{"id":128375,"date":"2016-08-24T12:00:35","date_gmt":"2016-08-24T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=128375"},"modified":"2016-08-06T07:29:49","modified_gmt":"2016-08-06T05:29:49","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-02","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-02\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 02"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo II: Preludios literarios<\/h2>\n<p><i>El pasante de abogado. Profesi\u00f3n de su fe.\u2014La Abeja.\u2014\u00bbSansimonismo <\/i><i>y <\/i><i>Cristianismo\u00bb. Plan general de estudios apolog\u00e9ticos.<\/i><\/p>\n<p>1830-1831<\/p>\n<p>El doctor Ozanam ten\u00eda opiniones preconcebidas acerca del por\u00advenir de su hijo. En su diario de familia del a\u00f1o de 1829, se leen estas l\u00edneas: \u00abDeseo hacer de Federico un abogado, o m\u00e1s bien un consejero, un juez en alguna corte real. Tiene sentimientos de\u00adlicados, puros y generosos; y ser\u00e1 un magistrado \u00edntegro e ilustrado. Me asisten buenas razones para esperar que ser\u00e1 nuestro consuelo en nuestra vejez. Al salir del colegio, donde termina aho\u00adra su filosof\u00eda, estudiar\u00e1 la pr\u00e1ctica de la abogac\u00eda en el bufete de un legista; luego, ir\u00e1 a estudiar derecho en Dijon o en Par\u00eds\u00bb.<\/p>\n<p>Esa &#8216; idea preconcebida de hacer que su hijo emprendiera la carrera jur\u00eddica, en vez de la carrera literaria a la que se inclinaba por afici\u00f3n, iba a ser el principio de ocho a\u00f1os de agobios y sufri\u00admientos, que pesar\u00e1n con su fardo abrumador sobre la juventud, y aun la madurez, de Federico Ozanam.<\/p>\n<p>El hijo respetuoso se someti\u00f3 a la voluntad de su padre. El a\u00f1o siguiente, 1830, encontramos, pues, al joven bachiller en el bufete de uno de los primeros abogados de Lyon, el se\u00f1or Coulet, como pasante aficionado, copiando fojas, redactando minutas o autos. Pero ni su esp\u00edritu ni su coraz\u00f3n estaban ah\u00ed. Desde el \u00faltimo a\u00f1o de colegio, no apartaba la vista de un<sup>,<\/sup> ideal sublime, muy otro.<\/p>\n<p>El m\u00e9dico se hab\u00eda percatado de que era necesario un empleo marginal para el exceso de actividad de la inteligencia de su hijo. Le dio al mismo tiempo un maestro de alem\u00e1n, lengua en la cual no tard\u00f3 en hacer r\u00e1pidos progresos. Era un valioso instrumento que la Providencia, que ve lejos, pon\u00eda en manos del futuro pro\u00adfesor de literatura extranjera, y del historiador de la civilizaci\u00f3n de los germanos y los francos.<\/p>\n<p>A esto a\u00f1adi\u00f3 cursos de dibujo. Era el deseo de su madre, que manejaba el l\u00e1piz con gracia. Ser\u00eda, adem\u00e1s, una agradable diversi\u00f3n para la ingrata y humilde actividad del pasante de de\u00adrecho. Era, en realidad, una primera cultura concedida a las fa\u00adcultades est\u00e9ticas, que hab\u00eda de florecer un d\u00eda en bellas p\u00e1ginas sobre el arte y los artistas cristianos de la Edad Media.<\/p>\n<p>Ni en el bufete ni en el curso de dibujo hab\u00eda una buena con\u00adcurrencia. El joven cristiano de diecisiete a\u00f1os tendr\u00eda que ha\u00adcer respetar all\u00ed su fe y sus pr\u00e1cticas.<\/p>\n<p>El bufete del licenciado Goulet empleaba inconscientemente a algunos libertinos imp\u00edos, aficionados a malas lecturas y acostum\u00adbrados a frecuentar lugares de perdici\u00f3n. No temieron jactarse de ello en presencia del reci\u00e9n llegado. Ozanam se sonroj\u00f3; luego, un d\u00eda, impacientado e indignado tom\u00f3 audazmente la palabra, refut\u00f3 sus bromas, desenmascar\u00f3 su ignorancia, los hizo avergon\u00adzar de sus charlas y los redujo al silencio, \u00e9l, que era m\u00e1s joven que todos ellos. \u00abFederico \u2014refiere su hermano\u2014 nos contaba \u00e9l mismo acaloradamente todos los pormenores de ese primer com\u00adbate y de esa primera victoria. Le vali\u00f3 el respeto y la estimaci\u00f3n de los infelices muchachos que, la v\u00edspera, lo consideraban todav\u00eda como un tonto y un ni\u00f1o\u00bb.