{"id":126022,"date":"2013-12-15T08:59:00","date_gmt":"2013-12-15T07:59:00","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=126022"},"modified":"2016-07-26T16:58:25","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:25","slug":"cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-13","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-13\/","title":{"rendered":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (13)"},"content":{"rendered":"<h2>7. <b>Conclusiones<\/b><\/h2>\n<p><b><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/2013\/12\/03\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-i\/mendigos\/\" rel=\"attachment wp-att-125994\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-125994 alignright\" alt=\"mendigos\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/12\/mendigos.jpg?resize=203%2C163\" width=\"203\" height=\"163\" \/><\/a><\/b> \u00bfQu\u00e9 conclusiones autorizan este an\u00e1lisis sucinto de los grandes temas de la biblioteca azul? Tal y como se presenta este apoyo de las mentalidades populares durante los dos \u00faltimos siglos del Antiguo R\u00e9gimen, este fondo de lectura p\u00fablica y privada, no nos permite deducir un cuadro general de la psicolog\u00eda colectiva de los grupos populares durante este periodo. Demasiadas lagunas, demasiados silencios descubiertos durante el an\u00e1lisis , revelados por otros tipos de documentos, deben recordar la prudencia. Pero, al mismo tiempo, se impone un balance: es verdad que en las ciudades principalmente la gente humilde recib\u00edan, de otras fuentes, \u00abinformaciones\u00bb m\u00faltiples; tambi\u00e9n es cierto que el desarrollo de la educaci\u00f3n primaria en el siglo XVIII ha ofrecido desde la infancia un encuadre, un utillaje mental de un tipo bastante diferente, que a\u00fan no ha sido apenas estudiado: sabemos sin embargo, al leer a los pedagogos de la escuela parroquial, como a Demia, J.-B. de la Salle, cu\u00e1les eran las ambiciones de los maestros y los l\u00edmites de su acci\u00f3n educativa; lo que permite situar, all\u00e1 donde se prueba su buen resultado (es decir primero en las ciudades), una formaci\u00f3n que es fuertemente divergente de este inventario; no por esto deja de constituir el fondo un conjunto \u00fanico: una concepci\u00f3n del mundo y de ls hombres ofrecida a lo largo de generaciones examinada por los abuelos, rele\u00edda y comentada de velada en velada, en todos los medios populares.<\/p>\n<p>Sin ninguna duda que este balance es dif\u00edcil de establecer: este fondo disparatado constituido por editores emprendedores y por escribas menesterosos a partir de tradiciones orales, de textos medievales rejuvenecidos en la \u00e9poca del Renacimiento, de cuentos heredados de las m\u00e1s antigua mitolog\u00edas europeas, de relatos milagreros sacados de la hagiograf\u00eda m\u00e1s ordinaria, la de la Leyenda dorada -comenzando por la cultura burguesa de los siglos XVII y XVIII: contradicciones, elementos ambiguos han sido ya se\u00f1alados en varias ocasiones. Pero estas incoherencias internas, que nos parecen irreductibles, forman parte de esta visi\u00f3n del mundo, que la Biblioteca azul ha difundido, ha extendido por los medios populares durante m\u00e1s de dos siglos: si se trata de concepciones del hombre, del mundo, de la vida social, de ninguna manera hay porqu\u00e9 negarlas, ni buscar reducirlas a fuerza de sutilidades. M\u00e1s vale situarlas en su lugar, en la representaci\u00f3n intermedia, que se desprende de esta prolongada lectura.<\/p>\n<p>1. <i>Temperamentos y destinos: el hombre de las pasiones. <\/i>La fisiolog\u00eda troiana es de una rara simplicidad: los humores, seg\u00fan una clasificaci\u00f3n multisecular, y las pasiones constituyen todos sus resortes. Ni el <i>Abono de los pastores, <\/i>en su sabidur\u00eda astrol\u00f3gica, ni las escasas recetas m\u00e9dicas de aqu\u00ed y de all\u00e1 son muy prolijas en estos condicionamientos fisiol\u00f3gicos. Incluso la alimentaci\u00f3n se descuida, y se reduce a consejos de temporada esparcidos por todas las clases de relatos: no comer demasiada fruta en oto\u00f1o, no beber demasiada agua durante los meses con R; la frugalidad es evidentemente la regla, para el pastor o para Michel Morin que devora un gran pedazo de pan frotado con ajo, sino para Carlomagno que \u00abcom\u00eda poco pan; pero como pitanza, se com\u00eda en una comida la cuarta parte de un