{"id":128627,"date":"2016-09-10T12:00:35","date_gmt":"2016-09-10T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=128627"},"modified":"2016-08-06T07:38:11","modified_gmt":"2016-08-06T05:38:11","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-19","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-19\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 19"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo XIX: Misi\u00f3n en Italia<\/h2>\n<p><i>Florencia.\u2014Roma.\u2014P\u00edo IX.\u2014Audiencias <\/i><i>y <\/i><i>ovaciones.\u2014Luto fraternal.\u2014Ve\u00adnecia.\u2014Echallens.<\/i><\/p>\n<p><i>1847<\/i><\/p>\n<p>El viaje, iniciado en diciembre de 1846, ten\u00eda el itinerario si\u00adguiente: el sur de Francia, G\u00e9nova, Florencia, para terminar en Roma como centro principal y estancia de estudio y piedad. Des\u00adpu\u00e9s de tornar all\u00ed sus cuarteles de invierno, el profesor se prome\u00adt\u00eda recorrer holgadamente la Umbr\u00eda, las Roma\u00f1as,, el V\u00e9neto, Lombard\u00eda: Penetrar\u00eda por el Splugen y el pa\u00eds de Coire hasta San Gall y Einsielden, a donde lo invitaban viejos monumentos germ\u00e1\u00adnicos y mon\u00e1sticos. En fin, siguiendo el Rhin desde Basilea hasta Colonia, emprender\u00eda el retorno a la patria por B\u00e9lgica y volver\u00eda a Francia, reposado el cuerpo y el esp\u00edritu, rico de recuerdos y de documentos para el cumplimiento de su misi\u00f3n literaria, rico de fuerzas y de \u00e1nimo para reanudar sus cursos y sus obras.<\/p>\n<p>\u00abEse memorable viaje se hizo \u2014como se expresa el se\u00f1or Am\u00adp\u00e8re\u2014 en medio de un perpetuo encanto\u00bb. Ozanam llevaba con\u00adsigo el invariable buen humor y la amable alegr\u00eda que eran uno de los mayores atractivos de su compa\u00f1\u00eda. Su esp\u00edritu, curioso y entusiasta no se cansaba de aprender y admirar ora las obras de la Naturaleza, ora las del arte; tomaba muchos apuntes, copiaba las inscripciones, saludaba los lugares que hab\u00edan ilustrado recuerdos cuyas escenas resucitaba su imaginaci\u00f3n. Algunos de esos apuntes se han convertido en libros, como veremos. La mayor parte est\u00e1n in\u00e9ditos, en estado de primer brote o de impresiones r\u00e1pidas. En\u00adtre los apuntes que fueron publicados despu\u00e9s de su muerte, hemos de elegir pasajes que expresan mejor que otros los sentimientos de su alma cristiana.<\/p>\n<p>El 8 de enero de 1847, los apuntes de, viaje de Ozanam nos lo representan en la c\u00faspide del Domo de Florencia, en la linterna de la c\u00fapula, desde donde \u00absu mirada abarca la ciudad de m\u00e1rmol, rodeada de sus colinas a\u00fan verdes\u00bb. Y lo que sube hasta \u00e9l de cada uno de esos maravillosos edificios, es el pensamiento que los ha concebido, la vida que los ha animado, el nombre de los santos y los genios que los ha inmortalizado, de los artistas que los han la\u00adbrado o decorado, en el curso de ese per\u00edodo de inspiraci\u00f3n del arte que culmina en Miguel Angel, sobre el cual da el siguiente juicio: \u00abEste grande hombre fue quiz\u00e1s el m\u00e1s sabio de los esculto\u00adres cristianos; pero fue el \u00faltimo. Enterr\u00f3 noblemente la ingenua estructura de la Edad media, y dej\u00f3 el mal ejemplo de haber tra\u00adtado de sorprender a los hombres, en vez. de conmoverlos o de ins\u00adtruirlos\u00bb.<\/p>\n<p>En tales disposiciones, nada l\u00f3 impresiona tanto como la soberbia inscripci\u00f3n que ley\u00f3 en la torre del Palacio Viejo: \u00abJ. C. Rex Flor. elect. S.P.Q. Jesucristo, rey de Florencia, elegido por el senado y por el pueblo\u00bb. Y lo anota: \u00abReconozco en esto un pueblo que s\u00f3lo quiere obedecer a Dios, aunque, por desgracia, no le obedecer\u00e1 siempre\u00bb.