<\/p>\n<p>Lo mismo ocurri\u00f3 en el curso de dibujo. El se\u00f1or L\u00e9once Cur\u00adnier, autor de una excelente obra sobre <i>La Juventud de\u2022 Ozanam, <\/i>hace el siguiente relato, que resumo: \u00abEra a fines de 1830. Est\u00e1bamos en clase de dibujo colocados cerca uno de otro, rodeados de j\u00f3venes disolutos e imp\u00edos. Sufr\u00edamos al escucharlos, pero ago\u00adbiados por el n\u00famero, call\u00e1bamos, entendi\u00e9ndonos con miradas. Sin embargo, un d\u00eda las cosas llegaron a un punto tal, que ambos pro\u00adtestamos de consuno. Ozanam se puso de pie. Me parece ver a\u00fan esa fisonom\u00eda y escuchar esa palabra de la que no hab\u00eda cono\u00adcido hasta entonces sino la modestia y la timidez, animarse, in\u00adflamarse, ordenar, imponer el silencio. Con una voz firme, pero reprimida, hizo orgullosamente su profesi\u00f3n de fe cristiana y ca\u00adt\u00f3lica aunque, due\u00f1o de s\u00ed mismo, no dej\u00f3 escapar ninguna palabra ofensiva para esos pobres extraviados. Estos callaron&#8230; Al volver a sentarse \u2014a\u00f1ade el testigo\u2014 el futuro profesor de la Sorbona estrech\u00f3 la mano del modesto aprendiz industrial .y esa ma\u00adno, mi joven y noble amigo jam\u00e1s la retir\u00f3\u00bb.<\/p>\n<p>Su amistad dur\u00f3 tanto como la vida. En sus recuerdos de la <i>Juventud de Ozanam <\/i>dedicados a sus hijos, L\u00e9once Curnier es\u00adcribe : \u00abMi trato cotidiano con Federico Ozanam constituye to\u00addo el encanto de mi estancia en la ciudad de Lyon. A menudo hac\u00edamos deliciosos paseos, por las orillas encantadoras del r\u00edo Sa\u00f4\u00adne, cuya belleza lo sum\u00eda en una embriaguez po\u00e9tica. Se quedaba corno en \u00e9xtasis ante un lugar pintoresco, ante un paisaje de le\u00adjanos horizontes, ante un r\u00edo de graciosos contornos. Los prados y los bosques, las hojas y las flores le inspiraban inefables deleites que se convert\u00edan en acciones de gracias y en homenajes al Crea\u00addor. M\u00e1s de una vez, en nuestras excursiones por los alrededores de Lyon, escuch\u00e9 esas invocaciones que se escapaban del coraz\u00f3n tan profundamente religioso de mi amigo, y cada vez, como sus\u00adpendido a sus labios, me sent\u00eda conmovido por tan bellos acentos; y arrebatado con \u00e9l en ese vuelo m\u00edstico, me esforzaba por se\u00adguirlo\u00bb.<\/p>\n<p>El mismo amigo prosigue : \u00abTen\u00edamos ambos marcada predi\u00adlecci\u00f3n por la isla Barbe, ese encantador oasis de verdura tan grato a los lioneses. Ozanam me ense\u00f1aba all\u00ed las ruinas de una antigua abad\u00eda del siglo VII o me invitaba a subir con \u00e9l sobre las abruptas rocas desde las cuales dec\u00edan que Carlomagno hab\u00eda visto desfilar su ej\u00e9rcito en esa \u00e9poca de hero\u00edsmo y de fe que mi compa\u00f1ero hac\u00eda revivir en sus relatos.<\/p>\n<p>\u00abNuestra Se\u00f1ora de Fourvi\u00e8re ejerc\u00eda sobre nuestro coraz\u00f3n una atracci\u00f3n que difer\u00eda de la del espl\u00e9ndido panorama que se des\u00adpliega sobre su monta\u00f1a. Era para \u00e9l un gran lugar de plegaria. Sent\u00eda una viva devoci\u00f3n por la Madre de Dios, cuyo modesto santuario atestiguaba en sus muros los milagros obtenidos por su poderosa intercesi\u00f3n. Ozanam, quien conoc\u00eda a fondo la historia de ese lugar bendito, evocaba ante mis ojos sus grandes visitantes de otros tiempos : Tom\u00e1s Becket, Inocencio IV, Luis XI, Ana de Austria, Luis XIII y en nuestros d\u00edas P\u00edo VII, al regresar de la coronaci\u00f3n de Napole\u00f3n\u00bb:<\/p>\n<p>\u00abEl alma entera, esp\u00edritu y coraz\u00f3n, se encontraba a gusto en esas charlas \u2014prosigue para terminar el amigo de N\u00eemes\u2014. Cuando Dios, en su bondad, me dio a Ozanam como amigo, era yo muy joven, abandonado a m\u00ed mismo, lejos del techo paterno, en una gran ciudad en que me acechaban mil peligros. Bajo el soplo de escepticismo general de aquella \u00e9poca, sent\u00eda vacilar la fe que me hab\u00eda transmitido mi madre y debilitarse la \u00fanica fuer\u00adza que pod\u00eda yo imponer al impulso de las pasiones. Ozanam se encontr\u00f3 en mi camino para detenerme a orillas del precipicio. `Volv\u00ed a caminar firmemente en la v\u00eda que me trazaba su ejem\u00adplo&#8230; Estaba en el destino de Federico Ozanam preservar o re\u00adtirar en tal forma del mal y de la incredulidad a muchos j\u00f3venes de su siglo. Fui tal vez el primero a quien salv\u00f3 del naufragio\u00bb<span id='easy-footnote-1-128375' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-02\/#easy-footnote-bottom-1-128375' title='L\u00e9once Curnier, miembro de la Academia de N\u00eemes y de Montpellier, &lt;i&gt;La Ju\u00adventud de Ozanam, &lt;\/i&gt;obra coronada por la Academia francesa, gran in-80., pp. 22 y siguientes. Par\u00eds, librer\u00eda Hennuyer, 1890.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Terminados sus estudios profesionales, el se\u00f1or L\u00e9once Curnier volvi\u00f3 a N\u00eemes, su ciudad natal, en que se convirti\u00f3 en uno de los ciudadanos m\u00e1s notables. Vivi\u00f3 toda su vida bajo el hechizo de esos recuerdos y el impulso de esos ejemplos, como lo veremos por su correspondencia ulterior.