{"id":125776,"date":"2015-02-09T11:12:14","date_gmt":"2015-02-09T10:12:14","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=125776"},"modified":"2015-02-09T11:12:14","modified_gmt":"2015-02-09T10:12:14","slug":"la-cruz-en-la-espiritualidad-vicenciana","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-cruz-en-la-espiritualidad-vicenciana\/","title":{"rendered":"La cruz en la espiritualidad vicenciana"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/12\/La_Cruz.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-126227\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/12\/La_Cruz-300x264.jpg?resize=300%2C264\" alt=\"La_Cruz\" width=\"300\" height=\"264\" \/><\/a>Posiblemente, no exista libro alguno de espiritualidad que haya sido m\u00e1s ampliamente difundido que la \u00abImitaci\u00f3n de Cristo\u00bb. A lo largo de los siglos, millones de sacerdotes, de hermanos, de hermanas, de seglares \u2014hombres y mujeres\u2014, lo han le\u00eddo y meditado. San Vicente y santa Luisa lo recomendaron con frecuencia a sus disc\u00edpulos&#8217;. Muchas personas \u2014por lo menos hasta una \u00e9poca bastante reciente\u2014 consideraban como ejercicio habitual de su vida la lectura diaria de un breve pasaje de la \u00abImitaci\u00f3n de Cristo\u00bb. Entre los textos m\u00e1s elo\u00adcuentes de esta obra, encontramos las palabras siguientes, de sobra conocidas:<\/p>\n<p>\u00abJesucristo tiene ahora muchos amadores de su reino celestial, m\u00e1s muy pocos que lleven su cruz. Tiene muchos que desean la conso\u00adlaci\u00f3n y muy pocos que quieran la tribulaci\u00f3n. Muchos compa\u00f1e\u00adros halla para la mesa, y pocos para la abstinencia. Todos quieren gozar con \u00c9l, m\u00e1s pocos que quieren sufrir algo por \u00c9l. Muchos si\u00adguen a Jes\u00fas hasta el partir el pan, mas pocos, hasta beber el c\u00e1liz de la pasi\u00f3n (Lc 22, 42). Muchos honran sus milagros, mas pocos siguen el vituperio de la cruz. Muchos aman a Jes\u00fas cuando no hay adversidades. Muchos lo alaban y bendicen en el tiempo que reci\u00adben de \u00c9l algunas consolaciones; mas si Jes\u00fas se escondiese y los dejase un poco, luego se quejar\u00edan o desesperar\u00edan mucho\u00bb.<\/p>\n<p>La ense\u00f1anza evang\u00e9lica en la que se basan estas palabras, un tanto duras, dej\u00f3 una huella profunda y duradera en san Vicente y en santa Luisa. Este art\u00edculo enfocar\u00e1:<\/p>\n<ul>\n<li>La Cruz en el Nuevo Testamento.<\/li>\n<li>La cruz en la tradici\u00f3n vicenciana.<\/li>\n<li>Algunos problemas que suscita la reflexi\u00f3n sobre la cruz.<\/li>\n<li>Algunas reflexiones sobre la cruz, hoy.<\/li>\n<\/ul>\n<h2>La cruz en el Nuevo Testamento<\/h2>\n<p>La cruz y la resurrecci\u00f3n se hallan en el centro de la Buena Nueva. Seg\u00fan los autores de los libros del Nuevo Testamento, Jes\u00fas no pod\u00eda evadirse de su hora. Ten\u00eda que padecer la cruz para entrar en su gloria. Tambi\u00e9n sus seguidores tienen que cargar con su cruz, todos los d\u00edas. Pero la cruz de Cristo, como la de sus disc\u00edpulos, se contempla siempre en la perspectiva de la fe, en la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Nuevo Testamento insiste sin cesar en el mensaje de la cruz. A continuaci\u00f3n, les propongo algunos de los textos m\u00e1s importantes en este sentido, siguiendo su orden cronol\u00f3gico.<\/p>\n<h3><i>Algunos textos fundamentales<\/i><\/h3>\n<p>\u00abCuanto a m\u00ed, jam\u00e1s me gloriar\u00e9 a no ser en la cruz de nuestro Se\u00f1or Jesucristo; por quien el mundo est\u00e1 crucificado para m\u00ed y yo para el mundo\u00bb (G\u00e1l 6, 14).<\/p>\n<p>En esta carta, escrita en fecha temprana y enviada a los G\u00e1latas, probablemente alrededor del a\u00f1o 54 de nuestra era&#8217;, Pablo abre la po\u00adl\u00e9mica con los judaizantes que se gloriaban de su circuncisi\u00f3n y de su observancia de la ley. Les declara que ninguna observancia exterior (la ley, las reglas de dieta, la circuncisi\u00f3n) tiene importancia alguna; lo importante es ser nueva creaci\u00f3n en Cristo. Pablo no se glor\u00eda sino del poder de Dios, que exalta la debilidad humana en el Se\u00f1or crucificado. En un pasaje anterior de la misma carta, escribe: \u00ab&#8230; estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, es Cristo quien vive en m\u00ed. Y aunque al presente vivo en carne, vivo en la fe del Hijo de Dios, que me am\u00f3 y se entreg\u00f3 por m\u00ed\u00bb (2, 19-20). Aqu\u00ed y en otros pasajes, Pablo afirma que, por el Bautismo, el cristiano queda identificado por la pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo. La persona que vive y muere con Cristo, posee en s\u00ed una nueva fuente de actividad, el Se\u00f1or glorificado, hecho Esp\u00edritu vivificador (cf. 1 Co 15, 45).<\/p>\n<p>\u00abTened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jes\u00fas, quien, existiendo en forma de Dios, no reput\u00f3 como bot\u00edn codicia\u00adble ser igual a Dios, antes se anonad\u00f3, tomando la forma de siervo y haci\u00e9ndose semejante a los hombres y, en la condici\u00f3n de hom\u00adbre, se humill\u00f3 hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual, Dios lo exalt\u00f3 y le otorg\u00f3 un nombre sobre todo nom\u00adbre, para que, al nombre de Jes\u00fas, doble la rodilla todo cuanto hay en los cielos, en la tierra y en las regiones subterr\u00e1neas, y toda len\u00adgua confiese que Jesucristo es Se\u00f1or para gloria de Dios Padre\u00bb (Flp 2, 5-11).<\/p>\n<p>Escrito esto probablemente en una fecha comprendida entre los a\u00f1os 54 y 57, Pablo presenta en forma de himno, una imagen de Cris\u00adto \u00abque se anonad\u00f3\u00bb. Cristo se hace semejante a nosotros. Toma libre\u00admente la condici\u00f3n de siervo y muere con la muerte ignominiosa de los que hab\u00edan perdido todos sus derechos c\u00edvicos: la crucifixi\u00f3n. El acto de abandono de s\u00ed mismo que hace Jes\u00fas, recibe una respuesta activa de Dios que lo exalta en su resurrecci\u00f3n, como Se\u00f1or del universo. Es as\u00ed como la soberan\u00eda de Dios sobre toda la creaci\u00f3n queda restaurada por el anonadamiento voluntario de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>La doctrina de la cruz de Cristo es necedad para los que se pierden, pero es poder de Dios para los que se salvan\u00bb (1 Co 1, 18).<\/p>\n<p>Dirigi\u00e9ndose a los Corintios, hacia el a\u00f1o 55, y sabiendo que su comunidad estaba desgarrada por las divisiones, Pablo declara que las normas de la humanidad ca\u00edda \u2014el estilo de poder y la especulaci\u00f3n fi\u00adlos\u00f3fica en los que se apoya el mundo\u2014, son extraordinariamente f\u00fatiles. El poder de Dios, la sabidur\u00eda de Dios, se revelan en la \u00abflaqueza\u00bb humana. El poder del amor doliente, que el razonamiento humano no suele llegar a comprender, es la verdadera fortaleza de los creyentes.<\/p>\n<p>\u00abPlugo al Padre que en \u00c9l habitase toda la plenitud y por \u00c9l reconciliar consigo todas las cosas en \u00c9l, pacificando con la san\u00adgre de su cruz, as\u00ed las de la tierra corno las del cielo\u00bb (Col 1, 10-20).