{"id":130026,"date":"2014-03-24T08:51:34","date_gmt":"2014-03-24T07:51:34","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=130026"},"modified":"2016-07-26T19:18:54","modified_gmt":"2016-07-26T17:18:54","slug":"ultimas-fundaciones-ii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/ultimas-fundaciones-ii\/","title":{"rendered":"\u00daltimas fundaciones (II)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><i><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/desde-la-casa-santa-luisa\/cartel-52\/\" rel=\"attachment wp-att-129798\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-129798\" alt=\"cartel\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/02\/cartel.jpg?resize=252%2C239\" width=\"252\" height=\"239\" \/><\/a>St.-Fargeau<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luisa de Marillac estaba convencida de que la Compa\u00f1\u00eda era noticia para la sociedad de Francia y para la Iglesia. Las ped\u00edan, a veces, suplicantes, obispos, nobles y la misma reina. Sin embargo, Luisa se sinti\u00f3 emocionada, casi halagada, cuando la <i>Grande Demoi\u00adselle <\/i>le pidi\u00f3 Hijas de la Caridad para un hospital que pensaba levantar en St.-Fargeau.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ana Mar\u00eda Luisa de Orleans, duquesa de Montpensier, La Grande Demoiselle, como se la llamaba, era nieta de Enrique IV, sobrina de Luis XIII y prima de Luis XIV. Hija \u00fanica de Gaston de Orleans, hered\u00f3 de su madre, Mar\u00eda de Borbon-Montpensier, una in\u00admensa fortuna. Era una princesa pretenciosa, su virtud igualaba a su ambici\u00f3n que era mu\u00adcha. So\u00f1\u00f3 casarse con su primo Luis XIV, 11 a\u00f1os menor que ella. Este matrimonio no entraba en los planes de Ana de Austria ni de Mazarino; parece que, por venganza, la prin\u00adcesa se puso perdidamente en manos de la Fronda. En la batalla de la Puerta de St.-An\u00adtoine, cuando Cond\u00e9 derrotado estaba a punto de caer prisionero de Turena, la princesa mand\u00f3 disparar el ca\u00f1\u00f3n de la Bastilla contra las tropas reales y abrir las puertas para que Cond\u00e9 se refugiara en Par\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Terminada la Fronda, el 21 de octubre recibi\u00f3 una orden de destierro a su castillo de St.-Fargeau. Aqu\u00ed, descubri\u00f3 que el lugar ten\u00eda \u00abgran necesidad de socorros espirituales y corporales\u00bb, y le pidi\u00f3 a Luisa, Hijas de la Caridad. Durante muchos meses, Luisa no se las pudo enviar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En 1657, Ana Mar\u00eda Luisa de Orleans fue perdonada y pudo volver a Par\u00eds. Un d\u00eda de marzo, la condesa de Brienne volvi\u00f3 a pedir Hermanas de parte de la princesa. Esta vez, las necesidades del lugar, la \u00abdisposici\u00f3n\u00bb de la princesa y, seguramente, la intercesi\u00f3n de la condesa de Brienne, Dama de la Caridad, lograron que Luisa accediese. Con autorizaci\u00f3n del superior Vicente, esa misma primavera, dos Hijas de la Caridad sa\u00adlieron para St.-Fargeau. Su misi\u00f3n era llevar una escuela y atender a los enfermos de un hospital; San Vicente a\u00f1adi\u00f3 visitar a los enfermos de los alrededores en sus casas. La duquesa de Montpensier escribe en sus Memorias: \u00abFui a pasar las navidades (de 1657) a St.Fargeau. Llegu\u00e9 al d\u00eda siguiente, y all\u00ed, pas\u00e9 feliz tres o cuatro d\u00edas, pues dediqu\u00e9 un tiempo a recorrer el edificio y encontrar alguna cosa terminada en su interior siempre que voy. [Esta vez] encontr\u00e9 terminado el hospital que no lo estaba cuando sal\u00ed, y establecidas a las Hijas de la Caridad que hab\u00eda hecho venir de Par\u00eds\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las Hijas de la Caridad impresionaron de tal manera que a los pocos meses \u00abun gran n\u00famero de muchachas deseaban entrar en la Compa\u00f1\u00eda\u00bb. No nos extra\u00f1a la respuesta que dio Luisa a esta cuesti\u00f3n, es propia de una santa: hay que dudar de unas vo\u00adcaciones tan generalizadas. Pero s\u00ed nos admira que sea ella y no San Vicente quien con\u00adcretice las se\u00f1ales de una vocaci\u00f3n divina, y sorprende m\u00e1s a\u00fan que se las env\u00ede al H\u00b0 Du\u00adcourneau para que San Vicente se las remita a las Hermanas. Y la sorpresa es m\u00e1xima cuan\u00addo vemos que Vicente de Pa\u00fal las asume, las copia casi literalmente y las env\u00eda a St-Far\u00adgeau como norma para discernir la vocaci\u00f3n de una Hija de la Caridad:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las Hijas