<\/p>\n<p>Hemos o\u00eddo ya las confidencias de Federico a otro de sus ca\u00admaradas, el se\u00f1or Materne, m\u00e1s tarde pr9fesor en la Universidad, conocido por sus sabios trabajos de literatura griega. Ahora en junio de 1830, habla a su amigo de su admiraci\u00f3n por su religi\u00f3n reconquistada y de su dicha de creer. Mas aqu\u00ed el joven y firme cristiano se reprocha a s\u00ed mismo no serlo tanto como deber\u00eda y quisiera. \u00abLlevo a la pr\u00e1ctica m\u00e1s convicci\u00f3n que fervor. Sufro mucho de ello. Quisiera ser en todo un digno hijo de la Igle\u00adsia. Sin duda, pongo una exactitud invariable en mis h\u00e1bitos religiosos; pero debo reconocer que la confesi\u00f3n me cuesta mucho. La causa es mi orgullo, la confusi\u00f3n que en ella siento y sobre todo, la falta de energ\u00eda que me impide corregirme\u00bb.<\/p>\n<p>Escrib\u00eda lo anterior el 8 de julio de 1830. Unos d\u00edas despu\u00e9s estallaba la Revoluci\u00f3n. La correspondencia se reanuda sobre ese nuevo tema. Ozanam se indigna de las impiedades cometidas en aquellos d\u00edas de violencia : \u00abexcesos de la prensa, rompimiento de cruces, represalias del gobierno que abren un abismo cada vez m\u00e1s profundo entre el nuevo r\u00e9gimen y la Iglesia cat\u00f3lica\u00bb. Y sin embargo, de esa Iglesia sola espera el retorno de una paz dura\u00addera en la sociedad. En cuanto a la pol\u00edtica, no se pronuncia has\u00adta que el \u00e1rbol de la libertad se haya dado a conocer por sus frutos. Y ese jovencito sabr\u00e1 esperar: \u00abMientras los j\u00f3venes aclaman la gloriosa Revoluci\u00f3n, me esfuerzo en cuanto a m\u00ed en hacerme viejo; miro, espero, observa y dentro de diez a\u00f1os, habr\u00e9 de pronunciar mi fallo. Entre tanto, amigo m\u00edo, un\u00e1monos para ser buenos cristianos. Me complazco en pensar que, en esta traves\u00eda tempestuo\u00adsa, seremos uno para otro un apoyo, sin flaqueza ni ca\u00edda. Semejante amistad s\u00f3lo puede ser bendecida por Dios. Y llegar\u00e1 un d\u00eda en que, estando casi al final de la carrera, nos. felicitaremos por haber ingresado en ella d\u00e1ndonos la mano\u00bb.<\/p>\n<p>Se hablaba mucho de guerra en aquellos d\u00edas de trastorno ge\u00adneral europeo : \u00ab\u00bfQui\u00e9n me dice \u2014escribe Ozanam el 14 de agos\u00adto\u2014 que una de estas ma\u00f1anas no me ver\u00e1, como mi padre, en alg\u00fan puente de Areola o en Lodi o en el camino de Viena, aun el de Londres, con la mochila en la espalda y el sable en la mano? \u00a1 Enhorabuena! Estoy dispuesto a todo. Mas no por eso he inte\u00adrrumpido mis estudios. \u00bf No es bueno que un soldado sepa hablar alem\u00e1n e italiano? \u00bf Sobre todo, un militar no debe acaso estar armado de una fe m\u00e1s s\u00f3lida y, por consiguiente, de una fuerte instrucci\u00f3n religiosa?\u00bb Ozanam hubiera podido citar el ejemplo de un militar de quien escrib\u00eda cinco meses antes de morir : \u00abAl dejar a los h\u00fasares, mi padre hab\u00eda le\u00eddo de cabo a rabo la vo\u00adluminosa Biblia de Dom Calmet, y sab\u00eda lat\u00edn como nosotros, los profesores, ya no lo sabemos\u00bb.<\/p>\n<p>A la par que estudiaba mucho, Federico aprend\u00eda a escribir pa\u00adra el p\u00fablico. Los se\u00f1ores Noirot y Legeay, sus maestros, hab\u00edan fundado en Lyon una peque\u00f1a revista, <i>La Abeja, <\/i>abierta a los trabajos de sus ex alumnos. Ozanam le ofrec\u00eda una frecuente y brillante colaboraci\u00f3n. Adem\u00e1s de los temas de actualidad y de las diversiones literarias en prosa o en verso en que ejercitaba su plu\u00adma, hablaba mucho de filosof\u00eda y de historia en sus art\u00edculos. Compart\u00eda el mando de la revista con otro joven , alumno de la misma escuela, Hip\u00f3lito Fortoul, de Digne, futuro profesor de la Facultad de Toulouse, futuro ministro de la Instrucci\u00f3n p\u00fablica y de Cultos a principios del segundo imperio.