{"id":128837,"date":"2015-02-05T02:54:28","date_gmt":"2015-02-05T01:54:28","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=128837"},"modified":"2016-07-26T17:21:46","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:46","slug":"san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-3","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-3\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal. Su vida, su tiempo; sus obras, su influencia. Libro 9, cap\u00edtulo 3"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo III: <strong>Muerte de San Vicente de Pa\u00fal<\/strong><\/h2>\n<h3>I.- <em>Debilidades y enfermedades<\/em>.<\/h3>\n<p>Ya hemos llegado al t\u00e9rmino fatal, cuya secuencia de los acontecimientos nos ha conducido tan a menudo, pero del que nos hemos apartado siempre en el supremo instante, desandando el camino para recorrer una de esas carreras tan m\u00faltiples y tan variadas de buenas obras\u00a0 de las que se compone la vida del santo padre. En adelante, imposible volver atr\u00e1s, y nos es necesario llegar a ese \u00faltimo acto que termina la m\u00e1s bella vida humana, la vida del santo como la del h\u00e9roe. Pero el h\u00e9roe, siguiendo las palabras de Pascal, se le echa un poco de tierra en la cabeza, y eso es para siempre, la muerte del santo no es para \u00e9l m\u00e1s que el comienzo de una vida nueva, en la tierra como en el cielo.<\/p>\n<p>Desde 1645, la Compa\u00f1\u00eda hab\u00eda estado amenazada de perder a su santo fundador. Antiguas y siempre nuevas debilidades, el peso de trabajos sin reposo ni tregua, el martirio del consejo de conciencia , todo eso arruin\u00f3 la naturaleza, que pronto qued\u00f3 reducida al extremo. Pero le fe y la caridad del santo sacerdote manten\u00edan toda su fuerza. Para sostenerlas, comulgaba todos los d\u00edas y, hasta en el delirio, recobraba sus acentos y sus ardores. En este estado le encontr\u00f3 el padre Saint-Jure quien, como tanta gente de bien de Par\u00eds, a la noticia de su enfermedad, hab\u00eda acudido a verle. A la pregunta que le hizo sobre los pensamientos que le ocupaban en su delirio, el anciano, sin no obstante reconocerle, pareci\u00f3 responder: <em>In spiritu humilitatis et in animo contrito, suscipamur a te, Domine! <\/em>Grito de humildad, eco de toda su vida, m\u00e1s bien que respuesta a una pregunta que no hab\u00eda o\u00eddo probablemente.<\/p>\n<p>Sin embargo, grande era el dolor entre la gente de bien; m\u00e1s grande, incomensurable entre los hijos. Cu\u00e1ntas l\u00e1grimas y plegarias! Cu\u00e1ntos votos a Nuestra Se\u00f1ora de Chartres y a todos los santuarios venerados! Un joven Misionero de Amiens, llamado Antoine Dufour, hizo m\u00e1s. \u00c9l mismo estaba entonces enfermo. A la noticia del peligro de su padre, pidi\u00f3 a Dios que aceptara su vida, in\u00fatil seg\u00fan \u00e9l, a cambio de una vida tan necesaria a la Iglesia, al Estado y a la Compa\u00f1\u00eda. Agrad\u00f3 a Dios la heroica sustituci\u00f3n y, en el mismo instante. Vicente de Pa\u00fal pareci\u00f3 volver a la vida y Dufour inclinarse a la muerte. A media noche, Dufour no estaba ya. Tres golpes resonaron entonces a la puerta del santo. Uno de los que le velaban corri\u00f3 a abrir, y no vio a nadie. \u00abHermano m\u00edo, le dijo Vicente, recitad a mi lado, os lo ruego, el oficio de difuntos.\u00bb Cuando, por la ma\u00f1ana, el joven cl\u00e9rigo se enter\u00f3 de la muerte de Dufour, no dud\u00f3 que el santo anciano hubiera sido informado sobrenaturalmente.<\/p>\n<p>Desde entonces, las debilidades de Vicente, cuyos comienzos se remontaban al tiempo de la estancia en la casa de Gondi, o mejor de su esclavitud, fueron continuas. Hab\u00eda sido siempre muy sensible a las impresiones del aire y sujeto a una peque\u00f1a fiebre que la duraba tres o cuatro d\u00edas, y a veces quince o m\u00e1s. Durante estos accesos incluso, como lo ha declarado el enfermero de San L\u00e1zaro, no quer\u00eda ning\u00fan alivio ni interrump\u00eda sus trabajos. ni sus ejercicios. \u00abNo es nada, dec\u00eda; no es m\u00e1s que mi peque\u00f1a fiebrecilla.\u00bb El \u00fanico remedio que puso, remedio m\u00e1s penoso y doloroso que el mal, consist\u00eda en sudores provocados varios d\u00edas seguidos, en particular el verano, que hac\u00edan de sus cortas noches una especie de martirio. En los mayores calores, cuando un simple lienzo es una carga, se pon\u00eda encima tres mantas, y a sus costados\u00a0 dos grandes frascos de esta\u00f1o llenos de agua hirviendo. As\u00ed pasaba la noche sin descanso, sin sue\u00f1o, en un calor sofocante. Por la ma\u00f1ana, siempre a las cuatro, , sal\u00eda del lecho como de un ba\u00f1o. Jerg\u00f3n, s\u00e1banas, mantas, todo empapado y chorreando. Se limpiaba solo. Sin aceptar nunca para eso el ministerio de nadie, y se dirig\u00eda a la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 deb\u00edan ser los d\u00edas que suced\u00edan a parecidas noches! El debilitamiento, el insomnio le abrumaban en medio de las ocupaciones y de las visitas. En lugar de ceder al sue\u00f1o, se levantaba, se manten\u00eda de pie o se colocaba en una postura molesta; y, si el sue\u00f1o acababa por vencerle, en lugar de excusarse por la enfermedad y la necesidad de la naturaleza, ped\u00eda perd\u00f3n por lo que \u00e9l llamaba su <em>miseria.<\/em><\/p>\n<p>A la <em>fiebrecilla<\/em> habitual, vino a a\u00f1adirse una fiebre cuartana que se apoderaba de \u00e9l una o dos veces cada a\u00f1o. \u00c9l no la trataba mejor que a la primera, y ese fue precisamente el tiempo de los mayores servicios prestados a Dios y a sus pobres.<\/p>\n<p>Ten\u00eda ochenta a\u00f1os pasados cuando el mal fue m\u00e1s fuerte que el valor. Una erisipela le cans\u00f3 por largo tiempo, y fue seguida de una fiebre continua de algunos d\u00edas que acab\u00f3 en un gran flujo de una pierna. Entonces, a pesar de que lo tuviera, fue necesario guardar cama por alg\u00fan tiempo, y la habitaci\u00f3n por casi dos meses. Por primera vez, se logr\u00f3 que ocupara una habitaci\u00f3n con fuego. \u00c9l no pod\u00eda resistir m\u00e1s, ya que su debilidad era tal que le deb\u00edan llevar del lecho a la chimenea, y de la chimenea al lecho, como a un ni\u00f1o.<\/p>\n<p>La cuaresma del a\u00f1o siguiente, 1657, estuvo marcada por un rechazo general que no le permiti\u00f3 tomar casi ning\u00fan alimento. En 1658, fue un mal de ojo, que padeci\u00f3 por largo tiempo sin querer ponerle remedio. El m\u00e9dico hab\u00eda ordenado aplicarle la sangre caliente de un pich\u00f3n; pero cuando el hermano cirujano trajo el pich\u00f3n y tuvo que matarlo: \u00abNo, no, exclam\u00f3, no lo consentir\u00e9 jam\u00e1s! Esta inocente ave me representa a mi Salvador, y Dios me \u2018podr\u00e1 curar de otra manera\u00bb.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, indiferente a la vida y a la muerte, a la salud y a la enfermedad, \u00e9l lo era a los remedios. Desde que se le hab\u00eda ordenado un medicamento, le sospechaba da\u00f1ino, y lo tomaba, y se mostraba tan contento del mal efecto producido como del mayor \u00e9xito.<\/p>\n<p>Hacia \u00faltimos del mismo a\u00f1o, al volver de la ciudad con uno de sus sacerdotes, habi\u00e9ndose roto el camaranch\u00f3n del veh\u00edculo, volc\u00f3, y su cabeza golpe\u00f3 rudamente contra el pavimento; resultado, amplia herida, doble fiebre y mayor peligro de muerte.<\/p>\n<p>Vicente bendec\u00eda m\u00e1s a Dios por ello, y sacaba de sus propios males la ocasi\u00f3n\u00a0 de exhortar a los suyos en sus cartas y en sus conferencias, a la paciencia en las enfermedades. \u00abEs verdad, escrib\u00eda, que la enfermedad nos hace ver lo que somos mucho mejor que la salud, y que es en los sufrimientos donde la impaciencia y la monoton\u00eda atacan\u00a0 con m\u00e1s resoluci\u00f3n. Pero como ellas no perjudican m\u00e1s que a los m\u00e1s d\u00e9biles, hab\u00e9is aprovechado de que ellas no os han hecho da\u00f1o, pues Nuestro Se\u00f1or os ha fortalecido en la pr\u00e1ctica de su agrado; y esta fuerza en la propuesta que hab\u00e9is hecho de combatirlas con valor; y espero que ella parezca mejor todav\u00eda en las victorias que lograr\u00e9is sufriendo en adelante por el amor de Dios, no s\u00f3lo con paciencia sino tambi\u00e9n con gozo y alegr\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Y dec\u00eda a su comunidad, \u00abHemos de confesar que el estado de enfermedad es un estado molesto y casi insoportable a la naturaleza, y sin embargo es uno de los medios m\u00e1s poderosos de que Dios se sirve para encauzarnos\u00a0 en nuestro deber, para apartarnos de los afectos del pecado y para llenarnos con sus dones y con sus gracias. Qh Salvador que hab\u00e9is sufrido tanto y hab\u00e9is muerto para rescatarnos y para mostrarnos c\u00f3mo este estado de dolor pod\u00eda glorificar a Dios y servir para nuestra santificaci\u00f3n, haznos, os rogamos, conocer el gran bien y el gran tesoro que se oculta bajo este estado de enfermedad! Es as\u00ed, Se\u00f1ores, como se purgan las almas, c\u00f3mo las que no tienen virtud tienen un medio eficaz de adquirirla. No se podr\u00eda encontrar un medio m\u00e1s propio para practicarla. Es en la enfermedad donde se ejercita la fe maravillosamente; la esperanza brilla