{"id":126002,"date":"2013-12-06T04:08:19","date_gmt":"2013-12-06T03:08:19","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=126002"},"modified":"2016-07-26T16:58:26","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:26","slug":"cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-04","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-04\/","title":{"rendered":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (04)"},"content":{"rendered":"<h2>2. <b>La mitolog\u00eda m\u00e1gica: el maravilloso pagano<\/b><\/h2>\n<p><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/2013\/12\/03\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-i\/mendigos\/\" rel=\"attachment wp-att-125994\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-125994 alignright\" alt=\"mendigos\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/12\/mendigos.jpg?resize=254%2C205\" width=\"254\" height=\"205\" \/><\/a> Los cuentos fant\u00e1sticos forman parte del fondo desde la primera mitad del siglo XVII, piense lo que piense Genevi\u00e8ve Boll\u00e8me[1], y en \u00e9l se quedaron mientras resisti\u00f3 la venta ambulante: es \u00abel gentil reba\u00f1o de las fant\u00e1sticas hadas\u00bb danzando \u00abcon sayas desabrochadas\u00bb, como cant\u00f3 Ronsard ; son los cuentos de velada que evoca tambi\u00e9n George Sand a mediados del siglo XIX en<i> Las Leyendas r\u00fasticas<\/i>. Introducen al lector en un mundo imaginario, que la fantas\u00eda de los redactores se ingeni\u00f3 en embellecer con los m\u00e1s brillantes colores: es el reino del \u00abEspect\u00e1culo Maravilloso\u00bb; simples cuentos de hadas en una treintena de p\u00e1ginas, o relatos por episodios, m\u00e1s complejos, de los grandes mitos, todos estos libritos evocan para sus lectores y auditores los pa\u00edses desconocidos, en un tiempo indeterminable: \u00aben aquel tiempo\u00bb; sin embargo mitos como Till y Gargant\u00faa est\u00e1n enraizados m\u00e1s en lo real, en una evocaci\u00f3n de la Francia o de la Alemania media. Por eso mismo, merecen ser presentados aparte; pero tambi\u00e9n, en raz\u00f3n de su significado social, ya que no nacional, m\u00e1s preciso.<\/p>\n<h3><b>A. El mundo encantado de los cuentos de hadas<\/b>.<\/h3>\n<p>El repertorio de la Biblioteca azul en este dominio es a la vez variado y un\u00edvoco: variado porque toma sus historias de toda clase de colecciones ya conocidas ( sin hablar de las tradiciones orales que han podido transmitirlas): <i>Aladin o la L\u00e1mpara maravillosa, <\/i>lo<i>s Cuarenta Ladrones<\/i>, est\u00e1n tomados de las <i>Mil y una Noches; Cenicienta, Barba azul, <\/i>el <i>Gato con botas <\/i>son del dominio de Perault; <i>Babiole <\/i>o el pr\u00edncipe Encantador, <i>Belle belle o el caballero afortunado<\/i>, <i>La bella de los cabellos de oro<\/i>, el <i>P\u00e1jaro azul<\/i> (una decena en total) vienen del repertorio de Mme d&#8217;Aulnoy; algunos han sido escritos por Mme Murat; y otros muchos, como la<i> Rana bienhechora, Graciosa y Percine<\/i>t son , seg\u00fan nos dicen, buenamente \u00abextra\u00eddas de las hadas\u00bb. Las afiliaciones, el \u00e1rea de extensi\u00f3n de las diferentes series han sido objeto de estudios etnogr\u00e1ficos conducidos (por J. Delarue en particular), que no se trata de evocar aqu\u00ed. Lo que conviene se\u00f1alar ante todo es la unidad de este repertorio, no sin haber rendido homenaje a la notable obra de Marc Soriano dedicada a los <i>Cuentos<\/i> de Perrault que esclarece \u00absicanal\u00edticamente\u00bb el trabajo de Charles Perrault sobre los cuentos recogidos por el escribano y sus allegados, y que plantea con claridad varios problemas que tienen que ver entre las culturas sabias y populares en t\u00e9rminos que ata\u00f1en a nuestras propias deducciones.