{"id":126004,"date":"2013-12-07T03:11:20","date_gmt":"2013-12-07T02:11:20","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=126004"},"modified":"2016-07-26T16:58:26","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:26","slug":"cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-05","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-05\/","title":{"rendered":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (05)"},"content":{"rendered":"<h2><b>3. \u00abConocimientos del Mundo\u00bb<\/b><\/h2>\n<p><b><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/2013\/12\/03\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-i\/mendigos\/\" rel=\"attachment wp-att-125994\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-125994 alignright\" alt=\"mendigos\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/12\/mendigos.jpg?resize=229%2C185\" width=\"229\" height=\"185\" \/><\/a><\/b> Ciencias y falsas ciencias, dir\u00edamos nosotros hoy: distinci\u00f3n racional, justificada por tres siglos de progreso cient\u00edfico acelerado. Pero quien no tiene el valor de analizar este fondo en el que precisamente las ciencias ocultas tienen tanto prestigio y ocupan m\u00e1s lugar que las ciencias m\u00e1s apoyadas en raz\u00f3n. Los calendarios ilustran a maravilla esta confusi\u00f3n; la rareza de las obras estrictamente cient\u00edficas y t\u00e9cnicas se opone a la abundancia de los tratados de magia blanca, ya que no negra.<\/p>\n<h3><b> <\/b> <b>A. Calendarios y almanaques<\/b><\/h3>\n<p>Del reino encantado de las hadas y de los gigantes, es volver a tierra si hojeamos los calendarios enumerando, un mes tras otro, las estaciones y los d\u00edas. Menos de lo que parecer\u00eda a primera vista a quien se contentara con las primeras p\u00e1ginas de estos almanaques mucho m\u00e1s ricos que un calendario de de las oficinas de correos de nuestro tiempo. Su \u00e9xito se comprende por otro lado por su propia riqueza: las ediciones de calendarios han sido uno de los sectores m\u00e1s surtidos de nuestra literatura de venta ambulante; en el fondo residual de que nos ocupamos, figuran por decenas durante algunos a\u00f1os. Ninguna duda de que los almanaques hayan sido uno de los art\u00edculos m\u00e1s solicitados a los peque\u00f1os vendedores, \u00e9xito tanto m\u00e1s comprensible cuanto que el almanaque se nutre de aportes de la mayor parte de los otros sectores de la literatura circulante (como G. Boll\u00e8me lo ha hecho saber): la medicina de Alberti e Grand, la cocina del Jardinero franc\u00e9s, la Danza de los muertos, los Gritos y los alborotos de Par\u00eds. De suerte que con el tiempo el g\u00e9nero se renov\u00f3 y perfeccion\u00f3: es uno de los escasos sectores de esta literatura en que se puede observar una evoluci\u00f3n gracias a los pacientes estudios de eruditos locales como Socard, y gracias a las huellas judiciales de los procesos que los editores \u00e1vidos de ganancias pudieron entablar unos y otros a prop\u00f3sito de falsificaciones particularmente escandalosas en estos libritos en los que la predicci\u00f3n astrol\u00f3gica ocupaba un lugar tan grande: Jacques Oudot, en 1701-1703, \u00bfno hace arrestar por este buen motivo todas las ediciones de almanaques difundidas por Par\u00eds por sus competidores Jean Adenet, Pierre Garnier, Pierre Bourgoing y Jacques Febvre?