{"id":130360,"date":"2015-03-06T08:13:30","date_gmt":"2015-03-06T07:13:30","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=130360"},"modified":"2016-07-26T17:27:20","modified_gmt":"2016-07-26T15:27:20","slug":"un-perfil-heroico-santa-luisa-de-marillac-12","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/un-perfil-heroico-santa-luisa-de-marillac-12\/","title":{"rendered":"Un perfil heroico: santa Luisa de Marillac (12)"},"content":{"rendered":"<p>\u00ab&#8230;ni se enciende la luz<br \/>\npara ponerla debajo de un celem\u00edn,<br \/>\nsino sobre un candelero,<br \/>\na fin de que alumbre a todos los de la casa.\u00bb<br \/>\n(Mat., V.)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/04\/louise-marillac.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-140652\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/04\/louise-marillac-300x248.jpg?resize=300%2C248\" alt=\"OLYMPUS DIGITAL CAMERA\" width=\"300\" height=\"248\" \/><\/a>29 de noviembre de 1633. Tres o cuatro hermanas est\u00e1n bajo la direcci\u00f3n de la se\u00f1orita Legras, en la casa situada cerca de la iglesia de San Nicol\u00e1s. Hab\u00eda nacido una nueva obra: la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad. En 1643, despu\u00e9s de diez a\u00f1os de ejercicios caritativos, la nueva Compa\u00f1\u00eda pedir\u00e1 una autorizaci\u00f3n para establecerse, cosa que no parec\u00eda necesaria cuando, en 1633, no se trataba m\u00e1s que de que algunas Siervas de los Pobres pudieran ayudar a las Damas en el servicio de los enfermos.<\/p>\n<p>Luisa forma a sus hijas en las m\u00e1s recias virtudes. Con una doctrina austera, viva y penetrante, les presenta el cuadro completo de su vida de Hijas de la Caridad:<\/p>\n<p>\u00abHay que estar dispuestas siempre\u2014les dec\u00eda\u2014a trabajar por Dios cuando a \u00c9l le plazca ocuparnos en su servicio. Prestas a dar y a darse, prestas a recibir las ense\u00f1anzas y a asimilarlas, prestas a quedar noche y d\u00eda al servicio de los pobres enfermos, prestas a ayudarles en todos sus deseos, prestas a ir siempre a buscar a los pobres, en las horas precisas o en cualquier tiempo.\u00bb<\/p>\n<p>Y en otra ocasi\u00f3n les inculcaba la verdadera humildad evang\u00e9lica que deb\u00edan practicar en sus empleos:<\/p>\n<p>\u00abDeb\u00e9is pensar siempre, hijas m\u00edas, que est\u00e1is sujetas a todos, que sois las \u00faltimas de todas, que no ten\u00e9is ninguna autoridad, y as\u00ed deb\u00e9is creerlo. En cuanto a las Damas de la Caridad, deb\u00e9is rendirles siempre vuestro respeto. En ellas honrar\u00e9is a las madres de vuestros se\u00f1ores los pobres.\u00bb<\/p>\n<p>La santa previsi\u00f3n de Luisa en el importante punto de la admisi\u00f3n de las j\u00f3venes que hab\u00edan de formar la Peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda no est\u00e1 dejada al azar. Pueden espigarse, de entre la correspondencia de Luisa, las condiciones que requiere de sus hijas para entregarlas al servicio de los pobres. Nada m\u00e1s equivocado que pensar que los santos fundadores hubiesen confundido la sencillez con la mediocridad. Vicente y Luisa velaron siempre para que dicha virtud fuese el distintivo de las hermanas, sea que \u00e9stas provinieran de las aldeas o que fuesen hijas de familias distinguidas de la corte francesa. Por almas sencillas entend\u00edan almas fuertes y vigorosas, capaces de trabajar sin otra mira en el servicio de los pobres que la de agradar exclusivamente a Dios, con verdadero esp\u00edritu evang\u00e9lico. Adem\u00e1s, esta virtud de la sencillez iba unida a la uniformidad de costumbres de todas las hermanas que formaban la Compa\u00f1\u00eda naciente, lo cual las pon\u00eda a cubierto de ciertas distinciones sociales que hubieran enfriado la caridad.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que Luisa exig\u00eda de las nuevas aspirantes a la Compa\u00f1\u00eda que fuesen personas capaces de trabajar en ella con cuerpo sano y alma grande; ni las admit\u00eda sin averiguar en lo posible los pormenores de la vida que hab\u00edan llevado.