{"id":129362,"date":"2014-02-16T00:02:24","date_gmt":"2014-02-15T23:02:24","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=129362"},"modified":"2016-07-26T11:15:33","modified_gmt":"2016-07-26T09:15:33","slug":"vicente-de-paul-carta-1233-carlos-nacquart-sacerdote-de-la-mision-a-san-vicente","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-carta-1233-carlos-nacquart-sacerdote-de-la-mision-a-san-vicente\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Carta 1233: Carlos Nacquart, Sacerdote de la Misi\u00f3n, a San Vicente"},"content":{"rendered":"<p><i>Se\u00f1or y mi muy honorable padre.<\/i><\/p>\n<p><i>Le pido su bendici\u00f3n.<\/i><\/p>\n<p><i>Ya que el largo trecho de mar que nos separa me impide darle cuenta oralmente de mi misi\u00f3n, he recurrido a la presente para presentarle y por medio de usted a la sagrada Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide, la relaci\u00f3n que espera de un explorador enviado a estas tierras, para saber si son de promisi\u00f3n y capaces de animar a los hombres evang\u00e9licos a conquistarlas para Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. S\u00e9 muy bien que la humildad deber\u00eda cubrir mi rostro de confusi\u00f3n y cerrarle la boca a un instrumento tan ruin como yo soy, al verme empleado en una obra de tantas consecuencias y de la que me considero tan indigno como incapaz. Pero mi deber y la caridad, juntos con los deseos de la sagrada Congregaci\u00f3n, me obligan a imitar la sencillez de los que escriben lo que Dios hace por ellos y en ellos en semejantes cargos, como veo que hizo el gran san Francisco Javier con sus admirables cartas, reconoci\u00e9ndome obligado a seguir sus pasos en consideraci\u00f3n de que \u00e9l fue mi precursor, no de hecho, pero s\u00ed en voluntad, ya que \u00e9l tuvo grandes deseos de venir a esta isla, aunque se vio impulsado y conducido a otros lugares por los vientos contrarios, o mejor dicho por el Esp\u00edritu de Dios.<\/i><\/p>\n<p><i>Le expondr\u00e9 con toda sencillez y sin ret\u00f3ricas cu\u00e1les fueron nuestras ocupaciones antes de embarcar, por tierra y por mar, con una breve descripci\u00f3n de este pa\u00eds, de los habitantes y de sus costumbres y ceremonias supersticiosas, y lo que la bondad de Dios ha hecho por medio de nosotros en este pa\u00eds. La gloria de todo esto corresponde a Dios, y a m\u00ed el perd\u00f3n y la misericordia por el mal cometido y el bien que he dejado de hacer.<\/i><\/p>\n<p><i>1. De lo que pas\u00f3 antes de embarcar.<\/i><\/p>\n<p><i>El padre Gondr\u00e9e, mi compa\u00f1ero, y yo partimos de Richelieu, lugar de nuestra residencia, el 18 de abril de 1648 para La Rochelle, ense\u00f1ando por el camino, seg\u00fan costumbre de nuestra congregaci\u00f3n, la doctrina cristiana a la puerta de las hoster\u00edas y en otros lugares, cuando se presentaba la ocasi\u00f3n.<\/i><\/p>\n<p><i>Llegamos a La Rochelle el viernes santo; como no estaba a\u00fan presto el barco, estuvimos all\u00ed cerca de un mes, aunque no sin trabajo; pues, habi\u00e9ndonos presentado al <\/i>se\u00f1or obispo de aquel lugar<i>, nos dio permiso para dedicarnos en la ciudad y en sus alrededores a lo que crey\u00e9ramos m\u00e1s conveniente para la gloria de Dios. Lo aceptamos agradecidos, a imitaci\u00f3n de san Francisco Javier, a quien nos dio usted por modelo para nuestro viaje, y escogimos los hospitales, en los que pas\u00e1bamos gran parte de la ma\u00f1ana, aun sin alojarnos en ellos, visitando y sirviendo a los enfermos, con permiso de los padres de la Caridad, que nos hicieron el favor de utilizarnos a su lado.<\/i><\/p>\n<p><i>Los presos fueron nuestros feligreses durante el tiempo pascual; despu\u00e9s de administrarles los sacramentos, les servimos de pies para ir a visitar de su parte a aquellos de quienes esperaban su liberaci\u00f3n.<\/i><\/p>\n<p><i>2. De las cosas m\u00e1s notables de nuestra navegaci\u00f3n.<\/i><\/p>\n<p><i>El 21 de mayo, d\u00eda de la Ascensi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or, por la ma\u00f1ana, levamos anclas, y en la misa que celebramos a continuaci\u00f3n exhort\u00e9 a todos a poner nuestro viaje en manos de la providencia de Dios, que har\u00eda el mar y los vientos favorables a nuestra navegaci\u00f3n en proporci\u00f3n con el cuidado que pusi\u00e9ramos en mantener nuestros corazones en la pureza de la gracia y en la fidelidad a su servicio.<\/i><\/p>\n<p><i>Al acercarse la fiesta de Pentecost\u00e9s, dispuse a nuestro reba\u00f1o, compuesto de ciento veinte personas, a recibir el Esp\u00edritu Santo por la penitencia, y abr\u00ed el jubileo que Su Santidad hab\u00eda concedido por entonces a los fieles para obtener la paz. Todos hicieron la confesi\u00f3n general. En ello nos ocupamos hasta el d\u00eda del Corpus, pretiriendo prevenir, en medio de los peligros del mar, antes que aguardar con incertidumbre a llegar al sitio adonde pretend\u00edamos ir.<\/i><\/p>\n<p><i>Un barco peque\u00f1o de Dieppe, que iba a <\/i>San Crist\u00f3bal<i>, ancl\u00f3 en <\/i>San Vicente de Cabo Verde <i>la v\u00edspera de san Juan Bautista, en donde nosotros est\u00e1bamos detenidos para la provisi\u00f3n de agua. Gran parte de los pasajeros ganaron el jubileo en tierra, en donde celebramos la misa.<\/i><\/p>\n<p><i>Al d\u00eda siguiente, tiesta de san Juan Bautista, vinieron a o\u00edr misa doce portugueses negros, buenos cristianos, y al final cantaron con m\u00fasica el Te Deum y pidieron los sacramentos, que no les pudimos administrar por no entender su lengua. Le escrib\u00ed a usted desde all\u00ed y le indiqu\u00e9 la necesidad de sacerdotes que hab\u00eda en el pa\u00eds de Senegal, cerca del Cabo Verde, en donde los habitantes, que son negros, muestran muy buena disposici\u00f3n para recibir el evangelio. El \u00fanico peligro que hay all\u00ed es que durante una estaci\u00f3n el aire es un poco malsano. Si se desease Conocer la forma y los medios de establecerse en aquel pa\u00eds, habr\u00eda que dirigirse al se\u00f1or Roz\u00e9e, residente en Rouen, que es uno de los directores y se\u00f1ores a quienes se les han confiado aquellas tierras y que mandan all\u00e1 barcos.<\/i><\/p>\n<p><i>Despu\u00e9s de permanecer all\u00ed seis d\u00edas tomando vituallas, nos hicimos a la mar y, con viento contrario desde principios de julio hasta el 16 de agosto, nos vimos casi en peligro de tener que volvernos, a pesar de que ya est\u00e1bamos cerca de la l\u00ednea. Pero recurrimos a Aquel que saca los vientos de sus tesoros y a la Estrella del mar, la sant\u00edsima Virgen, en cuyo honor hicimos voto p\u00fablico a Dios de confesar y comulgar la semana anterior a su gloriosa asunci\u00f3n y construir una iglesia en Madagascar bajo la invocaci\u00f3n de esta reina del cielo; a ello se a\u00f1adi\u00f3 una limosna. a voluntad de cada uno. Apenas echamos a Jon\u00e1s en el mar de la penitencia, ces\u00f3 la tempestad y el viento se volvi\u00f3 a nuestro favor, de modo que la v\u00edspera de Nuestra Se\u00f1ora llegamos a la l\u00ednea.<\/i><\/p>\n<p><i>La misma ayuda del cielo experimentamos tambi\u00e9n cuando la fiesta de Nuestra Se\u00f1ora de septiembre: el viento, que estaba en contra nuestra, se hizo favorable inmediatamente despu\u00e9s de las oraciones p\u00fablicas que hicimos en honor de la sant\u00edsima Virgen, cuya asistencia hemos experimentado en otras muchas ocasiones.<\/i><\/p>\n<p><i>Cuando lleg\u00e1bamos ya al cabo de Buena Esperanza, Dios nos preserv\u00f3 del peligro de chocar contra una roca que estaba oculta a dos leguas de tierra; la descubri\u00f3 un marinero y se pudo evitar f\u00e1cilmente. Al acercarnos a la costa para anclar, nuestro barco choc\u00f3 con otra roca, y estuvimos seis o siete horas con el temor de tener que quedarnos en un pa\u00eds est\u00e9ril y desconocido; finalmente subi\u00f3 la marea, sin que recibi\u00e9ramos da\u00f1o, y echamos el ancla en el puerto que se llama <\/i>bah\u00eda de Salda\u00f1a<i>.<\/i><\/p>\n<p><i>3. De la bah\u00eda de Salda\u00f1a y de sus habitantes.<\/i><\/p>\n<p><i>Por lo largo del viaje y el uso de carnes saladas y del agua que se va corrompiendo por el tiempo, muchos hab\u00edan contra\u00eddo una enfermedad en los nervios y en las coyunturas, que se llama escorbuto. En tierra se cura esta enfermedad. En aquel lugar, al ir a tomar agua, vimos algunos negros, habitantes del pa\u00eds, vestidos con pieles de animales, armados con arcos y flechas que utilizan para cazar, muy delgados y tan hambrientos que se echaban como perros sobre la carne que se les tiraba. Me llen\u00e9 de compasi\u00f3n al ver a aquella pobre gente en la ignorancia de su Creador y, postrado en tierra, rogu\u00e9 a Aquel que quiere que todo el mundo se salve y llegue al conocimiento de la verdad que les d\u00e9 los medios necesarios para su salvaci\u00f3n. Ellos observaron mi conducta y se dijeron entre s\u00ed: \u00abEsos son saterons\u00bb, esto es, grandes sacerdotes; esto me hace creer que hay entre ellos personas destinadas a una especie de culto, aunque no observ\u00e9 ninguna se\u00f1al del mismo, a no ser que los hombres estaban circuncidados y que las mujeres se cortan una juntura de un dedo cuando nace su primer y segundo hijo; pero creo que estas cosas se observan m\u00e1s bien por costumbre que por motivos religiosos. Observ\u00e9 entre ellos cierto orden, pues en las comidas estaban separados los hombres, las mujeres y los ni\u00f1os, comiendo cada uno con sus semejantes. El medio para ayudar a aquellos pobres b\u00e1rbaros ser\u00eda, seg\u00fan creo, procurar de pasada conseguir amigablemente uno o dos muchachos de doce o quince a\u00f1os y ense\u00f1arles nuestra lengua. Si algunos de los nuestros pasan por all\u00ed, les ruego que intenten este medio o alg\u00fan otro mejor.<\/i><\/p>\n<p><i>Despu\u00e9s de permanecer ocho d\u00edas en el cabo de Buena Esperanza, salimos y llegamos a alta mar; pero inmediatamente el viento contrario nos oblig\u00f3 a echar el ancla, quiz\u00e1s porque Dios quer\u00eda castigar nuestra negligencia o frialdad en agradecerle las comodidades que acab\u00e1bamos de encontrar en tierra; pues, habiendo celebrado la santa misa por esta intenci\u00f3n, tuvimos un viento tan bueno que al poco tiempo pas\u00e1bamos el <\/i>cabo de las Agujas<i>, que ordinariamente es muy dif\u00edcil y peligroso.<\/i><\/p>\n<p><i>En lo que he admirado mucho la sabidur\u00eda de Dios durante nuestra navegaci\u00f3n ha sido en la innumerable multitud de peces diferentes muy parecidos a los animales de la tierra, entre los que hemos visto algunos con alas, con las que pueden salvarse cuando los persiguen los otros peces. Algunos de ellos vinieron incluso a nuestro barco.<\/i><\/p>\n<p><i>En fin, despu\u00e9s de seis meses de navegaci\u00f3n, descubrimos la tierra de Madagascar. Exhort\u00e9 entonces a todos los del barco a perdonarse mutuamente las peque\u00f1as ofensas que se hab\u00edan cometido durante un viaje tan largo y molesto; todos prometieron hacerlo as\u00ed. Y el cuatro de diciembre echamos el ancla en el puerto tan larga y ardientemente deseado.