{"id":127666,"date":"2024-08-23T08:00:34","date_gmt":"2024-08-23T06:00:34","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=127666"},"modified":"2023-08-20T14:15:38","modified_gmt":"2023-08-20T12:15:38","slug":"el-senor-portal-y-los-suyos-1855-1926-05","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-senor-portal-y-los-suyos-1855-1926-05\/","title":{"rendered":"El Se\u00f1or Portal y los suyos (1855-1926) (05)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo II: Fernand Dalbus<\/h2>\n<h3><b>En la \u00f3rbita de Le\u00f3n XIII<\/b><\/h3>\n<p>Sin contar con Lord Halifax, Portal hab\u00eda publicado un art\u00edculo bajo el seud\u00f3nimo de Amicus, en el Express du Midi del 1 de febrero de 1892. Apelaba a Le\u00f3n XIII y a William Gladstone, jefe del partido liberal ingl\u00e9s, que se hallaba por entonces en la oposici\u00f3n despu\u00e9s de ser tres veces Primer Ministro. Por Lord Halifax, Portal conoc\u00eda bien las opiniones anglocat\u00f3licas de Gladstone y la influencia que ejerc\u00eda en los asuntos religiosos del reino.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">La primera cuesti\u00f3n que resolver ser\u00e1 la validez de las ordenaciones anglicanas. Por cuya raz\u00f3n querr\u00edamos ver al ilustre hombre de Estado tomar parte para que tenga car\u00e1cter legal desde un principio. Si nos fuera dado asistir a la apertura de las negociaciones, estar\u00edamos casi seguros de su feliz resultado; ya que, si existen dos hombres hechos para entenderse, ellos son Le\u00f3n XIII y Gladstone.<\/p>\n<p>Art\u00edculo sorprendente. No se sabe en primer lugar si es de admirar el desparpajo con que la imaginativa portaliana construye una utop\u00eda para plasmar sus sue\u00f1os, o bien maravillarse por el tema escogido para hacer campa\u00f1a, la validez de las ordenaciones anglicanas; el solo enunciado sugiere alguna oscura querella para canonista empolvado. En efecto, la utop\u00eda expresa bien la atm\u00f3sfera del tiempo y la cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes contiene todos los ingredientes necesarios para entablar r\u00e1pidamente un di\u00e1logo.<\/p>\n<p>Al lanzarse a la aventura unionista, Portal no pensaba ser un franco tirador, un solitario, mucho menos un precursor. Escribiendo en 1910 a su amigo Thureau-Dangin, el historiador del renacimiento cat\u00f3lico en Inglaterra, explic\u00f3 su iniciativa con \u00abla oportunidad que presentaba la pol\u00edtica general de Le\u00f3n XIII\u00bb. Y en un manuscrito autobiogr\u00e1fico redactado en 1909, recuerda hasta qu\u00e9 punto se hab\u00eda sentido solidario con todos los sacerdotes que vibraban con las consignas del papa:<\/p>\n<p>Bajo su impulso se produjo por todas partes pero especialmente en Francia un admirable resurgir de j\u00f3venes energ\u00edas [&#8230;]. Seg\u00fan sus aptitudes, cada uno tom\u00f3 partido en el orden pol\u00edtico,, en el orden social, en filosof\u00eda, en historia, en ex\u00e9gesis, en teolog\u00eda, en todo lugar donde hab\u00eda una posici\u00f3n que conquistar o un enemigo que combatir en nombre de la Iglesia [&#8230;]. En mi vida muy retirada de profesor de seminario, segu\u00eda con la mayor atenci\u00f3n posible las diversas manifestaciones de este renacimiento lleno de promesas.<\/p>\n<p>Le parec\u00eda que, a la llamada del Vaticano, se presentaban nuevos tiempos, que se desgarraba un velo, que un \u00abviento de Pentecost\u00e9s\u00bb, seg\u00fan la f\u00f3rmula del abate Klein, levantaba en todos los dominios un torbellino liberador.<\/p>\n<h3>Intransigencia romana y movimiento cat\u00f3lico<\/h3>\n<p>Liberador pero no liberal. Le\u00f3n XIII \u2013uno de los promotores del Syllabus- era tan antimoderno como P\u00edo IX. Pero demostraba su intransigencia de manera muy diferente. La consigna no era ya \u00abdefensa\u00bb, sino (y se ve claro en el texto de Portal) \u00abconquista\u00bb. El rechazo de la modernidad, del liberalismo y del laicismo, la negaci\u00f3n global de la autonom\u00eda del \u00absiglo\u00bb se expresaban mediante un proyecto ofensivo en el que las condenas ocupaban menos lugar que las instrucciones positivas. Se trataba de despejar la ciudadela, de multiplicar las salidas, de lanzar en todas las direcciones un movimiento cat\u00f3lico que preparase, por escrito y de palabra, por la pr\u00e1ctica militante y por realizaciones