con nuestros deseos, y muy en armon\u00eda con el pensamiento y los sentimientos del pueblo fiel, si mandaseis que en las catedrales y en los dem\u00e1s templos se a\u00f1adiesen al rosario de la Virgen y a otras preces semejantes alguna oraci\u00f3n por las Misiones y por que los gentiles lleguen a recibir la fe.<\/p>\n<p>33. Inv\u00edtese y exh\u00f3rtese con calor a esto mismo, venerables hermanos, principalmente a los ni\u00f1os y a las v\u00edrgenes consagradas a Dios.<\/p>\n<p>34. Es decir, deseamos que de los asilos, de los llamados orfanatos, de las escuelas y colegios de ni\u00f1os, y lo mismo de todas las casas y conventos de religiosas, suba a lo alto todos los d\u00edas la oraci\u00f3n, y baje sobre tantos hombres infelices y tan numerosas razas de gentiles la misericordia de Dios. Porque a los inocentes y a las almas castas \u00bfqu\u00e9 va a negar o rehusar el Padre celestial?<\/p>\n<p>35. Por otra parte, es de esperar que en las tiernas almas de todos esos ni\u00f1os, quienes, al despuntar el primer brote de caridad, se han acostumbrado a orar por la eterna salvaci\u00f3n de los infieles, se podr\u00e1n insinuar con el favor de Dios deseos de apostolado; y si esos deseos se fomentan cuidadosamente, dar\u00e1n, quiz\u00e1 con el tiempo, obreros dignos del oficio apost\u00f3lico.<\/p>\n<h3>7. Fomentar las vocaciones misioneras<\/h3>\n<p>36. Apenas hemos hecho m\u00e1s que tocar una materia que es muy digna de que vosotros, venerables hermanos, pong\u00e1is en ella diligent\u00edsima consideraci\u00f3n.<\/p>\n<p>37. No creemos haya nadie que ignore los perjuicios, ciertamente no peque\u00f1os, que han provenido a la propagaci\u00f3n de la fe con la reciente guerra, ya que muchos, llamados de las Misiones a sus pa\u00edses, murieron por las vicisitudes de la lucha cruel; otros, arrancados de su campo de trabajo, dejaron inculto por largo tiempo su territorio; y cierto que todos esos da\u00f1os y perjuicios no s\u00f3lo conven\u00eda y conviene hoy repararlos, sino que urge recobrar el antiguo estado de cosas y a\u00fan mejorarlo y extenderlo.<\/p>\n<p>38. Adem\u00e1s, ya miremos la infinita extensi\u00f3n de regiones que todav\u00eda no se han abierto a la cultura cristiana, ya el inmenso n\u00famero de los que hasta hoy est\u00e1n privados de los beneficios de la Redenci\u00f3n, ya las necesidades y dificultades complicadas con que tropiezan los misioneros, se ve que deben aunarse los esfuerzos de los obispos y de todos los cat\u00f3licos para que se aumente y se multiplique el n\u00famero de los embajadores sagrados.<\/p>\n<p>39. Por consiguiente, si hay algunos, en cualquiera de vuestras di\u00f3cesis, j\u00f3venes o cl\u00e9rigos o sacerdotes, que parezcan llamados por Dios a este excelent\u00edsimo apostolado, secundad con vuestra benevolencia y vuestra autoridad sus planes e inclinaciones sin poner ning\u00fan g\u00e9nero de obst\u00e1culos.<\/p>\n<p>40. Pod\u00e9is, s\u00ed, con entera rectitud, examinar si esos impulsos son de Dios (1Jn 4,1); mas, una vez que hay\u00e1is formado juicio de que Dios fue quien hizo brotar y madurar tan saludable prop\u00f3sito, no os desanime ni la escasez de clero, por grande que sea, ni la necesidad de la di\u00f3cesis os retraiga de dar vuestro consentimiento.<\/p>\n<p>41. Porque vuestros diocesanos, teniendo a la mano, por decirlo as\u00ed, los medios de salvaci\u00f3n, distan mucho menos de \u00e9sta que los paganos, sobre todo los que a\u00fan viven en la barbarie y sin civilizar.<\/p>\n<p>42. Si se os presenta ocasi\u00f3n de esto, por amor de Dios y de las almas permitid generosamente en vuestro clero esta peque\u00f1a merma, si es que tal nombre puede d\u00e1rsele. Porque, al que hab\u00e9is perdido como ayudador y compa\u00f1ero de vuestros trabajos, el divino Fundador de la Iglesia lo suplir\u00e1 sin duda, o con mayor abundancia de gracias sobre la di\u00f3cesis, o excitando nuevas vocaciones para el sagrado ministerio.<\/p>\n<h3>8. Promover las Obras Misionales Pontificias<\/h3>\n<p>43. A fin de que este programa tenga su debido puesto entre las dem\u00e1s actividades de vuestro oficio pastoral, ved de mandar se establezca en vuestras di\u00f3cesis la Uni\u00f3n Misional del Clero o, en caso de que ya existiese, haced que cada d\u00eda florezca con mayor prosperidad, apoy\u00e1ndola con vuestra autoridad y exhortaciones.<\/p>\n<p>44. Apenas nacida esta Uni\u00f3n hace ocho a\u00f1os, por particular Providencia de Dios, nuestro inmediato predecesor no s\u00f3lo la enriqueci\u00f3 con toda clase de indulgencias, sino que orden\u00f3 dependiese directamente de la jurisdicci\u00f3n de Propaganda Fide.