en ella con resplandor; la resignaci\u00f3n, el amor de Dios y todas las virtudes encuentran en ella una materia amplia para ejercitarse. Es entonces cuando se conoce lo que uno lleva\u00a0 y lo que es. Es la medida con la que pod\u00e9is sondear y saber con mayor seguridad cu\u00e1l es la virtud de cada uno, si posee muchas, si pocas, o ninguna. Nunca se ve mejor qui\u00e9n es el hombre de la enfermer\u00eda; es la prueba m\u00e1s segura que se tenga para reconocer a los m\u00e1s virtuosos y a los que lo son menos; lo que nos hace ver qu\u00e9 importante es que estemos bien formados en la manera de comportarnos como es debido en las enfermedades. Oh si supi\u00e9ramos hacer como un buen servidor de Dios quien, hall\u00e1ndose enfermo en su lecho, hizo de \u00e9l un trono de m\u00e9rito y de gloria! \u00c9l se revisti\u00f3 de los santos misterios de nuestra religi\u00f3n: en el cielo del lecho puso la imagen de la Sant\u00edsima Trinidad; en la cabecera la de la Encarnaci\u00f3n; a un lado la Circuncisi\u00f3n; al otro, el Sant\u00edsimo Sacramento; a los pies, la Crucifixi\u00f3n; de este modo, de cualquier lado que se moviera, a derecha o a izquierda, que levantara los ojos a lo alto o abajo, se encontraba siempre rodeado de estos divinos misterios, y como cercado y lleno de Dios. Hermosa luz, Se\u00f1ores, hermosa luz! Si Dios nos diera esta gracia, qu\u00e9 felices nos sentir\u00edamos! Tenemos raz\u00f3n en alabar a Dios porque, por su bondad y misericordia, hay en la Compa\u00f1\u00eda impedidos y enfermos que hacen de su abatimiento y de sus sufrimientos un teatro de paciencia, donde exponen con todo resplandor todas las virtudes. Daremos gracias a Dios por habernos dado tales personas. Ya he dicho muchas veces y no puedo por menos de repetir que debemos apreciar que las personas afligidas de enfermedades en la Compa\u00f1\u00eda son la bendici\u00f3n de la misma compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>\u00abPensemos que las debilidades y las aflicciones vienen de parte de Dios. La muerte, la vida, la salud, la enfermedad, todo viene por la orden de su Providencia; y, del modo que sea, siempre para el bien y la salvaci\u00f3n del hombre. Y sin embargo, los hay que sufren muy a menudo con mucha impaciencia su aflicciones, y esto es una falta grande. Otros se dejan llevar por el deseo de cambiar de lugar, de ir aqu\u00ed, de ir all\u00e1, en esta casa, en esta provincia, en su regi\u00f3n, so pretexto que el aire all\u00ed es mejor. Y \u00bfqu\u00e9 pasa? Que son gente apegada a s\u00ed mismos, esp\u00edritus de chiquillas, personas que no quieren sufrir nada, como si las enfermedades corporales fueran males de los que haya que huir. Huir del estado en que Dios nos quiere tener, es buscar su felicidad. S\u00ed, el sufrimiento es un estado de felicidad y santificante de las almas.<\/p>\n<p>\u00abHe visto a un hombre que no sab\u00eda ni leer ni escribir, que se llamaba hermano Antoine, cuyo retrato est\u00e1 en nuestra sala. Ten\u00eda el esp\u00edritu de Dios en abundancia; llamaba a todos sus hermanos; si se trataba de una mujer, su hermana; y hasta, cuando hablaba a la reina, \u00e9l la llamaba su hermana. Todos le quer\u00edan ver. Le preguntaban un d\u00eda: \u00abPero, mi buen hermano, \u00bfqu\u00e9 hac\u00e9is con respecto a las enfermedades que os suceden, c\u00f3mo os comport\u00e1is entonces, qu\u00e9 hac\u00e9is para hacer buen uso de ellas? \u2013Las recibo como un ejercicio que Dios me env\u00eda. Por ejemplo, si me ataca la fiebre, le digo: Ya la tenemos, a mi hermana la enfermedad, o bien, mi hermana la fiebre, ven\u00eds de parte de Dios, sed bienvenida; y luego yo sufro que Dios haga su voluntad en m\u00ed.\u00bb\u00a0 Ved pues, hermanos m\u00edos, c\u00f3mo se serv\u00eda de ello. Y es de esta manera c\u00f3mo acostumbran a hacer uso los servidores de Jesucristo, los amantes de la cruz. Eso no impide que no usen los remedios ordenados para el alivio y la cura de cada enfermedad; y, entonces mismo, es hacer honor a Dios que ha creado las plantas, y que les ha dado las virtudes que tienen; pero tener tanta ternura con uno mismo, quejarse por el menor mal que nos sucede, oh Salvador, es algo\u00a0 de lo que nos debemos desprender; s\u00ed, acabar con ese esp\u00edritu tan tierno para con nosotros mismos. Y volviendo sobre \u00e9l mismo, exclam\u00f3 al concluir: \u00abQu\u00e9 miserable soy, qu\u00e9 mal uso no he hecho de las enfermedades y peque\u00f1as incomodidades que Dios ha tenido a bien que me ocurran! Cu\u00e1ntos actos de impaciencia he cometido! \u00a1Qu\u00e9 miserable soy, y qu\u00e9 esc\u00e1ndalo no he dado a los que me han visto comportarme de esa manera! Ayudadme, hermanos m\u00edos, a pedir perd\u00f3n a Dios por lo pasado y la gracia para que haga en adelante mejor uso de las que su divina majestad quiera enviarme a mis a\u00f1os y en el poco tiempo que me queda de vivir en la tierra.\u00bb<span id='easy-footnote-1-128837' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-1-128837' title='Conf. del 28 de junio de 1658.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Lo que el santo dec\u00eda a todos se lo repet\u00eda a cada uno en particular, en las visitas frecuentes que hac\u00eda a los enfermos. Si ve\u00eda a alguno desesperado, temblando ante la muerte o la perspectiva de una larga enfermedad, levantaba su valor con alguna palabra de Dios, y a\u00f1ad\u00eda, cuando la enfermedad comenzaba: \u00abNo teng\u00e1is miedo, hermano, yo tuve este mismo mal en mi juventud, y me cur\u00e9; he tenido el mal de jadeo, y ya no lo tengo; he tenido hernias, y Dios me las ha arreglado; he tenido mareos de cabeza que se disiparon; opresiones de pecho y debilidades de est\u00f3mago de las que me he recobrado. Esperad con un poco de paciencia; existen razones para esperar que vuestra indisposici\u00f3n se pase, y que Dios quiere servirse todav\u00eda de vos. Dejadle obrar, resignaos a \u00e9l con paz y tranquilidad.\u00bb<\/p>\n<p>La mejor predicaci\u00f3n era su ejemplo, sobre todo en los largos y crueles achaques de su ancianidad, soportados con un valor tan dulce y tan pac\u00edfico. Hemos enumerado y \u00e9l mismo acaba de desarrollar la serie indefinida de sus males; todo ello no es nada en comparaci\u00f3n de lo que tuvo que sufrir, a partir de 1658, por la hinchaz\u00f3n y las \u00falceras de sus piernas. Hac\u00eda cuarenta y cinco a\u00f1os, es decir desde su cautividad de T\u00fanez, que \u00e9l hab\u00eda sentido los primeros ataques. En este largo intervalo, hab\u00eda tenido tales momentos de penosa debilidad y de hinchaz\u00f3n dolorosa, que no pod\u00eda ni andar, y que se ve\u00eda obligado a guardar cama. Por eso, en 1632, a\u00f1o de su entrada en San L\u00e1zaro, tan alejado del centro de Par\u00eds y de los asuntos, \u00e9l debi\u00f3 servirse de un caballo para trasladarse a los diferentes puestos de su caridad y, en 1649, a su regreso de su largo viaje de Breta\u00f1a y de Poitou, fue preciso dejar el caballo por la famosa carroza cuya historia ha sido contada en otro lugar.<\/p>\n<p>En lo sucesivo, el mal hizo progresos espantosos. En 1656, alcanz\u00f3 las dos rodillas. El santo no pod\u00eda ya ni dominarlos sin gran dificultad, ni levantarse sin grandes dolores, ni caminar sin apoyarse en un bast\u00f3n. Por \u00faltimo, su pierna derecha se abri\u00f3 por el tobillo; dos a\u00f1os despu\u00e9s se le formaron nuevas \u00falceras, y siguiendo en aumento el dolor de las rodillas, no le fue ya posible a principios de 1659, salir de la casa. continu\u00f3 no obstante por alg\u00fan tiempo bajando a la iglesia para la oraci\u00f3n y la misa, y a la sala de las conferencias para presidir las asambleas de los suyos, de los eclesi\u00e1sticos de los martes, incluso de las Damas de la Caridad, que prefer\u00edan trasladarse a este extremo de Par\u00eds a verse privadas de la suerte de verle y escucharle.<\/p>\n<p>Pronto, no siendo capaz de subir ni bajar los pelda\u00f1os de la sacrist\u00eda, se vio obligado, para celebrar todav\u00eda la santa misa, a revestirse y desvestirse en el altar. \u00abAqu\u00ed me tienen convertido en un gran se\u00f1or,\u00bb dec\u00eda entonces riendo, haciendo alusi\u00f3n al privilegio que tienen los obispos de celebrar as\u00ed.<\/p>\n<p>Hacia finales del a\u00f1o 1659, fue privado del consuelo de celebrar en la asamblea de los fieles, y no pudo ya decir la misa m\u00e1s que en la capilla de la enfermer\u00eda; algunos meses despu\u00e9s, no sosteni\u00e9ndole ya las piernas, se vio reducido sencillamente a o\u00edrla, lo que hizo todos los d\u00edas, hasta el de su muerte, pero al precio de qu\u00e9 sufrimientos! Para ir de su habitaci\u00f3n a la capilla, se arrastraba sobre muletas y este movimiento volv\u00eda a abrir sus heridas irritando todos sus dolores. Nada se pod\u00eda leer en su rostro siempre sereno; pero, la sola vista de sus pasos vacilantes reflejaba a todos el contragolpe de sus torturas.