{"id":128628,"date":"2016-09-07T12:00:35","date_gmt":"2016-09-07T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=128628"},"modified":"2016-08-06T07:36:54","modified_gmt":"2016-08-06T05:36:54","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-16","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-16\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 16"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo XVI: Maestro y disc\u00edpulos<\/h2>\n<p><i>Colegio Estanislao.\u2014Sorbona.\u2014Estudiantes.\u2014Ex\u00e1menes.\u2014El Circulo.\u2014Las Conferencias de Par\u00eds.\u2014La Pol\u00e9mica Religiosa.\u2014Recuerdos y Resoluciones.<\/i><\/p>\n<p>1841-1843<\/p>\n<p>Desde principios de 1842, Federico Ozanam y su esposa, domici\u00adliados en Par\u00eds, hab\u00edan alquilado primero un modesto pero tran\u00adquilo departamento en la calle de Grenelle-Saint-Germain. Cuando se volvi\u00f3 inhabitable en la estaci\u00f3n caliente, su amigo, el se\u00f1or Bailly, les consigui\u00f3 otro mejor, con jard\u00edn, en la calle de Fleurus, muy cerca del Luxemburgo, cuyas verdes avenidas abr\u00edan ante sus ventanas amplios y amenos espacios. A Ozanam le pareci\u00f3 un pa\u00adlacio. Se hab\u00eda construido la mansi\u00f3n para Murat, el futuro rey de N\u00e1poles; luego hab\u00eda alojado al pr\u00edncipe de Clermont Tonnerre, hasta que pas\u00f3 a ser propiedad del se\u00f1or Bailly que se sinti\u00f3 di\u00adchoso de rentar a la joven pareja amiga un departamento modesto, en uno de los pisos superiores. All\u00ed acabamos de ver a sus estudian\u00adtes de la Sorbona acompa\u00f1arlo al salir de su clase, en un majes\u00adtuoso cortejo.<\/p>\n<p>No eran sus \u00fanicos alumnos. Ozanam hab\u00eda aceptado dar, fuera de su curso, tres clases semanarias de literatura a los alumnos de \u00faltimo a\u00f1o del colegio Estanislao. En 1841, el director de esa es\u00adcuela se lo hab\u00eda pedido en, condiciones honorables que hab\u00edan de suplir a la modestia de sus recursos. Ese director era entonces el padre Gratry. Ten\u00eda treinta y cinco a\u00f1os de edad; y dif\u00edcilmente se hubieran podido imaginar dos inteligencias y dos corazones que simpatizaran y se avinieran mejor que esas dos almas de fil\u00f3sofos y escritores.<\/p>\n<p>Las primeras palabras de Ozanam a sus ret\u00f3ricos fueron las siguientes, en que se expresaban un respeto y una confianza mu\u00adtuos: \u00abNo os castigar\u00e9 nunca. Tengo el prop\u00f3sito de trataros como hombres, si encuentro aqu\u00ed hombres. En caso contrario, si tuviera que tratar con muchachos malcriados, no perder\u00eda mi tiempo y mi trabajo con vosotros\u00bb. Le tomaron la palabra, pues su respeto y su cari\u00f1o respondieron al suyo. Y de all\u00ed salieron hombres.<\/p>\n<p>El profesorado de Ozanam en Estanislao fue memorable. Uno de sus alumnos de entonces, y seguramente uno de los m\u00e1s ilustres y de los m\u00e1s dignos de \u00e9l, el se\u00f1or Caro, m\u00e1s tarde profesor de fi\u00adlosof\u00eda en la Sorbona y miembro de la Academia francesa, va a introducirnos en su clase:<\/p>\n<p>\u00abRecuerdo \u2014cuenta\u2014 como si fuera ayer el d\u00eda que lo vimos presentarse en su c\u00e1tedra. La primera impresi\u00f3n fue sobre todo de curiosidad y, debo decirlo, de una curiosidad un tanto burlona. Ozanam no ten\u00eda en su favor ni la belleza, ni la elegancia, ni la gracia. Su estatura era mediocre, su actitud torpe y sin soltura. Una vista sumamente d\u00e9bil y el pelo revuelto le daban una fiso\u00adnom\u00eda bastante extra\u00f1a. La malevolencia sonri\u00f3 primero; pero lue\u00adgo le sucedi\u00f3 la simpat\u00eda. No pod\u00eda uno-permanecer mucho tiempo insensible a la expresi\u00f3n de bondad transmitida por el coraz\u00f3n a trav\u00e9s de una m\u00e1scara un poco pesada, pero que no carec\u00eda de distinci\u00f3n. Unase a esto una sonrisa de una fineza sumamente in\u00adgeniosa; y en ciertos momentos el resplandor de la inteligencia en esa fisonom\u00eda transformada, como si se hubiese abierto para dejar pasar un rayo del alma. De buena ga\u00f1a se entregaba a esa franca alegr\u00eda del esp\u00edritu que descansa de austeros estudios, con una risa tan franca y tan natural, una broma tan agradable y chispeante, que era un deleite sorprenderlo en ese alegre abandono. Nosotros lo provoc\u00e1bamos a menudo; resist\u00eda primero, refugi\u00e1ndose en la severidad del deber y la gravedad de su ense\u00f1anza. A veces ced\u00eda. \u00a1Y entonces, hab\u00eda que o\u00edrlo! \u00a1Qu\u00e9 juventud en ese esp\u00edritu ya viejo por la ciencia! \u00a1Qu\u00e9 sutileza en su candor! C\u00e1ndido y sutil: tal era el contraste y el encanto de una naturaleza que hab\u00eda con\u00adservado la sencillez del coraz\u00f3n, en medio de la m\u00e1s refinada cul\u00adtura del esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n<p>A veces sus emociones lo conmov\u00edan hasta la ternura. Uno de sus alumnos recuerda que jam\u00e1s comentaba sin l\u00e1grimas la frase encantadora con que Bossuet alaba a la duquesa de Orl\u00e9ans: \u00ab\u00a1Fue dulce con la muerte!