{"id":127656,"date":"2024-05-21T08:39:07","date_gmt":"2024-05-21T06:39:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=127656"},"modified":"2023-08-20T13:15:47","modified_gmt":"2023-08-20T11:15:47","slug":"el-senor-portal-y-los-suyos-1855-1926-01","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-senor-portal-y-los-suyos-1855-1926-01\/","title":{"rendered":"El Se\u00f1or Portal y los suyos (1855-1926) (01)"},"content":{"rendered":"<h2><b>Prefacio<\/b><\/h2>\n<p>Los historiadores no son apenas inclinados a teorizar, de todos es bien sabido, lo que es incluso una raz\u00f3n de desconfianza para con los soci\u00f3logos. Se dirigen por instinto a lo concreto, inagotable oc\u00e9ano, a lo real ondulante y diverso: al menos eso es lo que ellos creen. Si los f\u00edsicos, los qu\u00edmicos sacan partido de las leyes de la naturaleza, los historiadores dejan de buen grado la de la historia a los fil\u00f3sofos: Taine, para no hablar de Hegel ni de Marx, los cur\u00f3 de una vez por todas de esta pretensi\u00f3n.<\/p>\n<p>Por el contrario, nunca han rehuido los grandes debates de ideas cuando les salen al paso. Y \u00e9stos nunca les han faltado. Lucien Febvre titul\u00f3 su \u00faltimo libro Combate para la historia (1953), queriendo as\u00ed resaltar \u00ablo que hubo siempre de militante en mi vida\u00bb. Salvo despu\u00e9s de muerto, no conozco a historiador alguno, por afable y pac\u00edfico que fuera, que, a su modo y seg\u00fan su estilo, no sea militante. Si hemos echado los exorcismos al \u00abhistoriador-batalla\u00bb \u2013en una \u00e9poca en que la guerra no ha sido nunca m\u00e1s omnipresente y amenazadora -, la historia no ha dejado de ser jam\u00e1s el teatro de los combates en los que ella misma est\u00e1 en juego, Su naturaleza, su estatuto, su extensi\u00f3n, su alcance, sus fronteras, sus relaciones con las disciplinas vecinas, o, en su seno, entre escuelas, entre m\u00e9todos, entre feudos, entre tesis, atr\u00e1s tantas cuestiones para mantener el humor combativo de los historiadores. La pasi\u00f3n intelectual arde en ellos, afortunadamente, encendida por otras pasiones que se dir\u00edan m\u00e1s humanas (pero \u00bfpor qu\u00e9 ser\u00eda la primera menos humana, sino por ser menos com\u00fan?), como en todo el cuerpo que ha hecho profesi\u00f3n de ciencia, y no es la preocupaci\u00f3n por el rigor, por la objetividad, por la ponderaci\u00f3n, la que podr\u00eda bastar para apagarla.<\/p>\n<p>La lista de estos debates era ya larga cuando yo no hab\u00eda nacido. Durante mi carrera ha seguido alarg\u00e1ndose y ser\u00eda tan enojoso enumerarlos como lo ser\u00eda nombrar a sus protagonistas. En primer lugar, fue la gran ofensiva contra el positivismo y el historicismo, la cr\u00edtica del culto laborioso pero pobre -\u00abintelectualmente perezoso\u00bb- del hecho, la reflexi\u00f3n sobre el valor del conocimiento hist\u00f3rico y los l\u00edmites de la objetividad hist\u00f3rica (de todas maneras, \u00bfc\u00f3mo no evocar aqu\u00ed a Aron y a Marrou?), la aspiraci\u00f3n de la historia a un car\u00e1cter cient\u00edfico, universal y definitivo. Todas las consideraciones que han suscitado se inscriben en el gran tri\u00e1ngulo m\u00e9todo-verdad-cultura: \u00bfc\u00f3mo por el m\u00e9todo, escapar a su cultura para alcanzar la verdad, y es ello posible, o nos vemos condenados a nuestras perspectivas particulares e irreconciliables sobre la realidad que observamos?<\/p>\n<p>Paralelamente se entablaban controversias m\u00e1s cl\u00e1sicas: determinismo y libertad, an\u00e1lisis y s\u00edntesis, comprensi\u00f3n y explicaci\u00f3n, individuo y sociedad, cambio y continuidad, relaciones entre la base econ\u00f3mica y el edificio cultural -\u00bfqu\u00e9 es lo decisivo en \u00ab\u00faltima instancia\u00bb?