{"id":126016,"date":"2013-12-12T08:25:07","date_gmt":"2013-12-12T07:25:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=126016"},"modified":"2016-07-26T16:58:26","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:26","slug":"cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-10","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-10\/","title":{"rendered":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (10)"},"content":{"rendered":"<h3><b>D. El teatro<\/b><\/h3>\n<p><b><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/2013\/12\/03\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-i\/mendigos\/\" rel=\"attachment wp-att-125994\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-125994 alignright\" alt=\"mendigos\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/12\/mendigos.jpg?resize=239%2C193\" width=\"239\" height=\"193\" \/><\/a><\/b> Otro dominio que no deja de plantear problemas delicados. Bajo este t\u00edtulo conviene en efecto reagrupar piezas o sainetes de algunas p\u00e1ginas lo m\u00e1s frecuente: son de estilo y de tono muy diferentes.<\/p>\n<p>Son en primer lugar -y lo m\u00e1s com\u00fan- peque\u00f1as farsas, comedia o tragicomedias en veinte o cincuenta p\u00e1ginas, que recuerdan por sus asuntos y su tono lo burlesco de arrabal: \u00abLa intriga de los timadores\u00bb, \u00abLos dos bizcochos\u00bb, \u00abLa muerte de Buc\u00e9falo\u00bb son chocarrer\u00edas dialogadas, que buscan la risa gorda. Y asimismo los inimitables amores del Se\u00f1or Alexandre y de Annette\u00bb, cuyo tema comienza as\u00ed: \u00abAlexandre, gentilhombre lleno de perfecci\u00f3n y bondad, insinuado a las buenas gracias de se\u00f1orita Annette, encuentra medios de cosechar el tesoro que ella ten\u00eda m\u00e1s querido, pero, como no se pueden recoger las rosas sin pincharse, as\u00ed sucedi\u00f3 que en medio de sus retozos el padre de Annette se present\u00f3&#8230; \u00bb<\/p>\n<p>De vena diferente, m\u00e1s bien pastoral preciosa, son (en el siglo XVIII) las colecciones de \u00f3peras-c\u00f3micas, que, sin dar la m\u00fasica tampoco, refieren en verso cantado los amores atravesados de peque\u00f1as desdichas de varias pastoras, como \u00abJer\u00f4me et Fanchonnette\u00bb, \u00abEl impromptu del coraz\u00f3n\u00bb, \u00abLos buscones\u00bb.<\/p>\n<p>Tercer g\u00e9nero, bastante rico, el teatro religioso: algunas vidas de santos (Alejo, Catalina, Reina d&#8217;Alise), tragedias puestas en di\u00e1logos que acaban en martirios y en milagros, algunas pasiones de Jes\u00fas, una tragicomedia del amor divino, ap\u00f3logo sin sabor&#8230; Estas piezas est\u00e1n en verso, adoptan el tono noble para relatar los altos hechos, se compadecen en lamentaciones del coro de los \u00e1ngeles , cuando llega el fin -y con frecuencia plagian sin rodeos los relatos hagiogr\u00e1ficos hallados con anterioridad.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo -y viene el grupo m\u00e1s imponente- las piezas \u00abcl\u00e1sicas\u00bb, es decir las obras de la literatura sabia que pasan directamente a este repertorio. Todas pertenecen a la segunda mitad del siglo XVII, comenzando por el mismo Corneille, con El Cid, Polyeucte y Cinna. Tristan l&#8217;Hermite figura con La Mariane, tragedia de las violencias de Herodes, cuyo autor declara: \u00abNo me propuse llenar esta obra de imitaciones italianas ni de alusiones rebuscadas&#8230; en un tiempo en que se hace m\u00e1s uso de las bellezas que son naturales que de las que son disfrazadas\u00bb. Scaron y su \u00abJodelet\u00bb, Cyrano y \u00abArlequin, emperador de la luna\u00bb completan este florilegio precl\u00e1sico. A lo que se a\u00f1aden adaptaciones del teatro italiano, piezas traducidas y cortadas alegremente, la \u00abSofronia\u00bb del Tasso, y las \u00abFurias de Rolland\u00bb del Ariosto. Estas prestaciones, si bien son limitadas -ya que el teatro cl\u00e1sico mismo, y no ya el teatro del siglo siguiente no encuentran lugar en \u00e9l -son tan imponentes como es el teatro el \u00fanico sector en el que han tenido lugar estos traspasos, aparte de las f\u00e1bulas de La Fontaine y de Esopo.