{"id":125879,"date":"2013-11-28T04:01:04","date_gmt":"2013-11-28T03:01:04","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=125879"},"modified":"2016-07-26T10:33:15","modified_gmt":"2016-07-26T08:33:15","slug":"la-medalla-de-la-madre-2-el-relato-de-las-apariciones","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-medalla-de-la-madre-2-el-relato-de-las-apariciones\/","title":{"rendered":"La medalla de la Madre: 2. El relato de las apariciones"},"content":{"rendered":"<h2>2. El relato de las apariciones<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/11\/peregrinacion_paris_2.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-52769\" title=\"peregrinacion_paris_2\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/11\/peregrinacion_paris_2-201x300.jpg?resize=201%2C300\" width=\"201\" height=\"300\" \/><\/a>Entraremos ahora en la relaci\u00f3n de las principales apariciones con que fue favorecida santa Catalina, sobre todo el texto de la aparici\u00f3n del 27 de noviembre de 1830. Pues desde el tiempo, en que hac\u00eda el seminario. Catalina tuvo numerosas apariciones, algunas de las cuales conciernen a la medalla. La misma revelaci\u00f3n de esa medalla aconteci\u00f3, no una vez, sino varias, siendo a\u00fan novicia. Limit\u00e1ndonos, pues, a dichas apariciones, destaquemos, de entre ellas, las siguientes:<\/p>\n<p>A fines de abril de 1830, la santa tiene tres visiones del coraz\u00f3n de san Vicente de Pa\u00fal -fundador, juntamente con santa Luisa de Marillac, de las Hijas de la Caridad. Ese coraz\u00f3n se le represent\u00f3, en la octava de la Traslaci\u00f3n de sus reliquias, primero blanco, luego rojo, por fin rojo oscuro. La santa interpreta esos colores, primero como s\u00edmbolo de la inocencia, luego como s\u00edmbolo de la caridad, finalmente como s\u00edmbolo y prueba de dolor.<\/p>\n<p>En la noche del 18 al 19 de julio de 1830, entre las 23,30 y las dos, mantiene un largo coloquio con la Virgen Mar\u00eda. Mas de \u00e9l apenas refiere nada la santa. La Virgen Mar\u00eda conf\u00eda a ella una misi\u00f3n en la que est\u00e1n envueltas las dos comunidades vicencianas. El 27 de noviembre de 1830 se\u00f1ala la fecha m\u00e1s importante: acontece la visi\u00f3n de la Medalla Milagrosa. Sobre estas y otras apariciones y sue\u00f1os de santa Catalina Labour\u00e9, tenemos muchos aut\u00f3grafos de ella, m\u00faltiples noticias y otras fuentes. Carecemos de documentos escritos para los primeros dos a\u00f1os de estas apariciones (1830-1831). Todo cuanto, muerta Catalina, se public\u00f3, proviene de su director y confesor, el padre.[. M. Aladel, misionero vicenciano, quien, sin embargo, no dej\u00f3 una descripci\u00f3n completa de todas las apariciones, especialmente en lo ata\u00f1adero a los particulares de la medalla; lo que deja es una especie de <em>instant\u00e1nea: <\/em>la visi\u00f3n de un cuadro de la Virgen Mar\u00eda, extendidas las radiantes manos, que urge a acu\u00f1ar la medalla y a llevarla con devoci\u00f3n. El libro del padre Aladel, que se public\u00f3 an\u00f3nimo, alcanz\u00f3 ocho ediciones antes que su autor muriese. Otro vicenciano, el padre J. Chevalier (1810-1899), public\u00f3 la novena edici\u00f3n, enriquecida con ulteriores y preciadas noticias. Fundamentalmente, empero, la obra permanec\u00eda concebida como libro de devoci\u00f3n. Otros dos misioneros escribieron notables trabajos sobre la medalla: el padre E. Crapez (1878\u00ad1949) y el padre L. Misermont (1864-1940). Ambos tuvieron la suerte de participar en el proceso de beatificaci\u00f3n de Catalina, y de emplear para sus publicaciones el Sumarium procesual. Sin embargo, no siempre se pueden controlar sus informaciones. Los trabajos sucesivos han tenido siempre que acudir a la obra de estos padres. Existe una reciente (1976) colaboraci\u00f3n del conocido mari\u00f3logo Ren\u00e9 Laurentin y el vicenciano padre Roche, quienes con el auxilio de muchos otros misioneros e Hijas de la Caridad, han dado a la estampa dos hermosos vol\u00famenes sobre la medalla y sobre Catalina, con una copiosa documentaci\u00f3n hist\u00f3rica. De esta obra se nutre el esbozo que aqu\u00ed presentarnos, aunque obedeciendo a un sistema particular. Ante todo se traducen los aut\u00f3grafos de santa Catalina. Mas \u00e9stos son a menudo m\u00faltiples y muy semejantes entre s\u00ed. En lugar, pues, de hacer su sinopsis, hacemos con ellos una especie de <em>cadena <\/em>que no altera el texto. Se obtiene de este modo una descripci\u00f3n m\u00e1s completa de los hechos y de los testimonios concernientes a las apariciones, con palabras de la santa misma. La visi\u00f3n del coraz\u00f3n de san Vicente precede en algunos meses a la del I W19 de julio de 1830, mas prepara tambi\u00e9n esa visi\u00f3n y las sucesivas: de ah\u00ed que antepongamos su relato, ateni\u00e9ndonos, de nuevo, a lo referido por la santa. Los escritos aut\u00f3grafos no ostentan puntuaci\u00f3n: \u00e9sta debe, pues, proveerse, de ah\u00ed que haya pasajes cuya interpretaci\u00f3n sea opcional.<\/p>\n<p>Las palabras entre par\u00e9ntesis son adicionales y miran al esclarecimiento, excepto cuando el contexto hace ver con claridad que son palabras de la santa misma.<\/p>\n<h3><strong>a) Aparici\u00f3n del 19 de julio de 1830 <\/strong><\/h3>\n<p><em>Hija m\u00eda, el buen Dios quiere encomendarte una misi\u00f3n. He aqu\u00ed el relato seg\u00fan los escritos de la santa: <\/em><\/p>\n<p>Padre m\u00edo, desea usted le d\u00e9 alg\u00fan peque\u00f1o detalle sobre lo que aconteci\u00f3 hace ya 26 a\u00f1os. Creo ser incapaz de hacerlo. Sin embargo, lo intento hacer con toda la sencillez posible. Ruego a Mar\u00eda, mi Madre, me recuerde todas sus circunstancias: Oh <em>Mar\u00eda, haced que sea para vuestra mayor gloria y la de vuestro divino Hijo. <\/em><\/p>\n<p>Comienzo. Llegu\u00e9 (al seminario) el 21 de abril de 1830: era el mi\u00e9rcoles que precedi\u00f3 a la traslaci\u00f3n de las reliquias de san Vicente de Pa\u00fal, y me alegraba de haber llegado para este d\u00eda de fiesta tan grande. Ten\u00eda la impresi\u00f3n de no estar ya apegada a la tierra. Ped\u00eda a san Vicente todas las gracias que yo necesitaba, y tambi\u00e9n por las dos familias, por Francia y por el mundo entero. Parec\u00edame que no estuviesen en necesidad extrema de ellas. En fin, rogu\u00e9 a san Vicente me ense\u00f1ase lo que deb\u00eda pedir con fe viva. Cada vez que entraba en la iglesia de San L\u00e1zaro (iglesia de los misioneros, en la que se conserva una urna con el cuerpo de san Vicente) experimentaba mucha pena: parec\u00edame encontrar en la comunidad a san Vicente, o al menos que se me aparec\u00eda su coraz\u00f3n, cada vez que volv\u00eda a San L\u00e1zaro. Ten\u00eda el dulce consuelo de verlo encima de la peque\u00f1a caja donde se expon\u00edan las reliquias de san Vicente. Se me apareci\u00f3 tres veces, en tres d\u00edas consecutivos; blanco, color de carne, para anunciar