cordero o dos pollas de agua, o una oca, o un jam\u00f3n, o un pavo real, una grulla, o una liebre entera; era sobrio con el vino y pon\u00eda bien poco agua dentro\u00bb, y hasta para los remendones que tienen cuchipanda cada vez que llega al Deber un nuevo compa\u00f1ero. Las recetas m\u00e9dicas no son m\u00e1s precisas, como todo se reduce a sangr\u00edas, en lugares del cuerpo seg\u00fan las estaciones y seg\u00fan la localizaci\u00f3n de los dolores a los que poner remedio. Estas incertidumbres hacen al determinismo de los humores y de los astros tanto m\u00e1s pesado: los cuatro temperamentos en los que se dividen los hombres y que corresponden a los cuatro elementos constitutivos del universo: tierra, aire, agua, fuego, melanc\u00f3lico, sangu\u00edneo, flem\u00e1tico, col\u00e9rico -determinados asimismo por el signo de nacimiento, Acuario, Aries, G\u00e9minis&#8230;, mes del a\u00f1o y d\u00eda de nacimiento- revelados por \u00faltimo al com\u00fan de los observadores perspicaces por los rasgos de la cara, el porte de la cabeza, la dentadura y el pelo, eso es lo que constituye el fondo m\u00e1s seguro de esta fisiolog\u00eda, cuyos lineamientos se hallan en el Gran Abono, los libritos de medicina, y en los cuentos o vidas de santos, a la vuelta de una frase.<\/p>\n<p>De verdad que estas clasificaciones, estas definiciones no carecen de dificultades: la interpretaci\u00f3n de las fisionom\u00edas sacada de Porta, Lavater, tropieza a veces con contradicciones, de las que los redactores, conforme hemos visto, salen de apuros como pueden: si el ment\u00f3n y la nariz se contradicen, es prudente y simple fijarse en los ojos&#8230; Sin embargo este determinismo astral y humoral a la vez (los astros suministran la explicaci\u00f3n y los humores la descripci\u00f3n) implica una especie de exaltaci\u00f3n de las pasiones: cada hombre as\u00ed determinado est\u00e1 encadenado a su destino por las pasiones propias de su temperamento. Nadie escapa a ello, salvo sin duda los santos de la galer\u00eda hagiogr\u00e1fica de san Alejo a santa Sira, para quienes el auxilio divino es no obstante precioso; en cambio, Carlomagno es col\u00e9rico y vengativo; Till Eulenspiegel sangu\u00edneo como la hija Ango del \u00abDesayuno de la Rap\u00e9e\u00bb, etc. Destino individual inscrito, en suma, desde el nacimiento a la muerte.<\/p>\n<p>Las innumerables evocaciones del amor y de la mujer -a trav\u00e9s de cuentos, canciones, mitolog\u00edas e incluso vidas de santos- ilustran muy bien este punto pasional. El amor y la mujer honrados no est\u00e1n tan ausentes por cierto: Michelet, mucho antes, se apiad\u00f3 de la triste suerte de Gis\u00e9lidis, maltratada por su se\u00f1or y esposo, escarnecida, golpeada, y siempre fiel, sin nunca el pensamiento \u00abde consolarse amando por otra parte\u00bb. Pero la pasi\u00f3n devoradora la lleva de lejos al sentimiento tranquilo y equilibrado, que debe asegurar la felicidad conyugal. En nuestras vidas de santos, la mujer es en primer lugar la ocasi\u00f3n del pecado: para san Ortario, \u00abla \u00fanica sombra del pecado le produc\u00eda horror, se apartaba con todo cuidado de las ocasiones, pero principalmente de la conversaci\u00f3n con las mujeres\u00bb. Hasta en los cuentos de hadas, en los que se describe a veces con complacencia la belleza femenina, las miradas penetrantes que siguen a la enumeraci\u00f3n ritual (cabellos de lo m\u00e1s bello, boca peque\u00f1a, dientes blancos) son siempre miradas desastrosas, que hacen nacer el amor por turno y las bellas musulmanas del leyendario hist\u00f3rico otro tanto; he aqu\u00ed a la bella Florippes, de las \u00abConquistas de Carlomagno\u00bb; su belleza aparece no menos irresistible: \u00bb [Florippes} se despoj\u00f3 para ser bautizada; y con eso dej\u00f3 ver la belleza de su cuerpo, porque estaba bien formada, blanca como un cisne, los cabellos largos y relucientes como de oro fino, la frente bien proporcionada, los ojos centelleantes, la nariz aquilina, las mejillas color de rosa, la boca bien hendida, los dientes blancos como marfil y bien colocados, los labios bermejos como el coral, la barbilla bien cortada, la garganta de una blancura deslumbrante y capaz de excitar los corazones m\u00e1s fr\u00edos a la concupiscencia&#8230;\u00bb En todas partes se halla la misma violencia de pasiones m\u00e1s fuertes que todos los obst\u00e1culos que se les oponen.