<\/i><\/p>\n<p><i>Al llegar al puerto, fui de los primeros en pisar tierra y, apenas llegar, me arrodill\u00e9 para ofrecerme a Dios en el cumplimiento de sus designios y tomar posesi\u00f3n espiritual de esta isla y de todas las dem\u00e1s, en su nombre, por la autoridad de nuestro santo padre el papa, a fin de establecer el imperio de Jesucristo destruyendo el del pr\u00edncipe de las tinieblas. Fui inmediatamente a la capilla del fuerte para celebrar misa, que llevaba ya cinco meses sin-poder decir por falta de materia para la consagraci\u00f3n. Al d\u00eda siguiente, cinco de diciembre, el se\u00f1or de Flacourt, nuestro conductor y gobernador enviado a la isla, junto con mi compa\u00f1ero el padre Gondr\u00e9e y todos los del barco que vinieron al fuerte, celebr\u00e9 una misa solemne en acci\u00f3n de gracias y cantamos el Te Deum, tal como hab\u00edamos hecho voto cuando est\u00e1bamos en el mar. Los franceses que all\u00ed estaban nos recibieron con gran alegr\u00eda. Cada cual se aloj\u00f3 donde pudo y nosotros tomamos una peque\u00f1a choza que quedaba.<\/i><\/p>\n<p><i>4. De nuestra ocupaci\u00f3n en el barco.<\/i><\/p>\n<p><i>Estoy seguro, padre, de que desea usted saber con qu\u00e9 ejercicios, durante los seis meses y medio que estuvimos en el mar, intentamos procurar la gloria de Dios. Se los referir\u00e9 con toda sencillez. Desde que embarcamos hasta llegar a Madagascar, cuando el tiempo lo permit\u00eda, dec\u00edamos la santa misa y ten\u00edamos por la ma\u00f1ana y por la tarde las oraciones p\u00fablicas de la forma que nuestra congregaci\u00f3n observa en las misiones. Hab\u00eda mandado imprimir unos folletos para ello y se los distribu\u00ed a los del barco.<\/i><\/p>\n<p><i>Los dispusimos a ganar el jubileo y procuramos que hiciesen la confesi\u00f3n general con este fin. Desde nuestra partida de Cabo Verde, que fue unos d\u00edas despu\u00e9s de san Juan Bautista, al ver que hab\u00eda a nuestro lado mucha gente api\u00f1ada, tanto marineros como pasajeros, que necesitaban instrucci\u00f3n, ten\u00edamos tres o cuatro veces por semana pl\u00e1ticas sobre los principales misterios de la fe y otras materias m\u00e1s necesarias, de la forma que observamos en las misiones de Europa, preguntando despu\u00e9s del exordio a los j\u00f3venes las cosas principales que se hab\u00edan tratado en la instrucci\u00f3n anterior y prosiguiendo luego con una charla larga sobre otro de los puntos importantes para la salvaci\u00f3n; despu\u00e9s de haber proseguido as\u00ed durante seis semanas con mucho fruto, lo dejamos para no ser pesados y concederles alg\u00fan descanso. Nuestra ocupaci\u00f3n durante el d\u00eda era m\u00e1s o menos como en nuestras casas, excepto que algunas veces ten\u00edamos que acomodarnos a las circunstancias, al lugar y a las personas.<\/i><\/p>\n<p><i>Despu\u00e9s de la oraci\u00f3n mental y del oficio divino le\u00edamos un cap\u00edtulo de la sagrada Escritura y nos comunic\u00e1bamos las ideas que hab\u00edamos tenido, para aplicarlas tanto a nuestro provecho como al del pr\u00f3jimo. Y como en un barco se est\u00e1 tan estrecho, nunca faltaban enfermos, que visit\u00e1bamos uno por la ma\u00f1ana y otro por la tarde.<\/i><\/p>\n<p><i>A las nueve y media le\u00edamos juntos las cartas de san Francisco Javier y se\u00f1al\u00e1bamos lo que nos podr\u00eda ser \u00fatil. Ten\u00edamos las conferencias sobre nuestras necesidades y las de los del barco, para remediarlas.<\/i><\/p>\n<p><i>A fin de pasar provechosamente el tiempo, que resulta aburrido en medio de la ociosidad, hab\u00edamos invitado a nuestro pueblo a reunirse tres o cuatro juntos, y uno les le\u00eda a otros la Introducci\u00f3n a la vida devota del siervo de Dios Francisco de Sales, y la Imitaci\u00f3n de Cristo; todo esto resultaba muy edificante. Logramos convencer a muchos para que tuvieran conferencias espirituales dos o tres veces a la semana sobre diversos temas, especialmente sobre las ocasiones de ofender a Dios y los medios especiales para resistirlas. Palp\u00e1bamos claramente, por las respuestas de los pasajeros y de los marinos, que Nuestro Se\u00f1or estaba en medio de nosotros, y al final, recogiendo las ideas que se hab\u00edan dicho, a\u00f1ad\u00edamos las nuestras familiarmente y conclu\u00edamos con una historia de la sagrada Escritura o alg\u00fan ejemplo de la vida de los santos.<\/i><\/p>\n<p><i>Despu\u00e9s de cenar, uno se juntaba con un grupo de gente y otro con otro para cooperar a las buenas conversaciones, acabando con las malas e in\u00fatiles. Con este mismo fin introdujimos la pr\u00e1ctica de que, cuando uno juraba o pronunciaba palabras poco honestas, extend\u00eda la mano y recib\u00eda un palmetazo despu\u00e9s de prometer enmendarse. Esto se hac\u00eda sin severidad y con el consentimiento de cada uno. Despu\u00e9s de haber concedido alg\u00fan tiempo a la conversaci\u00f3n nos retir\u00e1bamos a nuestras peque\u00f1as cabinas, adonde iban a buscarnos cinco seis ni\u00f1os para tener con otros coloquios espirituales con historias que les cont\u00e1bamos aplic\u00e1ndolas a su inteligencia; luego rez\u00e1bamos juntos alternando el rosario.<\/i><\/p>\n<p><i>As\u00ed es, padre, como ocup\u00e1bamos el tiempo durante nuestro viaje; puede usted creer que, si Dios nos dio la gracia de cooperar de este modo a un orden mejor durante la navegaci\u00f3n, contribuy\u00f3 mucho a ello el celo del se\u00f1or de Flacourt, nuestro gobernador y comandante, ya que las cosas no habr\u00edan podido marchar as\u00ed sin el apoyo de su autoridad, y la verdad es que debemos a su piedad la mejor parte de lo bien que result\u00f3 nuestro viaje.<\/i><\/p>\n<p><i>5. Breve descripci\u00f3n de la isla de Madagascar y de sus habitantes.<\/i><\/p>\n<p><i>Antes de decir lo que hemos hecho en este pa\u00eds. me parece necesario hacer una breve descripci\u00f3n de la isla, de sus habitantes, de sus normas y costumbres, para que sepa usted en qu\u00e9 situaci\u00f3n hemos encontrado las cosas de la religi\u00f3n.<\/i><\/p>\n<p><i>Esta isla de Madagascar recibe tambi\u00e9n el nombre de San Lorenzo, por haber sido descubierta en ese d\u00eda. Su longitud es de seiscientas millas italianas; su anchura es de doscientas millas en unos lugares y de cuatrocientas en otros; tiene un circuito de mil cuatrocientas millas. Hace mucho calor, pero no es intolerable.<\/i><\/p>\n<p><i>Est\u00e1 dividida en varias regiones separadas por monta\u00f1as muy altas. Los que conocen mejor el pa\u00eds dicen que habr\u00e1 m\u00e1s de cuatrocientas mil almas. Nosotros residimos en un extremo de la isla llamado Tholanghare. Estamos cerca del tr\u00f3pico a 25 grados de latitud, por lo cual tenemos las estaciones al rev\u00e9s que en Francia.<\/i><\/p>\n<p><i>En cada regi\u00f3n hay un principal, al que se le reconoce como jefe y es como un reyezuelo. Cada reyezuelo tiene unos tres mil o cuatro mil hombres. Su riqueza consiste en tres o cuatro mil bueyes, que tienen en propiedad, y en el tributo que les paga la gente, o sea, la quinta parte de sus reservas de arroz y de ra\u00edces. No les conviene el nombre de rey, ya que no son absolutos y por otra parte viven tan pobremente que no hay ning\u00fan se\u00f1or en Francia por peque\u00f1o que sea que no viva con mayor honor que el m\u00e1s grande de Madagascar. Los hijos no heredan la realeza, si no son lo bastante mayores cuando muere su padre. Sobre estos reyezuelos hay otros mayores casi tan poderosos y ricos como ellos. Todos esos jefes son carpinteros.<\/i><\/p>\n<p><i>Hay dos clases de habitantes. Unos son negros, con los cabellos rizados, como el que se bautiz\u00f3 en Par\u00eds, que est\u00e1 al servicio de los franceses y contin\u00faa siendo cristiano. Hay otros que son blancos, con cabellos largos como los franceses; \u00e9stos vinieron de la costa de Persia hace unos quinientos a\u00f1os. En algunas regiones se han hecho due\u00f1os de los negros, como en este sitio en que estamos; en otras, est\u00e1n sometidos a los negros, como entre los Matatanes y en otras partes. Dicen que su genealog\u00eda se deriva de cierto Ramini, engendrado de la espuma del mar, y que ese gran personaje era amigo de Mahoma.<\/i><\/p>\n<p><i>En la isla la mayor parte viven en aldeas, al pie de las monta\u00f1as, de las que brota el agua en tal cantidad que se forman r\u00edos que desembocan en el mar cercano. Hay algunos hombres n\u00f3madas llamados Ombilambo, que son un poco salvajes y viven en el bosque robando a los que pueden y huyen apenas ven a una persona desconocida. No hay ciudades, ni fortalezas, ni hospeder\u00edas. Todas las casas son de madera, cubiertas de hojas y muy bajas. Apenas se puede entrar y salir por las puertas, de peque\u00f1as que son. El fuego y la cocina se encienden dentro de casa, sin chimenea. No tienen m\u00e1s camas ni sillas que el suelo de madera, donde duermen; comen y beben sobre un mantel de juncos,<\/i><\/p>\n<p><i>Los alimentos del pa\u00eds son el arroz, los bueyes, los corderos y las cabras en peque\u00f1a cantidad. En el sitio en que estamos hay en abundancia. M\u00e1s lejos, adonde van los negociantes, hay tambi\u00e9n aves. No hay trigo ni vino, pero hacen cierta bebida con miel. Hay ra\u00edces, habas, melones, limones y naranjas en cantidad. No hay animales de caza, a no ser algunos jabal\u00edes, bueyes salvajes y unas cuantas aves acu\u00e1ticas.<\/i><\/p>\n<p><i>Los r\u00edos llevan muchos peces, pero casi siempre resulta peligroso pasarlos, por causa de los cocodrilos, que son muy abundantes y peligrosos.<\/i><\/p>\n<p><i>Todos los habitantes van con la cabeza desnuda y los pies descalzos. Sus vestidos son diferentes de los nuestros, pues van cubiertos con un manto, que es de una vara y media de largo y tres cuartos de ancho; las mujeres van tambi\u00e9n vestidas de esos pa\u00f1os cosidos, desde las espaldas hasta los talones. Aunque la forma de los vestidos sea parecida, su calidad es distinta en unos y otros, pues cada uno va vestido seg\u00fan su condici\u00f3n: los jefes van vestidos de seda y los dem\u00e1s de algod\u00f3n. Los ni\u00f1os van desnudos hasta los siete u ocho a\u00f1os. Llevan todos las orejas agujereadas con un hueco muy ancho, que llenan con un trozo de madera hecho expresamente para eso, que adornan seg\u00fan su dignidad con placas de oro o con conchas orientales. Tambi\u00e9n suelen llevar brazaletes.<\/i><\/p>\n<p><i>Viven muchos a\u00f1os. Se ven muchos ancianos, que dicen que tienen tantos a\u00f1os que no se pueden contar.<\/i><\/p>\n<p><i>6. \u00bfCu\u00e1l es la secta o religi\u00f3n del pa\u00eds y sus ritos supersticiosos?<\/i><\/p>\n<p><i>Aunque no hay en este pueblo ninguna religi\u00f3n estable, y determinada, ya que no se ve en toda la isla ning\u00fan templo ni sacerdote, hay sin embargo algunos ritos y ceremonias supersticiosas que se introdujeron hace quinientos a\u00f1os, cuando los blancos, que son propiamente cafres, llegaron desde las costas de Persia para seducir a los naturales del pa\u00eds, pues al ver que eran sencillos por naturaleza, sin ley y sin religi\u00f3n, les atrajeron f\u00e1cilmente a las supersticiones del mahometismo, de las que unos y otros observan todav\u00eda algunas, como no comer carne de cerdo, sacrificar los bueyes antes de com\u00e9rselos y otras cosas de los que luego hablar\u00e9. Hay tambi\u00e9n una especie de idolatr\u00eda.