<\/p>\n<p>45. Nos mismo, una vez extendida ya la asociaci\u00f3n estos \u00faltimos a\u00f1os por muchas di\u00f3cesis, hemos querido darle m\u00e1s de una prueba de nuestra benevolencia pontificia.<\/p>\n<p>46. Todos los sacerdotes, pues, que sean miembros de esa Uni\u00f3n, y tambi\u00e9n los alumnos de sagrada teolog\u00eda, seg\u00fan su condici\u00f3n, se esfuercen, conforme al fin de la Obra, por orar ellos y hacer orar a los dem\u00e1s, sobre todo en la misa, para que se conceda el don de la fe a tantas muchedumbres de gentiles.<\/p>\n<p>47. Cuando puedan y donde puedan, prediquen al pueblo a favor de las Misiones entre infieles; y procuren, a su vez, que en d\u00edas de reuniones prefijadas se trate de esto en com\u00fan y fructuosamente se divulguen escritos de propaganda misional, y si, por dicha, encontraren a alguno que pareciera tener g\u00e9rmenes de vocaci\u00f3n apost\u00f3lica, proporci\u00f3nenle los medios de una congruente formaci\u00f3n y educaci\u00f3n misionera.<\/p>\n<p>48. Fomenten, cuanto se pueda, dentro de sus di\u00f3cesis, la Obra de la Propagaci\u00f3n de la Fe y las otras dos obras que la complementan.<\/p>\n<p>49. Vosotros mismos, venerables hermanos, como patronos e impulsores que sois, la mayor parte, de este movimiento en vuestras di\u00f3cesis, sois buenos testigos no s\u00f3lo de lo mucho que ayuda la Uni\u00f3n Misional del Clero al auge econ\u00f3mico de estas tres Obras, sino de lo mucho que prometen recaudar, seg\u00fan vaya aumentando la generosidad de los fieles.<\/p>\n<p>50. Por otra parte, la Obra de la Propagaci\u00f3n de la Fe, evidentemente la principal de todas las fundadas en favor de las Misiones y que, para gloria integ\u00e9rrima de la piados\u00edsima mujer que la fund\u00f3, y de la ciudad de Lyon, la hemos trasladado ac\u00e1 d\u00e1ndole nueva organizaci\u00f3n y otorg\u00e1ndole ciudadan\u00eda romana, espera del pueblo cristiano nuevos recursos de su largueza que respondan enteramente a las m\u00faltiples necesidades de las Misiones actuales y futuras.<\/p>\n<p>51. Y a la verdad, cu\u00e1ntas y cu\u00e1n grandes sean estas necesidades, cu\u00e1n grande la escasez de predicadores del Evangelio, se trasluc\u00eda bien a las claras en la misma Exposici\u00f3n Vaticana, por m\u00e1s que much\u00edsimos quiz\u00e1 no lo echaron de ver por pasar de corrida sus ojos sobre tanta abundancia de raros y hermos\u00edsimos objetos.<\/p>\n<p>52. No os avergonc\u00e9is ni se\u00e1is negligentes, venerables hermanos, en haceros como mendigos por Cristo y por la salvaci\u00f3n de las almas, y en insistir ante vuestros diocesanos con escritos y con palabras salidas del coraz\u00f3n, que multipliquen su generosidad y benevolencia y que acrecienten, cuanto puedan, la recaudaci\u00f3n que todos los a\u00f1os cosecha la Obra de la Propagaci\u00f3n de la Fe.<\/p>\n<p>53. Convenz\u00e1monos de que nadie debe ser tenido por tan pobre y desnudo, nadie por tan d\u00e9bil, hambriento y sediento, como el que carece del conocimiento y de la gracia de Dios. Con esto ante los ojos, recordemos que quien es misericordioso con los m\u00e1s necesitados del mundo, no quedar\u00e1 a su vez desprovisto de la misericordia de Dios y de su recompensa.<\/p>\n<p>54. Asidas como de la mano de la Obra de Propagaci\u00f3n de la Fe, vienen otras dos Obras, a saber: la de la Santa Infancia y la de San Pedro Ap\u00f3stol, que, por ser pontificias, deben ser ayudadas con donativos y limosnas preferentemente a todas las dem\u00e1s asociaciones de fines particulares.<\/p>\n<p>55. La primera, como es muy sabido, tiene por fin hacer que nuestros ni\u00f1os se acostumbren a cooperar, por medio de sus cuotas, sobre todo a la salvaci\u00f3n y educaci\u00f3n cristiana de los ni\u00f1os paganos, arrancados, gracias a ellos, de la muerte o del abandono.<\/p>\n<p>56. La segunda tiende a que, con sus oraciones, y limosnas, puedan sustentarse j\u00f3venes nativos escogidos que, tras una buena formaci\u00f3n en los seminarios, sean el d\u00eda de ma\u00f1ana sacerdotes aptos que, adem\u00e1s de facilitar la conversi\u00f3n de sus paisanos, puedan despu\u00e9s mejor conservarlos firmes en la fe.<\/p>\n<p>57. Hace poco hicimos proclamar Patrona de esta Obra de San Pedro Ap\u00f3stol a Santa Teresita del Ni\u00f1o Jes\u00fas, ya que ella, aun viviendo en clausura, usando como de un derecho de adopci\u00f3n, tom\u00f3 tan de veras a su cargo ser colaboradora de uno u otro misionero, por quienes ofrec\u00eda a su divino Esposo Jes\u00fas sus oraciones, las penitencias ordinarias y de la regla y, sobre todo, los agudos dolores que le originaba su penosa enfermedad.