{"id":126043,"date":"2013-12-07T06:40:18","date_gmt":"2013-12-07T05:40:18","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=126043"},"modified":"2016-07-26T17:23:09","modified_gmt":"2016-07-26T15:23:09","slug":"san-vicente-de-paul-siervo-de-los-pobres-12","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-siervo-de-los-pobres-12\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal, siervo de los pobres (12)"},"content":{"rendered":"<h2>XII: del Consejo de Ciencia a los ejercicios espirituales<\/h2>\n<h3><i>A la cabecera del rey<\/i><\/h3>\n<p>Un m\u00e9rito especial de Vicente fue haber puesto a los ricos a servir a los pobres. Concurri\u00f3 a la redenci\u00f3n de los grandes induci\u00e9ndolos a hacerse peque\u00f1os, con prestaciones de caridad a los humildes. Hombre del pue\u00adblo, salido de la gleba, que hab\u00eda permanecido siempre sencillo, si ya no hasta un poco r\u00fastico, que hab\u00eda vivido pobre para los pobres, por ellos tuvo que tener contacto con los grandes, con hombres de la pol\u00edtica y de adminis\u00adtraci\u00f3n, hasta con la corte y los reyes. No que \u00e9l buscara aquellos contactos; se habr\u00eda guardado muy bien aun s\u00f3lo, de pensar mezclarse con esp\u00edritus encastillados, los m\u00e1s,, entre la vanidad y el vicio, el culto al dinero y a la intriga, en un ambiente, del que su inocencia hu\u00eda instintivamen\u00adte.<\/p>\n<p>Pero precisamente porque era tan puro, activo e in\u00adteligente, no pocos grandes desearon tener sus servicios y le ayudaron en sus iniciativas. Hombres como Gondi, Sillery, Richelieu y la misma reina Ana de Austria, le consultaron y le veneraron. Fue la reina quien, habiendo advertido la vena de santidad bajo los modales r\u00fasticos de aquel sacerdote, le quiso a la cabecera de Luis XIII mori\u00adbundo.<\/p>\n<p>Y as\u00ed el santo de los pobres asisti\u00f3 al m\u00e1s poderoso de los reyes. Y fue una gracia no peque\u00f1a para aquel a quien, sobre el trono m\u00e1s alto de la tierra, llegaban suges\u00adtiones de otra clase. Hac\u00eda decenas de a\u00f1os que se encon\u00adtraba en el centro de una guerra, que asolaba a Francia y a media Europa. Esta guerra, en gran parte, era produc\u00adto de pasiones de hegemon\u00eda y de poder, hinchadas, con el \u00edmpetu realmente marinista, de la \u00e9poca, por concep\u00adciones de vida no cristianas.<\/p>\n<p>Ahora bien toda aquella ret\u00f3rica encomi\u00e1stica se per\u00add\u00eda como niebla ante la realidad de la muerte. Y sensa\u00adtamente el rey no quiso escuchar a cortesanos suntuosos, sino a sacerdotes puros, y entre ellos al m\u00e1s sencillo e ine\u00adlegante.<\/p>\n<p>Esto sucedi\u00f3 en la primavera del a\u00f1o 1643, cuando el rey enferm\u00f3 gravemente y, piadoso como era, a pesar de sus debilidades y defectos, quiso prepararse a una santa muerte. Entre las obras loables que, en aquella semana de sufrimientos quiso realizar, fue el nombramiento de titu\u00adlares de sedes episcopales y abad\u00edas vacantes. Sintiendo que pronto tendr\u00eda que rendir cuentas a Dios, quiso que <i>se <\/i>escogieran para ellas a sacerdotes probos y capaces; y para esto hizo o\u00edr el parecer de Vicente, mientras que mand\u00f3 enviar sumas ingentes de dinero al santo, cuyas empresas caritativas conoc\u00eda, para que atendiera a la po\u00adblaci\u00f3n hambrienta de Lorena.<\/p>\n<p>Cuando el 23 de abril, sorprendido por un ataque violento del mal, recibi\u00f3 de manos del obispo de Meaux la Extremaunci\u00f3n, la reina dese\u00f3 que Vicente estuviera presente en el trance supremo. El rey asinti\u00f3.<\/p>\n<p>Vicente fue a toda prisa al palacio real de Saint-Ger\u00admain-en-Laye y, acerc\u00e1ndose al lecho del moribundo, su\u00adsurr\u00f3: \u00abSire, <i>timenti Deum bene erit in extremis\u00bb. <\/i>El monarca termin\u00f3 el vers\u00edculo: <i>\u00abEt in die defunctionis suae<\/i> benedicetur\u00bb<span id='easy-footnote-1-126043' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-siervo-de-los-pobres-12\/#easy-footnote-bottom-1-126043' title='\u00abA quien teme a Dios le ir\u00e1 bien en la \u00faltima hora, y ser\u00e1 bendecido en el d\u00eda de su muerte\u00bb.