<\/p>\n<p>\u00abTenemos gran deseo de tenerlas con nosotras\u2014dice refiri\u00e9ndose a dos de ellas\u2014, pero preferimos, ante todo, que las que vengan a la Compa\u00f1\u00eda sean buenas.\u00bb<\/p>\n<p>Por tanto, pide que se presenten a ella antes de la admisi\u00f3n, y, no conforme con esta visita, requiere una m\u00e1s larga experiencia, no content\u00e1ndose \u00fanicamente con palabras que manifiesten el deseo que tienen de darse a la Compa\u00f1\u00eda, sino m\u00e1s bien con los hechos de una vida entregada por completo a su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>No le interesan en absoluto aquellas que \u00fanicamente desean pertenecer a las Hijas de la Caridad \u00abpara venir a Par\u00eds\u00bb, sin voluntad de servir a Dios ni de perfeccionarse. Si faltaran estas dos condiciones las aspirantes deber\u00edan salir de la peque\u00f1a casa de San Nicol\u00e1s, y dejar la compa\u00f1\u00eda de las otras hermanas.<\/p>\n<p>Antes de admitir a dos determinadas postulantes pide a la persona que se las env\u00eda \u00abque pruebe mucho a las mismas en el cuerpo y en el esp\u00edritu, pues sab\u00e9is\u2014dice\u2014que la delicadeza, tanto del uno como del otro, no nos son propias\u00bb.<\/p>\n<p>Al hablar aqu\u00ed Santa Luisa de delicadeza de esp\u00edritu no se refiere a aquella exquisita formaci\u00f3n que ella quer\u00eda para sus hijas, sino a una actitud imaginariamente piadosa, d\u00e9bilmente l\u00e1nguida, que no sirviera en absoluto para la vida fuerte que hab\u00edan de llevar en la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>\u00abLa humildad, la sencillez y el amor a la santa humanidad de Jesucristo\u2014dec\u00eda\u2014forman el esp\u00edritu de las Hijas de la Caridad; la mansedumbre, la cordialidad y el sufrimiento deben ser su ejercicio.\u00bb<\/p>\n<p>Una de las cartas de Santa Luisa, escrita el 10 de febrero de 1660, el mismo a\u00f1o de su preciosa muerte, es muy significativa en cuanto a la espiritualidad que requiere de sus hijas. Viene a desmentir las afirmaciones de ciertas almas que, cegadas por espejismos atrevidos, dogmatizan sobre la falta de vida interior en las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Ciertos esp\u00edritus, a quienes parece incompatible la perseverancia en una vida interior con las tareas propias, a veces absorbentes, de las Hijas de la Caridad, deben o\u00edr las palabras de Santa Luisa:<br \/>\n\u00abEn la Compa\u00f1\u00eda hacen falta esp\u00edritus bien hechos y que deseen la perfecci\u00f3n de los verdaderos cristianos, j\u00f3venes que quieran morir a ellas mismas por la mortificaci\u00f3n y el renunciamiento, para que el esp\u00edritu de Jes\u00fas est\u00e9 en ellas y les d\u00e9 la perseverancia en este modo de vida todo espiritual, aunque sea de continuas acciones exteriores, que parecen bajas a los ojos humanos, pero que son grandes ante Dios y sus \u00e1ngeles.\u00bb<\/p>\n<p>La fundaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda, llevada a cabo en pleno siglo XVII, ven\u00eda a renovar la misi\u00f3n caritativa de la Tercera Orden franciscana en el siglo XIV, cuyas funciones desaparecieron en la Iglesia en los tiempos anteriores al siglo de San Vicente. Estas obras de caridad y las de los Hospitalarios de Laval hab\u00edan cesado, por lo que la decisi\u00f3n de servir a los pobres a domicilio constituy\u00f3 en el siglo XVII una verdadera revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Que tales hermanas constitu\u00edan una porci\u00f3n nueva en la Iglesia de Dios lo prueba la opini\u00f3n del procurador general de Par\u00eds, a quien Luisa se dirigi\u00f3 a los diecisiete a\u00f1os de la fundaci\u00f3n del Instituto. El procurador no desaprueba sus proyectos, pero le dice \u00abque es una empresa sin ejemplo en los anales de la Iglesia\u00bb. No era extra\u00f1o que obispos, sacerdotes y magistrados careciesen de experiencia sobre la calidad de la nueva obra. Una fundaci\u00f3n en cualquiera de las di\u00f3cesis de Francia era siempre motivo de largas explicaciones ante las autoridades religiosas y civiles, sobre la \u00edndole del nuevo Instituto que se hab\u00eda creado.