<\/p>\n<p>58. Sin duda que el patrocinio de la virgen de Lisieux ser\u00e1 una garant\u00eda del fructuos\u00edsimo porvenir de la Obra.<\/p>\n<p>59. Al llegar aqu\u00ed Nos queremos consignar nuestro elogio a tantos obispos que, no contentos con inscribirse ellos como socios perpetuos de la Obra, han hecho que sus seminarios y otras asociaciones de j\u00f3venes se hayan encargado de la manutenci\u00f3n y educaci\u00f3n de alg\u00fan cl\u00e9rigo ind\u00edgena.<\/p>\n<p>60. Ya Benedicto XV, nuestro predecesor, en su carta apost\u00f3lica antes citada, recomend\u00f3 al cuidado de los obispos estas dos Obras que, con raz\u00f3n se llaman complementarias de la otra m\u00e1s principal, de la Propagaci\u00f3n de la Fe, y Nos no desistimos de recomend\u00e1rosla.<\/p>\n<p>61. Ante voces tan autorizadas, confiamos que los cat\u00f3licos no tolerar\u00e1n ser vencidos en liberalidad por las sectas, que se muestran tan espl\u00e9ndidas en contribuir por su parte a la dilataci\u00f3n de sus errores.<\/p>\n<h2>III.- Normas para los Vicarios y Prefectos Apost\u00f3licos<\/h2>\n<h3>9. Aliento y gratitud<\/h3>\n<p>62. Hora es ya, venerables hermanos y queridos hijos, de dirigirnos a aquellos de vosotros que, por vuestra larga, trabajosa y prudente actuaci\u00f3n en el sagrado ministerio, os hab\u00e9is hecho dignos de que la Sede Romana os pusiese con su autoridad al frente de los Vicariatos y Prefecturas.<\/p>\n<p>63. Antes de pasar adelante, Nos queremos aqu\u00ed daros la enhorabuena m\u00e1s cumplida, a vosotros y a los misioneros que dirig\u00eds y gobern\u00e1is, por los grandes progresos que han realizado estos \u00faltimos a\u00f1os las Misiones merced a vuestra caridad y desvelos.<\/p>\n<p>64. Es imposible a\u00f1adir m\u00e1s luz a las sapient\u00edsimas normas que, sobre todos los puntos capitales de vuestro oficio y los peligros que deb\u00e9is precaver, os se\u00f1al\u00f3 nuestro \u00faltimo predecesor.<\/p>\n<p>65. Sin embargo, nos permitir\u00e9is os comuniquemos nuestros sentimientos sobre algunos puntos determinados.<\/p>\n<h3>10. Importancia y urgencia del clero nativo<\/h3>\n<p>66. Ante todo y sobre todo, queremos record\u00e9is la capital\u00edsima importancia que tiene el que os hag\u00e1is con un buen clero nativo.<\/p>\n<p>67. Un descuido en este punto os arg\u00fcir\u00eda no tanto de dejar incompleto vuestro ministerio cuanto de defraudar a la constituci\u00f3n y organizaci\u00f3n misma de la Iglesia, poniendo r\u00e9moras y retardando su acci\u00f3n.<\/p>\n<p>68. Sabemos, y lo confesamos de grado, que en algunas partes se ha empezado ya a proveer esta necesidad con la fundaci\u00f3n de seminarios, en los que j\u00f3venes nativos de buen porvenir adquieren una culta formaci\u00f3n, merced a la cual podr\u00e1n no s\u00f3lo llegar al sacerdocio, sino a\u00fan ser id\u00f3neos maestros de la fe para sus paisanos; pero \u00a1cu\u00e1n distantes estamos de lo que en esto exigen las circunstancias!<\/p>\n<p>69. Recordad a este prop\u00f3sito la queja de nuestro predecesor, de feliz memoria: \u00abEs m\u00e1s de sentir que, despu\u00e9s de tanta insistencia por parte de los Pont\u00edfices, haya todav\u00eda regiones donde, habi\u00e9ndose introducido hace muchos siglos la fe cat\u00f3lica, no se vea todav\u00eda clero ind\u00edgena bien formado, y que haya algunos pueblos, favorecidos tiempo ha con la luz y ben\u00e9fica influencia del Evangelio, y que, habiendo dejado ya su retraso y subido a tal grado de cultura que cuentan con hombres eminentes en todo g\u00e9nero de artes civiles, sin embargo, en cuesti\u00f3n de clero no hayan sido capaces de producir ni obispos que los rijan ni sacerdotes que se impongan por su saber a sus conciudadanos\u00bb. (Maximun illud, n. 38)<\/p>\n<p>70. Quiz\u00e1 no se reflexione lo bastante sobre el modo como se propag\u00f3 el Evangelio y se estableci\u00f3 la Iglesia de Dios en sus principios: asunto que tocamos ya de pasada e la sesi\u00f3n de clausura de la Exposici\u00f3n Misional del Vaticano.<\/p>\n<p>71.- All\u00ed hicimos notar que, seg\u00fan se colige claramente de los primeros documentos de la antig\u00fcedad cristiana, los ap\u00f3stoles prove\u00edan del clero a las comunidades de fieles, o tray\u00e9ndolo de fuera, sino eligi\u00e9ndolo y constituy\u00e9ndolo de entre los nuevos convertidos.<\/p>\n<p>72. Por lo tanto, no hab\u00e9is de pensar vosotros, ni los que os ayudan en vuestro ministerio, que, porque el Sumo Pont\u00edfice os confi\u00f3 el encargo de predicar a la gentilidad la Verdad cristiana, ya no hacen falta en la Misi\u00f3n sacerdotes ind\u00edgenas, si no es para ocupaciones de menor importancia y para completar en alguna manera la acci\u00f3n del misionero.