-, el papel respectivo de las grandes personalidades y de las masas populares (\u00bfMinti\u00f3 Plutarco?), etc. No era suficiente, y han surgido nuevos temas: el suceso y la estructura, diacron\u00eda y sincron\u00eda, posibilidad de la historia contempor\u00e1nea obligada a pegarse a la actualidad prescindiendo de retroceso (claro que s\u00ed! por los a\u00f1os cincuenta, se discut\u00eda mucho, Ren\u00e9 R\u00e9mond puede asegurarlo), o bien, m\u00e1s cerca de nosotros, la historia cuantitativa, la historia serial, la historia de las mentalidades, la psicohistoria, la historia oral, y esto no se ha acabado.<\/p>\n<p>Ya se ve, a la historia no le han faltado ideas. Si se hace con documentos, se hace tambi\u00e9n con los debates que suscitan estos documentos y m\u00e1s a\u00fan con su puesta en marcha. As\u00ed se explica la querella de la \u00abnueva historia\u00bb, tratada al modo de una nueva querella de los Antiguos y de los Modernos, reveladora de hecho de una renovaci\u00f3n mucho m\u00e1s extendida de sus m\u00e9todos, de sus perspectivas, de sus curiosidades, cuyo resultado ha sido su explosi\u00f3n en medio de una indescriptible barullo. Al dejar la cr\u00f3nica del Mundo, Andr\u00e9 Latreille confesaba que no sacaba ya provecho de ello: era en 1972; \u00bfqu\u00e9 dir\u00eda hoy?<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 no se interesan pues ya los historiadores? Nada les parece m\u00e1s raro que la estrechez obstinada de los grandes antepasados de los que descienden, con sus sayales de benedictinos laicos y su severidad de maestros de escuela. Ellos se baten lejos del claustro y de su regla, a todos los vientos del mundo. Todo les es bueno y se convierte bajo sus dedos en documento o tema. Exceso por exceso: despu\u00e9s de la tentaci\u00f3n de la cr\u00edtica reductora, la de la pieza montada.<\/p>\n<p>El historiador husmea y rebusca por todas partes. Ya nada le parece indigno de su atenci\u00f3n. Si sus conocimientos no tienen l\u00edmites, su apetito por transformarlo todo en historia no los tiene m\u00e1s que el universo de los fen\u00f3menos. A falta de teor\u00eda, cuya necesidad \u00e9l sigue sin admitir, una idea le gu\u00eda (lo que, por largo tiempo, no se impuso): por la fuerza de las cosas, ya que ah\u00ed lo vemos abandonado a s\u00ed mismo, libre en su asunto, en el modo de concebirlo y tratarlo fuera de todo convenio imperioso. Antes, un bonito asunto\u00bb era inseparable de la escala de valores sociales; hoy, es lo contrario lo que tiende a prevalecer: la cabeza del historiador crea su asunto y le confiere su dignidad. Ya no se necesitan materiales nobles para hacer un gran libro.<\/p>\n<p>Es el fin de todo modelo acad\u00e9mico, la puerta abierta a todos los dones de la mente, al derecho de inventar, de imaginar, de sentir: como un regreso de la turbulencia rom\u00e1ntica despu\u00e9s del tejido cl\u00e1sico. Con el riesgo de creer que la mente dispensa del oficio y del trabajo, en una disciplina cuyas exigencias no hab\u00edan hecho otra cosa que crecer y multiplicarse. Pero sin esta explosi\u00f3n y la nueva juventud que en ello encontr\u00f3 la historia, \u00bfconocer\u00eda \u00e9sta entre el gran p\u00fablico este favor del que son testigos editores, libros y peri\u00f3dicos? Mientras que la historia hab\u00eda desaparecido de la escuela y de sus programas, nunca la demanda ha sido tan fuerte. Entre tantos debates tenidos en su seno, sigue habiendo uno cuya falta se echa de menos: el de la invenci\u00f3n que ha sabido desplegar y los recursos que se han descubierto. Quiz\u00e1s porque este debate resume y contiene a los otros, porque deber\u00eda abrir una profunda reflexi\u00f3n sobre toda esta agitaci\u00f3n de ideas.<\/p>\n<p>Entre todos estos debates, me he reservado no obstante uno, que no he mencionado a\u00fan porque afecta directamente a la obra de R\u00e9gis Ladous. Su libro se titula: El Se\u00f1or Portal y los suyos. Luis XIV, Napole\u00f3n, bueno: es un reino. P\u00edo IX: es un pontificado. Pero \u00bfeste lazarista? Es t\u00edpicamente una biograf\u00eda, que puede interesar a su familia religiosa y a algunos especialistas. Pero aparte de eso, \u00bfqu\u00e9 inter\u00e9s para la historia y hasta qu\u00e9 punto es historia?