parciales, la construcci\u00f3n de la ciudad futura, enteramente fundada en bases cristianas, donde los hombres reconciliados a la sombra de la cruz conocer\u00edan por fin la paz y la prosperidad. \u00bfUt\u00f3pico, Portal? Apenas m\u00e1s en todo caso que ese movimiento que admiraba y en el que quiso participar, a su modo. \u00c9l crey\u00f3 que el unionismo deb\u00eda constituir una sus mayores fuerzas. \u00a1Qu\u00e9 poder conquistador tendr\u00eda el catolicismo si \u00e9l lograra reunir las energ\u00edas cristianas dispersas! Qu\u00e9 \u00abposiciones\u00bb no podr\u00eda arrebatar, qu\u00e9 \u00abenemigos\u00bb no podr\u00eda aplastar si se reforzara con el dinamismo anglicano, que se identificaba con el imperio m\u00e1s poderoso que haya existido jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed una vez m\u00e1s, para este proyecto tan particular, Portal se sent\u00eda cubierto por la autoridad pontificia. Como \u00e9l lo subraya en el manuscrito de 1909, el movimiento cat\u00f3lico estaba \u00abcaracterizado, a pesar del ardor que le invad\u00eda, por el esp\u00edritu de conciliaci\u00f3n que emanaba directamente del genio pacificador de Le\u00f3n XIII\u00bb. El art\u00edculo del Express du Midi se inserta entre dos manifiestos esenciales de la intransigencia vencedora y del esp\u00edritu de conciliaci\u00f3n\u00bb, las enc\u00edclicas Rerum novarum (15 de mayo de 1891) y Au milieu des sollicitudes (16 de febrero de 1892), el problema obrero en manos del proyecto cat\u00f3lico y la reuni\u00f3n de los cat\u00f3licos con la Rep\u00fablica para que la Rep\u00fablica se al\u00ede con la Iglesia. Las ambiciones unionistas de Portal se precisaron en el clima nuevo creado en Francia y otras partes por la destreza con la que Le\u00f3n XIII jugaba con la tesis y la hip\u00f3tesis, se esforzaba en preparar un nuevo orden de las cosas reglamentado por la doctrina romana pero, con este objeto, sab\u00eda lanzar a toda la \u00abgente honrada\u00bb llamadas paternales para que constituyeran bajo su autoridad un frente \u00fanico, una alianza dirigida contra las manifestaciones de la modernidad que juzgaba las m\u00e1s peligrosas, y primero contra el principal adversario del catolicismo integral en el mercado de la utop\u00eda total, el nuevo rival que hab\u00eda logrado integrar el racionalismo ateo en un sistema global y conquistador hasta inspirar un miedo saludable a los herederos de 1789: el socialismo. \u00abSecta b\u00e1rbara\u00bb, asociada en los discurso pontificios a la anarqu\u00eda y al nihilismo, adversario prioritario respecto del cual el laicismo burgu\u00e9s era un p\u00e1lido reflejo, contra \u00e9l se trataba, y urgentemente, de reunir a los hombres de buena voluntad. En su principio, la alianza propuesta por la Iglesia no era m\u00e1s que pol\u00edtica, moral, quiz\u00e1s espiritual, seg\u00fan se dec\u00eda. Lo dem\u00e1s \u2013la sumisi\u00f3n religiosa- llegar\u00eda por a\u00f1adidura, con las pruebas. En esta alianza, los cristianos no cat\u00f3licos ten\u00edan su lugar, por lo menos tanto como los agn\u00f3sticos respetuosos.<\/p>\n<h3><b>Intransigencia romana y uni\u00f3n de las Iglesias<\/b><\/h3>\n<p>Pero exist\u00edan cristianos a os que el papa ofrec\u00eda algo m\u00e1s que una alianza. Viendo en ellos a confesores de la fe, de casi toda la verdadera fe, los invitaba a \u00abentrar en gracia\u00bb con la Iglesia romana, a volver al redil, a juntarse en torno a la sede de Pedro para reforzar la tropa militante de los fieles en la lucha suprema que se preparaba contra la impiedad. \u00c9l no les propon\u00eda solamente el camino cl\u00e1sico y misionero de la conversi\u00f3n individual o de la asimilaci\u00f3n al modelo latino, sino el regreso en bloque, en corporaci\u00f3n constituido, dentro del respeto a su disciplina propia, por sus jerarqu\u00edas, por sus tradiciones lit\u00fargicas. Estos cristianos, que se parec\u00edan los que m\u00e1s a los cat\u00f3licos por su organizaci\u00f3n eclesi\u00e1stica y los dogmas que profesaban, eran los \u00aborientales\u00bb, los cism\u00e1ticos de Rusia, de los Balcanes, de Turqu\u00eda, de Armenia, de Egipto, de Etiop\u00eda.