<\/p>\n<p>Este mundo de los cuentos (con excepci\u00f3n del cuento de Marmontel, la <i>Pastora<\/i><i> de los Alpes<\/i>, que es una historieta lloricona sin hada, bautizada abusivamente como cuento) comporta unas constantes: el recurso de todos los avatares a que son sometidos hombres, bestias y hadas tambi\u00e9n, \u00abhadas de las leyendas eternamente j\u00f3venes o viejas\u00bb, es el encantamiento, descrito como real, por supuesto: a la vuelta de una p\u00e1gina de la <i>Rana<\/i><i> bienhechora,<\/i> el narrador escribe: \u00ablo que no se creer\u00e1 con facilidad, y que es tan verdad como el resto del cuento&#8230;\u00bb Con lo cual se hace eco la moralidad de <i>Piel de Asno<\/i>: \u00abEl cuento de Piel de Asno es dif\u00edcil de creer; pero mientras haya ni\u00f1os en el mundo, madres y abuelas, se tendr\u00e1 un recuerdo de \u00e9l\u00bb. Sean los medios que sean \u2013varitas, flores, frutos dotados de poderes m\u00e1gicos- la acci\u00f3n est\u00e1 siempre provocada por la \u00absuerte\u00bb, en el sentido m\u00e1s estricto de la palabra. Es una flor depositada en su frente de reci\u00e9n nacido que hace de Babiole una mona; al mascar una aceituna y una avellana, la misma Babiole se convierte en una joven y recupera castillos, criados y riquezas perdidas al nacer. El Arte de Espect\u00e1culo, como dicen los cuentos, no dispone de otro recurso; hadas y humanos sometidos a los caprichos de las buenas y malas hadas no hacen por lo dem\u00e1s otra cosa que aceptar sus reglas, de buena gana. Un encantamiento de mal ag\u00fcero se compensa \u2013al cabo de unos a\u00f1os o unos instantes de eficacia- con un encantamiento de sentido inverso, bienhechor. Ah\u00ed est\u00e1 tambi\u00e9n el secreto de la composici\u00f3n de todos estos relatos: sin una intervenci\u00f3n mal\u00e9fica al principio, no habr\u00eda historia. Transcurrido el tiempo en que la v\u00edctima se debate entre las peores desgracias, llega el momento de una operaci\u00f3n positiva. Cada relato est\u00e1 construido seg\u00fan esta alternancia: Joven y Bella se deja encantar su Alidor por la terrible Mordicande; s\u00f3lo el dios Z\u00e9phyr puede vencer los encantamientos del hada mala. De la misma manera, el pr\u00edncipe encantador del <i>P\u00e1jaro azul<\/i> queda transformado en p\u00e1jaro por el hada Soussio; se necesita otra hada para poder ayudar a la princesa Florine para recuperarle en su castillo con sus huevos m\u00e1gicos; y as\u00ed todo. En este sentido, los encantamientos no se anulan; el mundo de las hadas es un mundo igualitario: un hada ben\u00e9fica no vale m\u00e1s que un hada mala; aunque nos encontremos, aqu\u00ed y all\u00ed, con algunas medio hadas, como la Rana ben\u00e9fica, cuyo poder es ayudar a sus protegidas en la desgracia mediante peque\u00f1os servicios cotidianos \u2013sin romper el encanto. Cuando al fin las cosas se complican y un hada es m\u00e1s fuerte que un encantador, \u00e9ste puede recurrir a otra hada: para acabar el P\u00e1jaro azul, \u00abel Encantador y el hada declararon que sus poderes estaban unidos&#8230;, Soussio (el hada antagonista) no pod\u00eda nada ya contra ellos\u00bb. Hay que indicar tambi\u00e9n que este mundo encantado ignora por completo la intervenci\u00f3n divina: en lo hondo de la ola, en el fondo de los bosques o del desierto, la infortunada v\u00edctima del hada malvada invoca a sus padres perdidos, sus esperanzas rotas: en ning\u00fan momento a Dios Padre o a los Santos, que desempe\u00f1an un papel cotidiano en los relatos hagiogr\u00e1ficos, lo veremos m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>Esta tipolog\u00eda