{"id":131155,"date":"2014-09-07T08:31:56","date_gmt":"2014-09-07T06:31:56","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=131155"},"modified":"2016-07-26T18:54:24","modified_gmt":"2016-07-26T16:54:24","slug":"tres-tentaciones-en-la-iglesia-vii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/tres-tentaciones-en-la-iglesia-vii\/","title":{"rendered":"Tres Tentaciones en la Iglesia (VII)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/tres-tentaciones-en-la-iglesia-i\/ateismo-cristianismo-dios-religion-jesus-agnostico-creencia-fe-iglesia-evangelio-biblia-creyentes-catolica-tentacion-pruebas-sufrimiento-resistir-adan-manzana\/\" rel=\"attachment wp-att-131142\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-131142\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/07\/ateismo-cristianismo-dios-religion-jesus-agnostico-creencia-fe-iglesia-evangelio-biblia-creyentes-catolica-tentacion-pruebas-sufrimiento-resistir-adan-manzana.jpg?resize=233%2C175\" alt=\"ateismo cristianismo dios religion jesus agnostico creencia fe iglesia evangelio biblia creyentes catolica tentacion pruebas sufrimiento resistir adan manzana\" width=\"233\" height=\"175\" \/><\/a>II.-LA TENTACI\u00d3N DEMOCR\u00c1TICA (1996)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">1. Algunas advertencias hist\u00f3ricas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hemos entrado en una era nueva en cuanto la democracia se ha convertido en el \u00fanico r\u00e9gimen leg\u00edtimo y las alternativas a la democracia quedan descalificadas como ut\u00f3picas, o bien como malas y peores en todo caso que la democracia. Esto quiere decir que la Iglesia cat\u00f3lica sale en este momento de un estado y entra en otro.<br \/>\nDesde hace tiempo, la Iglesia sali\u00f3 del cuadro pol\u00edtico constantiniano que le ofrec\u00edan el imperio romano y los antiguos reg\u00edmenes mon\u00e1rquicos de Europa, sus sucesores. La Iglesia hab\u00eda aceptado formalmente este cuadro; ve\u00eda en \u00e9l la forma pol\u00edtica natural en cuyo interior deb\u00eda ella asegurar sus diversas misiones: Natural, porque la ciudad humana, aunque inclinada al mal, reconoc\u00eda sin embargo a Dios como Se\u00f1or, que el emperador o el rey ten\u00eda su potestas de \u00e9l, que la ley humana se guiaba en teor\u00eda por los principios de la ley natural y que \u00e9sta se modelaba estructuralmente sobre la ley eterna.<br \/>\nEn este cuadro aceptado, la Iglesia se sent\u00eda tan feliz como se puede sentir en familia, es decir bastante poco. Pero los innumerables conflictos entre la Iglesia y el Estado segu\u00edan siendo, precisamente, familiares y no enturbiaban una especie de seguridad de base. Como miembro de una familia, la Iglesia deb\u00eda hacerse reconocer, conquistar un estatuto. Desarroll\u00f3 en Oriente la teor\u00eda, bastante asfixiante para ella, de la \u00absinfon\u00eda\u00bb, en Occidente la teor\u00eda m\u00e1s belicosa y autonomista de las \u00abdos espadas\u00bb. Mediante lo cual pudo asegurarse bien que mal su libertad como cuerpo, y su misi\u00f3n de salvaci\u00f3n de las almas. A trav\u00e9s de mil conflictos, a veces dram\u00e1ticos, y mil compromisos, a menudo vergonzosos, la nave va.<br \/>\nPero la Iglesia sale tambi\u00e9n del per\u00edodo intermedio del que a\u00fan quedan muchas secuelas: el largo per\u00edodo que se extiende desde la ruina de los Antiguos reg\u00edmenes y el establecimiento definitivo del Nuevo R\u00e9gimen, a saber la democracia. Cuatro siglos al menos: el XVII est\u00e1 ocupado por la preparaci\u00f3n y coronaci\u00f3n de la Revoluci\u00f3n inglesa. El XVIII y el XIX por la preparaci\u00f3n y coronaci\u00f3n de la Revoluci\u00f3n francesa. El XIX y el XX por la preparaci\u00f3n y coronaci\u00f3n de as Revoluciones alemana, espa\u00f1ola, esteuropea, y finalmente por la Revoluci\u00f3n rusa, que se encuentra en curso y lejos de ser coronada. Todas, por los caminos m\u00e1s diversos, van a dar al mismo punto: la democracia. Conocemos sus principios: toda legitimidad est\u00e1 fundada en el consentimiento individual o colectivo; los hombres gozan de iguales derechos; la ley es soberana; el Estado es distinto de la sociedad de la que es el instrumento representativo. Se instala un dispositivo artificial para que los conflictos entre los hombres se resuelvan observando una regla de juego.<br \/>\nLos padres intelectuales del nuevo sistema: Maquiavelo, Hobbes, Locke, Montesquieu, Rousseau, se pon\u00edan de acuerdo en un punto: que el principal obst\u00e1culo que imped\u00eda acceder al Nuevo R\u00e9gimen era la Iglesia. La Iglesia fue pues atacada por dos frentes: el del dogma y el de su lugar en la Ciudad. El primer combate se gan\u00f3 con toda rapidez. Se puede decir que, desde finales del XVII, la casi totalidad de los que contaban en el pensamiento no se sent\u00edan ya atados por la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica de la Iglesia. El segundo fue m\u00e1s dif\u00edcil, y no hemos hecho m\u00e1s que esbozar su historia. Pero en el decurso de todas las revoluciones democr\u00e1ticas, ya por medios violentos (como en Francia en diversas ocasiones), ya de forma insensible, la Iglesia fue pr\u00e1cticamente expulsada del Estado. Era, al cabo de tantos siglos, una derrota tan cruel que hace muy poco -podemos decir: en mi generaci\u00f3n solamente- que la Iglesia cat\u00f3lica tom\u00f3 nota de ello y se resign\u00f3 a la nueva situaci\u00f3n.<br \/>\nLas utop\u00edas de la Iglesia<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">De esta manera la Iglesia sale, o est\u00e1 saliendo, de un per\u00edodo de su vida intelectual que correspondi\u00f3 a sus siglos intermedios, y que ha sido el per\u00edodo de sus propias utop\u00edas. Enumer\u00e9moslos r\u00e1pidamente:<br \/>\nLa primera utop\u00eda es simplemente reactiva: es la esperanza del regreso al Antiguo R\u00e9gimen y la lucha cerrada contra el ataque democr\u00e1tico. Esta utop\u00eda no se dogmatiz\u00f3 por el magisterio, que nunca afirm\u00f3 que la Iglesia estaba unida a tal o cual sistema pol\u00edtico. Mas como la Iglesia sufr\u00eda el asalto directo de la lucha por el Nuevo R\u00e9gimen, se encontraba de buen grado o por fuerza encadenada al Antiguo al que ya se hab\u00eda acostumbrado y en el que, si se me permite, ten\u00eda el domicilio. En Francia, en Espa\u00f1a, en Italia, durante todo el siglo XIX, hab\u00eda militado, por lo general, en el partido de la resistencia. No era por otro lado necesariamente un error ut\u00f3pico, sino en la medida en que la Iglesia, agredida realmente por todas partes, subestimaba la fuerza irresistible del proceso democr\u00e1tico y dejaba pasar las ocasiones de un arreglo. De esta forma fue, seg\u00fan se ha visto, c\u00f3mo el episcopado franc\u00e9s sabote\u00f3 la \u00abalianza\u00bb con la rep\u00fablica que le propon\u00eda el papa Le\u00f3n XIII, y c\u00f3mo el papado tard\u00f3 tiempo en entenderse con el Estado italiano (con gran desesperaci\u00f3n de Cavour) sobre el estatuto de Roma.<br \/>\nLa segunda serie de utop\u00edas naci\u00f3 de la b\u00fasqueda de soluciones alternativas a la democracia representativa. En efecto, en el largu\u00edsimo periodo, en general secular, entre el Antiguo y el Nuevo R\u00ebgimen, aparecieron formaciones pol\u00edticas transitorias, que por un lado se opon\u00edan a la democracia representativa, suspend\u00edan algunas libertades pol\u00edticas, y por otro, al favorecer el desarrollo econ\u00f3mico, el igualitarismo social, la ruina de las notables y antiguas elites, llenaban otra p\u00e1gina del programa democr\u00e1tico, la igualdad de las condiciones. Entre estas democratizaciones, antidemocr\u00e1ticas, citemos a Napole\u00f3n III, Musolini, Franco, Pilsudski, y Petain .<br \/>\nEstas formaciones pol\u00edticas han buscado el apoyo de la Iglesia. Por su parte. \u00c9sta no ten\u00eda raz\u00f3n para negarse al acuerdo negociado, que pod\u00eda llegar hasta el Concordato . Tan s\u00f3lo ca\u00eda en la utop\u00eda cuando ve\u00eda en estos movimientos una soluci\u00f3n estable del problema pol\u00edtico, y una soluci\u00f3n mejor que la de la democracia porque eran m\u00e1s org\u00e1nicos, menos individualistas, m\u00e1s protectores de los pobres, capaces de eliminar la lucha de clases, de alcanzar cierta armon\u00eda del corpus social. cuando todo ello estallaba como una ilusi\u00f3n y el processus democr\u00e1tico volv\u00eda a resonar, la Iglesia se sent\u00eda comprometida con los perdedores. Ella se confund\u00eda con la maldici\u00f3n que los golpeaba.<br \/>\nLa tercera serie de utop\u00edas, mucho m\u00e1s peligrosas para la Iglesia -porque entonces no s\u00f3lo se siente comprometida sino tentada-, se desarroll\u00f3 al contacto con la idea socialista. Enumero con rapidez, y por orden cronol\u00f3gico, los principales componentes:<br \/>\n1. En el fondo, y como una base cifrada que acompa\u00f1a a todo el episodio, la vieja herej\u00eda milenarista, resucitada por el jaoquimismo, y luego por el romanticismo: sue\u00f1o de una sociedad perfecta, regida por el amor, y no por el derecho, por el don y no por el intercambio, en el reparto absoluto de los bienes y la desaparici\u00f3n de las condiciones.<br \/>\n2. La decepci\u00f3n provocada por los conservadores, los nost\u00e1lgicos del Antiguo R\u00e9gimen, o las alternativas de car\u00e1cter reaccionario del Nuevo. entre cl\u00e9rigos o laicos, en general de educaci\u00f3n y de costumbres de derecha, esta decepci\u00f3n provoca una mutaci\u00f3n brusca y un dalta en la esperanza revolucionaria de izquierda. El prototipo de estos mutantes es Felicitas de Lamennais. Toda una posteridad le imitar\u00e1, ya por la parte de ac\u00e1 de la reacci\u00f3n, ya m\u00e1s all\u00e1 del progresismo, pero siempre irreconciliable con la democracia burguesa instalada y con la econom\u00eda de mercado desarrollada.