{"id":130949,"date":"2014-07-31T08:37:44","date_gmt":"2014-07-31T06:37:44","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=130949"},"modified":"2016-07-27T12:10:55","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:55","slug":"las-hijas-de-la-caridad-en-varsovia-ii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/las-hijas-de-la-caridad-en-varsovia-ii\/","title":{"rendered":"Las hijas de la Caridad en Varsovia (II)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/santa-luisa-ante-la-infancia-abandonada-i\/hijas-de-la-caridad-18-luisa-2\/\" rel=\"attachment wp-att-130524\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-130524\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/05\/Hijas-de-la-Caridad-18-Luisa.jpg?resize=247%2C307\" alt=\"Hijas-de-la-Caridad-18-Luisa\" width=\"247\" height=\"307\" \/><\/a>Ahora nos resta decir algunas palabras sobre cada una de las tres Hijas de la Caridad escogidas por San Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac para la misi\u00f3n de Polonia.<br \/>\nEn Varsovia, donde ellas vivieron y trabajaron con el sudor de su rostro, donde sufrieron mucho y donde consiguieron una santa muerte, la tradici\u00f3n les conserva un culto de verdadera veneraci\u00f3n. Las Hermanas no hablan de ellas sino con un sentimiento de profundo reconocimiento, mir\u00e1ndolas como a sus madres en Jesucristo; el recuerdo de su abnegaci\u00f3n sin l\u00edmites en el servicio de los pobres, de sus virtudes, de sus edificantes ejemplos, est\u00e1 siempre en su memoria.<br \/>\n1.\u00b0 Sor Margarita Moreau, natural de Lorena, era, seg\u00fan la tradici\u00f3n, la personificaci\u00f3n de las dulzuras, de la bondad, de la humildad y de la abnegaci\u00f3n en el servicio de los pobres. En el Instituto de San Casimiro de Varsovia hay un retrato de ella pintado al \u00f3leo, hecho en su tiempo; en \u00e9l todo respira modestia, mortificaci\u00f3n y uni\u00f3n con Dios; considerando sus manos descarnadas, apoyadas sobre una calavera, parece como si se la viese a\u00fan inclinada sobre la tierra, abriendo la fosa para enterrar por s\u00ed misma a los apestados, para que no quedasen los cad\u00e1veres insepultos en las calles, con perjuicio de los desgraciados que sobreviv\u00edan con ardientes deseos de librarse de la muerte.<br \/>\nEl amor a su vocaci\u00f3n y su fortaleza se manifestaron claramente en la contestaci\u00f3n que di\u00f3 a la Reina, que quer\u00eda retenerla en su servicio. San Vicente de Pa\u00fal hace menci\u00f3n de ella en una de sus conferencias y en algunas de sus cartas: \u00abVine aqu\u00ed&#8212;dec\u00eda ella derramando l\u00e1grimas\u2014para servir a los pobres, y no a los ricos y a los grandes, que tienen abundancia de servidores. Dignaos, Se\u00f1ora, dejarme cumplir lo que exige de m\u00ed mi vocaci\u00f3n\u00bb. En muchas ocasiones tuvo necesidad de recurrir a esta fortaleza para observar fielmente la regla y conservar las buenas costumbres. Las Hermanas depend\u00edan enteramente de la Reina, que las apreciaba mucho y que, llevada de su bondad, trataba de introducir alg\u00fan cambio en su modo de vivir, en el vestido y en su r\u00e9gimen interior.