{"id":131123,"date":"2014-08-28T08:31:48","date_gmt":"2014-08-28T06:31:48","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=131123"},"modified":"2016-07-27T12:07:44","modified_gmt":"2016-07-27T10:07:44","slug":"el-p-abdon-civit-franques-1880-1947","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-p-abdon-civit-franques-1880-1947\/","title":{"rendered":"El P. Abd\u00f3n Civit Franqu\u00e9s (1880-1947)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/antoine-morando-1650-1694\/biografias-paules-346\/\" rel=\"attachment wp-att-130116\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-130116\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/03\/Biografias-Pa%C3%BAles.jpg?resize=232%2C300\" alt=\"Biografias Pa\u00fales\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>El d\u00eda 2 de abril se extingu\u00eda la vida de nuestro muy estimado P. Abd\u00f3n Civit, a los sesenta y ocho a\u00f1os de edad y cincuenta y uno de vocaci\u00f3n, como se extingue una lamparilla, mansa y suavemente, al faltarle el aceite que la sostiene; porque su vida no fue una antorcha brillante por sus vivos resplandores, sino humilde mariposa, constante siempre en gastarse por amor a Dios, en un ambiente lleno de sencillez y silencio. Su pasar ha sido casi inadvertido como el rozar de una leve pluma por la m\u00edsera tierra.<br \/>\nTiempo hab\u00eda que todos present\u00edamos su fin pr\u00f3ximo, aunque \u00e9l parec\u00eda bien administrar las escasas reservas de su vitalidad f\u00edsica para levantarse de sus frecuentes reca\u00eddas. Y vino un d\u00eda en que la enfermedad pudo m\u00e1s que \u00e9l, y entr\u00f3 a mansalva en su abatido y delicado cuerpo para desmoronarlo en breve plazo. El enfermo requer\u00eda cuidados asiduos, y nuestros buenos Hermanos, en turnos impuestos por la caridad, una noche tras otra le prestaban los servicios oportunos. Hasta que se pens\u00f3, para bien de todos y principalmente para comodidad del paciente, en internarlo en la Casa de Salud \u00abFundaci\u00f3n Alba\u00bb, donde las buenas Hijas de la. Caridad le prodigaron todos los cuidados necesarios, no pudiendo empero cerrar el paso a la muerte, que se present\u00f3 inexorable a los quince d\u00edas.<br \/>\nEl entierro de nuestro malogrado hermano revisti\u00f3 una nota de piadosa poes\u00eda al discurrir por los sombreados jardines las largas hileras de los ni\u00f1os y convalecientes uniformados de la Casa de nuestras Hermanas y de los miembros de la Comunidad de la Casa de Barcelona, presididos por el se\u00f1or Visitador, que acompa\u00f1aron a su \u00faltima morada a quien procur\u00f3se siempre soledad y aislamiento.<br \/>\nEn la Conferencia que se tuvo a los pocos d\u00edas sobre sus buenos ejemplos, afirm\u00f3se con verdad que no brillaron en nuestro amado P. Civit grandes cualidades, pero s\u00ed peque\u00f1as vir-tudes. Eso es precisamente lo que nos interesa y lo que debemos recoger los que quedamos.<br \/>\nEs cierto que para el mundo son las haza\u00f1as y extraordinarias proezas, la vida ostentosa y deslumbrante lo que se busca, lo que se alaba y lo que se computa y pondera al morir. No as\u00ed a los ojos de Dios, a los ojos de la fe. Afortunadamente para nosotros sabemos apreciar bien y premiar los sacrificios que supone la regularidad, el fiel cumplimiento del deber practicado sin exhibici\u00f3n ni alarde, sin apenas perci-birse, aquellas amables y sencillas disposiciones que San Francisco de Sales llama \u00abpeque\u00f1as virtudes\u00bb, las cuales deben caracterizar la vida del Misionero, llevando, como nos dice San Pablo, una vida escondida con Cristo en Dios.