{"id":129155,"date":"2014-03-04T08:20:09","date_gmt":"2014-03-04T07:20:09","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=129155"},"modified":"2016-07-26T19:18:56","modified_gmt":"2016-07-26T17:18:56","slug":"la-paz-no-llego-a-luisa-de-marillac","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-paz-no-llego-a-luisa-de-marillac\/","title":{"rendered":"La paz no lleg\u00f3 a Luisa de Marillac"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/el-gran-hospital-de-angers\/cartel-51\/\" rel=\"attachment wp-att-128960\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-128960\" alt=\"cartel\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/01\/cartel.jpg?resize=253%2C243\" width=\"253\" height=\"243\" \/><\/a>Desde enero de 1649, los meses fueron agotadores para Luisa de Marillac. Aunque ofi\u00adcialmente se hab\u00eda proclamado la paz, de hecho, el ambiente era de revoluci\u00f3n. En agos\u00adto, escrib\u00eda a las Hermanas de Montreuil que aconsejaran a las j\u00f3venes no abandonar un trabajo fijo por venir a Par\u00eds en busca de otro mejor, \u00abpues no sabe usted \u2014le escrib\u00eda a la superiora Sor Ana\u2014 las dificultades que hay al presente en Par\u00eds para colocar gente; es incre\u00edble. Parece como si aqu\u00ed hubiera guerra desde hace mucho tiempo y como si todo el mundo se hubiera empobrecido\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">M\u00e1s cierto era a\u00fan para Luisa. La paz oficial fue tan s\u00f3lo una bocanada de aire fresco en su alma. Estaba de Dios que su alma caminara sin descanso por una ruta de sufri\u00admientos. Ella estaba convencida. A primeros de mayo, recibi\u00f3 una carta del se\u00f1or Vicen\u00adte. Le escrib\u00eda desde Nantes. Al leerla, sinti\u00f3 escalofr\u00edos. Otra vez, Nantes iba mal. Tres sacerdotes del hospital y varios burgueses se hab\u00edan unido contra las Hermanas. Las acu\u00adsaron ante el ayuntamiento, el cabildo y el obispo \u00abde apropiarse de los bienes de los po\u00adbres\u00bb, y se propon\u00edan echarlas del hospital. Aunque despu\u00e9s de una auditor\u00eda, se descu\u00adbri\u00f3 que todo era falso, San Vicente le confesaba a Luisa que las Hermanas no se porta\u00adban como era de desear: \u00ab1. Se olvidan de la observancia del reglamento; 2. no son fieles a la oraci\u00f3n, a la lectura, a los ex\u00e1menes y al silencio; no hay mucha caridad entre ellas, ni obediencia ni paciencia ni tampoco la debida dedicaci\u00f3n a la asistencia de los enfer\u00admos\u00bb. Describ\u00eda c\u00f3mo era cada Hermana y propon\u00eda destinar a una y expulsar a otra; lue\u00adgo, traer a \u00abdos como es debido\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda hablado con el obispo de Nantes, pero no detenidamente. Pen\u00ads\u00f3 que no lograr\u00eda quitarle la antipat\u00eda que manifestaba a las Hijas de la Caridad; y por otros motivos, le dijo a Luisa. Estos motivos eran la repugnancia que sent\u00eda de aceptar en su di\u00f3cesis a unas mujeres que no eran ni religiosas ni seglares ni, en el fondo, cofrades; que hac\u00edan votos y, sin embargo, se presentaban como si fueran exentas de los obispos y dependientes del superior general de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Luisa mand\u00f3 a la su\u00adperiora que hiciera una copia del reglamento para el se\u00f1or obispo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ni Sor Juana Lepeintre ni uno de los defensores de las Hijas de la Caridad, el se\u00f1or de Annemont, capell\u00e1n del gobernador de Nantes, mariscal de la Melleiray, comprendieron que Vicente de Pa\u00fal no hablara detenidamente con el obispo. Luisa s\u00ed compren\u00addi\u00f3 el acierto del superior en no hablar nada de la aprobaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda por el ar\u00adzobispo de Par\u00eds. Cuando se enter\u00f3 que la superiora hab\u00eda pedido consejo a varios sacer\u00addotes sobre el modo de actuar, le escribi\u00f3 con amabilidad pero tambi\u00e9n con firmeza: \u00abUs\u00adted sabe que no puede nunca dejar de seguir las \u00f3rdenes de nuestro muy honorable Padre; sea firme y constante en esto y nunca se deje persuadir en nada por el atractivo de la sa\u00adtisfacci\u00f3n del esp\u00edritu en hacer lo contrario\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La situaci\u00f3n era, al mismo tiempo, delicada y crucial, pero Luisa no perdi\u00f3 la clari\u00addad. Para contentar al obispo, acaso lo mejor hubiera sido presentarle los votos de las Hi\u00adjas de la Caridad como religiosos, pero era una traici\u00f3n a