{"id":131651,"date":"2014-10-27T08:01:52","date_gmt":"2014-10-27T07:01:52","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=131651"},"modified":"2016-07-26T16:58:16","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:16","slug":"la-vida-del-cardenal-de-retz-i","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-vida-del-cardenal-de-retz-i\/","title":{"rendered":"La vida del Cardenal de Retz (I)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/la-vida-del-cardenal-de-retz-i\/cretz\/\" rel=\"attachment wp-att-131652\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-131652\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/10\/cretz.jpg?resize=244%2C286\" alt=\"cretz\" width=\"244\" height=\"286\" \/><\/a>Pr\u00f3logo.<br \/>\nPablo de Gondi, cardenal de Retz, se crey\u00f3 tener cita con la Historia. Era con la Literatura. A t\u00edtulo p\u00f3stumo. Lo que tem\u00eda por encima de todas las cosas era la indiferencia y el olvido. Lo consigui\u00f3: enfoca la posteridad como hab\u00eda enfocados a sus contempor\u00e1neos. Su brillante personalidad, ruidosa, despierta todav\u00eda hoy reacciones muy vivas, instintivas. Se dirigen menos al actor en la Fronda que al autor de la Memorias las m\u00e1s irreverentes y las m\u00e1s seductoras que existan.<br \/>\nSi no hubiera escrito las Memorias, su vida se contar\u00eda en un santiam\u00e9n. Porque su papel en la historia, que \u00e9l se imaginaba que ir\u00eda a ser capital, se reduce a bien poca cosa.<br \/>\nEn su generaci\u00f3n, era uno de los m\u00e1s dotados. Intr\u00e9pido, orgulloso, exaltado, y de una extrema inteligencia, so\u00f1aba con la gloria, con conquistas. Empujado bien a su pesar hacia la Iglesia por la voluntad paterna, se tom\u00f3 muy en serio ascender dentro de ella lo m\u00e1s alto posible. Se le hab\u00eda presentado, en bandeja, la coadjutor\u00eda al arzobispado de Par\u00eds, con sucesi\u00f3n futura. Quiso ser cardenal y ministro, como Richelieu. Mala suerte: \u00e9ste ten\u00eda ya en la persona de Mazarino s\u00f3lidamente instalado en el puesto. Retz no ten\u00eda otra esperanza que su ca\u00edda. Cuando la oposici\u00f3n al rival detestado se cambi\u00f3 en revuelta, intent\u00f3 ponerse a la cabeza del movimiento, organiz\u00f3 la resistencia en la capital, pero se atasc\u00f3 luego en contradicciones, y cay\u00f3 en la trampa de las intrigas entrecruzadas. Fue el gran perdedor de la Fronda, el m\u00e1s duramente castigado. Encarcelado, errante despu\u00e9s por Europa y reducido casi a mendicidad, no fue arzobispo de Par\u00eds m\u00e1s que de nombre, durante ocho a\u00f1os, sin poder jam\u00e1s ejercitar sus funciones, y debi\u00f3 pagar su regreso con la dimisi\u00f3n con el apartamento definitivo.<br \/>\nSu breve paso por el primer plano no bastar\u00eda para asegurarle la notoriedad. As\u00ed como la Fronda misma no fue m\u00e1s que un episodio, en la escala de la historia de Francia. No ha legado a modificar su curso. Al contrario: este intento para contrariar la evoluci\u00f3n de una monarqu\u00eda fuerte y centralizada no hizo m\u00e1s que acelerar el proceso. De todo ello no qued\u00f3 sino algo de espuma ensangrentada. \u00bfRevuelta sacr\u00edlega o revoluci\u00f3n abortada? Le llueven reproches, de unos por haber fracasado comprometer el advenimiento del orden luiscatorce, de otros por haber traicionado las aspiraciones populares y retardado en un siglo y medio la ca\u00edda del Antiguo R\u00e9gimen. No es bueno hab\u00e9rselo propuesto. Los historiadores son severos con aquel de quien se ha convenido en decir que fue el alma de ello.