<\/i><\/p>\n<p><i>En primer lugar, ellos dicen que Zanahary, esto es, Dios, es se\u00f1or de todo el mundo; pero lo dejan encerrado en el cielo, en donde est\u00e1, seg\u00fan dicen, como un rey en su reino. En algunos sitios, sin embargo, como no conocen ni a Dios ni al diablo m\u00e1s que de nombre, le dan la preferencia al diablo en sus sacrificios concedi\u00e9ndole la primac\u00eda. \u00abEsto, dicen, es para Andian Rabilo, esto es, para el se\u00f1or diablo; y esta otra parte es para Zanahary, o sea, Dios\u00bb. No s\u00e9 por qu\u00e9 ser\u00e1, a no ser que teman m\u00e1s al uno que al otro, ya que hay entre ellos algunos posesos, o por lo menos, atacados, seg\u00fan dicen ellos, por Zechare y Drimi, que son nombres de diablos en este pa\u00eds.<\/i><\/p>\n<p><i>Los jefes se dejan llamar dioses, y cuando quieren alabar a los franceses los llaman Zanahary, aunque no se les tolera. Los m\u00e1s inteligentes de entre los blancos tienen cierto conocimiento imperfecto de las cosas que se refieren a la creaci\u00f3n del mundo del pecado de nuestros primeros padres y de otras cosas semejantes. Dicen que los malos, generalmente hablando, ir\u00e1n al fuego, sin saber d\u00f3nde ni por cuanto tiempo.<\/i><\/p>\n<p><i>Hay Ombiasses: esta palabra significa escribanos. Y son llamados as\u00ed porque saben leer y escribir en \u00e1rabe. Son respetados entre ellos como los sacerdotes entre nosotros. Son los maestros de ceremonias, costumbres y supersticiones del pa\u00eds. La poblaci\u00f3n los teme por causa de su escritura y de sus libros, en los que no hay ninguna l\u00f3gica, ni raz\u00f3n, ni doctrina, sino solamente por una y por otra parte que Dios es grande, y algo del Cor\u00e1n, que ellos llaman Ala Koran. El resto del contenido de esos libros no consiste m\u00e1s que en ciertas figuras mal trazadas, que esos escribanos hacen creer que son apropiadas para vencer las enfermedades, adivinar las cosas futuras y encontrar las perdidas.<\/i><\/p>\n<p><i>La costumbre de circuncidar a los ni\u00f1os es general por toda la isla, no por principios religiosos, sino por un motivo puramente humano; no lo hacen al cabo de ocho d\u00edas, sino que en unos sitios esperan a hacerlo un a\u00f1o, en otros dos, tres, cuatro, cinco, seis y hasta siete a\u00f1os despu\u00e9s del nacimiento.<\/i><\/p>\n<p><i>Esta ceremonia se realiza por medio de los Ombiasses en unas reuniones. Los padres y las madres llevan a sus hijos con provisiones y alimentos para los escribanos, como bueyes, capones, etc\u00e9tera. Apenas se ha circuncidado al ni\u00f1o, se pone sangre de un buey y de un cap\u00f3n degollados sobre la herida del circuncidado. La circuncisi\u00f3n general y m\u00e1s importante se hace el a\u00f1o del viernes: porque ellos distinguen los a\u00f1os como nosotros los d\u00edas de la semana, y ahora estamos en el a\u00f1o del viernes.<\/i><\/p>\n<p><i>Los blancos observan una especie de ayuno en dos meses diferentes, que consiste en no comer de sol a sol, durante la noche toman lo suficiente para el d\u00eda. Se abstienen de comer carne de buey y de beber vino, pero no les est\u00e1 prohibido comer capones y tomar aguardiente; si alguno no quiere ayunar, puede hacer ayunar a otro en su lugar. No dan ninguna explicaci\u00f3n ni se\u00f1alan ning\u00fan origen de esta superstici\u00f3n, sino que es una costumbre de sus antepasados y que sus libros dicen que los que falten en esto ir\u00e1n al fuego.<\/i><\/p>\n<p><i>Observan otra superstici\u00f3n que llaman Missanath, esto es, reuni\u00f3n de banquetes, que se hace cuando un jefe construye una casa nueva o restaura una vieja, y es una de sus fiestas principales, que relatar\u00e9 a continuaci\u00f3n para que se entienda mejor lo que luego dir\u00e9. He aqu\u00ed c\u00f3mo se realiza esta ceremonia. Cuando llega el tiempo de entrar en la casa nueva o restaurada, los s\u00fabditos de ese jefe se re\u00fanen y acuden a \u00e9l con presentes, unos con bueyes,-otros con vino de miel, vasijas de barro y otros utensilios de cocina, seg\u00fan la moda del pa\u00eds. En jefe recibe esos donativos por medio de uno de sus fieles, que le va se\u00f1alando con el dedo cada una de las piezas que le han tra\u00eddo; luego, a la puerta, les dirige a todos un discurso dese\u00e1ndoles felicidad temporal, que puedan prosperar y vivir por mucho tiempo, y les anima a vivir y a proseguir sus servicios y regalos. Los otros Roandries, o jefes, que est\u00e1n por debajo del rey, o los principales de la regi\u00f3n, acuden tambi\u00e9n en esta ocasi\u00f3n con parte de sus s\u00fabditos para traerle ofrendas. Al llegar, hacen sus ejercicios con las armas del pa\u00eds, que son partesanas y lanzas de hierro; luego sale a su encuentro el due\u00f1o de la casa y, se\u00f1alando con una lanza su coraz\u00f3n, los abraza a continuaci\u00f3n con gritos rec\u00edprocos de alegr\u00eda.<\/i><\/p>\n<p><i>Se pasan dos o tres d\u00edas recibiendo al pueblo y sus obsequios, y el d\u00eda destinado a hacer la entrada en la casa se traen quince o diecis\u00e9is bueyes, agarrados por unos cuantos hombres para calmar su furia, se les derriba y se les ata las patas, se les plantan los cuernos en tierra y se les prepara para el deg\u00fcello, acarici\u00e1ndoles el cuello. Entretanto los Ombiasses, en n\u00famero de tres o cuatro, revestidos de ropajes con un rico cintur\u00f3n atado con un lazo a la espalda, se acercan solemnemente, con un gran cuchillo en la mano, hasta el lugar donde est\u00e1n los bueyes y dan tres vueltas a su alrededor. En la primera vuelta le echan encima arena del mar; en la segunda, hierba arrancada de la orilla del mar; y en la tercera, agua del mar. Luego los deg\u00fcellan con presteza y recogen la sangre en cuencos de madera, present\u00e1ndoselos a los jefes, que se signan en el pecho y en la frente, rezando para que esto les proporcione felicidad y larga vida. Hecho esto, inicia la procesi\u00f3n el due\u00f1o de la casa, con un gran cuchillo en la mano, seguido de los jefes, dando tres vueltas en torno a la sangre de los animales, y entran todos en la casa, donde dan otras tres vueltas con gritos de alegr\u00eda, dando fuertes golpes con los pies sobre el suelo para demostrar que la casa es s\u00f3lida y bien construida y que puede habitarse con seguridad.<\/i><\/p>\n<p><i>Despu\u00e9s vienen los Ombiasses, trayendo antorchas de cera y llevando con solemnidad sus soratra, esto es, sus libros, de los que ya he hablado. Al pasar, van apartando al pueblo y abri\u00e9ndose camino, amenazando con calamidades a los que no se retiran demasiado a prisa. Yo estaba presente en esta ceremonia y ri\u00e9ndome de ella. Me quisieron apartar, como a los dem\u00e1s, y les dije: \u00abNo, yo no tengo miedo de vuestros libros, que no son m\u00e1s que de tinta y papel; no pueden hacer da\u00f1o a nadie, lo mismo que el polvo que pis\u00e1is+. Se extra\u00f1an de mi discurso y de mi poca consideraci\u00f3n a sus ceremonias, pero sin replicarme, lo mismo que ha pasado en otras ocasiones en que reproch\u00e9 sus enga\u00f1os, con los que se aprovechan del pobre pueblo. Los asistentes dec\u00edan que el Ombiasse de Vazaha, esto es, el sacerdote de los franceses, superaba tanto en ciencia y en doctrina a sus escribanos como los franceses superan generalmente en capacidad a los negros. Cuando llegaron a la casa estos portadores de libros, dieron tres vueltas alrededor asperj\u00e1ndola con sangre, para que durase muchos a\u00f1os y no les sucediera nada malo a sus moradores. Luego vino a presentarse en la puerta el Roandria y, sentado en el suelo, dirigi\u00f3 una alocuci\u00f3n al pueblo para animarlo a su servicio, y les reparti\u00f3 unos cuatrocientos o quinientos bueyes para unas cuatro o cinco mil personas. Se comen la piel del animal con la carne, lo mismo que hacemos en Europa con el cerdo. Y as\u00ed se pasa toda la ma\u00f1ana, yendo luego cada uno a cocinar su trozo de carne.<\/i><\/p>\n<p><i>Entretanto las mujeres de los Roandrias preparan el banquete para la casa del jefe y mandan traer a los esclavos trescientas o cuatrocientas raciones de arroz y de carne en hojas que sostienen con la mano; otros manjares de m\u00e1s volumen los traen en hojas grandes de diversas formas, esas hojas est\u00e1n hechas de corteza rojiza.<\/i><\/p>\n<p><i>Finalmente, a eso de las dos de la tarde, la gente se re\u00fane de nuevo ante la puerta del jefe y all\u00ed, el sonido de tambores hechos con el tronco hueco de un \u00e1rbol, cubierto de piel, golpe\u00e1ndolos con un palo por un lado y con la mano por otro, se ponen a danzar con posturas grotescas, cantando las historias del pa\u00eds. Traen una gran cantidad de vino de miel y se lo distribuyen a la gente; en medio de gran confusi\u00f3n y de una general borrachera terminan la jornada y la ceremonia; y al d\u00eda siguiente, cada uno se vuelve a su casa.<\/i><\/p>\n<p><i>Le pregunt\u00e9 a un Ombiasse las razones de cada una de estas ceremonias, pero s\u00f3lo supo responderme que era una costumbre de los antepasados. Hay entre ellos varias fiestas o reuniones, en las que tambi\u00e9n celebran estos banquetes, como por ejemplo antes y despu\u00e9s de la cosecha de arroz.<\/i><\/p>\n<p><i>A\u00f1adir\u00e9 a la ceremonia anterior los ritos que observan para librar a los energ\u00famenos. Hace alg\u00fan tiempo sal\u00ed a unas 30 \u00f3 32 millas de aqu\u00ed para instruir a los de alrededor y n?e dijeron que hab\u00eda all\u00ed dos mujeres endemoniadas. Yo no vi en ellas ninguna se\u00f1al de posesi\u00f3n, sino s\u00f3lo un rostro melanc\u00f3lico. Me dijeron tambi\u00e9n que no pod\u00edan hablar. Quise ver qu\u00e9 es lo que hac\u00edan; buscaron a un Ombiasse, que mand\u00f3 a todos los presentes a aquellas dos mujeres que tomasen cada uno una lanza en la mano; luego el exorcista inici\u00f3 una danza, que hac\u00edan como si quisieran pisar con los pies y deshacer con las manos alguna cosa de la que sent\u00edan horror. Cuando estaban todos enardecidos en la danza, el viejo Ombiasse hizo como si lanzase su lanza contra una vasija llena de agua, les dio de beber a las mujeres de aquel agua y les dio con la rodilla un golpe, como si quisiera echar de ellas al demonio; a mi juicio, no estaban endemoniadas, sino que se trataba s\u00f3lo de un humor melanc\u00f3lico, que aquel brib\u00f3n logr\u00f3 disipar con el bullicio de la danza.