{"id":128969,"date":"2025-06-13T08:25:44","date_gmt":"2025-06-13T06:25:44","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=128969"},"modified":"2024-08-22T20:48:30","modified_gmt":"2024-08-22T18:48:30","slug":"momentos-de-descanso-ii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/momentos-de-descanso-ii\/","title":{"rendered":"Momentos de descanso (II)"},"content":{"rendered":"<div>\n<p style=\"text-align: justify\"><i>Saint-Denis<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><i>\u00a0Nantes y los Consejos<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luisa pronto se olvid\u00f3 de Le Mans. En mayo de 1646, cuando tem\u00eda su fracaso, los administradores del Gran Hospital de Nantes pidieron Hijas de la Caridad. Hab\u00edan o\u00eddo c\u00f3mo en poco tiempo hab\u00edan reorganizado el Gran Hospital de Angers, hab\u00edan le\u00eddo el re\u00adglamento de las Hermanas y deseaban encargarles tambi\u00e9n a ellas su hospital.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Nantes era una gran ciudad con los adinerados barrios burgueses y los bajos fondos que conllevan los puertos mar\u00edtimos de intensa actividad comercial. Disputaba a Burdeos la primac\u00eda de los puertos franceses del Atl\u00e1ntico. Se hab\u00eda especializado en el comercio con Am\u00e9rica y las colonias francesas. Por las calles, pululaban los obreros de sus astille\u00adros, marinos, comerciantes, gente advenediza y mujeres de todas las clases. El hospital de San Renato estaba pasando por serios des\u00f3rdenes. Era un honor para las pobres aldeanas ser elegidas para poner remedio y dirigir un hospital en una ciudad como Nantes. Luisa se emocion\u00f3, adem\u00e1s, porque nadie hab\u00eda influido en la petici\u00f3n. Hab\u00edan sido los bur\u00adgueses de la ciudad quienes pidieron a sus j\u00f3venes por consejo, nada menos que del \u00abse\u00ad\u00f1or d&#8217;Annemont, capell\u00e1n del mariscal de La Meilleraye\u00bb (D 404), gobernador y lugarte\u00adniente del rey en Nantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luisa no quiso exponerse a un fracaso que perjudicara a los pobres y pudiera des\u00adprestigiar la comunidad y prepar\u00f3 a conciencia la fundaci\u00f3n. De acuerdo con el superior, ir\u00eda ella misma a comenzar la primera comunidad de Nantes<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Entre tanto, por estos meses, el superior Vicente comprendi\u00f3 que la Compa\u00f1\u00eda hab\u00eda crecido en casas y en Hermanas y que el trabajo era duro, constante y, al mismo tiempo, delicado para que dependiera \u00fanicamente de las decisiones de \u00e9l y de Luisa de Marillac. A primeros de 1646, hab\u00eda nombrado a sor Juana Lepeintre asistenta de la Se\u00f1orita y, por la primavera, escogi\u00f3 otras dos ayudantes: sor Isabel Hellot y Juliana Loret. Finalmente, el 28 de junio, cre\u00f3 los Consejos, corrientes entre las religiosas e instituciones civiles. En frase de Vicente de Pa\u00fal, era \u00abel comienzo de un orden y de unas bases que la Providen\u00adcia echaba en la Compa\u00f1\u00eda&#8230; para estudiar algunas necesidades&#8230;, para decir a las Her\u00admanas la manera de comportarse y ver lo que hab\u00edan de hacer la se\u00f1orita Le Gras y la Her\u00admana Sirviente\u00bb. Se tendr\u00edan todas las semanas, presididos por \u00e9l o por un mi\u00adsionero, y lo compondr\u00edan Vicente, Luisa, un padre pa\u00fal y otras tres consejeras. A veces, asistir\u00edan tambi\u00e9n una o dos Hijas de la Caridad, elegidas entre las m\u00e1s antiguas. San Vi\u00adcente les ped\u00eda libertad absoluta para expresarse y secreto casi sacramental.