<\/p>\n<p>Hac\u00eda m\u00e1s de diez a\u00f1os que Le\u00f3n XIII multiplicaba hacia ellos, y en el m\u00e1s puro \u00abestilo Wiseman\u00bb, las manifestaciones de benevolencia y las se\u00f1ales de respeto, no sin chocar, en la propia Roma, con la vieja guardia latinizante, con los partidarios de la \u00abl\u00ednea Manning\u00bb y de la sumisi\u00f3n individual sin condici\u00f3n, con los ap\u00f3stoles de la cruzada misionera que permitir\u00eda por fin suplantar la \u00abfalsa cruz\u00bb. Ya, el papa no se limitaba m\u00e1s a las p\u00edas llamadas lanzadas entre bastidores; \u00e9l hab\u00eda tomado medidas que parec\u00edan anunciar grandes cosas. Por eso hab\u00eda enviado a su delegado apost\u00f3lico a Turqu\u00eda para visitar al patriarca ecum\u00e9nico en su residencia de Phanar. \u00bfUn delegado del papa ante Joachim IV? Y \u00bfpor qu\u00e9 no ante el arzobispo de Canterbury? \u00bfQu\u00e9 ten\u00eda de particular querer poner en contacto a Roma y Canterbury, cuando el Vaticano trataba de entrar en relaci\u00f3n con Constantinopla? En la jerarqu\u00eda y en las bases, llegaban iniciativas en apoyo de la t\u00e1ctica pontificia: las de Mons. Strossmayer, por ejemplo, el bullicioso obispo croata a quien apelaba Portal desde 1893, o tambi\u00e9n esta secci\u00f3n oriental organizada por dom Van Caloen en el congreso de los cat\u00f3licos belgas en Malinas, en 1891, que tanto interes\u00f3 al lazarista que pens\u00f3 por un momento en contactar. Es dif\u00edcil ponerlo en duda cuando recuerda a Thureau-Dangin, en la carta de 1910, que su acci\u00f3n, en un principio, \u00abse refiere a las ideas de uni\u00f3n de las que se hablaba entonces a prop\u00f3sito de las Iglesias de Oriente\u00bb. Para dirigir hacia Inglaterra un movimiento en pleno desarrollo, quiso suscitar, despu\u00e9s de otras muchas, la dichosa vieja cuesti\u00f3n de las ordenaciones anglicanas.<\/p>\n<h3><b>Las ordenaciones anglicanas o los hermanos enemigos <\/b><\/h3>\n<p>Desde principios de 1891, \u00e9l recog\u00eda apuntes sobre el sacerdocio en la Iglesia de Inglaterra y el modo como se perpetuaba all\u00ed. La cuesti\u00f3n le interesaba porque ofrec\u00eda a la vez, en un bonito efecto de contraste, un terreno de encuentro entre Roma y Canterbury, as\u00ed como una fuente inagotable de controversia viva, de desprecio y de rencor. Ofrec\u00eda un terreno de encuentro en la medida en que el concepto anglicano de la ordenaci\u00f3n y del sacerdocio se parece mucho al concepto romano. Al rev\u00e9s de otras confesiones salidas de la Reforma, el anglicanismo no ha hecho destacar la distinci\u00f3n de lo sagrado y de lo profano, no ha abolido la noci\u00f3n de personaje sagrado y consagrado. Como la Iglesia cat\u00f3lica, ha conservado una jerarqu\u00eda de sacerdotes y de obispos, mediadores privilegiados entre los hombres y Dios. En el curso de su ordenaci\u00f3n (holy office of priesthood), el sacerdote (priest) anglicano recibe del obispo que le impone las manos un poder especial y una gracia que hacen de \u00e9l, para la eternidad, un hombre aparte; no se convierte solamente en el pastor que ense\u00f1a, predica y conduce al pueblo cristiano, sino tambi\u00e9n en el sacerdos que distribuya a los fieles, bajo la forma de los sacramentos (holy sacraments) medios eficaces de salvaci\u00f3n (effectual means of grace). \u00bfEficaces? No era tal el parecer del Santo Oficio.<\/p>\n<p>Portal descubri\u00f3 hasta qu\u00e9 punto las ordenaciones anglicanas eran fuente de controversia, y de grave controversia. A pesar de su car\u00e1cter cat\u00f3lico, los manuales de teolog\u00eda romanos las daban como dudosas, y en su propio lugar, en Inglaterra, el clero papista anunciaba con alborozo su invalidez radical, la nulidad absoluta; los obispos anglicanos no pueden ordenar sacerdotes, ya que ellos no son los sucesores leg\u00edtimos de los ap\u00f3stoles; en su furor destructor, los reformadores del siglo XVI rompieron por completo la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica; el rito nuevo que se apa\u00f1aron con apremio rebelde no contiene las oraciones y los gestos indispensables; y sobre todo estos herejes notorios nunca tuvieron la intenci\u00f3n de ordenar a sacerdotes sino solamente de entronizar a recitadores de sermones. Esta tesis vuelve a definir los sacramentos anglicanos como enga\u00f1os, a lo sacerdotes anglicanos como simulacros, y a la Iglesia anglicana como una construcci\u00f3n falaz, puramente humana, usurpadora y mucho m\u00e1s peligrosa, bajo sus oropeles lit\u00fargicos, que las sectas protestantes que tienen la ventaja de no ocultar su juego.