<br \/>\nSor Moreau, no menos humilde que de mucha disposici\u00f3n y de gran fortaleza, sab\u00eda portarse seg\u00fan lo ped\u00edan las dificultades que encontraba, siendo al mismo tiempo diligente en recurrir a la Sra. Le Gras para seguir sus consejos. La carta siguiente manifiesta claramente no menos su esp\u00edritu de obediencia que su desprendimiento del mundo: \u00abQued\u00e9 sobrecogida\u2014 escribe&#8211;cuando la Reina me dijo que la acompa\u00f1ase en los viajes que proyectaba hacer; no supe qu\u00e9 responder, porque jam\u00e1s hab\u00eda pensado en un viaje tan largo como intenta, seg\u00fan dicen, la Reina, \u00a1que se propone ir a cien leguas de aqu\u00ed! Tambi\u00e9n pretende ella que me ponga un velo y un pa\u00f1uelo al cuello. Todo esto me tiene bastante intranquila; temo much\u00edsimo el cambiar de costumbres, y la permanencia en la corte de la Reina; expondr\u00e9 mi vocaci\u00f3n y abrigo el temor de que esto no sea del agrado de Dios y me niegue la gracia que me concedi\u00f3 cuando abandon\u00e9 el mundo. Si de m\u00ed dependiese la elecci\u00f3n, preferir\u00eda antes mil veces una grave enfermedad que exponerme a semejante peligro; os suplico, Se\u00f1ora, trat\u00e9is este asunto con el Sr. Vicente, pues me parece que la obediencia ser\u00e1 la que \u00fanicamente atraer\u00e1 sobre m\u00ed la bendici\u00f3n de Dios y la virtud que para ello se necesita. Acompa\u00f1o con \u00e9sta dos muestras de camelote, de cuya tela quer\u00eda la Reina hacernos h\u00e1bitos el a\u00f1o pasado para evitar los excesivos calores.\u00bb Este asunto se discuti\u00f3 en el Consejo del 23 de Marzo de 1657. La resoluci\u00f3n que se tom\u00f3 fue que las Hermanas deb\u00edan llevar la corneta y no el velo, preparar h\u00e1bitos convenientes para el invierno sin introducir modificaci\u00f3n alguna, ni en el modo de vestir ni en la tela, pues es preciso conservar los usos como se acostumbra en la Compa\u00f1\u00eda. San Vicente dispuso tambi\u00e9n que accediese al deseo de la Reina de que la acompa\u00f1ase en su viaje. Sor Margarita qued\u00f3 tranquila haci\u00e9ndolo por obediencia, teniendo adem\u00e1s en cuenta que \u00fanicamente sus servicios eran en favor de los pobres; la Reir\u00eda se serv\u00eda de ella para la distribuci\u00f3n de sus limosnas, confiando enteramente en su fidelidad para que las distribuyese corno mejor le pareciese. As\u00ed esta buena Hermana establec\u00eda, siem-pre que le era posible, las peque\u00f1as cofrad\u00edas de la Caridad. Esta piadosa Hermana entreg\u00f3 su alma a Dios el 17 de Septiembre de 1660, v\u00edctima de su abnegaci\u00f3n en el servicio de los apestados, por haberse declarado de nuevo la peste en esta \u00e9poca. Dios, que la hab\u00eda preservado tan maravillosamente algunos a\u00f1os antes, la hall\u00f3 ya madurada para el Cielo. Su muerte fue causa de un duelo general en todo el pa\u00eds. Estos pormenores, conservados por la tradici\u00f3n, est\u00e1n confirmados por la conferencia del Sr. de Horgny sobre las virtudes de esta estimada difunta, tenida en la Casa Madre el 17 de Febrero de 1661. La Casa Central de Varsovia posee esta conferencia manuscrita en lengua francesa: la escritura es muy antigua, y la traducci\u00f3n polaca es de la misma \u00e9poca. Una de las \u00faltimas Hermanas que ha-blaron de una manera m\u00e1s edificante de sus virtudes, dice: \u00abO\u00ed decir a personas venidas de Polonia que Sor Margarita se desviv\u00eda por servir a los pobres, que despu\u00e9s de asistir y enterrar a muchas v\u00edctimas de la epidemia, ella contrajo el mal de que muri\u00f3; estas personas me dec\u00edan que todos sintieron mucho su muerte; que en todo el pa\u00eds, y sobre todo en Varsovia, se lloraba su p\u00e9rdida como suelen llorar los hu\u00e9rfanos la muerte de su madre. Durante su vida se la miraba como una santa; en las horas destinadas a la oraci\u00f3n se le ve\u00eda de rodillas, con las manos juntas, orando con gran fervor; hasta o\u00ed decir que estando a\u00fan en el mundo ya sab\u00eda hacer oraci\u00f3n mental.