{"id":136188,"date":"2015-01-19T00:15:55","date_gmt":"2015-01-18T23:15:55","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=136188"},"modified":"2016-07-26T10:11:51","modified_gmt":"2016-07-26T08:11:51","slug":"carta-apostolica-maximum-illud","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-maximum-illud\/","title":{"rendered":"Carta apost\u00f3lica \u00abMaximum Illud\u00bb"},"content":{"rendered":"<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p>Maximum illud fue el primer gran documento pontificio \u00abmoderno\u00bb sobre la misi\u00f3n. En el dif\u00edcil contexto posterior a la Primera Guerra Mundial, Benedicto XV se esforz\u00f3 en infundir \u00e1nimo a la comunidad cristiana y alentar su impulso misionero con unas directrices que se convirtieron en puntos de partida esenciales para el actual modo de entender la evangelizaci\u00f3n del mundo, \u00abdeber permanente de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>Sus tres secciones \u2014\u00bbNormas para los obispos, vicarios y prefectos apost\u00f3licos\u00bb, \u00abExhortaci\u00f3n a los misioneros\u00bb y \u00abColaboraci\u00f3n de todos los fieles\u00bb\u2014 fueron recibidas como una \u00abcarta magna\u00bb de la acci\u00f3n y la cooperaci\u00f3n misioneras. De este modo, las directrices teol\u00f3gicas, pastorales y espirituales marcadas por Benedicto XV constituyeron todo un est\u00edmulo tanto para las misiones en s\u00ed, como para la ayuda a estas por parte de las Iglesias locales, terreno donde qued\u00f3 destacada la prioridad que han de tener las Obras Misionales Pontificias en la cooperaci\u00f3n misionera.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">CARTA APOST\u00d3LICA<br \/>\n<strong><em>MAXIMUM ILLUD<\/em><\/strong><br \/>\nDEL SUMO PONT\u00cdFICE<br \/>\n<strong>BENEDICTO XV<\/strong><br \/>\nSOBRE LA PROPAGACI\u00d3N DE LA FE CAT\u00d3LICA<br \/>\nEN EL MUNDO ENTERO<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><strong>Carta apost\u00f3lica a los venerables hermanos patriarcas,<br \/>\nprimados, arzobispos, obispos en paz y comuni\u00f3n con la Sede Apost\u00f3lica<\/strong><\/p>\n<h2><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<h3><strong><em>1. Evangelizaci\u00f3n del mundo, deber permanente de la Iglesia. Historia y actualidad<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>1. La grande y sant\u00edsima misi\u00f3n confiada a sus disc\u00edpulos por Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, al tiempo de su partida hacia el Padre, por aquellas palabras: \u00abId por todo el mundo y predicad el Evangelio a todas las naciones\u00bb<span id='easy-footnote-1-136188' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-maximum-illud\/#easy-footnote-bottom-1-136188' title='&lt;em&gt;Mc&lt;\/em&gt; 16,15'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>, no hab\u00eda de limitarse ciertamente a la vida de los ap\u00f3stoles, sino que se deb\u00eda perpetuar en sus sucesores hasta el fin de los tiempos, mientras hubiera en la tierra hombres para salvar la verdad.<\/p>\n<p>2. Pues bien: desde el momento en que los ap\u00f3stoles \u00absalieron y predicaron por todas partes\u00bb<span id='easy-footnote-2-136188' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-maximum-illud\/#easy-footnote-bottom-2-136188' title='&lt;em&gt;Mc&lt;\/em&gt; 16,20'><sup>2<\/sup><\/a><\/span> la palabra divina, logrando que \u00abla voz de su predicaci\u00f3n repercutiese en todas las naciones, aun en las m\u00e1s apartadas de la tierra\u00bb<span id='easy-footnote-3-136188' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-maximum-illud\/#easy-footnote-bottom-3-136188' title='&lt;em&gt;Sal&lt;\/em&gt; 18,5'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>, ya en adelante nunca jam\u00e1s la Iglesia, fiel al mandato divino, ha dejado de enviar a todas partes mensajeros de la doctrina revelada por Dios y dispensadores de la salvaci\u00f3n eterna, alcanzada por Cristo para el g\u00e9nero humano.<\/p>\n<p>3. Aun en los tres primeros siglos, cuando una en pos de otra suscitaba el infierno encarnizadas persecuciones para oprimir en su cuna a la Iglesia, y todo rebosaba sangre de cristianos, la voz de los predicadores evang\u00e9licos se difundi\u00f3 por todos los confines del Imperio romano.<\/p>\n<p>4. Pero desde que p\u00fablicamente se concedi\u00f3 a la Iglesia paz y libertad, fue mucho mayor en todo el orbe el avance del apostolado; obra que se debi\u00f3 sobre todo a hombres eminentes en santidad. As\u00ed, Gregorio el Iluminador gana para la causa cristiana a Armenia; Victoriano, a Styria; Frumencio, a Etiop\u00eda; Patricio conquista para Cristo a los irlandeses; a los ingleses, Agust\u00edn; Columbano y Paladio, a los escoceses. M\u00e1s tarde hace brillar la luz del Evangelio para Holanda Clemente Villibrordo, primer obispo de Utretch, mientras Bonifacio y Anscario atraen a la fe cat\u00f3lica los pueblos germ\u00e1nicos; como Cirilo y Metodio a los eslavos.<\/p>\n<p>5. Ensanch\u00e1ndose luego todav\u00eda m\u00e1s el campo de acci\u00f3n misionera, cuando Guillermo de Rubruquis ilumin\u00f3 con los esplendores de la fe la Mongolia y el B. Gregorio X envi\u00f3 misioneros a la China, cuyos pasos hab\u00edan pronto de seguir los hijos de San Francisco de As\u00eds, fundando una Iglesia numerosa, que pronto hab\u00eda de desaparecer por completo al golpe de la persecuci\u00f3n.<\/p>\n<p>6. M\u00e1s a\u00fan: tras el descubrimiento de Am\u00e9rica, ej\u00e9rcitos de varones apost\u00f3licos, entre los cuales merece especial menci\u00f3n Bartolom\u00e9 de las Casas, honra y prez de la Orden dominicana, se consagraron a aliviar la triste suerte de los ind\u00edgenas, ora defendi\u00e9ndolos de la tiran\u00eda desp\u00f3tica de ciertos hombres malvados, ora arranc\u00e1ndolos de la dura esclavitud del demonio.<\/p>\n<p>7. Al mismo tiempo, Francisco Javier, digno ciertamente de ser comparado con los mismos ap\u00f3stoles, despu\u00e9s de haber trabajado heroicamente por la gloria de Dios y salvaci\u00f3n de las almas en las Indias Orientales y el Jap\u00f3n, expira a las puertas mismas del Celeste Imperio, adonde se dirig\u00eda, como para abrir con su muerte camino a la predicaci\u00f3n del Evangelio en aquella regi\u00f3n vast\u00edsima, donde hab\u00edan de consagrarse al apostolado, llenos de anhelos misioneros y en medio de mil vicisitudes, los hijos de tantas Ordenes religiosas e Instituciones misioneras.