<\/p>\n<p>Entre tanto, en abril de 1831, el sansimonismo acababa de in\u00advadir a Lyon. Floreciente en Par\u00eds, acreditada por el talento de algunos de sus maestros y adictos, sostenida por el gran diario universitario <i>Le Globe, <\/i>la doctrina sansimoniana esperaba su advenimiento soberano y definitivo de la Revoluci\u00f3n de Julio. En Lyon, donde el peri\u00f3dico de los liberales, <i>El Precursor, <\/i>le hab\u00eda dado la bienvenida, se apoyaba en la autoridad del nombre en ning\u00fan modo trivial de sus emisarios parisienses, Laurent, Jean Reynaud, Pierre Leroux. Fueron tres meses de agitaci\u00f3n. En me\u00addio de la muchedumbre, su estrafalaria indumentaria de carnaval y la extravagancia de sus pretensiones reformistas hab\u00edan atra\u00eddo en torno suyo, por parte del pueblo, m\u00e1s curiosidad que simpat\u00eda. En cambio, el prestigio de sus ideas liberales e igualitarias, el aliciente que sus promesas de emancipaci\u00f3n moral ofrec\u00eda a las pasiones, las perspectivas de una Edad de Oro que ser\u00eda el retor\u00adno a la ley primordial de la humanidad no dejaban de ejercer una viva seducci\u00f3n particularmente en el esp\u00edritu de la juventud culta. En fin, cosa espantosa \u00bfno hab\u00eda esp\u00edritus aun religiosos para quienes el sansimonismo no era sino un nuevo y mejor cris\u00adtianismo, del que tomaba el nombre?<\/p>\n<p>Con justa raz\u00f3n, se sorprender\u00e1 uno de que un joven de aquella \u00e9poca, de diecisiete a dieciocho a\u00f1os de edad, haya tenido la presunci\u00f3n de atacar ese engreimiento y esa atracci\u00f3n. Su celo por la verdad, su indignaci\u00f3n contra la mentira y el mal, la conciencia del peligro de sus hermanos, el honor de Dios y de la Iglesia pu\u00adsieron la pluma en su mano. Dirigi\u00f3 primero dos art\u00edculos de re\u00adfutaci\u00f3n al <i>Precursor.<\/i><\/p>\n<p>El escritor novel, como se leer\u00e1, se disculpaba de su audacia por la sinceridad de sus convicciones, ped\u00eda la indulgencia de sus ma\u00adyores, cuyo lugar estaba sin embargo, mejor que el suyo \u2014dec\u00eda\u2014, marcado en el frente de vanguardia:<\/p>\n<p>\u00abPenetrado de esas grandes verdades del cristianismo llenas para m\u00ed de consuelo y de esperanza, sent\u00eda yo la premura de decir lo que experimentaba mi alma. S\u00e9 que mi voz es d\u00e9bil y mi esp\u00ed\u00adritu flaco. No puede esperarse de un joven de dieciocho a\u00f1os apenas una obra perfecta. As\u00ed pues, si he fallado en alguna parte, achacadlo no a la causa que defiendo, sino a mi juventud y a mi impotencia. Si, empero, os parezco haber sostenido dignamente esta primera lucha, aprended con ello lo que los padres podr\u00edan hacer por la misma causa, puesto que sus hijos no temen entrar en la lid\u00bb.<\/p>\n<p><i>El Precursor, <\/i>que public\u00f3 el art\u00edculo, hab\u00eda prometido contes\u00adtarlo : no lo hizo. <i>El Globo, <\/i>que se hab\u00eda comprometido tambi\u00e9n a hacerlo, guard\u00f3 a su vez silencio. Pero los art\u00edculos hab\u00edan sido muy notados, ya sea en Par\u00eds o en Lyon. Los amigos de Oza\u00adnam le pidieron que los publicara en folleto, desarroll\u00e1ndolos para completarlos. Fue un segundo trabajo, fruto de nuevos estudios, considerablemente ampliado, a tal punto que a menudo el tema rebasa el marco. Era el examen completo, en varios cap\u00edtulos, de la doctrina sansimoniana expuesta bajo sus dos aspectos, hist\u00f3rico y cr\u00edtico, dogm\u00e1tico y org\u00e1nico. Cito la conclusi\u00f3n que es clara y escrita por una mano y un esp\u00edritu singularmente firmes:<\/p>\n<p>\u00abLa doctrina sansimoniana se nos presentaba como fundada en el principio de la perfectibilidad humana, como apoyada en un sistema hist\u00f3rico que comprueban los hechos, como armoniz\u00e1n\u00addose con las necesidades de la humanidad. Se anunciaba como verdadera en sus dogmas, como profunda y santa en sus or\u00edgenes, como fecunda y bienhechora en sus resultados. Y la historia la desmiente, la conciencia de la humanidad la reprueba, el sentido com\u00fan la rechaza. Su revelaci\u00f3n primitiva es una f\u00e1bula, su nove\u00addad una ilusi\u00f3n, su aplicaci\u00f3n una inmoralidad. Contradictoria en sus principios, ser\u00eda desastrosa a la par que imposible en su t\u00e9r\u00admino, pues har\u00eda retroceder muy lejos al g\u00e9nero humano en los caminos del progreso y de la civilizaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La obra se public\u00f3 en un centenar de p\u00e1ginas en la primavera de 1831 con el t\u00edtulo de <i>Reflexiones sobre la doctrina de Saint-Simon. <\/i>Fue saludada inmediatamente, cuando menos como una esperanza : \u00abRecib\u00ed del se\u00f1or de Lamartine una carta muy hala\u00adgadora, y del <i>Avenir (El Porvenir, <\/i>el peri\u00f3dico de Lamennais) una rese\u00f1a muy favorable\u00bb, escribe Ozanam a un amigo.<\/p>\n<p>La carta de Lamartine dec\u00eda : \u00abM\u00e2con, 18 de Agosto de 1831.<\/p>\n<p>\u00abAcabo de recibir con gratitud y de leer con sorpresa para su edad y admiraci\u00f3n para sus sentimientos y su talento, la obra que me hace Ud. el honor de dirigirme. Reciba Ud. mis m\u00e1s cumplidas gracias. Estoy orgulloso de que un pensamiento m\u00edo apenas esbozado le haya inspirado a Ud. un comentario tan bello. Cr\u00e9ame que el pensamiento estaba en Ud.: el m\u00edo s\u00f3lo fue la chispa que encendi\u00f3 su alma.