paz, reposo, inocencia, uni\u00f3n. Luego lo vi rojo-fuego (para indicar) que deb\u00eda infundir la caridad en los corazones. Me parec\u00eda que toda la comunidad deb\u00eda renovarse y extenderse hasta el \u00faltimo conf\u00edn del mundo. Por fin lo vi rojo-negro, lo que puso en mi coraz\u00f3n una tristeza que ten\u00eda dificultad en superar. No sab\u00eda c\u00f3mo ni por qu\u00e9 esa tristeza se refer\u00eda al cambio de gobierno. Sin embargo, no pude detenerme a hablarlo con mi confesor; esto me dio una calma muy profunda, distray\u00e9ndome de todos mis pensamientos. Luego fui favorecida con otra gracia muy grande. Fue ver a Nuestro Se\u00f1or en el Sant\u00edsimo Sacramento, a quien vi durante todo el tiempo del seminario, excepto las veces que dudaba. Entonces, a la vez siguiente, no ve\u00eda nada, porque quer\u00eda ahondar, y dudaba de este misterio. Cre\u00eda enga\u00f1arme. El d\u00eda de la Sant\u00edsima Trinidad, Nuestro Se\u00f1or se me apareci\u00f3 como un rey, con la cruz sobre el pecho, en el Sant\u00edsimo Sacramento. Esto sucedi\u00f3 durante la misa en el momento del evangelio. Me pareci\u00f3 como si la cruz destilase sangre bajo los pies de Nuestro Se\u00f1or. Parec\u00edame que Nuestro Se\u00f1or hubiese sido despojado de todas sus insignias (ca\u00eddas) a tierra. Fue entonces cuando tuve los m\u00e1s tristes y negros pensamientos. (O sea) tuve el pensamiento de que el rey de la tierra (=de Francia) caer\u00eda despojado de todas sus reales vestiduras. De esto tuve muchos pensamientos (diversos) que no sabr\u00eda explicar, sobre las p\u00e9rdidas que iban a sobrevenir. Lleg\u00f3 as\u00ed la fiesta de san Vicente, en cuya vigilia, nuestra buena madre Marta nos dio una instrucci\u00f3n sobre la devoci\u00f3n a los santos, y en particular sobre la devoci\u00f3n a la Virgen Santa, lo que me caus\u00f3 un deseo tan grande de ver a la Santisima Virgen, que me acost\u00e9 con este pensamiento: <em>Esta misma noche ver\u00e1 a mi buena Madre. <\/em>Hac\u00eda mucho tiempo que deseaba verla. Por fin me dorm\u00ed. Como nos hab\u00edan distribuido un trozo de la sobrepelliz de san Vicente, yo lo part\u00ed en dos y me tragu\u00e9 la mitad. Y as\u00ed me dorm\u00ed, con el pensamiento de que san Vicente me obtendr\u00eda la gracia de ver a la Sant\u00edsima Virgen. A eso de las once y media me o\u00ed llamar: &#8211;\u00a1Sor Labour\u00e9, sor Labour\u00e9! Despert\u00e9 y mir\u00e9 hacia el lado de donde o\u00eda venir la voz, que era del pasillo (entre las dos filas de camas). Retiro la cortina y veo a un ni\u00f1o vestido de blanco, de unos cuatro a cinco a\u00f1os, que me dice: -Venga a la capilla. Pronto, lev\u00e1ntese y venga a la capilla. La Santa Virgen la espera. Al momento me asalt\u00f3 una duda: Alguien podr\u00e1 verme! Pero el ni\u00f1o respondi\u00f3 a mi pensamiento: &#8211;Est\u00e9 tranquila, son las once y media y todos duermen. Ande, la espero.<\/p>\n<p>Me apresur\u00e9 a vestirme y me dirig\u00ed hacia el ni\u00f1o, que hab\u00eda permanecido en pie, sin moverse, al extremo del lecho. Me sigui\u00f3, o m\u00e1s bien le segu\u00ed yo a \u00e9l (yendo) siempre a mi izquierda. y esparciendo rayos luminosos por donde pasaba. Las luces estaban encendidas por dondequiera que pas\u00e1bamos. Eso me asombraba mucho. Pero me asombr\u00e9 mucho m\u00e1s al entrar en la capilla: la puerta se abri\u00f3 apenas la toc\u00f3 el ni\u00f1o con la punta de los dedos. Mi sorpresa fue a\u00fan mayor, cuando vi que todas