{"id":127662,"date":"2024-06-23T08:45:33","date_gmt":"2024-06-23T06:45:33","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=127662"},"modified":"2023-08-20T13:19:01","modified_gmt":"2023-08-20T11:19:01","slug":"el-senor-portal-y-los-suyos-1855-1926-03","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-senor-portal-y-los-suyos-1855-1926-03\/","title":{"rendered":"El Se\u00f1or Portal y los suyos (1855-1926) (03)"},"content":{"rendered":"<h2><b>Pr\u00f3logo: <\/b>Portal antes de Portal<\/h2>\n<h3><b>Laroque<\/b><\/h3>\n<p>Fernand Portal naci\u00f3 en 1855 en Laroque, al pie de los C\u00e9vennes, cerca de Ganges. La parte baja del pueblo era peri\u00f3dicamente devastada por las crecidas del H\u00e9rault; la parte alta se aferra a una roca fortificada. Los Portal habitaban la parte alta. Su casa se recuesta contra la muralla del castillo y se abre a lo que las gentes de la regi\u00f3n llamaban no una \u00abcallejuela\u00bb sino un \u00abpasadizo\u00bb, el pasadizo de San Juan.<\/p>\n<p>Pedro, el padre, fabricaba zapatos y se los daba a los que los necesitaban. A\u00f1o tras a\u00f1o, al acercarse la feria de Beaucaire, cuando compraba sus cueros, no le quedaba m\u00e1s remedio que girar visita a sus deudores menos insolventes; le daba compasi\u00f3n. Practicaba las peregrinaciones del lugar, no dejaba correr el tiempo de bautizar a sus hijos y sol\u00eda contar c\u00f3mo una vez se hab\u00eda dejado estafar por un sacerdote. La madre, Luisa Lafabrie, ven\u00eda de Navacelles, entre la meseta del Larzac y la del Bandas. Su abuela materna, Rosa Albus, fue tambi\u00e9n la madrina de Fernando y le inspir\u00f3, llegado el momento, el seud\u00f3nimo de Fernando Dalbus. Luisa y Pedro tuvieron tres hijos. Dos murieron de tierna edad. Una hija, Mar\u00eda, se qued\u00f3 en el pueblo; ella conserv\u00f3 la casa y la leyenda familiar.<\/p>\n<p>Los padres, los padrinos, los amigos eran labradores o hac\u00edan medias. No sab\u00edan escribir su nombre, y firmaban con un rasgo de pluma. Pedro s\u00ed que sab\u00eda; y echaba una firma con una caligraf\u00eda aplicada, casi tan bonita como la del maestro municipal. Quiso que su hijo, \u00fanico, hiciera estudios. \u00bfC\u00f3mo arregl\u00e1rselas, a menos de acudir al clero? Un t\u00edo cura, Juan Francisco Portal, ejerc\u00eda el ministerio en una parroquia de la di\u00f3cesis de N\u00eemes; se prest\u00f3 a ayudarles. Le entregaron a Fernando, que parti\u00f3 dejando el recuerdo de un peque\u00f1o travieso, \u00ablo que llev\u00f3 a decir un d\u00eda a una buena anciana devota en su patois pintoresco: Se jama\u00ef pr\u00e9ch\u00e8s! (Si alguna vez predicas!)\u00bb.<\/p>\n<p>El abate Juan Francisco hab\u00eda ejercido el ministerio en Aig\u00fces-Mortes despu\u00e9s en el pensionado de los Hermanos de Al\u00e8s antes de ser nombrado, en febrero de 1866, p\u00e1rroco de Rivi\u00e8res-de-Theyrargues, entre Al\u00e8s y Barjac. Fernando ten\u00eda pues al menos once a\u00f1os cuando dej\u00f3 a sus padres y comenz\u00f3 lo que se puede llamar sus estudios de secundaria. Si las cosas hubieran seguido su curso, habr\u00eda entrado en las \u00f3rdenes de la forma m\u00e1s cl\u00e1sica. Era frecuente que un sacerdote se ocupara de un ni\u00f1o, miembro de la familia o alumno aventajado del catecismo, y le iniciara en lat\u00edn, destin\u00e1ndolo as\u00ed a la vida clerical. El muchacho era apartado, dedicado a la sotana, a la edad en que sus compa\u00f1eros guardaban cabras o asneaban bajo la f\u00e9rula del maestro.<\/p>\n<p>Entre los Portal, la mitolog\u00eda familiar favorec\u00eda un compromiso precoz. Hacia la edad de res a\u00f1os, Fernando cay\u00f3 gravemente enfermo. Una tarde, el m\u00e9dico pens\u00f3 que no pasar\u00eda la noche. Pedro comenz\u00f3 por sobresaltarse, luego sali\u00f3 sin decir d\u00f3nde iba. A pie, por el camino hasta Brissac, por senderos de monte despu\u00e9s, lleg\u00f3 al santuario de Notre-Dame-du-Suc; los cat\u00f3licos de los C\u00e9vennes veneraban all\u00ed a una Virgen milagrosa. Lleg\u00f3 cerca de la capilla a medianoche. Sin molestar al ermita\u00f1o que cuidaba el santuario, rez\u00f3 un buen rato en el umbral de la puerta: si la Virgen salvaba al ni\u00f1o, se lo consagrar\u00eda, y, llegado el d\u00eda, nadie se opondr\u00eda a que entrara en las \u00f3rdenes. Fernando se cur\u00f3 el cabo de unos d\u00edas. Tres a\u00f1os seguidos fue llevado al santuario llevando las insignias marianas. Se hab\u00eda convertido en el ni\u00f1o del milagro, es decir elegido, designado. Un milagro; un t\u00edo cura. Todo conspiraba a hacer de \u00e9l lo que los oradores llamaban un joven levita.<\/p>\n<h3>Montpellier<\/h3>\n<p>Fernando no se qued\u00f3 m\u00e1s que un a\u00f1o en Rivi\u00e8res. En 1867, se enfad\u00f3 con el abate Juan Francisco, quien le habr\u00eda acusado falsamente de hurto. Indignado, el muchacho exigi\u00f3 que viniera su padre a buscarlo. Como quer\u00eda seguir los estudios, Pedro logr\u00f3 colocarlo en 1868 en el seminario menor de Beaucaire luego, en 1868, en el de Montpellier, donde estuvo cinco a\u00f1os, alumno brillante, mimado de sus maestros. Dirig\u00edan el establecimiento sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, lazaristas. La gente de la regi\u00f3n les llamaba los \u00abcortezas\u00bb, los cuscurros, porque el esp\u00edritu de pobreza les prohib\u00eda tirar el pan duro. Recib\u00edan de buen grado a los chicos de origen modesto, salidos del mundo del campo, y quienes prosegu\u00edan all\u00ed, con la ayuda pecuniaria de los p\u00e1rrocos y de sus parroquianos, estudios cl\u00e1sicos.<\/p>\n<p>Este seminario menor no era un colegio disfrazado y no compet\u00eda con el liceo imperial. Ni los \u00e9xitos escolares ni el n\u00famero de alumnos constitu\u00edan el objetivo principal de los superiores.<\/p>\n<p>A los j\u00f3venes seminaristas, se les pide ante todo cualidades morales, cierta inclinaci\u00f3n por lo que es religioso, alguna se\u00f1al de una posible vocaci\u00f3n. Por eso se rechaza o se aparta a todo aquel que no parece responder a estas exigencias.<\/p>\n<p>Y sin embargo Fernando no quer\u00eda dejarse ensotanar; so\u00f1aba con ser oficial. El seminario menor , prolongado eventualmente por una de esas \u00abcajas de bachiller\u00bb abiertas hacia 1850 por sacerdotes de la di\u00f3cesis, presentaba el \u00fanico camino posible para un hijo de zapatero, en una \u00e9poca en que las becas de liceo eran raras y pr\u00e1cticamente reservadas a los hijos de los funcionarios d\u00f3ciles. Esta ambici\u00f3n militar data de Beaucaire, por lo menos; el ej\u00e9rcito era todav\u00eda imperial; hab\u00eda peleado en toda clase de pa\u00edses ex\u00f3ticos y pod\u00eda deslumbrar a un muchacho de trece a\u00f1os poco sensible al \u00e9xito diverso de las expediciones y a la limpieza relativa de sus motivos.<\/p>\n<p>Sue\u00f1o de adolescente prendado de im\u00e1genes de \u00c9pinal, sin duda; pero un sue\u00f1o que las derrotas de 1870 no hicieron m\u00e1s que consolidar, y que atorment\u00f3 a Fernando hasta la edad de dieciocho a\u00f1os. Por \u00e9l se explican un temperamento aventurero, y el horror confesado de \u00abla buena tranquilidad de la vida burguesa y canonical\u00bb. Hasta su muerte, Portal se desvivi\u00f3 en las empresas, se enardeci\u00f3 en las tempestades; la perspectiva de un revuelo no dej\u00f3 de llenarle de contento, y la monoton\u00eda de lo cotidiano de sumirle en la neurastenia. Y adem\u00e1s se revel\u00f3 patriota, sencillamente. \u00bfC\u00f3mo no hacerse oficial cuando Francia, machacada por el Prusiano, deb\u00eda reconquistar su honor y la Alsacia? Este patriotismo sobrevivi\u00f3 a la ordenaci\u00f3n y estuvo a flor de sotana. \u00bfLo asoci\u00f3 Fernando, a principios de los 1870, a sentimientos realistas? \u00bfEsper\u00f3 acaso la vuelta de la monarqu\u00eda leg\u00edtima? Ya como lazarista, actu\u00f3, habl\u00f3 y escribi\u00f3 siempre como si la cuesti\u00f3n del r\u00e9gimen no se planteaba m\u00e1s. En 1892, acogi\u00f3 sin debate de conciencia la enc\u00edclica en la que Le\u00f3n XIII aconsejaba la reuni\u00f3n de la Rep\u00fablica. Parece que muy temprano se haya liberado del problema del juramento pol\u00edtico, que perturb\u00f3 tan gravemente a una parte del clero franc\u00e9s a finales del siglo XIX. Pero \u00e9l estaba disponible para otras batallas.<\/p>\n<h3>Intransigencia romana y proyecto misionero<\/h3>\n<p>Fernando nunca lleg\u00f3 a ser oficial. Se hizo sacerdote para ser misionero. Este cambio de ambici\u00f3n expresa a su modo el combate que sosten\u00eda entonces la Iglesia cat\u00f3lica. Fernando ten\u00eda nueve a\u00f1os cuando el papa P\u00edo IX fulmin\u00f3 el Syllabus contra \u00ablos principales errores de nuestro tiempo\u00bb, entre los que ocupaba el primer lugar el liberalismo que quiere reducir la religi\u00f3n a las convicciones de la conciencia privada. Contra lo que ella ten\u00eda por un ideal mortal, mortal para la fe, mortal para la humanidad, el papado proclamaba la necesidad de lo que se llamar\u00eda hoy una regulaci\u00f3n religiosa de la sociedad global. La religi\u00f3n no deb\u00eda constituir un asunto privado, no deb\u00eda dejarse encerrar en un dominio aparte, una reserva, una sacrist\u00eda al margen de la sociedad secularizada; deb\u00eda rechazar el mundo \u00abmoderno\u00bb, es decir el mundo fragmentado donde la moral, el derecho, la pol\u00edtica y la ciencia afirmaban su autonom\u00eda e intentaban construirse seg\u00fan las normas de una raz\u00f3n secularizada. A este mundo en explosi\u00f3n, el catolicismo intransigente, el catolicismo oficial y dominante que segu\u00eda al pont\u00edfice romano en su non expedit radical, opon\u00eda cada vez con m\u00e1s claridad, a medida que el conflicto de precisaba y se extend\u00eda, un proyecto unitario, exclusivo y totalizador, que integraba a todos los campos de la actividad humana y los somet\u00eda a las exigencias de la Iglesia y de su magisterio.