y esta construcci\u00f3n de doble cara de los cuentos se conservan evidentemente en las colecciones renovadas rescritas en el siglo XVIII, para encantar a los hijos de la nobleza \u2013y hasta en las hermosas obras de canto dorado, ilustradas con dibujos muy nuevos (de Stahl, Bertall en particular), editadas en el siglo siguiente, donde cada relato, acompa\u00f1ado de sabias notas destinadas a precisar t\u00e9rminos y costumbres ya antiguos, se acaba obligatoriamente con una moralidad en verso, que con una ocurrencia a veces discutible condena el vicio, celebra la virtud, el triunfo de los buenos y el castigo de los malos. El pa\u00eds de las maravillas debe pues ser siempre rico con toda clase de riquezas dispensadas parsimoniosamente a los pobres mortales en su existencia real, reinos sin l\u00edmites, castillos fastuosos, parques exuberantes, piedras preciosas, etc., pero es todav\u00eda m\u00e1s rico en encantamientos, y en estas combinaciones relativamente sencillas de poderes m\u00e1gicos que manipulan a los h\u00e9roes de los cuentos en uno y otro sentido con una l\u00f3gica perfecta: ya que a fin de cuentas, por la omnipotencia finalmente revelada de alg\u00fan ramito de oro, o de un hada superdotada, interviene el desenlace feliz.<\/p>\n<p>El relato de hadas \u2013por lineal que sea en sus alternancias de intervenciones negativas y positivas- es pues un relato optimista: se le asegura un final feliz, sean las que sean las peripecias, las veces que suscitan los odios arraigados de las hadas malignas ensa\u00f1adas con sus v\u00edctimas. En este sentido adem\u00e1s, convendr\u00eda hablar de una superioridad \u00faltima de las hadas buenas sobre las malas. Ya que este final feliz forma parte del convenio: se casaron y tuvieron muchos hijos; resulta un alivio pensar en su felicidad, despu\u00e9s de tan largas desgracias. El bueno \u2013que es h\u00e9roe y v\u00edctima a la vez- acaba por salir de apuros. Como el western del siglo XX, el cuento de hadas no nos hace temblar verdaderamente: todo lo m\u00e1s un sobresalto en las situaciones m\u00e1s escabrosas. Pero el triunfo acaba por llegar: el cuento de hadas no es tr\u00e1gico, en ning\u00fan caso. Aunque ciertos aspectos, ciertos episodios parecen evocar la mitolog\u00eda antigua, el propio perfil del cuento de hadas le distingue del relato mitol\u00f3gico greco-romano.<\/p>\n<p>Este mundo fant\u00e1stico alimenta de este modo una moral optimista a trav\u00e9s de estos largos encadenamientos de encantamientos; sin duda que se les escapan a los redactores algunas anotaciones amargas, o abrumadoras: \u00aben aquel tiempo, no se pod\u00eda faltar a la palabra\u00bb; o tambi\u00e9n, en la Rana bienhechora, algunas palabras sobre el Destino, due\u00f1o de todo en nosotros. A veces incluso, algunos toques de subversi\u00f3n social, bastante t\u00edmidos, nunca defendidos: aqu\u00ed, unos pastores m\u00e1s hermosos y m\u00e1s amables que Reyes; all\u00e1, amantes de Reyes transformadas en sanguijuelas. Pero s\u00f3lo son falsas notas que pueden pasar desapercibidas en medio del concierto, ya que las hadas contribuyen a exaltar los bellos sentimientos: la fidelidad, la piedad filial, el amor \u00abm\u00e1s fuerte que todo\u00bb. En Joven y Hermosa, la joven v\u00edctima de la terrible hada Mordicanda, encarnizada en su p\u00e9rdida (igual que Fanfreluche contra Babiole), se salva por la constancia de su amor. Hasta la viudedad no existe nada que no pueda ser la ocasi\u00f3n de exhibir esta riqueza afectiva: \u00abcabellos mesados, l\u00e1grimas derramadas, llantos, suspiros, gritos lastimeros y otros derechos menores de viudedad\u00bb , nada falta. El mundo de las hadas es un mundo generoso.