<br \/>\nLos vencidos se equivocan siempre, como los ausentes. Vencido, Retz lo fue con toda seguridad. \u00bfAusente? \u00a1tampoco! Vencido, pero no convencido, se dedica veinticinco a\u00f1os despu\u00e9s a un l\u00facido relato de la Fronda, cuya fuerza desmonta, desacraliza a sus actores, denuncia su interpretaci\u00f3n providencialista, para reducirla a relaciones de fuerza, a una gigantesca partida de cartas, ajena a toda trascendencia. Ha sembrado todo el relato de reflexiones agudas sobre los hombres, el poder, la pol\u00edtica, que nada han perdido de su acierto y tino. Todo estudio de su tiempo choca con \u00e9l, es tributario de sus an\u00e1lisis, de su lucidez, de su humor. Con mayor raz\u00f3n, todo estudio sobre \u00e9l pasa por las Memorias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Curioso destino el de este libro. Imperfecto, inacabado -el relato se termina en 1655, mientras que Retz muere en 1679-, estropeado por descuidos que habr\u00eda eliminado una \u00faltima lectura, mal cerrado, mal ali\u00f1ado, queda desfigurado para colmo por tachaduras mutilaciones p\u00f3stumas, llevando a lagunas, que cercenan casi la mitad, al parecer , de la primera parte. No se public\u00f3 hasta 1717. Como Retz llevaba muerto mucho tiempo, los editores descifraron como pudieron los manuscritos de que dispon\u00edan -copias, o copias de copias-, modernizaron la lengua, corrigieron lo que no comprend\u00edan . As\u00ed y todo, las Memorias tuvieron un gran \u00e9xito de esc\u00e1ndalo, que vino a reforzar la admiraci\u00f3n por su manifiesta calidad literaria. Cuando en el siglo XIX se publicaron, seg\u00fan el aut\u00f3grafo encontrado por fin, ediciones m\u00e1s fieles, que devolv\u00edan al texto su vigor y recuperaban algunos pasajes atrevidos, entusiasmo y reprobaci\u00f3n se redoblaron, reparti\u00e9ndose los lectores en dos campos, alzando contra s\u00ed mismos a aquellos lectores que, como Sainte-Beuve, se negaban a transigir. Sobre el genio del escritor, estaban todos de acuerdo. Quedaba el hombre.<br \/>\nMejor que el de Memorias, el t\u00edtulo original, Vie du Cardinal de Rais, -esta graf\u00eda, que el Cardenal adopt\u00f3 para su nombre hacia el final de su vida, indica c\u00f3mo conviene pronunciarlo- revelaba la naturaleza del contenido: es una autobiograf\u00eda, muy egoc\u00e9ntrica, en la que el narrador dice yo, mezcla en el relato reflexiones y comentarios, abre los \u00abrepliegues de su coraz\u00f3n\u00bb, se desvela. El personaje hist\u00f3rico, visto a trav\u00e9s de sus actos, ocupa en ella menos espacio que el memori\u00f3grafo, que le ilumina desde dentro, explica sus intenciones, le juzga, y que, al hacerlo, solicita para \u00e9l y su alter ego comprensi\u00f3n y simpat\u00eda.<br \/>\nDime si lo amas, y yo te dir\u00e9 qui\u00e9n eres: ante Retz, ning\u00fan lector permanece neutral. El siglo XIX traz\u00f3 de \u00e9l una imagen estereotipada, propicia a juicios sumarios contrastados, que el siglo XX no ha logrado sobrepasar. \u00bfQui\u00e9n es Retz? \u00bfel corredor de callejuelas, vociferando su buena suerte; el tribuno popular que arenga la calle, flirtea con el mot\u00edn, levanta tropas contra el rey; el intrigante experto en maniobras y negociaciones retorcidas; el esp\u00edritu fuerte que ironiza sobre las pr\u00e1cticas devotas y distribuye dinero en Roma para acelerar su promoci\u00f3n el cardenalato? Nada de todo ello es falso del todo. Pero se simplifica, se esquematiza, pero uno se adhiere a rasgos que se aumentan y a\u00edslan para mejor en ellos lo que se detesta o lo que se estima. Los hombres de fe y de \u00f3rdenes se indignan; los ind\u00f3ciles y los descre\u00eddos se deleitan, viendo en \u00e9l a uno de los suyos. Lo esencial, para unos y otros, es que quede bien caracterizado, sin antig\u00fcedades, y que siga siendo parecido a s\u00ed mismo en el correr de los a\u00f1os: violento, taimado y c\u00ednico, sin retroceder ante nada, deleit\u00e1ndose con las audacias ins\u00f3litas -un sublevado, por lo bueno o por lo malo. Y se desprecian los documentos o los testimonios que vienen a contradecir esta imagen caricaturesca. \u00bfBusc\u00e1is matizar el retrato? se os acusa de cerrar los ojos ante estas pretendidas torpezas, por complacencia, o ante sus osad\u00edas, por timidez: no quer\u00e9is, no os atrev\u00e9is a verlo \u00abtal como es\u00bb. \u00bfY si hubiera sido otro? m\u00e1s profundo, m\u00e1s complejo, m\u00e1s atormentado?