<\/p>\n<p>A medida que avanzaba el siglo, m\u00e1s se hablaba \u2013precisamente porque cada vez estaban menos claras las cosas- de pol\u00edtica, de derecho cat\u00f3lico, de sociedad cat\u00f3lica, de ciencia cat\u00f3lica. Se trataba de recrear un universo cristiano que recurriera a todas las facultades del hombre y le envolviera por completo. De esta manera se hab\u00eda comprometido el papado en un combate de frentes m\u00faltiples, tanto m\u00e1s dif\u00edcil de sostener cuanto se negaba con frecuencia a distinguir la tesis de la hip\u00f3tesis, la estrategia intransigente y la t\u00e1ctica que sabe transigir. Al final del reinado de P\u00edo IX, parec\u00eda que hab\u00eda perdido en todas partes la iniciativa, que sosten\u00eda una guerra de posici\u00f3n, una guerra de desgaste a base de fuertes anatemas y condenas; se presentaba como una ciudadela asediada por la locura del mundo: su intransigencia se hab\u00eda vuelto defensiva. En Europa por lo menos.<\/p>\n<p>Ya que para compensar el terreno perdido, para aflojar el tornillo y ganarse las nuevas energ\u00edas que permit\u00edan el contraataque general, la Iglesia ofrec\u00eda fuera de Europa un colosal esfuerzo de implantaci\u00f3n. El tiempo de la ciudad asediada fue tambi\u00e9n el tiempo fuerte de las misiones, es decir de aquellas empresas que se dirig\u00edan a construir en terreno virgen \u2013o as\u00ed supuesto- esta sociedad globalmente cristiana cuya construcci\u00f3n, en el viejo mundo, se revelaba tan dif\u00edcil. En sus memorias, Portal se acuerdas con emoci\u00f3n de aquella necesidad de revivir y hasta de salir de sus fronteras, de adquirir imperios nuevos a pesar de las p\u00e9rdidas sufridas en el interior.<\/p>\n<p>En Francia solamente, de 1815 a 1870, se fundaron veintid\u00f3s congregaciones o institutos misioneros, as\u00ed como una prensa especializada, as\u00ed los Anales de la propagaci\u00f3n de la Fe o las Misiones cat\u00f3licas, semanarios lanzados en 1868 y cuyas p\u00e1ginas estaban llenas de relatos de misioneros; relatos de sus tribulaciones, de sus trabajos, de sus victorias, relatos sobre todo de sus sufrimientos. Un rumor de epopeya triunfal y sangrienta llegaba a conmover a los j\u00f3venes cat\u00f3licos prendados de sacrificio y de aventura. Caja de resonancia del rumor heroico, el seminario menor de Montpellier estaba en manos, seg\u00fan se ha dicho, de los sacerdotes de la Misi\u00f3n, lazaristas; esta congregaci\u00f3n realizaba el supremo esfuerzo misionero, sobre todo en China; varios de sus miembros hab\u00edan encontrado all\u00ed el martirio. Su gesto vino a trastornar a Fernando, quien lleg\u00f3 a sentir verdadera veneraci\u00f3n por Juan Gabriel Perboyre, ejecutado en 1840 al cabo de un suplicio atroz. Los superiores supieron mostrar al brillante alumno que se pod\u00eda ser soldado al servicio de la Iglesia, al servicio de una causa en la que no estaba uno expuesto a la larga espera y el molesto diario de la guarnici\u00f3n, de una causa tambi\u00e9n que se confund\u00eda, seg\u00fan el esp\u00edritu del tiempo, con la de Francia y de su misi\u00f3n espiritual. Treinta a\u00f1os despu\u00e9s, Portal declar\u00f3 a una amiga c\u00f3mo se hab\u00eda puesto a so\u00f1ar con \u00absufrimiento y martirio\u00bb as\u00ed como con \u00abbatalla y muerte gloriosa\u00bb.<\/p>\n<p>Durante mucho tiempo, sopes\u00f3 el pro y el contra entre lo rojo y lo negro. \u00abDespu\u00e9s de no pocas luchas\u00bb, escogi\u00f3 el camino que le parec\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil. \u00c9l que deb\u00eda animar al grupo cat\u00f3lico de la Escuela normal superior de la calle de Ulm renunci\u00f3 a preparar el bachillerato. El 14 de agosto de1874, diecinueve aniversario de su nacimiento, entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. M\u00e1s tarde, anot\u00f3 en su cuaderno \u00edntimo la frase de Teresa de \u00c1vila, despu\u00e9s de los votos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">No ten\u00eda veinte a\u00f1os, y ya me parec\u00eda tener el mundo rendido a mis pies.<\/p>\n<p>El 7 de diciembre de 1874, se vio imitado por su mejor amigo, Francisco Verdier. Se hab\u00eda encontrado en los bancos del seminario menor con aquel muchacho de Lunel, de un a\u00f1o menos pero su rival para los primeros puestos, y que fue su \u00edntimo hasta el final, alguna vez su c\u00f3mplice. No cesaron de tutearse cuando Verdier fue elegido, en 1919, superior general de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, el d\u00e9cimo s\u00e9ptimo sucesor de san Vicente de Pa\u00fal. Fue uno de los que aseguraron a Portal aquella medida de comprensi\u00f3n y de libertad gracias a la cual pudo seguir con los lazaristas.<\/p>\n<h3>Adi\u00f3s a los C\u00e9vennes<\/h3>\n<p>Pedro y Luisa estaban desolados. Que su hijo, su \u00fanico superviviente, se instale en cualquier curato de la di\u00f3cesis, es una cosa. Pero \u00bfla misi\u00f3n lejana, China, una larga separaci\u00f3n, tal vez definitiva? Hab\u00edan empezado por oponerse. Fernando hab\u00eda respondido con una carta tanto m\u00e1s altanera por haber tenido que dominar su afecto:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Vosotros me entregasteis a Mar\u00eda. Que el sacrificio sea completo.<br \/>\n[Iba firmado] El hijo m\u00e1s sumiso.<\/p>\n<p>Padre hab\u00eda renunciado; nunca deb\u00eda consolarse. Para Fernando fue tambi\u00e9n dif\u00edcil. \u00c9l veneraba a sus padres quienes, a pesar de su pobreza, hab\u00edan sostenido sus estudios. \u00abSeg\u00fan avanzo en la edad, m\u00e1s agradecimiento siento hacia ellos por la vida dif\u00edcil que llevaron por nosotros, por m\u00ed en particular\u00bb. Quer\u00eda a su pueblecito; lo describi\u00f3 a menudo con agrado, y una de sus satisfacciones era ense\u00f1\u00e1rselo a sus amigos. Cuando todo sal\u00eda mal, se repet\u00eda la divisa, adversis duro, que traduc\u00eda: \u00abResisto en las contrariedades\u00bb; y la relacionaba con su oraci\u00f3n favorita:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Dios todopoderoso y misericordioso, apartad e nosotros con bondad todas las cosas adversas a fin de que libres en cuerpo y esp\u00edritu sigamos los mandamientos con mentes libres.<\/p>\n<p>Se reencontraba y hallaba a sus anchas al contacto con los artesanos, campesinos, sus amigos de infancia, cuya tenacidad le asombraba.<\/p>\n<p>Laroque est\u00e1 dominado por una enorme roca en forma de toree que le ha dado el nombre [&#8230;]. En el ardiente sol como en la tempestad, llueva o sople el viento, la gran roca sigue all\u00ed. Se dice que los habitantes participan de su naturaleza&#8230;<\/p>\n<p>Enraizado estuvo, a su modo. Cuando pod\u00eda, no dejaba de enviar dinero para la restauraci\u00f3n y mantenimiento del albergue familiar. \u00abA pesar de mi alejamiento, mi casa sigue all\u00e1 abajo\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfLe prepararon los C\u00e9vennes secretamente a sobrellevar lo que fue la preocupaci\u00f3n y dolor de su vida: la desuni\u00f3n de los cristianos? A dos kil\u00f3metros de Laroque, en Ganges, los campanarios de la iglesia cat\u00f3lica y del templo protestante rivalizan en altura. Todo alrededor, en el Vigan, en Pompignan, en los Mont\u00e8zes viven los recuerdos de la guerra de los camisards y de los s\u00ednodos del desierto. Pero en Laroque mismo, no hab\u00eda protestantes, y no parece haberlos habido nunca. Como escribe Jean Bernad, las crecidas del H\u00e9rault han causado all\u00ed m\u00e1s desastres que los camisards, y hemos de reconocer que antes de encontrase con Lord Halifax, Portal no manifest\u00f3 ning\u00fan inter\u00e9s particular por los \u00abhermanos separados\u00bb.<\/p>\n<h3>Par\u00eds contra los sacerdotes<\/h3>\n<p>Fernando se enfil\u00f3 la sotana que su madre hab\u00eda asperjado con agua de Lourdes, subi\u00f3 a Par\u00eds, pronunci\u00f3 los votos en 1876, recibi\u00f3 la tonsura, las \u00f3rdenes menores y el subdiaconado en 1878, el diaconado en 1879, el sacerdocio en 1880. El seminario interno de los lazaristas desplegaba sus fachadas severas entre la calle de S\u00e8vres y la calle del Cherche-Midi. Se daba importancia en disciplinar a los hombres atrincherados, en los dos sentidos de la palabra: los retra\u00eddos y los fortificados. La idea de que el sacerdote deb\u00eda tener cuidado con el mundo no era nueva. Pero en el siglo XIX el t\u00e9rmino evang\u00e9lico de \u00abmundo\u00bb se hab\u00eda concretado en designar la sociedad moderna salida de la Revoluci\u00f3n. Ya no se trataba solamente de resistir a las seducciones del siglo, sino de mantenerse impermeable a sus agresiones. La realidad cotidiana era pesada cuando la aparici\u00f3n de una sotana provocaba el encogimiento de hombros del burgu\u00e9s y el graznido del popular.