<br \/>\n3. El impacto formidable del marxismo-leninismo, por su duraci\u00f3n casi secular, su extensi\u00f3n mundial, su intensidad, no puede ser analizado en dos palabras. Fue para el cristianismo uno de los desaf\u00edos m\u00e1s mortales de su historia. El magisterio cat\u00f3lico le tom\u00f3 r\u00e1pidamente la medida, como dan prueba las enc\u00edclicas y la firme actitud de los papas P\u00edo XI y P\u00edo XII. Pero desde la muerte de este pont\u00edfice, a causa de las circunstancias de la guerra que hab\u00edan debilitado la posici\u00f3n moral de la Iglesia, a causa del efecto de terror irresistible que desaconsejaba incluso hasta llamar al enemigo por su nombre. a causa del celo por las cristiandades encerradas bajo el dominio comunista, a causa en fin de la infiltraci\u00f3n de las ideas comunistas en una parte del clero, el magisterio guard\u00f3 un silencio del que la Iglesia tendr\u00e1 que pagar sin duda el precio.<br \/>\nCon el favor de este silencio, se desarrollaron tres utop\u00edas. La primera fue una tentativa por bautizar al comunismo, admitiendo su visi\u00f3n de este mundo y a\u00f1adi\u00e9ndole un poco de espiritualismo o de idealismo de car\u00e1cter cristiano. Lo que fue el progresismo y m\u00e1s tarde la teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n.<br \/>\nLa segunda fue la b\u00fasqueda de una tercera v\u00eda o de una equidistancia. Es la m\u00e1s ut\u00f3pica de las utop\u00edas. Se comienza por admitir que la utop\u00eda socialista est\u00e1 realizada, es decir que existe una sociedad socialista. Luego se acepta la definici\u00f3n leninista de nuestra sociedad como capitalista. Por fin se sit\u00faa imaginariamente fuera de esta doble realidad que es ya imaginaria.<br \/>\nLa tercera utop\u00eda es el apolitismo. Pero como se prolonga en el nuevo estado donde entra la Iglesia, hablar\u00e9 de ello en su lugar: la Iglesia en el cuadro de la democracia incontestable y incontestada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La estrategia de Babel<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La Iglesia a partir de 1945 se decidi\u00f3 en favor de la democracia, a pesar de todas las secuelas y de las cicatrices de los tiempos pasados, esta l\u00ednea qued\u00f3 confirmada y no fue ya seriamente contestada en la Iglesia misma. Pero \u00bfsignifica esto que, por las mismas, la Iglesia se convirti\u00f3, o deba, o pueda convertirse al ideal democr\u00e1tico? Nada menos cierto.<br \/>\nEn lo relativo a su misi\u00f3n, que es llevar a los humanos a la salvaci\u00f3n eterna, el Nuevo R\u00e9gimen no disfruta de ninguna superioridad con relaci\u00f3n al Antiguo. El principio democr\u00e1tico quiere que el ciudadano obedezca a s\u00ed mismo en funci\u00f3n de los intereses y de las preferencias que \u00e9l mismo define. En este sentido, el ideal democr\u00e1tico es inferior al de las ciudades antiguas y de los reg\u00edmenes democr\u00e1ticos que no perd\u00edan de vista en principio la educaci\u00f3n del ciudadano en la virtud ni en la b\u00fasqueda de un bien com\u00fan transcendiendo el inter\u00e9s individual. La prevalencia de la voluntad humana sobre la voluntad divina, la discordancia aceptada de la ley humana positiva con relaci\u00f3n a la ley natural y de la ley eterna no tienen raz\u00f3n alguna de recoger la adhesi\u00f3n entusiasta de la Iglesia.<br \/>\nCon mayor precisi\u00f3n, el r\u00e9gimen democr\u00e1tico desacredita en principio la idea de verdad, de una verdad absoluta por revelada y transmitida por la tradici\u00f3n de la Iglesia . Lo cual est\u00e1 escrito en la fundaci\u00f3n de la primera y m\u00e1s ejemplar de las democracias, la de los Estados Unidos.<br \/>\nUna gran parte de los Americanos hab\u00edan atravesado el Atl\u00e1ntico para ponerse al abrigo del conflicto religioso, disidentes ingleses, armenios de Holanda, luteranos antipietistas de Alemania, hugonotes franceses, jud\u00edos. Cuando pensaban en establecer un gobierno libre, los constituyentes americanos pensaban evidentemente en la libertad religiosa, en el derecho de cada uno a no verse inquietado por causa de sus convicciones y de su culto particular. \u00bfMediante qu\u00e9 dispositivo \u00abartificial\u00bb impedir el conflicto religioso y la persecuci\u00f3n? La soluci\u00f3n de Mdison fue de multiplicar los derechos y los sujetos de derechos, es decir asimilar la multiplicaci\u00f3n de las convicciones religiosas a la multiplicidad de los intereses: \u00abEn un gobierno libre, la protecci\u00f3n de los derechos civiles debe ser la misma que la de los derechos religiosos. El medio es la multiplicidad de los intereses en un caso, y en el otro la multiplicidad de las sectas \u00ab.<br \/>\nEl punto de vista de Madison se acerca ciertamente a la idea de tolerancia tal y como hab\u00eda evolucionado a partir de Locke y de las Luces anglo-francesas. Pero contiene tambi\u00e9n un sabor b\u00edblico. El calvinismo americano manten\u00eda, frente al optimismo de las Luces europeas, la conciencia del pecado original. Madison no trata de hacer bueno al hombre ni tampoco cuenta con su bondad, conoce su corrupci\u00f3n y por eso despliega lo que llamar\u00e9 la estrategia de Babel. A imitaci\u00f3n del Eterno, que hab\u00eda dispersado a los hombres para que no se unieran hacia un fin fatalmente malo, Madison dispersa a los ciudadanos en innumerables grupos de intereses y de denominaciones religiosas, para reducirlos a la impotencia de construir la Ciudad totalitaria, de perseguirse, de oprimirse, lo que tendr\u00eda lugar si una denominaci\u00f3n se hiciera tan poderosa como para imponer su voluntad por la v\u00eda pol\u00edtica. Como los hombres, en virtud del pecado original ven sus planes m\u00e1s sublimes (sobre todo esos) convertirse en desastre y en crimen, divid\u00e1moslos para que s\u00f3lo sean capaces de males parciales y localizados. Y como el gobierno de los Estados Unidos se abstiene a perpetuidad de legislar en materia religiosa, las denominaciones dispersadas y lo m\u00e1s numerosas que se pueda (cuantas m\u00e1s haya, mejor) ven que se les retira el instrumento por excelencia de su voluntad maligna, el poder del estado. La estrategia de Babel alcanz\u00f3 maravillosamente sus fines. Las diversas denominaciones pudieron despreciarse, odiarse, enfrentarse, pero nunca pudieron entrar en guerra ni oprimirse seriamente. \u00bfC\u00f3mo andan las cosas hoy dos siglos despu\u00e9s?<br \/>\nLos diferentes grupos religiosos encontraron motivos de satisfacci\u00f3n en el apartheid generalizado. Tranquilos, al abrigo unos de otros, se organizaron y prosperaron. Dios, introducido, despu\u00e9s, en la redacci\u00f3n de la Constituci\u00f3n, es hoy objeto de una devoci\u00f3n y e una reverencia m\u00e1s sinceras y m\u00e1s generales que en la mayor parte de los pa\u00edses de Europa . Este Dios preside una especie de jard\u00edn de infancia de las religiones, un vasto patio de recreo en el que todas las denominaciones pueden jugar a la vez, sin hacerse da\u00f1o, bajo la supervisi\u00f3n bondadosa de la regla constitucional. Como ninguna puede hacer triunfar su pretensi\u00f3n a la verdad, la b\u00fasqueda de la verdad se ha convertido en cada una de ellas en algo secundario. La religi\u00f3n se ha constituido en un community affair, entregada a la prosperidad de la comunidad, a las obras caritativas, a la buena salud moral de los fieles. Pero ninguna verdad religiosa puede arrogarse un estatuto superior al de una persuasi\u00f3n, de una opini\u00f3n leg\u00edtima que la Constituci\u00f3n autoriza como opini\u00f3n, pero no como verdad. El beneficio pol\u00edtico de un dispositivo as\u00ed es evidente e inmenso. Pero no todos experimentan la misma suerte.<br \/>\nLos m\u00e1s afortunados fueron los jud\u00edos, quienes por primera vez fueron reconocidos como ciudadanos de pleno derecho, libres por completo de llevar una vida privada decente y productiva, lo que colmaba sus expectativas. Luego los protestantes que hab\u00edan huido de Europa para poder llevar la misma vida privada, decente y productiva. estaban habituados a la religi\u00f3n individual, a la luz interior, a la comunidad religiosa de corto alcance, a la escisi\u00f3n de las Iglesias y a las variaciones del dogma.<br \/>\nNo se pod\u00eda decir lo mismo de los cat\u00f3licos. Por m\u00e1s que han prosperado, y dado pruebas de una lealtad irreprochable, ten\u00edan un mal y la democracia americana no ten\u00eda total confianza en ellos, en el fondo con raz\u00f3n.<br \/>\nEn primer lugar la Iglesia cat\u00f3lica alcanz\u00f3 un volumen demasiado considerable para el esp\u00edritu de la Constituci\u00f3n de Madison. Es dos veces m\u00e1s numerosa que la denominaci\u00f3n que viene tras ella, la de los baptistas, que se encuentran fragmentados. Si se producen, como es de temer, cismas, habr\u00e1 que hacer intervenir al factor \u00abconstitucional\u00bb, es decir las l\u00edneas de fracturas que Madison previ\u00f3 y dese\u00f3 en raz\u00f3n del bien p\u00fablico.<br \/>\nLuego la Iglesia cat\u00f3lica no puede renunciar del todo a su pretensi\u00f3n de detentar la verdad. Cierto es que en Am\u00e9rica la ha puesto entre par\u00e9ntesis siempre que ha podido, y apenas se ha preocupado por la teolog\u00eda dogm\u00e1tica, pero esta renuncia no puede ser completa.<br \/>\nFinalmente la Iglesia es jer\u00e1rquica, y esta jerarqu\u00eda se designa por la monarqu\u00eda romana. Ello contraviene no s\u00f3lo al principio sino a las costumbres de la democracia americana en la que la elecci\u00f3n del superior por la comunidad es la fuente \u00fanica de su legitimidad.