<\/p>\n<p>\u00bfM\u00e1s fuertes incluso que la abundante predicaci\u00f3n moral de inspiraci\u00f3n cristiana de la que rebosa esta literatura? Fuerte pregunta. Las llamas del Infierno -o de los suplicios m\u00e1s refinados que el fuego- esperan a los lujuriosos, a los avariciosos, a los glotones&#8230; Abono, Urbanidad pueril y mil alusiones esparcidas predican una moralidad exigente, amenazante, que contradice de hecho los determinismos astrol\u00f3gicos. En una obra como el almanaque, las dos perspectivas est\u00e1n buenamente yuxtapuestas. A escala de conjunto, se han de reconocer dos tendencias irreconciliables: el miedo del gendarme infernal, las vidas ejemplares de los santos predican una mejora, un perfeccionamiento del hombre: la exaltaci\u00f3n de las pasiones, la fijeza de los caracteres implican un dejar-pasar, una vida larga y gozosa seg\u00fan sus inclinaciones, que la prosa callejera ilustra con un cierto cinismo. De una a la otra no existe puente, ni transacci\u00f3n posible. Pero en volumen sin duda, la predicaci\u00f3n de inspiraci\u00f3n cristiana lleva las de ganar sobre la descripci\u00f3n astrol\u00f3gica: lo que no implica necesariamente una primac\u00eda.<\/p>\n<p>Entre tanto esta yuxtaposici\u00f3n plantea un problema que nosotros estamos mal preparados para resolver, sujetos como nos vemos por una larga tradici\u00f3n escolar y razonadora en rebuscar e identificar la coherencias de comportamientos y de discursos. Sin duda se ha de admitir que estas exigencias no aparecen necesarias a los redactores de los almanaques y otros libritos de venta a domicilio. Y que esta yuxtaposici\u00f3n procede de una filosof\u00eda de los hombres y de la vida m\u00e1s comprensiva, capaz de admitir en un mismo individuo la cohabitaci\u00f3n de los contrarios. Debemos dejar abierta la cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>2. <i>Pr\u00e1ctica religiosa: \u00bfdominio de s\u00ed o evasi\u00f3n? <\/i> Las obras de piedad que constituyen la cuarta parte del fondo, centenares de alusiones que se hallan tambi\u00e9n en las descripciones de oficios como en las obras burlescas, todos los tratados por \u00faltimo son otras tanta referencias a una \u00ablecci\u00f3n cristiana\u00bb, cuyo m\u00e9rito principal es la claridad, la sencillez.<\/p>\n<p>Es raro ver a estos libritos forzar el tono hasta la elevaci\u00f3n m\u00edstica. Hasta los consejos de resignaci\u00f3n m\u00e1s severos apenas se ven revestidos de una argumentaci\u00f3n muy accesible: \u00bfrenunciar a los bienes d este mundo? Genoveva de Bravante explica en tres l\u00edneas cu\u00e1l es la voluntad de Dios: \u00abEs equivocarse de creer que los bienes sean una prueba de su amor; bien lejos de esto, las necesidades que padecemos se\u00f1alan un coraz\u00f3n de Padre para con nosotros, puesto que las riquezas no son otra cosa que medios de perderse, ya que Dios espera hacer bien a sus amigos en el otro mundo\u00bb. De esta parte misma de estos argumentos, hallamos sin cesar una exposici\u00f3n de las verdades cristianas que consiste en algunas im\u00e1genes: la doctrina es la vida misma de Cristo reducida a sus episodios se\u00f1alados que marca el ritmo del culto de Navidad a Pentecost\u00e9s. Ense\u00f1ar la religi\u00f3n cristiana es esencialmente eso: en \u00abHelena de Constantinopla\u00bb, tenemos a un obispo que ense\u00f1a a una pagana: \u00abEl obispo le cuenta primeramente el misterio de la encarnaci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo; en segundo lugar, de la vida que llev\u00f3 durante treinta a\u00f1os poco m\u00e1s o menos en este mundo; en tercero, de su pasi\u00f3n, de su muerte, de su resurrecci\u00f3n, de su ascensi\u00f3n y de todos los misterios de nuestra creencia. Viendo el obispo que ella disfrutaba con ello, le insinu\u00f3 tan bien aquello en el esp\u00edritu que en poco tiempo fue sabia\u00bb. La Vida de Cristo, algunos misterios de la sanci\u00f3n de todo ello: el Juicio final. No es casualidad si se presenta con frecuencia el <i>Credo <\/i>como la f\u00f3rmula misma de la conversi\u00f3n (para Clodoveo en particular, en las \u00abConquistas de Carlomagno\u00bb). Contiene todo cuanto importa recordar.