<\/p>\n<p>\u00abEste principio nos promete un combatiente m\u00e1s en la santa lucha de la filosof\u00eda moral y religiosa contra una grosera reacci\u00f3n materialista. Como Ud., tengo buenos presagios de \u00e9xito. No lo hemos logrado; pero la voz de la conciencia, esa profec\u00eda infali\u00adble del coraz\u00f3n del hombre honrado, nos lo asegura para nuestros hijos. Pongamos nuestra confianza en ese instinto y vivamos en el porvenir\u00bb.<\/p>\n<p>Chateaubriand contempla con desd\u00e9n el sansimonismo y des\u00adprecia a Saint-Simon. Escribe de Ginebra el 2 d e Agosto a un amigo : \u00abHe recorrido r\u00e1pidamente el folleto del se\u00f1or Ozanam. Ya hab\u00eda le\u00eddo un fragmento en el <i>Precursor. <\/i>La obra es de un excelente esp\u00edritu, y el trozo final es sumamente conmovedor. Lo \u00fanico que deploro es que el autor haya perdido su tiempo y su talento en refutar algo que no merece la pena. Todos conocimos a Saint-Simon. Era un loco, por no decir algo m\u00e1s. \u00a1Vaya un extra\u00f1o Cristo! D\u00e9 usted las gracias, por favor, de parte m\u00eda, al Sr. Ozanam\u00bb.<\/p>\n<p>No puede decirse, sin embargo, que esa primera obra de los dieciocho a\u00f1os escape a esa exuberancia juvenil que implora la indulgencia. Del \u00e1rbol brotan hojas y flores: los frutos necesitan madurar. Cierta fraseolog\u00eda acusa la vecindad de la ret\u00f3rica de la v\u00edspera; pero ya se dejan vislumbrar el escritor y el sabio de ma\u00f1ana. Juan Jacobo Amp\u00e8re da testimonio de ello. \u00abEncuentro ah\u00ed \u2014escribir\u00e1\u2014 el germen de las cualidades que se desarrolla\u00adron m\u00e1s tarde en Ozanam: una viva afici\u00f3n, aunque todav\u00eda no\u00advicia, por la erudici\u00f3n tomada de las m\u00e1s variadas fuentes; vi\u00advacidad, empuje, una gran moderaci\u00f3n con las personas; y, por encima de todo, convicciones muy firmes y el sentimiento sincero y valiente que hab\u00eda impulsado a ese joven a marchar solo en el combate, con su honda y las cinco piedras pulidas, elegidas en el torrente\u00bb.<\/p>\n<p>En fin, es a la juventud, a esa juventud a quien consagrar\u00e1 sus trabajos hasta el final, a la que Ozanam dedica entonces las pri\u00admicias de su pluma. \u00abQue no se niegue a escuchar esa voz de un compa\u00f1ero, de un hermano: J\u00f3venes, el reflorecimiento moral de nuestra vieja tierra de Francia ser\u00e1 nuestra obra. Hab\u00e9is ex\u00adperimentado todo el vac\u00edo de los goces materiales; y habiendo sentido el hambre y la sed de la justicia, hab\u00e9is ido a alimentaros de la hueca filosof\u00eda de los modernos ap\u00f3stoles. No hab\u00e9is encon\u00adtrado all\u00ed el alimento de vuestras almas. La religi\u00f3n de vuestros padres se presenta hoy ante vosotros con las manos llenas : no os apart\u00e9is de ella, pues tambi\u00e9n ella es generosa, tambi\u00e9n ella es joven como vosotros. No envejece con el mundo: siempre nueva, vuela al encuentro de los progresos del g\u00e9nero humano y s\u00f3lo ella es capaz de conducirlo a la perfecci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Mas ese favor, esos elogios que acog\u00edan al joven escritor \u00bferan los primeros halagos de la gloria? Son s\u00f3lo la tentaci\u00f3n de ella: la siente; pero la rechaza. A su amigo Materne que lo hab\u00eda elogiado demasiado, le confiesa, el 19 de abril de 1831, que a pesar suyo lo persigue un inmenso anhelo de exhibirse que echa a perder sus mejores acciones. \u00abY sin embargo, s\u00e9 que esa gloria es vana, lo cual no me impide que me busque a m\u00ed mismo&#8230; \u00a1Oh, amigo m\u00edo, que esta ley de amor sea la nuestra! \u00a1 Y, pisoteando la vanagloria, nuestro coraz\u00f3n ya s\u00f3lo arder\u00e1 para Dios, para los hombres, y para la verdadera felicidad! Entonces seremos exce\u00adlentes cat\u00f3licos, excelentes franceses; \u00a1 y seremos felices !\u00bb<\/p>\n<p>Amp\u00e8re hijo, que hab\u00eda visto en ese ensayo el germen del ta\u00adlento de Ozanam, hab\u00eda visto tambi\u00e9n en \u00e9l el preludio de su obra entera de apolog\u00e9tica : \u00abA esa doctrina anticristiana a la par que nueva \u2014escribir\u00e1-Ozanam opon\u00eda el Evangelio y la antig\u00fcedad, tratando desde entonces, con mano a\u00fan inexperta, pero ya decidida, de comprender el encadenamiento de las tra\u00addiciones del g\u00e9nero humano. Era como un prefacio del libro en que hab\u00eda de trabajar hasta su \u00faltimo d\u00eda\u00bb. Ozanam tiene con\u00adciencia de ello cuando escribe entonces a su pariente y amigo, Ernesto Falconnet : \u00abLa raz\u00f3n por la cual me gusta este folletito, es que puse en \u00e9l el germen de lo que debe ocupar nuestra vida\u00bb.