<\/p>\n<p>Fernando se qued\u00f3 estupefacto ante el recibimiento que la capital reservaba a los seminaristas.<\/p>\n<p>En medio de los recuerdos m\u00e1s profundos de nuestros desastres, de la guerra extranjera y civil, en aquella atm\u00f3sfera de odio que por entonces se respiraba en Par\u00eds, no os pod\u00e9is hacer una idea de qu\u00e9 mal vistos \u00e9ramos; en algunos barrios, se percib\u00eda el odio de los hombres y de las mujeres en la calle. Nos insultaba todo el mundo, los estudiantes y la gente bien educada.<\/p>\n<p>En semejante ambiente, el primer cuidado era proteger a los seminaristas, crear una trama densa de h\u00e1bitos y reflejos en defensa de su vocaci\u00f3n, multiplicar las estructuras defensivas contra una libertad cuyos efectos desoladores constataban cada d\u00eda las autoridades eclesi\u00e1sticas. De donde la aparici\u00f3n de aquellos \u00abdirectorios\u00bb que encerraban a los alumnos en una red de prescripciones detalladas. La primera edici\u00f3n del directorio de los seminarios mayores de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n data de 1846.No era m\u00e1s que un proyecto, si bien impreso. La edici\u00f3n que fue decretada (despu\u00e9s de algunas observaciones) y que estuvo en vigor durante medio siglo data de 1850. Se la segu\u00eda a la vez en los seminarios mayores y en el seminario interno de la calle de S\u00e8vres.<\/p>\n<h3>Una educaci\u00f3n clerical en el siglo XIX<\/h3>\n<p>El directorio preve\u00eda el empleo del d\u00eda cada cuarto de hora, del despertar (a las 5 de la ma\u00f1ana) al silencio (a las 9 de la noche). A cada espacio de tiempo correspond\u00eda una actividad precisa que lo llenaba por completo. Ning\u00fan intersticio, ni juego. Y al d\u00eda siguiente, vuelta a comenzar. El ciclo de las repeticiones no se interrump\u00eda m\u00e1s que por los oficios del domingo y la salida semanal, puesta de ordinario los mi\u00e9rcoles por la tarde. Media hora de \u00abpreparaci\u00f3n para el paseo\u00bb preced\u00eda al paso del grupo del seminario al mundo exterior. Aunque se tratase de formar a formadores \u2013la tercera parte o la mitad de los seminaristas eran destinados no a las misiones extrajeras, sino a la ense\u00f1anza -, los estudios ocupaban un lugar secundario. Lo esencial era lo que el directorio llamaba la \u00abformaci\u00f3n en la piedad\u00bb. Ante todo, hacer sacerdotes santos. En pie a las 5, los seminaristas no entraban en clase hasta las 9. Sal\u00edan una hora y cuarto m\u00e1s tarde, para no volver hasta las 3 y media. En total, dos horas y media al d\u00eda, cinco horas a la semana, m\u00e1s una hora el mi\u00e9rcoles. Es poco para unos j\u00f3venes que no pasaban por otro lado m\u00e1s que dos horas al d\u00eda en el refectorio o en \u00ablibre recreaci\u00f3n\u00bb. Pero las instrucciones pedag\u00f3gicas muestran suficientemente que no estaban all\u00ed para hacer lo que el profano llama estudios brillantes. El \u00abbuen profesor\u00bb precisa el directorio, debe \u00abcerrar la boca\u00bb a los \u00abpresuntuosos\u00bb y tener mucho cuidado en no \u00abtratar con dureza\u00bb o en no \u00abhumillar\u00bb a aquellos \u00aba quienes la dificultad desanima\u00bb y \u00abcuyas respuestas no son satisfactorias\u00bb. \u00bfAcaso el ejemplo del cura de Ars no demuestra que se puede ser un santo sacerdote despu\u00e9s de haber cosechado en el seminario la menci\u00f3n debilissimus?<\/p>\n<p>Las clases se repart\u00edan en tres secuencias de igual duraci\u00f3n: la recitaci\u00f3n de la lecci\u00f3n precedente, la \u00abdiscusi\u00f3n de las dificultades\u00bb, la explicaci\u00f3n de la lecci\u00f3n siguiente. Los alumnos no deb\u00edan permanecer pasivos. El directorio aconseja al profesor preguntar \u00abr\u00e1pidamente a un gran n\u00famero de ellos\u00bb luego \u00abhacerles hablar mucho\u00bb durante la discusi\u00f3n de las dificultades \u00abpropuestas\u00bb pero tambi\u00e9n \u00absuscitadas\u00bb. Todo eso, bien entendido, deb\u00eda hacerse \u00aben lat\u00edn y en forma silog\u00edstica\u00bb. \u00abMientras se pueda, y sea posible\u00bb, los seminaristas recitaban y argumentaban en aquel lat\u00edn de la Iglesia que, con los mecanismos del razonamiento escol\u00e1stico, constitu\u00eda la primera pieza del cors\u00e9 intelectual. Cuando esta disciplina no era suficiente para evitar las preguntas peligrosas, el profesor se encargaba de reducirlas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Evitar\u00e1 las discusiones largas, mostrando c\u00f3mo se debe atacar inmediatamente de frente el nudo de la dificultad.<\/p>\n<p>Y durante la tercera parte de la clase, la exposici\u00f3n de la lecci\u00f3n siguiente, deb\u00eda negarse a las \u00abdigresiones in\u00fatiles y fuera de lugar\u00bb. Como le quedaba muy poco tiempo, se aten\u00eda con frecuencia a un manual, y se contentaba entonces con explicar los t\u00e9rminos dif\u00edciles, subrayar los pasajes importantes, completarlo a veces; para aprend\u00e9rselo de memoria, dispon\u00edan los alumnos de cuatro horas de estudio al d\u00eda.<\/p>\n<p>El manual de teolog\u00eda (en la \u00e9poca de Portal, el de Bouvier, edici\u00f3n de 1853 revisada en un sentido ultramontano) presentaba a la Iglesia como una instituci\u00f3n acabada, en la que parec\u00eda estar todo cerrado. Nada de buscar en la Biblia y los Padres la vida de los dogmas y su afirmaci\u00f3n progresiva. La historia se resum\u00eda a los combates de la Iglesia contra las fuerzas del Mal, es decir la herej\u00eda y la incredulidad, llevando aquella a \u00e9sta.. Las cuestiones comprometidas se limitaban al galicanismo, al rigorismo, a la infalibilidad pontificia, a la condena del liberalismo. La cuesti\u00f3n social no se abordaba en el tratado de la justicia, pensado para una econom\u00eda agr\u00edcola. Las ciencias de la naturaleza no ten\u00edan derecho de ciudadan\u00eda. Los cursos de sagrada Escritura suministraban a los futuros sacerdotes con qu\u00e9 dotar la predicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No parece que Fernando se haya preocupado por esta mediocridad. En los intervalos que hab\u00eda entre las visitas al Sant\u00edsimo Sacramento, las oraciones vocales de la di\u00f3cesis, las letan\u00edas del Santo Nombre de Jes\u00fas, la misa, la repetici\u00f3n de oraci\u00f3n, las clases de canto y de \u00abceremonias\u00bb, la lectura recto tono del Nuevo Testamento, el examen particular, la recitaci\u00f3n del Miserere, del Veni sancte, del Ave Maria, del Sub tuum, el rosario, las v\u00edsperas, las completas, los maitines, los laudes, el oficio breve de la Sant\u00edsima Virgen, la lectura espiritual, el Angelus, la oraci\u00f3n de la tarde, todo cuanto constitu\u00eda la formaci\u00f3n de la piedad, \u00e9l se afanaba con toda tranquilidad. Recibi\u00f3 el subdiaconado el mismo a\u00f1o que Alfred Loisy, entonces seminarista en Ch\u00e2lons-sur-Marne. Loisy se prepar\u00f3 a \u00e9l en medio de la confusi\u00f3n y el vano cansancio de las noches de insomnio. Espont\u00e1neamente, al solo contacto de la teolog\u00eda escol\u00e1stica, se hab\u00eda encabritado, juzg\u00e1ndola arcaica. Nada de eso en Fernando. Necesit\u00f3 un largo rodeo para cuestionarse la formaci\u00f3n recibida en la calle de S\u00e8vres.<\/p>\n<h3><b>Diez a\u00f1os errante<\/b><\/h3>\n<p>El periplo comenz\u00f3 en 1880. Apenas ordenado, Fernando pidi\u00f3 al superior general que le enviara a China. Seis a\u00f1os de estudios no hab\u00edan alterado su ambici\u00f3n, ni siquiera le hab\u00edan limpiado de su romanticismo un tanto suicida. Se trataba de ir a gastarse y morir en uni\u00f3n con el Maestro, el Maestro muerto vencido, abandonado, despreciado. El superior se burl\u00f3 amablemente. La salud del joven sacerdote hab\u00eda sido en verdad demasiado fr\u00e1gil. En 1878 hab\u00eda tenido incluso que interrumpir los estudios; le hab\u00edan colocado de profesor en el seminario menor de Tours; hab\u00eda estado un a\u00f1o, viviendo a un ritmo m\u00e1s l\u00e1nguido que en Par\u00eds. Parec\u00eda restablecido; pero fue aviso suficiente cuando hubo que decidir sobre el empleo de su vida. Junto a la misi\u00f3n, una de las principales actividades lazaristas era la ense\u00f1anza, muy en particular la formaci\u00f3n de piadosos y s\u00f3lidos p\u00e1rrocos para las di\u00f3cesis. Fernando se enter\u00f3 pues que estaba destinado como profesor de filosof\u00eda al seminario mayor de Oran. \u00abDe ordinario, era una orientaci\u00f3n para toda una vida\u00bb. Adi\u00f3s a China&#8230; Hab\u00eda vivido con la certeza de que ser\u00eda un \u00absoldado de Cristo\u00bb, un misionero sin cortapisas. Y ah\u00ed estaba \u00e9l ense\u00f1ando el arte del silogismo a unos buenos j\u00f3venes. Hab\u00eda sido sacado brutalmente fuera de s\u00ed. Despu\u00e9s de la vida compacta y absorbente del seminario, el juego resultaba posible, lo que es iron\u00eda o reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>Era preciso tambi\u00e9n que se le diera tiempo. En Oran, no acab\u00f3 el a\u00f1o escolar. A finales de abril de 1881, se puso a escupir sangre. Se le dio por perdido. Recibi\u00f3 la extremaunci\u00f3n haciendo el sacrificio de su vida. Super\u00f3 la crisis, se repuso poco a poco. Todo para arrastrar una existencia de enfermo, de superviviente, presa de la solicitud de sus superiores que le prohib\u00edan tareas de peso y los climas rigurosos. Por miedo a los calores del verano argelino, lo enviaron de convaleciente a Lisboa, luego, al llegar el invierno, al seminario mayor de Niza. En 1882, intent\u00f3 de nuevo la ense\u00f1anza. Durante cuatro a\u00f1os, ense\u00f1\u00f3 dogma a los seminaristas de Cahors.