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En el primer consejo, se examin\u00f3 qu\u00e9 Hermanas ir\u00edan a Nantes, y se volvi\u00f3 a exami\u00adnar la semana siguiente. Decidieron que la Hermana Sirviente fuera sor Isabel Mart\u00edn, que con acierto hab\u00eda comenzado la comunidad de Angers. Otra Hermana le ayudar\u00eda como consejera. Se eligieron tambi\u00e9n a otras seis Hermanas que completar\u00edan la comunidad: An\u00adtonieta de Montreuil, Catalina Bagart, Petra de Villers, Petra de Sed\u00e1n, Margarita Noret y Marta de Saint-Jacques.Completaron el tema de Nantes analizando qui\u00e9n podr\u00eda ser el con\u00adfesor de las Hermanas; se inclinaron por el se\u00f1or des Jonch\u00e9res, que hab\u00eda sido lugarte\u00adniente general de Nantes y se hab\u00eda hecho sacerdote s\u00f3lo por devoci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La Compa\u00f1\u00eda no era un grupo de amigas reunidas para servir a los pobres, era ya una organizaci\u00f3n de m\u00e1s de cien Hijas de la Caridad con estructuras, reglamentos y obras muy diversas. La superiora Luisa se iba a ausentar casi dos meses para dirigir la fundaci\u00f3n de Nantes y no pod\u00eda abandonar la Compa\u00f1\u00eda a su aire. Antes de marchar, record\u00f3 a sor Jua\u00adna Lepeintre que era la superiora en su ausencia; indic\u00f3 a la comunidad que el P. Lam\u00adberto har\u00eda las veces de Director, cuando no estuvieran Vicente de Pa\u00fal ni el P. Portail; distribuy\u00f3 los oficios de la Casa y les dej\u00f3 por escrito unas recomendaciones sobre el mo\u00addo de actuar. Humana hasta en los momentos m\u00e1s agobiantes, no se olvid\u00f3 de que sor Ro- se sufr\u00eda mucho con personas que no la conoc\u00edan y rog\u00f3 que \u00abesperase a su vuelta para nacer los ejercicios espirituales, ya que era un poco escrupulosa y hab\u00eda que atenderla de manera distinta a las otras\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El jueves, 26 de julio de 1646, sali\u00f3 con Sor Francisca Noret, para que la acompa\u00f1ara a la vuelta, con sor Turgis, destinada a Richelieu y con las seis Hermanas que forma\u00adr\u00edan la comunidad de Nantes. De las nombradas en el consejo, faltaban dos: Sor Petra Villers y Sor Marta de St.-Jacques y estaba una nueva: Sor Claudia Carr\u00e9. Como era cos\u00adtumbre desde hac\u00eda varios a\u00f1os, Vicente las despidi\u00f3 con una conferencia y les dio la ben\u00addici\u00f3n. Encarg\u00f3 a Luisa que redactara una memoria del viaje y, gracias a ella, conocemos el itinerario y las vicisitudes del camino. Luisa nos lleva con inter\u00e9s a trav\u00e9s de las diferentes etapas de la ruta. De Par\u00eds a Orleans, en diligencia. Desde aqu\u00ed, tom\u00f3 el ca\u00admino en barco, por el r\u00edo Loira hasta Nantes. El viaje resultaba m\u00e1s barato, pero era un largo sacrificio, lento, eterno. Tuvieron que esperar d\u00edas en los peque\u00f1os puertos fluvia\u00adles porque las aguas ven\u00edan bajas; esperas agotadoras bajo el sol de agosto, comiendo lo que llevaban en las bolsas. Frecuentemente, llegaban a los pueblos a horas intempestivas y no era raro que las rechazaran en las posadas. No pudieron detenerse en Tours para vi\u00adsitar la ciudad y saludar a los familiares de las Hermanas; ni pudieron acercarse a animar las Caridades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En Angers, pudieron detenerse dos d\u00edas. Despu\u00e9s de seis a\u00f1os, volv\u00eda a abrazar a las Hermanas con las que hab\u00eda pasado momentos inolvidables a pesar del disgusto de hac\u00eda dos a\u00f1os. Lo encontr\u00f3 todo bien. Los administradores le pidieron otras cuatro Hermanas. Todo ello la halag\u00f3. De nuevo, en barco, llegaron a Nantes el 9 de agosto. En total, hab\u00edan tardado dos semanas; la mayor parte del