los pobres. Las Hijas de la Ca\u00adridad no eran religiosas y las que hac\u00edan votos los hac\u00edan privados. Y mand\u00f3 que as\u00ed se lo dijeran al obispo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sor Juana le cont\u00f3 a Luisa que el obispo fue a visitarlas con un cuestionario minucio\u00adsamente extenso. Interrog\u00f3 a las Hermanas y fue duro con ellas, aunque admiti\u00f3 su sin\u00adceridad. Sor Juana se dol\u00eda en su carta: \u00abNo s\u00e9 qu\u00e9 pasa. Si tiene que haber aqu\u00ed alguna cosa que no est\u00e9 bien y que cause todos estos males, pero no ha pasado una aflicci\u00f3n, cuan\u00addo ya viene otra\u00bb. Luisa sac\u00f3 una conclusi\u00f3n enraizada en lo sobrenatural: \u00abEs\u00adpero mucho del establecimiento de Nantes, ya que una de las se\u00f1ales de la bondad de una obra es la persecuci\u00f3n\u00bb. A pesar de esta interpretaci\u00f3n, busc\u00f3 soluciones: envi\u00f3 tres Her\u00admanas nuevas y las aconsej\u00f3 que no hablaran del pasado. En otra carta, les reco\u00admendaba que fueran tolerantes y cordiales, que vivieran en paz sin miedo a ser expulsa\u00addas, pues se las ped\u00edan de otros muchos lugares. Si las expulsaban, saldr\u00edan con la cabeza alta, ya que de nada se hab\u00edan aprovechado, procurando, al salir, \u00absacudir el polvo del calzado\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sin embargo, Luisa s\u00ed ten\u00eda miedo. Fue temor al rid\u00edculo lo que sinti\u00f3, cuando el se\u00ad\u00f1or de Annemont le dijo que el obispo quer\u00eda sustituir a las Hijas de la Caridad por reli\u00adgiosas de Vannes. Dolorida y con el amor propio herido, prepar\u00f3 en agosto la vuel\u00adta de sus hijas. Era la primera vez que las Hijas de la Caridad ser\u00edan expulsadas de un es\u00adtablecimiento. Como un capricho de la fortuna, no obstante, en los meses siguientes la per\u00adsecuci\u00f3n amain\u00f3. Luisa se encontr\u00f3 en Par\u00eds con uno de los anteriores administradores del hospital y, en la conversaci\u00f3n, descubri\u00f3 que las Hermanas eran culpables de excesivo ce\u00adlo por la pobreza: por ahorrar en las comidas, no contentaban a los enfermos. Eran cul\u00adpables de no encarnarse en el pueblo: cocinaban tercamente al estilo de Par\u00eds y no al de Nantes. Luisa comprendi\u00f3 y escribi\u00f3 inmediatamente a la superiora: \u00ab\u00a1Algunas veces, qu\u00e9 poco se necesita para contentar a los m\u00e1s dif\u00edciles! Tan s\u00f3lo, basta poner en el cocido un poco de clavo, ya que es la costumbre del pa\u00eds, como tambi\u00e9n hacer consom\u00e9 para los en\u00adfermos graves que tengan necesidad, pues lo desean los se\u00f1ores administradores; y tomar la molestia de hacer peque\u00f1os guisos y condimentos para los convalecientes. Esto no cues\u00adta m\u00e1s y ellos se recuperan antes\u00bb. En otra carta, pone la clave de todas las rela\u00adciones con los administradores: tener una postura de humildad, sumisi\u00f3n y mansedumbre; \u00ablo que nunca se debe hacer es querer llevarlo todo en lucha encarnizada, quejarse en al\u00adto y murmurar entre ellas\u00bb. Para no caer en el des\u00e1nimo, que no escuchen nada que las turbe, y si hay angustias, que la superiora las comente s\u00f3lo con su consejera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><i>Salidas de la compa\u00f1\u00eda<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Como el a\u00f1o anterior, el 28 de agosto, march\u00f3 a descansar unos d\u00edas a Liancourt; al mismo tiempo, visitar\u00eda a las Hermanas y las Caridades de los alrededores. Adem\u00e1s del cansancio de la Fronda y un sinsabor por la situaci\u00f3n de Nantes, llevaba clavado el aban\u00addono de Sor Renata Priot, nacida en Angers. Este abandono la hab\u00eda herido doblemente: una mujer que dejaba a los pobres y el des\u00e1nimo que podr\u00eda causar en las j\u00f3venes de An\u00adgers que se sent\u00edan llamadas por Dios a las Hijas de la Caridad. Con este motivo, refle\u00adxion\u00f3 que las Hijas de la Caridad no ten\u00edan ning\u00fan v\u00ednculo jur\u00eddico de estabilidad. Las Hermanas que permanec\u00edan en la Compa\u00f1\u00eda lo hac\u00edan por vocaci\u00f3n y la obediencia, pero qu\u00e9 triste era \u00abexperimentar tanta clase de caracteres y perder tanto tiempo y tantos a\u00f1os empleados para formarlas y despu\u00e9s la debilidad se las quitaba\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Solamente, llevaba dos d\u00edas en Liancourt, cuando le lleg\u00f3 una noticia a\u00fan m\u00e1s desa\u00adgradable: Sor Ana Mar\u00eda, sobrina