<\/p>\n<p>En Pisa, el peregrino del arte y de la fe reserva sus piadosas ter\u00adnuras a la catedral, el <i>Domo. <\/i>Al ver a esta Nuestra Se\u00f1ora, tan esbelta, tan ligera, se pregunt\u00f3 si \u00abverdaderamente hab\u00eda surgido de la tierra o se hab\u00eda posado en ella, bajada del cielo con las 84 columnas de sus cinco naves que recuerdan las palmeras de los jardines eternos\u00bb.<\/p>\n<p>De Florencia a Roma, el viaje se hizo por peque\u00f1as etapas, ora en <i>vetturino, <\/i>ora en simple carretela, par\u00e1ndose, demor\u00e1ndose en to\u00addos los lugares donde hab\u00eda algo que admirar, que aprender o para rezar, .admirando doblemente porque admiraba o rezaba con su compa\u00f1era. As\u00ed, por ejemplo, al volver de una visita a la vieja y curiosa iglesia de San Gemignano: \u00abEra el 17 de enero, fiesta de Sari Antonio. Baj\u00e1bamos por la colina de San Gemignano. Se hab\u00eda puesto el sol y la dulzura del aire era tan grande que no tirit\u00e1bamos bajo nuestros abrigos. Ese placer en compa\u00f1\u00eda, la tarde de mi cum\u00adplea\u00f1os, seguir\u00e1 siendo uno de los m\u00e1s amables recuerdos de este viaje\u00bb.<\/p>\n<p>El 2 de febrero de 1847, fiesta de la Presentaci\u00f3n, Ozanam, que al fin hab\u00eda llegado a Roma, asisti\u00f3 por primera vez a una funci\u00f3n pontificia en la capilla del Quirinal: \u00ab&#8230; Primero no ve\u00eda al Papa sino de lejos, en su trono, donde distingu\u00eda los cirios de la Cande- laria. Mas cuando se acerc\u00f3 la procesi\u00f3n, cuando pude contemplar de cerca las facciones del Vicario de Jesucristo, me conmov\u00ed hasta derramar l\u00e1grimas. Vi esa figura tan dulce y tan santa, esos ojos y esa boca que expresan tanta caridad, esa cabeza que empieza a encanecer bajo el peso del pontificado. En el momento en que entraba al coro le\u00eda estas palabras del <i>Introito <\/i>del d\u00eda que se apli\u00adcan tambi\u00e9n a P\u00edo IX: <i>Veniet desideratus cunctis gentibus, et implebit domum istam gloria. <\/i>(Vendr\u00e1 el deseado por todas las naciones y llenar\u00e1 esta casa con su gloria) . S\u00ed, esta vieja casa del Quirinal empieza a llenarse de gloria y hoy todos los pueblos mi- ran de este lado\u00bb.<\/p>\n<p>Otro d\u00eda, el 13 de febrero, el se\u00f1or Ozanam y su se\u00f1ora fueron a la iglesia de la Apolinaria para recibir la bendici\u00f3n y la comuni\u00f3n de manos de P\u00edo IX. \u00abHubo un momento sublime, cuando el Pa\u00adpa, al terminar de dar la comuni\u00f3n a los eclesi\u00e1sticos, expres\u00f3 el deseo de distribuirla al pueblo. Entonces los guardias se apartaron. El Papa baj\u00f3 del altar; se hizo un movimiento en la muchedumbre para acercarse a \u00e9l en la Santa Mesa. Las gradas estaban cubiertas por dos filas de fieles, apretados, turbados, conmovidos hasta el llanto. Estaba all\u00ed la reina madre de Sajonia, junto con pobres italianas, mujeres y hombres de diferentes naciones; y Amelia y yo, en esa muchedumbre, cerca uno de otro como siempre lo fui\u00admos en la .felicidad, como esperamos estarlo hasta el fin de la vida, y aun m\u00e1s all\u00e1. El cortejo sagrado se acerc\u00f3 &#8216; a nosotros. Vi esa admirable figura de P\u00edo IX, iluminada por las antorchas, con\u00admovida por la santidad del momento, m\u00e1s noble, m\u00e1s dulce que nunca. Bes\u00e9 su anillo, el anillo del pescador que, desde hace diecio\u00adcho siglos, ha &#8216;sellado tantos actos inmortales. Luego trat\u00e9 de no ver nada, para s\u00f3lo pensar en Aquel que es nuestro amo y ante quien hasta los pont\u00edfices no son m\u00e1s que polvo\u00bb.