<\/p>\n<p>8. Por fin, Australia, \u00faltimo continente descubierto, y las regiones interiores de \u00c1frica, exploradas recientemente por hombres de tes\u00f3n y audacia, han recibido tambi\u00e9n pregoneros de la fe. Y casi no queda ya isla tan apartada en la inmensidad del Pac\u00edfico adonde no haya llegado el celo y la actividad de nuestros misioneros.<\/p>\n<p>9. Muchos de ellos, en el desempe\u00f1o de su apostolado, han llegado, a ejemplo de los ap\u00f3stoles, al m\u00e1s alto grado de perfecci\u00f3n en el ejercicio de las virtudes; y no son pocos los que han confirmado con su sangre la fe y coronado con el martirio sus trabajos apost\u00f3licos.<\/p>\n<p>10. Pues bien: quien considere tantos y tan rudos trabajos sufridos en la propagaci\u00f3n de la fe, tantos afanes y ejemplos de invicta fortaleza, admitir\u00e1 sin duda que, a pesar de ello, sean todav\u00eda innumerables los que yacen en las tinieblas y sombras de muerte, ya que, seg\u00fan estad\u00edsticas modernas, no baja a\u00fan de mil millones el n\u00famero de los gentiles.<\/p>\n<p>11. Nos, pues, llenos de compasi\u00f3n por la suerte lamentable de tan inmensa muchedumbre de almas, no hallando en la santidad de nuestro oficio apost\u00f3lico nada m\u00e1s tradicional y sagrado que el comunicarles los beneficios de la divina Redenci\u00f3n, vemos, no sin satisfacci\u00f3n y regocijo, brotar pujantes en todos los rincones del orbe cat\u00f3lico los entusiasmos de los buenos para proveer y extender las Misiones extranjeras.<\/p>\n<p>12. Y as\u00ed, para encender y fomentar m\u00e1s y m\u00e1s esos mismos anhelos, en cumplimiento de nuestros m\u00e1s vivos deseos, despu\u00e9s de haber implorado con reiteradas preces la luz y el auxilio del Se\u00f1or, os mandamos, venerables hermanos, estas letras, con las que os exhortamos a vosotros y a vuestro clero y pueblo a cooperar en obra tan trascendental, indic\u00e1ndoos juntamente el modo como pod\u00e9is favorecer a esta important\u00edsima causa.<\/p>\n<h2><strong> I. Normas para los obispos, vicarios y prefectos apost\u00f3licos<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>2<\/strong>.<strong><em> Sean el alma de la misi\u00f3n<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>13. Nuestras palabras dir\u00edgense ante todo a aquellos que, como obispos, vicarios y prefectos apost\u00f3licos, est\u00e1n al frente de las sagradas Misiones, ya que a ellos incumbe m\u00e1s de cerca el deber de propagar la fe; y en ellos, y m\u00e1s que en ning\u00fan otro, ha depositado la Iglesia la esperanza de la expansi\u00f3n del cristianismo.<\/p>\n<p>14. No se nos oculta su ardiente celo ni las dificultades y peligros grand\u00edsimos por los que, sobre todo \u00faltimamente, han atravesado en su empe\u00f1o no s\u00f3lo de conservar sus puestos y residencias, sino aun de extender todav\u00eda m\u00e1s el Reino de Dios. Con todo, persuadidos de su mucha piedad filial y adhesi\u00f3n a esta Sede Apost\u00f3lica, queremos descubrirles nuestro coraz\u00f3n con la confianza de un padre a sus hijos.<\/p>\n<p>15. Tengan, pues, ante todo, muy presente que cada uno debe ser el alma, como se dice, de su respectiva Misi\u00f3n. Por lo cual, edifiquen a los sacerdotes y dem\u00e1s colaboradores de su ministerio con palabras, obras y consejos, e inf\u00fandanles br\u00edos y alientos para tender siempre a lo mejor. Pues conviene que cuantos en la vi\u00f1a del Se\u00f1or trabajan de un modo o de otro sientan por propia experiencia y palpen claramente que el superior de la Misi\u00f3n es padre vigilante y sol\u00edcito, lleno de caridad, que abraza todo y a todos con el mayor afecto; que sabe alegrarse en sus prosperidades, condolerse de sus desgracias, infundir vida y aliento a sus proyectos y loables empresas, prest\u00e1ndoles su concurso, e interesarse por todo lo de sus s\u00fabditos como por sus propias cosas.<\/p>\n<h3><strong><em>3. Cuidado paternal de los misioneros<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>16. Como el diverso resultado de cada Misi\u00f3n depende de la manera de gobernarla, de ah\u00ed el peligro de poner al frente de ellas hombres ineptos o menos id\u00f3neos.<\/p>\n<p>17. En efecto, el misionero novel que, inflamado por el celo de la propagaci\u00f3n del hombre cristiano, abandona patria y parientes queridos, tiene que pasar de ordinario por largos y con mucha frecuencia peligrosos caminos; y su \u00e1nimo se halla siempre dispuesto a sufrir mil penalidades en el ministerio de ganar para Jesucristo el mayor n\u00famero posible de almas.<\/p>\n<p>18. Claro es que si este tal se encuentra con un superior diligente cuya prudencia y caridad le pueda ayudar en todas las cosas, sin duda que su labor habr\u00e1 de resultar fructuos\u00edsima; pero, en caso contrario, muy de temer es que, fastidiado poco a poco del trabajo y de las dificultades, al fin, sin \u00e1nimo para nada, se entregue a la postraci\u00f3n y abandono.<\/p>\n<h3><strong> 4. <em>Impulsar la vitalidad de la misi\u00f3n<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>19. Adem\u00e1s, el superior de la Misi\u00f3n debe cuidar primeramente de promover e impulsar la vitalidad de la misma, hasta que \u00e9sta haya alcanzado su pleno desarrollo. Porque todo cuanto entra dentro de los l\u00edmites que ci\u00f1en el territorio a \u00e9l confiado, en toda su extensi\u00f3n y amplitud, debe ser objeto de sus desvelos, y as\u00ed deber suyo es tambi\u00e9n mirar por la salvaci\u00f3n eterna de cuantos habitan en aquellas regiones.<\/p>\n<p>20. Por lo cual, aunque logre reducir a la fe algunos millares de entre tan numerosa gentilidad, no por eso podr\u00e1 descansar. Procure, s\u00ed, defender y confortar a aquellos que engendr\u00f3 ya para Jesucristo, no consintiendo que ninguno de ellos sucumba ni perezca.<\/p>\n<p>21. Por esto es poco, y crea no haber cumplido su deber si no se esfuerza con todo cuidado, y sin darse tregua ni reposo, por hacer participantes de la verdad y vida cristiana a los que, en n\u00famero sin comparaci\u00f3n mayor, le quedan todav\u00eda por convertir.<\/p>\n<p>22. Para que la predicaci\u00f3n del Evangelio pueda m\u00e1s pronta y felizmente llegar a o\u00eddos de cada una de esas almas, aprovechar\u00e1 sobremanera fundar nuevos puestos y residencias, para que, en cuanto la oportunidad lo permita, pueda la Misi\u00f3n m\u00e1s tarde subdividirse en otros centros misioneros, g\u00e9rmenes asimismo de otros tantos futuros Vicariatos y Prefecturas.