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s se tem\u00eda de un momento a otro una ca\u00edda que, en este estado, pod\u00eda ser mortal. Le suplicaron pues, en el mes de julio de 1660, que consintiera en la transformaci\u00f3n en capilla de la habitaci\u00f3n contigua a la suya, lo que le habr\u00eda permitido o\u00edr la misa sin salir: \u00abNo, no, dijo; las capillas dom\u00e9sticas no se deben permitir m\u00e1s que en el caso de una grande necesidad que yo no veo en m\u00ed. \u2013Ved entonces bien, le respondieron, que se os procure una silla para llevaros de vuestra habitaci\u00f3n a la capilla de la enfermer\u00eda, medida poco costosa, que no se opone a ninguna regla, que os librar\u00e1 de todo peligro y ahorrar\u00e1 a vuestros hijos mortales inquietudes.\u00bb Esta propuesta fracas\u00f3 tambi\u00e9n ante su humildad y su amor a los sufrimientos. Por fin, el d\u00eda de la Asunci\u00f3n, seis semanas tan s\u00f3lo antes de su muerte, incapaz de arrastrarse ni siquiera en muletas, se dej\u00f3 llevar por dos hermanos, pero con grande confusi\u00f3n y tan s\u00f3lo hasta la capilla, distante de su habitaci\u00f3n de unos treinta o cuarenta pasos.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 martirio! Le sobrevino tambi\u00e9n una retenci\u00f3n de orina, achaque para \u00e9l no menos doloroso y m\u00e1s inc\u00f3modo y humillante. No queriendo aceptar ningunas ayuda, se agarraba entonces a un cord\u00f3n atado a una viga de su habitaci\u00f3n y, en medio de dolores intolerables, no se le o\u00eda proferir m\u00e1s que este solo grito: \u00abAh Salvador m\u00edo, mi bien Salvador!\u00bb Al mismo tiempo pon\u00eda los ojos en una peque\u00f1a cruz de madera, conservada todav\u00eda entre sus reliquias que hab\u00eda mandado poner enfrente de \u00e9l para sacar fuerzas y consuelo al mirarla.<\/p>\n<p>M\u00e1s crueles todav\u00eda que sus d\u00edas eran sus noches. Incluso entonces, no quiso otra cama que un duro colch\u00f3n en el que pasaba cinco o seis horas menos en el descanso que en nuevos sufrimientos. De d\u00eda, sus \u00falceras manaban de tal abundancia que el arroyuelo flu\u00eda hasta el suelo, pero el propio hecho de manar aligeraba sus males; de noche, los humores y las serosidades , endurecidas por el calor del lecho, se deten\u00edan en las junturas de las rodillas donde causaban dolores indecibles. \u00c9l mismo lo confes\u00f3, primero en una carta, luego a uno de sus sacerdotes. \u00abOs he ocultado todo lo posible sobre mi estado, escribi\u00f3 a una persona de confianza \u00edntima, y no he querido haceros saber mi incomodidad, por miedo a contristaros. Pero, Dios m\u00edo, \u00bfhasta qu\u00e9 punto seremos tan tiernos para no atrevernos a contar la felicidad que tenemos de ser visitados por Dios? Quiera Nuestro Se\u00f1or hacernos m\u00e1s fuertes y hacernos ver nuestro agrado en el suyo!\u00bb Y habi\u00e9ndole dicho uno de sus Misioneros:\u00a0 \u00abMe parece que vuestros dolores aumentan de d\u00eda en d\u00eda. \u2013Es verdad, respondi\u00f3 \u00e9l, que, desde la planta de los pies a la coronilla, yo los siento aumentar. Pero, ay, qu\u00e9 cuenta tendr\u00e9 que dar en el tribunal de Dios, ante quien debo comparecer pronto, y yo no hago buen uso de ellos!\u00bb<\/p>\n<p>Pero no quiso que le compadecieran sobre todo si la queja parec\u00eda un murmullo contra la Providencia. Este mismo misionero, entrando un d\u00eda en su habitaci\u00f3n en el momento que le vendaban las piernas ulceradas, y vi\u00e9ndole sufrir mucho, le dijo: \u00abOh Se\u00f1or, qu\u00e9 molestos son vuestros dolores! \u2013Qu\u00e9! interrumpi\u00f3 el santo anciano, \u00bfllam\u00e1is molesta la obra de Dios y lo que \u00e9l ordena, haciendo sufrir a un miserable pecador como soy yo? Dios os perdone, Se\u00f1or, lo que acab\u00e1is de decir, pues no se habla as\u00ed en el lenguaje de Jesucristo! \u00bfNo es justo que sufra el culpable, y no somos m\u00e1s de Dios que de nosotros mismos?\u00bb<\/p>\n<p>Todo era para \u00e9l una ocasi\u00f3n de de humillarle. El 25 de agosto, su secretario Du Courneau le habl\u00f3 de la magn\u00edfica entrada que se preparaba a la joven reina Mar\u00eda Teresa: \u00abHermano m\u00edo, respondi\u00f3: ojal\u00e1 quisiera Dio que yo recibiera tanta confusi\u00f3n como honores recibir\u00e1 ella1\u00b7 Y al d\u00eda siguiente, cuando le contaban esta fiesta soberbia, \u00e9l repiti\u00f3: \u00abtodo el d\u00eda he deseado ser tan humillado como honradas han sido Sus Majestades por sus s\u00fabditos.\u00bb<\/p>\n<p>Entretanto se debilitaba y disminu\u00eda todos los d\u00edas, continuando no obstante trat\u00e1ndose con el \u00faltimo rigor, y apartando h\u00e1bilmente, en sus mayores desfallecimientos, todos los alivios que se le procuraban. La Sra. de Aiguillon y las dem\u00e1s damas de la Caridad, asustadas por la descomposici\u00f3n de sus rasgos, por su debilidad creciente, informadas de las dificultades que pon\u00eda a los platos convenientes que le ofrec\u00edan, hablaron con el m\u00e9dico para establecer un r\u00e9gimen cotidiano, en el que entraban consom\u00e9s y alguna ave; luego presentaron este plan de alimentaci\u00f3n a su firma para obligarle a seguirle en todos sus puntos. Firm\u00f3 por caridad y se hizo el deber de mantener la palabra. Pero, a partir del primer d\u00eda o del segundo, su coraz\u00f3n o su est\u00f3mago, durante tiempo desacostumbrados a una alimentaci\u00f3n tan delicada, se sublevaron, y pidi\u00f3 por favor a las Damas y a sus hermanos que le dejaran vivir a su manera. Hubo que dejarle al r\u00e9gimen de la comunidad.<\/p>\n<p>Su esp\u00edritu siempre libre, su alma siempre fuerte y activa en un cuerpo aniquilado continuaban dirigiendo a su congregaci\u00f3n y sus obras. De su sill\u00f3n, donde el dolor le ten\u00eda inm\u00f3vil, \u00e9l estaba presente y presid\u00eda todo. All\u00e1 recib\u00eda todas las clases de visitas del exterior y del interior, siempre sonriendo, siempre sereno, siempre dulce y afable en su tono, en sus palabras y sus maneras. Le ped\u00edan noticias de su mal: \u00abEs poca cosa,\u00bb respond\u00eda;\u00a0 o bien: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es eso en comparaci\u00f3n con los sufrimientos de Nuestro Se\u00f1or y de los castigos del infierno que yo he merecido?\u00bb y cambiaba certeramente el discurso; y de sus penas que quer\u00eda se olvidaran pasaba a las penas del visitante para compartirlas y consolarle. Entonces, a pesar de la dificultad que ten\u00eda en hablar, prolongaba la conversaci\u00f3n y manten\u00eda el di\u00e1logo m\u00e1s de media hora, con tanta gracia y vigor, orden y unci\u00f3n como en sus mejores d\u00edas.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, se entregaba a las funciones de su cargo. Reun\u00eda a menudo a los oficiales de su casa y a sus asistentes; les hablaba a todos juntos, o a cada uno en particular, seg\u00fan lo exig\u00edan las circunstancias; les hac\u00eda dar cuenta del estado de los asuntos, deliberaba con ellos y les daba sus \u00f3rdenes; regulaba las Misiones, destinaba a ellas a los m\u00e1s id\u00f3neos, los llamaba donde \u00e9l y les trazaba su plan de conducta.<\/p>\n<p>No menos celoso con las compa\u00f1\u00edas del exterior de las que estaba encargado que con su propia congregaci\u00f3n, enviaba a algunos de sus sacerdotes a ocupar el lugar que \u00e9l no pod\u00eda; pero, en adelante, sobre todo en los asuntos importantes, \u00e9l les hab\u00eda dado una lecci\u00f3n tan sabia y tan detallada, que no ten\u00edan m\u00e1s que repetir y que seguir. Era siempre \u00e9l quien hablaba y quien actuaba por ellos. Por su correspondencia ininterrumpida hasta la v\u00edspera o antev\u00edspera de su muerte, \u00e9l ejerc\u00eda su acci\u00f3n a distancia y de cerca. La claridad y la sabidur\u00eda de sus respuestas no dejaban sospechar en provincias el estado de su salud. Las cartas le llegaban cada d\u00eda m\u00e1s numerosas. Las le\u00eda todas, a todas respond\u00eda. Hasta tomaba a veces la iniciativa para transmitir bien sea las noticias de la comunidad, bien las \u00f3rdenes \u00fatiles para el bien de la Iglesia y de los pobres.<\/p>\n<p>Se aprovech\u00f3 de un resto de fuerza para pagar un \u00faltimo tributo de gratitud a sus dos m\u00e1s ilustres bienhechores, el cardenal de Retz y el reverendo Padre de Gondi.<\/p>\n<p>Retz no era ya el h\u00e9roe de la galanter\u00eda y de la intriga. Al a\u00f1o siguiente, iba a regresar a Francia, hacer su paz con Luis XIV, dimitir de su arzobispado y recibir en cambio la abad\u00eda de Saint-Denis. Se conoce el resto de su vida. \u00abSi vivi\u00f3 en Catilina en su juventud, ha dicho Voltaire, en su ancianidad vivi\u00f3 en Atticus\u00bb. Hizo algo mejor: vivi\u00f3 como cristiano y como sacerdote penitente. Despu\u00e9s de un periodo bastante largo en su tierra de Commercy, en Loraine, quiso renunciar al capelo y encerrarse en un retiro absoluto. Roma no acept\u00f3 su renuncia la cardenalato; pero \u00e9l se retir\u00f3 a Saint-Mihel, vendi\u00f3 sus bienes y pag\u00f3 sus deudas, y pas\u00f3 es resto de sus d\u00edas en una penitencia de la cuya amabilidad a la vez y sinceridad nos hablan todos los escritores del tiempo, con la Sra. de S\u00e9vign\u00e9 a la cabeza.