{"id":126009,"date":"2013-12-09T08:17:07","date_gmt":"2013-12-09T07:17:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=126009"},"modified":"2016-07-26T16:58:26","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:26","slug":"cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-07","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-07\/","title":{"rendered":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (07)"},"content":{"rendered":"<h2>4. Fe y Piedad<\/h2>\n<p><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/2013\/12\/03\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-i\/mendigos\/\" rel=\"attachment wp-att-125994\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-125994 alignright\" alt=\"mendigos\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/12\/mendigos.jpg?resize=227%2C183\" width=\"227\" height=\"183\" \/><\/a>Colecciones de c\u00e1nticos, vidas de santos, devociones e indulgencias, catecismos y art\u00edculos de fe, las obras de piedad ocupan el primero lugar, cuantitativamente, en el fondo de venta. M\u00e1s de una cuarta parte del total; y las reediciones, en algunos casos, suman la decena. En este punto de nuestro an\u00e1lisis, no existe duda: es el encuentro de la llamada de una clientela \u00e1vida de leer y escuchar estos relatos tradicionales y familiares, y de la voluntad de edificaci\u00f3n de los editores lo que explica la abundancia y la variedad del repertorio religioso.<\/p>\n<p>No obstante la variedad no es m\u00e1s que relativa: sin duda los catecismos que presentan en algunas verdades sencillas un tratado doctrinal m\u00e1s menos s\u00f3lidamente construido se parecen bastante poco a los entusiastas relatos hagiogr\u00e1ficos de las vidas de santos, y a los laboriosos c\u00e1nticos que exaltan el nacimiento del ni\u00f1o Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Pero casi todas estas obras \u2013devociones aparte- son relatos y narran una historia santa: su inspiraci\u00f3n com\u00fan es el Nuevo Testamento; la narraci\u00f3n del nacimiento y de la pasi\u00f3n de Cristo, su tema predilecto.<\/p>\n<p>A nivel del libro de edificaci\u00f3n, del cual se excluye toda ex\u00e9gesis de te\u00f3logo, es el recurso fundamental; explica algunas repeticiones en el an\u00e1lisis de los diferentes g\u00e9neros que nosotros distinguimos ahora, no sin artificio.<\/p>\n<h3><b> A. Los c\u00e1nticos espirituales<\/b><\/h3>\n<p>Grupo imponente de peque\u00f1os relatos de una veintena de cantos dispares de inspiraci\u00f3n a menudo, mientras que sus t\u00edtulos son con mucha frecuencia casi id\u00e9nticos: Gran Biblia renovada con Navidades nuevas, Gran Biblia de las Navidades nuevas y antiguas, etc. El nacimiento de Jes\u00fas es el tema mayor de casi todos; algunos est\u00e1n dedicados a vidas de santos, son las \u00abhistorias en c\u00e1nticos espirituales sobre la vida de varios santos\u00bb; y, m\u00e1s escasos todav\u00eda, los que optan por la vida de los campos, como el C\u00e1ntico espiritual sobre la Vendimia, quincena de coplas que celebran las cosechas del \u00abVi\u00f1ador del Universo\u00bb.<\/p>\n<p>Todos van presentados de la misma forma: la m\u00fasica no se advierte, pero se hace referencia en el t\u00edtulo a un aire, supuestamente conocido (todo como lo practicaba Gri\u00f1\u00f3n de Montfort para sus c\u00e1nticos). La f\u00f3rmula aparece por lo dem\u00e1s incluso en el t\u00edtulo del librito: as\u00ed el \u00abNuevo relato de los m\u00e1s hermosos c\u00e1nticos espirituales sobre los m\u00e1s bellos aires de la \u00f3pera\u00bb, en el que el c\u00e1ntico de Judith debe cantarse con el aire de los \u00abMolestos\u00bb, el de la vida de Susana, con el aire de \u00abBella Iris\u00bb, y el di\u00e1logo del \u00e1ngel y la Magdalena, con el aire de la \u00abBelleza m\u00e1s severa\u00bb. Sin hablar de muchos otros t\u00edtulos que no parecen evocar una canci\u00f3n de piedad (\u00abMi botella me despierta\u00bb, \u00abNo te repongas, viejecita\u00bb), incluso si el aire va con el c\u00e1ntico. La gran variedad de las referencias ofrecidas en este conjunto incita a creer que un buen n\u00famero de estos \u00abaires\u00bb no eran conocidos por toda Francia y prestaban escaso servicio a los cantores, obligados a salmodiar a su modo sobre las letras propuestas (volveremos a ver este problema a prop\u00f3sito de la canci\u00f3n profana, en el cap\u00edtulo siguiente). Por ahora, el conocimiento preciso del aire importa sin dudas menos en la circunstancia que la letra misma&#8230;<\/p>\n<p><i>Las Navidades.<\/i> \u00abNavidades tanto nuevas como antiguas\u00bb, \u00abtanto viejas como nuevas\u00bb, aumentadas o no con las \u00abm\u00e1s alegres canciones de este tiempo\u00bb, estos t\u00edtulos acompa\u00f1an siempre al comentario versificado y magnificado con \u00e9nfasis del nacimiento de Cristo, y de los primeros momentos de su vida, hasta la huida a Egipto. No se trata de la Pasi\u00f3n \u2013y tampoco de la Resurrecci\u00f3n- las que inspiran a los versificadores, sino tan s\u00f3lo del nacimiento del Salvador: s\u00f3lo \u00e9l da su nombre a este conjunto de c\u00e1nticos. Examinados de cerca, estos cantos de Navidad muestran una insistencia particular en tres temas cuya presencia misma ilumina singularmente la sensibilidad religiosa del tiempo: el primero en particular, que sorprende pasablemente al lector del siglo XX, ya que se trata de la concepci\u00f3n de Jes\u00fas (por otra parte evocada a menudo bajo la referencia err\u00f3nea a la concepci\u00f3n de la Virgen); tratado adem\u00e1s de manera muy prosaica, el \u00abmisterio\u00bb se evoca con frecuencia, de forma alusiva a prop\u00f3sito de la actitud de san Jos\u00e9 antes y despu\u00e9s del nacimiento. Y lo que hoy parecer\u00eda una desverg\u00fcenza anticlerical de las postrimer\u00edas del siglo XIX, all\u00ed figura como un <i>l<\/i>eitmotiv directamente inspirado en san Mateo: \u00abel bueno de san Jos\u00e9 comenzaba a contar sus sospechas molestas\u00bb, que por suerte una aparici\u00f3n, y hasta una discusi\u00f3n con los pastores, viene a disipar al momento, antes de que haya podido pensar m\u00e1s en serio en el repudio evocado por el Evangelista.<\/p>\n<p>Segundo tema no menos inesperado, pero por supuesto menos escabroso, el de la visita de las comadres de los pastores. Antes de que entren en el establo los pastores de los alrededores, los Reyes y los burgueses de Bel\u00e9n (estos los buenos), son las mujeres quienes asisten a la Virgen, asean al reci\u00e9n nacido, ayudan a la madre a preparar la cuna en el establo \u2013y sobre todo escuchan toda la historia: la visita del arc\u00e1ngel Gabriel, el viaje y las posadas llenas de viajeros gozosos, el establo acogedor y el nacimiento mismo. Una y otra vez se repite el cuento y las pastorcillas reprenden a Jos\u00e9, \u00abindigno esposo por haberlo puesto en duda\u00bb. Acabado el trabajo de matronas<\/p>\n<p>charlatanas, llegan los pastores mismos, luego los Reyes.<\/p>\n<p>Por fin esos c\u00e1nticos de Navidad exaltan hasta la saciedad la vida sencilla y pobre de los padres de Jes\u00fas: la de los propios pastores que los rodean y los protegen; pues aqu\u00ed hallamos la dignidad eminente de los pastores del Calendario, que han sabido saludar los primeros al salvador, y honrarle mejor que ninguno; sus regalos son modestos, seg\u00fan el deseo de la Virgen: pa\u00f1ales, tarros de miel; su compa\u00f1\u00eda es la de las gentes humildes, que protegen a la Sagrada Familia mejor que los reci\u00e9n legados, Reyes y burgueses. Y, en medio de los cantos, la vida del reci\u00e9n nacido y de sus padres sigue siendo muy pobre y desprovista como la de los pastores: saliendo para Egipto, llegan a conocer la condici\u00f3n de los vagabundos reducidos a la mendicidad para asegurarse el pan.