<\/p>\n<p>El resto de esta carta est\u00e1 dedicado a P\u00edo IX: \u00abP\u00edo IX, con\u00adquistador de los corazones, como los papas de los primeros siglos conquistaron toda Europa al conquistar los corazones. Ver\u00e9is que el Obispo de Roma habr\u00e1 de reconciliar una vez m\u00e1s al mundo con el pasado\u00bb. P\u00edo IX, el santo de Dios: \u00abHace trescientos a\u00f1os, desde P\u00edo, V, que la, iglesia no ha visto un papa canonizado; pero bien podr\u00eda ocurrir que con \u00e9ste en la c\u00e1tedra de San Pedro, se reanudara la larga cadena de los santos\u00bb:<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n describe a P\u00edo IX en la intimidad, durante la audiencia privada. Ozanam escribe el 7 de febrero: \u00abTuvimos el honor de ser recibidos en audiencia particular. Su Santidad se dign\u00f3 invitar a\u2022mi mujer a que se sentara, y acari\u00f3 y bendijo a mi ni\u00f1a de die\u00adciocho meses. Mi peque\u00f1a Mar\u00eda se port\u00f3 como un angelito, se arrodill\u00f3 espont\u00e1neamente ante el Papa, y uni\u00f3 sus manos con una expresioncilla de veneraci\u00f3n, como si fuera Dios. El Santo Padre nos habl\u00f3 de Francia, de la juventud de las escuelas, de los debe\u00adres de la ense\u00f1anza, con una nobleza, con una emoci\u00f3n, con una gracia indecibles. Aprovech\u00e9 la oportunidad para hablarle de la Sociedad de San Vicente de Paul. El Papa me dijo que la conoc\u00eda y que sab\u00eda las buenas obras que realizaban esos j\u00f3venes en sus visitas a los pobres y a los enfermos. \u00a1Se hace tanto bien en Fran\u00adcia! \u2014me dijo\u2014. \u00a1Hay tanta caridad! Hemos puesto nuestra espe\u00adranza entera en la juventud de ese pa\u00eds. Y a\u00f1adi\u00f3 con una ex\u00adpresi\u00f3n admirable: La religi\u00f3n es la m\u00e1s bella flor que pueda ger\u00adminar en aquel suelo: <i>La Religione \u00e9 il piu bel fiore che possa spontar su questo suolo.<\/i><\/p>\n<p>\u00abEn fin, cuando le dije que la justa popularidad de su nombre habr\u00eda de apresurar el retorno de los esp\u00edritus al catolicismo, res\u00adpondi\u00f3: `Bien s\u00e9 que Dios ha hecho el milagro de cambiar repen\u00adtinamente injustas prevenciones en respeto y amor. Y lo que me confunde es que, para ese cambio, se haya dignado valerse de un miserable como yo. Esas palabras fueron pronunciadas con una humildad tan sincera, tan conmovedora en el Vicario de Dios, que nos conmovimos hasta llorar\u00bb.<\/p>\n<p>Esa popularidad de P\u00edo IX era la consecuencia y como el lo\u00adzano fruto de su pol\u00edtica liberal. Elevado a la Santa Sede desde el 17 de junio de 1846, acababa de inaugurar su reinado por una serie de actos y reformas espont\u00e1neas. La amnist\u00eda, la revisi\u00f3n de la legislaci\u00f3n civil y criminal, la organizaci\u00f3n de una guardia c\u00edvi\u00adca, la creaci\u00f3n de un consejo de estado, la de una` representaci\u00f3n comunal para la ciudad de Roma hab\u00edan sido sucesivamente aco\u00adgidas con entusiasmo por las poblaciones italianas. El noble esp\u00ed\u00adritu de Ozanam estaba deslumbrado y su hermoso coraz\u00f3n inge\u00adnuamente transportado. Describe la bendici\u00f3n pontifical del d\u00eda de Pascuas en la Loggia de San Pedro; la escolta improvisada que acompa\u00f1a en triunfo al Papa al Ouirinal; las calles que, de noche, se iluminan como por encanto a su paso: \u00abEste pueblo est\u00e1 ena\u00admorado de su obispo <sub>\u0178<\/sub> de su pr\u00edncipe \u2014escribe\u2014; habla del Papa con entusiasmo. Y esto dura desde hace \u00abcasi diez meses, lo cual es mucho en un siglo en que las m\u00e1s hermosas popularidades duran poco\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del Papa, el principal inter\u00e9s de esa estancia fue la visita de las tumbas y de los vestigios terrenales de los santos y de los m\u00e1rtires, como escrib\u00eda a Lallier: \u00abToda esta verdadera ro\u00admer\u00eda est\u00e1 llena . para nosotros de consuelos espirituales. Hemos pasado la mitad de nuestro tiempo cerca de las tumbas de esos grandes hombres, de esas santas mujeres cuya virtud comprende uno mejor cuando se visitan los lugares en que vivieron y en que ahora descansan\u00bb.