{"id":126020,"date":"2024-01-01T08:30:16","date_gmt":"2024-01-01T07:30:16","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=126020"},"modified":"2023-08-19T20:27:45","modified_gmt":"2023-08-19T18:27:45","slug":"cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/","title":{"rendered":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (12)"},"content":{"rendered":"<h3><b>B. El leyendario hist\u00f3rico: <\/b>La sociedad nobiliaria<\/h3>\n<p>\u00daltimo grupo, pero no el menos importante: las leyendas hist\u00f3ricas, salidas en su mayor parte de las novelas de caballer\u00eda, o sea unos cuarenta t\u00edtulos, constituyen una verdadera mitolog\u00eda hist\u00f3rica; a los ojos de algunos cr\u00edticos del siglo XVIII como Langlet-Dufresnoy, Huon de Burdeos, los cuatro hijos Aymon, Valentin y Orson, Galien el Restaurado, las conquistas de Carlomagno&#8230; constituyen la Biblioteca del pueblo por excelencia; \u00abvarias de nuestras novelas antiguas, escribe, sobre todo las que son m\u00e1s divertidas, fueron impresa en Troyes y otros lugares, y se reimprimen incluso repetidamente: y a esto se llama la Biblioteca azul. Se han convertido en Libros del Pueblo\u00bb. Si es cierto que un pueblo se da un pasado m\u00edtico, antes de recuperar las fuentes y los instrumentos cr\u00edticos de acceso a su pasado real, este fondo de leyendas hist\u00f3ricas y \u00e9picas a la vez constituye un documento mitol\u00f3gico de una excepcional importancia, para entender este primer estadio de la historia vivida como un relato maravilloso.<\/p>\n<p>1. <i>El mito hist\u00f3rico. <\/i>La composici\u00f3n del grupo es, a pesar de algunos t\u00edtulos disparatados, muy reveladora: dos cronolog\u00edas de los reyes de Francia (y de los emperadores) provienen del g\u00e9nero de la cr\u00f3nica: algo as\u00ed como en la Danza macabra, cada rey est\u00e1 representado en un retrato evocador de nuestras cartas de juego antiguas, descrito por un estribillo elogioso al que sigue un relato de su reinado en una sola p\u00e1gina; la inspiraci\u00f3n est\u00e1 tomada, ya lo hemos dicho, de M\u00e9zeray. De Pharamond a Enrique IV, es pues una galer\u00eda bien nutrida, tan exactamente fechada como lo permit\u00edan las cr\u00f3nicas de las que se sacaba esta ciencia tan nueva. Pero este cat\u00e1logo no parece haber tenido gran \u00e9xito, puesto que el modelo no se multiplic\u00f3. Tres novelas representan la Antig\u00fcedad: Alexandre, Jas\u00f3n y Medea, H\u00e9ctor espejo de caballer\u00eda y la Guerra de Troya, relatos \u00e9picos, en los que la descripci\u00f3n de las batallas ocupa el mayor espacio. Por fin, una media docena de libritos menores (de treinta a cuarenta p\u00e1ginas) refieren las haza\u00f1as de personajes inexistentes como Juan de Calais, burgu\u00e9s que lleg\u00f3 a ser rey de Portugal, Juan de Par\u00eds, rey de Francia que se disfraza de burgu\u00e9s para ir a Espa\u00f1a a buscar a su futura mujer, Roberto el Diablo y Ricardo sin Miedo ( quien logra vencer a los tres enemigos del g\u00e9nero humano: el mundo, el Diablo y la carne\u00bb), duques de Normand\u00eda, de aventuras tr\u00e1gicas. A lo cual se pueden a\u00f1adir tres glorias recientes, Bertrand Duglesclin, Godofredo de Bouillon y Juana de Arco (que no figura por lo dem\u00e1s m\u00e1s que en ap\u00e9ndice a ciertas ediciones de la <i>Paciencia de Gris\u00e9lidis, <\/i>la desdichada esposa del marqu\u00e9s de Saluces ya encontrada).<\/p>\n<p>Todo lo dem\u00e1s -es decir cerca de treinta obras- pertenece al ciclo de Carlomagno: se trate de Oger el Dan\u00e9s, de Gu\u00e9rin Mesquin, Mabrian, Maugis d\u2019Aygremont, Milles y Amys, etc., todos estos libros, de un grosor a veces de ciento y doscientas p\u00e1ginas, cuentan las haza\u00f1as y desventuras de compa\u00f1eros de enemigos o de amigos del emperador Carlos. Es el \u00fanico rey de Francia que conozca (aparte de la cronolog\u00eda citada antes) estas leyendas: apenas unos t\u00edtulos como \u00abConquistas de Carlomagno\u00bb aluden en algunas paginas a Clodoveo, \u00fanico predecesor digno de figurar a la vera del Emperador -a causa, sin duda, de su conversi\u00f3n narrada con fuertes detalles.<\/p>\n<p>El origen de este ciclo carolingio es f\u00e1cil de identificar: las canciones de gesta medievales, esos interminables poemas \u00e9picos de veinte a treinta mil versos han sido reescritos en prosa, y considerablemente aligerados en los siglos XV y XVI, en ediciones impresas que representan a menudo menos de un cuarto del texto inicial. Los cuatro hijos Aymon salieron de \u00abRenaud de Montauban\u00bb, canci\u00f3n de gesta del siglo XIII; Galien el Restaurado viene \u00abdel viaje de Carlomagno a Jerusal\u00e9n y Constantinopla\u00bb. Bouchet, en sus \u00abAnales de Aquitania\u00bb (1545) explica muy bien la operaci\u00f3n: \u00abSe presupone que desde el tiempo del a\u00f1o de mil doscientos, se comenz\u00f3 a hacer varios libros en grueso y rudo lenguaje y en ritmo mal tallado y mesurado, para el pasatiempo de los pr\u00edncipes y algunas veces por halago para ensalzar en exceso los hechos de alg\u00fan caballero, a fin de dar \u00e1nimos a los j\u00f3venes para bien hacer y atreverse, como el dicho romance de Melusina, los romances del peque\u00f1o Artus de Breta\u00f1a, Lancelot del Lago, Trist\u00e1n el aventurero, Ogier el Dan\u00e9s y otros que vi en la dicha rima antigua, en algunas librer\u00edas notables: los cuales han sido despu\u00e9s redactados en prosa y en lenguaje bastante bueno, para seg\u00fan el tiempo que fueron as\u00ed redactados, en los cuales se ve cosas incre\u00edbles y con todo deleitables de leer\u00bb. Sobre estas versiones recortadas \u00abtrabajaron\u00bb los editores troianos, operando a su vez cortes claros en los textos sabios -llevando al final las epopeyas medievales a una d\u00e9cima parte de su talla primitiva y con frecuencia menos todav\u00eda. Pero practicaron asimismo selecciones cuyo motivo no se ve con claridad: la canci\u00f3n de Roland, como tal, no figura en la biblioteca troiana; los romances de la Tabla redonda tampoco -con excepci\u00f3n de Melusina y de un relato conexo (Geoffroy Diente Grande). Los Amad\u00eds de Gaula est\u00e1n tambi\u00e9n ausentes.<\/p>\n<p>Este ciclo carolingio merece tanta mayor atenci\u00f3n cuanto por estar hecho en el momento mismo en que la historia se renueva de forma decisiva, abundando el estilo y los l\u00edmites de las viejas cr\u00f3nicas medievales: de este trabajo, que comenz\u00f3 con los contempor\u00e1neos de \u00c9tienne Pasquier en la segunda mitad del siglo XVI (con Fauchet, La Popelini\u00e8re, del Tillet y muchos m\u00e1s) y que se contin\u00faa con los Pithou, de Thou, Juan de Serres, Dupleix, hasta M\u00e9zeray, nada se ha conservado entre los libreros troianos. Ignorando estas labores que se aplicaban a refutar \u00ablas f\u00e1bulas hermosas y fr\u00edvolas\u00bb de las que estaba llena la historia de las cr\u00f3nicas, el ciclo \u00e9pico del leyendario carolingio se impuso como la \u00fanica evocaci\u00f3n aceptada del pasado franc\u00e9s magnificado con generosidad: ya que los fragmentos de bravura son el estilo mismo de todos estos relatos, testigo este pasaje de Genoveva de Bravante\u00bb: \u00abId, queridos compa\u00f1eros, a combatir generosamente por la gloria de Dios, ante el glorioso san Mart\u00edn, cuya demanda apoy\u00e1is: y acordaos que sois Franceses, cuya gloria no tiene l\u00edmites que no sean los del cabo del mundo\u00bb.