<\/p>\n<p>Siempre recuerdo este juicio perentorio del joven Raymond Aron en su tesis de Estado (perd\u00f3n de doctorado en letras); \u00abLa biograf\u00eda no es un g\u00e9nero hist\u00f3rico\u00bb, o al menos \u00abbiograf\u00eda e historia se encaminan en direcciones opuestas\u00bb. El libro es de 1938. Esta posici\u00f3n me ha extra\u00f1ado siempre. Tarde, he querido asegurarme de la verdad. Aron me respondi\u00f3 de una manera que mostraba con evidencia que el problema ya no pertenec\u00eda al campo de sus preocupaciones. Sin embargo su comentario me hubiera interesado por la raz\u00f3n que, si \u00e9l mismo no fuera historiador, L. Febvre no hab\u00eda dejado de atraerle a su bando cuando hab\u00eda fundado en 1947, en la Escuela Pr\u00e1ctica de Estudios Superiores, la Secci\u00f3n de las Ciencias econ\u00f3micas y sociales, destinada a la \u00abnueva historia\u00bb.<\/p>\n<p>El mejor y \u00fanico comentario segu\u00eda siendo pues el retorno al texto mismo: \u00abLa biograf\u00eda se interesa en el hombre privado, la historia ante todo en el hombre p\u00fablico. El individuo no accede a la historia sino a trav\u00e9s de la acci\u00f3n que ejerce en el devenir colectivo, por su aportaci\u00f3n al devenir espiritual\u00bb. Pero el historiador \u00abapunta, m\u00e1s all\u00e1 del hombre, a la \u00e9poca\u00bb.<\/p>\n<p>En realidad, no era \u00e9sa una posici\u00f3n personal y original. R. Aron se hac\u00eda eco de las ideas de su tiempo: segu\u00eda una vulgata. Para convencerse de ello, basta leer un precioso librito abandonado, ignorado de los historiadores: Aspectos de la biograf\u00eda de Andr\u00e9 Maurois, aparecido diez a\u00f1os antes, en 1928. Vayan ustedes a explicarles que no le han entrado por as\u00ed decirlo arrugas: es un literato. La excepci\u00f3n brit\u00e1nica no significa nada: seis conferencias pronunciadas en Cambridge. En ellas se halla toda una antolog\u00eda sobre este tema: historia y biograf\u00eda son dos g\u00e9neros que no se pueden ni confundir ni reducir, y cuyas exigencias apuntan en sentido contrario. Maurois lo expresa con una hermosa imagen: \u00abLa biograf\u00eda es a la historia como el sistema de Ptolomeo, que hace girar los astros alrededor de la tierra, es al sistema de Galileo, que no considera al planeta sino en funci\u00f3n del conjunto\u00bb. Es verdad que relativiza enseguida: remplazar a un individuo por un pa\u00eds, es todav\u00eda Ptolomeo. Escribir historia de Francia, es \u00abhacer girar la historia del mundo alrededor de Francia\u00bb como se hace girar la historia de un pa\u00eds alrededor de un personaje.<\/p>\n<p>A falta de una verdadera historia universal \u2013cuya llave se llev\u00f3 Bossuet y cuyo secreto no hemos encontrado -, nos hallamos en el torno. O mejor, el verdadero corte no es Galileo (su heliocentrismo vale nuestro etnocentrismo), pero Einstein: no hay no observador absoluto, ni observador privilegiado, ni punto central, sino un sistema de relaciones, donde todo depende de todo como todos de todos. Cada perspectiva, cada ensayo tiene de por s\u00ed su legitimidad, su dignidad, su utilidad. Historia y biograf\u00eda pueden rechazarse, o atraerse, o incluirse mutuamente: ser\u00e1 seg\u00fan el modo como se las conciba. Su oposici\u00f3n puede incluso tener algo de aberrante: si la biograf\u00eda tiene por dominio la vida de los hombres,<\/p>\n<p>\u00bfqu\u00e9 ser\u00eda una historia de estos mismos hombres en la que, por hip\u00f3tesis, no encontraran lugar? \u00abEl hombre aislado, esa abstracci\u00f3n\u00bb, dec\u00eda otra vez L. Febvre. Pero a\u00f1ad\u00eda: \u00abEl hombre medida de la historia y su raz\u00f3n de ser\u00bb.