de la Caridad no son religiosas que se encierran en un hospital, sino que continuamente van a buscar a los enfermos a cualquier lugar en horas precisas, ha\u00adga el tiempo que haga;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se visten y se alimentan muy pobremente, sin ponerse nunca nada sobre la cabe\u00adza, a no ser una peque\u00f1a cofia de tela en alguna gran necesidad;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al venir a la Compa\u00f1\u00eda, no deben tener m\u00e1s intenci\u00f3n que la de servir a Dios y al pr\u00f3jimo;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Es preciso vivir con una mortificaci\u00f3n continua de cuerpo y de esp\u00edritu;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Deben tener la voluntad de observar exactamente todas las reglas y especialmente obedecer sin replicar;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Aunque sepan que salen por Par\u00eds, no les est\u00e1 permitido visitar a cualquier cono\u00adcido sin permiso;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Es preciso que tengan [dinero] para el viaje y para el primer h\u00e1bito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En diciembre, pidieron refuerzos. Tambi\u00e9n, se los ped\u00edan desde La F\u00e9re y la duquesa de Ventadour para sus tierras de Ste-Marie-du-Mont o para hacer otra fundaci\u00f3n en St\u00adPierre-du-Mont, tambi\u00e9n en Normandia. Desde el interior de la Compa\u00f1\u00eda, algunas Her\u00admanas le ped\u00edan para que las enviara a Madagascar. La se\u00f1orita Le Gras encerrada en su habitaci\u00f3n de la Casa canalizaba y consultaba, es decir, se preocupaba por los pobres y por la Compa\u00f1\u00eda. Siempre, hab\u00eda sido as\u00ed, pero ahora, ten\u00eda 66 a\u00f1os. Aument\u00f3 una m\u00e1s en St.-Fargeau y en La F\u00e9re, pero no envi\u00f3 ninguna a St-Pierre-du-Mont. Su amiga la du\u00adquesa de Ventadour no se enfad\u00f3, porque se las dio para sus tierras de Ussel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><i>Ussel<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Mar\u00eda de la Guiche, duquesa de Ventadour, era hija de Claudio Maximiliano, maris\u00adcal de St-G\u00e9rant y conde de la Palice, y de su segunda esposa Susana aux Epaules. Hab\u00eda nacido en 1623. Por parte de su madre, le correspond\u00eda el castillo y las tierras de Ste.-Ma\u00adrie-du-Mont en Normand\u00eda. En 1645, se hab\u00eda casado con Carlos de Devis, duque de Ven\u00adtadour. Al enviudar en 1649, asumi\u00f3 el ducado de Ventadour en el Limusin, cuya capital era Ussel a 400 <a href=\"http:\/\/kms.al\/\">kms. al<\/a> sur de Par\u00eds. Dama de la Caridad, extremadamente piadosa, pro\u00adyect\u00f3 llevar Hijas de la Caridad a Ussel. Propuso crear un seminario interno para las j\u00f3\u00advenes del sur que desearan ser Hijas de la Caridad. Pero fue rechazado por el Consejo de Par\u00eds. Ciertamente, aunque a\u00f1os atr\u00e1s se hab\u00eda discutido en un Consejo la necesidad de establecer un Seminario para las postulantes del sur de Francia, los fundadores no consi\u00adderaron apropiada la ciudad de Ussel, porque no hab\u00eda all\u00ed una casa de misioneros pa\u00fales. Tampoco, la ocasi\u00f3n se consider\u00f3 oportuna ya que no dispon\u00edan de suficientes Hermanas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La negativa no desanim\u00f3 a la duquesa. Lo que ella pretend\u00eda era tener Hijas de la Caridad en Ussel. Y as\u00ed, cambi\u00f3 la idea de un seminario por la de un hospital y la visita a los en\u00adfermos pobres en sus casas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El lunes 13 de mayo de 1658, salieron para Ussel, Sor Ana Hardemont y Sor Eduvi\u00adgis Vigneron. La v\u00edspera, como era costumbre, las despidi\u00f3 San Vicente con una pl\u00e1tica. La copi\u00f3 Santa Luisa. Ya en la introducci\u00f3n, la santa, intuitivamente, anot\u00f3 que Sor Ana acept\u00f3 a disgusto y expuso por dos veces que estaba d\u00e9bil de salud. Por intuici\u00f3n, Luisa daba el aviso de que algo iba a salir mal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al llegar a Ussel, las Hermanas se desplomaron. Era un pa\u00eds de costumbres raras y has\u00adta desagradables; el est\u00f3mago rechazaba las comidas; el hospital no exist\u00eda y ni siquiera estaba instituida la fundaci\u00f3n; los enfermos que necesitaban de las Hijas de la Caridad eran pocos. A esto, se un\u00eda la desuni\u00f3n entre las dos Hermanas. La sensaci\u00f3n de estar en un pa\u00eds remoto les dio la convicci\u00f3n falsa de haber sido