<\/p>\n<p>Estas gentilezas no estaban reservadas a un c\u00edrculo restringido de especialistas; se distribu\u00edan a la puerta de las iglesias, en forma de peque\u00f1os panfletos, se explicaban en las homil\u00edas, a parec\u00edan con regularidad en la prensa cat\u00f3lica. Los anglicanos estaban tanto m\u00e1s impresionados cuanto m\u00e1s se armaba la controversia de todo un arsenal de leyendas injuriosas sacadas del repertorio jesuita del siglo XVII; fue as\u00ed como el arzobispo de Parker, de quien recib\u00eda sus poderes toda la jerarqu\u00eda anglicana, habr\u00eda sido consagrado en una taberna en el curso de una bufonada blasfema y borracha. La cuesti\u00f3n de las ordenaciones era el lugar en el que se expresaba con mayor fuerza y viveza el rechazo del otro.<\/p>\n<p>Esa es la raz\u00f3n de la que Portal quer\u00eda servirse para \u00abenfrentar a las autoridades de las dos Iglesias\u00bb. Lugar de encuentro, que permitir\u00eda de entrada emplear el mismo vocabulario y referirse a conceptos admitidos por las dos partes. Fuente de controversia, que movilizaba las mentes y las escandalizaba; el mero hecho de abordarla con serenidad despu\u00e9s de renunciar a las injurias y a los argumentos pol\u00e9micos, ser\u00eda ya una se\u00f1al de buena voluntad y como una primera experiencia de reconciliaci\u00f3n. Cuesti\u00f3n concreta que depend\u00eda ante todo, seg\u00fan parec\u00eda, de los historiadores y canonistas, permitir\u00eda remitir a una etapa ulterior el estudio de las divergencias doctrinales. Su examen deber\u00eda durar mucho, much\u00edsimo tiempo, facilitar el pretexto de m\u00faltiples encuentros, gracias a los cuales los dos campos aprender\u00edan a conocerse y a estimarse. Portal insisti\u00f3 con frecuencia en este punto. Su viejo amigo Eug\u00e8ne Tavernier se acordaba de o\u00edrle decir m\u00e1s de una vez, incluso incidentalmente, en medio de una conversaci\u00f3n iniciada m\u00e1s o menos de improviso: \u00abNunca quisimos provocar una decisi\u00f3n\u00bb. El se\u00f1or Portal deseaba ve establecerse una corriente de estudios seguidos, un intercambio pac\u00edfico y continuo de ideas y de explicaciones, con el fin de que, por ambas partes, se experimentara el gusto de conocerse rec\u00edprocamente.<\/p>\n<h3>El hombre que asust\u00f3 a Manning<\/h3>\n<p>Realista de lo imaginario, profeta encadenado, obispo laico encargado de almas, pol\u00edtico obligado por raz\u00f3n y por deber a dar cuenta de los remolinos de la opini\u00f3n y de las contingencias, Halifax dud\u00f3 mucho antes de aprobar. Desde enero de 1892, una de sus principales razones para dudar se llamaba Herbert Vaughan, el nuevo arzobispo de Westminster, sucesor del cardenal Manning. Vaughan era un gentilhombre de bella prestancia que confesaba con toda franqueza que el sacrificio m\u00e1s duro de su vida era haber renunciado el d\u00eda de su ordenaci\u00f3n, a los deportes, al caballo, a la caza. Pertenec\u00eda a una tribu cat\u00f3lica que hab\u00eda enjugado tres siglos de persecuci\u00f3n por fidelidad a la vieja fe. Hab\u00eda logrado esta proeza de expresar su intransigencia con una brutalidad que asust\u00f3 a Manning mismo. Y es que Manning era un converso, llegado del planeta anglicano; sus rigores eran aplicados, reflexivos, conscientes. Las brutalidades de Herbert Vaughan, en cambio, descargaban con toda espontaneidad y arrojaban en el paisaje religioso de Inglaterra una nota de frescura medieval. Halifax no pod\u00eda por menos de admirar a este centauro de Dios; le juzgaba \u00abcapaz de todo si en ello ve\u00eda la salvaci\u00f3n de las almas, un verdadero inquisidor\u00bb.