<\/p>\n<p>Todas las recomendaciones que se refieren al detalle de las pr\u00e1cticas, asistir a la misa, escuchar el serm\u00f3n, oraciones, peregrinaciones, cofrad\u00edas, c\u00e1nticos, aparecen, respecto de este argumento, como recetas, medios que concurren a la salvaci\u00f3n de cada uno: en esto nuestros libritos son tambi\u00e9n pr\u00f3digos en consejos de este orden; incluso los relatos mismos burlescos que insisten a veces con pesadez en las realidades prosaicas de este camino dif\u00edcil: Michel Morin, el valiente portaestandarte del pueblo se gan\u00f3 bien el cielo, \u00e9l que: \u00abten\u00eda la voz tan terrible y tan bella, que una vez que comenzaba a cantar, todos los perros escapaban de la Iglesia\u00bb. La Urbanidad pueril no escatima sus recomendaciones sobre el cap\u00edtulo del comportamiento en la iglesia, en los Sacramentos: \u00abEs algo indecente y deshonesto pasearse por las Iglesias. Cuando os encontr\u00e9is en la predicaci\u00f3n, mirad al Predicador, escuchadle con atenci\u00f3n, porque no es una hombre quien habla, sino Dios por la boca de un hombre\u00bb. Otros tantos medios, peque\u00f1os o grandes, hay para escapar del pecado, de las tentaciones, del Infierno. Muy cercana a un mecanismo revisado y corregido, nos parece en efecto esta moralizaci\u00f3n permanente: es Sat\u00e1n, tan presente como Dios Padre, Sat\u00e1n que sin descanso atormenta, o tienta, y contra el que hay que defenderse: \u00abOh, san Huberto, lleno de bondad, sostenednos a todos en la fe firme, y guardadnos de los mordiscos peligrosos, de truenos, de fiebres, de brujos, de brujas, y de violentos esp\u00edritus. Por Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. As\u00ed sea\u00bb. Todo vale. Nada basta.<\/p>\n<p>Nadie puede salvarse solo: la intervenci\u00f3n de Dios es en todo momento necesaria. Es la afirmaci\u00f3n permanente, cotidiana del milagro, este resorte de la parte hagiogr\u00e1fica del fondo, este estribillo de todas las formas taumat\u00fargicas; por eso mismo, la prosa p\u00eda de nuestro fondo va unida a la creencia popular m\u00e1s s\u00f3lida; la lecci\u00f3n del <i>Credo <\/i>es inseparable de esta \u00abprueba\u00bb que da el milagro mil veces repetido, como una ant\u00edfona, a trav\u00e9s de c\u00e1nticos y vidas de santos a lo largo de relatos de Cruzadas y de caballer\u00eda y hasta en los almanaques. No s\u00f3lo no existen santos ni santas sin los milagros realizados por Dios, por su intercesi\u00f3n, mientras viv\u00edan y despu\u00e9s de la muerte, sino que estos extraordinarios milagros pertenecen tambi\u00e9n a la vida cotidiana de los fieles: tantos milagros descritos con profusi\u00f3n, a trav\u00e9s de toda clase de relatos han encantado y ense\u00f1ado a lectores y oyentes. Prueba de ello es que el milagro se confunde impl\u00edcitamente en la historia de las vidas de santos y de los relatos de cruzada con la gracia (sobre la que discut\u00edan los te\u00f3logos tan ardientemente en la misma \u00e9poca).<\/p>\n<p>Lo cual tiene doble significado: por una parte, sin que sea necesario subrayarlo, estas nociones de un cristianismo reducido a tales proposiciones, a unas v\u00edas tan simples est\u00e1n muy alejados de la vida y de la pr\u00e1ctica espiritual que animan a las elites francesas en \u00abel siglo de los Santos\u00bb y tambi\u00e9n en el XVIII; nos encontramos lejos de los grandes debates entre cat\u00f3licos y reformados (de ninguna forma se trata, en esta literatura, de transubstanciaci\u00f3n!), entre jansenistas y jesuitas: <i>a fortiori, <\/i>se olvidan<i> <\/i>la querella quietista, la disputa de las misiones chinas, las salidas volterianas. Lejos de las angustias jansenistas y de las argucias de los casuistas, la Biblioteca azul define, para uso de la gente de pueblo, el <i>corpus <\/i>de una religi\u00f3n simplificada en su ordenaci\u00f3n y en sus exigencias. Pero, adem\u00e1s, el recurso constante a la intervenci\u00f3n va unido, en otro plano, es cierto, a todas las creencias medio-emp\u00edricas, medio-\u00abcient\u00edficas\u00bb, que nutren los conceptos populares del mundo visible.<\/p>\n<p>3. <i>Secretos de la naturaleza y dominio m\u00e1gico del mundo.