<\/p>\n<p>Tregua de discusiones ociosas. Mientras ocupan lamente, innumerables V\u00edas ocupan el terreno. La biograf\u00eda no carece ni de proveedores ni de clientela. Ella tiene en pos de s\u00ed una larga historia y se halla hoy en plena prosperidad. Y no se permite duda alguna: lo que lleva a ella es siempre el gusto por la historia; que es el que ella satisface y cultiva. Entonces quiz\u00e1s habr\u00eda que decidirse a invertir la pregunta, a preguntarse no si, entre gente ilustrada, se le debe otorgar la etiqueta hist\u00f3rica, sino por qu\u00e9 el juicio popular \u2013vox populi- le ha dado siempre su voz y asegurado as\u00ed el \u00e9xito.<\/p>\n<p>A partir de ah\u00ed, las preguntas se ordenan de otra manera. Y en primer lugar, una grave carencia. La biograf\u00eda tiene una larga historia, pero no tenemos de ella ninguna historia de conjunto. Sabemos que ha cambiado mucho en el curso de los siglos, que cambia todav\u00eda bajo nuestros ojos y que es incluso hoy un g\u00e9nero polimorfo, pero apenas sabemos c\u00f3mo ha cambiado, ni por qu\u00e9 cambia as\u00ed. En estas condiciones lo m\u00e1s prudente es atenerse a la situaci\u00f3n actual: lo que pensaba Aron y lo que pensaba Maurois nos importan menos que observar las l\u00edneas de fuerza en acci\u00f3n en nuestro campo, donde nadie se imagina que se vuelve a Plutarco.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de tanta energ\u00eda gastada \u2013no sin gran provecho- al servicio de la historia cuantitativa, de la sociolog\u00eda estad\u00edstica, de la antropolog\u00eda estructural o de la econom\u00eda pol\u00edtica, despu\u00e9s de colocar el acento en las fuerzas productoras y los condicionamientos sociales, despu\u00e9s de la proclamaci\u00f3n de la muerte del hombre, a continuaci\u00f3n de la de Dios, y del fin del asunto, \u00bfc\u00f3mo no quedar impresionados por el redescubrimiento del papel de los actores sociales en el movimiento hist\u00f3rico? \u00a1Qu\u00e9 envejecido y simplista parece el debate elites o masas, que contiene su verdad! Racimos de masas an\u00f3nimas y peque\u00f1o n\u00famero de los elegidos que, de diversos grados, han sabido distinguirse unos de otros, no, sino en todo lugar donde haya hombres, en el puesto que sea, actores que se despierten, intervengan, se organicen, no siempre como les gustar\u00eda a los organizadores, ni tanto, sino a su capricho, que no mande el que quiera.<\/p>\n<p>Los soci\u00f3logos han descubierto la riqueza de los \u00abrelatos de vida\u00bb, mientras que los historiadores exploran las v\u00edas de la \u00abhistoria oral\u00bb. En todas partes se buscan testigos, se los escucha, se los graba, se los archiva. Tienen tanto que decirnos: depositarios de un saber inaccesible de otra manera y perdido cuando desaparecen. Verdaderas bibliotecas que poseen ese algo olvidado, un alma. Sociolog\u00eda e historia de las part\u00edculas, como en f\u00edsica, al lado de la biolog\u00eda de los grandes organismos, donde reinan sin compartirlo estructura y funci\u00f3n.<\/p>\n<p>La vida social, de nuestro entorno, brota en el mismo sentido. El vedetismo hace su agosto: forma contempor\u00e1nea y civilizada de la antropofagia. La publicidad se quiere personalizada. \u00bfQui\u00e9n har\u00e1 el inventario de esta nueva categor\u00eda de documentos cuyo principio es una lista de nombres, acompa\u00f1ados de informaciones m\u00e1s o menos detalladas? \u00bfY qu\u00e9 soci\u00f3logo se propondr\u00e1 analizar los empleos, muy diversos, los abusos posibles, que la inform\u00e1tica convierte en amenazas, la legislaci\u00f3n que se esfuerza por evitarlos o ponerles t\u00e9rmino? La necesidad se hace incluso retroactiva: se ven multiplicarse los diccionarios hist\u00f3ricos de nombres propios \u2013de los grandes notables a los obreros militantes- , las prosopograf\u00edas, las noticias biogr\u00e1ficas o necrol\u00f3gicas. En un tiempo, en una sociedad en la que no se hable m\u00e1s que de la \u00abvuelta del individualismo\u00bb. Vuelta, habr\u00e1 que verla, no es sin duda m\u00e1s que un efecto \u00f3ptico, pero paso de un nuevo umbral, no se podr\u00eda poner en duda: underground, todo estaba a su favor cuando los discursos que hac\u00edan autoridad iban en sentido contrario.