<\/p>\n<p>En el panorama de la vida religiosa de entonces no cab\u00edan con tal denominaci\u00f3n las Hijas de la Caridad. La condici\u00f3n de religiosas las habr\u00eda hecho desaparecer de las casas de los pobres, y, en caso de pervivencia de la Compa\u00f1\u00eda, \u00e9sta ser\u00eda obligada a completa clausura. De ah\u00ed que tanto San Vicente como Santa Luisa impriman en sus hijas las respuestas que, sobre la naturaleza de la Compa\u00f1\u00eda, han de dar a los se\u00f1ores obispos que las interroguen:<\/p>\n<p>\u00abSi os preguntan si sois religiosas les dir\u00e9is que no, por la gracia de Dios, lo cual no significa que estim\u00e9is en menos, o que no estim\u00e9is mucho a las religiosas; mas que, si lo fuereis, habr\u00edais de ser claustradas, y, por tanto, habr\u00eda que decir adi\u00f3s al servicio de los pobres. Decidles que sois pobres Hijas de la Caridad, que os hab\u00e9is dado a Dios para servirle en los pobres y en los enfermos.\u00bb<\/p>\n<p>As\u00ed lo afirmaba tambi\u00e9n Santa Luisa al prelado de Vaux:<\/p>\n<p>\u00abHe visto dos o tres veces al se\u00f1or vicario para decirle que nosotras no somos m\u00e1s que una familia secular, y que, unidas conjuntamente a la Cofrad\u00eda de la Caridad, tenemos a Vicente de Pa\u00fal, general de estas Cofrad\u00edas, por nuestro director.\u00bb<\/p>\n<p>Y tres meses antes de su muerte Luisa escrib\u00eda a Vicente:<\/p>\n<p>\u00abAlgunos esp\u00edritus demasiado sutiles de la Compa\u00f1\u00eda tienen alguna repugnancia por esta denominaci\u00f3n, y no quisieran \u00e9sta, sino la de Sociedad o Comunidad. Me tomo la libertad de decir que esta denominaci\u00f3n de Compa\u00f1\u00eda o Cofrad\u00eda nos es esencial y podr\u00eda ayudar mucho a nuestra firmeza para no innovar nada, puesto que significa para nosotros estado secular, y que, habi\u00e9ndonos dado la Providencia el de Compa\u00f1\u00eda, nos ense\u00f1a que debemos vivir regularmente, observando las reglas que hemos recibido\u00bb.<\/p>\n<p>Las autoridades, la opini\u00f3n p\u00fablica, los c\u00edrculos sociales adonde llegaba noticia de la fundaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad fueron, en general, simpatizantes con la obra emprendida. En algunas ocasiones. sin embargo, desconfiaron obstinadamente de la labor de las hermanas. Las vacilaciones en torno a las Hijas de la Caridad duraron m\u00e1s de veinte a\u00f1os, necesarios para triunfar de todas las resistencias, de las objeciones del Parlamento franc\u00e9s y de las inquietudes que exist\u00edan por parte del clero.<\/p>\n<p>Gracias a las sabias y firmes precauciones de Vicente y Luisa una nueva corriente de vida religiosa vino a establecerse en la Iglesia. Lo que hasta entonces hab\u00eda parecido una contradicci\u00f3n vino a realizarse: la vida interior de una actividad exterior ininterrumpida.<\/p>\n<p>Esta forma de vida, a la que Luisa de Marillac se consagra completamente, abre un nuevo campo de apostolado a la mujer de su siglo. En las avanzadas de esta hermosa corriente de santificaci\u00f3n de las almas a ella le corresponde el puesto de honor, porque lo conquist\u00f3 con el ejemplo de su vida.. Es cierto que las evoluciones de la sociedad hubieran dado, a su tiempo, la paralela evoluci\u00f3n de la Iglesia, sociedad perfecta. Mas es de admirar la suma prudencia de Santa Luisa, que, pulsando con mano delicada, pero segura, los resortes de las posibilidades de su siglo, supo mantener a sus hijas en un estado perfectamente compatible con los empleos de caridad cerca de los pobres.