{"id":128632,"date":"2016-09-13T12:00:35","date_gmt":"2016-09-13T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=128632"},"modified":"2016-08-06T07:39:38","modified_gmt":"2016-08-06T05:39:38","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-22","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-22\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 22"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo XXII: La Nueva Era<\/h2>\n<p><i>La pacificaci\u00f3n.\u2014\u00bbA la gente de bien\u00bb.\u2014Miseria, causas, remedios.\u2014La re\u00adp\u00fablica. La reacci\u00f3n, la escisi\u00f3n; fin de la Nueva Era.\u2014Por Venecia, por Pio IX.<\/i><\/p>\n<p>1848-49<\/p>\n<p>Como la sociedad de San Vicente de Paul se acercaba a la mi\u00adseria para auxiliarla, <i>La Nueva Era, <\/i>simult\u00e1neamente, se dirig\u00eda a la caridad para provocarla y alentarla. Ocho d\u00edas despu\u00e9s de la insurrecci\u00f3n de junio, el 3 de julio, una carta de Ozanam dec\u00eda: <i>\u00abLa Nueva Era <\/i>ocupa ahora la mayor parte del tiempo que me dejan libres los ex\u00e1menes de bachillerato. En 10 d\u00edas, le he enviado cinco art\u00edculos\u00bb. Se arrebataban esos art\u00edculos tan luego como se hab\u00edan publicado: \u00abTenemos \u2014dice\u2014 el consuelo de hacer un po\u00adco de bien; pues en las calles de Par\u00eds se han estado vendiendo hasta ocho mil ejemplares diarios\u00bb.<\/p>\n<p>Esos art\u00edculos, que gozaban . de inesperada popularidad en los, arrabales, se dirig\u00edan por aquel entonces a los insurgentes desarma\u00addos, \u00abpara hablarles sin miramientos, pero sin irritarlos, y para ense\u00f1arles a conocer mejor, en lo sucesivo, a los grandes culpables que los hab\u00edan enga\u00f1ado. La gente de bien alab\u00f3 la firmeza de nuestras palabras \u2014a\u00f1ade Ozanam\u2014 y nos hizo el honor de encontrar en ellas cierto calor del coraz\u00f3n y una sincera pasi\u00f3n por los intereses del pueblo\u00bb.<\/p>\n<p>Unos meses despu\u00e9s, Ozanam pide`a esa gente de bien, a todos los buenos ciudadanos \u00abque no disimulen verdades que han dejado de ser peligrosas y quiere dirigirl\u00e0 ahora una p\u00e1gina m\u00e1s conmo\u00advida que de costumbre, sin &#8211; temor de que los malvados se apo\u00adderen de ella y la usen para cargar los fusiles de las barricadas\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed es como se lee, el 24 de septiembre, en una carta al se\u00f1or Foisset: \u00abHe desahogado mi coraz\u00f3n en un art\u00edculo de la <i>Nueva Era <\/i>que quiz\u00e1s usted ley\u00f3: <i>A la gente de bien\u00bb. <\/i>En efecto, su co\u00adraz\u00f3n, todo su coraz\u00f3n de franc\u00e9s y de cristiano dict\u00f3 esas 25 p\u00e1\u00adginas que desear\u00eda uno reproducir <i>in extenso. <\/i>Aqu\u00ed no queda tra\u00adza de literatura, nada de acad\u00e9mico; se dicen las cosas m\u00e1s fuer\u00adtes con la mayor sencillez, y por consiguiente, con la mayor elo\u00adcuencia y belleza. Ozanam refiere lo que ha visto en susvisitas a esos hombres en su propio domicilio; y lo dice a todos los que tie\u00adnen o quieren tener esa inteligencia del pobre que \u00e9l mismo fue a buscar all\u00ed.<\/p>\n<p>As\u00ed pues: <i>\u00a1a la gente de bien! <\/i>Llama as\u00ed a la propia Francia, seg\u00fan dice; pero n\u00f3 a los ego\u00edstas y a los facciosos: a la inmensa ma\u00adyor\u00eda de los ocho millones de electores que dejaron al pa\u00eds su Asam\u00adblea; a los ochocientos mil guardas nacionales que se levantaron en junio para defenderla. Se dirige sucesivamente a los <i>sacerdo\u00adtes, <\/i>a los <i>ricos, <\/i>a los <i>representantes <\/i>del pueblo. Quiere hablarles ahora de un enemigo que, lejos de estar vencido y aplastado, se yergue m\u00e1s terrible y amenazador que nunca: <i>la Miseria. <\/i>La mi\u00adseria de los doscientos sesenta y .siete mil obreros de Par\u00eds sin tra\u00adbajo, en particular la miseria del XII distrito, uno de los baluar\u00adtes de la insurrecci\u00f3n. Ozanam lo describe en todo su horror y su dolor; pero dice tambi\u00e9n sus virtudes ocultas, su cristianismo inconsciente, pero vivaz; logra provocar l\u00e1grimas y admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tras este cuadro desgarrador de la miseria, el art\u00edculo busca <i>sus causas: <\/i>causas morales cuya preservaci\u00f3n y remedio ser\u00eda \u00abla reforma de las costumbres, no tanto por la legislaci\u00f3n como por la educaci\u00f3n: la educaci\u00f3n cristiana encargada a esos Hermanos y Hermanas capaces de ense\u00f1ar a los ni\u00f1os del pueblo algo m\u00e1s que a deletrear las s\u00edlabas de un peri\u00f3dico y \u00e0 garabatear con carb\u00f3n sobre las paredes la orden del d\u00eda de las barricadas\u00bb.<\/p>\n<p>Hay tambi\u00e9n lugar, en esos proyectos de reforma, para las es\u00adcuelas de adultos, las escuelas de aprendizaje, las escuelas de ar\u00adtes y oficios, las bibliotecas populares, los ejercicios militares, las sociedades de emulaci\u00f3n y de asistencia mutua. Mas lo que, por ahora, Ozanam quisiera provocar entre los cristianos de buena voluntad, es \u00abla persuasi\u00f3n de que la ciudad de Par\u00eds no los ha eximido de su deber al votar seis millones para la subsistencia de los obreros sin trabajo, es decir trece c\u00e9ntimos por persona y por d\u00eda hasta el pr\u00f3ximo mes de abril; y que todav\u00eda no ha llegado el tiempo de olvidar la miseria p\u00fablica, aun si no estuvie\u00adran all\u00ed el invierno y el c\u00f3lera para record\u00e1rnoslo\u00bb.<\/p>\n<p>Que el lector nos disculpe si s\u00f3lo presentamos aqu\u00ed a grandes rasgos esos cuadros tan vigorosamente trazados, sin poder dejar\u00adles el color, la emoci\u00f3n, el brillo, el movimiento, todo cuanto hace su grandeza y su vigor, su verdad y su vida. Que nos compadez\u00adca sobre todo por estar condenados a no mencionar aqu\u00ed m\u00e1s que el t\u00edtulo del art\u00edculo siguiente: <i>De la asistencia que humilla y de la que honra. <\/i>Y tambi\u00e9n \u00e9ste: <i>De la limosna.<\/i><\/p>\n<p>Aqu\u00ed predomina el punto de vista sobrenatural. El pobre in\u00adtercede en favor del rico; y en tal forma da m\u00e1s de lo que reci\u00adbe: \u00abSi sab\u00e9is dar en nombre de Dios, y si el pobre sabe rezar por nosotros, hay reciprocidad de servicios. La familia menesterosa que hab\u00e9is socorrido se habr\u00e1 desquitado cuando aquel anciano, aquella madre piadosa lleve vuestro nombre ante su trono\u00bb.<\/p>\n<p>En otros pasajes, el pobre es un sacerdote; su miseria, sus su- dores, su sangre, todo ello es el sacrificio satisfactorio, expiatorio que paga la redenci\u00f3n de la humanidad. Y la limosna que le ofre\u00adce nuestra agradecida religi\u00f3n viene a ser sus honorarios, como lo son los que rogamos al sacerdote que reciba, bes\u00e1ndole la mano para darle las gracias.<\/p>\n<p>El nombre de art\u00edculos no conviene a semejantes trabajos. Son series de estudios por los cuales pasa sucesivamente toda la doctri\u00adna de la econom\u00eda cristiana; pero una doctrina vivificada por una elocuencia e iluminada por una luz de fe que las hace semejantes a p\u00e1ginas del Evangelio.<\/p>\n<p>El \u00faltimo de esos ensayos entre los que nos han transmitido sus <i>Obras<\/i> <em>completas<\/em><span id='easy-footnote-1-128632' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-22\/#easy-footnote-bottom-1-128632' title='Los art\u00edculos de Ozanam no est\u00e1n firmados, seg\u00fan nos hemos cerciorado. Debemos, pues, limitarnos aqu\u00ed a los fragmentos insertos en sus obras completas: &lt;i&gt;Miscel\u00e1nea. Obras completas, &lt;\/i&gt;t. VII, p. 231.