\u00bb \u00bfSer\u00eda un presentimiento de lo que hab\u00eda de ser la suya?<\/p>\n<p>La clase de Ozanam benefici\u00e1base con esas dotes. \u00abSin sombra de pedantismo, interesaba a todo el mundo en las cosas del estudio, impresion\u00e1ndonos por la raz\u00f3n, por la imaginaci\u00f3n y sobre todo por el arte que ten\u00eda de interrogar al alumno en forma tal que le daba la ilusi\u00f3n de haber encontrado lo que \u00e9l le mostraba. Esas formas variadas y dram\u00e1ticas daban vivo inter\u00e9s a sus clases y difund\u00edan en torno suyo una agitaci\u00f3n que, regulada y dirigida, se convert\u00eda en fecunda actividad. Las almas m\u00e1s est\u00e9riles y heladas se abr\u00edan a las impresiones de sus palabras; y hasta los colegiales mal encarados y groseros, los beocios del colegio, no entendiendo, se imaginaban que comprend\u00edan, lo cual es ya un progreso. As\u00ed elevaba suavemente a su nivel a los j\u00f3venes, alentando los esfuerzos aun de los menos bien dotados, con tal que fuesen animosos: Oza\u00adnam adoraba la buena voluntad\u00bb.<\/p>\n<p>Citan a un joven esp\u00edritu, muy trabajador que, a pesar de sus esfuerzos, segu\u00eda estancado en la \u00faltima mitad de la clase. Ozanam, convertido en maestro suyo, lo tom\u00f3 aparte y se esforz\u00f3, a duras penas, en explicarle muchas cosas. Sorprendido de comprender, conmovido y conquistado por tanta condescendencia, el muchacho, un d\u00eda, le mand\u00f3 entregar en la puerta esta nota agradecida, de una l\u00ednea: \u00abLe juro que har\u00e9 lo imposible para demostrarle mi gratitud\u00bb. Cumpli\u00f3 con su palabra. Al terminar el a\u00f1o, obtuvo un primer premio en el gran concurso. \u00a1Luego, fue miembro del Instituto!<\/p>\n<p>Durante sus dieciocho meses de profesorado en el colegio Esta= nislao, Ozanam nunca tuvo que reprender a ninguno de sus alum\u00adnos. Lo veneraban tanto como lo amaban. Una vez que el maestro, sufriendo de un resfriado, se present\u00f3 a pesar de esto para dar su clase, con la cara tumefacta, con la cabeza envuelta en pa\u00f1os, un gracioso tuvo el mal coraz\u00f3n de hacer una broma que pag\u00f3 inme\u00addiatamente. Sus compa\u00f1eros lo echaron fuera de la clase, aun an\u00adtes de que el maestro tuviera tiempo de notar lo ocurrido.<\/p>\n<p>Hasta entonces el colegio, mediocremente cotizado en el concur\u00adso general, obten\u00eda poco o ning\u00fan \u00e9xito. Al terminar ese a\u00f1o esco\u00adlar, la clase de ret\u00f3rica fue premiada con varias coronas. Sucedi\u00f3 al mismo tiempo que no pocos alumnos de Ozanam pidieron como un favor cursar un segundo a\u00f1o de ret\u00f3rica con \u00e9l.<\/p>\n<p>Nunca obtuvo profesor a tal grado esa atenci\u00f3n religiosa a la que se ha llamado aplauso silencioso.<\/p>\n<p>\u00abPero al correr de los a\u00f1os \u2014escribe tambi\u00e9n Caro\u2014 los anti\u00adguos alumnos de Ozanam, convertidos en estudiantes, fueron casi todos ellos sus amigos. Jam\u00e1s he conocido maestro m\u00e1s amado. La juventud lo buscaba por inevitables simpat\u00edas; y esas simpat\u00edas, por ambos lados, eran fieles. No se resolv\u00eda uno a prescindir de \u00e9l despu\u00e9s que lo hab\u00eda conocido\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de Caro, que lo dice todo en el pasaje citado antes, ser\u00eda preciso o\u00edr tambi\u00e9n al se\u00f1or Heinrich, que fue m\u00e1s tarde el Ozanam de la facultad de Lyon, al se\u00f1or Nourrisson, el fil\u00f3sofo cristiano del colegio Estanislao, del Instituto, del Colegio de Fran\u00adcia, para quien Ozanam sigui\u00f3 siendo hasta el fin un consolador y un modelo.<\/p>\n<p>Muy diferente de esto era un oyente de los primeros cursos, Er\u00adnesto Renan, que habla as\u00ed de ellos en sus papeles de Juventud: \u00abNunca salgo de su lecci\u00f3n, sin sentirme m\u00e1s fuerte, m\u00e1s decidido, m\u00e1s valiente y dispuesto a emprender la conquista del porvenir\u00bb. Escrib\u00eda a su buena madre de Breta\u00f1a: \u00abEl curso del se\u00f1or Oza\u00adnam es la apolog\u00eda constante de todo lo que hay de m\u00e1s respetable\u00bb. M\u00e1s tarde, el mismo hombre habr\u00e1 de . exclamar: \u00ab\u00a1Ozanam! \u00a1Ah, c\u00f3mo lo am\u00e1bamos! \u00a1Ou\u00e9 bella alma!