<br \/>\nEl esc\u00e1ndalo ha sido siempre rentable. Si vamos a poner l\u00edmite en Retz a la parte de los excesos, de exageraci\u00f3n, a buscarles explicaciones, si no excusas, o reubicarle en su \u00e9poca y en su medio entre sus semejantes, nos exponemos a decepcionar al lector \u00e1vido de colores vivos y de sensaciones fuertes. \u00a1Lo sentimos! No vamos a a\u00f1adir aqu\u00ed nombres a la lista de sus queridas, no trataremos de llenar de an\u00e9cdotas picantes las lagunas de la primera parte: en estos terrenos, \u00e9l agot\u00f3 la materia. El hombre fue menos excepcional, menos fuera de lo com\u00fan de lo que se ha pensado, de lo que \u00e9l se crey\u00f3. Su vida, bien lavada de los oropeles, no tiene por ello un menor inter\u00e9s-<br \/>\nLas Memorias no les hacen f\u00e1cil la tarea a los bi\u00f3grafos. El trabajo est\u00e1 hecho, y brillantemente hecho. Hay cierta temeridad en caminar tras las huellas de un escritor: la comparaci\u00f3n no deja de ser cruelmente desfavorable. \u00bfSe trata de escapar de la par\u00e1frasis? se cae en la pol\u00e9mica. En ambos casos se limita uno a escribir al margen del relato, para completarle o contradecirle. Es entrar en el juego de Retz, caer en la ilusi\u00f3n de \u00f3ptica que hace de la Fronda lo esencial de su vida y del protagonista de su relato el artesano privilegiado de la historia. Se dice libre y responsable de compromisos tomados con conocimiento de causa. Se quiere singular, insolente, l\u00facido, superior. Y se r\u00ede&#8230; Sobre la imagen provocativa que da de s\u00ed, los bi\u00f3grafos se han acostumbrado a enriquecerse, con buen surtido de acopios en las mazarinadas. Encuentran en \u00e9l una cabeza de turco ideal, a quien culpan de todos los pecados de los frondistas. Y es olvidarse de que hab\u00eda, por encima de \u00e9l y a su lado, cantidad de gente. Y es postular, un poco de prisa tal vez, que la Fronda era radicalmente criminal. Es tener a menos finalmente la riqueza y la diversidad de una existencia que desborda ampliamente los cuatro a\u00f1os en que ocup\u00f3 la delantera de la escena.<br \/>\nNo nos dejemos enga\u00f1ar por las Memorias, por admirables que sean. Retz quiere arreglar cuentas con un destino en gran parte sufrido, que debe asumir. Su campo es limitado, a prop\u00f3sito. Son la punta afilada, brillante, en la que se concentran las miradas. Hacen de espejos de aumento, al propio tiempo que de pantalla y de enga\u00f1ifa, amplificando lo que cuentan y rechazando a la sobra lo que se callan.<br \/>\nPor ejemplo, que Retz no era libre de elegir su campo. Es heredero de los Gondi, y los Gondi, despu\u00e9s de servir al trono, pasaron a la oposici\u00f3n: pertenecen al partido devoto. Militantes activos de la Contra-Reforma, viven sus desgarros: simpatizan con el jansenismo naciente y chocan con los jesuitas. El margen de maniobra del coadjutor es muy estrecho. Aunque no hubiera tomado la iniciativa de desafiar a Mazarino, \u00e9ste habr\u00eda cerrado las puertas a un concurrente posible demasiado bien dotado y de la facci\u00f3n adversa. La cara oculta de las Memorias, son los conflictos teol\u00f3gicos, y las interferencias entre religi\u00f3n y pol\u00edtica. Hay mucho que decir en la materia sobre los antecedentes familiares de Retz: merecen una digresi\u00f3n.<br \/>\nLa Fronda misma es menos oscura, menos il\u00f3gica de lo que se querr\u00eda decir, si intentamos hacer aparecer, m\u00e1s all\u00e1 de la confusi\u00f3n de una actualidad cambiante, algunas l\u00edneas de fuerza. Los principales actores se dirigen, por caminos sinuosos y desviados, hacia metas bastante claras, que se puede intentar sacar a la luz. Eso pretendemos.