<br \/>\nLa renuncia pr\u00e1ctica a su pretensi\u00f3n a la verdad debilita a la Iglesia. En efecto, pierde su t\u00edtulo a definir la regla de las costumbres. Las costumbres en democracia son como el poder pr\u00e1ctico, en el campo de la voluntad humana. Son, como las religiones, relativas al grupo humano que, gozando de una legitimidad democr\u00e1tica, les confiere por ello una legitimidad moral. La reivindicaci\u00f3n de igualdad para la mujer derriba la barrera fr\u00e1gil que rodea a la Jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica. La reivindicaci\u00f3n de legitimidad moral del divorcio, del aborto o de la homosexualidad se autoriza igualmente por el principio democr\u00e1tico y por el relativismo que de ello se desprende. Para resistir a lo cual, la Iglesia se ve obligada a certificar una autoridad divina en materia de verdad moral que la democracia no puede sino rechazar En esta situaci\u00f3n de malestar c\u00f3modo pero que puede llegar a la anestesia fatal, \u00bfqu\u00e9 puede hacer la Iglesia cat\u00f3lica ahora inmersa de buen grado en la sociedad democr\u00e1tica?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00bfEsplendor de la verdad?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se ve tentada a menudo de apolitismo como principio. El apolitismo es una manera de tomar nota de los errores pol\u00edticos en que se extravi\u00f3 la Iglesia en los tiempos predemocr\u00e1ticos. Como sus intervenciones se han visto tan poco coronadas con el \u00e9xito, \u00bfno es tentador no volver a intervenir otra vez en absoluto? El apolitismo es tambi\u00e9n un modo de dar fe de la situaci\u00f3n en que coloca la democracia a la religi\u00f3n: un asunto privado. Pero se trata otra vez de una utop\u00eda. La Iglesia debe hacer pol\u00edtica para asegurar su existencia y su estatus en la Ciudad. Y debe hacerlo porque no puede interesar a los hombres sin tener en cuenta su naturaleza, que es, como se sabe desde Arist\u00f3teles, pol\u00edtica. Ser\u00eda un tanto rid\u00edculo legislar con tanto cuidado y hasta el menor detalle sobre la pr\u00e1ctica sexual, y dejar a los fieles sin orientaci\u00f3n en lo que constituye una dimensi\u00f3n esencial de su vida. En una palabra, descansando en el hecho y dogma de la Encarnaci\u00f3n, la Iglesia no puede dejar flotar su ense\u00f1anza en el espacio de lo ideal y de la opci\u00f3n interior individual sin ninguna esperanza de verlo encarnarse en el mundo real, concreto, social .<br \/>\nOtra tentaci\u00f3n es confundir su predicaci\u00f3n con el discurso de la democracia. Muchas homil\u00edas hoy mandan al cristiano que sea bueno, que sea solidario, que sea responsable y equitativo, que lleve su ternura a los \u00abexcluidos\u00bb, a los inmigrantes, a los impedidos, por \u00faltimo a los animales. Pero en ello no hay otra cosa que una explicaci\u00f3n del discurso democr\u00e1tico. La democracia contiene un programa indefinido de englobamiento de todos los seres humanos -y pronto de los animales- en una comunidad igualitaria. El comunismo era, ya lo dijimos, una perversa imitatio del cristianismo que ha servido de se\u00f1uelo para muchos cristianos. Pero hay tambi\u00e9n una imitatio, m\u00e1s perversa sin duda, y m\u00e1s pasable, en el ideal democr\u00e1tico, que desde el origen se propon\u00eda como meta una sociedad de tipo cristiano , una vez que la Iglesia, principal obst\u00e1culo, fuera colocada fuera de estado de causar da\u00f1o.<br \/>\nCon todo ello, la confusi\u00f3n del discurso democr\u00e1tico y de la predicaci\u00f3n cristiana no le sirve de ning\u00fan consuelo al hombre moderno en lo que se refiere a su mal \u00edntimo, la privaci\u00f3n de la verdad. En el comunismo, lo contrario de la verdad era la mentira y la mentira era la naturaleza misma del comunismo. En la democracia, lo contrario de la verdad es lo insignificante, y lo insignificante es una amenaza para la vida democr\u00e1tica. La relatividad de la verdad, su reducci\u00f3n a la opini\u00f3n, la insipidez progresiva de la opini\u00f3n crean un vac\u00edo metaf\u00edsico que hace sufrir al hombre moderno y, si no le hace sufrir, le disminuye y le mutila, algo que es peor. Eso es lo que vieron y denunciaron mentes tan diversas como Tocqueville, Flaubert, Nietzsche, o P\u00e9guy.<br \/>\nDesde hace m\u00e1s de un siglo la Iglesia se esfuerza en promover el esp\u00edritu social. Con lo que ha prestado grandes servicios a la democracia, raz\u00f3n por la cual \u00e9sta ya no la persigue. Pero no ayuda a la democracia curarse de este d\u00e9ficit de verdad que es su mal secreto y penetrante. El esfuerzo de la Iglesia estar\u00eda mejor empleado en curarse a s\u00ed misma del d\u00e9ficit intelectual que impide a esta verdad, cuyo privilegio cree ostentar, fructificar, brillar, convencer. Debe reflexionar sobre el hecho vertiginoso que al cabo de tres siglos ning\u00fan fil\u00f3sofo -Leibniz, Kant, Hegel, Montesquieu, Rousseau, Hume, Comte, Weber, Heidegger-, aunque cristiano de nacimiento encontr\u00f3 su satisfacci\u00f3n o su alimento en la ortodoxia cristiana.<br \/>\nSi por una parte la democracia es inevitable y por otra la Iglesia no puede subsistir en ella, se presenta la tentaci\u00f3n nihilista, que en la Iglesia toma la forma de milenarismo. Para rechazar la tentaci\u00f3n, la Iglesia no ofrece nada mejor que hacer que dar al hombre dem\u00f3crata el placer que recibe la inteligencia en buscar la fe y la fe en buscar la inteligencia. Este placer saludable es el que busca el hombre dem\u00f3crata a tientas y en la oscuridad, lo que le hace a menudo caer en religiones inferiores o ideolog\u00edas mortales. Si la Iglesia, capaz de una caridad bien ordenada, presta al hombre dem\u00f3crata este eminente servicio, es tambi\u00e9n la democracia la que resultar\u00e1 apta para vivir y aceptable para ella. Mas para ello es menester que se ponga a pensar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n2.- DE LO SUBLIME CRISTIANO<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">De la m\u00edstica a lo sublime<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El conocimiento m\u00edstico es un conocimiento por amor. El mundo natural es cognoscible por la raz\u00f3n hasta cierto punto. Dios es cognoscible por la raz\u00f3n hasta cierto punto. Es tambi\u00e9n cognoscible por la fe en la Revelaci\u00f3n hasta cierto punto. Sin embargo existe adem\u00e1s un modo de conocimiento por amor. Los humanos enamorados pueden experimentarlo entre ellos. Si lo experimentan para con Dios, a este conocimiento se le reserva el nombre de m\u00edstica.<br \/>\nEn la tradici\u00f3n del seudo Dionisio, que es la del Occidente, el amor m\u00edstico es unitivo y est\u00e1tico. Dionisio es cribe en efecto: \u00abEn Dios el deseo amoroso es est\u00e1tico. Gracias a \u00e9l los enamorados no se pertenecen ya. Pertenece a aquellos a quienes aman [&#8230; ) De esta forma el gran Pablo, pose\u00eddo por el amor divino y participando de su poder ext\u00e1tico, dice con palabras inspiradas: \u00abYo no vivo ya, es Cristo quien vive en m\u00ed\u00bb, lo que el caso de un hombre a quien el deseo ha hecho salir de s\u00ed, como \u00e9l dice, para penetrar en Dios y que no vive ya de su propia vida, sino en la vida del que le ama \u00ab. En esta salida de s\u00ed, el sujeto sigue siendo lo que es. El \u00e9xtasis no suprime a la persona, pero provoca la suspensi\u00f3n de la raz\u00f3n y de la palabra: \u00abAhora que vamos a entrar en la Trinidad, que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de lo inteligible, sigue diciendo Dionisio, ya no se tratara de concisi\u00f3n, sino de un cese total de la palabra y del pensamiento. All\u00ed donde nuestro discurso bajaba de lo superior a lo inferior a medida que se alejaba de las alturas, su volumen aumentaba. Ahora que subimos de lo inferior a lo trascendente, a medida que nos acercamos a la cumbre, el volumen de nuestras palabras se estrechar\u00e1; en el \u00faltimo tramo de la ascensi\u00f3n, nos quedaremos totalmente mudos y plenamente unidos al inefable \u00ab.<br \/>\nSeg\u00fan Dionisio, el hombre sale de s\u00ed mismo sin dejar de ser lo que es. En esto se opone a la tradici\u00f3n neo-plat\u00f3nica que se apoya en el enstase: el hombre al volver en s\u00ed mismo halla en el fondo de s\u00ed una chispa divina que es connatural a la naturaleza divina. El maestro Eckhart, por ejemplo, pertenece a esta otra tradici\u00f3n.<br \/>\nLa m\u00edstica ortodoxa moderna, flamenca y espa\u00f1ola, conserva los dos puntos de la uni\u00f3n est\u00e1tica y de la inefabilidad de la experiencia amorosa. Santa Teresa, en su estilo directo, escribe que en la teolog\u00eda m\u00edstica, \u00abel alma queda suspendida de tal manera que parece enteramente fuera de s\u00ed. La voluntad ama, la memoria, me parece, est\u00e1 casi perdida, el entendimiento no discurre, por lo que creo, pero no se pierde, como digo, no est\u00e1 activo, sino como ensimismado por todo lo que comprende; Dios quiere que comprenda que no comprende nada de lo que Su Majestad le muestra \u00ab. Citemos tambi\u00e9n a san Juan de la Cruz: \u00ab\u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 escribir lo que en las almas enamoradas donde \u00e9l [el Esp\u00edritu santo) reside, les hace o\u00edr? \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 traducir en palabras lo que les hace sentir? \u00bfQui\u00e9n finalmente podr\u00e1 decir cuanto les hace desear? Con toda seguridad nadie puede. Con toda seguridad ni siquiera ellas pueden: tal es la raz\u00f3n por la cual exhalan por medio de figuras, comparaciones, similitudes algo de lo que ellas sienten y de la abundancia del esp\u00edritu vierten secretos m\u00edsticos, que por la raz\u00f3n no lo explicar\u00edan \u00ab. Los secretos m\u00edsticos as\u00ed vertidos pueden adoptar formas extra\u00f1as para quienes no siguen estos caminos; para los falsos m\u00edsticos, formas extravagantes y escandalosas. \u00bfC\u00f3mo distinguir con toda seguridad a Juan de la Cruz de una alumbrado cualquiera? La insuficiencia de la expresi\u00f3n impide verificar si le experiencia es aut\u00e9ntica y la doctrina, recta. Esto plantea a la Iglesia un problema de gobierno. Luis de Le\u00f3n, Juan de la Cruz conocieron la prisi\u00f3n y Teresa la grande vivi\u00f3 toda su vida bajo vigilancia. La m\u00edstica espa\u00f1ola no logr\u00f3 sobrevivir a este r\u00e9gimen.