{"id":126018,"date":"2013-12-13T08:27:45","date_gmt":"2013-12-13T07:27:45","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=126018"},"modified":"2016-07-26T16:58:26","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:26","slug":"cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-11","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-11\/","title":{"rendered":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (11)"},"content":{"rendered":"<p>6. <b>Las representaciones de la sociedad<\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><b><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/2013\/12\/03\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-i\/mendigos\/\" rel=\"attachment wp-att-125994\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-125994 alignright\" alt=\"mendigos\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/12\/mendigos.jpg?resize=218%2C176\" width=\"218\" height=\"176\" \/><\/a><\/b> La literatura de circulaci\u00f3n no es \u00abcomprometida\u00bb en el sentido que damos a esta palabra en la segunda mitad del siglo XX. La evocaci\u00f3n, a descripci\u00f3n de las realidades sociales -sin ser dejadas a un lado totalmente- no preocupan de forma exagerada a los editores de la Biblioteca azul. Es una peque\u00f1a parte del fondo la que est\u00e1 dedicada a diversos aspectos de la vida en sociedad: los oficios y juegos; ni siquiera la educaci\u00f3n interes\u00f3 el verbo de los redactores. Una sola serie es importante en este orden de ideas: la mitolog\u00eda hist\u00f3rica que constituyen las novelas de caballer\u00eda. Pero, como vamos a ver, esta abundancia de relatos carolingios no compensa la pobreza del resto.<\/p>\n<h3><b> A. Oficios, juegos y educaci\u00f3n <\/b><\/h3>\n<p><b> <\/b>Una obra de entre diecis\u00e9is<b> <\/b>est\u00e1 dedicada a la descripci\u00f3n, a la evocaci\u00f3n de un aspecto de la vida en sociedad en tiempos de la monarqu\u00eda \u00ababsolutista\u00bb: desde las lamentaciones desconsoladas de aprendices de panaderos recocidos delante de su horno hasta los tratados m\u00e1s elegantes de civilidad, tenemos ah\u00ed un repertorio bastante original, y por sus temas, y por el tono empleado para evocar un juego de sociedad y para definir la buena educaci\u00f3n. Ninguna descripci\u00f3n de grupos -y <i>a fortiori, <\/i>de los antagonismos sociales, que la historia social nos revela a cada instante; apenas si un ap\u00f3logo laborioso y una descripci\u00f3n burlesca de los vagabundos evocan a los m\u00edseros de un tiempo en que abundaban. No importa: los silencios ah\u00ed tambi\u00e9n son muy significativos.<\/p>\n<p>1. <i>Los oficios. <\/i>Bajo esta r\u00fabrica, presentemos algunas obras sin ninguna ambici\u00f3n t\u00e9cnica (ya lo hemos indicado en el c. III), que se contentan con narrar en verso y en prosa las desgracias y miserias de los aprendices en los diferentes cuerpos del oficio: aprendices, mozos, cirujanos, panaderos, etc. Peque\u00f1as piezas de versos a veces reunidas en una sola colecci\u00f3n, o bien lanzadas aparte como \u00abEl estado de servidumbre o la miseria de los Criados\u00bb, estas quejas lamentables dan cuenta ordinariamente de las novatadas impuestas a los j\u00f3venes aprendices por los compa\u00f1eros m\u00e1s antiguos en el oficio. La m\u00e1s vehemente es sin duda aquella de \u00abla gran cofrad\u00eda de los hartos de trabajar, irritados de no hacer nada, con los estatutos de aquesta\u00bb que abre perspectivas m\u00e1s originales reivindicando el derecho a la pereza. Ninguno de estos libritos se preocupa de describir al detalle las miserias del oficio, de la obra propiamente dicha, como har\u00e1n los cantos de gremio del siglo XIX. Sin embargo estas