<\/i><\/p>\n<p>Como las preocupaciones intelectuales de los redactores de la Biblioteca azul no apuntan a un saber codificado y complejo: sin duda, los beneficios de la lectura y de la educaci\u00f3n son celebrados de vez en cuando. En cierto \u00abnuevo secretario\u00bb, un di\u00e1logo un tanto pesado opone a un fan\u00e1tico de los ejercicios f\u00edsicos a un partidario de la lectura: \u00abEstoy sorprendido, Se\u00f1or, de que desde\u00f1\u00e9is la lectura; ya que nada es m\u00e1s conveniente ni m\u00e1s \u00fatil a un hombre de condici\u00f3n. No creer\u00eda haber pasado bien el d\u00eda si no hubiera le\u00eddo alg\u00fan cap\u00edtulo de un buen libro\u00bb. Pero esto no constituye un leitmotiv, ni siquiera en las obras de educaci\u00f3n que se preocupan mucho m\u00e1s de los buenos modos que de la instrucci\u00f3n propiamente dicha, y no citan apenas m\u00e1s que el c\u00e1lculo como ciencia \u00fatil. En la \u00e9poca misma en que los progresos cient\u00edficos se multiplican, de Kepler a Newton y a Lavoisier, en la que se realizan verdaderos balances de los conocimientos humanos como <i>l\u2019Encyclop\u00e9die <\/i>y los otros Diccionarios del siglo XVIII, el fondo troiano, como vimos, no se hace eco, por as\u00ed decirlo, de estos progresos en el conocimiento del mundo: ni el menor trabajo de geometr\u00eda, de f\u00edsica, ni siquiera de astronom\u00eda copernicana -mientras que el cielo estrellado juega un papel tan grande en la vida de los hombres, si hemos de creer a los autores de los almanaques.<\/p>\n<p>Pero en realidad, copiando a manos llenas la herencia \u00abcient\u00edfica\u00bb de la Edad Media y del siglo XVI, los editores troianos apuntan tan alto como los alquimistas y los ocultistas: se hacen el eco de estas indagaciones siempre sin terminar en el descubrimiento de los secretos de la naturaleza, que han apasionado a todos los \u00absabios\u00bb de los tiempos m\u00e1s antiguos y que han constituido el objeto de una literatura inagotable: <i>secreta rerum naturae. <\/i>Las razones ocultas de las cosas, argumento de toda esta indagaci\u00f3n multisecular, se hallan aqu\u00ed a vuelta de hoja: en la \u00abVida de santa Ana\u00bb, el \u00e1ngel que se aparece a la Santa para persuadirla de que se case por tercera vez despu\u00e9s de la muerte de sus dos primeros maridos razona de esta manera: \u00abAna, sabes muy bien que todo testimonio se funda en n\u00famero ternario. Por esto, te conviene tomar un tercer marido, que ha sido hallado justo ante Dios&#8230;\u00bb Sucede los mismo con 3, 7, 13; igualmente con 4, porque cuatro elementos son constitutivos del mundo. De la misma manera que las virtudes de los n\u00fameros, los colores revisten, para quien se ingenia en penetrar todos estos secretos, muchas cualidades.: para comprar un caballo, el color de la vestimenta es de suma importancia; el caballo bayo es sombr\u00edo; el negro resistente; el blanco vivir\u00e1 m\u00e1s que cualquiera otro. M\u00e1s all\u00e1 de estas nociones tan f\u00e1ciles de recordar, el Abono de los pastores, el Gran y peque\u00f1o Albert pretenden proporcionar, a fuerza de recetas, secretos de la mayor importancia: es decir, siempre, los medios m\u00e1gicos -sobrenaturales, a nuestro parecer, pero en la naturaleza, seg\u00fan este saber- de dominar a los seres y las cosas. Por eso mismo, el \u00abmaravilloso natural\u00bb entra en los milagros religiosos: todo es posible en y fuera del orden natural, este orden natural que todos aspiran a conocer, para defenderse mejor de un mundo duro, hostil. Al nivel mismo de las \u00absupersticiones\u00bb que estas \u00abciencias\u00bb ocultas han contribuido ampliamente a alimentar, se unen tambi\u00e9n las pr\u00e1cticas sagradas, desde la simple oraci\u00f3n recitada ante una imagen de san Antonio, hasta la evocaci\u00f3n ben\u00e9fica de un san Medardo , y las pr\u00e1cticas negras, en las que, seg\u00fan los libros arcanos, las mismas f\u00f3rmulas de las oraciones m\u00e1s corrientes, el <i>Ave, <\/i>el <i>Pater, <\/i>el <i>Credo, <\/i>est\u00e1n mezcladas con los encantamientos y hechizos de los m\u00e1s profundos ocultistas: evasi\u00f3n aqu\u00ed tambi\u00e9n, o m\u00e1s bien nuevo recurso a fuerzas sobrehumanas, dif\u00edciles de invocar, en decidir. La astrolog\u00eda, el ocultismo y el milagro cristiano se dan la mano, tal cual, a trav\u00e9s de toda esta literatura, para convencer mejor a los lectores y oyentes de su debilidad insigne, frente al gran mudo y frente a Dios todopoderoso. Feliz aqu\u00e9l que, como el pastor, sabe leer los astros en el cielo, conoce algunos simples para curarse, puede protegerse de las tentaciones del Maligno mediante una eficaz invocaci\u00f3n a san Mart\u00edn. Pero no a todos es dado conocer, como a Paracelso, Porta, y Alberto el Grande, los mayores secretos&#8230; Si los m\u00e1s grandes de estos sabios que han explorado fuera de la Escuela no son corrientemente citados, a Paracelso no m\u00e1s que a Jacob B\u00f6hme, no por eso los almanaques y libritos de secretos dejan de referirse, de forma m\u00e1s o menos expl\u00edcita, a un saber que ha sido transmitido de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n por algunos privilegiados, y que algunos han relacionado, sino sistematizado. Su prestigio ha sido enorme por la vara de ventas, sino por los debatas que provocaron aparte de eso: por los furores de Guy Patin contra los curanderos, por el cuidado de la Royal Society de Londres de recoger los conocimientos olvidados.