tiempo navegando por el r\u00edo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El recibimiento fue apote\u00f3sico. Desde hac\u00eda dos d\u00edas, \u00abtodas las familias de Nantes las esperaban con impaciencia\u00bb. Al d\u00eda siguiente de llegar las Hermanas, se pusieron a lim\u00adpiar y a ordenar el hospital; descubrieron que estaba bastante atrasado tanto en t\u00e9cnica y funcionamiento como en atenci\u00f3n a los enfermos. No hac\u00edan sangr\u00edas ni daban purgas y apenas medicinas. Les llam\u00f3 la atenci\u00f3n la escasez de empleados para atender a los hom\u00adbres. Tan s\u00f3lo daban dos comidas, al mediod\u00eda y a la cena. \u00abEn pocos d\u00edas, se logr\u00f3 tal cambio que todo el mundo ven\u00eda a verlo, cuando antes apenas entraban\u00bb. Luisa logr\u00f3 que se despidiera al abastecedor, que hab\u00eda convertido su oficio en un negocio personal, y a su mujer, que se entromet\u00eda en el modo de distribuir las comidas a los enfermos. Con ellos, no se pod\u00eda mejorar el hospital. Asimismo, logr\u00f3 que se cambiara al capell\u00e1n \u2014que usur\u00adpaba las funciones de director\u2014 por el de Santa Mar\u00eda, proponi\u00e9ndole, adem\u00e1s, a San Vi\u00adcente nombrarlo como confesor de las Hermanas. Vicente de Pa\u00fal prefiri\u00f3 que lo fuera el se\u00f1or des Jonch\u00e9res, como lo hab\u00edan decidido en el consejo. Todo parec\u00eda dirigido por Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Instaladas en el hospital, las visitaron las familias de alta posici\u00f3n, y las que estaban en el campo, volvieron a presentarles sus respetos; hasta eclesi\u00e1sticos y religiosos acu\u00addieron al hospital a conocer a aquella nueva cofrad\u00eda. A Luisa, la \u00abtomaron por una gran se\u00f1ora\u00bb<sup>20<\/sup>. Sin lugar a duda, todas aquellas gentes quedaron asombradas de la entrega y del nuevo estilo de trabajo que desarrollaban las Hijas de la Caridad, pero tambi\u00e9n aviv\u00f3 la curiosidad el ser una especie de congregaci\u00f3n religiosa sin ser religiosas; una compa\u00ad\u00f1\u00eda secular era una novedad en aquella \u00e9poca. Al Vicario de la di\u00f3cesis, hubo que decir\u00adle que estaban aprobadas por el arzobispo de Par\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Enfrascada en la fundaci\u00f3n, la actividad no le imped\u00eda dirigir la Compa\u00f1\u00eda. Desde Nantes, escribi\u00f3 al P. Portail sobre los asuntos de Angers y sobre los problemas y cam\u00adbios de algunas Hermanas. Escribi\u00f3 a su sustituta, Sor Juana Lepeintre, y a su secreta\u00adria, Sor Juliana Hellot, que hab\u00edan quedado en Par\u00eds. Las animaba y felicitaba por el trabajo que estaban haciendo; les exigi\u00f3 que le escribiesen cada semana y, si Sor Jua\u00adna escrib\u00eda como asistenta, firmase las cartas. Se la ve contenta y toma bromas con Sor Hellot. Se presenta cari\u00f1osa, como una madre mayor con sus hijas. Se preocupa por que sean santas y les muestra el camino de la perfecci\u00f3n. Su vanidad femenina se sinti\u00f3 agasajada cuando Vicente de Pa\u00fal le escribi\u00f3 que en Par\u00eds algunas Hermanas ten\u00edan mal humor, \u00abpero la presencia de usted lo arreglar\u00e1 todo\u00bb, le dice el santo, y a\u00f1ade: \u00abLas Damas de la Caridad del Gran Hospital continuamente me est\u00e1n echando en cara que le haya dejado marchar a usted, sobre todo, la se\u00f1ora de Nesmond\u00bb. Frase peque\u00f1a que manifiesta la importancia enorme de la se\u00f1orita Le Gras en las obras vi\u00adcencianas de caridad. La correspondencia con San Vicente es distinta de la que tuvo desde Angers seis a\u00f1os antes. Ella sigue cont\u00e1ndole todo lo que hace, pero el director es ahora un personaje