<\/i><\/p>\n<p><i>As\u00ed es como hacen sus milagros, para hacerse r espetar, sin olvidarse de que les paguen, sobre todo cuando se trata de un enfermo rico. Los curan de este modo. Primero se ponen meditabundos y se recogen en silencio; toman luego una tabla esparcen sobre ella arena, sobre la que hacen luego unas l\u00edneas y marcan unos puntos; a esto lo llaman Sakilo; lo repiten varias veces para saber el resultado de la enfermedad. Una parte de esa arena la meten en un trozo de cera y la venden, mand\u00e1ndola llevar al cuello para obtener la salud; hacen traer un gran n\u00famero de bueyes y de capones y dicen que hay que retirar \u00e9ste m\u00e1s bien que aqu\u00e9l. Lo importante es que siempre escogen los mejores, con ganas de coger la mejor parte. Luego se ponen a escribir sobre unas hojas, las meten en una vasija y hacen beber ese agua al enfermo. Si el enfermo recobra naturalmente la salud, atribuyen su curaci\u00f3n a estas tonter\u00edas. \u00bfQui\u00e9n no sentir\u00e1 compasi\u00f3n de la simplicidad de esta gente, que se deja enga\u00f1ar de este modo, y qui\u00e9n podr\u00e1 contener su justa indignaci\u00f3n contra estos bribones, que saben perfectamente que estas cosas son rid\u00edculas e impertinentes?<\/i><\/p>\n<p><i>Lo que va m\u00e1s directamente contra el honor de Dios y lo que nos costar\u00e1 m\u00e1s trabajo superar es una especie de culto igualmente rid\u00edculo y condenable que los nobles y sus s\u00fabditos rinden a ciertos \u00eddolos, a los que llaman olis, algo as\u00ed como ungidos. Los hacen y los venden los Ombiasses. Estos idolillos est\u00e1n hechos de un trozo de madera o de ra\u00edz hueca, que se ponen a la cintura; all\u00ed meten polvo y aceite; algunos tienen figura de hombres, imagin\u00e1ndose que est\u00e1n vivos y que 5011 capaces de darles todo lo que les pidan, como el buen tiempo o la lluvia, que les preserven de enfermedades o de enemigos. Les dan de comer, unas veces miel y otras el coraz\u00f3n de ciertas aves. Y como muchas veces les he dicho que estos olis eran cosas muertas, que no pueden comer ni tienen virtud alguna, lo mismo que una piedra cualquiera, ellos se enfadan conmigo y, al no poder impedir que les demuestre su abuso, se esfuerzan en desviar la conversaci\u00f3n; si se les urge, confiesan en privado que es verdad, pero que si son cosas muertas, su alma est\u00e1 con Dios. Cada uno tiene un \u00eddolo de esos en su casa y se los llevan consigo al campo; recurren a \u00e9l en sus necesidades, lo mismo que hacemos nosotros con Dios; en la duda no hacen nada sin pedirle consejo, y luego, al primer pensamiento que se les ocurra, se imaginan que se lo ha sugerido su olis. Cuando siembran el arroz y otras legumbres, llevan sus olis al campo, les sacrifican un animal, asperjan el campo con la sangre de aquella victima y rezan a sus olis que les den arroz bueno y abundante.<\/i><\/p>\n<p><i>Cuando quieren pasar un r\u00edo, recurren primero a sus olis, pidi\u00e9ndoles que los protejan de los cocodrilos que hay all\u00ed; luego se dirigen a los mismos cocodrilos, les dirigen un discurso y les dicen en voz alta: \u00abMira, t\u00fa sabes bien que nunca los m\u00edos le han hecho da\u00f1o a tu padre ni a tu madre, ni a ti mismo; te ruego que no me lo hagas t\u00fa a m\u00ed\u00bb. Luego se acusan del mal que hayan hecho: \u00abEs verdad que he robado esto y aquello, pero lo devolver\u00e9\u00bb. Arrojan luego un poco de agua y de arena a las cuatro partes y atraviesan el r\u00edo tranquilos, cuando los cocodrilos atrapan a alguno, dicen que sus olis no eran buenos. Yo les he dicho que abandonen esa abominable superstici\u00f3n y que se encomienden solamente a Dios, que es omnipotente, y que atribuyan a su bondad lo que atribuyen a aquellos \u00eddolos.<\/i><\/p>\n<p><i>La mayor parte de la gente de nuestros alrededores, gracias a Dios, ya han dejado estos abusos. El mismo Dios, que siempre se ha mostrado celoso de su honor, no deja sin castigo estas abominaciones, pues les env\u00eda, como hizo antiguamente en Egipto, una cantidad tan enorme de langostas que llegan a oscurecer el cielo y llenarlo todo, lo mismo que esos copos de nieve muy espesa que se ven en invierno en los pa\u00edses del norte; en estos momentos en que estoy escribiendo, la tierra est\u00e1 cubierta de langostas, <\/i>et comedunt fructus terrae eorum et omne faenum<i>; y luego la tierra queda como si hubiera pasado el fuego sobre ella. Los Ombiasses y algunos de los jefes, lejos de reconocer que se trata de un castigo de Dios por su idolatr\u00eda. hacen creer al pueblo que ellos tienen poder para hacer venir a esas langostas y para hacer que se marchen; y cuando no les dan lo que piden, como arroz y otras cosas, amenazan con hacerlas venir; si luego vienen, dicen a esta pobre gente: \u00ab\u00bfNo os lo hab\u00eda dicho?\u00bb. Y cuando se lo han comido todo y se van a otra parte, se jactan de haberlas echado ellos. Hemos de esperar de la bondad de Dios que libre a estas gentes de tan terrible azote, si se someten al yugo de la fe y a la pr\u00e1ctica de sus mandamientos.<\/i><\/p>\n<p><i>7. De las costumbres civiles del pa\u00eds.<\/i><\/p>\n<p><i>Entre ellos se hacen la guerra para quitarse unos los bueyes de los otros.<\/i><\/p>\n<p><i>Los jefes tienen sus esclavos y los consideran como perros; venden los hombres al mismo precio que los bueyes, y a los ni\u00f1os como terneros.<\/i><\/p>\n<p><i>Los blancos, en todos los sitios en que son los amos, se reservan el derecho de degollar a los animales que se matan para comer, de forma que a un negro no se le permite matar a sus propios animales. Estos matarifes son ordinariamente los Ombiasses, que se quedan con una parte del animal sacrificado, ordinariamente con la mejor. Los sitios en que siguen mandando los negros no toleran que los blancos gocen de ese privilegio. Esta costumbre es una invenci\u00f3n para impedir el robo de ganado y para hacer que los jefes tengan m\u00e1s animales despu\u00e9s de la muerte de sus s\u00fabditos, ya que entonces se quedan ellos con todo, sin dejarles nada a los hijos de quien trabaj\u00f3 toda su vida para reunir alguna cosa.<\/i><\/p>\n<p><i>El recurso que utilizan para tener siempre sujetos a sus s\u00fabditos es que se han apoderado de las mejores tierras, donde siembran arroz, legumbres y otros productos, quit\u00e1ndoles las posesiones que les quedan, para empobrecerlos y obligarles a acudir a sus almacenes, que est\u00e1n bien provistos.<\/i><\/p>\n<p><i>A los ladrones se les castiga de diversas maneras. Si son jefes o due\u00f1os de alguna aldea, pueden redimirse pagando bueyes; si son pobres, los matan o, si les indultan, el que fue robado se queda con la mujer y los hijos del ladr\u00f3n como esclavos.<\/i><\/p>\n<p><i>El vicio general del pa\u00eds es la lujuria. Ninguna de sus especies resulta deshonroso, a no ser que, cuando se encuentra a Un hombre en adulterio, se le castiga lo mismo que al ladr\u00f3n: si es jefe o rico, se le rescata; si es pobre, se le mata o se le hace esclavo.<\/i><\/p>\n<p><i>Al que mata a otro se le puede tambi\u00e9n rescatar; y si es pobre y no tiene amigos, lo hacen esclavo o lo matan, pero si el hijo de un jefe mata a su padre, entonces no se le hace morir.<\/i><\/p>\n<p><i>El matrimonio se contrae entre parientes, excepto en el primer grado. No es estable; est\u00e1 permitido separarse y casarse con otro, como sucede con frecuencia. Est\u00e1 permitida la poligamia, aunque no es general, sino que se da s\u00f3lo en gran parte de los jefes, que tiene medios para alimentar muchas mujeres.<\/i><\/p>\n<p><i>Entre los negros no hay ceremonias especiales para el matrimonio, sino que la elecci\u00f3n depende de las partes y no de los parientes. De ordinario el marido compra a su mujer, dando por ella a los padres unos cuantos bueyes o alguna otra cosa. Pero entre los nobles se tiene una reuni\u00f3n de parientes, amigos y sujetos de una parte y de otra; y muchas veces el acuerdo y la promesa de matrimonio la hacen los padres desde el nacimiento del ni\u00f1o o de la ni\u00f1a. Se casan muy j\u00f3venes. El d\u00eda de la boda se matan unos bueyes, como en sus Missanats; y en presencia de los parientes, los Ombiasses les desean muchas felicidades temporales. Se atan los cabellos de los esposos y, tom\u00e1ndose de la mano, el marido pone su rodilla sobre la de su esposa. Sigue despu\u00e9s el banquete y la ceremonia termina con una danza.<\/i><\/p>\n<p><i>Los franceses antiguos me han asegurado que las madres, cuando les nace un hijo en s\u00e1bado, entre la puesta del sol y el canto del gallo lo dejan abandonado, as\u00ed mueren esos pobres exp\u00f3sitos, si no los encuentra alguien por casualidad, como pasa a veces aqu\u00ed. Esas madres desnaturalizadas dan como raz\u00f3n de este hecho inhumano que es una hora maldita y que, si esos ni\u00f1os viviesen, matar\u00edan alg\u00fan d\u00eda a sus propios padres. Sin embargo, les dejan vivir a veces, aunque como esclavos de sus hermanos.<\/i><\/p>\n<p><i>Se dice tambi\u00e9n que en la isla de Santa Mar\u00eda, que est\u00e1 en un extremo de \u00e9sta, las madres abandonan a los hijos que nacen en ciertos d\u00edas que creen malditos, que son tres o cuatro cada semana. Pero de esto no tengo noticia exacta, ya que se hace en secreto, lo mismo que hacen en Europa las madres desnaturalizadas para cubrir su honor. Tambi\u00e9n se dice que es esto com\u00fan en este pa\u00eds, cuando la madre es de la raza de los jefes y concibe de un esclavo.<\/i><\/p>\n<p><i>No se les da nombre a los reci\u00e9n nacidos hasta los siete u ocho a\u00f1os; entretanto se les llama amboa o lambo a los ni\u00f1os, esto es, perrito o cerdito, ya que tienen m\u00e1s de animal que de hombre. Cuando son mayorcitos, un Ombiasse observa el planeta bajo el que ha nacido el ni\u00f1o y les da a los ni\u00f1os el nombre de Radama, que significa Ad\u00e1n, o Raby, Ramose, El\u00edas, Mois\u00e9s, u otros nombres de profetas. A las ni\u00f1as las llaman Rahona, que significa Eva, Ramary o Mar\u00eda, y otros nombres que significa hermosa, muy rica o de larga vida.<\/i><\/p>\n<p><i>Los funerales se celebran seg\u00fan la calidad de las personas. Si es un Roandrie, ilustre, lo sepultan con hermosos ropajes, con el rostro descubierto y adornado, seg\u00fan la moda del pa\u00eds, con un collar de coral y granos de oro y plata. Los amigos y parientes del difunto se re\u00fanen y acuden a los funerales; en un determinado momento, empiezan a llorar y se quitan sus joyas, se acercan al cad\u00e1ver doblando ante \u00e9l la cabeza y llorando con l\u00e1grimas abundantes y muchos gemidos y c\u00e1nticos l\u00fagubres. Se queman perfumes y maderas olorosas y luego se lleva al muerto al lugar destinado para la sepultura; al llegar redoblan sus gritos y gemidos y lo entierran. Luego matan unos bueyes y se alegran m\u00e1s de lo que antes se hab\u00eda entristecido. M\u00e1s tarde los carpinteros que son todos ellos jefes del pa\u00eds, le hacen una especie de casa sobre la fosa, y los esclavos en gran n\u00famero acercan una piedra en forma de pir\u00e1mide, que elevan por encima de la sepultura, poniendo en su cima un cuerno de buey.<\/i><\/p>\n<p><i>Esta misma ceremonia se observa generalmente en los funerales de toda clase de personas, aunque la pompa de los funerales aumenta o disminuye seg\u00fan la clase del difunto. Tanto los pobres como los ricos llevan los primeros frutos que recogen a las tumbas de sus padres y plantan \u00e1rboles frutales alrededor de las sepulturas, sin que nadie se atreva a coger sus frutos. Cuando tienen alg\u00fan mal sue\u00f1o, matan un animal en recuerdo de su padre difunto.