destinadas por Santa Luisa tan lejos para deshacerse de ellas. Las cartas a San Vicente y a Santa Luisa, llenas de quejas y pi\u00addiendo nuevo destino, se suced\u00edan r\u00e1pidas; m\u00e1s al superior que a la se\u00f1orita, por conside\u00adrarla la culpable de su destino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Estaba de Dios que Luisa no pod\u00eda desprenderse de la cruz ni en la vejez, y la recibi\u00f3 sin quejarse. Era un dolor agrio porque ninguna de las dos Hermanas quer\u00eda escribirle co\u00admo una muestra de su rechazo; era tambi\u00e9n un dolor penetrante porque Sor Ana Harde\u00admont era compa\u00f1era suya desde los primeros a\u00f1os de la fundaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda y la quer\u00eda. Con una pena viva, Luisa les escrib\u00eda como si no supiera su enfado, las anima a vivir como Hijas de la Caridad y las consuela en su dolor, pero las corrige tambi\u00e9n en sus fallos con una serenidad de mujer santa. Son cartas, espejo del mal de su vida. En ellas, intenta llevar a su querida Sor Ana a la espiritualidad profunda y un tanto complicada que llev\u00f3 ella en su juventud repleta de dolor. Le habla del designio de Dios, del abandono en la voluntad divina, del desprendimiento e indiferencia, del puro amor y de la santidad. El se\u00f1or Vicente, sin embargo, sali\u00f3 en su defensa. Les escribe cartas serias, casi duras; in\u00adtenta convencerlas de su envidiable labor en favor de los pobres, en la elecci\u00f3n de Dios para ese destino, pero sobre todo, intenta convencerlas de que la Se\u00f1orita las ama y las es\u00adtima. En\u00e9rgicamente, protesta porque en sus cartas la tratan con descaro. San Vicente co\u00adnoc\u00eda la cruz de su dirigida y le dol\u00eda que sufriera aquella inocente mujer, saturada conti\u00adnuamente de dolor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La crisis y las dificultades duraron largos meses. A finales de 1659, parece que las dos Hermanas se van serenando. La sopa con aceite no la encuentran ya tan repugnante, el o\u00ed\u00addo se va acostumbrando al acento limusin, la gente, aunque ignorante, es \u00abmuy buena, d\u00f3\u00adcil y educada\u00bb. Ha desaparecido la desuni\u00f3n y ha brotado una amistad sincera. Sor Ana, elogiada enfermera, trabaja de forma excelente de casa en casa. S\u00f3lo, permanece una som\u00adbra: hay pocos enfermos. Cuando en agosto de 1660, despu\u00e9s de la muerte de Santa Lui\u00adsa, es llamada a Par\u00eds, Sor Eduvigis la ensalza y llora la separaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><i>Calais<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En una carta del 10 de agosto de 1658, San Vicente consuela a Sor Ana de una ma\u00adnera curiosa: \u00abDebe agradecer a Dios la elecci\u00f3n que su Providencia ha hecho de usted para ir a Ussel, pues si hubiera estado aqu\u00ed, se la habr\u00eda enviado a Calais, a donde la reina nos ha ordenado enviar a cuatro Hermanas para asistir a los heridos del ej\u00e9rcito. Todas han ca\u00eddo enfermas y dos han muerto\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sor Ana ya conoc\u00eda la desaz\u00f3n de los hospitales militares, pues hab\u00eda servido en dos, anteriormente, pero el hospital de Calais fue horroroso. Despu\u00e9s de la derrota de Valen\u00adciennes, que dio origen al hospital de La F\u00e9re, Mazarino se espant\u00f3 de llegar a una paz con Espa\u00f1a en clara desventaja. Se acerc\u00f3 a Inglaterra y el 3 de marzo de 1657, firma\u00adron un tratado de alianza, renovado el 28 de marzo de 1658: Inglaterra y Francia se com\u00adpromet\u00edan a apoderarse de los puertos de Gravelinas para los franceses y Dunquerque pa\u00adra Inglaterra. La guerra se recrudeci\u00f3 en Flandes espa\u00f1ol, hoy el norte de Francia. Las batallas continuas agilizaron el cerco de Dunquerque y de Calais que cayeron en poder de Francia despu\u00e9s de la batalla de las Dunas (14 de junio de 1658). Mazarino entreg\u00f3 Dunquerque a Inglaterra como lo hab\u00edan pactado. Si ya la alianza de un cardenal de la Iglesia cat\u00f3lica y ministro de la monarqu\u00eda francesa con el protestante y regicida Crom\u00adwell hab\u00eda escandalizado a muchos franceses, la entrega de una ciudad cat\u00f3lica a los he\u00adrejes ingleses horroriz\u00f3 a la Curia Romana. Luisa de Marillac no dice nada de todo esto; de lo que s\u00ed habla es del enorme n\u00famero de heridos y del hero\u00edsmo m\u00e1rtir de las Hijas de la Caridad que fueron a curarlos. Ten\u00eda motivos. El solo nombre de soldados produ\u00adc\u00eda