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>,<i> <\/i>es un estudio filos\u00f3fico e hist\u00f3rico sobre <i>los or\u00ed\u00adgenes del socialismo. <\/i>Ozanam le conced\u00eda gran importancia: \u00abEs tiempo =declara al principio\u2014 de demostrar que se puede defen\u00adder la causa de los proletarios, dedicarse al alivio de las clases me\u00adnesterosas, luchar por la abolici\u00f3n del pauperismo, sin solidarizar\u00adse con las pr\u00e9dicas que desencadenaron la tempestad de junio y que suspenden todav\u00eda sobre nuestras cabezas tan densos nuba\u00adrrones\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam recuerda las funestas doctrinas de ese socialismo des\u00adalentador y le opone las sabias doctrinas que practica la Iglesia: restablece as\u00ed el fundamento sagrado de la ciencia social. El fil\u00f3sofo demuestra que, desde Plat\u00f3n hasta Muncer y Juan de Ley\u00adde, todas las teor\u00edas sociales han terminado en utop\u00eda, desorden y violencia. El historiador muestra, por lo contrario, lo que ha he\u00adcho la Iglesia para la conservaci\u00f3n y el respeto a la propiedad, por una parte, para la organizaci\u00f3n del trabajo, por la otra, me\u00addiante la asociaci\u00f3n fundada en la doble base de la justicia y de la caridad cristiana. El te\u00f3logo, si me atrevo a darle ese nombre, deduce como consecuencia el siguiente principio: \u00abEn la sociedad cristiana, los intereses del cielo est\u00e1n ligados con los de la tierra por unos lazos tan estrechos, que jam\u00e1s se han tocado sus dogmas sin conmover hasta lo m\u00e1s hondo sus instituciones temporales\u00bb. Dogma de la ca\u00edda del hombre y de su redenci\u00f3n por el sacrificio y el sufrimiento; dogma de la vida futura, sanci\u00f3n y complemen\u00adto de la vida terrenal, a la que vivifica y, a la par, consuela por la esperanza: tal es la doble clave de esos grandes problemas, de los cuales dice: \u00abPara su soluci\u00f3n, es preciso ante todo contar con el\u2022 cristianismo que jam\u00e1s ha cesado de rechazar con la misma firmeza los errores socialistas y las pasiones ego\u00edstas: s\u00f3lo el cris- tianismo es capaz de realizar el ideal de la fraternidad sin inmo\u00adlar la libertad; y de buscar la mayor felicidad terrenal de los hom\u00adbres, sin quitarles el don sagrado de la resignaci\u00f3n que constituye el remedio m\u00e1s seguro de sus dolores y la \u00faltima palabra de una vida que ha de terminar\u00bb.<\/p>\n<p>Pr\u00e1cticamente, Ozanam dec\u00eda tambi\u00e9n que \u00abla ciencia del bien social y de las reformas ben\u00e9ficas se aprende no tanto en los li\u00adbros y al pie de la tribuna pol\u00edtica, como subiendo las escaleras de la casa del pobre, sent\u00e1ndose a su cabecera, sufriendo el mis\u00admo fr\u00edo que \u00e9l, penetrando en el secreto de su atribulado cora\u00adz\u00f3n y de su conciencia desgarrada. Cuando se ha estudiado as\u00ed al pobre en su casa, en la escuela, en el hospital, en el taller, en las ciudades, en el campo, en todas las condiciones en que Dios lo ha colocado, s\u00f3lo entonces, poseyendo todos los elementos del formidable problema, empieza uno a dominarlo y puede pensar en resolverlo\u00bb.<\/p>\n<p>Brillantes utop\u00edas fascinaban quiz\u00e1s a algunos j\u00f3venes cofrades: Ozanam les opon\u00eda su experiencia y sus recuerdos de estudiante: \u00abSe os dir\u00e1, y de hecho se os dice diariamente: \u00bfHasta cu\u00e1ndo ir\u00e9is a practicar en las asociaciones cat\u00f3licas la caridad del vaso de agua? \u00bfOu\u00e9 vais a hacer entre hombres que s\u00f3lo saben aliviar la miseria, sin cegar sus fuentes? \u00bfPor qu\u00e9 no ven\u00eds m\u00e1s bien a sentaros en estas reuniones m\u00e1s audaces en que se esfuerzan en cortar el mal de un solo tajo, en regenerar al mundo, en rehabi\u00adlitar a los desheredados? Ese lenguaje no es nuevo para nosotros: es el que o\u00edamos hace quince a\u00f1os, en las escuelas sansimonianas y falansterianas, cuando fund\u00e1bamos en n\u00famero tan \u00ednfimo de miembros la sociedad de San Vicente de Paul. \u00a1Ah, l\u00edbrenos el cielo de vanagloriamos de nuestras obras! Mas cuando compara\u00admos lo que habr\u00edamos hecho en las filas de quienes nos inflig\u00edan sus reproches con las necesidades que hemos socorrido, con las l\u00e1\u00adgrimas que hemos enjugado, con las uniones legitimadas, los ni\u00ad\u00f1os educados, los cr\u00edmenes acaso evitados, las c\u00f3leras aplacadas \u00a1ah, no lamentamos la elecci\u00f3n que Dios nos inspir\u00f3! \u00a1Elegid lo mismo que nosotros, se\u00f1ores, y dentro de quince a\u00f1os, no os arre\u00adpentir\u00e9is!\u00bb<\/p>\n<p>Hasta entonces <i>La Nueva Era, <\/i>diario de la pacificaci\u00f3n social por el cristianismo, hab\u00eda encontrado escasos contradictores en las filas cat\u00f3licas. En efecto, el imperioso inter\u00e9s de la defensa social hab\u00eda unificado provisionalmente a sus jefes en favor de la Re\u00adp\u00fablica conservadora. Desde el 24 de febrero, <i>El Universo <\/i>se ha\u00adbla apresurado a escribir, a las diez de la noche: \u00abLa dinast\u00eda de julio sucumbi\u00f3, se ha consumado la Revoluci\u00f3n. Hoy como ayer, nada es posible sino por la libertad. Una libertad sincera puede salvarlo todo. Todos los gobiernos llevan en s\u00ed la facultad de afian\u00adzarse. Basta para ello que amen la justicia y practiquen la libertad\u00bb.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Montalembert asociaba a la causa de la libertad la de la rep\u00fablica, en su manifiesto del 28 de febrero a los comit\u00e9s cat\u00f3licos: \u00abEn medio de todas las revoluciones, la Iglesia sigue en pie. Bajo la rep\u00fablica, como bajo la monarqu\u00eda, ante todo ca\u00adt\u00f3licos, debemos defender, amar, servir la libertad religiosa. en un ardiente amor a la patria, una imperecedera devoci\u00f3n a su glo\u00adria y a su felicidad\u00bb. Su profesi\u00f3n de fe a los electores del Doubs llegaba hasta el punto de decir: \u00abSi, como en los Estados Unidos, esta forma de gobierno, garantiza la religi\u00f3n, la propiedad, la fa\u00admilia, el beneficio supremo de la libertad, la rep\u00fablica no tendr\u00e1 hijo m\u00e1s fiel que yo. Mas si no retrocede ante la violencia, bien podr\u00e1 tenerme de v\u00edctima, pero nunca de instrumento o de c\u00f3m\u00adplice\u00bb.<\/p>\n<p>Ya vimos al Padre Lacordaire alistar <i>La Nueva Era <\/i>bajo la ban\u00addera de la Rep\u00fablica, \u00abaunque antes de febrero no hubiese en \u00e9l, \u00e1pice de republicanismo \u2014confesaba-; pero con la esperanza y las probabilidades de obtener de ella las libertades religiosas ne\u00adgadas por los anteriores gobiernos\u00bb.<\/p>\n<p>En fin, se adher\u00eda tambi\u00e9n a ese leal intento y a esa uni\u00f3n el juicioso esp\u00edritu del se\u00f1or Foisset \u00abpara resistir a la anarqu\u00eda, en un estado de cosas que hasta ahora no hab\u00eda dado a la religi\u00f3n motivo alguno de queja\u00bb. Y su mano estrechaba la de Ozanam y la de Lacordaire, de quienes era m\u00e1s que el consejero, casi el or\u00e1culo.