<\/p>\n<p>l. <i> La evoluci\u00f3n del g\u00e9nero<\/i>. La multiplicaci\u00f3n de las ediciones y la modificaci\u00f3n del contenido de estos calendarios son por lo dem\u00e1s una buena demostraci\u00f3n del inter\u00e9s que encontraban en ellos los compradores. Los Oudot, en los primeros decenios del siglo XVII, se sirvieron de un calendario universal de origen sabio \u2013ya editado a principios del siglo precedente- y hoy c\u00e9lebre entre los bibli\u00f3filos: \u00abEl gran calendario y abono de los Pastores con su astrolog\u00eda y otras cosas m\u00e1s\u00bb, conocido en su edici\u00f3n de Nicol\u00e1s Le Rouge de 1510. La obra, compuesta por alg\u00fan sabio astr\u00f3logo, lleva consigo un calendario de los d\u00edas acompa\u00f1ados de las fiestas de los santos (y sin indicaci\u00f3n de los d\u00edas de entre semana), ilustrado cada mes con una l\u00e1mina que recuerda los trabajos de la granja; despu\u00e9s viene una informaci\u00f3n astrol\u00f3gica abundante sobre los signos de la semana, la \u00abdisposici\u00f3n del mundo\u00bb, el Zodiaco; una tercera parte est\u00e1 dedicada a la fisionom\u00eda y a la complexi\u00f3n humanas, en particular al significado moral y \u00abcaracterial\u00bb de los rasgos de la cara; acompa\u00f1an algunas p\u00e1ginas sobre el oficio de pastor, los hechos y dichos de los animales que componen un universo familiar, exaltando el estado de pastoreo; por fin, se da un lugar importante a la moral cristiana: descripci\u00f3n llena de im\u00e1genes y horripilante de los vicios y de sus castigos infernales, oraciones, \u00abdichos de los Muertos\u00bb, oraci\u00f3n a Nuestra Se\u00f1ora. La obra se termina con algunas p\u00e1ginas en las que se codean con un cierto desorden, consejos para las enfermedades, recetas de cocia, algunos remedios en relaci\u00f3n con los doce signos del zodiaco. Este abono de los pastores es el que se repite a lo largo del siglo XVII \u2013no sin algunas modificaciones de representaci\u00f3n al menos: la edici\u00f3n de 1633, por ejemplo, bajo un t\u00edtulo renovado \u00abEl Gran Calendarios y Abono de los Pastores, compuesto por el Pastor de la Grand&#8217;Montagne, muy \u00fatil y provechoso para gente de todos los estados, reformado seg\u00fan el calendario de N. S. Padre el Papa Gregorio XIII, otra vez revisado y corregido y puesto en mejor orden que todas las precedentes impresiones\u00bb, coloca las p\u00e1ginas de moral cristiana inmediatamente despu\u00e9s del calendario, suprime un cierto n\u00famero de consejos m\u00e9dicos y las recetas de cocina y desarrolla la parte propiamente astron\u00f3mica.<\/p>\n<p>Pero en esta fecha de 1633, ya se han puesto en circulaci\u00f3n por los editores otros tipos de calendarios, seg\u00fan toda apariencia ampliamente surtidos por maestros en ciencias astrol\u00f3gicas y matem\u00e1ticas. Al lado de este calendario est\u00e1ndar tenemos la colecci\u00f3n de predicciones v\u00e1lidas para 19 a\u00f1os, con el nombre, y a veces el el retrato, del sabio autor (as\u00ed Jean Petit, Parisino, en 1623), cosa harto extra\u00f1a en el fondo de la venta ambulante: vemos, por ejemplo, los \u00abPron\u00f3sticos generales para diecinueve a\u00f1os, comenzando a partir del a\u00f1o 1651 y terminando en el a\u00f1o 1669. Conteniendo cuanto se nos anuncia que ha de llegar durante los a\u00f1os susodichos, tanto en cuanto a la temperatura del aire y otros varios accidentes como p\u00e9rdida de bienes terrenos, enfermedades, afluencia y asuntos de mundo seg\u00fan el conocimiento de los Egipcios y de los \u00c1rabes, por el S. Fran\u00e7ois Commelet, nativo de Bassigny\u00bb. Pero los editores pueden tambi\u00e9n lanzar al mercado calendarios anuales, f\u00f3rmula que en adelante no se desmentir\u00e1 y que se incrementa con consideraciones de inmediata pr\u00e1ctica. El mismo Fran\u00e7ois Commelet de Bassigny entreg\u00f3 a Oudot, todav\u00eda en 1648, sus \u00abObservaciones astrol\u00f3gicas o almanaque para el a\u00f1o 1649, por el que se conocer\u00e1n los cambios del aire, asuntos del mundo y revoluciones m\u00e1s destacadas en Europa. calculado con toda diligencia siguiendo el c\u00e1lculo de Thicho y K\u00e9pler y de los mejores autores que