<\/p>\n<p>Hab\u00edan vuelto a encontrar en Roma al hombre, al sacerdote m\u00e1s capaz de hacerlos penetrar en el alma de la Roma cristiana. \u00abComulgamos en la misa que dijo el Padre Berbet en la Iglesia de Sana. Pedro sobre la propia sepultura del santo Ap\u00f3stol; y all\u00ed, du\u00adrante m\u00e1s de una hora, enumeramos ante Dios a todos nuestros se\u00adres queridos. Bajamos cinco veces a las catacumbas, casi siempre con el Padre Gerbet, que nos explicaba sus subestructuras y sus pinturas. Terminaba generalmente la visita con la lectura de una homil\u00eda sobre los m\u00e1rtires y la recitaci\u00f3n de las letan\u00edas<span id='easy-footnote-1-128627' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-19\/#easy-footnote-bottom-1-128627' title='El Padre Gerbet trabajaba por aquel entonces en el tercer volumen de su &lt;i&gt;Roma cristiana. &lt;\/i&gt;\u00abSi viviera entre nosotros, en Francia \u2014escribir\u00e1 Ozanam a Foisset\u2014 \u00bfno seria, en la Academia Francesa, el sucesor natural de Ballanche?\u00bb'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>. No co\u00adnozco nada m\u00e1s conmovedor que el espect\u00e1culo de esos cemente\u00adrios de los primeros cristianos, nada m\u00e1s adecuado para devolver la fe, para fortalecer los esp\u00edritus. En ninguna parte se ve mejor la inocencia, la sencillez, el invencible valer de la incipiente Igle\u00adsia, y todo cuanto hace sentir su divinidad\u00bb.<\/p>\n<p>Y por \u00faltimo, la misma carta vuelve a tratar de P\u00edo IX y de la joven Italia \u00abConsiderar\u00e9 como una de las mayores dichas de mi vida haber estado en Roma en ese invierno de 1847, en medio de los gloriosos principios del pontificado de P\u00edo IX; haber visto de cerca a este admirable Papa, y haber asistido a ese despertar ge\u00adneral de Italia. A buen seguro, la popularidad de un papa o su impopularidad no es lo que debe fortalecer o debilitar la fe; pero el coraz\u00f3n se llena de un dulce y tierno orgullo al ver al Padre en quien se cree, rodeado de tanta admiraci\u00f3n y amor\u00bb.<\/p>\n<p>La dulzura de esa vida romana, penetrada de entusiasmo y de piedad, hubiera sido una dicha sin mezcla para Ozanam, que em\u00adpezaba a curarse, si un gran dolor no hubiera puesto en ella su cruel amargura. Estaba all\u00ed desde hac\u00eda mes y medio cuando supo que el 3 de marzo el hermano de su mujer hab\u00eda sucumbido a una crisis imprevista de su mal: \u00abNuestro querido hermano tuvo la vida de un m\u00e1rtir y la muerte de un santo \u2014escribe al mismo ami\u00adgo\u2014. A la edad de veintitr\u00e9s a\u00f1os, abandon\u00f3 este mundo, no digo con resignaci\u00f3n, sino con una alegr\u00eda divina. Deja el vac\u00edo m\u00e1s desolador en la familia de que era el alma, a quien aflig\u00eda con sus sufrimientos, a quien consolaba con sus virtudes y su serenidad, de quien era el orgullo y la esperanza con su gran inteligencia. Su hermana est\u00e1 a\u00fan postrada por tan terrible golpe; y hace veinte d\u00edas que no tengo mayor preocupaci\u00f3n que sostenerla en una aflic\u00adci\u00f3n tal, que a veces deseaba llev\u00e1rmela inmediatamente a Par\u00eds, aunque su dolor hac\u00eda imposible el-viaje.<\/p>\n<p>\u00abSin embargo, la asistencia de algunos amigos, en particular del excelente Padre Gerbet, la grandeza de las ceremonias de Semana Santa, la certidumbre de que esa alma querida hab\u00eda cambiado esta cruel existencia por la dicha del cielo, todas esas cosas reunidas lograron por fin dar a mi pobre Amelia un poco de tranquilidad\u00bb. A continuaci\u00f3n, otra carta anunciaba que los peregrinos reanuda\u00adban su itinerario por Italia; pero renunciando a volver por Ale\u00admania, \u00abpara no retrasar demasiado el momento en que se reuni\u00adr\u00edan con su familia\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam quiso visitar antes el Monte Cassino a donde se tras\u00adlad\u00f3 solo y donde permaneci\u00f3 unas treinta y seis horas apenas: \u00abTuve la felicidad de comulgar all\u00ed ante la tumba de San Benito y de encontrar todas las tradiciones benedictinas en la admirable biblioteca de la abad\u00eda. Los buenos monjes me mostraron valios\u00edsimos manuscritos de los que saqu\u00e9 algunas copias. No ser\u00e1 la parte menos interesante de mi bot\u00edn literario<span id='easy-footnote-2-128627' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-19\/#easy-footnote-bottom-2-128627' title='Estos documentos se imprimieron en 1850 con el siguiente t\u00edtulo: &lt;i&gt;Documentos in\u00e9\u00additos para servir a la historia literaria de Italia desde el siglo VII hasta el XIII. &lt;\/i&gt;Pre\u00adcedidos de un extenso prefacio sobre &lt;i&gt;Las Escuelas en Italia, en los tiempos b\u00e1rbaros.