<\/p>\n<p>Sin embargo, Ozanam hab\u00eda hecho de la aceptaci\u00f3n de la re\u00adp\u00fablica, no un asunto de concesi\u00f3n, ni de transici\u00f3n, sino de con- vicci\u00f3n; no un expediente, sino una soluci\u00f3n. No la hab\u00eda busca\u00addo, sino que la hab\u00eda acogido como un hecho providencial, di\u00adchoso, por razones cuya validez resulta sin duda discutible, pero cuyo fervor y nobleza no lo son.<\/p>\n<p>Las encontraba en el pasado y, por decirlo as\u00ed, al alcance de la mano, en esa historia de la civilizaci\u00f3n de los b\u00e1rbaros por el cristianismo que era el tema de sus estudios profesionales y de su ense\u00f1anza. Ve\u00eda en la Edad Media una corriente ininterrumpida de emancipaci\u00f3n de la que escrib\u00eda: \u00abLo que conozco de la his\u00adtoria me hace creer que la democracia es el t\u00e9rmino natural del progreso pol\u00edtico y que Dios encamina el mundo a ese fin\u00bb. La Iglesia hab\u00eda realizado esa obra libertadora, en condiciones que expresaba en la siguiente forma el Obispo Remigio al dirigirse al gran jefe b\u00e1rbaro Clodoveo: \u00ab\u00a1Quema lo que has adorado y adora lo que has quemado!\u00bb Al comparar con esos b\u00e1rbaros de anta\u00f1o a las masas ignorantes y groseras de hoy, Ozanam aborre\u00adce sus vicios y teme sus violencias. Mas, por otra parte, reconoce sus energ\u00edas viriles que dejan esperar de ellas el elemento vital y regenerador de la raza, el d\u00eda que esas fuerzas a\u00fan brutas se ha\u00adyan disciplinado y ablandado bajo la ley del Cristo redentor: es el progreso por el Evangelio; pero \u00bfes acas\u00f3 el Evangelio que pre\u00addic\u00f3 al pueblo la burgues\u00eda de Julio con su palabra, su ejemplo, su prensa y sus leyes? \u00bfUn gobierno salido del sufragio popular no comprender\u00e1 mejor esa necesidad primordial del pueblo y ese primordial deber del Estado? Acerqu\u00e9monos a \u00e9l, tengamos con\u00adfianza en \u00e9l; practiquemos la obra de la Iglesia bajo un nuevo r\u00e9gimen. \u00ab\u00bfNo se han encontrado al pie de los \u00e1rboles de la liber\u00adtad los hombres de la Iglesia y los hombres del pueblo?\u00bb<\/p>\n<p>Hab\u00eda mucho que decir respecto a esa asimilaci\u00f3n y a esas con\u00adclusiones. Mientras brotaban los frutos que permitir\u00edan juzgar al \u00e1rbol, el convenio de los<sub>.<\/sub> cat\u00f3licos consist\u00eda en gran parte en esa amistosa componenda de sus opiniones, del mismo modo que la <i>Nueva Era <\/i>en los primeros meses hab\u00eda vivido de ese cr\u00e9dito otorgado en diversas formas a la Rep\u00fablica de febrero. Sin embargo, los acontecimientos de junio acababan de cambiar los esp\u00edritus. Por mucho que Ozanam haya hecho para dar un sentido pac\u00edfico y cristiano a las palabras de igualdad y fraternidad, ahora esas pa\u00adlabras se traduc\u00edan pr\u00e1cticamente en la mayor\u00eda por los de dema\u00adgogia, comunismo, socialismo y anarquismo, que arrojaban terror y espanto.<\/p>\n<p>Ese espanto era, por lo dem\u00e1s, el que resent\u00eda Europa, sacudi\u00adda por el contrachoque de esa violenta conmoci\u00f3n revolucionaria. Por otra parte, el liberalismo italiano perd\u00eda de d\u00eda en d\u00eda terre\u00adno. En Roma, P\u00edo IX, al negarse a declarar la guerra a Austria, hab\u00eda visto su popularidad cambiarse en hostilidad, preludio de extremadas violencias. Adem\u00e1s, el patri\u00f3tico esfuerzo de Carlos Alberto para libertar a Italia del yugo de Austria fracas\u00f3 lamenta\u00adblemente en Novare, ante las armas de Radetzky, en julio de 1848. De todos los Estados lombardov\u00e9netos, s\u00f3lo segu\u00eda resistiendo la ciudad de Venecia, bajo la protecci\u00f3n de sus lagunas y la mano dictatorial de Daniel Manin.<\/p>\n<p>S\u00f3lo recordamos estos hechos para se\u00f1alar el principio de las decepciones y de los dolores de Federico Ozanam. El partido de la confianza iba a dislocarse: la opini\u00f3n se dirig\u00eda hacia una auto\u00adridad, fuera la que fuera. La empresa de conciliaci\u00f3n de todos los partidos bajo la bandera de la rep\u00fablica, intentada por <i>La Nueva Era, <\/i>apareci\u00f3 desde entonces como una quimera y se convirti\u00f3 en un signo de contradicci\u00f3n. La religi\u00f3n, a la que ese peri\u00f3dico pre\u00adtend\u00eda pertenecer, podr\u00eda sufrir desprestigio, ya que estaba dirigi\u00addo y redactado por notabilidades eclesi\u00e1sticas. En tal aprehensi\u00f3n, el Padre Lacordaire estim\u00f3 que el inter\u00e9s de su Orden y el de su pr\u00e9dica le impon\u00eda el deber de abandonar la direcci\u00f3n y la res\u00adponsabilidad de esa publicaci\u00f3n, aunque no le retirara su afecto.<\/p>\n<p>El 21 de agosto de 1848, anunci\u00f3 a Ozanam \u00abel doloroso sacri\u00adficio\u00bb, decidido en el consejo de administraci\u00f3n, por mayor\u00eda de cuatro voces contra tres. Mas su coraz\u00f3n protestaba y su carta de\u00adc\u00eda: \u00abHemos dado el ejemplo de una prensa verdaderamente cris\u00adtiana, es decir honrada, tranquila, imparcial, caritativa. Hemos contribu\u00eddo a mantener la uni\u00f3n de los esp\u00edritus en favor de la Iglesia en tiempos pre\u00f1ados de peligros. Los cat\u00f3licos respondie\u00adron resueltamente. Es una peque\u00f1a ganancia para nuestra concien\u00adcia, aunque no sea todo lo que podr\u00eda desearse para el bien\u00bb.<\/p>\n<p>La carta \u00abal querido colaborador\u00bb anunciaba el cierre del pe\u00adri\u00f3dico a fines del mes, el 31 de agosto. \u00bfFue Ozanam quien logr\u00f3 que la administraci\u00f3n revocara esa decisi\u00f3n y obtuviera de ella una demora? Hay motivos para creerlo. Lo cierto es que <i>La Nue\u00adva Era <\/i>sigui\u00f3 public\u00e1ndose hasta abril del a\u00f1o siguiente. Lacor\u00addaire ya s\u00f3lo era su amigo, pero cu\u00e1n abnegado, como pronto veremos<span id='easy-footnote-2-128632' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-22\/#easy-footnote-bottom-2-128632' title='Lacordaire escrib\u00eda desde Chalais a la se\u00f1ora Swetchine, el 24 de octubre de 1848: \u00abUsted sabe que, aunque he dejado la direcci\u00f3n de &lt;i&gt;La Nueva Era, &lt;\/i&gt;he permitido que se diga que estoy a\u00fan conectado con ella y que le enviar\u00eda mi colaboraci\u00f3n en la me\u00addida en que me lo permitieran las ocupaciones de mi ministerio&amp;#8230; Si, temiendo haber ido demasiado lejos, he abandonado la Prensa y la Tribuna para volver a mi ministerio religioso, ha sido un acto de leg\u00edtima prudencia, pero no una retractaci\u00f3n. He dejado el campo a otros m\u00e1s j\u00f3venes y audaces que yo. Ellos lo defienden bajo su propia responsabilidad, y no debo hacer, con ligereza, nada que pueda debilitarlos o divi\u00addirlos\u00bb. Correspondencia con la se\u00f1ora Swetchine, p. 478.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>No ocurri\u00f3 lo mismo con Montalembert. En el impulso dema\u00adsiado generoso que llevaba a <i>La Nueva Era <\/i>a extender la mano a la democracia, s\u00f3lo ve\u00eda \u00e9l una ilusi\u00f3n boba y peligrosa; y en la democracia misma, s\u00f3lo el advenimiento del despotismo del n\u00fa\u00admero, junto con el rebajamiento de los caracteres y de los esp\u00ed\u00adritus. Sobre todo, su filial amor por la Iglesia se espantaba por la marejada de componendas monstruosas que le impon\u00eda en aquella hora el desenfreno de la demagogia italiana. Por eso declaraba aho\u00adra que s\u00f3lo hab\u00eda aceptado a la rep\u00fablica por necesidad y bajo condici\u00f3n, sin honrarla con su confianza.