<\/p>\n<p>Desde hace algunos a\u00f1os la Santa Sede muestra un gran inter\u00e9s hacia ciertas asociaciones cat\u00f3licas cuyos objetivos son diversos, y que no son en s\u00ed ni Congregaciones religiosas ni sociedades de vida com\u00fan. Sus miembros viven en el mundo y practican en \u00e9l los consejos evang\u00e9licos, d\u00e1ndose por entero al apostolado social. Es interesante comprobar que, tres siglos antes de que estos Institutos seculares fueran fundados, Luisa de Marillac inaugur\u00f3 una vida toda entregada a Dios en el servicio del pr\u00f3jimo,, en medio del mundo, del cual no separa a sus hijas, lanz\u00e1ndolas en plena batalla, donde exista una miseria que aliviar, en el cuerpo o en el esp\u00edritu,<\/p>\n<p>Esta concepci\u00f3n pod\u00eda parecer atrevida, aunque hoy es una forma normal de vida dentro de las actividades propias de la Iglesia. La previsi\u00f3n de los fundadores, que en el modo de formar a las Hijas de la Caridad era propia de Luisa, iba respaldada con la firme seguridad de que tal obra no hab\u00eda surgido por un deseo de implantar una nueva familia en la Iglesia de Dios, sino precisamente siguiendo los sabios trazos de la providencia, que hab\u00eda escrito con su propia mano las principales l\u00edneas de aquella renovaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hubiera sido de temer una intromisi\u00f3n personal, humana, en los asuntos divinos. Pero si Dios iba manifestando su voluntad para seguir adelante en la hermosa floraci\u00f3n de la caridad, Vicente de Pa\u00fal, el hombre de la exquisita prudencia, y Luisa de Marillac, su \u00edntima colaboradora, que beb\u00eda en el mismo esp\u00edritu evang\u00e9lico las ense\u00f1anzas, no hac\u00edan sino seguirlas sencillamente La f\u00f3rmula vicenciana para las Hijas de la Caridad es ampliamente religiosa, audazmente renovadora. Las hermanas, seg\u00fan San Vicente, hab\u00edan de tener<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; por monasterio, las casas de los enfermos; por celda, una habitaci\u00f3n de alquiler; por capilla, la iglesia de la parroquia; por claustro, las calles de la ciudad y las salas de los hospitales; por clausura, la obediencia; por rejas, el temor de Dios, y por velo, la santa modestia.\u00bb<\/p>\n<p>Hermoso programa que asegurar\u00eda de por s\u00ed una vida perfectamente conforme al esp\u00edritu religioso. Luisa de Marillac, al pedir para sus hijas una denominaci\u00f3n nueva, llam\u00e1ndolas seculares, no ataca en absoluto a la integridad del esp\u00edritu religioso; antes bien, reafirm\u00e1ndolo con nuevos motivos, aviv\u00e1ndolo con la caridad, le brinda un ancho campo donde ejercer el celo por la gloria de Dios que, indudablemente, brota del alma que lo ama. No era sospechosa la innovaci\u00f3n, porque estaba vinculada a dos santos.<\/p>\n<p>\u00abTenernos nosotras\u2014dice Luisa&#8211;un claustro del cual ha de sernos tan dif\u00edcil salir como a las religiosas del suyo; porque si \u00e9ste es un recinto cercado con muros, el nuestro es la santa obediencia, que debe ser siempre la regla de nuestros deseos y acciones.\u00bb<\/p>\n<p>Luisa, alma exquisita, forjada en el temple de lo divino, hab\u00eda buscado a Dios hasta encontrarlo pleno, desbordante de amor, en la compa\u00f1\u00eda de los peque\u00f1as, de los humildes y de las siervas de \u00e9stos, las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Las avanzadas de aquella labor apost\u00f3lica, pre\u00e1mbulo hermos\u00edsimo de la moderna caridad, no se polarizaron en un sentido determinado, exclusivo y cerrado. La ambici\u00f3n de tender al bien es un motor poderos\u00edsimo para el alma que ama; es el ambiente en que vive y en el que solamente puede ser feliz. Un alma santamente apost\u00f3lica siente dentro de s\u00ed la vibrante llamada que la impele a llevar el nombre de Dios a los confines del mundo.