{"id":128645,"date":"2016-09-17T12:00:35","date_gmt":"2016-09-17T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=128645"},"modified":"2016-08-06T07:41:29","modified_gmt":"2016-08-06T05:41:29","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-26","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-26\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 26"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo XXVI: La intimidad<\/h2>\n<p><i>Familia.\u2014Religi\u00f3n.\u2014Caridad.\u2014Amistad.<\/i><\/p>\n<p>Desde Sceaux, el 22 de octubre de 1851, Ozanam describ\u00eda as\u00ed a Amp\u00e8re su felicidad dom\u00e9stica, obscurecida, es cierto, por una nub\u00e9, mas detr\u00e1s de la cual ve y bendice el sol de la voluntad de Dios: \u00abMe encuentro en un estado de cansancio que me impide muchas obligaciones y placeres, pero admiro el orden de la Provi\u00addencia que no quiere permitir que nos aclimatemos en la tierra. Yo hab\u00eda hecho todo para establecerme bien en esta vida; y usted me hab\u00eda ayudado mucho para lograrlo. Usted sabe a qu\u00e9 punto consegu\u00ed poner dicha en mi hogar. Dios no quiso que me arraigara en una existencia tan c\u00f3moda. Me dej\u00f3 las alegr\u00edas del coraz\u00f3n y me env\u00eda penas de salud: lo bendigo por esta d\u00e1diva. Sin embargo, le rezo para que abrevie la prueba, y me cuido lo mejor que puedo, o m\u00e1s bien me dejo cuidar por algunas personas que me quieren bien&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Unos meses despu\u00e9s, el 16 de febrero, en una carta al se\u00f1or Du\u00adfieux, la dolorosa queja queda mitigada por el sentimiento general de la felicidad de los suyos. Quisiera que su amigo pudiera pre\u00adsenciarla: \u00abAdem\u00e1s del lugar que ocupa usted en mis oraciones co\u00adtidianas, quisiera que ocupara otro cerca de mi chimenea, como me lo dej\u00f3 esperar un d\u00eda. Habr\u00eda encontrado mi hogar m\u00e1s feliz que nunca porque ha vuelto a \u00e9l la salud. Soy el m\u00e1s enfermo de la casa, aunque puedo, no sin cansancio, impartir m\u00e1s o menos mis clases. Es preciso dar gracias a Dios por tantos favores y resignarse a las penas que con ellos mezcla. Una de las mayores es haber estudiado mucho, estar convencido de que tiene uno ideas y no po\u00adder expresarlas&#8230; Amigo m\u00edo \u00a1que la divina Providencia le conserve esa dicha dom\u00e9stica que consuela de todos los males! D\u00e9me usted la mano para que la estreche con el calor de un viejo amigo\u00bb.<\/p>\n<p>Y el viejo amigo mostraba \u00aba su peque\u00f1a Mar\u00eda jugando en el jard\u00edn y cuya alegre voz llegaba hast\u00e1 \u00e9l, mientras Amelia, sen\u00adtada a su lado, lo regocijaba con su amable rostro\u00bb. El padre ro\u00addeaba a la ni\u00f1a con las atenciones m\u00e1s encantadoras sin olvidar nada de cuanto pod\u00eda divertirla y comunic\u00e1ndole ya todo cuanto ten\u00eda de poes\u00eda en su esp\u00edritu y de ternura en su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed, un d\u00eda de julio, estando indispuesta la ni\u00f1a por el calor del gran sol, le llev\u00f3 un peque\u00f1o abanico sobre el cual hab\u00eda escrito:<\/p>\n<p><i>Prends-le pour remplacer les deux ailes l\u00e9g\u00e8res<br \/>\nQue portent dans le ciel les ch\u00e9rubins tes fr\u00e8res<br \/>\nEt qui te d\u00e9fendraient des ardeurs du soleil,<br \/>\nOu te rafra\u00eechiraient d&#8217;un mouvement pareil.<br \/>\nMais, lorsque Dieu te fit, petit ange sur terre,<br \/>\nPour essuyer les pleurs dans les. yeux de ta m\u00e8re,<br \/>\nJe demandai pour toi tous les dons pr\u00e9cieux<br \/>\nDont L&#8217;Esprit-Saint rev\u00eat les anges dans les cieux:<br \/>\nPour toi je demandai leurs gr\u00e2ces immortelles,<br \/>\nLeur foi, leur puret\u00e9, tout \u2014except\u00e9 leurs ailes\u2014<br \/>\nDe peur qu&#8217;il ne te v\u00eent quelque jour le d\u00e9sir<br \/>\nDe retourner l\u00e0-haut sans nous, et de t&#8217;enfuir.<\/i><span id='easy-footnote-1-128645' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-26\/#easy-footnote-bottom-1-128645' title='Que venga a sustituir las dos alas ligeras que llevan en el cielo tus hermanos los \u00e1ngeles y te proteger\u00e1n contra el sol m\u00e1s ardiente o te dar\u00e1n frescura con su breve latido. Pues cuando Dios te hizo, angelito en la tierra, para que t\u00fa enjugaras el llanto de tu madre yo ped\u00ed pana ti las m\u00e1s preciosas d\u00e1divas del Esp\u00edritu Santo a los \u00e1ngeles ni\u00f1os: yo ped\u00ed para ti sus gracias inmortales, su pureza, su fe, todo \u2014excepto las alas\u2014 por temor de que un d\u00eda sintieras el deseo de regresar al cielo, sola, y de abandonarnos.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Pronto veremos en honor de la madre una<sup>.<\/sup> poes\u00eda de un senti\u00admiento m\u00e1s elevado y de un encanto a\u00fan m\u00e1s celestial.<\/p>\n<p>Entre la madre y el hijo, las cartas de Ozanam nos dejan vis\u00adlumbrar la figura triste y dulce de la se\u00f1ora Soulacroix, la abue\u00adla, envuelta en el doble luto de su marido y de su hijo. Ozanam los llora con ella: \u00abMadre querida, se ha vuelto usted para m\u00ed, en su aflicci\u00f3n, m\u00e1s respetable y querida que nunca, desde que contemplo su cabeza coronada de espinas\u00bb. \u2014 Despu\u00e9s de la muer\u00adte de Te\u00f3filo, escribe \u00abMi deseo m\u00e1s ardiente ser\u00eda poder llenar el triste vac\u00edo que la aflige&#8230; \u00bfAcaso no soy su hijo? Lo soy m\u00e1s a\u00fan de lo que usted cree, m\u00e1s de lo que puedo decir. \u00bfPor qu\u00e9 no tengo las virtudes, el valor, la humildad del desaparecido?\u00bb Hab\u00eda insistido para llev\u00e1rsela a Roma, despu\u00e9s de esa p\u00e9rdida cruel: \u00abNo cometer\u00e1 usted ninguna infidelidad a su memoria al unirse con nosotros bajo estas b\u00f3vedas santas y al recibir aqu\u00ed la bendici\u00f3n del Santo Padre que lo bendijo en su sufrimiento\u00bb. Despu\u00e9s de la muerte del padre, Ozanam lo sustituye en los intereses de la fa\u00admilia. Luego, escribe de su mujer y de su hija y de \u00e9l mismo: \u00abQue\u00adrida madre, nos esforzaremos por suavizar su destierro al darle, si no d\u00edas, cuando menos horas de consuelo, cuando vea usted cu\u00e1nto la amamos todos, y cuando su peque\u00f1a Mar\u00eda, que ya es. m\u00e1s capaz de comprender su ternura, le prodigue sus caricias y cubra de besos las huellas de sus l\u00e1grimas\u00bb.