<\/p>\n<p>Fue una hora dolorosa para Ozanam aquella en que vio a Mon\u00adtalembert asociarse moment\u00e1neamente con el <i>Universo, <\/i>para aba\u00adtir sobre la muralla el humilde estandarte que, sin embargo, lle\u00advaba, tambi\u00e9n \u00e9l, una cruz<span id='easy-footnote-3-128632' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-22\/#easy-footnote-bottom-3-128632' title='V\u00e9ase sobre toda esa escisi\u00f3n, el libro muy documentado del se\u00f1or Henry Boissard: &lt;i&gt;Te\u00f3filo Foisset, &lt;\/i&gt;p. 104 y siguientes. Par\u00eds, ed. Plon, 1891, &lt;i&gt;Cartas de Lacordaire a T. Foisset, &lt;\/i&gt;t. II. Cartas 104, 105, 106.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>El terror provocado por la revoluci\u00f3n, casi en todas partes vic\u00adtoriosa o amenazante, hab\u00eda- preparado de antemano su lecho al despotismo. Ozanam, en su celoso amor a la independencia, y a la dignidad de la Iglesia, nada tem\u00eda tanto como su advenimien\u00adto. A la luz de la historia hab\u00eda visto en todas partes a los poderes absolutos imponerse la tarea de sojuzgarla para anexarla: \u00abPri\u00admero \u2014dice en una hermosa p\u00e1gina de juventud\u2014 fueron los em\u00adperadores de Oriente los que quisieron hacer de la Iglesia un pa\u00adtriarcado sometido a su autocracia. Luego fueron los b\u00e1rbaros los que la obligaron a que se- uniera con ellos para saquear al viejo imperio romano; luego fueron los grandes se\u00f1ores feudales los que trataron de armarla con hierro; despu\u00e9s, los reyes la invitaron a sentarse en esos parlamentos que gobiernan con el l\u00e1tigo y la espuela. En fin, los modernos fundadores de las constituciones re\u00adpresentativas se dignan otorgarle un banco en alguna C\u00e1mara alta, pero se irritan cuando no se presta al mecanismo estrecho de sus administraciones, y cuando no enarbola, en sus seculares bas\u00edlicas, su ef\u00edmera bandera. Mas la Iglesia nunca ha querido ser imperial, ni b\u00e1rbara, ni feudal, ni liberal, porque es algo m\u00e1s que todo esto: es cat\u00f3lica. En vano, como los pretendientes de Pen\u00e9lope, al verla sola en este mundo, pensaron en seducirla y en reinar bajo su nombre, y le ofrecieron riqueza y poder\u00edo. La esposa inmortal re\u00adpudia esas indignas bodas\u00bb.<\/p>\n<p>Esas bodas indignas son aquellas en que demasiado tiempo se hab\u00eda tratado de solidarizar a la Iglesia con el gobierno. Pues hay que comprenderlo bien: el republicanismo de Ozanam est\u00e1 hecho ante todo de su horror a ese estado de cosas; y ese estado no es otra cosa que el galicanismo, esa cadena secular cuyas cicatrices llevaba a\u00fan la Iglesia. La entregaban atada de pies y manos. Oza\u00adnam ve\u00eda una reacci\u00f3n enloquecida precipitarse hacia un despo\u00adtismo libertador, sin l\u00edmites ni freno, sacrificando a la vez la re\u00adp\u00fablica y la libertad. Escrib\u00eda: \u00abQuerido amigo, lo cierto es que me inquieta mucho -el camino al que nos arrojan y que llev\u00f3 a los hombres de la Restauraci\u00f3n al despe\u00f1adero. Si supiera usted las ilusiones de algunos, no digo de los viejos, sino de los j\u00f3venes, de los estadistas de veinticinco a treinta a\u00f1os de edad, de aque\u00adllos que, en su fervor, ya no quieren constituci\u00f3n ni representaci\u00f3n nacional, ni prensa. Lo peor es que la religi\u00f3n se ve comprometi- da por esos insensatos, por hombres que se honran con defender\u00adla en la tribuna y que llenan con el relato de sus aventuras los bas\u00adtidores de la \u00f3pera\u00bb.<\/p>\n<p>Lo que prev\u00e9 Ozanam y lo que le estremece de espanto al pensar en la Iglesia de Francia son las represalias que esa alianza ofensiva y defensiva con el despotismo habr\u00e1 de atraerle en el porvenir: \u00abQuerido amigo, s\u00f3lo se ve gente que sue\u00f1a con la alianza del trono y del altar. Nadie recuerda las espantosas represalias que nos valieron esas bellas doctrinas, en 1830. Y hoy, no hay volte\u00adriano afligido con unas mil libras de renta que no quiera enviar todo el mundo a misa, a condici\u00f3n de no ir \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>Si la gente honrada se rebela, el cristiano lamenta el perjuicio que sufren entonces las almas, y la reacci\u00f3n inminente el d\u00eda de ma\u00f1ana: \u00abVeo con dolor \u2014\u00a1qu\u00e9 bello dolor!\u2014; veo que se hace m\u00e1s lento aquel hermoso movimiento de retorno y conversi\u00f3n que fue la alegr\u00eda de mi juventud y la esperanza de mi edad madura.<\/p>\n<p>Y me pregunto si, cuando hayan encanecido nuestras cabezas, po\u00addremos todav\u00eda inclinarlas ante los altares, sin o\u00edr en torno nues\u00adtro esos gritos de escarnio que, hace veinte a\u00f1os, persegu\u00edan a los fieles hasta en las iglesias. Velemos y recemos\u00bb.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n moral creada a ese jefe de la <i>Nueva Era <\/i>iba em\u00adpeorando de d\u00eda en d\u00eda. Era el recelo y el abandono. Hubiese sido intolerable para Ozanam si, para sostenerlo en su camino, no hu\u00adbiese tenido a su derecha y a su izquierda a dos hombres, entre los m\u00e1s grandes y mejores \u2022 militantes cat\u00f3licos de aquella \u00e9poca, am\u00adbos, el laico y el fraile, hombres de Dios.<\/p>\n<p>Lacordaire, uno de los dos, expresaba en sus cartas la pena que experimentaba al ver \u00abal clero y los cat\u00f3licos de Francia respon\u00adder tan mal a los avances de ese r\u00e9gimen de febrero que hab\u00eda sido tan milagrosamente generoso. Una retractaci\u00f3n habr\u00eda de des\u00adhonrarlos y no permitir\u00eda ver en ellos sino a los humildes lacayos de todos los advenimientos favorecidos por la suerte. En cuanto a m\u00ed, acept\u00e9 sinceramente la rep\u00fablica, sin tener por ella ninguna pasi\u00f3n preexistente o advenediza; pero, suceda lo que suceda, debo respetar lo que he hecho\u00bb.<\/p>\n<p>Como Lacordaire, el se\u00f1or Foisset, en el <i>Corresponsal, <\/i>estima\u00adba que los cat\u00f3licos hab\u00edan empe\u00f1ado su honor en no retirar, bajo la influencia del miedo, su leal apoyo a un gobierno que no les hab\u00eda dado motivo alguno de queja: <i>\u00abLa Nueva Era <\/i>\u2014escribe a Montalembert el 11 de noviembre de 1848\u2014 es republicana \u00a1y enhorabuena! Pues francamente, no veo qu\u00e9 ganar\u00eda la religi\u00f3n en un antagonismo universal entre los cat\u00f3licos y los republicanos. En las filas de \u00e9stos, hay como en otras partes almas que salvar; y no quisiera que la idea de una irreconciliable enemistad fuera un obst\u00e1culo para el retorno de las almas a Dios, como para la equidad del gobierno hacia la cosa cat\u00f3lica\u00bb.<\/p>\n<p>Foisset estaba m\u00e1s cerca a\u00fan de Ozanam cuando estimaba \u00abque exist\u00eda para los cat\u00f3licos una obra m\u00e1s necesaria que la extrema\u00adda reacci\u00f3n: era el empleo de todas sus fuerzas para destruir las prevenciones y los odios populares, dedic\u00e1ndose sin l\u00edmites a auxi\u00adliar a quienes sufren\u00bb. \u00abLa burgues\u00eda me desconsuela \u2014escrib\u00eda al mismo\u2014; es m\u00e1s ego\u00edsta que nunca. Se aferra a la tierra, sin querer o\u00edr hablar de otra cosa, sin ver de d\u00f3nde viene el mal, sin sospechar siquiera el remedio. Tendremos que pasar todav\u00eda por algunas expiaciones; y sin embargo el peligro de junio ha armado bastante revuelo. El clero no sale de su rutina; no veo que saque partido del martirio del arzobispo, ni que se acuerde lo debido del<i> Evangelizare pauperibus. <\/i>Dij\u00e9rase que el episcopado se ve afec\u00adtado de estupor\u00bb.