<\/p>\n<h3><strong> 5. <em>Buscar nuevos colaboradores<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>23. Al llegar aqu\u00ed hemos de tributar el debido elogio a aquellos Vicariatos Apost\u00f3licos que, conforme a esta norma que establecemos, han ido siempre preparando nuevos crecimientos para el Reino de Dios; y que, si para este fin vieron no les bastaba la ayuda de sus hermanos en religi\u00f3n, no dudaron en acudir siempre gustosos en demanda de auxilio a otras Congregaciones y familias religiosas.<\/p>\n<p>24. Por el contrario, \u00a1qu\u00e9 digno de reprensi\u00f3n ser\u00eda quien tuviese de tal manera como posesi\u00f3n propia y exclusiva la parte de la vi\u00f1a del Se\u00f1or a \u00e9l se\u00f1alada, que obstaculizara el que otros pusieran mano en ella!<\/p>\n<p>25. \u00a1Y cu\u00e1n severo habr\u00eda de pasar sobre \u00e9l el juicio divino, sobre todo si, como recordamos haber sucedido no pocas veces, teniendo \u00e9l tan s\u00f3lo unos pocos cristianos, y \u00e9stos esparcidos entre muchedumbres de paganos, y no bast\u00e1ndole sus propios colaboradores para instruir a todos, se negara, no digo a pedir, pero ni aun a admitir para la conversi\u00f3n de aquellos gentiles la ayuda de otros misioneros!<\/p>\n<p>26. Por eso, el superior de una Misi\u00f3n cat\u00f3lica que no abriga en su coraz\u00f3n m\u00e1s ideal que la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas, en presencia de la necesidad, acude a todas partes en busca de colaboradores para el sant\u00edsimo ministerio; ni se le da nada que \u00e9stos sean de su Orden y naci\u00f3n o de Orden y naci\u00f3n distintas, \u00abcon tal que de cualquier modo Cristo sea anunciado\u00bb<span id='easy-footnote-4-136188' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-maximum-illud\/#easy-footnote-bottom-4-136188' title='&lt;em&gt;Flp&lt;\/em&gt; 1,18'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>).<\/p>\n<p>27. No s\u00f3lo busca toda clase de colaboradores, sino que se da traza para hacerse tambi\u00e9n con colaboradoras o hermanas religiosas para escuelas, orfanatos, hospitales, hospicios y dem\u00e1s instituciones de caridad, en las que sabe que la providencia de Dios ha puesto incre\u00edble eficacia para dilatar los dominios de la fe.<\/p>\n<h3><strong> 6. <em>Colaboraci\u00f3n pastoral de conjunto<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>28. Para este mismo efecto, el superior de Misi\u00f3n no se ha de encerrar de tal modo dentro de su territorio, que tenga por cosa ajena todo lo que no entra dentro de su c\u00edrculo de acci\u00f3n; sino que, en virtud de la fuerza expansiva del amor de Cristo, cuya gloria debe interesarle como propia en todas partes, debe procurar mantener trato y amistosas relaciones con sus colegas vecinos, toda vez que, dentro de una misma regi\u00f3n, hay otros muchos asuntos comunes que naturalmente no pueden solucionarse sino de com\u00fan acuerdo.<\/p>\n<p>29. Por otro lado, ser\u00eda de grand\u00edsimo provecho para la religi\u00f3n que los superiores de Misi\u00f3n, en el mayor n\u00famero posible y en determinados tiempos, tuviesen sus reuniones donde poder aconsejarse y animarse mutuamente.<\/p>\n<h3><strong> 7. <em>Cuidado y formaci\u00f3n del clero nativo<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>30. Por \u00faltimo, es de lo m\u00e1s principal e imprescindible, para quienes tienen a su cargo el gobierno de las Misiones, el educar y formar para los sagrados ministerios a los naturales mismos de la regi\u00f3n que cultivan; en ello se basa principalmente la esperanza de las Iglesias j\u00f3venes.<\/p>\n<p>31. Porque es indecible lo que vale, para infiltrar la fe en las almas de los naturales, el contacto de un sacerdote ind\u00edgena del mismo origen, car\u00e1cter, sentimientos y aficiones que ellos, ya que nadie puede saber como \u00e9l insinuarse en sus almas. Y as\u00ed, a veces sucede que se abre a un sacerdote ind\u00edgena sin dificultad la puerta de una Misi\u00f3n cerrada a cualquier otro sacerdote extranjero.<\/p>\n<p>32. Mas, para que el clero ind\u00edgena rinda el fruto apetecido, es absolutamente indispensable que est\u00e9 dotado de una s\u00f3lida formaci\u00f3n. Para ello no basta en manera alguna un tinte de formaci\u00f3n incipiente y elemental, esencialmente indispensable para poder recibir el sacerdocio.<\/p>\n<p>33. Su formaci\u00f3n debe ser plena, completa y acabada bajo todos sus aspectos, tal como suele darse hoy a los sacerdotes en los pueblos cultos.<\/p>\n<p>34. No es el fin de la formaci\u00f3n del clero ind\u00edgena poder ayudar \u00fanicamente a los misioneros extranjeros, desempe\u00f1ando los oficios de menor importancia, sino que su objeto es formarles de suerte que puedan el d\u00eda de ma\u00f1ana tomar dignamente sobre s\u00ed el gobierno de su pueblo y ejercitar en \u00e9l el divino ministerio.<\/p>\n<p>35. Siendo la Iglesia de Dios cat\u00f3lica y propia de todos los pueblos y naciones, es justo que haya en ella sacerdotes de todos los pueblos, a quienes puedan seguir sus respectivos naturales como a maestros de la ley divina y gu\u00edas en el camino de la salud.<\/p>\n<p>36. En efecto, all\u00ed donde el clero ind\u00edgena es suficiente y se halla tan bien formado que no desmerece en nada de su vocaci\u00f3n, puede decirse que la obra del misionero est\u00e1 felizmente acabada y la Iglesia perfectamente establecida. Y si, m\u00e1s tarde, la tormenta de la persecuci\u00f3n amenaza destruirla, no habr\u00e1 que temer que, con tal base y tales ra\u00edces, zozobre a los embates del enemigo.<\/p>\n<p>37. Siempre ha insistido la Sede Apost\u00f3lica en que los superiores de Misiones den la importancia debida y se apliquen con frecuencia a este deber tan principal de su cargo. Prueba de esta solicitud son los colegios que ahora, como en tiempos antiguos, se han levantado en esta ciudad para formar cl\u00e9rigos de naciones extranjeras, especialmente de rito oriental.