{"id":125991,"date":"2013-12-04T19:40:50","date_gmt":"2013-12-04T18:40:50","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=125991"},"modified":"2016-07-26T16:58:27","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:27","slug":"cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-02","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-02\/","title":{"rendered":"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (02)"},"content":{"rendered":"<h2><b>Introducci\u00f3n: <i>Biblioteca azul y Cultura popular<\/i><\/b><\/h2>\n<p><b><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/2013\/12\/03\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-i\/mendigos\/\" rel=\"attachment wp-att-125994\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-125994 alignright\" alt=\"mendigos\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/12\/mendigos.jpg?resize=245%2C198\" width=\"245\" height=\"198\" \/><\/a><\/b> La biblioteca ambulante representa sin duda la mejor informaci\u00f3n seriada, de la que pueda disponer el historiador en el momento actual, para acercarse a la cultura popular francesa bajo el Antiguo R\u00e9gimen.<\/p>\n<p>Para adelantar esta afirmaci\u00f3n, no disponemos por desgracia de los datos, cifrados o no, que est\u00e1n al alcance de los soci\u00f3logos estudiosos en el siglo XX de la difusi\u00f3n del libro de bolsillo, por ejemplo: tiradas de los diferentes editores, cifras de negocios de los diferentes tipos de puntos de venta, estudios de mercados realizados por las casas especializadas, encuestas directas[1]&#8230; la informaci\u00f3n del historiador, en la circunstancia, es mucho m\u00e1s pobre, incluso precaria; se refiere tanto a la deducci\u00f3n como a la simple lectura de los resultados obtenidos por una encuesta al vivo; pero no es desde\u00f1able por ello.<\/p>\n<p>Al principio del siglo XVII, se nos dice por los historiadores de la Champa\u00f1a, una familia de libreros editores de Troyes se puso a publicar \u2013junto con libros ordinarios encuadernados en piel, canto dorado, que fueron desde un principio de la imprenta la forma normal de editarlos- librito de l2, en 13, de algunas p\u00e1ginas, seg\u00fan los vendedores. El \u00e9xito fue tal que en Troyes y otras partes se imitaron pronto; as\u00ed se desarroll\u00f3 toda una imprenta nueva, a escala de toda Francia \u2013a gusto de un p\u00fablico nuevo, su aspecto era de su agrado: libritos impresos en mal papel apenas blanco, granuloso, que se bebe la tinta, encuadernados en r\u00fastica con un solo hilo, recubiertos con una hoja azul, sin t\u00edtulo ni contra portada; con todo ten\u00edan una ventaja: se venden a perra chica o dos; por lo tanto al alcance ce cualquiera. La biblioteca as\u00ed constituida en Troyes, copiada, plagiada, repetida en todas las ciudades grandes de Francia, es la biblioteca de los medios populares, \u00fanico interesados en estos folletos perversos, imposibles de detallar en un inventario despu\u00e9s de muerto, indignos de figurar en los estantes de una biblioteca, con las p\u00e1ginas mal cortadas, con las figuras reproducidas con maderas gastadas, sin ilaci\u00f3n con el texto que ilustran..<\/p>\n<p>Para comprender bien este \u00e9xito de librer\u00eda sin precedentes, conviene representarse todos sus recorridos, el conjunto del mecanismo social, hombres e instituciones, al que los libreros se dirigieron. Y en primer lugar, la velada, esa instituci\u00f3n popular por excelencia: estos peque\u00f1os libelos conocieron semejante suerte porque iban destinados no a ser le\u00eddos con los ojos, sino a ser le\u00eddos en voz alta y a ser escuchados. En aquellos tiempos, en que la mayor parte de la plebe era analfabeta, la posesi\u00f3n personal de un libro, de una biblioteca carec\u00eda