<\/p>\n<p>Por otro lado <i>El Universo <\/i>se indignaba contra <i>La Nueva Era <\/i>a la que daba el nombre de <i>El Nuevo Error. <\/i>Foisset crey\u00f3 que de\u00adb\u00eda intervenir con Luis Veuillot que era hombre de su confianza. Veuillot comprendi\u00f3 a ese sabio y escuch\u00f3 a ese amigo ; le respon\u00addi\u00f3 lo siguiente, el 18 de noviembre: \u00abRecibir\u00e1 usted mi <i>\u00faltimo <\/i>art\u00edculo sobre <i>La Nueva Era. <\/i>Espero que no le disguste demasiado. Si dej\u00e9 en \u00e9l algunas de esas palabras que ponen una nube en la frente de los buenos \u00e1ngeles de la paz, habr\u00e1 sido contra mi inten\u00adci\u00f3n o por necesidad. Si no hubiera temido a algunos <i>papas <\/i>como usted, que est\u00e1 siempre presente ante m\u00ed aunque invisible, hubiera descargado mis golpes como sobre <i>Le Journal des D\u00e9bats\u00bb. <\/i>Y el combatiente envain\u00f3 la espada, pero mantuvo la mano en el pu\u00f1o.<\/p>\n<p>No era tan f\u00e1cil triunfar de Montalembert, \u00abquien \u2014refiere el bi\u00f3grafo de Foisset\u2014 sent\u00eda crecer d\u00eda tras d\u00eda su desprecio por ese pu\u00f1ado de periodistas que se empe\u00f1an en conservar un gobier\u00adno nacido de la casualidad y repudiado por el pa\u00eds\u00bb. El Padre La\u00adcordaire se mostr\u00f3 dolorosamente afectado. Su dolor fue m\u00e1s vivo a\u00fan cuando <i>El Amigo &#8211; de la Religi\u00f3n, <\/i>resucitado hac\u00eda poco por el Padre Dupanloup, le llev\u00f3 una primera y luego una segunda carta de Montalembert contra <i>La Nueva Era: <\/i>\u00abNo comprendo \u2014escribe a la se\u00f1ora Swetchine, el 7 de noviembre\u2014 este ataque concertado. <i>La Nueva Era <\/i>pudo merecer cr\u00edticas; pero no que se disparara contra \u00e9l una especie de ca\u00f1\u00f3n de alarma capaz de aler\u00adtar a la cristiandad. Es para m\u00ed doloroso ver que amigos m\u00edos en\u00adtren en esa v\u00eda de acusaci\u00f3n en que s\u00f3lo hab\u00eda encontrado hasta ahora esp\u00edritus mediocres y celosos, dispuestos a ver herej\u00edas en cualquiera opini\u00f3n que no sea la suya, y un enemigo en cualquier hombre que los moleste y les desagrade. Es un procedimiento que s\u00f3lo termina en discordia\u00bb.<\/p>\n<p>En fin, de Ozanam y de sus colaboradores escribe el mismo d\u00eda Acaso nos incumbe iniciar una guerra contra cat\u00f3licos honora\u00adbles que nos prestan el servicio de ser m\u00e1s dem\u00f3cratas que nosotros y de demostrar al mundo que la Iglesia puede aceptar con since\u00adridad todas las formas de gobierno?\u00bb<\/p>\n<p>De todo esto, Lacordaire recibi\u00f3 en su amistad una herida tan viva que el se\u00f1or Foisset pudo temer un instante una ruptura entre sus dos amigos, seg\u00fan refiere su bi\u00f3grafo.<\/p>\n<p>Ozanam guard\u00f3 silencio. \u00bfCrey\u00f3 que conven\u00eda deponer las armas ante el querido grande hombre a quien no pod\u00eda dejar de honrar y querer? Su sufrimiento era grande. En esa misma \u00e9poca, su alma estaba de luto por todas sus esperanzas pol\u00edticas; y des\u00adahogaba su tristeza ora en su c\u00e1tedra de la Sorbona, ora en su peri\u00f3dico. Cuando, al volver de sus vacaciones de 1848, se encon\u00adtr\u00f3 de nuevo en esa c\u00e1tedra, \u00abrodeado del numeroso y fraternal concurso de la juventud\u00bb que nunca le hab\u00eda faltado, le habl\u00f3 en los t\u00e9rminos siguientes:<\/p>\n<p>\u00abEl a\u00f1o pasado, se\u00f1ores, abr\u00ed este curso de literatura italiana bajo mejores auspicios. Regresaba de Italia, hab\u00eda visto bajo el balc\u00f3n del Quirinal a Roma entera aplaudir la reconciliaci\u00f3n de la Igle\u00adsia y de la sociedad moderna ; hab\u00eda asistido a esas primeras ale\u00adgr\u00edas del renacimiento: ese pueblo caminaba hacia la libertad por caminos sembrados de flores; los hombres juiciosos empezaban esa educaci\u00f3n pol\u00edtica y militar que, al cabo de varios a\u00f1os, pondr\u00eda a Italia en posesi\u00f3n de s\u00ed misma.<\/p>\n<p>\u00abHoy, la causa de la independencia est\u00e1 siendo aplastada por gruesos batallones; la ingratitud y el asesinato deshonran en Roma la causa de la libertad. La libertad del mundo se halla comprome\u00adtida con la libertad del jefe espiritual de las conciencias. Es el os\u00adtracismo, el despotismo y todo cuanto recuerda las injusticias de esas patrias ingratas en que los grandes ciudadanos no han tenido su tumba, desde Escipi\u00f3n hasta Gregorio VII\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, en medio de esos desastres, quedaba una ciudad, Venecia, que, protegida por sus lagunas, opon\u00eda a Austria una re\u00adsistencia desesperada. Ozanam, desde su c\u00e1tedra, extendi\u00f3 la mano en favor de la heroica reina de los mares: \u00abInauguremos, se\u00f1ores, con una buena acci\u00f3n, este curso y este a\u00f1o\u00bb. Record\u00f3 que Venecia hab\u00eda ofrecido un asilo \u00e1 P\u00edo IX; que hab\u00eda recogido lo que sub\u00adsist\u00eda de las esperanzas de la libertad italiana, sin regatearle el oro ni la sangre de sus hijos. \u00abMas sus recursos ya no pueden bastar a las necesidades de una guerra tan larga y desigual. Se ha abierto una suscripci\u00f3n para llevarle un urgente auxilio. Muchos har\u00e1n donativos, en honor de sus antiguas glorias, y muchos por el inter\u00e9s moderno que representa. Nosotros, se\u00f1ores, recordaremos su grandeza cristiana, los muertos heroicos que ha dejado en todas las playas del archipi\u00e9lago para salvar a Europa del Cor\u00e1n. Las necesidades de Francia son inmensas; pero no es m\u00e1s pobre que la viuda del Evangelio: no negar\u00e1 su \u00f3bolo a quien se lo pida en nombre de Dios y de la fraternidad\u00bb.<\/p>\n<p>La fraternidad de la Rep\u00fablica francesa no respondi\u00f3 a ese llamado que, reproducido por <i>La Nueva Fra, <\/i>fue casi el \u00fanico que se elev\u00f3 por aquel entonces en favor de la ciudad de San Marcos. Daniel Manin, presidente de la Rep\u00fablica veneciana, dio p\u00fablica\u00admente las gracias a Ozanam en la <i>Gaceta oficial, <\/i>en nombre de esa ciudad, abandonada desgraciadamente por Europa, asolada por el bombardeo, diezmada por el c\u00f3lera. Manin sali\u00f3 hacia el destierro, y con \u00e9l desapareci\u00f3 el \u00fanico hombre de temple verda\u00adderamente heroico que haya dado la Revoluci\u00f3n italiana.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, Ozanam ten\u00eda el derecho de escribir m\u00e1s tarde al noble veneciano Tomaseo: \u00abLos redactores de <i>La Nueva Era <\/i>acaso ca\u00adrecieron a menudo de prudencia humana; pero Dios jam\u00e1s per\u00admiti\u00f3 que carecieran de amor a la justicia, al pueblo menesteroso, a vuestra bella Italia y a sus gloriosos defensores\u00bb.<\/p>\n<p>En Roma, la augusta cabeza de P\u00edo IX amenazada por la in\u00adsurrecci\u00f3n, ultrajada por la ingratitud, no por eso dejaba de estar, a los ojos de Ozanam, coronada con los grandes actos pol\u00edticos que lo hab\u00edan encumbrado a principios de su reinado. En una lecci\u00f3n de ese mismo curso de 1849, encuentro el siguiente apunte: \u00abLas com\u00adplicaciones actuales y las que reserva el futuro no impiden que P\u00edo IX se haya despojado voluntariamente del poder absoluto; que haya defendido, en la carta que dirigi\u00f3 al emperador de Aus\u00adtria, el principio de las nacionalidades; que haya tomado la ini- ciativa de las reformas que se hubiesen llevado a cabo, si P\u00edo IX no hubiese tenido, en ese pa\u00eds cuya educaci\u00f3n no est\u00e1 hecha, tan\u00adtos enemigos de sus beneficios, como de sur autoridad\u00bb.