en la corte y est\u00e1 agobiado de trabajo. Forma parte del Consejo de Conciencia del Reino, la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n ha aumentado en miembros y en comunidades, sigue con las Caridades que han asumido m\u00e1s obras, es el centro or\u00adganizativo para dar soluciones sociales a los desastres de la guerra, y las Hijas de la Ca\u00adridad se fortalecen al par que crecen. Las respuestas a su colaboradora son m\u00e1s breves, pues conf\u00eda plenamente en ella: \u00abNo le digo nada concreto de lo que tiene que hacer con esos se\u00f1ores, pues conf\u00edo en que nuestro Se\u00f1or le dar\u00e1 luz y consejo suficiente pa\u00adra ello\u00bb. \u00abSiga el pensamiento que le d\u00e9 nuestro Se\u00f1or sobre el confesor de las Her\u00admanas\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00danicamente, una pena, como una nubecilla, empa\u00f1aba su alegr\u00eda: la enfermedad de su hijo; pero la paz sobrenatural que experimentaba ocult\u00f3 la angustia. La santidad no imped\u00eda que algunas cartas de Luisa rezumasen tragedia humana, pues la enfermedad era grave. Vicente de Pa\u00fal ofreci\u00f3 al joven una casa de la Congregaci\u00f3n para estar atendido por Hijas de la Caridad para que lo cuidasen; Miguel prefiri\u00f3 alojarse en casa del m\u00e9di\u00adco y acept\u00f3 el cuidado de las Hermanas. Miguel, de constituci\u00f3n fuerte, se cur\u00f3 del to\u00addo. El dolor de Luisa era distinto al de a\u00f1os anteriores. Era un dolor alegremente sobre\u00adnatural. La santidad de entonces la hab\u00eda llevado a romper la carne que la un\u00eda con el hi\u00adjo; ahora tan s\u00f3lo, deseaba que no muriese sin confesi\u00f3n. Y es que le parec\u00eda que todo le hab\u00eda salido bien y que era Dios quien lo hab\u00eda arreglado todo: \u00abHay que dar gracias a Dios por las bendiciones que Dios da a este establecimiento\u00bb. \u00abTengo motivos para de\u00adcir de verdad que ha sido la divina Providencia la que ha intervenido sola\u00bb. En la me\u00admoria que entreg\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal, ocultadas por su humildad, su santidad y su provi\u00addencialismo, descubrimos su inteligencia y dotes organizativas:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00abReflexionando sobre la marcha de este establecimiento, tengo muchos moti\u00advos para decir, con toda verdad, que ha sido la Providencia totalmente sola la que ha intervenido, no teniendo yo ning\u00fan conocimiento, al ir all\u00e1, de lo que ten\u00eda que hacer, y puedo decir que ve\u00eda lo que se hac\u00eda a medida que estaba hecho, y que en las ocasiones en que quiz\u00e1s hubiera tenido muchas dificultades, la misma provi\u00addencia me hac\u00eda encontrar, sin haberlo previsto, las personas que me pod\u00edan ayu\u00addar. Creo yo que era por las necesidades que mi insuficiencia me creaba, pues me parece que yo nunca he obrado de esta manera, descuidada, y me parec\u00eda que yo no hac\u00eda nada m\u00e1s que lo que se me hac\u00eda hacer, sin que yo supiera c\u00f3mo. Dios sea siempre bendito!\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En septiembre, se despidi\u00f3 del vicario de la di\u00f3cesis y un mes despu\u00e9s de haber lle\u00adgado, sali\u00f3 para Par\u00eds de nuevo por el r\u00edo Loira. Era el 10 de septiembre. De Hermana Sir\u00adviente, dej\u00f3 a Sor Isabel Mart\u00edn, la misma que comenz\u00f3 la fundaci\u00f3n de Angers. El se\u00f1or des Jonch\u00e9res acept\u00f3 la direcci\u00f3n de las Hermanas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><i>Un desenga\u00f1o inesperado<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Desde Par\u00eds, en octubre, les envi\u00f3 el refuerzo de dos