de sentido. Pero la costumbre (confirmada principalmente por as quejas de los predicadores y por la iconograf\u00eda) de reunirse por las noches en grupos de familias, en la ciudad y en el campo, , sobre todo en invierno \u2013las mujeres hilando, los hombres reparando un apero de labranza, discutiendo- suple esta carencia. Adem\u00e1s, se han llegado a plantear cuestiones descabelladas por esc\u00e9pticos de todo pelo: \u00bfexisti\u00f3 la velada en el Antiguo R\u00e9gimen? Recordemos tan sol el caso de los Ecreignes s\u00f3lo en la Campa\u00f1a[1], este texto extra\u00eddo de las memorias de la Academia de las ciencias, inscripciones, bellas letras de Troyes, fechado en 1744. \u00ablas Ecreignes son casas excavadas bajo tierra y cubiertas con esti\u00e9rcol donde las j\u00f3venes van a pasar la velada&#8230; [las Ecreignes de Dijon se llaman colmenas en Vesses]&#8230; El interior de una Ecreigne est\u00e1 provisto de asientos de tierra para sentar a las asistentes; en medio pende una lamparita, cuya escasa luz ilumina todo el edificio y que siempre se despabila con los dedos. Traen la l\u00e1mpara por turno todos los que componen la Ecreigne. La campesina que le toca procura llegar a la cita la primera para recibir a las dem\u00e1s&#8230;<\/p>\n<p>\u00abIncluso la ch\u00e1chara es el fundamento y objeto de la Ecreigne, y&#8230; el trabajo es s\u00f3lo el pretexto. La conversaci\u00f3n se anima pues, siempre viva, siempre brillante, se sostiene sin interrupci\u00f3n hasta la hora de la separaci\u00f3n. Los asuntos que se tratan son numerosos. Se discute sobre las diferentes cualidades y sobre las propiedades de la hilaza; se ense\u00f1a a hilar grueso o a hilar fino; de vez en cuando al acabar un huso se presenta la obra para aplaudirla o censurarla; se cuchichea sobre las aventuras frescas del pueblo o de las aldeas vecinas; algunas veces inclusive, pero pocas, llega el atrevimiento hasta las noticias de guerra y de Estado, que cada uno trata a su modo. Se habla de las apariciones de los esp\u00edritus; se traen a cuento historias de brujos y de hombres lobo. Para agudizar las mentes se proponen ciertos enigmas, vulgarmente conocidos por acertijos; por fin se hacen confidencias sobre las propias cosas y los amores; y se cantan canciones.<\/p>\n<p>\u00abLeyes severas proh\u00edben a los muchachos entrar en las Ecreignes y a las muchachas recibirlos en ellas; lo que no impide que los primeros se cuelen all\u00ed, ni que estas \u00faltimas los reciban a su vez con gran placer\u00bb. En el marco de la velada es donde se ha de situar esta lectura p\u00fablica de la biblioteca azul: siempre hay, aun en el pueblo m\u00e1s pobre, alguien, cura, macero, soldado de regreso, que sabe leer; y puede, a la luz de la candela, o a la lumbre del hogar, hacer la lectura para todos: \u00abComo van ustedes a escuchar\u00bb , \u00abcomo podr\u00e1n o\u00edr a continuaci\u00f3n\u00bb, estas f\u00f3rmulas mismas, que se presentan con bastante frecuencia en las primeras l\u00edneas de estos librejos son prueba de c\u00f3mo se usan. Y no cabe duda de que, le\u00eddos en voz alta, estos relatos se encuentran luego repetidos, comentados, confrontados a las tradiciones orales vecinas, rele\u00eddos a gusto del auditorio, deformados en muchos casos. Y estas deformaciones mismas, que son la regla de toda transmisi\u00f3n oral, justifican nuestro prop\u00f3sito de estudiar los temas de esta literatura, y no s\u00f3lo la letra. As\u00ed el narrador de la tradici\u00f3n oral, tal y como los estudios del folclore nos le representan por lo general, se ve sustituido de alguna forma por el lector que puede ser a la vez narrador y lector, pero que dispone de un auxiliar, el peque\u00f1o manojo recubierto de papel azul pronto deslucido en el que una de sus historias est\u00e1 escrita.