las velas y l\u00e1mparas estaban encendidas, lo que me recordaba la misa de medianoche (=en Nochebuena). No ve\u00eda, sin embargo a la Santa Virgen. El ni\u00f1o me condujo al presbiterio, junto al sill\u00f3n del director, y all\u00ed me arrodill\u00e9. Como el tiempo (de la espera) me parec\u00eda largo, miraba si las hermanas de vela atravesaban la tribuna. Al fin lleg\u00f3 el momento, y el ni\u00f1o me lo hizo saber dici\u00e9ndome: -\u00a1Ya viene la Santa Virgen. \u00a1Ah\u00ed est\u00e1&#8217; O\u00ed un rumor como de roce de un vestido de seda que ven\u00eda de la parte de la tribuna, junto al cuadro de san Jos\u00e9, que iba a posarse sobre las gradas del altar, del lado del evangelio, en un sill\u00f3n semejante (al del) cuadro de santa Ana. S\u00f3lo que la Santa Virgen no era la misma figura (que est\u00e1 en el cuadro) de santa Ana. Yo dudaba que fuese la Santa Virgen. Pero el ni\u00f1o, que estaba all\u00ed, me dijo: \u00a1Esa es la Santa Virgen! Me ser\u00eda imposible decir lo que sent\u00ed en aquel momento o lo que ocurr\u00eda dentro de m\u00ed. No estaba segura de ver a la Virgen Santa&#8230; Entonces fue cuando aquel ni\u00f1o dej\u00f3 de hablarme como ni\u00f1o y me habl\u00f3 como hombre fornido, con palabras muy decididas. Entonces, mir\u00e9 a la Santa Virgen y di un salto hacia ella, arrodill\u00e1ndome en las gradas del altar. Puse las manos sobre las rodillas de la Santa Virgen&#8230; Aquel fue el momento m\u00e1s dulce de mi vida, y me ser\u00e1 imposible decir todo lo que sent\u00ed. Me dijo c\u00f3mo deb\u00eda comportarme con mi director, y muchas (otras) cosas que no pod\u00eda decir; el modo de comportarme en las penas: que viniera a echarme a los pies del altar, y lo indic\u00f3 con la mano izquierda, v all\u00ed derramara mi coraz\u00f3n. All\u00ed recibir\u00eda todos los consuelos que necesitara. &#8211;Hija m\u00eda, el buen Dios quiere encomendarte una misi\u00f3n; tendr\u00e1s muchas penas, pero las superar\u00e1s pensando que lo haces por la gloria del buen Dios. Conocer\u00e1s lo que viene del buen Dios. Te atormentar\u00e1s hasta que lo digas al encargado de guiarte. Te contradir\u00e1n, pero tendr\u00e1s la gracia. Nada temas. Di con confianza todo lo que te ocurra. Dilo con sencillez. Ten confianza. No temas. Ver\u00e1s algunas cosas: da cuenta de lo que veas y sientas. Estar\u00e1s inspirada en la oraci\u00f3n: da cuenta de lo que te he dicho y de lo que veas en la oraci\u00f3n. Los tiempos son muy tristes. Las desgracias vendr\u00e1n a abatirse sobre Francia. El trono ser\u00e1 derribado. Todo el mundo ser\u00e1 sacudido por calamidades de todo g\u00e9nero (La Santa Virgen ten\u00eda una expresi\u00f3n muy dolorida al decir esto). Pero ven a los pies de este altar, aqu\u00ed se distribuir\u00e1n las gracias a todos cuantos las pidan con confianza y fervor. Hija m\u00eda, yo gusto de derramar las gracias particularmente sobre la comunidad. Afortunadamente la amo mucho. (Pero) estoy apenada: hay grandes abusos. No se observan las Reglas, la regularidad deja que desear. Hay mucha relajaci\u00f3n en ambas comunidades: dilo a quien se encarga de ti; aunque no es superior, dentro de poco tendr\u00e1 un cargo espec\u00edfico en la comunidad. Debe hacer todo lo posible para que la Regla se ponga de nuevo en vigor. Dile de mi parte que vigile las malas lecturas, la p\u00e9rdida del tiempo y las visitas. Cuando la Regla vuelva a estar en vigor, habr\u00e1 otra comunidad que se unir\u00e1 