<\/p>\n<p>Si trat\u00e1semos de enumerar las m\u00faltiples actividades a que Luisa de Marillac dedic\u00f3 los mejores a\u00f1os de su vida; si, aplicados a escuchar los sentimientos de esta alma perfectamente evang\u00e9lica, vi\u00e9semos su bello proceder en las m\u00faltiples obras de caridad, desbordar\u00eda el patr\u00f3n humano que tenemos trazado pata calibrar las almas santas. Basta leer Lis para percibir, en una s\u00edntesis acabada, todo un vasto programa de caridad, trazado a grandes rasgos, universalmente aplicable, viviente hoy, propio para todos los tiempos. Pero este hermoso panorama de caridad, esta armon\u00eda que nos hace ver las dimensiones que puede alcanzar un alma cuando se entrega al amor de Dios, sirvi\u00e9ndole en el pr\u00f3jimo, no ser\u00eda suficiente para juzgar en toda su plenitud la de nuestra santa.<\/p>\n<p>Existen personas capaces de sintetizar grandes obras, de concebir magnos proyectos, sobre los que derraman una luz brillante y capaz de cautivar los esp\u00edritus. Pero a estas grandes concepciones, a esa vasta caridad, se unen en Luisa las atrayentes facetas de lo peque\u00f1o, del detalle, tanto m\u00e1s precioso cuanto m\u00e1s rico en sus matices. De ah\u00ed que re\u00fana en su figura todas las bellas condiciones de los esp\u00edritus abiertos a las grandes empresas, a la vez que fecundos en la pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Los peque\u00f1os detalles que se desgranan de sus escritos, las menudas observaciones de los bi\u00f3grafos, los testimonios de las hermanas que la conocieron, hacen ver en ella, junto al alma entregada completamente a Dios, capaz de abarcar con miradas de gigante las m\u00e1s atrevidas concepciones de caridad, un coraz\u00f3n vertido a las menores iniciativas para el buen servicio de aquellos pobres a quienes ella hab\u00eda hecho voto de consagrarse por entero.<\/p>\n<p>Sin perder la santa ecuanimidad de su esp\u00edritu, guiada siempre en sus determinaciones por aquel que era para ella el representante de Dios, est\u00e1 dedicada completamente a la formaci\u00f3n de sus hijas, al cuidado de su competencia profesional cada vez m\u00e1s diversificada, y, al mismo tiempo, a captar los nuevos medios y las pr\u00e1cticas m\u00e1s convenientes de caridad.<\/p>\n<p>Su previsi\u00f3n es tan extraordinaria, tan bienhechora, que abarca desde las recias virtudes evang\u00e9licas que quiere ver florecer en sus hijas hasta la sencilla manera de proporcionar una taza de caldo a un enfermo, cuidadosamente, amorosamente, con el mismo esp\u00edritu de fe que si Cristo doliente fuera a recibirla de sus manos.<\/p>\n<p>El reglamento que da a las primeras hermanas es sencillo a la vez que \u00fatil, brotado de las m\u00e1s genuinas fuentes del Evangelio.<\/p>\n<p>\u00abNos hace falta\u2014dice\u2014tener siempre ante los ojos a nuestro modelo, que es la vida ejemplar de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, a cuya imitaci\u00f3n somos llamadas, no solamente como cristianas, sino como escogidas por \u00c9l para servirle en la persona de los pobres.\u00bb<\/p>\n<p>Experimenta un gran deseo, el gran deseo de su coraz\u00f3n: la santidad personal de cada una de sus hijas, la pureza del coraz\u00f3n libre aun de las m\u00ednimas ligaduras que pudieran sujetarlo a las cosas de este mundo, pronto siempre a emprender todos los trabajos por la mayor gloria de Dios.<\/p>\n<p>As\u00ed pod\u00eda pensar \u00fanicamente una persona que se hab\u00eda dado a la ocasi\u00f3n, que estaba convencida de su nada, penetrada completamente de la obra de Dios en ella. He aqu\u00ed el poder de sus palabras y de sus obras. Si Luisa no hubiera sido un alma interior sus obras, por el propio peso de su consistencia humana, hubieran degenerado en vagos alardes de filantrop\u00eda.<\/p>\n<p>La filantrop\u00eda del siglo, la filantrop\u00eda de los derechos del hombre nacido bueno pero corrompido por la sociedad; la filantrop\u00eda que m\u00e1s tarde habr\u00eda de ser la propia del ate\u00edsmo o de la Diosa Raz\u00f3n. Hay, sin embargo, una filantrop\u00eda amiga del Evangelio, de acuerdo con la caridad que no ha sido deformada y nace de ese fondo de bondad que el Creador deposita en el coraz\u00f3n del hombre. Esta filantrop\u00eda, bajo los rayos del sol divino, puede producir frutos para el para\u00edso. Adem\u00e1s, el amor del hijo por el padre, del esposo por la esposa, pueden asemejarse a lo sublime. Pero, si lucha la filantrop\u00eda con la caridad, \u00e9sta, que viene del cielo, tiene su triunfo seguro.