<\/p>\n<p>73. \u00bfA qu\u00e9 otro fin tienden las mismas Misiones sino a fundar e implantar en regiones dilatad\u00edsimas la Iglesia de Jesucristo?<\/p>\n<p>74. Y \u00bfc\u00f3mo se lograr\u00e1 esto entre los gentiles de hoy si no es aprovechando los mismos elementos que se utilizaron entre nosotros, los gentiles de ayer, esto es, haciendo que cada pa\u00eds cuente con su propio clero y grey cristiana y con sus propios religiosos, as\u00ed hombres como mujeres?<\/p>\n<p>75. \u00bfCon qu\u00e9 derecho se le ha de impedir al clero nativo que trabaje en su propio campo, es decir, que gobierne su propia y nativa Iglesia?<\/p>\n<p>76. Pero hay m\u00e1s: \u00bfpor ventura no os conviene sobremanera a vosotros mismos dejar al cuidado de los sacerdotes nativos, para que las guarden y acrecienten, las conquistas aseguradas, a fin de poder as\u00ed vosotros, libres y desembarazados, avanzar por nuevas regiones para sujetarlas a Cristo?<\/p>\n<p>77. Diremos m\u00e1s: aun para nuevos avances es de mucha mayor importancia el clero ind\u00edgena de lo que algunos se imaginan. Porque \u2014son palabras de nuestro predecesor\u2014, \u00abes indecible lo que vale, para infiltrar la fe en las alma de los naturales, el contacto de un sacerdote ind\u00edgena del mismo origen, car\u00e1cter, sentimientos y aficiones que ellos, ya que nadie puede saber como \u00e9l insinuarse en sus almas. Y as\u00ed, a veces sucede que se abre a un sacerdote ind\u00edgena sin dificultad la puerta de una Misi\u00f3n cerrada cualquier otro sacerdote extranjero\u00bb (Ib\u00edd., 31).<\/p>\n<p>78. \u00bfNo ocurre muchas veces que los misioneros extranjeros, por insuficiente dominio de la lengua del pa\u00eds no pudiendo expresar bien sus propias ideas, desvirt\u00faan no poco la eficacia de su predicaci\u00f3n?<\/p>\n<p>79. J\u00fantanse a \u00e9stos otros grandes inconvenientes, que es bien tener en cuenta, aunque se presenten pocas veces y parezca cosa f\u00e1cil allanarlos.<\/p>\n<p>80. Por ejemplo: las guerras, perturbaciones y cambios de r\u00e9gimen pol\u00edtico, que pueden sobrevenir en el pa\u00eds que se misiona y, como consecuencia de ellas, la petici\u00f3n o decretos de expulsi\u00f3n de los misioneros de tal o cual naci\u00f3n que all\u00ed trabajan; o tambi\u00e9n, aunque esto pueda ocurrir en menos escala, las aspiraciones de ciertos pueblos de Misiones, m\u00e1s civilizados y m\u00e1s cultos, de bastarse en s\u00ed propios en todo; sobre todo si determinan para lograrlo el arrojar violentamente de sus territorios a gobernantes, tropas y misioneros venidos de la metr\u00f3poli.<\/p>\n<p>81. En tales casos, \u00bfcu\u00e1l no ser\u00eda la ruina de la Iglesia en aquellos pa\u00edses si antes no se tuvo la precauci\u00f3n de asegurar, como una red organizada de sacerdotes ind\u00edgenas, todo el campo de las cristiandades?<\/p>\n<p>82. Tampoco hemos de olvidar que hoy tienen tambi\u00e9n aplicaci\u00f3n a Europa aquellas palabras de Cristo: \u00abLa mies es mucha, mas los obreros son pocos\u00bb (Mt 9,37), y que, prestando ella hoy d\u00eda el mayor contingente de misioneros de infieles, viene a padecer escasez de clero, tanto m\u00e1s de sentir cuanto de mayor importancia es ahora el llevar, con la ayuda de Dios, a la unidad de la Iglesia a nuestros hermanos separados, y acabar con los errores o prejuicios de los no cat\u00f3licos.<\/p>\n<p>83. A nadie se le oculta que, si no es menor hoy que en otros tiempos el n\u00famero de los j\u00f3venes llamados por Dios al sacerdocio o a la religi\u00f3n, s\u00ed lo es, por desgracia, el de los que obedecen al llamamiento divino.<\/p>\n<p>84. De todo lo cual se desprende, venerables hermanos y amados hijos, que de tal modo deb\u00e9is proveer a vuestras Misiones de clero ind\u00edgena, en orden a la propagaci\u00f3n de la fe y aun al gobierno de las nuevas cristiandades, como si ning\u00fan auxilio de misioneros hubieseis de recibir de fuera.<\/p>\n<h3>11. Construcci\u00f3n de seminarios y formaci\u00f3n del clero nativo<\/h3>\n<p>85. En algunas partes, como ya hemos dicho, hanse erigido seminarios de nativos; muchos de ellos en lugar adecuado, entre varias misiones colindantes y servidos por una misma Orden o Congregaci\u00f3n, y a ellos env\u00edan, a sus expensas, los respectivos vicarios o prefectos apost\u00f3licos, j\u00f3venes muy selectos que podr\u00e1n con el tiempo recibir las \u00f3rdenes sacerdotales y servir despu\u00e9s en el sagrado ministerio.