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Es decir que el rey que por naturaleza era reservado, casi taciturno, encontr\u00f3 en Vicente la confianza del ni\u00f1o; y desde aquel momento dese\u00f3 tenerle junto a s\u00ed, aunque ten\u00eda tambi\u00e9n al confesor ordinario, Padre Dinet. Hasta el 14 de mayo Vicente acudi\u00f3 m\u00e1s veces a su cabecera. Cuando el rey, al principio, pareci\u00f3 que se restablec\u00eda, Vicente, esquivo como era, tom\u00f3 de nuevo el camino de San L\u00e1\u00adzaro. S\u00f3lo volvi\u00f3 a subir las escaleras del palacio real cuando el ilustre enfermo volvi\u00f3 a agravarse. Entonces, junto con otros eclesi\u00e1sticos de la corte, asisti\u00f3 a su len\u00adta agon\u00eda, sugiri\u00e9ndole palabras de consuelo y de piedad. Entre otras, a una pregunta del enfermo, tuvo que decir\u00adle que la mejor preparaci\u00f3n para la muerte es la que ha\u00adb\u00eda ense\u00f1ado con su ejemplo Nuestro Se\u00f1or, someti\u00e9ndose totalmente a la voluntad del Padre con las palabras: <i>Non mea voluntas, sed tua fiat.<\/i><\/p>\n<p>\u00abOh Jes\u00fas m\u00edo, \u2014dijo el rey, despu\u00e9s de haber escu\u00adchado al Santo\u2014, tambi\u00e9n yo quiero esto, con todo mi co\u00adraz\u00f3n&#8230; <i>Fiat voluntas tua&#8230;\u00bb<\/i><\/p>\n<p>Vicente insisti\u00f3 con otras exhortaciones. El rey se vio por ello tan edificado y consolado que en cierto momento hizo esta observaci\u00f3n: \u00abSe\u00f1or Vicente, si yo me curase, los obispos tendr\u00edan que estar tres a\u00f1os entre vosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Pero sab\u00eda que no pod\u00eda curarse; y con el brazo des\u00adcarnado se\u00f1al\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de la ventana la abad\u00eda de San Dionisio, donde deber\u00eda ser enterrado. Y puesto que los m\u00e9dicos le exhortaban a que tomara alg\u00fan alimento que le repugnaba, en cierto momento pidi\u00f3 el parecer de Vi\u00adcente y como \u00e9ste le exhortara a obedecer a los m\u00e9dicos, bebi\u00f3 un poco de caldo.<\/p>\n<p>Muri\u00f3 algunos d\u00edas despu\u00e9s y san Vicente tuvo que decir que no hab\u00eda visto nunca morir a nadie m\u00e1s cris\u00adtianamente.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber acompa\u00f1ado al rey hasta la \u00faltima morada, la reina viuda pidi\u00f3 con l\u00e1grimas a Vicente que dirigiera su alma, en aquella crisis de regencia.<\/p>\n<p>\u00abNo me abandon\u00e9is, \u2014le dijo Ana de Austria entre sollozos\u2014, os conf\u00edo mi alma; guiadme por el camino de la perfecci\u00f3n; quiero amar y servir a Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Hac\u00eda muchos a\u00f1os que la reina conoc\u00eda la obra de Vicente y la apreciaba tanto que m\u00e1s de una vez hab\u00eda intervenido con donativos de dinero y joyas, se hab\u00eda convertido en la m\u00e1s ilustre de las Damas de la caridad. Piadosa y hermosa, hab\u00eda rivalizado muchas veces con las otras en las visitas a los enfermos del Hotel-Dieu o del Val-de-Grace: y este aspecto de la reina \u2014escribe Daniel Rops<span id='easy-footnote-2-126043' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-siervo-de-los-pobres-12\/#easy-footnote-bottom-2-126043' title='L&amp;#8217;Eglise des temps classiques&amp;#8230;, p. 49.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>\u2014 \u00abera obra de Monsieur Vincent\u00bb.<\/p>\n<p>Ahora, entre los religiosos que aspiraban y hasta in\u00adtrigaban para tener el honor de asumir su direcci\u00f3n espiri\u00adtual, ella espont\u00e1neamente, escogi\u00f3 precisamente a aquel que experimentaba sentimientos de confusi\u00f3n ante la perspectiva de tener que dirigir \u00e9l, pobre sacerdote, a una so\u00adberana. Sin embargo, por su deferencia normal para con la autoridad, al fin obedeci\u00f3 y dirigi\u00f3 a la reina como a cualquier otra alma \u00e1vida de virtud. De documentos de la \u00e9poca resulta que la reina practicaba las abstinencias y ayunos m\u00e1s severos, que le suger\u00eda Vicente, m\u00e1s que los consejos de los m\u00e9dicos de moderar el rigor durante la cuaresma del a\u00f1o 1644. Menos d\u00f3cil parece que fue a las recomendaciones de Vicente para que moderara su man\u00eda por el teatro: le gustaba asistir a las comedias que no siempre eran castas. En Par\u00eds triunfaba la comedia ita\u00adliana, mientras que florec\u00edan junto a un Moli\u00e9re y Cor\u00adneille muchos autores secundarios dispuestos a sustituir la fantas\u00eda, que es rara, por los atractivos del vicio, m\u00e1s f\u00e1ciles. En aquella ocasi\u00f3n se habl\u00f3 de oposici\u00f3n entre Vicente, censor m\u00e1s r\u00edgido y Mazzarino, cortesano de manga ancha.