<\/p>\n<p>38. Por eso es m\u00e1s de sentir que, despu\u00e9s de tanta insistencia por parte de los Pont\u00edfices, haya todav\u00eda regiones donde, habi\u00e9ndose introducido hace muchos siglos la fe cat\u00f3lica, no se vea todav\u00eda clero ind\u00edgena bien formado y que haya algunos pueblos, favorecidos tiempo ha con la luz y ben\u00e9fica influencia del Evangelio, y que, habiendo dejado ya su retraso y subido a tal grado de cultura que cuentan con hombres eminentes en todo g\u00e9nero de artes civiles, sin embargo, en cuesti\u00f3n de clero, no hayan sido capaces de producir ni obispos que los rijan ni sacerdotes que se impongan por su saber a sus conciudadanos. Ello es se\u00f1al evidente de ser manco y deficiente el sistema empleado hasta el d\u00eda de hoy en algunas partes en orden a la formaci\u00f3n del clero ind\u00edgena.<\/p>\n<p>39. Con el fin de obviar este inconveniente, mandamos a la Sagrada Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide que apliquen las medidas que las diversas regiones reclamen, y que tome a su cuenta la fundaci\u00f3n o, si ya est\u00e1n fundados, la debida direcci\u00f3n de seminarios que puedan servir para varias di\u00f3cesis en cada regi\u00f3n, con miras especiales a que en los Vicariatos y dem\u00e1s lugares de Misiones adquiera el clero nuevo y conveniente desarrollo.<\/p>\n<h2><strong> II. Exhortaci\u00f3n a los misioneros<\/strong><\/h2>\n<h3><strong><em>8. Tarea sublime <\/em><\/strong><\/h3>\n<p>40. Es ya hora, amad\u00edsimos hijos, de hablaros a vosotros, cuantos trabaj\u00e1is en la vi\u00f1a del Se\u00f1or, a cuyo celo, juntamente con la propagaci\u00f3n de la verdad cristiana, est\u00e1 encomendada la salvaci\u00f3n de innumerables almas.<\/p>\n<p>41. Sea lo primero, y como base de todo, que procur\u00e9is formaros cabal concepto de la sublimidad de vuestra misi\u00f3n, la cual debe absorber todas vuestras energ\u00edas.<\/p>\n<p>42. Misi\u00f3n verdaderamente divina, cuya esfera de acci\u00f3n se remonta muy por encima de todas las mezquindades de los intereses humanos, ya que vuestro fin es llevar la luz a los pueblos sumidos en sombras de muerte y abrir la senda de la vida a quienes de otra suerte se despe\u00f1ar\u00edan en la ruina.<\/p>\n<h3><strong> 9. <em>Evitar nacionalismos<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>43. Convencidos en el alma de que a cada uno de vosotros se dirig\u00eda el Se\u00f1or cuando dijo: \u00abOlvida tu pueblo y la casa de tu padre\u00bb<span id='easy-footnote-5-136188' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-maximum-illud\/#easy-footnote-bottom-5-136188' title='&lt;em&gt;Sal&lt;\/em&gt; 44,11'><sup>5<\/sup><\/a><\/span>, recordad que no es vuestra vocaci\u00f3n para dilatar fronteras de imperios humanos, sino las de Cristo; ni para agregar ciudadanos a ninguna patria de aqu\u00ed abajo, sino a la patria de arriba.<\/p>\n<p>44. Ser\u00eda ciertamente de lamentar que hubiera misioneros tan olvidados de la dignidad de su ministerio que, con el ideal y el coraz\u00f3n puestos m\u00e1s en patrias terrenas que en la celestial, dirigiesen sus esfuerzos con preferencia a la dilataci\u00f3n y exaltaci\u00f3n de su patria.<\/p>\n<p>45. Ser\u00eda \u00e9sa la m\u00e1s infecciosa peste para la vida de un ap\u00f3stol, que, adem\u00e1s de relajar en el misionero del Evangelio los nervios mismos de la caridad, pondr\u00eda en peligro ante los ojos de los evangelizados su propia reputaci\u00f3n, ya que los hombres, por incultos y degradados que sean, entienden muy bien lo que significa y lo que pretende de ellos el misionero, y disciernen con sagac\u00edsimo olfato si busca otra cosa que su propio bien espiritual.<\/p>\n<p>46. Suponed, pues, que, en efecto, entren en la conducta del misionero elementos humanos, y que, en lugar de verse en \u00e9l s\u00f3lo al ap\u00f3stol, se trasluzca tambi\u00e9n al agente de intereses patrios. Inmediatamente su trabajo se har\u00eda sospechoso a la gente, que f\u00e1cilmente podr\u00eda ser arrastrada al convencimiento de ser la religi\u00f3n cristiana propia de una determinada naci\u00f3n y, por lo mismo, de que el abrazarla ser\u00eda renunciar a sus derechos nacionales para someterse a tutelas extranjeras.<\/p>\n<p>47. Ved por qu\u00e9 han producido en Nos honda amargura ciertos rumores y comentarios que, en cuesti\u00f3n de Misiones, van esparci\u00e9ndose de unos a\u00f1os a esta parte, por los que se ve que algunos relegan a segundo t\u00e9rmino, posponi\u00e9ndola a miras patri\u00f3ticas, la dilataci\u00f3n de la Iglesia; y nos causa maravilla c\u00f3mo no reparan en lo mucho que su conducta predispone las voluntades de los infieles contra la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>48. No obrar\u00e1 as\u00ed quien se precie de ser lo que su nombre de misionero cat\u00f3lico significa, pues este tal, teniendo siempre ante los ojos que su misi\u00f3n es embajada de Jesucristo y no legaci\u00f3n patri\u00f3tica, se conducir\u00e1 de modo que cualquiera que examine su proceder, al punto reconozca en \u00e9l al ministro de una religi\u00f3n que, sin exclusivismos de fronteras, abraza a todos los hombres que adoran a Dios en verdad y en esp\u00edritu, \u00abdonde no hay distinci\u00f3n de gentil y jud\u00edo, de circuncisi\u00f3n e incircuncisi\u00f3n, de b\u00e1rbaro y escita, de siervo y libre, porque Cristo lo es todo en todos\u00bb<span id='easy-footnote-6-136188' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-maximum-illud\/#easy-footnote-bottom-6-136188' title='&lt;em&gt;Col&lt;\/em&gt; 3,11'><sup>6<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h3><strong> 10. <em>Vivir pobremente<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>49. El segundo escollo que debe evitarse con sumo cuidado es el de tener otras miras que no sean las del provecho espiritual. La evidencia de este mal nos ahorra el detenernos mucho en aclararlo.<\/p>\n<p>50. En efecto, a quien est\u00e1 pose\u00eddo de la codicia le ser\u00e1 imposible que procure, como es su deber, mirar \u00fanicamente por la gloria divina; imposible que en la obra de la glorificaci\u00f3n de Dios y salud de las almas se halle dispuesto a perder sus bienes y aun la misma vida, cuando as\u00ed lo reclame la caridad.<\/p>\n<p>51. J\u00fantese a esto el desprestigio consiguiente de la autoridad del misionero ante los infieles, sobre todo si, como no ser\u00eda extra\u00f1o en materia tan resbaladiza, el af\u00e1n de proveerse de lo necesario degenerase en el vicio de la avaricia, pasi\u00f3n abyecta a los ojos de los hombres y muy ajena del Reino de Dios.