<\/p>\n<p>Hasta el 4 de julio de 1892 no se decidi\u00f3 a explicarle con valent\u00eda, al detalle, el proyecto Portal. La exposici\u00f3n fue larga, la respuesta breve. A las palabras de ordenaciones anglicanas, Vaughan se encabrit\u00f3: la verdadera cuesti\u00f3n era la del papa, hab\u00eda que comenzar por ella.. Se despidieron cort\u00e9smente, pero Monse\u00f1or de Westminster conserv\u00f3 de la entrevista una impresi\u00f3n detestable, y que deb\u00eda pesar como una losa:<\/p>\n<p>Halifax y su partido [&#8230;] quieren impedir que la gente se conviertan individualmente al catolicismo, dici\u00e9ndole que aguarden a la reuni\u00f3n en corporaci\u00f3n. Pero \u00e9sta no tendr\u00e1 lugar has despu\u00e9s del Juicio final, y todas las pobres almas que nazcan y mueran en la herej\u00eda antes de la reuni\u00f3n deber\u00e1n sufrir por esta quimera de reuni\u00f3n en corporaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si el Vaticano reactivaba el modelo Wiseman, Westminster segu\u00ed siendo fiel al sistema Manning, a un sistema Manning limpio de toda floritura. Era para preocuparse, y a partir del 4 de julio Halifax se retrajo de manera sensible. En esto estall\u00f3 un espantoso esc\u00e1ndalo que reanim\u00f3 a los viejos demonios. En Uganda, a instigaci\u00f3n de la Church Missionary Society, la compa\u00f1\u00eda brit\u00e1nica de Africa oriental expuls\u00f3 al vicario apost\u00f3lico e hizo encarcelar a los misioneros cat\u00f3licos, Padres Blancos, Franceses. Las rivalidades religiosas se infectaban con querellas coloniales. Y Halifax mismo lleg\u00f3 a escribir \u2013antes de entrar en sentimientos m\u00e1s serenos: \u00abOs confieso que mis simpat\u00edas se hallan muy divididas\u00bb. No quiso redactar por s\u00ed mismo una defensa de las ordenaciones anglicanas y, a las cr\u00edticas de Portal, respond\u00eda Home Rule, sesione parlamentarias, crisis ministeriales, guerra escolar, desestabilizaci\u00f3n de la Iglesia anglicana en el pa\u00eds de Gales, pero tambi\u00e9n mudanza, yeso, pinturas, alba\u00f1iler\u00eda, muebles. Era la \u00e9poca en que \u00e9l ampliaba su casa de campo de Garrowby y la dotaba de escaleras secretas, de trampillas, de armarios sorpresa y de escondites para curas refractarios perseguidos. Portal se consolaba pensando que siempre cabe alguna ligereza en las naturalezas excelentes.<\/p>\n<h3><b>Donde el Se\u00f1or Portal monta una provocaci\u00f3n<\/b><\/h3>\n<p>As\u00ed transcurr\u00edan los d\u00edas, y Portal se atormentaba tanto m\u00e1s cuanto m\u00e1s hab\u00edan excitado su impaciencia por actuar dos acontecimientos. El 2 de agosto el Consejo privado de la reina hab\u00eda puesto punto final al proceso del obispo de Lincoln conformando por unanimidad el juicio de transigencia emitido por el arzobispo de Canterbury. Despu\u00e9s de lo cual, los anglocat\u00f3licos no ser\u00edan nunca m\u00e1s unos fuera de la ley. Algunos d\u00edas despu\u00e9s del veredicto liberador, Portal hab\u00eda vuelto a ver en el Mont-Dore a un Halifax aliviado, a\u00e9reo, exultante, que le hab\u00eda repetido imprudentemente: \u00abVerdaderamente este ser\u00eda el momento de hacer algo\u00bb. Nuevo meses m\u00e1s tarde, en mayo de 1893, Le\u00f3n XIII se hab\u00eda aprovechado del entendimiento entre Francia, protectora de los cristianos de Oriente, y Rusia, principal potencia ortodoxa, para lanzar una vasta iniciativa unionista. Hab\u00eda enviado al cardenal Lang\u00e9nieux, arzobispo de Reims, promovido para la ocasi\u00f3n a legado pontificio, a presidir en Jerusal\u00e9n un congreso eucar\u00edstico que tom\u00f3, como lo subraya Portal, \u00ablas proporciones de una importante manifestaci\u00f3n de simpat\u00eda hacia la Iglesia oriental\u00bb.Proceso de Lincoln y congreso de Jerusal\u00e9n, triunfo del renacimiento cat\u00f3lico en la Iglesia de Inglaterra y del unionismo en la Iglesia de Roma: Portal no pod\u00eda esperar m\u00e1s. El verano siguiente, se fue al Mont-Dore, donde le esperaba Halifax, y present\u00f3 a su amigo el esbozo de un panfleto sobre las ordenaciones anglicanas. Sin discusi\u00f3n, un panfleto, breve y provocativo, escrito para levantar una reacci\u00f3n en cadena y proyectar a los responsables de ambas partes en torno a un tapiz verde.<\/p>\n<p>La idea b\u00e1sica ten\u00eda m\u00e1s de treta de guerra que rigor dial\u00e9ctico: demoler primero los argumentos tradicionales de los canonistas cat\u00f3licos contra la validez, demostrar que el rito era suficiente, la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica intacta, y la intenci\u00f3n de los obispos consagrantes \u2013por dudosa que fuera- totalmente incapaz de viciar el acto sacramental; despejado as\u00ed el campo, apoyarse en un argumento fr\u00e1gil, de una fragilidad enorme, evidente, para llegar finalmente a la conclusi\u00f3n de la invalidez. Portal hab\u00eda desempolvado un decreto del papa Eugenio IV, dirigido a unos Armenios inquietos, que proclamaba la necesidad de