&lt;\/i&gt;'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>. Mas esos religiosos que saben tantas cosas, no saben calentarse. Me dejaron morir de fr\u00edo entre sus bellos archivos; y sal\u00ed de all\u00ed sintiendo un malestar que termin\u00f3 en Roma con un acceso de fiebre. Por fortuna, la fie\u00adbre s\u00f3lo dur\u00f3 un d\u00eda, y me dej\u00f3 lo bastante fuerte para asistir, el 4unes por la noche, a la audiencia que el Soberano Pont\u00edfice se dign\u00f3 concederme. Ten\u00eda que agradecerle el apoyo que se sirvi\u00f3 otorgar a mis investigaciones\u00bb.<\/p>\n<p>Otro motivo de &#8216;esa visita era \u00abla entrega al Santo Padre de las cartas de San Vicente de Paul. Eran las nueve de la noche cuando me permitieron entrar; y su Santidad, aunque muy cansado por el trabajo del d\u00eda, me recibi\u00f3 de modo tan cordial, que me sent\u00ed profundamente conmovido; se inform\u00f3 de mi salud, de mi mujer, de mi ni\u00f1a y de mis hermanos, con un tono de amistad y de fami\u00adliaridad encantador\u00bb.<\/p>\n<p>Entre tanto, la poblaci\u00f3n liberal romana multiplicaba sus de- mostraciones de modo exuberante. La antev\u00edspera de su salida de Roma, el 21 de abril, Ozanam pudo asistir, desde lo alto del Co\u00adliseo donde consigui\u00f3 a duras penas un lugar, al, espect\u00e1culo de un gran banquete de 800 invitados que la municipalidad hab\u00eda organizado en lo alto de las Termas de Tito, en honor del 2600\u00b0 aniversario de la fundaci\u00f3n de Roma. Era s\u00f3lo un pretexto para arengas y discursos. Se pronunciaron varios, entre otros . uno del c\u00e9lebre profesor Orioly, y otro del yerno de Manzoni, el marqu\u00e9s de Azeglio. Culmin\u00f3 en una ovaci\u00f3n gigantesca en honor de P\u00edo IX, que acababa de ampliar por un edicto la representaci\u00f3n provincial. Se llev\u00f3 a cabo de noche, a la luz de las antorchas, en la plaza del Pueblo desde donde parti\u00f3 el cortejo triunfal, por el Corso y la plaza Colonna hasta la de Monte Cavallo.,Ozanam la describe as\u00ed a sus dos hermanos:<\/p>\n<p>\u00abS\u00f3lo una cosa faltaba para completar nuestra estancia. Hubi\u00e9\u00adramos querido ser testigos de una de esas bellas ovaciones popu\u00adlares de las que tanto hab\u00edamos o\u00eddo hablar. Le pesaba mucho a Amelia irse sin haber visto al Papa y sin llevarse una postrera bendici\u00f3n. . .<\/p>\n<p>\u00abEl jueves 22, por la noche, nos anunciaron que se hac\u00edan prepa\u00adrativos para agradecer al Papa su nuevo edicto, y que se dar\u00eda una hermosa fiesta con antorchas. Nos apresuramos a bajar al Corso, con el Padre Gerbet y algunos amigos que hab\u00edan venido a des\u00adpedirnos. La cita era en la plaza del Pueblo, donde distribu\u00edan an\u00adtorchas. All\u00ed empez\u00f3 \u2022la marcha triunfal, formada por un cuerpo de m\u00fasica militar, seguido de una columna de gente armada de antorchas, . estimada en m\u00e1s de seis mil personas que caminaban en el orden m\u00e1s perfecto, burgueses, obreros con traje de trabajo, sacerdotes con sotana, unidos todos en un mismo sentimiento: \u00a1<i>Vi\u00adva P\u00edo IX! <\/i>Al paso que el cortejo avanzaba por el Corso, las casas se iluminaban, todas las ventanas estaban adornadas con bande\u00adras cargadas de divisas. Seguimos a la muchedumbre hasta la pla\u00adza Colonna, para llegar de all\u00ed por un rodeo a la plaza de Monte Cavallo a donde nos dirig\u00edamos. Estaba ya atestada de gente. Vi\u00admos llegar las antorchas y la m\u00fasica, que se abrieron paso y fueron a formar un cuadrado frente a la puerta del- palacio papal, en tor\u00adno del Edicto llevado como un estandarte.