quejas evocan bastante la literatura que practicaron Agricol Perdiguier, Martin Nadaud y tantos otros. Las servidumbres del oficio son las del gremio, donde la ancianidad da todos los derechos sobre los reci\u00e9n llegados, que deben \u00abestrenar\u00bb el oficio. Que el joven cirujano vaya entonces en medio de la noche a practicar una sangr\u00eda a una mujer doliente al otro lado de la ciudad. Que el aprendiz de panadero no debe abandonar el horno, ni siquiera cuando<\/p>\n<p>\u00absentado encima de [su} horno con un asador,<br \/>\n{\u00c9l} lo pase tan mal como en el purgatorio\u00bb.<\/p>\n<p>El m\u00e1s desdichado, si se ha de dar fe a una lista dudosa, es el joven lacayo entregado a la mala uva de toda la servidumbre, limpiando unas enaguas aqu\u00ed, quitando el barro a unas botas all\u00ed, corriendo a la oficina, blando como una breva todo el d\u00eda: \u00abSostengo que no hay forzado de galera que, a pesar del rigor de su desdichada suerte, conociendo su estado quisiera ser como ellos\u00bb.<\/p>\n<p>Con este tren de vida, todos los oficios son como valles de l\u00e1grimas: no queda rastro aqu\u00ed de esas \u00f3rdenes complejas, por las que, al alba de la revoluci\u00f3n industrial, se distingue con nitidez la jerarqu\u00eda de los artesanos, de los obreros de industria, y de los peones de toda clase. Ni siquiera los oficios nuevos y tan considerados como los del libro, que figuran en estas quejas, son objeto de atenci\u00f3n particular: encoladores, encuadernadores, doradores, impresores, todos caben bajo esta situaci\u00f3n. Ninguna rivalidad visible tampoco entre los gremios de artesanos -y de esas grandes batallas, feroces, que animan las corporaciones del siglo siguiente; no otra cosa que reivindicaciones hacia los empleadores: los Amos que acogen a los reci\u00e9n llegados tiene un lugar muy epis\u00f3dico en estos relatos coloreados, y no suscitan en ning\u00fan momento la animosidad de sus obreros.<\/p>\n<p>Con todo, un oficio es tratado por separado de los dem\u00e1s, con m\u00e1s detalle; se le dedican varios folletos, que refieren tambi\u00e9n la vida de los obreros, pero adem\u00e1s su papel social: son los zapateros, los \u00abbuenos compa\u00f1eros de la Manguita\u00bb. Este oficio que ha dado su nombre al burlesco \u00abpescadero\u00bb, posee un \u00abdeber\u00bb netamente mejor definido que los otros: recepci\u00f3n del reci\u00e9n llegado, o del compa\u00f1ero en Tour de Francia, consignas, citas en el \u00abcabaret sindical\u00bb, comida de celebraci\u00f3n donde \u00abel \u00e1rbol que llev\u00f3 la pez\u00bb debe ser bendecido, y donde cada participante debe beber treinta vasos hasta arriba y tragarse una vara de morcilla, sin dejar nada. El aprendizaje dura adem\u00e1s mucho tiempo, debiendo seguir cada joven dependiendo de los compa\u00f1eros, incluso \u00abcuando se trate de un grande del Estado\u00bb. Sin embargo el zapatero no es solamente un arrastra-miseria, es tambi\u00e9n un hombre p\u00fablico, bajo doble aspecto. . el \u00abTestamente de un zapatero\u00bb, por ejemplo, nos ense\u00f1a que el oficio es a veces despreciado porque los zapateros juegan el papel de indicadores de polic\u00eda. Acaso no juran, en su ceremonia inici\u00e1tica \u00abense\u00f1ar fielmente a los que{os}la pidan la morada m\u00e1s escondida de la gente m\u00e1s desconocida&#8230; informar{os} curiosamente de todo cuanto sucede entre {vuestros} vecinos, \u2018tarea\u2019 \u00fatil a los particulares y al Estado, pues, por nuestro ministerio se puede con toda facilidad descubrir a bribones y bribonas que querr\u00edan escapar a la justicia\u00bb. Con sus tenderetes ambulantes, \u00absupervisan\u00bb a todo un barrio, conocen los des\u00f3rdenes