<\/p>\n<p>En este \u00faltimo texto, escrito ya en la tradici\u00f3n paulina, probable\u00admente entre los a\u00f1os 70 y 80, el autor emplea uno de los primeros him\u00adnos cristianos para presentar una visi\u00f3n c\u00f3smica de Cristo, que act\u00faa en la creaci\u00f3n y en la Iglesia. All\u00ed donde se encuentra la discordia, Cristo crea la paz. Es el reconciliador absoluto. \u00c9l, en quien reside la plenitud de Dios y de la creaci\u00f3n de Dios, se entrega al Padre al morir. Y por el mismo hecho, entrega con \u00c9l todas las criaturas del cielo y de la tierra.<\/p>\n<p>\u00abSi alguno quiere venir en pos de m\u00ed, ni\u00e9guese a s\u00ed mismo, tome cada d\u00eda su cruz y s\u00edgame. Porque quien quisiere salvar su vida, la perder\u00e1; pero quien perdiere su vida por amor a m\u00ed, la sal\u00advar\u00e1. Pues, \u00bfque aprovecha al hombre ganar todo el mundo, si \u00e9l se pierde y se condena?\u00bb.<\/p>\n<p>El evangelio de Lucas, escrito probablemente entre los a\u00f1os 80-85 est\u00e1 centrado en el seguimiento de Cristo. Al escribir, el autor tiene de continuo presentes en su pensamiento no s\u00f3lo al mismo Jes\u00fas, sobre todo, en su viaje a Jerusal\u00e9n, sino tambi\u00e9n a nosotros, los lecto\u00adres, los disc\u00edpulos que habremos de seguir a Jes\u00fas a lo largo de aquel viaje. La sombra de la cruz se proyecta a trav\u00e9s de las p\u00e1ginas del \u00abre\u00adlato ordenado\u00bb de Lucas (cf. Lc 1, 1, 3), pero esa sombra est\u00e1 ilumina\u00adda por la promesa de la resurrecci\u00f3n (cf. 9, 23; 14, 27; 17, 25; 24, 7; 24, 26; 24, 46). La cruz desempe\u00f1a un cometido \u00abnecesario\u00bb en la his\u00adtoria de la salvaci\u00f3n. Al mismo tiempo que Lucas se\u00f1ala con fuerza el sentido salv\u00edfico de la muerte de Jes\u00fas, su insistencia se desplaza sutilmente hacia el poder salv\u00edfico de la resurrecci\u00f3n. Sin embargo, la cruz se perfila ampliamente, con su tragedia y su misterio. Utilizando la palabra \u00abcruz\u00bb en su sentido metaf\u00f3rico, Lucas saca a plena luz la necesidad que tiene el disc\u00edpulo de negarse a s\u00ed mismo, cargar con su cruz y seguir a Jes\u00fas.<\/p>\n<p>\u00abPuestos los ojos en el autor y consumados de la fe, Jes\u00fas, el cual, en vez del gozo que se le ofrec\u00eda, soport\u00f3 la cruz, sin hacer caso de la ignominia\u00bb (Hb 12, 2).<\/p>\n<p>Este texto, cuya fecha y autor son inciertos, es \u00abun discurso de ex\u00adhortaci\u00f3n\u00bb (Hb 13, 22). El autor presenta a Jes\u00fas, sentado ahora a la diestra del Padre, como el modelo de la paciencia en medio de las pruebas. Y se sirve de este ejemplo para alentar a los destinatarios de la carta a que perseveren hasta llegar a la meta feliz de su carrera. La alegr\u00eda de la resurrecci\u00f3n venidera confiere a la cruz un nuevo signifi\u00adcado.<\/p>\n<h3><i>Algunas ideas fundamentales contenidas en estos textos<\/i><\/h3>\n<p>Estos textos ponen de relieve la idea de la cruz, pero su principal objetivo es el de centrarlo todo en la persona de Jes\u00fas crucificado y re\u00adsucitado. La cruz es el s\u00edmbolo de la entrega absoluta que hizo de s\u00ed mismo. El propio Jes\u00fas es nuestra salvaci\u00f3n, nuestra vida y nuestra re\u00adsurrecci\u00f3n. El es la revelaci\u00f3n suprema del amor del Padre por los hijos. \u00c9l salva a su pueblo de sus pecados. \u00c9l es la promesa escatol\u00f3\u00adgica. En \u00c9l, la persona humana se ve satisfecha en su b\u00fasqueda de fe\u00adlicidad.<\/p>\n<p>Como resalta con evidencia en estos textos, los escritores del Nuevo Testamento, han desarrollado diversas teolog\u00edas de la reden\u00adci\u00f3n, con Pablo a la cabeza, podr\u00edamos decir, como pionero. Los tex\u00adtos presentan a Jes\u00fas como centro de la historia de la salvaci\u00f3n, como cumplimiento de los profetas. Porque as\u00ed como ha habido una historia del pecado, ha habido tambi\u00e9n una historia de la redenci\u00f3n. Jes\u00fas exp\u00eda los pecados de la raza humana. Es el Cordero del sacrificio, que se ofrece a s\u00ed mismo como expiaci\u00f3n por el pecado.<\/p>\n<p>Asimismo, la muerte de Jes\u00fas queda presentada como un aconte\u00adcimiento c\u00f3smico. Las potencias del mal que act\u00faan en el mundo, que\u00addan vencidas, Jes\u00fas sale vencedor de ellas, victorioso del pecado, de la enfermedad, de la muerte. Su padre toma partido por el Crucificado, resucit\u00e1ndolo de entre los muertos.<\/p>\n<p>Pero, al leer estos textos, es muy importante no separar la muerte de Jes\u00fas de su vida. El significado salv\u00edfico de la muerte de Jes\u00fas est\u00e1 en relaci\u00f3n con lo que El proclam\u00f3 y con lo que reprob\u00f3. Jes\u00fas se iden\u00adtifica con los parias, con los pobres, con los que carecen de poder. En su muerte, como en su vida, es uno de ellos. Existe, pues, una eviden\u00adte continuidad entre su manera de vivir y su manera de morir, entre su ense\u00f1anza y el rechazo opuesto a la misma. La muerte de Jes\u00fas en la cruz est\u00e1 en relaci\u00f3n con la opci\u00f3n que hizo por los pobres y los des\u00adpose\u00eddos de poder. Jes\u00fas se muestra maravillosamente libre ante los poderosos del mundo. Denuncia a los que imponen a los dem\u00e1s pesa\u00addas cargas. Y \u00e9l mismo aparece sin poder; por eso, los opresores, los poderosos, lo rechazan. Su muerte por crucifixi\u00f3n es la de aqu\u00e9llos que no tienen ning\u00fan derecho.<\/p>\n<p>Actualmente, hablamos mucho de cristolog\u00edas, de teolog\u00edas de la redenci\u00f3n, como si hubiera en ella formas \u00abascendentes\u00bb y \u00abdescen\u00addentes\u00bb. Los sin\u00f3pticos, partiendo del recuerdo de acontecimientos concretos \u00abocurridos aqu\u00ed abajo\u00bb, van siguiendo la subida de Jes\u00fas, a trav\u00e9s de su vida, su muerte y su resurrecci\u00f3n, hacia la gloria del Padre. En el pensamiento jo\u00e1nico, como en gran parte de la cristolog\u00eda pa\u00adtr\u00edstica y medieval, el punto de partida es \u00aball\u00e1 arriba\u00bb donde el Verbo est\u00e1 junto al Padre en el principio. Sin embargo, en todas estas teolo\u00adg\u00edas (ascendentes, descendentes y otras muchas entre ambas), el cen\u00adtro es la persona de Jes\u00fas, a quien su amor sacrificial lleva a dar la vida por sus amigos: sus compa\u00f1eros de entonces y los de ahora.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de esta insistencia en la persona de Jes\u00fas, a trav\u00e9s del s\u00edmbolo de su cruz, en los textos citados anteriormente aparece tambi\u00e9n el uso metaf\u00f3rico de la palabra \u00abcruz\u00bb, a partir de las propias pa\u00adlabras de Jes\u00fas. En este caso, la \u00abcruz\u00bb se refiere a sufrimientos que ex\u00adperimentan los seguidores de Jes\u00fas. Para el disc\u00edpulo fiel, la cruz:<\/p>\n<ul>\n<li>significa la entrega de su vida,<\/li>\n<li>ha de cargar con ella todos los d\u00edas,<\/li>\n<li>le aporta riquezas mayores que la conservaci\u00f3n de su vida, \u2014 no puede llevarse, si no es gracias al poder de Cristo que act\u00faa en nosotros,<\/li>\n<li>aparece como locura o necedad a los ojos del mundo,<\/li>\n<li>conlleva el perd\u00f3n de los pecados,<\/li>\n<li>produce paz,<\/li>\n<li>es fuente de gozo y conduce al gozo.