{"id":13368,"date":"2012-09-11T04:40:03","date_gmt":"2012-09-11T02:40:03","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/03\/18\/compendio-de-la-vida-del-v-j-gabriel-perboyre-capitulo-6\/"},"modified":"2012-09-11T04:40:03","modified_gmt":"2012-09-11T02:40:03","slug":"compendio-de-la-vida-del-v-j-gabriel-perboyre-capitulo-6","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/compendio-de-la-vida-del-v-j-gabriel-perboyre-capitulo-6\/","title":{"rendered":"Compendio De La Vida Del V. J. Gabriel Perboyre. Cap\u00edtulo 6"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo sexto: Sus misiones en Ho-Nan y en Hou-P\u00e9 (1835-1837)<\/h2>\n<blockquote><p>1. Sus disposiciones al llegar a Ho-Nan. \u2014 2. Grave enfermedad que all\u00ed contrae: sus primeras misiones: fatigas y resultado. \u2014 3. Recuerdos del venerable Clet: vacaciones. \u2014 4. Deja la misi\u00f3n de Ho-Nan por la de Hou-P\u00e9. \u2014 5. Sus nuevas ocupaciones. \u2014 6. Un d\u00eda de domingo o de fiesta. \u2014 7. Buen empleo del tiempo. \u2014 8. Sus privaciones y fatigas bendecidas por Dios. \u2014 9. Prueba interior cruel que padece. \u2014 10. Apa\u00adrici\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or, que le libra de ella.<\/p><\/blockquote>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/06\/perboyre.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-91766\" title=\"perboyre\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/06\/perboyre-240x300.jpg?resize=240%2C300\" alt=\"\" width=\"240\" height=\"300\" \/><\/a>1. Diez y seis meses hab\u00edan transcurrido desde su salida de Francia, y en ese tiempo hab\u00eda andado cerca de ocho mil leguas. \u00ab<em>He corrido bastante<\/em>, dec\u00eda a su t\u00edo, <em>para no desear hacer otro viaje como no sea aquel grande, cuyo camino no es el agua ni la tierra. Pero entre tanto no me es posible evitar grandes excursio\u00adnes en el interior de esta vasta China, y esto es nece\u00adsario, pues que si he venido de tan lejanas tierras ha sido precisamente para andar por estas arenas. Quiera el Se\u00f1or que corra yo de tal modo, que pueda obtener la corona incorruptible: <\/em><em>Sic currite ut comprehendatis <\/em><em>(1 Cor. XI).<\/em>\u00bb<\/p>\n<p>Pronto hab\u00eda de ser o\u00eddo este \u00faltimo deseo, y el va\u00adliente atleta de Jesucristo iba a andar en corto tiempo una larga carrera. No pudiendo todav\u00eda marchar tan aceleradamente como deseaba, envidiaba la suerte de sus compa\u00f1eros, a quienes un mayor conocimiento de la lengua y de los usos del pa\u00eds les pon\u00eda en mayor disposici\u00f3n de procurar la mayor gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas: \u00ab<em>desear\u00eda, sin embargo<\/em>, escrib\u00eda \u00e9l en 18 de Agosto de 1836, <em>recoger algunas espigas para colocarlas al lado de los grandes haces de mis compa\u00f1eros en la era del Padre de familia.<\/em>\u00bb<\/p>\n<p>2. Hubo un momento en que se pudo creer que Dios, content\u00e1ndose con su buena voluntad, quer\u00eda ya premiarle. Cond\u00fajole una grave enfermedad a las puertas del sepulcro, tanto, que se crey\u00f3 necesario administrarle los \u00faltimos sacramentos. Mas escap\u00f3 del peligro, efecto de una gracia bien providencial, y tres meses despu\u00e9s estaba ya casi restablecido. Volvi\u00f3 a darse al estudio de la lengua china, y aunque no hab\u00eda acabado de recobrar sus fuerzas, emprendi\u00f3 su primera misi\u00f3n con sus compa\u00f1eros del pa\u00eds. Sali\u00f3 muy bien; los cristianos a quienes evangeliz\u00f3, no pudiendo resistir a los esfuerzos de su celo, salieron de sus malas disposiciones en que viv\u00edan hac\u00eda mucho tiempo y entraron en el camino