<\/p>\n<p>Retz estaba en la v\u00edspera de conocer esta nueva vida, en la que el recuerdo de Vicente de Pa\u00fal no fue sin duda extra\u00f1o, cuando le escribi\u00f3 el santo; \u00abMonse\u00f1or, tengo motivos de pensar que es esta la \u00faltima vez que tendr\u00e9 el honor de escribir a Vuestra Eminencia, por causa de mi edad y de un achaque que me ha llegado, los que tal vez me van a conducir al juicio de Dios. En esta duda, Monse\u00f1or, suplico muy humildemente a Vuestra Eminencia que me perdone si en algo os he desagradado en alguna cosa sin quererlo, pero nunca lo hice con premeditaci\u00f3n. Me tomo tambi\u00e9n la confianza, Monse\u00f1or, de encomendar a Vuestra Eminencia a su peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda de la Misi\u00f3n, que ella ha fundado, mantenido y favorecido, y que, siendo la obra de sus manos, le est\u00e1 tambi\u00e9n muy sumisa y agradecida, como a su padre y a su prelado. Y mientras tanto ella rogar\u00e1 a Dios en la tierra por Vuestra Eminencia y por la casa de Retz, yo le recomendar\u00e9 en el cielo a una y a otra, si su divina bondad me concede la gracia de recibirme all\u00ed, como lo espero de su misericordia y de vuestra bendici\u00f3n. Monse\u00f1or, que pido a Vuestra Eminencia, postrado en esp\u00edritu a vuestros pies, hall\u00e1ndome como me hallo entre la vida y la muerte, soy en el amor de Nuestro Se\u00f1or, etc.\u00bb<\/p>\n<p>El mismo d\u00eda, escrib\u00eda al antiguo general de las galeras:<\/p>\n<p>\u00abMonse\u00f1or, el estado caduco en que me encuentro y una peque\u00f1a fiebre que he cogido me hace tomar, en la duda del acontecimiento, esta precauci\u00f3n para con vos, Monse\u00f1or,, que es de postrarme en esp\u00edritu a vuestros pies pediros perd\u00f3n por los descontentos que os he dado por mi rusticidad, y para agradeceros muy humildemente, como lo hago, por el apoyo caritativo que tuvisteis conmigo y por los innumerables favores que nuestra peque\u00f1a congregaci\u00f3n, y yo en particular, hemos recibido de vuestra bondad. Os aseguro, Monse\u00f1or, que, si es del agrado de Dios continuar con las fuerzas de ped\u00edrselo, yo las emplear\u00e9 en este mundo y en el otro a favor de vuestra querida persona y de aquellas que os pertenecen, deseando ser, en el tiempo y en la eternidad, vuestro, etc.\u00bb<\/p>\n<p>In\u00fatil a\u00f1adir que, entre estas ocupaciones tan agotadoras para un anciano moribundo, los ejercicios de piedad segu\u00edan su curso ordinario. \u00c9l los multiplicaba incluso en sus \u00faltimos d\u00edas, para preparase\u00a0 inmediatamente a la muerte. Hac\u00eda largos a\u00f1os sin embargo que lo hac\u00eda, no s\u00f3lo mediante sus obras admirables, sino mediante actos particulares. Cada d\u00eda despu\u00e9s de su misa recitaba las plegarias de los agonizantes y de la recomendaci\u00f3n del alma; y, por la tarde, se pon\u00eda en estado de responder por la noche, si era preciso, a la llamada de Dios.<\/p>\n<p>Todas estas pr\u00e1cticas no fueron conocidas sino por casualidad, o m\u00e1s bien por un permiso singular de la Providencia. Un poco antes de la muerte de Vicente, un sacerdote de San L\u00e1zaro escribi\u00f3 a un cohermano su triste estado y los temores de la Compa\u00f1\u00eda; y, sin reflexionar, \u00e9l fue seg\u00fan la costumbre a entregarle la carta para que la leyera. El venerado superior la ley\u00f3 en efecto. A estas palabras de la carta: \u00abEl Sr. Vicente disminuye a simple vista,\u00a0 y parece ser que le perderemos pronto\u00bb,\u00a0 se conmovi\u00f3 y se detuvo. Lejos de reprochar la imprudencia del Misionero: \u00abes un consejo saludable, se dijo, que este buen sacerdote me ha querido dar y un aviso para que est\u00e9 preparado.\u00bb Y un momento despu\u00e9s, su humildad inquieta se pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfNo habr\u00eda tenido yo la desdicha de dar a este sacerdote alg\u00fan motivo de pena y de esc\u00e1ndalo?\u00bb Enseguida le llam\u00f3. \u00abSe\u00f1or, le dijo, os agradezco muy humildemente por el buen aviso que me hab\u00e9is dado. Me hab\u00e9is complacido mucho, os lo aseguro; os ruego que pong\u00e1is el colmo a esta caridad d\u00e1ndome a conocer los dem\u00e1s defectos que hab\u00e9is reconocido en m\u00ed. \u2013Oh se\u00f1or, respondi\u00f3 el pobre Misionero confuso y desconcertado, os aseguro a mi vez que no he pensado en absoluto en daros una lecci\u00f3n y que no he faltado sino por inadvertencia. \u2013Tranquil\u00edcese, y consu\u00e9lese, replic\u00f3 el santo anciano, que no por eso habr\u00eda yo dejado de amarle y honrarle menos. Y en cuanto al aviso que yo estimaba que quer\u00edais darme, le dir\u00e9 que Dios me ha dado la gracia de olvidarme de ello; y se lo digo con el fin de que no se escandalice al no verme hacer preparaciones extraordinarias. Hace dieciocho a\u00f1os que no me he acostado sin ponerme en la disposici\u00f3n de morir la misma noche.\u00bb<\/p>\n<p>Hac\u00eda mucho m\u00e1s a\u00fan que el santo viv\u00eda en este pensamiento y en este ejercicio, ya que se ha encontrado este papel escrito de su propia mano m\u00e1s de veinticinco a\u00f1os antes: \u00abMe ca\u00ed peligrosamente hace dos o tres d\u00edas, lo que me hizo pensar en la muerte. Por la gracia de Dios, yo adoro su voluntad , y me someto a ella de todo coraz\u00f3n; y, examin\u00e1ndome sobre lo que me podr\u00eda preocupar, encontr\u00e9 que no hab\u00eda nada, sino que a\u00fan no hemos hecho nuestras reglas.\u00bb<\/p>\n<p>Este siervo fiel ten\u00eda pues desde hac\u00eda tiempo, como el del Evangelio, bien ce\u00f1idas las espaldas y la l\u00e1mpara encendida para salir al encuentro de su Se\u00f1or y abrirle una vez que llamara a la puerta. Ese momento supremo le estaba siempre presente, y se lo recordaba siempre a los suyos. \u00abUno de estos d\u00edas, les repet\u00eda, el miserable cuerpo de este viejo pecador, ser\u00e1 colocado en tierra; ser\u00e1 reducido a cenizas, y lo hollar\u00e9is\u00bb Y cuando le preguntaban su edad: \u00abHace tantos a\u00f1os, respond\u00eda, que abuso de las gracias de Dios. <em>Heu mihi quia incolatus meus prolongatus est. <\/em>Ay, Se\u00f1or, vivo demasiado tiempo, porque no hay enmienda en mi vida y mis pecados se multiplican con el n\u00famero de mis a\u00f1os.\u00bb Y, cuando anunciaba la muerte de uno de sus Misioneros, a\u00f1ad\u00eda: \u00abVos me dej\u00e1is, mi Dios, y os llev\u00e1is a vuestros siervos. Yo soy esta ciza\u00f1a que estropea el buen grano que recog\u00e9is, y aqu\u00ed sigo yo\u00a0 ocupando in\u00fatilmente la tierra: <em>Ut quid terram occupo<\/em>? Pues bien, Dios m\u00edo, que se cumpla vuestra voluntad y no la m\u00eda!\u00bb<\/p>\n<p>Aprovechaba la ocasi\u00f3n de su estado para llevar a los dem\u00e1s a la meditaci\u00f3n de la muerte, saludable pensamiento entre todos, mientras est\u00e9 animado de confianza en la bondad de Dios; y escrib\u00eda a una persona que ten\u00eda de la muerte un temor demasiado vivo y demasiado exclusivo: \u00abEl pensamiento de la muerte es bueno y Nuestro Se\u00f1or lo ha aconsejado y recomendado; pero debe ser moderado. Y no es conveniente que lo teng\u00e1is siempre presente en el esp\u00edritu; es suficiente con que lo teng\u00e1is dos o tres veces al d\u00eda, sin deteneros no obstante en \u00e9l mucho tiempo; e incluso, si os sent\u00eds inquietada por \u00e9l, no os deteng\u00e1is en absoluto, y apartadle suavemente.\u00bb<\/p>\n<p>Sin embargo el ruido de la enfermedad y de la muerte inminente del santo sacerdote se difundi\u00f3 por Francia y por Italia. Muy pronto, Alejandro VII, conociendo cu\u00e1nto importaba a la Iglesia su conservaci\u00f3n, le hizo llegar un breve para dispensarle del oficio divino que \u00e9l se obstinaba santamente en recitar. Los cardenales Durazzo, arzobispo de G\u00e9nova, Ludovisio, gran penitenciario de Roma, y Bagni, en otro tiempo nuncio en Francia, les escribieron por separado para invitarle a conservar los d\u00edas tan preciosos para la gloria de Dios y del bien de los pueblos. Se puede juzgar de estas cartas por la del cardenal Durazzo:<\/p>\n<p>\u00abLas funciones de los sacerdotes de la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n se desarrollan siempre en bien del pr\u00f3jimo, por el impulso y el movimiento que reciben de la direcci\u00f3n y ejemplos de su superior general; lo que es causa de que toda persona bien intencionada debe, a este fin, rogar a Dios que le prolongue la vida y le d\u00e9 una perfecta salud, para hacer m\u00e1s larga la duraci\u00f3n de un tal bien. Y como profeso un gran inter\u00e9s por el progreso feliz este santa Instituto, y he alimentado un afecto lleno de ternura hacia vuestra persona; informado de vuestra edad, de vuestras fatigas y de vuestros m\u00e9ritos me siento obligado por necesidad a suplicaros, como lo hago, que os sirv\u00e1is de la dispensa de Su Santidad, de anteponer el cuidado de vuestra persona en el gobierno de sus queridos hijos y de negar a la devoci\u00f3n de vuestro esp\u00edritu las ocupaciones que pueden causar perjuicio al largo mantenimiento de vuestra vida y ello para el mayor servicio de Dios.\u00bb<br \/>\nEsta carta, fechada en Roma, el 20 de setiembre de 1660, no pudo, como las dem\u00e1s llegar a Par\u00eds hasta despu\u00e9s de la muerte del siervo de Dios. Por la fecha en que fue escrita, la debilidad habitual y creciente, el insomnio de las noches, le produc\u00edan un sopor contra el que no pod\u00eda luchar m\u00e1s. Ve\u00eda en ello la imagen\u00a0 y al precursor de la muerte pr\u00f3xima. \u00abEs el hermano, dec\u00eda sonriendo, que viene a esperar a la hermana.