\u00bb Otra Hermana a\u00f1ade: \u00abPon\u00eda especial cuidado en aprovechar bien el tiempo, procuraba cumplir su oficio con diligencia para poder ayudar a otras Hermanas que las ve\u00eda sobrecargadas, y siempre estaba dispuesta para todo lo que mandaban los Superiores.\u00bb Nuestro digno Director termin\u00f3 as\u00ed su conferencia: \u00ab\u00a1Ah, Hermanas m\u00edas, las virtudes de esta amada difunta est\u00e1n escritas en el libro de la vida! Yo admiro su fortaleza y su santo celo, con que fue tan lejos para servir a los pobres por amor de Dios. Es verdad que todas vosotras est\u00e1is dispuestas para ir a cualquiera Casa que la obediencia os designe; mas Sor Margarita fue a un pa\u00eds extranjero asolado por la guerra. \u00a1Qu\u00e9 ardiente deseo de asistir a los apestados, olvid\u00e1ndose de s\u00ed misma y muriendo en su asistencia! \u00a1Oh Dios m\u00edo, ella es una m\u00e1rtir! Es verdad que no ha derramado su sangre, pero ha expuesto su vida por amor de Nuestro Se\u00f1or, hallando la muerte en el servicio de las v\u00edctimas que quer\u00eda salvar. \u00a1Por medio de este verdadero martirio, su alma ha ido directamente al Cielo! \u00a1Aunque joven todav\u00eda, pues no ten\u00eda mas que treinta y siete a\u00f1os de edad, ya su alma era perfecta y santa! Dios la ha llamado a S\u00ed, porque \u00c9l no cuenta los a\u00f1os, pasados en la tierra, sino la fidelidad a su vocaci\u00f3n de Hija de la Caridad, que ha juzgado digna de recompensa. \u00a1Qu\u00e9 alma tan her-mosa! \u00a1Ella comenz\u00f3 aqu\u00ed viviendo entre nosotros, y ha terminado felizmente su carrera entre tantos trabajos y tan lejos de nosotros! Imit\u00e9mosla en todo, para que despu\u00e9s de trabajar bien en la vi\u00f1a del Se\u00f1or recojamos consoladores frutos de vida eterna. \u00a1Las almas fieles, despu\u00e9s de los trabajos de este mundo gozar\u00e1n de la gloria en el Cielo!<br \/>\n2.\u00b0 Sor Magdalena Drugeon era hija de un comerciante de Par\u00eds que la amaba tiernamente. Aunque buen cristiano, emple\u00f3 todos los medios para hacerla abandonar su vocaci\u00f3n; hasta le prometi\u00f3 que la dejar\u00eda despu\u00e9s plena libertad para ingresar en cualquiera otra Comunidad; prefer\u00eda verla en un convento de clausura antes que en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad. Todos sus esfuerzos fueron vanos. Escogida para la Misi\u00f3n de Polonia, parti\u00f3 con alegr\u00eda, muy contenta por substraerse por este medio a las instancias de su familia. Apreciaba mucho su vocaci\u00f3n y pose\u00eda su esp\u00edritu; la regla era vida piadosa y laboriosa; jam\u00e1s perd\u00eda un minuto de tiempo; a pesar de tener poca salud, trabajaba mucho; ning\u00fan obst\u00e1culo la arredraba, porque era de gran coraz\u00f3n. De mucha capacidad, y al mismo tiempo virtuosa, reemplazaba a Sor Moreau cuando estaba ausente; de este modo la peque\u00f1a Comunidad nunca se hall\u00f3 abandonada, ni tampoco expuesta a relajarse alg\u00fan tanto su regularidad y buen esp\u00edritu que deb\u00eda animarla, ni el servicio de los pobres sufri\u00f3 alg\u00fan detrimento. Cuando falleci\u00f3 Sor Moreau, se temi\u00f3 que su muerte la impresionase mucho, hasta el punto de que el Superior de los Misioneros la propuso si quer\u00eda volverse a Francia. \u00abEso no\u2014contest\u00f3 ella;\u2014conviene morir donde la obediencia nos env\u00ede\u00bb. No estuvo enferma m\u00e1s que ocho d\u00edas y vio venir con alegr\u00eda su \u00faltima