del deber. Animado con tan feliz resultado, lanz\u00f3se completamente a la carrera evang\u00e9lica, en la cual fueron tan fecundos sus trabajos. Podr\u00e1 juzgarse de sus bellos resultados por una carta que escribi\u00f3 al Director del Seminario interno de la Congregaci\u00f3n el 25 de Septiembre de 1837: \u00ab<em>Tan pronto como recobr\u00e9 mis fuerzas emprend\u00ed con un compa\u00f1ero chino la administraci\u00f3n de nuestros cristianos de Ho-Nan. Para visitar unos mil quinientos, distribuidos en veinte cristiandades, hemos tenido que andar m\u00e1s de trescientas leguas y atravesar la provincia en toda su anchura. Esta expedici\u00f3n ha durado seis meses. Para que form\u00e9is alguna idea de esto, voy a formarla con vos. Supongamos que el lugar de nuestra residencia y el punto de partida est\u00e1 en la Di\u00f3cesis de Cahors; hagamos all\u00ed ante todo algunas misiones; luego vengamos a hacer otras a las Di\u00f3ce\u00adsis de Alb\u00ed, de Puy, de Autun, de Orleans, de Versa\u00adlles, de Amiens; tal es, poco m\u00e1s o menos, el cuadro de las distancias y posici\u00f3n respectivas de los distritos por nosotros recorridos. Como pod\u00e9is bien comprender, esto no se practica sin algunas fatigas; hemos viajado a pie alguna veces; otras en carros por caminos no bien conservados ni por el Gobierno ni por los particulares: ordinariamente sal\u00edamos de noche de entre los cris\u00adtianos, para llegar tambi\u00e9n de noche, con la barba com\u00adpletamente blanca, efecto de las escarchas y madru\u00adgadas del invierno, la cara tostada, las orejas, el cuello y la frente peladas por el calor del est\u00edo. No es mi intento describiros el cuadro de las posadas en la China, pues no podr\u00eda hacerse sin provocar a n\u00e1usea. Solamente dir\u00e9 que si uno se halla hambriento de privaciones y de mortificaciones, hay abundancia para hacerse con una santa fortuna. Por lo dem\u00e1s, aunque la mejor cama que uno encuentra es una estera exten\u00addida en el suelo o sobre una peque\u00f1a tarima, todav\u00eda se desea mucho atraparla para descansar de las fati\u00adgas del d\u00eda. Llegados a las posadas, hemos sido vejados varias veces, ya por alguno de polic\u00eda que nos hac\u00eda sufrir un largo interrogatorio e inscribir nuestros nombres, ya por agentes del Tribunal, que nos obli\u00adgaban a cederles el alojamiento y a buscar hospitali\u00addad en otra parte. Para el misionero europeo no es la m<\/em><em>enor de las incomodidades el haber de sostener en todos sus viajes el papel de conciudadano. A fin de no perjudicarse a s\u00ed mismo ha de andar con mucha reserva, dejando hablar y obrar a los cristianos que le acompa\u00f1an, los cuales, a pesar de las precauciones que la prudencia o el temor les hace tomar, experimentan algunas veces muchas y serias inquietudes. Pero el misionero siente en su interior una holgura y una libertad de coraz\u00f3n que le eleva por cima de todo <\/em><em>y <\/em><em>le llenan de gozo en medio de los peligros.<\/em>\u00bb<\/p>\n<p>3. Tambi\u00e9n le confortaba mucho el recuerdo del se\u00f1or Clet, de este glorioso m\u00e1rtir, con el cual la divina bondad hab\u00edale dado tantos puntos de semejanza y cuya muerte tanto envidiaba. \u00ab<em>Como quiera que en mis viajes<\/em>, dice tambi\u00e9n en la misma carta, <em>he seguido y cruzado frecuentemente los mismos caminos que este venerable m\u00e1rtir anduvo, cuando cargado de cadenas era conducido a los Tribunales de esta provincia y de Hou-Kouang, d\u00edgoos de verdad que no puedo o\u00edr a los que me acompa\u00f1an ciertos rasgos de su vida y martirio sin experimentar una tierna emoci\u00f3n. Por lo que a m\u00ed se refiere, felic\u00edtome de