{"id":131102,"date":"2014-08-13T08:22:12","date_gmt":"2014-08-13T06:22:12","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=131102"},"modified":"2016-07-27T12:11:48","modified_gmt":"2016-07-27T10:11:48","slug":"la-escuela-apostolica-de-barcelona-en-sus-ultimos-anos-1897-1900","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-escuela-apostolica-de-barcelona-en-sus-ultimos-anos-1897-1900\/","title":{"rendered":"La escuela apost\u00f3lica de Barcelona en sus \u00faltimos a\u00f1os (1897-1900)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/la-escuela-apostolica-de-barcelona-en-sus-ultimos-anos-1897-1900\/mso14be5\/\" rel=\"attachment wp-att-131103\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-131103\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/07\/mso14BE5.jpg?resize=249%2C275\" alt=\"mso14BE5\" width=\"249\" height=\"275\" \/><\/a>El P. Valent\u00edn Matamala, Director<br \/>\n\u00abLa Parroquia es el p\u00e1rroco; la Escuela es el Maestro\u00bb. As\u00ed dicen los entendidos, para ponderar la influencia del que est\u00e1 al frente de una colectividad. Realmente, as\u00ed sucedi\u00f3 en la Escuela Apost\u00f3lica de Barcelona.<br \/>\nEl P. Matamala lo era todo. El P. Matamala, el que nos admit\u00eda, el que nos ense\u00f1aba y vigilaba en los estudios; el que nos tomaba la lecci\u00f3n, el que nos llevaba los jueves y domingos a paseo y nos iniciaba en la s\u00f3lida piedad y en el conocimiento ele las cosas de la Congregaci\u00f3n. Por \u00e9l llegaron a nosotros las primeras noticias de la Medalla Milagrosa y de su Vidente, personaje entonces para nosotros del todo desconocido: Todav\u00eda recuerdo como, un d\u00eda, estando en el jard\u00edn interior de la Casa, mientras el P. Matamala entrecavaba con la azadilla la tierra de unas matas de flores, nos ense\u00f1aba con gran veneraci\u00f3n la primera l\u00e1mina que vimos de la pl\u00e1cida muerte de la Bienaventurada Sor Catalina Labour\u00e9. De \u00e9l tambi\u00e9n aprendimos los primeros datos y rasgos principales de la vida y martirio del protom\u00e1rtir de China. nuestro hermano B. Juan Gabriel Perboyre. El P. Matamala viv\u00eda con nosotros; escuchaba con espont\u00e1neo inter\u00e9s, nuestras preguntas; participaba de nuestras alegr\u00edas infantiles, de nuestros sentimientos y emociones en el despertar de una vida nueva que se abr\u00eda en nuestra alma, la vida del futuro misionero. Excepto en el sal\u00f3n de estudio y en clase (donde se mostraba muy serio), la sonrisa, la felicidad, el bienestar con nosotros se trasluc\u00eda visiblemente en su rostro. En el P. Matamala se cifraba toda nuestra esperanza; fuera de \u00e9l, no encontr\u00e1bamos ning\u00fan s\u00edntoma de vida.<br \/>\nSu personalidad se presentaba ante nosotros como la de un perfecto hijo de San Vicente. Se distingu\u00eda especialmente por una tierna devoci\u00f3n a la Sant\u00edsima Virgen, devoci\u00f3n que trasluc\u00eda en todos sus actos y conversaciones; no ten\u00eda que esforzarse, le sal\u00eda tan natural. El Mes de Mar\u00eda y la Inmaculada de la Medalla Milagrosa eran sus delicias. Esta devoci\u00f3n se comunicaba insensiblemente de \u00e9l a los apost\u00f3licos, como se comunican las fuentes los caudales que abundan en su seno. No hac\u00eda falta que nos inculcase que tuvi\u00e9semos devoci\u00f3n a la Virgen ; se lo le\u00edamos en su semblante, en sus ojos, en sus rezos, en sus conversaciones, en el modo de saludar las horas tan devoto y recogido, con el \u00abBendita sea la hora en que la Sant\u00edsima Virgen vino en carne mortal al Pilar de Zaragoza, y el Ave Mar\u00eda; en el modo esmerado de arreglar el altar de la Milagrosa, cuando se celebraba el Mes de