hora; las Hermanas que la rodeaban estaban tan conmovidas, que derramaban l\u00e1grimas al oirle hablar con tan dulce serenidad hasta su \u00faltimo suspiro. Durmi\u00f3 en el Se\u00f1or el 3 de Febrero de 1671. La conferencia manuscrita sobre sus virtudes, predicada por el Sr. Gicquel en la Casa Madre el 25 de Mayo de 1671, se conserva en la Casa Central de Varsovia. Una de las Hermanas que la hab\u00eda conocido en Par\u00eds, refiri\u00f3 el hecho siguiente: \u00abEl hermano de Sor Magdalena, a fuerza de reiteradas instancias, obtuvo permiso de los Superiores para que fuese a ver a su padre, que se hallaba gravemente enfermo. Antes de llegar a la casa paterna vio por la ventana a su padre que se paseaba por la habitaci\u00f3n; al instante retrocedi\u00f3, diciendo a su hermano que ella ten\u00eda permiso para ver a su padre enfermo en el lecho, pero que como ya, gracias a Dios, se encontraba bien, no era necesaria su visita. Al volver a casa dio gracias a Nuestro Se\u00f1or por haberla librado de la prueba a que hab\u00edan querido someterla, pues todo aquello no hab\u00eda sido m\u00e1s que una estratagema de su hermano para no dejarla volver m\u00e1s a la Comunidad.\u00bb Sor B\u00e1rbara Bailly, que fue su compa\u00f1era en Varsovia por espacio de siete a\u00f1os, preguntada por el se\u00f1or Director, contest\u00f3: \u00ab\u00a1Oh, Padre! Todo el tiempo que permanecimos juntas observ\u00e9 en ella una gran paciencia en sus enfermedades; a pesar de tener poca salud, era muy trabajadora, siendo preciso vigilar mucho para que no tomase dos \u00f3 tres veces al d\u00eda trabajos demasiado fuertes; en estos casos sol\u00eda contestar: \u00abUn buen soldado debe morir \u201econ las armas en la mano.\u00bb Su mayor consuelo era seguir el trato com\u00fan y ser tratada en todo corno las dem\u00e1s. Procuraba cumplir fielmente y con gusto su oficio, que consist\u00eda en instruir las ni\u00f1as y prepararlas para la Sagrada Comuni\u00f3n: \u00e9sta era su mayor felicidad.<br \/>\nSiempre empleaba \u00fatilmente el tiempo; observaba la regla con gran fidelidad, siguiendo con la mayor exactitud todo lo que prescribe el orden del d\u00eda. No era amiga de conversar con los externos; antes siempre andaba recogida, y durante sus labores comunes se entreten\u00eda gustosamente con las hermanas, teniendo siempre para contar alguna cosa edificante, lo cual estimaban en gran manera las Hermanas de Polonia. Cuando se la ped\u00eda alguna advertencia, respond\u00eda siempre con mucha sencillez.\u00bb<br \/>\nEl Sr. Gicquel resumi\u00f3 la conferencia en estos t\u00e9rminos:<br \/>\n\u00abOh, amadas Hermanas, qu\u00e9 consuelo se experimenta al ocuparse de una vida como esta! Esta amada difunta- tuvo todas las se\u00f1ales de una verdadera vocaci\u00f3n de Hija de la Caridad. Ved, si no, cu\u00e1nto no hizo su padre para hacerla salir de la Compa\u00f1\u00eda, prefiriendo verla en cualquiera otra parte. Ella manifest\u00f3 un gran desprecio del mundo, de las riquezas y honores, prefiriendo el pobre h\u00e1bito de Hija de la Caridad, porque Nuestro Se\u00f1or la dio a conocer su predilecci\u00f3n por las almas que imitan su vida sobre la tierra, sacrific\u00e1ndose por la salvaci\u00f3n de las almas. Una vez que ya perteneci\u00f3 a la Comunidad, \u00a1con qu\u00e9 firmeza procur\u00f3 adelantar en la virtud! Procuremos que su ejemplo confirme en su vocaci\u00f3n a aquellas que se sientan tentadas a abandonarla. Dios la escogi\u00f3 para la nueva fundaci\u00f3n de Polonia con otras dos. \u00a1Oh, con qu\u00e9 alegr\u00eda abandon\u00f3 