a la vuestra. No es costumbre, pero yo la amo. Di que la reciban, Dios les bendecir\u00e1. Gozar\u00e1n de una gran paz. La comunidad gozar\u00e1 de una gran paz y se har\u00e1 numerosa. Pero sobrevendr\u00e1n grandes desastres. El peligro ser\u00e1 grande. Pero no tem\u00e1is. Di que no tengan miedo. La protecci\u00f3n del buen Dios los ampara siempre de modo muy particular, y san Vicente proteger\u00e1 a la comunidad (la Santa Virgen segu\u00eda triste). Pero yo misma estar\u00e9 con vosotras. He velado siempre por vosotras. Os conceder\u00e9 muchas gracias. Vendr\u00e1 un momento en que el peligro ser\u00e1 tan grande, que todo se creer\u00e1 perdido. Entonces yo estar\u00e9 con vosotras.<\/p>\n<p>Tened confianza, tendr\u00e9is medios de reconocer mi visita, la protecci\u00f3n de Dios y de san Vicente sobre ambas comunidades. Tened confianza, no os desalent\u00e9is: yo estar\u00e9 con vosotras en aquel momento. Pero no ser\u00e1 lo mismo en otras comunidades: habr\u00e1 v\u00edctimas. (Al decirlo, la Virgen Santa ten\u00eda l\u00e1grimas en los ojos). Habr\u00e1 muchas v\u00edctimas entre el clero de Par\u00eds. El se\u00f1or arzobispo morir\u00e1 (m\u00e1s l\u00e1grimas al pronunciar esta frase). Hija m\u00eda, la cruz ser\u00e1 despreciada, echada por tierra, correr\u00e1 la sangre por las calles. Se abrir\u00e1 de nuevo el costado de Nuestro Se\u00f1or, las calles estar\u00e1n ensangrentadas. El se\u00f1or arzobispo ser\u00e1 despojado de sus h\u00e1bitos (a este punto, la Santa Virgen ya no pod\u00eda hablar, se le pintaba la pena sobre el rostro). Hija m\u00eda, me dijo, el mundo entero se sumir\u00e1 en tristeza. A estas palabras pensaba yo en cu\u00e1ndo suceder\u00eda (todo) eso: entend\u00ed muy bien: 40 a\u00f1os y diez y luego la paz. Sobre este punto me dijo el padre Aladel: <em>\u00bfQui\u00e9n sabe si viviremos usted y yo? <\/em>Le respond\u00ed: <em>Vivir\u00e1n otros, si no vivimos nosotros. <\/em><\/p>\n<p>Recuerdo que un d\u00eda dije al padre Aladel: La Santa Virgen quiere de usted una misi\u00f3n. Ser\u00e1 usted adem\u00e1s su fundador y director. Es una compa\u00f1\u00eda de Hijas de Mar\u00eda, a la que la Santa Virgen conceder\u00e1 muchas gracias. Se le conceder\u00e1n indulgencias. Las Hijas (de Mar\u00eda) ser\u00e1n muy felices. Habr\u00e1 muchas fiestas. Se celebrar\u00e1 el mes de Mar\u00eda con gran solemnidad y ser\u00e1 general. Las fiestas ser\u00e1n grandes.<\/p>\n<p><em>Yo gusto de esas fiestas y concedo muchas gracias. <\/em><\/p>\n<p>Se celebrar\u00e1n tambi\u00e9n las misas de san Jos\u00e9. Habr\u00e1 mucha devoci\u00f3n. La protecci\u00f3n de san Jos\u00e9 es grande. Habr\u00e1 mucha devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas&#8230; Entonces le pregunt\u00e9 el significado de todas las cosas que hab\u00eda visto, y ella me lo explic\u00f3 todo. No s\u00e9 el tiempo que permanec\u00ed all\u00ed. Lo que s\u00e9 es, que al desaparecer ella, not\u00e9 como si algo se apagase, y luego s\u00f3lo una sombra que se dirig\u00eda a la parte de la tribuna por el mismo camino que la hab\u00eda tra\u00eddo. Me alc\u00e9 de las gradas del altar y observ\u00e9 al ni\u00f1o donde lo hab\u00eda dejado. Me dijo: -Se ha ido. Recorrimos el mismo camino, estando todo iluminado, con el ni\u00f1o a mi izquierda. Yo cre\u00eda que este ni\u00f1o era mi \u00e1ngel guardi\u00e1n, que se hab\u00eda hecho visible para conducirme a la Santa Virgen, pues le hab\u00eda rogado que me obtuviese este favor. Estaba vestido de blanco y llevaba una luz milagrosa, o sea, resplandec\u00eda de luz. Ten\u00eda entre cuatro y cinco a\u00f1os. Volv\u00ed al lecho a las dos de la ma\u00f1ana, y o\u00ed dar la hora, pero ya no me dorm\u00ed.