<\/p>\n<p>As\u00ed se presenta el repertorio teatral de la Biblioteca azul. Disparatado, presentando el mismo abanico de temas, de lo religioso a lo callejero, como el resto del fondo; no tan importante en volumen, seguramente. Y que plantea un problema dif\u00edcil de eludir: estos sainetes y estas grandes m\u00e1quinas se leen, dialogan, miman, hasta se representan en forma en los medios que acogen habitualmente estos libros? Sabemos, por otra parte, el \u00e9xito de los grandes misterios de la tradici\u00f3n medieval, la popularidad de los equipos de saltimbanquis que montan sus teatrillos en las plazas de las ciudades con ocasi\u00f3n de una entrada, de una peregrinaci\u00f3n -y que las autoridades comunales deben tantas veces llamar a la decencia. Sabemos, por otra parte, y en cu\u00e1ntos casos, la importancia en la vida ciudadana moderna de las representaciones teatrales dadas por los colegios jesuitas, donde se juntaba todo la buena sociedad. Todo lo cual significa un gusto difundido en todos los medios para el teatro -pero no autoriza a inducir que este repertorio haya podido se ejecutado deliberadamente por los habituales clientes de los vendedores. Lo que verdaderamente se segura es que esta veintena de t\u00edtulos les daba la posibilidad de hacerlo.<\/p>\n<p>Estas obras, que proceden de las preocupaciones casi exclusivamente art\u00edsticas, representan tradiciones populares aut\u00f3nomas: de la canci\u00f3n, del relato, y del di\u00e1logo burlesco; y al mismo tiempo reflejan, en parte, tendencias de la cultura sabia: la misma evoluci\u00f3n de la novela, y sobre todo pr\u00e9stamo (selectivo, por supuesto) de su repertorio teatral. Un mundo aparte, pero no libre de todo contacto. La literatura ambulante en sector limitado puede entonces ayudar a situar y a delimitar algunos de los juegos de rechazo y de pr\u00e9stamos que han constituido el di\u00e1logo, todav\u00eda mal conocido, que se ha instituido en los siglos cl\u00e1sicos entre estas dos culturas profundamente diferentes. Pero este dominio propiamente art\u00edstico no agota el aporte de la Biblioteca azul a nuestro estudio de la sensibilidad popular.<\/p>\n<h3><b>E. El crimen, el amor, la muerte<\/b><\/h3>\n<p>Estos tres temas \u00bfhan dominado la sensibilidad de los medios populares en esta \u00e9poca? No es precisamente este expediente el que permita responder con nitidez a tal pregunta. Es preciso m\u00e1s exactamente decir que las \u00fanica pasiones colectivas representadas de forma exclusiva -bajo la forma de obras consagradas del todo a tales temas- son \u00e9stas: ni la amistad, ni el odio, ni el sentido de la vida, ni las buenas acciones han inspirado a los redactores, no han suscitado entonces la curiosidad de este p\u00fablico popular. El amor, el crimen y la muerte son los \u00fanicos que se benefician de una presencia en el cat\u00e1logo de Troyes (independientemente, claro est\u00e1, de los encuentros que se puedan dar en obras compuestas, canciones, novelas de amor, calendarios, etc.). de la ausencia de las otras pasiones, como temas \u00fanicos de una obra, se puede pues deducir la particular importancia de estos tres \u00abtemas\u00bb; aun en el caso de que estos libritos den de estas pasiones una representaci\u00f3n, que el resto del repertorio puede pasablemente debilitar1.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la r\u00fabrica no es de las m\u00e1s importantes: unos treinta t\u00edtulos en total (o sea la d\u00e9cimo-quinta parte del total), y el amor que agrupa solo bien la mitad del efectivo. Pero en este dominio en particular, la resonancia del tema tratado no se mide de forma directamente proporcional al n\u00famero de t\u00edtulos.