<\/p>\n<p>Al lector de hoy, estos conceptos del mundo y de los hombres presentados de forma parcelaria ofrecen un tufillo de inacabado intelectual, ciertamente inapreciable a la saz\u00f3n: tantas recetas acumuladas, tantos tratados que huelen a Escuela, machacan lecciones de Hip\u00f3crates o de Galieno, tantos soberanos remedios e infalibles invocaciones est\u00e1n tan lejos de nuestro saber -y gasta de las novedades cient\u00edficas del tiempo. A una ciencia <i>in statu nascendi, <\/i>redactores y lectores de la biblioteca troiana prefieren las seducciones misteriosas, los encantamientos m\u00e1gicos y las invocaciones p\u00edas que se pueden adornar con los prestigios de la experiencia hist\u00f3rica, del poder demostrativo del pasado. Las representaciones de la sociedad que traen estos libros azules son testimonio en el mismo sentido.<\/p>\n<p>4. <i>Conformismo social y sustitutos ideol\u00f3gicos. <\/i>Ninguna descripci\u00f3n de la sociedad del tiempo en este repertorio, a no ser una galer\u00eda de retratos en la Danza macabra, y que no pretende ofrecernos una presentaci\u00f3n dial\u00e9ctica. A modo de reserva -que puede ser prudencia de editores- los cuentos azules se guardan bien de explicarse sobre este terreno dif\u00edcil. Son alusiones, rasgos sin mayor fuerza, que permiten reconstituir -poco m\u00e1s o menos- un concepto com\u00fan de la vida en sociedad: hasta la oposici\u00f3n tan fuerte entre ciudades y campos es m\u00e1s evocada de paso que largamente subrayada. As\u00ed, en la \u00abUrbanidad honrada\u00bb a prop\u00f3sito de las se\u00f1ales de respeto que debe suscitar una iglesia: \u00abNo pas\u00e9is delante de una iglesia sin hacer un breve oraci\u00f3n a Jesucristo, estando descubiertos, si es en el campo, y de coraz\u00f3n si es en la ciudad\u00bb: lo cual denuncia con una se\u00f1al bastante fuerte la aparici\u00f3n de una especie de respeto humano ciudadano frente a los actos de devoci\u00f3n. Pero aqu\u00ed se acaban las palabras. Sin embargo en la misma \u00e9poca, los dos modos de vida, urbano y rural, no cesan de distinguirse cada vez m\u00e1s netamente.<\/p>\n<p>Lo que se desprende con mayor precisi\u00f3n de cien rasgos reunidos es una verdadera tripartici\u00f3n de la sociedad: los fuera de la ley, el pueblo llano, los grupos dominantes, la burgues\u00eda y sobre todo nobleza. Los primeros son seres al margen, por diversa razones: bandidos y vagabundos que infestan los bosques, saquean a los viajeros, matan y roban a los ermita\u00f1os, pero pueden tambi\u00e9n hacer una justicia compensadora capaz de favorecer a los pobres; de la misma forma los soldados, valientes por supuesto, que en guarnici\u00f3n hacen la felicidad de las modistillas, granaderos que seducen en Rouen a \u00ablas encantadoras hilanderas de algod\u00f3n\u00bb -y a otras m\u00e1s; pero que van, vienen, saquean y asaltan. Al margen asimismo la vieja hechicera del pueblo que \u00abha hecho morir ma\u00f1ana y tarde a mucha gente de muchas maneras\u00bb; los jud\u00edos, \u00abingratos, infieles y crueles\u00bb. Faltan del cuadro los protestantes, de los que los libros troianos prefieren no decir palabra -y que no pertenecen por supuesto al repertorio heredado de la Edad Media. Pero es de la misma forma raro leer unas l\u00edneas de los leprosos, de los santurrones, ni de los locos siquiera -desde\u00f1ados por decirlo as\u00ed.