la porrecci\u00f3n de los instrumentos. Esta expresi\u00f3n t\u00e9cnica designa el gesto del obispo que presenta al nuevo sacerdote los \u00abinstrumentos\u00bb del sacrificio eucar\u00edstico, el c\u00e1liz y la patena. Como, en el siglo XVI, los reformadores ingleses hab\u00edan reemplazado los instrumentos por la Biblia, las ordenaciones anglicanas ca\u00edan bajo el impacto del decreto a los Armenios. Algo que no dir\u00eda el panfleto \u2013pero todos los sacerdotes que hab\u00edan estudiado lo sab\u00edan- era que la porrecci\u00f3n hab\u00eda sido ignorada durante mucho tiempo por la Iglesia latina y lo estaba siendo por la Iglesia ortodoxa, cuyas \u00f3rdenes eran consideradas por Roma v\u00e1lidas con certeza. El lector cat\u00f3lico ser\u00eda inducido pues a refutar, por una reflexi\u00f3n personal, la conclusi\u00f3n aparente y a deducir la validez.<\/p>\n<p>El panfleto ser\u00eda redactado en franc\u00e9s y publicado en Francia. Portal fundaba las mayores esperanzas en los j\u00f3venes institutos cat\u00f3licos, el de Par\u00eds sobre todo, que animaba Mons. d&#8217;Hulst, un prelado abierto hacia quien el lazarista profesaba la m\u00e1s viva admiraci\u00f3n. Sab\u00eda que muchos anglicanos alimentaban un prejuicio favorable sobre el clero \u00abgalicano\u00bb, que opon\u00edan espont\u00e1neamente a los Irlandeses r\u00fasticos y a los Italianos oscurantistas. Y adem\u00e1s, patriotero como era, estaba persuadido de que Par\u00eds era el centro del mundo y que la opini\u00f3n francesa se convertir\u00eda en una formidable caja de resonancia.<\/p>\n<h3><b>Frederick William Puller, monje anglicano <\/b><\/h3>\n<p>Todo estaba en regla, o casi, a excepci\u00f3n de que, en agosto de 1893, el panfleto se resum\u00eda todav\u00eda en un bosquejo. Portal se consideraba incapaz de redactarlo solo. Para que el mecanismo provocador funcionara a tope, se necesitaba en efecto que toda la parte positiva \u2013la refutaci\u00f3n de los argumentos hostiles- fuera extremadamente s\u00f3lida. S\u00f3lo un anglicano pod\u00eda redactarla. Halifax aprob\u00f3, porque ve\u00eda en ello un medio de canalizar el entusiasmo de Portal y de hacerle sentir la densidad y complejidad de las cosas. Se puso en contacto con uno de sus antiguos condisc\u00edpulos de Eton, un erudito categ\u00f3rico, compacto, desprovisto del todo de imaginaci\u00f3n, siempre listo a hilar fino, pero bien formado en teolog\u00eda, historia, patr\u00edstica: el reverendo padre Puller, el muy r\u00edgido director de novicios de la Sociedad de San Juan Evangelista. Este monje anglicano viv\u00eda en la familiaridad de la Escuela francesa y se hubiera encontrado a sus anchas entre el cardenal de B\u00e9rulle y el Se\u00f1or Vicente. En eclesiolog\u00eda, sus simpat\u00edas iban de Bossuet a Mons Maret, antiguo decano de la facultad de teolog\u00eda de Par\u00eds, que era para los puseyanos, con Darboy y Dupanloup, un modelo de \u00abgalicanismo\u00bb iluminado y de catolicismo liberal. Pero no nos enga\u00f1emos: Puller se apoyaba en un conocimiento preciso de los Padres de la Iglesia y de los primeros concilios para defender con rigor la legitimidad de la posici\u00f3n anglicana y rechazar sin contemplaciones lo que Pusey llamaba el \u00absistema pr\u00e1ctico del romanismo\u00bb. Con \u00e9l, encontr\u00f3 Portal sin mucho trabajo un vocabulario com\u00fan, pero lleg\u00f3 a tener \u2013mucho mejor que al contacto de Lord Halifax- el sentido de un anglocatolicismo que no quer\u00eda dejarse fascinar, absorber o ir a remolque por la Roma de Le\u00f3n XIII.<\/p>\n<p>En primer lugar se trat\u00f3 de que Puller fuera a Cahors, pero el Se\u00f1or M\u00e9out se alarm\u00f3. Un \u00abpastor protestante\u00bb! El seminario se revolucionar\u00eda y la peque\u00f1a ciudad ser\u00eda un cotilleo. Halifax, pase, era un laico, que es otra cosa. Todo se hizo por carta. Puller redact\u00f3 las p\u00e1ginas que tratan del rito, de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica y de la intenci\u00f3n de los obispos consagrantes. Portal se ocup\u00f3 de la introducci\u00f3n, de la conclusi\u00f3n y de la porrecci\u00f3n. El 7 de noviembre de 1893, pudo poner punto final a un texto de cuarenta p\u00e1ginas, tal vez el primer estudio escrito conjuntamente por dos religiosos de confesiones diferentes para iniciar una reconciliaci\u00f3n entre sus Iglesias. Ni que decir tiene que la colaboraci\u00f3n del anglicano deb\u00eda quedar en secreto. Portal y Puller quedaron pues unidos bajo el seud\u00f3nimo de Dalbus. El abate Jaugey, director de la Ciencia cat\u00f3lica, hab\u00eda aceptado dos a\u00f1os antes publicar un art\u00edculo de Lord Halifax. Segu\u00eda esper\u00e1ndolo. A falta de Halifax, public\u00f3 a Dalbus en sus dos entregas del 15 de diciembre de 1893 y del 15 de enero de 1894. El panfleto fue posteriormente reunido en folleto bajo un t\u00edtulo anodino: Las Ordenaciones anglicanas.