<br \/>\nEso fue toda la vida de nuestro inolvidable P. Civit: Una vida humilde, un conjunto de humildes violetas, que se mantienen ocultas y s\u00f3lo se presiente su presencia por su fragante aroma: rasgos sencillos pero encantadores, reproduciendo sin ruido al Divino Maestro que ten\u00eda por Modelo Pertransiit benefaciendo.<br \/>\nAmor a la vocaci\u00f3n. \u2014 Ten\u00eda muy grabadas en el alma aquellas palabras del Ap\u00f3stol San Pablo: Obsecro vos ut digne ambuletis vocatione qua vocati estis (Ephes, IV, D. \u00abEs Dios quien me ha llamado, dec\u00eda con San Vicente, y quien desde la eternidad me tiene destinado para Misionero. No debo buscar, pues, ni esperar descanso, contento y bendici\u00f3n en otra parte que en la Congregaci\u00f3n; pues es aqu\u00ed donde Dios me quiere. Amar\u00e9, pues, siempre mi vocaci\u00f3n, esta vocaci\u00f3n que me hace semejante a Jesucristo, pudiendo exclamar como \u00c9l : Evangelizare pauperibus misit me.\u00bb<br \/>\nSab\u00eda muy bien nuestro P. Civit que amar es entregarse enteramente a Dios y a Dios s\u00f3lo ; luego, por precepto de Dios y de la manera y en la medida que Dios quiere, es entregarse al pr\u00f3jimo. Por el amor aspiraba, pues, constantemente a unir su voluntad a la de Dios; y por el amor ard\u00eda en deseos del bien de las almas. No se arredr\u00f3 nunca por dificultad alguna, que las pas\u00f3, como todos, en el camino de su perseverancia. Puso su mano evang\u00e9licamente al arado,, y lo empuj\u00f3 en l\u00ednea recta delante de s\u00ed, a pesar del calor y del fr\u00edo ; a trav\u00e9s del pedregal y de la tempestad. Supo reprimir siempre la connatural inclinaci\u00f3n a mirar atr\u00e1s, y por eso venci\u00f3 toda vacilaci\u00f3n.<br \/>\nSu gran amor a la vocaci\u00f3n le llev\u00f3 a estudiarla, a conocer su historia, a edificarse con los ejemplos de sus antepasados, a interesarse por la buena marcha de la Provincia y por el resultado de las misiones y otros ministerios. Se alegraba tan, to como si \u00e9l mismo los hubiera realizado.<br \/>\nPreocupaci\u00f3n de santidad. &#8211; La tuvo, yo creo que habitualmente y sin intermisi\u00f3n. \u00abSe\u00f1or, se dec\u00eda con frecuencia, me estoy preocupando de lo que debo valer ante tus ojos; me inquieto por el progreso de todas las virtudes que me son propias, que forman el esp\u00edritu de mi santa vocaci\u00f3n. Me -pregunto con ansiedad si avanzo y en qu\u00e9 medida, o si vuelvo atr\u00e1s y cu\u00e1nto; si no salgo del atolladero de mis debilidades, y desde cu\u00e1ndo&#8230;\u00bb Su primera y m\u00e1s constante preocupaci\u00f3n fue \u00e9sta: ver de conservar el cuidado continuo de no dejar perder nada del don de Dios, sin fatigar, no obstante, su alma con inquietudes infundadas, impropias de quien conf\u00eda y descansa en el Se\u00f1or ; pero tambi\u00e9n sin convivir con deseos enfermizos, sin adaptarse nunca a un estado de enervamiento o de indolencia, que f\u00e1cilmente se acomoda a todo, aun a lo mediocre y malo. Quer\u00eda y buscaba con solicitud diaria comprobaciones de fidelidad en sus ex\u00e1menes, y de resultados palpables de progresos en sus confesiones. Fallaron sus planes a veces, pero no fall\u00f3 nunca la santa ilusi\u00f3n que le llevaba a nuevas industrias de cooperaci\u00f3n a la gracia para lograr el m\u00e1s colmado remate a aquella idea que le asediaba desde su Seminario: Propriae perfectioni studere.<br \/>\nFidelidad a los Santos Votos. \u2014 Vivi\u00f3 siempre atento a la grave obligaci\u00f3n de conciencia que le impon\u00edan los sagrados compromisos que un d\u00eda contrajera al entregarse a la Congregaci\u00f3n. Conoc\u00eda muy bien y sab\u00eda defender las diversas imposiciones de la Pobreza, Castidad y Obediencia, a las cuales se sujetaba con escrupulosidad.