<br \/>\nLa escuela francesa que le sucedi\u00f3 da todav\u00eda menos a los sentidos y a la imagen. Canfeld, B\u00e9rulle Condren no dejaron poes\u00eda. Port-Royal es violentamente antim\u00edstico. La escuela francesa se agost\u00f3 r\u00e1pidamente en el nuevo clima asc\u00e9tico y racional. su \u00faltima llama brill\u00f3 a finales de siglo. A pesar de sus debilidades, sus torpezas y rarezas, la Sra. Guyon era probablemente una verdadera m\u00edstica . Como tal se gan\u00f3 la admiraci\u00f3n de F\u00e9nelon que sufr\u00eda \u00absequedades \u00bb y \u00abrigores\u00bb en los que languidec\u00eda su vida espiritual. Se relacion\u00f3 con la Sra. Guyon como a una m\u00edstica sustituida y se explay\u00f3 en su doctrina apoy\u00e1ndose en la m\u00e1s augusta tradici\u00f3n. Que sepa, segu\u00eda por su parte extra\u00f1o a estas v\u00edas. En cuanto a Bossuet, era un antim\u00edstico decidido. El combate de estos prelados, que pose\u00edan ambos la mente m\u00e1s cultivada, la lengua m\u00e1s perfecta, que reflejaban a su manera lo que la corte ten\u00eda de m\u00e1s soberbio y m\u00e1s pulido, acab\u00f3 en un desastre. Bossuet, por temperamento, y F\u00e9nelon, por falta de una experiencia viva, no estaban verdaderamente cualificados para hablar de lo que pasa por el alma en oraci\u00f3n, para juzgar de los estados pasivos, de la suposici\u00f3n imposible, etc. El debate tiene aspecto de desarrollarse sobre algo ya pasado, arqueol\u00f3gico. Finalmente la m\u00edstica ortodoxa fue desacreditada, ridiculizada, perseguida.<br \/>\nSobre el terreno, abandonado a s\u00ed mismo, brot\u00f3 en abundancia el iluminismo que llen\u00f3 el siglo XVIII, tanto en Francia como en Alemania, y que no encuentra ya ninguna autoridad para invalidarlo o constre\u00f1irlo.<br \/>\nLa m\u00edstica se degrada en sublime. Tal es la tesis que querr\u00eda defender. Entre las dos se encuentra una noci\u00f3n que hace puente entre una y otra: el puro amor. Seg\u00fan lo elabora F\u00e9nelon, el puro amor descansa en el supuesto \u00abque se puede amar a Dios con un amor que es caridad pura, sin ninguna mezcla del motivo del inter\u00e9s propio\u00bb. Cosa sobre la que no estaba de acuerdo Bossuet quien estimaba que no se pod\u00eda amar a Dios en s\u00ed mismo sin tenerlo tambi\u00e9n como un bien para s\u00ed: si Dios es el soberano bien, por ello mismo \u00e9l es mi bien. El verdadero amor de Dios y de s\u00ed mismo incluye la esperanza. Pues bien , para F\u00e9nelon, el puro amor excluye la esperanza y el deseo de ser feliz. El corolario era que F\u00e9nelon nombraba la santa indiferencia. El desinter\u00e9s perfecto que excluye toda actividad unida al deseo de felicidad lleva consigo la desaparici\u00f3n de la inquietud, de todos los remolinos del alma, una perfecta indiferencia de s\u00ed consigo. Pero Bossuet no ve c\u00f3mo el hombre siendo lo que es puede estar activo sin querer al mismo tiempo la felicidad que es el fin natural de la voluntad. En efecto, la naturaleza se queda extra\u00f1amente volatilizada en la doctrina del puro amor. Esta puede analizarse como un rechazo del status de criatura. Es querer colocarse en el lugar de Dios que es el \u00fanico que podr\u00eda amarse \u00abpor puro amor\u00bb. \u00abEl puro amor, escribe Henri Gouhier, no es un eros que ha encontrado su fin: \u00e9l aniquila todo eros\u00bb. \u00bfPor qu\u00e9 el amor puro hab\u00eda de ser en s\u00ed superior al que F\u00e9nelon llama \u00abamor de esperanza\u00bb o de \u00abcaridad mezclada\u00bb, es decir un amor de Dios en el que se mezcle alg\u00fan resto de inter\u00e9s propio\u00bb? La Iglesia reconoce la validez de las dos clases de amor, pero no las jerarquiza .<br \/>\nEl puro amor supone una oposici\u00f3n radical entre el amor de Dios y el amor de s\u00ed mismo. No se debe amar a Dios m\u00e1s que por el bien de Dios sin que el propio bien se vea envuelto en ello. En la literatura espiritual del siglo XVII franc\u00e9s, el \u00abdesenga\u00f1o\u00bb de s\u00ed es llevado hasta el odio a s\u00ed . Queda roto el lazo de naturaleza que por el intermedio del s\u00ed mismo y del bien de s\u00ed conduce al conjunto de lo real creado. Por brutal e injusto que resulte su proceder, Bossuet conservaba el sentimiento de un orden natural que defender.<br \/>\nEl puro amor puede acompa\u00f1ar a la verdadera m\u00edstica: es entonces su expresi\u00f3n hiperb\u00f3lica, la met\u00e1fora de un estado inefable. Pero es distinto de ella y puede sobrevivir a la m\u00edstica. Cuando \u00e9sta se apag\u00f3, al final del siglo XVII, el puro amor sobrevivi\u00f3 emprendiendo la v\u00eda de lo sublime.<br \/>\nDemos un salto hasta Kant. As\u00ed como el amor de Dios hasta ser perseguido y excluido el amor de s\u00ed hasta por los menores rincones, en Kant, el menor rastro de placer o simple satisfacci\u00f3n har\u00eda caer la moral del imperativo categ\u00f3rico hasta el rango inferior de lo hipot\u00e9tico. Se impone el paralelo entre el amor puro y el puro respeto de la ley. Se siente la tentaci\u00f3n de hablar de pura moral, de m\u00edstica moral, de una santa indiferencia a prop\u00f3sito del desinter\u00e9s kantiano.<br \/>\nPor intermedio de esta moral la m\u00edstica se une a esta categor\u00eda de la est\u00e9tica que es lo sublime. Algunos espect\u00e1culos de la naturaleza, escribe Kant, excitan el temor y despiertan en el hombre sin educaci\u00f3n moral el sentimiento de su impotencia. Pero el hombre moral se da cuenta de que posee la facultad de juzgarse como independiente de la naturaleza. La naturaleza es \u00abun poder bruto bajo el cual no tenemos porqu\u00e9 inclinarnos desde que se trata de nuestros principios supremos\u00bb. El juicio sobre lo sublime de la naturaleza se funda sobre lo que se puede atribuir a cada uno y exigir de cada uno, a saber sobre nuestra disposici\u00f3n para el sentimiento de las ideas pr\u00e1cticas, es decir el sentimiento moral \u00ab.<br \/>\nLa idea de sublime tiene ya una larga historia. Boileau, al traducir y comentar a Longin, propon\u00eda una interpretaci\u00f3n ret\u00f3rica. Es una palabra sencilla y fuerte que brota con \u00abingenuidad\u00bb y fuerza. No se nos da espont\u00e1neamente: hay un arte de lo sublime. Lo sublime no se opone a lo bello, es lo superlativo de ello.<br \/>\nBurke s\u00ed opone lo sublime a lo bello a causa de la diferencia del estado psicol\u00f3gico en el que uno y otro colocan al sujeto. Lo bello da un placer, lo sublime un delight. Mediante un a\u00f1adido de miedo (pero sin peligro real), procura una emoci\u00f3n m\u00e1s intensa que lo bello. Se une de ordinario a la oscuridad, a la noche, a la muerte. Rompe sus ataduras con la moral.<br \/>\nAl juntar lo sublime con la moral, deduci\u00e9ndolo de la pura moral y, por consiguiente, en el cuadro de su filosof\u00eda, al orden de los postulados supraracionales y \u00abmetaf\u00edsicos\u00bb, Kant hace de ello la sede de una esperanza espiritual. Desde entonces lo sublime puede ser habitado por el fantasma de una m\u00edstica descafeinada.<br \/>\n\u00bfCu\u00e1l puede ser el contenido de esta m\u00edstica?<br \/>\n\u00abLo que nosotros llamamos sublime, escribe Kant, es lo que es grande absolutamente\u00bb. Esta definici\u00f3n conviene a Dios y equivale a hacer de lo sublime una palabra divina. Tambi\u00e9n: \u00ablo que es grande m\u00e1s all\u00e1 de toda comparaci\u00f3n\u00bb y \u00abes una grandeza que no es igual m\u00e1s que a s\u00ed misma\u00bb. El lenguaje de Kant hace pensar aqu\u00ed en el de san Anselmo. Y sin embargo toda la filosof\u00eda kantiana demuestra que no existe intuici\u00f3n m\u00edstica, ni v\u00eda unitiva, que imaginarlo es un sue\u00f1o de visionario, \u00abun sue\u00f1o vac\u00edo y rid\u00edculo\u00bb. Lo sublime no est\u00e1 en la naturaleza, est\u00e1 en el esp\u00edritu. La sublimidad de Dios no aparece ni en las tormentas ni en las tempestades, sino en la apacible contemplaci\u00f3n cuando se adue\u00f1a en uno mismo de una \u00absublimidad de alma conforme a su voluntad\u00bb. Juzg\u00e1ndose superior a la naturaleza, el esp\u00edritu \u00abpuede hacerse sensible la sublimidad propia de su destino que lo eleva hasta por encima de la naturaleza\u00bb. As\u00ed, en el mismo movimiento, es esp\u00edritu comprende que no comprende y se juzga no rebajado, sino \u00abelevado en su propia estima\u00bb, porque ha sentido en s\u00ed una facultad del alma que sobrepasa toda medida de los sentidos\u00bb. Su impotencia para imponer al objeto una determinaci\u00f3n se convierte para este esp\u00edritu en una intuici\u00f3n de su propia grandeza. Goza de su propio sublime y experimenta \u00abuna satisfacci\u00f3n que le conmueve\u00bb.<br \/>\nKant se defiende de asimilar el sentimiento de lo sublime a una emoci\u00f3n sentimental. Quien se cree edificado y convertido por un serm\u00f3n, no ha hecho m\u00e1s que sufrir una \u00absacudida\u00bb, un \u00abmasaje\u00bb. Lo verdadero sublime tiene que ver con las \u00abm\u00e1ximas que aseguran al elemento intelectual y a las ideas de la raz\u00f3n su imperio sobre la sensibilidad\u00bb.