<\/p>\n<p>86. Pues esto mismo que algunos superiores de Misiones han llevado ya a la pr\u00e1ctica, Nos deseamos, o por mejor decir, queremos y mandamos, que lo hagan en la misma forma todos los dem\u00e1s. De tal manera que no apart\u00e9is del Santuario ni a uno solo de los nativos llamados por Dios al sacerdocio y labores del apostolado que d\u00e9 buenas esperanzas para el futuro.<\/p>\n<p>87. Claro es que cuanto m\u00e1s seminaristas teng\u00e1is \u2014y es muy necesario que teng\u00e1is muchos\u2014, mayores ser\u00e1n los gastos que habr\u00e9is de sufragar.<\/p>\n<p>88. Pero no os desalent\u00e9is por eso, confiados en que amant\u00edsimo Redentor de los hombres mover\u00e1 los corazones generosos de los cristianos, de suerte que no le falten esta Sede Apost\u00f3lica los recursos necesarios para que pod\u00e1is cumplir este saludabil\u00edsimo consejo.<\/p>\n<p>89. Ahora bien: si cada uno de vosotros ha de tomar a pechos el aumentar lo m\u00e1s posible el n\u00famero de sus seminaristas, con mayor cuidado a\u00fan debe formarlos en la virtud propia del estado sacerdotal y en el esp\u00edritu de apostolado y celo de las almas, de modo que se hallen dispuestos hasta a dar la vida por la salud espiritual de sus compatriotas.<\/p>\n<p>90. Al mismo tiempo deb\u00e9is imponerles con todo esmero en el conocimiento de las ciencias sagradas y profanas, no de una manera superficial, incompleta, embrollada y compendiosa, sino procurando que sigan todo el curso ordinario de dichos estudios.<\/p>\n<p>91. Los alumnos que salgan de vuestros seminarios, provistos de toda esta abundancia de virtudes y habilidad para los ministerios apost\u00f3licos, y pericia en divinas y humanas letras, ser\u00e1n sin duda honrados y estimados de los hombres letrados e influyentes de su naci\u00f3n; y podr\u00e1n en su d\u00eda, cuando pluguiere al Se\u00f1or, quedar al frente de sus parroquias y di\u00f3cesis, sin temor a inconvenientes de ning\u00fan g\u00e9nero.<\/p>\n<p>92. Es enga\u00f1o intolerable considerar a los nativos como a seres inferiores de escasa capacidad. Pues demuestra la experiencia de mucho a\u00f1os que los naturales de regiones apartad\u00edsimas de nosotros, al oriente y al mediod\u00eda, o tienen que envidiarnos en nada en dotes de naturaleza, y a veces compiten en ingenio y buen entendimiento.<\/p>\n<p>93. El mismo entorpecimiento rudo que se ve en algunos pueblos salvajes no es sino un efecto natural de vivir y discurrir s\u00f3lo en un c\u00edrculo estrech\u00edsimo de reducid\u00edsimas necesidades.<\/p>\n<p>94. Verdad es \u00e9sta, de la que pod\u00e9is ser vosotros mismos testigos, venerables hermanos y amados hijos. Por lo que a Nos toca, delante de los ojos tenemos la confirmaci\u00f3n del hecho en tantos nativos como cursan todo g\u00e9nero de ciencias en los diversos Colegios y Seminarios de Roma; y podemos aseguraros que no son inferiores a sus condisc\u00edpulos en talento y aprovechamiento, sino que muchas veces los aventajan.<\/p>\n<p>95. Hay adem\u00e1s otra raz\u00f3n para que no permit\u00e1is en ning\u00fan modo el postergamiento habitual en oficios y ministerios del clero ind\u00edgena, y es que participan del mismo car\u00e1cter sacerdotal y del mismo apostolado que vuestros misioneros.<\/p>\n<p>96. M\u00e1s todav\u00eda, deb\u00e9is tenerlos en las ni\u00f1as de los ojos como destinados a gobernar alg\u00fan d\u00eda las iglesias y cristiandades que vosotros hab\u00e9is fundado con vuestros trabajos y sudores.<\/p>\n<p>97. Por tanto, no ha de haber m\u00e1s distinci\u00f3n alguna entre misioneros europeos e ind\u00edgenas ni motivo alguno de separaci\u00f3n, sino que a todos ha de unir igualmente la mutua reverencia y el mismo v\u00ednculo de la caridad.<\/p>\n<h3>12. Vocaciones y Congregaciones religiosas nativas<\/h3>\n<p>98. Por lo que afecta al otro punto que arriba indicamos de organizar en vuestros territorios la Iglesia de Cristo seg\u00fan todos los elementos que por disposici\u00f3n de Dios la componen, hab\u00e9is de tomar como obligaci\u00f3n vuestra muy principal la fundaci\u00f3n de casas religiosas para hombres y mujeres ind\u00edgenas.<\/p>\n<p>99. Porque \u00bfqu\u00e9 inconveniente puede haber para que se consagren a Dios en la religi\u00f3n los ne\u00f3fitos a quienes la virtud del Esp\u00edritu Santo llame al estado de perfecci\u00f3n?<\/p>\n<p>100. Punto es este en que deben tener mucho cuidado los misioneros y las religiosas que trabajan en vuestros distritos de no dejarse llevar m\u00e1s de lo justo del amor a su propio Instituto, santo y laudable por lo dem\u00e1s, haci\u00e9ndoles incurrir en estrechez de miras.