<br \/>\nPuedo afirmar que me llam\u00f3 no pocas veces la atenci\u00f3n la delicadeza con que administr\u00f3 los bienes de la Comunidad en los largos a\u00f1os que cuid\u00f3 de la procura de Figueras y de Bar-celona. Sin ser taca\u00f1o, evitaba con todo cuidado los gastos menos necesarios y superfluos. Para los ordinarios sab\u00eda atenerse con rigor al esp\u00edritu de la Congregaci\u00f3n, a las buenas costumbres, y, sobre todo, al criterio de su Superior, gastando lo razonable y tendiendo a una prudente econom\u00eda.<br \/>\nLos bienes personales no le dieron ocasi\u00f3n de faltar al voto, porque supo ce\u00f1irse a las mociones de desprendimiento y de dependencia constante de la autoridad. Evitaba siempre lo superfluo y gastaba lo menos que pod\u00eda de lo suyo para poder ayudar as\u00ed m\u00e1s a los pobres. Se ha sabido despu\u00e9s de su muerte que socorr\u00eda a varias familias simult\u00e1nea y habitualmente. Para s\u00ed era un verdadero pobre, en vestidos, en comida, en gustos, en objetos particulares, content\u00e1ndose con el r\u00e9gimen com\u00fan y ordinario; pero era espl\u00e9ndido y dadivoso con los necesitados, sobre todo vergonzantes, y para con las vocaciones pobres. Si alg\u00fan dinero ten\u00eda recogido era con la in-tenci\u00f3n, que dej\u00f3 bien expl\u00edcita, de que se dedicase a los ni\u00f1os pobres de la Escuela Apost\u00f3lica de Bellpuig. Su misma preocupaci\u00f3n de recoger y coleccionar objetos de distintas especies obedec\u00eda a la idea de que alguna vez ser\u00edan \u00fatiles. Ese amor a la pobreza y a los pobres se manifestaba tambi\u00e9n en la asiduidad con que procuraba presidir la Conferencia de San Vicente, de Se\u00f1oras, que se re\u00fane en nuestra Casa central. S\u00f3lo por verdadera imposibilidad dejaba de asistir a ella, y entonces daba el dinero que deb\u00eda echarse en la bolsa de la colecta de los pobres al Padre que le supl\u00eda.<br \/>\nEn la castidad, la delicadeza de nuestro buen P. Civit fue extremada, por ser tambi\u00e9n m\u00e1s extensa, m\u00e1s rigurosa en cierto modo, la obligaci\u00f3n y mayores los peligros de claudicaci\u00f3n. Dir\u00edase que siempre ten\u00eda ante los ojos aquella sentencia del Esp\u00edritu Santo: Qui amat periculum, in illa peribit (Eccli., III, 27). Y as\u00ed se le vio siempre eludir los ardides del demonio, tratando con sumo cuidado y precauci\u00f3n a personas de diferente sexo, siendo irreprochable en su correspondencia, en sus visitas, en sus atenciones. Supo siempre armarse con el dominio de sus sentidos, amando siempre la templanza como nos aconsejan tan prudentemente las Reglas Comunes. Conoci\u00f3 muy bien la predilecci\u00f3n de nuestro Santo Fundador sobre esta virtud ang\u00e9lica, y ard\u00eda como \u00e9l en deseos de poseerla ; por eso dec\u00eda \u00abque se sent\u00eda rigurosamente obligado a guardar una continencia perfecta de cuerpo, de esp\u00edritu y de coraz\u00f3n; ved\u00e1ndose todo pensamiento, toda palabra, toda acci\u00f3n que pudiera atentar a esta virtud angelical y oblig\u00e1ndose a cortar las ocasiones que pod\u00edan poner en peligro tan precioso tesoro ; como tambi\u00e9n a emplear los medios que se consideran necesarios para conservarlo. No retrocedi\u00f3 nunca su generosidad ante el ancho campo de abnegaci\u00f3n que ese ideal abri\u00f3 en su alma durante su juventud y durante su edad madura; abnegaci\u00f3n que por profesi\u00f3n hab\u00eda abrazado y que todos los d\u00edas pon\u00eda bajo el amparo de la Sant\u00edsima Virgen.