<\/p>\n<p>Ser\u00eda carente de inter\u00e9s someter estas leyendas a un examen de cr\u00edtica tradicional; las simplezas, los anacronismos pululan en cada relato: todos los palacios reales son Louvres; Carlomagno est\u00e1 un d\u00eda en Orl\u00e9ans, al d\u00eda siguiente en Constantinopla o en Roma. Mejor ser\u00e1 primero subrayar que se desarrollan en un tiempo y en un espacio indeterminados, indefinidos. Francia y Europa que recorren los ej\u00e9rcitos carolingios son pr\u00f3ximas y lejanas a la vez; Roma, Aix-la-Chapelle, Par\u00eds -algo as\u00ed como Jerusal\u00e9n y Bizancio. Esta imprecisi\u00f3n que favorece a su manera todas las transposiciones, o actualizaciones. Adem\u00e1s, la personalizaci\u00f3n es la regla: los emires sarracenos como el almirante Baland, el valiente Fierabras que se convirti\u00f3, los pares compa\u00f1eros del Emperador, todos personifican una funci\u00f3n ritual y ocupan lugar en una inagotable galer\u00eda de retratos: el sabio Naimes, duque de Baviera, el buen consejero; el sobrino Roland \u00abdescerebrado\u00bb de cabeza caliente y de bravura sin igual. Ganelon el traidor y toda su descendencia de perjurios, y as\u00ed sucesivamente.<\/p>\n<p>Estos relatos \u00e9picos encuentran tambi\u00e9n su originalidad en la intervenci\u00f3n constante de l o maravilloso: la mano de Dios no se hace tan sensible aqu\u00ed, si bien se la ve alguna vez; pero las \u00abhadas\u00bb, los encantadores y magos son puestos a contribuci\u00f3n a menudo para ayudar a los h\u00e9roes en dificultades: Huon recurre a su t\u00edo Ob\u00e9ron, que posee m\u00e1s de un juego m\u00e1gico en su repertorio; los cuatro hijos Aymon resisten al ej\u00e9rcito del Emperador gracias a su caballo Bayard, caballo gigante que los transporta a los cuatro a la vez a trav\u00e9s de los espacios -y gracias a su t\u00edo Maugis, sabio mago que logra un buen d\u00eda secuestrar a Carlomagno y transportarlo a la fortaleza de sus sobrinos. Los gigantes solitarios, devastando provincias enteras, est\u00e1n tambi\u00e9n presentes en este leyendario: como Ferragus (en \u00abValent\u00edn y Orson\u00bb\u00bb) a quienes solamente Roland y Durandal han podido vencer. Los diablos, por \u00faltimo, enemigos del g\u00e9nero humano, enviados por Lucifer a estropear el juego, tentar a los caballeros (como Roberto el Diablo es la presa de Brandemor), pueden intervenir tambi\u00e9n. Una buena parte de estos romances se debe con seguridad a los prodigios de estos espect\u00e1culos maravillosos hist\u00f3ricos.<\/p>\n<p>2. <i>El mito pol\u00edtico y social: la sociedad feudal. <\/i>El emperador Carlos, rodeado de sus doce Pares y de su ej\u00e9rcito; el papa en Roma; el emperador de Oriente en Bizancio, instalado en su Louvre guardado por sus vasallos; los almirantes musulmanes, jefes de ej\u00e9rcito; la definici\u00f3n pol\u00edtica es sencilla. Los Reyes o Emperadores tienen a su disposici\u00f3n a tropa numerosa de sus nobles que los aconsejan y los ayudan; que se retiran a sus tierras, asisten al Consejo o participan en la guerra. Es una sociedad nobiliaria&lt;, ignora pr\u00e1cticamente a los no-nobles. Como a Michelet le gusta repetir: \u00abLos romances de caballer\u00eda dan muy exactamente lo contrario de la verdad\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo la las gentes de \u00abmuy baja condici\u00f3n\u00bb existen; evocar or\u00edgenes viles es incluso el mejor modo de injuriar a un noble. Pero ellos no est\u00e1n presentes en los relatos: a veces cuando una ciudad es sitiada durante meses o a\u00f1os, se hace menci\u00f3n de los habitantes, estos burgueses, que perecen y mueren, v\u00edctimas del bloqueo. Sitios, hambres, carest\u00edas, el romance de caballer\u00eda no usa de ellos m\u00e1s que en frase aparte: as\u00ed en Ogier el Dan\u00e9s, \u00abla penuria era tal en Mayance que se ve\u00edan obligados a comer gatos\u00bb. Y el narrador pasa. De campesinos en el campo y en los pueblos, ni rastro; algunos bandidos de vez en cuando, como Geoffroy Diente Grande, quienes, desde una roca dominante, pillan y chantajean la regi\u00f3n del entorno. Solos lo peque\u00f1os relatos no carolingios aluden con precisi\u00f3n a la burgues\u00eda rica, que en las ciudades adquiere fortunas. Juan de Par\u00eds sale para Espa\u00f1a disfrazado de burgu\u00e9s de su ciudad, pero le traicionan su atav\u00edo, sus cajas de ropajes y le alhajas y su numerosa escolta. Adem\u00e1s la nobleza se reconoce sin dificultad por la mirada experta: es cuesti\u00f3n de h\u00e1bitos a veces, y una princesa puede reconocerse cuando entra inc\u00f3gnito en juego, a la vez que por su belleza y sus vestidos. Pero muchas veces es cuesti\u00f3n de estatura, de porte: la duquesa de Baviera, al ver pasar por a calle a los dos hijos de Helena de Constantinopla, los reconoce por su compostura; y \u00abhabi\u00e9ndoles preguntado, vio que eran de alta extracci\u00f3n\u00bb. Por \u00faltimo y sobre todo, para los hombres, es el don innato de las armas el que caracteriza a las m\u00e1s \u00abilustres razas\u00bb. Como se los representaba Nerval:<\/p>\n<p>\u00abEstos nobles de anta\u00f1o de quienes hablan los romances,<br \/>\nEstos esforzados de frontis de buey, de figuras dantescas\u00bb.<\/p>\n<p>La nobleza de los relatos carolingios, es la raza o tambi\u00e9n la sangre; de la familia noble no dicen nada estas leyendas, si no es que cantidad de aventuras son las de ni\u00f1os de buena extracci\u00f3n abandonados en circunstancias dif\u00edciles y que conocen cien tribulaciones antes de hallar su rango y sus bienes. En cambio el matrimonio se evoca en la perspectiva de los casamientos desiguales posibles: Roberto el Diablo, en busca de mujer,, no sabe c\u00f3mo decidirse, pues no quiere \u00abrebajarse\u00bb, hacer \u00abmal a su raza\u00bb. Por lo dem\u00e1s, buena sangre no miente nunca: el destino glorioso de los bastardos en muchos relatos, su vanagloria misma lo prueban bastante: Gallien, por ejemplo, responde a su madre: \u00abVerdad que me preocupan poco estos reproches, pues soy hijo de Olivier; m\u00e1s vale ser bastardo y osado caballero, que ser cobarde y engendrado de leg\u00edtimo matrimonio\u00bb.