<\/p>\n<p>La religi\u00f3n convert\u00eda ese hogar en santuario. Ozanam era un hombre de oraci\u00f3n: todas sus cartas trascienden a incienso. Sus citas con sus amigos eran para rezar las oraciones que les ped\u00eda y las que les promet\u00eda. La comuni\u00f3n, cada vez m\u00e1s frecuente, se recib\u00eda todos los domingos y d\u00edas de fiesta. Ten\u00eda la costumbre de dedicar cada ma\u00f1ana, al despertar, una media hora a la lectura de un cap\u00edtulo de la Sagrada Escritura; despu\u00e9s se\u00f1alaba los pasajes que lo hab\u00edan impresionado m\u00e1s, para meditarlos y descansar su pensa\u00admiento en el curso del d\u00eda. A eso lo llamaba \u00absu pan de cada d\u00eda\u00bb. Generalmente, buscaba esa lectura en el Evangelio. Lo le\u00eda en el texto griego: se penetraba de las palabras y las virtudes de Cristo. Se propon\u00eda traducirlo en actos durante &#8216;el d\u00eda. No entend\u00eda la pie\u00addad sino por la imitaci\u00f3n amorosa de Nuestro Se\u00f1or y el fiel cum\u00adplimiento de su Ley.<\/p>\n<p>Visiones sobrenaturales elevad\u00edsimas iluminaban su vida. Se lee en sus cartas: \u00abUna mirada dirigida al cielo nos permitir\u00e1 encon\u00adtrar la luz y la firmeza necesarias para las obligaciones y necesi\u00addades de la tierra. El mejor modo para juzgar bien los asuntos de la vida y para poner en ella la paz y el desprendimiento, consiste en verlos con altura, como intereses ajenos. La realidad de la vida no est\u00e1 en la tierra. Aqu\u00ed \u00bfqu\u00e9 tendr\u00edamos sin las obras que nos siguen y sin Dios que nos visita?\u00bb<\/p>\n<p>Esa visita de Dios en la comuni\u00f3n lo arrojaba en arrobos de fe que lo impulsaban a escribir: \u00abAunque toda la tierra hubiese re\u00adnegado de Cristo, hay en la indecible dulzura de la comuni\u00f3n y en las l\u00e1grimas que nos hace derramar, un poder de convicci\u00f3n que me mover\u00eda a abrazar la cruz y desafiar la incredulidad de toda la tierra\u00bb.<\/p>\n<p>Sus relaciones con Jesucristo eran las del abandono m\u00e1s abso\u00adluto, de la m\u00e1s viva confianza, de la ternura m\u00e1s filial. Le hab\u00eda entregado su vida. Se reprochaba sus inquietudes de otro tiempo acerca de su porvenir, y sus inquietudes de ahora acerca de su salud, y sacrificaba con su vida todo aquello que da valor a la vida: la dicha, el amor, la gloria; no tardaremos en verlo.<\/p>\n<p>En cada uno de sus deberes, deberes de estado, deber de cris\u00adtiano, deber d\u00e9 ciudadano, ve\u00eda el cumplimiento de la voluntad de Dios; pero quer\u00eda que fuese muy elevado y muy puro de in\u00adtenci\u00f3n, diciendo: \u00abEl Se\u00f1or nos ense\u00f1a a pedir en nuestra oraci\u00f3n que se haga su voluntad as\u00ed en la tierra como en el cielo. Luego, no como en el infierno donde se hace por necesidad, no como en\u00adtre los hombres donde a veces se sufre con murmuraciones, sino como en el cielo con el amor y el j\u00fabilo de los \u00e1ngeles\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam era un juez severo para s\u00ed mismo: el mundo lo juzga grande, \u00e9l se juzga peque\u00f1o; el mundo lo cree bueno, \u00e9l se cree malo. Le parece que todo lo debe a su trabajo y a la gracia de Dios; pero no cree en su genio. No es fuerte, todo \u00e9l es debilidad. \u00abSu conciencia no lo deja a salvo\u00bb. Se cree indeciso, vacilante, agitado, flotante al soplo de vanas impresiones e inquietudes que oscurecen todas sus dichas. No se cree digno de ellas. \u00abUn d\u00eda \u2014escribe su hermano\u2014 vi\u00e9ndolo triste y abatido, le puse ante los ojos todos los motivos que ten\u00eda de sentirse feliz: Es cierto, me respondi\u00f3; precisamente porque soy demasiado feliz, temo que alguna desgracia me suceda\u00bb. En sus perplejidades, siempre toma\u00adba partido contra s\u00ed mismo, aunque mucho le costaba; porque, se\u00adg\u00fan cre\u00eda, era lo m\u00e1s seguro \u2014lo cual dista mucho de ser siempre cierto\u2014; porque era el partido del gran sacrificio y este sacrificio era un acto de amor.<\/p>\n<p>Ese coraz\u00f3n de juez para s\u00ed mismo era un coraz\u00f3n de hermano para el pr\u00f3jimo. Adem\u00e1s de la inmensa familia de San Vicente de Paul que abrazaba en su caridad, ten\u00eda sus pobres particulares, los pobres de su Conferencia, cuya visita y servicio era para \u00e9l un ejer\u00adcicio religioso. Invariablemente, se quitaba el sombrero al entrar en sus miserables tugurios: \u00ab\u00a1Soy vuestro servidor!\u00bb Jam\u00e1s les diri\u00adg\u00eda un serm\u00f3n. Despu\u00e9s de dar todo lo que ten\u00eda, se sentaba y charlaba de alg\u00fan tema que pudiese distraerlos e interesarlos.<\/p>\n<p>Esa visita resultaba instructiva y ben\u00e9fica tambi\u00e9n para \u00e9l. Re\u00adfiere que un d\u00eda que estaba de mal humor, una inspiraci\u00f3n interior lo impuls\u00f3 a visitar a sus pobres; y cuando baj\u00f3 de casa de uno de ellos, sinti\u00f3se cambiado: \u00bfqu\u00e9 eran sus miserias imaginarias junto a la espantosa realidad de aquellas penas? \u00a1Ou\u00e9 lecci\u00f3n acababa de recibir! Dir\u00e1 un d\u00eda en Florencia: \u00bb \u00a1Cu\u00e1ntas veces, agobiado por alguna pena interior, inquieto por mi salud quebrantada, en\u00adtr\u00e9 lleno de tristeza en la morada del pobre confiado a mis cuida\u00addos; y all\u00ed, ante el espect\u00e1culo de tantos desgraciados m\u00e1s dignos de l\u00e1stima que yo, me reproch\u00e9 mi desaliento, me sent\u00ed m\u00e1s fuerte contra el dolor, y di las gracias a ese desdichado que me hab\u00eda consolado y fortalecido con el espect\u00e1culo de sus propios sufrimien\u00adtos! \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda no haberlo amado?\u00bb<\/p>\n<p>Cuando los pobres se presentaban en su casa, no los dejaba es\u00adperar, sino que los introduc\u00eda inmediatamente a su biblioteca, donde les daba un asiento c\u00f3modo, port\u00e1ndose con ellos como con visitantes a quienes se complac\u00eda en honrar. Era una fiesta para \u00e9l ir a desear un a\u00f1o feliz a sus pobres y distribuir alegres regalos a sus hijos. El Padre Lacordaire cuenta que la ma\u00f1ana de uno de esos d\u00edas, en 1852, Ozanam dijo a su mujer que conoc\u00eda una f ami-lia tan desgraciada, que hab\u00eda tenido que empe\u00f1ar la c\u00f3moda de sus bodas, postrer vestigio de su antigua holgura; y que sent\u00eda ganas de devolv\u00e9rsela aquel d\u00eda. Su mujer lo disuadi\u00f3 con excelen\u00adtes razones. Mas por la noche, al regresar de sus visitas oficiales, Ozanam se sent\u00eda triste. Ech\u00f3 una dolorosa mirada sobre los jugue\u00adtes amontonados a los pies de su hija y no se atrevi\u00f3 a tocar los dulces que le ofrec\u00eda la ni\u00f1a. Era f\u00e1cil comprender que lamentaba la buena obra que se hab\u00eda frustrado por la ma\u00f1ana. Entonces, su mujer lo anim\u00f3 para que siguiera su primera intenci\u00f3n. En el acto fue a rescatar el mueble y despu\u00e9s de llevarlo a casa de aquellos indigentes, regres\u00f3 feliz a la suya.