espanto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luisa, aunque contemplativa, ten\u00eda una sensibilidad excepcional para conocer la vida. La vida siempre estuvo a su lado como una persona que la configuraba. Esta vez, sinti\u00f3 que en lo hondo del ser humano de sus hijas hab\u00eda miedo y debilidad; miedo a los peli\u00adgros, a la lejan\u00eda, a la soledad y al abandono. Cuando lleg\u00f3 el momento de escoger a las Hijas de la Caridad que ir\u00edan a Calais, escogi\u00f3 a cuatro Hermanas probadas y de garant\u00eda: Francisca Manseau, Margarita M\u00e9nage, Mar\u00eda Paulet y Claudia Muset. Salieron a finales de junio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La labor que hicieron en un mes admir\u00f3 a heridos y a directores. Los calores generaron en el hospital una epidemia que caus\u00f3 m\u00e1s muertos que la guerra misma. Tambi\u00e9n, caye\u00adron enfermas las cuatro Hermanas, \u00abcon las armas en la mano\u00bb, dir\u00e1 Santa Luisa (c.646). Dos murieron. Nos lo cuenta Sor Mar\u00eda Poulet con un dolor triste y un estilo popular:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00abDesde Calais, a 3 de agosto de 1658. Viva Jes\u00fas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se\u00f1orita, querid\u00edsima madre,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Yo la saludo en el amor de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, y al se\u00f1or Vicente y al se\u00ad\u00f1or Portail y a nuestras queridas Hermanas a las que pido que pidan a Dios por no\u00adsotras en nuestras enfermedades. Dudamos mucho que usted sepa la muerte de dos de nuestras Hermanas, que son Sor Francisca [Manceau] y Sor Margarita [M\u00e9na\u00adge]. Y en cuanto a nosotras, Sor Claudia [Muset] hace ya tres semanas que est\u00e1 en cama, y yo, ocho d\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Mucho me asombro de que no nos haya escrito desde nuestra salida [de Par\u00eds]. Creo que Dios me aflige por todos los lados; primero priv\u00e1ndonos de sus noticias, y [segundo] con la muerte de mis Hermanas. Sepa que el se\u00f1or de Saint-Jean ha mandado sacarnos del hospital para ponernos en la ciudad, a causa del contagio del hospital. Se\u00f1orita, haga saber al se\u00f1or Vicente que desde la marcha del se\u00f1or de Saint-Jean, los padres capuchinos de Calais, que tienen el cuidado del hospital, son quienes escuchan nuestras confesiones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">De nuevo, la saludo, querid\u00edsima madre. Le ruego que se acuerde de m\u00ed en sus oraciones. Le ruego tambi\u00e9n que haga saber mi enfermedad a la se\u00f1orita Bricart, que es mi hermana de leche, y que ella se lo haga saber a su madre. Querid\u00edsima madre, le env\u00edo una carta de Sor Margarita que escribi\u00f3 un d\u00eda antes de morir y que prohibi\u00f3 que la viera nadie m\u00e1s que el se\u00f1or Vicente o el se\u00f1or Portail.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Les pido perd\u00f3n al se\u00f1or Vicente, al se\u00f1or Portail, y a usted, mi querid\u00edsima madre, y a todas las Hermanas. Sor Francisca nos encarg\u00f3 mucho que, sobre todo, le comuniquemos su muerte a su hermano, que vive en Richelieu, para que pida a Dios por ella. Tiene usted la obligaci\u00f3n de contestarnos tan pronto como reciba es\u00adta carta, porque yo ya le he escrito varias veces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Toda nuestra vida, permaneceremos y seremos, querid\u00edsima madre, siempre sus obedientes servidoras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sor Mar\u00eda Poulet, Sor Claudia indignas Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ya no impresiona, porque ha sido una constante en los papeles que desempe\u00f1aron ca\u00adda uno de los dos fundadores, que las cartas, las peticiones o las quejas se las dirijan a Luisa y no a Vicente de Pa\u00fal. A ella, le dirige tambi\u00e9n una carta el capuchino, P. Cou\u00adlommiers, capell\u00e1n del hospital, conmovido del incre\u00edble sacrificio de aquellas mujeres de pueblo que, enfermas de muerte, tan s\u00f3lo ansiaban que, al estar \u00abprivadas de tan buena madre, tuvieran el consuelo de recibir una palabra de su mano\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hubo que enviar otras cuatro Hijas de la Caridad. Ni Luisa ni Vicente estaban con\u00advencidos de poder encontrarlas y que no se negaran. Estaba presente el rechazo que dos a\u00f1os antes hab\u00edan encontrado para ir a La F\u00e9re. Prefer\u00edan voluntarias, pero tan s\u00f3lo se ofre\u00adci\u00f3 una anciana en