<br \/>\nMazarino sale vencedor del conflicto, recobra su autoridad en una Francia pacificada. Pero Retz encarcelado, luego evadido, no se da por vencido. La interrupci\u00f3n brutal de las Memorias, en el umbral de la \u00abFronda eclesi\u00e1stica\u00bb abre a la investigaci\u00f3n un territorio menos explorado, pero apasionante. El combate librado por el fugitivo para conservar su sede arzobispal compromete mucho m\u00e1s que a su persona; pone en juego a hombres en gran n\u00famero, y a principios; nos lleva al coraz\u00f3n de las relaciones entre la Iglesia y la monarqu\u00eda francesa. En \u00e9l se metamorfosea Retz en arzobispo perseguido, irreductible, y adopta para defenderse el estilo de la gran elocuencia sagrada: \u00a1es el mismo hombre, u otro?<br \/>\nEn 1661, se rinde: muerto Mazarino, el rebelde se inclina ante Luis XIV. Repartir\u00e1 el tiempo entre el peque\u00f1o se\u00f1or\u00edo loren\u00e9s y Roma, donde sirve al rey con competencia y dedicaci\u00f3n. En 1675, sorpresa: es \u00e9l mismo quien remite al papa su capelo cardenalicio y pretende retirarse a un monasterio benedictino. Todo en vano: se rechaza su dimisi\u00f3n. Pero \u00e9l vivir\u00e1 en adelante al margen..<br \/>\nLos d\u00edas posteriores a la Fronda le reservar\u00e1n seguramente m\u00e1s de una sorpresa. Si a\u00f1adimos que escribe sus Memorias -esto se ha demostrado ahora- en sus \u00faltimos a\u00f1os, confesaremos que merece la pena examinarlo m\u00e1s de cerca. La Fronda son cuatro a\u00f1os de sesenta y seis, cuatro a\u00f1os pues de cuarenta y cinco de su vida activa. Ciertamente que arden en sus recuerdos con un resplandor \u00fanico. Pero la imagen que proyecta de ellos -lo que dice, lo que se calla- es evidentemente tributario de todo lo vivido de por medio. Las ra\u00edces de las Memorias se encuentran tanto en el retiro fracasado que las precede por poco como en el pasado distante del que son resurrecci\u00f3n.<br \/>\nSe ha decidido pues reducir aqu\u00ed la Fronda a la porci\u00f3n congrua -una parte de cuatro, la segunda-, y renunciar a seguir d\u00eda a d\u00eda su desarrollo para hacer resaltar lo que el relato voluntariamente miope de Retz no muestra: las l\u00edneas directrices, los nexos. Lejos de abandonarse a los rencores y a la flojera, Retz saca de ello un doble desaf\u00edo, contra Mazarino en primer lugar, para tratar de afianzarse, luego contra s\u00ed mismo, para digerir y exorcizar el fracaso. La informaci\u00f3n no es abundante: suficiente sin embargo para permitir rastrear su evoluci\u00f3n, recuperar su estado de \u00e1nimo en las diferentes etapas del itinerario; y es necesario, esta vez, entrar en los detalles y distinguir cuidadosamente los tiempos.<br \/>\nUna biograf\u00eda no podr\u00eda ser una requisitoria. Supone, exige un poco de simpat\u00eda. Aunque se trate de un gran hombre que se realiz\u00f3 en la historia. No es el caso de Retz: su persona interesa m\u00e1s que su acci\u00f3n, su destino individual m\u00e1s que su papel en la Fronda. Las experiencias que vivi\u00f3 alimentaron su obra de escritor. No hay otro medio, para explicar las Memorias, que rehacer a su lado el camino, todo el camino, tratando de ver por sus ojos, de ponerse en su lugar. En el lugar de los dem\u00e1s tambi\u00e9n, hasta en el de sus adversarios. Simpat\u00eda, en la acepci\u00f3n m\u00e1s rigurosa del t\u00e9rmino: nada de prejuicios, sino esfuerzo para sentir y comprender con.<br \/>\nLo que perder\u00e1 la historia en esta restricci\u00f3n deliberada de punto de vista -la desaparici\u00f3n de las perspectivas seculares-, lo recuperar\u00e1 en otro plano, el de las mentalidades. Comprender a Retz, en efecto, es evitar proyectar sobre \u00e9l nuestras creencias, nuestros prejuicios, nuestros criterios de apreciaci\u00f3n. Se ten\u00eda en el siglo XVII vistas espec\u00edficas sobre la instituci\u00f3n mon\u00e1rquica, a veces divergentes, pero llenas de referencias comunes, que no son las nuestras. en la sociedad, la solidaridad familiar era primordial. Junto a ella, fundando vastas redes de clientelas, los lazos de fidelidad creaban deberes, llevaban consigo comportamientos que nos sorprenden. El sentimiento nacional, \u00e9se comenzaba entonces precisamente a reafirmarse. La Iglesia, rica, organizada, omnipresente, arrastraba impurezas que eran el precio de su poder temporal. Interven\u00eda en la vida p\u00fablica, estaba regida ella misma por las leyes de la pol\u00edtica. Las intemperancias sexuales de sus miembros no produc\u00edan m\u00e1s que una reprobaci\u00f3n moderada. Se censuraba, sin hacer de ello un pecado inexpiable, tambi\u00e9n era causa de risa a veces. En cuanto a la fe cristiana, ofrec\u00eda entonces muchas caras.