de una religiosa de la Visitaci\u00f3n, sol\u00eda hacer escapadas \u00abcon esc\u00e1ndalo de todo el mundo que ve\u00eda salir de casa a las Hermanas j\u00f3venes con toda facilidad\u00bb. La disculpa era visitar al confesor. Luisa orden\u00f3 tajante encerrar a la joven en la Visitaci\u00f3n y quitarle las llaves. La comunidad ten\u00eda que ver firmeza en cortar r\u00e1pido y firme para que no se contagiasen las Hermanas m\u00e1s d\u00e9biles. Si las salidas se hacen ruti\u00adnarias ser\u00eda la ruina de la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La piedad de su coraz\u00f3n se compadeci\u00f3, sin embargo, de aquella joven y suaviz\u00f3 la orden: que, al encerrarla, se hiciera \u00abcomo para hacer all\u00ed los ejercicios espirituales\u00bb, y que le quitaran las llaves \u00absin que sospechara que era por desconfianza\u00bb. Luisa deseaba que se marchara, pero no sab\u00eda c\u00f3mo expulsarla, sin destrozarla, pues Sor Ana Mar\u00eda no quer\u00eda irse. Renata, la de Angers, le hab\u00eda dicho \u00abque se dejara poner en el coche y que se bajara poco despu\u00e9s de que la hubieran dejado\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El consejo era eficaz: si del pueblo, la joven hab\u00eda llegado a Par\u00eds acompa\u00f1ada de su padre o de otra persona de confianza, Luisa se ve\u00eda obligada a entregarla a su familia \u00edn\u00adtegra y salva. Dejarla sola en Par\u00eds o en el camino, de ordinario, significaba entregarla a la violaci\u00f3n, prostituci\u00f3n y, acaso, ser asesinada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Vicente de Pa\u00fal la consol\u00f3. No ten\u00eda que ser tan impresionable porque se fueran al\u00adgunas Hermanas. Hab\u00eda que aceptar la voluntad de Dios; purgar la Compa\u00f1\u00eda de esa ma\u00adnera era misericordia divina; el Se\u00f1or velar\u00eda por las buenas vocaciones y le enviar\u00eda muchas m\u00e1s. Era cierto. Las j\u00f3venes llegaban de los lugares m\u00e1s diversos. El mismo Vi\u00adcente dudaba si necesitar\u00edan tantas. Bien, pero escarmentada, Luisa impuso un tiempo m\u00e1s largo de prueba para conocer mejor a las candidatas y no fiarse de los informes de palabra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En agosto, Luisa cumpli\u00f3 58 a\u00f1os. Para aquella \u00e9poca, era una anciana cargada de tra\u00adbajo y de preocupaciones, aunque demostraba no estar cansada. En mayo de 1649, con un recuerdo melanc\u00f3lico de los primeros a\u00f1os, enumer\u00f3 al P. Portail las Hermanas que ha\u00adb\u00edan muerto en su ausencia: Isabel Turgis, Juana Bautista, Salom\u00e9, Renata, Mar\u00eda Despi\u00adnal, Isabel Mart\u00edn, Magdalena Monget. Casi todas, compa\u00f1eras de los primeros tiempos. De aquellas primeras Hermanas, s\u00f3lo quedaban las hermanas Angiboust, Enriqueta Ges\u00adseaume, Br\u00edgida y pocas m\u00e1s. Sor Mar\u00eda Joly estaba en Sedan, a muchos kil\u00f3metros de Par\u00eds. Las Hermanas que comenzaban a llevar el peso de la Compa\u00f1\u00eda ven\u00edan de una segunda generaci\u00f3n. Ella a\u00fan viv\u00eda y soportaba sobre sus hombros ancianos los ci\u00admientos de todo el edificio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><i>Los ni\u00f1os abandonados<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A pesar de los a\u00f1os y de tanto peso, en el oto\u00f1o de 1649, a\u00fan tuvo energ\u00edas para bus\u00adcar dinero y alimentos para los ni\u00f1os abandonados. La mayor\u00eda de ellos hab\u00eda vuelto a Bic\u00e9tre en el verano; en Par\u00eds, tan s\u00f3lo se qued\u00f3 un grupito. En agosto, Luisa, Vicente y la duquesa de Aiguillon hab\u00edan buscado nuevos m\u00e9todos para alimentarlos con menos di\u00adnero. Era el pre\u00e1mbulo de lo que se avecinaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En noviembre, se desencaden\u00f3 una tormenta de dolor, de escr\u00fapulos y de impotencia ante la incapacidad de darles de comer, limpiarlos y vestirlos. No ten\u00eda nada para hacerlo. Todas las se\u00f1oras se hab\u00edan desentendido de la obra. Nadie le daba nada y ella no te\u00adn\u00eda coraz\u00f3n para verlos morir de hambre. Estaban solos, ella y Vicente de Pa\u00fal. A \u00e9l, acu\u00addi\u00f3 con gritos que eran lamentos de madre sin esperanza. Como el agua de una catarata. le enviaba sin cansarse cartas y mensajes continuos: ya hab\u00eda gastado en pan las \u00faltimas 20 libras que le quedaban; no ten\u00eda ni pa\u00f1ales ni s\u00e1banas; siete beb\u00e9s rechazaban el bi\u00adber\u00f3n y no hab\u00eda una peseta para pagar