<\/p>\n<p>Estos breves cuentos que encantaban a peque\u00f1os y mayores (y que han sobrevivido con dificultades hoy en los libros de lectura de los j\u00f3venes escolares) eran historias tranquilizadoras: en este sentido es como se han de entender las palabras de Michelet: \u00abLos cuentos de hadas&#8230; son el coraz\u00f3n del pueblo\u00bb.<\/p>\n<h3><b>B. Los grandes mitos: Gargant\u00faa, Till el travieso (o) Eulentravieso, Busc\u00f3n, Scaramouche y Fortunatus<\/b><\/h3>\n<p>Los grandes mitos est\u00e1n escritos con otra tinta. Se sit\u00faan en el mundo de cada d\u00eda, aunque el bueno del gigante Gargant\u00faa evoque para sus haza\u00f1as el pa\u00eds de las Maravillas; vivieron hace apenas \u2013sin que nadie precise exactamente cu\u00e1ndo- lo que los hace casi contempor\u00e1neos. El primero en Francia del Norte, el segundo en la Alemania media, el tercero en Espa\u00f1a, Scaramouche en Italia, Fortunatus a trav\u00e9s de toda Europa: cada uno tiene bien limitado su territorio de haza\u00f1as. A ninguno le faltan andanzas, haza\u00f1as ni farsas, que pueden si se da el caso hacer rechinar los dientes.<\/p>\n<p>La t\u00e9cnica de los relatos es la misma para todos: sin otros parecidos que la presencia del mismo personaje, una serie de episodios graciosos, en los que, enzarzados con sus cong\u00e9neres, estos h\u00e9roes pintorescos salen del paso a fuerza de buen humor y con suerte: Gargant\u00faa abusando de su fuerza, Till, Scaramouche y los dem\u00e1s usando m\u00e1s bien de astucia. As\u00ed se van sucediendo los episodios como los sketches y los gags de un escenario bien montado: Gargant\u00faa robando las campanas de Notre Dame, Till haciendo de volatinero, el hermano cuestor, Scaramouche la mayor parte del tiempo de saltimbanqui con una troupe de comediantes de ocasi\u00f3n, Fortunatus sirvi\u00e9ndose de su bolso y de su sombrero. Unos y otros no salen siempre victoriosos: los errores de c\u00e1lculo les corresponden con bastante frecuencia. Y el fin de Fortunatus llega a ser tan lamentable que el presentador de una edici\u00f3n rescrita en 1783 sent\u00eda la necesidad de explicarse con este texto que habla bien alto sobre las preocupaciones de estos correctores pertenecientes a la alta sociedad: \u00abA uno le fastidia que la cat\u00e1strofe de esta historia sea tan triste. A algunos les habr\u00eda gustado que yo la hubiera cambiado&#8230;pero en fin de cuentas ah\u00ed estamos libres de esta sensibilidad pusil\u00e1nime que nos hac\u00eda llorar como ni\u00f1os a la vista de la menor desgracia. Ver\u00edamos a Rosamunda en el teatro beber en el cr\u00e1neo de su padre y nos sentir\u00edamos tentados de brindar por la alemana con la reina de los Lombardos\u00bb.<\/p>\n<p>Pero todos son \u2013con medios y suertes desiguales- enderezadores de entuertos. Su libertad de gesto y de lenguaje frente a los poderosos de este mundo forma parte de su prestigio. Y \u2013donde quiera que se as vean (Scaramouche pasa a\u00f1os en la c\u00e1rcel!)- todos act\u00faan, m\u00e1s o menos, como revolucionarios. Till y Scaramouche roban a los ricos, sin escr\u00fapulos: desde su m\u00e1s tierna infancia, Till procura pan a su madre de este modo. Los altercados de este mismo Travieso con los nobles que se encuentra por el camino son de sobra conocidos: han sobrevivido hasta en las ediciones actuales de este viejo relato. Ni tampoco ninguno deja de contar sus hechos a los cl\u00e9rigos, monjes o curas, demasiado gordos, demasiado perezosos, para hallar gracia a sus ojos. El mismo d\u00eda de su muerte, Till encuentra dificultades con su confesor. Todos estos rasgos evocan un anticonformismo \u00abanarquizante\u00bb (antes de la letra!), que ha contribuido sin duda al \u00e9xito de estos relatos reeditados muchas veces.