<\/p>\n<p>52. El buen misionero debe, pues, con todo empe\u00f1o seguir tambi\u00e9n en este punto las huellas del Ap\u00f3stol de las Gentes, quien, si no duda en escribir a Timoteo: \u00abEstamos contentos, con tal de tener lo suficiente para nuestro sustento y vestido\u00bb<span id='easy-footnote-7-136188' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-maximum-illud\/#easy-footnote-bottom-7-136188' title='&lt;em&gt;1Tim&lt;\/em&gt; 6,8'><sup>7<\/sup><\/a><\/span>, en la pr\u00e1ctica avanz\u00f3 todav\u00eda tanto en su af\u00e1n de aparecer desinteresado que, aun en medio de los grav\u00edsimos cuidados de su apostolado, quiso ganarse el mantenimiento con el trabajo de sus propias manos.<\/p>\n<h3><strong> 11. <em>Preparaci\u00f3n intelectual y t\u00e9cnica<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>53. Tampoco debe descuidarse la diligente preparaci\u00f3n que exige la vida del misionero, por m\u00e1s que pueda parecer a alguno que no hay por qu\u00e9 atesorar tanto caudal de ciencia para evangelizar pueblos desprovistos aun de la m\u00e1s elemental cultura.<\/p>\n<p>54. No puede dudarse, es verdad, que, en orden a salvar almas, prevalecen los medios sobrenaturales de la virtud sobre los de la ciencia; pero tambi\u00e9n es cierto que quien no est\u00e9 provisto de un buen caudal de doctrina se encontrar\u00e1 muchas veces deficiente para desempe\u00f1ar con fruto su ministerio.<\/p>\n<p>55. Cu\u00e1ntas veces, sin poder recurrir a los libros ni a los sabios, de quienes poder aconsejarse, se ver\u00e1 en la precisi\u00f3n de contestar a muchas dificultades en materia de religi\u00f3n y a consultas muy dif\u00edciles.<\/p>\n<p>56. Est\u00e1 claro que, en estos casos, la reputaci\u00f3n social del misionero depende de mostrarse docto e instruido, y m\u00e1s si se trata de pueblos que se glor\u00edan de progreso y cultura; ser\u00eda muy poco decoroso quedar entonces los maestros de la verdad a la zaga de los ministros del error.<\/p>\n<p>57. Conviene, pues, que los aspirantes al sacerdocio que se sientan con vocaci\u00f3n misionera, mientras se forman para ser \u00fatiles en estas expediciones apost\u00f3licas, se hagan con todo el acopio de conocimientos sagrados y profanos que las distintas situaciones del misionero reclamen.<\/p>\n<p>58. Esto queremos, como es justo, se cumpla en las clases del Pontificio Colegio Urbano, instituido para propagar el cristianismo; en el que mandamos, adem\u00e1s, que en adelante se abran clases en las que se ense\u00f1e cuanto se refiere a la ciencia de las Misiones (Misionolog\u00eda).<\/p>\n<h3><strong> 12. <em>Estudio de las lenguas ind\u00edgenas<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>59. Y ante todo, sea el primer estudio, como es natural, el de la lengua que hablan sus futuros misionados. No debe bastar un conocimiento elemental de ella, sino que se debe llegar a dominarla y manejarla con destreza; porque el misionero ha de consagrarse a los doctos lo mismo que a los ignorantes, y no desconoce cu\u00e1n f\u00e1cilmente, quien maneja bien el idioma, puede captar los \u00e1nimos de los naturales.<\/p>\n<p>60. Misionero que se precie de diligente en el cumplimiento de su deber no deja completamente en manos de catequistas la explicaci\u00f3n de la doctrina, que considera como una de sus principales ocupaciones, toda vez que para eso, para predicar el Evangelio, ha sido enviado por Dios a las Misiones.<\/p>\n<p>61. Adem\u00e1s, han de ocurrirle casos por su ministerio de ap\u00f3stol y de int\u00e9rprete de religi\u00f3n tan santa, en los que, por invitaci\u00f3n o por cortes\u00eda, se ver\u00e1 obligado a tener que tratar con los hombres de autoridad y letras de la Misi\u00f3n, y entonces, \u00bfde qu\u00e9 manera conservar\u00e1 su dignidad si, por ignorancia de la lengua, se ve incapaz de expresar sus sentimientos?<\/p>\n<p>62. Tal ha sido uno de los fines que recientemente hemos tenido a la vista cuando, para mirar por la propagaci\u00f3n e incremento del nombre cristiano entre los orientales, fundamos en Roma una casa de estudios con el intento de que quienes hab\u00edan de ejercitar el apostolado en aquellas tierras saliesen de ella provistos de la ciencia, conocimiento de la lengua y costumbres y dem\u00e1s requisitos que deben adornar a un buen misionero del Oriente.<\/p>\n<p>63. Esta fundaci\u00f3n nos parece de mucha trascendencia, y as\u00ed aprovechamos esta oportunidad para exhortar a los superiores de los Institutos religiosos, a los que est\u00e1n confiadas estas Misiones, que procuren cultivar y perfeccionar en estos conocimientos a sus alumnos destinados a las Misiones orientales.<\/p>\n<h3><strong> 13. <em>Santidad de vida<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>64. Pero quienes deseen hacerse aptos para el apostolado tienen que concentrar necesariamente sus energ\u00edas en lo que antes hemos indicado, y que es de suma importancia y trascendencia, a saber: la santidad de la vida. Porque ha de ser hombre de Dios quien a Dios tiene que predicar, como ha de huir del pecado quien a los dem\u00e1s exhorta que lo detesten.<\/p>\n<p>65. De una manera especial tiene esto explicaci\u00f3n trat\u00e1ndose de quien ha de vivir entre gentiles, que se gu\u00edan m\u00e1s por lo que ven que por la raz\u00f3n, y para quienes el ejemplo de la vida, en punto a convertirles a la fe, es m\u00e1s elocuente que las palabras.<\/p>\n<p>66. Sup\u00f3ngase un misionero que, a las m\u00e1s bellas prendas de inteligencia y car\u00e1cter, haya unido una formaci\u00f3n tan vasta como culta y un trato de gentes exquisito; si a tales dotes personales no acompa\u00f1a una vida irreprochable, poca o ninguna eficacia tendr\u00e1 para la conversi\u00f3n de los pueblos, y aun puede ser un obst\u00e1culo para s\u00ed y para los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>67. El misionero deber ser dechado de todos por su humildad, obediencia, pureza de costumbres, se\u00f1al\u00e1ndose sobre todo por su piedad y por su esp\u00edritu de uni\u00f3n y continuo trato con Dios, de quien ha de procurar a menudo recabar el \u00e9xito de sus negocios espirituales, convencido de que la medida de la gracia y ayuda divina en sus empresas corresponder\u00e1 al grado de su uni\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>68. Para \u00e9l es aquel consejo de San Pablo: \u00abRevest\u00edos como escogidos que sois de Dios, santos y amados; revest\u00edos de entra\u00f1as de compasi\u00f3n, de benignidad, de modestia, de paciencia\u00bb<span id='easy-footnote-8-136188' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-maximum-illud\/#easy-footnote-bottom-8-136188' title='&lt;em&gt;Col&lt;\/em&gt; 3,12'><sup>8<\/sup><\/a><\/span>. Con el auxilio de estas virtudes caer\u00e1n todos los estorbos y quedar\u00e1 llana y patente a la Verdad la entrada en los corazones de los hombres; porque no hay ninguna voluntad tan contumaz que pueda resistirles f\u00e1cilmente.