<\/p>\n<p>La historia religiosa ha sido siempre, en la biograf\u00eda, un dominio privilegiado. Basta con enunciarla que si el conjunto de las Vidas se caracteriza por un denominador com\u00fan \u2013la personalidad que proporciona la materia del relato y el foco de la historia -, este total no ha constituido nunca un g\u00e9nero literario \u00fanico y bien definido, de una vez por todas. Se presta en cambio a todos los ejercicios, a todas las evoluciones, a todas las curiosidades, a todos los planes. Para mantenerse en el cristianismo ha comenzado por los Evangelios, continuado por las Actas de los m\u00e1rtires y las vidas de santos, sin parar de ampliar su dominio. Es sorprendente el n\u00famero de personajes modestos que de esta forma han dejado rastro de su paso en esta tierra. Ni el corpus ni siquiera el \u00edndice de este inmenso material esta todav\u00eda clasificado. \u00bfLo estar\u00e1 alg\u00fan d\u00eda? Se piensa a veces en la colecta geneal\u00f3gica a la que se entregaron los mormones a trav\u00e9s del mundo. Se pueden sacar, ciertamente, modelos y modas, a veces duraderas, pero a uno le impresiona ante todo la extraordinaria plasticidad de este g\u00e9nero proteiforme que se ha convenido en llamar biograf\u00eda: de la historia de un alma hasta un cuadro todo de exteriores, de la edificaci\u00f3n f\u00e1cil a la erudici\u00f3n m\u00e1s positiva, de la leyenda piadosa a la cr\u00edtica despiadada. Ella puede poner a contribuci\u00f3n todos los recursos de las ciencias sociales, o los que tienen su preferencia \u2013de la psicolog\u00eda a la sociolog\u00eda, hasta de los m\u00e9todos m\u00e1s recientes -, o ignorarlos todos. Una misma Vida puede ser tratada indefinidamente hasta tal punto que esta sucesi\u00f3n resulta otro tanto reveladora de los autores que la han tratado, de su medio y de su \u00e9poca.<\/p>\n<p>La producci\u00f3n biogr\u00e1fica llega de esta suerte a constituir, en el dominio cristiano, una masa considerable que, despu\u00e9s de leerla, requiere una relectura de un nuevo tipo. Constituye, en efecto, en dos vertientes, un tesoro fabuloso. Nuestra piedad ha cambiado: ya no es aquella de lo que se llamaba las \u00abedades de fe\u00bb. Y ha cambiado tanto que estas edades de fe, sin distinci\u00f3n de siglos, nos parecen llegar a golpear hasta en las orillas del Vaticano II. Hemos perdido el contacto espont\u00e1neo con ellas, y hasta la ilusi\u00f3n que bastaba a menudo para dar de ellas in sentimiento enga\u00f1ador. El tiempo inm\u00f3vil, como los pueblos sin historia, no ha sido nunca otra cosa que una construcci\u00f3n tard\u00eda ante un pasado que lo anega todo en su bruma. La devotio moderna, con o sin el nombre, no ha cesado nunca de ser reinventada por cada generaci\u00f3n: cambio y continuidad, problema bien conocido de los historiadores, como ya se ha recordado.<\/p>\n<p>Ante este tesoro, han comenzado pues las preguntas, estilo bolandista: \u00bfqu\u00e9 hay de persistente en toda esta producci\u00f3n? Hoy, a la manera de Andr\u00e9 Vauchez en su tesis sobre La Santidad en Occidente en los \u00faltimos siglos de la Edad Media seg\u00fan los procesos de canonizaci\u00f3n y los documentos hagiogr\u00e1ficos (1981), se pregunta: \u00bfqu\u00e9 nos queda vivo? Es un cambio frontal: santos y santidad, la mirada se desplaza hacia sus bi\u00f3grafos y devotos. Cuando un escritor me habla de su h\u00e9roe o de su hero\u00edna, me instruye siempre sobre dos personajes al menos: el autor y el que le ocupa. Yo prob\u00e9 en un caso que tuvo resonancia: Mons. Bougaud y el abate Bremond ante santa Chantal. Hagiogr\u00e1ficas o no, con todas estas Vidas, es la vida cristiana la que se escribe en el correr de los d\u00edas. A nosotros toca saber descifrarla, con todos los medios de que disponen nuestras ciencias y las luces que cada uno saca de su experiencia.