<\/p>\n<p>M\u00e1s de una vez lo hab\u00edan enga\u00f1ado algunos clientes indignos de su caridad. \u00abUn italiano a quien hab\u00eda conseguido por fin un empleo en una casa de comercio abus\u00f3 vergonzosamente de la con\u00adfianza de su patr\u00f3n. Se hundi\u00f3 entonces en una gran miseria y fue a pedirle nuevamente auxilio a Ozanam quien, sumamente irri\u00adtado, lo despidi\u00f3 suplic\u00e1ndole que ya no volviera; pero no, hab\u00eda llegado al pie de la escalera el pobre hombre cuando Ozanam se sinti\u00f3 presa de remordimientos. Se dijo a s\u00ed mismo que no estaba bien empujar a un hombre, sea el que fuere, a la desesperaci\u00f3n, que \u00e9l mismo necesitar\u00eda un d\u00eda que Dios no fuese inexorable con \u00e9l, como acababa de serlo con uno de sus semejantes. Iicapaz de soportar ese pensamiento, se puso el sombrero y corri\u00f3 detr\u00e1s del italiano a quien encontr\u00f3 cerca de all\u00ed, vagando por el jard\u00edn del Luxemburgo\u00bb.<\/p>\n<p>A medida que Ozanam se elevaba, por sus escritos y sus t\u00edtulos, en el mundo acad\u00e9mico, se notaba que se complac\u00eda cada vez m\u00e1s en el mundo obrero: la Sociedad de, San Francisco Javier, el C\u00edrcu\u00adlo obrero de la cripta de San Sulpicio, al que su presencia y su pa\u00adlabra segu\u00edan siendo fieles. En aquellos \u00faltimos a\u00f1os compuso para ellos una <i>Vida popular de San Elodio, <\/i>patr\u00f3n de los obreros me\u00adtal\u00fargicos. En esta obrita, de estilo muy sencillo, pero siempre bello, glorifica el trabajo cristiano. Dice al final: \u00abSi no todos pue\u00adden, como San Elodio, consejero de los pr\u00edncipes, rescatar a los cautivos, evangelizar a los infieles, todos pueden como \u00e9l servir a Dios con la oraci\u00f3n y a su pa\u00eds con su trabajo. Todos pueden hon\u00adrar su taller, llevando a \u00e9l la probidad, la sobriedad, la caridad que respeta a los amos, une a los compa\u00f1eros, protege a los apren\u00addices. Todos pueden ayudar a los pobres, si no con su dinero, cuan\u00addo menos con un servicio o con una buena palabra &#8230; En fin, no todos pueden sdr grandes; pero todos pueden volverse santos\u00bb.<\/p>\n<p>En el Consejo general de San Vicente de Paul, Ozanam gozaba al ver el poderoso impulso que daba a la Sociedad la reciente pre\u00adsidencia del se\u00f1or Adolfo Baudon, lo cual le permit\u00eda eclipsarse cada vez y en el Consejo que estaba compuesto de hombres como el se\u00f1or L\u00e9on Cornudet, vice-presidente, del se\u00f1or de Barante, se\u00adcretario, de los se\u00f1ores Cochin y Louis de Beaudicour, vicese\u00adcretarios y de consejeros como los se\u00f1ores Bailly, Gossin, hijo, Le Pr\u00e9vost, Henry de Riancey Lauras, Armand de Melun, de Rain\u00adcourt, de Champagny, Ferrand de Missol; y poco despu\u00e9s el se\u00f1or d&#8217;Indy, los se\u00f1ores Cauchy, de Malartic, Eugenio de Margerie, etc. Ozanam pidi\u00f3 que figuraran tambi\u00e9n, como consejeros de ho\u00adnor, los se\u00f1ores Lallier y Le Taillandier. Era un recuerdo de los primeros tiempos.<\/p>\n<p>El a\u00f1o de 1851 a que hemos llegado, hubo 247 agregaciones de nuevas Conferencias, en ambos mundos. El relator dec\u00eda respecto a los progresos de la obra en Inglaterra: \u00abSe ha repetido que este a\u00f1o <i>la Exposici\u00f3n <\/i>del Palacio de Cristal ha colmado el brazo de mar que separa a los dos pa\u00edses. Mas de todos los tel\u00e9grafos super y submarinos que los conectan, el m\u00e1s el\u00e9ctrico ser\u00e1, sin lugar a dudas, el de la caridad. Ese hilo puede unirlo todo: une y encadena los corazones, baja del cielo y conduce a \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>No era s\u00f3lo el af\u00e1n de caridad, sino el de la fe cat\u00f3lica el que interesaba a Ozanam en el movimiento de ideas de los diversos Estados de Europa, especialmente de Alemania, por aquel enton\u00adces tan agitada por las sectas. Leo en una carta al se\u00f1or Bor\u00e9 del 28 de septiembre de 1851: \u00abCuando me escriba, d\u00edgame por favor lo que piensan en Baviera de las \u00faltimas agitaciones religiosas de Alemania. \u00bfExiste un peligro verdaderamente grave para la Igle\u00adsia Cat\u00f3lica en las predicaciones de los miserables que, de lejos, nos parecen tan poco dignos de causar impresi\u00f3n a un gran pueblo?<\/p>\n<p>\u00abCuando anuncian que veinte o treinta comunas se han adhe\u00adrido al cisma de Ronge o de Czevsky \u00bfhay que creer que se trata de parroquias enteras o de algunos facciosos que pretenden ser sus representantes? \u00a1Oh, con cu\u00e1nto trabajo se establece s\u00f3lidamente la fe de esos esp\u00edritus germ\u00e1nicos! \u00a1Es verdad, los males de la Igle\u00adsia son muy grandes en este siglo; nuestra pobre Francia, tan acu\u00adsada, no es la m\u00e1s enferma de las naciones cristianas!\u00bb<\/p>\n<p>Unos meses despu\u00e9s agradece el env\u00edo de unos art\u00edculos de pe\u00adri\u00f3dicos b\u00e1varos sobre la situaci\u00f3n religiosa del pa\u00eds. \u00abLe\u00ed con in\u00adfinito inter\u00e9s el relato del tercer aniversario secular del santo con\u00adcilio de Trento. Semejantes escenas deber\u00edan reproducirse en todas las hojas cat\u00f3licas. La piedad de estos buenos tiroleses nos har\u00eda sonrojar de nuestra tibieza y nos inspirar\u00eda m\u00e1s celo en el servicio de Dios, con quien creemos con demasiada frecuencia estar a ma\u00adno porque usamos unas plumas y un poco de tinta en su servicio!\u00bb<\/p>\n<p>El hombre que tuvo mayor intimidad con Ozanam en sus \u00falti\u00admos a\u00f1os, el se\u00f1or Amp\u00e8re, escribi\u00f3 de \u00e9l: \u00abLos q\u00fce han le\u00eddo sus cartas conocen la gracia incomparable de su esp\u00edritu; pero ha\u00adbr\u00e1n visto tambi\u00e9n en ellas la amenidad de su trato. En \u00e9l, no ha\u00adb\u00eda rigidez alguna. A la seriedad del pensamiento se un\u00eda inse\u00adparablemente la alegr\u00eda del car\u00e1cter\u00bb. \u00abNadie se divert\u00eda como \u00e9l con <i>tonter\u00edas de marca, <\/i>dice otro amigo que lo hab\u00eda conocido siempre. No se cre\u00eda demasiado sabio para prohibirse <i>la risa, <\/i>esa gran felicidad de la vida; y aun cuando los sufrimientos repri\u00adm\u00edan su estruendo, el menor incidente jocoso la hac\u00eda brotar ale\u00adgremente\u00bb. Esa alegr\u00eda, llegado el caso, se manifestaba en versitos de sociedad con que divert\u00eda a sus hu\u00e9spedes y a sus compa\u00f1eros de vacaciones. As\u00ed, escribi\u00f3 un largo poema de ciento cincuenta versos que improvis\u00f3 en nombre suyo y en el del se\u00f1or de La Vi\u00adllemarqu\u00e9 con destino al se\u00f1or Amp\u00e8re, su amigo com\u00fan, a la sa\u00adz\u00f3n lejano, y en el cual canta en estilo hom\u00e9rico y humor\u00edstico una lucha atl\u00e9tica a la que hab\u00eda asistido en una kermess bretona.