<\/p>\n<p>Por otra parte, se trataba de una de esas oposiciones entre la vida de la corte y la pr\u00e1ctica religiosa, quiz\u00e1s inevitables para cualquier monarca, especialmente de la corte de Francia, donde hac\u00eda tiempo que se acostum\u00adbraba a subordinar la religi\u00f3n a las exigencias de la eti\u00adqueta, a los gustos de la aristocracia, y a los c\u00e1lculos de la pol\u00edtica. Aquella intimidad entre Ana de Austria y Vicente de Pa\u00fal vali\u00f3 para elevar el prestigio de \u00e9ste que, m\u00e1s todav\u00eda que antes, se convirti\u00f3 en el intermediario entre la corte y la turba de los atribulados y. se vali\u00f3 de aquella amistad para salir al encuentro de postulantes de todo g\u00e9nero. Se convirti\u00f3 un poco en \u00abel representante del Estado para la asistencia p\u00fablica\u00bb<span id='easy-footnote-3-126043' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-siervo-de-los-pobres-12\/#easy-footnote-bottom-3-126043' title='Daniel Rops, o. c., p, 50.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>; s\u00f3lo que no fue nunca un funcionario porque, viendo en los hombres a Dios, integr\u00f3 siempre la asistencia con la caridad.<\/p>\n<h3><i>El Consejo de conciencia<\/i><\/h3>\n<p>Su penitenta, la viuda Ana de Austria, nombrada regente, porque a la muerte del rey su hijo Luis XIV no ten\u00eda m\u00e1s que cinco a\u00f1os, llam\u00f3 a Vicente al. Consejo de conciencia.<\/p>\n<p>El Consejo de conciencia era una especie de minis\u00adterio de asuntos eclesi\u00e1sticos, institu\u00eddo hac\u00eda poco para dar pareceres y deliberar sobre los actos m\u00e1s importantes en la direcci\u00f3n de la Iglesia: direcci\u00f3n en la que el Estado interven\u00eda mucho y ambicionaba intervenir a\u00fan m\u00e1s, di\u00adrigido como iba hacia un cesaropapismo \u2014llamado en Francia galicanismo\u2014, en el que, aun por parte de monarcas cat\u00f3licos, se buscaba traducir el ideal de la <i>established Church, <\/i>Iglesia establecida o de Estado, de Inglaterra.<\/p>\n<p>Entre los principales cometidos del Consejo estaba la de escoger a los obispos y abades.<\/p>\n<p>Cuando Vicente se enter\u00f3 de la noticia de que la reina le hab\u00eda elegido para aquel alto consejo, pens\u00f3 huir de Par\u00eds, para sustraerse aquel honor, que para \u00e9l era un peso superior a sus fuerzas. Conjur\u00f3 a la reina que le dispensara de aceptar, afirmando su incapacidad. Pero no le vali\u00f3 y tuvo que obedecer. Cuando se present\u00f3 a los colegas del alto consejo, dijo que estaba confundido por el honor que se le hab\u00eda conferido a \u00e9l \u00abhijo de un pobre porquerizo\u00bb. Acentos extra\u00f1os en un ambiente donde se hac\u00eda ostentaci\u00f3n de t\u00edtulos, a veces reci\u00e9n compra\u00addos, de antiguo poder y ruidosa nobleza.<\/p>\n<p>Presidente nato del consejo era el primer ministro: Mazzarino; pero pronto Vicente lleg\u00f3 a ser una especie de secretario, con el encargo de instruir las cuestiones y extender las relaciones: es decir, con el cargo efectivo de dirigente. Y esto era efecto de la capacidad del hombre&#8217; que, sin extravagancias, con pocos golpes, a la luz del buen sentido, desenredaba las cuestiones m\u00e1s intrincadas. Hasta tal punto que una vez Cond\u00e9 tuvo que decirle: \u00ab\u00bfC\u00f3mo, se\u00f1or Vicente, dec\u00eds a todos y predic\u00e1is por todas partes que sois un ignorante, y en cambio resolv\u00e9is con dos palabras las dificultades m\u00e1s arduas? Su Majestad no pod\u00eda escoger consejero m\u00e1s iluminado para los asun\u00adtos eclesi\u00e1sticos\u00bb.<\/p>\n<p>Ciertamente todo esto no le hizo perder la cabeza. Sigui\u00f3 siendo el pobre sacerdote de siempre, que se diri\u00adg\u00eda al Consejo, que se ten\u00eda en el palacio real, con su h\u00e1bito sencillo, tan sencillo que una vez Mazzarino, co\u00adgi\u00e9ndole la faja deteriorada, se la mostr\u00f3 a los cortesanos, riendo: \u00abMirad c\u00f3mo viene el Se\u00f1or Vicente a la corte y qu\u00e9 hermosa faja trae\u00bb.<\/p>\n<p>Era siempre \u00e9l; o, como dec\u00eda un obispo: \u00abEl se\u00f1or Vicente es siempre el se\u00f1or Vicente\u00bb.<\/p>\n<p>Por esto los consejeros m\u00e1s \u00edntegros de la asamblea le estimaban y el pueblo le veneraba. Los esc\u00e9pticos y los corrompidos le despreciaban y hasta le her\u00edan con alusiones desde\u00f1osas y con ep\u00edtetos ofensivos, cuanto m\u00e1s derrotados se sent\u00edan por su resistencia moral. Pues la acci\u00f3n de Vicente se dirig\u00eda al servicio de la Iglesia y, a trav\u00e9s de este \u2014estaba cierto\u2014 al servicio del Estado.<\/p>\n<p>Pero su conducta independiente no se convert\u00eda nunca en jactancia o frialdad, sino que siempre era vicen\u00adcianamente caritativa, de tal manera que muchas veces lograba convertir a los intrigantes. Y sab\u00eda perdonar.