<\/p>\n<p>Esta ciudad ocupa un lugar importante en su itinerario; volvi\u00f3 all\u00ed en 1890 y estuvo todav\u00eda cinco a\u00f1os. Desde Cahors lanz\u00f3 la campa\u00f1a angloromana. Durante la primera estancia, se gan\u00f3 la confianza de dos responsables sin la autorizaci\u00f3n de los cuales habr\u00eda estado fuera de lugar organizar un movimiento unionista: el obispo y superior del seminario mayor. El superior, Se\u00f1or M\u00e9out, campesino de Albi, tom\u00f3 afecto al joven t\u00edsico llegado a vararse en su establecimiento; afecto duradero, ya que en 1908, cuando la crisis modernista, M\u00e9out fue de ,los que tomaron la defensa de Portal y le ayudaron a instalarse, sin romper con los lazaristas, en una casa de estudios independiente. En cuanto al obispo, Mons Grimardias, de Auvergne, titular de la sede de Cahors desde 1865,amigo de Maret y de Dupanloup, hab\u00eda cre\u00eddo inoportuna la declaraci\u00f3n de la infalibilidad pontificia y se hab\u00eda abstenido de comparecer en la \u00faltima sesi\u00f3n del Concilio Vaticano II. En materia pol\u00edtica, afirmaba que el clero deb\u00eda aceptar las instituciones modernas y mantenerse en una estricta neutralidad. Se entend\u00eda a las mil maravillas con el prefecto, y desde 1879 intent\u00f3 adelantar, de acuerdo con las autoridades civiles, la aplicaci\u00f3n de las medidas previstas contra las congregaciones.<\/p>\n<p>En Cahors se encuentra rastro de la primera fundaci\u00f3n portaliana, \u00abuna asociaci\u00f3n de j\u00f3venes trabajadoras a favor de los pobres\u00bb, una especie de prototipo de la comunidad de Javel. As\u00ed, entre M\u00e9out, Grimardias, los seminaristas y las j\u00f3venes caritativas, la existencia de Fernando parec\u00eda recobrar un curso uniforme, cuando volvi\u00f3 a escupir sangre: nada de seguir ense\u00f1ando. Le enviaron a Espa\u00f1a, luego a Portugal. Se ocup\u00f3 hasta finales de 1889 en confesar y predicar ejercicios en los establecimientos dirigidos por los lazaristas o las Hijas de la Caridad. La enfermedad le tuvo durante m\u00e1s de veinte a\u00f1os en una constante incertidumbre sobre su futuro. Las reca\u00eddas peri\u00f3dicas le obligaban al descanso, con prohibici\u00f3n de hablar, de salir, de subir las escaleras. Entre dos crisis, se sent\u00eda marcado, hasta en su forma de re\u00edr cuyo \u00abmatiz era extra\u00f1o, casi inaudible, un h\u00e1lito procedente de un pecho que, m\u00e1s o menos, parec\u00eda desgarrase\u00bb.<\/p>\n<h3><b>Siguiendo al Se\u00f1or Vicente<\/b><\/h3>\n<p>En el seminario, hab\u00eda vivido la familiaridad de san Vicente de Pa\u00fal., Se hab\u00eda dejado impregnar de su esp\u00edritu, tal como se recib\u00eda por la tradici\u00f3n lazarista: sencillez, humildad, abandono a la Providencia. De vac\u00edo por el fracaso de su ambici\u00f3n misionera, se apeg\u00f3 al Se\u00f1or Vicente como a un modelo a quien se asimila y se interioriza para dominar una crisis y hallar la seguridad que orienta e impulsa a actuar. No se content\u00f3 con las fuentes habituales, las biograf\u00edas y los estudios espirituales de Abelly y de Collet, de Ansart y de Maynard. Tuvo acceso a la correspondencia y a las conferencias editadas a partir de 1860, sin descuidar los manuscritos que iba a buscar a los archivos de la Congregaci\u00f3n y que estudi\u00f3 toda su vida con pasi\u00f3n. Se trata aqu\u00ed de un inter\u00e9s constante que no disminuy\u00f3 con el compromiso unionista, muy al contrario, en la medida en que Portal estableci\u00f3 una relaci\u00f3n directa entre la reforma de la Iglesia seg\u00fan el Se\u00f1or Vicente y el acercamiento de los cristianos. En 1900, fund\u00f3 los Peque\u00f1os Anales de San Vicente de Pa\u00fal, en los que firm\u00f3 art\u00edculos sobre las Hijas de la Caridad y la creaci\u00f3n de los seminarios mayores franceses, dos aspectos importantes de la obra del santo. En 1918, public\u00f3 en colaboraci\u00f3n con Georges Goyau \u00abnotas sobre la iconograf\u00eda de san Vicente de Pa\u00fal\u00bb, y en 1920 un estudio sobre Luisa de Marillac, colaboradora del Se\u00f1or Vicente. La reforma cat\u00f3lica fue uno de sus asuntos de conversaci\u00f3n y de conferencia favoritos. Le gustaba hablar del siglo XVII franc\u00e9s, que hab\u00eda estudiado mucho y conoc\u00eda por dentro. Era menos un conocimiento t\u00e9cnico de los acontecimientos y de las fechas, que una inteligencia viva y muy flexible del \u00abmodo\u00bb como ocurrieron las cosas.<\/p>\n<p>Su Vicente de Pa\u00fal fue en primer lugar el sacerdote que anduvo a tientas unos quince a\u00f1os despu\u00e9s de su ordenaci\u00f3n antes de descubrir a qu\u00e9 tarea era llamado, el gasc\u00f3n de aventura que se agotaba en su vida errante hasta comprender que su vida ser\u00eda fecunda en la medida exacta en que hiciera un lugar a Dios, siguiera su querer y no querer, cesara de ponerle obst\u00e1culos para servir de punto de apoyo, de apariencia y de pretexto a su acci\u00f3n. Tras \u00e9l, Fernando quiso ver en los tumbos de su existencia una prueba purificadora. Imposible alejar por s\u00ed mismo lo que pertenece al propio yo, ego\u00edsta y terrestre, \u00fatil para estropear las obras. \u00bfLa enfermedad, la decepci\u00f3n, el destierro? Ah\u00ed estaba el trabajo de la Providencia que le moldeaba duramente para hacer de \u00e9l el instrumento del que iba a necesitar. En esta perspectiva, el des\u00e1nimo se convert\u00eda en pecado mayor, con la distracci\u00f3n, la indiferencia y la \u00abdevoci\u00f3n de sensibler\u00eda y de imaginaci\u00f3n\u00bb que llena al cristiano de s\u00ed mismo y le impide discernir bien. Fernando retuvo del Se\u00f1or Vicente la cr\u00edtica de los \u00abpensamientos elevados, \u00e9xtasis y arrebatos\u00bb as\u00ed como la resistencia opuesta al su confesor Duval que deseaba arrastrarle tras de s\u00ed y de la Se\u00f1ora Acarie a los arcanos de la m\u00edstica. Quiso una piedad pr\u00e1ctica, que lleva al buen hacer, alimentada por la inteligencia de lo que Cristo vivi\u00f3 y realiz\u00f3 entre los hombres.<\/p>\n<h3><b>Un autodidacta descubre la historia<\/b><\/h3>\n<p>No se prepar\u00f3 solamente por la meditaci\u00f3n del Evangelio y del ejemplo vicenciano. Se lanz\u00f3 a estudios ambiciosos, embrollones (en una carta de 1898 habla de su \u00abreputaci\u00f3n de hombre desordenado\u00bb), se\u00f1alados con la prisa autodidacta de recuperar el tiempo perdido. No exist\u00eda ning\u00fan ciclo de formaci\u00f3n permanente en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, y los estudios personales se ten\u00edan por fantas\u00edas, caprichos m\u00e1s o menos inspirados por el esp\u00edritu del mundo. Los apetitos enciclop\u00e9dicos de Fernando no estuvieron ni suscitados ni encauzados por sus superiores; los adquiri\u00f3 por el ejercicio solitario de la virtud de observaci\u00f3n. Viajero perpetuo con los ojos bien abiertos, sacado por sus viajes del ambiente confinado de los seminarios, pudo medir, mejor a\u00fan de lo que lo hab\u00eda hecho en Par\u00eds, la decadencia del influjo espiritual e intelectual de la Iglesia.<\/p>\n<p>Sus agendas se llenaron de extractos de los grandes reformadores cat\u00f3licos (y en primer lugar de santa Teresa de \u00c1vila) denunciando los abusos del clero y sus carencias. Y no fueron s\u00f3lo las instituciones eclesi\u00e1sticas las que se puso a estudiar sub specie temporis: \u00abMis lecturas iba dirigidas a la historia incluso con miras teol\u00f3gicas\u00bb. Se dedic\u00f3 a leer directamente a los Padres de la Iglesia \u2013lo que por otra parte entraba en la tradici\u00f3n de la Escuela francesa del siglo XVII- y a descubrir la afirmaci\u00f3n progresiva de los dogmas, el desarrollo en el tiempo de una doctrina viva. \u00abLa teolog\u00eda no es otra cosa que una historia de lo que Dios revel\u00f3 al hombre\u00bb, escribe hacia 1887. Se encontr\u00f3 con el Newman del Ensayo sobre el Desarrollo, tambi\u00e9n con M\u00f6hler, y resumi\u00f3:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Las verdades m\u00e1s elevadas no podr\u00edan comprenderse de una sola vez por los que las reciben. Son mentes no inspiradas las que las reciben y las transmiten, y todo se opera a trav\u00e9s de los medios humanos.