<br \/>\nObediencia. \u2014 Si prest\u00f3 servicio con ejemplaridad nuestro cohermano a la pobreza y a la castidad, podr\u00eda decirse que se dej\u00f3 cautivar por la obediencia. Sus maneras aqu\u00ed fueron siempre id\u00e9nticas, haciendo invariablemente a Dios el sacrificio de lo m\u00e1s \u00edntimo, de lo m\u00e1s amado, cual es el libre albedr\u00edo, el propio juicio, la propia voluntad. Se coloc\u00f3 desde los albores de su vocaci\u00f3n espont\u00e1neamente bajo el yugo de la obediencia, aceptando de antemano unos superiores que le eran desconocidos, oblig\u00e1ndose a obedecerles cuantas veces le mandasen con intenci\u00f3n de imponerle una verdadera obligaci\u00f3n de conciencia, y respetando en la realidad a cuantos luego fu\u00e9ronsele presentando como representantes de Dios, Nunca ech\u00f3 en olvido aquella norma de obediencia perfecta de nuestro Santo Padre: Ipsos in Domino et Domino in ipsis attendentes, exacte obediemus. Y por esto supo estar bien con todos sus Superiores, a pesar de que, lo o\u00ed de sus mismos labios, algunos fueron para con \u00e9l algo desabridos o menos atentos, poco complacientes o imperfectos. \u00abCon la gracia de Dios, me dec\u00eda en cierta ocasi\u00f3n, he sabido superar siempre las dificultades en la obediencia, entendiendo deb\u00eda obedecer en todo momento con puntualidad, alegr\u00eda y perse-verancia; no s\u00f3lo en lo que se me mandaba, sino tambi\u00e9n en lo que se deseaba de m\u00ed o se me rogaba.\u00bb No se excusaba ni dificultaba al superior sus \u00f3rdenes, como tampoco rehu\u00eda la ocasi\u00f3n de obedecer. Si estando fuera de casa se le ofrec\u00eda alguna cosa para lo cual necesitase permiso, no lo presum\u00eda sino que lo solicitaba aunque fuese por tel\u00e9fono.<br \/>\nVida de piedad. \u2014 Entendi\u00f3 la piedad y procur\u00f3 practicarla. Tuvo aquella disposici\u00f3n sincera del alma con la cual estamos prontos a hacer y sufrir sin excepci\u00f3n ni reserva aquello que sea del gusto de Dios. \u00cdntimamente dependiente del Se\u00f1or, se dej\u00f3 gobernar por su esp\u00edritu, permaneci\u00f3 unido a Dios en su interior, siempre atento a escucharle. Puedo asegurar que con la mejor voluntad se resist\u00eda a la vida de los sentidos, a la imaginaci\u00f3n y a las pasiones; no s\u00f3lo en las cosas malas y pecaminosas, sino aun en las meramente indiferentes. No era amiga de curiosear ni derramado al exterior, sino m\u00e1s bien inclinado a encerrarse para cumplir con el \u00abCartujo en Casa\u00bb, de San Vicente.<br \/>\nSu porte exterior y sus palabras revelaban en \u00e9l que estaba penetrado habitualmente de la presencia de Dios, no precisamente porque estuviera pensando siempre en \u00c9l, lo cual es imposible ahora, sino porque le estaba unido con el coraz\u00f3n. Perteneci\u00f3 al n\u00famero de los animosos que se esfuerzan por desarrollar algunos elementos indispensables de la vida de piedad, a saber: fue hombre de oraci\u00f3n ; ten\u00eda Bus delicias en acudir a ella con puntualidad, y la hac\u00eda con edificaci\u00f3n. No se busc\u00f3 a s\u00ed mismo en nada que perteneciese al servicio de Dios. Ten\u00eda la \u00edntima convicci\u00f3n de que nada pod\u00eda por s\u00ed mismo, pero con el auxilio de Dios lo pod\u00eda todo. Muchas veces comentaba: \u00abno puede uno confiar en sus resoluciones y buenos prop\u00f3sitos, sino solamente en la gracia y bondad divinas\u00bb; y aunque cayese repetidas veces, no se acobardaba sino que tend\u00eda amorosamente las manos a Dios, rog\u00e1ndole que le levantase y se compadeciese de su debilidad.