<\/p>\n<p>1, <i>El crimen<\/i>. Historias de bandidos, los relatos criminales cuentan sin grandes detalles las haza\u00f1as, es decir los robos m\u00e1s que las muertes, de algunos famosos salteadores de caminos, cuya celebridad se ha perpetuado hasta nuestros d\u00edas por medio de la canci\u00f3n; cuatro vedetes han sido objeto de la solicitud de esta literatura, en el orden cronol\u00f3gico de comparecencia ante la justicia real. Compadre Guilleri a<\/p>\n<p>principios del siglo XVII (y reeditado en el XVIII con el t\u00edtulo muy expl\u00edcito: \u00abHistoria de la vida, grandes robos y sutilezas de Guilleri y de sus compa\u00f1eros y de su fin lamentable y desdichado\u00bb). Luego vienen los dos \u00abgrandes\u00bb del siglo XVIII, Cartouche y Mandrin en Bresse, Beaujolais y Saboya. Son los m\u00e1s c\u00e9lebres criminales con toda seguridad y, desde el d\u00eda siguiente a la muerte de Mandrin en 1755, circulan hasta di\u00e1logos de Cartouche y Mandrin. Por \u00faltimo, menos conocida, pero tan horrorosa, la historia de los criminales amores de la dama Lescombat y del se\u00f1or Mongeot, que se acaba como las otras en la horca.<\/p>\n<p>Estos relatos van evidentemente ligados de forma muy estrecha a una tradici\u00f3n oral anterior -por no decir a una mitolog\u00eda. Establecen de estos bandidos, soldados desertores, con frecuencia fabricantes de falsa moneda, que viven en el fondo de los bosques, una imagen que no excluye rasgos de simpat\u00eda: son justicieros, por una parte enderezadores de entuertos, que, atacando a los ricos, aseguran, m\u00e1s o menos, la revancha de los pobres. Los redactores no dejan, de paso, de reconocer a sus h\u00e9roes, en unas l\u00edneas, dones no despreciables: El \u00abc\u00e9lebre Cartouche mismo&#8230; hab\u00eda tenido cualidades que pod\u00edan hacer de \u00e9l un hombre admirable, mucho esp\u00edritu, vivacidad y memoria. Una gran presencia de \u00e1nimo y de juicio, e intrepidez. Pero falsas ideas sobre el honor, un amor excesivo del fasto y una rid\u00edcula ambici\u00f3n lo perdieron\u00bb.<\/p>\n<p>Tras semejantes f\u00f3rmulas se dibuja la idea de que el crimen es pasi\u00f3n: esas acumulaciones de robos, si no de muertes, son los hechos de hombres capaces de grandes cosas, pero dominados por una violencia instintiva, que no pueden dominar. Verdad que resultan vencidos y exp\u00edan con su vida los cr\u00edmenes que llevan sobre la conciencia: justicia \u00abnormal\u00bb, podr\u00eda decirse, el crimen no paga. Pero el bandido no es condenado por eso sin matices: la pasi\u00f3n y su vocaci\u00f3n justiciera le valen excusas, si no absoluci\u00f3n. No existe evidentemente relaci\u00f3n entre los pocas casos exaltados en los libritos y la criminalidad de la \u00e9poca, tal y como el inventario 450 de los Archivos nacionales permite evocarlo: de la parte de estas grandes aventuras, el robo de lencer\u00eda, los carteristas, hasta el robo de animales han ocupado mucho lugar en el siglo XVIII. Los lectores de la Biblioteca azul no reciben ecos directos y no llegan a conocer m\u00e1s que a los grandes bandidos de honor. En la \u00e9poca misma en que seg\u00fan se cuenta las hojas volanderas se ponen a publicar quejas (de Cartouche y de Mandrin sobre todo), relatos de golpes de mano, extractos de juicios a prop\u00f3sito de los grandes procesos criminales (conservados en los Archivos nacionales en el fondo Rondonneau) se dibujan pues las l\u00edneas de fuerza de un g\u00e9nero al que la prensa cotidiana ha sabido asegurar, m\u00e1s tarde, una popularidad sin igual.<\/p>\n<p>2. <i>El amor. <\/i>Secretarios de los amores, instrucciones para uso de las j\u00f3venes, jardines de amor, este segundo grupo est\u00e1 dedicado esencialmente al amor-conquista. Testigo este t\u00edtulo tan expl\u00edcito de una de los relatos m\u00e1s extensos (216 p\u00e1ginas) de la colecci\u00f3n: \u00abEl Secretario, gu\u00eda y consejero de los amantes, que ense\u00f1a a los dos sexos los verdaderos medios para salir con bien en los asuntos del coraz\u00f3n. Declaraci\u00f3n de amor del galante con o sin la oferta de su mano. Respuestas de la persona cortejada, joven mujer o viuda, apropiadas a todos los casos, a todas las posiciones. Modelos de cartas para todas las circunstancias, enfados, arreglos, abandonos, rupturas definitivas&#8230;\u00bb Sin embargo la lectura asidua de estos consejos ilustrados revela una grande ambig\u00fcedad; a trav\u00e9s de las lamentaciones sobre la malicia de las mujeres o la imperfecci\u00f3n de los maridos, se desprenden dos conceptos del amor y de la mujer.