<\/p>\n<h3><strong><em> 14. Caridad y mansedumbre<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>69. El misionero que, lleno de caridad, a ejemplo de Jesucristo, trata de acrecentar el n\u00famero de los hijos de Dios, aun con los paganos m\u00e1s perdidos, ya que tambi\u00e9n \u00e9stos se rescataron con el precio de la misma sangre divina, ha de evitar lo mismo el irritarse ante su agresividad como el dejarse impresionar por la degradaci\u00f3n de sus costumbres; sin despreciarlos ni cansarse de ellos, sin tratarlos con dureza ni aspereza, antes bien ingeni\u00e1ndose con cuantos medios la mansedumbre cristiana pone a su alcance, para irlos atrayendo suavemente hacia el regazo de Jes\u00fas, su Buen Pastor.<\/p>\n<p>70. Medite a este prop\u00f3sito aquello de la Sagrada Escritura: \u00ab\u00a1Oh cu\u00e1n benigno y suave es, Se\u00f1or, tu esp\u00edritu en todas las cosas! De aqu\u00ed es que los que andan perdidos, t\u00fa les castigas poco a poco; y les amonestas y les hablas de las faltas que cometen para que, dejada la malicia, crean en ti, oh Se\u00f1or&#8230; Pero como t\u00fa eres el soberano Se\u00f1or de todo, juzgas sin pasi\u00f3n y nos gobiernas con moderaci\u00f3n suma\u00bb<span id='easy-footnote-9-136188' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-maximum-illud\/#easy-footnote-bottom-9-136188' title='&lt;em&gt;Sab&lt;\/em&gt; 12,1-2; 12,18'><sup>9<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>71. Porque \u00bfqu\u00e9 dificultad, molestia o peligro puede haber capaz de detener en el camino comenzado al embajador de Jesucristo? Ninguno, ciertamente; ya que, agradecid\u00edsimo para con Dios por haberse dignado escogerle para tan sublime empresa, sabr\u00e1 soportar y aun abrazar con heroica magnanimidad todas las contrariedades, asperezas, sufrimientos, fatigas, calumnias, indigencias, hambres y hasta la misma muerte, con tal de arrancar una sola alma de las fauces del infierno.<\/p>\n<h3><strong><em> 15. Confianza en Dios<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>72. Con esta disposici\u00f3n y estos alientos siga el misionero tras las huellas de Cristo y de sus ap\u00f3stoles, henchida, s\u00ed, el alma de esperanza, pero convencido tambi\u00e9n de que su confianza ha de estribar solamente en Dios.<\/p>\n<p>73. La propagaci\u00f3n de la sabidur\u00eda cristiana, lo repetimos, es toda ella obra exclusiva de Dios; pues a s\u00f3lo Dios pertenece el penetrar en el coraz\u00f3n para derramar all\u00ed sobre la inteligencia la luz de la ilustraci\u00f3n divina y para enardecer la voluntad con los est\u00edmulos de las virtudes, a la vez que prestar al hombre las fuerzas sobrenaturales con las que pueda corresponder y efectuar lo que por la luz divina comprendi\u00f3 ser bueno y verdadero.<\/p>\n<p>74. De donde se deduce que si el Se\u00f1or no auxilia con su gracia a su misionero, quedar\u00e1 \u00e9ste condenado a la esterilidad. Sin embargo, no ha de dejar de trabajar con ah\u00ednco en lo comenzado, confiado en que la divina gracia estar\u00e1 siempre a merced de quien acuda a la oraci\u00f3n.<\/p>\n<h3><strong> 16. <em>Exhortaci\u00f3n especial a las misioneras<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>75. Al llegar a este punto, no debemos pasar en silencio a las mujeres que, ya desde la cuna misma del cristianismo, aparecen prestando grand\u00edsima ayuda y apoyo a los misioneros en su labor apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>76. Sean nuestras mayores alabanzas en loor de esas v\u00edrgenes consagradas al Se\u00f1or que, en tanto n\u00famero, sirven a las Misiones, dedicadas a la educaci\u00f3n de la ni\u00f1ez y al servicio de innumerables instituciones de caridad.<\/p>\n<p>77. Quisi\u00e9ramos que esta nuestra recomendaci\u00f3n de su benemerit\u00edsima labor sirviese para infundirles nuevos \u00e1nimos en obra de tanta gloria de la Iglesia. Y persu\u00e1danse todas de que el fruto de su ministerio corresponder\u00e1 a la medida del grado de su entrega a la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<h2><strong>III. Colaboraci\u00f3n de todos los fieles<\/strong><\/h2>\n<h3><strong><em>17. Urgidos por la caridad<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>78. Tiempo es ya de dirigir nuestra palabra a todos aquellos que, por especial gracia del Se\u00f1or misericordioso, gozan de la verdadera fe y participan de los innumerables beneficios que de ella dimanan.<\/p>\n<p>79. En primer lugar conviene que fijen su atenci\u00f3n en aquella santa ley, por la que est\u00e1n obligados a ayudar a las sagradas Misiones entre los no cristianos. Porque \u00abmand\u00f3 (Dios) a cada uno de ellos el amor de su pr\u00f3jimo\u00bb<span id='easy-footnote-10-136188' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-maximum-illud\/#easy-footnote-bottom-10-136188' title='&lt;em&gt;Eclo&lt;\/em&gt; 17,12'><sup>10<\/sup><\/a><\/span>; mandamiento que urge con tanta mayor gravedad cuanta mayor es la necesidad que pesa sobre el pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>80. \u00bfY qu\u00e9 clase de hombres m\u00e1s acreedores a nuestra ayuda fraternal que los infieles, quienes, desconocedores de Dios y presa de la ceguera y de las pasiones desordenadas, yacen en la m\u00e1s abyecta servidumbre del demonio?<\/p>\n<p>81. Por eso, cuantos contribuyeren, en la medida de sus posibilidades, a llevarles la luz de la fe, principalmente ayudando a la obra de los misioneros, habr\u00e1n cumplido su deber en cuesti\u00f3n tan importante y habr\u00e1n agradecido a Dios de la manera m\u00e1s delicada el beneficio de la fe.