a las pobres nodrizas del campo ni en Navidad. y ellas comenzaban a devolverle los ni\u00f1os. El n\u00famero de ni\u00f1os segu\u00eda aumentando; le acababan de entregar cuatro peque\u00f1os y siete beb\u00e9s. Era imposible seguir. A Vicente de Pa\u00fal, casi le exigi\u00f3 no recibir a ninguno m\u00e1s, para que no murieran todos. Amenaz\u00f3 a las Damas y a las autoridades con desentenderse de la obra. Grit\u00f3, pero tambi\u00e9n actu\u00f3 y bus\u00adc\u00f3 soluciones: hacer colectas todos los domingos en las iglesias, que los curas prediquen en su favor, poner algunos cepillos en lugares visibles, hablar a la Princesa de Cond\u00e9 pa\u00adra que se compadezca, hacer una cuestaci\u00f3n en la misma Corte. Acudi\u00f3 al canciller S\u00e9\u00adguier con respeto, elegancia y firmeza, pidi\u00e9ndole solamente pan para las navidades de los ni\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El coraz\u00f3n de Luisa era todo ternura. Sab\u00eda que su amado superior estaba tan angus\u00adtiado como ella por tantos pobres y prefer\u00eda sufrir ella a hacerlo sufrir: \u00abSi pudi\u00e9ramos so\u00adportar estas penas sin hacerlo participante, lo har\u00eda muy gustosa, pero nuestra impotencia no lo permite\u00bb. La respuesta de Vicente de Pa\u00fal es lac\u00f3nica: \u00abLa obra de los ni\u00f1os est\u00e1 en las manos de nuestro Se\u00f1or. El viernes, veremos el resultado de la propuesta de la se\u00ad\u00f1ora de Herse. Por las injurias que la Compa\u00f1\u00eda podr\u00e1 sufrir, ella ser\u00e1 feliz, ya que es por hacer el bien\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Adem\u00e1s de lac\u00f3nica, la carta parece fr\u00eda. No era as\u00ed. Vicente estaba preparando una reuni\u00f3n de Damas y ya ten\u00eda pensada la pl\u00e1tica. S\u00f3lo, conservamos el esquema. Como en los comienzos, diez a\u00f1os antes, cuando se hicieron cargo de todos los ni\u00f1os, les habl\u00f3 de la necesidad extrema en la que se encontraban los ni\u00f1os; les dijo que ellas eran sus ma\u00addres, que las autoridades y la sociedad las felicitaban por lo mucho que estaban haciendo. Hab\u00eda que saber ser generosas; ciertamente, los tiempos eran malos, pero \u2014machac\u00f3\u2014 \u00ab\u00a1cu\u00e1ntos cachivaches hay en vuestras casas que no sirven para nada!\u00bb; y les anunci\u00f3 que, d\u00edas antes, una se\u00f1ora se hab\u00eda desprendido de sus joyas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El resultado fue enternecedor. De momento, llegaron las ayudas y los ni\u00f1os, de nue\u00advo, fueron llevados a Par\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><i>Matrimonio de Miguel Le Gras.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El dolor por el abandono de algunas Hermanas, el desasosiego por la incertidumbre de la comunidad de Nantes y la angustia por el futuro de los ni\u00f1os abandonados no eran los \u00fanicos sufrimientos que ahogaban a Luisa por estos meses. A ellos, hay que a\u00f1adir \u2014y acaso le era un dolor m\u00e1s helador\u2014 la situaci\u00f3n negra e incierta en la que viv\u00eda su hijo Miguel. Luisa, una anciana menuda y peque\u00f1a se empe\u00f1\u00f3, firme, en dar a su hijo un por\u00advenir di\u00e1fano y seguro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El 23 de marzo de 1648, el P.Alm\u00e9ras hab\u00eda escrito a Luisa desde Roma asegur\u00e1ndole que la anulaci\u00f3n del matrimonio de Miguel iba por buen camino. El rey de Francia, por medio de su embajador en Roma, Francisco Du Val, marqu\u00e9s de Fontenay, lo hab\u00eda asu\u00admido con inter\u00e9s<sup>80<\/sup>. El embajador hab\u00eda comprometido en su favor a varios cardenales, y el P. Alm\u00e9ras juzgaba que ya no eran \u00abnecesarias m\u00e1s recomendaciones de Francia\u00bb .<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Mientras Luisa estuvo en Liancourt preocupada por las barricadas de Par\u00eds, se enter\u00f3 de que, en casa del juez eclesi\u00e1stico, la se\u00f1ora Munier se hab\u00eda ofrecido para ayudar a Mi\u00adguel. Luisa se extra\u00f1\u00f3 de que estuviera enterada de un asunto que se guardaba con mucho sigilo, pero aconsej\u00f3 a su hijo que aceptara el ofrecimiento de aquella buena se\u00f1ora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En verano de 1649, todo indicaba que se hab\u00eda obtenido la dispensa tanto tiempo de\u00adseada. Vicente de Pa\u00fal nombr\u00f3 a Miguel, juez (bail\u00ed) de San L\u00e1zaro para ejercer la justi\u00adcia en aquel feudo<sup>81<\/sup>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Para