<\/p>\n<p>A veces ese amable car\u00e1cter ten\u00eda que reprimir movimientos de innata impaciencia: \u00ab\u00a1Basta, basta, o voy a enojarme!\u00bb Y se eno\u00adjaba en efecto. Mas, pasado el primer arrebato, se avergonzaba y reparaba su falta con humildes y francas disculpas.<\/p>\n<p>En cambio a veces un rasgo ingenioso le serv\u00eda para aguzar y endilgar una severa reprimenda. En su viaje a Breta\u00f1a, estando un d\u00eda en diligencia frente a un joven militar vestido con un uniforme nuevo y que se divert\u00eda en decir bromas atrevidas a una modesta joven sentada cerca de \u00e9l, Ozanam, molesto, empez\u00f3 por recordar\u00adle el respeto debido a una mujer, que es la primera ley de la ca\u00adballerosidad francesa. El joven fatuo. no se dio por vencido; y respondi\u00f3 con impertinencia a Ozanam que el asunto no le impor\u00adtaba y que no le reconoc\u00eda el derecho de darle una lecci\u00f3n. \u00abSe enga\u00f1a usted, joven \u2014replic\u00f3 Ozanam\u2014. Precisamente para eso me paga el gobierno\u00bb. El soldadito se qued\u00f3 boquiabierto. \u00bfQui\u00e9n pod\u00eda ser ese se\u00f1or condecorado que era un hombre del gobierno?<\/p>\n<p>Se adivina a qu\u00e9 punto semejante esp\u00edritu, semejante car\u00e1cter y coraz\u00f3n estaba dispuesto a la amistad. Se necesitar\u00eda dedicar to\u00addo un cap\u00edtulo a las amistades de Ozanam. Las hay familiares, li\u00adterarias, acad\u00e9micas, pol\u00edticas, lionesas, parisienses y extranjeras. En cuanto a religiosas, todas lo son: all\u00ed est\u00e1 el im\u00e1n que las liga todas con un foco divino.<\/p>\n<p>Las m\u00e1s antiguas siguen siendo las m\u00e1s vivas y ardientes. Fran\u00adcisco Lallier es como siempre el alma piadosa y fuerte en que el amigo derrama de preferencia, la confesi\u00f3n de sus debilidades y la efusi\u00f3n de sus inagotables ternuras. No puede prescindir de \u00e9l, como tampoco pod\u00eda hacerlo en el pasado. So\u00f1\u00f3 un momento en llevarlo a Lyon, cerca de \u00e9l: \u00abi Qu\u00e9 l\u00e1stima para m\u00ed, mi excelente amigo, que no sea usted lion\u00e9s! S\u00f3lo esto le faltaba\u00bb. Lallier res\u00adpondi\u00f3 con dos visitas inolvidables en las vacaciones de 1837 y a fines de 1839. En 1840, en las vacaciones de Pascuas, Ozanam se traslad\u00f3 a Sens, en una \u00abvisita encantadora de veinticuatro horas que bien le hubiera gustado convertir en veinticuatro d\u00edas\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando, en 1842, Lallier acaba de perder a su encantadora Ju\u00adlia Lallier, su hija, en la flor de la edad y de la esperanza, Ozanam est\u00e1 cerca de \u00e9l mediante una carta llena de l\u00e1grimas: \u00abQuerido amigo, Dios visita siempre a quienes ama\u00bb. Es la primera l\u00ednea. Luego lo felicita por la fe que lo sostuvo en tan dura prueba. \u00abPues, al fin y al cabo, querido amigo, estamos seguros, por art\u00edcu\u00adlo de fe, de que las familias cristianas, el matrimonio, la paternidad, todas esas cosas santas, s\u00f3lo han sido institu\u00eddas para poblar el cie\u00adlo. Ya ten\u00eda usted en el para\u00edso a una santa que es su madre, tendr\u00e1 usted ahora a un \u00e1ngel que es su hija. Entre las dos, le reservar\u00e1n su lugar; y si le parece a usted que tardar\u00e1 demasiado en ir a unirse con ellas, piense que treinta a\u00f1os pasan aprisa: ahora sabemos, usted y yo, lo que esto significa\u00bb. Vienen despu\u00e9s tres p\u00e1ginas llenas de esos sentimientos celestiales.<\/p>\n<p>Poseemos ochenta cartas a Lallier, todas ellas de ese mismo ca\u00adr\u00e1cter en que lo divino y lo humano se funden armoniosamente.<\/p>\n<p>En 1848, Lallier se present\u00f3 tambi\u00e9n como diputado por el Yonne, como Ozanam por el R\u00f3dan\u00f3. Sus profesiones de fe son las mis\u00admas: \u00abEncuentro en su circular todos mis sentimientos y todos mis pensamientos: la Rep\u00fablica que rechazo y la que deseo\u00bb.<\/p>\n<p>Tres a\u00f1os despu\u00e9s, se plantea para Lallier la cuesti\u00f3n de si debe permanecer en Sens o solicitar un puesto de juez en Par\u00eds, donde su hijo iba a iniciar sus estudios. Una carta de Ozanam responde que la consideraci\u00f3n que debe tener precedencia sobre todas las dem\u00e1s no es la del inter\u00e9s, del escalaf\u00f3n, de la amistad, sino la del mejor servicio de Dios, de la Iglesia, de las obras. Lallier per\u00admaneci\u00f3 en Sens.<\/p>\n<p>Lallier es el padrino de la hija de Ozanam: \u00abRece usted por su ahijada, sin olvidar a su padre y a su madre. Un lazo sagrado nos une en lo. sucesivo ante Dios y ante los hombres\u00bb. En cambio, el hijo de Lallier, instalado en Par\u00eds en la casa de hu\u00e9spedes Poi-loup, se convierte en familiar de la casa de Ozanam, como lo dice la siguiente carta del 14 de abril de 1852: \u00abHoy, mi\u00e9rcoles de Pas\u00adcuas, est\u00e1 con nosotros su Enrique que sale de un largo cautiverio de cuaresma, crece en estatura y en sabidur\u00eda; siempre dulce, siem\u00adpre amable con nuestra peque\u00f1a Mar\u00eda cuyos juegos se digna compartir. Dentro de un rato vamos a llevarlos a los Campos Eli\u00adseos; hace el tiempo m\u00e1s hermoso del mundo. Y si encontramos a Polichinela, nuestros queridos ni\u00f1os habr\u00e1n llegado a la c\u00faspide de los placeres terrenales\u00bb.<\/p>\n<p>Entre Ozanam y Jannot el antiguo v\u00ednculo era el recuerdo de su primera comuni\u00f3n y de las lecciones del padre Noirot. Ozanam le escribe en octubre de 1849: \u00abDespu\u00e9s de tantos a\u00f1os de sepa\u00adraci\u00f3n, la unanimidad de n\u00f9estros sentimientos nos encuentra tan amigos como siempre. No te he dicho bastante cu\u00e1nto goc\u00e9 con los momentos demasiado breves que nos diste en Versalles. El tiem\u00adpo de la ausencia ya no contaba; y nuestros paseos por el Parque se un\u00edan con nuestros paseos por Lyon y con las largas horas que pasamos juntos al salir de misa. Por desgracia, muy pocos amigos nuestros de primera comuni\u00f3n o condisc\u00edpulos de colegio han per\u00admanecido en el mismo camino\u00bb.