<\/p>\n<p>Segundo elemento: el vendedor, que se encarga de la difusi\u00f3n de estos librejos por las ciudades y pueblos; se abastece en la misma Troyes \u2013o en otros centro, donde puede hallar tambi\u00e9n mercer\u00eda- y ofrece su mercanc\u00eda a son de trompeta, por los itinerarios acostumbrados; cordones, agujas, hilo, broches, espejitos, y estos libros. Ya en 1660, esta rama de la actividad de los mercachifles era estigmatizada por alguna cabeza malhumorada: \u00abLos hay que llevan aqu\u00ed y all\u00e1 almanaques, catones, la gaceta ordinaria y extraordinaria, leyendas y novelitas de Melusina, de Maugis, de los cuatro hijos de Aymond, de Godofredo el del gran colmillo, de Valent\u00edn y Ourson, matarratos, canciones mundanas sucias y vulgares dictadas por la mente inmunda, vodeviles, coplillas, aires de corte, canciones para beber&#8230;\u00bb los libritos se los venden por docenas o gruesas; al acabar la gira, devuelve los no vendidos, reclama los t\u00edtulos que van bien, los g\u00e9neros que le han vuelto a pedir, y sale de nuevo con un nuevo contingente en el fondo de su caj\u00f3n: librero ambulante, el vendedor hace algo m\u00e1s que colocar una mercanc\u00eda barata; informa al editor impresor sobre la demanda, la acogida que han recibido los nuevos t\u00edtulos puestos en circulaci\u00f3n, y orienta \u2013a largo plazo- la producci\u00f3n misma. Como los vendedores de las ferias, como los otros libreros, clientes pr\u00f3ximos o lejanos del editor troyano, ellos tambi\u00e9n abastecedores de otros circuitos regionales de venta, los merceros son informadores. Hay un lento di\u00e1logo del editor con su clientela. Pero, de hecho, el juego de reaprovisionamiento de los vendedores, con el transcurso de los siglos \u2013ya que estos tr\u00e1ficos duran cerca de tres siglos- conduce a seleccionar la producci\u00f3n de los editores: las innumerables reediciones de almanaques hechas por los de Champa\u00f1a y sus rivales de toda Francia proporcionan el ejemplo l\u00edmite del \u00e9xito de una f\u00f3rmula. Y aunque los restos actualmente catalogados de estas ediciones no permiten argumentar constantemente sobre las reediciones, podemos ver en todo caso c\u00f3mo este di\u00e1logo pudo determinar la prosperidad de tales tipos de obras, y la rareza de tal otra: por consiguiente establecer la sensibilidad del p\u00fablico popular por tales obras, sus predilecciones y sus rechazos.<\/p>\n<p>La deducci\u00f3n es tanto m\u00e1s s\u00f3lida cuanto sabemos que estos editores son absolutamente libres en la elecci\u00f3n de sus publicaciones: libres en cuanto a las autoridades pol\u00edtica y religiosa, puesto que la reglamentaci\u00f3n de la imprenta todav\u00eda incompleta en el siglo XVII no se aplic\u00f3 a sus ediciones populares hasta durante el siglo XVIII (y eso bastante avanzado, pues las pocas ordenanzas tomadas entonces no permiten juzgar de su eficacia); durante largo tiempo pues, no se preocuparon de privilegios o de permisos, respecto de publicaciones que todav\u00eda no se consideraban como libros en el sentido pleno del t\u00e9rmino. Los \u00fanicos incidentes destacables por la correspondencia administrativa se refieren a los almanaques, cuyos \u00abpron\u00f3sticos\u00bb hab\u00edan inquietado al poder real en la \u00e9poca de Enrique III, hasta el punto de suscitar una prohibici\u00f3n de toda profec\u00eda de orden pol\u00edtico. Debido a la aplicaci\u00f3n de esta ordenanza fue inspeccionado Jacques Oudot en 1643, como lo indica una carta al canciller S\u00e9guier: \u00abEn el instante que vuestra carta y mandamiento me fue entregado, acud\u00ed donde los impresores, entre otros Jacques Oudot de quien es este almanaque y confisqu\u00e9 todos cuantos ejemplares