<\/p>\n<h3><b>Un modelo de discurso leoniano<\/b><\/h3>\n<p>Desde las primera l\u00edneas, el lector comprende que el autor es un hijo sumiso de la Iglesia romana; y se espera una carga contra los cism\u00e1ticos, cuando vienen a sorprenderle unas l\u00edneas que dejan prever un veredicto positivo. Y de hecho las veintinueve primeras p\u00e1ginas ofrecen un aspecto de abogar pro anglicanis. Pero las seis siguientes introducen bruscamente la cuesti\u00f3n de los \u00abinstrumentos\u00bb y cierran con una sentencia negativa. Dalbus niega a la Iglesia de Inglaterra lo que Roma concede a la Iglesia ortodoxa, el derecho de atenerse a la forma primitiva del ritual. Y tiene cuidado de apoyarse en una decisi\u00f3n tard\u00eda cuyos sentido y autoridad se prestan alas controversias.<\/p>\n<p>El panfleto termina con un breve tratado de unionismo que abre la perspectiva de una \u00ablucha suprema\u00bb inminente entre \u00ablos creyentes y los imp\u00edos\u00bb. En el umbral de este gran drama sagrado, la uni\u00f3n devolver\u00e1 a \u00abla Iglesia de Jesucristo\u00bb su \u00abpoder civilizador\u00bb y su \u00abinfluencia en el mundo\u00bb; Ella le permitir\u00e1 triunfar de sus enemigos y \u00abacabar la conquista de los pueblos\u00bb. La uni\u00f3n no concierne a todos los cristianos. La \u00abpaz religiosa pr\u00f3xima\u00bb no reconciliar\u00e1 m\u00e1s que a las confesiones cuya constituci\u00f3n se parezca la del catolicismo: los anglicanos y los orientales. Dalbus se adhiere a la profec\u00eda de Mons. Strossmayer: \u00abLa uni\u00f3n de la Iglesia griega y latina\u00bb ser\u00e1 \u00abobra del siglo XX\u00bb. Pero \u00abla Iglesia griega no se adelantar\u00e1 en mucho a la Iglesia anglicana, si es que se le adelanta\u00bb. Aparte de estos dos grupos que han conservado un episcopado y pretenden hacerle llegar hasta los ap\u00f3stoles, Dalbus no ve que se pueda convertir m\u00e1s que a hermanos errantes. Las confesiones protestantes no son sino sectas que \u00abse ramifican a trav\u00e9s de los siglos y caminan hacia la impiedad, como van al precipicio los bloques que se sueltan de la monta\u00f1a, y al humus las hojas amarillas\u00bb. El unionismo, al aislarlas, les asestar\u00e1 un golpe fatal; \u00ablos protestantes lo adivinan con terror\u00bb, y en efecto tienen raz\u00f3n. En el interior del campo as\u00ed delimitado, Dalbus cree posible emprender una acci\u00f3n especializada, un di\u00e1logo entre Roma y Canterbury que completar\u00e1 los esfuerzos de paz con las Iglesias orientales pero guardar\u00e1 hasta al final su independencia. No pronostica soluci\u00f3n global, se queda en una problem\u00e1tica de negociaciones bilaterales. Ya que se trata de negociar, contando con los valores cat\u00f3licos que los cism\u00e1ticos han preservado en su teolog\u00eda, su jerarqu\u00eda y su liturgia. El unionismo es m\u00e1s diplom\u00e1tico que espiritual; afirma su conformidad con los designios de Dios, pero en ninguna parte se habla de oraciones por la uni\u00f3n. Por fin el t\u00e9rmino del esfuerzo ser\u00e1 la vuelta de las Iglesias disidentes al centro inmutable, a la Iglesia romana que es la \u00fanica que posee \u00abla perfecta constituci\u00f3n de la Iglesia establecida por Jesucristo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">[La comuni\u00f3n anglicana] la menos contagiada de protestantismo, se limpia vigorosamente por s\u00ed misma, y progresivamente desde hace sesenta a\u00f1os, vuelve a la pureza de la doctrina. El t\u00e9rmino fatal, o mejor providencial, de esta evoluci\u00f3n es Roma.