<\/li>\n<\/ul>\n<h2>La cruz en la tradici\u00f3n vicenciana<\/h2>\n<p>En esta \u00e9poca de la hermen\u00e9utica, somos cada vez m\u00e1s conscien\u00adtes de la influencia que ejerce en nosotros nuestro contexto hist\u00f3rico. Como a todos nos ocurre, san Vicente y santa Luisa fueron hijos de su tiempo. En aquel contexto, ambos recibieron buena formaci\u00f3n, pero ni el uno ni la otra fueron te\u00f3logos especulativos: Ambos asumieron la \u00abteolog\u00eda standard\u00bb de su \u00e9poca. Como, ambos tambi\u00e9n, ten\u00edan una buena dosis de sentido com\u00fan, evitaron los extremos a que llegaron al\u00adgunos de sus contempor\u00e1neos. Pero, como sus contempor\u00e1neos, uno y otra hicieron hincapi\u00e9 en la cruz, con una referencia poco expl\u00edcita a la resurrecci\u00f3n. Por extra\u00f1o que pueda parecer a o\u00eddos modernos, esto era caracter\u00edstico de la teolog\u00eda del siglo. XVII, en Francia.<\/p>\n<h3><i>El lenguaje de los s\u00edmbolos<\/i><\/h3>\n<p>Los s\u00edmbolos son a veces m\u00e1s expresivos que las palabras, porque expresan no s\u00f3lo un contenido intelectual, sino tambi\u00e9n las corrientes de fondo afectivo, profundamente personales, que las palabras no lo\u00adgran comunicar. Santa Luisa y san Vicente reconoc\u00edan, ambos, la importancia del s\u00edmbolo de la cruz como medio para dar a comprender la profundidad del amor de Dios por nosotros<sup>9<\/sup>.<\/p>\n<p>El sello de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, que estuvo en uso desde 1643, es una de las expresiones del lugar que ocupaba la cruz en el pensamiento de san Vicente y de santa Luisa. Las constitu\u00adciones actuales de las Hijas de la Caridad lo describen de la manera si\u00adguiente:<\/p>\n<p>\u00abEl sello de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad repre\u00adsenta un coraz\u00f3n rodeado de llamas en el que destaca un crucifijo. Lleva en torno esta leyenda: \u00abCaritas Christi urget nos\u00bb. La Cari\u00addad de Jesucristo Crucificado, que anima e inflama el coraz\u00f3n de la Hija de la Caridad, la apremia a acudir al servicio de todas las miserias\u00bb (p. 1).<\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n que santa Luisa sol\u00eda poner en sus cartas, selladas con frecuencia con la imagen que acabamos de describir, expresaba tambi\u00e9n, verbalmente, su devoci\u00f3n al Se\u00f1or Crucificado, con f\u00f3rmulas variadas: \u00abSoy, en el amor de Jes\u00fas Crucificado&#8230;\u00bb, \u00abEn su amor y en el de su Hijo Crucificado, soy&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, tanto en las cartas cruzadas entre san Vicente y santa Luisa, como en las dirigidas por ambos a sus respectivas comunidades, queda muy claro que los crucifijos desempe\u00f1aron un papel significati\u00advo en la piedad de muchas Hijas de la Caridad y en la de muchos Sa\u00adcerdotes de la Misi\u00f3n. Las Hermanas sol\u00edan ped\u00edrselos a santa Luisa y \u00e9sta hac\u00eda lo imposible por consegu\u00edrselos\u00bb. Por su parte, san Vicente dice a los Misioneros: \u00abnunca deb\u00e9is estar sin crucifijo\u00bb (XI, 264).<\/p>\n<p>El crucifijo tiene una misi\u00f3n preponderante que desempe\u00f1ar, en el m\u00e9todo de oraci\u00f3n, ense\u00f1ado por san Vicente, especialmente, a las Hijas de la Caridad, de las que algunas cre\u00edan no tener la formaci\u00f3n suficiente para orar bien, ya que no sab\u00edan leer ni escribir. San Vicente les asegura que el orar bien no tiene gran cosa que ver con el conocimiento de la lectura y de la escritura, y les aconseja que usen estampas: \u00abY, \u00bfde d\u00f3nde cre\u00e9is, hijas m\u00edas, que aquel gran san Bue\u00adnaventura sac\u00f3 toda su ciencia? Del libro sagrado de la cruz\u00bb (IX, 210). Les refiere tambi\u00e9n la historia de una persona que felicitaba a santo Tom\u00e1s por los bellos pensamientos que ten\u00eda acerca de Dios, y c\u00f3mo \u00e9ste respondi\u00f3 que iba a mostrarle su biblioteca, llev\u00e1ndolo ante un crucifijo (Cf. IX, 49). San Vicente explica a sus hijas que si bien s\u00f3lo algunas pod\u00edan utilizar m\u00e9todos de oraci\u00f3n como los des\u00adcritos en la \u00abIntroducci\u00f3n a la vida devota\u00bb por Francisco de Sales, todas, en cambio, pod\u00edan ponerse al pie de la cruz, en presencia de Dios. Si una no tiene nada que decir, puede esperar a que Dios le hable (Cf. IX, 64).<\/p>\n<p>De hecho, para san Vicente, ninguna oraci\u00f3n puede agradar m\u00e1s a Dios que la meditaci\u00f3n diaria de la pasi\u00f3n y de la muerte de nuestro Se\u00f1or (Cf. IX, 1103).<\/p>\n<h3><i>Los escritos de san Vicente y de santa Luisa<\/i><\/h3>\n<p>Los textos en los que san Vicente y santa Luisa hablan de la cruz, son demasiado numerosos para citarlos aqu\u00ed, de manera ex\u00adhaustiva. Adem\u00e1s, sus referencias a la cruz las hacen habitualmente de pasada, sin un verdadero desarrollo del tema (a pesar de que santa Luisa s\u00ed tiene una reflexi\u00f3n expl\u00edcita sobre la cruz, que forma parte de una de sus meditaciones escrita en sus \u00faltimos a\u00f1os) (SLM, 763\u00ad764, CEME, Salamanca, 1985). Las alusiones a la resurrecci\u00f3n \u2014ya lo hemos dicho\u2014 son relativamente escasas. Yo propongo aqu\u00ed de una manera sint\u00e9tica, un breve an\u00e1lisis del sentido de la cruz que se des\u00adprende de lo que dicen o escriben los dos santos, en contextos muy variados.<\/p>\n<h3><i>La cruz, s\u00edmbolo del amor de Dios revelado en Jes\u00fas<\/i><\/h3>\n<p>\u00abViva tu amor y el de Jes\u00fas Crucificado!\u00bb, exclama santa Luisa, al final como alusi\u00f3n de un acto de consagraci\u00f3n que ha fir\u00admado (SLM, 669, CEME, Salamanca, 1985).<\/p>\n<p>Los dos santos insisten con frecuencia en el amor de Dios por no\u00adsotros (Cf. IX, 255). La cruz es el s\u00edmbolo del amor del Padre, tal y como se nos manifiesta en la muerte de su Hijo. En sus reflexiones sobre la cruz y sobre el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, los dos santos recuerdan a menudo a sus disc\u00edpulos cu\u00e1n profundo es el amor que Dios nos tiene. El 5 de julio de 1641, santa Luisa escribe a Sor Isabel Mart\u00edn: \u00abRuego a nuestro amado Jes\u00fas crucificado que nos sujete fuertemente a su cruz para que, unidas estrechamente a El en su santo amor, nuestros peque\u00ad\u00f1os sufrimientos y lo poco que hagamos, lo sean con amor y por su amor, en el que soy, querida Hermana, su muy humilde hermana y ser\u00advidora\u00bb (SLM, 63, CEME, Salamanca, 1985).<\/p>\n<p>\u00abFue preciso que nuestro Se\u00f1or previniese con su amor a los que quiso que creyeran en \u00c9l\u00bb, escribe san Vicente a Antonio Portail (I, 320). La convicci\u00f3n de san Vicente, como la de santa Luisa, era con\u00adcreta y fuerte: creemos en aqu\u00e9llos de quienes nos sabemos amados y a quienes amamos. Jes\u00fas, con su muerte en la cruz, revela el amor de Dios en toda su profundidad.