<\/i><\/p>\n<p><i>En el sitio en que estamos ignoran por completo qu\u00e9 es la que pasa con el alma despu\u00e9s de la muerte y si se separa del cuerpo para siempre. Ahora que les decimos lo que nos ense\u00f1a la fe, se quedan muy admirados, sobre todo cuando oyen hablar de una eternidad dichosa o desgraciada.<\/i><\/p>\n<p><i>Esto es todo lo que hemos podido observar de sus costumbres y supersticiones, tanto por lo que hemos preguntado, como por lo que nosotros mismos hemos podido ver. Hay otros muchos lugares en el otro extremo de la isla, que no conocemos. Se dice que hay portugueses en un sitio y holandeses en otro. Cuando hayamos ido por toda la tierra y rodeado la isla con un barco, le comunicaremos todos los detalles. Pero aun cuando s\u00f3lo estuvieran los hombres que nosotros conocemos, este gran n\u00famero de ovejas sin pastor, expuestas a la furia y a la crueldad de los lobos, basta para conmovernos y llenarnos a todos de una cristiana compasi\u00f3n, sobre todo al pensar que tienen muy buenas disposiciones y que las redes de un pobre pescador y pecador como yo soy no son capaces de recoger tan gran multitud de peces, si no vienen en mi ayuda obreros celosos y expertos, como podr\u00e1 deducirse de lo que dir\u00e9 a continuaci\u00f3n.<\/i><\/p>\n<p><i>8. En qu\u00e9 situaci\u00f3n encontramos la cosas de la religi\u00f3n cristiana.<\/i><\/p>\n<p><i>Despu\u00e9s de hablar del pa\u00eds, de los habitantes, de sus costumbres y supersticiones, ser\u00e1 conveniente se\u00f1alar en qu\u00e9 situaci\u00f3n encontramos las cosas referentes a nuestra religi\u00f3n, por cuya propagaci\u00f3n hemos venido a esta isla. Cuando los se\u00f1ores de la compa\u00f1\u00eda de Indias tuvieron conocimiento de estos lugares por medio de una persona hereje, que ten\u00eda los recursos necesarios para establecerse aqu\u00ed, se vieron obligados al principio a confiarle la direcci\u00f3n y el gobierno de aquellos a quienes enviaban, que eran cat\u00f3licos, a excepci\u00f3n de unos nueve o diez herejes, que llev\u00f3 aquel comandante. Esos se\u00f1ores han tenido siempre alg\u00fan sacerdote para atender espiritualmente a los franceses, y nosotros nos hemos encontrado aqu\u00ed con uno llamado se\u00f1or de Bellebarbe. Ha trabajado seg\u00fan sus posibilidades, pero con poco fruto, ya que no se ve\u00eda apoyado por el comandante que, aunque dejaba decir misa a los cat\u00f3licos, ten\u00eda la predicaci\u00f3n en su casa; esto, junto con otros des\u00f3rdenes dom\u00e9sticos, hac\u00eda que los infieles no fuesen ni a las oraciones de los cat\u00f3licos ni a las del comandante, extra\u00f1ados de ver dos clases de religiones en las personas del mismo pa\u00eds. Estos se\u00f1ores han quitado este obst\u00e1culo para la mayor gloria de Dios, retirando al comandante y prohibiendo que fuera admitido ning\u00fan hereje en el barco para venir ac\u00e1. Y el se\u00f1or de Flacourt, que es de estos se\u00f1ores, al recibir esta orden, ha venido en ese viaje tanto por inter\u00e9s de la gloria de Dios como para servicio de la misma Compa\u00f1\u00eda; es de esperar que el cielo le bendiga en ambas empresas. Y Dios, con su gran misericordia, nos ha escogido como obreros para cuidar de las almas de los franceses que est\u00e1n en este pa\u00eds y trabajar por la conversi\u00f3n de los infieles.<\/i><\/p>\n<p><i>No hemos encontrado en este pa\u00eds m\u00e1s que cinco ni\u00f1os bautizados, a saber, una ni\u00f1a abandonada en el bosque, el hijo natural de un franc\u00e9s y tres esclavas peque\u00f1as tra\u00eddas de la guerra y apartadas de la matanza, que fueron bautizadas por un di\u00e1cono, ya fallecido.<\/i><\/p>\n<p><i>9. De nuestras ocupaciones en este pa\u00eds.<\/i><\/p>\n<p><i>Procuramos ante todo edificar y ganarnos a todos con un amable y cari\u00f1oso trato. Dios ha querido servirse especialmente de este medio para la conversi\u00f3n de cinco herejes. Nuestra primera ocupaci\u00f3n fue disponer a los franceses que encontramos aqu\u00ed para ganar el jubileo por la paz. Luego nos dedicamos al estudio de la lengua del pa\u00eds, que nos cuesta mucho, ya que el diccionario que nos prestaron en el barco, adem\u00e1s de contener Muy pocas palabras, no estaba en muy buen orden ni era seguro; hay mucha diferencia entre la pronunciaci\u00f3n y la escritura; una cosa es saber el significado de una palabra separada y otra conocer su valor en la construcci\u00f3n y o\u00edrla en el discurso de los naturales del pa\u00eds. Por eso tuvimos que buscar con mucha dificultad int\u00e9rpretes, que se ve\u00edan muy apurados para encontrar palabras con que explicar nuestra fe en un pa\u00eds donde no se habla de religi\u00f3n. Hemos procurado formar dos de ellos, que se llaman Claudio Hastier y Francisco Grandchamp; este \u00faltimo se explica mejor.<\/i><\/p>\n<p><i>Apenas pudimos balbucear un poco, empezamos a instruir a los infieles, entre los cuales son mucho m\u00e1s d\u00f3ciles los negros que los blancos, que se juzgan personas de mucho talento y no quieren escuchar cuando se les habla de las cosas de la fe; o, si escuchan, es s\u00f3lo por curiosidad y con indiferencia. Lo mismo hacen los Roandr\u00edes, cumpli\u00e9ndose en ellos las palabras de nuestro Salvador: <\/i>Vae vobis divites<i>; y estas otras: <\/i>Abscondisti haec a sapientibus et prudentibus et revelasti ea parvulis<i>; porque estos buenos negros, despu\u00e9s de haber escuchado con inter\u00e9s, se dicen unos a otros: entonces no hay que jurar, ni trabajar los domingos, ni robar.<\/i><\/p>\n<p><i>Los nobles dicen que sus esclavos son incapaces de aprender a servir a Dios, y les gustar\u00eda que no les instruy\u00e9semos y los mantuvi\u00e9semos en la ignorancia, por miedo a que llegasen a descubrir su malicia.<\/i><\/p>\n<p><i>Pero como quiz\u00e1s desee usted, padre, que le exponga algunos casos particulares de donde pueda usted deducir con mayor claridad la forma que seguimos para instruir a estos pobres b\u00e1rbaros y c\u00f3mo corresponden por su parte a la gracia de Dios, le referir\u00e9 algunos.<\/i><\/p>\n<p><i>10. Algunos detalles sobre la instrucci\u00f3n a los isle\u00f1os desde el 15 de diciembre de 1648 hasta despu\u00e9s de Pascua de 1649.<\/i><\/p>\n<p><i>Seis d\u00edas despu\u00e9s de llegar, habiendo o\u00eddo decir que el principal de esta regi\u00f3n, llamado Andian Ramach, hab\u00eda estado tres a\u00f1os en Goa, de donde lo trajeron los portugueses a la edad de diecisiete a\u00f1os, y tiene ahora cincuenta, f ui a verle con unos cuantos franceses a Fanshere, donde reside, a una jornada y media de aqu\u00ed, de parte del se\u00f1or de Flacourt. Nos acogi\u00f3 amablemente, y habiendo hecho tres signos de la cruz en la frente, la boca y el coraz\u00f3n, dijo: Per signum sanctae crucis de inimicis nostris libera nos, Domine, etc\u00e9tera, y rez\u00f3 el padrenuestro, el avemar\u00eda y el credo en portugu\u00e9s. Le pregunt\u00e9 por el int\u00e9rprete por qu\u00e9 no hab\u00eda en el pa\u00eds ning\u00fan otro que supiera rezar a Dios y por qu\u00e9- no se hab\u00eda preocupado \u00e9l de instruir a sus vasallos. Me respondi\u00f3 que eran incapaces de ello y que no ten\u00eda ning\u00fan sacerdote para ense\u00f1arles. Le dije que yo hab\u00eda venido a servirle a \u00e9l y a todos sus vasallos, que ser\u00edan capaces de entender cuando se les hubiera ense\u00f1ado como a \u00e9l. Me dijo que se complac\u00eda en ello y que asistir\u00eda a las oraciones, cuando las hiciese en su aldea. Lo mismo me dijeron otros nobles que hab\u00eda en aquel lugar, y me rogaron que viniera a instruir a sus hijos. Aquel reyezuelo me dijo que lo bautizaron en Goa, en un colegio donde hab\u00eda muchos padres, y que estando enfermo el bautismo le devolvi\u00f3 la salud; despu\u00e9s s\u00f3lo se ha confesado y comulgado una vez; m\u00e1s tarde fue tra\u00eddo ac\u00e1 por un comerciante portugu\u00e9s, con el que vinieron dos sacerdotes que se quedaron en una isla a dos leguas de aqu\u00ed, donde se pueden ver los muros de una casa construida por los portugueses hace m\u00e1s de cien a\u00f1os, como se deduce de una inscripci\u00f3n en una cruz de m\u00e1rmol. Uno de esos sacerdotes muri\u00f3 y el otro se volvi\u00f3 con el comerciante, despu\u00e9s de haber bautizado solamente a un hombre, con el que yo he hablado y que lleva tres cruces sobre la piel en el est\u00f3mago. Andian Ramach volvi\u00f3 a sus supersticiones ocho a\u00f1os m\u00e1s tarde.<\/i><\/p>\n<p><i>Despu\u00e9s de varios discursos por una parte y por otra, acarici\u00e9 a los peque\u00f1os, tendi\u00e9ndoles la mano al estilo del pa\u00eds y pronunciando algunas palabras en su lengua; luego les hice algunos regalos de piezas de vidrio, que les dejaron admirados, llam\u00e1ndome padre y yo a ellos hijos. Todos me miraban con mucho inter\u00e9s y, cuando me retir\u00e9 a rezar el oficio divino, ven\u00edan a verme rezar a Dios y se paraban junto a m\u00ed.<\/i><\/p>\n<p><i>Aquel primer viaje me llen\u00f3 de gozo y de esperanza. Al regresar, comuniqu\u00e9 a mi querido compa\u00f1ero todas estas buenas noticias. Las fiestas de Navidad transcurrieron ganando el jubileo, administrando los sacramentos y predicando a los franceses seg\u00fan costumbre. Al llegar el d\u00eda de Reyes, para venerar el misterio de la vocaci\u00f3n de los gentiles, empezamos a bautizar a los ni\u00f1os no adultos. El se\u00f1or Flacourt llam\u00f3 al primero Pedro. Aquella fue la primera piedra de nuestra iglesia espiritual.<\/i><\/p>\n<p><i>Por aquellos d\u00edas sali\u00f3 un barco con doce franceses, enviados a residir a Santa Mar\u00eda, que es una peque\u00f1a isla a doscientas leguas de aqu\u00ed, donde hay un Roandrie, que es el se\u00f1or, y catorce aldeas con unas seiscientas o setecientas personas muy sociables. Tienen casi la misma lengua que aqu\u00ed. Es un pa\u00eds poco sano y la tierra, aunque buena de cultivar, es dif\u00edcil de roturar por la proximidad de la selva. El se\u00f1or de Bellebarbe fue enviado all\u00e1 para estar al cuidado de ellos, y le rogu\u00e9 que pusiera todo el cuidado que pudiera por el cristianismo; pero no se qued\u00f3 all\u00ed mucho tiempo y actualmente regresa a Francia.<\/i><\/p>\n<p><i>Poco despu\u00e9s, conociendo ya un poco la lengua, les hablamos a los negros y les dijimos que aprendiesen a rezar a Dios. Ten\u00edan verg\u00fcenza de ello y se excusaban con su falta de capacidad, pero tom\u00e1ndoles de la mano se les ense\u00f1\u00f3 a hacer la se\u00f1al de la cruz y a pronunciar las palabras; m\u00e1s tarde estaban llenos de gozo al hacer y decir lo que cre\u00edan antes que les iba a ser imposible. Lo mismo hicimos con la juventud; y el domingo les hac\u00edamos explicar por un int\u00e9rprete un trozo de la doctrina cristiana; al poco tiempo fueron abandonando la idea que ten\u00edan de que eran incapaces de aprender.