Hermanas. Una, Sor Enriqueta Gessaume, iba de farmac\u00e9utica, prestada s\u00f3lo para seis meses, hasta que ense\u00f1ara a la compa\u00f1era. Todo iba bien. En noviembre, uno de los administradores le escrib\u00eda que las Hijas de la Caridad \u00abtrabajaban maravillosamente bien en el cuidado del hospital y en la edificaci\u00f3n del pueblo\u00bb. Que no esperase quitarles a Sor Enriqueta hasta pasado un a\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero a los siete meses, en marzo de 1647, llegaron cartas que la destrozaron como a una estatua de barro ca\u00edda de una torre. Recibi\u00f3 una carta del capell\u00e1n, acusando a la Hermana Sirviente de tratar a las Hermanas \u00abcon autoridad y suficiencia y de no man\u00addarlas o prohibirlas nunca nada, si no era con esp\u00edritu irascible, villano, sombr\u00edo, des\u00adpiadado y altanero\u00bb. Tambi\u00e9n, recibi\u00f3 carta del director espiritual, el se\u00f1or des Jonch\u00e9\u00adres, descubri\u00e9ndole algunas divisiones entre las Hermanas que comenzaban a destruir la uni\u00f3n\u00bb. Para \u00e9l, las causas eran un peque\u00f1o decaimiento en la observancia de las Re\u00adglas y la diversidad de \u00abtemperamentos que impiden que se abran con libertad las unas a las otras\u00bb. \u00c9l ve\u00eda que algunas Hermanas se enfrentaban a la superiora que no sab\u00eda mandar ni corregir; e insinuaba que habr\u00eda que buscar un confesor extraordinario, dis\u00adtinto del capell\u00e1n. Recibi\u00f3 cartas desconsoladoras de Sor Margarita y de Sor Claudia Br\u00edgida, que eran gritos de socorro para salir de aquella dolorosa situaci\u00f3n. Echaban la culpa a la amistad que Sor Catalina y Sor Antonieta ten\u00edan con el capell\u00e1n \u2014Mauricio Fuset, el confesor de las Hijas de la Visitaci\u00f3n que elegantemente <i>hab\u00edan robado <\/i>para capell\u00e1n del hospital, destrozaba ahora la comunidad\u2014. Siempre estaban juntos ha\u00adci\u00e9ndose regalitos y cont\u00e1ndole todo lo que se dec\u00eda o se hac\u00eda en comunidad. Y reci\u00adbi\u00f3 carta de Sor Isabel, la superiora, confes\u00e1ndole: \u00abQuerida madre: Estoy sin fuerzas para vivir en este desorden, que acaso es por mi mala conducta. Por ello, le pido con las manos juntas y con toda la extensi\u00f3n de mi coraz\u00f3n, que ponga a otra en mi lugar. Si no lo hace, jam\u00e1s tendr\u00e9 mi esp\u00edritu en reposo\u00bb. M\u00e1s que divisi\u00f3n en la comunidad, ha\u00adb\u00eda discordia entre las Hermanas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00a1Tristemente desolador! \u00a1La comunidad que tan ilusionada hab\u00eda establecido ella mis\u00adma era un infierno! Fatigada, casi agotada de tanto trabajo, acudi\u00f3 al superior Vicente, pi\u00addi\u00e9ndole que interviniera. Le rog\u00f3 que escribiera una carta a las Hermanas y, aunque can\u00adsada, se atrevi\u00f3 a insinuarle los puntos que deb\u00eda escribir: \u00abmanifestarles algo de descon\u00adtento y, a la vez, animarlas\u00bb. Herida por el complejo de culpabilidad, exclam\u00f3 convenci\u00adda de que Dios le dar\u00eda la muerte para salvar la comunidad: \u00abDe verdad, mi muy honora\u00adble padre, esta pobre Compa\u00f1\u00eda sufre mucho bajo mi ruin direcci\u00f3n. Y as\u00ed, pienso yo que pronto Dios la librar\u00e1 de esta cautividad, que es un impedimento tan grande para la per\u00adfecci\u00f3n de su obra; y yo tengo grandes motivos para temer morir en mi empecinamiento, si su caridad no me ayuda\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los dos fundadores tomaron decisiones serias. Cada uno de ellos escribi\u00f3 una carta; enviaron a la asistenta general a pasar Visita regular y comunicaron al P. Lamberto que fuera a Nantes