trabajar en esta porci\u00f3n de la vi\u00f1a del Se\u00f1or por \u00e9l cultivada con tanto celo y fruto. Su grata memoria, que se conserva cual tesoro precioso, me sirve de poderoso est\u00edmulo para seguir sus huellas y continuar el bien que \u00e9l comenz\u00f3. Por este a\u00f1o han terminado ya nuestras vacaciones, si as\u00ed puede llamarse el tiempo empleado en predicar, confesar, estudiar, hacer la clase a los futuros seminaristas, y en medio de una multitud de ni\u00f1os que todos los d\u00edas vienen a instruirse en el Catecismo y a aprender las plegarias etc. Ahora v<\/em><em>amos a comenzar nuestros ejercicios espirituales e inmediatamente despu\u00e9s volveremos a campa\u00f1a. Quiera el Se\u00f1or bendecir nuestros humildes trabajos y santificar y fecundar nuestras penas. No faltan \u00e9stas a los misioneros; pero son tan preciosas a los ojos de la fe, que bien merecen se las busque hasta en los \u00faltimos extremos del mundo.<\/em>\u00bb<\/p>\n<p>4. Apenas se hab\u00edan deslizado dos a\u00f1os en medio de estas tareas apost\u00f3licas en la provincia de Ho-Nan, cuando el Sr. Perboyre recibi\u00f3 \u00f3rdenes que le obliga\u00adron a abandonarla para ir a fecundar otra tierra con sus propios sudores. El Sr. Rameaux, deseando procu\u00adrar un precioso refuerzo a la misi\u00f3n de Hou-P\u00e9, cuyo Superior era, le llam\u00f3 a ejercer su celo sobre aquel nuevo terreno.<\/p>\n<p>5. En este nuevo puesto esperaban al Sr. Perboyre fatigas no menores, aunque de distinto g\u00e9nero. Es verdad que no hab\u00eda de hacer largos y penosos viajes, mas el ministerio a que se le aplicaba le impon\u00eda toda suerte de privaciones y de padecimientos.<\/p>\n<p>\u00ab<em>En el mes de Enero \u00faltimo<\/em> (escrib\u00eda a su sobrino el 12 de Septiembre de 1838) <em>he sido llamado a Hou-P\u00e9 por el Sr. Rameaux, Superior de esta misi\u00f3n. El distrito por m\u00ed ocupado y del cual no he salido m\u00e1s que para visitar dos peque\u00f1as cristiandades algo dis\u00adtantes, se halla en medio de monta\u00f1as. Abraza una extensi\u00f3n de dos o tres leguas a lo largo y un poco menos a lo ancho. Los cristianos que lo componen, y entre los cuales viven muy pocos gentiles, son cerca de 2.000, divididos en quince cristiandades tan dise\u00adminadas, que nada existe entre ellos que tenga visos de un lugarcillo siquiera. Tenemos en el centro de este distrito una residencia que la misi\u00f3n posee. En ella el misionero se halla a manera de un Cura en medio de una grande parroquia, en continuas relaciones con todos los cristianos del distrito. Frecuentemente tiene que salir de d\u00eda y de noche llamado para la administraci\u00f3n de Sacramentos, socorro que los cristianos tienen buen cuidado de procurarse a la menor apariencia de peligro. Acude en todos tiempos, pero especialmente los s\u00e1bados y v\u00edsperas de fiestas tanta gente a confesarse, que para satisfacer sus deseos no bastar\u00edan tres Sacerdotes aqu\u00ed fijos.<\/em>\u00bb<\/p>\n<p>6. \u00bb <em>Mas el domingo y los d\u00edas festivos es cuando principalmente se ve rodeado el pastor de su reba\u00f1o. Desde que amanece hasta que anochece, v\u00e9se nuestra iglesia llena de gente. Se principia por las oraciones de la ma\u00f1ana, seguidas de las que suelen recitarse en los d\u00edas festivos, y luego el Catecismo; despu\u00e9s de esto oyen Misa y la predicaci\u00f3n, terminada la cual, se explica a los ni\u00f1os el Catecismo. Por la tarde tienen lugar el rosario, el v\u00eda crucis y una conferencia, en la que hablan varias personas, seg\u00fan el m\u00e9todo sencillo y familiar de San Vicente de Pa\u00fal. A\u00f1adid a esto las confesiones, bautismos, confirmaciones, matrimonios, inscripciones en las diversas cofrad\u00edas, despacho de dispensas, resoluci\u00f3n de las dificultades que se ofrecen en las cristiandades, preguntas de doctrina, instrucciones y exhortaciones privadas, avisos y correcciones, el ejercicio de juez de paz, que a veces no puede evitarse, y tendr\u00e9is formada alguna idea de las ocupaciones del misionero en los d\u00edas de domingo y festivos.