Luisa, comenzaba una nueva empresa: casar a su hijo de 35 a\u00f1os de edad. No po\u00add\u00eda morir sin darle una situaci\u00f3n estable. Encontrar a una joven que fuera buen partido exig\u00eda que Miguel tuviera un puesto fijo y rentable. Juez de San L\u00e1zaro no era suficiente; solamente, los puestos p\u00fablicos eran apetecidos y hab\u00eda que comprarlos. Un puesto en la mara\u00f1a estatal era una inversi\u00f3n econ\u00f3mica. Aunque en estos arios, estaban devaluados por la multiplicaci\u00f3n realizada por el Estado, los cargos rentables eran caros. Lo que ya sab\u00eda Luisa se le presenta ahora descarnado y sin disimulo: que era pobre y no ten\u00eda para invertir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tambi\u00e9n, Vicente de Pa\u00fal asumi\u00f3, como si fuera su hijo, el esfuerzo de ayudarla. Es\u00adtando fuera de Par\u00eds, escribi\u00f3 a Luisa que fuera precavida en la compra de alg\u00fan cargo. Era mejor que Miguel \u00abfuera despacio y no emplear en ese cargo todo lo que ten\u00eda, (pues) quiz\u00e1 le resulte m\u00e1s caro\u00bb. Luisa preocupada acudi\u00f3 a las oraciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luisa se fij\u00f3 en una joven \u00abde la familia Portier, que viv\u00eda enfrente de San Pablo\u00bb, es decir, era una se\u00f1orita del lujoso barrio del Marais y de la Plaza Royal. Como era cos\u00adtumbre, cada familia encarg\u00f3 a otra persona preparar el <i>contrato. <\/i>La familia Le Gras no pod\u00eda presentar muchos bienes, la joven s\u00ed aportaba una dote envidiable: 15.000 libras el d\u00eda de la boda y otras tantas a la muerte de sus padres. Sin embargo, los Les Gras pre\u00adsentaban a un joven bien preparado, capaz de desempe\u00f1ar un cargo; lo cual supon\u00eda una fuerte inversi\u00f3n de dinero en los estudios y en su formaci\u00f3n. A pesar de este argumento, la situaci\u00f3n econ\u00f3mica de Miguel no satisfizo a la familia Portier. Antes de noviembre, se hab\u00edan abandonado las conversaciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El tiempo urg\u00eda \u2014Miguel hab\u00eda cumplido ya los 36 a\u00f1os\u2014 y se busc\u00f3 a otra joven, Gabriela Le Clerc, hija del se\u00f1or de Chennevi\u00e9res y sobrina del p\u00e1rroco de Champlan, al sur de Par\u00eds, donde hab\u00eda nacido la joven. Todo el mes de diciembre fue para Luisa un re\u00adloj acelerado. En unas semanas, se discutieron el empleo y la boda de Miguel. Intervinie\u00adron Luisa, Vicente de Pa\u00fal, la duquesa de Aiguillon, varias otras Damas, la familia Mari\u00adllac y varias personas m\u00e1s. Para Luisa, se suced\u00edan d\u00edas de esperanza, de miedo, de an\u00adgustia, de sufrimientos, de gozo. M\u00e1s que una boda era un trato, un trueque de dos j\u00f3ve\u00adnes y sus bienes entre dos familias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Miguel necesitaba comprar un empleo. Hubo un momento en que todo pareci\u00f3 perdi\u00addo. Luisa no encontraba dinero suficiente y sospech\u00f3 que la familia de la joven quer\u00eda rom\u00adper el di\u00e1logo. Luisa lo temi\u00f3 con horror y a Miguel daba l\u00e1stima verlo. Acudi\u00f3 a los Ma\u00adrillac que estaban dispuestos a ayudarles, y a los Attichy, record\u00e1ndoles el tiempo en que Antonio Le Gras y ella hicieron de tutores suyos sin tener obligaci\u00f3n; visit\u00f3 en Port\u2014Ro\u00adyal a Ang\u00e9lica de Atri y Attichy, y escribi\u00f3 una carta al conde de Maure, esposo de Ana de Attichy, una carta que transparentaba la angustia de su pobreza y el destrozo del orgu\u00adllo. Todo por el amor a su hijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00abSe\u00f1or:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Constantemente, esperaba que alguna ocasi\u00f3n me dar\u00eda el medio de tener el ho\u00adnor de verlo, y al no poder, me tomo la libertad de hacerle saber, por estas l\u00edneas, el estado en que estamos respecto al asunto de mi hijo, que yo dir\u00eda ser para m\u00ed una aflicci\u00f3n grand\u00edsima, si, como cristiana, no debiera amar el desprecio que de ordi\u00adnario sigue a la pobreza, \u00fanica causa de que no avancemos nada. Y por decirle la verdad, se\u00f1or, asumo los sentimientos que la prudencia humana da a esta buena jo\u00adven; la cual, por el conocimiento que tiene de \u00e9l y por los pocos bienes que yo pue\u00addo dejarle, ve que no puede esperar nunca hacer una fortuna, pues entre los dos no tendr\u00e1n nada m\u00e1s que para sostener muy estrechamente a una peque\u00f1a familia. Y como de ordinario, las cargas recaen sobre los que menos medios tienen para so\u00adbrellevarlas, el pensamiento de la muerte y de dejar unos pobres hu\u00e9rfanos, le ha\u00adce temer meterse en este peligro. Y aunque las personas que han intervenido en es\u00adte asunto le hayan dado motivos para esperar m\u00e1s que lo que aparece, me parece, se\u00f1or, que ellos no creen m\u00e1s que lo que ven.