<\/p>\n<p>Si tenemos en cuenta la edici\u00f3n, la biograf\u00eda religiosa goza de buena salud: como las canonizaciones cuyo fin se hab\u00eda anunciado prematuramente despu\u00e9s del Vaticano II. Pero dista mucho delimitarse a los santos reconocidos y al mundo eclesi\u00e1stico. Se necesitar\u00eda un estudio estad\u00edstico para permitirnos distinguir mejor a d\u00f3nde van sus intereses, cu\u00e1l es su importancia y por qu\u00e9, bajo formas recientes, este inter\u00e9s sostenido. Tambi\u00e9n nos gustar\u00eda conocer mejor este rejuvenecimiento. Es verdad que no concebimos ni escribimos ya como se pod\u00eda hacerlo el siglo pasado: los autores ser\u00edan incapaces de hacerlo y el p\u00fablico no lo soportar\u00eda ya. \u00bfNos hemos vuelto m\u00e1s exigentes en materia de cr\u00edtica hist\u00f3rica, m\u00e1s reservados ante lo maravilloso y lo extraordinario, menos preocupados por edificar, m\u00e1s sobrios en nuestras admiraciones y nuestra expresi\u00f3n? Todo ello requerir\u00eda ser examinado de cerca: que hemos cambiado es cierto, quiz\u00e1s menos o en otro sentido del que nos sentir\u00edamos inclinados espont\u00e1neamente a creer.<\/p>\n<p>En medio de todo esto, lo que goza de buena salud tambi\u00e9n y ha cambiado notablemente, es la biograf\u00eda religiosa de tipo universitario. Pero biograf\u00eda, \u00bfes en todos los casos el t\u00e9rmino apropiado? El personaje colocado en el centro del estudio \u00bfno es una manera de entrar en los problemas y los movimientos de una sociedad? Lo seguimos en ella y a veces le falseamos la compa\u00f1\u00eda para destacarle mejor. Se ve que las ciencias sociales y preocupaciones nuevas han pasado por all\u00ed y dejan su impronta. Limit\u00e1ndose al catolicismo franc\u00e9s y al periodo contempor\u00e1neo, la producci\u00f3n, estos \u00faltimos treinta a\u00f1os, impresiona por su calidad, su variedad, su continuidad y, a fin de cuentas, su volumen: el d&#8217;Astros del P. Droulers (1954), el Lamennais de Jean-Ren\u00e9 Derr\u00e9 y el Dupanloup de Christiane Marcilhacy (1962), el Lavigerie de Xavier de Montclos (1965), el Lamennais de Louis Le Guillou (1966), el abate Lemire de Jean-Marie Mayeur (1968), le Michon de Claude Savart (1971), la trilog\u00eda de Claude Bressolette sobre Mons Maret (1977-1984), el Bremond de \u00c9mile Goichot (1982), y, en \u00faltimo lugar, Alberti de Mun de Philippe Levillain (1983). Para no citar m\u00e1s que los destacados, que muchos m\u00e1s deber\u00edan alargar la lista&#8230; Cada uno va a su modo y, si tienen un punto en com\u00fan es que no se acomodan a ning\u00fan modelo can\u00f3nico de la biograf\u00eda, que pasan de \u00e9l, que no se lo proponen.<\/p>\n<p>\u00bfTendr\u00eda yo alg\u00fan t\u00edtulo a figurar en ella? Algunos de mis lectores lo creen. Soy de otro parecer y, por eso, se encuentra bien planteado el problema de la naturaleza de la biograf\u00eda desde ahora incierta, demasiado alejada de su paradigma cl\u00e1sico, de la biograf\u00eda en sus formas nuevas. Indudablemente que ah\u00ed est\u00e1 una de las poderosas razones de su \u00e9xito: todas las posibilidades que permite poner por obra con la mayor libertad, sin sacrificar ninguna exigencia de m\u00e9todo.<\/p>\n<p>Pero todav\u00eda hay m\u00e1s. Por mi parte, nunca he ideado un libro sin hacerle girar en torno a uno o varios personajes. Como Dios en el film de Jean Delannoy y Henri Queff\u00e9lec, la Historia tiene necesidad de los hombres. Pero, a diferencia de Dios, sin los hombres, no existir\u00eda. En este punto, observamos c\u00f3mo ha cambiado de sentido el debate de entre guerras sobre la historia y la biograf\u00eda. Maurois y Aron son los testigos de una tradici\u00f3n que opone el relato difuso de destinos singulares al gran fresco de la aventura humana. La apuesta, para nosotros, es muy otra: una historia sin alma, sin tema, sin actores, en la que todo no ser\u00eda otra cosa que fuerzas productoras, movimientos an\u00f3nimos, tropismos ciegos, evoluciones cifradas y cuadros estad\u00edsticos.