<\/p>\n<p>Sin embargo Fortunatus merece quiz\u00e1s un lugar aparte en este conjunto: ya que en esta \u00abhistoria de las venturas y desventuras de Fortunatus con su bolsa y su sombrero\u00bb, se encuentran mezcladas diversas intenciones. El relato es fant\u00e1stico, ya que la suerte del h\u00e9roe es haber recibido una bolsa inagotable que le da todo el oro que desea en piezas que siempre \u00abtendr\u00e1n curso en el lugar\u00bb donde se halle; y un peque\u00f1o sombrero de origen oriental que realiza al instante los deseos del que se lo coloca en la cabeza. Fortunatus mismo, y sus hijos de nombres extra\u00f1os, Andolosia y Ampedo, no se privan de usarlos hasta su muerte. Pero Fortunatus quiere moralizar tambi\u00e9n: algunas ediciones llevan por subt\u00edtulo: Historia&#8230;.\u00bbque ense\u00f1a c\u00f3mo se debe comportar un joven, tanto con los Mayores como con los Peque\u00f1os, entre Amigos y Extra\u00f1os, fuera de su pa\u00eds como dentro\u00bb Hijo de un gentilhombre pobre de Chipre, Fortunatus abandona el hogar paterno como buen hijo, que no quiere estar a cargo de un padre arruinado, y parte hacia Occidente donde se pone a servir a nobles y mercaderes. Pero su rectitud, varias veces acentuada, le cuesta mil y una miserias, le coloca en el centro de espantosas intrigas, tanto en a corte del conde de Flandes como entre los mercaderes de lombardos y florentinos de Londres&#8230; hasta el d\u00eda en que, reducido a la pobreza, perdido en el fondo de un bosque profundo, \u00abla dama Fortuna\u00bb viene en su ayuda y le propone escoger: sabidur\u00eda, riqueza, fuerza, salud, hermosura y larga vida&#8230; escoge la bolsa inagotable, pero se arrepiente m\u00e1s de una vez de no haber optado por la sabidur\u00eda. En todo momento, viajando por Europa occidental, o bien de vuelta a su pa\u00eds natal al cabo de quince a\u00f1os de ausencia, Fortunatus se porta honradamente con sus contempor\u00e1neos a quienes intriga el secreto de su inagotable riqueza. Y sus hijos, despu\u00e9s de su muerte, se portan de igual manera: menos prudente que su padre, Andolosia, revela el secreto de su riqueza a la hija del rey de Inglaterra, Agripina, y se deja robar la bolsa maravillosa: pero si \u00e9l la recupera, por la virtud de su peque\u00f1o sombrero y de manzanas maravillosas que hacen salirles cuernos a los humanos, por lo menos lo hace sin maldad alguna, y con el sentimiento de su buen derecho. Francos como el oro, educados en todo momento, deferentes para con los grandes, buenos con los peque\u00f1os, Fortunatus y sus hijos son modelos de virtud social. privilegiados s\u00ed, gracias a sus dones maravillosos, saben hacer uso de ellos, recompensan a sus servidores ancianos o j\u00f3venes, dan cada a\u00f1o cuatrocientos escudos a la muchacha ejemplar de su residencia, distribuyen la fortuna y no hacen ning\u00fan mal. V\u00edctimas cien veces de las ambiciones de los malvados, deben suscitar tanta m\u00e1s simpat\u00eda. Fortunatus es pues menos anticonformista que Till o Gargant\u00faa: no por ello ha dejado de conocer grandes \u00e9xitos.<\/p>\n<p>Este \u00e9xito, este anticonformismo social, \u00bfnos autorizan a hacer de Till o de Gargant\u00faa verdaderos h\u00e9roes nacionales? Tal vez sea ir demasiado de prisa. No hablemos del comediante italiano, ni de los Mediterr\u00e1neos. Till Eulentravieso, natural de Sch\u00f6ppenstedt, aldea de Basse Saxe al Este de Braunschweig, seg\u00fan las m\u00e1s viejas tradiciones, ha sido \u00abanexionado\u00bb al siglo XIX por un erudito flamenco, de Coster, quien quiso hacer de \u00e9l el h\u00e9roe popular de la resistencia flamenca al dominio de