<\/p>\n<p>El pintor Jannot concibi\u00f3 el grandioso proyecto de una obra de arte espiritualista que intitular\u00eda <i>el poema del alma. <\/i>Comunic\u00f3 su proyecto al amigo, que le contesta \u00abSer\u00e1 la obra de tu vida. Te veo en medio de esa hermosa concepci\u00f3n, de la que cada a\u00f1o ha\u00adbr\u00e1s de realizar una parte hasta que puedas desplegarla por comple\u00adto para ofrecerla a la bendici\u00f3n de Dios y a la instrucci\u00f3n de los hombres. \u00a1Ojal\u00e1 la misma gracia que te inspir\u00f3 la idea te conserve la fuerza para llevarla a cabo!\u00bb<\/p>\n<p>Cuando Ozanam se enferm\u00f3 en Par\u00eds, Jannot fue para \u00e9l . el m\u00e1s asiduo de los amigos: \u00abNo, jam\u00e1s olvidar\u00e9 con qu\u00e9 solicitud de inquieta amistad ven\u00edas, cada d\u00eda de esta larga enfermedad, a tomar el pulso del paciente, con un apret\u00f3n de manos en que sen\u00adt\u00eda el coraz\u00f3n del compa\u00f1ero de colegio y el hermano de la pri\u00admera comuni\u00f3n. A su vez, mi mujer y todos los m\u00edos se han rego\u00adcijado de deber a tu pincel el retrato de un hombre que tienen la caridad de amar\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abAdi\u00f3s, querido amigo, que el \u00e1ngel de las grandes inspiraciones sostenga tu paleta. Eres tan bueno que bien mereces ser feliz\u00bb.<\/p>\n<p>Ernesto Falconnet era m\u00e1s que un amigo: un hermano. Le es\u00adcrib\u00eda en 1831: \u00abS\u00ed, amigo m\u00edo, somos hermanos, hermanos de fe y de estudios, hermanos de edad y de proyectos, hijos de una misma sangre, destinados a un mismo porvenir. Y nuestras dos vidas se\u00adr\u00e1n hermanas\u00bb. A \u00e9l le conf\u00eda sus primeras impresiones de estu\u00addiantes en Par\u00eds. M\u00e1s tarde cuando Ernesto se lance al mundo, Federico tendr\u00e1 a\u00fan el derecho de escribirle: \u00abEl mundo es una lima de acero que gasta muchas j\u00f3venes vidas: no le entregues la tuya. Cristiano y creyente en Dios, en la humanidad, en la patria, en la familia, recuerda que tu existencia les pertenece y no a ti; y que valdr\u00eda mil veces m\u00e1s vegetar medio siglo dando a los dem\u00e1s el ejemplo de la resignaci\u00f3n, haciendo un poco de bien, que de\u00adleitarse unos meses con ruidosas delicias y morir en su delirio\u00bb.<\/p>\n<p>Luego su ruta se hab\u00eda bifurcado, Ernesto hab\u00eda tomado la que hab\u00eda de llevarlo m\u00e1s tarde a ocupar el puesto de consejero de la Suprema Corte. Las relaciones se relajaron sin romperse. Pero lleg\u00f3 un d\u00eda en que, en julio de 1851, uri gran dolor cay\u00f3 sobre Ernesto que perdi\u00f3 en su padre \u00abal hombre cuyo ejemplo hab\u00eda sido la luz y el honor de su vida\u00bb. Una carta de Federico vino a consolarlo, Llena de recuerdos de infancia, de amistad y de espe\u00adranza cristiana. \u00abQuerido amigo, reanudemos la cadena, entre nos\u00adotros y con los seres que hemos perdido. .. S\u00f3lo conozco un con\u00adsuelo digno de esos grandes dolores: y es el de que Dios nos ha quitado lo que nos hab\u00eda dado. Pero al llev\u00e1rselos as\u00ed uno tras otro, nos obliga a emprender con ellos el camino del cielo. \u00a1Ben\u00additas las madres que nos mostraron antes que nadie el camino! Cuando, siendo peque\u00f1os, nos ense\u00f1aban a creer, a esperar y a amar, colocaban sin saberlo los escalones que nos llevar\u00edan hasta ellas, ahora que las hemos perdido. \u00a1Dichosos los que saben vivir con los muertos! A menudo es el mejor modo de cumplir sus obli\u00adgaciones con los vivos\u00bb.<\/p>\n<p>Por lo mismo que no hay otro consuelo que \u00e9ste, volvemos a en\u00adcontrarlo en el p\u00e9same de Ozanam a uno de sus disc\u00edpulos de otros tiempos, el se\u00f1or F\u00e9lix Nourisson, el fil\u00f3sofo cristiano que, a la saz\u00f3n profesor en el Colegio Estanislao, ocupar\u00e1 m\u00e1s tarde una c\u00e1tedra en el Colegio de Francia. Acaba de perder a su padre, y Ozanam le escribe, el 2 de abril de 1851: \u00abAmigo m\u00edo, considere que quien nos hiere es tambi\u00e9n un padre &#8230; \u00bb Y para terminar: \u00ab\u00a1Que Nuestro Se\u00f1or crucificado lo auxilie! Tambi\u00e9n El, en la cruz, quiso parecer separado de su Padre cuando exclam\u00f3: Padre \u00e9 por qu\u00e9 me has abandonado? Tambi\u00e9n El comprende el grito de su dolor; lo bendice porque es usted bueno y desgraciado. Por esas dos razones, es usted poderoso con El: \u00a1Rece por m\u00ed!\u00bb<\/p>\n<p>El se\u00f1or Dufieux es uno de los lioneses m\u00e1s amigos, de quienes Ozanam escribe: \u00abNo crea usted que me acostumbro a vivir sin mis amigos de Lyon, viejos amigos, amigos verdaderos. Nada los sustituye, ni siquiera las buenas y afectuosas relaciones que he po\u00addido formar en Par\u00eds\u00bb. Y recuerda los d\u00edas en que Dufieux lo pre\u00adsentaba a Lamartine, en Saint-Point: \u00ab\u00bfNo es la primera fecha de nuestra amistad?\u00bb Ahora le pide que venga a verlo a Par\u00eds: \u00abVen\u00adga; nada vale tanto para m\u00ed como una hora pasada con usted bajo estas hermosas avenidas del Luxemburgo que tengo a mi puerta. All\u00ed podremos hablar, primero de usted, de sus hijos, de su salud, de sus penas, de sus esperanzas\u00bb. Le hablar\u00e1 tambi\u00e9n, a su vez, de sus pesares, pues Dufieux ha pasado por el crisol del sufrimiento. Oza\u00adnam lo admira por haber salido m\u00e1s fuerte, y sobre todo mejor, derramando ese torr\u00e9nte de aflicciones en un r\u00edo inagotable de bue\u00adnas obras. \u00abComparta conmigo esa riqueza de caridad al ofrecer por m\u00ed al Se\u00f1or una parte de las cosas santas que usted hace. S\u00e9,que ninguno de sus sufrimientos est\u00e1 perdido, puesto que sabe te\u00adjer con ellos la corona de la otra vida. En esto deber\u00eda imitarlo, pues todav\u00eda no s\u00e9 sufrir: rece usted por m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Es preciso que sus amigos no le tributen elogios que hieran la verdad. Es ceguera: \u00abSin duda \u2014escribe Ozanam\u2014 ya sab\u00eda que la amistad lleva sobre los ojos la mitad de la venda del amor; pero usted ve demasiado con ella y es demasiado inteligente para no advertir todo lo que me falta\u00bb. M\u00e1s bien los amigos se deben una valiente franqueza: \u00abSin franqueza, no hay amistad. Tenga usted la seguridad de que me har\u00e1 siempre un servicio al desahogar su coraz\u00f3n conmigo. Pues una de dos: o sus temores sobre m\u00ed no tienen fundamento, y me habr\u00e1 hecho usted un servicio al brin\u00addarme la oportunidad de disipar sus recelos; o tendr\u00e1 usted raz\u00f3n, lo cual suceder\u00e1 a menudo y sus advertencias podr\u00e1n evitarme mu\u00adchas faltas. Siempre me ha impresionado la palabra del salmista que pide a Dios `que lo corrija por la voz de un amigo&#8217;.