<\/p>\n<p>A esto se debe que estas fuerzas, estos movimientos, estos tropismos existan poderosamente, que nuestras biograf\u00edas no puedan ser ya lo que eran. Sobre todo cuando quieren ser \u00abreligiosas\u00bb. Antes se contentaban con mostrarnos al h\u00e9roe en acci\u00f3n en un terreno en el que se enfrentaban las fuerzas del bien y del mal, en el que los dos protagonistas eran el Diablo y el buen Dios. Se trata de otras fuerzas, inextricablemente confundidas, que, hoy, solicitan nuestra atenci\u00f3n: fuerzas humanas, siempre, por definici\u00f3n, pero que, a capricho, se pueden resolver en abstracciones o manifestar su rostro. La empresa no es cosa f\u00e1cil.<\/p>\n<p>Al concluir estas reflexiones, me asalta una duda. \u00bfEs esto lo que R\u00e9gis Ladous esperaba de m\u00ed como introducci\u00f3n a su trabajo, como si necesitara de justificaci\u00f3n? De haber escuchado mi primer movimiento, habr\u00eda hablado menos de m\u00e9todo y m\u00e1s del Se\u00f1or Portal. Tres lazaristas contempor\u00e1neos han dejado una estela que todav\u00eda no se ha cerrado: el Se\u00f1or Pouget (habr\u00e1 que decir gracias al Jean Guitton), el Padre Lebbe por su actividad misionera en China, y el Se\u00f1or Portal cuyo recorrido tiene apariencia muy sinuosa. Aparte de pertenecer a una misma sociedad, presentan dos rasgos que les son comunes: los tres fueron contrariados en sus proyectos, contradecidos por sus pr\u00f3jimos, sospechosos en sus intenciones y la pureza de su fe; los tres se mostrar\u00e1n obedientes hasta al final, cada uno con su temperamento, a su modo, sin renunciar a sus ideas. \u00a1Cu\u00e1nto desear\u00edamos saber m\u00e1s sobre esta misteriosa alquimia interior de la que tantos ejemplos tenemos y cuyo secreto es siempre personal!<\/p>\n<p>Se nos remite a s\u00ed a una Iglesia en la que los m\u00e1s j\u00f3venes y aun los menos j\u00f3venes no tienen ideas: una Iglesia cuya firmeza de pensamiento, de creencia y de gobierno no estaba dispuesta a transigir, y que prefer\u00eda cerrar las discusiones con autoridad. Entre P\u00edo XII (muerto en 1958) y Juan XXIII, algo ha comenzado a cambiar cuyas implicaciones no han sido visibles inmediatamente y que se encuentran todav\u00eda lejos de producir todos sus efectos. Un movimiento de superficie se conjuga con un movimiento de profundidad en una relaci\u00f3n opaca dif\u00edcil de dominar pero imposible de disociar. En la superficie, hemos visto desaparecer bruscamente, al menos en nuestros pa\u00edses, el edificio mental construido por el concilio de Trento y la Contra-Reforma: lo que queda de ella \u2013y que es tal vez lo esencial- est\u00e1 pidiendo nuevas formas de expresi\u00f3n. En profundidad, es el todo el movimiento de la sociedad moderna que la arrastra lejos de sus or\u00edgenes cristianos y mina los fundamentos de la fe, de la moral, de la cultura cristiana: aparecen nuevas referencias, nuevas motivaciones, un hombre nuevo hijo de sus obras y que no responde de ellas m\u00e1s que ante s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 quiere ello decir sino que esta modificaci\u00f3n se inscribe en el seno de una configuraci\u00f3n sin cambios y que no se comprende si no es referida a su permanencia? Por considerables que sean, todos estos movimientos de terreno afectan a la corteza de nuestra sociedad sin tocarle el manto, menos todav\u00eda el n\u00facleo. Seguimos todav\u00eda en la modernidad occidental, ese amplio fen\u00f3meno situado bajo el signo de la raz\u00f3n ilustrada, conquistadora y universal, madre de la Ciencia y del Progreso. Una modernidad salida del cristianismo en el doble sentido que sali\u00f3 de \u00e9l y que de \u00e9l se ha emancipado, pero de la que no todo lo que sale de ella se emancipa, las inquietudes, las cr\u00edticas y las revueltas que engendra en su seno. A la Iglesia romana, no le ha dejado de parecer inaceptable esta modernidad, ni siquiera cuando comenz\u00f3 a parecerle inevitable: la distancia entre P\u00edo IX y Juan Pablo II es el tiempo que va de la profec\u00eda de condena \u2013el famoso Syllabus- hasta la lecci\u00f3n de historia, puntuado por la palabra restauraci\u00f3n y su insistente recurrencia.