Felipe II en los Pa\u00edses Bajos. En nuestro relato troiano, no se trata evidentemente de esta metamorfosis. La presencia de Till en los libros de venta ambulante da cuenta sin m\u00e1s de la popularidad sin fronteras del tipo alem\u00e1n en el siglo XVII ( sin hablar del XVI que hab\u00eda conocido ediciones sabias de su leyenda, en 1532 en Par\u00eds, en 1559 en Lyon). Para Gargant\u00faa, las cosas cambian un poco debido a la intervenci\u00f3n de Rabelais: el primer relato de 1532 refiere \u00ablas grandes e inestimables cr\u00f3nicas del grande y enorme Gargant\u00faa&#8230;\u00bb. Rabelais, desde 1535, le toma por su cuenta, afincando a su h\u00e9roe en el terru\u00f1o del turanguesado, retomando algunos episodios de las grandes cr\u00f3nicas, pero enriqueciendo ampliamente de su cosecha la historia impresa en 1532. Los editores troianos titubearon entre estas dos \u00abversiones\u00bb:las ediciones del siglo XVII retoman la cr\u00f3nica de 1532, sin retocarla mucho&#8230; \u2013en todo caso reduciendo, como era costumbre, el relato a su puro esqueleto. Pero la edici\u00f3n de 1700 de Pierre Garnier mete las manos en Rabelais sin escr\u00fapulos resumiendo las principales innovaciones. Estas fluctuaciones, estas reediciones ponen en claro naturalmente el inter\u00e9s que suscitaba la cr\u00f3nica de Gargant\u00faa. \u00c9ste no es menos h\u00e9roe que los dem\u00e1s, en el seno de la Biblioteca azul. El Se\u00f1or Henri Dontenville, fundador de la Sociedad de Mitolog\u00eda francesa y autor de varias obras retomando con perseverancia el mismo tema, quiso ver en Gargant\u00faa a un h\u00e9roe nacional, campe\u00f3n de una mitolog\u00eda sumergida y emborronada por la cristianizaci\u00f3n: se apoya para ello en todo un aparato, discutible por otra parte, de toponimia que certificar\u00eda la presencia del mito Gargant\u00faa en toda Francia; se sirve poco de los relatos azules y con raz\u00f3n; porque se ha de confesar que la literatura de venta ambulante no le favorece gran cosa: el fondo troiano es testimonio ciertamente en este dominio, como veremos en el cap\u00edtulo VI: pero este testimonio est\u00e1 a favor de Carlomagno, y de la sociedad feudal.<\/p>\n<p>Sin duda que es ir a tomar las cosas demasiado lejos: las desventuras de estos personajes, de gran colorido, h\u00e1biles en embaucar a los reyes y nobles, mas crueles a menudo tambi\u00e9n, son narradas para hacer re\u00edr. Estos valores simb\u00f3licos que exegetas demasiado listos quieren ver asomar tras la burla de Till el Travieso y a trav\u00e9s de las grandes haza\u00f1as de Gargant\u00faa son a mi parecer muy discutibles. Cuestionan adem\u00e1s toda una tipolog\u00eda, la de los caracteres nacionales, que merecer\u00eda, por s\u00ed misma, prolongados apuntes. Claro que, desde el comienzo el siglo XVII, se difunde por Europa occidental toda una mitolog\u00eda nacional, como sabemos: Italianos, Espa\u00f1oles, Alemanes, Ingleses, Franceses est\u00e1n ya caracterizados por los autores m\u00e1s serios en t\u00e9rminos y siguiendo clich\u00e9s que en algunos casos han atravesado los siglos hasta nosotros. Esta caracterolog\u00eda nacional de larga duraci\u00f3n, que es tambi\u00e9n apasionante, en cuanto mitolog\u00eda (y sobre la que reincidiremos pronto) no entra en juego, despu\u00e9s de todo, en nuestros relatos. Los h\u00e9roes de los grandes mitos presentes en el fondo troiano no se nos ofrecen como tipos nacionales y no pueden en realidad desempe\u00f1ar este papel: menos ambiciosos, se conforman con ser graciosos, como los h\u00e9roes de las hadas son enternecedores.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>2. 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