\u00bb<\/p>\n<p>Otro de sus oyentes, un normalista, Pr\u00e9vost Paradol, habiendo pasado con Ozanam su examen de licencia, sucumbi\u00f3, \u00e9l que era tan esc\u00e9ptico, al encanto de ese feliz creyente. Lo llor\u00f3; y cuando, escribiendo sus melanc\u00f3licas p\u00e1ginas sobre <i>La enfermedad y la muerte, <\/i>tuvo que citar el ejemplo de una muerte transfigurada por la esperanza, de la inmortalidad, Ozanam es el que se lo propor\u00adciona. \u00abPara morir como muri\u00f3 Ozanam hace poco entre nos\u00adotros, no se requiere su inteligencia delicada y culta, ni su alma generosa. Sus m\u00e1s humildes hermanos lo imitan sin trabajo ese d\u00eda, porque lo han imitado todos los d\u00edas; y la vista bien ejercitada del cristiano no necesita ser penetrante para contemplar, en lugar de la muerte, los cielos abiertos de par en par\u00bb.<\/p>\n<p>Otro joven licenciado de la misma hornada, &#8216;el Padre Goux, tolosano, alumno de la reciente Escuela de los Carmelitas de Par\u00eds, sinti\u00f3 suficiente confianza para ir a consultar al maestro sobre las tesis de doctorado que estaba preparando. Ozanam lo recibi\u00f3 con el mayor gusto. Ni la comida que urg\u00eda, ni los reiterados llamados que le hizo la criada, ni la discreci\u00f3n del estudiante que se levant\u00f3 varias veces para retirarse, lograron vencer esa insistente caridad: \u00abSi\u00e9ntese usted, por favor; sinceramente me apena usted al dejar\u00adme tan pronto\u00bb. Cierto es que las tesis cuyo tema somet\u00eda el estu\u00addiante a Ozanam eran, una de ellas: <i>L\u00e9rins en el siglo V <\/i>y la otra:<\/p>\n<p><i>De Divi Thomae sermonibus. <\/i>Ese candidato al doctorado en le\u00adtras, siendo ya obispo de Versalles, se complac\u00eda en recordar esa rara bondad de la que dec\u00eda: \u00ab,Jam\u00e1s olvidar\u00e9 la bondad con que E me recibi\u00f3 el se\u00f1or Ozanam. n otras ocasiones, he encontrado cortes\u00eda ; pero en \u00e9l era pura caridad cristiana: yo era para \u00e9l un desconocido y jam\u00e1s volver\u00eda a verlo; y sin embargo me trat\u00f3 como a un amigo, como a un hermano\u00bb.<\/p>\n<p>Alumno tambi\u00e9n de esa escuela de los Carmelitas, el cardenal Lavigerie escribir\u00e1 un d\u00eda a la viuda de Ozanam: \u00abTengo el gusto, se\u00f1ora, de transmitirle las bendiciones de Le\u00f3n XIII y de pagar as\u00ed, en una \u00ednfima parte, mi deuda de gratitud con el hombre ilustre y bueno que no desde\u00f1\u00f3 concederme su direcci\u00f3n y su patrocinio en los d\u00edas ya lejanos en que afrontaba yo el doctorado de la Fa\u00adcultad de letras de Par\u00eds, sin pensar que esas palmas que me ven\u00edan de \u00e9l, habr\u00eda de llevarlas un d\u00eda a nuestros desiertos africanos\u00bb.<\/p>\n<p>Todos los d\u00edas de la semana, exceptuados los de la lecci\u00f3n, de ocho a diez de la ma\u00f1ana, Ozanam estaba a la disposici\u00f3n de los estudiantes. Llenaban su antesala, como la de un ministro. Los re\u00adcib\u00eda con amabilidad, charlaba largo tiempo con ellos de todo cuanto les concern\u00eda, como si no tuviese otra cosa que pensar y ha\u00adcer. Y aunque esto fuese como arrancarlo vivo a sus m\u00e1s queridos amores, no mostraba impaciencia ni pesar.<\/p>\n<p>No puedo poner entre los estudiantes de Ozanam a los candi\u00addatos a los grados acad\u00e9micos que, varias veces por a\u00f1o, nombrado por el gobierno, ten\u00eda que examinar en Par\u00eds o en provincia. Es\u00adpecialmente en los ex\u00e1menes de bachillerato, su paciencia tuvo que pasar por dura prueba: \u00abEstoy abrumado de ex\u00e1menes de bachi\u00adllerato, de licencia, de doctorado. Ya es muy largo pasar d\u00edas en\u00adteros haciendo preguntas y recibiendo respuestas. M\u00e1s largo a\u00fan es recibir a los candidatos, a sus padres y sus madres, que vienen a pedir consejos y benevolencia; a los hijos que me traen para que se acostumbren a mi aspecto; y a los que vuelven despu\u00e9s para conocer las causas de su fracaso y el modo de repararlo; sin contar a los padres que se enojan, defienden denodadamente los contra\u00adsentidos de la versi\u00f3n y ponen el grito en el cielo contra la injusticia y la dureza de los examinadores\u00bb.<\/p>\n<p>Se represent\u00f3 varias veces en esas cartas \u00absentado a esa dichosa mesa verde, entre la pregunta de griego y de matem\u00e1ticas, entre los profesores que bostezan y los candidatos que se turban, mientras le llega su turno de interrogar sobre historia, literatura, geograf\u00eda, recorriendo toda la tierra y todos los siglos\u00bb, dice. \u00a1Y qu\u00e9 respuestas le hacen a veces! Que juzgue el lector: \u2014\u00bb Cu\u00e1l fue la asamblea que precedi\u00f3 a la de los Estados generales de 1789?\u00bb El auditorio murmura. \u00ab\u00a1Los notables!\u00bb El candidato responde: \u00abSe\u00f1or, fue la asamblea de los notarios\u00bb. El examinador observa: \u00abSabr\u00e1 usted mejor la historia del siglo de Luis XIV. \u00bfC\u00f3mo se llamaba el su\u00adperintendente de finanzas c\u00e9lebre por sus desgracias?