<\/p>\n<p>\u00abDespu\u00e9s de que se ejecutaron algunas piezas, se alz\u00f3 un gran grito: el de cincuenta mil hombres reunidos. Se abri\u00f3 la ventana del balc\u00f3n y apareci\u00f3 el Soberano Pont\u00edfice, acompa\u00f1ado de dos prelados y de algunos criados llevando antorchas. Salud\u00f3 a dere\u00adcha e izquierda con una gracia que arrebataba los corazones. Au\u00admentaron las aclamaciones y los aplausos. Pero lo que m\u00e1s me conmovi\u00f3 fue 19 siguiente. El Papa hizo un adem\u00e1n, e inmediata\u00admente, s\u00f3lo se oy\u00f3 la palabra <i>Zitto <\/i>(\u00a1chito!), y en menos de un minuto reinaba el silencio en la entusiasmada muchedumbre. En\u00adtonces pudo escucharse la voz del Pont\u00edfice que bendec\u00eda a su pue\u00adblo. Y cuando extendiendo la mano <sub>y<\/sub> haciendo el signo de la cruz, pronunci\u00f3 las palabras solemnes, se alz\u00f3 un gran grito: \u00a1<i>Am\u00e9n! <\/i>de un extremo a otro de la plaza.Nada m\u00e1s bello que esa oraci\u00f3n de una ciudad entera con su obispo, en esa hora avanzada de la noche, a la luz de las estrellas, bajo un cielo soberbio. Se trataba de un acto religioso; pues, tan luego como el Papa se retir\u00f3 del balc\u00f3n, todas las antorchas se apagaron simult\u00e1neamente, y el escenario qued\u00f3 alumbrado \u00fanicamente por unas ollas en que hab\u00edan en\u00adcendido llamas de Bengala en las terrazas de los palacios ve\u00adcinos .. .<\/p>\n<p>\u00abA las nueve y media, dejamos la plaza del Quirinal con los \u00fal\u00adtimos grupos y regresamos por las calles tranquilas y calladas, co\u00admo lo est\u00e1n a media noche. Los romanos fueron a acostarse, como ni\u00f1os respetuosos que, antes de dormir, quieren dar las buenas no\u00adches a su padre\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam sali\u00f3 al d\u00eda siguiente. No lo seguiremos en esta segunda parte de su itinerario a esa tierra de Hungr\u00eda, tierra de santos, de leyendas piadosas a donde nos llevan sus <i>Estudios franciscanos. <\/i>\u00abToda esta parte de nuestra estancia en Italia \u2014escribe\u2014 ha es\u00adtado bien envenenada ;; y s\u00f3lo a trav\u00e9s del velo de nuestro luto pu\u00addimos ver As\u00eds, Ravena, Venecia y tantas maravillas. Al paso que avanza uno en la vida \u00bfno lleva siempre un velo de tristeza ante los ojos; y no es preciso acostumbrarse a ver,, as\u00ed las bellezas de. la tierra, aunque no fuese m\u00e1s que para desprenderse de ellas?\u00bb<\/p>\n<p>Los diez d\u00edas que Ozanam pas\u00f3 en Venecia fueron para \u00e9l un deslumbramiento constante. La repentina aparici\u00f3n de la <i>Piazza Grande, <\/i>resplandeciente de luces, hizo que lanzara exclamaciones de j\u00fabilo y de admiraci\u00f3n. \u00abA la derecha y a la izquierda, las <i>Pro\u00adcuraties <\/i>con el Campanile; en el fondo, San Marcos, con su fa\u00adchada recortada, sus domos y sus cruces; luego al dar la vuelta, la Piazzetta, el magn\u00edfico y amenazador palacio ducal, las dos columnas de San Marcos y de San Jorge y, en fin, el mar. . . \u00bb \u00abEsta vez, ya no ve\u00eda \u2014escribe&#8211;: so\u00f1aba; y me parec\u00eda que toda esa magia iba a esfumarse con los primeros rayos del d\u00eda. Eran las diez; y se o\u00eda m\u00fasica por todos lados; grupos de hombres y de muchachas se deten\u00edan bajo los p\u00f3rticos; y empezaba a comprender todo cuanto hab\u00eda habido de voluptuoso, de peligroso, en esa vida encantada de los antiguos venecianos, todo lo que constituy\u00f3 el atractivo de esa m\u00e1gica ciudad y todo lo que contribuy\u00f3 a su p\u00e9rdida.