<br \/>\nSe mide el abismo que separa la m\u00edstica cristiana del sublime kantiano. La m\u00edstica es objetiva. Supone que existe una experiencia real de lo divino, una \u00abv\u00eda\u00bb especial que conduce a un saber y hasta el m\u00e1s alto grado del saber, aunque sea por definici\u00f3n inefable, comunicable \u00fanicamente por met\u00e1fora o analog\u00eda. Lo sublime, en cambio, es subjetivo. No sale del esp\u00edritu del sujeto y le da tan s\u00f3lo el sentimiento de su grandeza interna. Es lo contrario de un saber, una confesi\u00f3n de incapacidad de saber. Lo raro es que el esp\u00edritu se enorgullece de ello. En lugar de que el m\u00edstico de tipo teresiano se abisme en un doble sentimiento de humildad para consigo mismo y de agradecimiento para con \u00abSu Majestad\u00bb que le llena, el hombre \u00abkantiano\u00bb se siente engrandecido por el vac\u00edo mismo que le deja la experiencia de su sublimidad. Por ello, diga lo que diga Kant, no es f\u00e1cil discernir lo que, en lo sublime, pertenece a la raz\u00f3n y lo que no es m\u00e1s que una \u00absacudida\u00bb emocional, un \u00abmasaje\u00bb narcisista del ego. El delight del sublime burquiano invade fatalmente el sublime kantiano. El \u00abjuicio reflexionante\u00bb hace levantarse una auto admiraci\u00f3n sentimental.<br \/>\nLa m\u00edstica es \u00abenamoradiza\u00bb y en cierta medida pasiva. Sus v\u00edas se abren desde el primer acto de fe, aun cuando \u00ablos estados extraordinarios\u00bb sean obra de algunos. Los verdaderos m\u00edsticos, como san Juan de la Cruz hac\u00edan poco caso de tales estados. De todos las maneras, estas v\u00edas no se abren m\u00e1s que con la condici\u00f3n de que sean abiertas por \u00abel amado\u00bb, \u00abel esposo\u00bb que tiene toda la iniciativa. Lo sublime, al contrario, es una operaci\u00f3n del intelecto y una actividad libre de la que todos los hombres son capaces. El m\u00edstico se coloca bajo el r\u00e9gimen de la gracia, el hombre sublime bajo el r\u00e9gimen de la ley. Como en el kantismo se la da a s\u00ed mismo y nunca se ve privado de su libertad, es pelagiano en el sentido m\u00e1s estricto.<br \/>\nKant opone lo bello que el entendimiento es capaz de dominar a lo sublime donde el esp\u00edritu siente su proporci\u00f3n\/desproporci\u00f3n con el infinito. Lo sublime es a lo bello en la misma relaci\u00f3n que la teolog\u00eda negativa a la teolog\u00eda positiva (o afirmativa). Seg\u00fan Dionisio, la segunda es \u00abimperfecta\u00bb porque se siente perpetuamente tentada a olvidarse del espacio infinito que separa el conocimiento de que es capaz de su objeto divino. La primera es \u00abperfecta\u00bb porque acaba en una nesciencia que conviene m\u00e1s a la incognoscibilidad fundamental de la naturaleza divina. La teolog\u00eda cl\u00e1sica de santo Tom\u00e1s e incluso de Nicol\u00e1s de Cues manten\u00eda abiertos los dos caminos. Este equilibrio se rompe si la explicaci\u00f3n m\u00edstica, que procede de buen grado por la v\u00eda negativa, es descalificada y si la explicaci\u00f3n positiva, es decir racional y filos\u00f3fica, es juzgada ilusoria por la cr\u00edtica. Es exactamente lo que se produjo en el siglo XVIII. \u00bfQu\u00e9 les queda a las almas religiosas? Practicar una v\u00eda negativa avanzando sin ayuda alguna en la oscuridad, en la noche de las im\u00e1genes, en medio del rechazo de las mediaciones naturales, al final de la cual s\u00f3lo se distinguen a s\u00ed mismas, o m\u00e1s bien no: s\u00f3lo el disfrute de su vastedad indeterminada.<br \/>\nPorque la v\u00eda negativa de estilo kantiano reclamaba una ascesis de la que pocos eran capaces. El orgullo de la raz\u00f3n alzaba el vuelo en una renuncia, pero al t\u00e9rmino de la empresa heroica de ir hasta el extremo de s\u00ed misma. Pero si de todas formas hay que constatar su incapacidad, pues comencemos por ah\u00ed. La renuncia al esfuerzo no ser\u00e1 final, sino inicial. El puro amor, como lo sospechaba Bossuet, degenera en un amor menos puro del descanso de s\u00ed, o del s\u00ed en reposo: un quietismo. Es entonces cuando llega la Schw\u00e4rmerei (\u00abfanatismo\u00bb), la religiosidad afectiva, vaga, muelle y entusiasta que Kant aborrec\u00eda. Resulta tanto m\u00e1s detestable por atribuirse por usurpaci\u00f3n el nombre de m\u00edstica. La Sra. De Kr\u00fcdener, la Sra. Swetchine fueron de las primeras en ilustrarse en este g\u00e9nero y en darle su tipo que dur\u00f3 todo el siglo. De Fontenelle a Nietzsche o Val\u00e9ry, la lista es larga de aquellos que, detestando una religi\u00f3n confundida con el estado de alma de muchos de sus fieles, se aplicar\u00e1n a deshinchar la ilusi\u00f3n<br \/>\n\u00bfSe pueden trazar los rasgos m\u00e1s generosos de este estado de alma? Lo sublime es un narcisismo: un salto por encima de s\u00ed m\u00e1s all\u00e1 del cual se descubre otro s\u00ed, \u00absobredimensionado\u00bb, del que no se cre\u00eda capaz y que deslumbra. La renuncia, la humillaci\u00f3n, el desinter\u00e9s se convertir\u00e1 en su contrario a favor de la admiraci\u00f3n que se experimenta en descubrir en s\u00ed estas virtudes llevadas a lo sublime. Lo sublime es un medio corto para descubrirse mejor que uno mismo. Uno se descubrir\u00e1 a la vez mejor que a Dios. No se trata ya, al estilo de Leibniz o Malebranche, de justificar a Dios en relaci\u00f3n al mal, sino de imaginarse confusamente como el autor posible de un mundo mejor si por casualidad uno hubiera estado en el lugar de Dios. Por ejemplo estos castigos permitidos por Dios, o anunciados por Dios, el yo sublime no los habr\u00eda dispuesto. El Dios que compone es un Dios m\u00e1s generoso, m\u00e1s indulgente, m\u00e1s tolerante que el que proponen la Biblia y la Iglesia.<br \/>\nEn religi\u00f3n, es un medio corto de ser superior a los datos de la Revelaci\u00f3n y a las definiciones del dogma. El verdadero m\u00edstico se ve\u00eda favorecido por una \u00abinteligencia\u00bb superior. El yo sublime se da a s\u00ed mismo la impresi\u00f3n de semejante desplomo. Pasar\u00e1 por alto las contradicciones y, por ejemplo, las fronteras que separan entre s\u00ed a las religiones, y la religi\u00f3n de las herej\u00edas. Podr\u00e1 buscar la profundidad en sistemas presentados como superiores al pie de la letra: se dirige entonces hacia los gnosticismos. O bien contentarse con un impulso sentimental y con una contemplaci\u00f3n vaga, tanto m\u00e1s grandiosa.<br \/>\nComo estado psicol\u00f3gico, lo sublime -reducido entonces a una exaltaci\u00f3n m\u00e1s o menos confusa, a un \u00absentimiento oce\u00e1nico\u00bb- pertenece sin duda a la naturaleza humana y es tan antiguo como \u00e9sta. Como categor\u00eda est\u00e9tica se revisti\u00f3 de teor\u00eda en el siglo XVIII, pero los ejemplos de sublime pueden hallarse en la literatura m\u00e1s antigua. Abundan en Homero, en la tragedia griega como en la tragedia moderna. No existe raz\u00f3n para desconfiar de lo sublime en literatura o en pintura, pues ello obligar\u00eda a arrancar demasiadas p\u00e1ginas y a quemar demasiados cuadros.<br \/>\nLo que est\u00e1 a\u00fan en estudio es el desbordamiento de lo sublime hacia la moral y particularmente a religi\u00f3n. La expansi\u00f3n masiva hacia la religi\u00f3n de esta categor\u00eda est\u00e9tica me parece datar de la crisis del cristianismo en la \u00e9poca de las Luces. Ha habido sin duda anteriormente diferencias en este sentido: pienso en el final de la Edad Media, en el esplendor de la devoci\u00f3n sensible, a comienzos de la reforma luterana&#8230; pero la translaci\u00f3n general me parece muy contempor\u00e1nea a la crisis abierta por las Luces. Lo sublime se presenta entonces como un refugio, que sustituye la m\u00edstica (reservada en otro tiempo a algunos) por un sustituto que lleva este nombre, generalizado a todos, \u00abdemocratizable\u00bb, y la argumentaci\u00f3n intelectual, por un salto en una \u00abpersuasi\u00f3n\u00bb \u00edntima, inargumentable, o tambi\u00e9n por un sistema tenido por m\u00e1s elevado y m\u00e1s profundo que la teolog\u00eda recibida.<br \/>\nSe ha de tener en cuenta sin embargo a numerosos autores que opinan que la teolog\u00eda, o m\u00e1s bien el propio cristianismo, es intr\u00ednsecamente sublime. El juda\u00edsmo y el islam por razones diferentes, se afirman con frecuencia m\u00e1s conformes a la realidad humana que el cristianismo que colocar\u00eda sus ideales a una altitud inaccesible.<br \/>\nEn una perspectiva kantiana, el cristianismo se expone en efecto a esta advertencia. Descansa sobre tres \u00abmisterios\u00bb de los que el dogma establece que sobrepasan las capacidades del conocimiento humano en las condiciones de este mundo, y quiz\u00e1s del otro. Por extensi\u00f3n, la totalidad de la vida de Cristo, la liturgia, los sacramentos, el dogma adoptan un car\u00e1cter \u00abmist\u00e9rico\u00bb. Bueno pues lo sublime nace de la cercan\u00eda de objetos naturales o sobrenaturales que \u00absobrepasan\u00bb toda medida de la raz\u00f3n.<br \/>\nSe ha de notar con todo que todo que la idea de Dios tal y como la enuncia la Biblia, y con mayor diferencia el Cor\u00e1n, no est\u00e1 menos envuelta en el misterio; que un Maim\u00f3nides ha planteado la v\u00eda negativa como la \u00fanica que lleva a balbucear algo adecuado a la naturaleza de Dios, a falta del silencio, m\u00e1s conveniente a\u00fan.