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con raz\u00f3n, se quejar\u00eda usted de mis importunidades, si Dios no hubiese llena\u00addo su coraz\u00f3n de caridad. Pero \u00bfa qui\u00e9n podr\u00eda descubrir estas penas, que mi or\u00adgullo exagerado me ha hecho tener ocultas por mucho tiempo, sino a usted, se\u00f1or, que es para Dios lo que le es, y para m\u00ed usted tiene el lugar de aquellos que con su direcci\u00f3n me hicieron entrar en la forma de vida que me ha puesto en la situa\u00adci\u00f3n en que estoy? No interprete, le suplico, esto que le digo como una queja, \u00a1Dios me libre!, pues hubiera sido felic\u00edsima si la divina Providencia hubiera que\u00adrido que la esperanza y los deseos de ellos se hubiesen cumplido, y si Dios les hu\u00adbiera conservado la vida. Pero no fue as\u00ed \u2014\u00a1sea Dios siempre glorificado por ello!\u2014 y porque desde que enviud\u00e9, o por lo menos desde hace diez o doce a\u00f1os, he tenido que buscar ayuda, como se lo podr\u00e1n atestiguar el se\u00f1or y la se\u00f1ora de Marillac y su se\u00f1ora madre, con los que tengo grandes y se\u00f1aladas obligaciones de gratitud.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Perd\u00f3neme, se\u00f1or, esta enojosa conversaci\u00f3n que le dar\u00e1 a conocer la confian\u00adza que tengo en su gran discreci\u00f3n y de que soy en el amor de nuestro Se\u00f1or, se\u00ad\u00f1or, su muy obediente y muy humilde servidora LdMarillac\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En la segunda mitad del siglo XVII, el h\u00e9roe individual y aislado de las tragedias de Corneille quedaba superado y dejaba paso al <i>hombre cort\u00e9s <\/i>[honn\u00e9te hornme] realizado para la sociedad. Para el hombre cort\u00e9s, si no era noble, el honor era el comienzo de la prosperidad, y las amistades de nobles val\u00edan una fortuna: las puertas se le abr\u00edan con fa\u00adcilidad como un aval para una persona emprendedora. Miguel presentaba en el contrato matrimonial los apellidos Marillac, Attichy y Maure. As\u00ed, debi\u00f3 considerarlo la familia de la se\u00f1orita Le Clerc. Luisa present\u00f3 el contrato matrimonial a Vicente de Pa\u00fal y a Miguel de Marillac y, aunque algunos art\u00edculos pod\u00edan mejorarse, comprendieron que hab\u00eda mu\u00adchas ventajas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El 20 de diciembre, Luisa escribi\u00f3 a Vicente una carta m\u00e1s tranquila. Todo parec\u00eda que llegaba a un final feliz. El 13 de enero de 1650, Luisa pidi\u00f3 a Sor Juana Lepeintre ora\u00adciones por su hijo que se iba a casar. Vicente de Pa\u00fal acept\u00f3 ser nombrado en el contrato matrimonial, as\u00ed como el antiguo prior de San L\u00e1zaro, junto a los se\u00f1ores de Marillac, At\u00adtichy y Maure. Miguel ya era due\u00f1o de la herencia de su difunto padre, pero no de los pocos bienes de Luisa. Su madre le cedi\u00f3 unas rentas (acciones) de 500 libras anuales. Tam\u00adbi\u00e9n, le confes\u00f3 las cl\u00e1usulas del testamento. Miguel no se molest\u00f3 por la figura jur\u00eddica de <i>sustituci\u00f3n, <\/i>manifestando que no sufr\u00eda por ello ni cre\u00eda que le causaba perjuicio por\u00adque pasaran a los pobres los bienes que quedaran de la peque\u00f1a herencia de Luisa si \u00e9l mor\u00eda sin sucesi\u00f3n leg\u00edtima.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por fin, el 18 de enero de 1650, en la parroquia de San Salvador de Par\u00eds, se celebr\u00f3 \u00abel matrimonio de Mesire Miguel Le Gras, escudero, abogado en el Parlamento, hijo del difunto Antonio Le Gras, escudero, consejero del rey y secretario de la difunta reina, con la se\u00f1orita Gabriela Le Clerc, hija de Nicol\u00e1s se\u00f1or de Chennevi\u00e9res y de la difunta Ge\u00adnoveva de la Roche Maillet\u00bb. Luisa pod\u00eda descansar. Durante m\u00e1s de 25 a\u00f1os, su amor de madre la hab\u00eda martirizado duramente, pero tambi\u00e9n la hab\u00eda llenado de energ\u00eda para dar\u00adle un porvenir digno a su \u00fanico hijo. Finalmente, lo hab\u00eda logrado. A\u00fan tardar\u00eda unos me\u00adses en tomar posesi\u00f3n de un cargo. Lo logr\u00f3 a trav\u00e9s de la familia de su esposa. Dos