<\/p>\n<p>Pero fue la historia reciente del catolicismo franc\u00e9s la que le absorbi\u00f3 m\u00e1s su atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Siempre me hab\u00eda interesado particularmente la historia de la Iglesia de Francia, cuya fisonom\u00eda propia me atra\u00eda. En los \u00faltimos tiempos [que precedieron al encuentro con Lord Halifax], yo hab\u00eda seguido con mucha atenci\u00f3n las biograf\u00edas y los estudios relacionados con nuestro movimiento cat\u00f3lico del siglo XIX.. estas \u00faltimas lecturas sobre todo hab\u00edan contribuido a acrecentar mi amor a la Iglesia: tambi\u00e9n hab\u00edan puesto ante mis ojos ejemplos cuyo recuerdo, m\u00e1s tarde, no dej\u00f3 de influir en mi conducta en circunstancias dif\u00edciles.<\/p>\n<p>Y en primer lugar los de Lamennais, Montalembert, Lacordaire, Gratry, Maret. En esta \u00e9poca fue cuando se puso a despojar las revistas, La revista pol\u00edtica y literaria, la Revista de los dos mundos, y tal vez ya El Corresponsal en el que pens\u00f3, en1891, para lanzar la campa\u00f1a unionista. Portal, \u00bfun cat\u00f3lico liberal? Digamos que so\u00f1aba, en la tradici\u00f3n vicenciana, con una Iglesia al servicio del mundo, pero de un mundo que no coincid\u00eda ya con la Cristiandad. Por el descubrimiento de la historia, historia de la Iglesia, historia del dogma, se liber\u00f3 de la distinci\u00f3n tradicional del siglo (dominio del cambio) y de la religi\u00f3n (dominio de lo inmutable). Sin embargo no discut\u00eda que la religi\u00f3n tuviera el deber de arreglar el siglo. \u00abEl derecho, anota hacia 1890, es la conformidad con el orden divino\u00bb. Y es la Iglesia a la que pertenece, naturalmente, definir qu\u00e9 cosa es el orden divino.<\/p>\n<p>Te\u00f3logo e historiador autodidacta, Fernando se interes\u00f3 asimismo por las ciencias. El conflicto entre la fe y la mente cient\u00edfica, como se dec\u00eda, le fascin\u00f3. Dedic\u00f3 ocho p\u00e1ginas de apuntes al proceso de Galileo, y se interrog\u00f3, por ejemplo, sobre las nuevas teor\u00edas relacionadas con el origen de las especies. Sobre esto concluye:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">La transformaci\u00f3n no es contraria a la fe, ni siquiera en lo que se refiere al hombre [&#8230;]. La fe no da ninguna fecha precisa para la edad del hombre. La ciencia la fijar\u00e1.<\/p>\n<p>Como le\u00eda los art\u00edculos de divulgaci\u00f3n de la Revista de las cuestiones cient\u00edficas, semejantes afirmaciones no tienen nada de extra\u00f1o. Reflejan la voluntad de emancipaci\u00f3n con respecto a las rutinas intelectuales que se confirmaban entonces entre una minor\u00eda de universitarios cat\u00f3licos, laicos en su mayor\u00eda. Profesores de geolog\u00eda y de ciencias naturales dejaron por los a\u00f1os 1880 de tener en consideraci\u00f3n los datos b\u00edblicos sobre la creaci\u00f3n, el diluvio y la clasificaci\u00f3n de los seres vivos sin por ello romper con la Iglesia. Pero no eran lazaristas. Lo que sorprende es la facilidad con la que Fernando, profesor de dogma de su estado, tuvo por evidentes tesis que perturbaban sin embargo seriamente el universo mental heredado del seminario.<\/p>\n<p>En la transformaci\u00f3n intelectual que se opera en \u00e9l, nada que huela a crisis ni desgarro. La ruptura impuesta por un acontecimiento exterior, la enfermedad, fue vivida en un plano estrictamente espiritual. Una vez m\u00e1s se trata menos de una ruptura que de un retorno a las fuentes, de una conversi\u00f3n a la tradici\u00f3n de la escuela francesa del siglo XVII. Fernando se convirti\u00f3 siguiendo al Se\u00f1or Vicente; a partir de entonces, el recorrido parece c\u00f3modo. En \u00e9l se revela como esp\u00edritu independiente, f\u00e1cil y flexible, autodidacta acelerado en renovar los problemas sin profundizar en ellos demasiado, neg\u00e1ndose a especializarse, abriendo ventanas a un vasto horizonte sin ahondar nunca en nada, disponible y curioso, interes\u00e1ndose en todo, desde las costumbres de los insectos hasta la ex\u00e9gesis, pasando por la formaci\u00f3n de los terrenos sedimentarios, la historia antigua, la cosmolog\u00eda, el Islam o el origen de los evangelios ap\u00f3crifos. No era de aquellos que experimentan espont\u00e1neamente la necesidad de reunirse, de justificarse. Debajo de su torbellino intelectual se ocultaba cierta pereza, una indolencia que contribu\u00eda sin duda a su car\u00e1cter beat\u00edfico, pero no le permit\u00eda concluir. Antes de encontrar a Lord Halifax, andaba a oscuras. Se preparaba. \u00bfPara qu\u00e9? No ten\u00eda idea. Y por no saberlo, no sufr\u00eda.<\/p>\n<h3><b>Halifax ante Portal <\/b><\/h3>\n<p>De Newman a la English Church Union.<\/p>\n<p>Cuando Fernando Portal vino al mundo, Charles Lindley Wood ten\u00eda diecis\u00e9is a\u00f1os, formaba parte del c\u00edrculo estrecho de los compa\u00f1eros y de viaje del Pr\u00edncipe de Gales. A\u00f1os m\u00e1s tarde, al salir de Oxford, debut\u00f3 como secretario particular del ministro del Interior, que era primo suyo; una especie de aprendizaje antes de las cosas serias, un asiento en los Comunes luego una cartera. Pertenec\u00eda a una tribu que consideraba al gobierno como un asunto de familia; su abuelo hab\u00eda sido Primer Ministro, su padre canciller del Tesoro. Y sin embargo este joven que parec\u00eda destinado al gobierno como otros a la tienda o al taller no lleg\u00f3 a ser nunca nada importante en el aparto del Estado. De una vez por todas, en 1868, decidi\u00f3 dedicarse al servicio de la Iglesia de Inglaterra \u2013ecclesia anglicana: \u00abMe gusta mi elecci\u00f3n\u00bb: la divisa estaba escrita hasta en los cubiertos del castillo de Hickleton donde ten\u00eda su residencia.<\/p>\n<p>Este compromiso va unido a la historia del movimiento de Oxford. Lord Halifax (hered\u00f3 este t\u00edtulo en 1885) fue de aquellos anglocat\u00f3licos que continuaron dentro del anglicanismo la tarea de los Newman, de los Keble, de los Pusey. En pos de ellos, y seg\u00fan su ejemplo, quiso recordar a los victorianos que la Iglesia no es un cuerpo de funcionarios, una sociedad de beneficencia o un club de predicadores; instituida por Cristo, confirmada en la fe por los Padres y los Concilios, va unida a los Ap\u00f3stoles por una sucesi\u00f3n ininterrumpida de obispos; independiente del poder civil, vive de la vida de Cristo y la difunde por los sacramentos; su obra es salvar a los hombres, y no ense\u00f1arles a comportarse decentemente en sociedad. La tradici\u00f3n, la misa, la jerarqu\u00eda episcopal, la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica: todo eso no habr\u00eda levantado tanto revuelo si el anglocatolicismo no se hubiera evadido de los campus universitarios para adoptar un forma popular, el ritualismo. El bajo clero constituy\u00f3 el grueso de las tropas, atra\u00eddo por una doctrina que hac\u00eda de \u00e9l el dispensador de la gracia y de la salvaci\u00f3n. Curas de parroquia apoyados por j\u00f3venes laicos entusiastas trataron de expresar sus convicciones en la liturgia, quisieron devolver al sacrificio eucar\u00edstico el primado ritual que hab\u00eda perdido desde la Reforma del siglo XVI. Para ello, se inspiraron en las pr\u00e1cticas romanas.<\/p>\n<p>Frente a esta restauraci\u00f3n de colores papistas, desencaden\u00f3 la oposici\u00f3n borrascas legales o violentas. Varias olas de persecuciones judiciales vinieron a chocar contra el edificio todav\u00eda fr\u00e1gil del ritualismo. Estos ataques estaban justificados por las \u00abinstituciones\u00bb del anglicanismo, religi\u00f3n oficial cuya liturgia, establecida por el Libro de Oraci\u00f3n, no pod\u00eda modificarse sin el consentimiento del Parlamento y de la Corona. No siendo suficientes los procesos para agotar toda la energ\u00eda de los adversarios, lleg\u00f3 a haber peleas en las iglesias. Los anglocat\u00f3licos se reagruparon para organizar mejor su defensa; lo que dio origen a las Church Unions, que se fusionaron en 1859 y adoptaron al a\u00f1o siguiente el nombre de English Church Union. En 1968, Charles Wood fue elegido presidente de este organismo de combate.<\/p>\n<h3><b>Con Pusey, antes de Pusey<\/b><\/h3>\n<p>El compromiso sorprendi\u00f3. Los Wood eran pelucas, Baja Iglesia, hostiles al movimiento de Oxford, indignados por la rebeli\u00f3n ritualista. Con una excepci\u00f3n: Samuel Francis Wood, t\u00edo de Carlos, alumno luego amigo de Newman. Muri\u00f3 agotado de ascesis a la edad de treinta y cuatro a\u00f1os. Carlos cobr\u00f3 veneraci\u00f3n por este fabuloso, tan diferente de todo lo que se hac\u00eda en su familia. En Eton, se hizo furibundo \u00abJoven Inglaterra\u00bb. Sus h\u00e9roes fueron el arzobispo Laud, primado de Inglaterra, decapitado por los puritanos 1645, y Carlos I Estuardo, el rey caballero, llevado al cadalso por Cromwell y sus Cabezas redondas. Fue en Oxford donde dio a sus afanes fogosos la armadura de una doctrina. No porque trabajara mucho. Pero all\u00ed descubri\u00f3 a Pusey, a quien eligi\u00f3 como maestro, y se encontr\u00f3 con Liddon, un disc\u00edpulo de Pusey quien se hizo su amigo m\u00e1s querido y su director de conciencia. A Liddon se dirigi\u00f3, en 1863, para romper abiertamente con las tradiciones religiosas de su familia; fue a verle al palacio del obispo de Salisbury y se confes\u00f3 por primera vez en su vida. Lleg\u00f3 con retraso por haberse perdido por el camino en la contemplaci\u00f3n de una mariquita.