<\/p>\n<p>Hab\u00eda, pues, una obra que hab\u00eda de ser toda su obra; no s\u00f3lo literaria, sino religiosa, sagrada; obra de ciencia y de fe, obra de apostolado realizada con el fin de salvar a las almas del escepti\u00adcismo y de la incredulidad del siglo. Ser\u00eda, tal como \u00e9l la concibe, <i>La Demostraci\u00f3n de la Religi\u00f3n cat\u00f3lica por la antig\u00fcedad y la universalidad de las creencias y de las tradiciones del g\u00e9nero hu\u00admano. <\/i>Esa perspectiva lo exalta, y \u00e9l que, ayer, en la duda, \u00abse apoyaba, a pesar de todo, con todas sus fuerzas, a la columna del templo, aunque hubiera de aplastarlo en su ca\u00edda\u00bb, escribe al mismo amigo: \u00aby he aqu\u00ed que hoy vuelvo a encontrarla, esa co\u00adlumna, apoyada en la ciencia, coronada con los rayos de la sabi\u00addur\u00eda, de la gloria y de la belleza. Vuelvo a encontrarla, la abrazo con entusiasmo, con amor. Permanezco cerca de ella; y desde ah\u00ed <i>la mostrar\u00e9 como un faro de liberaci\u00f3n a quienes bogan en el mar de la vida\u00bb.<\/i><\/p>\n<p>Algunos de los condisc\u00edpulos lioneses de Ozanam lo hab\u00edan pre\u00adcedido en las Escuelas de Par\u00eds. Uno de ellos era Hip\u00f3lito Fortoul, que ya hemos nombrado. Ten\u00eda dos a\u00f1os m\u00e1s que Federico. Ca\u00ed\u00addo en la gran ciudad a ra\u00edz de la Revoluci\u00f3n de julio, en medio de una juventud febril, turbulenta, sedienta de novedades, embria\u00adgada de libertad, deslumbrada de ilusiones, entregada sin br\u00fajula a todas las corrientes de ideas y a las violencias de la pasi\u00f3n po\u00adl\u00edtica y reformista, Fortoul hab\u00eda planteado a Ozanam la formida\u00adble pregunta del deber actual y la del porvenir de la sociedad.<\/p>\n<p>La respuesta del amigo fue una larga carta de diez p\u00e1ginas, de fecha 15 de abril de 1831, la carta m\u00e1s sorprendente que haya sido escrita por un colegial de dieciocho a\u00f1os. En ella se le ve, en primer lugar, desprender su pensamiento y su coraz\u00f3n del tumul\u00adto de las cosas pol\u00edticas de la \u00e9poca, para recogerse en la visi\u00f3n serena y retirarse en la seria y silenciosa preparaci\u00f3n de una vida superior dedicada por entero a la investigaci\u00f3n y al servicio de las verdades eternas, y a la obra de una acci\u00f3n moral, social y re\u00adligiosa, en la que<sub>.<\/sub> espera que sus amigos vendr\u00e1n a trabajar con \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00abMis queridos compa\u00f1eros, en medio de la agitaci\u00f3n de los es\u00adp\u00edritus y de las cosas, he tomado mi resoluci\u00f3n, mi tarea est\u00e1 ya trazada para toda la vida, y como amigo, debo comunicaros cu\u00e1l es. Ante todo, cansado de pol\u00edtica, harto de sistemas, al ver re\u00adpresentar en torno m\u00edo la charada en acci\u00f3n y al esperar paciente\u00admente que se revele la clave del enigma, he decidido mantenerme recluido en mi espera, desarrollarme en soledad, estudiar mucho, primero fuera de la sociedad, para despu\u00e9s entrar en ella con mayor ventaja para ella y para m\u00ed. Tal es el plan que he formado: el se\u00f1or Noirot me ha alentado para que lo realice, asegur\u00e1ndome que encontrar\u00eda yo muchos j\u00f3venes estudiosos dispuestos a ayu\u00addarme con sus consejos .y sus trabajos. Por eso pens\u00e9 en vosotros, mis buenos amigos&#8230; \u00a1Apresur\u00e9monos, pues, y mientras la tempes\u00adtad habr\u00e1 de derrocar muchas eminencias, crezcamos en la som\u00adbra y el silencio, para encontrarnos, ya hombres, cuando pasados los d\u00edas de transici\u00f3n, tengan necesidad de nosotros!\u00bb<\/p>\n<p>Trat\u00e1base de volver a edificar la sociedad sobre la religi\u00f3n, su fundamento, y de afianzar a \u00e9sta sobre una amplia base hist\u00f3rica. Esa construcci\u00f3n religiosa consistir\u00eda en buscar y volver a encon\u00adtrar en las tradiciones_ primitivas y en los libros sagrados de todos los pueblos los primeros cimientos de la verdad religiosa. El traba\u00adjo previo ser\u00eda el del estudio de las lenguas orientales, hebreo, s\u00e1nscrito, egipcio, \u00abuna docena de lenguas\u00bb \u2014dec\u00eda\u2014 para tomar de ellas los documentos en las fuentes originales. En fin, se a\u00f1a\u00addir\u00edan a esto algunos conocimientos de geolog\u00eda y astronom\u00eda, con el fin de poder discutir los sistemas cosmog\u00f3nicos de los pueblos, ahondar la historia de las razas y de las creencias, etc.