\u00bb<\/p>\n<p>En el consejo general de San Vicente de Paul la m\u00e1s cordial in\u00adtimidad un\u00eda a los dos vicepresidentes, Ozanam y Cornudet. Si en el se\u00f1or Cornudet, Ozanam admiraba \u00abla lealtad del car\u00e1cter, el gran sentido de los negocios y la competencia de las cosas del Esta\u00addo que hac\u00edan de \u00e9l un hombre de gobierno superior y necesario\u00bb, estimaba m\u00e1s a\u00fan sus raras virtudes cristianas, la sabidur\u00eda de sus consejos y su bondad capaz de todas las abnegaciones: \u00abCornu\u00addet es uno de esos hombres cerca de los cuales hay luz y calor\u00bb, dec\u00eda.<\/p>\n<p>Era relator en el consejo de Estado en el peligroso asunto de la confiscaci\u00f3n de los bienes de la familia de Orl\u00e9ans. Cornudet con\u00adcluy\u00f3 valientemente contra la expoliaci\u00f3n: fue brutalmente desti\u00adtuido. Sufri\u00f3 esa iniquidad prevista con serena firmeza: \u00ab\u00e9 Ou\u00e9 dice usted del golpe que ha sufrido Cornudet? \u2014escribe Ozanam a Lallier\u2014. Ha sido admirable en una prueba tan terrible. La carta que me escribi\u00f3 era maravillosamente sencilla, tranquila, ca\u00adritativa y digna en todo de un gran cristiano. Por fortuna todav\u00eda quedan hermosos ejemplos para honrar nuestro siglo\u00bb. Dos a\u00f1os despu\u00e9s, desde Pisa, y a orillas de la tumba<sub>s<\/sub> Ozanam le escrib\u00eda todav\u00eda su emoci\u00f3n: \u00ab\u00a1Con cu\u00e1nto ardor aqu\u00ed; en esta admirable catedral, resplandeciente de fe, de belleza y de amor, ped\u00ed justicia a Dios para el hombre que sufri\u00f3 la injusticia de los hombres!\u00bb<\/p>\n<p>La redacci\u00f3n del <i>Corresponsal <\/i>formaba para Ozanam otro c\u00edr\u00adculo de amistad. En sus cartas, s\u00f3lo menciona de paso a Edmundo Wilson, a Carn\u00e9, a Edmundo de Cazal\u00e8s, al doctor Gouraud, a Carlos Lenormant, a Frantz de Ch\u00e1mpagny, a Melchor du Lac. Por encima de ellos, descuella la personalidad de Te\u00f3filo Foisset. Ozanam recuerda que en Bligny, rezaron juntos ante el mismo al\u00adtar. \u00ab\u00a1Ah, cu\u00e1n dif\u00edcil ser\u00eda que unos cristianos pudieran olvidarse cuando han compartido momentos como \u00e9sos en su vida!\u00bb Le escribe al mismo: \u00abPerm\u00edtame expresarle tina vez m\u00e1s toda mi gra\u00adtitud por el afectuoso abandono con que me deja penetrar en su coraz\u00f3n. No encuentro en \u00e9l nada que no me conmueva, que no me una y me edifique. Cons\u00e9rveme una amistad que me es tan grata\u00bb. Su juicio le sirvi\u00f3 para medir y moderar el suyo en lo con- cerniente a los acontecimientos de 1848: \u00abNo puedo soportar \u2014di\u00adce\u2014 la idea de disentir considerablemente de un esp\u00edritu y un coraz\u00f3n por quien siento el afecto que usted sabe\u00bb. \u00bfPor qu\u00e9 no tiene a un amigo de ese temple cerca de \u00e9l en Par\u00eds? \u00abAsociar\u00edamos nuestros pensamientos y nuestras solicitudes, dir\u00edamos poco mal del pr\u00f3jimo, pero mucho bien de la divina Providencia a quien agradezco muchas cosas, pero sobre todo haberme dado un amigo como usted. .. \u00bb<\/p>\n<p>Un d\u00eda, el grande y humilde fraile que era Lacordaire hizo a Ozanam una s\u00faplica desconcertante: le pidi\u00f3 que le dijera sin\u00adceramente lo que reprochaban a su predicaci\u00f3n. Ozanam, confu\u00adso, se recus\u00f3 al principio; pero esto era una denegaci\u00f3n de justicia. Sinti\u00f3 remordimientos y, la tarde del mismo d\u00eda, el lunes 29 de septiembre de 1851, le pidi\u00f3 disculpas y se retract\u00f3 en la siguiente carta: \u00abMi reverendo Padre, me dirigi\u00f3 usted esta ma\u00f1ana una pregunta de amigo y le respond\u00ed como un extra\u00f1o, como un hom\u00adbre a quien no dar\u00eda usted la afectuosa libertad de decirlo todo. Siento remordimientos; y en verdad, un afecto demasiado profun\u00addo me une a su persona, soy un admirador demasiado apasionado de su pr\u00e9dica para no referirle las observaciones que escucho en torno m\u00edo, puesto que usted me las pide y pueden servir para el bien de las almas\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, se las repite: \u00abEl neologismo, ciertas comparaciones atrevidas, la frecuencia excesiva de las alusiones profanas en un tema sagrado, un postrer vestigio del viejo polvo rom\u00e1ntico, cierta negligencia en el texto impreso de esas conferencias destinadas a la inmortalidad. . . Pues, mi Reverendo Padre, este gran auditorio de Nuestra Se\u00f1ora es todav\u00eda demasiado peque\u00f1o en relaci\u00f3n con los ausentes y con las futuras generaciones que usted obligar\u00e1 a escucharlo\u00bb. Ozanam recibi\u00f3 cumplidas gracias.<\/p>\n<p>Ser\u00eda preciso tambi\u00e9n citar parte de la correspondencia de Oza\u00adnam con el vizconde de La Villemarqu\u00e9, con el se\u00f1or Eugenio Ren\u00addu, etc. En tal forma, se a\u00f1adir\u00eda algo a la variedad de los ma- tices que adquir\u00eda el sentimiento de la amistad cristiana bajo esa \u00adplum\u00e0 tan fina y tan rica de tonos y colores. Mas tengo prisa de llegar al hombre que fue por excelencia el amigo familiar, particularmente en aquellos a\u00f1os postreros,- el se\u00f1or Juan Jacobo Am\u00adp\u00e8re, para ver brillar esa llama de celo cristiano que es la irradia\u00adci\u00f3n superior del amor.<\/p>\n<p>Era la \u00e9poca en que, desde Londres, el se\u00f1or Amp\u00e8re iba a em\u00adbarcarse para Canad\u00e1 y los Estados Unidos. Ozanam, hab\u00eda ex\u00adpresado su inquietud por ese viaje. Ten\u00eda una causa profunda. Hombre de mundo, en perpetuo movimiento, m\u00fay expuesto a la seducci\u00f3n del escepticismo de las escuelas alemanas de las cuales muchos de sus maestros eran sus amigos, Juan Jacobo, como lo hemos dicho, no hab\u00eda recogido por entero la herencia religiosa de su ilustre padre. Su alma recta y sincera experimentaba, sin em\u00adbargo, un vac\u00edo; y, a pesar de la febril actividad de su vida y de la fantas\u00eda de su imaginaci\u00f3n, a pesar \u2022de los halagos del mundo y de las curiosidades siempre nuevas de su amplia inteligencia, la fe que no pose\u00eda hac\u00eda falta a su esp\u00edritu y no dejaba punto de reposo a un coraz\u00f3n que se sent\u00eda hecho para ella. La admiraba en Ozanam, cuyo ejemplo era para \u00e9l un Evangelio mudo. Su amigo hasta entonces hab\u00eda callado. Pero \u00bfpod\u00eda seguir callando ahora que Amp\u00e8re iba a cruzar el oc\u00e9ano y a emprender un largo viaje, sin que, al alejarse, los dos hombres tuviesen la seguridad de volver a verse alg\u00fan d\u00eda? All\u00ed estaba la fuente profunda de la tristeza que Ozanam se hab\u00eda esforzado en ocultarle. No pod\u00eda seguir haci\u00e9ndolo. Antes de que Amp\u00e8re se embarcara en Lon\u00addres con rumbo a Nueva York, Ozanam, despu\u00e9s de consultar a Dios, le escribi\u00f3 desde Dieppe, el 25 de agosto, una carta admi\u00adrable. Es preciso citarla casi toda.