<\/p>\n<p>Ahora, P\u00edo IX se hab\u00eda refugiado en Gaeta. En favor del augus\u00adto desterrado, Ozanam lanzaba, en ese mismo mes de enero de 1849, en <i>La Nueva Era, <\/i>un llamado a los cat\u00f3licos de Francia. \u00abP\u00edo IX nada pide para sus propias necesidades. El que, a ra\u00edz de su advenimiento, mand\u00f3 poner en venta la mitad de los caballos de sus caballerizas, el que gast\u00f3 su patrimonio en caridades, no ha es\u00adperado la hora de la prueba para despojarse personalmente. Todos los que han tenido el honor de acerc\u00e1rsele saben cu\u00e1n poco le cos\u00adtar\u00eda volver a las redes de San Pedro o a la oscuridad de las cata\u00adcumbas. Y no hace mucho que se le o\u00eda decir: que daba gracias a Dios, mientras le dejaran una mochila y un b\u00e1culo, con la libertad de recorrer la tierra bendiciendo los pueblos a su paso. Mas al lado del Papa, las grandes administraciones e instituciones cuyo fun\u00adcionamiento constituye el gobierno de los asuntos religiosos de la cristiandad, est\u00e1n a su cargo. Sostenerlos no s\u00f3lo es realizar un acto de apremiante caridad, sino un acto de fe en la vitalidad de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>La suscripci\u00f3n apelaba especialmente a las grandes fortunas para una gran limosna. \u00abEl Santo Padre leer\u00e1 al principio de la lista los m\u00e1s grandes nombres de Francia. Ese llamado los honra, esa limosna habr\u00e1 de bendecirlos. Sant\u00edsimo Padre, al extender hacia nosotros esa mano que tantos labios ardientes han besado, nos da\u00adr\u00e9is mucho m\u00e1s de lo que hab\u00e9is recibido&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Generosos cristianos estimaron que hab\u00eda llegado la hora de res\u00adtablecer el antiguo <i>\u00f3bolo de San Pedro. <\/i>Despu\u00e9s de dirigir un Mandamiento al respecto, y ordenado rogativas p\u00fablicas, Monse\u00ad\u00f1or Sibour convoc\u00f3 en el C\u00edrculo cat\u00f3lico una Asamblea en que se formul\u00f3 un Mensaje al Papa y se nombr\u00f3 una comisi\u00f3n de or\u00adganizaci\u00f3n y de suscripci\u00f3n. Ozanam form\u00f3 parte de ella. Adem\u00e1s de su elocuente llamado en <i>La Nueva Era, <\/i>hizo, el 23 de enero de 1849, en su curso del lunes, una colecta, precedida de una exhor\u00adtaci\u00f3n que, habiendo recordado los beneficios con que P\u00edo IX ha\u00adb\u00eda colmado a Italia y a la cristiandad, terminaba as\u00ed: \u00abPero hay aqu\u00ed algo m\u00e1s que el inter\u00e9s de Italia: el de toda la civilizaci\u00f3n, comprometida a no dejar perecer el poder espiritual que gobierna las conciencias de doscientos millones de hombres. Se trata del por\u00advenir de esta sociedad moderna, que, cansada de tantas agitacio\u00adnes, s\u00f3lo encontrar\u00e1 la paz en el acuerdo del cristianismo y de la libertad. Hace sesenta a\u00f1os, se\u00f1ores, que trabajamos en la estatua de la libertad. Con los primeros golpes del martillo y del cincel, s\u00f3lo se vio surgir una figura amorfa y se crey\u00f3 que del bloque no podr\u00eda brotar m\u00e1s que un monstruo. Hoy la radiante cabeza mu\u00e9s\u00adtrase bajo nuevos rasgos, menos hoscos, que aplacan la inquietud del mundo. Sin embargo, muchos pasan y dicen al mirarla: `\u00a1No es m\u00e1s que una estatua, no vivir\u00e1!&#8217; Se\u00f1ores, es preciso que la es\u00adtatua viva ; es preciso buscar para ella la vida donde nuestro Pro\u00admeteo la busc\u00f3 y la encontr\u00f3, es decir en el cielo. El cristianismo ser\u00e1 el alma de la libertad\u00bb.<\/p>\n<p><i>La Nueva Era <\/i>sent\u00edase acosada. Desde el retiro del Padre La\u00adcordaire, no dejaba de luchar, no tanto por la victoria como por el honor de la causa: \u00abSi hubiese dejado de publicarse entonces, en septiembre de 1848 \u2014escrib\u00eda Ozanam\u2014, hubiera podido de\u00adcirse que unos cat\u00f3licos, t\u00edmidos servidores de los acontecimientos, hab\u00edan tenido un peri\u00f3dico republicano mientras hab\u00eda sido fuerte la Rep\u00fablica, pero que se hab\u00edan apresurado a cambiar con la fortuna adversa. Despu\u00e9s de seis meses de combate, despu\u00e9s de tantas injurias que hemos perdonado, pero sufrido, sin inter\u00e9s, ni ganan\u00adcia, ni ambici\u00f3n, ni amor propio, se sabe ahora que existe entre los cat\u00f3licos de Francia una opini\u00f3n sincera, capaz de sacrificio e incapaz de pusilanimidad\u00bb.<\/p>\n<p>Es preciso decir, sin embargo, que, desde enero de 1849, Oza\u00adnam ya no colaboraba con regularidad en la revista. Escribe, el 11 de marzo: \u00abHace unos meses que ya no trabajo en la <i>Nueva Era, <\/i>debido a un libro que debo terminar y a mi curso que devora todos mis momentos. Todav\u00eda es el peri\u00f3dico por el cual hago nus votos; si bien confesando que, como en todos los peri\u00f3dicos en que ya no se trabaja, <i>se publican en \u00e9l art\u00edculos que no siempre me agradan&#8230;\u00bb <\/i>Y es que, seg\u00fan nos informa su hermano, \u00abciertos co\u00adlaboradores quer\u00edan dar a <i>La Nueva Era <\/i>un color democr\u00e1tico m\u00e1s marcado\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfNo iban algunos hasta decir que el cristianismo era la demo\u00adcracia? Montalembert se indignaba: \u00abNo, el cristianismo, que se presta a todas las formas de gobierno, no se identifica con ninguna. Esto es lo que hay que proclamar y repetir incesantemente frente al orgullo desmedido de los pigmeos de nuestro tiempo. Toda mi juventud o\u00ed decir que el cristianismo era la monarqu\u00eda, y que no se pod\u00eda ser buen cristiano sin creer en la monarqu\u00eda leg\u00edtima. He luchado veinte a\u00f1os, no sin alg\u00fan \u00e9xito, contra ese antiguo error, disipado en la actualidad. Luchar\u00eda otros veinte contra la nueva pretensi\u00f3n que confunde al cristianismo con la democracia, otra forma de la misma y triste idolatr\u00eda de la victoria, de la fuerza y de la fortuna\u00bb.<\/p>\n<p>Pero \u00bfno acabamos de leer asimismo en Ozanam que \u00abla Igle\u00adsia jam\u00e1s ha consentido en ser imperial, ni feudal, ni monarquista, ni liberal, porque es m\u00e1s que todo eso: es cat\u00f3lica?\u00bb<\/p>\n<p>Sea lo que fuere, un mes despu\u00e9s, el 9 de abril de 1849, <i>La Nue\u00adva Era <\/i>anunci\u00f3 que dejar\u00eda de publicarse. Una <i>Declaraci\u00f3n <\/i>que firm\u00f3 toda la redacci\u00f3n, en primera l\u00ednea Ozanam, explicaba las razones, precedidas de una larga exposici\u00f3n de motivos, as\u00ed como de las diversas fases atravesadas por la obra. Ese documento tiene gran dignidad y claridad. Se nota en \u00e9l la mano de Ozanam.<\/p>\n<p>Dice primero cu\u00e1l fue el punto de partida de esa obra: obra, no negocio. Da a conocer la generosidad de su prop\u00f3sito, verbigra\u00adcia, la aplicaci\u00f3n de los principios cristianos a la sociedad moder\u00adna, para la dicha del hombre, mediante el respeto de su dignidad y de su libertad. Menciona la oposici\u00f3n que suscit\u00f3 esa palabra de democracia sospechosa para mucha gente de bien, sobre todo cuando la ha invocado la anarqu\u00eda triunfante en Italia y en otras partes. \u00abY sin embargo \u00bfqui\u00e9n puede olvidar con qu\u00e9 energ\u00eda y qu\u00e9 indignaci\u00f3n hemos condenado en Roma a una revoluci\u00f3n ur\u00addida por la ingratitud e inaugurada por el asesinato?