se encontraron la mayor parte estaban en secadero a\u00fan&#8230; El tal Oudot me asegur\u00f3 que s\u00f3lo hab\u00eda vendido 300 ejemplares al llamado Beauplet, impresor en Par\u00eds, que vive en la isla del Palacio con el r\u00f3tulo de la Croix, que all\u00ed se podr\u00e1n encontrar tal vez, habiendo escrito en su \u00faltima carta que no quer\u00eda m\u00e1s y no los hab\u00eda despachado[1]\u00bb. Asimismo, sucedieron aventuras de orden privado, rivalidades entre familias de impresores competidores, hasta mezclarse los intendentes en estas actividades: sobre todo en el siglo XVIII, cuando el negocio llevaba largo tiempo constituido. Libres, lo est\u00e1n los impresores igualmente con respecto a los autores: la mayor parte de los libros que pertenecen a la cultura sabia de la misma \u00e9poca se publican por cuenta del autor, y en primer lugar para gloria de estos autores. En cuanto a estos folletos de venta ambulante, no existe, por el contrario, autor alguno. La mayor parte son an\u00f3nimos; est\u00e1n redactados por obreros de imprenta, tip\u00f3grafos u otros, que se hacen escritores \u2013en el primer sentido de la palabra- a las \u00f3rdenes de sus patronos. Trabajan pues por encargo sacando del antiguo fondo de la casa, recurriendo a las tradiciones orales, de champa\u00f1a u otras que conocen personalmente, viviendo sin duda a salto de mata (??). Los temas mismos es son dados por los editores \u2013en funci\u00f3n de la demanda expresa, seg\u00fan acabamos de verlo, por vendedores y comerciantes.<\/p>\n<p>Contra ciertas cr\u00edticas, lo m\u00e1s acertado es sostener que esta literatura ha sido de uso esencialmente popular; en un art\u00edculo ya antiguo, le\u00eddo en una publicaci\u00f3n reciente, Michel de Certeau (y dos ac\u00f3litos) ha adelantado alegremente lo contrario: \u00abEn una Francia todav\u00eda analfabeta en un 60% hacia 1780&#8230; los almanaques se encuentran ante todo en la biblioteca de las clases medias. M. Chartier lo ha advertido acertadamente, y cantidad de archivos lo confirman[1]\u00bb. A lo cual, dos respuestas. M. Chartier, informando sobre el libro de Genevi\u00e8ve Boll\u00e8me, Les Almanachs populaires[1], argumenta sobre el hecho de que se encontr\u00f3 menci\u00f3n de un almanaque en el diario de un notario del Poitou y que la clientela de un librero de ferias que recorre a Champa\u00f1a y el norte de Francia est\u00e1 formada \u00abde oficiales civiles, togados, m\u00e9dicos, eclesi\u00e1sticos\u00bb. El argumento es somero: en el primer caso, pasa en silencio el hecho de que muchos almanaques (comenzando por el de Pierre Delarivey citado) eran editados por libreros del estilo de los buenos libros, encuadernados y con buen papel; esto se hac\u00eda antes de existir la Biblioteca azul, la prueba la tenemos en el propio Grand Compost de los pastores (en su edici\u00f3n de 1510, por ejemplo) y esta tradici\u00f3n se ha seguido. El texto citado por M. Chartier no indica que su almanaque sea \u00abazul\u00bb. En cuanto al \u00abmarchante de ferias, librero rodante por Francia\u00bb no es un ambulante y se emparienta mucho m\u00e1s con esos grandes marchantes ambulantes que se ve\u00edan peri\u00f3dicamente en Par\u00eds mismo y cuyos cat\u00e1logos se pueden ver todav\u00eda conservados en parte en la Biblioteca nacional. Al vender adem\u00e1s <i>Obras completas<\/i> de Voltaire en 32 vol\u00famenes, como dice Sr. Chartier, se ve claro que este librero de ferias (\u00bf?) y no tiene nada que le haga parecer un mercero. La verdadera prueba en este terreno se nos escapa: Sr. Chartier lo sabe muy bien cuando dice en una sola frase: \u00abLa confirmaci\u00f3n por medio de los inventarios despu\u00e9s de la muerte sigue supuesta ya que no se meten en el repertorio nunca