<\/p>\n<p>Es por un lado, el amor honrado que asegura una mujer honrada: <i>Rara avis, <\/i>pero no tan rara como se quiere decir de ordinario. Un panfleto de 1759 proclama sin ambages \u00abla malicia de los hombres descubierta en la justificaci\u00f3n de las mujeres\u00bby demuestra no s\u00f3lo que ellas no son ni furias ni monstruos, sino que \u00abhay mujeres virtuosas\u00bb, que deber\u00edan mandar a los hombres. Queda por decir que la mujer honrada es algo precioso. Tambi\u00e9n \u00abel Jard\u00edn del amor honrado\u00bb, \u00abla Instrucci\u00f3n para uso de las j\u00f3venes mayores para casarse\u00bb son colecciones de consejos prudentes destinados a ayudar para una elecci\u00f3n acertada, para hacer los buenos matrimonios: c\u00f3mo debe hablar el joven al padre de la joven que le pide, c\u00f3mo no debe disgustarse por sus imperfecciones, ni gloriarse de su hermosura; c\u00f3mo, evidentemente, armonizar las condiciones: \u00abDeb\u00e9is vos pues, ante todo, sopesar bien y saber el estado de la familia y de su bien; si sois vos tan rico como ella y capaz de tenerla; ya que cuando los caballos tiran por igual, la carroza marcha mucho mejor. Pero sucede, y se ve con frecuencia, que ha puesto su amor en una joven m\u00e1s rica, y de nacimiento m\u00e1s alto que vos. Debe tanto m\u00e1s tener cuidado de adornarse con hermosos y prudentes discursos que son tesoros que sobrepasan todos los bienes del mundo, a fin de que cuando se encuentren juntos, ella no tenga motivos de reprocharos vuestra pobreza, y pavonearse de su riqueza, y que no se\u00e1is criado en vez de amo\u00bb; como las j\u00f3venes deben hacer ostensiblemente las labores, la cocina y la vajilla ante el pretendiente, no aceptar el paseo por la tarde en compa\u00f1\u00eda de otros j\u00f3venes, no lanzar risotadas en p\u00fablico&#8230; Buen humor, modestia, limpieza, estas enumeraciones de las virtudes conyugales se resumen en esta palabra clave: la honradez.<\/p>\n<p>Pero la f\u00f3rmula vuelve una y otra vez, \u00abel matrimonio es casi siempre la sepultura de las grandes pasiones\u00bb. Adem\u00e1s la maldad de las mujeres es tambi\u00e9n notoria; su malicia est\u00e1 descrita a lo largo de La Imperfecci\u00f3n de las mujeres, sacada de la Sagrada Escritura y de varios autores, publicada en Matrimonio, en Juan, casado demasiado pronto&#8230;\u00bb, por donde desfilan las imprecaciones m\u00e1s rastreras contra la mujer \u00abprincipio del pecado\u00bb: escoria de la naturaleza, fuente de disputas, tiz\u00f3n de infierno, llama del vicio, anzuelo del Diablo, enemiga del descanso, son las f\u00f3rmulas m\u00e1s anodinas. Sin llegar a estas imprecaciones, los libritos de esta tinta denuncian sin m\u00e1s la inconstancia femenina; en \u00abEl ama fiel\u00bb, el autor constata: Se considera hoy como un prodigio una mujer que se sujeta a un solo amante, y que le ame durante varios meses: es el t\u00e9rmino m\u00e1s largo del Amor&#8230;\u00bb Pues, frente a este retrato de la mujer pecadora, corresponde una descripci\u00f3n del Amor en los l\u00edmites del libertinaje; simples enga\u00f1os de j\u00f3venes coquetas: \u00abEllas se levantan tarde, y aunque les manden a llamar sus madres, est\u00e1n dormidas, les duele la cabeza, y levant\u00e1ndose a las nueve para no acompa\u00f1ar a su madre a la misa, gastando la ma\u00f1ana en peinarse, cubrirse, rizarse y pelarse el bigotillo\u00bb; item m\u00e1s, so pretexto de describir las astucia demon\u00edacas empleadas por las malas j\u00f3venes, \u00abquienes