<\/p>\n<p>Una vez fue vilipendiado por un personaje impor\u00adtante en el Louvre, porque hab\u00eda opuesto resistencia a sus aspiraciones simon\u00edacas, Vicente no dijo una sola palabra: pero la reina, enterada de lo que hab\u00eda sucedido, alej\u00f3 al ofensor de la corte. Vicente pidi\u00f3 y obtuvo gra\u00adcia para \u00e9l.<\/p>\n<p>Otra vez, por una negativa semejante, fue agredido con malas palabras por otro personaje; Vicente se limi\u00adt\u00f3 a responderle: \u00abSe\u00f1or, creo que vos trat\u00e1is de des\u00adempe\u00f1ar bien vuestros oficios; permitidme que os imite en el desempe\u00f1o de los m\u00edos\u00bb.<\/p>\n<p>Otra vez se neg\u00f3 a pasar el t\u00edtulo y el oficio de abade\u00adsa, en una comunidad, de la t\u00eda a la sobrina y a consentir en que su familia pasara varias veces al a\u00f1o una temporada de campo gratis en la abad\u00eda. El jefe de casa, ofendido, llen\u00f3 de contumelias a san Vicente mientras le relataba la lista de sus parientes, antepasados y amistades asegu\u00adr\u00e1ndole que le har\u00eda pagar cara la afrenta hecha a su apellido. Vicente hab\u00eda o\u00eddo m\u00e1s veces aquellas mismas historias a otros; y tranquilamente tuvo el cuidado de repetirle: \u00abVuestra hija es una religiosa demasiado joven. Yo estoy obligado en conciencia a preferir para ellas una religiosa experimentada, capaz de Conducir a las otras\u00bb.<\/p>\n<p>El marqu\u00e9s <i>des Portes <\/i>quer\u00eda sacar de un beneficio eclesi\u00e1stico una pensi\u00f3n para s\u00ed: \u00e9sta no pod\u00eda concederse m\u00e1s que a eclesi\u00e1sticos; y el marqu\u00e9s era seglar. Vicente no quiso ofenderle con una negativa seca y respondi\u00f3 a su petici\u00f3n escrita con una carta que es una obra maes\u00adtra de diplomacia: la diplomacia de la caridad.<\/p>\n<p>\u00abLa carta que me hab\u00e9is hecho el honor de escribir \u2014le dice\u2014 es digna de un alma verdaderamente cristiana como la vuestra. No s\u00e9 expresar, se\u00f1or, hasta qu\u00e9 punto me han edificado vuestros sentimientos religiosos relati\u00advos a la prelatura y vuestras disposiciones acerca de la pensi\u00f3n, para la cual os prestar\u00e9 todos los servicios que me sean posibles. El buen uso que pretend\u00e9is hacer de ella me obliga a esto doblemente. Sin embargo preveo dos dificultades. La primera es que no se concede pensi\u00f3n eclesi\u00e1stica a no ser a quien pertenece a este estado, lleva su h\u00e1bito y vive, de hecho, conforme a \u00e9l. S\u00e9, se\u00f1or, que vos ten\u00e9is el esp\u00edritu eclesi\u00e1stico y que esta dificul\u00adtad no hace a vuestro caso. Pero he aqu\u00ed otra que me da mucho que temer: la reina y monse\u00f1or el cardenal se hallan tan abrumados de solicitaciones de todo g\u00e9nero que no tienen libertad para considerar qui\u00e9n lo merece realmente. Ven arrebatar de sus manos pensiones y bene\u00adficios y se ven impedidos a disponer de ellas a su volun\u00adtad. No dejar\u00e9, se\u00f1or, de hablarles de vos en las ocasiones y de las maneras que Dios conoce. Es cierto que vuestro nombre es demasiado ilustre y vuestro m\u00e9rito demasiado conocido para tener necesidad de ser alabados; y tal vez la estima que tienen de ellos Su Majestad y Su Eminen\u00adcia les obligue a daros satisfacci\u00f3n antes de lo que yo me atrever\u00eda a esperar\u00bb.<\/p>\n<p>Al leer esta respuesta, \u00bfpens\u00f3 el marqu\u00e9s <i>des Portes <\/i>que Vicente apoyar\u00eda su petici\u00f3n? Es probable. En reali\u00addad la carta no promete nada; m\u00e1s a\u00fan oculta una ne\u00adgativa cort\u00e9s bajo los elogios que sin duda halagaron al marqu\u00e9s.<\/p>\n<p>En cambio, no raras veces, en vez de amenazas, se le dirig\u00edan lisonjas, con ofrecimientos de ventajas pecuniarias y de otro g\u00e9nero, para \u00e9l, para sus parientes y para sus sacerdotes.<\/p>\n<p>\u00abConozco mi deber, \u2014respondi\u00f3 Vicente a uno de esos oferentes\u2014, y trato de mantenerme fiel a \u00e9l, aunque se me ofrezcan todos los bienes de la tierra. La Compa\u00f1\u00eda no tiene nada que temer de la pobreza. M\u00e1s temer\u00eda para ella la abundancia de los bienes de esta tierra\u00bb.<\/p>\n<p>Para obtener cierto apoyo, el gobernador de una ciu\u00addad se ofreci\u00f3 a tomar la defensa de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n en una causa que ten\u00edan ante el Parlamento. Vi\u00adcente le respondi\u00f3: \u00abOs servir\u00e9, si me es posible; pero por lo que se refiere al asunto de los sacerdotes de la Mi\u00adsi\u00f3n, os pido que lo dej\u00e9is en manos de Dios y de la justicia. Prefiero no verles m\u00e1s en la ciudad que verlos en ella por el favor y la autoridad de los hombres\u00bb.