\u00bb No obstante, la ante\u00faltima semana de su vida, se encontr\u00f3 algo mejor. Todos los d\u00edas comulg\u00f3 en la misa, en la capilla. \u00c9l hab\u00eda debido trabajar mucho esa semana, porque una partida de Misioneros y hermanas para Polonia, la salida de algunos sacerdotes de la congregaci\u00f3n, y la elecci\u00f3n de la superiora de las Hijas de la Caridad, le hab\u00edan dado nuevas ocupaciones. Pero, el 25 de setiembre, hacia mediod\u00eda, el sopor fue m\u00e1s profundo que de ordinario. Esta vez era claro el mensajero de la muerte, pues el santo no ten\u00eda m\u00e1s que un d\u00eda de vida.<\/p>\n<h3>II. <em>\u00daltima jornada.<\/em><\/h3>\n<p>Uno de sus sacerdotes, Gicquel, hizo un diario de esta \u00faltima jornada. El domingo, 26 de setiembre, Vicente se hizo levantar y vestir, aunque ya un poco adormecido, luego llevar a la misa, en la que comulg\u00f3; despu\u00e9s el sopor se hizo tal que, el m\u00e9dico, al regresar, le juzg\u00f3 en peligro. Una ligera purga le despert\u00f3; pero, por la tarde, le volvi\u00f3 el entumecimiento, y hacia las seis y media se crey\u00f3 prudente administrarle la extremaunci\u00f3n. D\u2019Horgny, que deb\u00eda cumplir este doloroso ministerio, acompa\u00f1ado de algunos sacerdotes de la comunidad, interrog\u00f3 primero, seg\u00fan la costumbre, al venerable enfermo: \u00abSe\u00f1or, \u00bfno quer\u00e9is recibir los \u00faltimos sacramentos? \u2013S\u00ed. -\u00bfCre\u00e9is todo lo que cree la Iglesia? -\u00bfCre\u00e9is en un solo Dios en tres personas, Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo? \u2013S\u00ed.\u00bb.<\/p>\n<p>Cada una de estas interpelaciones a su fe, siempre viva en su cuerpo desfigurado, le arrancaba de su sue\u00f1o, y \u00e9l hac\u00eda esfuerzo para responder; pero a penas pod\u00eda pronunciar dos o tres palabras inteligibles seguidas; el resto de perd\u00eda en un cuchicheo que los asistentes no entend\u00edan.<\/p>\n<p>Acabadas las preguntas ordinarias, d\u2019Horgny prosigui\u00f3: \u00abPed\u00eds perd\u00f3n a todos? \u2013De todo coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2022\u00bfPerdon\u00e1is vos a todos? \u2013Nunca nadie\u2026\u00bb Y \u00e9l se detuvo en esta frase, cuyo final evidente era: \u00abme ha ofendido.\u00bb<\/p>\n<p>En su nombre, d\u2019Horgny pronunci\u00f3 los actos acostumbrados de fe, de esperanza, de confianza, de dolor, de ofrenda, de amor; Y a\u00f1adi\u00f3: \u00abSe\u00f1or, vamos a decir el <em>Confiteor<\/em> por vos, y vos dir\u00e9is tan s\u00f3lo <em>mea<\/em> <em>culpa<\/em> d\u00e1ndoos golpes de pecho.\u00bb Pero el santo reuniendo todas sus fuerzas, recit\u00f3 \u00e9l mismo el <em>Confiteor<\/em> entero.<\/p>\n<p>Entonces se comenzaron las unciones; a cada una hac\u00eda esfuerzos por escuchar y respond\u00eda <em>Amen<\/em> A la \u00faltima volvi\u00f3 un poco en s\u00ed; abri\u00f3 los ojos y los pase\u00f3 por los asistentes con una alegre sonrisa . \u00c9stos quisieron aprovechar este despertar y le pidieron la bendici\u00f3n para todos sus hijos: \u00abNo es a m\u00ed\u2026\u00bb y, presa repentina del sopor, no pudo acabar la humilde frase que le hemos o\u00eddo proferir m\u00e1s de una vez: \u00abNo me pertenece a m\u00ed, indigno, miserable, bendeciros.\u00bb Su cabeza se hab\u00eda inclinado sobre el pecho y as\u00ed segu\u00eda. Para aliviarle, la apoyaron sobre un lienzo que unos hermanos sostuvieron por turno toda la noche.<\/p>\n<p>Hacia las nueve de la noche, los antiguos de la comunidad, entre otros B\u00e9cu, Grimal, Bourdet, vinieron a hacerle su \u00faltima visita. Como palabra de adi\u00f3s, cada uno le dirig\u00eda una palabra de la Sagrada Escritura: <em>Paratum cor<\/em> <em>meum<\/em>, etc.; y, como a la voz del \u00e1ngel de la resurrecci\u00f3n, sal\u00eda un instante de su sue\u00f1o y repet\u00eda <em>Paratum<\/em> \u2026 En uno de esos momentos r\u00e1pidos de lucidez, d\u2019Horgny y Berthe le renovaron la s\u00faplica de su bendici\u00f3n para todos sus hijos, amigos y bienhechores, y esta vez, levantando los ojos y encontr\u00e1ndose con los de su hijos postrados, respondi\u00f3 muy claramente: \u00abDios os bendiga!\u00bb Los ancianos se retiraron entonces consolados, llev\u00e1ndose esta bendici\u00f3n como un legado precioso de su padre. Los m\u00e1s j\u00f3venes o los m\u00e1s fuertes, entre otros Gicquel y Berthe, se quedaron toda la noche, tratando de sugerirle, cada cuarto de hora, algunas palabras santas: <em>Mater gratiae, Mater misericordiae! <\/em>y \u00e9l repet\u00eda: <em>Mater<\/em> <em>gratiae<\/em>\u2026: o tambi\u00e9n: <em>Mater Dei memento mei<\/em>! aspiraciones que repiti\u00f3 enteras. Pero lo que le gustaba repetir, lo que \u00e9l mismo profer\u00eda, era la invocaci\u00f3n, <em>Deus, in adjutorium<\/em>.<\/p>\n<p>Hacia las once, un sudor le inunda por completo, y de repente el pulso resulta insensible, pronto el sudor se hiela, y se piensa en su \u00faltima hora. D\u2019Horgny es requerido a toda prisa junto con Berthe, Bourdet, B\u00e9cu y de Monchy, y le hacen la recomendaci\u00f3n del alma. Uno de ellos, Gicquel, grita: \u00abJes\u00fas!\u00bb y el santo moribundo hace eco. \u2013<em>Deus, in adjutorium<\/em>, grita otro, y el eco debilitado s\u00f3lo puede repetir muy bajo <em>Deus<\/em>:.. Entretanto el calor vital ha vuelto y el pulso comienza a latir. Le presentan alguna bebida: \u00e9l cierra los dientes; le ponen en los labios algo de caramelo, que rechaza; el hermano Alexandre le aplica a la nariz un poco de polvo cef\u00e1lico para despertarle; estornuda y cae en sus sopor. A la palabra <em>Propitius esto<\/em>, proferida por d\u2019Horgny, repite a pesar de todo <em>Propitius esto! <\/em><\/p>\n<p>Hacia la media noche y cuarto, el hermano Nicol\u00e1s le grita: \u00abSe\u00f1or!\u00bb Se despierta una vez m\u00e1s, mira dulcemente y dice: \u00abQu\u00e9 pasa, hermano m\u00edo\u00bb y vuelve a caer.<\/p>\n<p>A la una y media, le piden una nueva bendici\u00f3n para su familia: \u00abDios la bendiga\u00bb, responde: y recogiendo todav\u00eda sus fuerzas, levanta la mano y a\u00f1ade: <em>Qui coepit opus, ipse perficiet<\/em>. \u2013\u00bbSe\u00f1or, dice entonces d\u2019Horgny, vuestra bendici\u00f3n tambi\u00e9n para los Se\u00f1ores de la conferencia de los martes<span id='easy-footnote-2-128837' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-2-128837' title='Los primeros historiadores de san Vicente de Pa\u00fal mencionan aqu\u00ed la presencia de Le Pr\u00eatre, de la conferencia de los martes. Estaba all\u00ed sin duda y pidi\u00f3 por su parte una bendici\u00f3n para sus cohermanos, aunque el diario de Gicquel no diga nada.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>. \u2013S\u00ed. -Para las Damas de la Caridad. \u2013S\u00ed. \u2013Para las mujeres del Nombre de Jes\u00fas. \u2013S\u00ed. \u2013Para todos los\u00a0 bienhechores y amigos. \u2013S\u00ed. \u00bb<\/p>\n<p>A las dos, un segundo sudor le cubre. Su rostro es primero bermejo y muy luminoso, luego se queda blanco como la nieve. Gicquel viendo su gusto por el <em>Deus, in adjutorium<\/em>, se lo repite sin cesar: \u00abEs suficiente con una palabra,\u00bb responde el moribundo, arrancado tal vez por esta interpelaci\u00f3n demasiado frecuente a las santas visiones del cielo<\/p>\n<p>Uno de sus sacerdotes comienza el Credo: <em>Credo<\/em> <em>in Deum Patrem<\/em>; \u00e9l responde: <em>Credo<\/em>, y besa el crucifijo que ten\u00eda en la mano; &#8211;<em>Credo in Jesum Christum<\/em>;\u00a0 &#8211;<em>Credo<\/em>, repite y besa su crucifijo, y lo mismo a todos los art\u00edculos del s\u00edmbolo. <em>Spero<\/em>, prosigue el sacerdote; <em>in te speravi; in Domino confido<\/em>; &#8211;<em>Confido<\/em>, repite con una alegr\u00eda sonriente y besa otra vez el objeto de su fe, la prenda de su confiada esperanza, su crucifijo.<\/p>\n<p>Un poco antes de las cuatro se cubre otra vez de un rojo bermejo; parece todo en llamas; luego el rojo se va y queda reemplazado de una blancura de nieve. Le sugieren otras invocaciones que balbucea moviendo los labios sin poder cerrarlos. Esta vez es la muerte que llega. Algunos hipos anuncian que ha entrado en el trabajo de la agon\u00eda; trabajo r\u00e1pido de un cuarto de hora lo m\u00e1s, ya que la tarea estaba realizada hac\u00eda mucho tiempo, y no ten\u00eda ya m\u00e1s que expiar. Por eso, ni esfuerzos, ni convulsiones;\u00a0 apenas una respiraci\u00f3n m\u00e1s fuerte, y su alma hab\u00eda regresado a Dios.<\/p>\n<p>Eran un poco m\u00e1s de las cuatro. Hora sagrada, a la que se levantaba cada d\u00eda desde hace m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os. ese d\u00eda supremo fue fiel a su regla y, a las cuatro y media, estaba otra vez delante de Dios, pero esta vez para gozar de \u00e9l eternamente.<\/p>\n<p>Hab\u00eda muerto en su sill\u00f3n, vestido, junto al fuego. Sigui\u00f3 sentado en su primera actitud. Tan s\u00f3lo su rostro adquiri\u00f3 un aspecto de sonrisa venerable, que era como un reflejo enviado del cielo por su alma bienaventurada.