aquella \u00e9poca, \u00abde unos cincuenta a\u00f1os\u00bb<sup>87<\/sup> dice San Vicente: Sor En\u00adriqueta Gesseaume. Cuando Sor Enriqueta se present\u00f3 voluntaria al Superior, Vicente la hizo esperar un d\u00eda, con la ilusi\u00f3n que se presentaran otras m\u00e1s j\u00f3venes y m\u00e1s reflexivas que Sor Enriqueta, pero no se present\u00f3 nadie m\u00e1s. Al d\u00eda siguiente, volvi\u00f3 la precipitada pero generosa Enriqueta y tuvo que aceptarla el se\u00f1or Vicente. Ir\u00eda de Hermana Sirvien\u00adte; de las tres compa\u00f1eras que le dio, dos al menos, eran seminaristas, y una acababa de vestir el h\u00e1bito: Sor Mar\u00eda Cuny, Sor Francisca y Sor Juana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El mismo Vicente se admir\u00f3 y se disculp\u00f3 por enviar a unas seminaristas a una misi\u00f3n tan dif\u00edcil. En la charla con que las despidi\u00f3, intent\u00f3 convencerlas de la eficacia y de la naturalidad de tan singular <i>noviciado. <\/i>Comprendi\u00f3 la audacia de volver a enviar otras cua\u00adtro Hijas de la Caridad, como si las abandonara en medio de la muerte, y comprendi\u00f3 el esc\u00e1ndalo que causaba a las Hermanas:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00abMe parece o\u00edr a las Hermanas que aqu\u00ed se quedan dici\u00e9ndome: \u2014Pero, padre, \u00bfa d\u00f3nde van nuestras Hermanas? No hace mucho tiempo que vimos partir a otras cuatro; he aqu\u00ed, que una ha muerto [murieron dos] y las otras dos est\u00e1n enfermas y quiz\u00e1 hayan muerto tambi\u00e9n; \u00a1y ahora, usted manda otras cuatro en lugar de ellas, a las que quiz\u00e1s no volvamos a ver! \u00bfvamos a perder a nuestras Hermanas? \u00bfQu\u00e9 es lo que va a pasar con la Compa\u00f1\u00eda?\u00bb (Pl\u00e1tica de 4-8-1658).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El santo tambi\u00e9n ten\u00eda miedo y, por ello, admira a esas Hermanas que van voluntaria\u00admente, tal vez, a la muerte; al martirio, dice \u00e9l. Ese mismo d\u00eda por la ma\u00f1ana, hab\u00eda teni\u00addo con los misioneros una repetici\u00f3n de oraci\u00f3n tanto o m\u00e1s emotiva que la despedida que dio a las Hermanas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las cuatro Hermanas salieron encendidas en amor y cuando est\u00e1n a 100 kms. de Ca\u00adlais, una mujer les confirma la muerte de dos Hermanas y la enfermedad de las otras dos. Y Sor Enriqueta, que tantos problemas hab\u00eda causado en Nantes, escribe a la se\u00f1orita Le Gras, en nombre de las cuatro, que esta noticia, en vez de desanimarlas las hace \u00absufrir la impaciencia de no haber llegado ya para socorrer a las que quedan\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tambi\u00e9n, los seglares se asombraron por el sacrificio de aquella aventura. La reina mand\u00f3 levantar un recuerdo a las dos Hermanas que murieron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Curando a los enfermos, les lleg\u00f3 finales de septiembre en que ya no hab\u00eda casi heri\u00addos y se dispusieron a volver a Par\u00eds. Es a Luisa a quien escriben, le piden consejo y le comunican la situaci\u00f3n del trabajo y de cada Hermana. A primeros de octubre, hab\u00edan vuel\u00adto cuatro Hermanas, dos bastante enfermas. Sor Enriqueta se qued\u00f3 cuidando a Sor Clau\u00addia, enferma de un flujo en el vientre. En noviembre, todas hab\u00edan vuelto. Por un contrasentido humano, Luisa se sinti\u00f3 aliviada. Las necesitaba para <i>reforzar <\/i>otras comu\u00adnidades. Se lo hab\u00eda prometido a Sor B\u00e1rbara para Ch\u00f1teaudun y a las Hermanas de Chan\u00adtilly.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><i>Metz y La Salpetri\u00e9re<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por este mismo contrasentido, ten\u00eda la sensaci\u00f3n de faltarle Hijas de la Caridad. Pocos d\u00edas despu\u00e9s de enviar las cuatro \u00faltimas Hermanas a Calais, envi\u00f3 otras cuatro a Metz, que tan s\u00f3lo hac\u00eda diez a\u00f1os que pertenec\u00eda internacionalmente a Francia por el tratado de Westfalia, aunque de hecho, se la hab\u00eda anexionado en 1552 con el benepl\u00e1cito de Mau\u00adricio de Sajonia. Sajonia era protestante, lo mismo que sus duques electores, primero Juan y luego Mauricio. Aunque Metz, ciudad imperial y obispado aut\u00f3nomo, permanec\u00eda ca\u00adt\u00f3lica, los protestantes abundaban y de una manera activa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En el verano de 1657, la Corte se detuvo en 141etz. Ana de Austria qued\u00f3 impresiona\u00adda por el activismo