dom\u00e9sticos, se\u00f1alan a los que descuidan la misa dominical; con frecuencia maceros, campaneros, estos personajes santurrones parecen molestar a algunos. Y al propio tiempo, son cabecillas que pueden verse a la cabeza de algunas revueltas populares, y el Testamento les cubre las espaldas; est\u00e1n en todo caso admirablemente informados sobre toda la vida de su barrio, si no de su ciudad. \u00abEl Deber de los Zapateros\u00bb les canta las glorias: \u00absomos nosotros los primeros en alegrar las fiesta; somos los que tocamos las campanas&#8230; los que obligamos a los burgueses, quieran o no, a dar le\u00f1a y cerrar las tiendas; somos nosotros los que arrastramos el ca\u00f1\u00f3n, quienes preparamos los fuegos artificiales, quienes presidimos dignamente todas las ceremonias p\u00fablicas&#8230; En una palabra, de nosotros depende principalmente la tristeza y la alegr\u00eda de los pueblos\u00bb. Oficio sin par por lo tanto, personajes subidos de color, como el pastor en el campo, bien que por razones diferentes.<\/p>\n<p>En este caso particular, la Biblioteca azul aporta confirmaci\u00f3n de un fen\u00f3meno reconocido por los historiadores de las sociedades urbanas modernas, en Francia. y fuera de Francia: los zapateros y remendones tienen lugar aparte en los motines urbanos, como en las ceremonias de la vida cotidiana.<\/p>\n<p>Pero en resumen estas evocaciones burlescas y lacrim\u00f3genas de los oficios urbanos nos ofrecen un cuadro bastante burdo de la sociedad popular ciudadana: es la vida de los oficios vista por su lado lastimoso, remendones excluidos.<\/p>\n<p>2. <i>Los juegos y diversiones. <\/i>Para el ocio, el repertorio troyano es todav\u00eda menos rico. Algunas obras tan s\u00f3lo -menos de una media docena- est\u00e1n dedicadas a la descripci\u00f3n del juego de dados y de cartas: son libros del siglo XVIII solamente los que presentan bajo el t\u00edtulo de <i>Academia <\/i>o <i>Casa de Juegos, <\/i>un n\u00famero imponente a veces de reglas de juegos: el juego de los cientos (cartas) \u00abagradable y recreativo, tan tranquilo que deja pasar el tiempo insensiblemente, consuela a los gotosos, alegra a los melanc\u00f3licos y da descanso a las pasiones de los enamorados\u00bb en primer lugar: constituye tambi\u00e9n \u00abtratados\u00bb exclusivos. Despu\u00e9s el tarot (cartomancia), el imperial (series altas del mismo palo), los suizos, el hombre de Auvergne, el triunfo de Tolose&#8230; Los t\u00edtulos son atractivos, las descripciones con frecuencia oscuras y dispuestas a dictar reglas indiscutibles (\u00abes admitida por todos los jugadores y bien fundada para prevenir hasta los menores abusos\u00bb). A\u00f1adamos todav\u00eda avisos para los tramposos que bizquean sobre las cartas del vecino, pata los malos pagadores que se olvidan de echar su puesta en la mesa; adem\u00e1s de algunas consideraciones, ac\u00e1 y all\u00e1, sobre las variantes regionales del piquet o del lansquenet. Es todo el contenido de estos libros.<\/p>\n<p>Es decir que no nos informan de nada sobre muchas otras diversiones que habr\u00edan podido servir de tema de parecidas publicaciones, que sean populares como la danza, la soule, la pelota -o m\u00e1s \u00abdistinguidos\u00bb como el billar y el ajedrez. No evocan ya el atractivo -bien conocido por dem\u00e1s- de estos juegos de azar en todos los medios: pero es la \u00aburbanidad pueril\u00bb la que nos ense\u00f1a con qu\u00e9 frecuencia tienen lugar los juramentos, la pasi\u00f3n, los jaleos por todas partes donde el \u00abplacer del juego\u00bb arrastra a los habituales m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de la convivencia. Con mayor raz\u00f3n, estos breves \u00abc\u00f3digos\u00bb de los