Mar\u00eda, en su vocabulario, siempre n\u00edtido y recatado, en su modestia, que era impecable. Cuando por su poca vista, o por falta de potencia en la llama del alumbrado del gas, no pod\u00eda hacer otra cosa, lo encontr\u00e1bamos invariablemente rezando el Rosario con una devoci\u00f3n especial. De sus propios ahorros coste\u00f3 la primera imagen de la Milagrosa que se veneraba en nuestra iglesia de Provenza; obra de talla de gran tama\u00f1o, ricamente decorada, esculpida por el primer Castellanas. Su altar estaba en la capilla lateral m\u00e1s pr\u00f3xima del Presbiterio, del lado de la Ep\u00edstola (hoy de la Virgen Dolorosa).<br \/>\nEl P. Matamala influ\u00eda en nosotros m\u00e1s con el ejemplo que con las palabras. Sencillo, aseado, limpio, pobre, modesto. Era el verdadero pedagogo: andando nos ense\u00f1aba a andar. No era predicador, ni elocuente de palabra, ni de f\u00e1cil expre-si\u00f3n. Las virtudes las aprend\u00edamos vi\u00e9ndolas al vivo en su persona. Nunca sal\u00eda de Casa s\u00f3lo; ni aun para visitar a algunos de sus parientes que viv\u00edan en la villa de Gracia iba solo; siempre iba acompa\u00f1ado de alg\u00fan apost\u00f3lico. Para administrar a los enfermos feligreses los \u00faltimos Sacramentos, reclamados, en aquel tiempo, con tanta frecuencia, por ser la nuestra la \u00fanica iglesia que se encontraba en toda la izquierda del ensanche de Barcelona, si era de d\u00eda, iba siempre con un apost\u00f3lico a su lado. En las pocas visitas de compromiso que, alguna vez hac\u00eda a alguna familia distinguida, no lo hac\u00eda sin ir acompa\u00f1ado de alguno de los ni\u00f1os de la Escuela Apost\u00f3lica. De ello puedo dar buena fe, porque muchas veces, me toc\u00f3 acompa\u00f1arle.<br \/>\nSu influencia educadora calaba m\u00e1s hondo en nuestra alma, porque le ve\u00edamos en todo el m\u00e1s humilde y sacrificado de la Casa. Nunca le o\u00edmos quejarse de los Superiores. Invierno y verano, con el fr\u00edo o el calor, a pesar de sus a\u00f1os (parec\u00eda ya anciano), nunca se neg\u00f3 a acompa\u00f1arnos en las largas caminatas que d\u00e1bamos los jueves, sigui\u00e9ndonos, a veces, jadeante; ni le o\u00edmos lamentarse de que los otros no le prestasen un poco de ayuda en las tareas de la Escuela Apost\u00f3lica. En el refectorio, not\u00e1bamos que raro era el d\u00eda que no hiciese alguna mortificaci\u00f3n, dejando todo o buena parte del principio, sobre todo de la cena. Fuera de las horas de la mesa, jam\u00e1s le vimos comer ni beber. Si sus parientes le obsequiaban con alg\u00fan dulce o con alg\u00fan tarro de buena confitura, lo guardaba para celebrar con nosotros alg\u00fan d\u00eda de asueto en las afueras de Barcelona.<br \/>\nNo se nos escapaba a los ni\u00f1os que su aspecto exterior era m\u00e1s de anciano que de joven. \u00ab\u00bfCuando \u2014nos dec\u00edamos entre nosotros\u2014 nos dar\u00e1n para director de la Escuela Apost\u00f3lica uno de esos misioneros j\u00f3venes, que con frecuencia pasan por esta Residencia con rumbo a Filipinas?\u00a0 \u00ab\u00a1Todo para Filipinas, y a nosotros nos dejan el m\u00e1s viejo!\u00bb Con todo, le quer\u00edamos de verdad; \u00e9ramos felices. En \u00e9l ve\u00edamos al Padre m\u00e1s sacrificado de la Comunidad por la Escuela Apost\u00f3lica.