la Francia para verse lejos de sus parientes y conocidos! Ni la guerra ni la peste fueron bastantes a arredrarla; antes, por el contrario, quiso morir all\u00ed donde la obediencia le hab\u00eda enviado. \u00a1Oh, amadas Hermanas; si dese\u00e1is ver un milagro hecho por una Hija de la Caridad, la vida santa como la de \u00e9sta de que nos estamos ocupando es uno y no peque\u00f1o! \u00a1Ah, Dios m\u00edo, qu\u00e9 alma tan hermosa! \u00a1A cu\u00e1ntas j\u00f3venes ha sacado del infierno y las ha conducido al Cielo! Aqu\u00ed, entre nosotros, podemos decirlo sin dudar: era una santa; una virgen, que se sacrifica al servicio de los pobres, que obra siempre con esp\u00edritu de humildad y caridad, que es afable en el trato con sus compa\u00f1eras: ved aqu\u00ed el modelo de una verdadera Hija de la Caridad; imitadla.\u00bb<br \/>\n3.\u00bb Sor Francisca Douelle, la m\u00e1s joven de las tres Hermanas enviadas a Varsovia: aunque su energ\u00eda y fortaleza no igualaban a la de sus dos compa\u00f1eras, en el principio de su misi\u00f3n no fue menor su m\u00e9rito, por haber tenido que sufrir mucho para perseverar en el camino que la Providencia le hab\u00eda trazado. De car\u00e1cter vivo, atormentada por la nostalgia, muchas veces manifest\u00f3 el deseo de volver a Francia; en momentos de enfado ejercit\u00f3 varias veces la paciencia de sus dos compa\u00f1eras; pero nunca lleg\u00f3 hasta el punto de turbar la paz y la uni\u00f3n de la peque\u00f1a familia, ni que se trasluciese al exterior y fuese impedimento para el bien que estaban llamadas a producir. Jam\u00e1s se olvidaba en esta peque\u00f1a familia la m\u00e1xima de la Venerable funda-dora: \u00abDebemos honrar a la Sant\u00edsima Trinidad con la grande uni\u00f3n que debe reinar entre nosotras, teniendo mucha deferencia para no contradecirnos, antes bien condescender las unas con las otras cuanto podamos en nuestras conversaciones.\u00bb D\u00f3cil a las advertencias que le hicieron nuestro Santo Padre y la V. Madre, que aun le escribi\u00f3 uno \u00f3 dos d\u00edas antes de contraer la \u00faltima enfermedad, ella supo llevar con resignaci\u00f3n y paciencia estos contratiempos, permaneciendo fiel en su puesto sin volver a su patria.<br \/>\nSiempre sacrificada en el servicio de los pobres, llenaba de satisfacci\u00f3n a la Reina, que la encargaba de visitarlos. Habiendo renunciado a todo por seguir generosamente en pos de Jes\u00fas crucificado y para conseguir la perfecci\u00f3n que se exige de una Hija de la Caridad, se abraz\u00f3 fuertemente con la regla, con los ejercicios de piedad y con los usos de la Compa\u00f1\u00eda. Sobrevivi\u00f3 algunos a\u00f1os a sus dos compa\u00f1eras, aprendi\u00f3 perfectamente la lengua polaca, era muy activa, y alg\u00fan tiempo despu\u00e9s, en calidad de ec\u00f3noma, prest\u00f3 grandes servicios a la naciente Provincia, cuando la Reina dot\u00f3 el Instituto de San Casimiro, haci\u00e9ndole donaci\u00f3n de los bienes de Pechery y Runow, en lo que se ocup\u00f3 desde entonces muy particularmente.<br \/>\nLo que sabemos por la tradici\u00f3n es confirmado por los actos oficiales, su nombre y figura. Sobre el original del acto de erecci\u00f3n del Hospital del Esp\u00edritu Santo, en 1684, se ve\u00eda su firma: Sor Francisca Douelle, ec\u00f3noma.<br \/>\nSe aclimat\u00f3 tan bien en aquel pa\u00eds, que se la cre\u00eda polaca de origen; y hasta su mismo nombre se populariz\u00f3 tanto, que se le di\u00f3 una terminaci\u00f3n como si fuera del pa\u00eds, lla-m\u00e1ndola vulgarmente Sor Francisca Duelska.