<\/em>\u00bb<\/p>\n<p>7. En otra carta a uno de sus compa\u00f1eros de Congregaci\u00f3n, el Sr. Aladel, con fecha 10 de Agosto de 1839, a\u00f1ad\u00eda: \u00ab<em>Aqu\u00ed me tiene usted entre estas monta\u00f1as hace ya cerca de dos a\u00f1os, dispuesto a continuar el ejercicio del ministerio, cuyas ocupaciones no me dejan, por decirlo as\u00ed, tiempo para respirar. Desde la Natividad de la sant\u00edsima Virgen del pasado a\u00f1o, hasta Pentecost\u00e9s del presente, llevo hechas diez y siete misiones o visitas de cristiandades, y no podr\u00eda asegurar que desde entonces haya disfrutado un d\u00eda de reposo. Este se hace imposible, pues nos encontramos en medio de numerosos cristianos, los cuales en su mayor parte acostumbran confesarse con frecuencia. Si en la presente fiesta de la Asunci\u00f3n, por ejemplo, pudieran reconciliarse 1.000 o m\u00e1s personas, todas se hallar\u00edan dispuestas al efecto. Pasado este d\u00eda, har\u00e9 mis ejercicios espirituales, a fin de emprender de nuevo las santas misiones durante una buena parte del a\u00f1o.<\/em>\u00bb<\/p>\n<p>8. Un\u00edanse a las fatigas del santo ministerio las privaciones de una vida pobre y mortificada. No teniendo para habitaci\u00f3n m\u00e1s que casas oscuras y malsanas sin chimeneas y a\u00fan sin ventanas; en ellas no se pod\u00eda encender fuego sin verse casi asfixiados por espesa capa de humo; su comida consist\u00eda ordinariamente en un poco de arroz y algunas hierbas cocidas sin saz\u00f3n alguna, y ten\u00eda por cama el fr\u00edo suelo, o cuando m\u00e1s una tarima cubierta de una estera.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, los calores excesivos de aquellas comarcas, y frecuentemente los tormentos del hambre y sed, un\u00edanse para aumentar sus trabajos a la debilidad de su temperamento y a sus muchas enfermedades, que sufr\u00eda con admirable paciencia. Y como si todo esto no bastara para satisfacer su amor a la Cruz, impon\u00edase duras penitencias, desgarraba sus carnes con san\u00adgrientas disciplinas, llevaba en su cintura una cadena de hierro, y sobre su cuerpo \u00e1spero cilicio. Finalmen\u00adte, en contacto habitual con cristianos pobres y poco esmerados en materia de aseo, participaba con ellos de la miseria que cubr\u00eda todo su cuerpo; y a ejemplo de muchos santos, dej\u00e1base por esp\u00edritu de penitencia devorar viviendo a\u00fan, puesto que nada hac\u00eda para preservarle o desembarazarse de tama\u00f1o suplicio. Por esto bendec\u00eda el Se\u00f1or su ministerio visiblemente, d\u00e1ndole gracia para instruir a los ignorantes, conver\u00adtir a los pecadores y a los ap\u00f3statas, reanimar en el fervor a los tibios e inspirar esfuerzo a todos para confesar cuando fuere necesario su fe ante los tribu\u00adnales y en medio de los m\u00e1s grandes tormentos.<\/p>\n<p>9. \u00c9l mismo parec\u00eda prepararse por medio de la continua lectura de las actas de las m\u00e1rtires a los gloriosos combates que muy pronto habr\u00eda de sostener. Pero nuestro Se\u00f1or, que indudablemente hallaba en esta santa alma morada agradable, dispuso que esta preparaci\u00f3n fuese m\u00e1s completa y perfecta, purificando m\u00e1s a la v\u00edctima y haci\u00e9ndole pasar por el crisol de una prueba muy cruel. Antes de hacerle sufrir los tor\u00admentos de su pasi\u00f3n en Jerusal\u00e9n y en el Calvario, quiso que experimentasen las angustias de su dolorosa agon\u00eda en el huerto de Olivas.