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de recordar las largas e insignes bondades de su amigo, le ped\u00eda permiso para autorizarse de ellas al tratarle un gran asun\u00adto, con el abandono de un hermano, y a la par con el respeto y la deferencia que se deben a un hermano mayor.<\/p>\n<p>\u00abQuerido amigo \u00bfse sorprender\u00e1 ahora de la tristeza que ma\u00adnifest\u00e9 al verlo irse? No pod\u00eda decirle de viva voz lo que constitu\u00eda el fondo de ese sentimiento porque no quer\u00eda que en tal forma se viera obligado a contestarme. Si se lo escribo ahora, si mi since\u00adridad es indiscreta, las olas que lo llevan a Am\u00e9rica se llevar\u00e1n su recuerdo. Y cuando nos veamos dentro de seis meses, mi carta estar\u00e1 olvidada y nada de lo que en ella le haya disgustado podr\u00e1 enfriar la alegr\u00eda del regreso.<\/p>\n<p>\u00abQuerido amigo, emprende usted un fatigoso viaje que no ca\u00adrece de peligro para su salud: acepte, pues, mis inquietudes. Busca usted, seg\u00fan me dijo, nuevos intereses que puedan halagar su esp\u00edritu; y para eso recorre usted la mitad del mundo. Sin embargo, existe un inter\u00e9s soberano, un bien capaz de llenar su gran cora\u00adz\u00f3n y retenerlo; y temo, querido amigo, temo, quiz\u00e1 sin raz\u00f3n, que no piense usted lo bastante en ello. Es usted cristiano por las en\u00adtra\u00f1as, por la sangre de su incomparable padre; cumple usted con todos los deberes hacia los hombres; pero \u00bfno es preciso cum\u00adplir con los deberes hacia Dios? \u00bfNo es preciso servirlo; vivir en un trato constante con El? \u00bfNo encontrar\u00eda usted en ese servicio infinitos consuelos? \u00bfNo encontrar\u00eda usted en tal servicio la se\u00adguridad de la eternidad?\u00bb<\/p>\n<p>Se abordaba el tema y se despertaba la conciencia. La carta pro\u00adsigue: \u00abMe ha dejado m\u00e1s de una vez presentir que esos pensa\u00admientos no estaban alejados de su coraz\u00f3n. \u00a1El estudio le ha hecho conocer a tantos grandes cristianos; ha visto en torno suyo a tantos hombres eminentes terminar cristianamente su vida! Esos ejem\u00adplos lo solicitan; pero las dificultades de la fe lo detienen. Sin em\u00adbargo, querido y excelente amigo, jam\u00e1s habl\u00e9 de esas dificultades con usted porque usted tiene infinitamente m\u00e1s saber e ingenio que yo.<\/p>\n<p>\u00abMas d\u00e9jeme decirle; s\u00f3lo hay dos escuelas: la filosof\u00eda y la religi\u00f3n. La filosof\u00eda tiene luces. Ha conocido a Dios, pero no lo ama; jam\u00e1s ha provocado esas l\u00e1grimas de amor que un cat\u00f3lico encuentra en la comuni\u00f3n y cuya incomparable dulzura valdr\u00eda por s\u00ed sola el sacrificio de toda la vida. Si yo, d\u00e9bil y malo, conozco esa dulzura \u00a1que no har\u00e1 usted cuyo car\u00e1cter es tan elevado y cuyo coraz\u00f3n es tan bueno! Encontrar\u00eda usted en ella la evidencia inte\u00adrior ante la cual se esfuman todas las dudas. La fe es un acto de virtud, por lo tanto un acto de voluntad. Es preciso querer un d\u00eda, entregar su alma y entonces Dios concede la plenitud de la luz\u00bb.<\/p>\n<p>Luego, por \u00faltimo esta sencilla frase, este grito de espanto que deja temer m\u00e1s cosas de las que se atreve a expresar: \u00ab\u00a1Ah! si un d\u00eda, en una ciudad de Am\u00e9rica, cae usted enfermo, sin un amigo a su cabecera, recuerde usted que hoy no existe en los Estados Uni\u00addos un lugar de cierta importancia a donde el amor de Jesucristo no haya llevado a un sacerdote para consolar al viajero cat\u00f3lico&#8230;\u00bb &#8216;<\/p>\n<p>La respuesta no tard\u00f3; dos d\u00edas despu\u00e9s, Ozanam recibi\u00f3 de In\u00adglaterra la siguiente carta: \u00abQuerido y excelente amigo. No quiero perder un minuto para agradecerle su carta. \u00bfOfenderme usted? Por Dios, no ser\u00eda usted mi amigo si no tuviese todo eso en el co\u00adraz\u00f3n. Bien lo sab\u00eda, aunque no me lo hubiera dicho. Perm\u00edtame que no le conteste, y crea que el espect\u00e1culo de la ortodoxia cat\u00f3lica en una inteligencia como la suya es para m\u00ed una predicaci\u00f3n m\u00e1s elocuente que todas las palabras&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Luego, en postdata: \u00abAyer encontr\u00e9 en la calle al cojito del puen\u00adte de Waterloo, y le di una limosna en nombre de nosotros cuatro\u00bb.<\/p>\n<p>Estas r\u00e1pidas l\u00edneas, que llevan \u00abel sello de Londres, fueron las \u00faltimas que Juan Jacobo Amp\u00e8re escribi\u00f3 de Europa. La carta siguiente, del 2 de octubre, est\u00e1 fechada en Montr\u00e9al. Amp\u00e8re ini\u00adciaba esa jira de tres mil leguas que ha contado bajo el t\u00edtulo: <i>Paseo en Am\u00e9rica; <\/i>pero en ning\u00fan lugar se olvid\u00f3 de escribir a Ozanam que derrocha, para persuadirlo de que regrese a Francia, todos los donaires de su esp\u00edritu y las s\u00faplicas de su amistad y de su fe<span id='easy-footnote-2-128645' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-26\/#easy-footnote-bottom-2-128645' title='Persist\u00eda su inquietud. Al se\u00f1or de La Villemarqu\u00e9, su com\u00fan amigo, que com\u00adpart\u00eda sus temores, le comunica que \u00abel querido viajero lo espanta y a la vez lo sor\u00adprende. Tengo siempre miedo de saber que se encuentra en alg\u00fan pueblo de mala muerte, a orillas de los\u00a0bosques, padeciendo alg\u00fan mal extra\u00f1o, entre las manos de un m\u00e9dico americano. Lo veo all\u00e1, sin amigos y a cien leguas de un sacerdote&amp;#8230; Rece\u00admos por \u00e9l. Es preciso que sus amigos recen por \u00e9l; no lo olvide usted por la noche en esa reuni\u00f3n familiar ante Dios en que particip\u00e1bamos el a\u00f1o pasado, con tanta edificaci\u00f3n y dulzura\u00bb.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Esos dos hombres, esos dos hermanos casi no volvieron a verse. Cuando Amp\u00e8re regres\u00f3 a Par\u00eds, Ozanam enfermo estaba a punto de salir para no volver nunca<span id='easy-footnote-3-128645' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-26\/#easy-footnote-bottom-3-128645' title='Amp\u00e8re sigui\u00f3 buscando mucho tiempo la verdad. Quince a\u00f1os despu\u00e9s, en 1863, escrib\u00eda a una persona amiga: \u00abPerseverar\u00e9 en buscar de buena fe la verdad. Nadie &lt;i&gt;la &lt;\/i&gt;desea m\u00e1s sinceramente que yo y todos los d\u00edas dirijo a Dios esta oraci\u00f3n: &amp;#8216;Ilum\u00ed\u00adname&amp;#8217;.