de los luteranos. De vuelta en Par\u00eds, llam\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal y le en\u00adcarg\u00f3 que misionara la ciudad. Vicente se neg\u00f3 porque su Congregaci\u00f3n no misionaba ciu\u00addades-obispados. Le propuso, sin embargo, a los sacerdotes de la Conferencia de los Mar\u00adtes para dar la misi\u00f3n. La reina acept\u00f3 y en la cuaresma de 1658, la ciudad fue misiona da con grandes frutos, seg\u00fan San Vicente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con la misi\u00f3n, qued\u00f3 instituida la Cofrad\u00eda de la Caridad. Para ayudar a la Caridad \u2014como lo hac\u00edan en Par\u00eds\u2014 la reina pidi\u00f3 Hijas de la Caridad. El 26 de agosto, salieron para Metz cuatro Hijas de la Caridad. Como era costumbre, San Vicente las despidi\u00f3 con una conferencia un poco larga (26-8-1650). En la conferencia, hay un detalle que se debe resaltar: al final de la charla, la antigua noble no quiere que las Hermanas se alojen ni co\u00adman en casa del Presidente del Parlamento de Metz; el antiguo campesino, sin embargo, coincide en que no coman a la mesa del noble Presidente, pues ellas son pobres, pero en cuanto a dormir en su casa, conven\u00eda acceder, pues \u00abser\u00eda tener poca consideraci\u00f3n con unas personas que amaban mucho a la Compa\u00f1\u00eda\u00bb. \u00bfQu\u00e9 consecuencias aport\u00f3 Metz a la vida de Luisa? Aumentar el panel de preocupaciones. Aunque fue una comunidad tranquila y aunque no se conservan cartas de su intervenci\u00f3n, parece que la correspondencia no fue escasa, ya que tom\u00f3 amistad con la se\u00f1orita Maillette, dama de la se\u00f1ora <i>Fr\u00e9myn <\/i>esposa del Presidente del Parlamento de Metz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La Compa\u00f1\u00eda, la obra de Luisa y de su director Vicente de Pa\u00fal era un coraz\u00f3n enor\u00adme que extend\u00eda sus arterias por el norte de Francia hasta Polonia. Todav\u00eda, no daba vida a toda clase de pobres, pero poco le faltaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En la Casa, quedaba una Hermana que la hab\u00eda atosigado siendo Hermana Sirviente en Nantes y en Ch\u00e1teaudun. De las dos obras, tuvo que salir por desavenencias con los administradores. Era Sor Juana Lepeintre. Era de las antiguas de la Compa\u00f1\u00eda, pero que comenzaba a manifestar peque\u00f1as anormalidades sicol\u00f3gicas. Luisa intent\u00f3 rehabilitarla y la puso de Hermana Sirviente de otra compa\u00f1era en la Salpetri\u00e9re de Par\u00eds. A pesar de rechazar Vicente de Pa\u00fal hacerse cargo del Hospital General, no se opuso a que dos Hi\u00adjas de la Caridad sirvieran desde julio de 1657, a la mujeres recluidas en una de sus sec\u00adciones; eran mujeres marginadas: mendigas, prostitutas, vagabundas, etc. Ya no exist\u00edan pobrezas a las que no atendieran sus hijas, pensaba Luisa de Marillac.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><i>Cahors<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La Compa\u00f1\u00eda, ese coraz\u00f3n atendido por Luisa, no hab\u00eda llegado al sur de Francia. Si excluimos la fundaci\u00f3n de Ussel, para donde las hab\u00eda pedido la Dama de la Caridad, du\u00adquesa de Ventadour, las Hijas de la Caridad no eran conocidas en el sur de Francia. Tam\u00adpoco los superiores hab\u00edan atendido a las peticiones de los obispos del sur, aunque hac\u00eda a\u00f1os que dos las hab\u00edan pedido: Alain de Solminihac, amigo de san Vicente, y Francisco Fouquet hijo de la influyente Dama de la Caridad, Mar\u00eda Fouquet, y hermano de Nicol\u00e1s, superintendente de Finanzas. Monse\u00f1or Fouquet las ped\u00eda para su di\u00f3cesis de Adge, y al ser nombrado arzobispo de Narbona, para esta ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Solminihac las ped\u00eda para su di\u00f3cesis de Cahors, a unos 600 <span style=\"text-decoration: underline\"><a href=\"http:\/\/kms.al\/\">kms. al<\/a><\/span> sur de Par\u00eds, por los caminos destartalados de entonces. Las ped\u00eda para un hospital y un orfanato. Luisa se sinti\u00f3 apurada como nunca. Le dol\u00eda no poder atender prontamente la petici\u00f3n de un ami\u00adgo de su estimado padre<sup>91<\/sup>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con la lista de las Hermanas sobre la mesa, pudo encontrar a dos que dejar\u00e1n en buen lugar a Vicente de Pa\u00fal. Pero de nuevo, se vio obligada a repasar la lista, pues las Her\u00admanas no se encargar\u00edan del hospital sino del orfanato, \u00fanicamente. Se necesitaba una Her\u00admana