<br \/>\nNotemos tambi\u00e9n que lo sublime literario se encuentra en el Antiguo Testamento, con mayor frecuencia que en el Nuevo. Del G\u00e9nesis sac\u00f3 Longin el paradigma mismo de la expresi\u00f3n sublime: \u00abQue se haga la luz\u00bb. Habr\u00eda podido citar a Isa\u00edas, Ezequiel y a todos los Profetas. Los propios Evangelios est\u00e1n redactados en un estilo \u00abmedio\u00bb o incluso \u00abbajo\u00bb (seg\u00fan los c\u00e1nones de la ret\u00f3rica antigua). La \u00absimplicidad\u00bb del Evangelio ha sido a menudo para los cristianos un motivo de orgullo, casi un argumento apolog\u00e9tico. En cuanto a los \u00abideales\u00bb cristianos, se puede dudar de su existencia. Esta religi\u00f3n no ofrece una moral particular, sino que pretende solamente que por el acontecimiento mesi\u00e1nico, los hombres entran en posesi\u00f3n de los medios de seguir lo que les dicta su conciencia, y de acceder, por consiguiente, a la salvaci\u00f3n. Hasta tal punto que este Mes\u00edas declar\u00f3 que su \u00abyugo era ligero\u00bb, que \u00e9l era \u00abdulce y humilde de coraz\u00f3n\u00bb y que propuso como su modelo a los ni\u00f1os. El esp\u00edritu de la infancia parece concordar mal con el esp\u00edritu de lo sublime. De suerte que se puede uno preguntar si las nociones del \u00abideal\u00bb cristiano, de \u00abmoral\u00bb cristiana no aparecieron tard\u00edamente, acompa\u00f1ando precisamente a la emergencia de lo sublime. Solamente puedo hacer aqu\u00ed la pregunta que reclamar\u00eda una m\u00e1s larga investigaci\u00f3n. En todo caso, parece que rec\u00edprocamente la invasi\u00f3n de la religi\u00f3n cristiana por lo sublime trae consigo las nociones de \u00abmoral\u00bb y de \u00abideal\u00bb cristianos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La novela rusa<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Lo sublime intelectualizado alcanz\u00f3 su punto de perfecci\u00f3n en Alemania. La vieja teosof\u00eda de Boheme, la nueva teosof\u00eda de suaba de Bengel y Oetinger fue retomada, racionalizada, magn\u00edficamente orquestada por la filosof\u00eda rom\u00e1ntica. Schelling enlaza oficialmente la est\u00e9tica con la teolog\u00eda, lo que autoriza a lo sublime a salir de su territorio inicial. El Aufhebung (alzamiento) hegeliano confiere un contenido racional y objetivo a una estructura de pensamiento que mira a lo alto, la ventaja, la ascensi\u00f3n indefinida. Lo sublime se practica como resoluci\u00f3n de las contradicciones. El arte, seg\u00fan Hegel, progresa hacia la inmaterialidad, desde el m\u00e1s pesado templo egipcio hasta la poes\u00eda moderna, y se acaba en puro concepto.<br \/>\nNo seguir\u00e9 este prodigioso desarrollo, porque lo que me ocupa es la rama no intelectualizada de lo sublime, el estado de alma, la emoci\u00f3n que han penetrado el cristianismo moderno.<br \/>\nEl primer romanticismo franc\u00e9s podr\u00eda proporcionar abundantes ejemplos. Con Lamartine, Hugo, Vigny, la religi\u00f3n se expresa en un alarde l\u00edrico capaz de trascender los cuadros morales tradicionales, de acabar el fuego del infierno cristiano. La apocat\u00e1stasis, el \u00abfin de Sat\u00e1n\u00bb, es una constante de la religi\u00f3n sublime.<br \/>\nPero este romanticismo franc\u00e9s, impregnado del optimismo de las Luces, se muestra enseguida incompatible con el cristianismo. Una vez ca\u00eddo el barniz cat\u00f3lico, cosa que se produjo despu\u00e9s de 1830, nuestros poetas se unen al campo libre pensador. El catolicismo severo es proclamado por Baudelaire, por reacci\u00f3n exagerada a las tonter\u00edas del tiempo. Se entra pronto en \u00e9pocas positivistas. Por eso a finales de siglo, Melchor de Vog\u00fce saluda a la novela rusa como una especie de salvavidas, capaz de insuflar en nuestra literatura disecada el suplemento del alma que tan tristemente echa de menos . Los novelistas rusos, escribe en 1866, \u00absiguen siendo estos cristianos cuya voz elocuente dec\u00eda anta\u00f1o: no han cesado de compadecerse del llanto universal, con que los hombres y las cosas, tributarios del tiempo, alimentan el torrente inagotable\u00bb. Al recorrer sus libros \u00abm\u00e1s sorprendentes\u00bb, \u00abse adivina en las proximidades el libro regulador hacia el que todos los dem\u00e1s gravitan\u00bb: es el Evangelio. Vog\u00fce no advierte que los Rusos cuya originalidad admira se hab\u00edan abastecido en Buchez, Lerroux, Lamennais, en las novelas de Hugo, de Sand y de Dickens, en toda una literatura social-cristiana bastante exaltada que en Francia estaba un tanto olvidada pero que, en Rusia, le\u00edda con retraso, estaba todav\u00eda fresca y estimulaba a los escritores. Cuando, en Los Hermanos Karamazov, el staretz (venerable) Zossima se prosterna ante el \u00abparricida\u00bb Dimitri, adopta la pose del obispo Myriel ante el Convencional. Dostoievski, como todo el mundo, ha le\u00eddo Los Miserables. Vog\u00fce no ve\u00eda que Rusia le remit\u00eda en espejo -un espejo de aumento y deslumbrante- temas que ha\u00edan tenido su momento y que volv\u00edan ahora con el retraso de una generaci\u00f3n.<br \/>\nSin embargo, a finales de este mismo siglo, renace en Francia una literatura cat\u00f3lica con autores como Huysmans y L\u00e9on Bloy. Se encarna en el simbolismo y en su religiosidad compuesta que mezcla un cristianismo brillante y algo terrorista (\u00bfes quiz\u00e1 un resto de los terrores jansenistas?) con corrientes esot\u00e9ricas, una nota de satanismo, algo de pesimismo a lo Schopenhouer. Contin\u00faa con Bernanos quien logra grandes efectos de profundidad al pintar los influjos y los retiradas (sobre todo las retiradas) de la gracia en almas atormentadas, sublimes hasta en el abandono. Mauriac, Jouhandeau obtienen efectos semejantes de la proximidad voluptuosa del pecado y del arrepentimiento. La mayor parte de estos autores han le\u00eddo la novela rusa, ya que era para ellos la m\u00e1s accesible de las literaturas europeas.<br \/>\nSin duda \u00e9stos pose\u00edan m\u00e1s talento. No llevaban tampoco el peso de una tradici\u00f3n ret\u00f3rica que contribuy\u00f3 al abandono de la literatura italiana, y luego de la francesa. Los Japoneses leyeron en primer lugar la literatura rusa, por ser la m\u00e1s accesible de las literaturas europeas.<br \/>\nPero pensemos tambi\u00e9n que la novela rusa logr\u00f3 la s\u00edntesis de la filosof\u00eda alemana popular y de la forma literaria, que fusion\u00f3 la \u00abm\u00edstica\u00bb de lo sublime y la est\u00e9tica de una manera m\u00e1s convincente que la literatura alemana, francesa, y quiz\u00e1s inglesa y escandinava. Su mensaje dio la vuelta al mundo. Dot\u00f3 de una religi\u00f3n y de una moral sublimes no a almas de elite, como suced\u00eda en La Nouvelle H\u00e9lo\u00efse o en Wilhelm Meister, sino a hombres del pueblo, cuyo evangelismo parece natural, espont\u00e1neo, propio del hombre ruso preservado de las deformaciones de la civilizaci\u00f3n. Luego dot\u00f3 a esta religi\u00f3n y a esta moral de la etiqueta cristiana con tal arte que el mundo vio en ello la expresi\u00f3n ingenua del verdadero cristianismo.<br \/>\nDostoievski escrib\u00eda en 1854 a Nathalie von Vizine la siguiente carta, de la que copi\u00f3 en Los Demonios los pasajes esenciales: \u00abCu\u00e1ntos sufrimientos espantosos me ha costado y me sigue costando hoy esta sed de creer que est\u00e1 en mi alma tanto m\u00e1s fuerte cuantos m\u00e1s argumentos hay en contra. Y sin embargo Dios me env\u00eda a veces instantes en los que gozo de perfecta tranquilidad. En ellos amo y encuentro que los otros me aman y en ellos tambi\u00e9n me he compuesto un Credo en el que todo para m\u00ed es claro y sagrado. Este Credo es sencillo, y es \u00e9ste: creer que no hay nada m\u00e1s bello, m\u00e1s profundo, m\u00e1s simp\u00e1tico, m\u00e1s razonable, m\u00e1s viril y m\u00e1s perfecto que Cristo, y no s\u00f3lo que \u00e9l no es nada, sino -y me lo digo con un cuidado celoso- que no puede ser nada. M\u00e1s a\u00fan, si alguien me probara que Cristo est\u00e1 fuera de la verdad y que fuera real que la verdad estuviera fuera de Cristo, yo querr\u00eda quedarme con Cristo antes que con la verdad\u00bb.<br \/>\nDiferentes capas de pensamiento se superponen en este texto. La pendiente protestante, la del joven Lutero, que conduce a que el tormento religiosos sea un signo, y hasta un criterio de fe, y a ir en busca de ese tormento en una crisis liberadora, un \u00absalto de la fe \u00bb que lleva consigo la apacible certitudo salutis. La pendiente de las Luces que lleva a la duda, duda de la que Dostoievski confiesa no haberse visto libre nunca. La soluci\u00f3n est\u00e1 ahora en la renuncia a toda argumentaci\u00f3n razonable. Por eso Dostoievski ten\u00eda al ate\u00edsmo como el umbral de una fe superior, de la que son apartados los creyentes ordinarios, porque es el \u00fanico que prepara la iluminaci\u00f3n de la fe. \u00c9sta se reduce a un sentimiento fuerte, a un dato sentimental que por s\u00ed mismo su prueba, al modo de Scheleirmacher. Por fin su uni\u00f3n apasionada a la persona de Cristo significa, y esto es lo que es m\u00e1s que bello, sublime, que asume plenamente el riesgo de que este Mes\u00edas sea un impostor. Pascal tambi\u00e9n se aferraba a Cristo como a una se\u00f1al y punto fijo en el que se ancla el hombre perdido entre dos infinitos. Pero, a pesar del fide\u00edsmo que se le ha reprochado, no habr\u00eda pensado en disociar la verdad de aquel que dijo: yo soy la verdad. Lo sublime suelta esta \u00faltima amarra. El alma dostoievskiana s\u00f3lo pende de s\u00ed misma, pero desde all\u00ed contempla de arriba las doctrinas recibidas y la moral ordinaria. En las novelas, es el crimen (Raskolnikov), o mejor todav\u00eda el pecado contra el Esp\u00edritu (Stavroguin, Kirillov) que arranca al hombre de la condici\u00f3n com\u00fan y le hace verdaderamente interesante, verdaderamente cristiano.<br \/>\nNo nos olvidemos no obstante de que Dostoievski maneja lo sublime como novelista. En arte, la pintura de las situaciones extremas, de los trastornos y de las contradicciones del alma tiene su lugar y su plena legitimidad. Que mezcle en ello sus ideas religiosas para que la religi\u00f3n ponga en ello picante, drama, farsa a la textura de la novela, es su derecho y \u00bfqui\u00e9n podr\u00e1 quejarse por ello? A nadie se le obliga a dejarse enga\u00f1ar. Pero el hecho es que muchos se dejaron. Esto hizo da\u00f1o a la comprensi\u00f3n de la obra y no vieron, bajo las efusiones de bondad loca, la formidable iron\u00eda, la maldad atroz y el nacionalismo exacerbado y otros rasgos que animan a Dostoievski y le convierten en un gran escritor. Por el contrario, le tomaron en serio como pensador religioso. Dostoievski predica un supercristianismo.