<\/p>\n<p>Pusieron su santo cuerpo en su lecho, lo lavaron con una esponja preciosamente conservada hoy todav\u00eda. Unos Hermanos, de los que uno era el Hermano du Bourdieu, m\u00e1s tarde c\u00f3nsul en Argel, procedieron luego a amortajarle. Todo este d\u00eda y toda la noche siguiente, seis eclesi\u00e1sticos con roquete se colocaron a ambos lados y recitaron el oficio de los difuntos. Ilustres personajes, presidentes, consejeros en el parlamento, vinieron a visitarle con l\u00e1grimas. Todos le pasaban rosarios, ropas, y le besaban las manos y los pies<span id='easy-footnote-3-128837' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-3-128837' title='Jean Loret, en su &lt;em&gt;Muze&lt;\/em&gt; &lt;em&gt;historique, &lt;\/em&gt;carta del 2 de octubre, anunci\u00f3 en estos t\u00e9rminos la muerte del siervo de Dios:&lt;\/p&gt;\n&lt;p&gt;El Se\u00f1or Vicente, ese gran hombre,&lt;br \/&gt;\nA quien una alta virtud ennoblece,&lt;br \/&gt;\nCeloso, devoto sabio y piadoso,&lt;br \/&gt;\nSi alguna vez hubo tal bajo los cielos,&lt;br \/&gt;\nY fundador de estos buenos Padres,&lt;br \/&gt;\nA quienes llaman Misioneros,&lt;br \/&gt;\nEnemigos de los pecados mortales,&lt;br \/&gt;\nY grandes amantes de los altares,&lt;br \/&gt;\nHa franqueado el \u00faltimo paso&lt;br \/&gt;\nEl a\u00f1o ochenta y cinco de sus a\u00f1os,&lt;br \/&gt;\nY como la santa virtud&lt;br \/&gt;\nDe la que su coraz\u00f3n se revest\u00eda,&lt;br \/&gt;\nPor una devota empresa&lt;br \/&gt;\nHa dado grandes frutos a su Iglesia&lt;br \/&gt;\nY convertido a muchos corazones malos&lt;br \/&gt;\nCatequizando y predicando,&lt;br \/&gt;\nNo s\u00f3lo en su patria,&lt;br \/&gt;\nSino en lugares id\u00f3latras,&lt;br \/&gt;\nEste venerable y verdadero cristiano&lt;br \/&gt;\nEs llorado por todas las gentes de bien.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Mientras tanto, todos los sacerdotes que no pertenecen al seminario interno reciben el aviso de hallarse\u00a0 a la una reunidos en la enfermer\u00eda Saint-Luc. Berthe abre la asamblea, compuesta de unos cuarenta miembros. Se lee el art\u00edculo de las constituciones relativo a elecci\u00f3n del vicario general de la Compa\u00f1\u00eda durante la vacante de la superioridad; a continuaci\u00f3n se presenta un cofrecillo que contiene la nominaci\u00f3n del primer vicario general, que el santo fundador se hab\u00eda reservado. Se abre, y en un billetito se reconoce la letra y el sello de Vicente. El boleto confiaba al Ren\u00e9 Almeras el vicariato general. \u00c9ste, muy tembloroso, se excusa; pone por pretexto sus debilidades y su incapacidad; pide que se vote su exclusi\u00f3n. Todos respetan la \u00faltima voluntad del santo, que su conocimiento de la capacidad y de las virtudes de Almeras se la hacen m\u00e1s sagrada todav\u00eda. A Almeras no le queda m\u00e1s que inclinarse a la voluntad\u00a0 de Dios, manifestada por la voluntad de su padre y de sus hermanos. Sin embargo, cae de rodillas, suplica que le liberen de esta carga que sus achaques, en los propios t\u00e9rminos de las constituciones, le hacen incapaz de llevar. De rodillas tambi\u00e9n, la asamblea decide que no existe raz\u00f3n suficiente de exclusi\u00f3n. Entonces, Almeras baja la cabeza y da su primera bendici\u00f3n.<\/p>\n<h3>III. <em>Funerales<\/em>.<\/h3>\n<p>Durante este tiempo se hac\u00edan los preparativos para los santos funerales, fijados para el d\u00eda siguiente martes. Se hab\u00eda abierto el cuerpo. Las partes nobles se manten\u00edan sanas. Las gentes del arte disertaron mucho sobre un hueso blanco, algo alargado, bastante parecido a una ficha de marfil, que se hab\u00eda formado en el h\u00edgado. Los cristianos y los familiares del siervo de Dios atribuyeron este fen\u00f3meno a la violencia que se hab\u00eda hecho para combatir su humor severo y melanc\u00f3lico. As\u00ed es como se hab\u00eda encontrado la hiel de san Francisco de Sales endurecida, resecada, dividida en un gran n\u00famero de piedrecitas, y en lo que se hab\u00eda visto el resultado de una dura y larga lucha contra un temperamento col\u00e9rico por naturaleza.<\/p>\n<p>Se pusieron aparte entra\u00f1as y coraz\u00f3n. La Sra. de Aiguillon encarg\u00f3 un relicario de plata en forma de coraz\u00f3n apoyado en\u00a0 cuatro ramas del mismo metal y coronado de\u00a0 una llama dorada; todo, de una altura de catorce pulgadas.. all\u00ed se encerr\u00f3 el coraz\u00f3n de san Vicente de Pa\u00fal en una mixtura de harina. Le seguiremos su destino.<\/p>\n<p>El santo se hab\u00eda quedado expuesto el martes 28 de setiembre hasta mediod\u00eda, parte en una sala, parte en la iglesia de San L\u00e1zaro, en la capilla dedicada a san Pedro. Durante toda esa ma\u00f1ana, los Misioneros hicieron vanos esfuerzos para apartar a la muchedumbre. Le rasgaban las ropas. Algunos le arrancaban cabellos o pelos de la barba. Por fin comenzaron los funerales que se vieron honrados con la presencia del pr\u00edncipe de Conti, de Piccolomini, arzobispo de Ces\u00e1rea, nuncio del papa, de seis obispos, de los presidentes Mortier, de Nesmond y de Mesmes, de varios p\u00e1rrocos de Par\u00eds, de un gran n\u00famero de eclesi\u00e1sticos y de miembros de diversas \u00f3rdenes religiosas<span id='easy-footnote-4-128837' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-4-128837' title='&lt;em&gt;Summ&lt;\/em&gt;., 380-383.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>. Estaban all\u00ed tambi\u00e9n la princesa de Conti, la duquesa de Aiguillon, \u00abuna gran multitud de se\u00f1oras de calidad, de aquellas en particular que el Sr. Vicente hab\u00eda reunido,, desde hac\u00eda tanto tiempo, los mi\u00e9rcoles, para la asistencia de los enfermos del H\u00f4tel-Dieu y de las pobres provincias desoladas por las calamidades p\u00fablicas.\u00bb Es lo que Bossuet nos dice, como testigo ocular, en su testimonio de 1702, sobre las virtudes eminentes de Vicente de Pa\u00fal. Bossuet asist\u00eda pues en persona a la ceremonia f\u00fanebre y hab\u00eda venido , con casi todos los eclesi\u00e1sticos de los martes a rendir sus \u00faltimos deberes al santo sacerdote a quien al que le gustaba hacerle homenaje de su esp\u00edritu sacerdotal. El pueblo y los pobres, los privilegiados del caritativo difunto, no se pod\u00edan contar. El cuerpo, colocado en un ata\u00fad de plomo, encerrado a su vez en uno de madera, fue inhumado debajo del \u00e1guila en una tumba labrada y cuadrada. Las entra\u00f1as fueron depositadas en la nave hacia el medio del tabique de la balaustrada. Sobre el ata\u00fad de plomo se coloc\u00f3 una\u00a0 placa de cobre destinada a recibir esta inscripci\u00f3n:<\/p>\n<p><em>Hic jace venrabilis vir Vincentius a Paulo, praesbyter, fundator, seu institutor, et primus superior generalis congregationis\u00a0 Missionis, necnon Puellarum Charitatis. Obiit die 27 september anni 1660, aetatis vero suae 85. Praefuit annis\u00a0 35.<\/em><\/p>\n<p>Esta inscripci\u00f3n estaba grabada sobre una imagen que ten\u00eda la forma de un coraz\u00f3n apoyado en dos \u00e1ngeles y llevado por otros dos a su patria superior. Bajo el coraz\u00f3n estaba figurada una peque\u00f1a tumba sobre el que estaba sentado un \u00e1ngel: dos \u00e1ngeles m\u00e1s sosten\u00edan una colgadura con la que estaba envuelto el coraz\u00f3n<span id='easy-footnote-5-128837' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-5-128837' title='Proc. de &lt;em&gt;non cultu &lt;\/em&gt;, fol. 109, verso.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Hecha la inhumaci\u00f3n, pero no cerrada la tumba a\u00fan, cuando de Montmorin, arzobispo de Vienne, pidi\u00f3 el consuelo de contemplar al santo por \u00faltima vez y, una vez conseguido, le bes\u00f3 las manos<span id='easy-footnote-6-128837' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-6-128837' title='Summ., p. 38.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Se comprende f\u00e1cilmente que en esta asamblea f\u00fanebre las Hijas de la Caridad estaban en gran n\u00famero, ellas, el objeto privilegiado\u00a0 de los cuidados y del puro afecto de Vicente de Pa\u00fal y, por consiguiente, sinti\u00e9ndose m\u00e1s hu\u00e9rfanas que el resto de su familia, m\u00e1s dolorosamente afectadas por su p\u00e9rdida, que todas las dem\u00e1s. . entonces, a la cabeza de su compa\u00f1\u00eda se ve\u00eda a Margarita Chetif, la nueva superiora nombrada hac\u00eda algunos d\u00edas apenas, y ya privada de aqu\u00e9l con quien contaba apoyarse en la direcci\u00f3n de sus hermanas. Su abatimiento, sus l\u00e1grimas daban compasi\u00f3n a todos y en particular a sus hijas. Por eso, al salir de la iglesia, todas, tanto las de las parroquias como las de la comunidad fueron a abrazarla, y le hicieron por todo lo alto, comenzando por las m\u00e1s mayores, su renovaci\u00f3n de obediencia. \u00abConsu\u00e9lese, madre, le dec\u00edan ellas con tanta cordialidad como de nada m\u00e1s, consu\u00e9lese; no lo sentir\u00e1 tanto como le piensa; le prometemos ser m\u00e1s atentas y m\u00e1s afectas que nunca.\u00bb<span id='easy-footnote-7-128837' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-7-128837' title='Carta de Margarita Chetif del 6 de noviembre de 1662.'><sup>7<\/sup><\/a><\/span> El esp\u00edritu de Vicente se hab\u00eda quedado con sus Hijas.