<br \/>\nEstudios, piedad, frutos<br \/>\nLos PP. de la Comunidad eran muy respetables, unos por sus a\u00f1os, otros por su talento, por sus ministerios: nos infund\u00edan respeto. El P. Matamala nos inspiraba confianza: Otros nos echaban en cara las deficiencias de la Escuela Apost\u00f3lica, lo poco que adelant\u00e1bamos en el lat\u00edn, el ruido que hac\u00edamos etc., etc. El \u00fanico que arrimaba el hombro era el P. Matamala. Uno de los miembros de la Comunidad, por cierto, bastante joven, viv\u00eda en el primer piso en un bien soleado aposento, cuya ventana principal daba al huerto. Forzosamente, para ir al lugar de recreo, despu\u00e9s de clase, ten\u00edamos que pasar por debajo del alero de su ventana: \u00a1Ay!, si levant\u00e1bamos demasiado la voz o grit\u00e1bamos m\u00e1s de la cuenta, al dirigirnos al recre\u00f3 nos amenazaba con alguna de las piedras redondas que \u00e9l guardaba con este fin alineadas en el repech\u00f3 de dicha ventana. Y dicen que, alguna vez, sali\u00f3 zumbando por el aire alguna de aquellas yendo derecha a buscar al transgresor de la orden de no infringir el silencio al pasar por aquel lugar. Por esto, al cruzar por debajo de la ventana, baj\u00e1bamos la cabeza y ech\u00e1bamos a correr, para ganar cuanto antes nuestra zona de seguridad.<br \/>\nReconoc\u00edamos que era deficiente el programa de estudios; pero lo atribu\u00edamos a la edad del Director, no a falta de buena voluntad. Las asignaturas se reduc\u00edan a una clase larga de lat\u00edn, ma\u00f1ana y tarde; clase de canto que nos daba, cada d\u00eda, el P. Joaqu\u00edn Jaume, y una explicaci\u00f3n del (Catecismo, los s\u00e1bados por la tarde. Un buen gu\u00eda espiritual lo ten\u00edamos en la venerable persona del P. Casarramona, que nos acog\u00eda con bondad, todos los s\u00e1bados por la tarde, en el Confesionario. Fatuo el P. Casaramona como el P. Matamala nos alentaban paternalmente en la pr\u00e1ctica de la Comuni\u00f3n frecuente, en un tiempo en que, ni de lejos, se barruntaba el Decreto de P\u00edo X.<br \/>\nAprovechaba el P. Matamala, de paso que nos acompa\u00f1aba a paseo los jueves, para ejercer uno de los ministerios m\u00e1s preferidos de su coraz\u00f3n sacerdotal: la visita a alguno de los hospitales, con preferencia el antiguo de Santa Cruz, de la calle del Hospital y los Sanatorios de la Cruz Roja, instalados en Barcelona para albergar a los heridos de la Guerra de Cuba, asistidos por nuestras buenas Hermanas las Hijas de la Caridad. Eh estas visitas, como en todas; iba siempre acompa\u00f1ado de sus Apost\u00f3licos. A &#8216;nosotros nos dejaba bien entretenidos en los patios o jardines de dichos establecimientos, mientras \u00e9l, envuelto en su gran manteo y bien provisto de medallas y rosarios, visitaba a los enfermos. Los rosarios se los hac\u00eda \u00e9l mismo. Era en esto muy primoroso; vi\u00e9ndosele casi siempre ocupado en esta tarea durante el recreo del mediod\u00eda, mientras hablaba sonriente, con los dem\u00e1s PP. Ten\u00eda en su aposento, una especie de maquinilla construida por \u00e9l mismo, con la cual hac\u00eda r\u00e1pidamente y con mucha justeza, los \u00abgusanillos\u00bb que engarzaba entre gloria y gloria de cada misterio.<br \/>\nEn los paseos matinales de verano que emprend\u00edamos antes de salir el sol, las monta\u00f1as de Monjuich, Tibidabo, Vallvidrera, Pedralbes, Desert de Sarri\u00e1, pinares de Bel\u00e9n y Nueva Bel\u00e9n, eran los lugares escogidos m\u00e1s frecuentes de nuestras caminatas. El sab\u00eda las buenas fuentes y lugares apacibles. Con ,11 paso mesurado y su cuerpo un tanto encorvado, marcando con la cabeza y espalda suave movimiento de p\u00e9ndulo, llegaba a todas partes. Se cansaba; pero la sonrisa le acompa\u00f1aba siempre. Disfrutaba al vernos a nosotros contentos, y no cesaba de contestar a las m\u00faltiples y curiosas preguntas que le hac\u00edamos.