\u00bb El auditorio sopla: \u00abFouquet\u00bb. El candidato repite: \u00abSe\u00f1or, se llamaba Fould\u00bb. Otro le revela que Montesquieu fue un gran obispo. Ozanam con\u00adfiesa que de sorpresa se le cay\u00f3 la pluma de los dedos.<\/p>\n<p>Como examinador, Ozanam era severo; particularmente severo con los candidatos en quienes se interesaba, m\u00e1s severo a\u00fan con los eclesi\u00e1sticos, por tener \u00e9stos, m\u00e1s a\u00fan que los dem\u00e1s, que dar el ejemplo del saber. A un joven seminarista, reprobado en el exa\u00admen, que hab\u00eda ido a preguntarle el motivo de su fracaso, Ozanam lo recibi\u00f3 con la mayor bondad y le se\u00f1al\u00f3 una por una las faltas de su composici\u00f3n. Luego, bruscamente y con severidad: \u00abPadre, el h\u00e1bito que lleva usted nos permite y hasta nos manda que sea\u00admos m\u00e1s exigentes. Cuando tiene uno el honor de aspirar al sacer\u00addocio, no se expone a comprometer su dignidad con semejante fracaso. Nobleza obliga\u00bb.<\/p>\n<p>El se\u00f1or M\u00e1ximo de Montrond cuenta c\u00f3mo, en cambio, nunca dejaba pasar impunemente, en los ex\u00e1menes, una ofensa cualquiera a la religi\u00f3n y _ a la Iglesia: \u00abUn d\u00eda, un joven italiano, librepen\u00adsador, candidato a la licencia, hab\u00eda seducido al jurado con la abundante facilidad y distinci\u00f3n de su palabra. Cuando lleg\u00f3 el turno de Ozanam de interrogarlo \u00a1Se\u00f1or \u2014le dijo con voz firme y conmovida\u2014, reconozco su talento; pero no puedo admirar su saber. Ha violentado usted a los Padres de la Iglesia al acusarlos de haber detenido la civilizaci\u00f3n. Est\u00e1 en un error, se\u00f1or; mucho m\u00e1s cierto hubiera sido decir, por lo contrario, que aceleraron su marcha!\u00bb <i>Aprobaci\u00f3n general.<\/i><\/p>\n<p>Ozanam volvi\u00f3 a encontrar gran n\u00famero de sus estudiantes en el <i>C\u00edrculo cat\u00f3lico. <\/i>All\u00ed empezaban a organizarse, con el nombre de Conferencias, reuniones privadas en que hombres religiosos y sabios trataban temas de estudios diversos, y se les escuchaba, me\u00adjor que en cualquier parte, con la serenidad y la dignidad que convienen a las cosas del esp\u00edritu. Ozanam acept\u00f3 presidir la con\u00adferencia de literatura. \u00bfNo estaba preparado ya por la conferencia de historia y de filosof\u00eda que, junto con el se\u00f1or Bailly, hab\u00eda or\u00adganizado veinte a\u00f1os antes, en Par\u00eds? No poseemos los discursos improvisados que el presidente del c\u00edrculo dirig\u00eda a la juventud. S\u00f3lo vemos que exhortaba ante todo a los estudiantes al trabajo que correspond\u00eda a su edad, es decir al estudio. Les dec\u00eda, por ejem\u00adplo: \u00abEn la actualidad, no trabajamos. Siete u ocho horas diarias dedicadas a la ciencia causan a nuestros amigos serias inquietudes por nuestra miserable salud. Sepamos, sin embargo, que la fe no nos exime de la investigaci\u00f3n estudiosa, del cansancio y de los des\u00advelos. El trabajo, castigo de la ca\u00edda, se ha vuelto la ley de la regeneraci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Y en el C\u00edrculo cat\u00f3lico dice tambi\u00e9n a la \u00e9lite letrada de la juventud de Par\u00eds: \u00abTomad en serio, se\u00f1ores, lo que nuestros ma\u00adyores llamaban modestamente el oficio de las letras. Ahondad, tra\u00adbajad la ciencia. Dios est\u00e1 en el fondo de la ciencia; pero quiere que se le busque para poner a prueba el amor y permite que se le encuentre para no desesperarlo. j\u00f3venes, el camino de la ciencia es largo; s\u00f3lo estamos al principio; pero, si no logr\u00e1ramos ver el fin de nuestras investigaciones, cuando menos habremos indicado la meta a otros que la alcanzar\u00e1n. Se regocijar\u00e1n de su triunfo; y la gloria ser\u00e1 para la Providencia\u00bb.<\/p>\n<p>Fuera del c\u00edrculo, Ozanam dirig\u00eda la. juventud hacia otras reu\u00adniones, m\u00e1s elevadas. Tales eran los retiros preparatorios para la Comuni\u00f3n Pascual que en esos mismos a\u00f1os, en la Semana Santa de 1842, el Padre de Ravignan acababa de inaugurar en Nuestra Se\u00f1ora. \u00abDesde el lunes pasado \u2014escribe a su hermano menor\u2014cada noche, m\u00e1s de seis mil hombres asisten al retiro predicado por el Padre de Ravignan. Es imposible escuchar algo m\u00e1s elevado, m\u00e1s s\u00f3lido que esos discursos; sobre todo no se pod\u00eda ver nada m\u00e1s bello que la asamblea&#8230; Hoy, una comuni\u00f3n general de los hom\u00adbres acaba de coronar esos piadosos ejercicios: nuestras apretadas filas atestaban la nave central, dos veces m\u00e1s larga que la de San Juan de Lyon. Hab\u00eda nobles y ricos personajes, cubiertos de con\u00addecoraciones; y a su lado, pobres con su traje de obreros, militares, alumnos de la escuela normal y de la escuela polit\u00e9cnica, ni\u00f1os;<i> pero sobre todo estudiantes en gran n\u00famero. <\/i>Despu\u00e9s