<\/p>\n<h3><strong>b) Aparici\u00f3n del 27 de noviembre de 1830 <\/strong><\/h3>\n<p><em>Que se acu\u00f1e una medalla seg\u00fan este modelo&#8230; He aqu\u00ed el texto de la santa <\/em><\/p>\n<p>27 de noviembre de 1830. \u00a1Oh reina, que os sent\u00e1is al lado de Dios, escuchad favorablemente mis ruegos! Por vos y por vuestra mayor gloria os ruego me ilumin\u00e9is y d\u00e9is fuerzas y valor para obrar por vuestra mayor gloria&#8230;! Me parece estar en aquel momento tan deseable para m\u00ed, el s\u00e1bado vigilia del primer domingo de Adviento, d\u00eda en el que nuestra buena madre Marta nos hizo una pl\u00e1tica tan hermosa sobre la devoci\u00f3n a los santos y a la Virgen Santa. Eso me dio un deseo tan grande de ver a la Santa Virgen, que pens\u00e9 me ser\u00eda concedida esta gracia. Era tan grande mi deseo, que me convenc\u00ed de que la ver\u00eda en su mayor hermosura. Ese mismo d\u00eda, a las cinco y media de la tarde, durante la hora de la oraci\u00f3n, despu\u00e9s de (la lectura) del punto de la meditaci\u00f3n, o sea, unos minutos despu\u00e9s, en medio de un profundo silencio, me pareci\u00f3 o\u00edr un rumor, como el roce de un vestido de seda que ven\u00eda del lado de la tribuna, junto al cuadro de san Jos\u00e9. Dirig\u00ed la mirada a aquella parte y vi a la Virgen Santa pr\u00f3xima al cuadro de san Jos\u00e9. Ten\u00eda un globo blanco bajo los pies. Estaba de pie, vestida de blanco, de estatura media, de un aspecto tan bello, que no podr\u00eda decir su hermosura. Ten\u00eda un vestido blanco-aurora intenso, del corte llamado a la <em>virgen, <\/em>con mangas lisas. Cubr\u00edale la cabeza un velo blanco que le ca\u00eda alrededor hasta los pies; debajo<\/p>\n<p>ten\u00eda los cabellos partidos, y por encima una especie de cofia con una peque\u00f1a franja, como de dos dedos de ancha, ligeramente apoyada sobre los cabellos. Ten\u00eda los pies apoyados sobre un globo, o mejor medio globo, al menos yo no vi m\u00e1s que la mitad. Entre las manos ten\u00eda asimismo un globo que representaba el mundo. Ten\u00eda las manos a la altura del talle, en actitud muy natural. Sus ojos estaban vueltos hacia el cielo. En aquel momento su rostro era extraordinariamente hermoso, no lo podr\u00eda describir&#8230; Luego de improviso, not\u00e9 c\u00f3mo sus dedos se llenaban de anillos con piedras preciosas, a cu\u00e1l m\u00e1s bella. Unas mayores, otras menores, todas emit\u00edan rayos a cual m\u00e1s bello. Estos rayos sal\u00edan de las perlas mayores en haces m\u00e1s y m\u00e1s grandes, y se extend\u00edan cada vez m\u00e1s. De las m\u00e1s peque\u00f1as sal\u00edan rayos m\u00e1s finos que se extend\u00edan m\u00e1s y m\u00e1s hacia abajo. Los rayos que sal\u00edan de estas joyas me rodeaban con su resplandor por todos lados, y recubr\u00edan la parte inferior (de la figura), de suerte que ya no se pod\u00edan ver los pies. No me ser\u00eda posible deciros lo que sent\u00ed, o sea, los pensamientos y todo lo que entend\u00ed en tan breve tiempo: no lograr\u00eda decirlo. Justo cuando la estaba contemplando, la Santa Virgen baj\u00f3 los ojos, me mir\u00f3 y o\u00ed en el fondo del coraz\u00f3n una voz que me dijo estas palabras: -Este globo que ves representa el mundo