los libros de escaso valor y de formato peque\u00f1o\u00bb. Se ha de repetir para los \u00abtardos de entendimiento\u00bb: las costumbres de los notarios y de sus escribanos nos son perjudiciales en este aspecto. Escribanos y notarios hac\u00edan fardos por paquetes de diez o quince vol\u00famenes desde que el formato de los libros encuadernados ca\u00eda en octavo, sin siquiera mencionar los nombres de los autores ni los t\u00edtulos; se\u00f1alando los m\u00e1s escrupulosos el g\u00e9nero del modo m\u00e1s lac\u00f3nico (libros de historia, de viajes, etc.). <i>A fortiori,<\/i> no sab\u00edan qu\u00e9 hacer con las obras deslucidas, sin valor comercial que no merec\u00edan a sus ojos ni una l\u00ednea en un inventario. Raz\u00f3n por la cual el Sr. Garden, al explorar los inventarios de obreros de seda lionesa del siglo XVIII, no encuentra m\u00e1s que libros de horas que estaban debidamente encuadernados, pero ning\u00fan almanaque ni otras obras de venta ambulante. Lo contrario es lo que resultar\u00eda extra\u00f1o y plantear\u00eda problema a quien conoce estas pr\u00e1cticas notariales en materia de bibliotecas y de libros. Queda la segunda f\u00f3rmula empleada por Michel de Certeau para completar su demostraci\u00f3n: \u00abmuchos archivos lo confirman\u00bb. El autor del art\u00edculo, preguntado sobre este punto en el momento de su primera publicaci\u00f3n, no tuvo a bien suministrar pruebas en la reedici\u00f3n y se aferra a esta afirmaci\u00f3n que contiene menos de lo que promete. En materia de investigaci\u00f3n hist\u00f3rica (y a fortiori cuando hay controversia), conviene, me parece a m\u00ed, ir m\u00e1s all\u00e1 de la afirmaci\u00f3n perentoria y dar las menos referencias y cotas posibles a todo. Entre tanto, la convicci\u00f3n de nuestro autor no es tal vez tan s\u00f3lida como parece, ya que afirma unas p\u00e1ginas despu\u00e9s, a prop\u00f3sito del ni\u00f1o[1]: \u00ab&#8230;Uno se extra\u00f1ar\u00eda menos en este caso de que los hidalg\u00fcelos y burgueses hayan tomado tanto gusto por esta literatura, q<i>ue suponer que hayan constituido la parte m\u00e1s importante de su clientela&#8230;\u00bb<\/i><\/p>\n<p>As\u00ed se justifica al primer an\u00e1lisis nuestro plan: explorar los temas mayores, las presencias y ausencias dentro del repertorio de la Biblioteca azul, es llegar a alcanzar, en cierto modo, temas aceptados en el seno de la cultura popular francesa bajo el Antiguo R\u00e9gimen, ya que estas obras se escribieron para las clases populares, y en el t\u00e9rmino de dos siglos en los que se form\u00f3 el fondo, en parte seg\u00fan sus deseos.<\/p>\n<p>Con toda seguridad esta afirmaci\u00f3n brutal pide que se la matice, y rectifique de varias maneras: el fondo estudiado es un residuo, por definici\u00f3n con lagunas. Estos libros azules fueron despreciados durante largo tiempo por la \u00abgente honrada\u00bb, relegados a as oficinas o a los desvanes. La constituci\u00f3n de n fondo de la Biblioteca municipal de Troyes es ella misma el hecho de una serie de legados caprichosos hechos a la Biblioteca por impresores del lugar en el siglo pasado. Si bien no se ha de excluir del todo la hip\u00f3tesis de una selecci\u00f3n sistem\u00e1tica, este car\u00e1cter residual no implica, en resumidas cuentas, m\u00e1s que una prudencia suplementaria en la interpretaci\u00f3n de los resultados propiamente dichos del an\u00e1lisis: m\u00e1s o menos cuentos, o vidas de santos, por ejemplo. Estos aspectos no ser\u00edan desechables: no modificar\u00edan profundamente las conclusiones.