a pasar Visita Can\u00f3nica. Vicente de Pa\u00fal estaba en la finca de Orsigny; re\u00adflexion\u00f3 serenamente y escribi\u00f3 una carta modelo de delicadeza, finura y sagacidad; has\u00adta t\u00e9cnicamente, parece perfecta. Comienza con la teolog\u00eda del ser de la Hija de la Cari\u00addad, les descubre despu\u00e9s a las Hermanas sus defectos, bajo forma de consejos para no caer en los peligros y superar las dificultades; terminaba indic\u00e1ndoles nueve medios para salir del posible desorden. Vicente de Pa\u00fal dio la carta a Luisa para que la leyera y la enviase. Al leerla, se conmovi\u00f3 tanto que no sab\u00eda qu\u00e9 escribir. A pesar de la fa\u00adtiga y la tristeza, escribi\u00f3 una carta firme y directa, como la que, tres a\u00f1os antes, envi\u00f3 en\u00e9rgica a las Hermanas de Angers en situaci\u00f3n parecida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sor Juana Lepeintre sali\u00f3 en junio para Nantes con las dos cartas. En julio, todav\u00eda es\u00adtaba all\u00ed esperando al P. Lamberto. Sor Isabel Mart\u00edn, la superiora, tuvo miedo y se mar\u00adch\u00f3 a la comunidad de Angers. Los dos santos comprendieron a Sor Isabel, le mandaron que esperara en Angers y luego le ordenaron que volviera a Nantes. Cuando llego el P. Lamberto, hacia el 20 de julio, escuch\u00f3 una por una a todas las Hermanas y tom\u00f3 medi\u00addas radicales: env\u00edo a Par\u00eds a las Hermanas m\u00e1s apegadas al capell\u00e1n \u2014Sor Catalina y Sor Antonieta\u2014, a la superiora, enferma ya, la envi\u00f3 de Hermana Sirviente a Richelieu, don\u00adde ya hab\u00eda estado, y dej\u00f3 de Hermana Sirviente a Sor Juana Lepeintre. Nombr\u00f3, junto con el Vicario de la di\u00f3cesis, un confesor de fuera, seguramente, porque el capell\u00e1n era tambi\u00e9n el confesor, como insinu\u00f3 Luisa, cuando fue a fundar; a Sor Enriqueta, le prohi\u00adbi\u00f3 hablar con el capell\u00e1n. Todo qued\u00f3 escrito en las normas que dej\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al mismo tiempo, pidi\u00f3 a los administradores que cumplieran las cl\u00e1usulas en que ha\u00adb\u00edan convenido, cuando estuvo all\u00ed Luisa, sobre la organizaci\u00f3n y marcha del hospital. Lui\u00adsa, desde Par\u00eds, cada semana las animaba por carta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Todo qued\u00f3 en calma. S\u00f3lo un susto cuando el capell\u00e1n \u2014por otro lado buen sacer\u00addote y hombre espiritual\u2014 llam\u00f3 a Nantes a Catalina Bagart, que se hab\u00eda salido al llegar a Par\u00eds. Pero todo qued\u00f3 en un susto. Al final, el capell\u00e1n tambi\u00e9n abandon\u00f3 el hospital voluntariamente. Luisa respir\u00f3 y escribi\u00f3 a Sor Juana felicit\u00e1ndola: \u00abHa hecho usted una buena obra. Dios sea bendito por ello, eternamente bendito, y por todas las luces que ha dado al se\u00f1or Lamberto en todo este asunto\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al a\u00f1o siguiente, julio de 1648, el P. Lambert volvi\u00f3 a pasar Visita y encontr\u00f3 una comunidad contenta y unida, pero en la carta que envi\u00f3 a Luisa hay una frase que anun\u00adcia un cielo sombr\u00edo: \u00abSor Juana Lepeintre est\u00e1 totalmente aguerrida despu\u00e9s de tantos asaltos como ha tenido. La guerra de dentro y la poca sumisi\u00f3n de una parte de las Her\u00admanas le es m\u00e1s fastidioso que todo lo dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><i>Fontainebleau y Chantilly<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Estando Luisa en Nantes, recibi\u00f3 una carta de su superior Vicente, fechada el 21 de agosto de 1646. En ella, le dec\u00eda como algo sin mayor importancia: \u00abLa reina nos ha man\u00addado que le enviemos dos Hermanas para la Caridad de Fontainebleau. Lo que hemos cum\u00adplido, eligiendo a Sor B\u00e1rbara con otra Hermana\u00bb. Luisa, emotiva, sentir\u00eda tre\u00admenda lucha entre su orgullo y su humildad. Nada menos que la reina regente, Ana de Austria, se fijaba en sus pobres aldeanas para cuidar a los enfermos y dar clase a las ni\u00ad\u00f1as pobres de la ciudad real.