entero, especialmente Francia y cada alma particular. Aqu\u00ed me es imposible describir lo que sent\u00ed y vi: hermosura, esplendor, rayos tan bellos&#8230; -Los rayos que ves son s\u00edmbolo de las gracias que derramo sobre quienes me las piden. Estas piedras preciosas de las que no salen rayos, son las gracias que algunos olvidan pedirme. (As\u00ed) me dio a entender que la Santa Virgen gusta de que se la invoque, y que es generosa con quienes la invocan, y lo abundante que eran las gracias que conced\u00eda a quienes se las ped\u00edan, y la gran alegr\u00eda que siente concedi\u00e9ndolas&#8230; Donde estaba yo en aquel momento\u2026 no lo s\u00e9: estaba repleta de alegr\u00eda. Alrededor de la Santa Virgen se hab\u00eda formado un marco ovalado, en cuya parte superior (se le\u00edan) estas palabras, escritas en letras de oro: \u00a1OH MAR\u00cdA SIN PECADO CONCEBIDA RUEGA POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A TI! Entonces o\u00ed una voz que me dec\u00eda:<\/p>\n<p>Haz que se acu\u00f1e una medalla seg\u00fan este modelo: todos los que la lleven, recibir\u00e1n grandes gracias. Tendr\u00e1n gracias abundantes todos cuantos la lleven al cuello con confianza. Cuando hube visto esta representaci\u00f3n, pareciome que girase, y entonces vi su reverso. Hab\u00eda estado (despu\u00e9s de lo anterior) preocupada por no saber lo que deb\u00eda ir al reverso de la medalla. Al cabo de muchas oraciones, un d\u00eda, durante la meditaci\u00f3n, cre\u00ed o\u00edr una voz que me dec\u00eda:<\/p>\n<p>La M y los dos corazones son los bastante elocuentes. Todo desapareci\u00f3 como si se apagara, y yo qued\u00e9 repleta, no s\u00e9\u2026 no s\u00e9 de qu\u00e9, de gozo, de consuelo.<\/p>\n<h3><strong>c) Los necesarios complementos <\/strong><\/h3>\n<p>Por los textos de santa Catalina arriba referidos puede verse que no est\u00e1n presentes todos los particulares con que se mostr\u00f3 la medalla en la aparici\u00f3n. De hecho Catalina refer\u00eda cada vez de viva voz lo que la Virgen Mar\u00eda le comunicaba con destino a su director. Se recordar\u00e1 adem\u00e1s, que cuando Catalina ponga sus reminiscencias por escrito, ya la medalla es conocida y se ha difundido por todo el mundo. Por el libro del padre Aladel sabemos que el reverso de la medalla muestra una M <em>con una cruz encima y <\/em>los dos corazones de Jes\u00fas y de Mar\u00eda debajo. Este es el \u00fanico particular que proviene del padre Aladel. Se ve, sin embargo, que ni siquiera Aladel se propone hacer un recuento de esos particulares como para una cr\u00f3nica, sino que quiere m\u00e1s bien puntualizar los ben\u00e9ficos efectos que la medalla reporta. Y hace una precisi\u00f3n ulterior: cuando refiere (a orden que Mar\u00eda le intima de que acu\u00f1e la medalla, dice que \u00e9sta se llevar\u00e1 <em>indulgenci\u00e9e, <\/em>es decir, bendecida. Tomamos otros particulares del proceso diocesano decretado por el arzobispo de Par\u00eds y dirigido por su vicario general, monse\u00f1or Pierre Quentin. Dicho proceso comenz\u00f3 el 16 de febrero de 1836 y se prolong\u00f3 a lo largo de 19 audiencias, siendo o\u00eddos como testigos sobre todo el padre Aladel, el padre Etienne, el editor<\/p>\n<p>E. Bailly y del fabricante de medallas A. Vachette. Merced a este proceso llegamos a saber detalles \u00fatiles, ante todo, para mejor comprender el car\u00e1cter de Catalina y la difusi\u00f3n de la medalla. Se pregunta all\u00ed al padre Aladel por qu\u00e9 