<\/p>\n<p>101. Por lo tanto, si entre los ind\u00edgenas hubiere algunos que soliciten su admisi\u00f3n en cualquiera de la antiguas Congregaciones religiosas y se les reconociere aptos para apropiarse de su esp\u00edritu, si se ve que no han de desmerecer para propagar el esp\u00edritu del Instituto entre los naturales, en ninguna manera debe desaconsej\u00e1rseles ni impedirles la ejecuci\u00f3n de sus deseos.<\/p>\n<p>102. Aunque convendr\u00e1 considerar despacio si tal vez haya de ser de mayor provecho para estos casos fundar nuevas Congregaciones de ind\u00edgenas, acomodadas a las necesidades e inclinaciones de los mismos y a las circunstancias propias de cada pa\u00eds.<\/p>\n<h3>13. N\u00famero y formaci\u00f3n de catequista<\/h3>\n<p>103. Tampoco debemos pasar en silencio otro factor de gran trascendencia para la propagaci\u00f3n del Evangelio en las Misiones, y es el multiplicar el n\u00famero de los catequistas, ya sean europeos, ya principalmente ind\u00edgenas, cuyo fin fuera ayudar al misionero en la tarea de disponer y preparar a los catec\u00famenos para el bautismo.<\/p>\n<p>104. No hay por qu\u00e9 advertir aqu\u00ed que dichos catequistas, m\u00e1s con el ejemplo que de palabra, deben atraer a los infieles hacia Nuestro Se\u00f1or Jesucristo.<\/p>\n<p>105. Vosotros, venerables hermanos y amados hijos, decid\u00edos con todo empe\u00f1o a instruirlos cuidadosamente en la doctrina cristiana para que, despu\u00e9s de profundizar bien en ella, sepan acomodarse a los oyentes en sus explicaciones, lo cual har\u00e1n ellos con tanto mayor acierto cuanto que conocen mejor la condici\u00f3n natural de los ind\u00edgenas.<\/p>\n<h3>14. Introducir Ordenes Contemplativas<\/h3>\n<p>106. Para terminar esta parte que vamos tratando, relacionada con el personal escogido como cooperador de vuestros trabajos apost\u00f3licos, s\u00f3lo resta indicaros una idea que, si se reduce a la pr\u00e1ctica, pensamos ha de ayudar grandemente a la r\u00e1pida difusi\u00f3n del Evangelio.<\/p>\n<p>107. Por las letras apost\u00f3licas con que, hace un a\u00f1o, confirmamos gustos\u00edsimos las Constituciones de la Orden Cartujana, aprobadas, desde un principio, por la autoridad pontificia y acomodadas ahora al nuevo derecho can\u00f3nico, habr\u00e9is entendido la estima grande en que tenemos la vida contemplativa.<\/p>\n<p>108. Pues bien: del mismo modo que Nos exhortamos con todo calor a los superiores de estas Ordenes contemplativas a que introduzcan su austera forma de vida en las Misiones, fundando all\u00ed cenobios, de igual manera deb\u00e9is vosotros, venerables hermanos y amados hijos, acosarlos con ruegos a que lo lleven a efecto, ya que estos religiosos de vida solitaria os acarrear\u00e1n indecibles gracias del cielo para vosotros y para vuestros trabajos.<\/p>\n<p>109. No dud\u00e9is de que han de ser muy bien mirados los monjes en vuestros distritos, sobre todo en algunas regiones cuyos moradores, a\u00fan siendo casi todos gentiles, son naturalmente inclinados a la vida solitaria y de oraci\u00f3n y contemplaci\u00f3n.<\/p>\n<p>110. Buen ejemplo de ello tenemos en el c\u00e9lebre monasterio de Cistercicenses Reformados o Trapenses, que se ha establecido en el Vicariato Apost\u00f3lico de Pek\u00edn, en el que cerca de cien religiosos, chinos casi todos, se ejercitan en toda suerte de virtudes perfectas, continua oraci\u00f3n, aspereza de vida y no interrumpido trabajo, para aplacar al Se\u00f1or por los pecados propios y ajenos, y hacerlo propicio, atrayendo con la fuerza del ejemplo muchos infieles a Cristo.<\/p>\n<p>111. Por donde se ve claro como la luz de vuestros anacoretas puede, sin desorientarse en nada del esp\u00edritu y pr\u00e1ctica de su Instituto, y sin tomar parte en la vida activa, hacer mucho en pro de las Misiones cat\u00f3licas.<\/p>\n<p>112. As\u00ed que, si accedieren a vuestros deseos los superiores de dichas Ordenes y fundaren, de com\u00fan acuerdo, residencias de los suyos en vuestros territorios, har\u00edan una obra benemerit\u00edsima para la conversi\u00f3n de los paganos y nos prestar\u00edan a Nos un servicio sobremanera acepto y agradable.<\/p>\n<h3>15. Organizaci\u00f3n de los sectores pastorales<\/h3>\n<p>113. Y con esto pasemos ahora, venerables hermanos y amados hijos, a decir dos palabras sobre lo que se refiere a mejorar el r\u00e9gimen de las Misiones, que aunque no hace mucho ya esto mismo lo inculc\u00f3 nuestro Predecesor, sin embargo, pl\u00e1cenos repetirlo aqu\u00ed por el gran provecho que de ello esperamos con raz\u00f3n se seguir\u00e1 para el ejercicio del apostolado.