<\/p>\n<p>La divina osad\u00eda con que Luisa midi\u00f3 la extensi\u00f3n de la caridad hizo que exigiera de sus hijas la misma altura de miras, que se esforzara por hacerlas conscientes de la grandeza de su vocaci\u00f3n. Para ello ciment\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda s\u00f3lidamente. Sab\u00eda que la pobreza es el rico tesoro del reino de los cielos, y por eso la exigi\u00f3 desde un principio como columna y fundamento del edificio de la Peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda. Si \u00e9sta se dedicaba al servicio de los pobres era una consecuencia razonable que permaneciera siempre pobre. La pr\u00e1ctica de la virtud de la pobreza hab\u00eda de ser para sus hijas principio esencial de su vocaci\u00f3n, puesto que la diversidad de sus empleos las pon\u00eda en contacto con las damas de la alta sociedad, peligro ante el cual deb\u00edan permanecer siempre en guardia.<br \/>\nAquellas hermanas que hab\u00edan de ir de los grandes palacios de los ricos a los m\u00edseros tugurios necesitaban tener un coraz\u00f3n tan desprendido de los bienes de este mundo que las riquezas pasaran por sus manos sin otro contacto con ellas que el suave calor de caridad que les imprimieran antes de saciar las necesidades de los desgraciados.<\/p>\n<p>Interna en el se\u00f1orial colegio de Poissy, pensionista en una modesta casa de Par\u00eds, esposa, madre, ten\u00eda una experiencia de las cosas de la vida que hab\u00eda de ayudarle grandemente cerca de las hermanas. Las instruye en las curas de los enfermos, y al propio tiempo les dice que, cuando sean llamadas para acudir a su lado, sean afables con ellos, les hablen con toda dulzura, inform\u00e1ndose despu\u00e9s por los familiares sobre circunstancias particulares de su enfermedad; les indica los peque\u00f1os remedios y su aplicaci\u00f3n, reglamentando con exquisito cuidado todo lo concerniente al servicio de los pobres.<\/p>\n<p>Y en esta selecci\u00f3n de virtudes pr\u00e1cticas que requiere de sus hijas, en una frase que recuerda otra muy parecida de San Vicente, Luisa les exige el respeto debido a todo el mundo.<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; a los pobres\u2014dice\u2014porque son nuestros amos, a los ricos porque nos dan los medios para hacer el bien a los pobres.\u00bb<\/p>\n<p>Del mismo modo quiere para sus hijas una sencillez muy lejana de la pretensi\u00f3n de querer parecer m\u00e1s entendidas de lo que son, recomend\u00e1ndoles que:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; La costumbre de tratar a los enfermos y lo que hab\u00e9is aprendido de los m\u00e9dicos no os vuelvan demasiado atrevidas, no haci\u00e9ndoles caso en lo que ordenen y desobedeciendo a las \u00f3rdenes que se os pudieran dar&#8230; \u00bfQu\u00e9 tenemos que no se nos haya dado? \u00bfY qu\u00e9 sabemos que no nos haya sido ense\u00f1ado?\u00bb<\/p>\n<p>La sabia prudencia de nuestra santa hab\u00eda captado hasta qu\u00e9 extremo puede santificarse un alma, pero tambi\u00e9n a cu\u00e1ntos peligros se hallaba expuesta aun lanz\u00e1ndose puramente por amor de Dios al ejercicio de la caridad. Por ello, nada m\u00e1s necesario a la naciente Compa\u00f1\u00eda que tener unas reglas que fueran la norma de una vida tan rica en posibilidades. El aprecio que las Hijas de la Caridad hicieran de su vocaci\u00f3n vendr\u00eda indicado en funci\u00f3n del que hicieran de sus reglas. Pero un motivo m\u00e1s que nos inclina a la admiraci\u00f3n de este alma privilegiada es ver que, en \u00edntima colaboraci\u00f3n con San Vicente, no dio a sus hijas una regla preestablecida, sino que, una vez que se hab\u00eda hecho experiencia de lo que era la vida de las hermanas, esta misma vida, ya practicada santamente por Hijas de la Caridad que hab\u00edan ido a recibir la corona de sus trabajos en el cielo, fue escrita para que la siguieran las que iban a venir a la Compa\u00f1\u00eda en el transcurso de los siglos.