<\/p>\n<p>Su padre se escandaliz\u00f3. Crey\u00f3 en una especie de profesi\u00f3n de votos mon\u00e1sticos. No se equivocaba del todo, ya que, dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, Charles particip\u00f3 en la fundaci\u00f3n de la Sociedad de San Juan Evangelista, una de las primeras comunidades religiosas anglicanas. Pero \u00e9l no entr\u00f3 en ella; se cas\u00f3 con Agn\u00e8s Courtenay, hija del conde de Devon y descendiente de una familia que hab\u00eda dado tres emperadores a Constantinopla. Un temperamento como el suyo no pod\u00eda acomodarse a la tranquilidad mon\u00e1stica o de Oxford; segu\u00eda siendo un Wood, apasionado por la pol\u00edtica. Como se lo explic\u00f3 a su padre, estaba impaciente por \u00abactuar directa y poderosamente sobre la opini\u00f3n p\u00fablica\u00bb. Pusey, era otra cosa, claro; pero para poner manos a la obra era preciso reunir al ritualismo que ocupaba el terreno y agitaba a la gente. Mejor a\u00fan: los ritualistas eran rebeldes obstinados a los que no asustaban las revueltas menos que a los jueces con peluca y las moniciones fulminadas en nombre de la reina. \u00bfC\u00f3mo resistir a un programa tan prometedor cuando se respira mal en la atm\u00f3sfera r\u00edgida del sistema victoriano? En una extensa carta a Lord Wolmer escrita en 1919, Halifax refiri\u00f3 c\u00f3mo sus \u00faltimos titubeos desaparecieron con el asunto del obispo Colenso, prelado heterodoxo depuesto por su arzobispo pero mantenido en el puesto por el Consejo privado. Decididamente hab\u00eda que atacar a estos tribunales civiles que se arrogaban el derecho de zanjar no s\u00f3lo en materia de disciplina, sino tambi\u00e9n de dogma. La English Church Union proporcionaba un ej\u00e9rcito y todo lo necesario para meter ruido. En junio de 1865, Charles Wood prest\u00f3 su adhesi\u00f3n. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, el Dr Pusey le imit\u00f3, seguido de numerosos amigos. La E.C.U. se constituy\u00f3 desde ese momento en la organizaci\u00f3n militante de un anglocatolicismo unificado, teol\u00f3gico y lit\u00fargico a la vez, tambi\u00e9n social.<\/p>\n<p>Varias de las grandes parroquias de Londres cuyo clero se hab\u00eda pasado al ritualismo cubr\u00edan las zonas mort\u00edferas en las que la civilizaci\u00f3n industrial amontonaba a su mano de obra y sus deshechos. Como St. Peter cerca de los docks, St. Alban en Holborn, St. Mary en Soho, St George-in-the-East donde la polic\u00eda registraba 185 palacios de ginebra y casas cerradas de las 733 con que contaba la parroquia. En estos parajes, el cristianismo era religi\u00f3n ex\u00f3tica y el anglicanismo objeto de curiosidad. Los ritualistas rivalizaron con los papistas y los no conformistas en tratar de remontar la corriente. Se vio a sacerdotes hacerse pobres entre los pobres, por ejemplo Mackonochie, Lowder, Stanton, Chambers, quienes reeditaron en los m\u00e1s nauseabundos pandem\u00f3niums de la capital la gesta del Se\u00f1or Vicente. Charles se puso al servicio de Chambers, p\u00e1rroco de St. Mary en Soho, a quien sus parroquianos acabaron por llamar padre Juan, al estilo cat\u00f3lico. Alrededor de su \u00abcasa de caridad\u00bb, tugurios. Viv\u00eda all\u00ed con sus vicarios y una de aquellas comunidades de hermanas anglicanas que se desarrollaban seg\u00fan el modelo lazarista Charles se ocup\u00f3 sobre todo del refugio para los ni\u00f1os abandonados. En 1866, ayud\u00f3 a cuidar a las v\u00edctimas de la epidemia de c\u00f3lera, en compa\u00f1\u00eda del Dr Pusey.<\/p>\n<p>El mismo a\u00f1o, la vuelta de los conservadores al poder le liber\u00f3 de su puesto de secretario particular del ministro del Interior. Acept\u00f3 entonces ser elegido al consejo de la E.C.U. , de la que lleg\u00f3 a presidente en 1868. Ten\u00eda veintinueve a\u00f1os. Su padre acus\u00f3 el golpe como un respetable americano de los a\u00f1os 1920 que se entera de que su hijo es el cabecilla de una banda de contrabandista en licores.Tem\u00eda ante todo que pensara en explotar un nombre y una posici\u00f3n social para tapar las m\u00e1s chocantes rebeliones. En este punto, se sinti\u00f3 r\u00e1pidamente tranquilizado. Durante medio siglo, Charles Wood mantuvo a la E.C.U. bajo su encanto y su pu\u00f1o, fue a la vez su gran maestre, el palad\u00edn y el fuego fatuo.<\/p>\n<h3>Retrato de un victoriano<\/h3>\n<p>Una fuego fatuo, s\u00ed, que corre por una landa. Halifax es muy diferente de los primeros tractarianos que gem\u00edan bajo el peso de sus pecados, suspiraban de contrici\u00f3n y participaban de la mentalidad puritana en la que todo placer es sospechoso. Para \u00e9l, la vid es la cosa m\u00e1s alegre, m\u00e1s picante, la m\u00e1s sabrosa que exista. \u00bfNo es emocionante, no es divertido? Estas expresiones vienen sin cesar a sus labios cuando descubre o relata. Es curioso, abierto a todo, y adora impresionar la conciencia puritana, con una presteza feroz. En invierno, se congela en casa del obispo de Chichester y se queja en voz alta; le echan en cara que el buen prelado prefiere dar a los pobres antes que calentarse: se revuelve, \u00ab\u00bfPero d\u00f3nde est\u00e1 entonces vuestro sentido moral, Lord Halifax? \u2013 No tengo sentido moral, y ah\u00ed est\u00e1 mi fuerza\u00bb. \u00c9l mismo ayuna austeramente los viernes y pasa hambre durante la cuaresma; comulga tres veces por semana; todas las ma\u00f1anas, a las 6, alumbr\u00e1ndose con una linterna sorda, seguido de su perro, se dirige a la peque\u00f1a iglesia de Hickleton para o\u00edr misa. Arrodillado en las baldosas, con el cuerpo oculto bajo el gran cono oscuro de una esclavina a lo P\u00e9guy, inm\u00f3vil en la oscuridad, sumergido en la oraci\u00f3n, espera el comienzo del oficio, y la iglesia desierta espera con \u00e9l. \u00abHab\u00eda algo intenso en \u00e9l cuando rezaba\u00bb, dice su capell\u00e1n. Acabada la misa, se vuelve a arrodillar, \u00aby as\u00ed permanec\u00eda largo, largo tiempo\u00bb, orando una hora, dos horas, olvid\u00e1ndose del desayuno, sin levantarse m\u00e1s que para subir al tren que le llevar\u00e1 a una reuni\u00f3n ruidosa, en las oficinas de la E.C.U. o, a partir de 1885, a la C\u00e1mara de los lores<\/p>\n<p>Pero esta naturaleza alada detesta todo lo que pesa, y sobre todo la ostentaci\u00f3n de la piedad. Desconf\u00eda de la gente demasiado seria y sabe que se ha de equilibrar el esp\u00edritu concedi\u00e9ndole sus v\u00e1lvulas y sus desahogos. Halifax no se acuesta nunca sin leer una historia emocionante, una buena novela polic\u00edaca o una de esas \u00abnovelas negras\u00bb llenas de miedo y de fantas\u00eda. Adora los fantasmas; echa en falta que Hickleton no est\u00e9 encantado, asegura \u00e9l. Por eso manda construir una casa con trampillas y corredores secretos, escaleras ocultas y pa\u00f1os que ocultan puertas. A media noche, el hu\u00e9sped de paso se despierta por la zarabanda de una forma blanquecina y ululante que sacude todo lo que haga falta como lienzos y cadenas ro\u00f1osas, antes de sumergirse en el sheol. La hospitalidad exige que los amigos tengan tambi\u00e9n su terror, \u00bfno? Este gusto por lo maravillosos alcanza los l\u00edmites inciertos del humor y de la convicci\u00f3n. Si bromea con sus fantasmas de familia, Halifax est\u00e1 atento a todos los resquicios por los que el misterio pueda fundirse en el universo l\u00f3gico. Sus amigos esperan de un momento a otro sorprenderlo en gran conversaci\u00f3n con un elfo o un duendecillo.<\/p>\n<p>Mediador h\u00e1bil en el juego de palabras, violento por verse en un siglo estrecho, asceta p\u00fadico, gran se\u00f1or exc\u00e9ntrico: todos estos personajes contradictorios se funden en una actividad incesante, un derroche de energ\u00eda que s\u00f3lo se apacigu\u00f3 un poco hacia los noventa y dos a\u00f1os c cuando debi\u00f3 renunciar a montar a caballo y se dio cuenta de que se hab\u00eda hecho viejo. Pasando los d\u00edas escribiendo, combinando, emprendiendo, explicando, volviendo a explicar, reuniendo a su gente, empuj\u00e1ndola por all\u00e1, fren\u00e1ndola por aqu\u00ed, se muestra infatigable, y sobre todo cuando hay tormenta. Alimenta una secreta ternura por lo protestantes de la Church Association, los hombres de la baja iglesia que le traen de cabeza. Su correspondencia resuena de ecos guerreros y jubilosos. En el siglo XVI, el diablillo habr\u00eda sido un proveedor de hogueras y de pat\u00edbulos. \u00abGentes as\u00ed est\u00e1n mejor en el Para\u00edso que aqu\u00ed\u00bb, gru\u00f1e cuando fallece un adversario famoso. Echa de menos que no haya ning\u00fan juez suficientemente loco para enviarlo a la c\u00e1rcel; sabe que una causa necesita m\u00e1rtires; y adem\u00e1s resulta hermoso imitar a Laud y a Carlos I, o aunque sea a Robert Wood, su antepasado, convicto de alta traici\u00f3n y decapitado en 1537, cuando Enrique VIII ahog\u00f3 en sangre la revuelta cat\u00f3lica de la Peregrinaci\u00f3n de Gracia. Su amigo MacLagan, arzobispo de York, debe reprenderle un d\u00eda:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Oh! Yo s\u00e9 lo que dese\u00e1is para m\u00ed. Dese\u00e1is que vaya derecho al martirio para defender las doctrinas cat\u00f3licas, que me deje cortar la cabeza por ellas, y que pod\u00e1is humedecer el pa\u00f1uelo en mi sangre para guardarlo como reliquia.