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La corte iba frecuentemente a Fontainebleau. Las Hermanas tendr\u00edan que relacionar\u00adse con los nobles y la reina. La Hermana elegida, B\u00e1rbara Angiboust, era aquella campe\u00adsina que hac\u00eda doce a\u00f1os, llorando, suplic\u00f3 a San Vicente que no la dejara a servir en el palacio de la duquesa de Aiguillon, porque parec\u00eda una corte de lujo, y ella se hab\u00eda me\u00adtido Hija de la Caridad para servir a los pobres. Al poco de llegar Luisa a Par\u00eds, se lo re\u00adcord\u00f3 con un poco de guasa: \u00ab\u00a1Pues bien, mi querida Hermana, otra vez se encuentra en la<b> <\/b>corte y empleada por orden de nuestra querid\u00edsima y devot\u00edsima reina!\u00bb. Que sea para presentarle las necesidades de los pobres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luisa, la antigua arist\u00f3crata, conoc\u00eda muy bien los orgullos y ambiciones que tej\u00eda en la gente inferior el roce con los grandes. Para cortar la red, les inculc\u00f3 la piedad, la ob\u00adservancia de las reglas, la paciencia, modestia y, especialmente, la humildad. Con una es\u00adcuela en Fontainebleau, cerca de la Corte, aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n para iniciar una especie de metodolog\u00eda para todas las escuelas de las Hijas de la Caridad: todas emplear\u00edan el mis\u00admo m\u00e9todo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A las pocas semanas de llegar B\u00e1rbara a Fontainebleau, sinti\u00f3 fiebre y semanas des\u00adpu\u00e9s estaba a la muerte. Luisa se enter\u00f3 cuando ya le hab\u00edan administrado la Unci\u00f3n de los enfermos. El coraz\u00f3n de Luisa se alter\u00f3. B\u00e1rbara Angiboust, la hermana mayor de Sor Cecilia no era s\u00f3lo una Hija de la Caridad, era una amiga entra\u00f1able, o mejor, una hija ca\u00adtorce a\u00f1os m\u00e1s joven. En la Compa\u00f1\u00eda, comenzaba a ser insustituible, acaso la m\u00e1s im\u00adportante, despu\u00e9s de la se\u00f1orita Le Gras. Era la Hija de la Caridad que llor\u00f3, cuando san Vicente quiso destinarla a servir a la sobrina de Richelieu, la Hermana a la que insultaron los galeotes y uno le tir\u00f3 al suelo la comida y ella, sonriendo, recogi\u00f3 la carne, la limpi\u00f3 y se la volvi\u00f3 a dar. Pero en esta enfermedad, Luisa sufr\u00eda porque mor\u00eda la amiga que hab\u00eda recibido en la Compa\u00f1\u00eda en los primeros tiempos, el 1 de julio de 1634. Juntas ha\u00adb\u00edan hecho los votos perpetuos el 25 de marzo de 1642. Sor B\u00e1rbara parec\u00eda su segunda. Con fidelidad y sacrificio, la hab\u00eda ayudado en momentos dif\u00edciles: cuando comenz\u00f3 la delicada comunidad de Richelieu, nombr\u00f3 a B\u00e1rbara, Hermana Sirviente, igualmente la nombr\u00f3 superiora al fundar la comunidad de Saint-Germain-en-Laye y despu\u00e9s en Saint\u00adDenis y ahora en Fontainebleau \u2014las tres ciudades de la corte\u2014; cuando inaugur\u00f3 la obra de los ni\u00f1os abandonados, a sor B\u00e1rbara le encarg\u00f3 ir por los pueblos supervisando a los ni\u00f1os que estaban en nodrizas. Tambi\u00e9n, estuvo destinada en la complicada labor de los galeotes. Todo lo recordaba la se\u00f1orita Le Gras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tan pronto como se enter\u00f3 de la