<br \/>\nLa honradez pide que se compare a Retz con los que son comparables con \u00e9l, que se evoque en torno a \u00e9l a los otros -otros frondistas, otros prelados-, de quienes \u00e9l no era tan diferente, en resumidas cuentas. Su imagen gana en matices y en exactitud. Despojado de su aureola sulfuroso, recupera su lugar entre los actores del gran debate pol\u00edtico y religioso que desgarr\u00f3 la mitad del siglo XVII. En esta recuperaci\u00f3n de los segundos planos, la historia no puede por menos de encontrar su buen camino.<br \/>\nRetz, quien puso tantas trampas bajo los pasos de sus bi\u00f3grafos, los ha mimado tambi\u00e9n, se reconocer\u00e1 para concluir. Ten\u00eda el esp\u00edritu profundamente rom\u00e1ntico y el gusto del gesto teatral. Su vida comporta todas las componentes de una novela bien construida -y no s\u00f3lo de aventuras.<br \/>\nBien es cierto que nos encontramos ante todos elementos obligados, duelos, amores, complots, combates, encarcelamiento, evasi\u00f3n&#8230; -todos los t\u00f3picos. Pero hay m\u00e1s. Esta vida no se entrega al azar. Est\u00e1 atravesada de continuidades que la estructuran. Retz quiso construirse un destino. Para \u00e9l todo fue lucha, competici\u00f3n, conquista y, para mirada retrospectiva, juego -lo que viene a ser lo mismo. Bajo la complejidad disparatada de sus actos, detr\u00e1s de las contradicciones y de los cambios de opini\u00f3n, aparece una l\u00f3gica interna: mantuvo contra Mazarino un largo combate, una partida cerrada, cuyas peripecias toman con naturalidad la forma dram\u00e1tica.<br \/>\nAhora bien este combate fue consciente. Al vivirlo, lo pens\u00f3. Al contarlo, lo volvi\u00f3 a vivir y lo repens\u00f3. O tambi\u00e9n. El itinerario aparente, el que le llev\u00f3 de las turbulencias de la guerra civil a la soledad de un retiro loren\u00e9s, se dobla con un itinerario interno, el que permite al hombre sobrevivir al fracaso de sus esperanzas, dominar ese fracaso y sobrepasarlo.<br \/>\nHay en la vida de Retz materia para una gran novela verdadera. Nosotros no nos hemos propuesto aqu\u00ed escribirla: este libro se propone ser una biograf\u00eda hist\u00f3rica. Todo cuanto en \u00e9l se expone est\u00e1 basado en documentos, es verificable. Por suerte, sus Memorias y sus cartas, completadas por los testimonios de los dem\u00e1s memori\u00f3grafos, por lo correspondencia diplom\u00e1tica o la de Mme. de S\u00e9vign\u00e9, son lo suficientemente ricas en confidencias, en ideas generales sobre sus intenciones, sus sentimientos, sus esperanzas o sus ilusiones. Que el personaje evocado aqu\u00ed gracias a todo ello conserve, para el lector de buena voluntad, un poco del inter\u00e9s que despiertan las grandes criaturas de ficci\u00f3n.<br \/>\nA este relato, que pretende abrazar una existencia en la totalidad de su diversidad, se le ha dado, no sin titubeos ni escr\u00fapulos, el t\u00edtulo m\u00e1s sencillo y m\u00e1s exacto: La vie du Cardinal de Retz. Con una v min\u00fascula, para se\u00f1alar bien que pretender\u00eda una humilde preparaci\u00f3n para la lectura, m\u00e1s ardua, de la admirable Vie du Cardinal de Rais que son las Memorias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pr\u00f3logo. Pablo de Gondi, cardenal de Retz, se crey\u00f3 tener cita con la Historia. Era con la Literatura. A t\u00edtulo p\u00f3stumo. 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