<\/p>\n<p>M\u00e1s grave es lo que podemos llamar el problema de la audiencia diferenciada de esta literatura, en la ciudad y en el campo. En los pueblos, donde el vendedor pasa dos o tres veces al a\u00f1o, donde la feria m\u00e1s cercana es al suceso anual m\u00e1s importante, la Biblioteca azul ha podido representar la \u00fanica lectura-audici\u00f3n posible durante mucho tiempo. Con respecto a estos relatos de velada, los sermones dominicales del p\u00e1rroco, las lecturas de las ordenanzas reales al acabar la homil\u00eda, representan ciertamente otra informaci\u00f3n, pero de peso bastante modesto. En la ciudad, por el contrario, las clases populares disponen, aparte de estas lecturas vespertinas, de otros recursos: primeras gacetas m\u00e1s o menos accesibles, pancartas y libelos anunciados en las paredes, en las esquinas de las calles, vendidos de mano en mano en los mercados y p\u00f3rticos de las iglesias, bandos casi diarios de las autoridades municipales, confidencias de tabernas y tenduchos artesanales, espect\u00e1culos de teatrillo y de la misma calle, predicaci\u00f3n m\u00e1s frecuente y variada&#8230; constituye toda una gama de informaci\u00f3n (en el sentido amplio del t\u00e9rmino), mucho m\u00e1s rica en el fondo de la cual la biblioteca de ventas es sencillamente un componente; privilegiada sin duda, gracias al cuadro de la propia velada, por el hecho tambi\u00e9n de la conservaci\u00f3n de estos libritos que permite la repetici\u00f3n, la relectura \u2013pero sin beneficiarse de un privilegio de exclusividad casi total. De esta forma podemos adelantar que la literatura de venta callejera es m\u00e1s significativa para la cultura popular rural que para la urbana; y sin duda alguna m\u00e1s valiosa para las regiones de escasa circulaci\u00f3n que para los pueblos de relaciones urbanas frecuentes como la costa burgui\u00f1ona o los barrios de las grandes ciudades. Lo que no significa, como lo ha querido entender H.-J. Martin, que el librito de esta venta no llegue a la ciudad y no se convierta en el objeto de un tr\u00e1fico importante. Es clara evidencia que los libreros de Troyes tuvieron relaciones de negocios con sus colegas \u2013a veces emparentados- de Par\u00eds y otras partes; y que se establecieron tambi\u00e9n relevos al estilo de los comerciantes y de los propios libreros[1]. Pero la diferencia es de encuadre: aqu\u00ed la literatura no tiene opositores a quienes enfrentarse; all\u00e1 se sit\u00faa en medio de una red de informaci\u00f3n m\u00e1s compleja, y su predominio decrece por lo mismo.<\/p>\n<p>Otro aspecto, no menos importante, es el que afecta al problema de la lengua: el conjunto de la dotaci\u00f3n de Troyes est\u00e1 impreso en franc\u00e9s (a veces sembrado, en los libros de piedad y de ocultismo, de f\u00f3rmulas latinas). \u00bfQu\u00e9 acogida puede tener en los siglos XVII y XVIII en las regiones de la lengua de oc, es decir todo el sur de Francia? Sin duda que el franc\u00e9s no deja de progresar all\u00ed todo el periodo, y en todos los medios (pero sobre todo entre las clases superiores&#8230;). y nosotros sabemos por otra parte que Toulouse tuvo sus impresores, que editan tambi\u00e9n libritos populares, traducciones de obras de Troyes; en otra direcci\u00f3n, Quimper se asegura tambi\u00e9n ediciones en bret\u00f3n. Ning\u00fan centro no obstante ha jugado hasta ahora en estos pa\u00edses mal afrancesados el papel que asumi\u00f3 Troyes con respecto a esta literatura. Lo m\u00e1s que se puede concluir pues es que esta biblioteca de venta ambulante tuvo su mayor audiencia al norte del Loira.<\/p>\n<p>Una vez se\u00f1alados y admitidos con claridad estos l\u00edmites, se permite afirmar el inter\u00e9s de la Biblioteca azul: teniendo en consideraci\u00f3n este <i>consensus<\/i> entre la oferta y la demanda gracias al cual se constituy\u00f3 el fondo, podemos decir que representa un campo de estudio privilegiado, que permite definir, delimitar un nivel cultural, o hasta un contenido de mentalidad. Por referencia impl\u00edcita a las culturas sabias que conocemos por otros medios.