t\u00edos de Gabriela, se\u00f1ores de la Rochemaillet, cedieron sucesivamente hasta llegar a Miguel el puesto de consejero en la Corte de la Moneda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">1649 fue un a\u00f1o horrible para Luisa. En realidad, horribles fueron los seis a\u00f1os que van de 1644 a 1650. Nunca los olvidar\u00eda. Mirando su vida desde que era una ni\u00f1a, vio la crueldad de la sociedad, su abandono, la lucha por medrar, el sufrimiento, la angustia y, en el centro de su vida, contempl\u00f3 a su hijo, a las Hijas de la Caridad y a los pobres. Ayu\u00add\u00e1ndola, \u00fanicamente, Vicente de Pa\u00fal, unos pocos amigos y, de vez en cuando, algunos de sus familiares. Todo lo que sinti\u00f3 su alma sencilla y delicada lo escribi\u00f3 por estos a\u00f1os:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00abLas almas a las que Dios destina al sufrimiento deben amar mucho tal estado y pensar que sin una asistencia muy particular de Dios, no pueden serle fieles&#8230; Dios me ha hecho muchas gracias como la de darme a conocer que su santa vo\u00adluntad era que fuera a \u00e9l por la cruz, que su bondad quiso que tuviera desde mi mis\u00admo nacimiento, no dej\u00e1ndome casi nunca en toda edad sin ocasi\u00f3n de sufrimiento. Y despu\u00e9s de haberme hecho tantas veces estimar y desear este estado, me he con\u00adfiado a su bondad que \u00c9l me dar\u00eda nueva gracia para hacer su santa voluntad, pi\u00addi\u00e9ndole de todo coraz\u00f3n que me ponga en lugar y estado para ello, aunque esto tenga que ser penoso a los sentidos\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Leyendo estos a\u00f1os de su vida, comprendemos aquella postdata que a\u00f1adi\u00f3 en 1644 a su director y padre: \u00abYo no puedo tener ayuda de quien sea en el mundo ni nunca apenas la he tenido a no ser de su caridad\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><i>Soluci\u00f3n definitiva<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><i>En <\/i>los primeros meses de 1650, la calma fue penetrando en el alma de Luisa de Ma\u00adrillac, aunque quedaban por resolver de una manera definitiva los problemas que la ha\u00adb\u00edan oprimido durante 1649. En febrero, a\u00fan se asustaba buscando 2.000 libras para los gastos en dones y regalos que exig\u00eda la toma de posesi\u00f3n de Miguel como consejero en la Corte de la Moneda. Hasta julio, no pudo tomar posesi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hacia la primavera, tambi\u00e9n se fue serenando la comunidad de Nantes. En abril, to\u00adtov\u00eda permanec\u00eda vivo el deseo de cambiar a las Hijas de la Caridad por las Religiosas de Vartnes. Pero en mayo, con el cambio de la Junta de administradores, todo se tranquiliz\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pusieron un administrador y un cocinero seglares, pidieron aumentar el n\u00famero de Her\u00admanas y cambiar a algunas. En agosto, todo parec\u00eda pacificado, aunque Sor Juana Le\u00adpeintre, la Hermana Sirviente, estaba agotada, resignada y sin fuerzas, como una enferma que se repon\u00eda de una larga enfermedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luisa se hab\u00eda acostumbrado al sufrimiento y sab\u00eda luchar contra \u00e9l. En abril, se sali\u00f3 otra Hija de la Caridad, se cas\u00f3 y puso su vivienda en la misma casa en que viv\u00eda la otra Hija de la Caridad, que serv\u00eda a los pobres en la parroquia de San Roque. El p\u00e1rroco y la marquesa de Maignelay, temiendo por la vocaci\u00f3n de su compa\u00f1era, se la devolvieron a Luisa y le pidieron otras dos Hermanas. Luisa se neg\u00f3 a darlas si ten\u00edan que vivir en la misma casa en que se alojaba su antigua compa\u00f1era. Firme pero desconcertada pidi\u00f3 con\u00adsejo al se\u00f1or Vicente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Era de Dios que los ni\u00f1os abandonados estuvieran pegados a Luisa como los hijos a su madre. Los hab\u00eda dividido en tres grupos: los beb\u00e9s estaban con nodrizas por los cam\u00adpos, los mayorcitos andaban en Bic\u00e9tre y los destetados ocupaban varias casitas de las tre\u00adce que construy\u00f3 Vicente de Pa\u00fal en San Lorenzo, al lado de las Hijas de la Caridad. Lui\u00adsa giraba sin parar de un lado para otro. Pudo encontrar comida, pa\u00f1ales y s\u00e1banas, pero como una tormenta, le cay\u00f3 encima la penuria de los que estaban en el campo. Llevaba meses sin pagar a las nodrizas. Eran familias pobres que en aquella situaci\u00f3n de guerra y miseria hab\u00edan gastado parte de lo poco que