<\/i><\/p>\n<p><i>Varios Roandr\u00edes de los alrededores vinieron a visitar al se\u00f1or comandante y le hicieron algunos regalos, con la esperanza de recibir ellos m\u00e1s, seg\u00fan la costumbre del pa\u00eds. Aprovech\u00e1bamos la curiosidad de aquellas gentes para atraerlas, junto con los esclavos y los vasallos que les acompa\u00f1aban, a que vinieran a ver nuestra capilla, donde por medio de un int\u00e9rprete les habl\u00e1bamos de nuestra fe. Dec\u00edan que eran cosas muy bonitas y que les gustar\u00eda aprenderlas. Algunos, al presenciar la misa, preguntaban qu\u00e9 era aquello y por qu\u00e9, al cantar el sacerdote, todos los franceses respond\u00eda de la misma manera. Les dec\u00edamos que est\u00e1bamos todo de acuerdo en pedir a Dios por nuestras necesidades y uniformes en cantar sus alabanzas. Alguno nos dijo que antiguamente sus antepasados hab\u00edan tenido casas grandes, donde se reun\u00edan como nosotros en nuestras iglesias, y que los viernes, despu\u00e9s de cantar como nosotros, mataban bueyes, ovejas y cabras en un banquete p\u00fablico, pero que las guerras lo hab\u00edan abolido todo esto hac\u00eda cien a\u00f1os.<\/i><\/p>\n<p><i>Aprovech\u00e9 la ocasi\u00f3n para decirles que les ense\u00f1ar\u00edamos una manera de rezar a Dios m\u00e1s excelente que la de sus antepasados, que no era m\u00e1s que carnal, y la forma de servirle como \u00e9l nos manda, sin que fuera necesario hacer festines.<\/i><\/p>\n<p><i>El m\u00e1s sabio de los Ombiasses de aquel pa\u00eds, de cincuenta a\u00f1os, vino a vernos con los dem\u00e1s. Le preguntamos por medio del int\u00e9rprete c\u00f3mo serv\u00eda \u00e9l a Dios. Nos dijo que Ramofamade, o sea, Mahoma, era su profeta, y Mois\u00e9s el nuestro; que hac\u00edamos bien en seguir la ley de Mois\u00e9s, y \u00e9l la de Mahoma. Nos cont\u00f3 la historia de nuestro primer padre Ad\u00e1n poco mas o menos como est\u00e1 en el G\u00e9nesis, excepto una circunstancia curiosa, o sea, que hab\u00eda un r\u00edo de leche, otro de miel y el tercero de vino, y que el motivo de la c\u00f3lera de Dios fue a causa del mal olor que se sinti\u00f3 cuando Ad\u00e1n y Eva purgaron su vientre en el jard\u00edn. Dec\u00eda tambi\u00e9n que entre los hijos de Ad\u00e1n unos eran blancos y grandes se\u00f1ores, de los que descend\u00edan los franceses y los blancos de este pa\u00eds, los otros negros, y los esclavos, de quienes descend\u00edan los negros. Nosotros le hablamos de Jesucristo, Hijo de Dios encarnado. El respondi\u00f3 que sus libros mencionan a un profeta llamado Raissa, que hab\u00eda venido a la tierra inmediatamente de Dios, sin haber nacido de los hombres, y que era m\u00e1s grande que Mahoma, que le acataba. Cuando le dijimos que era Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, Hijo de Dios, a quien adoramos, respondi\u00f3 que Dios no ten\u00eda hijos y que era solo; que por lo dem\u00e1s ellos esperaban como nosotros ir al cielo guardando sus ceremonias. Pero no hab\u00eda ninguno entre los int\u00e9rpretes capaz de explicar el misterio de la Trinidad, como espero que lo habr\u00e1 con el tiempo, acomod\u00e1ndose a las comparaciones y manera de hablar de este pa\u00eds. La conclusi\u00f3n de esta visita fue que \u00e9l estaba contento de conocer nuestras creencias y encomendarnos a su hijo, de quince a\u00f1os, para ense\u00f1arle luego a \u00e9l. Acept\u00e9 con gusto su ofrecimiento, pero aquel peque\u00f1o libertino no se quiso quedar. Nos dijo que su padre no le dejaba beber vino hasta que hubiese aprendido sus supersticiones.<\/i><\/p>\n<p><i>Esto es lo que me dijo el m\u00e1s sabio del pa\u00eds, que sin embargo no les dec\u00eda nada de Dios a sus negros, content\u00e1ndose con enga\u00f1arles con sus olis y sus salis. El que pudiera convencer a un Ombiasse como \u00e9ste, desinteres\u00e1ndole de las peque\u00f1as ganancias que obtiene con sus enga\u00f1os, pronto se har\u00eda con todos los dem\u00e1s; pero se necesitaban buenos int\u00e9rpretes que sepan entender y decir las cosas de una y otra parte, y esto necesita una larga pr\u00e1ctica, ya que la lengua no est\u00e1 sometida a leyes y hace poco tiempo que los franceses habitan en esta tierra. Espero que con el tiempo Dios nos conceder\u00e1 la gracia de vencer estas dificultades.<\/i><\/p>\n<p><i>Las primeras visitas que he hecho por los alrededores fueron durante la cuaresma, con ocasi\u00f3n de unos franceses enfermos a tres o cuatro leguas de aqu\u00ed. Al pasar por las aldeas, los negros se reun\u00edan por curiosidad para ver un peque\u00f1o reloj que hab\u00eda pedido prestado. Lo admirahan y cre\u00edan que estaba animado, y dec\u00edan que \u00e9ramos dioses; esto nos obligaba, como a Pablo y Bernab\u00e9, a decirles que \u00e9ramos hombres como ellos y de all\u00ed sacaba un pretexto para hablarles de Dios como pod\u00eda. Aquellas pobres gentes dec\u00edan tambi\u00e9n que eran incapaces de aprender y cuando quise ense\u00f1arles a hacer la se\u00f1al de la cruz, escaparon. Uno m\u00e1s atrevido, que era el jefe de la aldea, consigui\u00f3 hacerla y pronunciar las palabras, y luego todos vinieron a que les ense\u00f1\u00e1ramos a hacerla.<\/i><\/p>\n<p><i>11. De las visitas por los campos despu\u00e9s de Pascua de 1649 hasta el mes de junio.<\/i><\/p>\n<p><i>Pasadas las fiestas de Pascua, supe que Andian Ramach hac\u00eda un Nissanath en su casa, que hab\u00eda sido reparada. Cre\u00ed conveniente acudir, tanto para ver lo que pasaba en aquella ceremomia, como para poder hablar de la fe en tan buena compa\u00f1\u00eda, en presencia del rey y de los dem\u00e1s jefes que iban a asistir. Llev\u00e9 conmigo un int\u00e9rprete para hablarles m\u00e1s f\u00e1cilmente. Le ped\u00ed al rey que les dijera \u00e9l mismo lo que hab\u00eda aprendido, dado que ten\u00edan m\u00e1s fe en \u00e9l que en m\u00ed. Me lo prometi\u00f3 en varias ocasiones, pero luego no hizo nada y tuvo por ello la culpa de que, por fiarnos de \u00e9l, se perdiese la ocasi\u00f3n en la confusi\u00f3n de su banquete. Pero habl\u00e9 con los jefes del pa\u00eds y con los Ombiasses que hab\u00eda en su casa y saqu\u00e9 de esta visita la ventaja de que, al verme siempre al lado de su rey, la gente crey\u00f3 que yo era de su confianza; esto me ha servido de mucho, cuando les dec\u00eda, como es verdad, que su rey me hab\u00eda rogado que los instruyera. Me insisti\u00f3 adem\u00e1s en que viniera a vivir con \u00e9l, que le diera las horas en portugu\u00e9s y que rezar\u00eda a Dios como antes. Al partir, me dijo que escribiese a Luis de Borb\u00f3n para que le hiciera un buen regalo. Le dije que as\u00ed lo har\u00eda si volv\u00eda a ser buen cristiano y contribu\u00eda con nosotros a la salvaci\u00f3n de sus s\u00fabditos asegur\u00e1ndole que, cuando fu\u00e9ramos a vivir con \u00e9l, no le ser\u00edamos una carga. Porque estas gentes son tan mezquinas que es m\u00e1s conveniente darles que recibir de ellos.<\/i><\/p>\n<p><i>Al volver, el jefe de una aldea llamado Ramanore, de raza blanca y uno de los m\u00e1s ricos y distinguidos del pa\u00eds, que a veces hab\u00eda asistido a nuestras instrucciones en nuestra casa, despu\u00e9s de haber probado todas las supersticiones de los Ombiasses sin ning\u00fan efecto, me rog\u00f3 que entrase en su casa y que pidiese a Dios por su salud. Cuando le dije que Dios permite a veces las enfermedades del cuerpo para salvar nuestras almas, y que \u00e9l era omnipotente y lo pod\u00eda curar, si dejaba la superstici\u00f3n del pa\u00eds y se pon\u00eda a servir a Dios como nosotros, pidi\u00f3 en seguida que le ense\u00f1\u00e1ramos. Mand\u00e9 reunir a los de la aldea para que vinieran a o\u00edrnos. Les expuse, por medio del int\u00e9rprete que llevaba, las cosas m\u00e1s substanciales de la fe y m\u00e1s necesarias a la salvaci\u00f3n. El enfermo, despu\u00e9s de haberlo escuchado todo, dijo que sent\u00eda el coraz\u00f3n aliviado y que cre\u00eda todo lo que acababa de o\u00edr, que sent\u00eda mucha compasi\u00f3n por el Hijo de Dios muerto por nosotros, y que se lo agradecer\u00eda y no lo olvidar\u00eda. Pregunt\u00f3 si Jesucristo era lo bastante poderoso para devolverle la salud. \u00abS\u00ed, le dije, si crees con todo tu coraz\u00f3n y tu alma es lavada de sus pecados por medio del santo bautismo\u00bb. Mand\u00f3 traer agua y me urgi\u00f3 para que lo bautizara. Pero temiendo, como luego se vio que buscaba m\u00e1s la salud corporal que la espiritual, lo retras\u00e9, dici\u00e9ndole que hab\u00eda que probar si era sincero su deseo de servir a Dios, y que lo demostrar\u00eda si, despu\u00e9s de recibir la salud, como esperaba que le conceder\u00eda Nuestro Se\u00f1or, mandaba instruir a toda su familia junto con \u00e9l.<\/i><\/p>\n<p><i>Su mujer, al o\u00edr la explicaci\u00f3n de los mandamientos, me dijo que hac\u00eda mucho tiempo que recurr\u00edan a Dios y que siempre, sobre todo al plantar y al recoger el arroz, elevando los ojos al cielo, le dec\u00edan a Dios: \u00abT\u00fa eres quien nos manda lo que cosechamos; si t\u00fa lo necesitas, te lo dar\u00e9 y les dar\u00e9 tambi\u00e9n a quienes lo necesiten, como a los franceses que pasen por mi casa, y a los pobres esclavos\u00bb. Pens\u00e9 entonces en Cornelio, pero yo no hab\u00eda tenido ninguna visi\u00f3n para bautizarlo.<\/i><\/p>\n<p><i>Todos los asistentes estaban impresionados por lo que se les hab\u00eda dicho, y dec\u00edan que estas cosas val\u00edan m\u00e1s que el oro y la plata, que hay que dar a los que se les debe; pero esto, \u00bfqui\u00e9n nos lo podr\u00e1 quitar? Lo encontraremos siempre en nuestro coraz\u00f3n despu\u00e9s del sue\u00f1o. Por estos discursos reconoc\u00ed que, aunque el Esp\u00edritu Santo no hab\u00eda bajado visiblemente sobre ellos, se daba a conocer sensiblemente por las luces que derramaba sobre sus almas. Me desped\u00ed, dejando al enfermo con la esperanza de su curaci\u00f3n y a todos con la de que volver\u00eda a instruirlos. Poco despu\u00e9s, supe que hab\u00eda sanado aquel hombre, pero no ha vuelto a pedirme que lo instruya, tal como me lo hab\u00eda prometido, a pesar de que sigue diciendo que se mantiene en la misma idea. Creo que el respeto humano y el temor de enemistarse con los jefes a quienes sirve, le hacen retrasar las cosas Vive moralmente bien, y luego he bautizado a dos de sus hijos. M\u00e1s tarde algunos me dijeron que deber\u00eda haberlo bautizado y que su salud habr\u00eda dado cr\u00e9dito al bautismo, pero cre\u00eda que ser\u00eda mejor que lo pidiese m\u00e1s tarde, una vez restablecido.<\/i><\/p>\n<p><i>12. De algunas visitas que hicimos en junio y julio y de la muerte del padre Gondr\u00e9e.<\/i><\/p>\n<p><i>Por los d\u00edas de rogativas, el se\u00f1or de Flacourt tuvo que ir Fanshere y quiso que lo acompa\u00f1\u00e1ramos uno de nosotros. Fue el padre Gondr\u00e9e y padeci\u00f3 mucho, pues el calor, el viaje a pie y la abstinencia, ya que no com\u00eda m\u00e1s que un poco de arroz cocido con agua, lo debilitaron y volvi\u00f3 a casa con fiebre y con unos dolores intolerables en todas las articulaciones; en medio de todos sus males, demostr\u00f3 una gran constancia y unos sentimientos verdaderamente cristianos.