de la comu\u00adni\u00f3n, dada por dos sacerdotes y que dur\u00f3 una hora, llen\u00f3 las b\u00f3\u00advedas un magn\u00edfico <i>Te Deum, y <\/i>nos separamos profundamente conmovidos\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, de costumbre, aun despu\u00e9s del santo c\u00e1ntico, la tarea no hab\u00eda terminado para Ozanam. Lo que calla su carta, pero que su hermano nos dice, es que al salir de Nuestra Se\u00f1ora, lleno todav\u00eda con la presencia de jesucristo, el piadoso comulgante, antes de regresar a su casa, nunca dejaba de visitar a sus pobres de la conferencia, para devolver as\u00ed a Nuestro Se\u00f1or, en sus miem\u00adbros dolientes, la visita que acababa de recibir en la Eucarist\u00eda. As\u00ed se complaci\u00f3 toda su vida en coronar esa ma\u00f1ana solemne. En tal forma, terminaba su acci\u00f3n de gracias.<\/p>\n<p>Los pobres, la caridad, la Conferencia de San Vicente de Paul eran otras citas del maestro y de los disc\u00edpulos. De esto tambi\u00e9n se regocijaba con su hermano menor, Carlos, que ya hab\u00eda entrado en la Conferencia de Lyon y que aspiraba, gracias a \u00e9l, a la de Par\u00eds: \u00abLa Sociedad de San Vicente de Paul te reserva, mi buen hermano, los goces de piadosa fraternidad que yo encontr\u00e9 en ella, tan abundantes y dulces. No s\u00e9 por qu\u00e9 me siento tan feliz y orgu\u00adlloso al ver que has entrado en ella. Es un v\u00ednculo m\u00e1s entre nos\u00adotros. Demos gracias, pues, a la Divina Providencia, amigo m\u00edo, de que nos haya permitido entrar a ti y a m\u00ed en esa joven y crecien\u00adte familia, quiz\u00e1s destinada a regenerar a Francia, al preparar en todas las profesiones liberales, en la ciencia y en las artes, nuevos reclutas cristianos. Debes dedicarte con alegre abnegaci\u00f3n a esas obras colocadas bajo el patrocinio de un santo tan bueno y que han recibido de la Providencia tan incre\u00edbles bendiciones\u00bb.<\/p>\n<p>Desde el 28 de febrero de 1842, Ozanam, que hab\u00eda regresado hac\u00eda tres meses a Par\u00eds, tuvo la alegr\u00eda de asistir a una de las cua\u00adtro asambleas plenarias anuales de la sociedad.<\/p>\n<p>Hab\u00eda, ese d\u00eda, 600 j\u00f3venes, tantos como pod\u00eda contener el am\u00adplio anfiteatro, \u00abreunidos, seg\u00fan se expresa, para charlar juntos del poco bien realizado ya y del mucho a\u00fan por realizar\u00bb. El encargado de informar a la sesi\u00f3n present\u00f3 el estado general de la obra: 2,000 cofrades de Par\u00eds y de la provincia; 1,500 familias socorridas en Par\u00eds; <i>una casa paternal, un patronato de aprendices&#8230; Y <\/i>los be\u00adneficios sin n\u00famero de una misericordia espiritual menos aparente, pero a\u00fan m\u00e1s eficaz que la otra.<\/p>\n<p>\u00abMas \u2014a\u00f1ade Ozanam\u2014 el relator no insisti\u00f3 lo bastante en la maravilla de esa comunidad de creencias y de obras, que prepa\u00adra en un pr\u00f3ximo porvenir a una generaci\u00f3n nueva que, en la cien\u00adcia, las artes y la industria, en la administraci\u00f3n, en la universidad, en la magistratura, en la abogac\u00eda, llevar\u00e1 la determinaci\u00f3n un\u00e1ni\u00adme de moralizar al pa\u00eds y de hacerse mejor ella misma para hacer m\u00e1s felices a los dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>Tres meses despu\u00e9s, el primer domingo de mayo, en la iglesia de San Vicente de. Paul, en la calle de S\u00e8vres, en torno del altar y ante el arca del glorioso ap\u00f3stol de la caridad, Ozanam fue a re\u00adcibir la santa comuni\u00f3n, acompa\u00f1ado de las diputaciones de las 25 conferencias de Par\u00eds. Luego, en el coro, antiguos misioneros lejanos, confesores de la fe; y en las tribunas, la doble y triple fila de las blancas cofias de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Por la noche, en el anfiteatro ordinario de las reuniones, Oza\u00adnam habl\u00f3 de las inundaciones del R\u00f3dano. El Prefecto se hab\u00eda puesto de acuerdo con el Arzobispo para encargar a la Sociedad que repartiera auxilios en el arrabal de Vaise, el m\u00e1s asolado por las aguas. Las conferencias de Lyon hab\u00edan distribuido seiscientos mil francos en siete meses a las familias afectadas.<\/p>\n<p>El patriarca de Antioqu\u00eda, presidente de la asamblea, anciano de blanca barba, alzaba los brazos al cielo: \u00bb \u00a1Esta es la Francia tan calumniada, la juventud tan injustamente juzgada!