<br \/>\nLas manifestaciones externas de su piedad eran m\u00faltiples. Entre todas descuellan el culto a la Humanidad Sant\u00edsima de Jesucristo en la Eucarist\u00eda y la devoci\u00f3n a la Sant\u00edsima Virgen. Estos dos amores eran la \u00f3rbita en que se mov\u00eda su piedad, que dicho sea de paso era ilustrada, como lo corrobora aquel justo criterio de subordinar lo secundario a lo principal, la devoci\u00f3n privada al culto oficial de la Iglesia.<br \/>\nLa Sagrada. Eucarist\u00eda, Sacrificio y Sacramento, fue el fundamento, el todo de la piedad de nuestro amado biografiado. Se le ve\u00eda prepararse largamente para la santa Misa, que celebraba con edificaci\u00f3n todos los d\u00edas, pronunciando las palabras con claridad y unci\u00f3n, y ci\u00f1\u00e9ndose escrupulosamente a todas las prescripciones de la sagrada Liturgia. \u00abDebo comulgar, dec\u00eda, porque no sabr\u00eda estarme sin recibir al Se\u00f1or diariamente.\u00bb En su penosa enfermedad lleg\u00f3 a perder el apetito, pero mantuvo siempre viva el hambre del Pan divino. Postrado como estaba en su lecho del dolor, sin casi poderse sostener, le vimos levantarse y con grandes trabajos acercarse solito a la sagrada Mesa. Se ha hecho resaltar que siendo capell\u00e1n de la Casa de las Hijas de la Caridad \u00abLa Granja\u00bb, distingui\u00f3le siempre una rigurosa fidelidad en cumplir su co-metido, present\u00e1ndose a celebrar aun en lo m\u00e1s riguroso del invierno y cuando sus piernas no le pod\u00edan ya casi sostener. Nos llam\u00f3 mucho la atenci\u00f3n y hasta nos conmovi\u00f3 en uno de sus \u00faltimos ataques, cuando al administr\u00e1rsele el Santo Vi\u00e1tico se le ofreci\u00f3 solamente la mitad de la sagrada Forma para que m\u00e1s f\u00e1cilmente pudiese ingerirla, y con la expresi\u00f3n de su rostro, ya que no pod\u00eda hacerlo de palabra, demostr\u00f3 su descontento, por lo cual a continuaci\u00f3n se le dio la segunda mitad. Cuando se bailaba ante Jes\u00fas Sacramentado su recogimiento y modestia eran m\u00e1s que ordinarios, infundiendo veneraci\u00f3n como la que inspira un alma que vive habitualmente en una regi\u00f3n superior ; es que ten\u00eda muy alta idea del<br \/>\nSacramento del Amor de todo un Dios, quien se dign\u00f3 quedarse entre los hombres y permanecer con ellos hasta la consumaci\u00f3n de los siglos,<br \/>\nTuvo tambi\u00e9n particular devoci\u00f3n a la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda. Constan sus sentimientos filiales sobre el particular y existen p\u00fablicas manifestaciones de la misma. \u00abMar\u00eda nos ama, dec\u00eda esta Virgen bendit\u00edsima tiene puesta su voluntad en nosotros y cifra todo su empe\u00f1o en salvarnos; y por eso anhela tan ardientemente protegernos. La opini\u00f3n de los Santos no es infundada: jam\u00e1s se ha o\u00eddo decir que ninguno haya sido desechado por Ella; su oficio es procurar nuestra defensa contra el demonio y su blas\u00f3n es conseguirlo.\u00bb \u00abCada uno de mis d\u00edas, exclamaba con San Vicente, est\u00e1 marcado con el sello de la protecci\u00f3n de aquella Se\u00f1ora que se complace en ser Madre nuestra con tal que nosotros queramos ser hijos suyos.\u00bb Bien penetrado de esta convicci\u00f3n, no es extra\u00f1o que deseando como deseaba aventajarse en la virtud y &#8216;asegurar la salvaci\u00f3n de su alma, se consagrase constante-mente al servicio de Mar\u00eda y acudiese a su amparo y protecci\u00f3n en sus necesidades y peligros.