<\/p>\n<p>Podemos imaginarnos c\u00f3mo se quedar\u00eda el orgulloso gobernador ante un lenguaje tan inusitado.<\/p>\n<p>Otra vez le propusieron aceptar dinero: cien mil pesetas de aquella \u00e9poca, cantidad que le habr\u00eda permi\u00adtido hacer muchas obras buenas. \u00abi Dios me libre de coger este dinero! Antes la muerte!\u00bb \u2014le respondi\u00f3. Es una actitud, que por s\u00ed sola bastar\u00eda para dar la medida del hombre. En la sociedad materialista en que los hom\u00adbres de entonces estaban hundidos, aquel desinter\u00e9s sig\u00adnificaba por s\u00ed solo la heroicidad de las virtudes.<\/p>\n<p>Bajo este respecto se trat\u00f3 de destrozarle con la ca\u00adlumnia. Un innoble embroll\u00f3n asegur\u00f3 que Vicente le hab\u00eda prometido un beneficio a cambio de una biblioteca y de seiscientas pesetas. Al conocer la infamia, instinti\u00advamente Vicente se sublev\u00f3 y estuvo a punto de llevar el asunto a los tribunales, cuando se acord\u00f3 de que hab\u00eda aceptado una carrera de incomprensiones y de calumnias, como el Se\u00f1or. \u00ab\u00a1Miserable! \u2014se dijo a s\u00ed mismo\u2014, \u00bfqu\u00e9 ibas a hacer? Quer\u00edas justificarte; y en cambio, \u00a1en T\u00fanez un esclavo, acusado de un delito que no hab\u00eda cometido, muri\u00f3 crucificado sin pronunciar una sola palabra de queja! \u00a1Oh, no; no quiero defenderme!\u00bb<\/p>\n<p>Port\u00e1ndose de esta manera, se mantuvo firme como una roca frente a aquella corriente de fango, que bajo la presi\u00f3n de la avaricia, arrastraba a la sociedad feudal hacia el abismo.<\/p>\n<h3><i>San Vicente y Mazzarino<\/i><\/h3>\n<p>La formaci\u00f3n cat\u00f3lica de Vicente era como un templo rom\u00e1nico, s\u00f3lidamente fundado sobre los cimientos na\u00adturales y sobrenaturales, sin ap\u00e9ndices ni escondrijos. Para \u00e9l la Iglesia estaba representada por los obispos; y, en todas sus peripecias y gestiones en favor de sus obras y misiones, la voluntad de los obispos hab\u00eda sido siempre para \u00e9l la revelaci\u00f3n de la voluntad de Dios: y hab\u00eda obedecido prontamente. Por esto estaba convencido de que la santidad del episcopado era la primera condici\u00f3n del renacimiento de la fe cat\u00f3lica en la cristiandad rota por la Reforma. Por esto cuando pudo expresar su pare\u00adcer en la elecci\u00f3n de los obispos, la expres\u00f3 s\u00f3lo en consi\u00adderaci\u00f3n con la santidad; y, con una prudencia, frecuen\u00adtemente veteada de s\u00fatil iron\u00eda, se burl\u00f3 constantemente de las solicitaciones; y no s\u00f3lo, sino que donde ve\u00eda una ambici\u00f3n, la juzgaba sin m\u00e1s t\u00edtulo de indignidad. A aquellos eclesi\u00e1sticos que le asediaban para inducir\u00adle a favorecerlos en sus ambiciones a sedes episcopales y abaciales, daba, con humildad, lecciones de renuncia: recordaba que, para ser dignos del alto ministerio, ante todo era preciso creerse indignos de \u00e9l. Por esta raz\u00f3n los candidatos m\u00e1s sagaces no se dirig\u00edan a Vicente; m\u00e1s a\u00fan, trataban de llegar a su fin sin que \u00e9l lo supiera, pre\u00adfiriendo la escalera de la corte que llevaba a Mazzarino, el cual era tan \u00e1vido de dinero como Vicente de Pa\u00fal lo desde\u00f1aba.<\/p>\n<p>De todos modos el Santo hizo uso de su prestigio \u2014y era grande, pues todos advert\u00edan en \u00e9l la virtud\u2014 para dar a la Iglesia pastores dignos.<\/p>\n<p>Gracias a Vicente, Francia fu\u00e9 dotada de algunos prelados dign\u00edsimos, como Lescot, Perrochet, Caulet. Bassompierre, Sevin, etc. Y si se nombr\u00f3 alguno indigno fue contra el parecer de Vicente. Aquel iluminado y celoso obispo que fue Alano de Solminihac tuvo que levantarle acta de la oposici\u00f3n hecha en el Consejo de conciencia contra el nombramiento de un prelado, que efectivamente se revelar\u00eda m\u00e1s cazador de liebres que de almas.<\/p>\n<p>Naturalmente semejantes oposiciones, hechas s\u00f3lo para salvar la santidad del episcopado, ten\u00eda que acumular contra \u00e9l la hostilidad de todos los ambiciosos rechazados: y la hostilidad cre\u00f3 una atm\u00f3sfera de calumnias. Estas lle\u00adgaron a o\u00eddos de la reina, que se las refiri\u00f3. \u00abMadame, \u2014le dijo por toda respuesta\u2014 yo soy un gran pecador\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Si yo estuviera en vos me defender\u00edais!\u00bb insisti\u00f3 la soberana.