juegos de cartas no permiten concluir con claridad sobre la frecuencia de su pr\u00e1ctica en los medios populares: como la danza o la soule, las cartas pod\u00edan transmitirse en todas direcciones sin ninguna intervenci\u00f3n de librito de circulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Otros libros son los que nos cuentan, de aqu\u00ed y de all\u00e1, qu\u00e9 diversiones son las preferidas de unos y de otros; ya las canciones para beber las hemos visto&#8230; Pero tambi\u00e9n los remendones que proclaman virtuosamente: nosotros no somos como un mont\u00f3n de canallas y gente de la hez del pueblo, que emplean los domingos y fiestas en irse de paseo y divertirse en las reuniones y a las ferias, en las tabernas y aldeas del campo; en cuanto a nosotros, nosotros estamos ocupados santamente&#8230; todo el d\u00eda sirviendo en las iglesias en calidad de campaneros, de repartidores de pan bendito, de alquiler de sillas&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>3. <i>La educaci\u00f3n. <\/i>Unos veinte t\u00edtulos tratan de la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os, y de los adultos: unos son verdaderos manuales -en el sentido escolar del t\u00e9rmino- con la misma pobreza de presentaci\u00f3n que los libritos del fondo; los otros son de urbanidad y secretarios con modelos de cartas o reglas de bien vivir.<\/p>\n<p>A la primera definici\u00f3n pertenecen los catecismos-abecedarios y algunos tratados de ortograf\u00eda y de aritm\u00e9tica. \u00abEl alfabeto e instrucci\u00f3n cristiana para ls peque\u00f1os\u00bb presenta algunas p\u00e1ginas de caracteres y y de s\u00edlabas , luego una larga enumeraci\u00f3n de oraciones en lat\u00edn: <i>Pater, Ave, Credo, Benedicite&#8212;<\/i> ( sobre las que los ni\u00f1os deb\u00edan aprender sin duda s\u00edlabas y lectura seg\u00fan el antiguo m\u00e9todo), una instrucci\u00f3n para ayudar a misa, y por fin algunos consejos de moral (en franc\u00e9s) para \u00abllegar al cielo\u00bb, del estilo de: justo castigo de Dios para los ni\u00f1os desobedientes, la simplicidad de estos libritos nos la encontramos tambi\u00e9n en los peque\u00f1os tratados \u00abpara ense\u00f1ar a toda persona a escribir y contar correctamente\u00bb: tablas llamadas \u00abpitag\u00f3ricas\u00bb de las cuatro operaciones, consejos sobre la acentuaci\u00f3n, la puntuaci\u00f3n, las abreviaturas, y eso es todo. Es la ense\u00f1anza primaria en sus primeras definiciones.<\/p>\n<p>M\u00e1s numerosos y m\u00e1s complejos son los secretarios, o m\u00e9todos f\u00e1ciles para escribir seg\u00fan los tiempos y circunstancias diversas cartas de cumplidos, amorosas o morales; la declaraci\u00f3n en t\u00e9rminos galantes forma parte de todos los repertorios, y adopta con preferencia el estilo noble: \u00abMe siento inspirado, Se\u00f1orita, por la m\u00e1s hermosa y m\u00e1s justa pasi\u00f3n del mundo. Es tan imperiosa que no me permite seguir todas las justas precauciones que privan de la libertad de hablar abiertamente; y para darme m\u00e1s atrevimiento me persuade que una libre declaraci\u00f3n de Amor no es contraria al respeto que se debe a una persona a quien se honra&#8230;\u00bb Estos secretarios est\u00e1n a veces doblados de gabinetes de elocuencia con modelos de conversaciones para \u00abtoda clase de compa\u00f1\u00edas y encuentros\u00bb, en que las preguntas y respuestas figuran otros tantos discursos honrados. Estos perfectos secretarios ofrecen pues a sus lectores los medios, escritos u orales, para enfrentarse a variadas circunstancias dif\u00edciles de la vida en sociedad: cumplimientos por un nacimiento, un suceso mundano, condolencias, protestas de amistad, declaraciones de amor, rupturas y abandonos; algunos acompa\u00f1an tambi\u00e9n ciertos tipos de cartas comerciales; cartas de cambio, reconocimientos de deudas, cancelaciones u ofertas de servicio. La utilidad de tales colecciones no reclama comentarios, ni en el caso que sea dif\u00edcil imaginarse al lector aprendi\u00e9ndose de memoria el di\u00e1logo tipo de la declaraci\u00f3n de amor, con preguntas y respuestas.