<\/p>\n<p>Sin embargo Halifax se consuela cuando llega una paz armada y precaria a suspender, en 1892, las hostilidades que desgarran a la Iglesia de Inglaterra. Puede medir entonces el camino recorrido en veinticuatro a\u00f1os.<\/p>\n<h3>El liberalismo de Lord Halifax<\/h3>\n<p>Cuando se adhiri\u00f3 a la E.C.U., en 1865, \u00e9sta contaba con 2.300 miembros. A finales de siglo tiene 40.000, de los cuales 4.000 son sacerdotes y 30 obispos. Contribuy\u00f3 a hacer del anglocatolicismo un importante componente de la comuni\u00f3n anglicana. La vieja High Church qued\u00f3 pr\u00e1cticamente absorbida y el movimiento hace sentir su influencia en todos los sectores de la Iglesia, hasta en aquellos que gastan su energ\u00eda en encauzarla. Los progresos de la E.C.U. provienen en gran parte del esfuerzo de su presidente por dirigirla en lo esencial, asignarle un fin claro y conducirla a \u00e9l siempre: la independencia de la Iglesia. Halifax detesta el liberalismo que relativiza los dogmas y somete la religi\u00f3n a las exigencias de la conciencia privada. Pero desde el momento en que se trata de las relaciones de la Iglesia con los poderes civiles, entonces sabe hacerse liberal. No se empe\u00f1a en que los jueces promulguen sentencias favorables a los anglocat\u00f3licos, sino en que no las promulguen en absoluto en materia eclesi\u00e1stica. No defiende la libertad como algo absoluto; para \u00e9l s\u00f3lo la verdad es un absoluto. Constata simplemente que, en esta segunda mitad del siglo XIX, s\u00f3lo la libertad puede hacer triunfar a la verdad. Analizando la situaci\u00f3n que debi\u00f3 afrontar en 1868 cuando tom\u00f3 la direcci\u00f3n de la E.C.U., escribe:<\/p>\n<p>Los hechos [&#8230;] proclamaban con un acento de verdad sobre el que no cab\u00eda enga\u00f1o que, a pesar de todas las teor\u00edas, la identidad del poder espiritual y del poder civil hab\u00eda cesado de ser pr\u00e1cticamente posible; que la Iglesia no necesita privilegios exclusivos para llevar a cabo su misi\u00f3n sagrada; que, muy al contrario, la f\u00f3rmula \u00abuna Iglesia libre en un Estado libre\u00bb, defendida por Montalembert en el congreso de Malinas, inspiradora del conde de Cavour y del bar\u00f3n Ricasoli, a pesar de las dificultades inherentes a su realizaci\u00f3n, expresa mejor el estado de las cosas que deben intentar hoy fundar y sostener, en gran n\u00famero de pa\u00edses, aquellos que quieren el bien de la Iglesia y del Estado.<\/p>\n<p>Pol\u00edticamente se acerca a Gladstone que desarrolla en el seno del partido liberal una corriente nueva, hostil al tutelaje de la Iglesia por el Estado, hostil asimismo a los privilegios que otorga el Estado a la Iglesia en recompensa por su sumisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Frente a este ideal, los procesos judiciales parecieron cada vez m\u00e1s anacr\u00f3nicos. En 1888, un miembro eminente de la E.C.I., el obispo de Lincoln, fue acusado de pr\u00e1cticas lit\u00fargicas ilegales y citado ante su metropolitano, el arzobispo de Canterbury. Tradicionalmente, \u00e9ste estaba obligado a actuar como representante de la Corona, y por lo tanto aplicar la jurisprudencia del Consejo privado, hostil a los ritualistas. En noviembre de 1890, el arzobispo emiti\u00f3 un juicio que rechazaba pr\u00e1cticamente la autoridad del poder civil. El veredicto se apoyaba en consideraciones hist\u00f3ricas y ten\u00eda en cuenta las pr\u00e1cticas lit\u00fargicas anteriores a la Reforma; establec\u00eda un compromiso que daba en lo esencial satisfacci\u00f3n al obispo inculpado. La Church Association llev\u00f3 el asunto ante el Consejo privado, que serv\u00eda de corte de apelaci\u00f3n. \u00c9ste capitul\u00f3. Por unanimidad, los jueces laicos conformaron la sentencia del arzobispo.<\/p>\n<p>Para la E.C.U., era todo un \u00e9xito. En derecho, el erastianismosegu\u00eda intacto; el Consejo privado hab\u00eda seguido al arzobispo, pero no se hab\u00eda declarado incompetente. No lo era menos que este desenlace hac\u00eda pr\u00e1cticamente imposible todo proceso nuevo. La E.C.U. no se agotar\u00eda ya en defender a sacerdotes y obispos inculpados. Una etapa se cerraba. Ahora que el anglocatolicismo hab\u00eda obtenido derecho de ciudadan\u00eda, Lord Halifax pod\u00eda entrar de lleno en la tarea que le obsesionaba desde su juventud: la reconciliaci\u00f3n de los cristianos, no s\u00f3lo en el interior de la Iglesia de Inglaterra desgarrada hacia cincuenta a\u00f1os, sino en el interior de la Iglesia universal desgarrada hac\u00eda un milenio.<\/p>\n<h3>Por parte de Roma<\/h3>\n<p>Ten\u00eda veinticuatro a\u00f1os cuando descubri\u00f3 la ciudad de Roma. Volv\u00eda de Egipto, decepcionado. El Oriente no supo nunca alimentar la imaginaci\u00f3n de este Occidental. Pero a orillas del T\u00edber, se sinti\u00f3 como en su casa. Portal, Jacques Chevalier y otros le han descrito como a un latino; es m\u00e1s que una f\u00f3rmula. Si el poder temporal le afligi\u00f3, la Villa la fascin\u00f3 de tal suerte que sus amigos se inquietaron: le creyeron convertido. Su antiguo maestro de Eton, William Cory Johnson, le despach\u00f3 con urgencia in aviso contra los \u00abreptiles de Antonelli\u00bb (el secretario de Estado de P\u00edo IX). Temores perdidos. Charles se hab\u00eda tragado ya el ant\u00eddoto de Pusey y de Liddon. Seg\u00fan el movimiento de Oxford, no hay Iglesias nacionales, no existe m\u00e1s que una Iglesia verdadera, la Iglesia cat\u00f3lica de siempre, instituida por Cristo; pero ella re\u00fane ya a todos los cristianos en comuni\u00f3n con un obispo, sea \u00e9ste el patriarca de Constantinopla, el arzobispo de Canterbury o el papa de Roma; a consecuencia de sucesos dolorosos, se dividi\u00f3 en tres ramas, griega, anglicana y romana; esta divisi\u00f3n es un accidente de la historia que ha desgarrado la uni\u00f3n visible pero que no ha roto la unidad esencial en Cristo. Charles estaba pues persuadido de que pertenec\u00eda ya a la Iglesia cat\u00f3lica; una conversi\u00f3n le hubiera parecido un pleonasmo. No, en lo que pensaba dentro de su entusiasmo romano era en una reconciliaci\u00f3n de Inglaterra con el sucesor de san Pedro. Una hermosa visi\u00f3n le pose\u00eda, la Cristiandad restituida, que \u00e9l iba a desplegar con alguien a quien quer\u00eda, felicidad suprema.<\/p>\n<p>En Roma, se encontr\u00f3 en efecto con una especie de prototipo de Portal, un joven dominico de Santa Sabina, alumno de Lacordaire, el padre Doussot. Doussot era abierto, atento, encantador. Durante largos paseos, conversaron sobre la restauraci\u00f3n de las \u00f3rdenes religiosas y la unidad de la Iglesia. De vuelta a casa, Charles conoci\u00f3 dos a\u00f1os de incertidumbre. Mirado desde Inglaterra, el papado le pareci\u00f3 menos perfecto, menos atractivo. No estaba ya bajo el influjo de los calurosos alegatos de Doussot, a quien no volvi\u00f3 a ver. En 1867, tras un largo silencio, el dominico envi\u00f3 al hereje una carta urgi\u00e9ndole a la conversi\u00f3n. A Charles no le sorprendi\u00f3 sencillamente que trabajando por la Iglesia de Inglaterra, trabajaba ya por toda la Iglesia cat\u00f3lica. Nunca recibi\u00f3 respuesta y se qued\u00f3 muy nost\u00e1lgico. Portal en Madera, fue un poco otro Doussot, con la juventud y el ardor de los primeros encantos. Entre los dos, fue preciso un enlace, un acontecimiento que viniera a conformar la vocaci\u00f3n unionista de Charles y a darle un talante m\u00e1s reflexivo. Fue Pusey, otra vez, quien desempe\u00f1\u00f3 un papel decisivo.<\/p>\n<p>En 1865, el maestro public\u00f3 una obra que fue como la carta del unionismo anglocat\u00f3lico, el Eirenikon. \u00c9l planteaba en ella la cuesti\u00f3n esencial: si cada una de las tres ramas, griega, anglicana y romana, son real e id\u00e9nticamente la Iglesia cat\u00f3lica, \u00bfpor qu\u00e9 mantenerlas separadas? A sabios argumentos eclesiol\u00f3gicos, Pusey a\u00f1ad\u00eda consideraciones de orden hist\u00f3rico y pol\u00edtico: hay que unirse contra el crecimiento de la incredulidad, incredulidad popular revelada en Inglaterra por el censo religioso de 1851, incredulidad de los sabios marcada por la publicaci\u00f3n, en 1860, de los Ensayos y Revistas.<\/p>\n<p>Los ej\u00e9rcitos de Sat\u00e1n est\u00e1n unidos, al menos para hacer la guerra a la fe de Cristo. Los que est\u00e1n encargados de defender esta fe \u00bfser\u00e1n los \u00fanicos en no entenderse?<\/p>\n<p>El Eirenikon ejerci\u00f3 tanta m\u00e1s influencia en Charles por haber precedido por poco su publicaci\u00f3n a la epidemia de c\u00f3lera en el curso de la cual \u00e9l cuid\u00f3 a los enfermos en compa\u00f1\u00eda de Pusey. Fue en salas de hospital hasta los topes y nauseabundas donde se hicieron verdaderos amigos y el viejo (sesenta y ocho a\u00f1os) orient\u00f3 definitivamente al joven (veintisiete a\u00f1os) hacia Roma.