\u00bb Despu\u00e9s de bendecir a la muchedumbre, al terminar la sesi\u00f3n, mucho tiem\u00adpo la plaza qued\u00f3 cubierta de grupos amigos que cambiaban entre s\u00ed palabras alentadoras<span id='easy-footnote-1-128628' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-16\/#easy-footnote-bottom-1-128628' title='Las nuevas conferencias, desde 1835, en el orden cronol\u00f3gico de su fundaci\u00f3n eran en Par\u00eds: Saint-Merry, Saint-Roch, Saint-Nicolas-des-Champs, Saint-Germain-des-Pr\u00e9s, San Francisco Javier de las Misiones, Saint-S\u00e9verin, Saint-Louis d&amp;#8217;Antin, Saint-M\u00e9dard, Saint-Nicolas-du-Chardonnet, Nuestra Se\u00f1ora de las Victorias, Santa Margarita, Nuestra Se\u00f1ora de l&amp;#8217;Abbaye-aux-Bois, Saint-Jacques-du Haut-Pas, Saint-Germain-l&amp;#8217;Auxerrois, Sainte-Val\u00e9rie, Saint-Gervais, San Vicente de Paul, Santo Tom\u00e1s de Aquino, Saint-Pierre de Chaillot, Sainte-Marie des Batignolles, Saint-Denis du Saint-Sacrement, San Eusta\u00adquio, les Quinze-Vingts (los Quince Veinte), Saint-Lambert de Vaugirard, San Juan del Colegio Estanislao, 4 de octubre de 1841. V. &lt;i&gt;Or\u00edgenes de la Sociedad, &lt;\/i&gt;p. 14, en. 1841.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Las palabras de Ozanam lo hab\u00edan sido en alto grado; pero junto con ellas hab\u00eda hecho graves recomendaciones. Despu\u00e9s del informe sobre la marcha progresiva de la obra, hab\u00eda se\u00f1alado el obst\u00e1culo; hab\u00eda dicho: \u00abS\u00f3lo una cosa, se\u00f1ores, podr\u00eda detenernos y perdernos: ser\u00eda la alteraci\u00f3n de nuestro primer esp\u00edritu; ser\u00eda el farise\u00edsmo que manda sonar la trompeta a su paso; ser\u00eda la estimaci\u00f3n exclusiva de s\u00ed mismo que desconoce la virtud y el m\u00e9rito fuera del reducid\u00edsimo c\u00edrculo en que estamos; ser\u00eda una sobrecar\u00adga de exigencias y pr\u00e1cticas que redundar\u00eda en cansancio y rela\u00adjamiento de los cofrades; ser\u00eda una filantrop\u00eda parlanchina, m\u00e1s empe\u00f1ada en hablar que en actuar; o tal vez una burocracia que nos estorbar\u00eda el paso con la complicaci\u00f3n in\u00fatil de su maquinaria: pero ser\u00eda sobre todo el olvido de la humilde sencillez que rein\u00f3 al principio en nuestras citas, que nos hizo amar la obscuridad, sin buscar el secreto, y nos mereci\u00f3 acaso la gracia de nuestro acrecen\u00adtamiento. Pues Dios se complace en bendecir lo que es peque\u00f1o e imperceptible: el \u00e1rbol en su semilla, el hombre en su cuna y las buenas obras en la timidez de sus principios\u00bb.<\/p>\n<p>El a\u00f1o siguiente, 8 de diciembre de 1843, en un informe presen\u00adtado a la Asamblea general de la Inmaculada Concepci\u00f3n, Oza\u00adnam levantar\u00e1 a la joven sociedad de su humildad, mostr\u00e1ndola, por decirlo as\u00ed, en los brazos de la Iglesia, mecida en su regazo desde sus primeros a\u00f1os. As\u00ed habla de la protecci\u00f3n del episcopado. \u00abLa llam\u00e1bamos sobre nosotros como un signo del favor del cielo, como una valiosa incorporaci\u00f3n en la Iglesia, sobre todo como una salvaguardia contra nosotros mismos. Dios, que no desprecia nada que sea d\u00e9bil, se dign\u00f3 adelantarse a nuestros deseos concedi\u00e9ndo\u00adnos ese favor en una medida que ya ha superado nuestras esperan\u00adzas, m\u00e1s t\u00edmidas que nuestros deseos\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del Arzobispo de Par\u00eds que presidi\u00f3 varias veces las asambleas generales, Ozanam nombra a los arzobispos de Avi\u00f1\u00f3n, de Cambrai, de Tours; a los obispos de Coutance, de Tulle, de Saint-Flour. Lee las cartas de los de Besan\u00e7on, de Dijon, de Mans, de Saint-Claude, d&#8217;Aire, de Rodez, de Versalles; presenta las de Bourges, de Rennes, de Vannes, de Saint-Brieuc, de Autun de Lan\u00adgres, de Limoges: \u00abSe\u00f1ores \u2014dijo resumiendo\u2014, nuestras confe\u00adrencias de provincia han brotado al pie de las catedrales: existen en 45 di\u00f3cesis; en todas con la aprobaci\u00f3n de la autoridad religiosa y bajo el patronato d\u00e9 los prelados que les han abierto su capilla, su palacio y que suelen abrirles su bolsa\u00bb. Cita al arzobispo de Lyon, al cardenal de Arras, a los obispos de Amiens, de N\u00eemes, de Metz, de Orl\u00e9ans. \u00abEl episcopado de las Galias ocupa el primer lugar en la historia de la civilizaci\u00f3n cristiana. Todo lo grande se hizo por obra suya; y lo peque\u00f1o s\u00f3lo puede crecer a su sombra\u00bb. De all\u00ed, Ozanam sube hasta Roma, al Vaticano y muestra a cofrades arro\u00addillados para solicitar la bendici\u00f3n del Santo Padre a la joven familla de Vicente de Paul. Hab\u00eda sido uno de los impetrantes de la primera hora.<\/p>\n<p>En su rese\u00f1a sobre Ozanam, Lacordaire habl\u00f3 de \u00abesas criatu\u00adras privilegiadas hechas por la mano de Dios cuando Dios, para conmover al mundo, quiere unir a veces la ternura con el genio\u00bb. Y es la ternura, la bondad, la caridad, la indulgencia, la dulzura lo que m\u00e1s admira en Ozanam, hasta cuando arrecian los comba\u00adtes en que \u00abamparado, invencible bajo el escudo de la verdad, mi\u00adtiga en su espada la fuerza que en ella siente, por temor de dar muerte a alguna alma que a\u00fan puede revivir\u00bb.