<\/p>\n<p>\u00abPues bien, mientras, a pesar de estos ataques y de esas incom\u00adprensiones, la era cristiana caminaba sin flaquear hacia su meta, la uni\u00f3n de los partidos pol\u00edticos se ergu\u00eda amenazadora contra su causa. Los acontecimientos, que nada pueden contra las doctrinas, pero que arrastran consigo a la masa de los esp\u00edritus, parec\u00edan cada vez m\u00e1s hostiles, aun al r\u00e9gimen de una rep\u00fablica, honrada, sin\u00adcera de la que se apartaba el gran n\u00famero. <i>La Nueva Era <\/i>sufri\u00f3 en sus intereses las consecuencias de ese abandono. Mas todos ha\u00adb\u00edan cumplido con su deber. Dios, el \u00fanico por quien hombres de fe y de coraz\u00f3n pod\u00edan resolverse a ese duro oficio de escribir, de combatir, de ser calumniados e incomprendidos, Dios mismo no nos ped\u00eda m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;La antigua redacci\u00f3n del peri\u00f3dico, unida hoy como siem\u00adpre, se retira toda ella. Mas sus adioses nada tendr\u00e1n que revele desaliento ni arrepentimiento. Nos retiramos, es preciso que se sepa, no ante la violencia de los ataques, ni ante ese escepticismo que por fin ha contagiado a veces a los propios servidores de la liber-, tad, sino ante dificultades materiales en que la Providencia ha ocultado quiz\u00e1s un ben\u00e9fico prop\u00f3sito para la fecundaci\u00f3n de nues\u00adtras doctrinas, como la escarcha, que obliga al labrador a refugiar\u00adse en su casa, hace tambi\u00e9n germinar el trigo\u00bb.<\/p>\n<p>Siguen las firmas: <i>H. Maret, Ozanam, Audley, Eug Rendu, Gouraud, Feugeray, L. F. Gu\u00e9rin.<\/i><\/p>\n<p>Unos d\u00edas despu\u00e9s, el 8 de mayo, Ozanam al dirigir al se\u00f1or Pr\u00f3spero Dugas esa declaraci\u00f3n le adjuntaba las siguientes y ne\u00adcesarias explicaciones: \u00abHa corrido el rumor de que los redactores se retiraron por consejo de la autoridad eclesi\u00e1stica. No hay tal; el Arzobispo de Par\u00eds, su primo el Padre Sibour, el Padre Buquet, vicario general, nos han expresado, por lo contrario, su vivo pesar al ver desaparecer este peri\u00f3dico que juzgaban necesario para la de\u00adfensa de la religi\u00f3n. Razones de delicadeza no nos han permitido decir qu\u00e9 altas simpat\u00edas encontr\u00e1bamos en una parte del episco\u00adpado. Mas <i>si yo cre\u00eda poder equivocarme en pol\u00edtica, no tem\u00eda extraviarme en materia de religi\u00f3n, <\/i>pues ten\u00edamos de asesores hom\u00adbres como el Padre Maret, el Padre Gerbet, el Padre Lacordaire, quien, al dejar de colaborar, jam\u00e1s ha cesado de alentarnos con sus votos y ayudarnos con sus consejos\u00bb<span id='easy-footnote-4-128632' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-22\/#easy-footnote-bottom-4-128632' title='Uno de esos tres, es cierto, el Padre Maret, que se. convirti\u00f3 en Monse\u00f1or Maret, decano de la Sorbona, mucho tiempo despu\u00e9s, en 1870, en v\u00edsperas del concilio&lt;sup&gt;\u00a1&lt;\/sup&gt;del Vaticano, err\u00f3 sobre el tema de la Constituci\u00f3n de la Iglesia en dos vol\u00famenes in\u00adtitulados: &lt;i&gt;Del concilio general y de la paz religiosa. &lt;\/i&gt;Mas cuando le se\u00f1alaron su error, se apresur\u00f3 a retirar valientemente su obra y someterse a la Santa Sede con una obediencia que Monse\u00f1or Pie declar\u00f3 entonces \u00abmuy entera, muy honorable, muy circunstanciada\u00bb.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p><i>La Nueva Era <\/i>acababa de derrumbarse en los \u00faltimos d\u00edas de la Cuaresma. Ozanam qued\u00f3 lastimado, mas no aplastado por esa ca\u00edda. Cuando escribe a su madre pol\u00edtica, el s\u00e1bado santo, le dice la dulzura que su fatiga y su tristeza encuentran esa semana en la sociedad familiar de Jes\u00fas y en la espera de su divina visita: \u00ab\u00a1Oh mi querida madre, despu\u00e9s de las penas, las batallas y las derrotas de la vida, cu\u00e1n consolador es tener estos breves momentos de des\u00adcanso en el hombro del Salvador, como San Juan! Cuando se tiene la cabeza atiborrada, el coraz\u00f3n amargado con discusiones y sin\u00adsabores, al salir de las rivalidades de los hombres y del contacto de las malas pasiones, aspira uno a la paz de estos d\u00edas santos!<\/p>\n<p>Qu\u00e9 sosiego encontrarse a los pies del buen maestro que nos es\u00adpera ma\u00f1ana por la ma\u00f1ana!\u00bb<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de ese gran sacrificio hecho a la paz, vemos a Ozanam dar apresuradamente las dos manos a los amigos lyoneses de quie\u00adnes lo separan las opiniones, dej\u00e1ndose ver \u00e9l mismo menos cate\u00adg\u00f3rico en las suyas: \u00abLo cierto es, querido amigo \u2014escribe al se\u00f1or Dugas\u2014 que la divina Providencia no nos ha entregado a\u00fan el secreto de ese formidable a\u00f1o de 1848; que los mejores esp\u00edritus pueden extraviarse y que la decisi\u00f3n m\u00e1s juiciosa entre cristianos es no odiarse por asuntos tan controvertibles\u00bb.<\/p>\n<p>Al ver las ri\u00f1as pol\u00edticas entre el presidente y la Asamblea, su primera confianza parece delimitada. \u00abSi este es el t\u00e9rmino al que Dios conduce al mundo \u2014escribe a la misma persona\u2014 confieso que lo lleva por \u00e1speros caminos ; y si sigo creyendo en la demo\u00adcracia, es a pesar de unos excesos que bien ser\u00edan capaces de as\u00adquear a la gente de bien\u00bb.<\/p>\n<p>En la misma p\u00e1gina, habla de las oscuridades del asunto: \u00abEn cuanto a m\u00ed, frente a las formidables preguntas que nos plantea la providencia y a las oscuridades que nos rodean, no comprendo que, por haberlas comprendido y resuelto de modo diferente, se enfr\u00ede uno y se separe&#8230; Nunca he podido prescindir de mis ami\u00adgos; pero su recuerdo se ha vuelto ahora infinitamente valioso, desde que las revoluciones separan a tantas personas que se hab\u00edan querido\u00bb.<\/p>\n<p>All\u00ed tambi\u00e9n, Ozanam se felicita de haber abandonado el te\u00adrreno de la pol\u00edtica militante para penetrar en la esfera m\u00e1s serena de los estudios de la que ya no quiere salir: \u00abEs preciso \u2014dice\u2014que sepan en Lyon que las agitaciones pol\u00edticas en las que me cre\u00adyeron enfrascado no me arrebataron el objeto predilecto de mis estudios, es decir todo lo que puede apresurar la alianza completa de la ciencia y de la religi\u00f3n. \u00a1Ay! Esa reconciliaci\u00f3n nunca fue m\u00e1s necesaria que ahora, pues la paz no se establecer\u00e1 en los ne\u00adgocios sino despu\u00e9s de establecerse en las ideas. \u00a1Cu\u00e1nta irrita\u00adci\u00f3n! \u00a1Cu\u00e1ntos implacables resentimientos en torno nuestro! \u00a1Ah! es tiempo que Dios derrame su luz en ese caos\u00bb.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, al acercarse la temporada de las vacaciones, Oza\u00adnam, muy cansado, recibi\u00f3 de los m\u00e9dicos la orden urgente de ir a respirar aire de monta\u00f1as, con la consigna de vivir alejado de toda preocupaci\u00f3n pol\u00edtica. Estaba todav\u00eda all\u00ed el 20 de octubre cuando escribi\u00f3 lo siguiente a su amigo Dufieux, redactor de la <i>Gaceta <\/i>de Lyon, a quien acababa de ver en esa ciudad: \u00abMe pro\u00adpone usted una cuesti\u00f3n pol\u00edtica en que tendr\u00e9 buen cuidado de no meterme ahora, pues la Facultad de Medicina ha decidido que, hasta nueva order}, la pol\u00edtica no forme parte de mi r\u00e9gimen\u00bb.