<\/p>\n<p>\u00abMadame, Nuestro Se\u00f1or no se defendi\u00f3 de las acu\u00adsaciones lanzadas contra \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s que la reina, o\u00eddo el parecer del Consejo de conciencia, hab\u00eda elegido a un obispo, ella misma o Mazzarino dirig\u00edan al reci\u00e9n elegido a Vicente, para que \u00e9ste le hablara sobre el nuevo ministerio. Y aun despu\u00e9s de que el reci\u00e9n elegido hab\u00eda tomado posesi\u00f3n de su cargo, Vicente segu\u00eda ayud\u00e1ndole con sus sugerencias y su protecci\u00f3n en la corte. Es in\u00fatil decir que, al dar con\u00adsejos, aun cuando se los pidieran, segu\u00eda su m\u00e9todo, que era ponerse de rodillas, de modo que fueran recibidos como de un s\u00fabdito humild\u00edsimo. Consejos preciosos tu\u00advo que dar sobre todo a obispos pendencieros, que esta\u00adban en continuas disputas con can\u00f3nigos y p\u00e1rrocos.<\/p>\n<p>Con m\u00e1s frecuencia eran los obispos los que se diri\u00adg\u00edan a \u00e9l en busca de consejos y ayudas: y \u00e9l los daba mi\u00adrando siempre al bien de la Iglesia. As\u00ed contribuy\u00f3 a po\u00adner orden en muchas di\u00f3cesis y a hacer que el ministe\u00adrio episcopal volviera a formas dignas en la pobreza, m\u00e1s bien que en la ostentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abEl mundo \u2014tuvo que escribir a un pastor de Bou\u00adlogne\u2014 proclama que es m\u00e1s estimable la santa pobreza de un obispo que conforma su vida con la de Nuestro Se\u00f1or, obispo de obispos, que las riquezas, el s\u00e9quito y la pompa de un prelado rico en grandes posesiones\u00bb<span id='easy-footnote-4-126043' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-siervo-de-los-pobres-12\/#easy-footnote-bottom-4-126043' title='t. III, p. 94,'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Mientras que fue tolerado en el consejo real, resisti\u00f3 a todos los halagos y amenazas que se le hicieron para poner en las sedes episcopales y abaciales a hijos corrom\u00adpidos, a eclesi\u00e1sticos mediocres y a mujeres indignas. Ten\u00eda un concepto demasiado elevado del episcopado y estimaba demasiado la vida religiosa para confiar su di\u00adrecci\u00f3n a hombres y mujeres indignas. La resistencia fue tanta que, poco a poco, Mazzarino fue haciendo cada vez m\u00e1s raras las convocaciones del Consejo de conciencia, resolviendo por s\u00ed mismo los casos de los beneficios m\u00e1s importantes, mientras no le fue posible alejar de s\u00ed a aquel compa\u00f1ero importuno que tomaba en serio el Evan\u00adgelio. En el diario del cardenal ministro recurren con\u00adtinuas quejas por la actitud del sacerdote, de cuya con\u00adducta tem\u00eda que, un d\u00eda u otro, se ver\u00eda enfrentado con la reina. Y, seg\u00fan parece, sus relaciones demasiado \u00ednti\u00admas con ella le hac\u00edan temer que el sacerdote pudiera alejarle de aquella intimidad.<\/p>\n<p>\u00abEl se\u00f1or Vicente \u2014anot\u00f3 un d\u00eda\u2014, en el corrillo de los Maignelay, Dans, Lambert y otros, es el canal por el que todo llega a o\u00eddos de Su Majestad\u00bb.<\/p>\n<p>Y el desconfiado ministro no ocultaba su malhumor a la regente, a la que daba a entender que no pod\u00eda estar sometida a la acci\u00f3n de ambos. Hab\u00eda diferencia entre los dos: Vicente de Pa\u00fal era un pobre sacerdote, a ve\u00adces salpicado de lodo, sin lustre; Mazzarino era un aris\u00adt\u00f3crata elegante, de mirada sinuosa con un rostro lleno de seducci\u00f3n, de prestigio mundano y pol\u00edtico arrollador.<\/p>\n<p>A principios de febrero del a\u00f1o 1644 la tormenta de Mazzarino empez\u00f3 a descargar sobre la cabeza canosa del sacerdote, encorvado ya bajo el peso de los a\u00f1os; y ha\u00adcia finales de aquel a\u00f1o, la noticia de un inminente ale\u00adjamiento del Consejo de conciencia lleg\u00f3 hasta Roma, don\u00adde Codoing aludi\u00f3 a \u00e9l. \u00abEs cierto, \u2014le respondi\u00f3 el su\u00adperior\u2014, hay alg\u00fan indicio de que no se me quiere so\u00adportar ya en el cargo; pero mis pecados son causa de que se haga de otro modo\u00bb.<\/p>\n<p>No anhelaba m\u00e1s que ser exonerado de aquel trabajo ingrato, en el que le correspond\u00eda a \u00e9l, simple sacerdote, levantarse contra un Mazzarino, ministro y cardenal, y contra dignatarios con nombres que infund\u00edan temor. Las diferencias crecieron con las complicaciones de la gue\u00adrra civil, llamada de la Fronda, cuando a todos pareci\u00f3 evidente que s\u00f3lo el alejamiento de Mazzarino de la cor\u00adte pondr\u00eda fin al fratricidio. Mazzarino sab\u00eda que tambi\u00e9n Vicente pensaba de esta manera. Y cuando, el 11 de sep\u00adtiembre de 1652, Vicente le escribi\u00f3 desde Par\u00eds a San Dionisio, a donde se hab\u00eda retirado con la reina y el pe\u00adque\u00f1o rey, para decirle que el pueblo deseaba la vuelta de la corte a la ciudad, con el restablecimiento de la paz, \u00e9l, enfurecido, le envi\u00f3, algunos d\u00edas despu\u00e9s, el despido del Consejo de conciencia<\/p>\n<p>Como advirti\u00f3 el obispo de Solminihac, Vicente dio un suspiro de alivio.