<\/p>\n<p>a) <i>La vida noble: la guerra y los juegos. &#8211;<\/i>Estos relatos est\u00e1n situados con toda naturalidad bajo el signo de la guerra permanente: la defensa de la cristiandad es su gran motivo, pero no el \u00fanico. Carlomagno parece tener siempre cerca de s\u00ed un ej\u00e9rcito listo para el combate- y convoca con mucha frecuencia a barones y se\u00f1ores en gran n\u00famero. Las cantidades citadas para describir los ej\u00e9rcitos en presencia son siempre enormes: la batalla de Poitiers en la que el ilustre marido de Genoveva de Brabante fue la m\u00e1s gloriosa de la que nunca se pudo hablar, dejando los Sarracenos en el sitio 375 000 muertos y a su Rey\u00bb. Pero eso constituye un r\u00e9cord. La mayor parte de las veces, los combates hacen enfrentarse la cifra m\u00e1s \u00abredonda\u00bb de 100 000 hombres. A menos que no haya elecci\u00f3n de campeones, delegaci\u00f3n de poderes, que pongan en presencia a dos hombres o dos grupos peque\u00f1os: Fierabras y Olivier en las <i>Conquistas de Carlomagno <\/i>ocupan la mitad del relato; en otro lado son las vanguardias, en las que con frecuencia se re\u00fanen los doce Pares para hacer el camino de lo grueso del ej\u00e9rcito: es entonces cuando Roland y Olivier caen en grandes emboscadas, sorprenden a los musulmanes en sus fortalezas mejor guardadas, son hechos prisioneros en lo m\u00e1s duro de la refriega -y se salvan un poco m\u00e1s tarde por la astucia (y la conversi\u00f3n) de una bella hija de almirante, seducida por los caballeros franceses.<\/p>\n<p>Entre tanto, entre dos batallas -y cuando los compa\u00f1eros de Carlomagno vuelven a su caso por alg\u00fan tiempo- practican algunas distracciones, que son el patrimonio de la nobleza. En primer lugar la caza, de la que nadie se cansa: Ricardo sin Miedo, al d\u00eda siguiente de una terrible batalla con el rey de Inglaterra, manda nada m\u00e1s despertarse reunir a sus perros y a sus monteros para recorrer el bosque normando. Luego viene la justa, el torneo; hasta el ej\u00e9rcito en marcha, entre dos batallas, organiza algunos torneos para sus barones. Con mayor raz\u00f3n, con ocasi\u00f3n de una fiesta cualquiera se permite la organizaci\u00f3n: la coronaci\u00f3n imperial de Carlomagno, el matrimonio de Ricardo sin Miedo con la hija (secuestrada) del rey de Inglaterra son ocasi\u00f3n de justas interminables en las que participan decenas de caballeros, delante de un arriate de damas admiradoras, que se encargan de otorgar los premios decretados al final del torneo. Los redactores no temen contar minuciosamente los combates, las partidas \u00abdel interior y del exterior\u00bb, la colocaci\u00f3n de los distintos combatientes, y los esfuerzos desplegados por cada uno \u00aba cual mejor para adquirir honor y gloria\u00bb. Por \u00faltimo, a estos caballeros les gusta tambi\u00e9n jugar al ajedrez: Huon de Burdes, con un disfraz de criado de trovador, da una lecci\u00f3n a la hermosa Esclarmonda, hija del rey Ivelin, y la mejor jugadora del reino paterno. El juego adem\u00e1s no es totalmente pac\u00edfico, pues los adversarios no se contentan siempre con mover el pe\u00f3n: el hijo de Ogier el Dan\u00e9s mata de un golpe de tablero en la cabeza a Charlot mal jugador, hijo vengativo del Emperador.<\/p>\n<p>Ya es decir suficiente que toda la vida noble est\u00e1 dominada por el combate: entrenamiento, ejercicio, simulacro, siempre la batalla. El abate Jacquin, en mitad del siglo XVIII, no afirma en sus \u00abConversaciones sobre los romances\u00bb la responsabilidad de estos relatos en la pr\u00e1ctica del duelo: \u00ablos libros de caballer\u00eda inspiraron primero el furor de los combates particulares, era para buscar un rival y combatirlo la raz\u00f3n por la que estas clases de h\u00e9roes emprend\u00edan largos viajes, y se expon\u00edan a las aventuras m\u00e1s tr\u00e1gicas. Este frenes\u00ed se apoder\u00f3 pronto de los miembros m\u00e1s ilustres del Estado. El menor insulto, el menor equ\u00edvoco, la menor rivalidad se convirtieron la causa de estas guerras, en las cuales los hermanos y los amigos se degollaban sin compasi\u00f3n\u00bb. El abate exagera sin duda la influencia de los romances de caballer\u00eda. Por lo menos la vocaci\u00f3n militar de la nobleza queda de esta forma reafirmada en cada p\u00e1gina de estas historias.<\/p>\n<p><i>Las virtudes nobles: lealtad y justicia. &#8211;<\/i>El honor caballeresco invocado en cada p\u00e1gina radica en estas dos palabras, estas dos virtudes que cada uno debe practicar. Hasta los adversarios de siempre, los musulmanes se les ve reconocer en la guerra la \u00abnobleza natural\u00bb que asegura la sangre, all\u00e1 como ac\u00e1, a todos los que combaten: Fierabras y Olivier, que luchan uno contra el otro durante d\u00edas, dan siempre pruebas de cortes\u00eda y lealtad. Es verdad que al t\u00e9rmino del combate, el musulm\u00e1n vencido llega incluso hasta convertirse. Pero Roland y Espulard son tan generosos, y el sobrino del emperador, vencedor, decide no acabar con su adversario \u00abporque ello es nota de distinci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>De lealtad se trata sin cesar en estos libros de caballer\u00eda: aunque s\u00f3lo fuera por la presencia, quasi necesaria, de su ant\u00eddoto, la traici\u00f3n. Es el traidor Gane\u00f3n, tan presente, pernicioso, detestable quien da la mejor definici\u00f3n, por ant\u00edfrasis, de la lealtad. Este compa\u00f1ero de Carlomagno, \u00bfno se vende acaso por dinero a los musulmanes? \u00ab\u00a1Oh, mal\u00edsimo traidor Ganelon! te olvidas de tu nacimiento haciendo obra villana: t\u00fa eras rico y gran se\u00f1or, y por dinero has traicionado a tu amo; t\u00fa fuiste elegido entre los otros para ir a los Sarracenos, por la confianza que se ten\u00eda en ti, y t\u00fa cometes infidelidad y negra traici\u00f3n. \u00bfDe d\u00f3nde viene tu iniquidad? si no es de una falsa voluntad hundida en un abismo de avaricia para tu Se\u00f1or. \u00bfQu\u00e9 te hab\u00edan hecho Roland, Olivier y los otros?\u00bb Verdadero Judas del mundo feudal, es perpetuamente traidor, como el de nuestros c\u00e1nticos, y muco antes de Roncesvalles, multiplica las ocasiones de traici\u00f3n. En \u00abGallien restaurado\u00bb, yerra sus caballos del rev\u00e9s; en \u00abValent\u00edn y Orson\u00bb, dirige al Emperador palabras pesimistas para incitarle a abdicar en plena campa\u00f1a contra los musulmanes instalados en Italia, cuando los Pares est\u00e1n casi todos prisioneros. Traici\u00f3n -y lealtad- est\u00e1n en la sangre: es toda su familia, hijos, sobrinos los que son capaces de los mismos actos. Y cuando Ganelon llega a la rebeli\u00f3n abierta en la v\u00edspera de un combate decisivo, le siguen en la defecci\u00f3n su linaje y todos sus vasallos, amput\u00e1ndole al ej\u00e9rcito carolingio veinte mil hombres.