ten\u00edan, para atender a unos ni\u00f1os que no eran hijos suyos. Estaban en la pobreza y se ve\u00edan morir de hambre. Desde lejos, a pie muchos kil\u00f3metros, ven\u00edan a Par\u00eds, a la puerta de la se\u00f1orita Le Gras a cobrar la pensi\u00f3n de los ni\u00ad\u00f1os. A Luisa, le daba l\u00e1stima, y su conciencia se alborotaba ante la penuria de aquella \u00abpo\u00adbre gente, pidiendo lo que se le deb\u00eda en justicia\u00bb. Pero no ten\u00eda nada para pagarles. Una y otra vez ten\u00edan que volverse a sus pueblos sin haber recibido nada m\u00e1s que la esperan\u00adza que les imbu\u00eda Luisa de pagarles la pr\u00f3xima vez. Pocas veces, una madre de familia se sinti\u00f3 tan angustiada por la miseria y tan avergonzada ante las deudas. Como en noviem\u00adbre, acudi\u00f3 al superior y le propuso dr\u00e1sticamente, como entonces, no recibir ning\u00fan ni\u00ad\u00f1o m\u00e1s, pagar a las nodrizas y traer de los pueblos a todos los ni\u00f1os destetados. Urg\u00eda con\u00advocar a las Damas a una asamblea (c.318).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por fin, consiguieron pagarles, pero el rompecabezas de Bic\u00e9tre continuaba inquie\u00adtante. Desde que los ni\u00f1os llegaron a Bic\u00e9tre, en julio de 1647, se mezclaron dos concep\u00adciones diferentes de llevar la organizaci\u00f3n. La mayor\u00eda de las Damas buscaban salvar la vida al mayor n\u00famero posible de ni\u00f1os abandonados, d\u00e1ndoles comida, vestido y vivien\u00adda. Cuanto m\u00e1s ahorraran, m\u00e1s ni\u00f1os acoger\u00edan. Luisa modificaba esta visi\u00f3n. Part\u00eda de dos principios: el compromiso contra\u00eddo de recoger a todos los ni\u00f1os abandonados en Pa\u00adr\u00eds. El problema reca\u00eda en encontrar el dinero, y ah\u00ed, pon\u00eda el segundo principio: dinero hab\u00eda suficiente en la municipalidad, en el pueblo y, abundante, en las casas de los nobles y burgueses. No bastaba, por ello, darles la vida, hab\u00eda que darles tambi\u00e9n un futuro dig\u00adno, educaci\u00f3n y formaci\u00f3n. Vicente de Pa\u00fal, la se\u00f1ora de Lamoignon, su hija y algunas pocas se\u00f1oras m\u00e1s asum\u00edan las ideas de Luisa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En Bic\u00e9tre, hab\u00eda un grupo de ni\u00f1os que ya eran adolescentes. En una sociedad don\u00adde el sexo era incontrolable, Luisa pens\u00f3 que conven\u00eda hacer hogares enteramente sepa\u00adrados para ni\u00f1os y para ni\u00f1as. El director de las Caridades, Vicente de Pa\u00fal, as\u00ed lo hab\u00eda manifestado en una asamblea de Damas y hab\u00eda sido aceptado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Un d\u00eda de abril de 1650, estaba Luisa en casa de la presidenta de las Damas y habl\u00f3 con su hija, la se\u00f1orita de Lamoignon. Ambas pensaban id\u00e9nticamente: no bastaba con re\u00adcoger a los ni\u00f1os en un pabell\u00f3n, como pretend\u00edan las Damas, para lograr la separaci\u00f3n, pues los patios y la mayor\u00eda de lo locales eran comunes. \u00c9sta era la estratagema de las Da\u00admas para no sacar a los ni\u00f1os de Bic\u00e9tre ni hacer una verdadera separaci\u00f3n. A no ser \u2014 pensaba Luisa\u2014 que fuera una excusa para quitar la direcci\u00f3n a las Hijas de la Caridad y d\u00e1rsela a otra persona. La se\u00f1orita de Lamoignon ped\u00eda a Vicente de Pa\u00fal que no cediera y obligara a las Damas a completar la separaci\u00f3n como se hab\u00eda convenido en la asam\u00adblea. Luisa propuso alquilar otras dos casitas del bloque llamado Trece Casitas y abando\u00adnar totalmente Bic\u00e9tre. Al director, le insist\u00eda, adem\u00e1s, en que era imposible dar una for\u00admaci\u00f3n cristiana a los ni\u00f1os con las mujeres que hab\u00edan puesto en aquel \u00abcastillo\u00bb para ayudar a las Hijas de la Caridad. Eran mujeres que hab\u00edan encontrado trabajo fuera de Pa\u00adr\u00eds, en el aislamiento de Bic\u00e9tre \u00abno obligadas por la necesidad de los tiempos\u00bb, sino por\u00adque nadie las contrataba debido a \u00absu mala conducta&#8230; y porque eran mal habladas y de gran libertinaje\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luisa de Marillac y Vicente de Pa\u00fal, unidos, lograron sacar a los ni\u00f1os de Bic\u00e9tre, acu\u00addiendo al Procurador General y pidi\u00e9ndole alg\u00fan edificio en Par\u00eds. Era ya verano de 1650.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde enero de 1649, los meses fueron agotadores para Luisa de Marillac. 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