<\/p>\n<h3><i>Ser Hija de la Caridad es ser Hija de la cruz<\/i><\/h3>\n<p>El amor al pr\u00f3jimo y, especialmente, el servicio a los pobres, con\u00adllevan, de manera inevitable, \u00abla cruz\u00bb, en su sentido metaf\u00f3rico. De hecho, ser Hija de la Caridad o Hija del Amor (Cf. IX, 67, 1015, 1025) significa identificarse con el Se\u00f1or crucificado. Hacia el final de su vida, san Vicente escribe a sor Avoya Vigneron (VII, 209): \u00abRec\u00edbalo, pues (el sufrimiento), como un beneficio de su mano paternal y procu\u00adre usar bien de \u00e9l. Ayude a su hermana a llevar la cruz, ya que la de usted no es tan pesada como la suya; recu\u00e9rdele que es Hija de la Ca\u00adridad y que debe ser crucificada con nuestro Se\u00f1or y someterse a su di\u00advina voluntad para no ser del todo indigna de tan digno padre\u00bb. A santa Luisa, durante una de sus enfermedades, le escribe: \u00abA mi regreso, he sabido su indisposici\u00f3n. Esto me ha contristado. Ruego a nuestro Se\u00f1or que le devuelva una perfecta salud, como aqu\u00e9lla que tanto me alegr\u00f3 la \u00faltima vez que la vi. En fin, es usted hija de la cruz \u00a1Oh, qu\u00e9 felicidad!\u00bb (I, 367).<\/p>\n<p>De la misma manera, santa Luisa reconoce que su vocaci\u00f3n signifi\u00adca: identificaci\u00f3n con la cruz. En una reflexi\u00f3n sobre la caridad, escribe: \u00abDios &#8230; me ha concedido tantas gracias como la de darme a conocer que su santa voluntad era que yo fuese a \u00c9l por la cruz\u00bb (SLM, 687, CEME, Salamanca, 1985). En una \u00e9poca ya tard\u00eda de su vida, escribiendo sobre el puro amor que hemos consagrado a Dios y la necesidad de darnos to\u00adtalmente a \u00c9l, declara: \u00aby para prob\u00e1rtelo, te sigo hasta el pie de la cruz, que escojo por mi claustro\u00bb (SLM, 821, CEME, Salamanca, 1985).<\/p>\n<p>Se pod\u00eda imaginar, puesto que hay tan pocas referencias expl\u00edcitas a la resurrecci\u00f3n, que esta espiritualidad encerrara el riesgo de tornarse un tanto sombr\u00eda, triste&#8230; No es tal el caso de san Vicente, que instaba a las Hijas de la Caridad a que fueran alegres, que se mostraran son\u00adrientes en el servicio a los pobres. A veces, tuvo que contrarestar cierta tendencia de santa Luisa a una excesiva seriedad, por ejemplo un d\u00eda en que ten\u00eda que viajar con la expresiva se\u00f1ora Goussault, la aconsejaba en esta forma: \u00able ruego que est\u00e9 siempre alegre (con ella), aunque tenga que disminuir un poco esa peque\u00f1a seriedad que la naturaleza le ha dado y que la gracia endulza, por la misericordia de Dios\u00bb (I, 499).<\/p>\n<h3><i>La cruz y la providencia<\/i><\/h3>\n<p>Ambos santos profesan una devoci\u00f3n profunda a la providencia. A lo largo de su vida, han tenido cada vez m\u00e1s motivos para convencerse del amor que Dios les ten\u00eda y han ido progresando en la confianza de que Dios act\u00faa siempre en los acontecimientos que se presentan, ya alegres, ya do\u00adlorosos. El a\u00f1o anterior a su muerte, san Vicente dec\u00eda a los Misioneros: \u00abHermanos m\u00edos, ten\u00e9is que descansar en los cuidados amorosos de la misma providencia&#8230; ni preocuparos m\u00e1s que de buscar el reino de Dios, ya que su sabidur\u00eda infinita proveer\u00e1 a todo lo dem\u00e1s\u00bb (XI, 438).<\/p>\n<p>San Vicente y santa Luisa consideran que la cruz es una parte de la providencia.<\/p>\n<p>El 26 de marzo de 1653, santa Luisa escribe a Sor Juana Lepein\u00adtre: \u00aby por eso quiz\u00e1, nuestro Se\u00f1or le inspira que permanezca usted en paz al pie de su cruz, completamente sometida a las disposiciones de su divina providencia. Me parece, querida Hermana, que ha encontra\u00addo usted la \u00abpiedra filosofal\u00bb de la devoci\u00f3n, cuando la firme resolu\u00adci\u00f3n de hacer la voluntad de Dios calma sus penas\u00bb (SLM, 406, CEME, Salamanca, 1985). En los momentos de pruebas o calumnias, los dos santos recuerdan con prontitud a sus comunidades que ellas est\u00e1n par\u00adticipando, por la providencia de Dios, en la cruz de Cristo. Al final de su vida, santa Luisa escribe a Sor Francisca Carcireux: \u00abtendr\u00edamos que recibir de parte de la providencia, sobre todo, el cuerpo de la Compa\u00ad\u00f1\u00eda, este ejercicio como una participaci\u00f3n en la cruz de nuestro Se\u00f1or y como una ocasi\u00f3n ofrecida por \u00c9l para seguirlo\u00bb (SLM, 642, CEME, Salamanca, 1985). Un a\u00f1o antes, san Vicente hab\u00eda redactado una de\u00adclaraci\u00f3n semejante en las Reglas Comunes que daba a la Congrega\u00adci\u00f3n de la Misi\u00f3n: \u00abSi alguna vez, la providencia de Dios permite que la Congregaci\u00f3n, o alguna de sus casas, o alguno de sus miembros sea injustamente objeto de calumnia o de persecuci\u00f3n&#8230; alabaremos y ben\u00addeciremos a Dios por ello, y le daremos gracias gozosamente por este gran bien que nos viene del Padre de las luces\u00bb (RC II, 13). aprende a morir. \u00abAcu\u00e9rdese, padre, escribe san Vicente al se\u00f1or Por\u00adtail, de que vivimos en Jesucristo, por la muerte de Jesucristo, y que hemos de morir en Jesucristo por la vida de Jesucristo, y que nuestra vida tiene que estar oculta en Jesucristo y llena de Jesucristo, y que, para morir como Jesucristo, hay que vivir como Jesucristo\u00bb (I, 320).<\/p>\n<p>La verdadera santidad brota de la cruz, donde el poder de Dios trabaja en nosotros. En medio de las penas que le causa su hijo, santa Luisa pide a san Vicente: \u00abH\u00e1game usted a m\u00ed la (caridad) de pedir a nuestro buen Dios que, por su misericordia, mi hijo participe alg\u00fan d\u00eda en los m\u00e9ritos de la vida y muerte de Jes\u00fas crucificado, fuente viva de toda santidad\u00bb (SLM, 186, CEME, Salamanca, 1985).<\/p>\n<p>En una carta conmovedora a Sor Juana Lepeintre, escribe tam\u00adbi\u00e9n: \u00abHaga saber a las Hermanas que la gente de Nantes murmura de ellas m\u00e1s de lo que se pueden imaginar y por cosas de importancia; pero que es el maligno el que hace esos juegos, y no saldr\u00e1 victorioso si ellas se api\u00f1an y unen entre s\u00ed en torno a la cruz, como los polluelos bajo las alas de su madre cuando los amenaza la lechuza\u00bb (SLM, 213, CEME, Salamanca, 1985).<\/p>\n<p>San Vicente, hablando a los Misioneros del martirio de Pierre Bourgoing, les dice: \u00ab\u00c1nimo, padres y hermanos m\u00edos! Esperemos que nuestro Se\u00f1or nos dar\u00e1 fuerzas en las cruces que nos vengan, por gran\u00addes que sean, si ve que las amamos y que confiamos en El\u00bb (XI, 216).<\/p>\n<h3><i>Unidos a Cristo crucificado y viviendo por el poder de Dios<\/i><\/h3>\n<p>En sus \u00abPensamientos sobre la cruz\u00bb, santa Luisa exclama: \u00ab\u00a1Oh cruz!, \u00a1oh sufrimientos! \u00a1qu\u00e9 amables sois, puesto que el amor de Dios os ha cedido el puesto, en su Hijo, para adquirir por vuestro medio el poder de otorgar su para\u00edso a los que las delicias hab\u00edan arrojado de \u00e9l!\u00bb (SLM, 764, CEME, Salamanca, 1985)\u00bb.<\/p>\n<p>S\u00f3lo cuando se acepta morir con Cristo se encuentra la fuerza para vivir como disc\u00edpulo suyo: y solamente viviendo con Cristo, se se aprende morir. \u00abAcu\u00e9rdese, padre, escribe san Vicente al se\u00f1or Por\u00adtail, de que vivimos en Jesucristo, por la muerte de Jesucristo, y que hemos de morir en Jesucristo por la vida de Jesucristo, y que nuestra vida tiene que estar oculta en Jesucristo y llena de Jesucristo, y que, para morir como Jesucristo, hay que vivir como Jesucristo\u00bb (I, 320).<\/p>\n<p>La verdadera santidad brota de la cruz, donde el poder de Dios ti abaja en nosotros. En medio de las penas que le causa su hijo, santa Luisa pide a san Vicente: \u00abH\u00e1game usted a m\u00ed la (caridad) de pedir a nuestro buen Dios que, por su misericordia, mi hijo participe alg\u00fan d\u00eda en los m\u00e9ritos de la vida y muerte de Jes\u00fas crucificado, fuente viva de ida santidad\u00bb (SLM, 186, CEME, Salamanca, 1985).