<\/i><\/p>\n<p><i>Durante las fiestas de Pentecost\u00e9s, aunque estaba sumamente afligido por la enfermedad de este buen siervo de Dios, Nuestro Se\u00f1or me dio fuerzas para atender a la devoci\u00f3n de los franceses y de nuestros catec\u00famenos, confesando, predicando y cantando la misa por la ma\u00f1ana, y por la tarde las v\u00edsperas e instrucci\u00f3n de los isle\u00f1os.<\/i><\/p>\n<p><i>Administr\u00e9 el bautismo a dos muchachas adultas, que se casaron con d os negros, bautizad o el uno en Par\u00eds por el se\u00f1or nuncio y el otro en Nantes; esto consol\u00f3 a nuestro enfermo, que recibi\u00f3 la extremaunci\u00f3n con mucha devoci\u00f3n. Dec\u00eda que su mayor disgusto era abandonar a estos pobres infieles. Recomend\u00f3 luego con gran fervor a los franceses el temor de Dios y la devoci\u00f3n a la sant\u00edsima Virgen, de la que era muy devoto. Me pidi\u00f3 que le escribiera a usted, agradeci\u00e9ndole muy humildemente en su nombre la gracia que le hab\u00eda concedido el admitirle y soportarle entre sus hijos, y sobre todo de haberle escogido entre otros muchos m\u00e1s capaces que \u00e9l, para enviarlo ac\u00e1, y que ped\u00eda a los de nuestra congregaci\u00f3n que diesen gracias a Dios por \u00e9l. Luego me dijo: \u00abLe dejo en testamento este aviso, que sufrir\u00e1 usted mucho en este pa\u00eds, no s\u00f3lo un poco, sino mucho\u00bb. Y, habiendo pasado parte de la noche en continuas aspiraciones a Dios, sonriendo le entreg\u00f3 su alma catorce d\u00edas despu\u00e9s de caer enfermo.<\/i><\/p>\n<p><i>Lo enterramos al d\u00eda siguiente con l\u00e1grimas de todos los franceses y de los infieles, que dec\u00edan que no hab\u00edan visto, hasta que lleg\u00e1ramos nosotros, ning\u00fan hombre que no fuera col\u00e9rico y de mal genio, y que les ense\u00f1ase las cosas del cielo con tanto afecto y dulzura como nosotros.<\/i><\/p>\n<p><i>Le suplico aqu\u00ed, padre, que haga una pausa en la lectura para imaginarse los sentimientos de mi pobre coraz\u00f3n al perder a quien amaba como a m\u00ed mismo, que era todo amabilidad, y que, despu\u00e9s de Dios, era mi \u00fanico consuelo en esta isla.<\/i><\/p>\n<p><i>Le ped\u00ed a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo la parte de gracias del difunto para realizar solo la obra de los dos. Despu\u00e9s de su muerte sent\u00ed el efecto de sus oraciones y una doble fuerza de cuerpo y de esp\u00edritu para trabajar por la gloria de Dios. Luego, el temor de morir antes de haber realizado la obra de Dios, me urgi\u00f3 a trabajar en lo m\u00e1s necesario, que era componer en esta lengua algunas instrucciones de lo que hab\u00eda que creer y practicar, a fin de aprend\u00e9rmelas y dej\u00e1rselas a los que vengan, en el caso de que Dios disponga de m\u00ed. Despu\u00e9s de muchas fatigas por expresar las cosas de la religi\u00f3n en un pa\u00eds sin religi\u00f3n, acab\u00e9 lo m\u00e1s necesario y envi\u00e9 una copia al se\u00f1or de Bellebarbe, en Santa Mar\u00eda, para que se sirviera de ella; pero no ha podido hacerlo, por falta de int\u00e9rprete.<\/i><\/p>\n<p><i>Despu\u00e9s de poner estas instrucciones en orden, reun\u00eda a los infieles de nuestra congregaci\u00f3n todos los domingos y fiestas, que se extra\u00f1aban de verme en tan poco tiempo hablar en su lengua, aunque no hac\u00eda m\u00e1s que balbucear lo m\u00e1s necesario que hab\u00eda aprendido. Los hijos de un jefe, llamado Andian Panole, que viv\u00edan muy lejos, a doscientas leguas de aqu\u00ed, pero que hab\u00edan venido por sus asuntos, ven\u00edan a vernos 1&#8242; asist\u00edan a nuestras instrucciones. Al marchar, dijeron que deseaban ser instruidos y que le dir\u00edan a su padre lo que hab\u00edan aprendido de nuestra religi\u00f3n. Yo les di esperanzas de que con el tiempo ir\u00edamos a su pa\u00eds. Ser\u00eda muy conveniente, ya que ese pa\u00eds es mejor y est\u00e1 m\u00e1s poblado que el sitio en que estamos y los habitantes se muestran muy curiosos al asistir a las oraciones de los franceses que van all\u00e1 a negociar.<\/i><\/p>\n<p><i>Aprovecho todas las ocasiones que puedo para anunciar a Jesucristo personalmente y por otros, como a los negros lejanos adonde van los franceses, a quienes, despu\u00e9s de exhortarles a confesarse y comulgar antes de su viaje y de recomendarles a todos que temiesen a Dios y diesen buen ejemplo a los infieles, encargaba a los m\u00e1s inteligentes que aprovechasen la ocasi\u00f3n para hablar de nuestra fe y les daba por escrito las instrucciones necesarias para ello.<\/i><\/p>\n<p><i>En el mes de junio fui al campo para ver si la semilla celestial que hab\u00eda sembrado por las aldeas empezaba a germinar, y supe que se iba a celebrar una reuni\u00f3n solemne en Fanshere para la entrada en casa de Andian Sero, sucesor de Andian Ramach. Habiendo o\u00eddo que aquel jefe de una aldea llamado Ramanore, del que habl\u00e9 anteriormente, hab\u00eda curado poco despu\u00e9s de mi visita, me pidi\u00f3 que fuera a su casa para pedir por la salud de un nieto suyo. Le dije: \u00ab\u00bfQu\u00e9 quieres que haga? \u00bfCrees que Dios puede curarlo sin estos olis del pa\u00eds?\u00bb \u00bfPues es uno de los m\u00e1s supersticiosos?. \u00abHaz y di lo que quieras, con tal que el ni\u00f1o se cure\u00bb. Elevando mi coraz\u00f3n a Dios con confianza, fui a buscar a Andian Ramach y le dije: \u00abSabes muy bien lo que es el bautismo y c\u00f3mo t\u00fa has recibido con \u00e9l la salud de alma y de cuerpo. Tu nieto est\u00e1 enfermo. Si quieres que lo bautice, haz venir a tu yerno, a tu hija y al ni\u00f1o; les explicar\u00e9 lo que es el bautismo; dime qu\u00e9 nombre quieres que le ponga\u00bb. As\u00ed lo hizo y le llam\u00f3 Jer\u00f3nimo; me dijo que pronunciara bien las palabras, para pronunciarlas \u00e9l tambi\u00e9n. Le mand\u00e9 decir por el int\u00e9rprete que era preciso que el ni\u00f1o se educase y viviese como buen cristiano; y el padre me dijo: \u00abYo te lo doy y quiero que seas t\u00fa su padre y su madre, cuando sea mayor\u00bb. La bautic\u00e9 en seguida, dando a entender a los Roandr\u00edes asistentes que, aunque se bautizase a los ni\u00f1os sin ninguna disposici\u00f3n por su parte, a los adultos era necesario instruirlos previamente. Poco despu\u00e9s el ni\u00f1o san\u00f3 y, gracias a Dios, no ha muerto aqu\u00ed ninguno despu\u00e9s del bautismo, como pasa en Canad\u00e1. Por eso los paganos no sienten repugnancia en que bauticen a sus hijos, creyendo que esto les conserva la salud, despu\u00e9s de lo que le sucedi\u00f3 a un negro, cuando le dije que su hijo morir\u00eda si lo hac\u00eda circuncidar; as\u00ed sucedi\u00f3. Luego vino a verme con su mujer, dici\u00e9ndome con l\u00e1grimas en los ojos: \u00abYa me lo hab\u00edas dicho t\u00fa\u00bb. Aquellas pobres gentes lloraban la p\u00e9rdida del cuerpo de su hijo, y yo la de su alma. Andian Ramach, antes de mi partida, habl\u00f3 al pueblo de los mandamientos de Dios; yo confirme sus palabras, ofreci\u00e9ndome a instruirles. Los Roandr\u00edes que hab\u00edan venido a la fiesta dijeron que quer\u00edan ser bautizados antes de partir. Entr\u00e9 en la nueva casa y la encontr\u00e9 llena de mujeres de los Roandr\u00edes. Les habl\u00e9 de la fe, ellas me dijeron que los Ombiasses del pa\u00eds excusaban de aprender a las mujeres, por incapaces. Pero al decirles que tambi\u00e9n las mujeres en Francia aprend\u00edan a servir a Dios, lo mismo que los hombres, me dijeron que les gustar\u00eda aprender y que fuera a sus casas a instruirlas.<\/i><\/p>\n<p><i>13. De otras visitas hechas en los meses de agosto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre.<\/i><\/p>\n<p><i>Al morir mi compa\u00f1ero, con el que contaba para que atendiese a los cuidados de nuestra residencia y de los alrededores, no pod\u00eda ya marchar tan lejos como antes, pues ten\u00eda que estar los domingos y los d\u00edas de fiesta en casa, para celebrar la santa misa y el oficio divino y dirigir exhortaciones a los franceses e instrucciones a los infieles de las cercan\u00edas. Por eso mis viajes eran s\u00f3lo de seis d\u00edas.<\/i><\/p>\n<p><i>El mes de agosto estuve en las monta\u00f1as m\u00e1s cercanas. De d\u00eda instru\u00eda a los que estaban en las aldeas, y por la tarde, al claro de luna, a todos los que volv\u00edan de trabajar. Me sent\u00ed muy consolado al ver por una parte que cre\u00edan de todo coraz\u00f3n, y dec\u00eda con l\u00e1grimas en los ojos: \u00ab<\/i>Quid prohibet eos baptizari?<i>\u00ab. Pero, temiendo que abusasen del bautismo, al no tener ning\u00fan sacerdote que les mantuviese en la piedad cristiana, lo dej\u00e9 todo en manos de la adorable providencia de Dios. Hubiera bautizado a los ni\u00f1os, pero tem\u00eda que no se les pudiera distinguir de los otros, teniendo en cuenta sobre todo que los paganos cambian muchas veces de residencia. Me parece que ser\u00eda conveniente hacerles alguna se\u00f1al para distinguirlos.<\/i><\/p>\n<p><i>Los que he bautizado de las aldeas cercanas se reconocen por llamarse en el pa\u00eds con su nombre de bautismo: Nicol\u00e1s, Francisco, Juan, etc\u00e9tera.<\/i><\/p>\n<p><i>Ser\u00eda demasiado largo y aburrido querer indicar los nombres, viajes, aldeas y gentes a las que he anunciado a Jesucristo, y los detalles que ocurrieron. Puedo decirle que no se puede desear mejor disposici\u00f3n para recibir el evangelio. Todos se quejan de que los franceses, desde que llegaron a su pa\u00eds, no les hayan hablado de la fe, y sienten una santa envidia de los que est\u00e1n cerca de nuestra residencia.<\/i><\/p>\n<p><i>Referir\u00e9 solamente lo que pas\u00f3 en ciertas ocasiones especiales. A finales de noviembre fui a visitar las aldeas que hay m\u00e1s all\u00e1 de Fanshere. Llevaba conmigo un cuadro del juicio final y del cielo y del infierno. En todas las aldeas les dec\u00eda que hab\u00eda venido para que sus ojos vean y sus o\u00eddos escuchasen las cosas de su salvaci\u00f3n. Despu\u00e9s de explicarles lo que ten\u00edan que creer y los mandamientos de Dios, les ense\u00f1aba las moradas de la eternidad y les ped\u00eda que escogiesen arriba o abajo, el cielo o el infierno. Ellos gritaban: Tsiary aminy Rabilo; aminy Zanahary tiako andea (o sea, no quiero ir con el diablo; escojo a Dios para vivir con \u00e9l).<\/i><\/p>\n<p><i>Dec\u00edan que sus Ombiasses no les hablaban de Dios ni les visitaban m\u00e1s que por inter\u00e9s y para enga\u00f1arlos mientras que yo les ense\u00f1aba gratis. Se extra\u00f1aban de que hubieran podido hacer figuras sobre el papel. Al o\u00edr hablar del pecado de nuestros primeros padres, unos los maldec\u00edan y exclamaban: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 hermoso habr\u00eda sido vivir como Dios nos hab\u00eda creado, sin tener que trabajar, ni estar sujetos a los males de esta vida, ni tener que morir!