<\/p>\n<p>\u00abAmaneci\u00f3. Diez veces he visto levantarse el sol sobre Venecia, diez veces me ha parecido que mi sue\u00f1o no se esfumaba: Venecia ha cumplido mucho m\u00e1s de lo que yo esperaba. \u00a1Cu\u00e1ntas horas encantadoras, cu\u00e1ntos momentos demasiado fugaces en g\u00f3ndola, sobre la laguna y en la playa del Lido donde por fin encontr\u00e1bamos las olas retumbantes del Adriatic\u00f3! \u00a1Cu\u00e1ntas interesantes peregrinaciones al convento de los buenos armenios de San L\u00e1zaro, que hacen tan bien los honores de su peque\u00f1o monasterio de ladrillo rojo, rodeado de risue\u00f1os jardines; a las islas de Murano y de Torcello en que antiguos santuarios sobreviven a una prosperidad que ya no existe&#8230;<\/p>\n<p>\u00abSin embargo, a esos goces se mezcla una gran tristeza.<sup>&#8211;<\/sup> Yo ve\u00eda sobre la plaza los tres m\u00e1stiles despojados de los estandartes de los tres reinos que anta\u00f1o eran la gloria de la Rep\u00fablica ; y, sobre la Piazzetta, los ca\u00f1ones austr\u00edacos y los granaderos h\u00fangaros que los guardan\u00bb.<\/p>\n<p>En los primeros d\u00edas de junio, vemos a Ozanam emprender de nuevo el camino hacia Francia pasando por Suiza, donde lo encontramos peregrino de la historia en San Gall, antiguo foco de la civilizaci\u00f3n cristiana para Alemania. Hab\u00eda esperado encontrar all\u00ed algunos vestigios de San Colombano y de los grandes monjes de Occidente. El d\u00eda siguiente, se hallaba en Einsielden, donde se uni\u00f3 a los peregrinos de los Cantones y del Tirol, a los pies de nuestra Se\u00f1ora de los Ermita\u00f1os.<\/p>\n<p>El 15 de junio, lleg\u00f3 a Ginebra, a casa de su amigo el doctor Dufresne, cuando al abrir el peri\u00f3dico por_ociosidad, se enter\u00f3 de la muerte del se\u00f1or Ballanche. Fue para \u00e9l un gran dolor. El 17, Ozanam se desahog\u00f3 . as\u00ed en el coraz\u00f3n de Juan Jacobo Amp\u00e8re:<\/p>\n<p>\u00abAl estrechar la mano de nuestro venerable amigo por \u00faltima vez, no pod\u00eda pensar que ser\u00eda uno de los que, por desgracia, jam\u00e1s volver\u00eda a ver. O mejor dicho, se encuentra entre los que volveremos a ver, si lo merecemos. Despu\u00e9s de una vida tan cristiana, coronada por un fin tan religioso, esta alma pura ha ido a aumen\u00adtar el n\u00famero de almas benditas que nos esperan y nos llaman.<\/p>\n<p>\u00abPero en cuanto a este mundo concierne, he aqu\u00ed una p\u00e9rdida que deja un gran vac\u00edo en las filas ya de suyo muy mermadas de esta bella generaci\u00f3n literaria,, salida de las ruinas de nuestra Re\u00advoluci\u00f3n para cubrirlas con flores inmortales. \u00a1Qu\u00e9 soledad en torno del se\u00f1or de Chateaubriand, \u00fanico patriarca superviviente entre los compa\u00f1eros de su peregrinaci\u00f3n y que no puede conso- larse de que ya no vivan! \u00a1Qu\u00e9 dolor habr\u00e1 de sentir usted al per\u00adder al amigo m\u00e1s querido de su ilustre padre, y qu\u00e9 dolor para m\u00ed ver que desaparece uno de los mejores gu\u00edas de mi juventud.<\/p>\n<p>\u00abEn medio de tantas aflicciones, perm\u00edtame, Se\u00f1or y querido amigo, unir mi pena a la suya. Sabemos, por una experiencia de\u00admasiado reciente, que, en estos tristes momentos, todas las simpa\u00adt\u00edas son dulces, aunque vengan de abajo y de lejos\u00bb.<\/p>\n<p>Uno de los \u00faltimos d\u00edas en Suiza fue dedicado a una grata y piadosa peregrinaci\u00f3n: peregrinaci\u00f3n dom\u00e9stica que, para Oza\u00adnam, qued\u00f3 asociada al mejor recuerdo que se llev\u00f3 de esos valles alpestres. El lozano cuadro que de ella dej\u00f3 lo hace revivir todo.<\/p>\n<p>Cuenta que, el 21 de junio, hab\u00eda recordado que \u00aba medio ca\u00admino entre Lausanne e Yverdun, se encontraba el pueblo de Echallens, en que su abuelo Nantas se hab\u00eda refugiado durante los \u00falti\u00admos meses del Terror: su madre le hab\u00eda hablado con frecuencia de \u00e9l\u00bb. Resolvi\u00f3 ir a visitar la aldea, en memoria de ellos. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 no hubiera dado \u2014escribe\u2014 para conocer la casa en que vivi\u00f3 mi familia! Cuando menos, ve\u00eda los bosquecitos y los bonitos senderos en que iban a coger fresas. El t\u00edo cartujo abr\u00eda la marcha como explorador; y cuando hab\u00eda descubierto un nido de fresas, llamaba a sus alegres sobrinas: ` \u00a1Vengan, se\u00f1oritas, veo algo muy rojo!&#8217; Y volv\u00edan con canastos llenos de esas preciosas frutitas que sabo\u00adreaban con excelente leche. Visit\u00e9 la iglesia en que mi buena madre hizo su Primera Comuni\u00f3n, bajo la direcci\u00f3n de aquel excelente cu\u00adra que le repet\u00eda: `Iremos los dos, iremos los dos al Para\u00edso&#8217;. La en\u00adcontr\u00e9 como me la hab\u00eda descrito mi madre, si bien, por desgracia, dividida entre, el culto cat\u00f3lico y el protestante. Esta querida iglesia est\u00e1 muy destartalada ; sin embargo, rec\u00e9 en ella con m\u00e1s emoci\u00f3n que de costumbre. Agradec\u00eda a Dios las gracias que hab\u00eda hecho en ese mismo lugar a la peque\u00f1a desterrada. Rec\u00e9 por mi buena madre, porque es un deber rezar por los muertos. Mas, como creo que es feliz y poderosa en el cielo, le ped\u00ed que velara sobre nosotros, que nos ayudara a terminar con fortuna este viaje demasiado largo, y sobre todo que consiguiera para sus hijos algunas de sus vir\u00adtudes m\u00e1s suaves.<\/p>\n<p>\u00abMi mujer y mi suegra rezaban conmigo y mi peque\u00f1a Mar\u00eda se arrodillaba muy juiciosa ante la reja del santuario. Amelia quiso cortar unas flores en la peque\u00f1a loma en que se alza la iglesia.<\/p>\n<p>\u00abEsas flores no son las que hollaba nuestra buena madre cuando iba a misa, pero se les parecen; \u00a1ojal\u00e1 nosotros nos pareci\u00e9ramos a ella!\u00bb<\/p>\n<p>En suma, ese viaje y esa estancia de ocho meses en el encanto de los lugares y de los cosas hab\u00eda sido provechoso para Ozanam. Provechoso para su salud y para la de los suyos; acababa de escri- bir a Lallier: \u00abEn cuanto a salud, la m\u00eda no es mala ; y la de mi mu\u00adjer parece mejorar un poco; pero lo que nunca podr\u00edamos agra- decer lo bastante a la Providencia es que en ocho meses, nuestra ni\u00f1a no haya tenido la menor indisposici\u00f3n. El hecho de que est\u00e9 exenta de las miserias humanas me afianza en la creencia de que es un angelito, si a veces no fuese turbulenta como un diablillo\u00bb.<\/p>\n<p>Provechoso tambi\u00e9n para su inteligencia que se hab\u00eda iluminado ante esos grandes, espect\u00e1culos y para su coraz\u00f3n mecido con gra\u00adtas y hermosas esperanzas. Mas \u00bfno se trataba de ilusiones; y por el crimen de los hombres no se cambiar\u00e1n en amargas decepciones? Es cierto; pero no lo es menos, en primer lugar, que ese entusiasmo por la obra de P\u00edo IX, lo compart\u00eda Ozanam con la inmensa ma\u00adyor\u00eda de los cat\u00f3licos de Francia. Luego, en particular para Oza\u00adnam, no era el efecto inconsiderado de un deslumbramiento y de un arrebato, sino el resultado de observaciones y convicciones razo\u00adnadas que \u00e9l quer\u00eda exponer y justificar cuanto antes, como poli\u00ad, tico y como cristiano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XIX: Misi\u00f3n en Italia Florencia.\u2014Roma.\u2014P\u00edo IX.\u2014Audiencias y ovaciones.\u2014Luto fraternal.\u2014Ve\u00adnecia.\u2014Echallens. 1847 El viaje, iniciado en diciembre de 1846, ten\u00eda el itinerario si\u00adguiente: el sur de Francia, G\u00e9nova, Florencia, para terminar en Roma como centro principal &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-19\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149294,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[11],"tags":[164,305],"class_list":["post-128627","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-federico-ozanam","tag-bailly","tag-chaurand"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Federico Ozanam (por Mons. 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