<br \/>\nBien sab\u00edan que con tal proceder evitar\u00edan despu\u00e9s la adaptaci\u00f3n de un reglamento prefabricado, m\u00e1s o menos asequible a la pr\u00e1ctica. El que dieron a las hermanas estaba perfectamente de acuerdo con la realidad de sus vidas, porque, gracias a \u00e9l, sin formas equ\u00edvocas y sin ilusiones frustradas, las Hijas de la Caridad hab\u00edan aprendido a vivir y a morir en la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Vicente, al ver esta edificante emulaci\u00f3n, comentaba ilusionado a las Damas de la Caridad las palabras de sor Andrea en su lecho de muerte:<\/p>\n<p>\u00abA una pregunta que yo le hice\u2014refer\u00eda San Vicente\u2014sor Andrea me respondi\u00f3: \u2014No, no tengo ninguna pena, ning\u00fan remordimiento, si no es el de haber sentido demasiado contento al servir a los pobres. Y como yo le preguntase: \u2014Hija m\u00eda, \u00bfy no hay nada en el pasado que os haga temer los juicios de Dios? \u2014No, se\u00f1or, nada; si no es que he sentido demasiada satisfacci\u00f3n cuando iba por las aldeas a ver a esas buenas gentes; me parec\u00eda que volaba, tal era la alegr\u00eda que ten\u00eda al servirlos.\u00bb<\/p>\n<p>Testimonio luminoso el de la hora de la muerte. Si Vicente de Pa\u00fal y Luisa vieron partir para el cielo a algunas de sus hijas en plena juventud, y lloraron su p\u00e9rdida, la grandeza de una muerte tan sencilla, tan santa, no pod\u00eda menos de ser una se\u00f1al de predestinaci\u00f3n eterna para aquellos que guiaban sus almas al ejercicio de las obras de mise-ricordia en una total consagraci\u00f3n.<br \/>\nLuisa de Marillac, con el esp\u00edritu en Dios, adivinaba lejos, en el transcurso de los siglos, la posteridad gloriosa de la Compa\u00f1\u00eda. La ve\u00eda reflejada en la santa muerte de sus hijas, necesaria semilla de nuevas vocaciones. Su alma contemplaba sin velo las verdades eternas cuando Vicente de Pa\u00fal, junto al lecho de una hermana que agonizaba, y que hab\u00eda pertenecido a una distinguida familia, pregunt\u00f3 a la moribunda:<\/p>\n<p>\u00abHija m\u00eda, \u00bfqu\u00e9 preferir\u00edais haber sido durante vuestra vida, una gran dama o una Hija de la Caridad?<\/p>\n<p>Oh Padre m\u00edo\u2014dijo la hermana\u2014, Hija de la Caridad, Hija de la Caridad!&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Luisa dilataba su alma pensando en que hab\u00eda sido destinada por la divina Providencia para Madre de la Peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda en la que ve\u00eda crecer, como flores destinadas para el sublime martirio de la caridad, las almas de sus hijas. Qued\u00e1bale presenciar la expansi\u00f3n formidable de la caridad.<\/p>\n<p>Desde 1652 las primeras Hijas de la Caridad parten para Polonia, y la solicitud de Luisa las seguir\u00e1 hasta el fin de su vida en pa\u00eds extranjero. Esta epopeya, que nadie hab\u00eda previsto, tuvo por causa el matrimonio de Luisa Mar\u00eda de Gonzaga, duquesa de Nevers, con Ladislao IV, viudo de Cecilia Renata de Austria, que ocupaba el trono de Polonia, a quien plugo elegir en Francia su futura esposa, ofreci\u00e9ndole con su mano la corona de aquel reino.<\/p>\n<p>Luisa Mar\u00eda de Gonzaga formaba parte de las Cofrad\u00edas de la Caridad y secundaba a Vicente de Pa\u00fal y a la se\u00f1orita Legras, sobre todo en el auxilio de los pobres del Hospital General, lo mismo que lo hab\u00edan hecho Carlota de Montmorency, madre del gran Cond\u00e9; Mar\u00eda de Orleans, la duquesa de Nemours, y la marquesa de Combalet, m\u00e1s tarde duquesa de Aiguillon, y otras damas no menos c\u00e9lebres. El matrimonio de Luisa Mar\u00eda se celebr\u00f3 por procuraci\u00f3n, y la reina se puso en camino seguidamente para Polonia. Tres a\u00f1os despu\u00e9s mor\u00eda Ladislao IV. Su hermano y sucesor, Juan Casimiro, ofreci\u00f3, a su vez, a Luisa Mar\u00eda su mano y su corona.