<\/p>\n<h3>La intransigencia romana entre Wiseman y Manning<\/h3>\n<p>Muchos anglocat\u00f3licos criticaron vivamente el Eirenikon. Sin poner en tela de juicio los principios, no admitieron su oportunidad. Tres problemas envenenaban las relaciones con los papistas: las conversiones individuales, la \u00abusurpaci\u00f3n papal\u00bb de 1850 y la condena por Roma, en 1864, de la Asociaci\u00f3n para la Promoci\u00f3n de la Uni\u00f3n de la Cristiandad. En 1854, algunos centenares de ritualistas y de cat\u00f3licos romanos hab\u00edan fundado esta sociedad con el fin de orar juntos por la unidad. Los miembros anglicanos invocaban en su favor la teor\u00eda de las tres ramas; los cat\u00f3licos se cre\u00edan cubiertos por el cardenal Wiseman, primado romano de Inglaterra. En 1841, cuando no era a\u00fan m\u00e1s que el coadjutor de un vicario apost\u00f3lico de los Midlands, Wiseman hab\u00eda publicado una carta llena de simpat\u00eda hacia el movimiento de Oxford. En ella discern\u00eda una tendencia hacia el retorno en corporaci\u00f3n del anglicanismo al redil romano; describ\u00eda con una emoci\u00f3n muy paternal, a los tractarianos \u00abtratando de abrirse atientas un camino hacia nosotros, a trav\u00e9s de la noche que los rodea, tropezando por falta de una mano que los sostenga, o apart\u00e1ndose del sendero, por falta de una voz que los gu\u00ede\u00bb. Exhortaba a los cat\u00f3licos a ayudarlos con una actitud abierta, caritativa, llena de compasi\u00f3n; y preve\u00eda incluso la posibilidad de una \u00abcordial cooperaci\u00f3n\u00bb. Los t\u00e9rminos eran bastante vagos para justificar tantos planes. No habi\u00e9ndose retractado nunca Wiseman en p\u00fablico, la E.C.U. consigui\u00f3 que un rescripto de la Santa Inquisici\u00f3n romana condenara la participaci\u00f3n de los cat\u00f3licos como un acto \u00abescandaloso\u00bb e \u00abinfecto de herej\u00eda\u00bb, tendente a derribar la constituci\u00f3n de la Iglesia y a favorecer el indiferentismo.<\/p>\n<p>La condena se renov\u00f3 en 1865, despu\u00e9s de pedir explicaciones 198 sacerdotes anglicanos. Se les contest\u00f3 que la Iglesia romana era la \u00fanica Iglesia verdadera; quienquiera que estuviese separado de ella deb\u00eda, bajo pena de perder su alma, apresurarse a hacer su sumisi\u00f3n. Todo lo cual fue comentado por el nuevo arzobispo de Westminster, Manning,, en una carta sobre la Reuni\u00f3n de la Cristiandad que ha quedado como una de las m\u00e1s claras expresiones de la intransigencia romana:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">No podemos ofrecer la unidad m\u00e1s que con la condici\u00f3n bajo la cual la poseemos, la de una sumisi\u00f3n sin condiciones a la voz viva y perpetua de la Iglesia de Dios [&#8230;]. La Iglesia est\u00e1 definida, precisa y perentoria en sus declaraciones. Se niega a todo compromiso, toda transacci\u00f3n o todo cuanto pudiera embrollar los t\u00e9rminos y los l\u00edmites de sus definiciones. Nunca ha de tolerar, no s\u00f3lo la contradicci\u00f3n, sino toda desviaci\u00f3n. Excluye toda otra f\u00f3rmula que la suya propia.<\/p>\n<p>Esta posici\u00f3n, aprobada por P\u00edo IX, ser\u00e1 mantenida por Le\u00f3n XIII, P\u00edo X, Benedicto XV y P\u00edo XI. Los rescriptos de 1864 y de 1865 estuvieron por tres generaciones en la base del unionismo romano. Cuando en 1919, por ejemplo, los delegados del movimiento ecum\u00e9nico Fe y Constituci\u00f3n se presentaron en el Vaticano, el papa no pudo m\u00e1s que mandar que se les remitiese el rescripto de 1865.<\/p>\n<p>Pero por el instante, la actitud de Manning y del Santo Oficio no desanimaron a Pusey ni a sus amigos, quienes elaboraron lo que conviene bien llamar el mito Wiseman. Como esos cat\u00f3licos que apelan del papa muerto al papa vivo, ellos opusieron la actitud de Wiseman (fallecido entre las dos condenas) a la de su sucesor; Wiseman la Paloma, Manning el Halc\u00f3n; Wiseman que hab\u00eda reconocido el valor del anglicanismo transfigurado por el movimiento de Oxford, Manning que no ve\u00eda en ello m\u00e1s que un simulacro enga\u00f1oso; Wiseman que se hab\u00eda mostrado presto a negociar, Manning que no hablaba m\u00e1s que de sumisi\u00f3n, Manning que hab\u00eda arrancado a Wiseman anciano y enfermo la decisi\u00f3n de someter el caso de la E.C.U. al santo Oficio, Manning que hab\u00eda instruido el dosier de la primera condena y hab\u00eda dictado los t\u00e9rminos de la segunda.<\/p>\n<p>Se trata pues de un mito, construido por hombres para esperar, y que no pudo nacer m\u00e1s que del contraste fuerte entre el tono suave de Wiseman y los destellos inquisitoriales de Manning. Ambos cardenales representan de hecho actitudes complementarias. Son los dos intransigentes; piensan y act\u00faan dentro de un sistema que niega toda legitimidad y toda validez a las formas de vida religiosa que se expresan fuera de la Iglesia de Roma. Para Wiseman, los tractarianos est\u00e1n en la \u00abnoche\u00bb, no ofrecen inter\u00e9s m\u00e1s que en la medida en que se vuelven hacia el centro inmutable de toda verdad y de toda salvaci\u00f3n. Wiseman como Manning no desean otra cosa que la desaparici\u00f3n del anglicanismo y la conversi\u00f3n de Inglaterra. Solamente se diferencian en el estilo y en la t\u00e1ctica. Wiseman conf\u00eda en una actitud caritativa para acelerar el retorno en corporaci\u00f3n, la corporate reunion de los anglicanos; Manning no cree en ella; piensa que una actitud demasiado benigna corre el peligro de mantener a las almas en el error, mientras que la firmeza favorece en cambio las conversiones individuales, las \u00fanicas posibles. Divergencia en resumen secundaria, matiz en la apreciaci\u00f3n de los hechos. Es una cuesti\u00f3n de temperamento, y sobre todo de circunstancias. En 1841, Wiseman se sent\u00eda d\u00e9bil y aislado. En 1865, Manning se sab\u00eda a la cabeza de una Iglesia din\u00e1mica, en plena expansi\u00f3n, y que ejerc\u00eda un vivo atractivo sobre las almas que se quedaban perplejas ante las disensiones anglicanas. Era tambi\u00e9n el tiempo del Syllabus.<\/p>\n<p>Tampoco es menos verdad que el \u00abmodelo Wiseman\u00bb, transfigurado o desfigurado por los puseyistas en muchos interlocutores, se convirti\u00f3 en la serpiente de mar, la Atl\u00e1ntida, el continente austral del unionismo anglocat\u00f3lico. Es lo que fue Pusey a buscar en Francia de 1865 a 1870, cuando present\u00f3 su Eirenikon a Mons. Darboy y a Mons. Dupanloup, que le recibieron muy bien y se propusieron como intermediarios con Roma; pensaban poder hacer progresar y madurar en el sentido de una sumisi\u00f3n pura y simple las proposiciones de este hereje de buena voluntad. De donde la convicci\u00f3n \u2013formulada por la historiograf\u00eda puseyana- de que la intransigencia era propia de los cat\u00f3licos ingleses, herederos de viejas familias papistas, que hab\u00edan sufrido durante siglos bajo las persecuciones y los prejuicios, o bien convertidos poco proclives a la ternura hacia la Iglesia que acababan de dejar. Se subray\u00f3 que Wiseman hab\u00eda nacido en Sevilla, que hab\u00eda hecho sus estudios en Roma, que no se hab\u00eda instalado en Inglaterra hasta la edad de cuarenta y dos a\u00f1os, en fin, que no era ingl\u00e9s. Se extendi\u00f3 la leyenda del pretendido \u00abesp\u00edritu de gueto\u00bb de los papistas brit\u00e1nicos, sin darse cuenta de que no hac\u00edan m\u00e1s que expresar, con mayor fuerza que otros tal vez, la doctrina constante y segura de la Iglesia romana. Ni que decir tiene que Lord Halifax se adhiri\u00f3 totalmente al mito y se lo leg\u00f3, intacto, a Portal, quien public\u00f3 por extenso en su Revue anglo-romaine la carta de 1841 y tom\u00f3 a Wiseman como santo patr\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Continuaremos buscando la soluci\u00f3n siempre seg\u00fan el pensamiento del cardenal Wiseman, mediante explicaciones y no mediante retractaciones, por uni\u00f3n y no por sumisi\u00f3n.<\/p>\n<h3>Lord Halifax a la espera<\/h3>\n<p>En 1870, la proclamaci\u00f3n de la infalibilidad pontificia arruin\u00f3 las esperanzas de Pusey. \u00abPuedo pedir todav\u00eda por la uni\u00f3n, no puedo creer en ella\u00bb. Entonces Charles Wood se alej\u00f3 de su maestro, y no dej\u00f3 de esperar contra la esperanza. Cierto, el bloque romano parec\u00eda cerrado, liso, inaccesible. Nada de Wiseman a la vista, ni de Darboy, ni de Dupanloup. Por parte anglicana, el ruido de las pol\u00e9micas, la Iglesia dividida, los eclesi\u00e1sticos llanos exasperados, listos para unirse a los disidentes si el anglicanismo se desviaba demasiado hacia Roma. Toso esto no imped\u00eda a Charles Wood esperar algo, un acontecimiento que le permitiera reanudar el di\u00e1logo. Claro es que esperaba m\u00e1s del clero franc\u00e9s que de cualquier otro. Estaba el recuerdo de Doussot, el ejemplo de Pusey, y aquel encuentro con el cardenal Newman, en 1884, que le hab\u00eda afirmado que encontrar\u00eda m\u00e1s simpat\u00eda para la uni\u00f3n de las Iglesias entre los cat\u00f3licos franceses que entre los Ingleses. Estaba sobre todo aquel amor por Francia que le hab\u00eda llevado, en 1870, a unirse como enfermero a los heridos de Sedan, aquel amor que deb\u00eda hacer de \u00e9l, en pol\u00edtica, de \u00e9l que era \u00edntimo y amigo del Pr\u00edncipe de Gales, un partidario y artesano de la Entente cordial.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pr\u00f3logo: Portal antes de Portal Laroque Fernand Portal naci\u00f3 en 1855 en Laroque, al pie de los C\u00e9vennes, cerca de Ganges. 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