<\/p>\n<p>Ser\u00eda molesto sin duda enumerar a lo largo del an\u00e1lisis que sigue estos cuadros de referencia: pero puede ser \u00fatil ofrecer ya dos precisiones. Por un lado, se impondr\u00e1 la comparaci\u00f3n sin mayor esfuerzo, para el lector, con el contexto sabio que es contempor\u00e1neo de esta literatura de venta ambulante. En cada uno de los cap\u00edtulos de nuestra investigaci\u00f3n de este contenido, habr\u00e1 espacio para evocar tal o cual nombre, tal ocual obra, que pertenecen al tesoro de la literatura cl\u00e1sica o poscl\u00e1sica: a la vista de estos almanaques que describen en t\u00e9rminos oscuros las realidades confusas del mundo, las obras eruditas de los sabios, astr\u00f3nomos, matem\u00e1ticos, f\u00edsicos, naturalistas, de Kepler a Buffon, que han sabido asegurar los primeros pasos de la ciencia moderna; en comparaci\u00f3n de los raros y breves relatos rom\u00e1nticos, que constituyen uno de los registros del arte popular expresado por esta biblioteca de los vendedores, el conjunto de la producci\u00f3n \u00abliteraria\u00bb de la misma \u00e9poca, desde <i>La Princesa de Cl\u00e8ves<\/i>, hasta el <i>Campesino advenedizo<\/i>, y hasta el <i>Diablo cojo.<\/i> Presentar por extenso, sobre cada uno de los temas inventariados, el cuadro \u2013por lo com\u00fan bien conocido- de los \u00abmonumentos\u00bb de la cultura sabia en los siglos XVII y XVIII nos ha parecido un paso demasiado pesado, e in\u00fatil. En el peor de los casos, el lector que tuviera alguna duda, o un fallo de memoria, podr\u00e1 acudir sin m\u00e1s al primer manual de literatura francesa que le caiga en las manos; y que no le ahorrar\u00e1, con toda raz\u00f3n, ning\u00fan aspecto de la producci\u00f3n sabia del Gran Siglo, o del Siglo de las Luces.<\/p>\n<p>Todav\u00eda hay que subrayar aqu\u00ed algo evidente: s\u00f3lo con algunas excepciones (Corneille, Lafontaine y el caso oscuro de Perrault), la literatura de venta callejera no se nutre de los escritos \u00absabios\u00bb contempor\u00e1neos, ni en el siglo XVII ni en el XVIII. Lo que descalifica toda comparaci\u00f3n con el libro de bolsillo del siglo XX que ha difundido ampliamente obras antiguas y contempor\u00e1neas, Camus y Mauriac como Balzac \u2013para el \u00abLibro de bolsillo\u00bb propiamente dicho; y los trabajos cient\u00edficos recientes, en la colecci\u00f3n \u00abIdeas\u00bb de Gallimard, para no dar m\u00e1s que este ejemplo[1].<\/p>\n<p>Pero, adem\u00e1s, existe otra comparaci\u00f3n, que no hemos querido presentar aqu\u00ed, porque habr\u00eda implicado estudios complementarios muy considerables \u2013en una perspectiva que no era precisamente la de este trabajo: es la referencia a la cultura aristocr\u00e1tica medieval. Est\u00e1 claro en efecto que los obreros impresores encargados por los editores de redactar libros azules, en un g\u00e9nero o en otro, se han servido del fondo antiguo de la imprenta a la que pertenec\u00edan: es decir de la masa de las publicaciones realizadas en el curso del siglo XVI \u2013y cuyo taller conservaba, poco o mucho, los archivos. Se sirvieron pus de un repertorio constituido en gran parte por la cultura sabia de la aristocracia medieval: libros de piedad, novelas de caballer\u00eda, tratados de ocultismo, almanaques m\u00e1s o menos actualizados, breviarios de educaci\u00f3n, todas estas r\u00fabricas dependen evidentemente de un repertorio medieval, es decir familiar a los \u00abnobles se\u00f1ores\u00bb de los siglos XIII y XIV, quienes, en sus castillos o en el seno de peque\u00f1as cortes provinciales, se aprovisionaron tambi\u00e9n de estos relatos y tratados \u2013en un contexto y bajo aspectos