s\u00f3lo buscan las ocasiones de la demasiado grande libertad, los malos conversaciones lascivas, las bravuconadas, el descaro\u00bb; para atraer a los amantes, para exaltar a j\u00f3venes imaginaciones, algunos libritos recurren a los \u00abconsejos de libertinaje\u00bb: \u00abSi es una jovencita que sale del internado, habr\u00e1 que exaltar su joven imaginaci\u00f3n, desarrollar su inclinaci\u00f3n sentimental, seg\u00fan se deje llevar por su cabeza o por su coraz\u00f3n. Algunas novelas de amor, deslizadas sin saberlo los padres, y cuyo an\u00e1lisis se har\u00e1 al compadecer la suerte de dos mamantes a quienes la fortuna se complace en atormentar, ser\u00e1n una regla tanto m\u00e1s segura cuanto desgraciados son los h\u00e9roes de novelas. Habr\u00e1 que actuar con franqueza y atolondramiento con ella como si fuera un verdadero escolar, pero se convendr\u00e1 en llamarse hermano y hermana; estas dos palabras son m\u00e1gicas, y forman la transici\u00f3n obligada de un sentimiento todav\u00eda poco sensible, pero capaz de elevarse a la exaltaci\u00f3n m\u00e1s desenfrenada\u00bb; el virtuoso Nisard, en 1854, no agota los adjetivos descalificativos para estigmatizar a este repertorio de \u00abaudaz y sucio\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed los libritos manifiestan una doble orientaci\u00f3n: por un lado, el matrimonio cristiano; por otro, una corriente libertina. Entre los dos, el balance no es igual, pues incluso en el amor honrado, diversas precauciones y f\u00f3rmulas traicionan el predominio pasional: las coqueter\u00edas, el matrimonio que mata al amor, .la vanidad del amor eterno. Una sabidur\u00eda de los pueblos bastante \u00abrealista\u00bb parece nutrir la opini\u00f3n pesimista de los redactores mejor intencionados. Y si es cierto que los libritos no agotan el registro amor de la Biblioteca azul, esta ambig\u00fcedad es con todo de fuerte significaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. <i>La muerte. <\/i>Algunos t\u00edtulos tan s\u00f3lo ilustran este asunto. Pero una de ellos, <i>La Danza macabra, <\/i>incide en una tradici\u00f3n escrita y pl\u00e1stica prestigiosa de la Edad Media en sus \u00faltimos a\u00f1os, relevando a Fran\u00e7ois Villon y a los famosos frescos que expresaron este momento de la sensibilidad medieval: la angustia ante la muerte.<\/p>\n<p>Al lado de \u00abla gran Danza macabra de los hombres y de las mujeres\u00bb, los dem\u00e1s t\u00edtulos cuentan muy poco. Son sermones de un estilo bien referido por dem\u00e1s al siglo XVII, \u00abPreparaci\u00f3n a la muerte\u00bb, \u00abEl Hay que morir y las excusas in\u00fatiles que se aducen a esta necesidad\u00bb, disertaciones cortadas de coplas en verso que tienen un aire de c\u00e1nticos espirituales:<\/p>\n<p>\u00abS\u00f3lo pens\u00e1is en el mundo y en su gloria,<\/p>\n<p>Es una flor que debe pronto perecer\u00bb.<\/p>\n<p>A lo cual se a\u00f1ade una obra burlesca, \u00abLa oraci\u00f3n f\u00fanebre y testamento de Jean Giles Bricotteau de Soissons, por el R. P. Hesmog\u00e8ne del Carpencras, capuchino indigno, con su epitafio\u00bb. Nada de eso tiene el aliento de la Danza macabra.<\/p>\n<p>La intenci\u00f3n misma de la obra est\u00e1 indicada desde la primera p\u00e1gina:<\/p>\n<p>\u00abOh criatura razonable<br \/>\nQue dese\u00e1is el firmamento,<br \/>\nEste es tu retrato verdadero.<br \/>\nA fin de morir santamente<br \/>\nEs la Danza de los Macabeos<br \/>\nDonde todos aprenden a bailar,<br \/>\nPorque la barca obstinada ella<br \/>\nNo perdona ni a peque\u00f1o ni a grande\u00bb.<\/p>\n<p>Luego viene, ilustrada por unas sesenta planchas, una larga serie de di\u00e1logos entre la Muerte y sus v\u00edctimas, 40 hombres, 36 mujeres. Bajo la imagen de las dos compa\u00f1eras, dos parejas dan la severa amonestaci\u00f3n de la muerte y la penosa r\u00e9plica del moribundo. Pero el libro lleva consigo adem\u00e1s una serie de edificantes discursos en verso, el dicho de los tres muertos y de los tres vivos, el debate del cuerpo y del alma, la queja del alma condenada, la exhortaci\u00f3n a bien vivir y a bien morir.