<\/p>\n<h3><strong><em> 18. La oraci\u00f3n<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>82. A tres se reducen los g\u00e9neros de ayuda a las Misiones, que los mismos misioneros no cesan de encarec\u00e9rnoslos. Es el primero, f\u00e1cilmente asequible a todos, el de la oraci\u00f3n para pedir el favor de Dios. Porque, seg\u00fan hemos repetido ya varias veces, vana y est\u00e9ril ha de ser la labor del misionero si no la fecunda la gracia de Dios. As\u00ed lo atestigua San Pablo: \u00abYo plant\u00e9, Apolo reg\u00f3; pero Dios es quien ha dado el crecimiento\u00bb<span id='easy-footnote-11-136188' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-maximum-illud\/#easy-footnote-bottom-11-136188' title='&lt;em&gt;1Cor&lt;\/em&gt; 3,6'><sup>11<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>83. Sabido es que el \u00fanico camino para lograr esta gracia es la humilde perseverancia de la oraci\u00f3n, porque \u00abcualquier cosa, dice el Se\u00f1or, que pidieren, se la dar\u00e1 mi Padre\u00bb<span id='easy-footnote-12-136188' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-maximum-illud\/#easy-footnote-bottom-12-136188' title='&lt;em&gt;Mt&lt;\/em&gt; 18,19'><sup>12<\/sup><\/a><\/span>. Ahora bien, si en materia alguna, en \u00e9sta sin duda m\u00e1s que en otras, es imposible se frustre el efecto de la oraci\u00f3n, ya que no hay petici\u00f3n ni m\u00e1s excelente ni m\u00e1s del agrado del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>84. As\u00ed, pues, como Mois\u00e9s, cuando luchaban los israelitas contra Hamalec, levantaba sus brazos suplicantes al cielo en la cumbre de la monta\u00f1a, del mismo modo, mientras los misioneros del Evangelio se fatigan en el cultivo de la vi\u00f1a del Se\u00f1or, todos los fieles cristianos deben ayudarles con sus oraciones.<\/p>\n<p>85. Como, para este efecto, h\u00e1llase ya establecida la asociaci\u00f3n llamada \u00abApostolado de la Oraci\u00f3n\u00bb, queremos recomendarla aqu\u00ed encarecidamente a todos los buenos cristianos, deseando que ninguno deje de pertenecer a ella, para que as\u00ed, si no de obra, al menos por el celo participen de sus apost\u00f3licos trabajos.<\/p>\n<h3><strong><em> 19. Las vocaciones misioneras<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>86. En segundo lugar, urge la necesidad de cubrir los huecos que abre la extremada falta de misioneros, que, si siempre grande, ahora, por motivo de la guerra, pres\u00e9ntase en proporciones alarmantes, de manera que muchas parcelas de la vi\u00f1a del Se\u00f1or han tenido que quedar abandonadas.<\/p>\n<p>87. Punto es \u00e9ste, venerables hermanos, que nos obliga a recurrir a vuestra pr\u00f3vida diligencia; y sabed que ser\u00e1 la m\u00e1s exquisita prueba de afecto que dar\u00e9is a la Iglesia si os esmer\u00e1is en fomentar la semilla de la vocaci\u00f3n misionera, que tal vez empiece a germinar en los corazones de vuestros sacerdotes y seminaristas.<\/p>\n<p>88. No os dej\u00e9is enga\u00f1ar de ciertas apariencias de bien, ni de meros motivos humanos, so pretexto de que los sujetos que consagr\u00e9is a las Misiones ser\u00e1n una p\u00e9rdida para vuestras di\u00f3cesis, ya que, por cada uno que permit\u00e1is salga fuera de ella, el Se\u00f1or os suscitar\u00e1 dentro muchos y mejores sacerdotes.<\/p>\n<p>89. A los superiores de las Ordenes e Institutos religiosos que tienen a su cargo Misiones extranjeras les pedimos y suplicamos no dediquen a tan dif\u00edcil empresa sino sujetos escogid\u00edsimos, que sobresalgan por su intachable conducta, devoci\u00f3n acendrada y celo de las almas.<\/p>\n<p>90. Despu\u00e9s, a los misioneros que vean son m\u00e1s diestros en ama\u00f1arse para arrancar a los pueblos de sus falsas supersticiones, una vez que \u00e9stos vayan consolidando sus misiones, como a soldados avezados de Cristo, trasl\u00e1denlos a nuevas regiones, encargando gustosos lo ya evangelizado al cuidado de otros que miren por completar lo adquirido.<\/p>\n<p>91. De esta manera, al mismo tiempo que trabajan en el cultivo de una mies copios\u00edsima, har\u00e1n descender sobre sus familias religiosas las bendiciones de la divina Bondad.<\/p>\n<h3><strong><em> 20. La limosna<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>92. El tercer recurso, y no escaso, que reclama la actual situaci\u00f3n de las Misiones es el de la limosna, ya que, por efecto de la guerra, se han acumulado sobre ellas necesidades sin cuento.<\/p>\n<p>93. \u00a1Cu\u00e1ntas escuelas, hospitales, dispensarios y muchas otras instituciones gratuitas de caridad deshechas o desaparecidas por completo! Aqu\u00ed, pues, hacemos un llamamiento a todos los corazones buenos para que se muestren generosos en la medida de sus recursos.<\/p>\n<p>94. Porque \u00abquien tiene bienes de este mundo y, viendo a su hermano en la necesidad, cierra las entra\u00f1as para no compadecerse de \u00e9l, \u00bfc\u00f3mo es posible que resida en \u00e9l la caridad de Dios?\u00bb<span id='easy-footnote-13-136188' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-maximum-illud\/#easy-footnote-bottom-13-136188' title='&lt;em&gt;1Jn&lt;\/em&gt; 3,17'><sup>13<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>95. As\u00ed habla el ap\u00f3stol San Juan cuando se trata del alivio de necesidades temporales. Pero \u00bfcon cu\u00e1nta mayor exactitud se debe observar la ley de la caridad en esta causa, donde no se trata solamente de socorrer la necesidad, indigencia y dem\u00e1s miserias de una muchedumbre infinita, sino tambi\u00e9n, y en primer lugar, de arrancar tan gran n\u00famero de almas de la soberbia dominaci\u00f3n de Satan\u00e1s para trasladarlas a la libertad de los hijos de Dios?<\/p>\n<h3><strong> 21. <em>Prioridad de las Obras Misionales Pontificias<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>96. Por lo cual, queremos recomendar a la generosidad de los cat\u00f3licos favorezcan preferentemente las obras instituidas para ayudar a las sagradas Misiones.<\/p>\n<p>97. Sea la primera de \u00e9stas la llamada \u00abObra de la Propagaci\u00f3n de la Fe\u00bb, muchas veces elogiada ya por nuestros predecesores, y a la que quisi\u00e9ramos que la Congregaci\u00f3n de Propaganda la hiciera con sumo empe\u00f1o rendir en adelante todo el ub\u00e9rrimo fruto que de ella puede esperarse. Porque muy provista ha de estar la fuente principal, de donde no s\u00f3lo las actuales Misiones, sino aun las que todav\u00eda est\u00e9n por establecerse han de surtirse y proveerse.<\/p>\n<p>98. Confiamos, s\u00ed, que no consentir\u00e1 el orbe cat\u00f3lico que, mientras los predicadores del error abundan en dinero para sus propagandas, los misioneros de la verdad tengan que luchar con la falta de todo.<\/p>\n<p>99. La segunda obra, que tambi\u00e9n recomendamos intensamente a todos, es la de la Santa Infancia, obra cuyo fin es proporcionar el bautismo a los ni\u00f1os moribundos hijos de paganos.