<br \/>\nCosa singular! En medio de tan sincero afecto, no entend\u00eda de mimos ni regalitos. El \u00abNolite t\u00e1ngere, neque per jocum\u00bb, de San Vicente, lo ten\u00eda incrustado en su conducta como algo sagrado. Jam\u00e1s, ni por una sola excepci\u00f3n, nos puso nunca la mano en la cabeza, ni en los hombros, ni en la espalda, ni nos toc\u00f3 las manos. Las suyas, enjutas y huesosas como las de un muerto, aparec\u00edan siempre entrecruzadas, trabajando o rezando o envueltas entre los pliegues del manteo, o metidas en las mangas del balandr\u00e1n.<br \/>\nSi la bondad, la sencillez, la mortificaci\u00f3n constante, la abnegaci\u00f3n, bastasen para definir a un Santo, yo dir\u00eda que el P. Matamala fue un santo y un gran santo, todo dado a Dios y al bien de las almas. Su semblante, como si lo estuviese viendo, ten\u00eda mucho de parecido con el que nos han transmitido los grabados del Santo Cura de Ars, o de un San Juan Bosco. Aun en las raras ocasiones en que, para conseguir silencio, se ve\u00eda obligado a blandir las disciplinas y, con un rictus de seriedad en la comisura izquierda de los labios, hac\u00eda algunos \u00abasperges\u00bb en el aire, parec\u00eda m\u00e1s satisfecho, cuando alguno de los golpes ca\u00eda en las tapas de los pupitres que no en la espalda de alg\u00fan peque\u00f1o revoltoso. Estos eran lances excepcionales. No se olvide que el P. Matamala hab\u00eda estado en Filipinas en aquel tiempo en que el azote se consideraba como medio corriente de educaci\u00f3n. Fuera de estos momentos, provocados muy a pesar suyo, su actitud era siempre sonriente, seria y bondadosa.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 frutos dio este arbolillo de la Escuela Apost\u00f3lica con tanto amor cultivado por el P. Matamala? Desde el curso 1897 a 1900, hicieron sus estudios de Lat\u00edn, y pasaron al No-viciado de Madrid (alguno despu\u00e9s de una breve estancia en Bellpuig), los siguientes Apost\u00f3licos: nuestro difunto Visitador, P. Eugenio Comellas, el P. Jos\u00e9 G\u00f3mez, actual superior de \u00abLa Milagrosa\u00bb en Nueva York, el P. Jos\u00e9 Virgili (q. e. p. d.), Augusto Montserrat y el que suscribe.<br \/>\nEn estas fechas, el n\u00famero reducido de Apost\u00f3licos, aproximadamente unos 14, iba en aumento. Nada hac\u00eda prever el cierre y traslado de esta Escuela Apost\u00f3lica a Bellpuig.<br \/>\nOcaso y traslado a Bellpuig<br \/>\nComo si no fuese bastante el cargo de director de una Escuela Apost\u00f3lica, unido al del oficio de procurador dom\u00e9stico y prefecto de sacrist\u00eda de nuestra iglesia, no s\u00e9 qu\u00e9 \u00e1ngel bueno o malo inspirar\u00eda al P. Matamala, que su celo deb\u00eda extenderse a un campo m\u00e1s dilatado: a convertir y catequizar a j\u00f3venes extraviados en el mundo. \u00a1Qui\u00e9n lo hab\u00eda de decir! Aqu\u00ed empez\u00f3, en un detalle al parecer tan bueno, la disoluci\u00f3n y el cierre de esta Escuela Apost\u00f3lica.<br \/>\nEn una de aquellas visitas caritativas al Hospital de Santa Cruz, en la sala de enfermedades cuya nomenclatura el Ap\u00f3stol no quiere que ni siquiera se nombre entre nosotros, conoci\u00f3 el P. Matamala a un joven de unos veinte a\u00f1os, que daba claras muestras de arrepentimiento, y prometi\u00f3, si curaba, abrazar el estado religioso. Curado y reci\u00e9n salido del Hospital, con todas las se\u00f1ales de una sincera conversi\u00f3n, fu\u00e9 admitido dicho joven en la Escuela Apost\u00f3lica. Era un joven inteligente, de buen aspecto f\u00edsico, de familia acomodada, resuelto a cambiar de vida y con muchas ganas de estudiar lat\u00edn. He aqu\u00ed, se dir\u00eda el P. Matamala, un buen sustituto del joven Eugenio Comellas, el cual en aquellos d\u00edas, acababa de dejar la Escuela Apost\u00f3lica para ingresar en el Noviciado de Madrid. Este ocupar\u00e1 su lugar y continuar\u00e1 en la clase aquel aire de formalidad propio del joven Comellas. (Conf. p\u00e1g. 290 del anterior volumen de ANALES).