<\/p>\n<p>En una carta conmovedora a Sor Juana Lepeintre, escribe tam\u00adbi\u00e9n: \u00abHaga saber a las Hermanas que la gente de Nantes murmura de (.1 las m\u00e1s de lo que se pueden imaginar y por cosas de importancia; Mero que es el maligno el que hace esos juegos, y no saldr\u00e1 victorioso si ellas se api\u00f1an y unen entre s\u00ed en torno a la cruz, como los polluelos bajo las alas de su madre cuando los amenaza la lechuza\u00bb (SLM, 213, (&#8216;EME, Salamanca, 1985).<\/p>\n<p>San Vicente, hablando a los Misioneros del martirio de Pierre Bourgoing, les dice: \u00ab\u00c1nimo, padres y hermanos m\u00edos! Esperemos que nuestro Se\u00f1or nos dar\u00e1 fuerzas en las cruces que nos vengan, por gran\u00addes que sean, si ve que las amamos y que confiamos en El\u00bb (XI, 216).<\/p>\n<h3><i>Un camino privilegiado<\/i><\/h3>\n<p>Los dos santos estaban absolutamente convencidos de esto. Se lo repet\u00edan el uno al otro, lo mismo que a sus seguidores. En una carta es\u00adcrita un poco antes de 1634, san Vicente dice a santa Luisa: \u00abNuestro Se\u00f1or proveer\u00e1, sobre todo, si quiere estar al pie de la cruz, en donde se encuentra al presente y que es el mejor lugar donde puede uno estar en el mundo. Qui\u00e9ralo as\u00ed, se\u00f1orita, y no tema\u00bb (I, 206).<\/p>\n<p>En una carta que re\u00fane varios temas de los que hemos visto ante\u00adriormente, santa Luisa escribe a Sor Carlota Royer, con un lenguaje que recuerda el de la imitaci\u00f3n de Jesucristo: \u00abYa ve usted, querida Hermana, que el camino por el que Dios quiere que vaya hacia El es el camino real de la cruz\u00bb (SLM, 512, CEME, Salamanca, 1985). Y a Sor Catalina Baucher y Sor Mar\u00eda Donion dice: \u00abS\u00ed, queridas Hermanas, el mayor honor que pueden recibir es el de seguir a Jesucristo cargado con la suya (su cruz)\u00bb (SLM, 519, CEME, Salamanca, 1985).<\/p>\n<p>En sus pensamientos sobre la cruz, asegura que \u00ablas almas esco\u00adgidas por Dios est\u00e1n de manera muy particular destinadas al sufri\u00admiento\u00bb (SLM, 763, CEME, Salamanca, 1985). Meditando sobre la ca\u00adridad, dice de s\u00ed misma: \u00abDios&#8230; me ha concedido tantas grancias como la de darme a conocer que su santa voluntad era que yo fuese a \u00c9l por la cruz, que su bondad ha querido tuviese desde mi mismo nacimiento y no habi\u00e9ndome dejado casi nunca, en toda mi edad (de mi vida) sin ocasiones de sufrimiento\u00bb (SLM, 687, CEME, Salamanca, 1985).<\/p>\n<h3><i>Jes\u00fas en la cruz como medio para animar a los dem\u00e1s<\/i><\/h3>\n<p>Ambos fundadores conocieron muchos sufrimientos: la miseria de los pobres; los estragos de la guerra; el trabajo de fundar dos co\u00admunidades; las dificultades de la vida comunitaria a medida que los a\u00f1os iban pasando; las cr\u00edticas de dentro y fuera de sus comunidades; sus propios combates interiores; la enfermedad, la muerte de sus ami\u00adgos m\u00e1s cercanos; su propia muerte. Llevaron estas cruces como pro\u00adcedentes de la providencia de Dios.<\/p>\n<p>Pero reconocieron que no se debe llevar toda clase de cruz cuan\u00addo es posible remediar el sufrimiento.<\/p>\n<p>Santa Luisa, por ejemplo, escribe a una nueva hermana sirviente, Sor Elisabeth Brocard: \u00abY si hay alguna sombra que la apena, hum\u00ed\u00adllese y sop\u00f3rtela como una cruz muy amable, puesto que es nuestro Se\u00f1or quien la permite para usted. No quiere esto decir querida Her\u00admana, que si contin\u00faan sus dificultades, y nos las comunica usted, que no tratar\u00edamos de darle la satisfacci\u00f3n de que tenga usted necesidad\u00bb (SLM, 438, CEME, Salamanca, 1985).<\/p>\n<p>Otras cruces deben llevarse con valent\u00eda, ya que evitarlas causa\u00adr\u00eda a otros un mayor mal: \u00abEs preferible amar las penas cuando se tie\u00adnen, llevarlas a los pies del crucifijo o comunicarlas a la Hermana que sirve a las dem\u00e1s, que no ir a descargarse de ellas a esa costa\u00bb, escribe santa Luisa a Sor Juana Lepeintre (SLM, 266, CEME, Salamanca, 1985).<\/p>\n<p>La cruz se evoca especialmente cuando san Vicente y santa Luisa hablan de la enfermedad. Escribiendo a Sor Francisca Carcireux, respecto a la enfermedad de Sor Carlota Royer, santa Luisa dice: \u00abNues\u00adtro Se\u00f1or se sirva de ella (de esa prueba) para santificarla, por los m\u00e9\u00adritos de su santa vida y preciosa muerte en la cruz por nosotros\u00bb (SLM, 511, CEME, Salamanca, 1985). Al relatar la muerte de Sor B\u00e1rbara Angiboust, escribe: \u00abDios la ha honrado con las se\u00f1ales m\u00e1s excelen\u00adtes de verdadera cristiana y sierva de Dios: por su conformidad con la voluntad de Dios, por las elevaciones frecuentes de su esp\u00edritu a Jes\u00fas crucificado y por una paciencia admirable\u00bb (SLM, 607, CEME, Sala\u00admanca, 1985).<\/p>\n<h2>Algunos problemas que suscita la reflexi\u00f3n sobre la cruz<\/h2>\n<p>Los jud\u00edos y los gentiles no fueron los \u00fanicos en ver en la cruz un <i>\u00abesc\u00e1ndalo\u00bb, <\/i>una <i>\u00ablocura\u00bb. <\/i>A nivel teol\u00f3gico, siempre surgen dificul\u00adtades cuando se trata de la cruz y, de manera m\u00e1s general, del <i>problema del mal.<\/i><\/p>\n<p>Algunas de estas dificultades con que se tropieza para elaborar una teolog\u00eda de la cruz, proceden de las diferentes maneras que se tie\u00adnen de considerar a Dios. Los escritos jud\u00edos y los escritos cristianos honran a Dios bajo dos aspectos. Por una parte, como el que est\u00e1 por encima de toda creaci\u00f3n, absolutamente trascendental. Por otra, como el que se ha comprometido \u00edntimamente con sus criaturas y sufre con el dolor de su pueblo.<\/p>\n<p>Cuando el cristianismo penetr\u00f3 en el mundo helen\u00edstico, se en\u00adcontr\u00f3 con un concepto de Dios seg\u00fan el pensar griego, que no se ar\u00admonizaba f\u00e1cilmente con el aspecto inmanente de la presencia de Dios, seg\u00fan las Escrituras. El Dios griego estaba totalmente encerrado en s\u00ed mismo, trascendente al mundo, incapaz de vibrar ante las acciones o los sufrimientos humanos. Por consiguiente, la asociaci\u00f3n entre el as\u00adpecto inmanente del Dios presentado por la Biblia y el concepto grie\u00adgo de ese mismo Dios tuvo una historia bastante accidentada. En la \u00e9poca de los grandes escol\u00e1sticos, el enfoque griego ejerci\u00f3 una in\u00adfluencia predominante: Dios, en su ser de Dios, no puede sufrir; Dios sufre solamente en la humanidad de Jesucristo. \u00a1Qu\u00e9 contraste presen\u00adta esta afirmaci\u00f3n con la de Oseas, para quien \u00ablas entra\u00f1as de Dios se estremecen\u00bb de compasi\u00f3n cuando decide: \u00abno ejecutar\u00e9 el ardor de mi c\u00f3lera\u00bb (Cf. Os 11, 8).