<\/p>\n<h3><i>Los retiros espirituales<\/i><\/h3>\n<p>Para la reforma cristiana de las almas y para su mis\u00adma formaci\u00f3n, emple\u00f3 con enorme \u00e9xito, la pr\u00e1ctica de los retiros espirituales. Con ella san Ignacio de Loyola ha\u00adb\u00eda dado, un siglo antes, un impulso genial y poderoso a la reforma interior de las almas y <i>sus <\/i>ejercicios se hab\u00edan propagado aun m\u00e1s all\u00e1 de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas. Propa\u00adgandistas convencidos del m\u00e9todo de los ejercicios espiri\u00adtuales, para obrar aquel renacimiento cat\u00f3lico, hacia el cual empujaban cada vez m\u00e1s las consecuencias de la Re\u00adforma protestante, hab\u00edan sido los santos m\u00e1s benem\u00e9ri\u00adtos de la \u00e9poca, desde Carlos Borromeo a Francisco de Sa\u00adles.<\/p>\n<p>Vicente comprendi\u00f3, como pocos, el valor de los re\u00adtiros espirituales y se convirti\u00f3 en su promotor: m\u00e1s a\u00fan, habi\u00e9ndolos propuesto como fin primario de las misiones, durante a\u00f1os se preocup\u00f3 de ellos y los regul\u00f3, con una fe y un desinter\u00e9s insuperables. <i>Sus <\/i>casas se convirtie\u00adron en casas de ejercicios, donde sacerdotes y seglares, ricos y pobres, estadistas, magistrados, obispos y doctores de la Sorbona, amas de casa, soldados y criados, operaban su conversi\u00f3n o su nueva conversi\u00f3n, volvi\u00e9ndose a tem\u00adplar, por medio de una como reconstituci\u00f3n org\u00e1nica del esp\u00edritu. Los hombres eran recibidos \u2014y de ordinario gra\u00adtuitamente\u2014 en los Bons-Enfants, despu\u00e9s especialmente en San L\u00e1zaro, y las mujeres en las casas de las Hijas de la caridad. Innumerables personas ped\u00edan ser admitidas y san Vicente y los suyos se prodigaban para contentar a los m\u00e1s que pod\u00edan: setecientos u ochocientos al a\u00f1o s\u00f3lo en la casa de San L\u00e1zaro. Alguna vez el n\u00famero de los postu\u00adlantes fue tal que, faltando camas para recibirlos, Vicente ofreci\u00f3 su habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En cierto momento del a\u00f1o 1632 hab\u00eda un obispo, un presidente, dos doctores, un profesor de teolog\u00eda y el se\u00f1or Pavillon, futuro obispo de Alet. Y hab\u00edan estado Adri\u00e1n Bourdoise, Guido Lasnier, abate de Vaux, eclesi\u00e1s\u00adtico santo, Pedro K\u00e9riolet, famoso penitente bret\u00f3n, Juan Jacobo Olier, que, durante uno de aquellos cursos, tuvo visiones, por las que se decidi\u00f3 a empezar la obra de los seminarios.<\/p>\n<p>Los ejercicios no eran uniformes: se adaptaban a l\u00f3s casos particulares. Los maestros trataban de hacerse una misma cosa con cada uno de los ejercitantes, consideran\u00addo que cada uno ven\u00eda para eliminar o ten\u00eda necesidad de reprimir alguna pasi\u00f3n particular.<\/p>\n<p>De esta manera, muchos sacerdotes revivieron su vo\u00adcaci\u00f3n o, por primera vez, entendieron su misi\u00f3n; muchos religiosos comprendieron su regla; muchos seglares abra\u00adzaron con seriedad su estado. Todos aprend\u00edan a orar, a hacer examen de conciencia, a celebrar u o\u00edr con nueva piedad la Misa, a visitar hospitales y c\u00e1rceles para ejerci\u00adtar all\u00ed las obras de misericordia, entre las cuales el cate\u00adcismo y la instrucci\u00f3n. No pocos calvinistas y aun jud\u00edos y musulmanes se convert\u00edan. Y esta renovaci\u00f3n se facili\u00adtaba por el ambiente de cordialidad, en el que todos circu\u00adlaban libremente y eran tratados fraternalmente, en una atm\u00f3sfera de serena alegr\u00eda, aunque en pobreza. En la mayor parte de los ejercitantes ten\u00eda lugar una purifica\u00adci\u00f3n, una catarsis, que era precisamente el fin que Vicen\u00adte hab\u00eda se\u00f1alado a los retiros: desasimiento del mundo para conocer bien el interior propio, meditaci\u00f3n, contem\u00adplaci\u00f3n, oraci\u00f3n, preparando al alma para purificarse de todos los pecados y malos h\u00e1bitos con la confesi\u00f3n gene\u00adral, para llenarse de virtud y ejercitarse en buscar siem\u00adpre y en seguir siempre la voluntad de Dios, hasta el pun\u00adto hacer de la existencia una ejecuci\u00f3n de los designios ce\u00adlestiales, y llegar as\u00ed a la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>En suma se pon\u00eda en acci\u00f3n una ascesis que tend\u00eda a librar al hombre nuevo, destruyendo al hombre viejo: operaci\u00f3n que a Vicente le parec\u00eda m\u00e1s importante que la creaci\u00f3n del mundo, que no cost\u00f3 nada al Creador; mien\u00adtras que cambiar la voluntad, las inclinaciones, las pasio\u00adnes de un hombre, le parec\u00eda como vencer la fuerza de gra\u00advedad de la tierra o enderezar el fuego hacia abajo. Y sin embargo para \u00e9l era voluntad de Dios que el pecador se hiciera justo por medio de los ejercicios.