que \u00absupiera leer, escribir y hacer labores\u00bb. No tuvo m\u00e1s remedio que sacar \u00abuna de los ni\u00f1os abandonados\u00bb que ten\u00eda tan dentro de sus entra\u00f1as. Con un afecto imborra\u00adble, le dice a su director: \u00abLa elecci\u00f3n de estas dos Hermanas nos afectar\u00e1 como si fueran m\u00e1s de cuatro; pero es preciso hacer este esfuerzo por muchas razones y la principal es la de las santas intenciones de usted\u00bb. Se lo dice con todo el afecto, pero a\u00f1ade con todo el realismo, que la Compa\u00f1\u00eda es pobre y que el obispo debe correr con los grandes gastos que conlleva un viaje tan largo. La experiencia la oblig\u00f3 a insinuar lo oportuno que ser\u00eda recibir el dinero antes de salir las Hermanas; con una finura delicada, concluye que as\u00ed las hermanas saldr\u00edan inmediatamente, pues \u00abel deseo que tengo de obedecerlo prontamente me empuja a prevenirlo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esto suced\u00eda en abril de 1657. En mayo, todo estaba preparado para la marcha de Sor Eduvigis Vigneron y de Sor Magdalena Riquet, la hermana que hab\u00eda sacado de los ex\u00adp\u00f3sitos, entendida en educaci\u00f3n y en cuentas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El orfelinato ya exist\u00eda. Lo dirig\u00edan dos mujeres capacitadas, en especial, una de ellas, cansadas sin embargo, escrib\u00eda el P. Cuissot al P. Portad, del trabajo, del alojamiento y de la espera larga de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Parece que para este orfanato, Luisa acomod\u00f3 un reglamento que les hab\u00eda dado \u00abuna buena viuda de Limoges que hab\u00eda estado en Par\u00eds con la se\u00f1orita Lestang\u00bb. Era un re\u00adglamento plagado de buenos prop\u00f3sitos, pero imposible de cumplir por lo amplio que era, lo exigente y lo detallista. Tambi\u00e9n, la acomodaci\u00f3n que hizo Luisa parece m\u00e1s para as\u00adpirantes a religiosas que para hu\u00e9rfanas. Ciertamente, era lo habitual en todos los orfeli\u00adnatos y pensionados. Luisa lo titula \u00abProyecto de un reglamento\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El 29 de mayo, Luisa redact\u00f3 una serie de avisos, seguramente, para dec\u00edrselos a las Hermanas antes de marchar y posiblemente, para que los leyeran a lo largo de un viaje tan mon\u00f3tono y cansino. Coinciden, si no son copias, con los que les hab\u00eda dado el superior Vicente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero en el momento de salir, Sor Magdalena desapareci\u00f3 repentinamente con todo el dinero del viaje. Luisa no se alter\u00f3, aunque sufriese. A sus 66 a\u00f1os, estaba desprendida ya de todo lo terreno y acostumbrada a cualquier suceso por desagradable que fuera. La san\u00adtidad se hab\u00eda apoderado de ella y su \u00fanico querer era agradar a la voluntad divina. Sor Maturina Gu\u00e9rin nos cuenta que \u00abno recordaba que Luisa se afligiera por ello ni que per\u00addiera la calma\u00bb. \u00danicamente, dijo, \u00abque Dios sab\u00eda lo que era mejor para el bien de la Compa\u00f1\u00eda\u00bb. No se hab\u00eda desprendido a\u00fan, sin embargo, del cari\u00f1o hacia su director. Su\u00adfri\u00f3 por \u00e9l, por la verg\u00fcenza que sentir\u00eda al \u00abfaltar a la palabra que hab\u00eda dado a un se\u00f1or [el obispo de Cahors] que esperaba tener a las Hermanas que hab\u00eda pedido y las esperaba desde hac\u00eda mucho tiempo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">De nuevo, se puso a repasar la lista de las Hermanas. Entre tanto, destin\u00f3 a Ussel a Sor Eduvigis Vigneron. Tard\u00f3 a\u00f1o y medio en encontrar otras dos que borraran el fracaso an\u00adterior y \u00abcontentaran a Monse\u00f1or de Cahors\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A primeros de noviembre de 1658, salieron para Cahors, Sor Luisa Boucher y Sor Adriana Plouvier, acompa\u00f1adas por el H\u00b0 Didolet destinado a Agen. El camino fue largo y retorcido: de Par\u00eds a Burdeos en diligencia, de Burdeos a Agen, unos 140 kms en bar\u00adcaza por el r\u00edo Garona, y de Agen a Cahors, unos 100 kms., \u00aba caballo de alquiler, [acom\u00adpa\u00f1adas] por un Hermano o por otra persona de confianza\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En Cahors, el trabajo fue duro e incesante. En el verano de 1659, el P. Fournier ped\u00eda una tercera Hija de la Caridad. Con esfuerzo, Luisa se desprendi\u00f3 de una y la envi\u00f3 el 12 de septiembre, junto con otras tres que iban a fundar la primera comunidad de Narbona.