<\/p>\n<p>Pero muchos esp\u00edritus y corazones modernos encuentran dif\u00edcil admitir este enfoque escol\u00e1stico de Dios bajo la influencia griega. Porque parece situar a Dios a gran distancia de los que sufren. En los \u00aba\u00f1os cuarenta\u00bb, poco antes de su muerte, Dietrich Bonhoeffer escrib\u00eda que \u00abs\u00f3lo un Dios que sufre puede ayudarnos\u00bb. En los a\u00f1os cin\u00adcuenta, Jacques Maritain declaraba: \u00abNos es necesario integrar el su\u00adfrimiento en Dios, porque la idea de un Dios insensible y ap\u00e1tico suscita una rebeli\u00f3n en las masas\u00bb. En los a\u00f1os sesenta y setenta, una serie de ensayos de Karl Rahner llevaron m\u00e1s lejos el estudio de la cuesti\u00f3n. En los a\u00f1os ochenta, las dos caras del problema quedaron clasificadas en varias presentaciones: la de J\u00fcrgen Moltmann, \u00abEl Dios crucificado\u00bb, y los dos libros de Edward Schillebeeckx \u00abJes\u00fas\u00bb y \u00abCristo\u00bb.<\/p>\n<p>Moltmann intenta construir una teolog\u00eda de un Dios sufriente. Dios sufre \u2014piensa Moltmann\u2014 no a causa de una deficiencia de su na\u00adturaleza divina, sino porque escoge libremente verse afectado por lo que afecta a los dem\u00e1s. Schillebeeckx, con un enfoque m\u00e1s semejante a la tradici\u00f3n cl\u00e1sica, sostiene que Dios no sufre, m\u00e1s bien resiste el mal, en Jes\u00fas, y es salidario con todos los que sufren, saliendo vence\u00addor del sufrimiento con su presencia compasiva. Esta presencia se ma\u00adnifiesta de manera \u00absacramental\u00bb en Jes\u00fas y en los que, al compartir la vida de Jes\u00fas, se oponen a la injusticia.<\/p>\n<p>Pero cualquiera que sea el partido que se tome en este debate, toda esta literatura ha inspirado un nuevo t\u00edtulo que atribuir a Jes\u00fas:<\/p>\n<p>\u00abJes\u00fas, la Compasi\u00f3n de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>A un nivel te\u00f3rico-pr\u00e1ctico, existe un peligro perenne, no ausente hoy, el de que pueda utilizarse \u00abla cruz\u00bb como ideolog\u00eda; es decir, como un argumento para justificar un comportamiento opresor. En una so\u00adciedad injusta, por ejemplo, se puede echar mano de este argumento para invitar a los pobres a que acepten en silencio la injusticia.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os siguientes a la conferencia de Medell\u00edn, 1968, se de\u00adsarroll\u00f3 entre los te\u00f3logos, especialmente, en Am\u00e9rica Latina, una cr\u00ed\u00adtica profunda del papel que la teolog\u00eda y la piedad popular desempe\u00ad\u00f1aban, sosteniendo situaciones de injusticia. Una insistencia demasiado grande en Cristo crucificado y muerto, que acept\u00f3 esa muerte con la mansedumbre de un cordero llevado a degollar, \u00bfno pre\u00adtend\u00eda presentar el sufrimiento como voluntad de Dios? \u00bfNo era la ma\u00adnera de cultivar una mentalidad que equival\u00eda a decir: \u00abaceptad la cruz con resignaci\u00f3n, para merecer en recompensa la vida eterna\u00bb? \u00bfNo era esto allanar el camino al opresor?<\/p>\n<p>Al contrario, los cristianos han de promover el bienestar de todos y la liberaci\u00f3n de las estructuras que favorecen s\u00f3lo a unas minor\u00edas, con detrimento de la mayor\u00eda, que favorecen a los ricos con detrimen\u00adto de los pobres, a un grupo racial, social o religioso con detrimento de los dem\u00e1s. En realidad, la liberaci\u00f3n de la opresi\u00f3n es uno de los sig\u00adnos del reino. El cristiano no puede, pues, permanecer silencioso fren\u00adte a la injusticia. Al contrario, debe estar pronto a sufrir por la justicia. Es cierto que hay que hacer una distinci\u00f3n entre el progreso material y el advenimiento del reino de Dios; pero la vida del reino que ya act\u00faa en los creyentes debe impulsar al cristiano a hacer lo posible por \u00abevangelizar a los pobres, proclamar a los cautivos la liberaci\u00f3n, a los ciegos la recuperaci\u00f3n de la vida, y poner en libertad a los oprimidos\u00bb (Lc 4, 18).<\/p>\n<p>Lamentablemente, las ideolog\u00edas opresoras pueden hallarse pre\u00adsentes no s\u00f3lo en la sociedad civil, sino tambi\u00e9n en la Iglesia y en la vida religiosa. \u00abLa aceptaci\u00f3n\u00bb puede alabarse m\u00e1s que una cr\u00edtica constructiva. Pueden marginarse o reducirse al silencio voces que lla\u00adman al arrepentimiento o a los cambios necesarios.<\/p>\n<p>Existe un tercer problema que puede surgir a nivel de la <i>ascesis <\/i>personal: es el de una distorsi\u00f3n en la pr\u00e1ctica del ascetismo. En la tra\u00addici\u00f3n vicenciana, las cruces que se impone uno a s\u00ed mismo han de uti\u00adlizarse siempre con moderaci\u00f3n (cf. RC X, 15); deben contemplarse y practicarse siempre en funci\u00f3n de una finalidad apost\u00f3lica y comuni\u00adtaria, deben ayudarnos a servir al pobre, mejor, a vivir en comunidad, mejor, a obrar mejor.<\/p>\n<p>Para san Vicente y santa Luisa estaba muy claro que las cruces m\u00e1s importantes de la vida no necesitan fabricarse. Se imponen por s\u00ed mismas. Esto no quiere decir que no quede sitio alguno para una dis\u00adciplina personal, para pr\u00e1cticas escogidas con sabidur\u00eda y prudencia que nos impulsen a la renuncia de nosotros mismos, para alcanzar las metas que se nos proponen. Esto quiere decir que las mortificaciones que nos imponemos nosotros mismos han de estar adaptadas a nuestra vocaci\u00f3n de miembros de una sociedad de vida apost\u00f3lica.<\/p>\n<h2>Algunas reflexiones sobre la cruz, hoy<\/h2>\n<p>Teniendo en cuenta lo que acabamos de decir m\u00e1s arriba, me pa\u00adrece que resulta evidente que \u00abla devoci\u00f3n a la cruz\u00bb no es simple\u00admente una \u00abdevoci\u00f3n privada\u00bb, facultativa o una \u00abpr\u00e1ctica asc\u00e9tica per\u00adsonal\u00bb. Se sit\u00faa m\u00e1s bien en el centro de la buena noticia, puesto que la cruz es el s\u00edmbolo del amor salv\u00edfico de Jes\u00fas&#8217;.<\/p>\n<p>La realidad hist\u00f3rica de la cruz se halla en el centro de la revela\u00adci\u00f3n; es el \u00absacramento\u00bb del amor de Dios al mundo y de la plenitud de la respuesta humana a ese amor. La cruz de Cristo no se halla, pues, en la periferia de la vida cristiana, donde podr\u00eda enumer\u00e1rsela entre una serie de otras devociones; no, se encuentra en el centro mismo del Credo: \u00abPadeci\u00f3 bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muer\u00adto y sepultado. Descendi\u00f3 a los infiernos. Al tercer d\u00eda, resucit\u00f3 de entre los muertos.<\/p>\n<p>El s\u00edmbolo de la cruz, tan central en la Buena Noticia, habla a nuestra \u00e9poca como habl\u00f3 a todas las edades, pero con aspectos con\u00adcretos diferentes. Con fuerza nos dice por lo menos lo siguiente:<\/p>\n<h3><i>I. Jes\u00fas crucificado, en su amor sufriente, se halla en el centro de <\/i><i>nuestra fe, resucitado por el Padre, plenamente vivo.<\/i><\/h3>\n<p>El autor de la primera carta a Timoteo nos dice que la plenitud de la verdad reside en \u00abel hombre Cristo Jes\u00fas, que se entreg\u00f3 a s\u00ed mismo para redenci\u00f3n de todos\u00bb (1Tm 2, 5-6). Toda la espiritualidad cristiana est\u00e1 centrada, por lo tanto, en Jes\u00fas crucificado y resucitado. \u00c9l es el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por \u00c9l.