<\/p>\n<p>Que se me perdone a m\u00ed mi propia insistencia. Toda una hagiograf\u00eda contempor\u00e1nea nos ha embaucado al presentarnos la historia del catolicismo cuando se van a cumplir pronto dos siglos como el duro combate de una peque\u00f1a vanguardia \u2013consciente de su tiempo e incomprendida de su Iglesia a la que quer\u00eda abrir a la comprensi\u00f3n de necesidades nuevas, de valores nuevos -, superando sus pruebas, acrecentando su audiencia y llegando por fin a reconocerse en el Vaticano II. Es una perspectiva leg\u00edtima, pero angosta, otro tanto como la perspectiva inversa, fascinada por este doble asalto, exterior e interior \u2013este complot -, contra la verdad cristiana.<\/p>\n<p>La Iglesia no se reduce a la oposici\u00f3n de dos \u00f3rganos, el motor y el freno, o de dos partidos, el movimiento y la reacci\u00f3n. Hay que aprender a abarcar en una mirada panor\u00e1mica estas visiones demasiado particulares. A riesgo de modificar nuestros h\u00e1bitos y nuestros marcos de pensamiento, hay que aprender a percibir en su unidad el problema cardinal que polariza entonces a la Iglesia romana a todos los niveles, ya que no en todos los lugares: la necesidad en que se halla de responder al desaf\u00edo de esta modernidad laica, la diversidad de las respuestas suscitadas en su seno por esta situaci\u00f3n, las perturbaciones creadas por estas divergencias, la crisis de la conciencia cristiana que resulta \u2013convertida en crisis m\u00faltiples, grandes o peque\u00f1as- , la dif\u00edcil invenci\u00f3n de una modernidad propia de la Iglesia<\/p>\n<p>al contacto de una modernidad decididamente hostil , en la que no puede reconocerse y que no puede dominar.<\/p>\n<p>Esto es lo que nos actualiza al se\u00f1or Portal. . Y una actualidad original. En su existencia, tuvo un sentido agudo de estos problemas \u2013ese gran proceso de la modernidad- , por los que no dudar\u00e1 en encauzar su vida. En ning\u00fan momento se leve tentado de pasar la frontera modernista: comprende a Loisy, no le sigue, y ello no por prudencia de pol\u00edtica ni por desdoblamiento de personalidad como se ven por ah\u00ed. Es un intelectual \u2013un profesor, firme en su ense\u00f1anza- , pero un hombre de alta cultura m\u00e1s que especializaci\u00f3n profesional. Ante todo, es un hombre de relaci\u00f3n, que no se encierra en ning\u00fan medio, en ninguna preocupaci\u00f3n de medio: un verdadero pasamuros, como no se conoce otro igual. Un hombre-red, una vida-red, de lo que este libro es el testimonio admirable. No se viajaba entonces como hoy: a su modo, con sus medios, quiso hacerse un mundo a la medida de nuestro mundo y, limitado en sus desplazamientos, \u00e9l enviaba por \u00e9l a sus mensajeros o establec\u00eda en \u00e9l un puesto de avanzadilla. Vivi\u00f3 su tiempo y nos da de \u00e9l una percepci\u00f3n casi pan\u00f3ptica sin haber sido el ojo de nadie.<\/p>\n<p>Sus intereses eran ambiciosos, su coraz\u00f3n grande, sus amistades extensas. Su unidad interior domin\u00f3 siempre a esta aparente dispersi\u00f3n. M\u00e1s que nada, el Se\u00f1or Portal fue un hombre de fe, un testigo de la fe en una edad de incertidumbre, tan a gusto con la vieja nobleza \u2013Lord Halifax- como en un barrio popular \u2013Javel- , sin exclusiva como sin facilidad. Nada de un cualquiera.<\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>\u00c9mile Poulat<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Prefacio Los historiadores no son apenas inclinados a teorizar, de todos es bien sabido, lo que es incluso una raz\u00f3n de desconfianza para con los soci\u00f3logos. 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