<\/p>\n<p>114. Y como quiera que de vosotros depende en gran parte el \u00e9xito de las Misiones entre paganos, deseamos que perfeccion\u00e9is a\u00fan m\u00e1s su organizaci\u00f3n para que as\u00ed en adelante se facilite m\u00e1s la difusi\u00f3n de la verdad cristiana y se haga ella cada vez m\u00e1s asequible a mayor n\u00famero de infieles.<\/p>\n<p>115. Lo primero, pues, sea distribuir de tal suerte los misioneros en el territorio, que no quede hoy ninguna parte descuidada para cultivarla el d\u00eda de ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>116. Para esto ayudar\u00e1 poner al misionero en sitio estrat\u00e9gico, desde donde le sea f\u00e1cil visitar varios pueblos a la redonda que, provistos de su Iglesia, tengan a su frente alg\u00fan catequista; pueblos en los que, a su debido tiempo, podr\u00e1 ejercitar sus ministerios el sacerdote cuando lo visite.<\/p>\n<p>117. No olviden los misioneros que la manera de ganarse a los ind\u00edgenas ha de ser la que us\u00f3 el Divino Maestro cuando viv\u00eda sobre la tierra: \u00abCur\u00f3 a todos los enfermos\u00bb (Mt 8,16); \u00aby le siguieron muchos y los cur\u00f3 a todos\u00bb (Mt 12,15); \u00abcompadeci\u00e9ndose de ellos cur\u00f3 sus enfermos\u00bb (Mt 14,14).<\/p>\n<p>118. Esto mismo mand\u00f3 hacer a sus disc\u00edpulos, d\u00e1ndoles poder para ello: \u00abY en cualquier ciudad donde entrareis\u2026 curad los enfermos que en ella hubiese y decidles: ha llegado a vosotros el Reino de Dios\u00bb (Lc 10,8-9); \u00aby saliendo recorr\u00edan todos los pueblos, evangelizando y curando en todas partes\u00bb (Lc 9,6)<\/p>\n<p>119. Tengan tambi\u00e9n la amabilidad de Jes\u00fas para con los ni\u00f1os y peque\u00f1uelos, que, cuando les re\u00f1\u00edan los ap\u00f3stoles, El les mandaba que no les impidiesen llegarse a El.<\/p>\n<p>120. Aqu\u00ed viene bien recordar lo que otras veces hemos dicho, a saber: que aquellos que predican el Evangelio a los gentiles saben perfectamente que tambi\u00e9n ellos son sensibles a los servicios de la caridad, y que quien mira por la salud p\u00fablica, cura a los enfermos y regala a los ni\u00f1os, se granjera la benevolencia y el amor de todos los corazones.<\/p>\n<p>121. Pero, volviendo a nuestros prop\u00f3sitos, cuidad, venerables hermanos amados hijos, que si levant\u00e1is edificios, casa de la Misi\u00f3n, etc., en los lugares de vuestra residencia y en las estaciones de los misioneros, sobre todo donde haya mayor n\u00famero de cristianos, en ninguna manera los construy\u00e1is con gran lujo y esplendidez, bajo el pretexto de preparar la futura di\u00f3cesis catedral y palacio episcopal; no faltar\u00e1n para esto ocasiones oportunas.<\/p>\n<p>122. \u00bfNo sab\u00e9is que existen di\u00f3cesis, hace tiempo can\u00f3nicamente erigidas, en la que se carec\u00eda de tales edificios hasta muy poco antes de elevarlas a sede episcopal y a\u00fan donde ni ahora mismo se est\u00e1n construyendo?<\/p>\n<p>123. Tampoco es justo ni prudente que todas aquellas obras de la Misi\u00f3n, que procuran el bien espiritual o temporal de los ne\u00f3fitos, las centralic\u00e9is en una sola ciudad, por importante que sea, o en el lugar de vuestra residencia.<\/p>\n<p>124. Porque, si son muchas y de importancia, forzosamente absorber\u00e1n todos vuestros cuidados o los de los misioneros de quienes dependan, con da\u00f1o de la important\u00edsima y provechos\u00edsima visita de las cristiandades, que, empezando por escatimarse, acabar\u00e1 paulatinamente por omitirse.<\/p>\n<p>125. Y ya que hemos hecho menci\u00f3n de tales obras, adem\u00e1s del asilo, hospital o dispensario para los enfermos y escuelas de primeras letras, que no deben faltar en ninguna Misi\u00f3n, procurad haceros con Colegios de estudios superiores, donde los ni\u00f1os que no deban dedicarse a la labranza reciban educaci\u00f3n y formaci\u00f3n m\u00e1s elevada o, sobre todo, aprendan alg\u00fan oficio mec\u00e1nico.<\/p>\n<p>126. En este punto os encargamos mucho que no desatend\u00e1is a los notables del pa\u00eds y sus hijos. Es cierto que los humildes y rudos reciben con mayor docilidad la palabra de Dios. Es cierto que Cristo dijo de s\u00ed mismo \u00abEl Esp\u00edritu del Se\u00f1or\u2026 me envi\u00f3 a predicar a los pobres\u00bb (Lc 4,18), sin embargo, no es menos verdad que, adem\u00e1s de no olvidar el prop\u00f3sito de San Pablo: \u00abme debo a sabios e ignorantes\u00bb (Rom 1,14), la experiencia de cada d\u00eda nos ense\u00f1a que, una vez ganados para Cristo los grandes y poderosos del siglo, el pueblo sencillo sigue despu\u00e9s f\u00e1cilmente sus pisadas.