<\/p>\n<p>La cruz es el s\u00edmbolo de lo que m\u00e1s lleva Jes\u00fas en el centro de su persona: \u00abEn esto hemos conocido el amor, en que \u00c9l dio su vida por nosotros y nosotros debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos\u00bb (lJn 3, 16). Jes\u00fas crucificado proclama que el amor que se da es la esencia de ser Dios y de ser humanos. \u00abEl amor de Dios hacia nosotros se manifest\u00f3 en que Dios envi\u00f3 al mundo a su Hijo unig\u00e9nito para que nosotros vivamos por \u00c9l. En eso est\u00e1 el amor, no en que nosotros ha\u00adyamos amado a Dios, sino en que \u00c9l nos am\u00f3 y nos envi\u00f3 a su Hijo como propiciaci\u00f3n por nuestros pecados. Car\u00edsimos, si de esta manera nos am\u00f3 Dios, tambi\u00e9n nosotros debemos amarnos unos a otros\u00bb (1.In 4, 9-11).<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s vital, para el Misionero o para la Hija de la Caridad, que centrarse en el amor de Dios, del que la cruz es el s\u00edmbolo. La expe\u00adriencia personal de este amor, en un Misionero, lo impulsar\u00e1 a procla\u00admarlo como Buena Noticia. La experiencia personal de este amor, en una Hija de la Caridad, la impulsar\u00e1 a compartirlo como fuente de salud.<\/p>\n<p>El amor que Jes\u00fas nos muestra a trav\u00e9s del s\u00edmbolo de la cruz es:<\/p>\n<ul>\n<li>Entrega.<\/li>\n<li>Sacrificio.<\/li>\n<li>Perd\u00f3n.<\/li>\n<li>Salud, curaci\u00f3n.<\/li>\n<li>Uni\u00f3n.<\/li>\n<li>Lealtad a los amigos.<\/li>\n<li>Renuncia al poder.<\/li>\n<li>Solidaridad con los d\u00e9biles.<\/li>\n<li>Confianza en el poder de Dios.<\/li>\n<\/ul>\n<p>En nuestro contexto vicenciano, la meditaci\u00f3n frecuente en la cruz, como s\u00edmbolo del amor de Dios por nosotros y de nuestro amor a Dios, tiene una importancia se\u00f1alada. Perm\u00edtanme que, para esa me\u00additaci\u00f3n, les sugiera los textos siguientes que se refieren, expl\u00edcita o impl\u00edcitamente a la cruz y que est\u00e1n centrados en el amor de Dios por nosotros, tal y como nos lo revela la persona de Jes\u00fas: Jn 3, 16-17; Jn 13, 1-17; Jn 4, 9-10; Ef 1, 3-14; St 1, 17-18; Lc 9, 23.<\/p>\n<p>Como se desprende con toda claridad de estos textos, la cruz, en el Nuevo Testamento es mucho m\u00e1s que un ejemplo. La cruz nos habla de los caminos de Dios. Nos descubre las profundidades de su amor. Proclama que el poder de Dios prevalecer\u00e1 sobre las intrigas de todos los pecadores. Revela que la verdadera sabidur\u00eda no reside en las fuerzas del mal, sino en el amor sufriente. Nos introduce, por fin, en el misterio de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<h3><i>2. Todos los Misioneros, todas las Hijas de la Caridad, todas las per\u00ad<\/i><i>sonas&#8230; tendr\u00e1n que sufrir.<\/i><\/h3>\n<p>Por supuesto, algunos sufrimientos pueden y deben evitarse. Pero la ley sin excepci\u00f3n de la existencia humana y el seguimiento de Cris\u00adto es que hay que pasar, inevitablemente, por el sufrimiento y la muer\u00adte. Las palabras c\u00e9lebres de Dietrich Bonhoeffer, escritas de manera prof\u00e9tica algunos a\u00f1os antes de su ejecuci\u00f3n, captan con exactitud la realidad: \u00abCuando Cristo llama a una persona, le ordena que se acer\u00adque a \u00c9l y muera\u00bb.<\/p>\n<p>El amor de Jes\u00fas hasta la muerte, da sentido a las numerosas cru\u00adces que sus disc\u00edpulos est\u00e1n llamados a llevar. Por eso, d\u00e9jenme que les sugiera que la \u00abcruz\u00bb, hoy, en la vida de un Misionero o de una Hija de la Caridad, en seguimiento de Cristo, puede tomar de manera concre\u00adta las formas siguientes:<\/p>\n<ul>\n<li>Trabajar todos los d\u00edas con perseverancia en el servicio a los po\u00adbres.<\/li>\n<li>Compartir el sufrimiento de los abandonados y la pena de los marginados.<\/li>\n<li>Estar al lado de los abandonados, sufrir por la justicia en soli\u00addaridad con ellos.<\/li>\n<li>Dar testimonio de los valores del Evangelio en un contexto des\u00adfavorable.<\/li>\n<li>Aceptar los acontecimientos que nos desagradan pero en rela\u00adci\u00f3n a los cuales no podemos hacer nada.<\/li>\n<li>Participar en algunas de las privaciones por las que pasan los pobres.<\/li>\n<li>Soportar la enfermedad: la nuestra y la de los dem\u00e1s.<\/li>\n<li>Comprender a las personas de edad.<\/li>\n<li>Soportar la muerte de los amigos.<\/li>\n<li>Vivir nuestra propia muerte.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Enfrentarse con el sufrimiento y con la muerte inevitable siem\u00adpre ha sido y lo ser\u00e1 siempre, una tarea formidable. Pero en una \u00e9poca que genera la b\u00fasqueda de satisfacciones inmediatas, el reto se hace todav\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil. Por duro que esto pueda parecer \u2014aun\u00adque ya sabemos que es posible presentar esta misma verdad en t\u00e9r\u00adminos mucho m\u00e1s positivos\u2014 morir es el objetivo de la espirituali\u00addad cristiana, morir para poder vivir. Cierto, uno puede preguntarse teniendo como mira la \u00abimitaci\u00f3n de Cristo\u00bb, si algunas de las pr\u00e1c\u00adticas concretas que describe el Nuevo Testamento pueden exigirse a todo cristiano (marchar al desierto, pasar la noche en oraci\u00f3n, la ma\u00adnera efectiva en que Jes\u00fas vivi\u00f3 la pobreza); pero lo que no ofrece lugar a dudas es esta proposici\u00f3n: \u00abTodo cristiano, en todo tiempo, sigue a Jes\u00fas muriendo en El. El seguimiento de Jes\u00fas halla su ver\u00addad, su realidad, su universalidad supremas en el seguimiento del Crucificado.<\/p>\n<p>El seguimiento del Se\u00f1or crucificado es el supremo acto de fe; significa que se acepta entrar, con esperanza y amor, en el misterio in\u00adcomprensible de Dios.<\/p>\n<h3><i>3. El Se\u00f1or crucificado sufre en las \u00abpersonas crucificadas\u00bb y en los \u00abpueblos crucificados\u00bb.<\/i><\/h3>\n<p>El pecado sigue actuando en nuestro tiempo, sigue crucificando al Se\u00f1or de la historia (Cf. Hb 6, 6). Los miembros de la Misi\u00f3n y las Hijas de la Caridad ven todos los d\u00edas a esos crucificados. Mas, para el \u00abmundo\u00bb, es f\u00e1cil olvidarlos: los 5, 7 millones de habitantes de Hait\u00ed, pobres desde hace ya tanto tiempo que su situaci\u00f3n no representa una novedad; los 2, 5 millones de refugiados bosnios, v\u00edctimas de una \u00abpu\u00adrificaci\u00f3n \u00e9tnica\u00bb; los 1, 5 mill\u00f3n de somal\u00edes, a punto de morir de hambre. Se nos reta a ver en ellos al Se\u00f1or crucificado; y de desper\u00adtar las conciencias ante esas desgracias, como hicieron san Vicente y santa Luisa. La contemplaci\u00f3n del Se\u00f1or crucificado no puede redu\u00adcirse a mero ejercicio de piedad; menos a\u00fan al recuerdo de un aconte\u00adcimiento pasado. El Se\u00f1or vive hoy en sus miembros. Est\u00e1 crucificado en los individuos y en los pueblos que sufren. Estamos llamados a verlo y a servirlo ah\u00ed, en ellos.<\/p>\n<p>Uno de los grandes dones que recibieron nuestros dos fundadores fue el de reconocer a Cristo en el rostro de los que sufr\u00edan y el de mo\u00advilizar las energ\u00edas de otros \u00abal servicio de los pobres\u00bb. Fueron organi\u00adzadores extraordinarios. Para ayudar a los m\u00e1s abandonados de su tiempo, supieron reunir a ricos y pobres, a hombres y mujeres, al clero y al laicado.<\/p>\n<p>\u00abSab\u00edan, citando una frase elocuente de Jon Sobrino, que los pue\u00adblos crucificados, mientras nosotros nos esforzamos por hacerles des\u00adcender de la cruz, ellos nos comunican la salvaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<h3><i>4. Somos evangelizados por la cruz y, a nuestra vez, evangelizamos <\/i><i>con la cruz.