<\/p>\n<p>\u00bfOu\u00e9 cosa no se necesitaba saber? Sonr\u00ede uno cuando Ozanam se muestra a s\u00ed mismo \u00abexcavando todas las tumbas, exhumando todos los mitos, explorando las tradiciones de todas las \u00e9pocas, desde los salvajes de Cook hasta los hind\u00faes de Wishnow y hasta los escandinavos de Odin\u00bb. A esa edad, no se le tiene miedo a nada.<\/p>\n<p>Ozanam busca su disculpa en una imperiosa vocaci\u00f3n : \u00abMe sorprendo yo mismo de mi audacia ; pero \u00bf qu\u00e9 puedo hacer? Cuando una idea se apodera de nosotros <i>durante dos a\u00f1os <\/i>y que rebasa la inteligencia, impaciente de difundirse \u00bf acaso es uno due\u00ad\u00f1o de detenerla? Cuando una voz grita sin cesar: <i>haz esto, te lo mando <\/i>\u00bfpuede uno decirle que se calle?\u00bb<\/p>\n<p>As\u00ed pues, antes de cumplir dieciocho a\u00f1os, Ozanam hab\u00eda es\u00adcuchado sus voces, tambi\u00e9n \u00e9l, voces del cielo, voz de Dios, y era su vocaci\u00f3n la que le llevaban. Era la obra de Dios y de la Iglesia de Dios: el ap\u00f3stol urg\u00eda a sus compa\u00f1eros para que la em\u00adprendieran con \u00e9l: \u00abReuniendo nuestros esfuerzos y otros junto con nosotros, realizaremos una obra nueva &#8230; Entonces, tal vez un d\u00eda se ver\u00e1 al catolicismo volver a dirigir al siglo hacia desti\u00adnos mejores. \u00a1 Oh amigos m\u00edos, me siento conmovido al hablaros; pues la obra es magn\u00edfica! Cierto es que resulta gigantesca; pero soy joven y tengo grandes esperanzas para el tiempo en que ha\u00adbiendo alimentado, madurado, fortificado mi pensamiento, podr\u00e9 expresarlo entonces dignamente\u00bb.<\/p>\n<p>Seis d\u00edas despu\u00e9s, el 21 de enero, en una segunda carta dirigida a las mismas personas, lo que hace latir su coraz\u00f3n es la urgencia del tiempo y su solemnidad: \u00ab\u00a1 Qu\u00e9 grande es el espect\u00e1culo a que somos llamados! \u00a1 Qu\u00e9 hermoso es para el joven entrar en la carrera en una hora tan solemne! Lejos de sentirme desalentado por los acontecimientos, me alegro de haber nacido en una \u00e9poca en que, a costa de duros trabajos, tal vez me sea concedido hacer mucho bien\u00bb.<\/p>\n<p>Sus \u00faltimas l\u00edneas se refieren a su venerado maestro: \u00ab\u00a1 Qu\u00e9 buen amigo fue el se\u00f1or Noirot! \u00a1 Le debo una eterna gratitud! Y vosotros le deb\u00e9is un inviolable apego y el recuerdo constante de vuestro amigo <i>y compa\u00f1ero de armas!\u00bb <\/i>Era un alistamiento.<\/p>\n<p>Su \u00faltima carta de Lyon, el 4 de septiembre de 1831, a su pri\u00admo Ernesto Falconnet, est\u00e1 animada por el mismo soplo. El joven arquitecto distribuye en compartimientos el ordenamiento de su futuro edificio, que ser\u00e1 un templo. Una de sus dos caras mirar\u00e1 hacia el pasado: \u00ab\u00bf Cu\u00e1l fue la religi\u00f3n primitiva de la humani\u00addad?\u00bb La otra mirar\u00e1 hacia el futuro: \u00ab\u00bf Cu\u00e1l ser\u00e1 el futuro re\u00adligioso de esa humanidad?\u00bb Luego escribe: \u00abSi para aquel enton\u00adces la muerte o la vejez no nos han detenido todav\u00eda, all\u00e1 se yergue la gran figura del cristianismo en todo su esplendor !\u00bb Y salu\u00adda a Cristo, eterno rey de los siglos.<\/p>\n<p>Pues de ese reino, como de esa obra, la gloria ser\u00e1 s\u00f3lo para Dios; y aqu\u00ed el sabio y santo joven se revela en su bella humildad de cristiano. Habi\u00e9ndole hablado su amigo Materne de otra glo\u00adria por conquistar: \u00abNo, amigo m\u00edo \u2014responde Ozanam\u2014. No hay que tomar la gloria como una meta, sino aceptarla como un aliento. La verdadera gloria es el reconocimiento de la posteridad; pero el hombre justo pone m\u00e1s arriba sus esperanzas. Espera su recompensa y su gloria de un juez infalible e incorruptible. Apela de la ingratitud humana ante Dios, el Remunerador eterno\u00bb.<\/p>\n<p>De la obra de ciencia y de fe, de la que Ozanam ser\u00e1 el obrero y luego el maestro, acabamos de o\u00edr al futuro profesor de la Sor-bona decir su esperanza. Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s, el futuro fun\u00addador de la Sociedad de San Vicente de Paul no ser\u00e1 menos expl\u00ed\u00adcito respecto a la obra de caridad que preceder\u00e1 a la otra y que ir\u00e1 m\u00e1s lejos. No tardaremos en leerlo.