<\/p>\n<p>La exigencia de justicia no es menor. Y ella determina uno de los aspectos m\u00e1s originales de esta literatura caballeresca, la frecuencia de las rebeliones nobles contra el Emperador; lo que es el motor de relatos enteros, sobre todo los m\u00e1s c\u00e9lebres, los m\u00e1s frecuentemente reeditados, Huon de Burdeos y los Cuatro Hijos Aymon. Porque Carlomagno, aun siendo gran Emperador, se muestra con bastante frecuencia col\u00e9rico, vengativo para con sus vasallos, y ciertamente injusto: persigue con odio al t\u00edo de los Cuatro hijos, quien no lleva gran pecado en la conciencia, y la revuelta de \u00e9stos en favor de su t\u00edo parece plenamente leg\u00edtima a muchos de los compa\u00f1eros del Emperador. El caso de Huon es todav\u00eda m\u00e1s claro: viniendo a Par\u00eds, encontr\u00f3 en su camino a Charlot, hijo del Emperador, que le ha provocado traidoramente al combate. Huon le mata y Carlomagno quiere vengar a su hijo, sin informarse de las circunstancias. Los Pares protestan, y la voz de la prudencia, el duque Naimes, amenaza con retirarse a sus tierras de Baviera: \u00abEs contra todo derecho, pero en adelante ya que quiere obrar contra derecho y honor, yo no quiero quedarme con \u00e9l&#8230;\u00bb. El Emperador acaba por entender justicia, acepta que Huon se justifique en un torneo particular, pero le condena finalmente a una prueba m\u00e1s que temible: partir solo a Jerusal\u00e9n&#8230; Carlomagno debe pues escuchar a sus nobles, y practicar una justicia rigurosa si quiere ser o\u00eddo. De otra forma, se va a encontrar de frene a un partido de oponentes: y los Cuatro hijos Aymon, declarados indignos del imperio, encuentran durante a\u00f1os cantidad de apoyos y de complicidades para sostener su rebeli\u00f3n. Es a la vez la revancha del d\u00e9bil sobre el fuerte y la lucha del vasallo injustamente tratado sobre el se\u00f1or feudal fel\u00f3n.<\/p>\n<p>De esta forma, en el momento mismo en que la nobleza, confinada en sus castillos o en la representaci\u00f3n m\u00e1s vana en la Corte de Versalles, ha renunciado parcialmente a la actividad militar (de suerte que el tema de la oposici\u00f3n entre cortesano y guerrero se ha convertido en moneda corriente) y ha aceptado el reclutamiento de los ej\u00e9rcitos de oficio -en ese momento se difunde (o se mantiene) por el enlace poderoso de la literatura ambulante la imagen de una nobleza militar justiciera, que domina por instantes al Emperador mismo, modelo de las m\u00e1s altas virtudes de caballer\u00eda. Por lo tanto un mito de la nobleza, \u00fanico cuadro social y militar en una sociedad dominada por entero por ella -y que vive al nivel de la mentalidad popular, alimentado por estas decenas de romances de caballer\u00eda, en los que la generosidad, la justicia y las proezas m\u00e1s sorprendentes desfilan en cada p\u00e1gina. Paradoja sin ninguna duda que esta supervivencia del mito, no ya s\u00f3lo en los medios que pueden alimentar su nostalgia de recuerdos y de leyendas que los honran, sino tambi\u00e9n en los medios menos directamente interesados en esta mitolog\u00eda.<\/p>\n<p>3. <i>El mito pol\u00edtico y religioso: la Cruzada. <\/i>Comunidad de nobles, esta sociedad medieval legendaria es una cristiandad, y m\u00e1s precisamente una comunidad de cruzados. La s\u00faplica de Turpin al morir lo dice muy bien: \u00ab\u00a1Oh! Padre Eterno que est\u00e1s en el Cielo, tened piedad de los doce pares de Francia, los cuales han querido siempre exaltar la Santa Fe cat\u00f3lica\u00bb. Todo el ciclo de Carlomagno y hasta cantidad de otros relatos se nutren con la lucha contra los Sarracenos que amenazan por toda Europa, instalados en los Santos Lugares; lucha penelopeana; este recurso de todos los relatos hace quedar en segundo plano las raras notaciones que invocan a la Iglesia propiamente dicha, cuya vida en calma y los cl\u00e9rigos absortos en una oraci\u00f3n perpetua apenas merecen la atenci\u00f3n del contador: la cristiandad sin cesar sitiada y atacada posee con seguridad una Iglesia; \u00e9sta no plantea problemas interiores.<\/p>\n<p>a) <i>Los hombres de fe. <\/i>Los romances de mitolog\u00eda hist\u00f3rica no distinguen apenas entre cl\u00e9rigos y laicos: los papas son a la vez cabezas de la Iglesia y defensores muy temporales de una capital cien veces sitiad y ocupada por los musulmanes; arzobispos y obispos, muy a menudo reducidos a la misma suerte de sitiados entregados a la fortuna de las armas, participan tambi\u00e9n en las grandes expediciones de los barones de Carlomagno, el arzobispo Turpin en primera l\u00ednea, por supuesto; el abate de Cluny, t\u00edo del joven Huon de Burdeos, acompa\u00f1a a su sobrino a trav\u00e9s de Francia, le protege con su coraza en la corte del Emperador, le oculta y consuela en su convento en el curso de sus tribulaciones, y no duda en aceptar a guisa de gratitud la manzana m\u00e1gica de juventud que este sobrina agradecido le trae de su viaje por Persia. Peor a\u00fan, los \u00abCuatro hijos Aymon\u00bb y \u00abMaugis el Encantador\u00bb cuentan c\u00f3mo este gran mago, Maugis, despu\u00e9s de mil n\u00fameros de alta magia, logra ser papa, y contin\u00faa, en la Santa Sede, usando de sus malicias diab\u00f3licas durante largos a\u00f1os. Mientras que en \u00abValent\u00edn y Orson , en la corte de Bizancio, un arzobispo representa a Tartufo, tratando de seducir a su emperatriz, declar\u00e1ndose \u00absu peque\u00f1o capell\u00e1n\u00bb, pasando luego a propuestas m\u00e1s precisas&#8230;<\/p>\n<p>Basta con decir que los cl\u00e9rigos no son pintados de otra manera que los nobles guerreros que rodean a Carlomagno: un solo cl\u00e9rigo escapa a esta confusi\u00f3n, el ermita\u00f1o. Viviendo en el desierto, es decir m\u00e1s a menudo en el bosque, lejos de todos los hombres, pasando el tiempo en oraciones y en devociones, hospitalarios con los viajeros extraviados, con los vagabundos, animados siempre de caridad, y a menudo despojados, perseguidos, muertos tambi\u00e9n, los ermita\u00f1os de estos romances son los \u00fanicos santos en vida. Mientras que los monjes de Cluny pasan por llevar buen tren de festividades en su monasterio, los ermita\u00f1os no conocen m\u00e1s que la oraci\u00f3n y la caridad. M\u00e1s admirados unos que los otros por los narradores, que se detienen adrede en su presencia; en \u00abRobert el Diablo\u00bb, el confesor del papa, vive, lejos de Roma, en Monte Alto albino, donde se le aparece Dios en sue\u00f1os con frecuencia; cuando Helena de Constantinopla, en fuga con sus hijos, los pierde en el bosque bret\u00f3n, es un ermita\u00f1o quien recoge a estos ni\u00f1os y los cr\u00eda durante diecis\u00e9is a\u00f1os. Por \u00faltimo, cuando tal h\u00e9roe de nuestros relatos, al atardecer de una larga vida de batallas y de golpes de espada, quiere hallar su paz terrenal, abandona a todos los suyos, compa\u00f1eros y familia, y se hace ermita\u00f1o: es el caso de Raimond\u00edn despu\u00e9s de la desaparici\u00f3n de Melusina, su mujer; y tambi\u00e9n de Maugis, retirado a orillas del Rin para vivir con \u00abun poco de pan, agua pura y algunas ra\u00edces\u00bb. Este prestigio de los eremitas no es indiferente a nuestras intenciones. No se da explicaci\u00f3n alguna, a no ser por ese desprecio del mundo y de sus vanidades el que aflora tambi\u00e9n en los libros de piedad. De alguna manera, el ermita\u00f1o representa una pureza original del cl\u00e9rigo, de la parte de los fastos y de las taras de la Iglesia: as\u00ed como la Danza de los muertos no es cosa delicada para los obispos, cardenales y abades, as\u00ed tambi\u00e9n, a la inversa, es el hombre de Dios no mancillado por el mundo.