\u00bb. Otros la tomaban con el diablo, diciendo que si pudieran cogerlo, lo quemar\u00edan. Si alguno llegaba tarde, cuando hab\u00eda doblado ya el cuadro, dec\u00edan: \u00ab\u00a1Ay, no has visto estas riquezas!\u00bb. Y hab\u00eda que desdoblarlo de nuevo y volverlo a explicar.<\/i><\/p>\n<p><i>De regreso pase por Fanshere y le ense\u00f1\u00e9 mis cuadros al rey, que los conoc\u00eda y explicaba, luego le ped\u00ed que permitiese bautizar a los ni\u00f1os de su aldea, y que prohibiese la circuncisi\u00f3n. Me dijo que no impedir\u00eda el bautismo, pero que les dejase hacer la circuncisi\u00f3n. Hay que tener un poco de paciencia para que con el tiempo la vayan dejando. Si pudi\u00e9ramos lograr que este reyezuelo volviera a su primera situaci\u00f3n de cristiano, lo seguir\u00edan los dem\u00e1s reyes y se nos cansar\u00edan los brazos de bautizar. Como los menos dispuestos a recibir el evangelio son los blancos, y entre ellos los nobles y los Ombiasses, procuraba aprovechar todas las ocasiones para hablarles de la fe, si los gan\u00e1semos a ellos para Dios, lo dem\u00e1s resultar\u00eda f\u00e1cil.<\/i><\/p>\n<p><i>Por eso, yendo al extremo de la isla, a dos jornadas de aqu\u00ed, y despu\u00e9s de ver con alegr\u00eda la buena disposici\u00f3n del pueblo, fui a casa de Andian Madamboro, hermano mayor del rey, que hab\u00eda sido suplantado por el menor. Este jefe es un Ombiasses muy supersticioso, que se atribuye el poder de hacer venir y echar a las langostas. Me pidi\u00f3 al principio que le diera alg\u00fan remedio para la gota, que le molestaba por entonces; le dije que s\u00f3lo Dios podr\u00eda curarle o darle paciencia en su enfermedad, y luego le evangelic\u00e9 a Jesucristo. Al decirle que hab\u00eda que creer en aquel cuya imagen llevaba, la tom\u00f3, la bes\u00f3 y la puso sobre su cabeza y sobre su coraz\u00f3n y me pidi\u00f3 que me quedara con \u00e9l para instruirle. S\u00f3lo pude darle esperanzas. Le ped\u00ed que me dejara ver sus libros, que estaban todos ahumados. Todos los asistentes, cogi\u00e9ndome por la sotana, me gritaban: \u00ab\u00bfQu\u00e9 vas a hacer?; nos vas a traer mala suerte; l\u00e1vate las manos y la boca\u00bb. Ri\u00e9ndome de su miedo, tom\u00e9 aquellos libros, en los que no vi m\u00e1s que figuras mal trazadas. Y al preguntarle el significado de la escritura, me dijo que eran los nombres de los planetas. Le dije que hab\u00eda que quitar todas aquellas supersticiones y enga\u00f1os, con los que abusaba del pueblo. Respondi\u00f3 que no sab\u00eda que fueran malos y que no ten\u00eda intenci\u00f3n de servir al diablo, sino de seguir las costumbres de sus antepasados, que yo le instruyese mejor y que dejar\u00eda todo aquello, que fuera a verlo con frecuencia, con tal que no fuera en viernes, pues aquel d\u00eda no hablaba con nadie, pues hab\u00eda observado que todos los que hab\u00edan hablado en viernes hab\u00edan sufrido luego alg\u00fan accidente. Pero yo le dije que vendr\u00eda precisamente aquel d\u00eda, ya que en \u00e9l nos hab\u00eda rescatado con su sangre Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Le hice hacer la se\u00f1al de la cruz y lo dej\u00e9 en muy buena disposici\u00f3n.<\/i><\/p>\n<p><i>Fui luego a visitar a Andian Machicore, yerno del rey, en otra aldea. A \u00e9ste se le atribuye el poder de atraer la lluvia, de forma que, cuando llueve, le presentan bueyes en acci\u00f3n de gracias. Tratando con \u00e9l en presencia de varios habitantes del lugar, me pregunt\u00f3 si llover\u00eda pronto, ya que el arroz estaba quemado por falta de agua. Yo vi la luna p\u00e1lida y el cielo cubierto y le dije que cre\u00eda que pronto caer\u00eda agua, pero que no sab\u00eda nada como cierto, ya que esto pertenece \u00fanicamente a Dios, que es el que env\u00eda y retiene la lluvia como le place. \u00abPero t\u00fa, le dije, si tienes poder para hacer que llueva, \u00bfpor qu\u00e9 permites que el arroz de tu pueblo y el tuyo se seque y se pierda?\u00bb El atribuy\u00f3 este poder a sus olis, que llevan todos nombre; me acuerdo de uno, que llamaba Andian Valotomboko, esto es, se\u00f1or de ocho pies. Yo estaba un poco acalorado e indignado justamente contra estas tonter\u00edas y le dije que eran diablos, a quienes adoraban en aquellas figuras rid\u00edculas, y que eran invenciones de magos, para transferir a los demonios los honores que se deben a Dios. <\/i>Et loquebar de testimoniis tuis in conspectu regum et non confundebar<i>. <\/i><i>No es peligroso decirles la verdad, pues no se atrever\u00edan a hacer da\u00f1o a ning\u00fan franc\u00e9s, y mucho menos a m\u00ed, que trataba amablemente con ellos, aunque sin adularles, ya que estaba en juego la gloria de Dios.<\/i><\/p>\n<p><i>Lo m\u00e1s dif\u00edcil ser\u00e1 convertir a estos soberbios, que son incapaces de razonar, pues no hay ninguna ciencia en este pa\u00eds, sino que la costumbre y los intereses temporales imperan por encima de la raz\u00f3n; sin embargo, no hemos de extra\u00f1arnos de ello en unas personas que no tienen m\u00e1s que una chispa de conocimiento, dado que hay en Europa personas muy ilustradas que experimentan las mismas dificultades en apartarse de este vicio.<\/i><\/p>\n<p><i>En cierta ocasi\u00f3n fui m\u00e1s all\u00e1 de las monta\u00f1as, a una regi\u00f3n que se llama el valle de Ambule, donde hay un solo jefe. El y todos sus s\u00fabditos, en n\u00famero de unos cuatro mil, son negros. No tienen Ombiasse, sino que van all\u00e1 a vender sus olis. Estando en casa del rey, le ense\u00f1\u00e9 el cuadro del juicio universal, dici\u00e9ndole que Dios har\u00eda quemarse as\u00ed a los pol\u00edgamos, a \u00e9l y a sus mujeres (pues tiene cinco). Cambi\u00f3 de rostro y me rog\u00f3 que fuera a instruirlo, y que obligar\u00eda a sus vasallos a abrazar el evangelio.<\/i><\/p>\n<p><i>Por Navidad visit\u00e9 el pa\u00eds de Anossi, donde hay unos diez mil hombres. No me quedan m\u00e1s que dos visitas que hacer para recorrer todos los caminos, <\/i>in omnem locum in quem est ipse Dominus venturus<i>. Ir\u00e9 cuanto antes, para que los que vengan encuentren al menos roturada esta tierra. Todo esto me ha supuesto muchas fatigas, pero el que les dio a los evangelistas <\/i>nivem sicut lanam<i>, ha hecho aqu\u00ed que el calor parezca dulce roc\u00edo a aquellos que est\u00e1n metidos en el horno de la caridad.<\/i><\/p>\n<p><i>Conclusi\u00f3n<\/i><\/p>\n<p><i>El barco est\u00e1 a punto de levar anclas, despu\u00e9s de haberme tomado el trabajo de escribir estas notas. Como conclusi\u00f3n le dir\u00e9, padre, que todos estos pobres desgraciados no esperan m\u00e1s que el <\/i>aquae motum<i>. Y la mano de unos cuantos buenos obreros para que los sumerja en la piscina del bautismo. Muchas veces, al evangelizar por los campos, he o\u00eddo con l\u00e1grimas gritar a esta pobre gente: \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 ese agua que lava las almas, que nos has prometido? Hazla venir y ens\u00e9\u00f1anos tus oraciones\u00bb. Pero tengo que retrasarlo por temor a que la pidan todav\u00eda materialmente, como aquella samaritana que, para no tener que venir al pozo, le ped\u00eda a Nuestro Se\u00f1or el agua que quita la sed, sin conocer todav\u00eda aquella que apaga el fuego de la concupiscencia y salta hasta la vida eterna.<\/i><\/p>\n<p><i>Dije al principio que hemos encontrado a cinco ni\u00f1os bautizados. Nuestro Se\u00f1or ha querido a\u00f1adir otros cincuenta y dos. Aunque hay muchos adultos bien dispuestos lo aplazo hasta que puedan casarse inmediatamente despu\u00e9s del bautismo para remediar el vicio del pa\u00eds como ya hemos hecho con los que fueron bautizados en Francia. Entretanto procurar\u00e9 que ninguno de los debidamente dispuestos muera sin bautizar. Hace alg\u00fan tiempo bautic\u00e9 a una pobre anciana gravemente enferma en la que Dios manifest\u00f3 los efectos de su gracia con los grandes sentimientos que expres\u00f3 de su bondad. Ha sido la primera de este pa\u00eds que se ha marchado a la eternidad dichosa, y su cuerpo ha sido el primero enterrado en el cementerio de los franceses.<\/i><\/p>\n<p><i>El d\u00eda de la Purificaci\u00f3n bendijimos y pusimos la primera piedra de la iglesia que se va a construir para nuestra residencia, despu\u00e9s de haber dado gracias a Dios por habernos escogido para erigir un templo a divina Majestad en un reino tan grande, donde no hay ninguna huella de iglesia, a pesar de que hay m\u00e1s de cuatrocientas mil almas, que es posible tallar como piedras vivas del edificio espiritual que esperamos levantar para su gloria.<\/i><\/p>\n<p><i>Espero ayuda junto con las \u00f3rdenes de la Sagrada Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide y las suyas. Entretanto, si no puedo progresar m\u00e1s, procurar\u00e9 que no se pierda lo conseguido. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n esos doctores, como dec\u00eda hace tiempo san Francisco Javier, que pierden el tiempo en las academias, mientras que tantos pobres infieles <\/i>petunt panem, et non est qui frangat eis?<i>. \u00bfQue el due\u00f1o de la mies env\u00ede operarios! Pues si no hay muchos sacerdotes para instruir y mantener el fruto, no se podr\u00e1 avanzar, aunque el pueblo sea sencillo y f\u00e1cil de conquistar para la iglesia, pero el apego que tienen a lo temporal que ahoga, lo mismo que las espinas, la semilla que se echa en sus corazones. Y aunque la reciban con gozo, <\/i>cito arescit, quia non habet humorem<i>. Estoy seguro, padre, de que todos los miembros de nuestra congregaci\u00f3n saltar\u00e1n de gozo ante noticias tan apetitosas para su celo y desear\u00e1n cooperar con Dios en la conquista de este nuevo reino para Jesucristo, y que, al verme solo en un pa\u00eds tan lejano, administrando los sacramentos a los dem\u00e1s sin poder recibir m\u00e1s que el de la eucarist\u00eda, rezar\u00e1n a la bondad de Dios para que me robustezca con su gracia.<\/i><\/p>\n<p><i>Lo que m\u00e1s me podr\u00e1 consolar despu\u00e9s de Dios ser\u00e1 conocer lo m\u00e1s importante que haya sucedido en nuestra congregaci\u00f3n para bien de la santa iglesia y gloria de Dios. Seguir\u00e9, padre, rezando por usted, para que, antes de llemarle al cielo, le haga ver a sus hijos multiplicados como las estrellas del firmamento, y todos puedan ser padres de muchas generaciones para el cielo, donde espero verle por la gracia de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo y la ayuda de sus oraciones y las de todos nuestros hermanos. Soy, padre, su muy humilde y obediente servidor,<\/i><\/p>\n<p>CARLOS NACQUART,<\/p>\n<p>Sacerdote de la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y misionero apost\u00f3lico en esta isla.<\/p>\n<p><i>En Madagascar, fuerte Dauphin, en Tholanghare, residencia de los franceses, el cinco de febrero de 1650.<\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se\u00f1or y mi muy honorable padre. Le pido su bendici\u00f3n. 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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