<\/p>\n<p>Ambas tendr\u00e1n laboriosos principios. Hab\u00eda buenas razones para encontrar cierta exaltaci\u00f3n en sus planes de estudios enciclop\u00e9\u00addicos. Aun a la idea principal que predominaba en ellos se opon\u00eda el c\u00edrculo de sus amigos y familiares m\u00e1s \u00edntimos: \u00abNos espant\u00e1\u00adbamos \u2014cuenta su hermano\u2014 de los peligros del grande y esca\u00adbroso tema de estudio que emprend\u00eda. Esa tesis del progreso por el cristianismo \u00bfno era contraria a la inmutabilidad de los dog\u00admas? As\u00ed le habl\u00e1bamos a menudo en nuestros paseos de vaca\u00adciones. Mas \u00e9l nos rebat\u00eda con la aprobaci\u00f3n y el aliento del Pa\u00addre Noirot, sin cuyo visto bueno jam\u00e1s publicaba nada\u00bb. Y ese hermano a\u00f1ad\u00eda las siguientes l\u00edneas que es preciso retener: \u00abJa\u00adm\u00e1s Federico dio a la estampa libro importante alguno, que inte\u00adresara a la religi\u00f3n, sin haberlo sometido previamente al examen severo de un te\u00f3logo instruido, concienzudo y serio. Esa docilidad a la Iglesia llegaba en \u00e9l hasta el escr\u00fapulo. Y hubiese sacrificado sus m\u00e1s amadas opiniones y roto sin vacilar sus p\u00e1ginas m\u00e1s elo\u00adcuentes antes de tolerar en ellas una proposici\u00f3n, no s\u00f3lo err\u00f3nea, sino atrevida y sospechosa. Caminaba protegido por el escudo de la ortodoxia. Tal fue la regla de toda su vida\u00bb.<\/p>\n<p>Fundadas razones hab\u00eda, en el c\u00edrculo de sus amigos, para ob\u00adjetarle la desesperante inmensidad de su programa de estudios:<\/p>\n<p>\u00abNos parec\u00eda demasiado amplio para no superar las fuerzas y la duraci\u00f3n de una vida humana. El esp\u00edritu habr\u00e1 gastado y agotado toda su savia en investigaciones sin fin, antes de haber podido producir sus frutos\u00bb.<\/p>\n<p>Era cierto. Mas, con el tiempo, y gracias a la experiencia, el campo de estudios ilimitado que abarca a los dieciocho a\u00f1os el ojo ardiente del joven recluta de la apolog\u00e9tica, sabr\u00e1 forzosamen\u00adte circunscribirse. En vez del antiguo Oriente y de la cuna del g\u00e9nero humano, la barbarie de la Europa del norte domada por el Evangelio, le revelar\u00e1 los or\u00edgenes de la civilizaci\u00f3n cristiana. Con todo \u00absi el estudio debi\u00f3 restringir su objeto \u2014escribe J. J. Amp\u00e8re\u2014 la idea directora sigue siendo la misma : verbigracia, la demostraci\u00f3n y la glorificaci\u00f3n de la religi\u00f3n por la historia. As\u00ed pues, a los dieciocho a\u00f1os de edad, el colegial de la v\u00edspera persegu\u00eda ya la gran meta hacia la cual hab\u00eda de dar el primer paso, veinte a\u00f1os despu\u00e9s, el aplaudido maestro. Lo recordar\u00e1 en\u00adtonces, y escribir\u00e1 melanc\u00f3licamente al principio de su primera lecci\u00f3n en la Sorbona : `Entre tanto, la vida sigue su curso : es preciso tomar lo poco que queda de los rayos de la juventud. Es tiempo de escribir y de cumplir las promesas que hice a Dios a la edad de dieciocho a\u00f1os&#8217;.\u00bb<\/p>\n<p>Tales eran las altas preocupaciones que, en la vida de Federico, constitu\u00edan una diversi\u00f3n en las poco gratas e interminables char\u00adlas de bufete con el primer pasante, de las cuales no sacaba mayor provecho que agrado. En el intervalo, su biograf\u00eda por su her\u00admano nos representa entonces a un joven de apariencia e indu\u00admentaria modestas, yendo y viniendo de su casa de la calle Pissay, que a\u00fan subsiste, caminando distra\u00eddo y como absorto por un pen\u00adsamiento \u00fanico que le quitaba la conciencia de todo lo dem\u00e1s. A veces hojeaba con vivacidad un libro cuyas p\u00e1ginas devoraba, apresurando el paso, tropezando contra obst\u00e1culos y personas que le sal\u00edan al paso; y luego, despu\u00e9s de pedirles perd\u00f3n con una conmovedora confusi\u00f3n, achacaba el tropiezo a su mala vista, que era en efecto muy deficiente. Para \u00e9l, el tiempo no s\u00f3lo era de plata, sino de oro.<\/p>\n<p>Tal fue la preparaci\u00f3n viril, religiosa, intelectual y moral, de una primera juventud que ya promete un obrero cuando menos igual a su obra, elev\u00e1ndolo muy por encima de las juventudes mundanas: por encima de sus frivolidades y de sus deleites; por encima del polvo como por encima del fango. Elevando su con\u00adciencia en la pureza, su coraz\u00f3n en la piedad y en la caridad; y templ\u00e1ndolo as\u00ed para los primeros combates y las primeras con\u00adquistas en que vamos a seguirlo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo II: Preludios literarios El pasante de abogado. Profesi\u00f3n de su fe.\u2014La Abeja.\u2014\u00bbSansimonismo y Cristianismo\u00bb. Plan general de estudios apolog\u00e9ticos. 1830-1831 El doctor Ozanam ten\u00eda opiniones preconcebidas acerca del por\u00advenir de su hijo. 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