<\/p>\n<p>100. H\u00e1cese esta obra tanto m\u00e1s simp\u00e1tica cuanto que tambi\u00e9n nuestros ni\u00f1os tienen en ella su participaci\u00f3n; con lo cual, a la vez que aprenden a estimar el valor del beneficio de la fe, se acostumbran a la pr\u00e1ctica de cooperar a su difusi\u00f3n.<\/p>\n<p>101. No queremos tampoco dejar de mencionar aqu\u00ed la \u00abObra de San Pedro\u00bb, instituida con el fin de coadyuvar a la educaci\u00f3n y formaci\u00f3n del clero nativo en las Misiones.<\/p>\n<p>102. Adem\u00e1s, deseamos que se cumpla tambi\u00e9n lo prescrito por nuestro predecesor, de feliz memoria, Le\u00f3n XIII, a saber: que en el d\u00eda de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or se haga en todas las Iglesias del mundo la colecta \u00abpara redimir esclavos en \u00c1frica\u00bb y que se remita \u00edntegramente el dinero recaudado a la Sagrada Congregaci\u00f3n de Propaganda<span id='easy-footnote-14-136188' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-maximum-illud\/#easy-footnote-bottom-14-136188' title='20 de noviembre de 1890. Cf. &lt;em&gt;Collectanea&lt;\/em&gt; n. 1943'><sup>14<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p><strong> 22. <em>La Uni\u00f3n Misional del Clero<\/em><\/strong><\/p>\n<p>103. Pero, para que estos nuestros deseos lleguen a verificarse con la m\u00e1s segura garant\u00eda y \u00e9xito halagador, deb\u00e9is de un modo especial, venerables hermanos, organizar vuestro clero en punto de Misiones.<\/p>\n<p>104. En efecto: el pueblo fiel siente propensi\u00f3n innata a socorrer con largueza las empresas apost\u00f3licas; y as\u00ed, ha de ser obra de vuestra diligencia saber encauzar en bien y prosperidad de las Misiones ese esp\u00edritu de liberalidad.<\/p>\n<p>105. Para el logro de esto, ser\u00eda nuestro deseo se implantase en todas las di\u00f3cesis del mundo la \u00abUni\u00f3n Misional del Clero\u00bb, sujeta en todo a la Sagrada Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide, a la que por nuestra parte hemos otorgado cuantas atribuciones necesita su perfecto funcionamiento.<\/p>\n<p>106. Apenas nacida en Italia, se ha extendido ya por otras varias regiones, y, objeto juntamente de nuestra complacencia, florece al amparo de no pocos favores pontificios.<\/p>\n<p>107. Y con raz\u00f3n: porque su car\u00e1cter cuadra perfectamente con el influjo que debe ejercer el sacerdote, ya para despertar entre los fieles el inter\u00e9s por la conversi\u00f3n de los gentiles, ya para hacerles contribuir a las obras misionales, que llevan nuestra aprobaci\u00f3n.<\/p>\n<h2><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>108. He aqu\u00ed, venerables hermanos, lo que he cre\u00eddo deber escribiros sobre la difusi\u00f3n del catolicismo por toda la tierra.<\/p>\n<p>109. Ahora bien: si cada uno cumpliese con su obligaci\u00f3n como es debido, lejos de la patria los misioneros y en ella los dem\u00e1s fieles cristianos, abrigamos la confianza de que presto tornar\u00edan las Misiones a reverdecer llenas de vida, repuestas ya de las profundas y peligrosas heridas que les han ocasionado la guerra.<\/p>\n<p>110. Y cual si repercutiese a\u00fan en nuestros o\u00eddos aquella palabra del Se\u00f1or: \u00ab\u00a1Gu\u00eda mar adentro!\u00bb<span id='easy-footnote-15-136188' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-maximum-illud\/#easy-footnote-bottom-15-136188' title='&lt;em&gt;Lc&lt;\/em&gt; 5,4'><sup>15<\/sup><\/a><\/span>), dicha a San Pedro, a los ardorosos impulsos de nuestro coraz\u00f3n de padre, s\u00f3lo ansiamos conducir a la humanidad entera a los brazos de Jesucristo.<\/p>\n<p>111. Porque la Iglesia siempre ha de llevar entra\u00f1ado en su ser el esp\u00edritu de Dios, rebosante de vida y fecundidad; ni es posible que el celo de tantos varones, que han fecundado y a\u00fan fecundan con sus sudores de ap\u00f3stol las tierras por conquistar, carezca de su fruto natural.<\/p>\n<p>112. Tras ellos, inducidos sin duda por su ejemplo, surgir\u00e1n despu\u00e9s nuevos escuadrones que, merced a la caritativa munificencia de los buenos, engendrar\u00e1n para Cristo una numerosa y gozosa multitud de almas.<\/p>\n<p>113. Secunde los anhelos de todos la excelsa Madre de Dios y Reina de los Ap\u00f3stoles, e impetre la difusi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo sobre los pregoneros de la fe.<\/p>\n<p>114. Como augurio de tanta gracia y en prenda de nuestro amor, os otorgamos a vosotros, venerables hermanos, y a vuestro clero y pueblo, amant\u00edsimamente, la apost\u00f3lica bendici\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>Dado en Roma, en San Pedro, el 30 de noviembre de 1919, sexto a\u00f1o de nuestro pontificado.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><strong>BENEDICTUS PP. XV<\/strong><\/p>\n<h2>Descarga la Carta apost\u00f3lica \u00abMaximum Illud\u00bb aqu\u00ed:<\/h2>\n<p style=\"text-align: center\"><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/?dl_id=357\" target=\"_blank\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/pdf1.png?resize=256%2C256\" alt=\"PDF\" width=\"256\" height=\"256\" \/><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; CARTA APOST\u00d3LICA MAXIMUM ILLUD DEL SUMO PONT\u00cdFICE BENEDICTO XV SOBRE LA PROPAGACI\u00d3N DE LA FE CAT\u00d3LICA EN EL MUNDO ENTERO Carta apost\u00f3lica a los venerables hermanos patriarcas, primados, arzobispos, obispos en paz y comuni\u00f3n &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-maximum-illud\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":136189,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[100],"tags":[],"class_list":["post-136188","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-documentos-pontificios"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Carta apost\u00f3lica \u00abMaximum Illud\u00bb - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/carta-apostolica-maximum-illud\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Carta apost\u00f3lica \u00abMaximum Illud\u00bb - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"&nbsp; CARTA APOST\u00d3LICA MAXIMUM ILLUD DEL SUMO PONT\u00cdFICE BENEDICTO XV SOBRE LA PROPAGACI\u00d3N DE LA FE CAT\u00d3LICA EN EL MUNDO ENTERO Carta apost\u00f3lica a los venerables hermanos patriarcas, primados, arzobispos, obispos en paz y comuni\u00f3n ... 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