<\/p>\n<p>Al cabo de un par de meses, se reuni\u00f3 una asamblea m\u00e1s numerosa todav\u00eda en la iglesia colegial de Saint-Germain-l\u2019Auxerrois. Los eclesi\u00e1sticos de la conferencia de los martes quisieron que se celebrara all\u00ed, corriendo ellos con los gastos, en honor de su venerado superior, un magn\u00edfico servicio. All\u00ed, el 23 de noviembre, se unieron a ellos todos cuantos, en tan gran n\u00famero, para\u00a0 quienes la memoria de Vicente era querida. Henri de Maupas du Tour, obispo de Puy, durante largos a\u00f1os, comensal de Vicente, testigo atento y afectuoso de su hermosa vida, pronunci\u00f3 la oraci\u00f3n f\u00fanebre. Su problema era limitarse en un tema tan amplio, dijo, como para predicar toda una cuaresma. Se hab\u00eda prometido no hablar m\u00e1s de dos horas; dos horas, en efecto, tan s\u00f3lo ocup\u00f3 el pulpito, pero debi\u00f3 abandonarlo antes de haber dicho todo su discurso entero. Refiri\u00f3 todo el elogio de su h\u00e9roe, cuya \u00abalabanza,-ese fue su texto, -queda establecida en el Evangelio por todas las Iglesias ,\u00bb\u00a0 a las dos virtudes de humanidad y de caridad, las dos virtudes dominantes, en efecto, de san Vicente de Pa\u00fal, madre e hija una de la otra. Esta es tal vez la mejor p\u00e1gina que resume muy bien la vida y la obra de Vicente, y muestra que en esta fecha incluso de 1660, dos meses tan s\u00f3lo despu\u00e9s de su muerte, se comprend\u00eda ya, casi como nosotros lo hacemos hoy, toda la grandeza de su desempe\u00f1o, toda la inmensidad de los servicios que ha prestado a Francia y a la Iglesia.<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1ores, exclam\u00f3 el obispo del Puy, es preciso que os lo digan con libertad y sin ning\u00fan acaloramiento de discurso: es Vicente de Pa\u00fal a quien la mano de Dios escogi\u00f3 para llevar a su pueblo las tablas de la ley; es \u00e9l quien, por si celo admirable y el de sus dignos hijos, ha santificado a millones de almas en las Misiones, quien ha procurado los auxilios espirituales y temporales a provincias enteras, arruinadas por las calamidades de las guerras; quien ha retirado a miles de criaturas de las puertas de la muerte; quien ha salvado del \u00faltimo naufragio almas desdichadas las cuales, por una funesta alianza\u00a0 y casi necesaria, hab\u00eda unido a una profunda ignorancia de nuestros sagrados misterios y de las verdades cristinas necesarias a la salvaci\u00f3n, una prostituci\u00f3n vergonzosa al crimen y al libertinaje, y que parec\u00edan, en una palabra, no deber nunca conocer a Dios sino por el rigor de sus venganzas y la eternidad de los suplicios. S\u00ed, Se\u00f1ores, es preciso que lo escuch\u00e9is: es \u00e9l mismo, es este Vicente de Pa\u00fal quien ha cambiado casi el rostro de la Iglesia por las conferencias, por las instrucciones, por tantos seminarios cuyas fundaciones \u00e9l ha patrocinado; es \u00e9l quien ha restablecido la gloria del clero a su primer esplendor por los ejercicios de los ordenandos, por los retiros espirituales, por la apertura de su coraz\u00f3n y de su casa, cuando \u00e9l ha extendido los brazos a los que llegaban, para abrazar amorosamente a todos los que quer\u00edan aprovecharse en esta santa escuela de la verdadera disciplina eclesi\u00e1stica; es \u00e9l quien ha sacado del desorden a tantos ministros de los altares que, sin seguir las reglas de una vocaci\u00f3n leg\u00edtima, se hab\u00edan comprometido temerariamente en las funciones temidas de estos sagrados ministerios por motivos profanos de un inter\u00e9s s\u00f3rdido. Es \u00e9l quien ha formado a tan grandes individuos para ocupar de vicarios generales, de oficiales, de gerentes, de promotores, en muchas de nuestras di\u00f3cesis, y quien incluso ha preparado a tan grandes prelados para Francia; es \u00e9l quien ha servido de instrumento y de \u00f3rgano en todos los mayores planes y m\u00e1s importantes asuntos, para la gloria de Dios, y para el adelanto de la religi\u00f3n, y para la felicidad del Estado. Y, no obstante, despu\u00e9s de tantas coronas de gloria que hay que colocar en la cabeza de este gran hombre, verle muy oculto bajo los velos de su humildad, todo oscurecido bajo las m\u00e1s sombr\u00edas noches de los m\u00e1s profundos abismos, todo sumergido en la vista de su nada, todo ardiente con un deseo extremo de ser tratado como objeto del \u00faltimo desprecio; es esta humildad consumada, Se\u00f1ores, la que merece la alabanza de los hombres y la estima de los \u00e1ngeles.\u00bb<span id='easy-footnote-8-128837' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-8-128837' title='&lt;em&gt;Oraci\u00f3n f\u00fanebre en memoria del difunto se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal, &lt;\/em&gt;etc., in-4\u00ba, Par\u00eds, 1661, pp. 8-10.'><sup>8<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Todo el discurso no es de esta calidad. Comporta con demasiada frecuencia un mal gusto que no hab\u00eda desaparecido del todo: estaba salpicado de griego, de citas de poetas profanos; juegos de palabras vienen a estropear hermosos pensamientos, y un cierto pedantismo resfr\u00eda un sentimiento verdadero. Sin embargo, del discurso y de la ceremonia, Bossuet, presente en uno y en otra, ha podido decir con verdad: \u00abEste servicio f\u00fanebre fue magn\u00edfico; el obispo del Puy, que escuchamos, dur\u00f3 dos horas; y el conocimiento particular que monse\u00f1or obispo del Puy ten\u00eda del siervo de Dios, unido a\u00a0 las ostras cualidades ilustres de este prelado, le atrajeron ese d\u00eda una atenci\u00f3n extraordinaria de su auditorio, muy numeroso y c\u00e9lebre. Hubo entonces muchas l\u00e1grimas derramadas en particular por la humildad profunda y la incomparable caridad para con los pobres\u00a0 que descubri\u00f3 en la persona del venerable siervo de Dios.\u00bb<span id='easy-footnote-9-128837' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-9-128837' title='&lt;em&gt;Mss. T\u00e9moignages de Bossuet (1702)&lt;\/em&gt; sobre las virtudes eminentes de Vicente de Pa\u00fal, citado por el Sr. Floquet, tom. II, p. 120. (\u00c8t&lt;em&gt;udes sur Bossuet.)&lt;\/em&gt; Jean Loret, que tambi\u00e9n asisti\u00f3 a este servicio, , da sobre ello detalles interesantes en su &lt;em&gt;Muze historique, &lt;\/em&gt;carta del 27 de noviembre de 1660. En verso burlesco, es la oraci\u00f3n f\u00fanebre popular del santo. Nada falta all\u00ed, ni el elogio de sus virtudes, ni la enumeraci\u00f3n de sus grandes obras, ni siquiera la previsi\u00f3n de la canonizaci\u00f3n futura:&lt;\/p&gt;\n&lt;p&gt;Ayer se hizo el gran servicio&lt;br \/&gt;\nPor este difunto que Dios bendiga,&lt;br \/&gt;\nEl admirable se\u00f1or Vicente&lt;br \/&gt;\nQue ahora goza y siente,&lt;br \/&gt;\nEn lo alto del cielo emp\u00edreo,&lt;br \/&gt;\nDe los bienes de eterna duraci\u00f3n.&lt;br \/&gt;\nEste caritativo y buen pastor,&lt;br \/&gt;\nDe los Santos buen imitador,&lt;br \/&gt;\nGran censor de las negras malicias,&lt;br \/&gt;\nEnemigo jurado de todos los vicios,&lt;br \/&gt;\nY de toda virtud apoyo,&lt;br \/&gt;\nSe puede decir esto de \u00e9l.&lt;br \/&gt;\nCantidad de muy buenas almas,&lt;br \/&gt;\nReligiosos, se\u00f1ores y damas,&lt;br \/&gt;\nToda gente devota y bien sentida,&lt;br \/&gt;\nCantidad de prelados y cayados,&lt;br \/&gt;\nMuchos predicadores del Evangelio,&lt;br \/&gt;\nMuchos p\u00e1rrocos de esta ciudad,&lt;br \/&gt;\nSe encontraron en Saint-Germain,&lt;br \/&gt;\nSabiendo muy temprano,&lt;br \/&gt;\nQue este servicio mortuorio&lt;br \/&gt;\nEn el susodicho lugar se har\u00eda.&lt;br \/&gt;\nYo que no hago profesi\u00f3n&lt;br \/&gt;\nSino de un poco de devoci\u00f3n,&lt;br \/&gt;\nYo dej\u00e9 toda compa\u00f1\u00eda,&lt;br \/&gt;\nPor ver esta ceremonia;&lt;br \/&gt;\nY me pusieron entre lo mejor,&lt;br \/&gt;\nPor la atenci\u00f3n y el orden piadoso&lt;br \/&gt;\nDel Sr. Bouchet, tambi\u00e9n buen sacerdote,&lt;br \/&gt;\nQue en la Iglesia los pueda haber.&lt;br \/&gt;\nMonse\u00f1or, el obispo del Puy,&lt;br \/&gt;\nUno de los verdaderos prelados de hoy,&lt;br \/&gt;\nPrelado de buena y santa vida,&lt;br \/&gt;\nHizo la asistencia encantada,&lt;br \/&gt;\nY caus\u00f3 mil dulces transportes,&lt;br \/&gt;\nPor el discurso que hizo entonces&lt;br \/&gt;\nDe las virtudes extraordinarias&lt;br \/&gt;\nDe esta cabeza de los Misioneros,&lt;br \/&gt;\nQuienes por sus lastimeros cuidados&lt;br \/&gt;\n(De lo que infinita gente es testigo),&lt;br \/&gt;\nHa socorrido algunos a\u00f1os&lt;br \/&gt;\nA muchas provincias arruinadas&lt;br \/&gt;\nCon v\u00edveres, dineros y ropas&lt;br \/&gt;\nNo de terciopelos ni seder\u00edas,&lt;br \/&gt;\nSino de pa\u00f1os y buenas sarga&lt;br \/&gt;\nDe las que llevaban en grandes cargas&lt;br \/&gt;\nA centenares de gentes desnudas.&lt;br \/&gt;\nQue no ten\u00edan bienes ni rentas.&lt;br \/&gt;\nLas almas que \u00e9l ha convertido,&lt;br \/&gt;\nHasta entonces sometidas&lt;br \/&gt;\nBajo falsas religiones,&lt;br \/&gt;\nEn las b\u00e1rbaras regiones,&lt;br \/&gt;\nSon sin mentir casi innumerables.&lt;br \/&gt;\nEn una palabra, este padre de los m\u00edseros&lt;br \/&gt;\nHa tantas bondades desplegado,&lt;br \/&gt;\nPiedades, Caridades,&lt;br \/&gt;\nTanto \u00e9l como sus cohermanos,&lt;br \/&gt;\nToda gente piadosa, toda gente sincera,&lt;br \/&gt;\nTodos los grandes celosos de la fe.&lt;br \/&gt;\nDe verdad si fuese yo&lt;br \/&gt;\nQuien fuera el pont\u00edfice de roma,&lt;br \/&gt;\nYo canonizar\u00eda a este hombre.'