han escrito sobre esta ciencia, por Fran\u00e7ois Commelet, profesor de matem\u00e1ticas, nativo de Bassigny. Con el almanaque del palacio para saber los d\u00edas que la corte cesa de pleitear, cu\u00e1ndo entra&#8230; adem\u00e1s de los domingos y fiestas de la Di\u00f3cesis\u00bb. Poco importa si estas predicciones presagien su f\u00e1cil prudencia: Jean Petit, para 1642, se limita a declarar: \u00abAnte el transcurso de este agradable a\u00f1o, no se hablar\u00e1 de guerra, ciudades tomadas por el enemigo, castillos y fortalezas arrasadas, falsos ruidos de paz, sinsabores amplificados por las partes contrarias&#8230;\u00bb Esta imprecisi\u00f3n no da\u00f1a al \u00e9xito del g\u00e9nero. A mediados de este siglo XVII, los almanaques constituyen uno de los mejores t\u00edtulos de los vendedores: el cat\u00e1logo de Nicolas Oudot no contiene menos de 13 t\u00edtulos diferentes para el a\u00f1o 1672-1673.<\/p>\n<p>La guerra entre editores y astr\u00f3logos es se\u00f1al tambi\u00e9n de este \u00e9xito: los falsificadores son denunciados con aspereza, en nombre mismo de la reputaci\u00f3n cient\u00edfica de la astrolog\u00eda. En 1665, Jean Blanchard hace preceder a su edici\u00f3n del consejo severo siguiente: \u00abTe prevengo que desde tres a\u00f1os para ac\u00e1 un tal Landereau de la ciudad de Troyes, y Simmonot d&#8217;Autun, impresores, han sacado a luz una perdici\u00f3n general para 18 a\u00f1os bajo el nombre de Calendario que yo hab\u00eda mandado imprimir por la de. Simmonot el a\u00f1o 1643 y terminaba en el 1661. No obstante estos impresores no han cesado de hacerle circular otra vez a partir del a\u00f1o 1661, lo que es enga\u00f1ar a los que compran, no resultando verdaderas tales predicciones en manera alguna&#8230; Encima yo no te puedo asegurar la mayor parte de los almanaques que circulan en la actualidad bajo los nombres de Retondeur, de la Rivi\u00e8re, de Jean Petit e infinidades m\u00e1s son nombres supuestos de personas totalmente ignorantes en la ciencia de los Cielos, lo que conduce a despreciar a la gente de honor y a hacer pasar a la astrolog\u00eda por una ciencia enteramente rid\u00edcula\u00bb.<\/p>\n<p>Durante el siglo XVIII, la buena marcha de la f\u00f3rmula no se desmiente: el almanaque anual se va imponiendo poco a poco sobre los otros dos tipos de calendarios, y su composici\u00f3n se modifica. La parte astrol\u00f3gica sigue imponi\u00e9ndose, pero los consejos pr\u00e1cticos ganan terreno, recetas de se\u00f1oras y remedios universales, mezclados con indicaciones sobre las ferias regionales. Lo mismo sucede con el Mathieu Laensberg, \u00abEl Doble almanaque de cada d\u00eda\u00bb, que prodigue su carrera durante el siglo XIX, a pesar de las protestas y lamentos de los hombres de ciencia: as\u00ed Tissot, el c\u00e9lebre autor del M\u00e9dico de los Pobres, que deploraba ya en 1740, \u00aben los Almanaques esos cuentos rid\u00edculos, esas aventuras extraordinarias, esos consejos perniciosos de astrolog\u00eda que&#8230;no sirven para otra cosa que mantener la ignorancia, la credulidad, la superstici\u00f3n y los prejuicios m\u00e1s falsos sobre la salud, las enfermedades y los remedios\u00bb. Con todo, Geneni\u00e8ve Boll\u00e8me lo ha demostrado bien en su estudio sobre los <i>Almanaques<\/i>, el contenido de estos libritos se vuelve m\u00e1s hist\u00f3rico en el correr del siglo, evocando la actualidad pol\u00edtica reciente o trayendo a colaci\u00f3n \u00abgrandes fechas\u00bb, de la historia nacional. Este movimiento que hab\u00eda comenzado a finales del reinado de Luis XIV y para la mayor gloria del Rey-Sol[1] se acentu\u00f3 en el siglo siguiente llegando a adquirir el tinte de un relato anual durante la guerra de los Siete A\u00f1os.