profundamente diferentes. C\u00f3mo, tras una sucesi\u00f3n de mutaciones sucesivas, llegaron estas riquezas de la cultura aristocr\u00e1tica medieval a la Biblioteca azul, lo hemos indicado a prop\u00f3sito del legendario hist\u00f3rico (cf, infra cap\u00edtulo XVI), es decir en un caso particularmente evidente. Repertoriar todas estas filiaciones, transformaciones y omisiones, inventariar el acervo del traspaso tan notable que, en la \u00e9poca moderna, pone a disposici\u00f3n de los medios populares una parte al menos de los contenidos de la cultura de la aristocracia medieval \u2013la tarea apasionante deber\u00eda ser emprendida por medievalistas: en un plan m\u00e1s amplio que \u00e9ste.<\/p>\n<p>Al menos estas dos referencias a la cultura sabia contempor\u00e1nea de la Biblioteca azul, y a la cultura aristocr\u00e1tica anterior, nos permiten situar mejor nuestro fondo \u2013y la parte de la cultura popular de la ha sido el soporte.<\/p>\n<p>Es posible ahora abrir el dosier con una triple intenci\u00f3n: en primer lugar, nos proponemos examinar r\u00e1pidamente c\u00f3mo se constituy\u00f3 el fondo calibrando el \u00e9xito de estas dinast\u00edas de impresores editores de la Champa\u00f1a, quienes, -a falta de cifras de tiradas y tanteos de sus reediciones \u2013dejaron con todo rastros tangibles del \u00e9xito de su empresa. En segundo lugar, viene el estudio del fondo mismo, que se ha dividido en cinco grandes bloques significativos: la mitolog\u00eda y el maravilloso pagano de las novelas y cuentos de hadas, cuentos del lobo, cuentos s\u00f3rdidos y fant\u00e1sticos que dieron nombre al bloque; los tratados, calendarios y almanaques dedicados al conocimiento del mundo; las obras de piedad que definen la fe, refieren vidas de santos, dan instrucciones de pr\u00e1ctica, por ejemplo el dominio espec\u00edficamente religioso; luego los romances, farsas, canciones profanas, s\u00e1tiras, relatos de amor y de muerte que expresan casi exclusivamente rasgos de afectividad; \u00faltimo grupo, las representaciones de la sociedad, oficios, juegos, educaci\u00f3n y mitolog\u00eda hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Al t\u00e9rmino de este an\u00e1lisis, se podr\u00e1n desprender en forma de conclusi\u00f3n los rasgos comunes a toda la obra: digamos las dominantes m\u00e1s caracter\u00edsticas de una literatura cuya coherencia interna no es la cualidad dominante por cierto. Al menos estas conclusiones permiten tomar una primera medida \u2013por aproximada que sea- de esta cultura popular mal conocida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Introducci\u00f3n: Biblioteca azul y Cultura popular La biblioteca ambulante representa sin duda la mejor informaci\u00f3n seriada, de la que pueda disponer el historiador en el momento actual, para acercarse a la cultura popular francesa bajo &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-02\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":125994,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[17],"tags":[],"class_list":["post-125991","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-en-tiempos-de-vicente-de-paul"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (02) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/cultura-popular-francesa-en-los-siglos-xvii-y-xviii-02\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII (02) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Introducci\u00f3n: Biblioteca azul y Cultura popular La biblioteca ambulante representa sin duda la mejor informaci\u00f3n seriada, de la que pueda disponer el historiador en el momento actual, para acercarse a la cultura popular francesa bajo ... 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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