\u00bb Llegaba a la meta cuando, el 27 de marzo de 1864, la muerte lo,puso de pronto frente a la soberana verdad y a la infinita misericordia. El se\u00f1or Guizot ha relatado de modo conmovedor esa muerte consoladora en la Academia francesa.&lt;\/p&gt;\n&lt;p&gt;&lt;i&gt;Nota. &lt;\/i&gt;La obra actual sobre la &lt;i&gt;Vida &lt;\/i&gt;de Ozanam exigir\u00eda otra que vendr\u00eda a comple\u00adtarla con la biograf\u00eda de cada uno de sus principales amigos y cofrades de los or\u00edgenes de la sociedad de San Vicente de Paul, ya sea en Par\u00eds o en Lyon. Algunos tienen ya su historia: &lt;i&gt;Lamache, &lt;\/i&gt;por el se\u00f1or Paul Allard; &lt;i&gt;\u2014Lallier &lt;\/i&gt;en la &lt;i&gt;Semana religiosa de Ru\u00e1n, &lt;\/i&gt;1887\u2014; otros en rese\u00f1as fuera de comercio. En particular, la colonia lionesa, con sus primeras Conferencias urbanas, ocupar\u00eda un lugar de honor. El hijo del se\u00f1or Pr\u00f3spero Dugas ha contado la vida de su padre. \u00a1Qu\u00e9 escolta de honor har\u00edan al nombre de Ozanam los del bar\u00f3n Chaurand, del doctor Arthaud, de Paul Brac de La Perri\u00e8re, del buen Henri Pessonneaux, de Duffieux, de Rieussec, de Antonio La-cour, del pintor Louis Janmot, etc., que s\u00f3lo pude saludar de paso, pero que siguen viviendo en el recuerdo de una ciudad que edificaron con sus ejemplos y sirvieron con sus actos de beneficencia!&lt;\/p&gt;\n&lt;p&gt;El bar\u00f3n de Chaurand fue el personaje m\u00e1s notable del grupo de estudiantes lio\u00adneses, colaboradores de Ozanam en la fundaci\u00f3n de la Sociedad de San Vicente de Paul. Nacido, como Ozanam, en 1813, abogado en la Corte real de Lyon, en 1836, uno de los fundadores de la &lt;i&gt;Gaceta &lt;\/i&gt;de Lyon; gran propietario rural en el Vivarais y el Lyonnais, presidente de las sociedades de agricultura y viticultura de Lyon, ini\u00adciador de las mejoras y preservaciones agr\u00edcolas, diputado por Ard\u00e8che en la Asamblea nacional donde present\u00f3 un proyecto de ley para el descanso dominical, devoto par\u00adtidario del Conde de Chambord, ardiente defensor de la Santa Sede por la constitu\u00adci\u00f3n del ej\u00e9rcito pontificio en que se alistaron sus dos hijos bajo las \u00f3rdenes del general Charette, fundador y celador de las Conferencias de San Vicente de Paul, hasta en las peque\u00f1as, comunas del Vivarais, con sus tres cu\u00f1ados, Antonino, Vicente y Felix Serre, tambi\u00e9n amigos de Ozanam, hombre dispuesto a cualquier acto bueno hasta el fin de su vida, el 6 de octubre de 1896, se ha podido escribir de \u00e9l que no hab\u00eda habido en Lyon y en la regi\u00f3n durante sesenta a\u00f1os una sola obra religiosa, caritativa, econ\u00f3mica, social en que no hubiera contribuido con una actividad tan inteligente como generosa.&lt;\/p&gt;\n&lt;p&gt;&lt;i&gt;Luis Janmot &lt;\/i&gt;es una personalidad menos alta, pero un alma singularmente atractiva y estrechamente emparentada con la de Ozanam, su hermano de primera comuni\u00f3n. Condisc\u00edpulo, como \u00e9l, del Padre Noirot en Lyon, a su lado en la primera Conferencia de San Vicente de Paul en Par\u00eds, Janmot, disc\u00edpulo de Ingres, pertenece como pintor a la escuela que se honra con el nombre de H. Flandrin, tambi\u00e9n lion\u00e9s, y los de Amaury Duval, Signol, Mottez, Paul Balze., Pero procede y se inspira sobre todo de los primitivos italianos y de los m\u00edsticos franciscanos. Lyon posee de \u00e9l dos frescos de &lt;i&gt;la &lt;\/i&gt;&lt;i&gt;Cena, &lt;\/i&gt;uno en el hospicio de l&amp;#8217;Antiquaille, otro en la iglesia de San Policarpio; y un tr\u00edptico encantador en la metr\u00f3poli, que representa a la Virgen y al Ni\u00f1o Jes\u00fas entre dos \u00e1ngeles. En Par\u00eds, pint\u00f3 la antigua capilla de los Franciscanos \u00e9n la calle Falgui\u00e8re, y la lapidaci\u00f3n de San Esteban en la iglesia de San Esteban del Monte (Saint\u00adEtienne-du-Mont), frescos de un alto sentimiento cristiano y de una ejecuci\u00f3n magistral.&lt;\/p&gt;\n&lt;p&gt;El curso de pintura que abri\u00f3 en Lyon tuvo preferencia sobre el de la escuela p\u00fa\u00adblica: todav\u00eda lo recuerda Lyon con orgullo. Pero derram\u00f3 sobre todo su alma en la intimidad de su taller en una serie de un centenar de grandes composiciones llenas de candor y de armon\u00eda de las que s\u00f3lo se poseen los dibujos y que hab\u00eda intitulado &lt;i&gt;El &lt;\/i&gt;&lt;i&gt;Poema &lt;\/i&gt;&lt;i&gt;del alma, &lt;\/i&gt;publicado m\u00e1s tarde en la editorial Thiollier. Es principalmente el poema de su propia alma, comentado en un volumen de poemas l\u00edricos de altos vuelos. Termina con estrofas parecidas a la que citamos a continuaci\u00f3n, y que se ins\u00adcribieron en el &lt;i&gt;Momento &lt;\/i&gt;de su piadosa muerte:&lt;\/p&gt;\n&lt;p&gt;&lt;i&gt;O Seigneur, o J\u00e9sus, comment ne pas vous suivre!&lt;br \/&gt;\nPour qui vous a connu vos sentiers sont si doux!&lt;br \/&gt;\nCelui qui pr\u00e8s de vous un jour s&amp;#8217;est senti vivre&lt;br \/&gt;\nPeut-il vivre un seul jour sans vous?&lt;\/i&gt;&lt;\/p&gt;\n&lt;p&gt;Oh Se\u00f1or, oh Jes\u00fas. \u00bfC\u00f3mo no he de seguirte? Para quien te conoce sus senderos son dulces. Y quien pudo vivir un d\u00eda cerca de ti jam\u00e1s podr\u00e1 pasar lejos de ti un d\u00eda.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>. Ir\u00e1 a donde lo mandan los m\u00e9dicos para curarse, de ser posible, pues \u00abla mano del Se\u00f1or lo ha tocado\u00bb. Va primero a los Pirineos, a Eaux-Bonnes, Biarritz y hasta al pa\u00eds del Cid, en Espa\u00f1a. Inmediatamente despu\u00e9s se traslada, para el invierno, a las tibias costas del Mediterr\u00e1neo, a Niza, a Florencia, a Pisa, a San Jacopo. Otras tantas estaciones del largo V\u00eda Crucis en que cae, se levanta, vuelve a caer, y de las cuales cada una, al acercarlo al Calvario, lo muestra m\u00e1s cerca de Dios, en las su\u00adblimes alturas del sacrificio &#8216;y de la santidad. Nos falta seguirlo en esa ascensi\u00f3n heroica de su vida de inteligencia y coraz\u00f3n, de luz y de amor, para asistir al m\u00e1s admirable espect\u00e1culo que pueda vers\u00e9, el del fin de semejante vida, m\u00e1s hermosa a\u00fan que todo su curso anterior.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XXVI: La intimidad Familia.\u2014Religi\u00f3n.\u2014Caridad.\u2014Amistad. 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