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con el env\u00edo de esta tercera Hermana a Cahors, Luisa encontr\u00f3, en cierto modo, la so\u00adluci\u00f3n a un problema que se le hab\u00eda presentado en La Flre. A la Hermana Sirviente, Sor Mar\u00eda Marta Trumeau la acusaron de no se sabe a ciencia cierta qu\u00e9. Parece que de ven\u00adder la ropa y uniformes que dejaban los soldados y emplear su importe en gastos de la co\u00admunidad, o tal vez, de exigir los haberes de las Hermanas, cosa que los administradores juraban haberlos pagado. Ciertamente, Sor Mar\u00eda Marta era inocente y las acusaciones, calumnias. Luisa la sac\u00f3 y la envi\u00f3 a Cahors, pero descorazonada, tuvo que desprenderse de su entra\u00f1able hija y secretaria Sor Maturina Gu\u00e9rin para Hermana Sirviente de La F\u00e9\u00adre. Inteligente, prudente y cari\u00f1osa, Sor Maturina pod\u00eda rehacer la fama de la comunidad. A ello, le ayud\u00f3 Luisa desde Par\u00eds con una carta repleta de consejos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La fundaci\u00f3n de Cahors nos aporta una de las ideas m\u00e1s originales de Luisa de Mari\u00adIlac: implicar a los misioneros pa\u00fales en la direcci\u00f3n espiritual de las Hijas de la Caridad como una parte esencial de su organigrama. Y lo m\u00e1s admirable, logr\u00f3 que Vicente de Pa\u00fal, al final de su vida, lo aceptase como lo mejor para la Compa\u00f1\u00eda. As\u00ed, el 4 de febre\u00adro de 1660, San Vicente escrib\u00eda al P. Dehorgny en Cahors:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00abHe animado al P. Fournier a esta nueva y peque\u00f1a ocupaci\u00f3n de asistir a las Hermanas a fin de aliviar al P. Cuissot [superior]. Digo aliviar y no descargar, es\u00adtimando que debe siempre, como superior de los misioneros, tener de las Herma\u00adnas el mismo cuidado que tiene de los seminaristas, y que aquellos que las instru\u00adyen, confiesan y dirigen, lo hagan seg\u00fan su parecer y no independientemente de \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">De acuerdo con esta carta, el P. Fournier pas\u00f3 Visita a la comunidad de Cahors y le en\u00advi\u00f3 el informe no a San Vicente sino a Santa Luisa de Marillac. El informe fue un golpe inesperado para Luisa. Indirectamente, la obligaba a revisar la espiritualidad de alguna de sus hijas, y a contar con la personalidad y la sicolog\u00eda de ciertas Hermanas Sirvientes:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00abPero Sor Mar\u00eda Marta \u2014dec\u00eda el informe\u2014 que no respira m\u00e1s que mortifica\u00adci\u00f3n, siente gran inclinaci\u00f3n a ser tratada como las hu\u00e9rfanas. Por eso, casi nunca come nada m\u00e1s que pan con muy poca carne, escogiendo siempre lo peor. Pero las otras [Hermanas], tomando este ejemplo como un reproche t\u00e1cito a su poca mortifi\u00adcaci\u00f3n, algunas veces, han querido imitarla, particularmente Sor Adriana, y como Sor Mar\u00eda Marta no siempre lo ha consentido, ha sido ocasi\u00f3n de alguna peque\u00f1a dis\u00adcusi\u00f3n. Sin embargo, la pobre Sor Luisa gime por verse impotente de hacer como las otras, y algunos d\u00edas de ayuno no se ha preparado m\u00e1s que un poco de legum\u00adbres o ciertas ra\u00edces [tub\u00e9rculos] para su comida, conociendo la inclinaci\u00f3n de Sor Mar\u00eda Marta; pero le era muy costoso. Es lo que me ha dicho Sor Adriana\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Todo esto suced\u00eda en diciembre de 1659. Tan s\u00f3lo, tres meses antes de morir Luisa. No conocemos la reacci\u00f3n que tom\u00f3, aunque podemos imaginamos las dudas del enfren\u00adtamiento entre la caridad y la humanidad por un lado y el desprendimiento total y el aban\u00addono en la voluntad de Dios por otro. Conoc\u00eda tambi\u00e9n, y bien de veces lo hab\u00eda escrito, que las trabajadoras deben alimentarse lo suficiente. Todo desprendimiento y abandono en Dios se cobijan en el afecto, en el amor: Que \u00abnuestros malos afectos no prevalezcan sobre la poderosa atracci\u00f3n del puro amor\u00bb; que \u00abmi alma vac\u00eda de impedimentos no pon\u00adga obst\u00e1culos a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo\u00bb; que cuando nos falten los medios humanos, confiemos en Dios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>St.-Fargeau Luisa de Marillac estaba convencida de que la Compa\u00f1\u00eda era noticia para la sociedad de Francia y para la Iglesia. Las ped\u00edan, a veces, suplicantes, obispos, nobles y la misma reina. 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