<\/p>\n<p>2. <i>El fondo com\u00fan: la astrolog\u00eda. <\/i>Todas estas f\u00f3rmulas de almanaques descansan en la explotaci\u00f3n de las virtudes inagotables de la ciencia astrol\u00f3gica. Y sabemos con certeza hace largo tiempo que la astrolog\u00eda \u2013mezclada con frecuencia con otras ciencias ocultas- caus\u00f3 furor en el mundo sabio del siglo XVI, y lleg\u00f3 a alcanzar medios m\u00e1s amplios cuando Enrique III, en 1579, debe prohibir la predicci\u00f3n pol\u00edtica, y cuando Mar\u00eda de M\u00e9dicis instala en la Corte a todo un personal de astr\u00f3logos. Pero los calendarios del fondo de venta ambulante nos revelan que este gusto ha penetrado ampliamente en los medios populares: en efecto, la casi totalidad de estos libritos se nutre de esta ciencia.<\/p>\n<p>Sirva la edici\u00f3n de 1633 del <i>Abono de los pastores<\/i> a t\u00edtulo de ejemplo: desde las p\u00e1ginas del calendario , un cuarteto comenta de forma a veces sibilina los signos del cielo que dominan el mes: Acuario, G\u00e9minis, C\u00e1ncer, Piscis desfilan tanto en la imagen como en el texto; adem\u00e1s, otro cuarteto, construido sobre las virtudes de los n\u00fameros, trata de las \u00e9pocas de la vida. M\u00e1s adelante, se presenta la anatom\u00eda del cuerpo humano por entero en funci\u00f3n de los signos que dominan tales o cuales partes del cuerpo; las enfermedades relacionadas con las estaciones, las sangr\u00edas que var\u00edan seg\u00fan el signo de nacimiento y el momento del a\u00f1o, todo ello depende del mismo \u00abconocimiento\u00bb. A fortiori, las p\u00e1ginas dedicadas al los movimientos de los planetas y de los cielos, a las divisiones de la tierra. Hasta el aprisco propiamente dicho, canciones de los pastores, \u00abdichos de los p\u00e1jaros\u00bb no ofrecen rasgos astrol\u00f3gicos. Aqu\u00ed y all\u00e1, estas consideraciones astrol\u00f3gicas van acompa\u00f1adas de c\u00e1lculos matem\u00e1ticos que no se presentan con un gran lujo de detalles. Por lo menos su presencia, la referencia a las virtudes de los n\u00fameros pueden contribuir a reforzar el aspecto cient\u00edfico de estas explicaciones por la astrolog\u00eda. De hecho, en esta colecci\u00f3n tan apreciada, apenas unas p\u00e1ginas escapan a esta influencia: la parte que se ocupa de la moral cristiana, jard\u00edn de las virtudes y \u00e1rbol de los vicios, mandamientos, plegarias, oraciones. Y sin duda alguna esta sencilla yuxtaposici\u00f3n plantea un problema bastante dif\u00edcil: toda la parte astrol\u00f3gica postula, al menos impl\u00edcitamente, un verdadero determinismo astral, que no deja de comprometer, dado el caso, a los redactores; ya el gran abono del siglo XVI hab\u00eda tenido sus inconvenientes: cuando la descripci\u00f3n de los rasgos de fisonom\u00eda se vuelve contradictoria \u2013la nariz chata indica bondad, y el ment\u00f3n prominente maldad, por ejemplo- recomienda fiarse de los ojos. Pero ah\u00ed se detienen los escr\u00fapulos: lo que el hor\u00f3scopo deduce de la fecha de nacimiento, y lo que los rasgos demostrados a partir de las complexiones humanas conducen a afirmar una determinaci\u00f3n sin remedio, eso no molesta a los redactores que fustigan algunas p\u00e1ginas despu\u00e9s, sin verg\u00fcenza, avariciosos y lujuriosos. Claro est\u00e1 que un calendario no estaba hecho para leerlo en su totalidad, de un tir\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>Con todo ello esta pesada presencia de la astrolog\u00eda implica tambi\u00e9n otras significaciones: el calendario facilita a sus lectores una respuesta \u2013ambigua, dudosa, a veces- a la pregunta, insistentemente planteada, del destino individual. Pero estos signos de los astros y de los rasgos de fisonom\u00eda no dejan lugar ni a las informaciones pr\u00e1cticas \u2013durante largo