<\/p>\n<p>Pero la obra m\u00e1s difundida de este sector es la <i>Urbanidad pueril y honrada, <\/i>que ense\u00f1a a los adultos a portarse debidamente en el mundo. A todas las circunstancias de la vida en sociedad se les pasa revista, desde las comidas y los encuentros en la calle hasta a las visitas a los grandes. Son las buenas reglas de la convivencia y de la higiene social, tales como la baronesa de Staff las ense\u00f1a todav\u00eda a mediados del siglo XIX. El estilo es directo, y la justificaci\u00f3n r\u00e1pida, cualquiera que sea el dominio evocado: en la mesa, el ni\u00f1o \u00abno hablar\u00e1 m\u00e1s que cuando la necesidad le obligue a ello o cuando sea preguntado; ya que si el silencio hace honor a las mujeres, cu\u00e1nto m\u00e1s a los ni\u00f1os&#8230;\u00bb; en cuanto al vestido, es una alubi\u00f3n de preceptos: \u00abEl ni\u00f1o debe atarse sus calzas al pantal\u00f3n y no dejarlas arrastrar como los pastores, pues ello es desaseado y r\u00fastico. No debe calarse el sombrero hasta los ojos, ni ech\u00e1rselo demasiado atr\u00e1s, pues la primera de estas maneras denota a un traistre o ladr\u00f3n, que no quiere ser reconocido, y la segunda a un descarado\u00bb; en la iglesia, igualmente: \u00abCuando se dice el Evangelio, p\u00f3ngase de pie y si puede esc\u00fachelo devotamente. Cuando se canta el s\u00edmbolo, es decir el <i>Credo, <\/i>se debe arrodillar a estas palabras (<i>et Homo factus<\/i> <i>est<\/i>) que quieren decir: \u2018y se hizo hombre\u2019, para agradecer a Dios la gracia que nos hizo de bajar del Cielo a la tierra, para nuestra salvaci\u00f3n. Cuando se eleva la hostia, deb\u00e9is humillaros devotamente, creyendo que J.-C.N.S. y redentor est\u00e1 all\u00e1 presente con un mill\u00f3n de \u00e1ngeles\u00bb. As\u00ed en fila, y sin otra explicaci\u00f3n que el enunciado de la regla, la <i>Urbanidad pueril y honrada <\/i>se alinean en unas sesenta p\u00e1ginas decenas de preceptos que sirven de moral, tanto m\u00e1s po ir coronados a menudo como ap\u00e9ndice por algunos estribillos de Pibrac. Por fin algunas obras son verdaderos ap\u00f3logos, del estilo de la \u00abEscuela de los Padres\u00bb, en los que una intriga cosida con hilv\u00e1n hace resaltar las fechor\u00edas de una mala educaci\u00f3n y los \u00e9xitos de la buena: \u00abGracias a los cuidados de su se\u00f1ora madre, este feliz natural se ech\u00f3 pronto a perder y el m\u00e1s hermosa ni\u00f1o del mundo de seis a\u00f1os se volvi\u00f3 un peque\u00f1o fatuo a los quince\u00bb.<\/p>\n<p>En resumen, estos libritos \u00abeducativos\u00bb trazan bastante bien un retrato del hombre bien educado, un modelo social al que dibujan muchas veces las expresiones de hombre honrado o de hombre de condici\u00f3n. Sus virtudes se definen con toda sencillez y pueden reducirse a dos f\u00f3rmulas: la piedad -filial, familiar y religiosa; y el afecto -fiel y honrado en el matrimonio o la amistad; a lo cual a\u00f1\u00e1dase evidentemente la codificaci\u00f3n estricta de usos y costumbres que regulan las relaciones sociales, particularmente entre superiores -padres, maestros, grandes- e inferiores -ni\u00f1os criados, gente ordinaria. Sin duda un examen escrupuloso pone a la vista algunas falsas notas, como en un <i>Secretario <\/i>una cara discreta \u00abpara invitar a un amigo a una org\u00eda\u00bb