><sup>9<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Aparte de este servicio solemne de Saint-Germain-l\u2019Auxerrois, una multitud de sacerdotes seculares y regulares, de comunidades, de iglesias parroquiales y catedrales, rindieron a Vicente de Pa\u00fal el mismo deber de caridad y de gratitud. Citemos s\u00f3lo la metr\u00f3polis de Reims, que fue una de las primeras en pagarle este tributo, en recuerdo de los grandes bienes que hab\u00eda hecho a la Champa\u00f1a..<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, los testimonios de p\u00e9same y de elogios llegaban de todas partes y de todos los rangos a San L\u00e1zaro, de Francia y del extranjero. \u00abLa Iglesia y los pobres acaban de sufrir una gran p\u00e9rdida,\u00bb exclam\u00f3 Ana de Austria quien, como lo dir\u00e1 m\u00e1s tarde Luis XIV, \u00abhab\u00eda distinguido las virtudes del siervo de Dios por tantas se\u00f1ales de confianza.\u00bb Tal fue tambi\u00e9n la exclamaci\u00f3n de Piccolomini, nuncio de Francia, ; o m\u00e1s bien tal fue la exclamaci\u00f3n un\u00e1nime, universal.<\/p>\n<p>La reina de Polonia escribi\u00f3: \u00abSiento un gran dolor por la p\u00e9rdida que hemos tenido del buen Sr. Vicente. Siempre\u00a0 profesar\u00e9 una gran estima a su memoria.\u00bb Y, para consolarla, Almer\u00e1s debi\u00f3 enviarle\u00a0 el crucifijo del santo y una parte de su rosario.<\/p>\n<p>El pr\u00edncipe de Conti dijo al salir de los funerales: \u00abNo he conocido nunca a nadie en quien se haya visto una humildad tan grande, un tan grade desprendimiento, una tan grande generosidad de coraz\u00f3n, como en el Sr. Vicente. la Iglesia ha perdido en \u00e9l a un hombre lleno de todas las virtudes y sobre todo de una caridad que se extend\u00eda a todas partes\u00bb.<\/p>\n<p>Algunos d\u00edas despu\u00e9s, era un testigo mejor y desde hac\u00eda largo tiempo informado tambi\u00e9n; era el P. De Gondi quien dec\u00eda: \u00abLo que yo he admirado entre las virtudes de este querido difunto ha sido su humildad, su caridad y su gran prudencia en todo. Nunca he advertido ni o\u00eddo decir que haya cometido ninguna falta contra estas virtudes, aunque haya estado diez o doce a\u00f1os conmigo. Nunca he sabido que haya tenido el menor defecto; por eso le he tenido siempre por santo.\u00bb<\/p>\n<p>Y el presidente de Lamoignon quien le hab\u00eda conocido mucho \u00e9l mismo y hab\u00eda o\u00eddo hablar de \u00e9l a su madre y a su hermana, escrib\u00eda por su parte: \u00abToda Francia ha perdido en la muerte del Sr. Vicente, y tengo, por mi parte, muchos motivos para estar sensiblemente impresionado por una tan grande p\u00e9rdida. Mas si, en el dolor que ella me causa, algo puede consolarme, no ser\u00e1 m\u00e1s que por los medios de testimoniar a la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n la veneraci\u00f3n que siento por la memoria de su fundador.\u00bb<\/p>\n<p>El ilustre marqu\u00e9s de Pianezze se consolaba por el pensamiento de la felicidad de la que gozaba en el suelo a quien se lloraba en la tierra, , y escrib\u00eda: \u00abEl feliz tr\u00e1nsito del Sr. Vicente debe m\u00e1s bien producir gozos que aflicci\u00f3n; y, aunque la p\u00e9rdida de los hijos sea incomparable, la felicidad del padre es infinitamente mayor, y la caridad nos convida a participar de sus dichas. Este gran personaje no llevar\u00e1 nuestros intereses menos vigorosamente donde est\u00e9 que cuando se hallaba en la tierra; es lo que creo que me debe consolar en este funesto accidente.\u00bb<\/p>\n<p>Las comunidades que Vicente hab\u00eda servido o dirigido se mostraron satisfechas en alto grado de su caridad y de su sabidur\u00eda, y todos aquellas con las cuales hab\u00eda tenido sencillamente relaciones pasajeras, como la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, declararon \u00abque nunca se hab\u00eda visto una falta en su conducta.\u00bb As\u00ed hablaron sobre sus virtudes y su direcci\u00f3n los eclesi\u00e1sticos tan numerosos que \u00e9l hab\u00eda formado.<\/p>\n<p>As\u00ed hablaron sobre todo los obispos del reino que le hab\u00edan conocido mejor, Nicol\u00e1s Sevin, sucesor de Alain de Solminihac en la sede de Cahors: \u00abHe perdido en el Sr. Vicente a uno de los mejores amigos que tuviera en el mundo. Tengo sin embargo el consuelo de que, por la carta que me escribi\u00f3 cinco d\u00edas antes de su muerte, me prometi\u00f3 no olvidarme nunca delante de Dios; lo que me permite creer que me contin\u00faa ahora donde se encuentra las mismas caridades, y que no cesar\u00e1 de pedir por m\u00ed a la divina bondad\u00a0 que yo sea un obispo seg\u00fan su coraz\u00f3n. En cuanto a m\u00ed, me ser\u00eda imposible olvidarle nunca y, hasta que le vea, conservar\u00e9 en mi coraz\u00f3n su memoria como algo que me es muy precioso.\u00bb<\/p>\n<p>Como el marqu\u00e9s de Pianezze, Pierre de Berthier, obispo de Montauban, se consol\u00f3 con el pensamiento que la muerte de Vicente era necesaria para que \u00e9l recibiera la corona\u00a0 debida a sus m\u00e9ritos, y por la confianza que en el cielo no proveer\u00eda menos a las necesidades de las que respond\u00eda en la tierra; m\u00e1s a\u00fan, que la consumaci\u00f3n gloriosa de su caridad ayudar\u00eda de una manera m\u00e1s fuerte a la perfecci\u00f3n de tantas obras cristianas que hab\u00eda comenzado entre nosotros.<\/p>\n<p>Algo as\u00ed escrib\u00eda tambi\u00e9n Nicol\u00e1s Pavillon, obispo de Alet, todav\u00eda fiel, quien, en vida incluso de Vicente, sol\u00eda repetir que le era deudor de todas las gracias divinas, y que no hab\u00eda conocido nunca a hombre m\u00e1s humilde, m\u00e1s prudente, m\u00e1s caritativo y m\u00e1s abandonado a la Providencia de Dios<span id='easy-footnote-10-128837' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-10-128837' title='San Vicente mantuvo hasta el fin de su vida tiernas relaciones con el obispo de Alet. El 30 de enero de 1657, habiendo sabido que era diputado en Par\u00eds por los Estados de Languedoc le escribi\u00f3 para expresarle la alegr\u00eda de recibir una vez m\u00e1s su bendici\u00f3n y para ofrecerle su antiguo alojamiento en San L\u00e1zaro, \u00abque preferir\u00e9is, as\u00ed lo espero, a todos los dem\u00e1s, porque es un hospital.\u00bb'><sup>10<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>\u00ab<em>Lucerna extincta est in Israel! <\/em> exclam\u00f3 por su parte el obispo de Pamiers, \u00c9tienne Caulet. Qu\u00e9 perdida han tenido la Iglesia y la congregaci\u00f3n! Dios solo la conoce.\u00bb Y ped\u00eda a Dios y promet\u00eda pedirle con todo su coraz\u00f3n que conservara en los hijos el esp\u00edritu del Padre: su humildad profunda, su caridad sin l\u00edmites, su prudencia divina, unida a su sencillez, a su sinceridad generosa<span id='easy-footnote-11-128837' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-11-128837' title='Uno de los eclesi\u00e1sticos de la conferencia de los Martes encargaba de vez en cuando una misa en San L\u00e1zaro por la conservaci\u00f3n del esp\u00edritu de Vicente en su Compa\u00f1\u00eda(&lt;em&gt;Summ&lt;\/em&gt;., p. 387.'><sup>11<\/sup><\/a><\/span>. Para Caulet como para su colega de Alet, era en efecto, la luz apagada; despu\u00e9s de lo cual cayeron uno tras otro en las tinieblas del cisma y de la herej\u00eda.<\/p>\n<p>Aunque herido de un profundo dolor por la noticia de la muerte de Vicente, Pierre Pign\u00e9, obispo de Toulon, no pod\u00eda compadecerse ni del padre ya en la patria, ni siquiera de los hijos que ten\u00edan aun intercesor tal ante Dios. no formulaba m\u00e1s que un voto, a saber llevar una vida tan santa para morir de una muerte tan santa.<\/p>\n<p>Aunque preparado para la muerte de Vicente, a quien hab\u00eda visto unos meses antes en Par\u00eds, Fran\u00e7ois Fouquet, arzobispo de Narbonne, no sent\u00eda menos vivamente una p\u00e9rdida semejante para la Iglesia, para la Compa\u00f1\u00eda y para s\u00ed mismo. Ya que, dec\u00eda \u00e9l, \u00abno pienso que de todos aquellos a los que su caridad le ha hecho abrazar como a sus hijos, haya ninguno a quien haya demostrado m\u00e1s ternura y dado m\u00e1s se\u00f1ales de amistad que a m\u00ed.\u00bb<\/p>\n<p>Testimonios concluyentes por su uniformidad misma, y cuyo concierto de voces ser\u00eda f\u00e1cil incrementar con las de Perrochel, obispo de Boulogne, de los cardenales Ludovisio y Durazzo, y de tantos obispos y prelados que se confundieron en el mismo dolor, los mismos sentimientos y los mismos elogios. Y hasta d\u00f3nde llegar\u00edamos si a\u00f1adimos las voces de los pueblos salvados por Vicente, voces que, ahora era\u00a0 la voz de Dios-Caridad. La escucharemos enseguida, pues estos primeros sufragios, s\u00fabitos y espont\u00e1neos, explosi\u00f3n instant\u00e1nea y como irresistible del sentimiento universal, no deb\u00edan apagarse en el vac\u00edo y el silencio de la muerte, en el olvido de la ingratitud y de los a\u00f1os, sino crecer, multiplicarse, por el contrario, y luego estallar en los interrogatorios del proceso de canonizaci\u00f3n para provocar el sufragio mismo de la iglesia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo III: Muerte de San Vicente de Pa\u00fal I.- Debilidades y enfermedades. 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