<\/p>\n<p>A su paso por Lyon, hab\u00eda reanudado su c\u00e1lida amistad con sus antiguos compa\u00f1eros: \u00abEs lo que hizo el encanto de mi viaje \u2014es\u00adcribe a Janmot\u2014. Mi buen amigo, rep\u00edtelo a nuestros amigos lyo\u00adneses ; el recuerdo de vuestra buena acogida no se apartar\u00e1 de m\u00ed: me sostendr\u00e1 en mi trabajo y en esas horas de tristeza que con de\u00admasiada frecuencia lo acompa\u00f1an. Sin embargo, cre\u00eda que ten\u00eda una idea y acaso algo qu\u00e9 hacer en este mundo. Me temo mucho haberme equivocado. Qui\u00e9n sabe si Dios no humilla y castiga esa ambici\u00f3n al retirarme la salud y al obligarme a reconocer dema\u00adsiado tarde que no soy nada y que hab\u00eda presumido demasiado de mis fuerzas\u00bb. Esos amigos cerca de los cuales viene a buscar calor su coraz\u00f3n son entre otros: La Perri\u00e8re, Arthaud, Genin, Velay, Laprade, el poeta cat\u00f3lico y futuro miembro de la Aca\u00addemia francesa; pero concediendo siempre al Padre Noirot el pri\u00admer lugar.<\/p>\n<p>S\u00e9 encontraba en Ferney, en casa de un t\u00edo de su mujer; \u00abpero tan ajeno a los asuntos p\u00fablicos que sal\u00eda de ellos absolutamente como si volviera de China. Ante esas admirables monta\u00f1as que limitan nuestro horizonte, las disputas de los hombres me parecen muy peque\u00f1as; y no puedo concebir que muestren tanto empe\u00f1o en desgarrarse, en vez de gozar de las obras de Dios\u00bb. S\u00f3lo le des\u00adagrada respirar a la sombra de los \u00e1rboles de Voltaire y a dos pasos de la ciudad de Calvino.<\/p>\n<p>Se consol\u00f3 de Calvino al encontrar en Ginebra una conferencia de San Vicente de Paul, establecida por el doctor Dufresne, yerno del se\u00f1or Foisset. La conferencia recuerda a\u00fan la vibrante alocu\u00adci\u00f3n que dirigi\u00f3 a los cofrades de entonces. Trat\u00f3 principalmente de San Francisco de Sales.<\/p>\n<p>Una carta que lo convocaba a una reuni\u00f3n de la Facultad para dar un sucesor al se\u00f1or Guizot vino a interrumpir su estancia en Ferney: \u00abMi presencia pod\u00eda decidir la candidatura de mi amigo Wallon. Fuera de la amistad, se trataba de poner a un cat\u00f3lico, que era al mismo tiempo un excelente profesor, en la c\u00e1tedra de historia moderna. Mi deber era, pues, salir de viaje sin regresar a Lyon, por el camino m\u00e1s corto. El jueves, estaba yo en Par\u00eds. Al d\u00eda siguiente, elegimos a Wallon\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando, a su regreso, se le pidi\u00f3 a Ozanam que volviera a ocu\u00adpar su puesto de combate en la redacci\u00f3n de un nuevo peri\u00f3dico, <i>El Admonitor religioso, <\/i>en colaboraci\u00f3n con el Padre Gerbet y bajo el patrocinio del Se\u00f1or Arzobispo, Ozanam rehus\u00f3, fuera de uno que otro art\u00edculo de cuando en cuando: \u00abNo cre\u00e1is \u2014escrib\u00eda\u2014que vuelvo al periodismo, cuyas espinas conoc\u00ed. En efecto, el tiem\u00adpo actual nada tiene de lisonjero para que yo abandone mis b\u00e1r\u00adbaros y mis Padres de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>El 2 de diciembre de 1851, la Rep\u00fablica pas\u00f3 a mejor vida. No la substitu\u00eda la monarqu\u00eda absolutista, sino el imperio autocr\u00e1\u00adtico. Montalembert no hab\u00eda esperado esa cat\u00e1strofe para desli\u00adgarse del hombre a quien llamaba \u00absu pr\u00edncipe\u00bb; y para volver con su amigo. As\u00ed lo escribir\u00e1 a la se\u00f1ora de Ozanam, poco despu\u00e9s de la muerte de su marido: \u00abUna apreciaci\u00f3n discrepante de los desastres de 1848 nos hab\u00eda separado un momento, sin convertirnos en enemigos; pero gracias a los acontecimientos que vinieron a ilu\u00adminarnos mutuamente, nos encontramos y acercamos instintiva\u00admente. Me sent\u00eda, como anta\u00f1o, de acuerdo con \u00e9l en todo\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed termin\u00f3 <i>La nueva Era, <\/i>despu\u00e9s de s\u00f3lo doce meses de una breve pero brillante existencia. \u00abHab\u00eda dado \u2014se escribi\u00f3 de ella\u2014 un \u00f3rgano elocuente al <i>partido de la confianza, <\/i>y una direcci\u00f3n a los cristianos que no quer\u00edan desesperar de una situaci\u00f3n peligrosa y que trataban de asegurar el lugar de la Iglesia en el triunfo de la democracia. Mal comprendida por unos, atacada por peri\u00f3dicos exagerados, frustrada por acontecimientos que no tardaron en dar una ventaja al desorden y despu\u00e9s a la fuerza, la empresa de un pu\u00f1ado de cristianos generosos que no quer\u00edan resignarse a una u otra cosa no pod\u00eda durar. Mas en tiempos tan dif\u00edciles dio valor a muchos y puso de manifiesto ideas verdaderas, audaces y \u00fatiles\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam puso en tal empresa toda su fe y toda su caridad: su fe en Dios y su caridad hacia el pueblo. \u00bfNo mezcl\u00f3 en todo ello sus ilusiones que confundi\u00f3 con sus esperanzas? \u00bfNo era una ilusi\u00f3n, en primer lugar, asemejar a las razas nuevas y convertibles que ig\u00adnoraban a Jesucristo con la barbarie de las masas modernas que lo renegaron para volver al paganismo de las creencias y de las cos\u00adtumbres? \u00bfNo era acaso otra ilusi\u00f3n creer que eran lo bastante maduras y conscientes del deber pol\u00edtico, al colocar en sus manos el instrumento de doble filo que es el sufragio universal? Pudo ver el uso que esas masas hicieron de ese derecho. \u00bfNo se hab\u00eda forjado otra ilusi\u00f3n al identificar esas dos cosas tan disociables entre s\u00ed: la rep\u00fablica y la libertad? Ilusiones generosas; pero tambi\u00e9n ilusiones peligrosas. Es preciso disculparlo, puesto que \u00e9l no hab\u00eda visto lo qu\u00e9 nosotros hemos visto desde entonces; y la historia habr\u00e1 de reconocer el m\u00e9rito de sus intenciones y de sus esfuerzos, lo mismo que Dios, seg\u00fan espero, le habr\u00e1 concedido su recompensa.<\/p>\n<p>Ahora que, de acuerdo con la convicci\u00f3n y la predicci\u00f3n de Ozanam, el r\u00e9gimen democr\u00e1tico ha vuelto a prevalecer y que de nuevo ha regresado la rep\u00fablica, no como una libertad, sino como la peor tiran\u00eda, ya no honrada y respetuosa, sino corruptora e imp\u00eda, y en resumidas cuentas desastrosa \u00bfqu\u00e9 reflexiones y qu\u00e9 leccio\u00adnes podemos sacar del democratismo y del republicanismo cris= tiano de Ozanam, que defendi\u00f3 en <i>La Nueva Era, <\/i>y de los hombres honorables y amigos del pueblo que constituyeron dos a\u00f1os aquel noble partido de la confianza?<\/p>\n<p>Esta en primer lugar: que fue un bien y una cosa provechosa que en determinada hora y aunque s\u00f3lo fuese durante una hora, sinceros amig\u00f3s del pueblo, hombres de coraz\u00f3n, hombres de bien hayan presentado a Francia el ideal y el proyecto de una rep\u00fablica formada de juiciosas libertades y virtudes, de honradez y de fe, y que esos verdaderos amigos del pueblo hayan sido a la vez y su\u00adperlativamente grandes servidores de Dios.<\/p>\n<p>Luego esta otra, que se nos da por el contraste con la actuali- dad: que no hay ni habr\u00e1 jam\u00e1s rep\u00fablica posible, moral y por lo mismo habitable y durable fuera de \u00e9sa, si alguna vez se encuentra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XXII: La Nueva Era La pacificaci\u00f3n.\u2014\u00bbA la gente de bien\u00bb.\u2014Miseria, causas, remedios.\u2014La re\u00adp\u00fablica. 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