<\/p>\n<p>La posada las matronas, los pastores, la pobreza: es una representaci\u00f3n totalmente \u00abnormal\u00bb, podemos decir, de la Navidad. Puesto el acento exclusivamente en estos tres temas da sin embargo a estos cantos un giro peculiar.<\/p>\n<p>2. <i>Los c\u00e1nticos de los santos<\/i>. El repertorio aqu\u00ed es muy variado: los c\u00e1nticos refieren en algunas decenas de versos las vidas y milagros de santos muy distintos, Juli\u00e1n el Hospitalario, Alejo, Eustaquio, Genoveva de Par\u00eds, Susana, Margarita y la Magdalena; y tambi\u00e9n santos de menor renombre o de canonizaci\u00f3n dudosa como Genoveva de Brabante, v\u00edctima del desaprensivo intendente Golo (historia de las Ardenas que inspir\u00f3 tambi\u00e9n una novela hist\u00f3rica); o tambi\u00e9n aquella Fenicia, llamada aqu\u00ed \u00abla Vanan\u00e9e\u00bb, que dialoga con Jes\u00fas, a pesar de los ap\u00f3stoles importunados por sus quejas, y que acaba por convertirse. Fragmentos de Leyenda dorada, puestos en versos f\u00e1ciles, completados por conclusiones morales m\u00e1s que espirituales, estos cantos se asemejan mucho a trav\u00e9s de la variedad de las peripecias.<\/p>\n<p>El resorte dram\u00e1tico es siempre, en efecto, la conversi\u00f3n, acto misionero por excelencia. Lentos en conmoverse, en decidirse a abandonar las creencias paganas o los errores de una vida pecadora, todos estos santos giran en redondo despu\u00e9s de alguna dura prueba y alcanzan luego las cimas de la santidad en un segundo per\u00edodo de su vida: incluso la Vanan\u00e9e pasa por este trance com\u00fan; los ap\u00f3stoles esc\u00e9pticos la rechazan: \u00abDejadnos en paz, buena mujer\u00bb; y Jes\u00fas le dice por fin:<\/p>\n<p>\u00abYo te hablaba con aire severo,<br \/>\npara probarte mejor,<br \/>\npues como un padre verdadero,<br \/>\ns\u00f3lo pensaba en tu perd\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Una historia pagana \u00absantificada\u00bb como Genoveva de Brabante no se presenta de otra forma, si bien la prueba impuesta dura unos siete a\u00f1os&#8230;<\/p>\n<p>Por otro lado, todas estas moralidades son de un utilitarismo muy directo: el ni\u00f1o pr\u00f3digo que renuncia al libertinaje se vuelve a encontrar con todos los beneficios debidos a las dulzuras del amor divino. En amar a Dios con fidelidad, encuentra cada uno muchas ventajas, o m\u00e1s todav\u00eda. As\u00ed una estrofa describe sin rodeos el intercambio de buenos modos que representa una conversi\u00f3n indiscutible:<\/p>\n<p>\u00abEntregarse por siempre a Dios,<br \/>\n\u00a1Qu\u00e9 maravilla!<br \/>\nYa que as\u00ed se le obliga,<br \/>\nA que os proteja con amor\u00bb.<\/p>\n<p>Con toda seguridad que estos cantos no expresan una visi\u00f3n completa de la piedad, de la sensibilidad religiosa de los redactores y de los lectores de nuestra biblioteca: el g\u00e9nero mismo \u2013y las predilecciones manifestadas en uno y otro grupo- excluyen ciertos aspectos que catecismos y devociones van a hacer aparecer. Conviene sin embargo concederles un lugar privilegiado: repertorio de las ceremonias o cantos ensayados en la velada y en otros lugares, ocupan un gran lugar en la informaci\u00f3n de los fieles, y cuentan quiz\u00e1s m\u00e1s que los otros libritos, sin contar las vidas de santos: sin embargo \u00e9stas nos llevan a la vida de jes\u00fas, a las conversiones y a los milagros.