<br \/>\nEntr\u00f3 el nuevo alumno, ya mayor, en clase, y lo mismo que a su predecesor, el P. Matamala le hizo sentar a su derecha, en una silla aparte, con el privilegio de tener delante de los ojos abierta la gram\u00e1tica.<br \/>\n\u00a1Bien poco dur\u00f3 la conversi\u00f3n! Olvidado del enorme beneficio recibido de Dios, se cumpli\u00f3 una vez m\u00e1s el Proverbio del Sabio: \u00abCanis reversus ad suum v\u00f3mitum, et sus lata in volutabro luti\u00bb. Exteriormente guardaba las apariencias. La llaga era muy honda; su alma se debat\u00eda en lo m\u00e1s abyecto. Por una Providencia especial de Dios, no se tradujo en actos exteriores la purulencia de aquella Haga. Pero el ambiente tan santo de la Escuela Apost\u00f3lica qued\u00f3 profanado por el lenguaje y el aliento de aquel joven. La serpiente enroscada en el \u00e1rbol prohibido del Para\u00edso no emplear\u00eda palabras muy diferentes de las que \u00e9l suger\u00eda.<br \/>\nPara colmo de males, en ese Mismo a\u00f1o 1899-1900, se admiti\u00f3 a otro joven tambi\u00e9n mayor, ex-seminarista del Seminario Conciliar de Barcelona; gato viejo y marrullero. Este dec\u00eda que quer\u00eda ser Hermano Coadjutor. Pero, en vez de honrar a Marta con el trabajo santificado, se pasaba las horas muertas en el terrado de la Escuela Apost\u00f3lica, tomando el sol, extendido a lo largo del suelo como las lagartijas.<br \/>\nSe ve que entre los ganapanes y z\u00e1nganos de oficio, de Barcelona, se corri\u00f3 la voz de que en tal Residencia de Religiosos hab\u00eda un Padre muy anciano y muy bondadoso que socorr\u00eda a todos los que le manifestaban sus apuros y le expo-n\u00edan sus deseos de ser buenos. No era raro ver entrar y salir por la porter\u00eda a mocetones de 20 a 30 a\u00f1os, que acud\u00edan al recibidor para aprender el Catecismo (!) y recibir del P. Matamala, en premio de su aplicaci\u00f3n, una peseta y un par de alpargatas nuevas. Estos vividores, mientras \u00abrepasaban\u00bb el Catecismo, oteaban los interiores de la Casa, y en el momento en que la Comunidad estaba m\u00e1s confiada, hac\u00edan sus correr\u00edas por las habitaciones, y se llevaban mantas de lana, utensilios de afeitar, etc. Su atrevimiento lleg\u00f3 a forzar el armario de la Escuela Apost\u00f3lica, donde se guardaba el peque\u00f1o fondo com\u00fan en met\u00e1lico de los Apost\u00f3licos. El disgusto que tuvo el P. Matamala fue de los mayores de su vida. No pod\u00eda creer que el ladronzuelo fuese uno de aquellos j\u00f3venes por \u00e9l so-corridos.<br \/>\nEstos casos repetidos iban apurando la paciencia de los Superiores. Pero la \u00faltima gota que har\u00eda desbordar la copa de la indignaci\u00f3n, iba a derramarla aqu\u00e9l de quien menos pod\u00eda sospechar el P. Matamala.<br \/>\nAquel joven a quien el P. Matamala ayud\u00f3 a salir sano y salvo del Hospital, que hac\u00eda sentar a su derecha en la clase, que se hab\u00eda convertido, al parecer tan sinceramente, se cans\u00f3 del bien emprendido; se arranc\u00f3 la careta, y, sin duda, para disimular su vergonzosa debilidad, se las dio de esp\u00edritu fuerte, de una especie de superhombre; y, sin ning\u00fan respeto al lugar en que viv\u00eda, ni a los que habitaban en \u00e9l, se atrevi\u00f3 a pasearse por la planta del piso bajo, ce\u00f1ida la cintura con una faja de seda roja y un gorro frigio del mismo color en la cabeza. Acert\u00f3 a pasar por all\u00ed el Superior, y con aquella majestad de le\u00f3n que ten\u00eda el P. Juan Jaume, le hizo poner de rodillas, le arranc\u00f3 el gorro frigio, y, con el cuerpo del delito en la mano, se fue a buscar al P. Matamala.