<\/p>\n<h3>16. Dividir mejor el territorio de misi\u00f3n<\/h3>\n<p>127. Lo \u00faltimo que ocurre tratar aqu\u00ed, venerables hermanos y amados hijos, es asunto important\u00edsimo, y as\u00ed, por el reconocido amor que profes\u00e1is a la Iglesia y a las almas, os ruego lo recib\u00e1is con \u00e1nimo filial y dispuesto en todo a la obediencia.<\/p>\n<p>128. Los territorios y distritos de Misiones, que encomend\u00f3 a vuestro cuidado y diligencia la Sede Apost\u00f3lica para que los reduzc\u00e1is al imperio de Cristo, son muchas veces tan extensos que no bastan ni con mucho para cultivarlos los misioneros de que puede disponer uno u otro Instituto misionero.<\/p>\n<p>129. En este caso, imitad sin vacilaciones la conducta que en las di\u00f3cesis ya constituidas guardan los obispos, vali\u00e9ndose de religiosos de varias Congregaciones clericales o laicales, y de hermanas pertenecientes a diversos institutos.<\/p>\n<p>130. Esa ha de ser vuestra norma en requerir la ayuda de otros misioneros, sean o no sacerdotes, pertenezcan o no a vuestra Congregaci\u00f3n o Instituto, ya para la dilataci\u00f3n de la fe, ya para la educaci\u00f3n de la juventud ind\u00edgena, ya para otros cualesquiera ministerios.<\/p>\n<p>131. Glor\u00edense santamente todas las Ordenes y Congregaciones religiosas de las misiones vivas que les han sido confiadas y de los trabajos y \u00e9xitos que por el amor de Cristo han realizado en ellas hasta el d\u00eda de hoy; pero entiendan bien que no laboran en aquellas regiones ni por derecho propio ni para siempre, sino s\u00f3lo por concesi\u00f3n de la Sede Apost\u00f3lica y a voluntad de la misma. A ella, por lo tanto, compete el derecho y el deber de mirar por su entera y cumplida evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>132. No puede, pues, satisfacer a esta obligaci\u00f3n apost\u00f3lica el Papa con s\u00f3lo distribuir los pa\u00edses de misiones, grandes o peque\u00f1os, entre las varias Congregaciones misioneras, sino que, lo que m\u00e1s importa, est\u00e1 obligado a proveer siempre y cuidadosamente a que los dichos Institutos manden tantos y sobre todo tales misioneros a cada regi\u00f3n como all\u00ed fueren necesarios para difundir copiosa y eficazmente por toda ella la luz del cristianismo.<\/p>\n<p>133. Y pues el Divino Pastor nos pedir\u00e1 cuenta estrecha a Nos de su reba\u00f1o, sabed que siempre que fuere necesario o m\u00e1s oportuno y \u00fatil a los fines de la Santa Iglesia traspasar las misiones de una Congregaci\u00f3n religiosa a otra, o dividir o subdividir su territorio, erigiendo nuevos Vicariatos y Prefecturas Apost\u00f3licas para el clero ind\u00edgena o para otros Institutos, Nos lo haremos sin vacilar un punto.<\/p>\n<h2>Conclusi\u00f3n<\/h2>\n<p>134. S\u00f3lo resta ya, venerables hermanos y amados hijos, cuantos diseminados por todo el orbe cat\u00f3lico compart\u00eds con nosotros la solicitud y las alegr\u00edas del trabajo pastoral, exhortaros a que us\u00e9is de estos medios e industrias, que os ponemos en favor de las sagradas Misiones, para que \u00e9stas, renovadas e cierta manera sus fuerzas, puedan en adelante producir todav\u00eda frutos m\u00e1s abundantes.<\/p>\n<p>135. \u00a1Mar\u00eda Sant\u00edsima, Reina de los Ap\u00f3stoles, se digne mirar con complacencia nuestros esfuerzos! Ella, habiendo recibido en el Calvario a todos los hombres por hijos suyos, intercede no menos por los que a\u00fan ignoran haber sido redimidos por Cristo Jes\u00fas que por los que gozan ya felizmente del beneficio de la Redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>136. Entre tanto, y como prenda de celestiales dones, signo de nuestra paternal benevolencia, a vosotros, venerables hermanos, y a vuestro clero y pueblo, concedemos amant\u00edsimamente nuestra apost\u00f3lica bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>Dado en Roma, en San Pedro el 28 de febrero de 1926, a\u00f1o quinto de nuestro pontificado.<\/p>\n<p style=\"text-align: right\">PIUS PP. XI<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2>Descarga la Carta apost\u00f3lica \u00abRerum Ecclesiae\u00bb aqu\u00ed:<\/h2>\n<p style=\"text-align: center\"><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/?dl_id=358\" target=\"_blank\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/pdf1.png?resize=256%2C256\" alt=\"PDF\" width=\"256\" height=\"256\" \/><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; ENCICLICA RERUM ECCLESIAE DEL SUMO PONT\u00cdFICE P\u00cdO XI SOBRE LA ACCI\u00d3N MISIONERA Introducci\u00f3n 1. 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