<\/p>\n<p>Con todo, estos cl\u00e9rigos que se parecen tanto a laicos no est\u00e1n desprovistos de todos preocupaciones religiosas que no sean la Cruzada. Ellos convierten a los paganos; o m\u00e1s exactamente llaman a Dios en ayuda para probar le fe de los cristianos: a los ojos de estos que incluso tienen necesidad a veces de este consuelo. Es el milagro de la batalla contra los Alemanes el que prueba a Clodoveo la superioridad del dios de Clotilde sobre los suyos; le es suficiente luego a san Remi recitar el <i>Credo <\/i>ante Clodoveo para acabar la conversi\u00f3n: \u00abSire, es el momento de invocar a los dioses a los que otorgasteis creencia en otro tiempo, que est\u00e1n llenos de vanidad y de condenaci\u00f3n, y deb\u00e9is creer humildemente en un solo Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo, en una sola y pura esencia, que ha creado el cielo y la tierra, en quien solo se debe creer; y en Jesucristo su Hijo, etc.\u00bb. En \u00abHelena de Constantinopla\u00bb, san Mart\u00edn de Tours \u00abvuelve a juntar\u00bb la mano de su madre, amputada hac\u00eda treinta a\u00f1os, al brazo mutilado y demuestra as\u00ed su propia santidad. Pero el maestro en este dominio es el arzobispo Turpin, que no pierde ocasi\u00f3n nunca de suscitar el milagro convertidor, y de recitar el <i>Credo <\/i>a alguna hija de almirante musulm\u00e1n para insinuar en su esp\u00edritu la traici\u00f3n que permitir\u00e1 a los Pares, por un momento prisioneros, salir de un mal paso; y presentar la corona de espinas de Cristo, valientemente reconquistada al almirante Baland, al ej\u00e9rcito entero; levantada por encima de su cabeza, se queda en el aire cuando baja los brazos, y el ej\u00e9rcito entero, comprendidos prisioneros sarracenos, entra en adoraci\u00f3n. De igual forma cuando Carlomagno trae de Tierra Santa la verdadera Cruz, su paso anunciado por Turpin suscita miles de curaciones taumat\u00fargicas: paral\u00edticos, ciegos, cojos, escrofulosos: adem\u00e1s tambi\u00e9n fueron curados ciegos y mudos sin n\u00famero, doce endemoniados, catorce cojos, treinta ahogados resucitados, cincuenta y dos jorobados, caducos sesenta y cinco, varios gotosos del lugar, del vecindario y otros&#8230;\u00bb; no hay enfermedad que resista.<\/p>\n<p>Estas caracter\u00edsticas dispersas retratan a mundo de cl\u00e9rigos, estrechamente comprometidos en las miserias del siglo, practicando un cristianismo simple, en sus exigencias y en sus medios. No existe rastro en todos estos relatos de los problemas que podemos considerar como contempor\u00e1neos de los grandes autores de estas epopeyas hist\u00f3ricas: ni siquiera la divisi\u00f3n entre Iglesia de Oriente e Iglesia de Occidente no aparece; tampoco tienen lugar los debates que agitaban a la Iglesia en el tiempo en que se escribieron o rescribieron los romances de caballer\u00eda; ni la disputa de las investiduras, ni el esplendor del monaquismo, ni los grandes debates teol\u00f3gicos del siglo XVI. En su simplicidad dicot\u00f3mica el leyendario hist\u00f3rico no conoce m\u00e1s que un problema religioso: la defensa de la cristiandad contra el Infiel.<\/p>\n<p>b) <i> La cruzada perpetua. <\/i>Fortaleza sitiada por todas partes, la cristiandad sufre los asaltos multiplicados de los musulmanes, que se instalan por todas partes en Europa, fundan reinos feudales muy parecidos a los reinos cristianos por su organizaci\u00f3n social, env\u00edan sin cesar a sus sultanes y almirantes a la conquista de nuevas tierras cristianas. En cada relato (o casi), Roma padece sitio y saco. S\u00f3lo en \u00abHelena de Constantinopla\u00bb, peque\u00f1o relato de cuarenta p\u00e1ginas, encontramos este inevitable asedio de Roma, cuatro reinos musulmanes en Baviera, en Flandes, en Escocia y en Guyena, ej\u00e9rcitos sarracenos sitian a Boulogne, Jerusal\u00e9n y Aire, Grasse y Brujas. Due\u00f1os de los lugares santos y de Roma, los soldados de Mahoma se emparan de las reliquias m\u00e1s sagradas. Lo que desespera a la cristiandad entera, hasta el punto que Carlomagno est\u00e1 dispuesto a conceder a vida salvo al almirante Boland, si entrega \u00ablas reliquias de las que (\u00e9l es) indigno de poseer\u00bb: se trata de la corona de espinas y de los clavos de la Cruz.<\/p>\n<p>\u00abMorir todos por el celo de la fe cristiana\u00bb es pues el deber de todo cristiano, m\u00e1s exactamente, de todo noble soldado. Ya que la Cruzada contra todos los infieles no est\u00e1 abierta a la gente de clase baja. En ning\u00fan momento se habla de cruzadas populares, pastorcillos o dem\u00e1s, que tan fuerte han influido la imaginaci\u00f3n medieval. En nuestros romances, solos combaten aquellos que son compa\u00f1eros de Carlomagno; es con seguridad el voto de todo se\u00f1or, voto renovado tras un combate victorioso, o tambi\u00e9n con ocasi\u00f3n de un nacimiento, pero es asimismo un privilegio de Estado, que no puede ser compartido con los no-notables: una vocaci\u00f3n; y cuando Carlomagno pronuncia con muchas l\u00e1grimas el elogio de su sobrino Roland, ca\u00eddo en Roncesvalles, bajo los golpes de los infieles, no tiene mejor f\u00f3rmula que aplicarle que el t\u00edtulo : \u00abVerdadero defensor de la religi\u00f3n cat\u00f3lica\u00bb.<\/p>\n<p>La guerra santa es a la vez \u00e1spera y sin fin contra un enemigo inagotable: a pesar de las exterminaciones y las conversiones, la hidra musulmana renace sin cesar, amenazante, molesta: es una guerra de desgaste en la que la paciencia de los combatientes no conoce tregua. Es sin duda la raz\u00f3n por la que los combates son muchas veces singulares: los dos ej\u00e9rcitos se forman frente a frente y un pu\u00f1ado de campeones combate por ellos hasta la desaparici\u00f3n de uno de ellos. Por eso tambi\u00e9n, a menudo, algunos hombres, y en primer lugar los Pares de Francia que cabalgan en la vanguardia, sorprendidos por una emboscada, hechos prisioneros, arrojados dentro de una torre, consiguen (con la complicidad de alguna princesa musulmana, cierto es), no s\u00f3lo escaparse, sino invertir la situaci\u00f3n, apoder\u00e1ndose a su vez del almirante y de su estado-mayor.