<br \/>\nHe mencionado anteriormente que perdi\u00f3 el habla para todo lo que fuese raciocinar en los \u00faltimos d\u00edas de su enfermedad. Pues bien, me place observar en apoyo de sus senti-mientos, de su amor filial a la Virgen, que siempre repet\u00eda y cantaba oraciones a la Madre del Cielo; la invocaba fervorosamente cuando advert\u00eda daban las horas, y besaba con fervor su Medalla.<br \/>\nToda su vida est\u00e1 marcada con demostraciones de afecto a la Reina del Cielo, ya con su puntualidad en asistir cada s\u00e1bado a la Misa Sabatina, participando en el canto, entonando muchas veces el Introito Salve sancta Parens, con su voz tenue pero fervorosa ; ya con el rezo del santo Rosario, que a menudo se le ve\u00eda en sus manos, particularmente al discurrir por la Sacrist\u00eda en los momentos de espera para los distintos servicios de la iglesia ; ya con el celo en propagar la Medalla Milagrosa, imponi\u00e9ndola siempre que se presentaba la ocasi\u00f3n, y hablando de ella a cuantos la desconoc\u00edan ; ya tambi\u00e9n preparando el Septenario de la Virgen Dolorosa, que procuraba se celebrase con la mayor solemnidad, invitando cari\u00f1osamente a los fieles a que se inscribieran en la Archicofrad\u00eda de la Dolorosa, establecida en nuestra Iglesia, y de la cual era entusiasta Director.<br \/>\nNos parece oportuno completar estas notas edificantes del buen P. Civit con un fragmento de la carta que el Rdo. se\u00f1or don Abd\u00f3n Saragossa, compatricio del biografiado, escrib\u00eda al se\u00f1or Visitador d\u00e1ndole su sentido p\u00e9same: \u00abSu fortaleza cristiana y sacerdotal manifest\u00f3se en los d\u00edas turbulentos del dominio rojo, sufriendo resignadamente por amor de Dios todas las privaciones y malos tratos en las c\u00e1rceles de Montjuich y Modelo. No rehuy\u00f3 el martirio cuando, a la pregunta respecto de su condici\u00f3n social, respond\u00eda valientemente: soy sacerdote! Convivimos los dos por espacio de unos seis o siete meses en el Hospital de Valls y en la misma celda. Era puntual\u00edsimo en todo y principalmente por la ma\u00f1ana en levantarse de la cama. Me admiraba verle como apenas sonaban las cinco, hora oficial (adelantada con 120 minutos), que representaban las tres, desped\u00eda como una explosi\u00f3n las mantas que le cubr\u00edan y arroj\u00e1ndose al suelo lo besaba, se persignaba y juntitas las manos rezaba sus oraciones. Era humilde e ingenuo, me contaba sus faltas y transgresiones, aun los castigos que hab\u00eda recibido, con gran naturalidad, reconociendo toda la culpa y responsabilidad que pod\u00eda tener&#8230;<br \/>\n\u00abNo creo, termina el se\u00f1or Saragossa, haberle dicho, Padre, nada nuevo, porque todo esto y mucho m\u00e1s sabr\u00e1n ustedes&#8230; Sirvan estas l\u00edneas de humilde expresi\u00f3n del homenaje que rindo a su memoria encomend\u00e1ndole a Dios, y pidi\u00e9ndole que desde el Cielo interceda por m\u00ed, pobrecito pecador.\u00bb<br \/>\nS\u00edrvannos, digo yo, estos hermosos ejemplos de poderoso est\u00edmulo. Conc\u00e9danos el Se\u00f1or el anhelo de imitaci\u00f3n, dir\u00eda, la noble pretensi\u00f3n, de igualarlos y de superarlos, si cabe. Sea nuestro vivir el que corresponde a nuestro santo estado. Vivamos conscientes de que nuestros ejemplos deben ser luz para los dem\u00e1s. Tomemos bien en serio los trascendentales deberes que un d\u00eda abrazamos voluntariamente, y nos acercaremos al t\u00e9rmino de nuestra existencia con un aumento creciente de m\u00e9ritos, de gracia y de gloria.<br \/>\nJAIME ROCA, C. M.Visitador<br \/>\nBarcelona, Fiesta del B. Joaqu\u00edn Gabriel Perboyre de 1948.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El d\u00eda 2 de abril se extingu\u00eda la vida de nuestro muy estimado P. 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