<\/p>\n<p>El pueblo llano de las ciudades y del campo -a quienes van destinados estos libros- no es sin embargo halagado: compadecido m\u00e1s bien, sobre todo cuando se trata de los artesanos de las ciudades abrumados de trabajos duros, obligados a oficios dif\u00edciles. Despreciados a menudo, como se ve por las veinte reflexiones de los cuentos donde los malos del presente son comparados con desgana a los bravos artesanos de anta\u00f1o, en tiempos en que los animales hablaban. Despreciados, \u00abesa gente\u00bb, a quienes van destinados los buenos preceptos de urbanidad: abusar de la campesina, andar como un pat\u00e1n de campo son defectos si remisi\u00f3n para quien no quiere ser \u00abpueblo\u00bb. Sin embargo los pastores se libran, algunas veces, de este descr\u00e9dito, quienes llevan en el campo una vida sana, sin los cuidados de los se\u00f1ores y de los burgueses -y quienes ocupan un lugar tan grande en la Sagrada Escritura. La f\u00f3rmula del Abono tan repetida es muy expl\u00edcita: \u00abEl pastor va tan noblemente adornado con su cayado seg\u00fan su estado de pastor, como lo estar\u00eda un obispo o un abad con su cruz, o como un buen hombre de armas bien seguro con su espada\u00bb. Con todo la suerte de la gente llana, de un modo general, no es de envidiar tampoco: caso l\u00edmite, pero significativo los relatos del leyendario hist\u00f3rico se acuerdan de ellos solamente cuando se trata de hambres, de asediados muertos por miles, de ciudades incendiadas.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, los grandes: la burgues\u00eda que se enriquece sin medida est\u00e1 poco presente. Fustigada y de qu\u00e9 modo en la \u00abDanza macabra\u00bb, se la ignora o coloca en su puesto en casi todas las partes: la esposa muy coqueta del \u00abmarido descontento\u00bbpretende llevar duelo de coraz\u00f3n y \u00e9l se niega \u00aba comprarle lo que ha de llevar, dici\u00e9ndole que no conven\u00eda a burguesas querer igualarse a las damas de alto copete\u00bb. El grupo dominante es esencialmente la nobleza tradicional, en el sentido propio del t\u00e9rmino. Ya que el noble de corte, que vive como par\u00e1sito junto al Rey, raramente evocado, no est\u00e1 nunca bien tratado, de tan mala reputaci\u00f3n parece gozar la vida de la corte. Hasta en las vidas de Santos, se encuentran ecos de esto; as\u00ed en la vida de san Hubert: \u00abEl aire de la Corte tiene un no s\u00e9 qu\u00e9 de contagioso y perjudicial a la virtud, porque all\u00ed las corrupciones son muy grandes, el vicio se ve en tanta estima, que un \u00e1nimo debe ser maravillosamente vigoroso para osar intentar conservar en ella su inocencia&#8230;\u00bb Por cierto que el se\u00f1or en el castillo o en la guerra no es tenido siempre en consideraci\u00f3n: la Danza macabra -otra vez- no ahorra palabras duras para el duque, el gran se\u00f1or y el peque\u00f1o castellano. Pero es un descuido menor en comparaci\u00f3n con la exaltaci\u00f3n de las virtudes y de las funciones nobiliarias que representa el<\/p>\n<p>legendario hist\u00f3rico: Roland, Turpin, Naimes, Olivier y Ogier son los modelos de una nobleza caballeresca, conquistadora y cristiana, generosa y justa&#8230;<\/p>\n<p>Entre tanto, esta reconstituci\u00f3n de la sociedad, en la que evolucionan los personajes de la Biblioteca azul, parece marcada con el cu\u00f1o del mismo determinismo, del mismo fatalismo que el destino individual, o el secreto del alquimista. Revueltas populares, rivalidades entre burgues\u00eda y nobleza, progresi\u00f3n de la nobleza de toga, todas estas realidades sociales del final del Antiguo R\u00e9gimen no afloran nunca. No m\u00e1s por otra parte que las realidades de la vida cotidiana en las que grupos y clases se mezclaban -o se enfrentaban incluso m\u00e1s pac\u00edficamente. Si se encuentran algunos puntapi\u00e9s a los burgueses o a los nobles, aqu\u00ed y all\u00e1, es una menguada compensaci\u00f3n, una mezquina revancha frente a las humillaciones y a la dependencia a la que eran sometidos la mayor parte de los lectores de esta literatura. Por cierto que ninguno de estos libros se permite la justificaci\u00f3n, a la manera de Bossuet, de este orden social: indiscutido, aceptado t\u00e1citamente, cae de su peso, como los cuatro temperamentos que corresponden a los cuatro elementos, como los secretos de la naturaleza inmutable. La biblioteca troiana cultiva el conformismo social.