guarda la hermana el anonimato. Responde: Por su gran humildad. Se le pregunta si la hermana ha visto la medalla despu\u00e9s de su acu\u00f1aci\u00f3n. Responde que s\u00ed, y que la lleva con gran devoci\u00f3n. De nuevo se pregunta al padre Aladel por qu\u00e9 se esper\u00f3 tanto tiempo antes de ordenar la acu\u00f1aci\u00f3n. Responde que \u00e9l, en un principio, no atribuy\u00f3 al asunto ninguna importancia, y a\u00fan hab\u00eda juzgado el relato de la hermana como producto de la imaginaci\u00f3n, intentando convencer a la propia hermana de lo mismo. Pero como la visi\u00f3n se repiti\u00f3 a\u00fan por dos veces y la hermana insist\u00eda en que la Virgen estaba disgustada por el retraso (lo que s\u00f3lo a \u00e9l podr\u00eda concernir), se decidi\u00f3 a dar los pasos conductores y hacer lo que la Virgen deseaba. El proceso o interrogatorio contin\u00faa, preciso y minucioso. El padre Aladel confirma todas las noticias de que nos informa su libro. Hay otro particular de la medalla, ausente tanto de los relatos de Catalina como del libro de Aladel, y que nos suministra, en cambio, el testimonio del padre J. B. Etienne, que entonces era ec\u00f3nomo general de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y m\u00e1s adelante ser\u00eda superior general de ella. Afirma, pues, en el proceso haber sabido del padre Aladel que la hermana vio, en el reverso de la medalla, una M a la que se superpon\u00eda una cruz que ten\u00eda <em>una barra <\/em>por base. De hecho, as\u00ed se muestra en todas las medallas acu\u00f1adas bajo el padre Aladel. Este \u00faltimo detalle es confirmado por el informe definitivo de la investigaci\u00f3n arriba se\u00f1alada, en el que monse\u00f1or Quentin resume los or\u00edgenes de la medalla, sus efectos, y las circunstancias de la visi\u00f3n. Se afirma en este documento que en el reverso de la medalla, la hermana vio la letra M con una cruz superpuesta que ten\u00eda una barra por base; bajo la letra M, los corazones de Jes\u00fas y de Mar\u00eda, pues uno de ellos estaba coronado de espinas, y el otro traspasado por una espada. El informe concluye precisando que las disposiciones de los padres Aladel y Etienne concuerdan plenamente entre s\u00ed. No hay, pues, duda alguna sobre los elementos constitutivos del reverso de la medalla: son la M, la cruz, una barra que inserta la cruz en la M y, bajo este conjunto, los dos sagrados corazones. De hecho, todos estos elementos est\u00e1n documentados y atestiguados con precisi\u00f3n. Hoy poseemos un cuidadoso estudio que esclarece ulteriores significados en el simbolismo de la medalla. La barra entre la M y la T es una letra del alfabeto griego, <em>yota o I, <\/em>monograma del nombre de Jes\u00fas. No est\u00e1 vertical, sino horizontal, mas no debe causar estupor; a menudo hallamos esa posici\u00f3n en la numism\u00e1tica de los primeros siglos. Otro tanto acontece con el signo de la cruz, que puede ser asimismo la letra khi del alfabeto griego, monograma del nombre de Cristo. Se repite a lo largo de los siglos el empleo de monogramas semejantes. Agrupados todos ellos significan: <em>La Madre de Jesucristo crucificado, el Salvador.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>2. El relato de las apariciones Entraremos ahora en la relaci\u00f3n de las principales apariciones con que fue favorecida santa Catalina, sobre todo el texto de la aparici\u00f3n del 27 de noviembre de 1830. 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