<\/p>\n<h3><b>B. Las instrucciones cristianas<\/b><\/h3>\n<p>Este segundo grupo de obras de piedad no es el m\u00e1s importante: apenas m\u00e1s de una veintena de t\u00edtulos que ofrecen a sus lectores definiciones de fe, elementos de doctrina cristiana que vienen a sustituir y completar por decirlo as\u00ed la instrucci\u00f3n oral recibida por los fieles a lo largo de su pr\u00e1ctica dominical. En el plan de informaci\u00f3n, los libritos son importantes ya que proporcionan a los fieles una representaci\u00f3n de su creencia, independientemente del control de los cl\u00e9rigos; y ponen a su disposici\u00f3n, al margen de todo ejercicio de culto textos, sagrados o no, que contribuyen a enriquecer, sino a precisar la representaci\u00f3n que pueden hacerse de las realidades religiosas.<\/p>\n<p>Ninguna de estas obras se presenta como una canon definitivo de los art\u00edculos de la fe, tal como lo habr\u00eda podido realizar un editor audaz, con m\u00e1s o menos habilidad, insistiendo los textos Trento, contra las innovaciones de los Reformados, en los elementos esenciales de la Tradici\u00f3n. Todas tratan sin duda alguna de instrucci\u00f3n cristiana establecida a partir de las verdades evang\u00e9licas, pero de forma no sistem\u00e1tica, renov\u00e1ndose adem\u00e1s el cat\u00e1logo del siglo XVII al XVIII. Lo que merece una explicaci\u00f3n preliminar.<\/p>\n<p>1. <i>Del siglo XVII al XVIII.<\/i> En el primer libro de la Biblioteca azul, las primeras obras de este estilo son casi sabias: publicadas a menudo con dedicatorias y aprobaci\u00f3n eclesi\u00e1stica, est\u00e1n firmemente inspiradas en tratados abstrusos de teolog\u00eda; sin preparaci\u00f3n para los \u00abconsumidores\u00bb eventuales, prueba de ello es que una Instructio Christiana de 1652 llega a estar escrita enteramente en lat\u00edn. Pero los otros t\u00edtulos, como el \u00abEspejo del predicador compuesto por los RR. PP. Capuchinos, Misioneros, muy \u00fatil para toda clase de personas\u00bb, o <i>El Libro de los cuatro fines \u00faltimos del hombre<\/i>, son bastante pesados. Este \u00faltimo lleva cerca de noventa p\u00e1ginas dedicadas a la muerte y a las tentaciones diab\u00f3licas que podr\u00edan extraviar al desdichado pecador a la hora del tr\u00e1nsito: falta de fe, desesperaci\u00f3n, avaricia, impaciencia, vanagloria. Las descripciones \u00abdel desgraciado estado de un alma cuando tiene la desdicha de caer en el pecado mortal \u00ab, o, por otra parte, \u00abel estado dichoso de un alma cuando tiene la suerte de estar en gracia de Dios\u00bb, son de lengua pesada y laboriosa.<\/p>\n<p>En el siglo siguiente aparecen sin embargo peque\u00f1os manuales de catecismo \u2013para la primera comuni\u00f3n generalmente- que traen una explicaci\u00f3n m\u00e1s sencilla, m\u00e1s cercana a las verdades evang\u00e9licas: as\u00ed \u00abFiguras de la Sagrada Biblia\u00bb, o la \u00abExposici\u00f3n de los Evangelios para los cincuenta y dos domingos\u00bb. El Di\u00e1logo por preguntas y respuestas presenta la forma m\u00e1s frecuente, que ilustra el famoso Ni\u00f1o sabio a los tres a\u00f1os, ese librito en 32\u00ba en el que se ofrece al ni\u00f1o inocente con toda generosidad toda la sabidur\u00eda del mundo y que manifiesta un nuevo sentimiento de la infancia. El g\u00e9nero se renueva pues, se hace m\u00e1s accesible, entrando en el mismo fondo en el momento preciso en que algunos predicadores como el padre Huby o Gri\u00f1\u00f3n de Montfoert manifestaron la misma preocupaci\u00f3n de una predicaci\u00f3n accesible a todos.