<\/p>\n<p>No obstante nuestros relatos son ricos en grandes combates, en los que ej\u00e9rcitos de cien mil hombres entran en lucha, y que acaban en hecatombes. Cuando, en \u00abHelena de Constantinopla\u00bb, la capital de Escocia (entonces musulmana) es tomada por los cristianos, \u00e9stos pasan por el filo de la espada a todos los que encuentran sin distinci\u00f3n de edad ni de sexo\u00bb. Las grandes derrotas sarracenas van seguidas por lo general de conversiones masivas, extorsionadas en el ardor de la lucha: conversiones-suicidas, de alguna manera -si bien que, de cuando en cuando, algunos musulmanes ceden a la persuasi\u00f3n, como a las princesas felonas, o a Fierbras a quienes llega una iluminaci\u00f3n divina (\u00abpor la virtud de Dios, fue iluminado de tal manera que tuvo conocimiento del error de los paganos\u00bb). La regla no est\u00e1 ah\u00ed, sino en la f\u00f3rmula concisa: \u00abMabrian le cort\u00f3 la cabeza porque \u00e9l no se quer\u00eda hacer bautizar\u00bb. Carlomagno ha recristianizado as\u00ed a regiones enteras, a medida que los sarracenos las evacuan: \u00abPuso tanta diligencia en Aifremoire y pa\u00edses vecinos que los que no se quer\u00edan bautizar, los hac\u00eda morir a todos\u00bb. En este contexto las resistencias individuales cuentan poco, incluso cuando el musulm\u00e1n se muestra provocativo (\u00abSire, dice el pagano, preferir\u00eda ser desollado vivo que abandonar mi ley\u00bb). La guerra Santa reconquista de esta manera Europa y los Lugares Santos, trozo a trozo, y el musulm\u00e1n reaparece en otra parte.<\/p>\n<p>M\u00e1s que la rebeli\u00f3n de los nobles contra la autoridad imperial, la Cruzada contra el musulm\u00e1n es pues el gran mito de esta serie del leyendario hist\u00f3rico franc\u00e9s; epopeya cristiana, este ciclo carolingio (y sus anejos) ofrece a su p\u00fablico popular una imaginer\u00eda medieval, que los Rom\u00e1nticos del siglo XIX van a encontrar a su gusto (bien lo hayan recogido en la Biblioteca azul o en obras m\u00e1s sabias). Es, de hecho, toda un representaci\u00f3n simb\u00f3lica de la Historia de Francia que vemos en estas <i>Conquistas de Carlomagno <\/i>y otras haza\u00f1as de sus contempor\u00e1neos y adversarios: todo est\u00e1 descrito para gloria del noble caballero cruzado, defensor del justo y del oprimido, protector de la cristiandad. Simb\u00f3lica despu\u00e9s de todo est\u00e1tica, ya que niega todo desarrollo: Carlomagno y su nobleza son toda la historia -y representan en un sentido, una negaci\u00f3n de la historia; \u00abel sentimiento de la tradici\u00f3n hist\u00f3rica\u00bb, tal como lo entend\u00eda ya Cournot en sus <i>Recuerdos, <\/i>falta aqu\u00ed; por \u00faltimo la imagen est\u00e1 en oposici\u00f3n a la realidad vivida por los lectores-auditores de los siglos XVII y XVIII: no es necesario subrayarlo m\u00e1s.<\/p>\n<p>En suma, abecedarios reglas de Piquet, lamentaciones de aprendices, todo como los relatos de subido color de las haza\u00f1as de Rold\u00e1n y Olivier, todos estas obras que tratan esencialmente de la vida en sociedad, no evocan nunca m\u00e1s que aspectos menores; o bien trasnochados hace mucho tiempo; las m\u00e1s realistas ser\u00edan todav\u00eda las descripciones de las reglas de conducta (por ant\u00edfrasis) y las de las penas y miserias del aprendizaje. En todo caso, el lector-auditor queda lejos de las realidades sociales que constituyen la trama de su existencia cotidiana: en ning\u00fan momento, el diezmador, el receptor del pecho o la gabela no son ni siquiera citados; mucho menos descritas las tensiones entre nobles y burgueses, entre parlamentarios y nobles de sangre que no cesan de manifestarse durante estos dos siglos. Las representaciones de la sociedad, que contiene la Biblioteca azul, fueron escritas con un extra\u00f1o pudor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>B. El leyendario hist\u00f3rico: La sociedad nobiliaria \u00daltimo grupo, pero no el menos importante: las leyendas hist\u00f3ricas, salidas en su mayor parte de las novelas de caballer\u00eda, o sea unos cuarenta t\u00edtulos, constituyen una verdadera &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":404135,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[17],"tags":[161],"class_list":["post-126020","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-en-tiempos-de-vicente-de-paul","tag-etienne"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (12) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (12) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"B. El leyendario hist\u00f3rico: La sociedad nobiliaria \u00daltimo grupo, pero no el menos importante: las leyendas hist\u00f3ricas, salidas en su mayor parte de las novelas de caballer\u00eda, o sea unos cuarenta t\u00edtulos, constituyen una verdadera ... Read More\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/WeAreVincentians\/\" \/>\n<meta property=\"article:author\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/JavierChento\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2024-01-01T07:30:16+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/Fort-Dauphin-1.jpg?fit=1748%2C1152\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"1748\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"1152\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:creator\" content=\"@https:\/\/twitter.com\/javierchento\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@WeVincentians\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"27 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/\"},\"author\":{\"name\":\"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento\",\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/9623ef4d9aa3b2dfb8c061f1499288f2\"},\"headline\":\"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (12)\",\"datePublished\":\"2024-01-01T07:30:16+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/\"},\"wordCount\":6162,\"commentCount\":0,\"publisher\":{\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#organization\"},\"image\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/Fort-Dauphin-1.jpg?fit=1748%2C1152\",\"keywords\":[\"Etienne\"],\"articleSection\":[\"En tiempos de Vicente de Pa\u00fal\"],\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"CommentAction\",\"name\":\"Comment\",\"target\":[\"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/#respond\"]}]},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/\",\"url\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/\",\"name\":\"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (12) - Somos Vicencianos\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/Fort-Dauphin-1.jpg?fit=1748%2C1152\",\"datePublished\":\"2024-01-01T07:30:16+00:00\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/#primaryimage\",\"url\":\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/Fort-Dauphin-1.jpg?fit=1748%2C1152\",\"contentUrl\":\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/Fort-Dauphin-1.jpg?fit=1748%2C1152\",\"width\":1748,\"height\":1152},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (12)\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#website\",\"url\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/\",\"name\":\"Somos Vicencianos\",\"description\":\"Know more to serve more\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#organization\"},\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#organization\",\"name\":\"The Vincentian Network\",\"url\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/logo\/image\/\",\"url\":\"https:\/\/i1.