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os que siguieron a 1840, la pol\u00e9mica era ardiente en\u00adtre los partidos pol\u00edticos y religiosos; a veces ocurr\u00eda a los propios cat\u00f3licos dejarse llevar por arrebatos de pluma y de lenguaje que no justificaban la justicia de su causa y los excesos de sus adversa\u00adrios. El esp\u00edritu de moderaci\u00f3n y de equidad que hab\u00eda en Ozanam se mostraba ofendido y al mismo tiempo asustado por esos excesos. Muchos compart\u00edan ese sentimiento. El amigo de la juventud es\u00adtim\u00f3 que su deber era precaverlos contra esas \u00e1speras v\u00edas por las cuales la verdad no llega a las almas.<\/p>\n<p>Su presidencia de la conferencia literaria del C\u00edrculo le propor\u00adcion\u00f3 una solemne ocasi\u00f3n. A este respecto tuvo que dejar o\u00edr su palabra en una reuni\u00f3n honrada con la presencia de Monse\u00f1or Affre, el nuevo arzobispo, ante un gran- n\u00famero de personas respe\u00adtables de afuera, que simpatizaban con la obra y con el orador del d\u00eda. \u00abAl aceptar este honor \u2014refiere \u00e9l mismo\u2014 hab\u00eda consultado previamente a Su Ilustr\u00edsima respecto a mi discurso. Insisti\u00f3 con vehemencia para que yo tratase esas cuestiones, sobre las cuales parec\u00eda sentirse muy complacido al tener que . explicarse p\u00fabli\u00adcamente\u00bb.<\/p>\n<p>El discurso trat\u00f3 de los Deberes Literarios de los Cristianos. Ha\u00adbl\u00f3 de la ortodoxia en las letras, consider\u00e1ndola como el fondo, la luz y la seguridad de \u00e9stas. Habl\u00f3 de la controversia y de la defensa de la verdad cristiana, seg\u00fan el esp\u00edritu y los preceptos y los ejem\u00adplos del Evangelio, de los ap\u00f3stoles y de los apologistas de la fe. Ha\u00adbr\u00e1 de inspirarse, pues, del doble amor de la verdad y de la caridad, de la misericordia y de la paz. Cita estas l\u00edneas de Pascal: \u00abLa con\u00adducta de Dios, que todo lo hace con dulzura, consiste en poner a la religi\u00f3n en el esp\u00edritu por medio de la raz\u00f3n y en el coraz\u00f3n por medio de la gracia. Empezad sintiendo l\u00e1stima por los incr\u00e9dulos; pues son bastante desgraciados. S\u00f3lo habr\u00eda que injuriarlos en caso que les sirviera; pero s\u00f3lo les causa da\u00f1o\u00bb. Y Ozanam examina el caso de <i>los que niegan <\/i>y el caso de <i>los que dudan.<\/i><\/p>\n<p>\u00abNo hay que desesperar al principio de los que niegan. No se trata de mortificarlos, sino de convencerlos. Evitemos, pues, exa\u00adcerbar su orgullo por la injuria, para no impulsarlos en tal forma a condenarse mejor que desmentirse. Y, cualquiera que pueda ser la deslealtad o la brutalidad de sus ataques, d\u00e9mosles la lecci\u00f3n de una pol\u00e9mica generosa.<\/p>\n<p>\u00abEn cuanto a los que dudan \u2014y estos constituyen el gran n\u00fa\u00admero\u2014 muchos sienten el dolor de no creer. Se les debe una com\u00adpasi\u00f3n que no excluye la estimaci\u00f3n. En la reconstrucci\u00f3n de la verdad que es honor de nuestro siglo, muchos han contribuido con sus esfuerzos a la restauraci\u00f3n de las doctrinas espirituales. No se\u00adremos ingratos. Hicimos juntos la mitad del camino. Ahora, lle\u00adgados a mayor altura y m\u00e1s lejos que ellos, recordemos que no lo hicimos sin su ayuda y tend\u00e1mosles la mano\u00bb.<\/p>\n<p>Termin\u00f3 suplicando a los cat\u00f3licos que no comprometieran con sus faltas y sus divisiones las conquistas recientes del pasado y las esperanzas del porvenir: \u00abEse movimiento del retorno de los es\u00adp\u00edritus a la fe exige que se le gu\u00ede y se le modere con infinitos cuidados para llegar hasta el fin. Estamos todav\u00eda demasiado lejos de la tierra de promisi\u00f3n para darnos \u00ednfulas de vencedores y amos. Conservemos nuestros b\u00e1culos de viandantes, por temor a los tro\u00adpiezos, y no escatimemos ni el tiempo ni el trabajo. El pueblo de Dios camin\u00f3 durante 40 arios: es cierto que lo guiaba un profeta y al final encontr\u00f3 el lugar de su descanso. La Iglesia de Francia tampoco ha terminado de atravesar el desierto; pero \u00a1tambi\u00e9n ella tiene a su Mois\u00e9s y llegaremos a la meta!\u00bb<\/p>\n<p>Saludado e invitado por esas \u00faltimas palabras, el arzobispo se levant\u00f3 para pronunciar brev\u00edsimas palabras, muy sencillas y des\u00adprovistas de adornos, seg\u00fan sol\u00eda hacerlo Monse\u00f1or Affre: \u00abNo quiero a\u00f1adir nada a lo que acab\u00e1is de escuchar y aplaudir. Te\u00admer\u00eda debilitarlo. Me concretar\u00e9 a dar mi aprobaci\u00f3n: y la otorgo de todo coraz\u00f3n y sin restricci\u00f3n alguna. Las conclusiones de este discurso est\u00e1n resumidas y confirmadas perfectamente por el libro de la Imitaci\u00f3n, cuando dice, que `el hombre apasionado e iracun\u00addo convierte todo bien en mal, en tanto que el hombre pac\u00edfico todo lo convierte en bien&#8217;. Es en substancia lo que se acaba de de\u00adcir. En cuanto al cap\u00edtulo de La Imitaci\u00f3n en que encontrar\u00e9is estas l\u00edneas, apenas me atrevo a traducir su t\u00edtulo: <i>De bono pacifico No\u00admine <\/i>(del buen hombre pac\u00edfico) . Deseo que cada uno de vosotros sea un hombre de ese temple\u00bb.