<br \/>\nYo creo que, aquel d\u00eda, se decret\u00f3 el ocaso de la Escuela Apost\u00f3lica de Barcelona y su traslado a Bellpuig.<br \/>\nEl desdichado e inconstante converso fu\u00e9 expulsado inmediatamente; a los que estaban a punto de ingresar en el Noviciado, se les envi\u00f3, de momento, a Bellpuig. Un servidor, me qued\u00e9 en calidad de externo, recibiendo del P. Matamala lecciones elementales de Ret\u00f3rica y Lat\u00edn, y ayudando en los peque\u00f1os servicios de la iglesia y de las numerosas tandas de Ejercicios a Ordenandos, que continuaron d\u00e1ndose en esta Casa.<br \/>\nEl material escolar y buena parte del mobiliario y enseres del dormitorio de esta Escuela Apost\u00f3lica pas\u00f3 a Bellpuig.<br \/>\nEn Bellpuig<br \/>\nEl venerable P. Miguel Pedr\u00f3s, que ven\u00eda de vez en cuando, a Barcelona, en busca de limosnas para la reconstrucci\u00f3n del hist\u00f3rico Convento, al verme solo, comprendi\u00f3 mi estado de \u00e1nimo ; y, un d\u00eda, sin m\u00e1s pre\u00e1mbulos, me dijo: \u00abVamos a Bellpuig; all\u00ed estar\u00e1s bien\u00bb. Pocos d\u00edas despu\u00e9s, .21 25 de enero del a\u00f1o 1901, acompa\u00f1ado del mismo P. Miguel Pedr\u00f3s, dejaba Barcelona y pasaba a continuar mi vida de apost\u00f3lico en Bellpuig.<br \/>\n\u00a1Qu\u00e9 contraste m\u00e1s agradable entre Bellpuig y Barcelona! Bellpuig, a\u00fan con todas las privaciones propias de una fundaci\u00f3n incipiente, me parec\u00eda un frondoso oasis, muy lejos del ruido del mundo; un verdadero rinc\u00f3n del Para\u00edso sin las sinuosidades de la serpiente.<br \/>\nLa Comunidad estaba formada de los P.P. Miguel Pedr\u00f3s, Superior, Jos\u00e9 Rigo, Justo Toro Castro, y de los H. H. Bartolom\u00e9 Gallard y Miguel Vidal. El buen ejemplo de los P. P, y Hermanos nos atra\u00eda.<br \/>\nPor primera vez, supimos lo que era un buen Profesor. El P. Jos\u00e9 Rigo nos ense\u00f1aba a los de cuarto a\u00f1o, que no \u00e9ramos m\u00e1s que dos: Arte M\u00e9trica Latina, traducci\u00f3n de Cl\u00e1sicos, Repaso de Gram\u00e1tica Latina, Geograf\u00eda, etc. Buen Profesor y buen Director espiritual: por la ma\u00f1ana, presid\u00eda nuestra oraci\u00f3n y nos ense\u00f1aba a meditar.<br \/>\nLa vida de piedad se desarrollaba con fervor. Espont\u00e1neamente, sin que nadie nos lo dijese, hac\u00edamos el V\u00eda-Crucis varios d\u00edas a la semana.<br \/>\nTodo nos parec\u00eda bien: los montones de ruinas acumulados en el interior de los claustros, las puertas y ventanas sin cristales, la vida pobre, la inclemencia del tiempo en invierno, la privaci\u00f3n de la huerta que entonces no ten\u00edamos, el estado ruinoso de gran parte del Convento. Nuestro gran refectorio era lo que es hoy la despensa; nuestra iglesia lo que, alg\u00fan tiempo, fue despu\u00e9s carpinter\u00eda&#8230; Todo para nosotros ten\u00eda un encanto y aumentaba nuestro entusiasmo. Demasiado pronto, a mi entender, el Superior dispuso que, cumplidos los 16 a\u00f1os de edad, me preparase para ir a Madrid e ingresar en el Noviciado. Ser\u00eda el 2 de septiembre de 1901.<br \/>\nLa estancia en Bellpuig me pareci\u00f3 brev\u00edsima. Hubiera preferido cursar otro a\u00f1o. Pero, la disposici\u00f3n del P. Pedr\u00f3s estaba dada; su palabra era para nosotros santa. Aquella fue la \u00e9poca m\u00e1s feliz y mejor aprovechada de mi vida: la \u00e9poca de mi formaci\u00f3n apost\u00f3lica en Bellpuig.<br \/>\nBarcelona, diciembre de 1946.<br \/>\nDavid Bartolom\u00e9<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El P. Valent\u00edn Matamala, Director \u00abLa Parroquia es el p\u00e1rroco; la Escuela es el Maestro\u00bb. 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