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/06\/Vincentian-Network-logo-big.png?fit=778%2C778\",\"contentUrl\":\"https:\/\/i1.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/06\/Vincentian-Network-logo-big.png?fit=778%2C778\",\"width\":778,\"height\":778,\"caption\":\"The Vincentian Network\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/logo\/image\/\"},\"sameAs\":[\"https:\/\/www.facebook.com\/WeAreVincentians\/\",\"https:\/\/x.com\/WeVincentians\"]},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/9623ef4d9aa3b2dfb8c061f1499288f2\",\"name\":\"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/image\/\",\"url\":\"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/497d5cde87b4c3d097d0315953521681ba2cd523ee66e5077c3711f7021e65de?s=96&d=mm&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/497d5cde87b4c3d097d0315953521681ba2cd523ee66e5077c3711f7021e65de?s=96&d=mm&r=g\",\"caption\":\"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento\"},\"description\":\"Director General y cofundador de La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana. Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. Trabaja en las Tecnolog\u00edas de la Informaci\u00f3n, ofreciendo servicios de alojamiento, dise\u00f1o y mantenimiento Web, as\u00ed como asesoramiento, formaci\u00f3n y soluciones inform\u00e1ticas, gesti\u00f3n documental y digitalizaci\u00f3n de textos, edici\u00f3n y maquetaci\u00f3n de libros, revistas, flyers, etc.\",\"sameAs\":[\"http:\/\/chento.org\",\"https:\/\/www.facebook.com\/JavierChento\",\"https:\/\/x.com\/https:\/\/twitter.com\/javierchento\"],\"url\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/author\/chento\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (12) - Somos Vicencianos","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (12) - Somos Vicencianos","og_description":"B. El leyendario hist\u00f3rico: La sociedad nobiliaria \u00daltimo grupo, pero no el menos importante: las leyendas hist\u00f3ricas, salidas en su mayor parte de las novelas de caballer\u00eda, o sea unos cuarenta t\u00edtulos, constituyen una verdadera ... Read More","og_url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/","og_site_name":"Somos Vicencianos","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/WeAreVincentians\/","article_author":"https:\/\/www.facebook.com\/JavierChento","article_published_time":"2024-01-01T07:30:16+00:00","og_image":[{"width":1748,"height":1152,"url":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/Fort-Dauphin-1.jpg?fit=1748%2C1152","type":"image\/jpeg"}],"author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","twitter_card":"summary_large_image","twitter_creator":"@https:\/\/twitter.com\/javierchento","twitter_site":"@WeVincentians","twitter_misc":{"Escrito por":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","Tiempo de lectura":"27 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/#article","isPartOf":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/"},"author":{"name":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/9623ef4d9aa3b2dfb8c061f1499288f2"},"headline":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (12)","datePublished":"2024-01-01T07:30:16+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/"},"wordCount":6162,"commentCount":0,"publisher":{"@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#organization"},"image":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/Fort-Dauphin-1.jpg?fit=1748%2C1152","keywords":["Etienne"],"articleSection":["En tiempos de Vicente de Pa\u00fal"],"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"CommentAction","name":"Comment","target":["http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/#respond"]}]},{"@type":"WebPage","@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/","url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/","name":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (12) - Somos Vicencianos","isPartOf":{"@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/#primaryimage"},"image":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/Fort-Dauphin-1.jpg?fit=1748%2C1152","datePublished":"2024-01-01T07:30:16+00:00","breadcrumb":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/#primaryimage","url":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/Fort-Dauphin-1.jpg?fit=1748%2C1152","contentUrl":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/Fort-Dauphin-1.jpg?fit=1748%2C1152","width":1748,"height":1152},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-12\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/vincentians.com\/es\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (12)"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#website","url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/","name":"Somos Vicencianos","description":"Know more to serve more","publisher":{"@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#organization"},"potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/vincentians.com\/es\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#organization","name":"The Vincentian Network","url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/i1.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/06\/Vincentian-Network-logo-big.png?fit=778%2C778","contentUrl":"https:\/\/i1.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/06\/Vincentian-Network-logo-big.png?fit=778%2C778","width":778,"height":778,"caption":"The Vincentian Network"},"image":{"@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/WeAreVincentians\/","https:\/\/x.com\/WeVincentians"]},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/9623ef4d9aa3b2dfb8c061f1499288f2","name":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/image\/","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/497d5cde87b4c3d097d0315953521681ba2cd523ee66e5077c3711f7021e65de?s=96&d=mm&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/497d5cde87b4c3d097d0315953521681ba2cd523ee66e5077c3711f7021e65de?s=96&d=mm&r=g","caption":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento"},"description":"Director General y cofundador de La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana. Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. Trabaja en las Tecnolog\u00edas de la Informaci\u00f3n, ofreciendo servicios de alojamiento, dise\u00f1o y mantenimiento Web, as\u00ed como asesoramiento, formaci\u00f3n y soluciones inform\u00e1ticas, gesti\u00f3n documental y digitalizaci\u00f3n de textos, edici\u00f3n y maquetaci\u00f3n de libros, revistas, flyers, etc.","sameAs":["http:\/\/chento.org","https:\/\/www.facebook.com\/JavierChento","https:\/\/x.com\/https:\/\/twitter.com\/javierchento"],"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/author\/chento\/"}]}},"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/Fort-Dauphin-1.jpg?fit=1748%2C1152","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p7ETMF-wMA","jetpack-related-posts":[{"id":125991,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-02\/","url_meta":{"origin":126020,"position":0},"title":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (02)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"04\/12\/2013","format":false,"excerpt":"Introducci\u00f3n: Biblioteca azul y Cultura popular La biblioteca ambulante representa sin duda la mejor informaci\u00f3n seriada, de la que pueda disponer el historiador en el momento actual, para acercarse a la cultura popular francesa bajo el Antiguo R\u00e9gimen. Para adelantar esta afirmaci\u00f3n, no disponemos por desgracia de los datos, cifrados\u2026","rel":"","context":"En \u00abEn tiempos de Vicente de Pa\u00fal\u00bb","block_context":{"text":"En tiempos de Vicente de Pa\u00fal","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/historia-de-la-familia-vicenciana\/en-tiempos-de-vicente-de-paul\/"},"img":{"alt_text":"mendigos","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/12\/mendigos.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":126013,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-09\/","url_meta":{"origin":126020,"position":1},"title":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (09)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"11\/12\/2013","format":false,"excerpt":"5. Arte y sensibilidad popular Toda esta literatura de divulgaci\u00f3n depende en cierto sentido de un arte popular; la denominaci\u00f3n que proponemos ahora para novelas, farsas y chanzas burlescas, canciones profanas, sainetes y algunos otros relatos implica un sentido restrictivo de la expresi\u00f3n. A la par que las otras obras\u2026","rel":"","context":"En \u00abEn tiempos de Vicente de Pa\u00fal\u00bb","block_context":{"text":"En tiempos de Vicente de Pa\u00fal","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/historia-de-la-familia-vicenciana\/en-tiempos-de-vicente-de-paul\/"},"img":{"alt_text":"mendigos","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/12\/mendigos.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":126024,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-14-y-final\/","url_meta":{"origin":126020,"position":2},"title":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (14 y final)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"16\/12\/2013","format":false,"excerpt":"8. Post-scriptum: La Biblioteca azul en el siglo XIX La Revoluci\u00f3n de 1789 no puso fin a la actividad de los libreros troianos ni de los peque\u00f1os viajantes: durante algunos a\u00f1os, la \"viuda Garnier\" continu\u00f3 imprimiendo y expandiendo las obras de su fondo bajo la nueva ense\u00f1a de \"Ciudadana Garnier\".\u2026","rel":"","context":"En \u00abEn tiempos de Vicente de Pa\u00fal\u00bb","block_context":{"text":"En tiempos de Vicente de Pa\u00fal","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/historia-de-la-familia-vicenciana\/en-tiempos-de-vicente-de-paul\/"},"img":{"alt_text":"mendigos","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/12\/mendigos.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":125992,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-01\/","url_meta":{"origin":126020,"position":3},"title":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (01)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"03\/12\/2013","format":false,"excerpt":"Prefacio a la nueva edici\u00f3n Bajo un t\u00edtulo que es bien conocido ahora y que no ha contribuido poco a atraer la atenci\u00f3n de los historiadores sobre los problemas que plantea el porvenir de las culturas populares, la obra que reeditamos hoy retoma lo esencial del librito publicado hace diez\u2026","rel":"","context":"En \u00abEn tiempos de Vicente de Pa\u00fal\u00bb","block_context":{"text":"En tiempos de Vicente de Pa\u00fal","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/historia-de-la-familia-vicenciana\/en-tiempos-de-vicente-de-paul\/"},"img":{"alt_text":"mendigos","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/12\/mendigos.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":126022,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-13\/","url_meta":{"origin":126020,"position":4},"title":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (13)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"15\/12\/2013","format":false,"excerpt":"7. Conclusiones \u00bfQu\u00e9 conclusiones autorizan este an\u00e1lisis sucinto de los grandes temas de la biblioteca azul? Tal y como se presenta este apoyo de las mentalidades populares durante los dos \u00faltimos siglos del Antiguo R\u00e9gimen, este fondo de lectura p\u00fablica y privada, no nos permite deducir un cuadro general de\u2026","rel":"","context":"En \u00abEn tiempos de Vicente de Pa\u00fal\u00bb","block_context":{"text":"En tiempos de Vicente de Pa\u00fal","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/historia-de-la-familia-vicenciana\/en-tiempos-de-vicente-de-paul\/"},"img":{"alt_text":"mendigos","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/12\/mendigos.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":126016,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-10\/","url_meta":{"origin":126020,"position":5},"title":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (10)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"12\/12\/2013","format":false,"excerpt":"D. El teatro Otro dominio que no deja de plantear problemas delicados. Bajo este t\u00edtulo conviene en efecto reagrupar piezas o sainetes de algunas p\u00e1ginas lo m\u00e1s frecuente: son de estilo y de tono muy diferentes. Son en primer lugar -y lo m\u00e1s com\u00fan- peque\u00f1as farsas, comedia o tragicomedias en\u2026","rel":"","context":"En \u00abEn tiempos de Vicente de Pa\u00fal\u00bb","block_context":{"text":"En tiempos de Vicente de Pa\u00fal","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/historia-de-la-familia-vicenciana\/en-tiempos-de-vicente-de-paul\/"},"img":{"alt_text":"mendigos","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/12\/mendigos.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]}],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/126020","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=126020"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/126020\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":405317,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/126020\/revisions\/405317"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/404135"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=126020"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=126020"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=126020"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}