<\/p>\n<p>2. <i>M\u00e1ximas sacadas de la sagrada Escritura<\/i>. Por did\u00e1ctico que sea el estilo de estos libritos, no se encuentra en ellos nunca exposici\u00f3n en tres puntos de las verdades eternas de la religi\u00f3n cristiana. La instrucci\u00f3n de la juventud y de los adultos se realiza a fuerza de sentencias extra\u00eddas del Nuevo Testamento \u2013adaptadas a a forma de proverbios- que deb\u00edan figurar ya en la lengua com\u00fan: \u00abEl hombre no vive s\u00f3lo de pan\u00bb, \u00abLa semilla es la palabra de Dios\u00bb, y muchas m\u00e1s del mismo cariz, una tras otra sin preocuparse lo m\u00e1s m\u00ednimo por la coherencia del discurso. A veces son episodios de la vida de Jes\u00fas los que se recuerdan, dando en unas l\u00edneas la historia y la sentencia final: as\u00ed el encuentro de Jes\u00fas y de Magdalena: \u00abOs declaro que le ser\u00e1n perdonados muchos pecados, porque ha amado mucho\u00bb.<\/p>\n<p>En suma, estos peque\u00f1os tratados parecen un tanto indigestos: \u00abLos cuatro fines \u00faltimos\u00bb o \u00abLa Pr\u00e1ctica del Amor de Dios y de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo para toda clase de personas seg\u00fan los tres estados de la vida espiritual\u00bb del padre Huby son libros de cien a doscientas p\u00e1ginas, demasiado para una vez. M\u00e1s que los otros, estaban destinados a ser le\u00eddos en peque\u00f1as dosis, noche tras noche, dejados y vueltos a abrir seg\u00fan el humor y el deseo del auditorio. Incluso mezcladas con ejercicios de devoci\u00f3n, las consideraciones devotas y las meditaciones del padre Huby, escritas para los retiros femeninos de los que fue fundador en Vannes, requieren un comentario \u2013y al menos unas pausas en la lectura. Se sabe por otra parte que el padre Huby y sus amigos de los retiros para adultos practicaban una predicaci\u00f3n diferenciada seg\u00fan los auditorios empleando ya el discurso en forma, ya el comentarios de im\u00e1genes piadosas presentadas ante una fuente de luz. Pero los impresores de Troyes no han hallado en sus cartones im\u00e1genes de esta clase. Han reproducido por consiguiente estos tratados sabios de una lectura dif\u00edcil, que no son los t\u00edtulos m\u00e1s pedidos. \u00danicamente el ni\u00f1o sabio, en su fingida ingenuidad, constituye excepci\u00f3n en este apartado del cat\u00e1logo.<\/p>\n<p>3. <i>El ni\u00f1o sabio a los tres a\u00f1os<\/i>. A juzgar por las reediciones que se suceden hasta el siglo XIS, ha sido un gran \u00e9xito. Este catecismo falsamente infantil, prestado a un contempor\u00e1neo de no se sabe qu\u00e9 emperador Adriano [\u00abEl ni\u00f1o sabio a los tres a\u00f1os, conteniendo las peticiones que le hizo el emperador Adriano y las respuestas del ni\u00f1o\u00bb] es m\u00e1s que un catecismo: responde ciertamente a las preguntas habituales sobre el Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu Santo; apela a nociones tradicionales sacadas del Antiguo Testamento: \u00bfen cu\u00e1ntos d\u00edas de Creaci\u00f3n? Pero se entremezclan ya all\u00ed respuestas inesperadas, llenas de fantas\u00eda: la creaci\u00f3n del hombre fue el tiempo de un abrir y cerrar de ojos. El fruto prohibido se comi\u00f3 a la hora de Tercia, Ad\u00e1n y Eva fueron expulsados a Nona. La Sant\u00edsima Trinidad se define en su misterio por la imagen de del sol, \u00aben el que hallar\u00e1s todas las cosas, sustancia, esplendor y calor que son inseparables\u00bb. Y sobre todo el ni\u00f1o sabio se permite, de vez en cuando, consideraciones sociales; a veces prudentes: de los caballeros, no habla ni bien ni mal; a veces duras: la esperanza de los mercaderes es corta, \u00abpues adquieren por fraude y enga\u00f1o\u00bb; los compradores de beneficios perecer\u00e1n con Sim\u00f3n el encantador; mas para los labradores, \u00abla mayor parte se salvar\u00e1n, porque viven de su simple ganancia y el pueblo de Dios vive de su trabajo\u00bb. Hasta el antisemitismo (Hebreos \u00abmalos\u00bb) y el antifeminismo (el hombre imagen de Nuestro Se\u00f1or, la mujer imagen de la muerte) encuentran lugar en las respuestas de este ni\u00f1o cuya sabidur\u00eda se nutre a la vez de textos de la Escritura y de algunas ideas recibidas de su tiempo.