<\/p>\n<p>De esta forma, dibujada a grandes trazos, esta literatura viajera ofrecida para leer y escuchar se presenta como una suma -pasablemente heter\u00f3clita- de ideas recibidas, de conocimientos \u00abcient\u00edficos\u00bb o para-cient\u00edficos, de creencias, heredadas de tiempos atr\u00e1s, seleccionadas por la tradici\u00f3n oral y por los imperativos del di\u00e1logo mal definido que se establece durante dos siglos entre editores y p\u00fablico popular; esta suma lleva la marca de una cierta estabilidad -de larga duraci\u00f3n- bien mirados los pr\u00e9stamos recibidos de las tradiciones medievales, y de la (relativa) fijaci\u00f3n del cat\u00e1logo a trav\u00e9s de dos siglos. Si es verdad, como lo ha dicho M. Seguin, que el bulo es el reflejo de los sue\u00f1os y de los miedos del pueblo (de las ciudades, a\u00f1adiremos nosotros), la biblioteca ambulante alimenta y refleja a la vez, para una parte mal delimitada, la visi\u00f3n del mundo y de los hombres que estos mismos medios populares han transmitido durante los \u00faltimos siglos del Antiguo R\u00e9gimen.<\/p>\n<p>Pero esta suma no es un humanismo, en el sentido en el que se entienden las humanidades en los siglos XVII y XVIII: nutridas de literatura y de sabidur\u00eda antiguas, cubiertas , o desfasadas, por las lecciones de la devoci\u00f3n moderna; renovadas a medida que el progreso de las ciencias transforma el concepto del mundo. Esta literatura sigue siendo, a trav\u00e9s de dos siglos, una visi\u00f3n inmutable de mundos, en parte reales, en parte imaginarios, en que las Hadas, los Santos, los Gigantes ocupan tanto lugar como los hombres; donde el embelesamiento, el encantamiento, el milagro por \u00faltimo son tan frecuentes que explican el desd\u00e9n de los fil\u00f3sofos del siglo XVIII por estos cuentos \u00abpara dormirse de pie\u00bb: la Biblioteca azul, para sus lectores y oyentes en la velada es ante todo una evasi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfHabr\u00e1 que ver en ello una literatura de sustituci\u00f3n? Esta pregunta puede resolverse mediante una comparaci\u00f3n con el tiempo presente; tan peligroso nos parece asimilar globalmente el fen\u00f3meno de la literatura ambulante con los mass media del siglo XX, sobre todo la televisi\u00f3n, como algunos no han temido hacerlo<span id='easy-footnote-1-126022' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-13\/#easy-footnote-bottom-1-126022' title='M. De Certeau, &lt;i&gt;La culture au pluriel, &lt;\/i&gt;p. 223.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>, como tan fructuosa puede ser la comparaci\u00f3n establecida sobre una variable delimitada con precisi\u00f3n: en este caso se trata de saber qui\u00e9n sirve esta literatura, y qui\u00e9n la habr\u00eda inspirado para fines pol\u00edticos y sociales precisos. As\u00ed como hoy cierta prensa, una buena parte de la producci\u00f3n literaria (sin hablar de los medios m\u00e1s modernos de comunicaci\u00f3n) aseguran de hecho, m\u00e1s o menos voluntariamente, la funci\u00f3n social \u00abdespolitizadora\u00bb, del mismo modo esta producci\u00f3n difundida por los viajantes habr\u00eda proporcionado a los medios populares los sustitutos ideol\u00f3gicos a su sumisi\u00f3n, a su dependencia tanto tiempo sin remedio. Es seductora la hip\u00f3tesis que adelantara una voluntad pol\u00edtica de divertir a la buena gente por medio de relatos terror\u00edficos o lenitivos y de hacerle olvidar su condici\u00f3n. Quedar\u00eda por desenmascarar llegado el caso al director de orquesta de esta operaci\u00f3n bien llevada (y sin embargo desbaratada seg\u00fan parece, al menos durante los \u00faltimos decenios del siglo XVIII): \u00bflos libreros troianos? \u00bfagentes \u00abideol\u00f3gicos\u00bbde la monarqu\u00eda, intendentes o cl\u00e9rigos? Ning\u00fan documento de archivos -en los restos dejados en las minutas notariales por las familias troianas ni en la correspondencia de los intendentes- deja una voluntad deliberada de este orden. Los Oudot, Garnier y sus competidores han hecho fortuna poniendo a disposici\u00f3n de un vasto mercado una producci\u00f3n que les parece corresponder a los gustos, a las necesidades de este p\u00fablico que no llega a la producci\u00f3n ordinaria de libros. No obstante se ha de reconocer al momento que los libritos de cubierta azul, almanaques, cuentos, c\u00e1nticos, relatos m\u00edticos, han constituido, en la realidad, un freno, un obst\u00e1culo a la toma de conciencia de las condiciones sociales y pol\u00edticas a las que estaban sometidos estos medios populares. Literatura popular, bueno: ella vehicula bien, en el caso presente, una forma de alienaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>7. Conclusiones \u00bfQu\u00e9 conclusiones autorizan este an\u00e1lisis sucinto de los grandes temas de la biblioteca azul? 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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