<br \/>\nAll\u00e1 donde el Evangelio mantiene la distinci\u00f3n de los amigos y de los enemigos, \u00e9l la borra; la distinci\u00f3n de la virtud y de los vicios, \u00e9l la invierte; de la misma forma la distinci\u00f3n de la fe y del amor, de la propiedad y del robo, de la castidad y del desenfreno, de la piedad y de la impiedad. Se han trasladado estos efectos del orden literario al orden \u00e9tico y religioso. Se ha hecho de \u00e9l un profeta, un int\u00e9rprete autorizado del Evangelio. Lo que le ha suscitado por otra parte enemigos: a trav\u00e9s de esta versi\u00f3n sublimada, varios, de Nietzsch a Levinas, despreciaron el cristianismo.<br \/>\nEl mensaje de Tolstoi puede intercambiarse hasta cierto punto con el de Dostoievski. Tiene el m\u00e9rito de ser menos cristiano o al menos de dej\u00e1rselo ver. Su religi\u00f3n debe mucho a Rousseau y su visi\u00f3n del mundo a Schopenhauer. Aunque se declare cristiano y hasta \u00fanico verdadero cristiano, la Iglesia ortodoxa no pudo por menos que excomulgarle tanto llegaba a comprometerse con las herej\u00edas m\u00e1s cl\u00e1sicas. Pero Dostoievski estaba protegido de estos rayos por su nacionalismo mesi\u00e1nico que compart\u00eda una parte de la Iglesia pero no Tolstoi. Algunos puntos de la nueva religi\u00f3n fundada por Tolstoi entraron a pesar de todo en la vulgata cristiana de hoy:<br \/>\n&#8211; Una cierta repugnancia por los aspectos violentos del Antiguo Testamento, el cual relata, seg\u00fan Tolstoi, \u00abuna sucesi\u00f3n de cr\u00edmenes cometidos por el pueblo hebraico, por sus jefes y por Dios mismo\u00bb. En comparaci\u00f3n, el Evangelio parece m\u00e1s \u00abgentil\u00bb.<br \/>\n&#8211; Como el Jes\u00fas tolstoiano distiende sus ataduras con la historia del pueblo jud\u00edo, su \u00abmensaje\u00bb puede reencontrarse al parecer en otras tradiciones. En m\u00e1s de un aspecto, est\u00e1 m\u00e1s cercano a Buda y a Lao-Tseu que a Mois\u00e9s y a El\u00edas. El marcionismo desemboca en un ecumenismo vago.<br \/>\n&#8211; Es un \u00absublime de dulzura\u00bb el que empuja a Tolstoi al asco por el Antiguo Testamento. El rayo de luz que revel\u00f3 a Tolstoi la verdadera doctrine fue esta par\u00e1bola del Serm\u00f3n del Monte: \u00abY yo os digo que no resist\u00e1is al mal\u00bb. Saca de \u00e9l una condena radical de la guerra, de la preparaci\u00f3n a la guerra, del servicio militar, de la pena de muerte, y por fin de toda violencia.<br \/>\n&#8211; El di\u00e1logo. Lo que desarma al violento es a expansi\u00f3n de la verdad en los corazones, el paso progresivo de las tinieblas al progreso moral. En otros tiempos se pod\u00eda entender la idea de una guerra justa. Pero hoy, con los progresos de la conciencia se comprende mejor la pura voluntad de Cristo. Es suficiente sentirla con toda fuerza en s\u00ed para que la conciencia entenebrecida del enemigo se ilumine. De esta forma, por este medio no violento, \u00e9l se ablanda, y entra en raz\u00f3n. Se convierte en amigo.<br \/>\nUn adversario de Tolstoi, Vladimir Soloviev, hac\u00eda notar con iron\u00eda que Cristo no hab\u00eda dialogado ni con Judas, ni con el Sumo Sacerdote, ni con Pilatos: hab\u00eda pues que concluir que Cristo no estaba suficientemente penetrado del esp\u00edritu evang\u00e9lico. En efecto el Cristo de Tolstoi es \u00abmejor\u00bb, m\u00e1s alto que el Cristo de la historia.<br \/>\n&#8211; Por fin Tolstoi, por su condena de la propiedad, del derecho, de la justicia de los hombres; por su exaltaci\u00f3n del pueblo ignorante pero puro porque no ha sido corrompido por la civilizaci\u00f3n; por su predicaci\u00f3n anarquista envuelve con una luz sublime el milenarismo cristiano y poscristiano.<br \/>\nExisten pocas derivas en el cristianismo contempor\u00e1neo que no puedan referirse o no hallen en s\u00ed un eco al ethos y al pathos \u00abtolstoievskiano\u00bb. Y es porque Occidente abrigaba las mismas corrientes a las que la novela rusa hab\u00eda impuesto una forma literaria llena de sentido impl\u00edcito. El modernismo, el tercer-mundismo, el pacifismo, el socialismo y la izquierda cat\u00f3licos pueden atribuirse a este resurgimiento del milenarismo que va sin parar de Lamennais hasta Tolstoi y hasta la \u00abteolog\u00eda de la liberaci\u00f3n\u00bb. Sin embargo se ha de notar una novedad propia en nuestros dos \u00faltimos siglos: el car\u00e1cter espiritualista de este milenarismo. De hecho, el espiritualismo desborda al milenarismo por todas partes y el milenarismo (as\u00ed como, por otra parte, lo sublime) no es m\u00e1s que una postulaci\u00f3n entre las otras del espiritualismo.<br \/>\nEl milenarismo contiene la idea pol\u00edtica de una revoluci\u00f3n que lleva a la sociedad perfecta. Pero Dostoievski era reaccionario y Tolstoi repudiaba expresamente el recurso a la violencia de los socialistas de su tiempo. No obstante, cuando lleg\u00f3 la revoluci\u00f3n bolchevique los adeptos numerosos de la interpretaci\u00f3n \u00abtolstoievskiana\u00bb del cristianismo juzgaron indigno de oponerse a ella. El orden antiguo y, a decir verdad, toda especie no val\u00edan la pena de ser defendidos. R\u00edo arriba del milenarismo se halla en efecto el espiritualismo como actitud de sobrevuelo con relaci\u00f3n a este mundo, de desd\u00e9n por sus fundamentos naturales y en primer lugar la propiedad y el derecho. El espiritualista se avergonzar\u00eda de defender intereses y muy en particular sus intereses. Enrojecer\u00eda de ser sorprendido en flagrante defecto de sublime. Por la inmensa destrucci\u00f3n que inauguraba, el comunismo ten\u00eda sin embargo el m\u00e9rito de volatilizar el impedimentum tan pesado de la ley, de la riqueza, de la materia. El espiritualista, con raz\u00f3n, adivinaba en el \u00abmaterialismo\u00bb te\u00f3rico del revolucionario una m\u00edstica espiritualista diferente, pero congruente con su propio ideal.<br \/>\nGracias al cielo, el espiritualismo no se halla siempre en una situaci\u00f3n tan cr\u00edtica. En el conjunto del mundo democr\u00e1tico se contenta con llevar al apolinismo, que es el fruto natural y la consecuencia l\u00f3gica del desapego seudo-m\u00edstico en la medida en que ahorra la molestia de orientarse seriamente en pol\u00edtica. Adorna con nobles colores la afectaci\u00f3n del cristiano en la ciudad.<br \/>\nLa escuela de lo sublime ha embebido el discurso cristiano. La famosa \u00ablengua de madera\u00bb que hace estragos en la Iglesia francesa desde hace medio siglo est\u00e1 penetrada totalmente de esta ret\u00f3rica que ella fija y transforma en automatismo en la medida en que permite una econom\u00eda de pensamiento. Pero aqu\u00ed se ha de tener cuidado. La degradaci\u00f3n de la m\u00edstica en sublime no es irreversible. Ha habido, sobre todo al principio de este siglo, casos de santidad reconocida y justamente de santidad m\u00edstica de la que es un ejemplo comprobado santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas. Pues bien, al leer sus escritos en orden cronol\u00f3gico, se ve que comienza en el estilo de un espiritualismo et\u00e9reo y, podr\u00edamos decir, de un sublime de afectaci\u00f3n. Luego, a medida que avanza en su v\u00eda propiamente m\u00edstica, la lengua se despoja, el pensamiento se asegura. Al final, produce unos acordes potentes y su palabra se reviste de esta fuerza \u00abingenua\u00bb que admiraba Longin y que se puede esta vez sin reticencias calificar de verdaderamente sublime. Hay pues toda una zona de crecimiento, de ambivalencia, de mezcla en que coexisten por una parte lo sublime como falsa m\u00edstica que puede llegar a ser y que ha llegado en una medida bastante amplia la lengua ordinaria del mundo cat\u00f3lico en los dos \u00faltimos siglos; y por otra parte, expres\u00e1ndose a veces en esta misma lengua, convertida en un hecho de sociedad y de costumbre, quit\u00e1ndole las escorias, una lengua de \u00absantidad\u00bb. Corresponde al esp\u00edritu de discernimiento operar la selecci\u00f3n.<br \/>\nQue el dostoievskismo haya marcado la teolog\u00eda m\u00e1s \u00abprofesional, ser\u00eda suficiente con remitir a Guardini, a Tillette, y a otros muchos, pero no quiero citar m\u00e1s que a uno de los m\u00e1s ilustres, Karl Barth. Este te\u00f3logo, cuya influencia ha sido tan importante, en su gran obra inaugural, La Carta a los Romanos, se refiere constantemente a Dostoievski a los lados de Kierkegaard y de Nietzsche .<br \/>\nBarth rechaza toda idea de religi\u00f3n natural, de decir, de saber sobre Dios que provendr\u00eda de la lectura del libro de la naturaleza. San Pablo escribe (Rom. I, 8): \u00abLas perfecciones invisibles de Dios, su poder eterno y su divinidad se ven como a simple vista desde la creaci\u00f3n del mundo cuando se las considera en sus obras\u00bb. Seg\u00fan Barth, hay que interpretar que estas \u00abobras\u00bb no dan a ver m\u00e1s que al falso dios, el \u00abno-Dios\u00bb y que el verdadero Dios s\u00f3lo se concibe a contrario en este d\u00eda que es de hecho una noche. La teolog\u00eda negativa de Karl Barth reh\u00fasa toda \u00abreligi\u00f3n\u00bb, incluida la cristiana, a favor de una \u00abfe\u00bbcuyo tenor resulta dif\u00edcil explicar. Barth copia literalmente a Dostoievski la paradoja que hace de la religi\u00f3n de toda creencia la necesaria proped\u00e9utica de esta fe, y que considera el extremo del mal triunfador como una introducci\u00f3n a la esperanza escatol\u00f3gica: \u00abMundo en mala postura, seguramente; pero quiz\u00e1s tan disgregado, descompuesto, tan minado, que la misericordia de Dios aparece m\u00e1s cercana, m\u00e1s digna de fe que en muchos lugares donde el reino de Dios se encuentra extendido. \u00daltimo escepticismo, el m\u00e1s pernicioso, quiz\u00e1s, inaccesibilidad total a todo lo que es \u00absuperior\u00bb, incapacidad total a dejarse subyugar todav\u00eda por cualquier cosa; pero quiz\u00e1s a causa de ello, y en ello precisamente, real estado roto, sentido de Dios, de Dios mismo\u00bb. Por fin, esto es cuanto hay de Dostoieveski en estado puro, y que servir\u00eda sin duda a los ojos de Barth para Nietzsche: \u00abEl grito del alzado contra Dios est\u00e1 mas cerca de la verdad que los artificios de aquellos que pretenden justificarla. Se trata tan s\u00f3lo de falta del valor de la desesperaci\u00f3n, que en general el ate\u00edsmo caracterizado es evitado a este lado de la resurrecci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Democracia y sublime<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tocqueville presenta dos modelos hist\u00f3ricos de la relaci\u00f3n entre el cristianismo y la democracia.