<\/p>\n<h3><b>Dalbus entre la uni\u00f3n de las Iglesias y la reuni\u00f3n de la Iglesia<\/b><\/h3>\n<p>Bonito ejemplo, puro ejemplo de discurso intransigente. No solamente Dalbus no se coloca como precursor, sino que a veces anda con retraso en relaci\u00f3n con las grandes enc\u00edclicas unionistas que Le\u00f3n XIII public\u00f3 en 1894-1895, y en particular cuando trata a las comunidades protestantes de \u00absectas\u00bb condenadas al \u00abhumus\u00bb. Pero atenci\u00f3n: Dalbus no es Portal. Dalbus es un provocador que adapta sus intenciones al p\u00fablico al que quiere llegar, es decir a los cat\u00f3licos que hacen de Le\u00f3n XIII el s\u00edmbolo y el gu\u00eda de sus aspiraciones conquistadoras. En un punto al menos, y de importancia, no est\u00e1 de acuerdo con Portal. En su correspondencia privada, Portal no intenta ya rebatir la tesis principal del unionismo anglocat\u00f3lico tal como Lord Halifax se la ha explicado esta vez y como se la recuerda otra vez en el momento en que se emprende la acci\u00f3n: Sean las que fueren las dificultades de la posici\u00f3n de la Iglesia anglicana \u2013y estas dificultades no las voy yo a atenuar- es una verdadera parte de la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Y un poco m\u00e1s adelante: Despu\u00e9s de todo no hay m\u00e1s que una Iglesia verdadera en el mundo, y si tenemos raz\u00f3n, aunque separados de Roma, somos ya, para estas fechas, miembros de esta \u00fanica Iglesia.<\/p>\n<p>Esta afirmaci\u00f3n contradice el art\u00edculo fundamental del unionismo cat\u00f3lico: La Iglesia romana es la \u00fanica Iglesia de Jesucristo en la tierra. Dalbus expone la tesis cat\u00f3lica, desea la uni\u00f3n de las Iglesias, la vuelta de los disidentes. Y Portal admite en privado que Lord Halifax y sus amigos luchan por la reuni\u00f3n de la Iglesia, por la reconciliaci\u00f3n de todos los que ya forman parte de ella, anglicanos, ortodoxos, romanos. Y todo ello porque admite que Puller el Puntilloso acepta entraren su juego y llevar tambi\u00e9n \u00e9l el sombrero de Dalbus, con la bendici\u00f3n de Lord Halifax que encuentra el folleto \u00abadmirable\u00bb.Poco importa que los derechos del anglicanismo se califiquen en \u00e9l de \u00abpretendidos derechos\u00bb: se entiende que se trata de las necesidades de la maniobra, igual que le referencia al decreto de Eugenio IV. Cuatro a\u00f1os despu\u00e9s de Madera, Portal es un ferviente disc\u00edpulo de Le\u00f3n XIII. Pero sabe que se puede ser buen cristiano, y hasta cristiano admirable, sin compartir la visi\u00f3n solar que manda a la voluntad pontificia regular la sociedad global: en el centro, la Iglesia romana, estrella fija, alrededor de la cual giran, m\u00e1s o menos distantes del foco bienhechor, los planetas disidentes, las Iglesias cism\u00e1ticas, unas iluminadas a\u00fan y calientes, las otras perdidas en la oscuridad y el fr\u00edo, en las fronteras de esas tinieblas exteriores donde reinan todos los demonios de la modernidad. Por la amistad de Lord Halifax, Portal ha puesto ya sus pies en uno de esos planetas, y no en el m\u00e1s cercano ni el m\u00e1s iluminado; la perspectiva ha llegado a estar lo suficiente modificada para que juegue el papel de Fernand Dalbus, esa m\u00e1scara intransigente al servicio de una causa que, ya, ha dejado de serlo del todo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo II: Fernand Dalbus En la \u00f3rbita de Le\u00f3n XIII Sin contar con Lord Halifax, Portal hab\u00eda publicado un art\u00edculo bajo el seud\u00f3nimo de Amicus, en el Express du Midi del 1 de febrero de &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-senor-portal-y-los-suyos-1855-1926-05\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":404146,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[214],"tags":[224],"class_list":["post-127666","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-historia-de-la-congregacion-de-la-mision","tag-berulle"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>El Se\u00f1or Portal y los suyos (1855-1926) (05) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-senor-portal-y-los-suyos-1855-1926-05\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"El Se\u00f1or Portal y los suyos (1855-1926) (05) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Cap\u00edtulo II: Fernand Dalbus En la \u00f3rbita de Le\u00f3n XIII Sin contar con Lord Halifax, Portal hab\u00eda publicado un art\u00edculo bajo el seud\u00f3nimo de Amicus, en el Express du Midi del 1 de febrero de ... 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