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o sabio de tres a\u00f1os representa sin embargo m\u00e1s que eso, en la medida en que constituye una de las figuras m\u00e1s destacadas de la literatura de espiritualidad del tiempo: el maravilloso saber del ignorante iluminado por Dios sin intermedio de ninguna criatura; Miguel de Certeau, editor de la correspondencia de J. J. Surin, se encontr\u00f3 por el camino al joven en la diligencia de Par\u00eds Rouen, descrito por el jesuita en t\u00e9rminos exaltados: \u00abMe habl\u00f3 de la vida espiritual en tono tan sublime y s\u00f3lido que todo lo que he le\u00eddo o escuchado no es nada en comparaci\u00f3n con lo que me dijo&#8230; Me cont\u00f3 que la luz sobrenatural que Dios derrama en un alma le hace ver todo cuanto debe hacer con mayor claridad que la luz del sol muestra los objetos sensibles&#8230;\u00bb El caso no es \u00fanico en el siglo XVIII y M. De Certeau evoca en particular a esta campesina de Die (Dr\u00f4me) en los a\u00f1os 50 de \u00abdiscurso a la verdad muy grosero y r\u00fastico, pero sazonado de una maravillosa sapiencia\u00bb, y un vi\u00f1ador de Montmorency, \u00abpobre villano sin otra ciencia ni estudios que la de Jesucristo crucificado\u00bb. Pero este \u00abjoven muchacho de dieciocho a diecinueve a\u00f1os de edad, simple y extremadamente rudo en su hablar, sin ningunas letras\u00bb es sin duda ejemplar; aunque no fuera mas que por los cambios que le impusieron los editores sucesivos de la carta, \u00abpobre muchacho, hijo de un panadero de El Havre en Normand\u00eda\u00bb, convertido bien pronto en \u00abpastor iluminado\u00bb1. Lo cual nos remite al pastor de los almanaques, sabio sin letras, el \u00abpastor de ovejas en los campos&#8230;sin iluminaci\u00f3n alguna, [sin) ning\u00fan conocimiento de las Escrituras, sino solamente&#8230; su gran sentido natural y su buen entender &#8230;\u00bb Un simbolismo est\u00e1 en todo ello presente, que se enriqueci\u00f3 durante tiempo en lo sucesivo.<\/p>\n<p>Todos estos libros presentan pues una parte de creencias comunes extra\u00eddas por decirlo as\u00ed de las Sagradas Escrituras, en forma de sentencias, sin ninguna de esas referencias a los Padres de la Iglesia, de los que no pod\u00edan prescindir por entonces las obras de teolog\u00eda que trataban de las mismas cuestiones; sin referencia tampoco a los decretos del Concilio de Trento que precisaban tal o tal definici\u00f3n, contestada en el siglo precedente. Con todo ninguno de estos libros cae en los errores reformados: la instrucci\u00f3n cristiana reducida a un corpus de sentencias neo-testamentarias delimita una creencia simple en la que el Infierno y el Para\u00edso, el Juicio final y la Pasi\u00f3n de Cristo constituyen los elementos esenciales. En una palabra, una clase de corpus del catolicismo popular -que encontramos bajo otras formas en las Vidas de nuestro Se\u00f1or Jesucristo y en los c\u00e1nticos. De este lado de las sabias ex\u00e9gesis elaboradas por los te\u00f3logos, la fe vivida y entendida por los lectores del \u00abni\u00f1o sabio\u00bb se debe concebir en el interior de estos horizontes limitados.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>4. Fe y Piedad Colecciones de c\u00e1nticos, vidas de santos, devociones e indulgencias, catecismos y art\u00edculos de fe, las obras de piedad ocupan el primero lugar, cuantitativamente, en el fondo de venta. 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