<\/p>\n<p>Dos veces consagrada reina de Polonia, Luisa Mar\u00eda de Gonzaga, que guardaba en su coraz\u00f3n una profunda gratitud y una admiraci\u00f3n sin l\u00edmites hacia Vicente de Pa\u00fal, le pidi\u00f3 que enviara a su pa\u00eds de adopci\u00f3n a los padres de la Misi\u00f3n, a las Hijas de la Caridad y a las Salesas, de las que era rector. As\u00ed es como la se\u00f1orita Legras ve partir en 1652 para Europa Central a tres de sus hijas: sor Margarita Moreau, sor Magdalena Drugeon y sor Francisca Drouelle. Vicente de Pa\u00fal las hace venir la v\u00edspera de la partida. El peque\u00f1o discurso de despedida nos ha llegado escrito por la mano de Luisa. Documento de gran valor que nos hace ver el esp\u00edritu del santo fundador traducido por la pluma de la cofundadora:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Cu\u00e1n pocas mujeres y j\u00f3venes son llamadas a hacer el bien espiritual y corporal del cual vosotras recib\u00eds hoy la misi\u00f3n! Esta fue en otros tiempos la de un San Francisco Javier. \u00a1Oh qu\u00e9 gran vocaci\u00f3n la vuestra, hacer crecer a Jesucristo en este nuevo reino, en el que la fe est\u00e1 en peligro! \u00a1Qu\u00e9 gracia la de vuestra vocaci\u00f3n! \u00a1Qui\u00e9n la pudiera expresar! No pueden hacerlo los \u00e1ngeles, \u00fanicamente podr\u00eda hacerlo Dios. Suplico a su bondad que os d\u00e9 las grandes bendiciones que se extienden, no del Oriente al Occidente, sino del tiempo a la eternidad, para haceros avanzar de virtud en virtud.\u00bb<\/p>\n<p>Ya hab\u00eda Hijas de la Caridad en toda Francia y en Polonia. Ahora las reclamaban desde Madagascar, donde los padres de la Misi\u00f3n hab\u00edan puesto su primera casa en 1648.<\/p>\n<p>\u00abSe os llama de todas partes\u2014dec\u00eda Vicente en 1655\u2014y tengo pena por no poder satisfacer a las personas que os piden, tan pronto como ellas desean&#8230; En Madagascar nuestros padres nos instan para que os mandemos, a fin de ayudarles a conquistar las almas. Me dicen los padres que ellos creen que \u00e9ste ser\u00eda el medio para que los del pa\u00eds reciban la luz de la fe; que se podr\u00eda hacer un hospital para los enfermos y una casa de educaci\u00f3n para instruir a las j\u00f3venes. Disponeos, hijas m\u00edas&#8230;, hay cuatro mil quinientas leguas, y hacen falta seis meses para hacerlas. Disponeos, hijas m\u00edas, y daos a Dios para ir adonde a \u00c9l le plazca.\u00bb<\/p>\n<p>Estaban dispuestas, con toda seguridad, las Hijas de Vicente y de Luisa. Hac\u00eda falta que estuviesen prestas a ir por el mismo camino, siguiendo las huellas de los santos fundadores, las del renunciamiento total, que conduce a la alegr\u00eda perfecta. \u00ab\u00bfQu\u00e9 queremos, en cualquier lugar que estemos, puesto que tenemos a Dios con nosotras? Estemos, pues, en la alegr\u00eda\u00bb, pod\u00edan ellas responder al presente, tomando las palabras de Luisa de Marillac.<\/p>\n<p>\u00ab&#8211;\u00bfEst\u00e1is, pues, dispuestas a ir a cualquier parte, sin excepci\u00f3n?<br \/>\n\u2014S\u00ed, padre m\u00edo\u2014hab\u00edan respondido a la vez todas las siervas de los pobres.\u00bb<\/p>\n<p>Este era para los santos fundadores, en medio de los disgustos y de los sufrimientos, gran consuelo, alegr\u00eda profunda y objeto de acci\u00f3n de gracias por el pasado. Al mismo tiempo, pod\u00edan mirar con serenidad, en la limpidez de aquellas almas, el futuro glorioso de la Peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00ab&#8230;ni se enciende la luz para ponerla debajo de un celem\u00edn, sino sobre un candelero, a fin de que alumbre a todos los de la casa.\u00bb (Mat., V.) 29 de noviembre de 1633. 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