gravedad de Sor B\u00e1rbara, un domingo por la noche, Luisa pidi\u00f3 autorizaci\u00f3n a Vicente de Pa\u00fal para enviar inmediatamente a una Hermana pa\u00adra que la trajera a Par\u00eds o se enterase de la situaci\u00f3n de la enferma. Envi\u00f3 a la avispada Ana Hardemont. Como pasaron unos d\u00edas y no tuvo noticias, escribi\u00f3 a Sor Ana que ur\u00adgentemente trajera a la enferma o le diera noticias suyas. Sor B\u00e1rbara se cur\u00f3, aunque to\u00addav\u00eda meses despu\u00e9s le escrib\u00eda Luisa que se cuidara y que no trabajara demasiado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Unos meses despu\u00e9s, en los comienzos de 1647, la princesa Carlota de Montmorency, viuda de Enrique II de Borb\u00f3n, principe de Cond\u00e9, llam\u00f3 a las Hijas de la Caridad para ense\u00f1ar a las ni\u00f1as y atender a los enfermos de uno de sus feudos, donde viv\u00eda en una es\u00adpecie de destierro: Chantilly y nueve aldeas de los alrededores. Carlota era la madre del Gran Cond\u00e9, del principe de Conti y de la duquesa de Longueville; pero sobre todo, mu\u00adjer caritativa y sacrificada por los pobres, Carlota era Dama de la Caridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sin lugar a dudas, esta llamada enorgulleci\u00f3 a Luisa de Marillac. Era la confirmaci\u00f3n definitiva de una categor\u00eda eclesial para su compa\u00f1\u00eda, que tantos dolores le hab\u00eda exigido. Era tambi\u00e9n el final de la evoluci\u00f3n realizada en el grupito de cinco mujeres que se ha\u00adb\u00edan reunido el 29 de noviembre de 1633 para servir a los pobres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta evoluci\u00f3n se ve en el reglamento escrito para las Hijas de la Caridad de Chan\u00adtilly. Hay que tener en cuenta que las se\u00f1oras de las Caridades de los pueblos no eran las damas parisinas de t\u00edtulos y fortunas. Eran sencillas campesinas acomodadas y pudientes; algunas analfabetas: la organizaci\u00f3n del servicio, la llevan las Hijas de la Caridad m\u00e1s que las se\u00f1oras. En cada aldea, se nombra a una se\u00f1ora como responsable de los enfermos, pe\u00adro en Chantilly, las responsables son las Hermanas. Son las Hermanas las encargadas de cuidar que cada se\u00f1ora atienda a los enfermos del lugar. S\u00f3lo las Hermanas tienen el poder de autorizar a las tiendas a dar comestibles a los enfermos se\u00f1alados o de distribuir los alimentos y las medicinas. A las Hijas de la Caridad, se las obliga a visitar todos los meses a todos los enfermos de las parroquias. La Hermana llevar\u00e1 consigo a una se\u00f1ora. \u2014En Par\u00eds, la se\u00f1ora llevaba como acompa\u00f1ante a la Hermana\u2014. Reciben las colectas y en cierto modo controlan a la tesorera. En plan de igualdad, se re\u00fanen con las se\u00f1oras pa\u00adra tener convivencias espirituales con di\u00e1logos y lectura espiritual. Y son las encargadas de la formaci\u00f3n y ense\u00f1anza de las ni\u00f1as.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Otro punto de la evoluci\u00f3n, que hoy tiene actualidad, es saber acomodarse a las si\u00adtuaciones o signos de los tiempos: colaboran admirablemente con seglares comprometi\u00addos en la acci\u00f3n social; y saben organizar un nuevo estilo caritativo-social: desde un pue\u00adblo grande \u2014Chantilly\u2014 dos Hermanas dirigen y act\u00faan en nueve aldeas a trav\u00e9s de se\u00adglares.<\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Saint-Denis \u00a0Nantes y los Consejos Luisa pronto se olvid\u00f3 de Le Mans. En mayo de 1646, cuando tem\u00eda su fracaso, los administradores del Gran Hospital de Nantes pidieron Hijas de la Caridad. 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