<\/p>\n<p>En suma, era un discurso de paz que resum\u00eda en tal forma esa palabra de paz. Por eso, grande y dolorosa fue la sorpresa de la que Ozanam escribe lo siguiente al se\u00f1or Dufieux, en junio de<\/p>\n<p>1843: \u00abAcabo de leer en <i>El Universo <\/i>un art\u00edculo publicado el d\u00eda de la Ascensi\u00f3n bajo el t\u00edtulo: <i>De la moderaci\u00f3n y del celo, <\/i>en que se me designa como un desertor de la lucha cat\u00f3lica. Fue la res\u00adpuesta de ese peri\u00f3dico a mi discurso en que ninguna expresi\u00f3n iba dirigida contra \u00e9l. Despu\u00e9s, se disculparon conmigo:..\u00bb<\/p>\n<p>Sin recriminar en forma alguna, la carta de Ozanam termina con la esperanza de que \u00ablas ideas graves y la discusi\u00f3n seria ter\u00adminar\u00edan, a Dios gracias, por dominar sobre la pol\u00e9mica de la ira en que los imp\u00edos logran mejores resultados que nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>A sus amigos de Lyon, lectores de <i>El Universo, <\/i>Ozanam enviaba para su justificaci\u00f3n, el texto de su discurso con la respuesta que le hab\u00eda dado el arzobispo, ambos impresos en el Bolet\u00edn del C\u00edrcu\u00adlo cat\u00f3lico: \u00abPude temer que su amistad se inquietara respecto a m\u00ed; y por eso le entrego las piezas del asunto\u00bb.<\/p>\n<p>En fin, en las \u00faltimas l\u00edneas, escritas ante Dios: \u00abQuerido amigo, ay\u00fademe con sus oraciones. Consiga para m\u00ed ese esp\u00edritu de fuerza y de inteligencia que la cristiandad entera, arrodillada en las solemnidades de Pentecost\u00e9s, pide al cielo en este momento. Espero con el favor de Dios y el auxilio de usted no faltar nunca al mandato fraternal que me dieron mis amigos cuando me pidieron que subiera a esta c\u00e1tedra para defender los intereses siempre, insepa\u00adrables de la religi\u00f3n y de la buena ciencia\u00bb.<\/p>\n<p>Unos meses despu\u00e9s, el 13 de octubre, Ozanam, de regreso en Par\u00eds, tomaba como testigo de esos compromisos a su mujer que hab\u00eda permanecido con su familia en Oullins, cerca de Lyon, para el fin de las vacaciones. La soledad en que lo hab\u00eda dejado esa au\u00adsencia le hab\u00eda puesto bajo los ojos todos los comportamientos de Dios y tanto los deberes como las gracias de su vida: \u00abAhora, ama\u00adda m\u00eda, al repasar en mi memoria el largo s\u00e9quito de mis recuerdos, desde el d\u00eda en que, hace 14 a\u00f1os, sent\u00ed la inspiraci\u00f3n de consagrar\u00adme a la propagaci\u00f3n de la verdad, me afianzo en la creencia en mi vocaci\u00f3n que me confirman todos los acontecimientos de los \u00faltimos a\u00f1os. S\u00e9 que la verdad no tiene necesidad de m\u00ed; pero yo tengo necesidad de ella. En la causa de la ciencia cristiana, en la causa de la fe, se hunden las ra\u00edces de mi coraz\u00f3n. Ahora bien, puesto que esta causa est\u00e1 amenazada, puesto que las letras son el campo de batalla en que se dirime este pleito, puesto que la ense\u00f1anza tiene gran parte en \u00e9l; puesto que Par\u00eds es la ciudad de Francia y acaso del mundo en que parecen decidirse los debates del pensa\u00admiento; puesto que la Providencia, vali\u00e9ndose del consejo de mis amigos y de mi familia, de la inspiraci\u00f3n irresistible que entonces recib\u00eda yo, me puso en la brecha, no bajar\u00e9 de ella. Puede reali\u00adzarse aqu\u00ed un bien que ser\u00eda imposible en otra parte. Usar\u00e9 con ese fin el,favor p\u00fablico con que se sirven honrarme. Me esforzar\u00e9 por asegurar y prolongar su eficacia, agrupando, dirigiendo a los j\u00f3venes cristianos en el camino de los buenos estudios. Escribir\u00e9 tambi\u00e9n para no perder en fugitivos discursos lo poco que me sea concedido dar a conocer a los hombres.<\/p>\n<p>\u00abEs posible que no consiga ni honores ni fortuna; pero hasta ahora no me ha faltado el pan de cada d\u00eda y me bastar\u00e1 siempre cuando la mano de una dulce y piadosa amiga lo comparta con\u00admigo.<\/p>\n<p>\u00abMas, para realizar esa tarea, se necesita actividad, firmeza, per\u00adseverancia. El primer medio para obtenerlas es pedirlas a Dios.. . Coloco, pues, estas resoluciones y otras bajo la protecci\u00f3n de Aquel que las hizo nacer en m\u00ed; las llevar\u00e9 a sus altares. 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