<\/p>\n<p>La imagen de la muerte, que presenta este relato, es deliberadamente terror\u00edfica: el destino de los hombres -sean quienes sean- es de ser un d\u00eda, cuerpo horroroso, cad\u00e1veres insensibles \u00abcomidos de los gusanos\u00bb. \u00bfQu\u00e9 importan pues las vanidades del mundo, los combates y las acciones inmortales, los rangos de alta nobleza, todo se ha de abandonar sin titubear, el d\u00eda se\u00f1alado. S\u00f3lo cuenta este momento decisivo en que se va a abrir la puerta del m\u00e1s all\u00e1: morir santamente, en el desprecio del mundo y de las riquezas, debe ser por lo tanto la regla de cada uno. Moral simple que resume en dos versos un c\u00e1ntico sobre a muerte:<\/p>\n<p>\u00abSe acab\u00f3, la muerte me har\u00e1 vivir,<br \/>\nComo buen cristiano, el resto de mis d\u00edas\u00bb.<\/p>\n<p>Pero esta muerte sin compasi\u00f3n llama al desfile a todo mortal: esta invitaci\u00f3n a la muerte presenta al hilo de las p\u00e1ginas todos los \u00abestados\u00bb de la sociedad de la \u00e9poca, en un orden jer\u00e1rquico debidamente respetado, del papa y del emperador hasta el alabardero, de la reina y de la duquesa hasta la santurrona y la tonta. Cada uno est\u00e1 invitado a dejar lo antes posible lo que le es m\u00e1s caro, , y cada uno se lamenta, gime y llora: la burguesa siente sus cuellos de l\u00e9tisse\u00bb, la vendedora \u00absu balance y su caja\u00bb. Hasta el labrador, quien sin embargo \u00abha deseado la muerte a menudo\u00bb, se siente triste de dejarlo todo tan pronto. Sola \u00abla mujer de pueblo\u00bb, pobretona que no tiene otra cosa que su tarro de leche, encuentra la palabra de total resignaci\u00f3n: \u00abYo tomo la muerte mal que bien de grado y con paciencia\u00bb. Los m\u00e1s maltratados, por el contrario, est\u00e1n sin ninguna duda entre los grandes de esta tierra, los miembros del clero: presentes en cada p\u00e1gina (o casi), con el papa, el cardenal, el legado, el patriarca, el arzobispo, el obispo, el cura, el can\u00f3nigo, el cartujo, el monje, el franciscano, el ermita\u00f1o, el cl\u00e9rigo (para no citar m\u00e1s que a los hombres); todos son amonestados \u00e1speramente, se ven reprochar sus riquezas, sus infracciones a la disciplina, su gusto por las cosas de este bajo mundo:<\/p>\n<p>\u00abQuiera o no, tengo que entregarme&#8230;<br \/>\nAnte el juez tengo que ir&#8230;<br \/>\nAy ay ay qu\u00e9 miedo si falla&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Reconozcamos ah\u00ed de paso los resabios de un anticlericalismo medieval con frecuencia descrito en otras partes.<\/p>\n<p>As\u00ed la gran Danza macabra da vida en los medios populares a esta angustia frente a la muerte que la cultura sabia ha relegado a segundo plano de sus preocupaciones desde principios del siglo XVI, y cuyos resurgimientos en tiempos de las guerras de religi\u00f3n y en los decenios siguientes siguen siendo espor\u00e1dicos. La literatura de circulaci\u00f3n acoge la danza desde 1640 y, hasta la mitad del siglo siguiente, asegura varias reediciones: nueva se\u00f1al de un descenso evidente entre dos culturas.<\/p>\n<p>De este grupo heter\u00f3clito en el que las indecencias atrevidas se codean con la predicaci\u00f3n f\u00fanebre, se destacan visiblemente estas m\u00faltiples ediciones de la Danza. M\u00e1s que los escasos relatos de los cr\u00edmenes sin castigo, m\u00e1s incluso que los consejos a los j\u00f3venes enamorados, el cuadro de la Muerte cuenta, a la vez por su lecci\u00f3n moral y por su evocaci\u00f3n de los tipos sociales de la \u00e9poca: es entretanto el \u00fanico \u00abcuadro\u00bb general (si se puede decir) de la sociedad que nos ofrezca la literatura de circulaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>D. El teatro Otro dominio que no deja de plantear problemas delicados. 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