tiempo- ni a la evocaci\u00f3n del mundo o de los hombres. Los primeros calendarios, ni siquiera en las p\u00e1ginas del redil, apenas presentan otra cosa que la enumeraci\u00f3n de los \u00fatiles del pastor: su hopalanda, su cayado, su navaja, y su d\u00f3cil perro. Las coplillas que describen, al principio, los trabajos de cada mes son de una rara pobreza, la misma sobre los refranes que se conservan todav\u00eda hoy: en marzo, poda la vi\u00f1a; en noviembre ara tu campo. Nada que pueda ayudar a pastor o labrador a mejorar sus t\u00e9cnicas. Con mayor raz\u00f3n no se trata de describir los trabajos, ni siquiera los paisajes: los campos son hermosos, las praderas florecidas. Y no hay m\u00e1s. El silencio es mayor todav\u00eda con respecto a la sociedad: los pastores son los m\u00e1s felices de los mortales, dice su canci\u00f3n; m\u00e1s felices que los nobles en sus castillos, y los vendedores tras sus mostradores:<\/p>\n<p>Se habla de grandes se\u00f1or\u00edos<br \/>\nDe tener torres, palacios poderosos;<br \/>\n\u00bfHay alborozo mayor<br \/>\nque contemplar estos bellos campos?<br \/>\n&#8230;.<br \/>\n\u00a1Al cuerno la riqueza y la preocupaci\u00f3n!<br \/>\nNo existe vida tan plena<br \/>\nQue valga el estado de pastoreo.<\/p>\n<p>No es gran cosa. En las p\u00e1ginas de la moral cristiana, la muerte que siega por todas partes asegura, en el \u00abRefr\u00e1n de los Fallecidos\u00bb, que el Infierno recoger\u00e1 de esta triste humanidad al menos las nueve d\u00e9cimas partes. Estos pastores, que son los m\u00e1s sabios del mundo, conceden pues al lector una representaci\u00f3n del mundo bastante corta.<\/p>\n<p>Ahora bien, el calendario tan estimado es un gu\u00eda, nos dicen los sabios astr\u00f3logos: otorga un cuadro temporal preciso al a\u00f1o y prodiga consejos explotando la curiosidad de los hombres inquietos por su destino. A pesar de las contradicciones se\u00f1aladas ya, el calendario de los vendedores ambulantes trasmite, por s\u00ed solo, toda una visi\u00f3n del mundo; de lectura dif\u00edcil \u2013ya que no incoherente a nuestros ojos- puede sin embargo parecer simple a quien no le exige la precisi\u00f3n y la l\u00f3gica a las que estamos acostumbrados hoy. Ya que el determinante esencial sigue siendo la mec\u00e1nica natural, celeste y terrestre a la vez, cuyos secretos son mal conocidos de los hombres \u2013pero no imposibles de alcanzar. Todos estos repertorios, todas estas recetas de que est\u00e1n sembrados los almanaques no tienen otra finalidad que dar al lector curioso los elementos de esta ciencia del mundo en la que se contienen los secretos de todas las cosas y de todos los seres. Reconocerlos, revelarlos a fuerza de observaci\u00f3n (o de c\u00e1lculo), identificarlos, es siempre admitir que esta astrolog\u00eda es toda la ciencia, y que sus reglas determinan, y los movimientos de las cosas, y los destinos de los hombres; signos del Zodiaco, planetas de los d\u00edas de la semana, signos anat\u00f3micos, es todo uno; por lo manos, un solo \u00abconocimiento\u00bb en el sentido m\u00e1s amplio de la palabra.<\/p>\n<p>Tal y como se perpetuaron y transformaron, loa almanaques de venta no dejaron de tener un gran \u00e9xito \u2013mucho m\u00e1s all\u00e1 del periodo a que nos circunscribimos. Michelet, al pensar en la educaci\u00f3n popular en 1869, ni so\u00f1\u00f3 siquiera en usarlo a este prop\u00f3sito: \u00abEn cuanto a los libritos, el Almanaque, incluido, ser\u00eda un excelente medio de educaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>3. \u00abConocimientos del Mundo\u00bb Ciencias y falsas ciencias, dir\u00edamos nosotros hoy: distinci\u00f3n racional, justificada por tres siglos de progreso cient\u00edfico acelerado. 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