<br \/>\nEl primero es el modelo conflictivo cuyo tipo constituy\u00f3 la Revoluci\u00f3n francesa. Tocqueville duda entre dos explicaciones. La pasi\u00f3n antirreligiosa pudo inflamarse por la solidaridad de la Iglesia con el Antiguo R\u00e9gimen. Fue mucho menos como doctrina religiosa que como instituci\u00f3n pol\u00edtica la raz\u00f3n de haber encendido el cristianismo estos furiosos odios: no por querer los sacerdotes arreglar las cosas del otro mundo, sino por ser propietarios, se\u00f1ores, diezmeros, administradores en \u00e9ste\u00bb. Pero m\u00e1s fundamentalmente pudo desencadenarse este odio por a concurrencia de las metas. El cristianismo y la revoluci\u00f3n se parecen por la universalidad de su llamada y se oponen por la incompatibilidad de su plan: \u00abLa Revoluci\u00f3n oper\u00f3 con relaci\u00f3n a este mundo precisamente de la misma manera que las revoluciones religiosas act\u00faan con vistas al otro\u00bb. Se tratar\u00eda pues de la oposici\u00f3n de dos pasiones religiosas.<br \/>\nEl segundo modelo es el que siguieron los Estados Unidos. Amalgamada con las instituciones pol\u00edticas, la religi\u00f3n \u00abmodera\u00bb a la democracia, \u00able impide concebirlo todo y osarlo todo\u00bb. La idea en otro tiempo elitista de que la religi\u00f3n es buena para el pueblo, es adoptada, interiorizada por el pueblo mismo que siente y reconoce la utilidad social de la religi\u00f3n y la transforma en \u00abopini\u00f3n com\u00fan\u00bb, cuasi obligatoria. El antiguo puritanismo de Nueva-Inglaterra abrigaba una fe ardiente pero al mismo tiempo llevaba consigo el esquema de la organizaci\u00f3n democr\u00e1tica. En la democracia desplegada, es la \u00abconvenci\u00f3n protectora del corpus social\u00bb (Manent) la que se convierte en la base de la religi\u00f3n mientras que la fe se reduce al consentimiento de la sociedad humana o m\u00e1s bien se adapta a los grupos diferentes que se la reparten en democracia. En la \u00e9poca de tocqueville, esta religi\u00f3n com\u00fan era la versi\u00f3n protestante del cristianismo, ya muy desmigado. M\u00e1s tarde se agregaron el juda\u00edsmo, el catolicismo, el budismo, las religiones de los Negros, las sectas m\u00e1s variadas, el islam. Todo eso comunica no con un cuerpo de verdad, sino con una religi\u00f3n nueva que transcienda a todas las denominaciones, a rodas las iglesias y a todos los cultos y que es la \u00abreligi\u00f3n\u00bb, la que invoca con frecuencia el presidente de los Estados Unidos, sea cual sea su denominaci\u00f3n particular.<br \/>\nLos dos modelos llevan a efectos diferentes. Por la parte francesa, escribe Tocqueville, \u00abel sacerdote vive como extranjero en medio de una sociedad civil de la que ning\u00fan inter\u00e9s le afecta directamente\u00bb. Expulsado de la sociedad, el sacerdote se ha convertido en un \u00abciudadano mediocre\u00bb. Ya no es por naturaleza el defensor de la Ciudad, ni de sus bienes, ni de sus libertades. Se refugia en la Ciudad divina. Si Roma le decepciona, e incluso si le manda que sea buen ciudadano (as\u00ed lo hizo Le\u00f3n XIII aconsejando la \u00abreuni\u00f3n\u00bb), sentir\u00e1 la tentaci\u00f3n de huir a un no man\u2019s land sublime. Ese ya no es el caso hoy. Por \u00abcapitulaci\u00f3n\u00bb o propia iniciativa, el sacerdote ha entrado en la ciudad democr\u00e1tica que tiende a modelarse cada vez m\u00e1s de cerca seg\u00fan el modelo americano.<br \/>\nEn Am\u00e9rica efectivamente, la opini\u00f3n com\u00fan \u00abes menos el instrumento de cuanto hay de propiamente religioso en el cristianismo, que al rev\u00e9s, la religi\u00f3n no es el instrumento de esta opini\u00f3n com\u00fan, modo espec\u00edfico de expresi\u00f3n del poder social de la democracia\u00bb (P. Manent). La religi\u00f3n, como se observa al recorrer el pa\u00eds, est\u00e1 presente en todas partes por haber sido metabolizada en cada c\u00e9lula del cuerpo social al que est\u00e1 sometida.<br \/>\nLa antigua expulsi\u00f3n dejaba fuera de la sociedad, pero incrustada en ella, la reliquia visible, si bien cada vez m\u00e1s exang\u00fce y descarnada del cristianismo. La incorporaci\u00f3n del cristianismo a la democracia le amenaza con una digesti\u00f3n completa en el r\u00e9gimen nuevo.<br \/>\nEntre tanto este movimiento de servidumbre progresivo de la religi\u00f3n a los fines de la democracia provoca un movimiento de reacci\u00f3n. Por eso Tocqueville, despu\u00e9s de describir detenidamente el desdibujamiento de los dogmas y de los cultos en la democracia, escribe un breve cap\u00edtulo que parece contradictorio: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 quieren ver algunos Americanos un espiritualismo tan exaltado?\u00bb<br \/>\nAunque el deseo de bienestar sea la pasi\u00f3n dominante de los Americanos, hay momentos \u00aben que su alma parece romper de pronto los lazos materiales que le retienen y se evade impetuosamente hacia el cielo\u00bb. Se descubre entonces a la Am\u00e9rica de los predicadores ambulantes, de las \u00abalmas totalmente llenas de una espiritualismo exaltado\u00bb, de \u00absectas extra\u00f1as\u00bb, de las \u00ablocas religiosas\u00bb.<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo reconciliar estos hechos con la decadencia general de la religi\u00f3n, con la reducci\u00f3n de las verdades sagradas a un rompecabezas de opiniones juxtapuestas y compatibles?<br \/>\nTocqueville sugiere una explicaci\u00f3n: el esp\u00edritu religioso, el gusto por lo absoluto tienen un \u00abfundamento inm\u00f3vil\u00bb en la naturaleza del hombre. El alma, a\u00f1ade en una frase pascalina del todo, \u00abpor mucho cuidado que se tenga para distraerla de s\u00ed misma, se aburre pronto, se inquieta y se agita en medio de los goces de los sentidos\u00bb. Por eso, es la b\u00fasqueda misma de los bienes materiales, tan poderosa en las democracias modernas, la que provoca una reacci\u00f3n prodigiosa en el alma de algunos hombres\u00bb. \u00abMe sorprender\u00eda que, en un pueblo \u00fanicamente preocupado de su bienestar, no hiciera pronto progresos el misticismo\u00bb.<br \/>\nS\u00ed, pero como lo advierte Tocqueville, este asco religioso de la sociedad de consumo, como dir\u00edamos hoy no se deja canalizar por los dogmas o por los cultos de las grandes religiones tradicionales. \u00abNo sabe d\u00f3nde quedarse \u00e9l mismo, corre a menudo sin detenerse m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites del sentido com\u00fan\u00bb. Dicho de otra forma, este misticismo vago se reduce a un espiritualismo exaltado y no sofisticado.<br \/>\nPero se ha de advertir que si el esp\u00edritu religioso se proyecta as\u00ed hacia lo sublime, es porque no puede detenerse en una verdad tranquilizante que pueda desplegarse o consolarse en raz\u00f3n. Se entiende constitucionalmente que una verdad as\u00ed no se puede reconocer p\u00fablicamente, que est\u00e1 condenada a ser una opini\u00f3n y que el derecho de sustentarla s\u00f3lo sirve cuando es opini\u00f3n privada, una persuasi\u00f3n. No le queda pues al esp\u00edritu exaltado que arrojarse al vac\u00edo o a la vacuidad de alguna secta por su \u00edmpetu que le ha proyectado fuera de la \u00abb\u00fasqueda del bienestar\u00bb.<br \/>\nPero tal vez es preciso tener en cuenta tambi\u00e9n de la fuerza coactiva del proceso democr\u00e1tico de resoluci\u00f3n de los conflictos de ideas y de creencia. Se presentan en efecto situaciones en las que la argumentaci\u00f3n no puede llevarse m\u00e1s all\u00e1 de cierto punto sin cuestionarse las bases mismas que hacen que una opini\u00f3n es leg\u00edtima en democracia. Mediante esta especie de cortes\u00eda o de inhibici\u00f3n que impone el nuevo r\u00e9gimen, habr\u00e1 acuerdo bien en detener la discusi\u00f3n, bien en devolverla a un lugar \u00abm\u00e1gico\u00bb donde las tesis opuestas cesen de ser contradictorias. De esta forma es como las personas animadas de creencias violentas podr\u00e1n coexistir y una secta fan\u00e1tica codearse pac\u00edficamente con otra secta igualmente fan\u00e1tica. Cada una proyectar\u00e1 en un lugar fuera de alcance el punto de no-contradicci\u00f3n sobre el modelo apenas transformado que hace que dos partidos pol\u00edticos remitirse a los procedimientos pacificadores organizados por la Constituci\u00f3n. Cada una atribuir\u00e1 esta tolerancia a la sublimidad de su propia creencia. El \u00abproblema\u00bb se resuelve, seg\u00fan la ilustre f\u00f3rmula del presidente Queuille, por la ausencia de soluci\u00f3n. La paz que san Agust\u00edn defin\u00eda como la tranquilidad del orden se obtiene, mediante esta sublimaci\u00f3n, en la tranquilidad del desorden.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">de Alain Besan\u00e7on<br \/>\nPerrin 2002, Par\u00eds.<br \/>\nTradu. M\u00e1ximo Agust\u00edn<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>II.-LA TENTACI\u00d3N DEMOCR\u00c1TICA (1996) 1. 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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