mensual prescrita por Hip\u00f3crates: \u00abY estar\u00e9is de acuerdo conmigo que hay que celebrar una peque\u00f1a org\u00eda a la que os invito. Dec\u00eda Hip\u00f3crates que se hab\u00eda de hacer alguna todos los meses para gozar de buena salud; pero considero en \u00e9sta el placer de veros particularmente&#8230;\u00bb Igualmente una petici\u00f3n de retrato, y de cabellos, bastante atrevida. Pero no es gran cosa comparada con el \u00abconsensus\u00bb social que implica la totalidad de los libritos y que busca mejorar \u00abel alma del pueblo y lo que se llama el aire de esas gentes\u00bb.<\/p>\n<p>Este consensus es adem\u00e1s sin equ\u00edvocos; la lecci\u00f3n viene de arriba tal y como se halla en los tratados de urbanidad cristiana, modelo J.B. de la Salle. Sin ninguna duda cantidad de f\u00f3rmulas empleadas en estos manuales pueden parecer chocantes o, como dice Genevi\u00e8ve Boll\u00e8me, \u00abofensoras\u00bb<a title=\"\" href=\"#_ftn1\">[1]<\/a>. Pero, digamos enseguida, no m\u00e1s chocantes que las amonestaciones de la predicaci\u00f3n ordinaria en este tiempo (cuyos temas se hallan aqu\u00ed presentes, cualquier <i>Disciplina eclesi\u00e1stica lo prueba). <\/i>Lo que limita las conclusiones que se han de sacar de estas ofensas aparentes.<\/p>\n<p>El marco social que evoca esta serie esta pues bastante revuelto en su conjunto: los oficios: los oficios describen las penas y tormentos de los aprendices de artesanos, y esta rudeza de gremio nos sumergen en las realidades -aumentadas quiz\u00e1 por otra parte- de la vida de trabajo; los libritos de educaci\u00f3n se dirigen por el contrario a representar en los medios populares las reglas y conductas de la buena sociedad, en la que cada uno en su sitio conoce los deberes que debe a los otros -superiores o inferiores.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es de notar que la reivindicaci\u00f3n social no tiene su lugar en estas obras -en una \u00e9poca en que las tensiones adem\u00e1s de ser vivas, a menudo llegan a ser brutales. La prudencia apaciguadora de los editores es evidente. S\u00f3lo un pu\u00f1ado de obras -tres exactamente- constituyen una discreta alusi\u00f3n, no a las revueltas populares, sino a la existencia de los pobres, a la indigencia y a los fuera de la ley: dos son, en t\u00e9rminos burlescos, \u00abbromistas\u00bb, la descripci\u00f3n de los pordioseros y vagabundos, charlatanes, bufones, encapuchados o falsos hermanos, pillos, vendedores de reliquias, &#8211;&#8230; Todo el mundillo de los vagabundos que \u00abcorren el mundo a expensas de otro\u00bb, sus malicias y sus bribonadas. El tercero es el ap\u00f3logo del t\u00edo Miseria, quien enga\u00f1o a la muerte, y se quedar\u00e1 en la tierra hasta el Juicio final. Buen viejo Miseria dio hospitalidad en su choza a dos viajeros agotados, que hab\u00edan llamado en vano a todas las puertas del pueblo. En recompensa, recibe el \u00abdon\u00bb de retener en el \u00fanico peral de su huerto, mediante una palabra m\u00e1gica, a quien fuera sorprendido rob\u00e1ndole peras. Por eso, cuando viene a buscarle la Muerte, puede pedirle como un servicio que le recoja una \u00faltima pera&#8230; \u00abT\u00fa puedes gloriarte de ser el primero que haya vencido a la Muerte\u00bb, y ella promete no venir a buscarlo hasta el d\u00eda del Juicio final. Pues la miseria va unida al mundo, dice la frase \u00faltima, y durar\u00e1 tanto tiempo como \u00e9l.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>6. Las representaciones de la sociedad La literatura de circulaci\u00f3n no es \u00abcomprometida\u00bb en el sentido que damos a esta palabra en la segunda mitad del siglo XX. 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