<\/i><\/h3>\n<p>El amor de Jes\u00fas hasta la muerte se halla en el centro de la Buena Noticia. Es la fuente de nuestra esperanza m\u00e1s profunda. Jes\u00fas se des\u00adprendi\u00f3 de su vida por sus amigos, por nosotros.<\/p>\n<p>La cruz en el Nuevo Testamento se suele considerar a la luz de la resurrecci\u00f3n. Sin la resurrecci\u00f3n, la cruz ser\u00eda oscuridad. Y de la misma manera, en la fe del Nuevo Testamento no puede haber resu\u00adrrecci\u00f3n sin pasar antes por la cruz. La cruz de Cristo se alza con la re\u00adsurrecci\u00f3n, en el centro de la Buena Noticia en la que creemos. Juntas, cruz y resurrecci\u00f3n, nos dicen c\u00f3mo nos ama Dios. Ellas nos evange\u00adlizan.<\/p>\n<p>Pero junto a la cruz de Jes\u00fas, tambi\u00e9n la cruz de sus miembros puede evangelizamos. Nuestra vida puede quedar transformada por el amor sufriente de los disc\u00edpulos de Jes\u00fas que asumen los sufrimientos de \u00c9l en su propio cuerpo; los enfermos que soportan su prueba con valor; los afligidos que esperan contra toda esperanza; los agonizantes que cifran toda su confianza en la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfY no nos evangeliza Jes\u00fas tambi\u00e9n a trav\u00e9s de otras cruces m\u00e1s \u00aban\u00f3nimas\u00bb: la angustia de los hambrientos de \u00c1frica, la muerte de in\u00adnumerables m\u00e1rtires y \u00abdesaparecidos\u00bb de Am\u00e9rica Latina, la soledad de las v\u00edctimas del SIDA, de la gente de la calle, la tristeza y abando\u00adno de las personas mayores? \u00bfNo nos dirigen esas cruces tambi\u00e9n un llamamiento a la solidaridad con aqu\u00e9llos que las llevan a cuestas? \u00bfNo son una proclamaci\u00f3n de que el amor compasivo por los m\u00e1s abandonados es la esencia del evangelio? \u00bfNo consiguen arrancarnos de nuestro aislamiento para orientarnos hacia el don de nosotros mis\u00admos por amor?<\/p>\n<p>Los \u00abpueblos crucificados\u00bb tienen mucho que ense\u00f1arnos: el perd\u00f3n concedido a los opresores, la esperanza en medio de circuns\u00adtancias aparentemente desesperadas, la voluntad de compartir lo poco que tienen, la gratitud por la presencia y la ayuda de otros y, seg\u00fan las palabras de Puebla (n.\u00b0 1147) \u00absolidaridad, servicio, senci\u00adllez y disponibilidad para acoger el don de Dios\u00bb. Nos evangelizan desde la cruz.<\/p>\n<p>S\u00f3lo cuando hayamos sido evangelizados por la cruz, podremos, nosotros tambi\u00e9n, evangelizar predicando el mensaje de la cruz. La \u00ablocura de la cruz\u00bb no ser\u00eda cre\u00edble en nuestros labios si no hubi\u00e9ramos empezado por aprender su \u00absabidur\u00eda\u00bb, compartiendo el sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas.<\/p>\n<p>\u00bfHemos aprendido a predicar la cruz sin que nuestras palabras sue\u00adnen a notas falsas? \u00bfSon nuestras vidas una afirmaci\u00f3n de que la cruz tiene sentido? \u00bfSabemos encontrar las palabras sencillas, claras, que alientan a los que sufren y los gestos que consuelan a los afligidos?<\/p>\n<h3><i>5. En este contexto mucho m\u00e1s amplio, las \u00abcruces\u00bb que nos impone\u00ad<\/i><i>mos y que llamamos \u00abmortificaciones\u00bb, desempe\u00f1an un papel fun\u00ad<\/i><i>cional, que a veces puede llegar a ser importante.<\/i><\/h3>\n<p>Desde una perspectiva teol\u00f3gica, reconocemos hoy, quiz\u00e1 m\u00e1s que nunca (aunque una larga tradici\u00f3n teol\u00f3gica haya expresado esta verdad de diferentes maneras), que la muerte no coincide con la \u00falti\u00adma constataci\u00f3n m\u00e9dica. La muerte va realiz\u00e1ndose poco a poco, du\u00adrante el transcurso de la vida; aunque no sea completa, efectivamente, m\u00e1s que en este \u00faltimo momento (y aun as\u00ed es dif\u00edcil de precisar el mo\u00admento exacto en que se produce). Era, pues, natural que la piedad cris\u00adtiana, sobre todo, al tener que reconocer que pocas personas quieren al pie de la letra \u00abestar crucificadas con Cristo\u00bb, buscase vivir el segui\u00admiento de Cristo crucificado en vida.<\/p>\n<p>Por eso, la espiritualidad cristiana ha reconocido desde los or\u00edge\u00adnes que soportar de manera heroica un sufrimiento inevitable equivale a cargar con la cruz de Cristo. Morimos con Cristo poco a poco, a pla\u00adzos, podr\u00eda decirse. El reto concreto es, pues, el siguiente: ya que esos sufrimientos prefiguran nuestra muerte, \u00bfsomos capaces de \u00abdejar con resignaci\u00f3n lo que se nos va quitando, de aceptar el crep\u00fasculo como promesa de una Navidad eterna, llena de luz?.<\/p>\n<p>Otras cruces pueden llevarse voluntariamente -lo m\u00e1s que nos sea posible\u2014 por diferentes motivos asc\u00e9ticos, de los que no podemos ha\u00adblar aqu\u00ed con detalle. San Vicente, lo mismo que santa Luisa, reco\u00adnoc\u00edan el valor de estas pr\u00e1cticas, aun cuando recomendasen a sus dis\u00adc\u00edpulos que usasen siempre de ellas con discernimiento y moderaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La finalidad que tienen dichas pr\u00e1cticas es la de ayudar al Misio\u00adnero o a la Hija de la Caridad, a llevar una vida mejor \u00abmuriendo\u00bb, es decir, \u00abviviendo\u00bb con mayor plenitud. Como lo dice acertadamente Margaret Miles: \u00abEl verdadero objetivo de las pr\u00e1cticas asc\u00e9ticas no es tanto \u00abdejar\u00bb cosas, como reconstruir a la persona\u00bb. Estas pr\u00e1cticas deben tener un punto de referencia positivo, como, por ejemplo, mejo\u00adrar el servicio a los pobres o la vida de comunidad, o la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En una \u00e9poca en la que se concede tan gran importancia a las pruebas cient\u00edficas y a los datos experimentales, en un clima en el que se busca ante todo los resultados r\u00e1pidos y satisfactorios, es indudable que la cruz resulta una \u00ablocura\u00bb. Pero, \u00bfacaso no ha sido siempre as\u00ed? Para el cristianismo se trata de un reto permanente: nuestra fe nos coloca \u00abal pie de la cruz\u00bb, sirvi\u00e9ndome de una expresi\u00f3n muy querida para santa Luisa. Tal es, sin duda, la raz\u00f3n por la que los santos han re\u00adcomendado con tanta frecuencia la meditaci\u00f3n de la cruz, como fuen\u00adte de crecimiento en la vida espiritual.<\/p>\n<p>\u00bfEs la cruz, contemplada en la perspectiva de la fe en la resurrec\u00adci\u00f3n, alimento que nos vivifica, como lo fue para los fundadores? \u00bfEs una fuente de gracia enriquecedora para nuestra vida espiritual?<\/p>\n<p>El mensaje de la cruz ser\u00e1 siempre dif\u00edcil de comprender, aun para los mismos mensajeros que lo proclaman. Aunque sea Buena Noticia cuando se lo considera a la luz de la fe en la resurrecci\u00f3n, cuesta un elevado precio al asumirlo todos los d\u00edas. Comunica vida, pero una vida que pasa por la muerte. Hoy como ayer, se encuentra en el centro de la fe cristiana.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 precioso es el don de la cruz! \u00a1Qu\u00e9 espl\u00e9ndido el contemplarlo!\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Posiblemente, no exista libro alguno de espiritualidad que haya sido m\u00e1s ampliamente difundido que la \u00abImitaci\u00f3n de Cristo\u00bb. 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