<br \/>\nEstos apuntes sobre la tradici\u00f3n conservada en Varsovia prueban claramente que nuestras Hermanas Margarita Moreau, Magdalena Drugeon y Francisca Douelle, escogidas por nuestros prudentes Fundadores para la primera Misi\u00f3n extranjera, correspondieron plenamente a su confianza: son seguramente las \u00abtres piedras fundamentales\u00bb de la Provincia de Polonia, puestas por San Vicente y la Venerable Luisa de Marillac. Si tuvieron algunos defectos inseparables de la fragilidad humana, tuvieron tambi\u00e9n la humildad necesaria para recibir los paternales consejos, dando con esto pruebas inequ\u00edvocas de la prudencia propia de los hijos de Dios, que saben aprovecharse de sus mismas faltas para labrar su santificaci\u00f3n. De este modo atrajeron las bendiciones del Cielo sobre la obra que la Providencia les hab\u00eda confiado, asegurando as\u00ed su duraci\u00f3n y fecundidad.<br \/>\n***<br \/>\nPara completar estos rasgos hist\u00f3ricos sobre los primeros a\u00f1os de la Provincia de Polonia, a\u00f1adimos con gusto que una de las \u00faltimas bendiciones que di\u00f3 San Vicente sobre la tierra a sus amados hijos fue para esta humilde rama de su familia; diez d\u00edas antes de morir, 16 de Septiembre de 1660, bendijo a tres de sus hijas escogidas para Varsovia, que aquel mismo d\u00eda se iban a poner en marcha. Debemos admirar los designios de la Providencia en la elecci\u00f3n de la que iba a reemplazar a Sor Margarita Moreau, la cual durmi\u00f3 el sue\u00f1o del Se\u00f1or en el momento mismo en que la nueva colonia iba a dejar a Francia. \u00c9sta era Sor B\u00e1rbara Bailly, que hab\u00eda vivido muchos a\u00f1os al lado de la Venerable Fundadora, que le hab\u00eda asistido en su \u00faltima enfermedad y hab\u00eda aprendido sus ense\u00f1anzas de los mismos labios del Se\u00f1or Vicente y de la Sra. Le- Gras, que, seg\u00fan las Hermanas contempor\u00e1neas, \u00abno abr\u00eda su boca sino para hablar lo que hab\u00eda o\u00eddo decir y visto hacer a nuestros venerables Fundadores\u00bb. \u00bfQui\u00e9n mejor que ella pod\u00eda poner los fundamentos del Seminario \u00f3 Casa de formaci\u00f3n en este lejano pa\u00eds \u00e9 inculcar a la primera Provincia extranjera el esp\u00edritu de su estado? De este modo se han conservado indelebles en esta Provincia, transmitidos de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, los pormenores que ella daba sobre la vida, virtudes, ense\u00f1anzas y sobre los \u00faltimos momentos de la Venerable Madre Luisa de Marillac.<br \/>\nLas dos compa\u00f1eras de viaje de Sor Barbar\u00e1 Bailly fueron Sor Catalina Boucher y Sor Catalina Gouy. En las instrucciones que San Vicente les remiti\u00f3 dice expresamente: Os hemos enviado y enviamos al presente a la ciudad de Varsovia para satisfacer el deseo de la Reina, con el objeto de que viv\u00e1is seg\u00fan los usos de nuestro Instituto como se observan en Francia, bajo la conducta y direcci\u00f3n del Sr. Guillermo Desdames, Superior de los Sacerdotes de nuestra Congregaci\u00f3n en Polonia&#8230;..\u00bb Siempre se ha considerado al Sr. Desdames como primer Director de la Provincia de Varsovia, pues al constituirle Director San Vicente podemos decir que puso el sello a la organizaci\u00f3n de esta Provincia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ahora nos resta decir algunas palabras sobre cada una de las tres Hijas de la Caridad escogidas por San Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac para la misi\u00f3n de Polonia. 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