<\/p>\n<p>Esta opini\u00f3n descubre la conciencia que Vicente te\u00adn\u00eda del valor de los ejercicios. Lleg\u00f3 a decir que la Com\u00adpa\u00f1\u00eda hab\u00eda sido suscitada para ellos, aunque sus miem\u00adbros en un principio no se hubieran dedicado a darlos. Dios hab\u00eda suscitado \u00abla obra de las obras\u00bb para la cual se hab\u00eda valido \u00abde los m\u00e1s pobres obreros de su Iglesia\u00bb: los Sacerdotes de la Misi\u00f3n<span id='easy-footnote-5-126043' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-siervo-de-los-pobres-12\/#easy-footnote-bottom-5-126043' title='t. XII, p. 438.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>S\u00f3lo un \u00e1ngel habr\u00eda podido apartar a sus sacerdotes de los ejercicios.<\/p>\n<p>Para hacerlos menos indignos, los hab\u00eda formado con paciencia en aquel esp\u00edritu de caridad y sumisi\u00f3n, por el que a los ejercitantes no se les preguntaba ni qui\u00e9nes eran, ni si hab\u00edan pagado la pensi\u00f3n, ni si ten\u00edan cultura; ni se hac\u00edan alusiones, ni mucho menos presiones, para que se asociaran a la Congregaci\u00f3n cuando mostraban se\u00ad\u00f1ales de vocaci\u00f3n religiosa: en esto el \u00abdesinter\u00e9s\u00bb era un punto esencial de la regla.<\/p>\n<p>Con humildad hab\u00eda que explicar el objetivo de los santos retiros, que es hacer del ejercitante \u00abun perfecto cristiano, en la profesi\u00f3n que tiene: perfecto estudiante, si es estudiante; perfecto soldado, si es soldado; perfecto juez, si es juez; perfecto eclesi\u00e1stico, como san Carlos Bo\u00adrromeo, si es un sacerdote\u00bb.<\/p>\n<p>De este modo San L\u00e1zaro y despu\u00e9s poco a poco to\u00addas las casas de la Misi\u00f3n se convirtieron en piscinas sa\u00adludables \u2014la imagen sonre\u00eda a la fantas\u00eda del Santo\u2014, en la que ven\u00eda a lavarse toda clase de gente; mientras que si hubieran abandonado los ejercicios, se hubieran conver\u00adtido en cisternas p\u00fatridas. San L\u00e1zaro hab\u00eda sido en otro tiempo (y ahora lo era casi s\u00f3lo de nombre) un hospital para leprosos: ahora era una casa para la lepra espiritual \u00abun lugar de resurrecci\u00f3n\u00bb: en el que se repet\u00eda el mila\u00adgro de L\u00e1zaro, que volv\u00eda de la muerte, recobrando una vida nueva.<\/p>\n<p>Para muchos ejercitantes era un para\u00edso.<\/p>\n<p>Los ejercicios empezaban por la ma\u00f1ana a las cuatro y terminaban por la noche a las nueve. Constaban de ora\u00adciones, ex\u00e1menes de conciencia, meditaci\u00f3n sobre libros como la <i>Imitaci\u00f3n de Cristo, <\/i>las obras de Fray Luis de Granada, predilectas ya de Ignacio de Loyola, y las del Padre Buseo, jesuita; y se terminaban con la confesi\u00f3n, a ser posible general. Todo el procedimiento fue estudia\u00addo y desarrollado, durante a\u00f1os, con retoques cada vez m\u00e1s oportunos, por Renato Alm\u00e9ras.<\/p>\n<p>Los ejercicios se convirtieron en una pr\u00e1ctica muy difundida y popular, entre otras cosas tambi\u00e9n porque se daban gratis: esto somet\u00eda a la Congregaci\u00f3n a un es\u00adfuerzo econ\u00f3mico ingente, por el cual muchas veces pa\u00adreci\u00f3 estar al borde de la bancarrota. Pero Vicente prefe\u00adr\u00eda reducirse a la miseria antes que renunciar a aquel mi\u00adnisterio: ni ve\u00eda en qu\u00e9 se podr\u00eda gastar el dinero mejor que en esto. No faltaban quienes ven\u00edan a San L\u00e1zaro pa\u00adra disfrutar, durante diez d\u00edas, de alimento y alojamiento: pero el inconveniente no preocupaba al santo superior, que aun as\u00ed estaba convencido de que hac\u00eda una limosna, m\u00e1s a\u00fan, si ve\u00eda que era gente extremadamente pobre, al despedirla, terminados los ejercicios, a\u00f1ad\u00eda un donativo en dinero o en vestidos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>XII: del Consejo de Ciencia a los ejercicios espirituales A la cabecera del rey Un m\u00e9rito especial de Vicente fue haber puesto a los ricos a servir a los pobres. 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