<\/p>\n<p>El siervo de Dios fue objeto por espacio de muchos meses de violentos asaltos de desesperaci\u00f3n, parecidos a los que experimentara San Francisco de Sales cuando hac\u00eda sus estudios en Par\u00eds. Persuadido de que su nombre hab\u00eda sido borrado del libro de la vida y de que estaba destinado a arder eternamente, parec\u00edale que nada pod\u00eda esperar ya de la divina misericordia. No ve\u00eda en Dios m\u00e1s que a un juez severo justamente irritado contra \u00e9l a causa de sus innumerables pecados, y de los abusos que hab\u00eda hecho de tantas gracias. Acud\u00eda a la oraci\u00f3n, y parec\u00edale que al desechar el Se\u00f1or su oraci\u00f3n, tambi\u00e9n le arrojaba a \u00e9l mismo con furor y menosprecio. Su mismo Crucifijo, a cuyos pies tantas veces hab\u00eda sentido inefables consuelos, su crucifijo hab\u00edase tornado mudo, por mejor decir, de sus llagas sacrat\u00edsimas, como de otras tantas bocas, parec\u00edale no salir m\u00e1s que recriminaciones y sentencias de condenaci\u00f3n. En sus penas no hallaba consuelo, ni ante el tabern\u00e1culo, ni en la celebraci\u00f3n del Santo Sacrificio, con el cual se imaginaba renovar el crimen de Judas.<\/p>\n<p>No tard\u00f3 su salud en resentirse con tan duros golpes; hu\u00eda el sue\u00f1o de sus ojos y hallaba ins\u00edpido todo alimento. Ve\u00edasele palidecer m\u00e1s y m\u00e1s cada d\u00eda, y secarse como una planta abrasada por los ardores del sol, y ciertamente sucumbiera en tan recio combate si Dios no pusiera fin a la prueba.<\/p>\n<p>10. Pero su infinita misericordia se apiad\u00f3 de su fiel siervo y tuvo la dignaci\u00f3n de aparec\u00e9rsele clavado en la cruz dirigi\u00e9ndole una mirada inefable de bondad, y dici\u00e9ndole afectuosamente: \u00ab<em>\u00bfDe qu\u00e9 temes? \u00bfPor ventura no he muerto por ti? Pon tu mano en mi sagrado costado y no temas ya condenarte.<\/em>\u00bb Desapareci\u00f3 luego la visi\u00f3n, pero dejando el alma del santo misionero inundada de dulc\u00edsima paz, que no volvi\u00f3 a ser turbada en adelante; y \u00a1cosa maravillosa! la espantosa debilidad producida por esta tribulaci\u00f3n desapareci\u00f3 al mismo tiempo, sin que desde el d\u00eda siguiente se viese la menor se\u00f1al de ella.<\/p>\n<p>\u00ab<em>\u00c9l mismo fue<\/em>, dice Mr. Baldus, <em>el que me refiri\u00f3 este hecho en una conversaci\u00f3n que tuvimos los dos en nuestra residencia de Kou-Tchen-Kieng, y notaba yo que atribu\u00eda este acontecimiento a tercera persona. A fin de no dejarle en la creencia de que yo era v\u00edctima de su piadosa supercher\u00eda, le dije inmediatamente: \u00abS\u00e9 bien de qui\u00e9n habl\u00e1is; a vos se refiere lo que ha\u00adb\u00e9is contado\u00bb; y su embarazo y sus respuestas evasivas fueron para m\u00ed una demostraci\u00f3n equivalente a una confesi\u00f3n clara<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n fue como la aparici\u00f3n del \u00e1ngel a nues\u00adtro Se\u00f1or en la gruta de la agon\u00eda: apparuit autem illi angelus confortans eum (Luc., XXII, 43.). Ella lo forti\u00adfic\u00f3 y prepar\u00f3 para los \u00faltimos y m\u00e1s terribles comba\u00adtes que iban a poner tan glorioso fin a su carrera apos\u00adt\u00f3lica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo sexto: Sus misiones en Ho-Nan y en Hou-P\u00e9 (1835-1837) 1. Sus disposiciones al llegar a Ho-Nan. \u2014 2. Grave enfermedad que all\u00ed contrae: sus primeras misiones: fatigas y resultado. \u2014 3. 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